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Etiqueta: Comercio globalización y desarrollo

Las ventajas competitivas empresariales y la intervención estatal a escala global

Los influyentes estudios de Michael Porter, renombrado economista, profesor e investigador de la Harvard Business School (HBS), han marcado un antes y un después en el análisis de la estrategia competitiva de las empresas y las políticas económicas y públicas orientadas a la competitividad nacional. Sus obras seminales, como La Ventaja Competitiva de las Naciones, Ventaja Competitiva, Estrategia Competitiva y Ser Competitivo, han proporcionado un marco analítico fundamental para abordar estos temas cruciales.

Concepto y enfoque de las ventajas competitivas

Michael Porter define las ventajas competitivas como la capacidad de una empresa para lograr y mantener un desempeño superior en un sector económico competitivo. En su obra Estrategia Competitiva, Porter estableció un marco de análisis para el estudio de sectores industriales y competidores, identificando tres estrategias genéricas que una empresa puede seguir para obtener ventajas competitivas:

  • Liderazgo en costos: Producir bienes o servicios a un costo inferior al de los competidores.
  • Diferenciación: Ofrecer productos o servicios únicos y valorados por los clientes.
  • Enfoque: Concentrarse en un nicho de mercado específico, ya sea por costo o diferenciación.

Según Porter, la ventaja competitiva reside en cómo una empresa implementa estas estrategias genéricas para alcanzar sus objetivos. En Ventaja Competitiva, el autor plantea interrogantes clave sobre cómo lograr y mantener estas ventajas:

  • “¿Cómo obtiene una empresa una ventaja en costos sostenible?”
  • “¿Cómo puede diferenciarse de sus competidores?”
  • “¿Cómo elige una empresa un segmento de manera que la ventaja competitiva surja de la estrategia de enfoque?”
  • “¿Cómo y cuándo puede una empresa obtener una ventaja competitiva para competir con una estrategia coordinada en los sectores industriales relacionados?”
  • “¿Cómo se introduce la certidumbre en el seguimiento de la ventaja competitiva?”
  • “¿Cómo puede una empresa defender su ventaja competitiva?”

Para Porter, la ventaja competitiva de una empresa se basa en el valor que puede crear para sus compradores, un concepto que profundiza en su obra Ventaja Competitiva. Además, Porter desarrolló el influyente esquema de las cinco fuerzas competitivas que moldean la competencia en un sector industrial.

Más allá del enfoque de Porter: otras perspectivas sobre la competitividad

Si bien el trabajo de Michael Porter es fundamental, otros autores también han contribuido al entendimiento de la competitividad. Metcalfe et al. (1992), por ejemplo, sostienen que la competitividad empresarial se logra al obtener una ventaja basada en la generación de productos o procesos superiores a los de los rivales, y al gestionar dicha ventaja para lograr una mejor posición en el mercado.

Desde una perspectiva más dinámica, De Woot (1990) conceptualiza la competitividad como “la capacidad de una empresa, bajo condiciones de libre mercado, para producir bienes y servicios que ‘pasan la prueba’ de los mercados internacionales mientras, al mismo tiempo, mantienen o expanden esa capacidad”. Esta definición introduce dos elementos cruciales: la dimensión internacional de los mercados y el libre mercado como condiciones bajo las cuales las empresas deben operar para ser competitivas.

Tanto el entorno de libre comercio como la dimensión internacional crean un marco dinámico empresarial en constante evolución, impulsado por diversos factores que inciden en los niveles de competitividad de las empresas a escala global.

Determinantes del entorno competitivo actual

Entre los principales determinantes del actual entorno competitivo empresarial a nivel internacional, destacan:

  • La reconfiguración de la globalización de los mercados y de sus cadenas de valor y suministro internacionales.
  • Los enfrentamientos geopolíticos y geoeconómicos entre potencias como Estados Unidos y China.
  • Los cambios estructurales en ciernes en el ámbito comercial entre Estados Unidos y sus principales socios económicos en América, Europa y Asia (Japón, Corea del Sur, India, Vietnam).
  • El crecimiento de las tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial.
  • La lucha por el control de las tierras raras, vitales para el desarrollo y control de las mencionadas tecnologías emergentes.

La intervención estatal: ventajas y desventajas

El escenario descrito no escapa a la intervención estatal a escala global. Ni siquiera el modelo de las cinco fuerzas de Michael Porter es inmune a la actuación de los estados, ya que los elementos que lo componen pueden ser influenciados por políticas gubernamentales.

Ventajas de la intervención estatal
  1. Inversión en infraestructura y capital humano: El gasto en transporte, energía, comunicaciones y educación genera externalidades positivas. Estas se traducen en la reducción de costos operativos para las empresas, la mejora de su productividad y la simplificación del acceso a los mercados.
  2. Creación de un marco legal y regulatorio predecible: Un marco que proteja los derechos de propiedad privada, garantice el cumplimiento de contratos y regule eficazmente la competencia, con una intervención estatal mínima, puede incentivar la inversión y la competencia empresarial.
  3. Promoción de la inversión en investigación y desarrollo (I+D): A través de incentivos fiscales o la creación de centros de investigación, los estados pueden ayudar a las empresas a desarrollar nuevas tecnologías, productos y procesos que mejoren su competitividad.
  4. Corrección de fallas del mercado: La intervención estatal puede mitigar problemas como la información asimétrica y los monopolios, mejorando la eficiencia y la equidad económica en los mercados.
  5. Apoyo a la libre competencia: Esto se logra mediante la regulación antimonopolio, la promoción de la entrada de nuevas empresas y la eliminación de barreras de entrada, fomentando así la competencia y mejorando la eficiencia de los mercados en todos los niveles de sus respectivas cadenas de valor.
Desventajas de la intervención estatal
  1. Regulaciones excesivas: Pueden aumentar los costos operativos de las empresas, reducir su flexibilidad y retrasar la toma de decisiones.
  2. Creación de barreras de entrada: Regulaciones excesivas, subsidios mal dirigidos o el proteccionismo (por ejemplo, barreras arancelarias) pueden distorsionar la competencia y reducir la eficiencia. Estas políticas mercantilistas, que buscan proteger a las industrias nacionales de la competencia extranjera, a menudo aumentan los precios para los consumidores y reducen la competitividad empresarial.
  3. Subsidios: Suelen distorsionar la competencia, proteger a empresas ineficientes y crear incentivos perversos que pueden llevar a la corrupción y al mal uso de los factores de producción (humanos o materiales), afectando negativamente el clima de negocios y la neutralidad estatal.

Conclusiones

En el actual escenario internacional, lo que ha predominado y afectado la competitividad empresarial son las políticas de intervención estatal, impulsadas por imperativos geopolíticos, geoeconómicos y un creciente nacionalismo y populismo económico a nivel global. Esto ha generado un aumento en los niveles de incertidumbre política y económica para las empresas, resultando en una reducción de su competitividad a escala global y, al mismo tiempo, en una mayor dependencia de las políticas intervencionistas de los estados.

Bibliografía
  • De Woot, P. (1990). Competitive Revival in European Industry. Springer.
  • Metcalfe, J. S., Georghiou, L., Cunningham, P., & Carneron, H. M. (1992). Evaluation of the impact of European Community Research Programmes upon the Competitiveness of European Industry. Concepts and Approaches. Commission of the European Communities, Monitor/Spear Programme.
  • Porter, M. E. (1991). Ventaja Competitiva. Editorial Rey Argentina.
  • Porter, M. E. (1992). La Estrategia Competitiva. Edición 1992.
  • Porter, M. E. (2008). Ser Competitivo. Harvard Business Press (Novena Edición).

Cómo abrazó el libre comercio la izquierda mexicana

Por Marcos Falcone. El artículo Cómo abrazó el libre comercio la izquierda mexicana fue publicado originalmente en FEE.

A principios de este año, la presidenta mexicana de izquierda Claudia Sheinbaum organizó un mitin en el centro de la Ciudad de México para celebrar el retraso de un mes de Donald Trump en la imposición de aranceles del 25% a su país.1 Para los observadores latinoamericanos, esto fue desconcertante y no solo porque la victoria fue insignificante, sino porque ¿desde cuándo la izquierda abraza el libre comercio? Sin embargo, la postura de Sheinbaum desde entonces, junto con comentarios previos de su predecesor Andrés Manuel López Obrador (AMLO), demuestran que hay una manera de comprometer a la izquierda latinoamericana con el libre comercio: abrazándolo en primer lugar.

Durante el siglo XX, México comenzó a liberalizar su comercio internacional a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un acuerdo con Estados Unidos y Canadá propuesto originalmente por Ronald Reagan. Pero, crucialmente, México se unió al TLCAN y cosechó sus beneficios bajo administraciones no izquierdistas. El país firmó el acuerdo durante los años del Partido Revolucionario Institucional (PRI), un partido comodín que dominó la política del país en su era predemocrática. Después de que el país finalmente hiciera la transición a la democracia en 2000, tanto el PRI como el Partido de Acción Nacional (PAN) de centro-derecha surgieron como los partidos más grandes de México.

