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Etiqueta: Comercio globalización y desarrollo

El frenazo chino ataca a las materias primas

"China’s economic restructuring has made pre-2008 paradigms out of date and off the mark” Hanfeng Wang.

He tenido el placer de dar un master sobre materias primas en la UNED, y al hablar con mis alumnos siempre me sorprendía la facilidad con la que asumían como incuestionables las cifras de consumo esperado en China. Y hay mucho que poner en duda.

Cuando hablamos del frenazo de China se tiende a asumir que hablamos de un colapso. Y no es así. Pero sí del fin de un modelo de endeudamiento agresivo y construir cosas como sea para crecer. Deuda excesiva e improductiva. Según Morgan Stanley, el país hoy necesita cuatro veces más deuda para crear una unidad adicional de Producto Interior Bruto (PIB) que hace solo cinco años. 

Cambiar ese modelo a uno más sostenible y orientado al consumo no es malo.

  • El 41% de las inversiones chinas va al sector de consumo y servicios, comparado con menos del 30% hace unos años.
  • La economía se está modernizando: las importaciones de productos de alta tecnología se han reducido de un 85% del total a un 71%.
  • Las exportaciones de bienes de alto valor añadido han crecido de un 50% hace cinco años a un 85,4%. A propósito, este dato es algo que aterra a los japoneses y su imperialismo monetario, algo que comentábamos aquí en “Abenomics y el timo de la estampita”.

Es decir, la economía china es cada vez menos industria y cada vez más servicios. Porque el modelo no era sostenible. Atrás quedan las acerías que fabricaban para luego volver a fundir lo producido, las ciudades-fantasma y los 28 millones de casas sin vender… Y las hileras de molinos de viento y paneles solares sin conectarse a la red. Cualquiera que las haya visto nunca lo olvida.

Nadie puede considerar ese cambio como negativo. Corea del Sur o Taiwán llevaron a cabo esa transición sin problema, solo tuvieron que adaptarse a crecimientos del PIB de entre el 2% y el 4%. Otra cosa es que, dado que el exceso de endeudamiento chino es enorme, sobre todo en las empresas estatales, como comentábamos en “Cuidado con China” , el aterrizaje no es tan sencillo. Porque la economía cada vez ahorra menos (cayendo desde 2010 tres puntos porcentuales) y se endeuda más.

El hecho de que una gran parte de esa deuda sea financiada internamente por bancos locales no mitiga el riesgo. Un esquema piramidal no deja de serlo porque los partícipes se presten mutuamente.

Un 200% de deuda sobre el PIB cuando el 48% de las empresas del Hang Seng, sobre todo las semi-estatales, no generan rentabilidades por encima de su coste de capital es un enorme problema. No desaparece y tiene un gran impacto sobre la capacidad de financiación de los sectores productivos, como muestra el informe de CICC “A Tale of Two Economies”. De hecho, es una losa a medio plazo en aquellos sectores que no pueden sobrevivir sin deuda adicional. Curiosamente, los sectores llamados estratégicos. Siempre igual, sale la palabra y se traduce en pérdidas.

Pues bien, el frenazo de la vieja economía china no es cíclico. Es estructural. Y tiene un enorme impacto en el mercado de materias primas. Estamos viéndolo de manera muy relevante en la demanda de carbón, cobre, mineral de hierro y petróleo, creando una sobrecapacidad productiva que deprime los precios a medio y largo plazo. Algo que nos viene de perlas a los países importadores.

Los productores de materias primas se habían acostumbrado a una demanda eternamente creciente impulsada por China y ahora se enfrentan al exceso de suministro, al que dichos productores, sobre todo de mineral de hierrocarbón cobre, siempre responden intentando reponer ingresos produciendo más, pensando que en un futuro cercano se revierte la ralentización de demanda. Un grave error, que analizaba McCoy sobre el desplome del cobre en “Un indicador clave se sigue desplomando” .  

Analicemos el impacto del frenazo chino en el petróleo, cobre, carbón y mineral de hierro, que son indicadores mucho más fiables del crecimiento en la actividad industrial que el PIB.

Empecemos por algo crucial. No debemos ignorar el efecto almacénUna enorme cantidad de materias primas adquiridas por China no se consumen, solo se almacenan. Estimar la demanda sin ajustar ese efecto maquillaje ha sido letal para muchos productores. Los inventarios de mineral de hierro por ejemplo, han subido un 57% entre 2013 y 2014. Y en carbón, como en productos petrolíferos, los almacenes están a niveles máximos de 2010.

  • En petróleo, los miembros de la OPEP ya mencionan que tienen que plantearse reducir sus exportaciones en un millón de barriles al día. China consume casi el 10% del petróleo del mundo. Pues bien, la demanda china entre enero y febrero cayó un 1,9%. En los primeros meses de 2014, la demanda ajustada por inventarios (es decir, quitando lo que se compra para almacenar) caía un 4,6% con respecto al mismo periodo de 2013. Las expectativas de consumo chinas están erróneamente basadas en que el país llegará a un consumo per cápita similar al de Estados Unidos o la OCDE y, como siempre, olvidan la eficiencia y la sustitución. Crean lo que ustedes crean, desconfíen mucho de estimaciones optimistas que después se reducen cada año un 30-35%.
  • En mineral de hierro, China supone el 63% de las exportaciones globales. Varios analistas, desde UBS a Standard Chartered, alertan de la dificultad para que el país cumpla sus estimaciones de crecimiento de demanda del 3% anual, lo que lleva a que el exceso de oferta en 2014 alcance las 136 millones de toneladas, llegando a 170 millones en 2015. Como ejemplo del frenazo chino, en 2012 había un déficit de mineral de hierro de 70 millones de toneladas, en pocos meses, el superávit era similar a esa cifra. El consumo de acero chino lleva estancado por debajo de las 60 millones de toneladas mensuales desde diciembre de 2012.
  • En carbón, China supone casi el 50% del consumo de carbón del mundo. Con un programa gubernamental buscando reducir la polución en el gigante asiático (por fin), las expectativas de crecimiento de demanda china no superan el 1,6% anual. Es decir, que es muy probable que las importaciones no superen las 220 millones de toneladas. Con un crecimiento de la producción global y de las exportaciones de Australia, Sudáfrica y Colombia… Nos enfrentamos a otro año de exceso de ofertasuperior al 20% .
  • En cobre, el problema es el mismo. Oferta creciente, demanda menguante del mayor consumidor, China, que supone un 39% del mercado global. La estimación de superávit del mercado del cobre refinado se ha revisado al alza en 2014 desde 327.000 de toneladas métricas a 369.000, y en 2015se prevé que supere las 400.000.

Mucho cuidado con ignorar los efectos de la sobrecapacidad productiva cuando los países exportadores buscan compensar ingresos perdidos con más producción, y no olvidemos el efecto depresor del exceso de almacenamiento. Porque es una combinación letal en el mundo de las materias primas.

Ignorar el elefante en la habitación es uno de los errores más grandes que cometemos al hacer estimaciones de futuro.

Asumimos periodos excepcionales, de acceso a crédito, liquidez, consumo o crecimiento, como nuevos paradigmas que se van a perpetuar eternamente. Se traza una línea ascendente desde una base que no se cuestiona si es sostenible o no. O peor, cuando se percibe que es excesiva, se justifica.

En el análisis de las materias primas, el error es aún mayor, porque se aplica sobre el mayor consumidor del mundo: China. Y cuando los economistas cometen una equivocación de hasta el 40% en sus estimaciones durante tres años consecutivos pero mantienen las expectativas a 2020 sin modificar, se magnifica el problema.

Ya conocen ustedes los argumentos… “la demanda china se va a multiplicar por dos en los próximos veinte años” etc. En el año 2012, un amigo de la petrolera Exxon me comentaba sobre el crecimiento chino: “No me lo creo. Y el que planifique usando las estimaciones oficiales de crecimientos de China como referencia solo puede llevarse desilusiones”.

Para el mercado de materias primas, y para todos, el cambio de modelo chino es positivo, no lo duden. Porque era insostenible. Pero no ignoremos los sustos que puede dar a un mundo enganchado a un carro donde los caballos estaban dopados.

Por supuesto, muchos dirán que todo es irrelevante, porque China, como buena dictadura comunista, crecerá y consumirá lo que decida el partido. Genial, pero que sepan que el argumento funciona en los dos sentidos. Si el partido decide cambiar el modelo, lo cambia.

En cualquier caso, un sistema no deja de ser insostenible porque lo decida el partido. Cae por su propio peso antes o después. Y con un poco de suerte, se lleva al partido con él.

Economía anémica y sin músculo

Si el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, sube este miércoles a la tribuna durante el debate sobre el estado de la región a decirnos que, como escribe en su blog, su estrategia política para salir de la crisis garantiza «un desarrollo futuro sólido, con una economíainteligente, sostenible, interconectada y diversificada», yo le recomendaría, al menos, más prudencia.

