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Etiqueta: COVID

La Suecia ‘laissez faire’ tuvo la menor mortalidad de Europa de 2020 a 2022

Por John Miltimore. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

Gore Vidal dijo una vez que “os lo dije” son las cuatro palabras más bellas de la lengua inglesa. Quizá por eso es difícil resistirse a compartir nuevos datos que demuestran que la tan denostada respuesta sueca a la pandemia fue acertada después de todo.

El miedo a la libertad

Para aquellos que lo hayan olvidado, Suecia fue criticada por los medios de comunicación corporativos y los políticos estadounidenses por su estrategia Covid-19, más liberal. Muchos se mostraron francamente hostiles con los suecos por negarse a cerrar escuelas, clausurar empresas y reforzar la policía para hacer cumplir los mandatos.

He aquí una muestra de titulares:

  • Why the Swedish Model for Fighting COVID-19 Is a Disaster” (Time, octubre de 2020).
  • The Inside Story of How Sweden Botched Its Coronavirus Response” (Foreign Policy, diciembre de 2020).
  • “Sweden Stayed Open And More People Died Of Covid-19, But The Real Reason May Be Something Darker” (Forbes, 2020).
  • “Sweden Has Become the World’s Cautionary Tale” (New York Times, julio de 2020).
  • “Acabo de llegar a Suecia. I’m Horrified by the Coronavirus Response Here” (Slate, abril de 2020).

Esto es sólo una muestra de las reacciones contra Suecia en 2020. Al optar por permitir que sus 10 millones de ciudadanos siguieran viviendo vidas relativamente normales, Suecia estaba, en palabras de The Guardian, llevando no solo a los suecos, sino al mundo entero “a la catástrofe.”

Incluso el entonces presidente Trump entró en la acción de abofetear a Suecia. “Suecia está pagando muy cara su decisión de no bloquear”, advirtió el presidente en Twitter.

Laissez-faire

A pesar de la retórica premonitoria, las peores predicciones para Suecia nunca se materializaron. De hecho, ni siquiera se acercaron. En marzo de 2021, era evidente que Suecia tenía una tasa de mortalidad más baja que la mayoría de las naciones europeas. Al año siguiente, Suecia ostentaba una de las tasas de mortalidad más bajas de Europa.

En marzo de 2023, Suecia tenía la tasa de mortalidad excesiva más baja de toda Europa, según algunos conjuntos de datos. Y aunque algunos no estaban dispuestos a admitir que Suecia tenía el menor exceso de mortalidad de toda Europa, incluso el New York Times, que se había burlado de la estrategia sueca contra la pandemia, admitió que el enfoque de laissez-faire del país no era el desastre que muchos habían predicho.

Más recientemente, el economista danés Bjørn Lomborg compartió un análisis estadístico basado en datos gubernamentales de todos los países europeos desde enero de 2020 hasta agosto de 2022. El estudio demostró que Suecia tuvo la tasa de mortalidad acumulada estandarizada por edad más baja de toda Europa en ese período.

“En toda Europa, Suecia fue el país con menos muertes totales durante y después de Covid”, afirmó Lomborg en X (antes Twitter).

Una falacia económica para gobernarlos a todos

Algunos dirán: “¿Cómo íbamos a saberlo?”. La cruda verdad es que algunos sí lo sabíamos. En marzo de 2020, advertí de que las “curas” gubernamentales para el Covid-19 probablemente serían peores que la propia enfermedad. Al mes siguiente, sostuve que la política sueca de laissez-faire era probablemente más eficaz que el enfoque de línea dura favorecido por otras naciones.

Escribí estas cosas no porque sea un profeta, sino porque he leído un poco de historia y entiendo de economía básica. La historia demuestra que las respuestas colectivas durante los pánicos no suelen acabar bien, y el economista Antony Davies y el politólogo James Harrigan explicaron por qué cerca del comienzo de la pandemia. “En tiempos de crisis, la gente quiere que alguien haga algo y no quiere oír hablar de compromisos”, señalaron los autores. “Éste es el caldo de cultivo de las grandes políticas impulsadas por el mantra ‘si con ello se salva una sola vida'”.

La cuestión es que las compensaciones son reales. De hecho, la economía es en gran medida un estudio de ellas. Cuando elegimos una cosa, renunciamos a otra, y evaluamos los resultados en función de lo que obtenemos frente a lo que dejamos. A esto lo llamamos coste de oportunidad. Sin embargo, durante la mayor parte de la pandemia, hubo quienes no quisieron prestar ninguna atención a los costes de oportunidad o a las consecuencias imprevistas de los bloqueos gubernamentales, y fueron legión. Esta es la gran falacia económica de la que Henry Hazlitt advirtió hace décadas.

La advertencia de Henry Hazlitt

Hazlitt, autor de La economía en una lección, afirmaba que pasar por alto las consecuencias secundarias de las políticas suponía “nueve décimas partes” de las falacias económicas del mundo.

Hay una tendencia persistente de los hombres a ver sólo los efectos inmediatos de una determinada política y a descuidar la indagación de cuáles serán los efectos a largo plazo de esa política.

Este fue el defecto fatal -bastante literal- del Estado de Covid. Sus ingenieros no se daban cuenta de que no estaban salvando vidas, sino comerciando con ellas (tomando prestada una frase de Harrigan y Davies).

Los bloqueos no eran científicos y resultaron ineficaces para frenar la propagación del Covid, pero incluso si hubieran funcionado, trajeron consigo graves daños colaterales: cayeron en picado las pruebas de detección del cáncer, se disparó el consumo de drogas, se perdió el aprendizaje y estalló la pobreza mundial. La depresión y el desempleo se dispararon, las empresas quebraron y llegó la alta inflación. A los bebés se les negó la cirugía cardíaca debido a las restricciones de viaje, aumentaron los suicidios juveniles… la lista es interminable.

La oscura verdad es que los encierros no se basaban en la ciencia y tuvieron un efecto secundario bastante desafortunado: mataron a gente.

Un gigantesco experimento

Las consecuencias secundarias de los encierros y otras intervenciones no farmacológicas (NPI) causaron daños irreparables a los seres humanos que se experimentarán durante décadas. En palabras de la New York Review, los encierros fueron “un gigantesco experimento” que fracasó. El principal experto sueco en enfermedades infecciosas, Anders Tegnell, fue una de las pocas personas que comprendió que los encierros probablemente no funcionarían. Y aunque Tegnell no es economista profesional, parecía entender la lección de las consecuencias secundarias mejor que muchos economistas.

“Los efectos de las diferentes estrategias, cierres y otras medidas, son mucho más complejos de lo que entendemos hoy”, dijo a Reuters en 2020, cuando su estrategia estaba en el punto de mira. Al comprender este principio económico básico y tener el valor de mantenerse firme en sus convicciones, Tegnell pudo evitar los efectos perniciosos de los bloqueos, una política que sedujo a tantos planificadores centrales. Hoy, muchas más personas viven en Suecia gracias a él. Y Anders Tegnell no debería tener reparos en decir: “Os lo dije”.

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Fauci dice ahora que debes poder elegir si quieres vacunarte contra el Covid

John Miltimore. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

Los nuevos datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades muestran que los casos de COVID-19 están aumentando de nuevo en algunas partes del país. El mapa de los CDC indica que varios estados están experimentando un “aumento sustancial” de casos (más del 20%), entre ellos Texas, Nuevo México, Kansas y Nebraska, que experimentaron un repunte del 57,3% con respecto a la semana anterior.

Los repuntes locales de COVID nos recuerdan que, aunque mentalmente la pandemia haya terminado para muchos de nosotros, el virus sigue cobrándose víctimas. A lo largo de septiembre y octubre, más de cien estadounidenses murieron cada día de COVID de media, según las estadísticas. Y la historia sugiere que esas cifras aumentarán bruscamente durante los meses invernales de enero y febrero.

Anthony Fauci cambia la partitura

A pesar de ello, apenas se habla de restablecer las diversas medidas draconianas que el gobierno utilizó para imponer el cumplimiento de 2020 a 2022. De hecho, incluso el Dr. Anthony Fauci está cantando una melodía diferente.

Fauci, antiguo director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, es ahora profesor en la Universidad de Georgetown. Pero el hombre que fue el arquitecto de la respuesta gubernamental a la pandemia sigue trabajando ocasionalmente como experto en el circuito televisivo y, en los últimos meses, las prescripciones políticas de Fauci han dado un giro radical. En una entrevista con Jonathan Karl, de la ABC, en el programa This Week a principios de otoño, Fauci fue preguntado sobre quién debería tomar el nuevo refuerzo COVID. “Creo que deberíamos dar la opción a las personas que no pertenecen a los grupos de alto riesgo de que dispongan de la vacuna”, respondió Fauci.

“Elección”

Elección es la palabra clave aquí. Es un marcado contraste con el anterior apoyo de Fauci al mandato de vacunación de la Casa Blanca, que obligaba a las empresas privadas a exigir la vacunación como condición para el empleo. “Sabemos que los mandatos funcionan”, dijo Fauci a Wolf Blitzer en octubre de 2021. “Así que, aunque te gustaría que la gente lo hiciera por voluntad propia, a veces los mandatos realmente pueden ayudar en ese sentido”.

Sin embargo, la nueva postura de Fauci no se limita a que las personas de bajo riesgo puedan elegir, como podría dar a entender su declaración. Fauci insinuaría posteriormente que incluso las personas de alto riesgo deberían poder elegir. “Que [la vacuna] esté disponible para todo el mundo, pero sin duda recomendarla a las personas de alto riesgo”, dijo Fauci a Karl.

Es un cambio radical. Fauci utiliza ahora palabras como “elección” y “recomendar” en relación con las vacunas, incluso para las personas de alto riesgo. Los argumentos sobre la eficacia de los mandatos han desaparecido (incluidos los mandatos de máscara).

Las promesas de políticos y científicos

Ahora bien, se podría argumentar que muchas cosas han cambiado desde 2021, y hay algo de cierto en ello. Sabemos mucho más hoy de lo que sabíamos en 2021, incluido el hecho de que las vacunas no hacen lo que los funcionarios del gobierno dijeron inicialmente que harían. “No vas a contraer COVID si tienes estas vacunas”, dijo el presidente Joe Biden en julio de 2021. “Nuestros datos de los CDC hoy sugieren que las personas vacunadas no son portadoras del virus, no se enferma”, dijo la entonces directora de los CDC, Rochelle Walensky .

https://twitter.com/therecount/status/1376950399232573442?ref_src=twsrc%5Etfw

Las vacunas no previenen la infección ni la transmisión del COVID. Y aunque pueden reducir el riesgo de hospitalización y muerte por COVID, conllevan riesgos, incluida la muerte, razón por la cual el Departamento de Salud y Servicios Humanos está contratando a un montón de abogados para defenderse de la avalancha de casos legales presentados por aquellos que dicen que fueron heridos por las vacunas.

Quién decide qué es mejor

Todo esto, así como una serie de derrotas legales de varios mandatos de vacunas, ayuda a explicar por qué Fauci es de repente un defensor de permitir que la gente elija si vacunarse o no. Pero la razón principal del cambio de opinión de Fauci es casi con toda seguridad la siguiente: La política de vacunación ha cambiado.