No sería hasta 2018 que la izquierda mexicana finalmente ganó el poder a través del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Para entonces, había muy poco espacio para hacer una campaña activa contra el libre comercio. Dado el comportamiento de la izquierda en toda América Latina, esto podría haber sido esperado, particularmente porque todos los principales partidos de izquierda se habían opuesto al establecimiento propuesto por Estados Unidos de una zona de libre comercio en las Américas en 2005. Pero eso no sucedió. Menos pobreza, aumento de los niveles de ingresos, nuevos empleos y más exportaciones: los beneficios de un comercio más libre eran tan obvios en México que eran imposibles de negar.

El TLCAN y su sucesor, el T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá), han tenido efectos positivos en la economía mexicana.2 Estos acuerdos dieron como resultado una mayor inversión extranjera, particularmente de EE. UU. y Canadá, junto con exportaciones significativamente más altas. Las importaciones también aumentaron, lo que redujo los precios. Con muchas opciones nuevas de consumo, la vida diaria cambió. El excanciller mexicano Jorge Castañeda incluso argumentó: “Si México se ha convertido en una sociedad de clase media… se debe en gran parte a esta transformación”.

Es importante destacar que muchos empresarios y trabajadores ahora interactúan directamente con socios estadounidenses y canadienses y son conscientes de los beneficios del libre comercio. Para el público en general, los efectos negativos más amplios de las guerras comerciales de Trump tardan en notarse, pero para estas personas, el costo de los aranceles se siente de inmediato. Entre los principales países latinoamericanos, México es el más abierto al comercio internacional, según el Informe de Libertad Económica del Mundo del Fraser Institute.3 Su puntuación en Libertad para el Comercio Internacional subió de 6,93 en 1970 a 8,10 en 2022 en una escala de 10.

Además, al integrar la economía mexicana en la de EE. UU., estos acuerdos han protegido a México de influencias autoritarias extranjeras como las de China, que han causado preocupación en toda la región. De hecho, no solo México exporta la mayoría de sus productos a EE. UU., sino que también México compra a EE. UU. más que a cualquier otro país. Aunque la relación entre China y México ha ganado fuerza en los últimos años, si no fuera por México, China ya se habría convertido en el mayor socio comercial de América Latina.

Bajo la presidencia de Trump, sin embargo, Estados Unidos no parece considerar el T-MEC como estratégico. La administración ha seguido imponiendo aranceles después de las reacciones globales iniciales en marzo. A su vez, México ha continuado trabajando para obtener exenciones, y hasta ahora lo ha logrado.

La importancia del comercio con EE. UU. y Canadá ha impulsado a los presidentes de Morena López Obrador y Sheinbaum a defender repetidamente el T-MEC. En una entrevista en El Cato Podcast, Roberto Salinas León, investigador principal para América Latina de Atlas Network, calificó estos acontecimientos de “surreales”, pero explicó que el libre comercio está ahora arraigado en la mente de los mexicanos de manera similar a como lo está la dolarización en Ecuador. La vida en México sería impensable sin él.

Quizás sin saberlo, AMLO y Sheinbaum siguen a socialistas de finales del siglo XIX y principios del XX que también apoyaron el libre comercio debido a cómo beneficiaba a los trabajadores a través de una mayor competencia y precios más bajos. El economista Carlos Rodríguez Braun ha estudiado extensamente el caso de Juan B. Justo, una figura fundamental del socialismo latinoamericano que se opuso a los aranceles en nombre de los trabajadores.

Por supuesto, nada de esto implica que el libre comercio sea todo lo que se necesita para que México supere la pobreza. (Tampoco significa que el TLCAN y el T-MEC hayan tenido únicamente efectos positivos en la economía mexicana, ya que ciertamente ha habido perdedores). De hecho, los acuerdos de libre comercio no han podido superar otras debilidades en la economía mexicana, que sigue estancada en comparación con las de otros países. La baja productividad, la mala infraestructura, la alta corrupción y un Estado de derecho débil son algunos de los muchos desafíos estructurales que sufre México. De hecho, algunos de estos problemas están alimentando la guerra comercial de Trump, particularmente el hecho de que el crimen organizado en México parece imparable. El PIB de México solo creció un 0,2% en el primer trimestre de 2025.4

Más recientemente, las políticas de izquierda han causado preocupación entre los inversores, contribuyendo probablemente a la desaceleración de las entradas de capital. Las nacionalizaciones de AMLO en el sector energético fueron un golpe significativo para el Estado de derecho, lo que indica que los derechos de propiedad ahora dependen del partido gobernante. Más recientemente, la reforma judicial propuesta por AMLO ha entrado en pleno vigor durante la administración de Sheinbaum con las recientes e inéditas elecciones judiciales. Solo el 13% de los mexicanos acudieron a las urnas, sin embargo, la mayoría de los jueces ahora serán partidistas por naturaleza (y pro-Morena al principio), en una medida que socava aún más el Estado de derecho.

El libre comercio no es ciertamente una panacea, pero es necesario para que los países prosperen. Como dijo Milton Friedman, “lo mejor del mundo sería que todos los países se dedicaran al libre comercio”. Entonces, ¿cómo podemos avanzar en el libre comercio en América Latina? El muy curioso caso de México puede ofrecer una lección a otros países: si se involucran en el libre comercio el tiempo suficiente, incluso la izquierda podría salir en su defensa cuando este esté en peligro.

Vietnam: venciendo la pobreza con economía de mercado

La película Vietnam – Venciendo la pobreza con economía de mercado ganó el premio a “Mejor Documental Internacional” en el ANTHEM Film Festival celebrado en Palm Springs el 14 de junio de 2025. El ANTHEM es el festival de cine libertario más grande del mundo, y este año reunió a 2.000 asistentes. Producida por Tomasz Agencki y por mí, la película fue presentada por el economista estadounidense Mark Skousen y Steve Forbes, editor de la revista Forbes.

Forbes declaró: “Donald Trump debería ver esta película.” Algunos afirman que Trump solo amenazaba a otros países con aranceles altos como estrategia para conseguir aranceles bajos como resultado final. “Amenazó a Vietnam con aranceles del 46 por ciento, pero Vietnam respondió ofreciendo una tarifa recíproca del cero por ciento. ¿Por qué Trump no aprovecha esa oferta?”, preguntó Forbes, crítico implacable de la política arancelaria del expresidente.

El documental muestra cómo Vietnam, que alguna vez fue el país más pobre del mundo, logró reducir el porcentaje de personas que vivían en la pobreza del 80 por ciento a comienzos de 1990, hasta llegar al 3 por ciento actual. A principios de esa década, el producto nacional bruto per cápita en Vietnam era de apenas 98 dólares al año, incluso por debajo del de Somalia o Sierra Leona. Hoy, Vietnam es uno de los países más dinámicos del mundo en términos económicos y, aunque aún se autodenomina “socialista”, su receta para el éxito se basa en principios claramente capitalistas.

Renovación

A finales de los años 80, Vietnam emprendió un programa de reformas económicas conocido como Đổi Mới, que significa “renovación” o “reforma”. Estas medidas introdujeron el derecho a la propiedad privada, abrieron la economía a la inversión extranjera y aplicaron reformas orientadas al mercado en numerosos sectores. Ningún país de tamaño similar ha ganado tantos puntos en el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation entre 1995 y la actualidad como Vietnam.

La película presenta a varios empresarios exitosos, entre ellos Kao Seu Luc, fundador de la cadena de panaderías más exitosa del país. Originario de Camboya, Luc escapó por poco del régimen de los Jemeres Rojos en los años 70. “Estaba en la lista de ejecución en Camboya y llegué a Vietnam sin dinero, sin contactos, y sin hablar el idioma”, cuenta este empresario hecho a sí mismo.

También aparecen en el documental Xuan Phuong, una de las principales fabricantes de varillas de incienso del país, y el emprendedor Nguyen Quoc Thong, quienes explican que en Vietnam los empresarios y las personas ricas gozan de gran estima. Esta percepción se ve confirmada por encuestas que indican que la envidia social en Vietnam es muy baja, incluso más que en muchos países europeos.

Además de las reformas económicas, el éxito de Vietnam se basa también en factores culturales y en una mentalidad particular: pese a haber sido devastado por guerras con estadounidenses, chinos, japoneses y franceses durante el siglo pasado, el pueblo vietnamita no culpó a otros países por su miseria. Buscó las raíces de su pobreza en sí mismo. Como muestran las encuestas y las entrevistas del documental, los estadounidenses gozan hoy de una imagen muy positiva en Vietnam, a pesar de la guerra devastadora que enfrentó a ambos países.

Cuatro lecciones para otros países

¿Qué pueden aprender los países en desarrollo de Vietnam?

  1. La única salida real de la pobreza es más capitalismo, no la ayuda al desarrollo.
  2. La inversión internacional, el libre comercio y la globalización no son perjudiciales para los países pobres, sino profundamente beneficiosos.
  3. Cuando los empresarios y los ricos son vistos como modelos a seguir y no como chivos expiatorios, inspiran a la sociedad y contribuyen a la recuperación económica de una nación.
  4. La misma regla se aplica a países y a individuos: si culpas a otros de tus problemas y no buscas dentro de ti mismo las razones de tus fracasos, nunca tendrás éxito.

