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Etiqueta: Fiscalidad

Impuestos y burocracia, escollos a la recuperación

“The real goal should be reduced government spending, rather than balanced budgets achieved by ever rising tax rates to cover ever rising spending”. Thomas Sowell

Leía esta semana una serie de informes analizando el crecimiento potencial de España y las oportunidades a corto plazo. Me entristecía comprobar que, de todos los países de la OCDE, España es el que muestra una mayor divergencia entre el crecimiento esperado para 2014 (+0,7%) y el potencial (+3% según BBVA, Goldman Sachs y Merrill Lynch). Es el coste de oportunidad de aferrarnos como un clavo ardiendo al modelo de 2004, y esperar que vuelva la orgía de deuda.

Yo estimo un crecimiento para 2014 del 1%, y creación neta de empleo, pero aún muy lejos de dicho potencial. Solamente poniendo la alfombra roja a la creación e implantación de empresas como se hizo en Reino Unido, atraeríamos inversión financiera directa por 50.000 millones y crearíamos muchos más puestos de trabajo netos nuevos. Bajando impuestos a empresas y autónomos, en Reino Unido no solo aumentaron la recaudación en 24.000 millones de libras, sino que se ha reducido el desempleo al 7%… incluso como receptor neto de inmigración. La formula: “Business Is Great” y bajos impuestos. Mientras tanto, en España seguimos intentando cazar unicornios de “recuperar ingresos fiscales” y contarnos que “no tenemos un problema de gastos”.

En el pico absoluto de la burbuja, el país jamás ingresó más de 412.900 millones; sin embargo, gasta unos 70.000 millones más que esa cifra histórica de ingresos que nunca volverán, 30.000 millones incluso sin contar el efecto del coste de la deuda y del rescate bancario.

Lo comento en Viaje a la Libertad Económica. En España, la recaudación tributaria no se ha desplomado por el fraude y la economía sumergida, se ha desplomado por la enorme dependencia del ladrillo, de la burbuja inmobiliaria y de obra civil que suponía casi el 20 % del PIB incluyendo ramificaciones de gasto en telefonía, servicios y energía, con enormes redes y capacidad de generación instalada para una demanda que nunca llegó. Sobrecapacidad de burbuja para sostener el PIB.

Y ese PIB que se ha aumentado artificialmente a base de “estimular la demanda interna” (y fíjense en las consecuencias, 300% de deuda sobre ese PIB “soufflé”), es el mismo que se utiliza para contarnos el cuento de que recaudamos menos que uno u otro país. Hacer ratios sobre un PIB inflado para justificar gastos de burbuja e impuestos confiscatorios. Es el subterfugio de venderme a mí mismo algo que no necesito ni me puedo permitir, por tanto me endeudo, y decir que mi cifra de negocio sube, justificando así unos gastos inaceptables. Y luego decir que esos gastos son “moderados”.

Los Presupuestos Generales de 2014 no corrigen todavía ese problema de gastos que siguen por encima de 2007 mientras la renta disponible de familias y la actividad económica ha caído a niveles de 2004, siendo optimistas. La aristocracia del gasto publico. Y seguimos negando la mayor. Luego le echaremos la culpa a cualquiera de nuestros unicornios favoritos, los mercados, Merkel o quien sea.

Usando datos de los presupuestos generales, seguiremos gastando 10.000 millones en subvenciones; 23.000 millones en “coordinación y relaciones financieras con los entes territoriales”; 690 millones en acción del estado en el exterior; 497 millones en cooperación para el desarrollo (nosotros los ricos, podemos); 131 millones en “difusión cultural en el exterior”; en “administración periférica del estado” 275 millones; en “cobertura informativa”, 55 millones; otros 83 millones en “meteorología” (lo juro); actuaciones para la “prevención del cambio climático”, 42 millones; el gasto en coches oficiales sube un 1,6% hasta 240 millones de nada; la “asistencia sanitaria mutualista de la administración”, paralela a la sanidad publica, otros 2.060 millones. No hay margen.  

