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Etiqueta: Elecciones generales

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXIV): un análisis ancap de las elecciones del 23J

Es muy difícil realizar pronósticos en política y mucho más en situaciones como la que ha resultado del escrutinio de los votos en las elecciones generales del 23 de julio de 2023. Por supuesto, el resultado es anárquico, como acostumbra a ser siempre en un gobierno que requiere de coaliciones. Pero en este caso lo es aún en mayor grado.

Un gobierno de coalición

Un gobierno de coalición en principio requiere que se agrupen varios grupos de diputados, asociados estos a partidos, aunque a veces actúan por su cuenta, dado que el escaño en España es “suyo”. Y pactan quienes de ellos van a ocupar los cargos de mayor poder y prestigio dentro del nuevo gobierno. Pero aún siendo anárquica, hay ciertas reglas tácitas en las coaliciones que podrían dificultar, no impedir, cualquier coalición. Pues si no, lo más fácil sería la llamada coalición mínima dominante.

Esto es, la coalición que sume reuniendo el número mínimo posible de fuerzas. Por ejemplo, una coalición PSOE, Sumar y Vox sumaría para formar gobierno. U otra PP, Vox, Bildu. Pero aunque no existiendo ningún obstáculo legal alguno a que se den, sí que existen vetos tácitos, bien conocidos por los jugadores políticos, para que ese tipo de coaliciones se produzcan.

La política democrática es un juego con vetos, pero la gracia del juego es que estos vetos pueden ser eludidos por sorpresa descolocando al rival. La jugada de Pedro Sánchez hace cuatro años pactando con Bildu y ERC (pese a prometer en campaña lo contrario), ambos supuestamente vetados por los grandes partidos “constitucionalistas” del régimen, alteró sustancialmente el panorama político español. De hecho, el aparente refrendo de una parte sustancial de los electores a tal maniobra hace que tales vetos desaparezcan y se quieran sustituir por otros nuevos como el de no pactar con la supuesta “ultraderecha” de Vox.

Disciplina de voto

Tampoco existiría obstáculo alguno a que un grupo de diputados de un partido rompa la disciplina de voto, como los socialistas “buenos” a los que se refería el ex portavoz de Vox Espinosa de los Monteros, y apoyen a un gobierno de otro partido. Hay muy pocas posibilidades de que tal fenómeno se dé, aunque no es algo imposible. Y no se da, porque los diputados díscolos no ganan nada en la operación. Al votar contra el partido quedan sin opciones de repetir en las siguientes elecciones y muy probablemente no sería bien vistos, por lo menos a corto plazo, en él los partidos rivales que no podrían integrarlo a corto plazo.

Su partido aparecería como una organización que no es quién de controlar a sus diputados y probablemente acabaría dividida en facciones o disuelta, lo que también llevaría a que a medio plazo esos diputados perdiesen su puesto, aún en el caso de que no hubiesen sido expulsados. Quedarían, eso sí, con la gratitud y el respeto de la parte de España que coincidiese con ellos, y con la buena conciencia de una acción noble y con la animadversión de antiguos amigos y compañeros de filas y con la llamada en algunos medios anti-España que a veces es más grande que la otra.

Descartada la adquisición de votos de diputados socialistas, pasemos a analizar cuáles son las posibles estrategias de investidura. Para ello analizaré los dos principales bloques en los que se configura la política española.

El bloque de la derecha

El bloque de la derecha aparentemente debería tenerlo fácil, pues si se suman todos los partidos de esta tendencia dan 184 escaños. Pero es aquí donde aparecen los vetos cruzados, por ejemplo, de Vox y Junts, que incluyen incluso una acusación particular del partido de Abascal contra Puigdemont. El PNV, por su parte, parece sentirse más cómodo con el bloque progresista, de hecho gobierna en coalición con el PSOE en el País vasco, y ha manifestado su intención de apoyarlo (salvo que sea una estrategia para negociar una mejor contraprestación a su apoyo al PP). 