Es cierto que la desigualdad ha aumentado en Vietnam como resultado de las reformas hacia una economía de mercado. Sin embargo, los vietnamitas no consideran esto un problema relevante. Su prioridad sigue siendo superar la pobreza, no alcanzar una mayor igualdad.

Políticamente, Vietnam continúa siendo un Estado de partido único con libertad de expresión limitada. Pero en el plano económico, se ha distanciado claramente de los principios socialistas tradicionales. La carga fiscal y el gasto público son considerablemente más bajos que en la mayoría de países occidentales.

La película se basa en el libro How Nations Escape Poverty (Cómo escapan las naciones de la pobreza), que fue nominado este año al prestigioso Premio Hayek del Manhattan Institute.

Más del Dr. Rainer Zitelmann:

Polonia: del socialismo a la prosperidad  https://www.youtube.com/watch?v=bBIhsZ9GNHc

En defensa de los déficits comerciales

Por Andrew Lilico. El artículo En defensa de los déficits comerciales fue publicado originalmente en el IEA.

Los políticos y los comentaristas en general que no son economistas a menudo hablan como si un “déficit comercial” fuera algo malo. Donald Trump habla de un déficit comercial como si fuera casi una especie de robo, como si el déficit fuera dinero robado sin nada a cambio. Otros hablan de un déficit comercial como si indicara algo sobre las barreras comerciales, como si, por ejemplo, fuera razonable asumir que cuanto mayor es el déficit comercial de un país, mayores deben ser las barreras a las exportaciones de ese país. Ambas son ideas profundamente confusas que reflejan un malentendido sobre un aspecto fundamental de la macroeconomía internacional.

Supongamos que un país tiene un tipo de cambio flotante estable y una oferta monetaria interna estable. Eso debe significar que las entradas y salidas de dinero deben estar en equilibrio. Si, por ejemplo, la gente comprara más de la moneda de la que vendiera, esta se apreciaría en valor. Dado que eso no está sucediendo, las compras y ventas deben ser iguales.

Existen dos tipos de flujos financieros que entran y salen de un país. Se denominan “cuenta de capital” y “cuenta corriente”. La cuenta de capital cubre las transferencias internacionales de capital y la adquisición o disposición de activos no producidos y no financieros, como la tierra. Para nuestros propósitos aquí, pensemos en la cuenta de capital como la posición de inversión neta. Si los extranjeros están invirtiendo más en su país de lo que sus propios ciudadanos están invirtiendo en el extranjero, su cuenta de capital tiene superávit. Y si ocurre lo contrario, su cuenta de capital tiene déficit.

La cuenta corriente cubre la balanza comercial y de “invisibles”. Para nuestros propósitos, pensemos en la cuenta corriente solo en términos de comercio. Si usted vende un mayor valor de bienes y servicios de los que compra, entonces el dinero que entra por sus exportaciones es más que el dinero que sale para pagar sus importaciones. Eso es un superávit comercial. Si usted tiene un déficit comercial, entonces hay una salida neta de dinero (y una entrada neta de productos).

Volvamos a nuestro caso de un país en el que las entradas y salidas netas están en equilibrio. Si usted tiene una entrada neta de fondos en la cuenta de capital, es decir, si los extranjeros quieren invertir más en su país de lo que sus ciudadanos quieren invertir en el extranjero, eso debe equilibrarse con una salida neta de fondos en la cuenta corriente, es decir, debe estar incurriendo en un déficit comercial.

Eso es todo lo que es o significa un “déficit comercial”, si usted tiene un tipo de cambio flotante: que los extranjeros están lo suficientemente interesados en invertir como para que eso cree una entrada neta de capital. Esa entrada neta de inversión y el déficit comercial son simplemente contrapartes matemáticas, dos caras de la misma moneda.

Si desea eliminar su déficit comercial sin devaluar su moneda o tener un período de rápido crecimiento monetario (lo que impulsaría la inflación), debe eliminar esas entradas netas de inversión. No hay otra cosa que pueda suceder. Dado que el déficit comercial es, en este caso, precisamente lo mismo que las entradas netas de inversión, esa es su única opción.

A continuación, comprendamos qué causa qué. ¿Son las entradas netas de inversión las que causan un déficit comercial, es un déficit comercial el que causa entradas netas de inversión, o un poco de ambas?

La respuesta habitual es que son los flujos netos de inversión los que causan los flujos comerciales netos, y no al revés. La razón es que es mucho más fácil y rápido ajustar los flujos de inversión. Hay grandes volúmenes de capital internacionalmente móvil. Pueden moverse entre los bonos del Tesoro de EE. UU. y los bonos del gobierno del Reino Unido en nanosegundos, ya sea con solo pulsar un interruptor o a través de las decisiones automatizadas de un algoritmo de negociación de alta velocidad. Por el contrario, los flujos comerciales se ajustan mucho más lentamente (al menos en términos de volumen; en términos de valor cambian instantáneamente a medida que cambian los tipos de cambio). Los flujos comerciales cambian cuando las empresas cambian de dónde obtienen los productos, a medida que evolucionan los gustos de los consumidores o a medida que surgen nuevas innovaciones.

Así que la causalidad funciona de la siguiente manera. Ocurre una perturbación. Eso lleva a un cambio en los flujos de inversión (por ejemplo, un aumento de la entrada neta de inversión). Eso conduce a un cambio en el tipo de cambio (por ejemplo, una apreciación). Ese cambio en el tipo de cambio cambia el valor del comercio (por ejemplo, encareciendo las exportaciones del país y abaratando las importaciones, ampliando el déficit comercial). Para ver la importancia de este punto sobre qué reacciona más rápido, imagine una perturbación que, de forma aislada, aumentaría la inversión neta o las exportaciones netas. Típicamente, lo que sucederá es que, debido a que los flujos de inversión se ajustan más rápidamente, las entradas netas de inversión conducen a una apreciación suficiente de la moneda que las exportaciones netas caen (en lugar de subir).

Las entradas netas de inversión suelen considerarse algo bueno. Los gobiernos hacen considerables esfuerzos para atraer la inversión extranjera directa. Dado que un déficit comercial es simplemente la contrapartida del éxito en la atracción de inversión neta, uno debería cuestionar por qué un déficit comercial debería verse como algo malo. Por otro lado, la inversión neta significa que los activos de un país están siendo adquiridos y creados por extranjeros. Quizás existan circunstancias políticas en las que eso pueda parecer poco atractivo (por ejemplo, si se anticipara ir a la guerra con esos extranjeros). Por lo tanto, es interesante preguntar qué se podría hacer para disuadir las entradas netas de inversión, aparte de la opción de dañar la propia economía tanto que los extranjeros no quieran invertir allí (lo que no suele considerarse una política óptima).

Una forma interesante y a menudo importante de entrada neta de inversión es el dinero extranjero que viene a comprar bonos del gobierno. Estos suelen ser, entre los activos, los más atractivos para los extranjeros. Por lo tanto, una reducción del déficit presupuestario del gobierno a menudo conducirá a una reducción de las entradas de capital y, por consiguiente, a un aumento de las exportaciones netas (es decir, una reducción del déficit comercial o un aumento del superávit comercial).

Otra forma de reducir las entradas netas de inversión sin dañar tanto la economía nacional como para que la inversión allí sea poco atractiva sería hacer que la inversión en el extranjero fuera más atractiva. Eso podría hacerse ayudando a los países extranjeros a crecer más rápido, si eso fuera factible. Pero una alternativa podría ser persuadir a los gobiernos extranjeros para que suban sus tipos de interés.

Eso podría tener consecuencias negativas para esos países, por ejemplo, quizás deflación, o quizás disturbios sociales a medida que se recortaran los salarios. Pero si la alternativa fueran aranceles y grandes trastornos comerciales, las consecuencias negativas podrían ser aún peores.

Así que, si Trump quiere eliminar los déficits comerciales, tiene varias opciones:

  • Podría devaluar el dólar.
  • Podría reducir el déficit presupuestario federal de EE. UU.
  • Podría impulsar el crecimiento del PIB internacional.
  • Podría persuadir a otros países para que mantengan tipos de interés más altos.

En sí mismos, los aranceles pueden reducir el déficit comercial de EE. UU., pero solo dañando la economía nacional más que las economías extranjeras, reduciendo así las entradas netas de inversión. Aparte de eso, Trump simplemente está utilizando la herramienta equivocada para lograr sus objetivos.

Treinta años de la Organización Mundial del Comercio

Por Katrina Gulliver. El artículo Treinta años de la Organización Mundial del Comercio fue publicado originalmente en FEE.