Pero el problema es que seguimos sin poner solución a los dos problemas que ponen la zancadilla de la recuperación económica:

– Una fiscalidad del “Sheriff de Nottingham” que se preocupa más por rascar la última moneda disponible del que genere caja para sostener a toda costa unos gastos que ya eran insostenibles en la época de la burbuja, en vez de crear condiciones para que la economía crezca y con ella se generen más ingresos fiscales. Cuando ustedes lean “reforma”, “aumentar las bases imponibles”, “reducir deducciones” lean “subir impuestos". España es el país donde más ha aumentado el esfuerzo fiscal desde 1965 después de Turquía. Cortar las deducciones y demonizar a las grandes empresas es una locura. Hunde la inversión a futuro y pone la zancadilla a esas empresas, que han sostenido empleo y se han convertido en multinacionales en muy poco tiempo y con éxito, generando riqueza para todo el pais. Pero además es un argumento cuestionable que se demonice a las grandes empresas, cuando a la vez defendemos con uñas y dientes el tratamiento de capital de los beneficios fiscales de los bancos ante la Unión europea. Ah, me había olvidado que son los bancos los que se atiborran de deuda soberana.

– Percepción de inseguridad jurídica. Si el entorno impositivo y legal no es claro y predecible, va a ser muy difícil atraer la inversión financiera directa que necesitamos para crear empleo y poner capital en la economía productiva a largo plazo. No para comprar bonos y acciones, sino para invertir en los sectores que nos pueden hacer recuperar el crecimiento real, no inflado con ladrillo. Servicios financieros, sanidad, turismo, tecnología y seguridad, por ejemplo.

– El gasto inútil sostiene una burocracia de “capataz” cuyo objetivo es autojustificarse con trabas y procedimientos ridículos. Les recomiendo leerse las “competencias adicionales” que se les han “concedido” a las diputaciones, por ejemplo. O las subvenciones improductivas. No facilitar y competir para atraer más capital y más empresas. Luego leo cosas como “si el PIB no hubiese caído no tendríamos déficit” o “si no fuera por la crisis”. Como si la crisis fuera un OVNI que cayó del cielo. Entre 2008 y 2011, en el conjunto de la zona euro el gasto público ha crecido casi un 7%, hasta situarse en 4,65 billones de euros. En los países del sur, teóricamente los más afectados por la mal llamada “austeridad”, la evolución es similar: desde 2008, el gasto público en Francia ha crecido un 8,6%; en España, un 4%; en Italia, un 3%; en Portugal, un 7,8%.

Sin embargo, la actividad económica y la renta disponible sí han caído a niveles de 2004. En vez de considerar, como es lógico, que el gasto debe adecuarse al ingreso y que los ciclos económicos de prosperidad siempre han venido desde el ahorro, nos lanzamos a pensar que el problema del gasto excesivo se va a solucionar con más gasto.

Y es que sí, es un problema de gasto cuando los estados consumen entre un 10% y un 25% más de lo que ingresan. Porque incluso si se «confiscase» toda la riqueza generada en un año por las clases altas y empresas, no se cubriría el déficit del país o de la Unión Europea. Y encima sería un efecto de sólo un año. Luego, además de crear fuga de capital y destrucción de inversión, seguirían gastando.

Para el gasto siempre hay margen, y se crea la Renta de Posición. Una vez que se ha creado ese ente burocrático, ese gasto, es mas fácil mantenerlo y justificarlo que cercenarlo. Miren el ejemplo de las empresas públicas deficitarias. Se han cerrado cuatro de las mas de 4.000 que tenemos.

Para bajar impuestos e impulsar la economía, no hay margen nunca. No existe nada más permanente que una subida de impuestos “temporal”. Luego, cuando se entra en depresión, proponen más gasto público para «salir de la crisis» que ha creado el gasto excesivo. Primero ponen la zancadilla y después dicen que sin ellos usted no puede levantarse y andar.

Muchos economistas de “consenso estatista” llaman a copiar a Estados Unidos en política económica… Excepto en libertad económica, apertura y bajos impuestos. En eso preferimos copiar a Francia. Y Francia va del estancamiento a la recesión.

Todo el mundo ve el enorme potencial de España. Crecer un 1% está bien. Dormirse en los laureles pensando que es suficiente y que no hay que reducir más gastos superfluos es peligroso.

El año que viene va a ser mucho mejor que el 2013. No lo duden. Y puede ser muchísimo mejor. Hay potencial de sobra y si queremos, lo sobrepasaremos.

Montoro contra los medios, ¿o no?

No descubriremos ningún secreto si afirmamos que el ministro de Hacienda es uno de los miembros del Gobierno más poderosos, por lo general tan sólo superado por el propio jefe del Ejecutivo. Se suele considerar que esta situación de preponderancia sobre sus pares le viene dada por su control del dinero llamado “público”.

