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Etiqueta: Comercio internacional

Las normas privadas para el comercio internacional: una visión desde la Escuela Austriaca

Las normas privadas representan una forma de “autoridad” empresarial en el comercio internacional, por la cual  los actores privados (especialmente comercializadores) persuaden a otros actores empresariales (productores y proveedores) al reconocimiento de dicha “autoridad” y que legitima el desarrollo de un propio conjunto de reglas, estándares o prácticas, así como la operatividad de las mismas.

Bajo este enfoque, la Economía de la Escuela Austriaca puede ofrecer una perspectiva única sobre el comercio internacional y el rol que tienen estas normas en su desarrollo, en la medida que propone alternativas a las medidas clásicas de intervención gubernamentales, que, al no ser el resultado de acuerdos espontáneos, generan distorsiones que disminuyen el bienestar generado por el libre comercio de bienes y servicios a nivel global.

Anarquía en las relaciones internacionales

Desde esta perspectiva, el comercio internacional es visto como una expansión del proceso de intercambio voluntario entre consumidores y productores, basado en la búsqueda de beneficios mutuos y la maximización del valor subjetivo. Bajo este paradigma, las normas privadas pueden llegar a desempeñar un papel fundamental al facilitar y optimizar dicho intercambio. De hecho, actualmente se destaca el creciente en el uso y aplicación de estas normas como forma de gobierno privada en el comercio internacional, particularmente en productos alimenticios, forestales y demás que provienen de biomasa para la generación de combustibles.

Coordinación en un entorno de incertidumbre y con conocimiento disperso

Para el desarrollo de este artículo, se proponen cuatro puntos clave de análisis que pretender ilustrar la importancia de las normas privadas para el comercio internacional, desde las perspectivas teóricas propias de la Escuela Austriaca:

  • Bajo estos preceptos, se enfatiza en la importancia de la coordinación entre los  agentes económicos a través del sistema de libre mercado. En un entorno de comercio internacional, donde múltiples países y culturas interactúan, las normas privadas proporcionan un mecanismo efectivo para coordinar las actividades comerciales y establecer un marco de confianza entre las partes involucradas. Estas normas, al desarrollarse por actores empresariales y basadas en estándares consensuados, permiten minimizar la incertidumbre y los costos de transacción asociados con el comercio internacional.
  • De igual forma, se resalta la importancia del conocimiento disperso y la coordinación empresarial a través del mecanismo de precios. En el ámbito del comercio internacional, las normas privadas funcionan como señales de mercado que transmiten información sobre la calidad, seguridad y demás características de los productos y servicios ofertados en un mercado global. Esto permite a los consumidores y empresas tomar decisiones informadas y eficientes sobre qué productos adquirir o con qué empresas comerciar. Estas normas pueden ser una herramienta adecuada para definir las cualidades deseadas del producto que se lance al mercado internacional, pues hoy en día la demanda por mayor transparencia es cada vez mayor. En este orden de ideas, al proporcionar un marco común de referencia, las normas privadas facilitan la comparación entre productos y la competencia entre proveedores, lo que favorece a una asignación más eficiente de los recursos a nivel internacional y así optimizar sus cadenas globales de suministro.

Competencia y propiedad privada

  • En particular, se resalta el papel crucial de la competencia como un proceso de descubrimiento, innovación y mejora continua. En el ámbito del comercio internacional, las normas privadas fomentan la competencia al establecer diversos estándares de calidad y desempeño que las empresas deben cumplir para acceder a ciertos mercados o segmentos de consumidores. Esta competencia no solo impulsa la innovación y la mejora de los productos, sino que también promueve la eficiencia en la producción y distribución a nivel global. Además, al permitir la entrada de nuevos competidores al mercado internacional, las normas privadas pueden adelantarse a intervenciones gubernamentales no deseables en materia arancelaria que puedan distorsionar el comercio y reducir el bienestar de los consumidores.
  • Por otro lado, se subraya la importancia de la propiedad privada y los derechos de propiedad como fundamentos del orden social y económico. En el contexto del comercio internacional, las normas privadas juegan un papel significativo en la protección de los derechos de propiedad intelectual y la propiedad industrial, garantizando que los empresarios puedan beneficiarse adecuadamente de sus inversiones en investigación, desarrollo e innovación. Al establecer estándares de protección y respeto a la propiedad intelectual, las normas privadas contribuyen a crear un entorno altamente favorable para el desarrollo de la inversión, la innovación y la creación de valor a nivel global.