Este mes se cumplen 30 años del inicio de la Organización Mundial del Comercio. La OMC se creó como sucesora del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), en vigor desde 1947. El GATT se creó como método para estabilizar y restablecer el comercio tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero el panorama del comercio mundial había cambiado radicalmente en los cincuenta años siguientes (sobre todo con el desarrollo del transporte internacional de mercancías en contenedores). El comercio internacional se había expandido masivamente y los países en desarrollo se estaban convirtiendo en centros manufactureros, deseosos de exportar.

La OMC fue la culminación de años de conversaciones y preparativos, reflejo de la ambición de los políticos por expandir el comercio internacional, pero también por asegurarse de que sus propias naciones obtuvieran el mejor trato posible. Sin embargo, su llegada no fue bien recibida por todos. Las rondas de conversaciones y cumbres de los primeros años de la organización fueron polémicas, tanto dentro de las salas de debate como fuera de los edificios.

La tercera ronda de conversaciones, celebrada en diciembre de 1999 en Seattle, fue testigo de protestas sin precedentes. En lugar de un acontecimiento internacional rutinario, con limusinas diplomáticas y oportunidades para hacerse fotos, hubo escenas de caos en el exterior. Estas estridentes protestas se conocerían en la prensa como la «Batalla de Seattle», que no era precisamente la imagen que el presidente Bill Clinton esperaba ofrecer a la audiencia mundial.

La Organización Mundial del Comercio y el movimiento antiglobalización

Dentro de la reunión también se desataron las pasiones. Como informó entonces el Wall Street Journal:

Dentro de la reunión de la OMC, los delegados de los países en desarrollo, incluidos Pakistán, India y Brasil, amenazaron con bloquear una nueva ronda de negociaciones comerciales, negándose a firmar cualquier acuerdo para iniciar las negociaciones a menos que Estados Unidos y Europa accedieran a sus demandas.

Fuera de la reunión, los equipos SWAT de la policía de Seattle utilizaron gas lacrimógeno, spray de pimienta, perdigones de goma y porras contra los manifestantes que bloqueaban el acceso a la reunión de la OMC, obligando a la organización comercial a cancelar su ceremonia de apertura. Ese mismo día, unos 30.000 sindicalistas se manifestaron en un acto de fervor contra la OMC.

Horrorizado, el alcalde de Seattle, Paul Schell, decretó el toque de queda y llamó a la Guardia Nacional.

Los manifestantes también contaron con apoyo: el sindicato International Longshore and Warehouse Union realizó paros en los puertos de Seattle, Tacoma y Oakland. En Seattle, los manifestantes contaron con el apoyo de varias ONG, en particular grupos de defensa de los derechos laborales y del medio ambiente, que habían planeado las protestas durante meses. La Federación Estadounidense del Trabajo y el Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) también celebraron una concentración. En Londres, la acción simultánea de los activistas contrarios a la OMC incluyó ataques a la policía, y se cerró una estación de tren.

En retrospectiva, los planificadores de la OMC deberían haberlo visto venir. Los sentimientos antiglobalización habían ido cobrando fuerza en la década de 1990. Dos años antes de las conversaciones de Seattle, se habían producido protestas similares en la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Vancouver.

El sentimiento contrario a la OMC unió a grupos dispares, desde defensores de los derechos de los trabajadores y nacionalistas de derechas hasta ecologistas (y otros muchos simpatizantes). Resulta fascinante ver a manifestantes contrarios a la OMC ondeando la bandera de Gadsden.

La incorporación de China

Pero la OMC fue el resultado de años de trabajo para liberalizar el comercio, espoleado además por el colapso del bloque soviético. Por supuesto, no creó el «libre comercio» en todas partes (si lo hubiera hecho, no habría necesidad de que existiera tal organización). Su objetivo era promover un comercio más libre, al tiempo que permitía a sus miembros presionar en favor de determinadas protecciones nacionales. (En un mundo de verdadero libre comercio, tampoco habría «conversaciones comerciales»). Podemos ser cínicos y pensar que no es más que otra tertulia de buscadores de rentas, como parecen serlo tantos otros organismos internacionales. Pero ha incorporado a más países a las redes de mercados internacionales.

En 2001, China se incorporó a la Organización Mundial del Comercio, probablemente el mayor cambio en el comercio mundial en décadas, cuando Asia se convirtió en el centro manufacturero mundial, un hecho que sigue causando ondas económicas en todo Occidente. En la actualidad, la OMC cuenta con 166 miembros, que representan el 98% del comercio mundial.

No ha eliminado el problema de los aranceles nacionales, el proteccionismo o la preocupación por la globalización (desde todos los ángulos políticos). Un punto de fricción constante, por ejemplo, han sido las subvenciones agrícolas en la UE y Estados Unidos. Pero supone un paso más en el largo camino del comercio internacional que se inició cuando los primeros barcos partieron en el mundo clásico, para comerciar con mercancías por el Mediterráneo. Hoy todos podemos comprar cosas producidas en todo el planeta: y nuestra vida cotidiana se basa en este nivel de acceso y cooperación.

Feliz cumpleaños, OMC.

Ver también

¿Un nuevo consenso de Washington? (Álvaro Martín).

¿Hay que salvar la Organización Mundial del Comercio? (María Blanco).

Mercosur ha fracasado. Es hora de acabar con él

Por Marcos Falcone. El artículo Mercosur ha fracasado. Es hora de acabar con él fue publicado originalmente en FEE.

En 1991, la idea de que los países sudamericanos pudieran crear un acuerdo de libre comercio era revolucionaria. El siglo XX había estado marcado por el proteccionismo y el fracaso de las políticas económicas en toda la región. Pero en un contexto mundial de liberalización, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay crearon el Mercosur (abreviatura de Mercado común del sur) con el objetivo de establecer una zona sin aranceles cuyos miembros se integraran juntos gradualmente en la economía mundial. Todo el mundo tenía grandes esperanzas. Sin embargo, más de treinta años después, muchos están decepcionados.

¿Qué ha fallado en Mercosur? En pocas palabras, no ha conseguido integrar a sus miembros en el comercio mundial. De hecho, en lugar de ayudar a sus miembros a abrir sus economías, el bloque ha seguido siendo una unión aduanera bastante cerrada. Tras décadas de existencia, la tasa media del Arancel Exterior Común del Mercosur sigue siendo relativamente alta, del 11,5%, con aranceles que pueden llegar al 35%. De media, los aranceles del Mercosur duplican los de Chile y multiplican hasta por cuatro a los de los Estados Unidos y la Unión Europea.

El fracaso del Mercosur en su marcha hacia el libre comercio mundial es la razón por la que el gobierno de Uruguay amenazó con abandonarlo el año pasado, y por la que ahora Argentina también está considerando su salida. A menos que los miembros puedan firmar acuerdos de libre comercio con otros países sin restricciones, dicen, a sus países les conviene más irse que quedarse. La semana pasada, el presidente argentino Javier Milei declaró que Mercosur «ha terminado convirtiéndose en una cárcel» para sus miembros.

Fernando

Brasil es el país que más perdería en caso de fractura del Mercosur. Junto con una combinación de libre comercio intrazona y aranceles comunes, el gran tamaño de la economía brasileña ha hecho que su industria manufacturera goce de privilegios artificiales dentro del Mercosur en comparación con el resto del mundo. El resultado es que los no brasileños tienen que importar coches brasileños relativamente caros, por ejemplo, cuando podrían comprar vehículos más baratos en cualquier otra parte del mundo. Lo que se vendió como un paso hacia un comercio más libre en la superficie ha resultado ser más bien un comercio restringido.

Mercosur intentó ampliar el tamaño de su bloque de libre comercio, pero también ha fracasado en eso, y no está claro si hacerlo beneficiaría a sus consumidores. En sus 33 años de existencia, Mercosur sólo incorporó a Bolivia y Venezuela, pero esta última está actualmente suspendida. Tras 25 años de negociaciones, los sudamericanos llegaron por fin a un acuerdo con la Unión Europea para establecer el libre comercio entre ambas zonas. Pero actores clave como Francia e Italia han expresado su oposición al acuerdo, lo que arroja serias dudas sobre su ratificación. E incluso si todos los parlamentos de los países del Mercosur y de la UE ratifican el acuerdo, el periodo de aplicación tardaría más de una década.

Vicente

Como institución, el Mercosur no ha sido capaz de emular a la UE, ni para bien ni para mal. No se ha adoptado una moneda única común, pese a los planes de Brasil y Argentina de hacerlo. Esto, a la luz de la experiencia europea, es probablemente positivo, ya que su existencia haría aún más evidente e intolerable la hegemonía brasileña. Pero Mercosur tampoco ha logrado establecerse como una zona de libre circulación de personas, ya que los controles fronterizos siguen estando presentes. A lo largo de las décadas, se han firmado numerosos acuerdos con el objetivo de facilitar la circulación de personas dentro del Mercosur que están pendientes de aplicación o ratificación.

Mientras que los miembros de Mercosur se quejan de que el bloque se ha convertido en un corsé, el vecino Chile ha firmado más de 30 acuerdos de libre comercio en los últimos 30 años. La relación comercio/PIB de Chile, superior al 75%, que ha contribuido decisivamente al avance económico del país en las últimas décadas, no se puede igualar por ninguna de las economías del Mercosur, especialmente las más grandes. El comercio como porcentaje del PIB es inferior al 40% tanto en Brasil como en Argentina.