Durante mucho tiempo, la gente estaba dispuesta a seguir los interminables mandatos gubernamentales y las estrategias de mitigación, muchas de las cuales no sólo eran éticamente dudosas, sino patentemente sin sentido, en gran parte por miedo. Esos días han pasado. El terror a la vacuna COVID ha pasado, y la confianza en la sanidad pública se ha desplomado, lo que sin duda explica en parte por qué el mes pasado sólo el 3,5% de la población había recibido la nueva vacuna COVID.

Para ser claros, esto no debe tomarse como prueba de que las vacunas COVID sean buenas o malas. Esa es la pregunta equivocada. “La cuestión más básica no es qué es lo mejor, sino quién debe decidir qué es lo mejor”, ha observado el economista Thomas Sowell. El hecho de que Fauci ya no se arrogue el derecho de decidir por los ciudadanos lo que deben introducirse en el cuerpo es algo muy positivo. Es una pena que haya tardado tanto.

Ver también

‘No va a funcionar, porque no es obligatorio’. (José Carlos Rodríguez).

Armengol, la Jeffrey Epstein de Magaluf

La semana pasada, la socialista Francina Armengol alcanzó la presidencia del Congreso de los Diputados tras los votos afirmativos de todos los partidos que se han propuesto desde sus inicios acabar con el actual sistema constitucional. Y no precisamente para sustituirlo por uno más liberal. La recientemente diputada socialista toma así el relevo de la también socialista Meritxell Batet, con un mandado marcado por un cierre ilegal del Congreso, sin consecuencia penal alguna.

Armengol se ha desempeñado como presidente de la comunidad autónoma de las Islas Baleares durante dos legislaturas, entre 2015 y 2023, hasta su reciente derrota a manos del Partido Popular, el cual ya gobierna la región gracias al apoyo parlamentario de VOX. En su primer anuncio como presidente del Congreso, Armengol ha afirmado que, saltándose el Reglamento del Congreso, permitirá la expresión de los diputados en las distintas lenguas cooficiales del Estado. Por supuesto, durante sus ocho años de mandato en las Baleares, su gobierno, formado por socialistas, comunistas y nacionalistas pancatalanistas, hizo todo lo posible por impedir que las familias que desearan estudiar en español pudieran hacerlo.

Menores tuteladas

Pero, sin duda, el gran escándalo durante su gobierno fue el caso de la red de prostitución de menores tuteladas en centros de la propia comunidad autónoma y, sobre todo, cómo su gobierno intentó tapar el asunto. En este sentido, Armengol no se queda atrás de la también catalanista Mónica Oltra, cuyo entonces marido fue condenado por abusar sexualmente de una menor que tenía el matrimonio a su cargo.

Aun así, este caso es un tanto diferente. A finales del 2019, la prensa se hizo eco de tres detenciones en Mallorca por una violación grupal a una menor. El caso fue creciente: primero se supo que era una menor tutelada por la administración autonómica, luego supimos que el gobierno balear ya conocía el asunto al menos desde seis meses antes y, para más inri, no removió a los educadores sospechosos de organizar la trama de prostitución. El modus operandi era sencillo: supuestamente, los educadores no es que conocieran los hechos, que ya es grave, sino que extorsionaban a las menores o les ofrecían drogas a cambio de los macabros servicios. El caso está judicializado y hay una condena, pero queda mucho por investigarse.

De copas en pandemia

En el plano político, el gobierno de Armengol se negó siquiera a crear una comisión de investigación (que no sirven para nada) en el parlamento regional, alegando que las competencias de las menores tuteladas las tenía el Consejo de Mallorca, esto es, el gobierno de la isla, lo cual era cierto. Ahora bien, el gobierno de dicha isla estaba en manos de exactamente los mismos partidos, los cuales se volvieron a negar en la creación de una comisión de investigación a su nivel. En su lugar, se decidió crear una comisión de expertos para redactar un informe. La analogía con la prometida comisión independiente sobre la pandemia que todavía estamos esperando es más que evidente.

Hablando de la pandemia, Armengol se destapó como uno de los presidentes autonómicos más beligerantes contra los derechos individuales. Su gobierno fue de los que impuso medidas más duras respecto a horarios de cierre o aforos en la hostelería, sector que, como todo el mundo sabe, apenas representa un minúsculo porcentaje de la economía balear. Así, llegamos al 7 de octubre de 2020, cuando la Policía Local se personó en el Hat Bar de Palma a las 2:10 h de la madrugada, más de una hora por encima del horario límite de cierre. El dueño del establecimiento alegó ante los agentes que “dentro había una autoridad” y que, por ello, no había podido cerrar el local. La autoridad era la presidente regional, Francina Armengol. No consta que el establecimiento fuera sancionado.

Carteles contra la judicatura

Una de las características del actual periodo socialista de gobierno ha sido un asedio sin precedentes contra el poder judicial. A la toma de la Fiscalía y la Abogacía del Estado se han sumado campañas, por supuesto pagadas con dinero público, contra los jueces, en genérico, por considerarlos machistas, franquistas, homófobos, nazis o lo que se les ocurra por el camino.

Así, el Instituto Balear de la Mujer y el Ministerio de Igualdad (no hay boda sin la tía Juana), el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y la Consejería de Presidencia, Función Pública e Igualdad del Gobierno de las Islas Baleares nos obsequió con un cartel en el que un juez espetaba a una señora con el brazo en cabestrillo y una contusión en el pómulo: “¡Cómo voy a creer que su marido le maltrata si está usted viva!”. Este cartel conllevó un total de cero dimisiones en cualquier sitio.

Catalán obligatorio para ejercer la medicina

Por último, como ya hemos señalado al comienzo, su gobierno se mostró partidario de imponer el catalán como fuera menester para el ejercicio de la función pública. Aquí la cuestión es peliaguda. Por supuesto, el contratante tiene la potestad de solicitar que sus trabajadores tengan que hablar una lengua concreta, o varias, a la hora de acceder a un puesto de trabajo. Ahora bien, cuando es la administración pública la que arroga un servicio universal, estos experimentos terminan saliendo, como de costumbre, mal. Esto terminó con la salida de varios profesionales de las Islas Baleares hacia destinos menos gravosos. El gobierno entrante del PP y VOX ha eliminado la medida hace menos de un mes.

Así con todo, esta es la señora que va a presidir la Cámara Baja y ostentará la tercera autoridad del Estado, por detrás del rey y del presidente del gobierno. En menos de un mes tendremos sesiones de investidura, porque habrá varias. El espectáculo tiene pinta de ser largo y tedioso. Por cierto, hace apenas diez días que la justicia ha reactivado, a instancias de una denuncia de VOX, la causa en su contra, aunque es bien difícil que prospere.

Los negacionistas

Sólo la verdad os hará libres

San Juan

Hace poco, viendo las noticias de la noche, concretamente de Antena 3, que suele presumirse uno de los informativos menos sesgados de los grandes medios, hubo una serie de adjetivos de su presentador Vicente Vallés que me llamaron bastante la atención en su programa y boca en referencia a algunos presidentes de parlamentos autonómicos de Vox. En concreto, se les llamó ‘negacionistas’ con ideas de ‘populismo de extrema derecha’. No me llamaron la atención similares descripciones en prensa de izquierdas. Pero escucharlo por primera vez en un programa que no se presume con ese sesgo sí era otro paso adelante en la inquietante homogeneización de una narrativa impuesta.

¿Por qué se les describía de esta manera en dicho informativo? Como podemos fácilmente imaginar, se trata de políticos y personas escépticas con la narrativa oficial del cambio climático y relativa a la llamada vacuna del covid.

Segunda dosis

Recientemente, algunos medios nacionales como ABC se hacían eco de un caso de indemnización millonaria solicitada al Estado. Un joven de Sevilla de 19 años con una discapacidad del 84% que necesita al menos dos horas diarias de ayuda de otra persona para defecar, secarse las piernas tras la ducha, cortar alimentos duros y sufre alteraciones visuales. Hoy asiste regularmente al Centro de Rehabilitación de Daño Cerebral en Sevilla con tratamientos que tiene costear su familia. Un chico perfectamente sano hasta el 23 de septiembre de 2021.

La segunda dosis de la vacuna del covid le produjo rápidamente parestesias y alteraciones sensitivas. En semanas, estos síntomas derivaron en problemas motores que le acabaron impidiendo la movilidad normal. Tres meses después se le diagnosticó una ‘lesión medular incompleta’. Más tarde, el Servicio de Neurología del Hospital del Rocío en Sevilla emitió un diagnóstico final de ‘mielitis transversa en relación con la segunda vacuna del covid’.

Ojos, brazos, piernas

Su caso no ha salido en ninguna gran televisión. Son víctimas sin rostro, sin nombre, sin voz. No existen. Como por ejemplo en nuestro país el caso de un varón de 42 años sin tampoco patología alguna previa que perdió casi completamente la visión y la movilidad normal en las piernas tras la vacuna del covid. O un adolescente con tan sólo 13 años en Málaga a la que el medicamento le quitó la movilidad en las piernas y mantuvo 4 meses hospitalizado. O un varón de 75 años con movilidad comprometida en brazos y piernas repentinamente tras el mismo producto farmacéutico.

Los casos a nivel mundial reportados y documentados y con informes médicos de efectos secundarios graves y muy graves por este producto farmacéutico (no hablamos de sospechas o rumores sino casos confirmados médicamente) por personas que no padecían patologías previas asociadas se cuentan por cientos y cientos. Y lo más francamente sorprendente es que la mayoría de las versiones de este producto siguen disponibles para el gran público.

Sin consentimiento informado

Productos que además se dispensaron a millones sin ninguna evaluación ni receta médica. Sin consentimiento informado. Sin un debate público. Sólo una repetición de la propaganda del fabricante constantemente en los medios. Se repire mil veces al día la más que engañosa cifra de reducción de riesgo relativo del 90% o más. Este resultado se obtiene a partir de estudios de 2 y 3 meses. Sobre ellos han ido acumulándose dudas acerca de su integridad y fiabilidad.

De hecho, docenas de gobiernos y autoridades coaccionaron masivamente a la población para recibir este producto. Sí, imaginen un producto que millones de personas recibieron bajo coacción de perder empleos y modo de vida y que pocos meses después, esas mismas autoridades que casi obligaron a consumir el producto a la población entera, reconocen por ejemplo en nuestro país al menos más de 500 fallecidos como causa directa de consumirlo. Y esto es sólo la cifra admitida hasta ahora por la autoridad pública; si se solicita un análisis por lotes del producto, la cifra crece de modo importante. Por trágico que parezca, no hace falta imaginar. Es una fiel descripción de la barbaridad que han hecho gobiernos de casi todo signo y lugar.