También podría ser que el PP usase a Coalición canaria, socia del PNV en las elecciones europeas, como intermediaria para llegar a acercamientos. En un principio, Vox parece haberse echado a un lado y ha manifestado su apoyo a la investidura de Feijóo si este consigue los apoyos, por otro lado. En principio parece oponerse a un pacto con Junts, pero cabría esperar que VOX, después de sus conflictos internos, no tenga gran interés en una repetición de elecciones. Tampoco le conviene aparecer delante de los votantes de derechas como el culpable de la investidura de un gobierno que ellos denominan de destrucción nacional.

Una España rota y roja

Pactando con Junts podría haber una España rota, pero dejar gobernar a Sánchez implicaría también una España rota y además roja, por usar la vieja metáfora de Calvo Sotelo. El pacto del PP con Junts es casi imposible, por las diferencias que ambos mantienen sobre la cuestión nacional. Pero de haber alguien capacitado para hacerlo ese es Núñez Feijóo, que fue presidente durante años de una comunidad autónoma en la que la cuestión nacional está presente. Y sobre todo porque su partido, al haber integrado en su momento a los nacionalistas gallegos de derecha, ocupa un papel semejante al que Junts o sus antecesores de Convergencia Democrática de Catalunya jugaban antes del proces. Papel que siguen en buena parte desempeñando: el de agrupar a los votantes de derecha con sentido identitario catalán.

De hecho, desde un punto de vista sociológico, los votantes de PP y Junts provienen de los mismos estratos de población y comparten entre sí la mayor parte de valores, salvo el de la identidad nacional. En su negociación con Junts podría jugar a favor de Feijóo la emergencia de una fuerza de ultraderecha identitaria, pero de perfil independentista catalán. Ésta no vería con buenos ojos una hipotética deriva izquierdista y españolista de Junts en el caso de apoyar al gobierno de progreso liderado por Sánchez. Y podría presentarse a las elecciones autonómicas catalanas amenazando sus resultados. Recordemos que para un partido nacionalista no es precisamente un timbre de gloria el participar en la gobernación del estado español y que Esquerra perdió muchos apoyos precisamente por aparecer como un partido sumiso al PSOE español.

Las bazas de Feijoo

Sin embargo, la principal baza negociadora de Feijoo, dejando aparte los vetos ideológicos, es que Feijoo sólo necesita del apoyo de uno de los dos partidos nacionalistas de derecha del parlamento español y con el apoyo de solamente uno de los dos saldría seguro, claro está de mantener Vox su palabra de dejarle libertad de pacto. Esto es muy relevante a efecto de negociar, porque lo que más podrían temer Junts o PNV es que Feijoo fuese quien de pactar con alguno de los dos, dejando a la otra fuerza totalmente descolocada.

Imaginemos un pacto del PP (conVox) con Coalición Canaria y los nacionalistas vascos, que sumaría mayoría por los pelos. En esa situación toda la capacidad negociadora de Junts quedaría reducida a cenizas y con ella todas las concesiones que esperaba obtener. Se convertiría en un partido irrelevante a efectos de gobernación y sería una situación con difícil explicación a sus electores.

La constitución de la mesa del Congreso

Algo semejante le ocurriría al PNV si Feijoo pudiese negociar un apoyo o más probablemente una abstención con los nacionalistas catalanes. Aún a pesar de contar con una mejor capacidad negociadora, es muy posible que se impongan los vetos o el mayor atractivo de pactar con el PSOE, que les sirve de apoyo en sus respectivos gobiernos locales o autonómicos.

La constitución de la mesa del congreso fue un buen ejemplo. Las izquierdas y los nacionalismos de derecha fueron quienes de pactar y obtener la mayoría frente a la incapacidad de las derechas españolas de obtener apoyos, incluso votando a candidatos diferentes, Vox y PP. La imagen que dieron desde luego no parece apuntar a que sean capaces de ofrecer una oposición bien coordinada, lo que aún en el improbable caso de que consiguiesen la investidura no presagia una legislatura fácil, al menos a la hora de legislar o elaborar políticas públicas consensuadas.

El bloque de la izquierda

El ámbito de la izquierda es aparentemente mucho más complejo. No sólo son muchos más los partidos necesarios para acordar una investidura exitosa, sino que algunos de los partidos que podrían integrar la coalición van a entrar en un lapso breve de tiempo en competencia electoral con sus socios de coalición. Esto puede llevar a una competición por lograr el favor y la atención del líder, Pedro Sánchez, quien podría inclinar la balanza con medidas que favorezcan más unos que a otros a la hora de satisfacer las demandas expuestas en el proceso de formación de la mayoría.