Conclusión

A manera de conclusión, desde la perspectiva de los elementos teóricos propuestos por la Escuela Austriaca, las normas privadas desempeñan un papel fundamental en el comercio internacional al facilitar la coordinación, transmitir información, fomentar la competencia y proteger los derechos de propiedad. Al permitir que los intercambios se realicen de manera voluntaria y eficiente, estas normas contribuyen a crear un entorno comercial más dinámico y próspero, en línea con sus principios fundamentales.

La interdependencia y el libre mercado, ¿amortiguan los conflictos internacionales?

Los académicos suelen conceptualizar a un orden internacional, como un conjunto de reglas e instituciones que guían el comportamiento de los estados-naciones, principalmente. También al resto de actores no gubernamentales, sean empresas multinacionales, grupos ecológicos o actores políticos, entre otros, que gravitan sobre la dinámica misma del orden en cuestión. En este orden, ¿amortigua el comercio los conflictos internacionales?

Interdependencia y conflictos

Definido lo que grosso modo entenderemos como un orden internacional, valdría la pena destacar, lo que ha sido una suposición teórica e histórica de algunos defensores del libre mercado global de bienes y servicios. Según ésta, los altos niveles de interdependencia económica en sus vertientes comerciales y financieras, conllevan indefectiblemente a los Estados-naciones a reducir sus niveles de conflictividad. Esto puede ser a través de las negociaciones o resolución de sus conflictos por medio de instituciones previamente establecidas o acordadas entre el conjunto de países en cuestión, o a través de negociaciones directas.

Sobre estas premisas han sido, a grandes rasgos, los fundamentos sobre lo que se ha sustentado el Orden Liberal Internacional. La caída del muro de Berlín ha reforzado esas premisas. Hecho históricamente emblemático, que marcó “el fin de la guerra fría y el inicio de una nueva era para la humanidad”. Y Según las cuales el mundo iba a converger de manera casi inevitable a un orden internacional más democrático, donde los principios del libre mercado, fundamentados en la creciente globalización económica, y la democratización de las naciones, iban a hacer sus bases fundamentales.

Crear intereses comunes

Una de las presuposiciones básicas de estas visiones ha sido que la interdependencia, más allá de crear ciertos niveles de vulnerabilidad o exposición a los vaivenes de los mercados globales, había conformado un entramado de intereses y beneficios comunes de índole económica y principalmente comercial, donde el juego ha sido en mayor o menor grado de ganar-ganar y no, de suma-cero, entre los principales actores políticos y económicos globales.  

Es indudable que los fundamento teóricos y hasta empíricos en los cuales se ha sustentado los principios del libre mercado mundial, y sus consiguientes aportes al crecimiento económico global de los últimos 40 años, de los cuales hemos sido defensores, han servido dentro de algunos contextos históricos y políticos como un factor amortiguador de ciertos conflictos de orden geopolíticos principalmente.

Desorden global

No obstante, cuando el juego de equilibrio de poder geopolítico y económico se produce entre estados-naciones con regímenes políticos de diferente naturaleza, con valores y pretensiones políticas disímiles, aunque los mismos compartan ciertos intereses económicos comunes, como lo ha sido el caso de los Estados Unidos y sus aliados europeos y asiáticos, frente al creciente poderío económico de la China comunista principalmente. 

Los imperativos de orden geopolíticos y geoeconómicos, sustentados en principios de lo que las élites político-militares empiezan a percibir como un problema de seguridad nacional, son los que han solido imperar a la hora de comenzar a delinear las decisiones frente al surgimiento de un nuevo orden económico global. Para los efectos de lo antes expuestos, es pertinente citar al hoy en día ex-secretario de Defensa de los EEUU, James Mattis y el cual aseveró:

Nos enfrentamos a un creciente desorden global, caracterizado por el declive del antiguo orden internacional basado en normas. Donde la competencia estratégica interestatal, y no el terrorismo, es ahora la principal preocupación en la seguridad nacional de EE.UU.

Secretary of Defense James Mattis, “Summary of the 2018 National Defense Strategy of the United States of America” (Washington, D.C.: Department of Defense, 2018), p. 1.

Un nuevo orden

De la cita del hoy ex-secretario de Defensa estadounidense, se puede fácilmente inferir, que la interdependencia económica global no ha tenido el efecto amortiguador frente a los conflictos internacionales actuales, sino que demuestra que son los imperativos de índole estratégicos basados en lo que serían las nuevas amenazas a la seguridad nacional de los actores en cuestión y sus pretensiones geopolíticas y geoeconómicas los que marcaran la transfiguración del actual orden económico y político global.