Retirado del mercado

Nuestra mente es frágil, pero quizás no recordemos que una versión de este producto como la de Astrazeneca fue retirada del mercado a lo largo de 2021 y 2022 en muchos países por las autoridades sanitarias, entre ellos el nuestro. Tenía un nivel de efectos secundarios y fallecimientos demasiado alto para poder ocultarse. ¿Se emitió alguna disculpa? ¿El Estado se prestó a indemnizar a las víctimas? No, se siguió coaccionando largo tiempo para seguir recibieron otras versiones del mismo producto. Es más, en 2023 el gobierno español sigue comprando más vacunas para el covid, pese a tener más de 100 millones de dosis sin usar. ¡No sólo el producto no se pretende sacar del mercado, sino que seguimos pagando millones los contribuyentes a sus fabricantes por más producto!

Hoy, por ejemplo, en España sigue estando disponible la vacuna covid de Janssen. La FDA de EEUU hace semanas que la ha prohibido por razones similares de las de Astrazeneca: un nivel de inseguridad demasiado alto.

Miles de muertos no bastan

Pero, ¿qué es demasiado alto? ¿Cuántos fallecidos y víctimas de un producto farmacéutico se necesitan para sacar el producto del mercado? Si bien en los años 70 en EEUU se retiró una vacuna por unas docenas de fallecidos directos, hoy miles de muertos en el mundo no parecen ser suficiente. Trágicamente, las autoridades han mostrado una tolerancia de inseguridad y mortalidad con la vacuna covid, probablemente nunca vista antes con un fármaco. En parte porque han sido productos aprobados para ‘uso de emergencia’, sin necesidad, por tanto, de los más largos y exigentes procesos de aprobación, cuestión fundamental de la que nunca se informó a la población. Y una población que recibe de tal modo un producto sin información fundamental es sin duda una población engañada y manipulada.

En noviembre de 2021, en plena vorágine de administración del producto, el prestigioso British Medical Journal publicó un artículo de investigación donde revelaba importantes problemas y presuntas manipulaciones de datos en los ensayos rápidos que se hicieron para la aprobación de emergencia de este fármaco. Fue el primero probablemente de otras investigaciones reveladas sobre falta de integridad, o dicho de otro modo: manipular los datos para ocultar los riesgos de un producto. Por desgracia, este nivel de corrupción por parte de la industria farmacéutica que acaba corrompiendo tanto a los reguladores y autoridades como a las revistas científicas no es nuevo.

Otros escándalos

Al final de los 90, dos de las más prestigiosas revistas médicas de EEUU, el JAMA (Journal of American Medical Association) y el NEJM (New England Journal of Medicine) se vieron involucradas en la publicación de estudios manipulados de dos fármacos contra la artritis, el Vioxx y el Celebrex. Vioxx acabó siendo uno de los casos más trágicos de corrupción de la industria farmacéutica. En EEUU sólo acabó prohibiéndose el producto tras permitirse durante años su consumo y prescripción, tiempo en el que Vioxx mató a 38.000 norteamericanos reconocidos por las autoridades como víctimas mortales del fármaco. Multipliquen por 13 todos los muertos en los atentados de las Torres Gemelas y obtendrán las víctimas mortales de Vioxx de Merck en EEUU. Por cierto, aparte de éstos, casi 90.000 norteamericanos sufrieron ataques cardíacos por el mismo fármaco.

¿Pero por qué los médicos no se rebelaron antes y dejaron de recetarlo al ver el gran número de efectos secundarios? Por desolador que parezca, el médico promedio cumple protocolos y receta fármacos protocolizados como lo fue Vioxx durante años. Otra cuestión, incluso más difícil de digerir moralmente, la relación económica que acaban entablando muchos médicos con determinados laboratorios (si bien hay normas para evitar estas prácticas, las farmacéuticas invierten millones en asesoría legal y comercial para sortearlas). Un caso, el de Vioxx revisitado en el gran y reciente libro del Dr John Abramson titulado ‘Sickening’ sobre la responsabilidad de la industria farmacéutica en destruir el sistema sanitario norteamericano.

Víctimas invisibles

Las víctimas de la llamada vacuna covid son invisibles. Mucho menos dignas de minutos de silencio, recordatorios u homenajes que sin embargo han parecido y parecen habituales para otras víctimas. No son mencionadas ni existen en los programas televisivos de los grandes medios. Eso sí, sale constantemente mencionado aquel artículo de Lancet que dejó en todos una idea: la de que las vacunas del covid salvaron hasta incluso a 20 millones. La cifra no es nada modesta. Y si piensas que es realmente exagerada porque fue un estudio cocinado y manipulado hasta la saciedad, diseñado para sustentar la imagen y el marketing de los fabricantes, probablemente acertarás.

En esencia, ese estudio no se trata más que de una modelización de datos más cerca de la propaganda que de la ciencia (aquí más sesgos del estudio para que el resultado se inflara lo más posible en el resultado), comparable a los modelos del Imperial College de Londres del 2020 que predecían que los confinamientos salvarían millones. Modelos que dicen lo que el cocinero de datos de turno desea que salga en la receta que hoy sabemos que fueron una gran estafa.

En relación con la llamada vacuna del covid, el grueso de los grandes medios de comunicación parece embarcado en una obsesión negacionista sin remedio sobre sus graves efectos secundarios y sus víctimas, incluso mortales por docenas. Ellos son los auténticos negacionistas.

El desmesurado esfuerzo del Gobierno por censurar la información (veraz) durante la pandemia

John Miltimore. Este artículo fue publicado originalmente por FEE.

En julio de 2022, Twitter suspendió permanentemente al médico de Rhode Island Andrew Bostom tras conceder al epidemiólogo e investigador de larga trayectoria de la Universidad Brown un quinto strike por difundir “información errónea”. Un tuit del 26 de julio en el que alegaba que no había pruebas sólidas de que las vacunas Covid-19 hubieran evitado la hospitalización de ningún niño – “los únicos datos de ECA que tenemos de niños revelan CERO hospitalizaciones evitadas por la vacunación frente al placebo”- fue aparentemente la gota que colmó el vaso. Lo curioso es que, al parecer, el tuit de Bostom era cierto.

“Se han saltado las directrices de los CDC”

El Dr. Anish Koka, cardiólogo y escritor, se mostró inicialmente escéptico ante la afirmación de Bostom. Pero después de hablar con él durante más de una hora, se dio cuenta de que Bostom estaba citando los propios datos del gobierno, un documento informativo de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) que incluía datos de ensayos controlados aleatorios (ECA) en niños. “…El tuit del Dr. Bostom parece bastante correcto, según los documentos de la FDA”, escribió Koka en Substack. “En los ECA disponibles, no parece haber pruebas de que la vacuna evitara hospitalizaciones”.

La suspensión permanente de Bostom fue una de las muchas anécdotas compartidas por el periodista David Zweig en un hilo de Archivos de Twitter de diciembre visto por más de 64 millones de personas, que expuso cómo el gobierno trabajó con Twitter para tratar de “amañar el debate Covid.” Resulta que este no fue el único de los tuits de Bostom que era cierto, pero que, sin embargo, fue marcado por “desinformación”.

“Una revisión de los archivos de registro de Twitter reveló que una auditoría interna, realizada después de que el abogado de Bostom se pusiera en contacto con Twitter, descubrió que sólo 1 de las 5 infracciones de Bostom era válida”, señala Zweig. “El único tuit de Bostom que todavía estaba en violación citaba datos que eran legítimos pero inconvenientes para la narrativa del establecimiento de salud pública sobre los riesgos de la gripe frente a Covid en los niños”. En otras palabras, los cinco tuits de Bostom marcados como “desinformación” eran legítimos. Al menos, cuatro de cada cinco lo eran, y eso según la propia auditoría interna de Twitter.

Burócratas árbitros de la verdad

Zweig analizó en parte cómo sucedió esto y explicó el enrevesado proceso de censura de Twitter, que dependía en gran medida de bots, contratistas en países extranjeros que carecían de la experiencia necesaria para tomar decisiones informadas, y de los altos cargos de Twitter que tenían sus propios prejuicios e incentivos. Esta estructura condujo a un resultado previsible.

“En mi revisión de los archivos internos”, escribe Zweig, “encontré innumerables casos de tuits etiquetados como ‘engañosos’ o eliminados por completo, a veces provocando suspensiones de cuentas, simplemente porque se desviaban de la orientación de los CDC o diferían de las opiniones del establishment”.

El CDC se había convertido en el árbitro de la verdad.

Suspendidos, vetados y desamparados

Esto es alarmante al menos por dos razones. En primer lugar, para cualquiera que conozca el historial del gobierno en materia de verdad, hay razones para ser escéptico a la hora de poner a cualquier agencia gubernamental a cargo de decidir qué es verdad y qué es mentira. En segundo lugar, el CDC ha sido, por decirlo amablemente, falible durante toda la pandemia. De hecho, la agencia ha estado plagada de tantas disfunciones y ha cometido tantos errores cruciales que su propio director anunció hace menos de un año que la organización necesitaba una revisión.

Así que hay razones para creer que Bostom y gente como él -incluidos epidemiólogos como el Dr. Martin Kuldorff (ex de Harvard) y el creador de la vacuna mRNA, el Dr. Robert Malone- estaban siendo suspendidos, vetados y desamparados simplemente porque Twitter no estaba bien situado para determinar qué era verdad y qué era mentira.

Sin embargo, hay razones para dudar de esta afirmación.

“Bromas preocupantes”, “inmunidad natural” y otras “posibles infracciones”

Meses después de que Zweig publicara su informe sobre los Archivos de Twitter, el periodista Matt Taibbi publicó otro análisis en profundidad del Proyecto Viralidad, una iniciativa lanzada por el Centro de Política Cibernética de la Universidad de Stanford.

El proyecto, que Taibbi describió como “un amplio esfuerzo multiplataforma para supervisar miles de millones de publicaciones en redes sociales por parte de la Universidad de Stanford, agencias federales y una serie de ONG (a menudo financiadas por el Estado)”, es digno de mención porque los funcionarios dejaron claro que uno de sus objetivos no era sólo señalar la información falsa, sino la información que era cierta pero inconveniente para los objetivos del gobierno. Los informes de “personas vacunadas que contrajeron Covid-19 de todos modos”, “bromas preocupantes” e “inmunidad natural” se caracterizaron como “violaciones potenciales”, al igual que las conversaciones “interpretadas para sugerir que el coronavirus podría haberse filtrado de un laboratorio”.

En lo que Taibbi describe como “un plan de vigilancia panindustrial de contenidos relacionados con Covid”, el Proyecto Viralidad comenzó a analizar millones de publicaciones diarias de plataformas como Twitter, YouTube, Facebook, Medium, TikTok y otros sitios de medios sociales, que se enviaban a través del sistema de tickets JIRA. El 22 de febrero de 2021, en un vídeo que ya no es público, Stanford dio la bienvenida al grupo a los líderes de los medios sociales y ofreció instrucciones sobre cómo unirse al sistema JIRA.

Verdadero, pero censurable

A diferencia de las anteriores directrices internas de Twitter, que exigían que las narraciones sobre Covid-19 fueran “demostrablemente falsas” antes de adoptar medidas de censura, el Proyecto Viralidad dejó claro que la información veraz también era susceptible si socavaba los objetivos generales del gobierno y del Proyecto Viralidad.