La economía inteligente no es otra que la del ahorro. Es fácil, señor presidente, cualquier persona se lo podría explicar: si alguien gasta menos de lo que produce, ahorra y está siendo inteligente. Sin embargo,si gasta más de lo que origina, se endeuda, de modo que no está actuando inteligentemente y su futuro no se puede calificar como sólido sino como incierto, frágil y muy probablemente ruinoso.

Pues bien, aunque usted y su gobierno no producen nada, sí gastan, mejor dicho, despilfarran el dinero que obtienen del contribuyente mediante abusivos impuestos, algunos de ellos vergonzosos, como el de donaciones y sucesiones. Según su presupuesto, este curso dilapidarán 6.357 millones de euros, casi 69 millones más que el año pasado, para mantener, entre otras cosas, muchas empresas públicas que están en quiebra, son ineficientes y ejercen una competencia desleal como Promotur, Gesplan, Gestur o el ente que su gobierno utiliza como medio propagandístico, la televisión pública canaria. Por ello, la economía que impone su gobierno dista mucho del calificativo de inteligente.

Por otro lado, en lugares donde el Gobierno obstaculiza la búsqueda de recursos energéticos baratos, impone la implantación de fuentes energéticas excesivamente caras e impide que los empresarios puedan coordinar continuamente las necesidades y planes cambiantes de las distintas personas de la sociedad mediante infinidad de trabas burocráticas y leyes coactivas, como la de Renovación y Modernización Turística, no hay orden ni economía sostenible, sino un desorden insostenible.

Además, la economía interconectada y diversificada se produce gracias al fenómeno de la división del trabajo que aparece en las sociedades libres. Sin embargo, el pueblo canario dista mucho de serlo, dado que usted y su Gobierno impiden el libre ejercicio de la función empresarial, pretenden prohibir, con políticas tachadas de xenófobas en otros lugares, que los foráneos puedan trabajar en las Islas y, entre otras cosas, realizan discursos peligrosos, que han sido utilizados en el pasado para eliminar la libertad, como el de que somos demasiados. Por estas razones, nuestra economía no es diversificada, sino homogénea, basada en la subvención y la única interconexión suele derivar en corrupción.

En conclusión, señor presidente, prudencia, pues sus políticas liberticidas han condenado a más de 370.000 canarios al paro, la pobreza se ha incrementado escandalosamente y nos ha llevado a una economía anémica y sin músculo.

Venezuela y la pesadilla del ‘petroestado’

"El petroestado recauda ingentes recursos, pero crea a su vez poderosos e irresistibles incentivos para decidir clientelarmente a la hora de redistribuir” Ibsen Martínez

En apenas dos meses, Venezuela ya registra 2.841 homicidios. Los paramilitares y la Guardia Nacional Bolivariana han provocado 21 muertos. El nivel de represión ha alcanzado cotas que generan titulares diarios en la prensa de todo el mundo.

Decía Milton Friedman que “si dejamos al gobierno a cargo del desierto, nos quedamos sin arena en unos años”. Los logros del chavismo son muy parecidos a lo que indica ese comentario del premio Nobel. Haber perdido la oportunidad generada por sus recursos naturales y hacer un sistema clientelista y subvencionado en vez de una economía moderna y desarrollada.

Hoy, Venezuela, quinto país exportador de petróleo y las mayores reservas probadas de crudo pesado del mundo, tiene una inflación del 56% y desabastecimiento de alimentos y productos básicos provocados por una política económica irresponsable.

La política social de devaluar, gastar y endeudar ha llevado a la economía a una situación insostenible de escasez, empobrecimiento generalizado y represión.

De hecho, a pesar de haber visto los precios del petróleo multiplicarse, la deuda de Venezuela y PDVSA, su empresa petrolera nacional, aumentó en 110.000 millones de dólares desde la llegada del chavismo.

El caso de PDVSA merece analizarse. De ser una de las empresas más punteras y eficientes del sector, ha multiplicado su plantilla mientras reducía su producción un 16% desde la llegada de Chávez, y la deuda aumentaba. A pesar de haber disfrutado de unos precios del petróleo en trayectoria ascendente continuada desde que el régimen chavista llegó al poder, Venezuela tiene el triste récord de haber hundido la productividad por empleado de PDVSA a niveles de 1940 y de haber destruido su estructura financiera con una deuda que se ha disparado -un 8,4% sólo en 2013- para financiar proyectos sociales que sorprenden por las cantidades gastadas. La ineficacia en el gasto por obra completada final se puede ver claramente en los barrios sociales de las afueras de Caracas.

A la hora de analizar los supuestos logros del chavismo que muchos medios comentan, siempre hay que recordar que el país se ha beneficiado de unos precios del petróleo que han subido de 18 dólares por barril a 108 dólares. Unos ingresos extraordinarios que se han dilapidado en enormes subvenciones y donaciones políticas a naciones amigas que no han ayudado ni a cambiar el modelo productivo, ni a modernizar y desarrollar las industrias autóctonas, sino a depender aún más de los precios del petróleo, convirtiendo a Venezuela, junto a Irán, en los países que necesitan un precio del crudo más alto para equilibrar sus presupuestos (más de 100 dólares el barril).

Descontando el impacto de la inflación, que en Venezuela supera ratios de doble digito, el crecimiento real de PerúChile o Brasil en los últimos catorce años es más de tres veces superior al venezolano, y sólo la devaluación salvaje de Maduro de los últimos meses ha desplomado la renta per cápita de 13.000 dólares a 9.000.

La mejora de los indicadores de riqueza en Venezuela palidece cuando se tiene en cuenta la enorme renta petrolera extraordinaria que se ha generado en los últimos catorce años. Más de 380.000 millones de dólares de ingresos “distribuidos revolucionariamente”, y el porcentaje de la población que vive en la pobreza, según Cepal, sigue por encima del 29%.

El Índice de Pobreza en Latinoamérica de la Fundación Ethos sitúa a Venezuela entre los tres países más pobres tanto en hogar como entorno, mientras las economías más abiertas -Chile, México y Colombia- quedaban en los puestos de menor pobreza.

Lo explico en “Viaje a la Libertad Económica”. El modelo chavista debilita sus propias instituciones y restringe perversamente las políticas públicas a la decisión personal del líder que firma los cheques. Se crean lo que se llaman los boliburgueses, muy similares a los oligarcas.

Para Venezuela, el petróleo ha sido una bendición y una condena. La enorme renta petrolera recibida enmascara unos resultados de la política de “redistribución revolucionaria” que son mucho más que decepcionantes. Desafortunadamente, ese proceso se ha llevado a cabo con la entrega voluntaria de la libertad de muchos ciudadanos a cambio de un asistencialismo al que hoy le descubren su cara más oscura. Represión generalizada.

Apostar por un estado represor a cambio de una supuesta prosperidad lleva a no conseguirla y además encontrarse, como hoy, con la imposibilidad de salir del sueño redistributivo que se convirtió en pesadilla sangrienta. Los que critican a la oposición parecen olvidar convenientemente que las instituciones han sido tomadas y controladas por el chavismo en un proceso lento, pero inexorable, desde hace más de diez años. A pesar de ello, sigo confiando en que se permita a unos y otros buscar una solución pacífica.

Mientras tanto, los economistas de consenso en España nos quieren convencer de que tenemos que aplicar las mismas políticas. Venezuela sin petróleo.

La salida a este infierno de inflación y desabastecimiento tras años de subvenciones y despilfarro público no va a llegar de la mano de la misma fórmula. Venezuela es un país magnífico con una población capaz, valiente y emprendedora. Sea el gobierno que sea el que dirija el país en el futuro, estoy seguro de que aprenderá  que la política de devaluar, inflacionar y tirar del gasto público y de la deuda es pan –poco- para hoy y desastre –mucho- para mañana. #SOSVenezuela.

Foreign aid: La tecnocracia como parte del problema.

Tecnocracia: idealismo enmascarado

En un artículo anterior sobre esta materia, presenté el marco del debate actual en el contexto de la economía del desarrollo respecto del papel de la ayuda internacional en la lucha contra la pobreza global extrema. Una de las figuras centrales de este debate es la de Jeffrey Sachs, director del Earth Institute (Columbia University) quien aboga fervientemente por el aumento del volumen de la ayuda internacional como instrumento para viabilizar las innovaciones tecnológicas mejorarían el nivel de vida de los menos favorecidos. Luego de la publicación de su trabajo de referencia The End of Poverty (2005) que constituía un llamado a la acción para los líderes globales, Sachs canalizó sus ideas a través del proyecto de las "Villas del Milenio", para el que obtuvo apoyo de las Naciones Unidas, de distintos agentes gubernamentales así como el apoyo de un amplio conjunto de donantes privados (entre ellos se puede mencionar a George Soros que donó inicialmente 50 millones de dólares al proyecto).

