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Etiqueta: Colombia

Petro y sus opositores: dos versiones de la misma hipocresía

¡Sí qué gasta la izquierda en Colombia! Es y seguirá siendo ésta una de las más mentadas críticas de la oposición -al menos de lo que por ello pasa- en ese país contra el gobierno de Gustavo Petro hasta que termine su mandato en el 2026.

El presupuesto de la izquierda

La crítica no está fuera de lugar. Con un gobierno abierta y francamente socialista, que viene cumpliendo la promesa de que el Estado colombiano se encargue de cada vez más cosas en la vida de los individuos, claramente esperamos que aumente su tamaño y, por ende, su gasto. Así, reflejando esa intención, y al contar con ingresos mayores, hechos posibles en gran medida por la última reforma tributaria, el presupuesto aprobado para el 2024 promete un Estado más grande y de un espectro de acción más amplio.

El presupuesto presentado por el Ministerio de Hacienda, por un total de 502 billones de devaluadísimos pesos, unos ca. 127 millones de dólares, refleja las prioridades del gobierno nacional para el 2024. Se destaca un aumento general en todos los sectores, impulsado en parte por el gasto inflexible, como salarios de empleados públicos. La única reducción (-15,9%) se dio en la cartera de Inclusión Social y Reparación, siendo compensada por una adición de 10,8 billones de pesos para el nuevo sector de Igualdad Social, liderado por la vicepresidente. Agricultura y Minas y Energía experimentaron aumentos significativos, alineados con las reformas propuestas por el gobierno en la reforma rural y la transición energética.

Medidas “contra cíclicas”

Los sectores de salud y educación tienen los mayores presupuestos, pero la atención del gobierno para el 2024 se refleja mejor en el presupuesto de inversión en cada cartera. Obviamente, con una recesión que se anuncia desde hace varios meses, el gobierno de Petro recurrirá a medidas “contras cíclicas,” estimulando demanda agregada en un frenesí keynesiano exuberante. Lo que el gobierno llama inversión, es, en realidad, traslado del consumo de la mano de los individuos que han creado riqueza a las de los burócratas, para que el consumo, disparado, sirva como ilusión de prosperidad -a costa, clara está, de la creación de capital en el futuro.

El presupuesto de “inversión” del gobierno Petro muestra un aumento significativo del 32%. Este incremento es casi el doble de lo presupuestado por la administración anterior de Iván Duque, alfil de Álvaro Uribe, en 2023 (18,3%). La asignación de recursos en el presupuesto de inversión refleja las prioridades del gobierno para gastar adicionalmente en distintas áreas.

Los esfuerzos notables en el presupuesto se centran en la nueva cartera de Igualdad y Educación, que experimenta un aumento de dos billones de pesos, casi un 34%. Sin embargo, la cartera de salud experimenta una pequeña disminución de 200 mil millones de pesos. Se prevé una reducción a la mitad de los ingresos del Ministerio de Hacienda, asignando recursos directamente a las entidades. Se destaca el crecimiento de la inversión en las reformas sociales clave del gobierno, con un aumento del 21% en la inversión en trabajo y más de 2 billones de pesos (34%) en educación.

Un arriendo algo caro

El mayor incremento porcentual del presupuesto se observa en la cartera de agricultura, que casi triplica su presupuesto, pasando de 3,1 a 8,4 billones de pesos, en línea con la propuesta de compra de tierras de la reforma agraria. Además, las carteras de Vivienda (1,3 billones), Defensa (2 billones) y TIC (1,5 billones) también experimentan crecimientos por encima del promedio en comparación con el año pasado.

Las muestras de gasto excesivo no paran ahí, en aquellos gastos que se pueden esperar, no solo de cualquier gobierno, sino de un gobierno impunemente socialista. En el caso del mismo país, en Colombia ha habido gastos que se han considerado un tanto más “ofensivos” por decirlo de alguna manera. Es el caso de una casa que alquiló el Gobierno de Petro en Davos, en el marco del encuentro del Foro Económico Mundial.