En concreto, se señalaron “historias reales que podrían alimentar las dudas [sobre las vacunas]”, testimonios personales sobre los efectos secundarios adversos de la vacunación, preocupaciones sobre los pasaportes de vacunación y muertes reales de personas tras la vacunación, como la de Drene Keyes.

Como señaló la NBC en 2021, Keyes, una mujer negra de 58 años, murió tras recibir la vacuna de Pfizer en febrero de 2021. Descrita como una “anciana negra” por el Virality Project, la muerte de Keyes se convirtió en un acontecimiento de “desinformación” después de que captara la atención de “grupos antivacunas”, aunque nadie negó que muriera pocas horas después de recibir la vacuna.

La táctica sediciosa de hacer preguntas

No se realizó autopsia a Keyes y no hay forma de saber si la vacuna causó su muerte. Pero el mero hecho de plantear la posibilidad podría haber dado lugar a una prohibición. Funcionarios del Proyecto Viralidad advirtieron a las plataformas que “sólo hacer preguntas” -al menos las preguntas equivocadas- era una táctica “comúnmente utilizada por los difusores de desinformación”.

Irónicamente, señala Taibbi, el propio Virality Project a menudo estaba “extravagantemente equivocado” acerca de la ciencia de Covid, describiendo los eventos de avance como “eventos extremadamente raros” (un hecho que más tarde admitió que era erróneo) e implicando que la inmunidad natural no ofrecía protección frente a Covid.

“Incluso en su informe final, [el Proyecto Viralidad] afirmó que era información errónea sugerir que la vacuna no previene la transmisión, o que los gobiernos están planeando introducir pasaportes de vacunas”, escribe Taibbi. “Ambas cosas resultaron ser ciertas”.

No pueden con la verdad

Está claro que el propósito principal del Proyecto Viralidad no era proteger a los estadounidenses de la desinformación. Su objetivo, como señala Taibbi, era conseguir que el público se sometiera a la autoridad y aceptara la narrativa Covid del Estado, en particular los pronunciamientos de figuras públicas como los doctores Anthony Fauci y Rochelle Walensky.

La política oficial puede resumirse en las inmortales palabras del coronel Nathan Jessup, el villano interpretado por Jack Nicholson en la popular película de Aaron Sorkin A Few Good Men (1992): “No puedes con la verdad”.

Es importante entender que los funcionarios públicos, al igual que el coronel Jessup, lo creen de verdad. Jessup pronuncia estas palabras con rabia en un maravilloso monólogo, después de que el teniente Daniel Kaffee (Tom Cruise) le incite a decir al tribunal lo que realmente siente. Del mismo modo, los Archivos Twitter revelan un programa diseñado para controlar la información -incluso la verdadera- porque sirve al plan del Estado.

El planificador

La última palabra -plan- es importante, porque recuerda la advertencia de Ludwig von Mises sobre quienes pretenden planificar la sociedad.

“El planificador es un dictador en potencia que quiere privar a todas las demás personas del poder de planificar y actuar según sus propios planes”, escribió Mises. “Aspira a una sola cosa: la exclusiva preeminencia absoluta de su propio plan”.

Las palabras de Mises se aplican perfectamente al Proyecto Viralidad, un programa diseñado específicamente para que la gente se someta a la narrativa y los objetivos del gobierno, no a los suyos propios. La preeminencia del plan es tan importante que requiere censurar la información y apuntar a los individuos -como hizo el Proyecto Viralidad- aunque sea cierta.

Es difícil exagerar lo orwelliano que es esto. En la novela clásica de Orwell Diecinueve Ochenta y Cuatro, Winston Smith, el protagonista de la historia, dice: “La libertad es la libertad de decir que dos más dos son cuatro”.

Orwelliano

Sin contexto, la cita no tiene mucho sentido. Pero es importante entender que Orwell veía el estatismo y la política como fuerzas destructivas de la verdad. Sus propios roces con la propaganda estatal durante la Guerra Civil española le dejaron aterrorizado de que la verdad objetiva se estuviera “desvaneciendo del mundo”, y veía al Estado como inherentemente propenso a la ofuscación y el eufemismo (independientemente del partido).

“El lenguaje político”, escribió, “está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas y los asesinatos respetables, y para dar una apariencia de solidez al puro viento”.

En el contexto de Mil novecientos ochenta y cuatro, el significado de las palabras de Winston Smith queda meridianamente claro. Decir “dos más dos son cuatro” puede ser una verdad objetiva, pero a veces la verdad objetiva va en contra del plan del Gran Hermano. Winston Smith aprende despacio, le dicen los agentes del Estado, porque parece que no puede comprender esta sencilla realidad.

A veces son cinco

Wiston: ¿Cómo puedo evitarlo? ¿Cómo puedo evitar ver lo que está delante de mis ojos? Dos y dos son cuatro.

O’Brien: A veces, Winston. A veces son cinco. A veces son tres. Otras son todos a la vez. Debes esforzarte más.

George Orwell. 1984.

Muchas personas que vivieron la pandemia de Covid-19 probablemente puedan identificarse con el terror de Mil novecientos ochenta y cuatro y el miedo de Orwell a que la verdad objetiva “se desvanezca del mundo”. Fuimos testigos de cómo funcionarios públicos decían cosas que eran demostrablemente falsas y no se enfrentaban a ninguna consecuencia, mientras que Andrew Bostom e innumerables otros eran exiliados del discurso público porque decían cosas que eran ciertas, pero que iban en contra de la narrativa del Estado.

Afortunadamente, en gran parte debido a la compra de Twitter por parte de Elon Musk, ahora sabemos cómo sucedió esto.

“El gobierno, el mundo académico y un oligopolio de competidores corporativos se organizaron rápidamente detrás de un esfuerzo secreto y unificado para controlar los mensajes políticos”, escribe Taibbi.

Un espíritu censor

Todo estaba diseñado para controlar la información. Y al hacerlo, el Estado -que de hecho intentó crear un “Consejo de Gobernanza de la Desinformación”, que los críticos no tardaron en bautizar como Ministerio de la Verdad- creó un entorno hostil a la libertad de expresión y a la verdad.

Irónicamente, a pesar de los atroces abusos cometidos contra la verdad en los últimos tres años en nombre de la lucha contra la “desinformación”, las encuestas muestran que aproximadamente la mitad de los estadounidenses creen que las empresas de medios sociales deberían censurar este tipo de material de sus sitios. Pocos parecen darse cuenta de que esto implicará casi con toda seguridad que aquellos con influencia y poder -especialmente el gobierno- decidan quién y qué se censura.

Es una receta para el desastre. La historia demuestra que no hay mayor proveedor de falsedad y propaganda que el propio gobierno. Los archivos de Twitter son un recordatorio de ello.

La sorprendente confesión del New York Times sobre la respuesta sueca a la pandemia

John Miltimore. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

Hace un par de semanas, The New York Times publicó un artículo que habría sido impensable hace unos años. “¿Cómo acabó Suecia sin mandato con una pandemia tan media?”, se preguntaba el titular.

El escritor del Times David Wallace-Wells no acepta las afirmaciones de que Suecia -que suscitó intensas críticas por negarse a entrar en bloqueo en 2020- tuvo la tasa de mortalidad excesiva más baja de Europa, con sólo un 3,3% más de muertes de lo esperado, el porcentaje más bajo entre los países de la OCDE. Pero admite que “es difícil argumentar sobre la base de la experiencia epidemiológica de Suecia que su política fue desastrosa”.

Puede que esto no parezca una gran concesión, pero lo es.

Suecia no ha cumplido con las expectativas de mortalidad

La Dama Gris informó en 2020 de que “Suecia se ha convertido en el cuento con moraleja del mundo” por su respuesta al Covid, y al Times se unió un coro de medios de comunicación (y el presidente Donald Trump) que alegaron que Suecia había “chapuceado en la pandemia” y amplificado el virus.

Hoy sabemos que no fue así. Wallace-Wells parece envidiar a Anders Tegnell -el arquitecto de la política sueca- por dar una “vuelta triunfal a través de los medios”. Pero vale la pena señalar que el epidemiólogo recibió amenazas de muerte por su respuesta a la pandemia, que parece mejor con cada semana que pasa.

El éxito de la estrategia sueca sigue siendo objeto de debate. Wallace-Wells se muestra escéptico sobre las afirmaciones suecas de que el país tuvo el menor exceso de mortalidad de Europa. Dice que el conjunto de datos es imperfecto y no está ajustado a la demografía. Pero está claro que Suecia obtuvo mejores resultados que muchos países en aislamiento. Los datos de la Organización Mundial de la Salud a los que hace referencia muestran que los suecos tuvieron una tasa media de exceso de mortalidad de 56/100.000, mucho mejor que Italia (133), Alemania (116), España (111) y el Reino Unido (109).

Independientemente de los datos que se elijan, hay un hecho indiscutible: esto no es lo que predijeron los modelizadores.

40 millones de muertos (por ejemplo)

Es importante recordar que una de las razones por las que los países entraron en bloqueo fue que el Imperial College de Londres predijo que hasta 40 millones de personas morirían en nueve meses si no se controlaba el virus. Esos mismos modeladores predijeron que Suecia sufriría 96.000 muertes en julio de 2020 si la nación no cerraba.

Y no fue así. (El número real de muertes en julio de 2020 fue de 5.700).

Así pues, tanto si se acepta la afirmación de que Suecia tuvo el menor número de muertes excesivas de Europa como si simplemente tuvo un rendimiento “medio”, está claro que los modelizadores se equivocaron terriblemente.

https://twitter.com/miltimore79/status/1288125018564464650

Wallace-Wells no aborda estos errores de modelización, pero sí subraya la ineficacia de las normativas gubernamentales. Admite que “los mandatos pueden importar algo menos que el comportamiento social y la propia enfermedad, y seguramente menos de lo que queremos creer”.

Así en Finlandia y Noruega como en Suecia

La gente seguirá debatiendo sobre los confinamientos, por supuesto. Señalarán que países como Finlandia y Noruega tuvieron menor mortalidad por Covid que Suecia, ignorando que (como Wallace-Wells también señala) estos países en realidad tenían políticas menos estrictas que Suecia durante gran parte de 2020, según el Coronavirus Government Response Tracker de Oxford. (Al parecer, los vecinos se apresuraron a adoptar el enfoque de “toque más ligero” de Suecia).

Sin embargo, esto no significa que no tengamos respuestas claras. Al principio de la pandemia, formulé una pregunta proactiva: “¿podría funcionar realmente el enfoque sueco de laissez-faire frente al coronavirus?”.

Había otro sendero

Aunque Wallace-Wells no llega a responder afirmativamente, incluye una cita reveladora de François Balloux, director del Instituto de Genética de la UCL y profesor de biología computacional en el University College de Londres.

“Lo que el ‘modelo sueco’ sugiere realmente es que las medidas de mitigación de la pandemia pueden aplicarse eficazmente de forma respetuosa y en gran medida no coercitiva”, escribe Balloux. Esto es lo más parecido a una admisión de “lo sentimos, estábamos equivocados” que es probable que veamos en el New York Times.