En este caso, quien lleva las de perder son los partidos de izquierda nacionalista, pues están presos por su propio discurso de lucha contra la “ultraderecha”. Al proclamar en sus programas que nunca dejarían gobernar a las fuerzas de la reacción, no les queda otra alternativa que apoyar a Sánchez. O de no querer hacerlo forzar una repetición electoral. La repetición electoral puede ser una opción para alguna de ellas, pero siempre con el temor de obtener peores resultados o con la posibilidad siempre latente de que esta vez la derecha sí sea capaz de sumar.

Sánchez y los nacionalistas de derecha

Obviamente, esto siempre antes de votar la investidura, pues una vez investido Sánchez sólo le queda la opción de no apoyar sus medidas, pues de no hacerlo triunfarían las propuestas de las derechas. Ya ni consideremos la hipótesis de una moción de censura, pues tendrían que votar a Feijoo, de ser este el líder propuesto por el PP para la moción (ninguna otra fuerza puede plantearla por sí sola). El líder del PSOE sabe esto perfectamente y tenderá a hacer ofertas de menor calado que a las fuerzas nacionalistas de derecha, que al no estar presas del discurso de izquierdas sí tienen mayor capacidad de actuación, pudiendo estas explicar más fácilmente a sus electores su abstención o incluso el apoyo a un gobierno encabezado por Feijjo al justificarlo en contrapartidas o en alguna otra razón como la afinidad ideológica.

Sin embargo, aún teniendo mejores bazas negociadoras, todo apunta, sin embargo, a una investidura de Sánchez, no sólo por los vetos, que también, sino por la audacia y la habilidad negociadora de este, que salvo que sea contrarrestada con una estrategia aún más audaz por parte de Feijoo. Esto le llevará a convencer a un número considerable de fuerzas de ideologías variadas y aún contrapuestas. Pero aun así sigue siendo un juego abierto en el que todos pueden usar sus estrategias y no sólo los números, sino la capacidad política cuentan. Veremos que es lo que puede pasar.

Ver también

¿Viento de popa para el gran pícaro? (José Antonio Baonza Díaz).

Debate Sánchez-Feijóo: sobre la falta de un proyecto político. (Eduardo Blasco).

¿Viento de popa para el gran pícaro?

“El problema nunca ha sido desjudicializar la política, sino despolitizar la justicia”[1]

Juan Carlos Girauta

La cantinela de la “judicialización de la política” fue acuñada en España durante el largo gobierno de Felipe González Márquez (más de trece años) cuando, por diversos factores, se destaparon y – muy someramente – accedieron a los tribunales penales para su depuración, crímenes de estado (GAL), casos de corrupción (Filesa, Flick, Juan Guerra, Expo 92, etc.), y abusos de poder perpetrados por una entonces joven nomenclatura (eran los años 80 y primeros 90) agavillada en torno a las siglas del PSOE[2] por el mencionado y su alter ego, Alfonso Guerra González.  

“Judicializar la vida política”

Concretamente, el segundo alertaba en 1994 de que “la derecha no sólo no ha aceptado los resultados de 1993, sino que ya no los aceptó en 1989, cuando decidió judicializar la vida política[3]. Obviamente, esto venía a ser como la doctrina de la “razón de estado” actualizada; una reclamación de unos mandarines para eximirse del sometimiento a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico, prescrito a ciudadanos y poderes públicos por el artículo 9.1 de la Constitución. Incluido el Código Penal, claro.

Luego, repitiendo la típica costumbre de importar expresiones sin comprender lo que significan o dándoles el significado que les conviene en cada momento, los propagandistas de la extrema izquierda española se han despachado con el mantra de “lawfare” para designar la actuación de los escasos jueces (los fiscales ya se saben de quién dependen) que en España se han atrevido a instruir causas penales contra políticos de su cuerda.