En noviembre de 2006, la periodista Nina Munk, redactora colaboradora de Vanity Fair, fue enviada por la revista para cubrir la andadura inicial del proyecto de las Villas del Milenio. Nunk había quedado conmovida ante la retórica comprometida de Sachs: "o bien dejas a la gente morir o te decides a hacer algo". Ella quiso hacer algo. El proyecto pretendía desplegar una serie de acciones en 79 villas extendidas por todo el continente africano, particularmente en la zona del África subsahariana. El proyecto preveía un lapso de cinco años para "solucionar" el problema. Las cosas se dilataron un poco y no salieron como se esperaba.

En septiembre de 2013 Munk publicó The Idealist: Jeffrey Sachs and the Quest to End Poverty, luego de haber estado casi siete años recorriendo los sitios vinculados a las Villas del Milenio. El libro recorre la biografía de Jeffrey Sachs y de su proyecto, desde Derty, en Kenia a Ruhiira en Uganda. La obra de Munk intenta mantenerse alejada de juicios de valor personales; sin embargo, a medida que se avanza en su lectura se puede comprobar su transición desde la ilusión y entusiasmo inicial al desaliento y desesperanza posteriores. No se trata de que la autora se desalentara ante los distintos fracasos y contratiempos que iba sufriendo el proyecto –y que son narrados con gran detalle–, su desilusión se debió particularmente al proceso de negación en el que se sumieron las distintas autoridades involucradas en el proyecto.

En cierta medida, el libro de Munk no pasaría de ser una mera anécdota si no fuera porque, de hecho, es la punta del iceberg de una serie de duras críticas que viene recibiendo el proyecto de Sachs a distintos niveles y desde varios ámbitos. En junio del año 2013, Paul Starobin publicó una extensa investigación en la revista Foreign Policy en la que, al hilo del análisis del las Villas del Milenio, compilaba los comentarios negativos de importantes investigadores y publicaciones científicas sobre distintos aspectos del trabajo de Sachs. Staborin destaca un editorial de la prestigiosa revista Nature, del 10 de mayo de 2012 ("With Transparency comes True") –que se hace eco de la opinión mayoritaria entre expertos en economía del desarrollo (Anhijit Banerjee, Esther Duflo, Paul Collier, Niall Ferguson, Edward Miguel, etc.)–, en el que se señala que los resultados que exponen Sachs y sus colegas no son fiables dado el alto nivel de opacidad que poseen. El editorial señala un problema metodológico crucial: el hecho de que al no compartir las bases de datos, lo resultados de los informes surgidos de las Villas del Milenio no pueden ser contrastados ni replicados por otros investigadores. El editorial sentencia que "si bien el proyecto tiene potencial, no se puede tener certeza de su verdadero impacto".

Obviamente, Sachs y los expertos de las MVP ("Villas del Milenio" por sus siglas en inglés) contestaron ambos artículos, el de Staborin (ver "It Takes a Village", publicado en FP el septiembre 3, 2013) en FP y el editorial de Nature (ver "Errors in a paper on the Millennium Villages project", publicado en The Lancet, en Mayo 26 de 2012). Sin embargo, en la respuesta al editorial de Nature se vieron forzados admitir que habían cometido un error estadístico básico en un paper académico en el que se pretendía demostrar la efectividad de las MVP.

Todas estas lagunas en el trabajo de Sachs y la virtual certeza de que, aunque el proyecto de las MVP tenga potencial está muy lejos de alcanzar el ambicioso (¿y arrogante?) objetivo que se había planteado de erradicar la pobreza, llevaron a William Easterly a publicar una reseña del nuevo libro de Munk titulada "El gran debate sobre la ayuda ha terminado" (en la Reason, 4 de octubre de 2013). Sin embargo, Easterly no se siente vencedor de un debate en el que, además, se encontró casi forzadamente ubicado como si su perspectiva fuera la antítesis de la que impulsa Sachs. Además, Easterly desliza el eje de lo que tal vez constituya el nuevo eje del debate en los años venideros: La relación entre el nivel macro (instituciones, marco jurídico, economía política, etc.) y el nivel micro (experiencias concretas de ayuda, análisis de datos y contraste de estas acciones micro en la lucha contra la pobreza, implementación de acciones bottom-up, etc.) en el análisis de la economía del desarrollo. Aquí es donde la advertencia del peligro que reviste la fatal arrogancia –desgraciadamente tan extendida entre burócratas, tecnócratas y expertos– señalada por Hayek hace años, tiene rigurosa actualidad. Pero esto ya es parte de otro debate. Es de esperar que las nuevas aproximaciones más humildes y de nivel micro en los temas vinculados a la lucha contra la pobreza no olviden alentar el espíritu emprendedor y la importancia de la perspectiva en primera persona, para que las personas menos favorecidas comprendan la importancia radical de sus propios deseos, anhelos, decisiones y acciones, a la hora de mejorar su nivel de vida. En esta línea, el proyecto Poverty Cure, con relativa independencia del marco de valores que uno profese, brinda mucha luz sobre la importancia de no adoptar una actitud paternalista y tecnocrática frente a los pobres. Sin duda, todo esto será parte del argumento central del próximo libro de Easterly: "The Tyranny of Experts: Economists, Dictators, and the Forgotten Rights of the Poor" (de publicación prevista para marzo de 2014).

¿Peligra el modelo exportador español?

It’s no use trying to export without having something that’s unusual and better” James Dyson           

Esta semana comentaban en un seminario en la City la increíble transformación de la economía española, de un modelo equivocado de demanda interna que ha creado burbuja inmobiliaria y sobrecapacidad en casi todos los sectores productivos, a un modelo exportador y sostenible. Es admirable ver cómo las empresas han reaccionado encontrando nuevos mercados y reduciendo el déficit comercial que nos ahogaba, en un año y pocos meses, hasta alcanzar superávit. El fin del modelo de aeropuertos, puentes, carreteras y estatuas decorativas. 

El modelo exportador es mucho más sostenible. Y el riesgo no es un euro fuerte. España exporta cerca del 50% dentro de la Eurozona, con efecto moneda inexistente, y cerca del 10% a otros países de la Unión Europea, aumentando las exportaciones a Reino Unido a pesar del mantra de “un euro fuerte destroza nuestra competitividad”. Si devaluar fuese la panacea, Argentina y Venezuela serían los reyes de las exportaciones globales.

En 2014, las exportaciones españolas alcanzarán casi el 35% del PIB, creciendo entre un 4,5% y un 5,1% a pesar de dicho euro fuerte.

Los empresarios que han llevado a cabo esa transformación se encuentran ahora con varios retos que merece la pena tener en cuenta.

  • Para un país como España, que exporta bienes de equipo industrial, alimentos, automóviles y química, sobre todo, la decisión de la Unión Europea esta semana de acelerar la retirada de algunos derechos de emisión de dióxido de carbono (CO2) gratuitos es muy importante. Porque la Unión Europea es un 50% de nuestras exportaciones. La subida del coste de CO2, ese impuesto escondido, que ya es del 23% en 2014, llevará de nuevo –como ha ocurrido desde 2006- a menor crecimiento industrial y deslocalización, y menores compras, porque las empresas no pueden asumir más costes tras las constantes subidas de impuestos y tasas. La Unión Europea se las había visto muy felices creando una carga adicional, bajo la supuesta buena voluntad de reducir las emisiones. Ya en diciembre de 2009 escribía yo en Cotizalia “el problema es que se dieron cuenta de que lo que esperaban, CO2 a 40-50 euros por tonelada, no ocurrió, dado que, cuando los mercados trabajan suelen reflejar la dinámica de oferta y demanda y los precios caen. Y el plan no acepta caídas, necesita generar inflación de precio”. Actualmente, el CO2 cotiza a 6,7 euros por tonelada y los costes adicionales de esta nueva medida intervencionista serán un enorme lastre, de nuevo, para el crecimiento, y una nueva fuente de verdadera pérdida de competitividad comparado con Estados Unidos o China, que no implementan estas veleidades de politburó soviético. Curiosamente, Estados Unidos reduce sus emisiones más rápido que Europa, pero sin destruir la economía real ni hundir el crecimiento.