Mas cuando se ha comenzado a emplear en el actual contexto internacional, la geoeconomía como un arma de lucha geopolítica, (véanse las guerras tarifarías y de políticas de nearshoring entre los Estados Unidos, y la Unión Europea, principalmente, frente a China, y la guerra de Ucrania y Rusia), pues al margen del alto grado de interdependencia económica existente entre estos Estados, han comenzado a percibirse, en mayor o menor medida, como enemigos existenciales.

Lo que ha colocado en entredicho la tesis antes expuesta, sobre el hipotético rol de amortiguación que la interdependencia económica como efecto subyacente de la libre movilidad de los factores de producción y servicios a escala global dentro del marco de la globalización económica, ha debido de tener en el actual escenario económico y político mundial. El cual está marcando un punto de inflexión en el nacimiento de un nuevo orden geopolítico y económico internacional, con sus consiguientes costos económicos para la población mundial.

Los costes de la fragmentación económica global

Términos como nearshoring, y desacoplamiento económico, ambos con un alto nivel de equivalencia y similitud, han tenido un rol preponderante dentro del proceso de fragmentación económica global que vive actualmente la economía mundial. El tema de la fragmentación económica global y sus costes asociados, han sido el lema más reiterativo en los últimos cinco años en materia económica y política a nivel internacional. También es el reflejo de un proceso de reorganización de orden geoeconómico de lo que hasta hoy se ha conocido popularmente como la globalización de la economía mundial. Es producto de la relocalización, no sólo de las cadenas de suministros, sino de producción y ensamblaje global.

Fragmentación económica global

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional ha publicado una serie de estimaciones sobre dichos costos. Según el citado Organismo, las restricciones al comercio internacional, así como los nearshoring en proceso de ejecución, podrían reducir el PIB mundial hasta en un 7 por ciento a largo plazo, o alrededor de 7,4 billones de dólares en dólares de hoy. Eso equivale al tamaño combinado, según el citado organismo, de las economías francesa y alemana, y a tres veces la producción anual del África Subsahariana.

La siguiente gráfica de FMI, nos muestra el impacto que ha tenido principalmente desde el año 2010 hasta el 2022 las crecientes restricciones al comercio internacional producto de los conflictos geoeconómicos y políticos entre los Estados Unidos y sus respectivos aliados europeos y asiáticos con sus contrincantes chinos y rusos principalmente, en los sectores de bienes, servicios e inversiones.

Siguiendo con este orden de ideal, el FMI destaca que ciertas formas de fragmentación como el desacoplamiento tecnológico, la interrupción de los flujos de capital y las restricciones a la migración, principalmente entre otras, tendrán un impacto significativo en términos de costos globales. Además, las investigaciones del FMI muestran que los alineamientos geopolíticos influyen cada vez más tanto en la inversión extranjera directa como en los flujos de cartera.

Otros de los costes asociados al proceso arriba descrito es el referente a los costes asociados a los subsidios fiscales y económicos que los Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea, y sus respectivos impactos en sus niveles de deuda púbica.

Factores geoeconómicos y geopolíticos

A diferencia de los procesos de reubicación de los factores de producción de bienes y servicios, que se han dado a lo largo de la conformación del actual orden global, el presente es el producto de los imperativos geoeconómicos y geopolíticos. No lo es de los incentivos en cuanto a la localización geográfica ideal. No es fruto de las ventajas competitivas y el acceso a mano de obra más barata entre otros factores, que han solido estimular este tipo de inversión. Todo ello ha comenzado a distorsionar la dinámica natural del libre mercado de bienes y servicios.

En lo referente al impacto de esta dinámica en los países en vías de desarrollo, es importante destacar la siguiente reflexión de Daniel Ikenson al señalar que,

La liberalización del comercio no es una panacea que siempre produzca los mismos beneficios económicos y sociales positivos en todos los entornos. Sin embargo, la apertura comercial es necesaria para que los países en desarrollo sostengan el crecimiento económico y el progreso social. A pesar de los desafíos únicos del presente, las políticas de los países en desarrollo deben seguir teniendo en cuenta estos fundamentos.

15 February 2022. Trade and development in an age of crisis: Mind the fundamentals Published, Hinrich Foundation, Pág. 1-5.

Incidencia en los más pobres

Siguiendo con este mismo orden de ideas, el citado autor destaca al hacer referencia a la fragmentación económica global

que una proporción desmedida de estos desafíos seguirán recayendo en la gente de países más pobres, donde los recursos financieros son escasos, las redes de seguridad social y la infraestructura pública son débiles. Y las economías son menos diversificadas, lo que les hace menos resistentes a estos procesos de cambio.