Golpe de Estado a cámara lenta

En el marco de una aparente nueva elección ordinaria de presidente del gobierno, se acerca el siguiente acto del golpe de estado a cámara lenta. Ahora, para pavimentar una indefinida estancia en el poder de quien ostenta el cargo en funciones e impulsar un régimen totalitario, los interesados anuncian que van a pactar la aprobación de una ley de amnistía[4] para los participantes en la intentona de 2017 y la celebración de referendos a la carta para decidir sobre la independencia o confederación de Cataluña y País Vasco, sin una previa y necesaria reforma constitucional.

Dada, no obstante, la querencia por emular series televisivas de éxito, los guionistas y asesores socialistas no se han olvidado de distraer la atención del respetable. De ahí los abucheos al candidato propuesto en primera instancia por el Rey Felipe[5] y el fingido malestar por el hecho de que “su” presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol Socías, haya fijado las sesiones para la investidura de Alberto Núñez Feijoo los días 26 y 27 de septiembre.  

En el gobierno, al menos hasta la primavera

Esas fechas escogidas, de acuerdo a los plazos posibles establecidos en los artículos 99.5 y 68.6 CE – dando por descontado que Alberto Núñez Feijóo no obtendrá la investidura ni en una segunda votación – le garantizan a Pedro Sánchez Pérez-Castejón disfrutar de las mieles del poder en funciones hasta enero o febrero de 2024 y, mientras esa primera función se va desplegando, negociar entre bambalinas con un partido dirigido de facto por un sujeto prófugo de la Justicia española los términos de futuras leyes y decisiones que atentan flagrantemente contra la Constitución.

Si, finalmente, sus cálculos le contraindicaran sellar acuerdos que incluyan los puntos apetecidos por los separatistas y neocomunistas; su estancia en el poder se podría prolongar hasta muy entrada la primavera, suponiendo que sufriera una derrota en las elecciones que convocaría el Rey automáticamente, por no obtener ningún candidato la confianza del Congreso, a partir de la primera votación. ¿De qué dependerá que los socialistas, que sustentan a Pedro Sánchez Pérez-Castejón como candidato, suscriban un pacto de investidura con esos partidos que quieren convertir la Constitución española en papel higiénico, desechable por el capricho de su voluntad?

Querellas por prevaricación

En mi opinión, dependerá de la reacción de los partidos que pretenden, al menos, intentar conformar una candidatura alternativa. Si éstos emprenden una estrategia de respuesta y comunicación a la ciudadanía y otras instituciones seria e inmediata, o incluso preventiva y cautelar, los socialistas tendrán que realizar otra más de las piruetas que han protagonizado en los últimos cuarenta años.

Para terminar, frente a la inexorabilidad y conveniencia con la que el aparato propagandístico habitual quiere presentar estas alteraciones anticonstitucionales, ha de recordarse algo que no parece tan evidente en el clima que se pretende crear: Los diputados y los magistrados del Tribunal Constitucional también están sometidos a la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico. Es más, recordemos que el magistrado, aupado a la sazón por el PSOE, Fernando Valdés Dal-Ré, tuvo que dimitir por la denuncia de malos tratos formulada por su esposa en agosto de 2020. A los representantes de más de once millones de españoles no les debería temblar el pulso de formular las querellas criminales precisas, si entienden que determinados diputados y magistrados del TC cometen delitos de prevaricación, por ejemplo.

Notas


[1] Artículo “Un envilecimiento sin fin” de Juan Carlos Girauta Vidal en el diario ABC de 12 de agosto de 2023.

[2] Conviene dejar constancia de que en 1972 en el Congreso de Toulouse (Francia) se produjo una división del PSOE, entre los más jóvenes del interior de España, quiénes adoptaron la apostilla de “sector renovado”, y los mayoritariamente exiliados, que añadieron a las siglas la coletilla de “sector histórico”. A la muerte en 1975 del dictador Francisco Franco Bahamonde, los escindidos dirigidos por Felipe González Márquez, nutridos de fondos y apoyos de los socialdemócratas alemanes y suecos, así como AFL-CIO sindical norteamericana, apenas se representaban a sí mismos, en comparación con la relativamente numerosa militancia del PCE. Las elecciones del 15 de junio de 1977, sin embargo, decantaron con 118 diputados al PSOE (r) como segunda fuerza política en España y fulminaron al sector histórico, dirigido por Manuel Murillo Carrasco. El tercero en discordia, el PSP de Enrique Tierno Galván, tan solo obtuvo 5 diputados. La absorción de ambos grupúsculos fue una labor que no tardó en consumarse pocos años después.