  • Hace ya varias semanas que hablamos del riesgo en mercados emergentes y la transición de China de un modelo de deuda y construcción intensivo a un modelo de crecimiento más moderado.  La ralentización es lenta, pero la tendencia parece clara. Ojo, porque en el mercado de exportaciones si la moderación en el crecimiento es generalizada, la erosión de volúmenes y márgenes en los vendedores suele ser mayor a lo que parecería inicialmente. Por ejemplo, una reducción del crecimiento de China, acompañada de mayores importaciones del resto del mundo, tiene un bajo impacto, pero una moderación global tiene un efecto dominó. Caen las ventas, suben los inventarios en almacenes, bajan los márgenes, sube el capital circulante… Erosión de fortaleza financiera.  Todo esto es relevante para España, aunque el peso de mercados emergentes y China en nuestras  exportaciones no llegue a un 20%.
  • El desplome del comercio internacional. El Índice de contratación de fletes marítimos, el Baltic Dry Index, lleva una caída del 50% en lo que va de año, anulando casi toda la subida de finales de 2013. Las razones son variadas, como explicaba en un post reciente, pero se pueden resumir en que las importaciones de mineral de hierro de China se han reducido de manera muy importante, al tener los almacenes de los puertos a niveles máximos de catorce meses (85 millones de toneladas), y los costes de fletar barcos en los distintos segmentos se han desplomado entre un 7% y un 48% por la ralentización del comercio mundial. Por supuesto, existe un efecto cíclico y de sobrecapacidad de barcos construidos, pero las importaciones de carbón, mineral de hierro y crudo han ido desacelerándose desde hace ya unos meses.

Las importaciones de acero de China no han recuperado los niveles de 2009, a pesar de un crecimiento muy relevante del producto interior bruto.

Tendríamos que ver tres factores para desdeñar estos riesgos que he mencionado en nuestras exportaciones:

  • Un aumento de al menos el 7% en la demanda interna en Alemania y Reino Unido para compensar el efecto en demanda industrial en el resto de Europa por el aumento del CO2. O comprobar que la actividad industrial en Europa repunta a pesar de dicho coste adicional. El hecho de que en España, Italia y Francia la demanda eléctrica y de gas siga cayendo en enero de 2014 entre un 1% y un 2% no es esperanzador. Pero hay que analizarlo a medida que transcurra el año.
  • Un repunte del Baltic Dry Index de al menos el 25%. Es difícil que recupere niveles de septiembre porque una parte de ese índice, los barcos que importan crudo a Estados Unidos, no va a mejorar, ya que los estadounidenses están reduciendo masivamente sus necesidades de petróleo importado gracias a la revolución del fracking.  Eso sí, los que conocen este indicador saben que cuando corrige al alza, lo hace en muy poco tiempo.
  • Que los déficits comerciales de los países emergentes más arriesgados se estabilicen, o, en su defecto, el efecto de parada en seco creado por la Reserva Federal lo supla el Banco de Japón, que seguirá haciendo el hara-kiri monetario que les va a llevar a crecer un triste 1,7% en 2014, destruyendo su balanza comercial y aumentando su ya desproporcionada deuda, elevando la masa monetaria un 40%.

¿Por qué importa el comercio internacional y el transporte de barcos? Porque la correlación con el PIB mundial es altísima, como muestra el grafico inferior, y las expectativas de crecimiento global pueden desinflarse si la ralentización no es estacional como indican algunos analistas, que esperan que repunte de manera agresiva en el cuarto trimestre de 2014. Y eso es lo que a mí al menos me preocupa, que los alcistas fíen toda la recuperación al cuarto trimestre… Y dentro de ese periodo, el 90% a China e India. Puedo darle el beneficio de la duda, pero hay que mantener mucha cautela, tanto por la curva de expectativas como el sorprendente aumento esperado en los últimos meses del año comparado con un consenso que sigue viendo desaceleración hasta mitad de año.

Si persiste la debilidad de las monedas en países emergentes y tienen que intentar controlar la salida de capitales con aumento de tipos de interés de emergencia, el efecto se va acumulando sobre el comercio real, creándose una bola de incertidumbre que retrasa decisiones de inversión. Jamás se han acelerado las inversiones productivas en un entorno de desplome de moneda y aumento de los tipos de interés.

A pesar de todo, creo que 2014 seguirá siendo un buen año para las empresas españolas en el exterior y que el modelo exportador se consolidará. Las empresas que seguimos, que suponen el 38% de las exportaciones del país, tienen su libro de pedidos completo hasta mitad de año. En Europa se está notando un repunte de la inversión productiva, con las compañías francesas y alemanas anunciando aumentos del gasto del 7%, aunque la enorme mayoría es fuera de la Unión Europea.

Aun así, hay que estar alerta. Conocer y no menospreciar los riesgos para, de nuevo, demostrar que las empresas españolas crecen y venden más en las condiciones más complejas, sin necesidad de acudir a soluciones mágicas. Ya saben, cuando lo hacemos bien, en España nos salimos.

Vamos a hacerle pasar un mal rato al Financial Times y a los países que nos dicen que el modelo exportador no funciona, que hay que volver a “estimular la demanda interna”. Que hagan puentes inútiles ellos, nosotros se los diseñaremos y construiremos gustosamente.

Mercados emergentes y ‘sumergentes’: una brecha complicada

“You are picking up pennies in front of the train when you invest in certain kinds of emerging markets” Tina Vandersteel

Esta semana he tenido el honor de dar una charla en el Trading Week coincidiendo con inversores de Italia, México, Bolivia, Marruecos y por supuesto España, y uno de los temas más comentados ha sido la debacle de las monedas emergentes.

En lo que va de año, se han registrado salidas de capital de bolsa en mercados emergentes de 12.200 millones de dolares (un 1,6% de los activos bajo gestión), comparado con salidas de 15.000 millones durante todo 2013. En bonos emergentes se ha visto una retirada de fondos de 5.000 millones de dolares, comparado con 14.300 millones que se retiraron en todo 2013.

El colapso del peso argentino, tras años de política intervencionista neokeynesiana, inflación desbocada y destrozo de la balanza por cuenta corriente, debería ser señal de alarma y hacer reflexionar a los partidarios de aplicar las mismas medidas, imprimir y aumentar el gasto público, para España. Sin embargo, como no podía ser de otra manera, el Club de la Impresora se ha lanzado a decir que "es un caso aislado", que la inflación del 27% es una especie de casualidad, un ovni que cayó de Marte, y… ese clásico de la Hermandad del Unicornio: "la devaluación se debe a un ataque especulativo". Claro, aumentar la masa monetaria, ya lo saben ustedes, "no crea inflación" como aseguraba Axel Kiciloff… Y cuando la inflación se dispara entre un 20 y un 30%… Es culpa "de los mercados", no de aumentar la masa monetaria un 30% para sostener un sector público hipertrofiado y creciente, un gasto muy superior a los ingresos fiscales, a pesar de contar con riqueza y recursos naturales abundantes, hundiendo las reservas del banco central. Les recomiendo el capítulo "No llores por mí, Argentina" de mi libro Viaje a la Libertad Económica, donde se analiza con detalle el agujero creado por el mal llamado ‘modelo inclusivo’, que en realidad lo que supone es el empobrecimiento de todos. Con subidas de precios del 30% en un solo día.

La locura del Keynesianismo selectivo, como lo llamo yo. Que solo hace caso a Keynes para gastar, no para ahorrar y bajar impuestos.

Comentábamos en esta columna en agosto el riesgo de complacencia de algunos países emergentes ante el exceso de liquidez. Los bancos centrales de esos países siempre asumen que el exceso de líquidez es fundamental y, cuando se reduce, entran en fase de pánico. Subidas de tipos de interés agresivas. Pero esas medidas llegan tarde y mal… Estamos repitiendo la crísis del 97-98 casi punto por punto. Y el riesgo de ‘parada en seco’ que mencionaba en verano aquí ya es una realidad.

Durante la crisis de mercados emergentes de Asia-Rusia-Brasil de 1997-98 vimos un efecto similar. La combinación de inflación descontrolada, déficits por cuenta corriente muy pronunciados y pérdidas de reservas en los bancos centrales llevaron a enormes salidas de capital, caídas de las bolsas del 30, 40 y 90% respectivamente en India, Brasil y Rusia y desplomes del Producto Interior Bruto (PIB) hacia territorio recesivo. La enorme liquidez inyectada en los mercados en los años anteriores se había asumido como ‘normal’ y un ‘nuevo paradigma’. Las primas de riesgo y rentabilidades exigidas se reducían agresivamente porque lo justificaban "los altos crecimientos esperados"… Y cuando la música paró, ese riesgo salió a la luz. En vez de entender que la liquidez extrema era una anomalía, los estados y bancos centrales se endeudaron y entregaron a la euforia… Y cuando reaccionaron, como ocurre ahora, generan un ligero efecto rebote que se usa para acelerar la salida… y una nueva ola de pánico vendedor.

En estos últimos años ha ocurrido lo mismo: la política monetaria expansiva salvaje de Estados Unidos, Reino Unido, Japón y otros 20 bancos centrales expandiendo masa monetaria y bajando tipos ha nublado la percepción de riesgo, y la busqueda de ‘crecimiento’ ha hecho que el capital aceptase cada vez más riesgo por menor rentabilidad.