Se trata de la Casa Colombia, un supuesto lugar de encuentro entre el país y diversos actores como inversionistas, empresarios y fondos privados. Su -supuesto- objetivo es informar sobre las oportunidades de inversión en áreas clave como turismo, transición energética y biodiversidad. Se busca posicionar a Colombia como “el país de la belleza” en el contexto de estas oportunidades económicas. Tales oportunidades económicas, ha dicho el gobierno, se espera que superen el costo del alquiler de la casa, que ronda el millón doscientos dólares.

La primera dama recomienda comer pastel…

Para aumentar incluso más el grado de escandaloso de los gastos del Estado colombiano bajo la presenta administración, no está demás mencionar que la esposa del presidente Petro ha sido sorprendida haciendo un uso particularmente alegre de la chequera estatal, estimulando la demanda de un agregado de maquilladores, fotógrafos y acompañantes de -bastantes- viajes internacionales en una intensidad de 250 mil dólares.

Los escándalos en gastos han sorprendidos a varios -incautos. La promesa con la que llegó al poder Petro implicaba, entre otras cosas, no gastar dinero del Estado sino en cosas “necesarias,” las cuales, según él y su séquito de considerable tamaño, serían cosas como erradicar la pobreza, aumentar la educación y demás, haciendo uso del Estado y los monopolios que vienen con él para ese fin.

Los gastos de los que gobernaron antes

Yo creo que las críticas de la oposición colombiana -sea lo que sea eso en el momento, que desafía en verdad cualquier identificación y definición- vienen a lugar. El gasto público, a pesar de esperar que aumentara significativamente con Petro, está disparado y nunca es mal momento para gritarlo desde cualquier terraza. Ello supone lógicamente más impuestos por parte el Estado en el futuro; mayor grado de distorsiones en el mercado, en la medida de que el grado de intervención estatal aumenta, gravitando la asignación de recursos hacia cursos de acción que no se habrían emprendido en libertad.

También contribuye a la dañina noción de que la pobreza se supera, no con la producción fundamentada en intercambios voluntarios entre agentes del mercado, sino reclamando violentamente, por medio del Estado, el privilegio de utilizar la riqueza por otros – por solo mencionar algunos efectos directos e indirectos sobre la utilidad que supone un Estado cada vez más grande. Ahora bien, si se trata acaso de denunciar a un gobierno por socialista, debido a los nefastos efectos que el socialismo genera en una -y cualquier- sociedad, por parte de quienes pretende hacer oposición en el momento, lo que sí hay que decir es que la hipocresía y confusión de la oposición no es menos que hilarante.

Aquellos que esperan contrastar el gasto excesivo del gobierno actual no pueden dejar de lado que el gasto del gobierno anterior de Iván Duque no es que fuera precisamente el equivalente a dos bolsas de cacahuates.

Los pecados del gobierno anterior

Durante el gobierno anterior, el gasto público se repartió en varias funciones arrebatadas al proceso del mercado, incluyendo seguridad, asuntos económicos, protección del medio ambiente, vivienda y servicios conexos, salud, actividades recreativas, cultura, deporte y otros servicios sociales, educación y protección social. Además, se tuvo una importante categoría adicional para el servicio de la deuda pública. En 2021, el gasto total del Gobierno General fue de $404.8 billones, unos ca. 100 millones de dólares, con un crecimiento del 10,3% respecto al 2020.

Además de esto, no se pueden dejar de mencionar de corrupción en los cuales el gasto público se fue a honrar contratos irregulares. Durante ese tiempo se identificaron 12,245 contratos irregulares durante la administración de Duque, sumando un total de 3.8 billones de pesos. Estas acciones habrían supuesto gasto estatal de unos 380 en corrupción, influencia impropia sobre agentes estatales.

Finalmente, y no muy lejos de los gustos de la esposa de Petro, en 2020 se utilizó uno de los dos -¡dos!- aviones de la presidencia de Colombia para llevar a niños con sus respectivas madres a una fiesta infantil de la hija de Iván Duque al otro lado de la cordillera central, en un parque llamado Panaca, diseñado para fantasear de manera segura con las durezas de la vida agropecuaria.