[3] Cambian de dirigentes, pero las consignas socialistas tienen siempre el mismo tufo de agitación y propaganda que le impregnaron Lenin y sus secuaces. Nótese la similitud con el lenguaje que usan actualmente el presidente del gobierno en funciones y su sanedrín de repicantes.

[4] La Constitución española prohíbe los indultos generales (art. 62 f) Por otro lado, aunque no están expresamente precluidas en la CE, debido a su esencial característica de eliminar u olvidar los delitos para los beneficiados antes de que sean siquiera juzgados, las amnistías resultan inconstitucionales por dos motivos principales. En primer lugar, vulnerarían diversos principios constitucionales como la igualdad ante la ley. En segundo lugar, el impedir el conocimiento jurisdiccional de delitos comunes supondría una directa invasión del ejecutivo y el legislativo en la exclusiva competencia del Poder Judicial para juzgar y hacer ejecutar lo juzgado.

[5] Quien debe decidir su propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno sin que varios grupos políticos, cuyo apoyo futuro descuenta el presidente en funciones, se dignen siquiera a comunicarle personalmente el sentido de su opinión, en clara violación de las reglas establecidas en el artículo 99 CE.

Ver también

Debate Sánchez-Feijóo: sobre la falta de un proyecto político. (Eduardo Blasco).

Feijóo, la derecha Vicente

Buscar una explicación al resultado de las elecciones generales del 23J se ha convertido en el ejercicio favorito este verano de comentaristas políticos y de cualquier ciudadano mínimamente atento a la cuestión. Simplemente, porque haber apostado por el resultado que salió resultó muy rentable por lo arriesgado, pues todos los pronósticos iban en dirección muy distinta.

Siempre es más fácil a toro pasado analizar lo sucedido que preverlo anticipadamente. Pero no debería resultar tan llamativo dicho resultado inesperado si atendemos especialmente al caso del ganador que no ha ganado, el PP. Siendo más específicos, a su candidato Feijóo.

Lo imprevisto de los resultados del 23J se basó especialmente en un hecho: los resultados de las elecciones autonómicas del 28 de mayo. Y en una premisa: parecía casi imposible que en menos incluso de 2 meses la marea de derechas de mayo pudiera significativamente cambiar.

Razones para un cambio de rumbo electoral

Al intentar responder por qué se ha podido producir semejante movimiento electoral en sólo 7 semanas, hay dos cuestiones tan insoslayables como cruciales. Los candidatos y su campaña (que no son los mismos para un municipio o autonomía que para la presidencia del Gobierno), y la gestión post elecciones autonómicas de los pactos.

Hacía años, al menos desde 2011, que un candidato del PP no afrontaba unas elecciones generales con un escenario tan favorable. Feijóo pensó que sólo era cuestión de dejar pasar los días sin hacer mucho ruido. El triunfo le iba a llegar caído cual fruta madura. No había ninguna batalla especial que dar. Así que fue una campaña relajada y playera de ‘Verano Azul’ (‘que te vote Txapote’ era como una mera y graciosa boutade de las bases). Sánchez acumulaba tan enorme cúmulo de cifras económicas negativas y políticas impopulares fruto de su alianza con la extrema izquierda, que parecía innecesaria tal batalla. Y la indignación de los populares pareció centrarse casi más que en otras cosas en el fastidio para el votante de unas elecciones en verano.

Un PP socialdemócrata y aceptable para votantes del PSOE

La campaña tan discreta e incluso ausente de Feijóo (es imposible hoy no ver su ausencia a debates televisivos como un mayúsculo error) en verdad iba muy bien con su perfil. A Feijóo en alguna ocasión como jefe de la oposición se le preguntó que definiera ideológicamente a su partidoel encaje de bolillos que respondió para no mentar el término ‘derecha’ en ninguna parte debería ser motivo cuanto menos de sorpresa para cualquier votante que no se considera de izquierdas. Así, Feijóo definía al PP como ‘un partido socialdemócrata, de centro, con el que se pueden identificar socialistas templados’. Imaginémonos a un candidato del PSOE en Madrid que apele a los ‘ayusistas templados’.