A pesar de estos costes asociados a la fragmentación económica global, el mismo proceso en cuestión, le ha brindado la oportunidad a un pequeño grupo de países de beneficiarse de esta, al ser receptores de los procesos de relocalización empresarial. Parecería contradictorio con lo arriba expuesto. No obstante, mayores serán los costos negativos asociados a estas relocalizaciones, que los positivos a escala global en los próximos 10 años.

Pues cuando los imperativos geopolíticos y geoeconómicos distorsionan el libre juego de la oferta y la demanda y la consiguiente eficiencia del libre mercado, producto de las pretensiones de expansión política de algunos de los jugadores del sistema internacional en cuestión, suele producir una especie de competencia estratégica de corte geopolítico y geoeconómico donde imperan principios como el de la seguridad nacional, o la reducción de la dependencia económica frente a los adversarios, entre otros. Estas consideraciones terminan minando los fundamentos básicos del libre mercado global.   

Ver más

Los peligros de la guerra comercial. (Álvaro Martín).

El lenguaje económico (XI): el lenguaje. (José Hernández Cabrera).

La libertad de los mercados en el marco de la competencia política y económica global

Si bien las economías de mercado han ganado la lucha económica, esto no significa que la competencia entre los sistemas se haya ganado de una vez por todas.

Angela Merkel

Siguiendo con el orden de pensamientos y opiniones de la hoy excanciller, Angela Merkel, arriba citados, los cuales fueron divulgados por su biógrafo Stefan Kornelius, antes del final de su gobierno en el año 2021, la otrora Canciller Alemana sostuvo según Kornelius, “que el sistema liberal podría no sobrevivir y que la economía de mercado y la democracia podrían ser muy debiles al final”. Su mensaje fue que “La prueba de fuego para la libertad aún está por llegar para Occidente”.  Thorsten Benner Germany’s Sep 2021 Acid Test: Systemic Competition,  published in lnternationale Politik Quarterly. Pag 1.

Estas tres importantes reflexiones, más allá de reafirmar un tema que ha venido preocupando a los defensores del Orden Liberal Internacional en los últimos diez años, principalmente a ciertas comunidades académicas, como a algunos actores políticos del citado orden. Las mencionadas reflexiones de la excanciller alemana configuran el triángulo de un complejo juego de competencia sistémica de alcance global, donde las democracias que sustentan las sociedades abiertas y los principios básicos de la economía de mercado, están siendo desafiadas tanto desde dentro, como desde fuera por fuerzas autoritarias y totalitarias disfrazadas en algunas ocasiones con un velo “democrático”.   

Competencia sistémica

Competencia sistémica que ha comenzado a endurecerse no sólo en el ámbito geopolítico, como lo demuestra la guerra contra Ucrania, y las tensiones militares de carácter geoestrategia en el sureste asiático.  Si no en el escenario geoeconómico internacional, con el incremento de las restricciones comerciales a ciertos sectores de alta tecnologías entre los Estados Unidos y China, principalmente.

Las respuestas dadas por los Estados Unidos y sus aliados occidentales a estos desafíos han sido tardías y más reactivas que proactivas. Como lo ejemplifican las iniciativas tanto individuales como colectivas tomada por los EE.UU. y la Unión Europea, dentro de sus respectivas estrategias comerciales y económicas, como en el marco del G7. Podemos citar como ejemplo, en materia de asistencia económica y financiera, las iniciativas hacia África principalmente y en menor grado las dirigidas hacia la América Latina y el Caribe, con el fin de contrarrestar o equilibrar la presencia económica de China en estos espacios geográficos.  Iniciativas que tienen como telón de fondo una competencia estratégica para asegurar el acceso a materias primas vitales para la revolución energética global que está en ciernes.

Fricciones UE-EEUU

En el ámbito militar nos encontramos, exceptuando la ayuda militar a Ucrania, y la coordinación de ejercicios y presencia militar en el sudeste asiático, con la existencia de un discurso ambiguo que pone en duda la voluntad política de occidente a mediano y largo plazo de hacer frente en el estrecho de Taiwán a una operación militar liderada por China a gran escala. Las razones de estos juegos de palabras reflejan, por un lado, la diversidad y mezcolanza de intereses, capacidades, tanto económicas, como políticas y militares de las naciones occidentales, a la hora de delinear una acción común frente a los desafíos existenciales que enfrentan.