Declaración de Great Barrington

Después de todo, las medidas no coercitivas que menciona Balloux son precisamente las que los defensores del enfoque sueco, incluidos los firmantes de la Declaración de Great Barrington, habían defendido todo el tiempo. (Wallace-Welles tiene razón cuando señala que Suecia nunca adoptó un enfoque de “dejar hacer”, como muchos afirman).

Lamentablemente, la mayoría de los países adoptaron en su lugar medidas altamente coercitivas, incluso tiránicas, creyendo que tenían los conocimientos necesarios para planificar la sociedad. Al hacerlo, ignoraron la advertencia del Premio Nobel de Economía F.A. Hayek, quien advirtió que “si el hombre no quiere hacer más mal que bien en sus esfuerzos por mejorar el orden social, tendrá que aprender que en éste, como en todos los demás campos en los que prevalece una complejidad esencial de tipo organizado, no puede adquirir el conocimiento completo que haría posible el dominio de los acontecimientos”.

Ya lo dijo Hayek

Esta es la mayor lección de la pandemia: Los planificadores centrales no poseen los conocimientos necesarios para organizar eficazmente la sociedad, pero sí el poder para destrozar el orden social… rápidamente. Esta es precisamente la razón por la que Hayek dijo que era imperativo que los que tienen el poder aborden la sociedad con humildad.

Algunos parecen haber aprendido esta lección. Wallace-Wells dijo que “da humildad reconocer” que los mandatos simplemente eran incapaces de hacer lo que muchos creían que podían hacer. Esperemos que otros aprendan también esta lección y ofrezcan a los suecos y al Dr. Tegnell una merecida disculpa.

Cómo los confinamientos, y no el covid, marcaron a una generación

  • Los confinamientos y las restricciones han aumentado la pobreza, las carencias educativas y de desarrollo de los niños de todo el mundo.
  • Suecia, que mantuvo la normalidad, no aprecia ningún deterioro en la salud y desarrollo de sus niños.
  • Los niños nunca han sido un grupo vulnerable al covid, ni siquiera los niños inmunocomprometidos.

En la hora en que propios expertos de la OMS reconocen que las vacunas covid para niños y adolescentes no aportan beneficio reseñable (sí, como hemos leído, y todo esto más de 2 años después de promover lo contrario) por el simple hecho de su muy bajo riesgo (un estudio de enero de 2022 concluía que incluso en niños inmunocomprometidos el riesgo del covid seguía siendo bajo o muy bajo), es momento también de empezar a pedir cuentas por precisamente todo el impacto no del covid sino de la respuesta al mismo sobre la salud de niños y adolescentes.

El ejemplo de Suecia

En comparación con toda la inmensa mayoría de países embarcados en una tan extrema como experimental respuesta a una pandemia, en Suecia (el país donde jamás un niño llevó una máscara, jamás fueron confinados y jamás faltaron a sus clases), los estudios concluyen que los niños NO tuvieron ninguna falta de desarrollo y éste se produjo con plena normalidad. Repitamos: el país occidental sin mascarillas ni confinamientos vio a sus niños y adolescentes desarrollarse con plena normalidad. Tampoco se observó en la infancia sueca ningún aumento de la brecha educativa por rentas o clase social como en los demás países occidentales analizados. Y mientras casi todo el resto de Occidente veía cómo sus niños reducían en promedio un 20% su actividad física, en Suecia los niños no redujeron ésta lo más mínimo.

En Suecia es inconstitucional cerrar las escuelas. Anna Ekstrom, ministra de educación sueca explicó su decisión de no cerrar escuelas en 2020 no sólo por un derecho constitucional sino por el papel fundamental que juega la escuela en la vida de los niños. En toda Escandinavia se hizo un esfuerzo por interferir lo mínimo posible en la vida de los niños. Aunque Dinamarca decidió en marzo de 2020 cerrar las escuelas, en abril ya estaban reabriéndose con normalidad. Suecia, por cierto, no sólo nunca hizo enmascarar a ningún niño sino que tampoco recomendó nunca las vacunas covid para menores de 12 años (y para primavera de 2022 ya las desaconsejaba para menores de 18). En junio de 2022, el director del Instituto Nacional de Salud de Dinamarca afirmó “haber sido un error” haber recomendado las vacunas a los menores de edad.

Niños enmascarados

Aunque ya sabemos que las máscaras no sirven ni han servido contra virus, todos los estudios consistentes han mostrado que enmascarar a los niños no ha prevenido nada, ni estudios de España, de Finlandia o de Estados Unidos. Niños que se acabarán preguntando en un futuro por qué les hicieron taparse la boca durante 2 años o más para un virus que apenas les afectaba. Porque lo cierto es que los niños suecos tuvieron menos mortalidad que, por ejemplo, los confinados y enmascarados hasta la saciedad niños británicos.

Recordemos, igualmente, para mostrar comparativamente la pura experimentación (que consiguió China, que hiciéramos a su imagen y semejanza) en que se basó la respuesta al covid, que en 2017-18 Estados Unidos sufrió una de las más severas epidemias de gripe común de los últimos tiempos. Más de 80.000 estadounidenses fallecieron de gripe, entre ellos 180 niños. Y nunca se planteó ningún confinamiento, ningún cierre de escuelas, ningún enmascaramiento, ningún testeo masivo de la población.

Confinamientos y esperanza de vida

En países como EEUU por ejemplo se puede fácilmente comprobar cómo al menos un tercio de la pérdida de esperanza de vida en 2020 se debió a los confinamientos (que tampoco salvaron vidas). Y eso asumiendo que las muertes covid fueron correctamente contabilizadas, cuando la realidad es que muchos expertos apuntan a lo contrario, que hubo y hay una sobreestimación.

Ahora veamos la anormalidad en todos los países con imposiciones y restricciones a través de las consecuencias de éstas que la propia prensa reconocía.

Efecto sobre los niños

  • Daily Telegraph. El devastador efecto de los confinamientos en los niños británicos.

Comenta cómo muchos niños llegan a primaria sin saber pronunciar su propio nombre. En sólo un año entre 2019 y 2020, los problemas de adaptación al nivel escolar en Reino Unido aumentaron del 35% al 46%.

  • USA Today. Problemas de desarrollo cognitivos en bebés.

La denominada ‘generación covid’ tiene retrasos de desarrollo fuera de lo normal. Los niños de esta generación empiezan a hablar, caminar e interactuar más tarde. Sufren de mayor ansiedad y tendencia a la agresividad.

  • 20 Minutos. Se constata una pérdida del 35% de todo el aprendizaje de un año escolar.

La revista científica Nature Human Behaviour analizó datos de 42 estudios en 15 países, hallándose por ejemplo pérdida apreciable de capacidades que ya habían sido adquiridas y un aumento de la brecha educativa entre las clases altas y las bajas.

  • The Spectator. Datos sobre el impacto de los confinamientos en los niños.

Todos los parámetros de desarrollo infantil analizados en el estudio Early Chilhood Inequalities sufren un deterioro apreciable entre 2019 y 2021

  • NBC. Emplear más tiempo con hijos y nietos y sus gérmenes mejora nuestra respuesta al covid

Inmunidad cruzada

En diciembre de 2022, tras más de 2 años con restricciones, medios mainstream como la NBC nos vienen a decir gracias a dos estudios, justamente lo contrario de lo hasta entonces recomendado. El primer estudio en cuestión de verano de 2022 hablaba de una inmunidad cruzada de la que nos beneficiaríamos al interactuar con los niños. En concreto, el estudio halló una diferencia significativa de riesgo de hospitalización entre familias sin niños y familias con niños. Recordemos que en 2020, las autoridades difundieron el miedo anticientífico a los niños, que en lugar de supercontagiadores ahora se saben inmunizadores.

  • Journal of Medical Ethics del British Medical Journal. No son éticos los mandatos de vacunas en centros escolares y universidades cuando el riesgo para estos grupos de los refuerzos de vacunas covid parece superior al beneficio

Pasaporte sanitario

La revista de ética médica del British Medical Journal exponen la dudosa ética médica de exigir pasaporte sanitario covid y vacunas en centros escolares y universitarios, como sucedió y aún sucede en algunos casos en Estados Unidos, por ejemplo.

  • Time. Las restricciones mundiales por el covid agravaron el trabajo infantil.

El reportaje trata el caso de Bangladesh, un país con un cierre de escuelas draconiano por lo prolongado desde 2020. Save the Children reporta la misma experiencia junto con el aumento al maltrato infantil.

  • BBC. 228.000 niños fallecieron en el sudeste asiático por las restricciones covid

El artículo de basa en cifras de la ONU. Por ejemplo, comenta cómo las restricciones, confinamientos, faltas de tratamiento adecuado por esas restricciones y el olvido de otras enfermedades han hecho aumentar en estos países los casos de tuberculosis, malaria o tifus.

  • RTVE. Las mascarillas impiden a los niños identificar emociones.

Abusos y pobreza

Lo más truculento de este reportaje de la cadena pública es que busca psicólogos que intenten minimizar los daños, asegurando que ‘ya recuperarán’ lo perdido en años posteriores. Según lo cual, todo deterioro al aprendizaje puede ser justificable y fácilmente solventable, como si nunca marcara a un niño estar dos años de su pleno desarrollo con importantes carencias.

  • BBC. Una pandemia de abusos infantiles

En este caso se centra en Filipinas a partir de los datos de Unicef y Save the Children donde “más de dos años de confinamientos y cierres de escuelas dejó vulnerables a los niños en casa con padres con necesidad de obtener dinero”.

  • UNICEF. 150 millones más de niños viven en la pobreza desde la respuesta al covid

Esto ha supuesto un aumento de al menos el 15% de niños en la pobreza. Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF reconocía la responsabilidad de los confinamientos.

Ahora la cuestión es, ¿realmente estamos dispuestos a olvidar todo esto? Y tan o más importante, ¿alguien alguna vez pagará por todo el daño tan innecesariamente hecho a los niños?

Cómo y por qué Italia introdujo los confinamientos en Occidente

La eficacia de una propaganda política depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. Las doctrinas pueden ser verdaderas o falsas, pueden ser sanas o perniciosas, eso no importa. Si el adoctrinamiento está bien conducido, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea.

Aldous Huxley

  • Los confinamientos ante pandemias no tienen precedentes en la historia contemporánea
  • Las pandemias de 1918, 1957 y 1968, sin confinamientos, no produjeron daños económicos
  • Todos los estudios rigurosos no han mostrado más beneficios que perjuicios de los confinamientos
  • Italia introdujo el experimento de los confinamientos en Occidentes por razones políticas. Sus vínculos y acuerdos con China no tenían parangón en ningún país europeo en 2020

Al contrario de lo que podamos pensar, y de lo que nos hayan hecho pensar, el confinamiento de poblaciones enteras ante la aparición de un patógeno no tiene precedentes. No, al menos, en la era contemporánea. Históricamente con razón el Nobel de Química en 2013 Michael Levitt criticó los confinamientos de 2020 como una ‘estrategia medieval’.