Notemos, pues, la importancia de lo templado para el PP de Feijóo, que es templado porque -siempre según Feijóo- la derecha quema. Prudente porque ser de derechas es insensato. Moderado porque la derecha es extremismo. Tolerante porque la derecha es intolerancia. La falta de batalla por parte de Feijóo durante la campaña electoral dejó constataciones tan evidentes de dicha ausencia como cuando remarcó públicamente que él había votado al PSOE en 1982 y 1986 (en un par de décadas probablemente el PP ponga de candidato a las generales un votante de Sánchez). O cuando aclaró que tomaría consejo no de Aznar ni de Rajoy tan siquiera, sino de Felipe González (como si un candidato del PP en Andalucía dijera que tomaría consejo de Chaves para gobernar). En resumen, Feijóo ha sido especialista en proyectar sobre su propio partido todos los clichés y evangelio izquierdistas.

El PP, un partido de centro (en el centro del PSOE)

Ser moderado en las formas puede verse sin duda como una virtud. Pero, ¿qué significa ser ideológicamente moderado? Un partido que no es de izquierdas, ¿debe ser moderado en la defensa de la propiedad privada, moderado en la defensa de la Constitución española, moderado contra el crimen o el terrorismo? Si Tony Blair inventó eso de la tercera vía en los años 90 en la izquierda británica, parece que en España el PP está investigando en la séptima vía para refundarse en el centro, pero en el centro del PSOE.

Pero una estrategia así difícilmente genera líderes. Un líder se caracteriza por solidez ideológica y saber imprimir cambios en la sociedad. El rajoyismo del PP que simboliza Feijóo intenta simplemente amoldarse a la realidad que cree ver, una derecha Vicente que intenta ir donde cree que va la gente. Por eso fueron líderes natos Ronald Reagan o Thatcher, y no Ford o Major y Boris Johnson. Y por eso lo han sido o son Aznar, Aguirre o Ayuso y no Rajoy ni Feijóo.

Presidente de Galicia

En realidad, tampoco debería nada de esto sorprender del Feijóo presidenciable a nivel nacional si observamos su trayectoria como presidente de Galicia. Entre otras cosas, Feijóo ha presidido la comunidad de Galicia ganándose el voto y la simpatía nacionalistas: mostrando públicamente su cercanía ideológica con el BNG, homenajeando a iconos del nacionalismo gallego antiespañol, o afirmando que Galicia es una nación. Y éste era el candidato alternativo a un PSOE que resultaba traidor por pactar con nacionalistas.

La etapa del covid fue la mayor suspensión de libertades y derechos vivida en período democrático (nótese como al PP nacional no le ha parecido una cuestión de debate ni mínimamente tocada en campaña). En esa etapa, Feijóo, por ejemplo, estuvo en las antípodas en España de la política anti-pasaporte covid de Ayuso en Madrid. Incluso llegó a aprobar multas por no consumir un fármaco, un nivel de coacción superior incluso al visto en regiones como Cataluña.

En lo fundamental, el PP a nivel nacional ha estado desde Rajoy en este viaje para acercarse al campo de la izquierda hasta en constantes ocasiones levantar la valla que le separa de ella para impregnarse de sus ideas. Si bien hubo momentos que apuntaban en dirección opuesta, en concreto la elección de Pablo Casado en lugar de Soraya, pronto Casado acabó llevando con Egea y compañía el partido al terreno donde lo habría situado Soraya. 

Vox

La otra gran cuestión que analizar aparte del candidato popular es, claro está, la otra parte de la derecha. O al menos la única que parece reconocerse como tal. Vox, formación que surge precisamente en respuesta a ese PP rajoyista que dejó ideológicamente sin mucho (o muy poco) sostén a parte importante de sus bases.

Por un lado, está su retroceso electoral por la fuerza del ‘voto útil’ y la suma de diversos errores de la formación. Como tales, podemos fácilmente identificar la profundización en ciertos populismos antiliberales en detrimento del liberal-conservadurismo. Su postura ambivalente y difusa frente a la pérdida de libertades y derechos durante la era covid, que parte relevante de sus simpatizantes no comprenden. O la mejorable comunicación de sus posturas sobre ciertos temas. Igual que el PP, Vox no puede estar exento de autocrítica por unos resultados inferiores a los esperados, especialmente con un candidato como Feijóo enfrente, que jugaba el partido lejos de la zona de confort ideológico voxista.