Otro elemento de mayor peso aún dentro de este complejo juego de competencia sistémica global ha sido el establecimiento de medidas de orden geoeconómico que parecerían perseguir un objetivo común, pero han terminado creando fricciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea, principalmente. Muchas de estas medidas, no sólo han afectado la libertad de los mercados de bienes y servicios internacionales, sino que han creado un escenario de diferencias comerciales y económicas entre los EEUU y el bloque europeo, en lo referente a las políticas de nearshoring y offshoring, específicamente en el caso las de empresas de alta tecnología.

Orden Liberal Internacional

Siendo esto un grave error no sólo en términos políticos, sino económicos y comerciales, pues la competencia que se debe dar entre EUA y sus aliados europeos, tiene que estar enmarcada dentro del contexto del Orden Liberal Internacional y sus instituciones. No dentro de una competencia geoeconómica que se libra contra China principalmente y en segundo orden contra Rusia.  Pues esto ha dado pie a que naciones como Francia busquen acercamientos económicos con China, así como otros socios importantes países de la Unión Europea. Esto debilitaría el accionar de las estrategias comunes que son requeridas en estos momentos, frente a la competencia sistémica global que estos enfrentan frente al modelo sistémico global chino-ruso. 

En el orden interno de las sociedades democráticas de occidente se pueden observar la carencia de una visión compartida, frente a los riesgos antes mencionados, valdría la pena citar la reflexión hecha por el Presidente de los Estados Unidos, John Biden, en el marco de su discurso por la celebración de la independencia su país en este 4 de julio,

El 4 de julio llega en un momento crítico. Nuestra economía está creciendo, pero no sin dolor. La libertad está bajo asalto. Asalto tanto aquí como en el extranjero. En los últimos días, hubo razones para pensar que este país está retrocediendo. Esa libertad se está reduciendo. Que los derechos que asumimos que estaban protegidos ya no lo están. Recordatorio de que seguimos en una batalla continua por el alma de Estados Unidos, como lo hemos hecho durante más de 200 años.

Joe Biden.

China

Estas palabras reflejan el fuerte deterioro interno no sólo en los Estados Unidos, base principal del Orden Liberal Internacional, sino en el marco de las democracias del bloque económico y militar europeo, que de igual manera han venido enfrentando fuertes cuestionamientos internos, en contra el citado orden, impulsados por las crisis migratorias, los movimientos xenofóbicos y nacionalistas, más el resurgir de grupos proclives al proteccionismo económico. 

La competencia sistémica contra el modelo chino, el cual ha estado basado en un sistema Estado-partido de carácter políticamente totalitario, con un capitalismo de Estado, combina cada vez más su totalitarismo político radical con su éxito económico. Por ende, el estilo chino de capitalismo de Estado autoritario plantea el reto más difícil en marco de la competencia de sistemas global.

Los sistemas políticos autoritarios y totalitarios, no sólo responden a sus críticos internos con acciones brutales, también se sellan a sí mismos de influencias no deseadas del exterior. Rusia, por ejemplo, impone prohibiciones a las organizaciones no gubernamentales extranjeras. De igual, restringe el trabajo de los periodistas extranjeros independientes. En el caso chino vemos un patrón de conducta similar a través de las restricciones del acceso a internet. El sistema de Estado-partido chino solo tolera la cooperación internacional en investigación, que sirva principalmente a los intereses tecnológicos y económicos propios de Beijing.

Un rumbo diferente

Las democracias occidentales, por otro lado, son en gran medida abiertas, lo cual le permite a los sistemas autoritarios y totalitarios utilizar esta asimetría de la apertura unilateral para ejercer influencia, ya sea, a través, de la desinformación y la propaganda, o construyendo dependencias económicas, o “comprando” élites democráticas, tanto académicas, empresariales, y políticas. Algo que no sólo ocurre en los países desarrollados, sino, de manera más patética en los países en vías de desarrollo, donde la corrupción institucional y social está bien arraigada como forma de sobrevivencia económica y política, lo que les facilita aún más el trabajo.

Frente a esta situación cabría citar dos expresiones adicionales hechas por la ya citada excanciller alemana, según su ya mencionado biógrafo, “Liberemos las fuerzas del despertar”. Esta consigna no es más que un llamado a la concienciación en todos los sectores de las sociedades occidentales democráticas del peligro que se enfrentan las mismas, tanto en sus ámbitos internos como externos, frente esta amenaza sistémica de alcance global, autoritaria y totalitaria. Según Merkel “La alternativa es clara, queridos amigos: o ser invadidos por el cambio, o cambiar de forma”. Lo cual implicaría, a nuestro juicio y entender, que según ella, los Estados Unidos como el resto de sus socios occidentales deberán cambiar la forma en la cual han comenzado a enfrentar esta amenaza. Sin sacrificar sus valores y principios democráticos, así como los fundamentos básicos de las economías de libre mercado.