Otras epidemias

Por ejemplo, en 1968-69 EEUU sufrió la pandemia de la gripe de Hong Kong y jamás se consideraron confinamientos. Tampoco el uso de máscaras por la población. Y se mantuvo una normalidad, tal como la celebración del histórico Festival de Música de Woodstock, un hito en la historia del movimiento hippy norteamericano.

Lo mismo podemos decir de la pandemia de gripe H2N2 de 1957-58. El abordaje de ambas pandemias fue tan alejado de cualquier medida extrema y totalitaria que apenas las recordamos. Tampoco la famosa pandemia de gripe española de 1918, la que mayor tasa de mortalidad ha producido a nivel global en la era contemporánea, generó ninguna respuesta de confinamientos poblacionales.

Es por ello que la respuesta al covid19 sí ha producido enormes y profundos daños económicos, pero vagamente la gripe española. No fue el virus, sino el desastre evitable de los confinamientos y los cierres. Los economistas Efrain Benmelech y Carola Frydman escribieron sobre la pandemia de 1918: “la gripe española apenas dejó marca en el agregado de la economía norteamericana. Incluso según algunas estimaciones la economía creció en 1919 un 1%.

El modelo chino

El covid19 desató una estrategia extrema sin precedente alguno en la historia moderna de la salud pública. La respuesta a por qué se hizo reside simplemente en una dictadura comunista que impuso su modelo. Hasta 2020, ni siquiera la OMS establecía en los protocolos de respuesta a pandemias víricas los confinamientos poblaciones como una opción sensata y científica. Igual que había descartado por cierto el uso de máscaras de acuerdo a la mejor evidencia.

Por supuesto toda estrategia cincelada por una dictadura tiene su propaganda, y los medios (en su inmensa mayoría bien regados con millones de dinero público) justificaron las medidas extremas bien con 4.000 vidas salvadas en nuestro país o bien con 450.000 poco después sin importar la incongruencia, usando los mismos tipos de modelos cocinados que el Imperial College en Reino Unido en marzo de 2020 se sacó de la manga para intentar dar aspecto científico a los confinamientos. Mientras se crearon modelos para justificar lo que la acción política de entonces quería. Se ignoraron todos los estudios robustos, minuciosos y basados en evidencias que desde 2020 echaban por tierra la utilidad de los confinamientos.

Lockdown files

Por cierto, los medios españoles parecen apenas hacerse eco de la publicación por The Telegraph, el principal y más prestigioso rotativo británico, de los Lockdown Files, Documentos o Trama del Confinamiento. Estos documentos dan para un reportaje en sí mismo, y han puesto contra las cuerdas al gobierno británico. Demuestran, con más de 100.000 mensajes, que las medidas de restricciones, confinamientos, mascarillas no se basaron en ciencia y evidencia sino en poder, política y control.

Mientras, el propio ministro de Sanidad se mofaba de los ciudadanos víctimas de los encierros. Todo ello, según confirma el Telegraph, con la cómplice colaboración de medios como la BBC para azuzar en la población un clima de medio y pánico que generase obediencia.

Mortalidad y confinamiento

  • Ya en mayo de 2020, la periodista de Bloomberg Elaine He publicó ‘Los datos del experimento del confinamiento en Europa ven la luz’ que usaba un baremo de la U. de Oxford sobre lo estricto de cada confinamiento en cada región o país. Tras comentar los diferentes enfoques de distintos países europeos y de EEUU, afirma “como se observa en los gráficos, hay muy poca correlación entre lo estricto de los confinamientos y la capacidad para reducir la mortalidad”
  • The Lancet analizó en verano 2020 datos de 50 países. Halló correlación de mortalidad covid con obesidad o tabaquismo, pero ninguno con que la población estuviera confinada.
  • Frontiers in Public Health en noviembre de 2020 presentó un análisis de 160 países durante toda la primavera verano y otoño de ese año. Concluyeron: “La adherencia a las medidas establecidas para combatir la pandemia como los confinamientos no tiene relación con la tasa de mortalidad”
  • La Universidad de Tel Aviv en Israel recopiló para otoño de 2020 los datos de movilidad que Apple publicó para millones de usuarios de iPhone. El estudio no halló ninguna correlación de la tasa de mortalidad de un área dada con lo estricto de un confinamiento ni con su duración.

Universidad de John Hopkins

En 2022 el debate de los confinamientos lo cerró un estudio de la U. John Hopkins (finalmente la prensa sí dio cuenta del mismo, como aquí ABC, o aquí La Razon) que concluyó que en el mejor de los casos la mortalidad covid la redujeron un ínfimo 0.2%, ello claro sin tener en cuenta toda la mortalidad total extra que generaron.

Pero, ¿por qué precisamente Italia fue el abanderado occidental de los confinamientos que hizo a los demás países imponer dicha estrategia medieval? No fue sin duda casualidad. Y las razones profundas y verdaderas para entenderlo no residen en la epidemiología de febrero de 2020 sino realmente en otra cuestión: la política.

Cómo Xi Jinping cerró el mundo

El columnista y abogado de San Francisco Michael P. Senger realiza una labor de investigación encomiable en su best-seller que traducido se leería como “Encantador de serpientes: Cómo Xi Jinping cerró el mundo”. En él, establece las claves para entender el papel fundamental de Italia para desatar en Occidente entero como un dominó la espiral de encerrar a las poblaciones en sus casas a pesar de no tener ni precedentes históricos ni evidencia científica. Imponiendo por tanto un modelo de corte dictatorial sin ciencia ni ética. Y para resumirlo, nos ceñiremos objetivamente a hechos, sucesos y eventos contrastados y contrastables.

Italia, desde el inicio de su república en el siglo XIX ha sabido mantener una democracia formal con un grado elevado de corrupción endémica propio de otro tipo de países. En 2013, el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo empezó a despuntar como un partido populista, una plataforma política que estableció tempranos vínculos e influencias de China que no hizo sino reforzarlas conforme fue ganando poder, tal como incluso reconocía el New York Times hablando de las alianzas de Italia con China justo un año antes de todos estos eventos, en marzo de 2019.

Italia

En 2018 Giuseppe Conte, del Movimiento 5 Estrellas, había logrado ser nombrado primer ministro de Italia. Y no por casualidad pronto Italia fue el primer país europeo en firmar un acuerdo de infraestructuras sin precedentes en nuestro continente con el país comunista.

Justo el mismo día en que se cierra ese acuerdo, el 23 de marzo de 2019, el entonces ministro italiano de sanidad, el también miembro del 5 Estrellas Giulia Grillo firmó un acuerdo bilateral China-Italia denominado ‘Plan de Acción de Cooperación Sanitaria’.

En realidad, ese plan era una continuación de la cooperación sanitaria iniciada por el antiguo primer ministro italiano miembro del Partido Comunista del país en el año 2000, Massimo D’Alema. Para 2019, D’Alema servía a la estructura del Partido Comunista de China y lideraba un nuevo partido italiano, el Articolo Uno.

En septiembre de 2019, Roberto Speranza debuta como nuevo ministro de sanidad siendo miembro del partido Articolo Uno y justo un mes después el primer ministro Conte visita las oficinas de Technogenetics, una empresa china en Italia que desarrollaría semanas después los primeros test PCR que se usaron en Wuhan. Es difícil no asombrarse de este cúmulo de acontecimientos que resulta hoy imposibles analizarlos como casualidad.

Diplomacia china

El 8 de noviembre de 2019 el ministro de sanidad Speranza firmó un acuerdo de implementación del arriba mencionado acuerdo de cooperación sanitaria de meses atrás y el día 23 de ese mes el fundador del Movimiento 5 Estrellas Beppe Grillo tuvo un largo encuentro con el embajador chino del que nunca trascendió nada.

El 21 de febrero de 2020 Lombardía anunció el primer confinamiento al estilo de China, y dos días después fue la primera vez que un país occidental declaró legalmente un confinamiento en la historia moderna.

El 9 de marzo Italia declara por primera vez un confinamiento nacional, al poco de lo cual enviados de China recomiendan a las autoridades italianas las más duras medidas posibles. A partir de entonces comenzó una avalancha de pánico y desinformación coordinada desde China en Italia y muchas imágenes de muerte e incluso camiones militares con cadáveres que luego se demostraron noticias o imágenes falsas, falsas, falsas y falsas.

Fiarse del Gobierno no es una buena idea

Es difícil saber si algún día conoceremos toda la verdad o la parte esencial de ella, o al menos la llegará a conocer nuestra generación, sobre las manipulaciones, los fraudes y las mentiras que condujeron a encerrar a docenas de millones de personas en el mundo a partir de 2020 y que produjo tal catástrofe social, y ello sin haber además tenido ninguna utilidad para lo que se justificaron.

Si algo deberíamos haber aprendido de aquellos sucesos es que el Gobierno y las autoridades públicas son muchas veces las últimas personas y organizaciones en que se puede confiar. Como algún liberal en las redes acuñó durante 2020, ‘la mejor teoría de la conspiración es creer que el Gobierno está para cuidar de ti’.

‘Lockdown files’: no volvamos a dejar que el Gobierno nos dé un susto de muerte

Laura Dodsworth. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

Sanobar y su hijo vivían en una habitación individual. El niño de nueve años estaba tan aterrorizado por el coronavirus que no quiso ir a la escuela durante el encierro, a pesar de tener derecho a ello como niño vulnerable. De hecho, no salió de la “frontera de las cuatro paredes” durante semanas y apenas abandonó la cama en la que dormía, comía y hacía los deberes. A los nueve años tomó una sobredosis para escapar del miedo.

Jane me contó que cuando empezó el encierro sintió que un “manto de ansiedad” se posaba sobre sus hombros. Veía las sesiones informativas de Downing Street y leía las noticias todos los días. Como ella misma dijo, “los titulares truculentos se sucedían con rapidez”. Todos los días se despertaba temblando de pies a cabeza, con ataques de ansiedad. Llegó a necesitar medicación para hacer frente a la ansiedad inducida por el alarmismo.

Susan, de 15 años, empezó a autolesionarse. Rosie, de 13 años, sufrió ataques de pánico. La madre de Jimmy lo encontró después de que atentara contra su vida. Los hombres me hablaron de TOC, ansiedad, agorafobia y TEPT. El aumento de muertes relacionadas con el alcohol, las recaídas en las drogas y el síndrome de ansiedad Covid están bien documentados.

Lockdown files

Estos son sólo algunos ejemplos de las víctimas ocultas de la pandemia que encontré mientras investigaba mi libro Un estado de miedo. Sus historias revelan el coste humano del uso por parte del Gobierno de la propaganda, la psicología conductual y la militarización del miedo durante la pandemia, expuestas de forma concluyente en los Lockdown Files de The Telegraph. Sin embargo, todavía hay quien decide no verlo.

A nadie le gusta creer que puede ser manipulado, y mucho menos que ha sido manipulado. Es más fácil creer que eran necesarias medidas no demostradas (y a veces inútiles) como llevar máscaras, pararse sobre puntos espaciados y quedarse en casa durante meses, que admitir haber sido estafado por unos niveles de miedo desproporcionados.