Fernando

Entretanto, Mercosur también mantiene extrañas estructuras burocráticas como el Parlasur, un parlamento que no promulga leyes sino sólo recomendaciones. Los miembros del Parlasur se eligen por los votantes en todos los países y son legalmente equivalentes a los representantes federales, con el correspondiente coste de elegirlos y mantenerlos. Pero debido a la opacidad con la que funciona, muchos políticos han «huido» de sus países al Parlasur, donde pueden disfrutar de los beneficios de estar en el Congreso sin ser miembros reales de uno. La creciente presión pública ha obligado a países como Argentina a suspender todos los pagos a los «legisladores» del Parlasur, pero la cuestión de fondo sigue presente: Para algunos, parece que el Mercosur es un fin en sí mismo.

Los sudamericanos que buscan crecimiento y prosperidad deberían reconocer que el Mercosur ha fracasado y no traerá el libre comercio a la región. A las economías abiertas les va mucho mejor que a las cerradas en términos de PIB, pero a los ciudadanos del Mercosur se les está privando de la mejora del nivel de vida que ello conlleva. Más comercio es siempre, en un momento dado, mejor.

Puede que haya llegado el momento de que países como Argentina y Uruguay sigan el consejo de Milton Friedman de «pasar al libre comercio unilateralmente» en el contexto de unas negociaciones fallidas de reducción de aranceles, aunque otros países se opongan o no correspondan. Se suponía que Mercosur iba a eliminar la jaula en la que se encontraban sus miembros, pero en lugar de eso, sólo hizo la jaula un poco más grande. Mercosur no ha funcionado. Es hora de ponerle fin.

El desacoplamiento económico de los mercados globales

El desacoplamiento económico es un término que es difícil de definir y diferenciar con precisión  de otros términos, como  el De-Risk, nearshoring o rearshoring. Todas estas concepciones, en cuanto a estrategias empresariales y políticas económicas se refiere se solapan, tanto en su contenido conceptual como en los objetivos estratégicos que persiguen sus impulsores, sean gobiernos o empresas de alcance global, frente al actual escenario de conflictos y tensiones geopolíticas y geoeconómicas internacionales.

Concepto de Desacoplamiento Económico

En sentido general, el desacoplamiento económico (De-Couple) se define como el proceso de políticas públicas, y económicas, a través de las cuales, los gobiernos tratan de reducir la dependencia económica mutua frente un grupo de países determinados. El objetivo es volverse más autosuficientes. También busca diversificar sus conexiones para evitar una dependencia excesiva de una sola economía o centro de producción con un gran peso en los mercados globales.

Este concepto ha cobrado relevancia en la última década, producto de las diferentes tensiones geopolíticas, y geoeconómicas, entre otros factores, que se han producido, por un lado, entre los EE.UU. y sus aliados del mundo occidental frente a China y Rusia, principalmente y por el otro, el deseo de las naciones y las empresas de alcance global de proteger sus propios intereses económicos contra las incertidumbres globales.

Impulsores del Desacoplamiento Económico

Entre los principales impulsores del desacoplamiento global se encuentran:

  1.  Los enfrentamientos geopolíticos, geoeconómicos, entre grandes potencias como Estados Unidos y China, lo que las ha llevado a una reevaluación de las alianzas económicas, bajo criterios de seguridad nacional, a título de ejemplo, podemos mencionar las preocupaciones del gobierno de Estados Unidos sobre su seguridad nacional, respecto al robo de tecnología con fines militares, así como doble uso de las mismas.  Resultando esto    en la implementación de estrictas restricciones a las empresas tecnológicas chinas y estadounidenses como Huawei y Nvidia entre otras.  
  • La búsqueda de la preeminencia tecnológica frente al adversario en cuestión. Donde las naciones en conflicto buscan controlar su infraestructura digital, lo que las ha inducido al desarrollo de tecnologías autóctonas, en este sentido podemos mencionar, a título ilustrativo, la iniciativa de la Unión Europea de construir su propia infraestructura en la nube.
  • El resurgimiento del nacionalismo económico, y políticas proteccionistas impulsadas por la intervención estatal de los gobiernos en sus respectivos países, entre las cuales podemos mencionar a título de ejemplo el Make in India.
  • Las vulnerabilidades de la cadena de suministro frente a fenómenos pandémicos de alcance global como el COVID-19, el cual puso en evidencia la fragilidad y la alta dependencia frente a las cadenas de suministro globales ubicadas en China, lo que ha conllevado tanto a los gobiernos de las naciones más desarrolladas, como a las grandes corporaciones globales a tratar de diversificar sus cadenas de suministro para mitigar futuras perturbaciones. En este sentido, el caso de Japón, es un ejemplo. El país asignó fondos para ayudar a las empresas a trasladar su producción fuera de China. Ello representa una intervención estatal en la dinámica del libre mercado.

El impacto de los impulsores del desacoplamiento  en la libertad de los mercados globales

Pues dentro de este complicado escenario, las potencias económicas han comenzado a pilotar un complejo y multifacético proceso, en la búsqueda de una mayor resiliencia económica y autonomía estratégica, a través, de una mayor intervención estatal en sus respectivas economías, como a nivel global.

Como consecuencia de esta compleja dinámica interactiva de los impulsores del desacoplamiento, se está produciendo, por un lado, cambios graduales a diferentes velocidades en la estructura del comercio mundial. Y por el otro, la aparición de nuevos desafíos para las corporaciones globales, al verse obligadas a adaptarse a una nueva “normalidad” donde la agilidad y la previsión estratégica son primordiales para hacerle frente a los imperativos de tipo geopolíticos y estratégicos de carácter estatal que han venido minando los fundamentos más básicos y elementales de la libertad de los mercados globales de bienes y servicios.  

A medida que las corporaciones reevalúan sus dependencias y buscan una mayor autonomía en sus asuntos económicos, las repercusiones se sienten en todo el espectro de los mercados globales. Pues los flujos de inversión corporativa han cambiado en respuesta al desacoplamiento económico. Los inversores tratan   equilibrar sus carteras, reduciendo la exposición a mercados de los centros de producción y logísticos, que perciben como volátiles y políticamente inestables. Lo que ha conducido a las corporaciones globales a realizar una mayor inversión en mercados emergentes, o en clases de activos alternativos que antes estaban subrepresentados en sus carteras de inversiones empresariales.

El comportamiento del consumidor global

En lo referente la dinámica competitiva de los mercados globales, los mismos se han visto impactados de forma ambivalente, debido a que, por un lado, las empresas han podido encontrar nuevas oportunidades en mercados que antes estaban dominados por competidores que ahora enfrentan barreras comerciales. Y por el otro, las mismas han tenido que enfrentar las amenazas inherentes a lo que significaría la reducción de sus propios mercados, volverse estos más insulares y menos abiertos a la competencia internacional.

Otro aspecto relevante y que tal vez es uno de los menos mencionados en la literatura que ha analizado el desacoplamiento económico global, es el referente a la transformación en el comportamiento de los consumidores globales. Pues estos han comenzado a desarrollar preferencias por bienes producidos localmente, influenciados por sentimientos nacionalistas o preocupaciones sobre la sostenibilidad de las largas cadenas de producción y suministro de sus respectivos países.

Algo que se ha podido corroborar por las mismas campañas que no sólo los respectivos gobiernos de algunos países han estado llevando a cabo a tal fin, sino por lo que algunas empresas privadas de alcance nacional, dentro de sus políticas de marketing han apelado a sentimientos nacionalistas como elemento diferenciador de sus productos frente a la competencia extranjera, con el fin de incentivar el consumo de sus bienes y servicios. Esto se puede observar en los movimientos de “compra local” que han estado ganando fuerza en varios países a escala global.

Innovación y competencia

En lo referente al impacto en materia de innovación y competencia, el desacoplamiento puede incentivar la innovación, en la medida que las empresas y los Estados inviertan en el desarrollo de sus propias tecnologías y capacidades. No obstante, estas políticas pueden conducir a una fragmentación de los mercados, lo que puede socavar la competencia y frenar el progreso tecnológico general, al hacer las empresas más dependientes de los incentivos estatales y de esquemas proteccionistas, que reducirían el acceso de las mismas a los mercados globales.

En lo concerniente al impacto en las asociaciones estratégicas tanto a nivel empresarial como gubernamental, el desacoplamiento económico puede conducir a cambios en las alianzas estratégicas a medida que los Estados y las grandes corporaciones globales, se alineen con otros que comparten políticas económicas, o necesidades en cadenas de negocios similares. Esto se puede observar en la reconfiguración de los bloques económicos, y la formación de nuevos acuerdos comerciales que se está produciendo en el actual contexto de rivalidades geopolíticas y geoeconómicas.