Pero su poder no es sólo sobre otros ministros, sino también sobre todo tipo de ciudadanos, empresas y organizaciones de la sociedad civil. El titular de la cartera de Hacienda controla un organismo que, al menos en España durante las últimas décadas, en numerosas ocasiones es utilizado para castigar o amargar la existencia a quienes no son afines al poder político de turno: la Agencia Tributaria. Hace unos meses, en el transcurso de una entrevista, Pedro Ruiz nos decía una frase tan contundente como cargada de sentido:

El miedo que había a la Policía de Franco, por inercia, ha pasado a los inspectores de Hacienda.

No es para menos. La acción de la Agencia Tributaria puede convertirse en una pesadilla incluso para quien no tiene cuentas pendientes con este organismo. Una mera inspección ordenada por motivos políticos, aunque las autoridades sospechen que no van a encontrar nada, puede suponer un trastorno difícil de soportar para cualquier particular o para los responsables de una empresa u organización. Eso por no hablar del daño que se hace a su imagen pública. Esto es especialmente cierto en un país como España, en el que domina socialmente la presunción de culpabilidad de todo aquel que es sometido al escrutinio de las autoridades tributarias.

Esta herramienta de poder inquisitorial puede ser utilizada como un instrumento para amenazar a aquellos que incomodan al poder político, incluso cuando no se utilice de forma efectiva. Y el ministro español Cristóbal Montoro la usa con ese fin de manera muy frecuente. No ha dudado en insinuar su uso contra partidos de la oposición, actores, periodistas y medios de comunicación privados. Estos últimos son objetivo frecuente de este tipo de insinuaciones.

A primeros de diciembre achacó las supuestas “informaciones falsas” sobre un tratos de favor a determinadas empresas a los problemas económicos de unos medios que, según él, tienen deudas pendientes con el fisco. No es la primera vez que lanza este tipo de afirmaciones, que tienen mucho de amenaza velada, sobre las empresas informativas.

Parece que, efectivamente, hay medios que tienen deudas con Hacienda o la Seguridad Social, como también hay sospechas fundadas de que están recibiendo un trato de favor en esta cuestión por parte del Gobierno de Rajoy. Pero no se les debe amenazar para que rebajen el nivel de críticas al Ejecutivo. Lo que Hacienda ha de hacer es, simplemente, tratar a esas empresas como a cualquier otra y obligarlas a saldar sus deudas. Pero no se hará, es mejor tener algo con que presionar a sus directivos y mantener abierto un acuerdo de facto que en realidad beneficia a ambas partes a costa de romper la igualdad ante la ley.

La hipocresía es evidente por ambas partes. Los directivos de determinados grupos de comunicación protestan cuando se les recuerda sus deudas con Hacienda, pero no las pagan sabedores de que al final no se va a actuar contra ellos. Desde el Gobierno no se les trata como al resto de empresas sabedores que la existencia de las citadas deudas permiten atar en corto a esos medios de comunicación cuando se ponen demasiado críticos. Y, mientras tanto, se lanzan sospechas sobre el resto de periódicos, radios, televisiones y diarios digitales, que sí tienen al día sus cuentas con el fisco.

Páguese la deuda que se tiene, y se quita el arma de presión al señor Montoro. Cóbrese lo que se debe, y nadie podrá denunciar un trato a favor a determinados empresarios. Todos, menos esos medios y el ministro, saldríamos ganando. Otra cosa, por supuesto, es que se deba empezar urgentemente a bajar impuestos. A todas las empresas y todos los ciudadanos; y ya.

Para Antonio Banderas

Querido Antonio:

Te escribo estas líneas desde la más profunda admiración por tu carrera profesional, porque has sido y eres un actor como la copa de un pino, habiendo interpretado y pasado por todo tipo de papeles, estilos y películas. Pero el motivo de estas líneas es diferente. Te escribo con la esperanza de que estas breves palabras sean leídas con detenimiento (por ti) para intentar arrojarte un poco de luz sobre las circunstancias tan excepcionales que la sociedad actual, y la española en particular, está experimentando. Haciendo especial énfasis en un aspecto muy destacado por los medios en general, y por mucha gente, que no es más que "los recortes, el papel de los bancos y de los mercados, en definitiva la famosa prima de riesgo". Estos palabros, que se han puesto tristemente de moda en los últimos tiempos, son usados por mucha gente, periodistas, políticos, amas de casa, taxistas, camareros, obreros, y también por muchos artistas. En concreto, he leído y oído en algunas de tus muy seguidas entrevistas (porque todo lo que dices o se dice que haces o promocionas me interesa mucho, porque te admiro) que tú también haces uso de esos palabros.