La disonancia cognitiva se produce cuando nos encontramos con información que contradice nuestra percepción del mundo y no encaja con nuestra idea de la realidad”, explica el psicólogo Patrick Fagan. Las investigaciones demuestran que la actividad cerebral se dispara cuando se nos presenta algo que no tiene sentido y no encaja con nuestras expectativas. Modificar la idea de la realidad es doloroso y difícil. La mente sólo te deja ver lo que cree que puedes soportar. Es muy traumático darse cuenta de que te mintieron personas en las que confiabas e hicieron cosas perjudiciales. Así que adoptas mecanismos psicológicos de defensa, como la negación, la minimización, la racionalización y la proyección”.

“Proyecto miedo”

Desde que se publicaron los mensajes de WhatsApp de Matt Hancock la semana pasada, hemos visto cómo se han puesto en marcha algunos de estos mecanismos de defensa. Algunas personas niegan rotundamente la autenticidad de los mensajes, otras afirman que han sido “seleccionados” para crear una narrativa parcial. La gente racionaliza que la gravedad de la situación justifica la intención de Hancock de “asustarnos”.

Creen que el “Proyecto Miedo” formaba parte de una noble mentira por el bien común. (Aunque eso ignora lo que los mensajes también revelaron sobre la comprensión temprana de la estratificación del riesgo por edad y comorbilidad. Nunca tuvimos todos el mismo riesgo). Los periodistas se han vuelto contra Isabel Oakeshott y han hecho de ella la historia, en lugar de interrogar el contenido de los mensajes de WhatsApp – hace más fácil ignorar su fracaso a la hora de hacer las preguntas correctas en su momento.

Esta disonancia cognitiva fue, irónicamente, en parte una consecuencia ex post facto del propio encierro. Un estudio descubrió que la gente juzgaba el riesgo de Covid basándose en el hecho de que el Gobierno impusiera restricciones; en otras palabras, pensaban que debía ser realmente malo que el Gobierno hiciera algo tan drástico.

La pandemia como herramienta del poder

Lo que significa que ahora la gente simplemente no puede creer las pruebas que tiene delante de sus propios ojos. Me han preguntado muchas veces, ‘¿pero por qué iba el gobierno a asustarnos deliberadamente?’. La respuesta es sencilla: nos asustaron para obligarnos a cumplir el encierro. Todo empezó con las infames actas del SPI-B, en las que se afirmaba que “es necesario aumentar el nivel percibido de amenaza personal entre quienes son complacientes utilizando mensajes emocionales contundentes”. Esa fue la prueba A en la hipótesis de Un Estado de Miedo, que estableció una batería de armas desde estadísticas distorsionadas, multas exorbitantes, “codazos” y anuncios engañosos en la televisión nacional para controlar a la población durante la pandemia.

Las acusaciones más contundentes no provenían de mí, sino de personas con información privilegiada que rompieron su tapadera para compartir sus profundos recelos. Un científico del SPI-B advirtió del creciente autoritarismo en el gobierno: “la gente utiliza la pandemia para hacerse con el poder y llevar a cabo cosas que de otro modo no ocurrirían… Tenemos que tener mucho cuidado con el autoritarismo que se está introduciendo”.

Otro científico del SPI-B admitió su preocupación por el hecho de que “hemos permitido que nos gobiernen de esta manera… Está en el nombre de la unidad en la que estoy, es un comportamiento. Se podría llamar a la psicología ‘control mental’. Eso es lo que hacemos… Está claro que intentamos hacerlo de forma positiva, pero en el pasado se ha utilizado de forma nefasta. La psicología se ha utilizado con fines perversos. No quiero entrar demasiado en esto porque es distópico y es lo que me despierta a las 3 de la mañana”.

Una campaña para asustar al público

Otro describió la psicología como un “arma”. Sin una vacuna, la psicología es tu principal arma… La psicología ha tenido una epidemia realmente buena”. Cuando los psicólogos que asesoran al Gobierno describen lo que están haciendo como “totalitario” y “distópico”, deberías prestar atención.

En un artículo de mea culpa publicado en UnHerd, el fundador de Nudge Unit, Simon Ruda, también lamentó el uso del miedo, e incluso Rishi Sunak declaró a The Spectator que lamenta el “mensaje del miedo”.

Y ahora, gracias a The Telegraph lo tenemos en las propias palabras de Matt Hancock: quería “asustar a todo el mundo” con la “nueva variante” que quería “desplegar”. En aquel momento, a algunos de nosotros no se nos pasó por alto que las variantes podían utilizarse para volver a infundir miedo. En mi libro advertí sobre las “variantes”. El profesor Hugh Pennington, de la Universidad de Aberdeen, acusó al Gobierno, en un artículo publicado en el Express en enero de 2021, de llevar a cabo una “campaña de propaganda” para asustar al público lo suficiente como para que siguiera las medidas de confinamiento. Es muy frustrante. En el fondo de mi corazón creo que hay una campaña de propaganda para asustar al público”.

Estado policial

Varios científicos pidieron calma, reiteraron que los virus mutan y que aún no había pruebas de que esta variante en particular fuera más transmisible o mortal. Sin embargo, el Gobierno dio un giro de 180 grados el 16 de diciembre de 2020 y cambió las reglas. La variante Kent parece haber proporcionado una justificación psicológica para las acciones que el Gobierno quería tomar de todos modos. Las variantes del virus suelen ser más infecciosas y menos peligrosas. Fue engañoso en extremo utilizar nuevas “variantes” para hacer que la gente se atrincherara más en casa.

Además de las variantes, es obvio que el Gobierno quería utilizar toda la fuerza de la ley y de la policía para asustar a la gente y hacerla obedecer. Los Lockdown Files han revelado que Hancock dijo a otros ministros que “se pusieran duros” con la policía. En lugar de oponerse a esta aparente interferencia operativa, la policía parece haberla tomado esto y le dio curso. Las protestas por los confinamientos fueron vigiladas con bastante brutalidad. Me amenazaron con detenerme cuando cubría una protesta, y un agente demasiado entusiasta y agresivo me quitó el carné de prensa y me pidió mi “contraseña” para la Asociación de la Prensa. Se imponían multas por sentarse en los bancos de un parque o dar un paseo con un amigo, que podían ascender a 10.000 libras. Era una locura autoritaria que dañará aún más la confianza en la policía de este país.

Las mascarillas como uniforme del miedo

Las comunicaciones privadas también confirman lo que ya he revelado: las mascarillas pretendían ser una señal, un signo visible de peligro. Los expertos nos dijeron desde el principio que no necesitábamos máscaras. Luego se impusieron las mascarillas a pesar de que no había nuevas pruebas. La revisión Cochrane de referencia, que concluyó que “el uso de mascarillas en la comunidad probablemente apenas influye en el resultado de las enfermedades similares a la gripe”, es el último clavo en el ataúd.

Nunca fue proporcionado ni ético asustar a la gente para obligarla a seguir las normas. He pedido muchas veces que el Gobierno investigue su propio uso de la psicología conductual y que se consulte al público. No existe ningún consentimiento público para la manipulación subliminal.

Sobre todo, no creo que nada de esto fuera ni de lejos necesario. La gente modificó su comportamiento por su cuenta antes de los cierres porque, de todos modos, las pandemias dan miedo. Las infecciones disminuyeron antes de los confinamientos. El primer consejo, que Covid no era una amenaza para la mayoría, debería haberse mantenido en lugar de exagerar el riesgo.

Esta semana me preguntan si me siento reivindicado por los Lockdown Files. No hay satisfacción en tener razón. Estos políticos y funcionarios se rieron de encerrar a la gente en cajas de zapatos en cuarentena. Decidieron despreocupadamente no reabrir las escuelas. Querían que la policía “se pusiera pesada”. No podían ver los inconvenientes de pedir a los alumnos que llevaran máscaras en las escuelas. Engañaron deliberadamente al país sobre los peligros de las variantes. Se creían con el derecho divino de asustar, avergonzar y culpabilizar a la gente para que hiciera lo que ellos querían. Y no tenían ni idea de lo que habían hecho a Sanobar, Jane, Susan, Rosie, Jimmy y todos los demás.

Cómo la censura, la propaganda y el miedo implantaron la pseudociencia de las mascarillas

Era el 4 de marzo de 2020 cuando la autoridad reguladora de publicidad en Reino Unido, la ASA, prohibió dos anuncios de fabricantes de máscaras por decir que prevenían la propagación de virus. En efecto, es lo que decía toda la ciencia y evidencia existentes, pues uno tras otro todos los estudios controlados sobre gripe y virus respiratorios habían fracasado siempre en hallar utilidad a llevar una máscara (ver 1 y 2 artículos detallados). En 2013 la OMS en su Twitter oficial confirmaba que no eran útiles contra gripe y otros virus, e incluso fue más allá afirmando que “su mal uso podría aumentar el riesgo”.

Recientemente, el Dr Jha, asesor sanitario de la Casa Blanca reconocía que no hay estudio que muestre que las máscaras -refiriéndose a las de tela y quirúrgicas- funcionan contra virus, y veremos más adelante cómo el primer estudio controlado de máscara quirúrgica vs FPP2 frente a covid no halló diferencias estadísticas. También recientemente vimos cómo las muchedumbres de fans sin máscaras en el Mundial de Qatar indignaron a los chinos, igual que aquí pasaba unos meses antes, y eso sin embargo a que de nuevo no hay correlación: Qatar durante y tras el mundial tuvo contagios a la baja sin usar máscaras, al mismo tiempo que la enmascarada al 100% Hong Kong experimentó un ascenso de los mismos de modo semejante a Corea del Norte. Otro pretendido argumento curioso (por lo simple que es desmontar) es que en 2021 la gripe se desvaneció por el uso de máscaras, argumento chocante al menos por dos razones evidentes:

  • ¿Si tan útiles eran esas máscaras por qué hubo en 2021 diversos repuntes de contagios de covid y niveles de transmisión importantes?
  • ¿Si tan buenas eran esas máscaras contra la gripe por qué en 2021 tampoco hubo gripe en los países que no usaron máscaras? Veamos cómo Suecia, el país sin máscaras, vio desvanecerse la gripe al mismo tiempo que EEUU y poco después de por ejemplo Australia en el otro hemisferio.

Como más de dos años nos han mostrado, todas las olas y repuntes en todo el mundo observando regiones, estados, condados, países van y vienen sin la más mínima influencia del uso o no de máscaras.

A pesar de la evidencia, por desgracia sigue habiendo autoridades que la niegan como el departamento de salud del estado de Colorado, aunque incluso sus propios datos muestran nula diferencia entre condados con y sin máscaras. El nivel de negación de la realidad puede ser realmente preocupante por las propias autoridades sanitarias que se presumen informadas.

Rastreando el punto en que se empezó a negar la evidencia y crearse una ciencia creencia paralela, todo cambió en algún punto entre marzo y abril de 2020. En marzo de 2020, Anthony Fauci en EEUU decía en público que las máscaras no tenían sentido para el común de la población (aquí en el programa de máxima audiencia 60 Minutes), lo mismo que decía Fernando Simón en España. Es más, el propio Fauci reconocía que las máscaras no tenían utilidad cuando el 31 de marzo de 2020 dijo en correos electrónicos -revelados tiempo después- a gente de su confianza y departamento que no la usaran en su vida diaria. Era lo que en efecto decía la evidencia.