La relación entre PP y Vox

En lo que atañe al período entre las autonómicas de mayo y las generales de julio, es imposible negar que la relación PP-Vox ha jugado un rol, y uno no menor. El PP en todo este asunto ha jugado a una llamativa bipolaridad. Ha llegado a pactos, pero negando a la vez la mayor. Buen ejemplo de ello resultó cuando la candidata popular de Extremadura solicitó el apoyo parlamentario de Vox sin nada a cambio.

Un buen caso comparativo es simplemente el de la relación del PSOE con su aliado natural a su izquierda frente a la relación del PP con su aliado natural a su derecha. Mientras los primeros reconocen el hecho de esta natural convergencia, el PP se resiste. Se siente incómodo, o entra en una suerte de enajenación. No es ya que el PP obviamente prefiera gobernar en solitario, es que siente que su convergencia -tal como expresó Feijóo en campaña con palabras no muy distintas- está antes con el PSOE que con Vox. Y esto es claramente anómalo.

Es un problema digno de psicoanálisis cómo el propio PP durante dos meses ha alimentado el ‘miedo a la ultraderecha’, repitiendo sobre Vox la misma caricatura hecha por la izquierda. Ha querido hacer oposición simultáneamente y con semejante intensidad al PSOE y a Vox, al partido que desea derrocar y con el que está destinado naturalmente a converger para formar eventuales mayorías. Imagínense a Sánchez alimentado un ‘que vienen los rojos’.

Engullir a Vox

Tras las elecciones generales, el PP parece abocado a definir claramente su relación cara a los electores con Vox so pena de mantenerse en esa bipolaridad. El caso de los que defienden como el presidente popular andaluz. Se ha centrado en el distanciarse y en marcar las diferencias. Creen exitosa una estrategia opuesta a la que hace el PSOE con sus socios naturales y que, sin embargo, parece haberle reportado buenos resultados.

Pero esa postura esconde un objetivo que debería resultar un tanto iluso: absorber a Vox como se hizo con Ciudadanos. Intentar comparar Ciudadanos con Vox es como querer comparar, salvando las distancias oportunas, UPyD con Podemos. En gran parte porque esa mencionada estrategia presume absorber a Vox, siendo aún mucho más (si es que se puede), “moderados”. Querer absorber lo que se te escapa por la derecha yéndote hacia la izquierda (pues eso es ir al centro para el PP), simplemente desafía las leyes no ya de la ciencia geográfica sino del sentido común.

El ayusismo

Por eso parece que una postura distinta del PP en este sentido tendrá muchas más probabilidades de éxito. El ayusismo como estrategia antes incluso que como candidato. Como sensatamente dice Hugues: “El mayor peligro que encuentra Vox es que Ayuso vaya drenando votos y, sobre todo, que su política de verso suelto construya la impresión de que hay un PP eterno, invariable, españolazo, conectado a la tradición de la derecha, como un Vox sin rarezas, sin sospecha: un PP leal a todo(patria, Rey, Cristo) pero con el sello de la modernidad y la gestión”.

Porque por mucho que nos preocupemos por el peligro de Sánchez para nuestra economía, nuestras instituciones…si la derecha no se construye y reconstruye realmente como una alternativa real de liderazgo liberal-conservador España va a estar condenada no durante cuatro años más, sino durante largas legislaturas.

La economía puede restar más de 6 puntos de intención de voto al PSOE

Instituto Juan de Mariana, 17 de julio de 2023

El Instituto Juan de Mariana publica el informe Midiendo el voto económico en España: ¿el partidismo nubla la razón? El estudio mide cuál es la incidencia de los factores económicos en el sentido del voto.