Este es el principal motivo de que se me ocurra escribir estas líneas. Cuando escucho que tú, Antonio Banderas, nombras las palabras "recortes", "bancos", pero, sobre todo, "los mercados", se me pone un no sé qué en el cuerpo que me irrita en parte, y me enfada por otro lado (teniendo en cuenta que el 99% de la población no sabe lo que significan, por tus declaraciones, me veo obligado a incluirte en ese grupo, Antonio). Y quiero, pretendo, humildemente, intentar aportarte algo de luz para que entiendas qué está pasando y por qué está pasando. Creo que es muy importante que gente tan importante como tú (y ojalá tuviéramos 100 Antonios Banderas en España) transmita sensatez en general a la sociedad española, porque, Antonio, eres una persona (esto ya lo sabes) que transmites unos valores muy sólidos, y en España hacen falta valores como la honestidad, el espíritu de sacrificio, el esfuerzo, en definitiva, ambición por mejorar y avanzar. Porque estas cosas implican capacidad de adaptación y, por tanto, tener la mente abierta y preparada para aprender; porque no sabemos nada, tenemos que saber que tenemos que seguir aprendiendo constantemente a lo largo de nuestra existencia, ya se tengan 10, 27, 42, 58, 65, 74 u 80 primaveras.

Y lo primero que quiero dejarte muy claro es que no me gusta la política, bueno, no me gusta la política en España (en estos momentos estoy viviendo fuera de España), no me siento identificado con ningún partido político de los que nos han venido gobernando desde que se acabó la dictadura (nací en el 71), y nunca he estado vinculado a ningún partido político de ningún color. Procedo de orígenes humildes, y eso hace que sepa dónde estoy, de dónde vengo y lo que me ha costado llegar a donde he llegado. Esto lo digo para evitar los pensamientos que te vendrán al final de mis palabras, sobre qué soy o de dónde vengo. Porque si hay un gran lastre en la sociedad española es simplemente aquello de etiquetar a una persona por el simple hecho de criticar a un partido o ideología política. Si en España llevas una bandera de ESPAÑA, te llaman facha, si criticas al inútil de Zapatero, te llaman del PP, si criticas las subidas de impuestos de Montoro, te llaman rojo, si opinas sobre alguna de las estupideces que propone Cayo Lara, eres facha otra vez, si no lees El País y lo criticas, dicen que eres de derechas, si lees el ABC, eres de derechas, si ves la Sexta, eres rojo… En fin, esto es España.

Al grano. Los mercados. No, Antonio, los mercados no tienen la culpa de nuestros males, de nuestra crisis. No son los responsables de nuestro déficit. No son los responsables de la quiebra de nuestras cajas de ahorro. No, Antonio. Los bancos, los malditos bancos. Los bancos no son culpables de nuestra crisis. Ni de los recortes que dicen que ha implementado el Gobierno de Rajoy. No, no, no y no.

El río comienza antes, mucho antes. Esto es como una partida de ajedrez. Desconozco si te gusta jugar al ajedrez, pero entiendo que sabes cómo se juega. Asumiendo esto, te pregunto, en la jugada 20, ¿qué parte de culpa tiene el movimiento 19 y 18, y qué parte de culpa el movimiento 1 y 2? ¿Tienen los movimientos anteriores al 20 culpa alguna de ese movimiento? ¿Y qué culpa ha tenido cada movimiento? ¿Se puede saber? ¿Se puede decir que, si ha habido 19 movimientos antes, entonces cada movimiento tiene 1/19 de responsabilidad?

Sigo. ¿Cuándo empieza la crisis en España? Una cosa es cuándo se empieza a notar la crisis en el bolsillo de los españoles, y otra cosa es cuándo empieza la crisis. Porque hay estratos sociales que notan la crisis antes que otros, y de hecho hay industrias que no han notado crisis, o, al menos, no en la misma magnitud. Los bares y restaurantes de la plaza mayor de Madrid no han notado la crisis igual que los bares del barrio de mis padres en el extrarradio de Madrid. ¿Y por qué surge la crisis? ¿Por qué, de repente, de lo bien que se vivía en 2005, por ejemplo, pasamos a las penurias de diciembre de 2013?