Socialistas de todos los partidos

Dos cosas se me vienen a la mente con todo esto. La primera sería, si para Iron Maiden es suficiente un solo avión, manejado por su vocalista, ¿cómo es que el presidente de una república bananera tiene no uno, sino dos, y el imberbe del presidente no es capaz de manejarlo?

Lo segundo que se me viene a la mente es: ¡socialistas de todos los partidos! Si la crítica al gobierno actual proviene de un grupo de personas, cuyo único argumento para oponerse es en realidad “ustedes no deberían gobernar viviendo de los demás y acabando con todo, sino nosotros,” ambos grupos, gobernantes y aquella fracción de gobernados, son dos versiones de la misma hipocresía.

El problema de fondo con esta discusión es que se quiere llegar a gobernar por medio de un Estado democrático. Dentro de este contexto, cualquier ciudadano gobernado puede llegar a gobernar. Cualquiera que lo quiera, logrará gobernar prometiendo, con el uso de la legislación, una mayor redistribución de riqueza, no solo que sus antecesores, sino también que sus competidores para gobernar. Mientras el que gobierna, como Petro, promete gastar no en B sino en A, la oposición, promete hacerlo en A -y en mayor cuantía de lo que lo habría hecho Petro en B.

La condición humana

Siendo la condición humana lo que todos sabemos que es, aumentando el gasto público, mayor el número de beneficiarios de transferencias gratuitas de riqueza y, por ende, mayor el número de personas que quieren participar de esa agencia de expolio sistemático y a gran escala que es el Estado colombiano. Por otro lado, aquel que está de cabeza de ese Estado, el presidente de la república, sabe muy bien que su tiempo al frente de tal agencia criminal es finito.

En el caso de Colombia, lo que no gaste el presidente Petro dentro de ese periodo, lo dejará para gastar al próximo presidente. Ello se traduce en que los beneficios de cualquiera medida de austeridad no se percibirán por el presidente actual sino por los que vienen. La propensión marginal de gasto público es altísima en un Estado democrático. Esa propensión no es otra cosa que el consumo en manos del estado, que ha sido arrebatado de las manos de los consumidores que son pagadores netos de impuestos. Ni la izquierda ni la derecha -como las conocemos hoy en día- tendrá incentivos suficientes para restringir el gasto público. No lo ha hecho en el pasado y no se puede esperar que el próximo gobierno colombiano, que muy seguramente será de otra variedad de socialismo -como el de derecha, sea menos alegre con el gasto público que el actual.

La revelación de los juegos que no fueron

De las muestras más patentes del acuerdo en lo fundamental que guardan tanto Petro con sus de que son, de nuevo, versiones diferentes de la misma hipocresía; de que tanto unos como los otros son, si bien en grados marginalmente distintos, tan solo amigos de la propiedad cuando de su socialización se trata, ha sido la controversia que se ha desatado por el hecho de que, al parecer por incompetencia del gobierno, no se financiarán los Juegos Panamericanos en el 2027.

Barranquilla no será la sede de los Juegos Panamericanos 2027. Estos juegos tenían un costo estimado de 569 millones de dólares en 2023 y planteaban recibir a unos 9,000 atletas en sus dos modalidades, así como construir una Villa Panamericana y varios recintos, incluida una pista de ciclomontañismo.

Conocida la noticia, un importante sector de la que pasa por ser oposición ha sido ¡qué se perdió la oportunidad de hacer los juegos y, con ella, la de gastar ca. 500 millones de dólares! Lo que podría haber sido un alivio, pudiendo haber sido presentado por aquella oposición como la posibilidad de no tener que gastar tanto dinero el Estado colombiano. Y, por ende, de poder preservar algo de riqueza en manos de sus propietarios legítimos en el futuro.

Ello fue un grito herido que consistió en afirmar que, de haber estado ellos en el poder ¡sin duda y reparo alguno se habrían gasto ese dinero -y más aún! Así, conociendo sus descontentos actuales con el gobierno, se conoce que, de volver a gobernar ellos la diferencia sería, no menos, sino más Estado. Más expropiación, más intromisión del Estado en la vida de un número cada vez mayor de individuos, en un número cada vez mayor de asuntos que antes.