Conclusiones

El desacoplamiento económico global no es ni será un proceso monolítico, sino más bien multifacético. En él se han producido simultáneamente diversos grados de separación e integración con efectos ambivalente a escala global. Pues el impacto de estas tendencias han sido significativos en términos estructurales y han incidido en todos los procesos económicos globales, que han ido desde las cadenas de suministro hasta los flujos de inversión, y desde las políticas comerciales hasta la dinámica competitiva de las naciones.

Otro elemento a destacar es que el desacoplamiento económico en cuestión, ha representado tanto desafíos como oportunidades para el mundo corporativo global, como para las naciones mismas y sus respectivos gobiernos. Pues a medida que el mundo navegue por esta nueva “normalidad”, las partes interesadas, sean los gobiernos, o las empresas, deberán adaptarse e innovar, para así poder sobrevivir y prosperar en una economía global cada vez más desacoplada.

Como reflexión final se puede destacar que, entre los efectos más nocivos de este proceso de reconfiguración geopolítica y geoeconómica del actual orden internacional, producto de las directrices intervencionistas y regulatorias antes mencionadas, será la reducción significativa de los niveles de competitividad y transparencia de los mercados globales de bienes y servicios. Así como la distorsión de los principales fundamentos en los que se ha venido sustentado la libertad de los mercados globales hasta el presente.

Ver también

Los costes de la fragmentación económica global. (George Youkhadar).

El coste económico de ‘desvincularse’ de China. (Kerry Liu).

Guerra sobre Taiwán: ¿fatalismo o realidad? (Álvaro Martín).

¿Estamos volviendo a perder la batalla contra la pobreza?

Hemos repetido en infinidad de ocasiones el hecho de que la proporción poblacional viviendo por debajo del nivel de subsistencia pasó del 80% a principios del siglo XIX a menos del 10% en 2018, contando además con el hecho de que la población aumentó en este periodo cerca de un 800% hasta los 7.800 millones de habitantes globales. Junto a todo ello, y como multitud de lectores de esta columna sabrán, la esperanza de vida global durante este periodo aumentó hasta superar los 70 años de media en el mundo.

Si algo cabe destacar es el hecho de que esta mejora no se produjo de manera paulatina desde principios del siglo XIX hasta cerca de 2020, sino desde la explosión del proceso globalizador de la economía a partir de la década de 1970. Para constatar este hecho vale con señalar que en 1970 aún cerca del 50% de la población mundial vivía por debajo del umbral de la pobreza. Esto, como hemos reiterado en múltiples ocasiones, demuestra como el proceso de liberalización progresivo a nivel global a partir de 1970 benefició precisamente a los más pobres, permitiéndoles incrementar su nivel de vida y escapar del umbral de pobreza.

De hecho, el gran aumento del nivel de vida en países miembro de la Asociación Internacional de Fomento se produjo entre el año 2000 y 2021, incrementando de los 58 a los 65 años de esperanza de vida.

Asociación Internacional de Fomento

Sin embargo, durante los últimos años y debido principalmente a las tendencias económicas postpandemia, la situación de los países miembros de la Asociación Internacional de Fomento no ha sido tan positiva. Desde el inicio de la pandemia a escala global, los ingresos per cápita en el 50% de los 75 países miembro de la AIF han crecido a un menor ritmo que en las economías desarrolladas y en más del 30% de los países de la AIF los ingresos per cápita han incluso decrecido, volviéndose más pobres que en los años previos a 2020. Esta debe ser la tendencia que tratemos de revertir en los próximos años si queremos continuar con el éxito de reducción de la pobreza de las últimas décadas.

Como hemos comentado, shocks como el Covid, la crisis inflacionaria postpandemia, el incremento de los precios de la energía y los alimentos a causa de la invasión de Ucrania o el pasado incremento de los tipos de interés afectaron sobremanera a los países emergentes. Estas tendencias han conducido a una mayor inestabilidad política, social y económica en estos países, particularmente en los localizados en África subsahariana.

El elemento financiero

Dentro de las tendencias que más negativamente están afectando a los países emergentes, las financieras se hallan a la cabeza. La movilización de recursos financieros nacionales en los países emergentes está resultando cada vez más compleja, tanto por el peso de la economía sumergida como por la reducida madurez de sus sectores financieros. Además, la reducción de ingresos por caída de exportación de materias primas o el efecto de la debilidad de sus divisas locales, han hecho que estos países se hayan vuelto cada vez más dependientes de la deuda extranjera.

Esto es enormemente negativo para los países emergentes. Al percibirse como de alto riesgo en el mercado, su coste de endeudamiento aumenta. Ello, unido a su dificultad de generar ingresos fiscales por el elevado peso de la economía sumergida, incrementa el peso del pago de vencimientos de la deuda sobre el gasto público total. Todo esto, además, incrementa la probabilidad de crisis de deuda en estos países, generando un círculo vicioso que a su vez conduce a una elevación del coste de la deuda.

La clave para que esto no ocurra se traduce en un mayor flujo de inversión extranjera hacia los países más afectados por estas dinámicas, generando así un incremento de su productividad total y del crecimiento económico, reduciendo el riesgo de impago y el coste de la deuda. Sin embargo, será muy complicado que esto ocurra exclusivamente con inversión privada en el corto plazo. Algunos analistas han remarcado la necesidad de un incremento del volumen de créditos de bajo coste hacia aquellos países emergentes que muestren unas bases sólidas para asentar el crecimiento y desarrollo futuros, previniendo así la mencionada espiral negativa de la deuda.

El riesgo del endeudamiento

Los planes actuales para ello es que el próximo paquete de financiación para países de la Asociación Internacional de Fomento se cierre a finales del presente año por parte del Banco Mundial, ante la urgente necesidad de evitar que la deuda y las dinámicas actuales terminen por revertir la tendencia de reducción de la pobreza a escala global. Por poner las necesidades actuales en perspectiva, el plan más reciente del Banco Mundial para financiación de países de la AIF se aprobó en 2021 para el periodo 2022-2025. Sumaba $93 billones en total, lo cual equivale al 0.03% del PIB global. Esto muestra la necesidad de que esta cantidad se incremente en el presente plan. Y que ponga el foco en incrementar la proporción de dichos fondos procedentes del sector privado en forma de inversión extranjera directa.

Tal y como se ha descrito, las tendencias económicas de los últimos años están conduciendo a muchos países emergentes al precipicio de una espiral de deuda que puede hacer implosionar sus sistemas económicos y hacer retroceder la tendencia de reducción masiva de la pobreza que se lleva produciendo las últimas décadas. Para evitar que esto ocurra es esencial que se diseñen programas de colaboración público-privada que incentiven la inversión extranjera directa hacia estos países, impulsando su productividad y crecimiento y, por lo tanto, reduciendo la pobreza.

Ver también

El aumento de la pobreza en España. (Álvaro Mártín).

Contra la teoría del decrecimiento. (Álvaro Martín).

Vietnam: de ser la economía más pobre del mundo a ser un próspero exportador

Por Jon Miltimore. El artículo Vietnam: de ser la economía más pobre del mundo a ser un próspero exportador se publicó originalmente en FEE.

Phung Xuan Vu tenía sólo ocho años cuando acompañó a su hermano al centro de distribución de alimentos. Le dolía la barriga de hambre, y estaba ansioso, lleno de preocupación por perder su vale de comida o ser castigado por los funcionarios que distribuían los alimentos. “Los funcionarios no eran amables. Eran mandones y tenían poder”, recordaba Vu décadas después. “Sentíamos que teníamos que mendigar por la comida que nos correspondía por derecho”.

La familia de Vu era pobre, pero no para los estándares locales. Poseían una bicicleta, algo que no todas las familias de Vietnam podían decir. Aun así, esperar durante horas para conseguir comida era difícil. En el libro The Bridge Generation of Viet Nam: Spanning Wartime to Boomtime, Vu recordaba cómo los escolares, débiles y sedientos, esperaban horas y horas bajo el calor para recibir raciones de comida, sólo para ser engañados por los funcionarios, que mezclaban piedras con el arroz para engañar a la balanza. “Eso nos enfadaba, pero no podíamos luchar ni discutir con los funcionarios”, dijo Vu a las autoras Nancy Napier y Dau Thuy Ha. “¿Qué podíamos hacer, siendo niños?”.

Cómo Vietnam se convirtió en el país más pobre del mundo

Vietnam es un país que la mayoría de la gente conoce, pero para muchos el conocimiento de su historia se detiene en 1975: el año en que cayó Saigón, dos años después de la retirada de las tropas estadounidenses.

Aunque el Presidente Ho Chi Minh había prometido en 1969 que la derrota de los estadounidenses permitiría a los socialistas “reconstruir nuestra tierra diez veces más hermosa”, la posguerra estuvo marcada por el declive económico. Vietnam era principalmente una economía agrícola, y la colectivización de la agricultura había logrado resultados que apenas diferían de los intentos de colectivización anteriores de gente como Stalin y Mao.

En su Segundo Plan Quinquenal (1976-1980), Vietnam se había fijado objetivos agresivos en las tasas de crecimiento anual de la agricultura (del 8% al 10%). En lugar de ello, la producción agrícola sólo aumentó un 2% anual, en gran parte porque los comunistas habían colectivizado casi el 25% de las granjas de lo que había sido Vietnam del Sur.