Estas preguntas me llevan a una conclusión. ¿Qué haces, Antonio, si tienes un problema de salud? Entiendo que, como eres una persona adulta y formada, acudes a un especialista. Pero no te he oído (ni a los medios) hablar de problemas concretos de salud, de lo que provoca el cáncer, por ejemplo (mucha habladuría sobre los hábitos de consumo), solo cuando lo dice un estudio o análisis clínicos. Y entiendo que no lo hagas porque no sabes, como yo tampoco sé. Pero entonces, ¿por qué hablas de los mercados y de los bancos? Tus declaraciones demuestran desconocimiento; sin embargo, tú, el taxista, mi madre, los camareros, todos hablan de ello. ¡Si es que en España el problema más grave que tenemos es que de fútbol, de toros, de algún programa de la tele y de economía saben todos!

Sigo. Para poder hablar de crisis, hay que entender lo que eso significa. Todos sabemos identificar cuándo estamos en crisis porque es obvio. Desempleo provocado por las malvadas empresas que despiden a sus empleados. Ya está. Todos sabemos que cuando esto sucede, estamos en crisis. No hace falta saber mucho de economía. Y desde hace 3 o 4 años, las malvadas empresas están despidiendo a mucha gente. En concreto, desde el verano de 2008. Si tomamos el dato más alto de la serie (mes de julio de 2007), desde entonces en España se han dado de baja de la Seguridad Social más de 3 millones de empleados.

Pero, dicho lo cual, el mayor ruido mediático se ha producido en los últimos 12 o 18 meses, cuando el actual Gobierno anunció medidas para intentar reducir el gasto público. Estas medidas están afectando directamente a los funcionarios de la administración central, pero también a otros colectivos, porque también se anunciaban subidas de impuestos a tutiplén. Es decir, afectan a todos los españoles sin excepción.

Bien. Llegados a este punto, se escucha por muchos sitios que "los mercados nos obligan a rebajar nuestro nivel de gasto público", "que los hombres de negro van a venir y, si no lo hacemos nosotros, lo harán ellos y eso será peor". En fin. En estas circunstancias, se escuchan historias de todo tipo y, como normalmente sucede, ninguna se sostiene por ningún lado.

Antonio. Yo te pregunto, ¿tú sabes por qué pasa todo esto? ¿Por qué un gobierno es capaz de intentar reducir el gasto público? ¿Por qué encabronar a todos los españoles a la vez bajando a todos los españoles su renta disponible tras subidas de impuestos directos (IRPF) e indirectos (IVA), y tras bajadas de salarios a funcionarios? ¿Por qué un cambio en la normativa laboral que intente flexibilizar el mercado de trabajo, tratando de simplificar procesos, contratos, rebajar el coste del despido? ¿Por qué exigir a las empresas públicas que tienen que encontrar el equilibrio en sus cuentas o serán cerradas? ¿Por qué el gobierno de Valencia cierra su televisión autonómica? ¿Por qué se reduce el presupuesto a RTVE? ¿Por qué intentar reducir los pagos o subvenciones a diferentes colectivos?

Antonio. ¿Por qué una persona o un Gobierno toma todas estas medidas sabiendo claramente que todo el mundo, todos los colectivos van a quejarse, y van a estar encabronados por mucho tiempo? ¿A quién benefician estas medidas? Yo he aprendido a preguntarme en la vida por qué pasa lo que pasa. ¿Hay algún motivo? ¿Hay alguna explicación?

Antonio, que no se te olviden mis palabras anteriores. No pertenezco a ningún partido. No colaboro ni simpatizo con ninguno. No me gusta el 90% de los políticos. Pero tengo grabada una frase que dijo Mario Conde hace muchas décadas: "si te interesa la economía, te tiene que interesar la política".

Prosigo. Todo esto que está pasando (el encabronar a todos), ¿tiene alguna explicación? Bueno, yo sé que la tiene, porque soy analista financiero, y de este tema algo sé. España, en verano de 2011, cuando el inútil de Zapatero convoca elecciones en agosto de 2011, se va a pique, y, aunque nadie me lo ha contado, es fácil intuir que le dicen a ZP que, o toma unas cuantas medidas para intentar arreglar el desaguisado que ha montado, o España se va por el retrete. Y sorpresa, ¿qué hace el simpático de ZP? Ya sabes lo que hizo, saltar del barco y convocar elecciones. ¿Para qué? Para quitarse de en medio, primero, y dejar al de enfrente el marrón de la quiebra de España. ¿Y qué ha pasado desde entonces? No, quebrado no hemos quebrado, pero ¿cuántos españoles piensan en esto? Ah, no, que lo que importa es que cierren la TV de Valencia, que quiten la paga extra a los funcionarios, y que le suban el IVA a la industria del cine.