El Club de la Impresora, por supuesto, dice que lo que está pasando en los mercados emergentes no tiene nada que ver con la reducción de los estímulos monetarios de la Reserva Federal, que ha bajado sus compras otros 10.000 millones de dólares mensuales, pero hasta el gobernador del Banco Central de India alertaba sobre las consecuencias… Sin reconocer lo rápida y cómodamente que se habían ‘acostumbrado’ a los excesos de dinero fácil.

"Esta vez es diferente"

¿Saben cuántas veces he leído esa frase estas dos semanas? Doce, en distintos informes.

Les he comentado en muchas ocasiones que el proceso de endeudamiento masivo y liquidez injustificada es una carrera a ver quién pierde primero. Y cuando los países caen en la trampa de entregarse a la complacencia, y caen… el capital se refugia en el "activo percibido de menor riesgo". Estados Unidos, Reino Unido y Japón, aunque tengan importantes desequilibrios. Esa trampa de caer en el error de copiar a los líderes en lo malo, imprimir y endeudar, pero no en lo bueno, flexibilidad, atracción de capital y seguridad, es lo que lleva a las naciones emergentes a no emerger.

Volvamos a 1997-98…. A pesar de la debacle mencionada, Estados Unidos siguió generando un crecimiento anual real del 4-5% del PIB hasta 2000, y la bolsa cayó un 10% en julio de 1998 para subir año tras año después. La trampa del correcaminos. El coyote (los países que se entregan a copiar a Estados Unidos en lo malo, lo fácil) persigue al correcaminos, Estados Unidos, y de repente ve que no hay terreno bajo sus pies.

Pero algo ha cambiado. El peso de los países emergentes en el PIB global ha subido desde un 35% al 50%, y el porcentaje de ventas de las empresas multinacionales europeas y norteamericanas en dichos países ha crecido hasta llegar al 33% de los ingresos.

Este ciclo expansivo del ‘timo de la estampita’ no ha ayudado a las economías emergentes. La política agresiva de los bancos centrales en los dos últimos años ha reducido la percepción de riesgo financiero, pero no ha creado crecimiento superior. Y muchos países han caído en la trampa, manteniendo los desequilibrios en vez de aprovechar para reformar. Prueba de ello es que los indicadores de economía real se han ralentizado, revisando a la baja las estimaciones de crecimiento de consenso en un 25% en 2012 y en un 27% en 2013, según Barclays.

"Fed policy was encouraging (another) round of credit mis-pricing.  Consequently, EM debt yields continued to fall even as currencies, economies and equities weakened" (Minack Advisors). La política de la Reserva Federal ha incentivado otra ronda de mala valoración de bonos y renta fija. Las primas de riesgo de los países emergentes han caido mientras sus monedas, economías y bolsas se debilitaban.

Una combinación letal. Complacencia, liquidez excesiva y políticas intervencionistas.

Hay enormes diferencias. por ejemplo, Latinoamérica se ha dividido en dos continentes. Los países de políticas más intervencionistas (Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela…) y los abiertos (Chile, Colombia, Uruguay, Honduras, México…). Brasil ha visto un deterioro de su balance por cuenta corriente hasta un déficit del 3,7%, que hubiera sido impensable en un entorno menos intervenido y controlado. En Asia ocurre lo mismo.

Impacto sobre Europa y EEUU

De momento, el riesgo por exposición a los países con los mayores desequilibrios (India, Turquía, Argentina) es muy bajo. Ninguno de ellos es un gran socio comercial. A menos que el problema se extienda a China, como comentábamos en mi post "China, el Plan E con Esteroides".

Europa y Estados Unidos son beneficiarios de la salida de capital de las economías emergentes. El aumento de fondos enviados a Europa ha sido casi equivalente a la salida de emergentes (9.000 millones de dolares en lo que va de año). Mientras tanto, las economías emergentes deben entender que la fiesta de la liquidez excesiva y los tipos bajos artificiales no es eterna y que cuando termina lo hace muy rápido… Y eso nos los tenemos que aplicar en Europa y España también.

No debemos caer en la autocomplacencia de pensar que el riesgo está controlado o no va a afectar. Los países emergentes suponen el 50% del PIB mundial y tenemos un sistema financiero global que ha estado buscando ‘rentabilidad’ cada vez más lejos y con mayor volatilidad, por lo tanto debemos siempre recordar que repetir 1997-98 lleva a mayores problemas… como ocurrió en 2000-2001. Que este ‘susto’ nos llega con una deuda total en la OCDE de más del 400% del PIB. El sistema es muy frágil y no hay grandes márgenes de maniobra. Esconder la cabeza solo lleva a mayores problemas después.

Quinientos años del descubrimiento del Pacífico

Todavía están a tiempo de visitar una interesante Exposición que ofrece la Casa de América en su palacete de Madrid: “La exploración del Pacífico. 500 años de historia”, organizada en colaboración con el Museo Naval. Como indica el folleto explicativo, sucesivas generaciones de marinos y exploradores hispanos de los siglos XVI al XVIII, “motivados por el deseo de salir de la pobreza, la búsqueda de aventuras, el conocimiento científico… extendieron el lenguaje español y la religión católica, aumentaron el patrimonio monumental de los países reencontrados, llenaron de topónimos españoles las islas, estrechos y accidentes geográficos y recopilaron e intercambiaron objetos de sus culturas dándolas a conocer”.

A través de un recorrido que comienza por el descubrimiento del Mar del Sur (después Océano Pacífico), realizado por Núñez de Balboa en septiembre de 1513, se ofrece una bonita colección artística, cartográfica y de muchos otros objetos náuticos que van llevando al visitante por la historia de los viajes o la ciencia de nuestro país durante más de trescientos años (incluyendo la sorprendente Expedición de la Vacuna de la Viruela ya en el siglo XIX); para terminar con una (hoy polémica y tal vez poco afortunada) fotografía de las obras de ampliación del Canal de Panamá.

Poco después del descubrimiento de Balboa, Magallanes y Elcano dieron la primera vuelta al mundo entre 1519 y 1522, encontrando un paso del Atlántico al Pacífico por el Sur del continente americano, y regresando a España sin embargo por la ruta portuguesa de la India y el Cabo de Buena Esperanza en la actual Sudáfrica. Después de ellos, multitud de marinos (Loaisa, Saavedra, Villalobos, Grijalba, Urdaneta, Vizcaíno, Mendaña o Sarmiento de Gamboa) continuaron explorando rutas entre la costa oeste de América y las islas Filipinas, Carolinas, Marshall, Palaos, etc. También consumieron tiempo y esfuerzo en la búsqueda de un mítico Estrecho de Anián que enlazaría los océanos Pacífico y Atlántico por Norteamérica.

Pero veamos por qué les hablo de esta efemérides en nuestra web liberal de pensamiento económico y político. En alguna otra ocasión he destacado la profunda huella escolástica que encontramos en los primeros tratados modernos sobre el libre comercio: hace poco lo veíamos referido a Diego de Covarrubias, una de las fuentes españolas de inspiración (junto a Vitoria) del Mare Liberum de Hugo Grocio. Pues resulta que en la referida Exposición también se habla del Pacífico como “una de las mayores rutas comerciales del mundo”: recordemos que, ocho años después de que Urdaneta descubriera el tornaviaje de Asia a América, comenzó la línea marítima desde Filipinas a México. El Galeón de Manila fue un cauce regular de intercambios comerciales desde 1565 hasta que fue suprimido por las Cortes de Cádiz en 1813.

Y es que, como ya había señalado unos años antes Adam Smith, el comercio es la verdadera naturaleza y causa de la riqueza de las naciones… No hay más que visitar las ciudades virreinales de México, Lima, Bogotá y Quito; o los puertos de Acapulco, Veracruz, Maracaibo o Cartagena de Indias, para darse cuenta de la importancia que tuvieron las rutas comerciales para el crecimiento económico de aquel vasto continente. La Exposición nos habla, además, de los avances técnicos y científicos asociados a este intercambio marítimo: sextantes y cronómetros que mejoraron la seguridad de las navegaciones y la exactitud de las cartas y mapas.

Economía y desarrollo científico, lo sabemos bien, progresan unidos: un buen ejemplo puede ser la Expedición de Malaspina, que recorrió (1788-1794) el Pacífico desde Alaska a Manila, Nueva Zelanda o la Tierra de Fuego. Su objetivo era conseguir una descripción de los dominios españoles en sus múltiples facetas: militares y defensivas, geografía, recursos mineros o botánicos, población y cultura, o por supuesto, el estado del comercio. Tuvieron acceso a los archivos de la Administración virreinal, levantaron cartas de navegación, dibujaron la flora y fauna de los lugares por donde pasaban, así como interesantísimas descripciones etnográficas y lingüísticas (todo ello se conserva en el citado Museo Naval, y también en el Museo de América o el Jardín Botánico de Madrid). Lo malo es cuando se cruzan intereses políticos de cortas miras: es conocido el triste final de Alejandro Malaspina, enviado a prisión por un todopoderoso Godoy, acusándole de instigador y revolucionario. Morirá en Italia en 1810.