De no ser libertario, no hay futuro…

Me temo que, siendo realistas, Colombia permanece un país sin futuro, donde las creencias que se encuentran arraigadas solo apuntan hacia un escenario en el que nadie aspira envejecer. Nada diferente a una verdadera propuesta de estrategia libertaria, consistente en denunciar al Estado por lo que es, una casta de parásitos sin alma, y que proponga drásticamente disminuirlo, cercenando varias y muchas de sus agencias, podrá devolvernos la imagen positiva del futuro que tuvimos alguna vez.

Me temo que, si el futuro no es libertario, en Colombia no hay futuro.

Ver también

Revisionismo estratégico libertario. (Santiago Dussan).

Gustavo Petro busca el voto de los incautos atacando a Nicolás Maduro. (Antonio José Chinchetru).

Caos en Colombia. (Edgar Beltrán).

El agotamiento de la nueva ola populista. (Mateo Rosales).

Ponerse la soga al cuello. (Santos Mercado).

Caos en Colombia

Edgar Beltrán. Este artículo fue originalmente publicado por Law & Liberty.

Hace diez meses, Gustavo Petro fue elegido primer presidente abiertamente de izquierdas de la Colombia moderna. Desde entonces, la situación en Colombia ha sido cada vez más tumultuosa. Inicialmente, los partidos de centro y centro-derecha intentaron apaciguarle promoviendo partes de su programa a cambio de puestos en su gabinete. Esta estrategia acabó fracasando cuando rechazaron su reforma sanitaria, y los escándalos políticos fueron en aumento. Más recientemente, el suicidio del coronel Óscar Dávila, figura clave en un escándalo político, ha suscitado especulaciones sobre un posible asesinato político.

Muchos eran optimistas sobre la presidencia de Petro. Al principio hizo gala de unas dotes de negociación nunca vistas hasta entonces, racionalizando la mayor parte de su agenda. Sin embargo, poco a poco, su coalición, que incluía a los dos partidos más tradicionales de Colombia y al partido del expresidente y premio Nobel Juan Manuel Santos, empezó a tambalearse.

Hacia el autoritarismo progresista

Como respuesta, empezó a coquetear con el autoritarismo y a dar un duro giro a la izquierda. Petro despidió a más de la mitad de su gabinete. Esto incluye puestos clave como los ministros de Interior, Sanidad, Hacienda y Agricultura, y lo llenó de leales. En un discurso pronunciado el 1 de mayo para conmemorar el Día del Trabajador, amenazó con iniciar una revolución si no se aprobaba su programa. También le dijo al Fiscal General (que en Colombia es elegido por la Corte Suprema, no por el presidente, y pertenece al poder judicial) que él era el “jefe de Estado y, por tanto, su jefe”.

Evidentemente, esto es preocupante. Pero para entender el ascenso de Petro al poder y su coqueteo con el autoritarismo, debemos entender de dónde viene, y cómo Colombia se enamoró de Petro.

Una larga carrera en el comunismo y la violencia política

A los 17 años, Petro se hizo miembro del Movimiento 19 de Abril (M19). Es un grupo guerrillero urbano formado en su mayoría por jóvenes educados de clase media-alta cautivados por el marxismo. El M19 es más conocido en Colombia por el tristemente célebre ataque a la Corte Suprema en 1985. En ese atentado murieron doce magistrados de la Corte Suprema junto con casi 100 personas. Muchas de ellas perecieron a sangre fría a manos del M19. Otras ardieron en los incendios que se produjeron a continuación. Aún otras fueron abatidas en el fuego cruzado entre el M19 y el ejército y la policía colombianos.

Petro, que entonces era concejal, no se encontraba en el palacio, sino cumpliendo una pena de prisión por almacenamiento ilegal de armas. Tras la disolución del M19 en 1990, Petro asesoró la reescritura de la Constitución colombiana en 1991. Fue elegido congresista, lo que daría el pistoletazo de salida a una larga carrera política. Esta carrera incluiría un puesto diplomático en Bélgica, ocho años como congresista, cuatro años como senador, cuatro años como alcalde de Bogotá y dos candidaturas presidenciales fallidas.