Recapitulo, porque he escrito unas cuantas cosas que merece la pena explicar. ¿Qué significa que en verano de 2011 España va directa a la quiebra? Tú, Antonio, esto lo vas a entender fácilmente. Piensa en ti, en tu situación patrimonial, y piensa en qué tendría que pasar para que fueses a la quiebra. Es decir, para que no pudieras hacer frente a tus obligaciones de pago. Una persona, una empresa o un gobierno tiene dos tipos de obligaciones de pago, aquellas para subsistir (comida, luz, gasolina, colegios, nóminas, seguros sociales…) y las financieras (pago de hipoteca o de préstamo por la casa, el coche o finca, o proyecto, o planta industrial o cualquier proyecto nuevo). La primera depende del nivel de gasto de cada uno, o de cada empresa, o de cada gobierno, pero todos tienen que gastar en subsistir, las personas, las empresas y los gobiernos. La segunda depende esencialmente del nivel de deuda de cada uno. Los habrá con poca, mucha, muchísima o ninguna deuda. Es decir, los habrá que no tengan que pagar nada, porque sencillamente no tienen ningún tipo de deudas, o los habrá con mayor o menor carga financiera.

Centrémonos en por qué un Gobierno tiene deuda, o cómo esta se genera. Me siento en la obligación de recordarte, aunque sé que lo sabes, que el gobierno (ya sea central o regional o local) se financia con nuestros impuestos. Es decir, si no hay impuestos, no hay gobierno que valga. Es importante hacer esta aclaración o insistencia porque parece que a la gente se le olvida. Es decir, nuestro dinero, que a nadie nos lo han regalado (por lo menos a mí no y no conozco a ningún familiar o amigo o conocido que se lo hayan regalado), viene siempre del mismo sitio: trabajo (bueno, también hay rentas del capital, pero eso es para lo que tienen capital invertido). Sí, ya sé que hay por ahí gente que ha heredado, o que le ha tocado la lotería; yo no los conozco, siempre me ha dado por pensar que lo de la lotería es una farsa, porque no conozco a nadie cercano que le haya tocado, y ya es raro. Bien, pues la deuda del gobierno se genera porque se gasta más de lo que le damos todos. Es un poco flipante, ¿no? Encima que le damos de nuestro trabajo parte de nuestros ingresos, se gasta más de lo que recibe. Eso es lo que se llama déficit fiscal, déficit de ingresos frente a los gastos.

Si echas un vistazo a la cuenta de resultados (ingresos y gastos) de las administraciones, puedes observar las partidas de ingresos y de gastos. Para darte una referencia, cuando una empresa quiebra, todos los empleados se quedan sin empleo y los empresarios o locos o insensatos que invirtieron se quedan sin nada de lo que pusieron cuando se acumulan deudas (pérdidas acumuladas, o mayores gastos que ingresos acumulados), y los que financian (normalmente los bancos o, en otras ocasiones, los malvados mercados) dicen que ya no financian más. Es por tanto cuando la empresa se encuentra incapaz de afrontar sus obligaciones de pago (tanto para subsistir como para hacer frente a sus deudas). Ojo, normalmente no se quiebra porque en un ejercicio se pierda dinero, pero sí es normal que se quiebre cuando se llevan varios ejercicios perdiendo dinero, demostrando que esa actividad no es sostenible (qué palabra, sostenible, deberían ponerla en el diccionario de los políticos).

Espero no estar entrando en conceptos complicados, y que la descripción sea sencilla.

Es decir, el estado se gasta más de lo que ingresa; entonces, algún insensato le presta dinero (un banco o varios, o los malvados mercados). La cuestión es que desde hace décadas, España siempre ha tenido deuda, es decir, que siempre ha tenido que pagar interés. Esto es como si alguien, durante toda su vida, siempre ha tenido deudas. Ya sea una hipoteca o cualquier tipo de deuda. Eso es así. La cuestión es cuál es el nivel de deuda (¿alto, bajo?), y si crece o se reduce. El caso es que en 2004, cuando el inútil de ZP llegó al Gobierno, España tenía un nivel de deuda muy bajo, inferior al 50% del PIB, que es muchísimo menos que Francia, que Alemania o Italia. Cuando digo muchísimo menos, es que, en aquellos tiempos, Francia tenía casi el doble, y Alemania también, e Italia, unas 3 veces más. Pero en el verano de 2011, es decir, solo 7 años después, la situación es diferente, es dramática.