Vuelvo al libre comercio. Estaba comenzando a redactar estas líneas cuando recibí un email de un buen amigo, Juan José Morales del Pino, que hace años vive y trabaja en Hong-Kong (sin duda, un ilustre sucesor de aquellos aventureros españoles). Me enviaba una recensión del libro Memoirs and Memorials of Jacques de Coutre, editado por Peter Borschberg (pueden leerla en la web del Asian Review of Books): se trata de la biografía y memoriales de un comerciante flamenco instalado en las colonias portuguesas de Malaca, enviados al rey español Felipe IV (que entonces gobernaba además sobre los territorios lusitanos en el Pacífico). Allí nos ofrece un testimonio directo y en primera persona de todo lo que les vengo escribiendo: arriesgadas jornadas marítimas, sometidas a los peligros del mar o de la guerra con ingleses y holandeses; pero también coloridas descripciones de los puertos y mercados asiáticos, o sus mercancías exóticas.

Pues bien, Morales considera que su aportación más interesante es una vigorosa defensa del libre comercio y la libre actividad empresarial (habría que investigar si de Coutre conoció a los Doctores de Salamanca…). Nuestro comerciante flamenco criticaba el sistema de concesiones, como una forma anticuada de patronazgo que era necesario cambiar: el control de la Corona, a través de estos impuestos, resultaba ineficaz y menos rentable a la hora de gestionar los productos de intercambio. Por el contrario, de Coutre proponía eliminar las restricciones al comercio, dejándolo en las manos de la gestión privada. Lo que, indirectamente, socavaría la presión holandesa por el mecanismo de la competencia. Encuentro muy acertada la intuición de este Memorial sobre las ventajas del libre comercio para el imperio hispano-portugués que, además, terminaba señalando de Coutre, también resultaría ventajoso para los nativos, al librarlos del monopolio holandés y permitirles mayores posibilidades para su desarrollo económico.

Oxfam no entiende ni la riqueza ni la pobreza

Ciertamente, el famoso informe Oxfam que denuncia el desigual reparto de la riqueza mundial se basa en datos erróneamente manoseados con el ánimo de cocinar soflamas políticas que acrecienten el intervencionismo estatal sobre nuestras sociedades. Pero el mayor error del informe no es ése, sino el ignorar por completo el proceso económico de creación y destrucción de riqueza.

¿Qué es riqueza?

Comencemos por lo básico: riqueza es toda fuente de renta futura. No es la riqueza la que da valor a la renta, sino que es la renta la que da valor a la riqueza. El valor de un terreno no depende del terreno en sí mismo, sino del valor de los usos futuros que se le puedan dar (de sus rentas): un pedazo de tierra en una ciudad inglesa tiene más valor que un pedazo de tierra en Zimbabwe porque sus servicios (residenciales, industriales, comerciales, etc.) en Inglaterra son más útiles para el conjunto de la sociedad que en Zimbabwe. Ahora bien, si Inglaterra fuera devastada por una guerra y Zimbabwe floreciera como un centro de negocios internacional, las tierras en Zimbabwe devendrían mucho más valiosas que en Inglaterra, aunque físicamente no hubieran experimentado cambio alguno. Por eso, el precio del metro cuadrado hoy en Singapur o en Hong Kong es infinitamente superior al que poseían hace medio siglo esas mismas tierras: no porque la calidad objetiva de la tierra haya mejorado (tal vez, incluso se haya degradado), sino porque el valor que subjetivamente se concede a los usos que proporcionan esos terrenos se ha multiplicado.

En una sociedad con miles de millones de personas y donde los recursos físicos tienen usos alternativos diversísimos, la inmensa mayoría de las rentas no proceden automáticamente de los recursos materiales, sino del uso que se hace de esos recursos materiales. Es decir, la capacidad de generación de renta depende muchísimo más de la organización inteligente de los recursos que de la disponibilidad de los mismos. Por eso Google (y tantas otras empresas) pudieron nacer en un garaje sin contar con apenas recursos y por eso los gobiernos son por lo general incapaces de generar nada de provecho pese a contar con muchísimos más recursos que cualquier start-up. En definitiva, en órdenes complejos y libres, la mayor parte de la riqueza de una sociedad se hallará en forma de sistemas organizativos generadores de bienes y servicios (renta), es decir, de empresas que produzcan bienes y servicios valiosos para los consumidores; y se hallará en esta forma únicamente mientras estos sistemas empresariales sigan generando valor para el consumidor. Conocidos son los casos de megaempresas descapitalizadas por entero debido a que sus bienes y servicios han dejado de tener valor para el consumidor (célebre es el reciente caso de Kodak).

Los ricos, hoy

A diferencia de lo que sucedía hace varios siglos, los ricos de hoy no son los que han acumulado una mayor cantidad de tierra o de recursos naturales, sino aquellos que han construido sistemas de organización de recursos que maximizan la satisfacción del cliente a un menor coste. Con esto no quiero decir que los dueños de recursos naturales no devengan igualmente ricos o que no haya muchísimos ricos que lo sean gracias a prebendas gubernamentales: digo que, en el fondo, la riqueza de estas personas depende de la riqueza que son capaces de crear otras empresas. El dueño de un pozo de petróleo tiene el mismo pozo hoy que hace 100 años y, sin embargo, hoy será incomparablemente más rico (porque el petróleo que posee es utilizado en procesos productivos que generan mucha más renta que hace 100 años); el prebendista gubernamental que se queda con el 0,01% del PIB ejerce hoy la misma rapiña que antaño, pero hoy es mucho más rico que entonces (porque el PIB sobre el que rapiña es mucho mayor). O por enunciarlo de un modo más sencillo: el propietario de un pozo de petróleo es rico en la medida en que su materia prima se inserte en una división (empresarial) del trabajo muy productiva. Si mañana Arabia Saudí declarara una autarquía radical, sus jerifaltes se arruinarían porque no podrían poner en valor su petróleo (y serían muchísimo más pobres aunque descubrieran nuevos pozos de petróleo que los abasteciera durante miles de años).

En resumen: en un orden complejo uno puede enriquecerse fundamentalmente por tres vías. La primera y principal, crear sistemas empresariales que generen riqueza para el consumidor. La segunda, proporcionar la financiación que necesitan esos sistemas empresariales. La tercera, proporcionar los recursos (bienes o servicios) que esos sistemas empresariales requieren para materializarse. Fijémonos que, en realidad, la segunda y la tercera vía se subordinan a la primera: una economía sin proyectos empresariales pero con mucha financiación y muchos recursos naturales será una economía pobre y casi de autosubsistencia.

Así pues, estando materializada la mayor parte de la riqueza mundial en forma de sistemas empresariales, lo normal es que los más ricos del planeta sean los propietarios de los sistemas empresariales más exitosos del planeta, bien por haberlos creado, bien por haberlos financiado durante su creación o arranque, bien por haberlos heredado de los anteriores propietarios (aunque el intervencionismo gubernamental puede encumbrar a la categoría de ricos a sujetos rentistas y parasitarios de la riqueza ajena; único problema real que detecta Oxfam en su informe). Sólo es necesario echarle un ojo a la lista de los más ricos de Forbes, entre ellos: Bill Gates (creador de Microsoft), Amancio Ortega (creador de Inditex), Warren Buffett (inversor en numerosísimas empresas y, por tanto, en proporcionarles directa o indirectamente financiación), Larry Ellison (creador de Oracle), Christy y Jim Walton (nuera e hijo de Sam Walton, creador de Wal Mart), Liliane Bettencourt (hija de Eugène Schueller, creador de L’Oreal), Stefan Persson (hijo del fundador de H&M, Erling Persson), etc.

Asimismo, también es normal que las clases medias-altas de sociedades más o menos abiertas sean empresarios o financiadores de otros sistemas empresariales no tan extraordinarios como los anteriores, pero que contribuyen igualmente a la generación de valor para mercados algo más modestos. De hecho, algunos de esos ricos podrían con el tiempo transformarse en superricos si sus empresas siguen creciendo y generando riqueza para un público mayor sin que la competencia logre barrerles.