Sin embargo, gracias a una ola de descontento que desembocó en violentas protestas masivas en 2021, Petro sería elegido presidente en 2022.

La impronta política de Álvaro Uribe Vélez

Durante la mayor parte de su historia contemporánea, Colombia tuvo un sistema de gobierno bipartidista. Salvo la dictadura de cinco años de Gustavo Rojas Pinilla, Colombia fue gobernada por el Partido Conservador o el Partido Liberal desde 1900 hasta 2002. Hasta la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, que puso fin al tradicional bipartidismo. Uribe asestó un golpe mortal a las guerrillas en el país, y se convirtió en un “kingmaker” tras sus ocho años de presidencia. El siguiente presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, fue su ministro de Defensa (aunque más tarde rompería con Uribe). Y su sucesor, Iván Duque, fue el candidato de Uribe en 2018.

Sin embargo, el estilo combativo de hacer política de Uribe, que llegó a armar a civiles para enfrentarse a la guerrilla, sembró la división en el país. El polémico acuerdo de paz de Santos y la mediocre presidencia de Duque, rematada con las violentas protestas de 2021 que casi acaban con su presidencia, sólo empeoraron las cosas y allanaron el camino para un candidato antisistema. Muchos colombianos estaban cansados de las élites tradicionales. Y Petro, un hombre que llevaba 30 años en la política colombiana denunciando la corrupción del sistema y pidiendo una renovación radical y de izquierdas del sistema político colombiano, se subió a la ola.

Un boxeador

Petro derrotó por un estrecho margen del 3% a Rodolfo Hernández, otro candidato de fuera, en las elecciones de 2022. Su alianza sólo obtuvo 39 de los 109 escaños del Senado y 70 de los 188 de la Cámara de Representantes, apenas suficientes para convertir a Colombia en el paraíso socialista que tenía en mente.

Muchos pensaron que sufriría las mismas limitaciones que Duque cuatro años antes: sin suficiente apoyo parlamentario, su gobierno se estancaría y se limitaría a unos pocos decretos ejecutivos y discursos. Serían otros cuatro años mediocres para Colombia. Al fin y al cabo, Petro se ganaba la vida enfrentándose a la clase política tradicional y denunciando su corrupción. Era un boxeador, no un jugador de ajedrez.

La audacia de Petro

Lo que no esperaban era que Petro fuera lo suficientemente audaz como para jugar limpio con los partidos tradicionales: ofreció puestos en su gabinete tanto a los partidos Conservador y Liberal como al Partido de la U (el partido del ex presidente Santos) y prometió moderar algunas de sus posturas (por ejemplo, diciendo que no intentaría simplificar las expropiaciones). A cambio, estos partidos acelerarían su programa. Con su apoyo, contaba con una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso, más que suficiente para promulgar su proyecto.

Al principio, pudo hacerlo. Aprobó rápidamente una reforma fiscal, la ley de “paz total” que establece un nuevo marco de negociación con los cárteles de la droga y la guerrilla en el país, y parte de su reforma agraria para dar tierras a los pequeños agricultores.

Conspiranoia

Sin embargo, una polémica reforma sanitaria demostró que, a ojos de Petro, trabajar con su coalición era un ejercicio de equilibrismo insuperable. Es la Colombia que tiene en su mesiánica cabeza o nada. La reforma no consiguió ser votada en el Congreso a finales de abril.

El hombre más rico de Colombia, Luis Sarmiento, se apresuró a duplicar sus donaciones a los partidos tradicionales colombianos, incluidos los de la coalición de gobierno, lo que dio a Petro más razones para afirmar que las élites del país intentaban hacer fracasar su proyecto. Después de esto, la cara más conocida de Petro -el populista con impulsos autoritarios- se mostró a la vista de todos.

“Se están burlando de la decisión de los votantes y eso no debe ser”, dijo Petro en rueda de prensa. “Creo que el Gobierno debe declararse en emergencia”.