En estas líneas no pretendo criticar a un gobierno o a otro (añadir el adjetivo que añado a ZP no es intencionado, me sale solo, natural), solo ofrecerte datos, y tú, que de tonto no tienes un pelo, saques tus propias conclusiones.

Sigo. En verano de 2011, nuestra querida España va camino de la ruina. Porque el déficit fiscal sigue disparado después de que ZP no haya hecho más que aumentar el gasto público. (Con esta política de gasto se produce el efecto contrario que con la política de reducción de gasto. Si reduciendo el gasto – bajando salarios a funcionarios y subiendo impuestos a todos los españoles- encabronas a todos, te puedes imaginar cuando aumentas el gasto: la fiesta para todos, ¡yujuuu!, ¡esto es la fiesta!). Pero ojo, el aumento de gasto que lleva a cabo ZP y muchas regiones, durante los primeros años no generan un problema de déficit porque, primero, los ingresos siguen aumentando y porque, aunque se genere déficit, España parte de un bajo nivel de deuda. Es como si tú u otra persona no tiene deudas y se tiene que endeudar por algo, comparado con una persona endeudada ya hasta las cejas y que necesita más deuda. La situación no es la misma, y el que te tiene que prestar no te mirará igual en el primero que en el segundo caso.

Pero ¿qué pasa en 2011? Sencillamente pasa que España hasta ese momento ha demostrado que no le importan los desequilibrios, y que el Estado se gasta lo que haga falta (¿le importa a alguien?). ¿Es esto una actitud responsable´? Y es en 2011 cuando el desequilibrio fiscal está a un nivel desorbitado. Desorbitado significa la friolera de llevar camino de cuatro años gastando muy por encima de las posibilidades. Pongamos las cosas en perspectiva. Imaginemos que tú, yo o cualquiera tiene una deuda, y, por los motivos que sean, en un periodo de 3-4 años doblamos esa deuda, durante un periodo en el que nuestros ingresos (negocio o trabajo) está en crisis, pero no cambiamos nuestros hábitos de gasto y seguimos saliendo, comiendo fuera y viajando a esquiar y a la playa. Después de doblar prácticamente la deuda de 2008 (cuando estalla la crisis financiera global) hasta 2011, es decir, a un ritmo muy rápido, ¿qué nos dirá el banco cuando volvamos a pedir que si nos da más crédito?

Seguramente el banco nos pedirá más garantías y nos sugerirá que por qué no dejamos de gastar y demostramos un poco de responsabilidad y compromiso con las obligaciones de pago contraídas. ¿Este comentario, te parece fuera de lugar? ¿Te parece insensato? ¿Qué pensarías de un padre que tiene deudas hasta la camisa (con familia, hijos, hipoteca, colegios, comedor…) y sigue yendo al bar o a los toros como si no tuviera deudas? ¿Y si además su empresa, la que le paga todos los meses, empieza a tener problemas? ¿Qué pensarías sobre esa persona que no modifica sus hábitos de gastos ante la amenaza que existe de que se quede sin trabajo o que le rebajen el salario? Si esa persona no modifica su hábito de gasto y pierde su trabajo, ¿le prestarías tú dinero para que no solo alimente a su familia, sino para que siga yendo al bar y a los toros? Eso es lo que "los malvados mercados nos han dicho a España". Es decir, o demuestras responsabilidad, o yo no te presto más.

Esto más o menos es lo que le debieron de decir a ZP, en verano de 2011, para que saliera corriendo a decir, oye, que convoco elecciones en noviembre, que es mejor para todos. ¿Qué te parece la realidad contada de esta manera?

Sigo. Entonces, finales de 2011, ¿qué se puede hacer con la situación? La situación es la siguiente: desequilibrio entre ingresos y gastos del Estado (administración central y autonómica) que ha sido desbocado durante los últimos 4 años. Pues hay que reducir el desequilibrio como sea, y rápidooooo. ¿Tú qué harías? ¿Cómo se cogen los cuernos de este toro? ¿Qué harían otros?