Ahora bien, que los más ricos sean aquellos que consiguen crear estos sistemas empresariales exitosos no significa que, tal como recoge la narrativa marxista, el resto de la sociedad esté condenada a vivir depauperada por venderles a los anteriores su fuerza de trabajo a cambio de sueldos de miseria. El resto de la sociedad que no haya creado sistemas empresariales exitosos puede acumular fuentes generadoras de renta (riqueza) por dos de las tres anteriores vías: una, proporcionar financiación a los sistemas empresariales (comprar bonos y acciones); dos, proporcionar recursos a los sistemas empresariales o a los factores productivos que éstas emplean (básicamente, la propiedad inmobiliaria ofertada como alquiler residencial o comercial; y la formación técnica del factor trabajo, esto es, el capital humano). Es el ahorro de parte de la renta y su inversión dentro del proceso social de creación de valor para el consumidor lo que nos permite acumular poco a poco un patrimonio (riqueza).

Los pobres, hoy

Sentado lo anterior, no deberíamos quedarnos boquiabiertos por el hecho de que, tal como expone Oxfam, el 1% de la población posea casi la mitad de la riqueza mundial, el 8,5% posea casi el 85% y el 91,5%, menos del 20%.

Primero porque lo que esos datos están poniendo de manifiesto es algo que hace tiempo que sabíamos: la mayor parte de la población mundial se concentra en zonas cuyo marco institucional es hostil a la creación de sistemas empresariales (escaso respeto a la propiedad privada y los contratos, ya sea del Estado hacia los particulares o de los particulares entre sí). Es decir, la mayor parte de la población es pobre en el sentido estricto del término: no ha podido acumular activos generadores de renta y su economía se basa en la autosubsistencia o en el abastecimiento muy primitivo de mercados locales. A nadie le sorprenderá que los ciudadanos del Tercer Mundo no posean grandes carteras de bonos y de acciones o propiedades inmobiliarias de gigantesco valor. Su escasa riqueza se concentra en bienes muebles como el ganado o las herramientas (bienes que el informe Oxfam excluye del cómputo de riqueza global) y en ciertas propiedades inmobiliarias con un valor ridículamente inferior a las occidentales (un trozo de tierra en Calcuta tiene, hoy por hoy, mucho menos valor que uno en Londres). Sí: la mayor parte de la población sigue siendo pobre, pero no porque nosotros seamos ricos, sino porque sus regímenes políticos les han impedido crear riqueza tal como la hemos creado nosotros. Afortunadamente, la globalización está comenzando a cambiar este panorama y la pobreza en el mundo se está reduciendo a pasos agigantados.

Segundo, porque las mayores expresiones de riqueza de las clases medias occidentales —aparte de su propiedad inmobiliaria— están excluidas del informe. En concreto: Occidente es actualmente una sociedad controlada y asfixiada por el Estado de Bienestar. El Estado de Bienestar tiene una lógica de funcionamiento coactivo muy clara: a cambio de pagar una cantidad ingente de impuestos cada año, todo ciudadano tiene derecho a recibir una renta monetaria (pensiones) y una renta en especie (servicios “gratuitos” en sanidad y educación). Parte de esa renta en especie, además, puede transformarse en riqueza generadora de renta futura (los servicios educativos se transforman en capital humano que aumenta la productividad del trabajador). Pues bien, tanto el capital humano como el derecho a percibir prestaciones del Estado de Bienestar… ¡están excluidos del cómputo de riqueza global! Aunque el Estado español nos estuviera pagando el alquiler de yates y de mansiones a todos los ciudadanos… nuestra riqueza dentro del informe Oxfam no mejoraría ni un ápice.

El sesgo estadístico de este error no es menor. Un trabajador español con un salario de 15.000 euros está pagando anualmente más de 9.000 euros en impuestos y cotizaciones sociales. A cambio de ese dineral, recibe una serie de prestaciones del Estado de Bienestar cuyo valor Intermon Oxfam no contabiliza como riqueza. ¿Se imaginan que, en cambio, esos trabajadores medios dedicaran sus 9.000 euros anuales a adquirir participaciones en fondos de inversión, seguros de vida o seguros sanitarios? La riqueza contabilizada se incrementaría de manera muy sustancial (un mileurista español, por ejemplo, pasaría a integrar estadísticamente la categoría de privilegiados ciudadanos que poseen más del 80% de toda la riqueza planetaria). Añadan ese sesgo a la baja para todo Occidente y comprenderán que las cuentas y disquisiciones de Intermon Oxfam carecen de toda solidez.

Conclusión

En definitiva, los diferenciales de riqueza que han escandalizado a Intermon Oxfam se explican única y exclusivamente por la voracidad y el intervencionismo del Estado sobre las sociedades: en el Tercer Mundo, porque bloquea la posibilidad de crear sistemas empresariales no tutelados por el Estado, que son la base de la riqueza; en Occidente, porque el ahorro que permitiría a las clases medias acumular patrimonios sustanciosos es absorbido por el expolio tributario del Estado de Bienestar. De ahí que, sólo aquellas personas que en Occidente estén generando una renta suficientemente alta como para ahorrar después de ser rapiñados por Hacienda, figuren en las estadísticas como ricos: el resto, formalmente, no tienen nada (aunque posean capital humano y servicios “gratuitos” del Estado de Bienestar).

Paradójicamente, la única respuesta que adivina a dar Oxfam a esta situación envenenada para las clases medias es recetarles más cicuta, a saber, más Estado: más impuestos, más gasto y más regulaciones. Simplemente, no entienden cómo se crea (y cómo se destruye) la riqueza.

Los bálticos: el ejemplo de recuperación robusta

En 2009 y 2010 las políticas de austeridad que estaban aplicando los países bálticos parecían abocarles al más irremisible de los colapsos: con respecto a 2008, Estonia había reducido su gasto público un 4,5% en términos nominales, Lituania un 4,7% y Letonia un espectacular 20,1%. Paralelamente, España lo incrementó un 7,7% y todavía hoy, tras los recortes de cortaúñas de Rajoy, sigue por encima del nivel alcanzado en 2008.

El efecto a corto plazo fue ciertamente doloroso: en 2009, en plena aplicación de las políticas de austeridad, el PIB de estos tres países llegó a caer entre un 15% y un 20% con respecto al nivel máximo alcanzado en plena burbuja del crédito. De ahí que los sicofantes del despilfarro megaestatal pudieran hacer su propagandístico agosto. Por ejemplo, en 2009 el diario Público titulaba con respecto a LetoniaEl bastión neoliberal de Europa se derrumba”.

Pero la austeridad por el lado del gasto logró sanear las finanzas públicas de estos países: Estonia registró superávit presupuestario en 2010, Letonia lo logró en 2012 (partiendo de un déficit superior al 7%) y Lituania se quedó en un déficit del 3,3% en 2012 (partiendo de un déficit del 9,4% en 2009). La ortodoxia financiera también permitió consolidar su endeudamiento estatal en niveles completamente manejables: la deuda pública de Estonia se sitúa en el 11% del PIB, la de Letonia en el 38% y la de Lituania en el 42%.

Fue este clima de rigor y estabilidad presupuestaria el que despejó los temores sobre una fuerte depreciación de sus divisas (que siguieron firmemente ligadas al euro) y, por tanto, proporcionó a sus ciudadanos y empresarios un marco de suficiente previsibilidad y estabilidad como para mantener o incrementar sus niveles de ahorro, proporcionando a su economía el capital suficiente como para transformar la burbujística estructura económica del país: la tasa de ahorro sobre el PIB de Estonia pasó del 20% en 2008 al 26% en 2013, facilitando el mantenimiento de su inversión en un elevado 27% del PIB; la de Letonia pasó del 17% al 24%, consolidando una inversión equivalente a casi el 26% del PIB; y la de Lituania, que fue la más rezagada, pasó del 14% al 18%, anclando el nivel de inversión en el 18% del PIB.

La combinación de ese notable volumen de inversión —en plena crisis económica— con unos mercados sustancialmente más libres y flexibles que los del resto de Europa les permitieron lograr una revolucionaria transformación de su estructura productiva, orientándola decididamente hacia el sector exterior: entre 2007 y 2012, las exportaciones de Estonia crecieron del 50% del PIB al 72%, las de Letonia del 27% al 44% y las de Lituania del 44% al 70%. Gracias a ello, y a la también marcada sustitución de importaciones, los saldos exteriores de estos tres países —marcadamente deficitarios durante la época de la burbuja— sufrieron un vuelco absoluto: Estonia y Lituania pasaron de registrar un déficit exterior de alrededor del 15% del PIB a un equilibrio exterior, mientras que Letonia redujo su déficit exterior del 22% al 1%. El saneamiento interior fue de la mano del saneamiento exterior y, por tanto, de una copernicana reorientación de la economía.