¿Un nuevo consenso de Washington?

No es nada nuevo decir que desde el inicio de la Administración Biden, EEUU adoptó un posicionamiento en materia económica radicalmente diferente al que tradicionalmente había caracterizado a este país tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, mientras muchos analistas pensaban que el cambio de rumbo de la política económica podía ser algo puntual y propiciado por la coyuntura de salida de la crisis de la Covid, una creciente guerra comercial con China o la invasión de Ucrania por parte de Rusia, la realidad es que ha sido el propio gobierno americano el que ha asegurado que este nuevo enfoque ha venido para quedarse.

Una nueva política industrial

En concreto, la semana pasada, Jake Sullivan, consejero de seguridad nacional del gobierno de Biden, planteó que la rivalidad sistémica y estratégica con China es el eje central del nuevo marco de pensamiento en materia de economía y geopolítica introducido por la Administración Biden. El discurso de Sullivan, además, trató de acomodar todos los objetivos nacionales e internacionales del gobierno de Biden en un solo marco de acción política.

La clave de ello se halla en la centralidad que EEUU ha dado a la nueva política industrial con el objetivo de revitalizar a la clase media americana y, con ello, supuestamente, la calidad democrática del país. Además, a diferencia con respecto a décadas pasadas, la lucha contra el cambio climático con herramientas de política económica -entre muchas otras-, ha tomado un rol central a la hora de decidir sobre políticas públicas.

Un nuevo ‘consenso de Washington’

Sin embargo, este nuevo enfoque geopolítico y económico no termina de convencer a muchos aliados de EEUU, ya que en ocasiones consideran que dichas nuevas políticas asociadas al proteccionismo y la política industrial activa pueden perjudicar sus propios intereses. Un ejemplo claro de ello es el Inflation Reduction Act, a través del cual el gobierno americano aprobó miles de millones en subvenciones a la industria y la energía verde, lo que supone una desventaja competitiva para los productores y trabajadores en Europa y Asia.

Además, la intensificación de la guerra comercial con China y los efectos que esta pueda tener sobre las cadenas de valor globales claramente afectará a los países miembros de la Organización Mundial del Comercio, al verse está severamente debilitada por las acciones y decisiones del gobierno americano.

La Administración Biden defiende que esto no es exactamente así y que lo que está tratando de hacer el gobierno americano es principalmente establecer un nuevo “Consenso de Washington” en el cual EEUU lidere la defensa de la política industrial activa y la lucha contra el cambio climático sin perjudicar los intereses de los aliados occidentales y los países del sur global.

Rivalidad y cadenas de valor

Asimismo, el consejero de seguridad nacional americano ha insistido en varias ocasiones en que la confrontación estratégica entre EEUU y China no resultará en una ruptura completa de las cadenas de valor entre países, sino una mayor diversidad de origen de insumos críticos como los microprocesadores. Por otro lado, además, ha defendido en varias ocasiones que los subsidios a la industria de la energía verde son necesarios y que, lo que deberían hacer países como los miembros de la UE es seguir los mismos pasos, proveyendo así de un impulso global a la energía verde y acelerando la transición ecológica.

A pesar de ello, estas posiciones del gobierno americano siguen sin convencer a muchos de sus aliados y socios estratégicos, resaltando que la actual política económica llevada a cabo por el gobierno de Joe Biden es un factor adicional de inestabilidad de las relaciones entre EEUU y sus aliados. Uno de los factores de mayor riesgo al respecto es el hecho de que, si EEUU sigue insistiendo en aplicar este tipo de políticas, en algún momento cercano países de Europa y/o Asia se vean forzados a iniciar una estrategia de retaliación que únicamente contribuiría a empeorar aún más las actuales dinámicas del comercio global. Por lo tanto, la consumación de una política industrial activa por parte de EEUU y su mantenimiento en el medio y largo plazo pueden ser un factor decisivo que conduzca a un mundo mucho más fragmentado a escala económica e inestable en términos geopolíticos.

‘Campeones europeos’

Las respuestas que los socios y aliados de EEUU pueden dar a la actual situación no son para nada sencillas ya que estas se ven influidas por múltiples aristas. Por ejemplo, aunque la UE siempre ha aplaudido la creación y consolidación de los llamados “campeones europeos” (grandes empresas europeas líderes en sectores estratégicos) a través de una política industrial activa, también es cierto que, si la UE sigue el mismo modelo que EEUU, la guerra de subsidios podría terminar en la ruptura del mercado único europeo y su funcionamiento, con las gravísimas consecuencias que ello tendría.