Los resultados fueron catastróficos. Rainer Zitelmann, autor de How Nations Escape Poverty (Cómo las naciones escapan de la pobreza), señala que en 1980, Vietnam, antaño exportador de arroz, sólo producía 14 millones de toneladas anuales, a pesar de que necesitaba 16 millones para alimentar a su propia población.

EEUU no pudo destruir Hanoi, pero el control de alquileres sí

Los planificadores también instituyeron políticas agresivas para nacionalizar industrias en Vietnam. Aunque en un principio estos planes sólo pretendían nacionalizar las empresas de propiedad extranjera, con el tiempo se ampliaron para abarcar a todas las empresas de Vietnam. Los controles de precios -en particular las políticas de control de alquileres, notoriamente destructivas- también desempeñaron un papel clave en el declive económico de Vietnam.

“Los estadounidenses no pudieron destruir Hanoi”, declaró a la prensa el ministro de Asuntos Exteriores de Vietnam, Nguyen Co Thach, a finales de la década de 1980, “pero nosotros hemos destruido nuestra ciudad con alquileres muy bajos”.

Estas políticas perjudicaron enormemente a la economía vietnamita. En 1980, Vietnam era el país más pobre del mundo – más pobre que Somalia, Etiopía y Madagascar – distinción que mantendría durante toda una década. A lo largo de la década de 1980 e incluso en la de 1990, el hambre fue omnipresente para muchos vietnamitas. En 1993, el 80% de la población vivía en la pobreza.

Pero, a diferencia de muchos otros países, Vietnam no siguió siendo pobre. Hoy, en una de las historias más notables de la historia moderna, la pobreza en Vietnam se sitúa en torno al 4%, según el Banco Asiático de Desarrollo.

Cómo no vencer a la pobreza

Antes de explorar cómo Vietnam pudo escapar de la pobreza, es importante entender cómo las naciones no escapan de la pobreza. La historia de Vietnam fue una excepción. Aunque otros países han avanzado mucho en la reducción de la pobreza en las últimas décadas, la mayoría no lo ha hecho.

De hecho, muchos de los países más pobres en 2024 -Burundi, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Madagascar, Somalia y otros- se encontraban entre las naciones más pobres del mundo hace un cuarto de siglo. Estos países también suelen recibir la mayor parte de la ayuda exterior (sin duda porque son muy pobres).

Aunque muchas personas -y organizaciones como las Naciones Unidas- sostienen que la ayuda exterior es clave para aliviar la pobreza, otros no están de acuerdo. En su libro de 2006, The White Man’s Burden: Why the West’s Efforts to Aid the Rest Have Done So Much Ill and So Little Good, el economista de la Universidad de Nueva York William Easterly sostenía que décadas de iniciativas de ayuda internacional han servido mucho más para alimentar burocracias que para aliviar la pobreza.

Un ejemplo que Easterly citó fue Tanzania, que recibió miles de millones de dólares para mejorar su sistema de carreteras durante muchos años. Dos décadas después, las carreteras de Tanzania seguían siendo un desastre, pero su burocracia había crecido. “Tanzania producía más de 2.400 informes al año para sus donantes de ayuda, que enviaban al asediado país receptor 1.000 misiones de funcionarios donantes al año”, escribió Easterly.

Cuando la ayuda es el problema

Este es el problema de intentar aliviar la pobreza con soluciones de arriba abajo. Los planificadores creen tener conocimientos suficientes para resolver problemas económicos complejos, pero las pruebas (y la teoría económica) demuestran que no es así.

Zitelmann comparte una pintoresca anécdota del escritor alemán Frank Bremer, que pasó medio siglo en más de 30 países luchando contra la pobreza como cooperante para el desarrollo. En la conversación, un aldeano intenta convencer a un experto de que su pueblo necesita desesperadamente una presa. Pero el experto sigue diciéndole que no necesita una presa, sino un pozo. Unido a mejores herramientas de análisis. Y más formación para los trabajadores. Y una mano de obra más integradora.

Es un intercambio cómico, pero se basa en las décadas de experiencia de Bremer en el campo de la ayuda internacional, que intenta, año tras año, aplicar soluciones de arriba abajo para aliviar la pobreza. En su libro Cuando la ayuda es el problema, la economista de origen zambiano Dambisa Moyo argumenta que el billón de dólares en ayuda que los países africanos han recibido de los países ricos durante el último medio siglo no sólo no ha aliviado la pobreza en África, sino que la ha exacerbado:

La idea de que la ayuda puede aliviar la pobreza sistémica, y lo ha hecho, es un mito. Millones de africanos son hoy más pobres gracias a la ayuda; la miseria y la pobreza no han acabado, sino que han aumentado.

Dambisa Moyo. Cuando la ayuda es el problema.

Cómo Vietnam venció a la pobreza

La experiencia de Vietnam fue en múltiples aspectos opuesta a la africana. Para empezar, la ayuda a Vietnam se estaba agotando en los años ochenta y principios de los noventa. Debido a que la Unión Soviética estaba sufriendo su propio colapso económico, no se enviaron miles de millones de dólares en ayuda que habrían ido a Vietnam. Mientras tanto, las políticas colectivistas seguían destruyendo la productividad. Uno de los muchos errores que cometieron los planificadores vietnamitas fue ignorar los incentivos económicos, mucho más acordes con las necesidades económicas en una economía de mercado.

Napier y Ha entrevistaron a Bach Ngoc Chien, quien recordó que su madre, como todos los agricultores que trabajaban en cooperativas, recibía una compensación basada en el número de días trabajados. La calidad del trabajo o la cantidad de alimentos producidos no importaban. “Esto animaba a los miembros a holgazanear, ser descuidados o llegar tarde a sus trabajos”, explicaba Claudia Pfeifer en su libro Confucio y Marx en el río Rojo. Estas políticas perjudicaron enormemente a la economía vietnamita. Pero, mientras su economía se tambaleaba y luego se hundía, algo asombroso empezó a suceder en Vietnam a finales de los años setenta y principios de los ochenta: empezó a surgir una economía totalmente nueva.

Sufriendo bajo un sistema parecido al “comunismo de guerra” de Lenin, los vietnamitas empezaron espontáneamente a crear su propia economía de mercado para sobrevivir. Los funcionarios del Estado hacían cada vez más la vista gorda ante las violaciones del control de precios y los contratos no autorizados (khoan chui) entre familias y colectivos. Esta práctica, conocida como “fence-breaking” (pha rao) es sólo un ejemplo de la economía de mercado (a veces negra, a veces gris) que surgía bajo la pesada mano del socialismo en Vietnam.

VI Congreso del Partido Comunista

En respuesta a esta economía floreciente, los líderes socialistas hicieron otra cosa bastante extraordinaria: abrazaron la economía de mercado y admitieron sus propios “errores”.

El VI Congreso del Partido de 1986 se considera un punto de inflexión en la historia de Vietnam por dos razones. En primer lugar, los líderes del partido anunciaron su política de Đổi Mới (“renovación”), una serie de reformas de libre mercado diseñadas para abrazar la gris economía de mercado. En segundo lugar, los líderes del partido emprendieron lo que Zitelmann describió como un proceso de “autocrítica radical”, admitiendo el fracaso de los planes quinquenales anteriores, que apenas lograron resultados económicos.

El Secretario General entrante, Nguyen Van Linh, prometió corregir los errores económicos que se habían traducido -según el propio informe del partido- en una elevada inflación, el hundimiento de la productividad laboral, el declive de la industria manufacturera, el desempleo masivo y la corrupción generalizada. “No intentaron culpar a otros factores externos”, me dijo Zitelmann en una entrevista reciente. “Habría sido muy fácil hacerlo”.

Es importante señalar que, tras la decisiva reunión de 1986, los líderes políticos siguieron impulsando reformas de libre mercado. En 1987, se aprobó una nueva ley de inversiones que demostraba que Vietnam estaba abierto a los negocios. La ley prometía que el Estado no expropiaría ni nacionalizaría propiedades o capitales extranjeros.

Un programa de liberalización

En 1988, se aprobaron una serie de medidas para reducir o eliminar las barreras gubernamentales a la actividad económica. Entre ellas se incluían las siguientes

  • Eliminación de los controles de precios y las subvenciones
  • Supresión de los controles aduaneros nacionales
  • Permitir a las empresas privadas contratar hasta 10 trabajadores (tope que se aumentó posteriormente)
  • Reducir drásticamente la regulación de las empresas privadas
  • Desregulación del sistema bancario
  • Devolver a los propietarios privados las empresas confiscadas durante la nacionalización.
  • A principios de la década de 1990 se promulgaron leyes que introdujeron un marco jurídico para las sociedades de responsabilidad limitada (SRL) y la introducción del artículo 21 en la Constitución de 1992, que reconocía ciertos derechos de propiedad privada (y otras libertades, como la libertad religiosa).