El resultado fue simplemente espectacular y se tradujo en vertiginosos crecimientos del PIB y del empleo: entre 2010 y 2013, el PIB de Estonia creció un 16% y su ocupación un 10%; el PIB de Letonia se expandió un 15% y su ocupación casi un 6%, y el de Lituania lo hizo un 13% con una creación neta de empleo del 3%. El éxito de los bálticos suponía toda una bofetada contra los keynesianos, quienes todavía se agarraban a un par de clavos ardiendo: tal como denunciaba Paul Krugman, ninguno de estos países había recuperado todavía el nivel de PIB y de empleo previos a la crisis. La crítica estaba en gran medida infundada: si la composición de tu PIB en 2007 provenía de inversiones burbujísticas e insostenibles sufragadas por el hiperendeudamiento exterior, no debería constituir referencia alguna sobre cuán bien o mal lo estés haciendo. Pero, en todo caso, sonaba verosímil: si tan bien lo estaban haciendo, ¿cómo es que eran incapaces de superar las marcas registradas en 2007 o 2008?

Afortunadamente, este desesperado discurso keynesiano pronto pasará a la historia: Estonia y Lituania se espera que superen su nivel de PIB previo a la crisis este mismo 2014, mientras que Letonia deberá esperar a algún momento entre 2015 y 2016. Peores son, ciertamente, las previsiones de empleo: en 2014, el número de personas ocupadas en Estonia será un 4% inferior al máximo alcanzado antes de la crisis; en Letonia rondará el 14% y en Lituania el 8%. El éxito en estos dos capítulos podrá parecerles, pues, parco, lo que aparentemente podría darles la razón a los keynesianos. Pero pensémoslo dos veces.

Primero: comparémoslo con la economía española, que no se espera que recupere el nivel de PIB previo a la crisis hasta finales de esta década y cuyo nivel de empleo en 2014 será casi un 20% inferior al de 2007; o comparémoslo con Islandia, la niña de los ojos europea de Krugman y el resto de keynesianos —ese país que, merced a su fortísima depreciación monetaria, constituía un paradigma de cómo superar la crisis con prontitud—, la cual, pese a haber triplicado sus niveles de deuda pública, no recuperará el nivel de PIB previo a la crisis hasta algún momento entre 2015 y 2016 (como Letonia, y peor que Lituania y Estonia) y su empleo en 2014 será un 8% inferior al máximo pre-crisis.

Segundo: los datos de empleo de los bálticos, sin ser buenos, deben matizarse por la evolución demográfica. Debido a su baja natalidad y, sobre todo, a sus intensos movimientos migratorios, Estonia, Letonia y Lituania vienen perdiendo población desde hace 25 años. Aunque tiende a pensarse que las fuertes migraciones que han experimentado estos países en los últimos años se han debido a la dura crisis económica, en realidad su influencia ha sido meramente secundaria. Por ejemplo, Letonia —el país más azotado por la emigración— ha visto cómo su saldo migratorio neto aumentaba desde una salida media de 15.600 personas entre 1991 y 2007, a una media de 24.800 entre 2008 y 2012 (es decir, la pérdida media anual extraordinaria de población vía migración durante los años de crisis no llega al 0,5% de la ciudadanos, porcentaje similar al que exhibió España en 2012). La emigración de los bálticos, en suma, está más bien vinculada a factores políticos y étnicos (la población rusa en estos tres países se ha reducido un 40% en el último cuarto de siglo, lo que permite explicar casi la mitad de la variación de la población que han sufrido desde entonces).

En contra de lo que suelen afirmar sus críticos, empero, este descenso de la población no quita mérito al milagro económico de los bálticos sino que se lo añade: lograr crecimientos económicos intensos con declive demográfico es muchísimo más complicado. Por ejemplo, la renta per cápita de Lituania ya superó en 2012 los máximos precrisis y la de Letonia lo hará ampliamente en 2014; la de Islandia, en cambio, no lo conseguirá hasta 2018, según las previsiones actuales. Así pues, si también corregimos el empleo por la variación demográfica, obtendremos una estampa más representativa de lo acaecido: el número de empleados sobre la población total de Estonia será en 2014 del 47,6% frente al 49% de 2008; en Letonia será del 43,8% frente al 46,3% de 2008; y en Lituania del 39,2% frente al 37,8% de 2008. Compárenlo con España (que se desplomará del 45,4% en 2007 al 37,7% en 2014) o incluso con la muy keynesianamente admirada Islandia (que caerá del 52% al 46,6%).

En definitiva, los bálticos siguen siendo todo un modelo de recuperación a seguir por parte de países como España, Grecia o Islandia. Las claves de su éxito son las que tantas veces hemos pregonado: austeridad pública y liberalización privada, es decir, más mercado y menos Estado. Pese a que hemos perdido siete años, todavía estamos a tiempo de seguir el camino correcto.

Otra forma de decir que el capitalismo reduce la pobreza

¿El capitalismo reduce la pobreza? ¿El socialismo la aumenta? ¿La mezcla de ambos la reduce a veces y la aumenta en otras?

Como soy un gran aficionado a la columna semanal del gran profesor Rodríguez Braun, siempre tengo presente que no vivimos en un sistema liberal y, por ende, los males que aquejan a nuestra sociedad difícilmente pueden ser achacados al capitalismo, o neoliberalismo, como tantas veces se empeñan en demostrar los diferentes intelectuales de izquierda.

Por otro lado siempre me han gustado bastante aquellos artículos y ensayos donde se demuestra con datos cómo la pobreza se ha ido reduciendo progresivamente gracias a la implantación de la globalización en el mundo.

Pero claro, cualquier defensor del socialismo puede darle la vuelta a la tortilla y defender lo contrario: la socialdemocracia es la que reduce la pobreza y el capitalismo la que provoca todos los problemas que aquejan al mundo actualmente.

Evidentemente un análisis más profundo de la situación deja a los defensores del socialismo bastante mal parados y terminan dándonos la razón a los que defendemos que más libertad es sinónimo de más prosperidad. Pero claro, solo una minoría llegaría a prestar atención a este tipo de análisis y, por tanto, no nos puede extrañar que siga siendo tan enormemente popular achacar al capitalismo todos los males existentes, y muchos inexistentes, mientras que el socialismo, gracias a sus benditas buenas intenciones, acaba siendo siempre el bueno de la película.

Es por esto por lo que personalmente prefiero no utilizar los términos capitalismo o socialismo cuando analizo con el común de los mortales los beneficios y perjuicios del sistema imperante. Prefiero, en cambio, concentrarme en cosas tan básicas como la violencia. Principalmente como la renuncia a ella en una sociedad tiene el efecto de enriquecerla inmediatamente.

No deja de ser lo mismo que defender el capitalismo pero tiene la ventaja de no tener que perder el tiempo desetiquetando en la cabeza de tu interlocutor un montón de cosas que nada tienen que ver con el liberalismo. También te permite exponer tus argumentos sin que él vea en peligro creencias prácticamente inamovibles asentadas sobre las buenas intenciones en las que se basa el socialismo.

Aunque tiene la desventaja de ser solamente útil con aquellas personas que no sean férreos defensores de utilizar la violencia para conseguir sus fines. Lo que curiosamente, según mi experiencia, es más común en los simpatizantes de izquierdas que en los de derechas. Lo que me indica que el pacifismo y la cultura de la no violencia, que tan útil ha sido a la propaganda socialista, seguramente terminará siendo la causa de su desaparición. Aunque reconozco que puede ser un exceso de optimismo por mi parte.

Volviendo al tema, por muy buenas intenciones en las que base una persona sus creencias, si rechaza la violencia tiene un camino ya trazado para reconocer las bondades del capitalismo. Aunque para ello, paradójicamente, haya que eliminar cualquier cartel donde aparezca la dichosa palabra y así no asustarle en su recorrido. 

Por ejemplo, es bastante difícil convencer a una feminista que obligar a las empresas a contratar mujeres, por el simple hecho de ser mujeres, es malo para la sociedad. Puedes enseñarle gráficos, puedes intentar que entienda el punto de vista del empresario, pero lo cierto es que seguirá pensando que los beneficios económicos de la paridad serán superiores a sus desventajas inmediatas, y en todo caso, siempre terminará pensando que los beneficios sociales son superiores y deben ser prioritarios.

Hablarle a alguien así del liberalismo es predicar en el desierto; en cambio, atacar sus medios, en vez de sus fines, tiene mejor resultado. Puede ser verdad que el beneficio de que las empresas contraten a mujeres en base a términos de paridad termine siendo enorme (lo dudo, aunque la gente puede creer en lo que quiera), pero el hecho de que sea obligatorio, que se base en la amenaza de la violencia contra el empleador, es lo que provoca que la sociedad retroceda éticamente, y por ende, económicamente.

Lo que, con muchos más ejemplos y muchísima más suerte, puede conducirnos al consenso de que es la renuncia a la violencia, y a la amenaza de la misma, la que lleva a una sociedad a prosperar y no uno u otro sistema político. Y llegados a ese punto es posible que nos podamos atrever a decirle a nuestro interlocutor que una sociedad donde las personas renuncian a la violencia para tratar sus asuntos es en realidad una sociedad libre. O sea, una sociedad capitalista.