Poderes extraordinarios

Tras enfrentarse a un único escollo legislativo, Petro amenazó con crear un gobierno de emergencia que le diera más poder. Redactó un Plan Nacional de Desarrollo que incluía medidas para otorgar al presidente poderes extraordinarios en asuntos medioambientales y de seguridad en línea. Sin embargo, el Plan aprobado a principios de mayo no incluía tales disposiciones.

A continuación, pidió a todo su gabinete que presentara su dimisión. En total, 12 de sus 19 ministros ya han sido sustituidos en sus primeros nueve meses, siete de ellos tras la rabieta de Petro, más el jefe de gabinete.

“La invitación a conformar un pacto social por el cambio [en Colombia] fue rechazada”, anunció Petro en su cuenta de Twitter, un claro subtexto dirigido a los partidos tradicionales que intentaron apaciguar a Petro y moderar su agenda.

Todos los ministros destituidos son miembros moderados de su coalición, como su ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, miembro del Partido Liberal. Entran los partidarios de la línea dura de la izquierda y algunos de sus más firmes partidarios, que sobrevivieron a la puerta giratoria de su mandato como alcalde de Bogotá (cuando más de 50 personas pasaron por su gabinete de nueve miembros en cuatro años).

Cambios en el gobierno

Peor aún, el intento de los partidos de apaciguar a Petro y unirse a él en el gobierno creó un problema mayor: la rebelión interna. Algunos miembros de los partidos Conservador, Liberal y de la U todavía desean apoyar a Petro y promulgar su programa. Petro está apostando a que puede tener éxito negociando individualmente con los miembros de los tres partidos en el Congreso en lugar de tratar con las directivas de los partidos. En este momento, podría funcionar.

Destituyó a la controvertida ministra de Sanidad, Carolina Corcho, y la sustituyó por Guillermo Alfonso Jaramillo, un camaleón de izquierdas. Jaramillo fue secretario de Salud de Petro en Bogotá, al igual que el nuevo ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla. También nombró jefe de gabinete a Carlos Ramón González, antiguo guerrillero e inflexible izquierdista.

A la ofensiva

Y luego pasó a la ofensiva. En un discurso pronunciado el 1 de mayo desde el balcón presidencial, se mostró dispuesto a confiscar la propiedad privada, diciendo: “La gran revolución en marcha requiere una clase obrera movilizada, organizada, unida y luchadora, este gobierno quiere una alianza profunda e inquebrantable con el pueblo trabajador.”

“La tierra es para quien la trabaja”, dijo. “Tiene una función social, una función medioambiental. La tierra no es para un grupo de herederos feudales y esclavistas que la conservan. . . y la defienden matando a los pobres”. Y añadió: “El gobierno tiene que tomar la tierra”.

Esto es preocupante, pero eso no fue lo peor.

“No basta con ganar en las urnas, el cambio social implica una lucha permanente y la lucha permanente se da con el pueblo movilizado, y a la cabeza de ese pueblo tiene que estar la juventud, el pueblo trabajador, la clase obrera”. El intento de recortar las reformas puede llevar a una revolución”, añadió en el discurso, en el que se comparó con Simón Bolívar, el libertador venezolano de Colombia.

La amenaza de revolución no pasó desapercibida.

La marcha de la guardia de base racial

Dos días después, el 3 de mayo, 600 hombres de la llamada Guardia Indígena marcharon hacia el recinto del Congreso colombiano vestidos de negro, con los rostros cubiertos y garrotes en las manos, mientras el Congreso discutía el Plan Nacional de Desarrollo de Petro. Muchos medios locales consideraron que se trataba de un intento inaceptable de intimidar al Congreso para que aprobara las reformas de Petro, y la Guardia regresó el jueves, justo cuando se aprobaba el plan.

Pero Petro no se detuvo ahí. El 26 de abril compartió una noticia que decía que un fiscal, Daniel Hernández, ocultó información sobre asesinatos perpetrados por el Cartel del Golfo, el cartel de la droga más poderoso de Colombia. El Fiscal General, Francisco Barbosa, criticó a Petro, diciendo que estaba poniendo a Hernández y a su familia en peligro. Luego, el 5 de mayo, le preguntaron por Barbosa y dijo que “se le olvida que soy el jefe de Estado y, por tanto, su jefe”, y luego redobló su posición en las redes sociales, afirmando que Barbosa le había “irrespetado” como “jefe de Estado, representante de la Nación ante el mundo y el pueblo”.