Antes de regresar a Fauci y su cambiante opinión, merece la pena saber que en verano de 2022 se publicó el probablemente mejor estudio observacional sobre máscaras y covid. Probablemente el mejor porque compara durante meses dos distritos escolares cercanos en Dakota del Norte con una política y uso real de máscaras diametralmente opuestas en escuelas, con casi idéntica población escolar (12.000 estudiantes por distrito) y misma distribución socio-económica y racial-cultural (80% blancos, 80% clase media y alta), incluso mismos alumnos promedio por clase (entre 19 y 23 según el curso). Hablamos de los distritos de Fargo y West Fargo. Es más, todas las demás posibles ‘medidas covid’ fueron idénticas en cuanto a tests, limpieza, reuniones y aglomeraciones, ventilación, cuarentenas…etc La única variable distinta, y radicalmente distinta, fue el uso de máscaras. En un distrito los escolares estaban obligados a usarlas, en el otro no. La Dra Tracy Hoeg y el profesor de políticas de salud pública Neeraj Stood de la U. de California del Sur junto con el analista de datos Josh Stevenson establecieron el uso real de máscaras por prácticamente el 100% en el distrito con obligación y no superior al 5% en el distrito sin obligación, entre inicio septiembre 2021 y final enero 2022. Recordemos que toda medida fue idéntica en distritos escolares perfectamente intercambiables, excepto el uso de máscaras. Parece el estudio observacional definitivo sobre máscaras ¿Cuál fue la diferencia entre que el 100% la usara versus que el 95% como mínimo nunca la usara? Éstos son los resultados brutos gráficamente.

En números acumulados totales, en un distrito hubo un 12,9% de contagios entre escolares, en otro un 13,0%. Es casi imposible números más iguales. Podemos ir un paso más allá que corrobora de nuevo el impacto e influencia cero de usar o no máscaras a la hora de contagiarse o no. A finales de enero el distrito escolar con máscaras obligatorias dejó de hacerla obligatoria. ¿Qué ocurrió? Pues los contagios empezaron a caer, exactamente igual que cayeron también en el distrito que nunca uso máscaras. Los autores, en las conclusiones, afirman: “Esto es consistente con la literatura científica”.

Así es, pues de hecho Journal of Infection publica en diciembre de 2022 un estudio sobre la ausencia de correlación entre uso de máscaras en escuelas y contagios. Más gráficamente aún, vemos incluso como en promedio todos los distritos escolares con máscaras obligatorias en EEUU tuvieron más contagios en 2020 y 2021, y no menos según la recopilación de datos de la doctora en economía Emily Oster de la Universidad de Brown.

En noviembre de 2022 se publicó otro estudio, éste de referencia al ser controlado y el primero que se hizo de este tipo sobre efectividad de máscaras FPP2/N95 versus máscaras quirúrgicas frente al covid.  Se intentó refrendar con un estudio de la mayor calidad posible en la vida real la creencia de que las FPP2 aportan una protección significativa superior a las quirúrgicas, tal como numerosas autoridades desde 2021 especialmente han asegurado. Aparecido en el Annals of Internal Medicine, el estudio llevado a cabo en 29 centros sanitarios de países como Canadá, Israel o Egipto entrenó a sanitarios para llevar o bien sólo y constantemente una máscara quirúrgica o bien sólo y constantemente una FPP2 perfectamente ajustada, controlándose cada grupo de sujetos durante 10 semanas con tests rutinarios de covid para evaluar incidencias de contagios. En total se controlaron a unos 500 sujetos con máscara quirúrgica y a unos 500 con FPP2. ¿El resultado final? 47 versus 52 contagios, es decir, ‘sin diferencia estadística’. En realidad, el resultado no debería sorprender ya que los mandatos de máscaras FFP2 que hubo en Baviera en Alemania y en Austria durante 2020-2021 nunca produjeron niveles de transmisión/contagios inferiores a regiones vecinas. Tampoco debería sorprendernos cuando al menos un estudio controlado en enfermeras halló incluso que no había diferencias de contagios de gripe entre usar FFP2 ajustada o no ajustada. Esto es, el ajuste es importante cuando el dispositivo puede filtrar virus, pero una FFP2 no puede hacerlo.

Volviendo a Fauci, recordábamos que afirmaba la inutilidad de las máscaras el 31 de marzo de 2020. Pues bien, la primera recomendación de Fauci para el enmascaramiento fue el 3 de abril, 72 horas después de decir lo contrario a gente de su entorno. ¿Qué cambió en esos 3 días? Precisamente el 23 de noviembre de 2022 Fauci testificó a puerta cerrada durante 7 horas en un caso abierto en los tribunales por los fiscales generales de los estados de Missouri y Luisiana a cuenta de la colisión de las tecnológicas como correas de transmisión de la administración Biden para suprimir la libertad de expresión. Y digo precisamente porque, aun siendo a puerta cerrada, tenemos la transcripción del testimonio de Fauci donde se le pregunta también sobre la política de máscaras.

Específicamente en el interrogatorio se le pregunta sobre su cambio de 180 grados con las máscaras casi en horas. Dice que habló con distintas personas. Pero no recuerda con quién. Se le pregunta si algún estudio le hizo cambiar de opinión. No puede citar ningún estudio en la respuesta. Ninguno. En este testimonio judicial Fauci estaba obligado a no mentir. Uno de los fiscales remarca el hecho de que no es capaz de citar ni un estudio para acabar recomendando a la gente a usar máscaras, y de que EEUU empezó luego a obligar a su uso sin un estudio claro de su utilidad. Aún más irracional todo, el 5 de abril de 2020, dos días después de iniciar su apoyo público a las máscaras, seguía recomendando no usarlas a su entorno, pues ese día se lo dijo por email a Sylvia Burwell, ex secretaria de Salud con Obama, información que hoy sabemos gracias a la desclasificación de sus mails en 2021. En una aún no censurada entrevista en Bloomberg meses antes, en 2019, Fauci afirmó sin dudarlo que usar máscaras no evita enfermedades de transmisión viral, y dijo literalmente: “hay que evitar estas cosas paranoicas” (aquí el extracto).

Para entender la inoculación en la sociedad de la post-verdad de las máscaras hay que entender el escenario de censura y miedo que se propició y alentó desde las instituciones.

En diciembre de 2022, la prestigiosa revista liberal-conservadora británica The Spectator publicó un artículo de investigación de alcance sobre Matt Hancock, el secretario de Salud de Reino Unido en marzo de 2020, que ha llegado a ser de los artículos recientes más leídos de esta revista. En él se expone negro sobre blanco cómo la imposición de máscaras fue una decisión exclusivamente política, nunca científica. Literalmente dice: “La gente tenía que llevar máscaras porque Cummings (asesor político de Boris Johnson) estaba obsesionado con ellas; porque a Nicola Sturgeon (ministra de Escocia) estaba a favor; y por encima de todo por el simbolismo que daba de una emergencia pública”. En febrero, se dijo a los ministros británicos que las máscaras no eran útiles y en abril de 2020 el Nervtag, un grupo asesor sobre virus respiratorios, les reiteraba lo mismo sin modificar semanas después dicho consejo científico. Como desvela The Spectator, fue la obsesión enfermiza del estratega de confianza de Boris Johnson, Cummings, quien logró inicialmente imponer su uso en espacios hospitalarios y posteriormente en locales cerrados. Incluso Chris Whitty, epidemiólogo en jefe del gobierno británico, seguía a final de primavera reiterándole en comunicaciones privadas al secretario de Salud Hancock que no tenía sentido obligar a todo el mundo a ponerse una máscara. La respuesta de Hancock fue francamente reveladora e inquietante: “No veo razón para no usar la fuerza del Estado para obligarla”.

Como en 2021 reveló el diario de referencia The Telegraph, la imposición de máscaras fue, según denunciaron decenas de psicólogos, parte de una estrategia de inoculación de miedo y pánico a la población para manipular su comportamiento e incrementar su obediencia a normas y restricciones. Como hizo público este diario en esa pieza, a final de marzo de 2020, el SPI-B, un grupo británico asesor sobre respuesta al covid escribió en un informe: “Un substancial número de personas no se sienten suficientemente amenazadas…necesitamos incrementar la sensación de amenaza entre aquellos que aún siguen relajados usando mensajes agresivamente emocionales.” Un miembro anónimo del SAGE (Grupo Científico Asesor para Emergencias del gobierno anglosajón) admitió al diario: “Los británicos han sido sometidos a un experimento psicológico no evaluado sin decírselo. Todo ha tratado sobre manipular el comportamiento en la dirección que unas élites han decidido, en lugar de decidir primero si eso era o no lo correcto”. Gary Sidley, psicólogo clínico retirado del británico Servicio Nacional de Salud, escribió junto con 46 colegas a la Bristish Phsychological Society preocupados por “las actividades de psicólogos contratados por el gobierno con la misión de obtener obediencia social”.

Que los noticieros y telediarios durante literalmente meses y meses ocuparan más del 70% de su tiempo con noticias del covid con imágenes y mensajes cada día más tremendos, más aterradores y con más camas y UCIs que curiosamente nunca habíamos visto por ejemplo para los miles de fallecidos de gripe cada año parece que no fue algo precisamente espontáneo de los medios, sino parte de una estrategia de comunicación pretendida por las instituciones y poderes políticos y fácticos. Hoy por ejemplo también sabemos gracias a la compra de Twitter por Elon Musk que esta red social censuró y bloqueó a médicos y doctores expresamente señalados por el gobierno de EEUU por no adherirse a una narrativa concreta respecto al covid. Es más, el gobierno llegó a pagar millones de dólares a las redes sociales para hacer efectiva dicha censura. Relea la última frase porque por impensable que parezca así fue.

En España, la ex portavoz parlamentaria de Sanidad en tiempos de Julio Anguita Ángeles Maestro en 2021 reveló cómo el Comité Asesor liderado por Fernando Simón fue desde marzo de 2020 informado que el carácter de toda decisión sobre el covid en España sería política antes que científica.

Hoy, gracias a la acción legal de ciudadanos, se han desvelado informaciones y datos también por ejemplo de las autoridades canadienses a la hora de imponer en 2020 el uso de máscaras. El grueso del debate interno entre los burócratas canadienses fue entre el 11 de abril y el 16 de mayo. Lo más llamativo de ese debate, ya no debería ser sorpresa, es que éste no trató de ciencia ni evidencias, sino fue puramente político. Barbara Raymond confirmó en abril de 2020 en mails con miembros del gobierno canadiense que “la evidencia sobre el uso de máscaras en espacios no hospitalarios es limitada en calidad y cantidad”. Es francamente difícil exagerar lo pseudocientífico, o podríamos decir más propiamente anticientífico, del uso de máscaras frente a virus. Lo más preocupante no es ya el hecho en sí de la imposición social y psicológica de estos artilugios sino la capacidad de la imposición de cualquier imaginable cosa por falsa o absurda que sea mediante el uso de la propaganda, la censura y el miedo.