Además, competir con EEUU en volumen de subvenciones a la industria es imposible, ya que la capacidad fiscal del gigante norteamericano es muchísimo mayor que la de la UE y, además, la inexistencia de una unión fiscal a escala europea complica mucho más las cosas para la UE en este terreno.

Inestabilidad global

Por otro lado, la mayor preocupación de los aliados americanos de fuera de la UE, tal y como pueden ser Reino Unido o Canadá, es que el nuevo “Consenso de Washington” se base en que las políticas estratégicas occidentales se decidan bilateralmente entre EEUU y la UE en lugar de en un plano multilateral. Para evitar este escenario, algunos países como Canadá se están planteando proponer otorgar determinados poderes reales al G7, para así diseñar de manera conjunta las reglas del renovado escenario económico global.

Por lo tanto, tal y como podemos observar, la continuación de las políticas proteccionistas en el plano económico y la insistencia en la aplicación de una política industrial activa por parte de la Administración Biden, han contribuido a aumentar la inestabilidad económica y geopolítica a nivel global de manera notoria. A todo ello le ha seguido una respuesta por parte de la UE y algunas potencias asiáticas que confirma el viraje proteccionista y la tendencia a un mayor intervencionismo en materia de política industrial a nivel mundial. Podríamos, por lo tanto, encontrarnos ante un nuevo “Consenso de Washington”, pero desde luego no de uno del cual estarían orgullosos Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

La interdependencia armada y la libertad de los mercados globales

Debemos comenzar por precisar que parte del título que antecede este artículo fue tomado del paper académico titulado “Weaponized Interdependence” Henry Farrell and Abraham L. Newman, publicado por la revista International Security, Vol. 44, No. 1 (Summer 2019), pp. 42–79. D. Del cual haremos algunas citas y comentarios sobre las mismas para los efectos de las ideas a ser expuestas y discutidas en el presente ensayo.

Las premisas que sustentan la libertad de los mercados globales

Los defensores del libre mercado y el libre movimiento de los factores de producción a escala global, han partido de las premisas económicas e históricas de que la libertad de los mercados, tanto de bienes y servicios, debe estar inmersa en un esquema político-jurídico, donde las libertades naturales y fundamentales del ser humano estén garantizadas, en igualdad de condiciones jurídicas y de oportunidades, tanto para la actividad empresarial como para el ciudadano común, libre de cualquier intervención estatal y coacción política. Y sólo con una intervención estatal reducida que no cause distorsiones en los mercados y. asegure el buen funcionamiento de los mismos.  

Otro de los principios sobre los que han garantizado la libertad de los mercados globales es la existencia de instituciones internacionales que coadyuvaron a generar eficiencias de mercado. Lo hicieron a través de la reducción de costos de transacción, el desarrollo de las ventajas comparativas y competitivas de las naciones, por medio de la apertura a los mercados de bienes y servicios globales y al sistema financiero internacionales, así como al estímulo a la inversión extranjera directa respectivamente.

Dependencia recíproca

Siguiendo con este orden de ideas, reconozcamos que la interdependencia comercial tiene beneficios no sólo para el mundo corporativo mundial, sino principalmente para los consumidores globales. Tanto en términos de acceso a los productos y servicios con mejores precios, calidad y diversidad. Pero mencionemos la presunción de que esa interdependencia iba a servir como un eventual amortiguador o freno ante cualquier tensión de índole política o geoeconómica que pudiese surgir. En este sentido, sería conveniente mencionar a los mayores exponentes teóricos de la interdependencia complejas, como los son Robert Keohane y Joseph Nye. Éstos han sostenido que la globalización implica el desarrollo de “redes de interdependencia”, que han dado como resultado una dependencia recíproca, que tiende a hacer las estrategias coercitivas menos efectivas.           

Continuando con el hilo de los principios antes señalados, es importante destacar al filósofo de la Universidad de Harvard Francis Fukuyama, y el cual en su célebre obra titulada El fin de la Historia y el Último Hombre (1992), vaticinó el fin de luchas ideológicas entre el capitalismo y el comunismo. Esto daría como un hecho inmutable el triunfo que el orden internacional democrático-liberal, frente al comunismo, producto de la desaparición del bloque soviético.  Algo que los hechos posteriores demostraron que esta presunción pecó de un exagerado optimismo.