El poder judicial pone pie en pared

En Colombia, la Corte Suprema nombra al Fiscal General, no el ejecutivo. Parecía que Petro intentaba inmiscuirse en otra rama del poder público, justo una semana después de amenazar al poder legislativo. La Corte Suprema publicó inmediatamente un comunicado en el que su presidente, Fernando Castillo, declaraba que el Fiscal General no tenía superior jerárquico y que “desconocer o malinterpretar los fundamentos de nuestro Estado de Derecho genera incertidumbre, fragmentación e inestabilidad institucional”.

Mientras tanto, Barbosa dijo en una entrevista que Petro estaba tratando de acabar con “la Constitución de 1991… materializando su intención de estar por encima de la rama judicial del poder público”, y lo calificó como un “dictador” que está tratando de “dar un golpe de Estado al poder judicial.”

El escándalo

Ahora, Petro enfrenta el mayor escándalo de su administración, luego de que a principios de junio se revelara que su exjefa de gabinete, Laura Sarabia, llegó al extremo de hacer que la Policía interviniera el celular de su niñera tras sospechar que había robado dinero de la casa de Sarabia. Mientras tanto, el exjefe de campaña de Petro y embajador en Venezuela, el polémico Armando Benedetti, se enojó porque nunca recibió un nombramiento a nivel de gabinete, y reveló que Sarabia lo llamó para que la ayudara a enterrar la historia de la niñera, lo que llevó al inicio de una investigación por parte de la Fiscalía General del país. Benedetti, entonces, en una entrevista reveladora, habló de la posible participación de carteles en la financiación de la campaña de Petro, entre otras irregularidades.

El coronel Óscar Dávila iba a ser interrogado por el Fiscal General de Colombia en relación con las escuchas no autorizadas, pero supuestamente se pegó un tiro el día antes del interrogatorio. Se trataba de un interrogatorio que había solicitado personalmente a través de su abogado en una carta pública. Muchos sospechan de juego sucio, porque el primer periodista que llegó al lugar informó de que había visto dos agujeros de bala.

Petro, una vez más, respondió llamando a sus partidarios a las calles y culpando a una conspiración de la derecha de todos los problemas. También insistió en que el Fiscal General y los medios de comunicación eran los culpables del supuesto suicidio de Dávila.

El rechazo de los colombianos

Los colombianos se han cansado rápidamente de Petro. En sólo nueve meses, pasó de ser uno de los presidentes más populares de América Latina a tener un índice de aprobación del 35%. Incluso en sus periodos relativamente benignos, los pequeños escándalos han perseguido su presidencia. Su vicepresidenta, Francia Márquez, una activista ecologista negra, ha sido criticada por utilizar un helicóptero del gobierno para asuntos privados. Su hijo, Nicolás Petro, fue acusado de tener vínculos con cárteles de la droga. Y Petro trató de eludir la situación alegando que “él no lo había criado”, porque Petro estaba en el ejército guerrillero cuando Nicolás era un niño, por lo que no podía ser considerado responsable de Nicolás.

Esta afirmación no resulta convincente, dado que Petro fue el responsable del lanzamiento de la carrera política de su hijo. Sus intentos de aumentar la participación del gobierno en sectores de la economía, bloquear contratos petroleros, endurecer las leyes laborales y amenazar la propiedad privada se volverán contra él más pronto que tarde. Y su coalición legislativa no ha hecho más que reducirse y radicalizarse a lo largo de su mandato.

Petro se ha metido en un buen lío. Ha optado por la confrontación y ha desafiado a las instituciones colombianas, que han resistido valientemente, aunque a duras penas, las guerras civiles, del narcotráfico y de la guerrilla. ¿Cuánto tiempo podrán sobrevivir a un autócrata caprichoso?