Aunque en diciembre de 1991 Vietnam perdió a su principal benefactor y socio comercial, la Unión Soviética, respondió ampliando el comercio con países capitalistas, como Australia, Taiwán, Corea del Sur y Japón. En 2001 se firmó un acuerdo comercial con Estados Unidos y en 2007 Vietnam ingresó en la Organización Mundial del Comercio.

En la actualidad, Vietnam es uno de los diez principales socios comerciales de Estados Unidos. Las principales exportaciones del país, que antes eran café y cocos, son ahora ordenadores, teléfonos móviles y otros productos electrónicos.

Fue una de las transformaciones económicas más milagrosas de la historia, y logró resultados asombrosos. De 1990 a 2022, el PIB per cápita de Vietnam se multiplicó por más de cinco, pasando de 2.100 a 11.400 dólares (en dólares de 2017).

‘Paz, impuestos fáciles y una administración de justicia tolerable’

El éxito de Vietnam no se produjo de la noche a la mañana, por supuesto. Tampoco es el único país que ha salido de la pobreza en las últimas décadas. China, India y Polonia tienen historias similares. Lo que todas estas historias tienen en común es que estas naciones salieron de la pobreza adoptando una fórmula común: más libertad económica y libre comercio. Y al igual que estas otras naciones, el éxito de Vietnam no fue el resultado de la ayuda internacional ni de la planificación central.

Al igual que China, cuya transformación económica se vio impulsada por la privatización masiva, el éxito de Vietnam se debió a la admisión de que los planificadores centrales no podían dirigir una economía. Así que dejaron de intentarlo y se quitaron de en medio. Los primeros pasos de Đổi Mới se limitaron a reconocer la legitimidad de la economía sumergida que ya había surgido.

Nada de esto quiere decir que Vietnam (o China) sea una utopía capitalista. Al contrario, Vietnam ocupa el puesto 59 del mundo en libertad económica, según el Índice de Libertad Económica 2024 de la Fundación Heritage, ligeramente por encima de Francia pero por debajo de Bélgica. Vietnam tampoco es el país más rico del mundo. Con un PIB per cápita de 15.470 dólares, se sitúa aproximadamente en el medio, ligeramente por encima de Ucrania (15.464 dólares) y ligeramente por debajo de Paraguay (16.291 dólares), según la revista Global Finance.

Es importante saber que Vietnam fue el país más pobre del mundo en la década de 1980, pero se transformó abandonando el socialismo y adoptando un enfoque más favorable al libre mercado. Al hacerlo, sacó de la pobreza a decenas de millones de personas.

Adam Smith tenía razón. Bono, también

Este milagro económico no se logró mediante la ayuda internacional u otras soluciones de arriba abajo, sino simplemente dejando que actuara la mano invisible. El término, famosa metáfora de Adam Smith para referirse al orden espontáneo que se da en las economías de mercado, trae a la memoria otra cosa que escribió el economista escocés.

“Poco más se necesita para llevar a un Estado al más alto grado de opulencia desde la más baja barbarie, salvo paz, impuestos fáciles y una administración de justicia tolerable”, escribió el autor de La riqueza de las naciones, “todo lo demás se produce por el curso natural de las cosas”. Vietnam es la prueba de que Smith acertó con la fórmula. Los mercados libres, no la ayuda internacional, son la clave para derrotar a la pobreza. Y no hace falta ser economista para verlo. “El comercio -el capitalismo empresarial- saca a más gente de la pobreza que la ayuda”, señaló hace más de una década Bono, líder de U2 y ganador de un Grammy. Bono tiene razón.

Y si los seres humanos se toman en serio evitar que cientos de millones más pasen por lo mismo que Phung Xuan Vu -esperar horas y horas por una sola cucharada de arroz- deberían reconocer el poder de los mercados libres, y reconocer que la ayuda internacional no puede lograr nada parecido a lo que la libertad económica puede conseguir. Esto es algo que Easterly reconoció hace casi dos décadas.

“Recuerden que la ayuda no puede acabar con la pobreza”, escribió en White Man’s Burden. “Sólo el desarrollo propio basado en el dinamismo de individuos y empresas en mercados libres puede hacerlo”. Décadas de pruebas demuestran que tiene razón.

Ver también

Cómo se humanizó la economía vietnamita. (Francisco Moreno).

Las normas privadas para el comercio internacional: una visión desde la Escuela Austriaca

Las normas privadas representan una forma de “autoridad” empresarial en el comercio internacional, por la cual  los actores privados (especialmente comercializadores) persuaden a otros actores empresariales (productores y proveedores) al reconocimiento de dicha “autoridad” y que legitima el desarrollo de un propio conjunto de reglas, estándares o prácticas, así como la operatividad de las mismas.

Bajo este enfoque, la Economía de la Escuela Austriaca puede ofrecer una perspectiva única sobre el comercio internacional y el rol que tienen estas normas en su desarrollo, en la medida que propone alternativas a las medidas clásicas de intervención gubernamentales, que, al no ser el resultado de acuerdos espontáneos, generan distorsiones que disminuyen el bienestar generado por el libre comercio de bienes y servicios a nivel global.

Anarquía en las relaciones internacionales

Desde esta perspectiva, el comercio internacional es visto como una expansión del proceso de intercambio voluntario entre consumidores y productores, basado en la búsqueda de beneficios mutuos y la maximización del valor subjetivo. Bajo este paradigma, las normas privadas pueden llegar a desempeñar un papel fundamental al facilitar y optimizar dicho intercambio. De hecho, actualmente se destaca el creciente en el uso y aplicación de estas normas como forma de gobierno privada en el comercio internacional, particularmente en productos alimenticios, forestales y demás que provienen de biomasa para la generación de combustibles.

Coordinación en un entorno de incertidumbre y con conocimiento disperso

Para el desarrollo de este artículo, se proponen cuatro puntos clave de análisis que pretender ilustrar la importancia de las normas privadas para el comercio internacional, desde las perspectivas teóricas propias de la Escuela Austriaca:

  • Bajo estos preceptos, se enfatiza en la importancia de la coordinación entre los  agentes económicos a través del sistema de libre mercado. En un entorno de comercio internacional, donde múltiples países y culturas interactúan, las normas privadas proporcionan un mecanismo efectivo para coordinar las actividades comerciales y establecer un marco de confianza entre las partes involucradas. Estas normas, al desarrollarse por actores empresariales y basadas en estándares consensuados, permiten minimizar la incertidumbre y los costos de transacción asociados con el comercio internacional.
  • De igual forma, se resalta la importancia del conocimiento disperso y la coordinación empresarial a través del mecanismo de precios. En el ámbito del comercio internacional, las normas privadas funcionan como señales de mercado que transmiten información sobre la calidad, seguridad y demás características de los productos y servicios ofertados en un mercado global. Esto permite a los consumidores y empresas tomar decisiones informadas y eficientes sobre qué productos adquirir o con qué empresas comerciar. Estas normas pueden ser una herramienta adecuada para definir las cualidades deseadas del producto que se lance al mercado internacional, pues hoy en día la demanda por mayor transparencia es cada vez mayor. En este orden de ideas, al proporcionar un marco común de referencia, las normas privadas facilitan la comparación entre productos y la competencia entre proveedores, lo que favorece a una asignación más eficiente de los recursos a nivel internacional y así optimizar sus cadenas globales de suministro.

Competencia y propiedad privada

  • En particular, se resalta el papel crucial de la competencia como un proceso de descubrimiento, innovación y mejora continua. En el ámbito del comercio internacional, las normas privadas fomentan la competencia al establecer diversos estándares de calidad y desempeño que las empresas deben cumplir para acceder a ciertos mercados o segmentos de consumidores. Esta competencia no solo impulsa la innovación y la mejora de los productos, sino que también promueve la eficiencia en la producción y distribución a nivel global. Además, al permitir la entrada de nuevos competidores al mercado internacional, las normas privadas pueden adelantarse a intervenciones gubernamentales no deseables en materia arancelaria que puedan distorsionar el comercio y reducir el bienestar de los consumidores.
  • Por otro lado, se subraya la importancia de la propiedad privada y los derechos de propiedad como fundamentos del orden social y económico. En el contexto del comercio internacional, las normas privadas juegan un papel significativo en la protección de los derechos de propiedad intelectual y la propiedad industrial, garantizando que los empresarios puedan beneficiarse adecuadamente de sus inversiones en investigación, desarrollo e innovación. Al establecer estándares de protección y respeto a la propiedad intelectual, las normas privadas contribuyen a crear un entorno altamente favorable para el desarrollo de la inversión, la innovación y la creación de valor a nivel global.

Conclusión

A manera de conclusión, desde la perspectiva de los elementos teóricos propuestos por la Escuela Austriaca, las normas privadas desempeñan un papel fundamental en el comercio internacional al facilitar la coordinación, transmitir información, fomentar la competencia y proteger los derechos de propiedad. Al permitir que los intercambios se realicen de manera voluntaria y eficiente, estas normas contribuyen a crear un entorno comercial más dinámico y próspero, en línea con sus principios fundamentales.