  • El estudio se basa en “la percepción subjetiva de los individuos sobre el estado de la economía”. El informe se basa en las encuestas postelectorales del Centro de Investigaciones Sociologicas (CIS), de 2008, 2011, 2016 y 2019. 
  • La incidencia del voto económico tiene mucha importancia. Si la situación económica no condicionara el voto, “los políticos serían libres para seguir cualquier tipo de política que elijan, sin tener en cuenta cómo benefician a la gente”.
  • “El partidismo es el principal conductor del comportamiento electoral, pero la valoración de la situación económica permanece también importante”, concluye el estudio. “La economía sigue siendo central a la hora de determinar los resultados electorales”. Pasar a tener una valoración mala o muy mala de la situación económica reduce el apoyo al partido del gobierno en 8 puntos porcentuales.
  • En el caso del principal apoyo del Gobierno, “entre los que votaron al PSOE en 2019, tener una valoración mala o muy mala de la situación de la economía española reduce las probabilidades de que vuelvan a votar al PSOE en 16 puntos porcentuales”.
  • Según el CIS, un 40% de los votantes del PSOE considera que la situación es “mala o muy mala”. Esto quiere decir que 6,4 puntos del voto del PSOE de las últimas elecciones podría no repetir sólo atendiendo a su visión de la marcha de la economía. En 2019, el PSOE ganó las elecciones con un 28% del voto.
  • La creciente polarización ha reducido la incidencia del voto económico. 
  • La evolución de la desigualdad tiene una mayor influencia en los partidos de izquierdas. Mientras, la evolución del paro tiene una mayor impronta en el voto de los partidos de derechas. 
  • El Instituto Juan de Mariana publicará en breve otro informe haciendo balance de la economía bajo el gobierno de Pedro Sánchez. 

El factor económico incide en el sentido del voto. La medida en que la economía incida en el voto es muy importante. Si el voto económico fuera determinante, los políticos le prestarían más atención. Si fuera marginal, el desempeño de la economía no estaría entre las preocupaciones de los gobiernos.

El voto se sustancia en una única decisión, la de entregar la papeleta de un partido o la de otro. Pero los motivos que pueden llevar a tomar esa decisión son múltiples. Influyen las preferencias ideológicas, cuestiones personales, factores sociales, o económicos, más otros factores que tienen que ver con la actualidad del momento, o con la visión que tenga el votante de la utilidad de su decisión. 

De ahí la dificultad de aislar la incidencia que tiene cada motivo en la decisión final. Para lograr acercarse a una medición del voto económico, se han seguido dos metodologías. Una parte de la literatura “ha utilizado variables macroeconómicas como el crecimiento económico o la desigualdad como determinantes del apoyo al partido titular en el gobierno”. El informe, elaborado por el economista Santiago Calvo, sigue otro camino. Parte de “la percepción subjetiva de los individuos sobre el estado de la economía, lo cual evita la falacia ecológica y las falsas inferencias sobre el voto económico”. La polarización ha estado vinculada especialmente a “cuestiones ideológicas y territoriales”.

El informe se basa en la literatura relevante para describir la situación política actual. Está marcada, entre otras características, por el surgimiento de nuevos partidos, y la polarización. Esta polarización ha contribuido a una mayor participación política. “Pero también ejerce una influencia negativa sobre el voto económico”, concluye el estudio.

Según explica el informe, obtiene los datos de las variables sometidas a estudio a partir de las encuestas postelectorales del CIS de 2008 (2757), 2011 (2920), 2016 (3145), y 2019 (3269). La variable independiente principal es la percepción general sobre la situación económica. Finalmente, el informe hace “un ejercicio de prospectiva en el que utilizamos los barómetros fusionados del CIS desde enero a marzo de 2023 para observar la relevancia de la economía a la hora de condicionar el voto”. Así, “nuestras estimaciones indican que, entre los que votaron al PSOE en 2019, tener una valoración mala o muy mala de la situación económica reduce las probabilidades de que vuelvan a votar al PSOE en 16 puntos porcentuales”.

Santiago Calvo López es doctor en economía con mención internacional por la Universidad de Santiago de Compostela. Ejerce como profesor en la Universidad Francisco Marroquín, y es investigador postdoctoral en Esade. Colabora con varios medios de comunicación, como La Voz de Galicia y Libre Mercado. Santiago Calvo ha publicado informes con varios think tanks como New Direction, o el Institut Ostrom, y es investigador del Instituto Juan de Mariana.
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