La interdependencia armada bajo los imperativos geopolíticos y geoeconómicos

Paradójicamente, la dinámica misma de los flujos a través de las fronteras de bienes físicos, servicios financieros, y de información, producto de la apertura global de los mercados, crearon, junto a otros factores socio históricos, varios riesgos para la libertad de los mercados globales y para todo el esquema de interdependencia económica global que se tejió según los principios arriba expuestos.

Se ha producido el ascenso de China como potencia económica del alcance global, bajo un esquema de capitalismo de Estado, y dirigido por un régimen con estructura política totalitaria. Está acompañada del resurgimiento en Rusia de un retoño político de la fenecida URSS, liderada por Vladimir Putin. Todo ello trajo como consecuencia el gradual socavamiento y puesta en entredicho de la legitimidad, y los valores compartidos de lo que ha significado la globalización económica mundial, por medio del uso de lo que se ha catalogado como la interdependencia armada. Esta se entiende como la utilización de las redes económicas globales para lograr objetivos estratégicos, por parte de las naciones que la aplican.

Estas pueden ser sanciones económicas, arancelarias, limitaciones al comercio y las inversiones, intervención estatal para favorecer grupos nacionales determinados, control a nodos de información, etc. A ello habría que sumarle la aparición de fuerzas políticas en el seno mismo de las sociedades occidentales que han venido cuestionando, junto con grupos proteccionistas, la libertad de los mercados globales. Esto no es nuevo, pero ha cobrado mucha fuerza en los últimos 12 años.

El ejemplo de Gran Bretaña

Históricamente, este tipo de políticas han estado presentes en el devenir de la historia económica de la humanidad de los últimos 200 años, tal como el historiador Harold James. Dice que este fenómeno existió también en períodos anteriores a la globalización, tal como hoy en día es conocida. En tal sentido, el citado autor señala que

En la primera era de la globalización, la expansión del comercio, con flujos de capital y mano de obra, en todas las economías unidas en lo que parecía ser una creciente y probablemente irreversible red, estaba centrada en la infraestructura comercial proporcionada por Gran Bretaña, y en particular en la infraestructura financiera de la City de Londres.  

Harold James. Cosmos, Chaos: Finance, Power, and Conflict. International Affairs, Vol. 90, No. 1 (January 2014), pp. 37–57, at p. 43

Siguiendo con este orden de ideas, el citado autor sostiene que,

El hecho de que Gran Bretaña fuera el centro de comercio, finanzas y seguros, dio a sus planificadores militares, y sus decisores políticos, una visión única de cómo y dónde fluyen los flujos globales de las mercancías y cómo podían interrumpirse esos flujos.

Ibid., p. 54. 

Comparación con la situación actual

Ese escenario guarda una gran similitud, y salvaguardando las diferencias entre ambos periodos en cuanto a actores y circunstancias históricas se refiere, con los conflictos geoeconómicos y geopolíticos actuales entre China y los Estados Unidos, principalmente, y el resto de sus respectivos aliados. Se puede encontrar un patrón común de naturaleza política, que ha conllevado a distorsionar el libre desenvolvimiento de los mercados globales, a través de lo que se ha definido como la interdependencia armada. Se han comenzado a utilizar mecanismos de coacción de índole comercial que han afectado las redes de cadenas de valor y de suministros energéticos, como armas de expansión geopolítica, principalmente en el actual escenario de los mercados globales.

A título ilustrativo, podemos mencionar el conflicto referente a la soberanía de Taiwán, la guerra contra Ucrania, la fijación de los volúmenes de producción de petróleo por parte del grupo ad hoc llamado OPEP + productores no OPEP, y la elevación de las tarifas arancelarias, entre otras contiendas.

Vuelta a los principios liberales

Esta interdependencia armada ha tenido sobre la eficiencia y el libre flujo de los mercados globales y de las fallas que estos mercados han sufrido por estas adversas y equivocadas intervenciones emanadas de los propios estados-naciones. Es de suma importancia señalar que ha sido el libre espíritu del ingenio humano y su ánimo emprendedor, junto a los mecanismos de la libre oferta y la demanda, lo que han marcado el éxito de los mercados globales en suministrar bienes y servicios de mejor calidad y precios a los consumidores mundiales.

Y es esto es, para los que hemos defendido los principios básicos de la libertad de estos mercados, lo que habrá que seguir destacando en defensa de los principios que sustentan el desempeño eficiente de los mismos. Haciendo hincapié en que los países que logren mantener los principios básicos y elementales de la libre competencia y libertades políticas e individuales básicas, serán los únicos en poder seguir a la cabeza del liderazgo tecnológico y económico mundial.