Desde ese momento, finales de 2011, España necesita demostrar que es un país responsable con sus obligaciones de pago. Pero se podría pensar, ¿y por qué? Pues porque si uno no es serio, pierde credibilidad. ¿En qué consiste la labor de un Gobierno? A mí sinceramente me parece que la cosa es muy simple. Gobierno, tú estás ahí porque nosotros, los españoles (trabajadores, sobre todo) te financiamos, por lo tanto, sé responsable y no gastes más de lo que te damos. Si gastas mal, o no me gusta cómo gastas, en unos años, no te votaré. Pero ante todo, no nos metas a los demás en problemas. Eso es lo que yo le pido a un gobierno, por encima de todo. Luego están los ideales de cada uno, pero eso en 2011, e incluso hoy, da igual. Si, da IGUAL, porque se trata de sobrevivir, de superar la MEGA CRISIS de sostenibilidad de ESPAÑA. Si España quiebra, lo que estamos viviendo desde 2008 es una película de Walt Disney. O, dicho de otro modo, si España no hubiera afrontado el desequilibrio fiscal, los hombres de Negro ya habrían venido y habrían tomado medidas mucho más salvajes, estilo Grecia o Portugal (bajar más el salario de funcionarios, recortar las pensiones, cerrar infinidad de empresas públicas deficitarias…).

Recuerda, Antonio, una cosa fundamental. Todo esto ocurre porque estamos endeudados. Si España, en 2008 no hubiera tenido deuda, hoy no habríamos pasado por esta crisis. Pero, imagínate si en vez de deuda, España hubiera tenido posición contraria a la deuda, si en vez de deuda, hubiéramos tenido patrimonio positivo. Sí, esa situación que tú y yo tenemos, es decir, que nuestros activos son superiores a nuestras deudas o pasivos. Porque, aunque en España mucha gente tiene hipoteca, hay muchos que tienen activos que respaldan esa hipoteca, y muchos otros que no la tienen porque la terminaron de pagar. Si se hubiese dado esa situación, entonces estos años habrían sido un mal sueño. Pero ¿tú te imaginas que España no tuviera deudas? ¿Te imaginas un sistema de gobierno que no solo no hubiera gastado más de lo que le dábamos en impuestos, sino que además hubiese sido ahorrador? ¿Te lo imaginas?

¿Te imaginas a políticos que fuesen tan austeros que todos los años se consiguiera gastar menos de lo que les damos? ¿Es eso posible en este país? ¿Ha pasado esto alguna vez por la cabeza de un político? Yo, si algún partido político tuviera como único objetivo de programa alcanzar la posición de patrimonio positivo, me afiliaría sin dudarlo y hasta le donaría algo de dinero.

Recuerda que no tengo color político, solo analizo los números. Hubo un político que sí que pensó en esto, y aunque no consiguió pasar de una situación de deuda a una situación de patrimonio positivo, sí consiguió reducir el endeudamiento porque convirtió los déficits fiscales en superávits fiscales. Te dejaré que adivines quién fue este político, seguro que le conoces.

A mí me gustaría, si he podido explicar claramente la situación, que los politicuchos de este país que tanto se lanzan a criticar lo que haga el de enfrente, o el de al lado, que piensen dónde estamos, de dónde venimos y dónde tenemos que ir. Esos que pregonan "si yo estuviera en el gobierno, dejaba de pagar la deuda para que los mercados no dicten nuestras políticas". O los que dicen "los mercados nos están obligando y empujando a la situación de crisis que vivimos, esto es la dictadura de los mercados". "Que le den a la troika y a Europa".

Antonio, ¿tú qué piensas? ¿Qué te parece? ¿Qué hacemos?

A veces sueño que España ha cambiado, que la sociedad ha mejorado muchísimo su nivel educativo y entonces no se oyen demagogias como las que oímos todos los días.

Nadie quiere esta crisis, nadie, pero que todo el mundo sepa que estamos en esta grave crisis porque el Estado ha fracasado. Porque el Estado Español lleva más de 30 años endeudándonos, y cuando el nivel de deuda ha alcanzado el punto de casi no retorno, nos dicen que no nos dejan más dinero. No nos preguntemos que por qué no nos dejan más dinero. Ya lo sabemos: porque nuestros dirigentes han sido unos irresponsables. Seamos maduros, sensatos, lógicos y afrontemos la realidad, como hacen las empresas cuando pasan por este proceso. O se afronta la realidad, o se va al agujero. No juguemos con los sentimientos de las personas, no tratemos de engañarles, no abusemos de nuestra posición para decirles mentiras y demagogias. Seamos realistas, sinceros, también positivistas. Se puede salir de esta, pero todos juntos, entendiendo la situación.

Me encantaría que la gente tuviera metido en la cabeza como primera cosa de la vida el evitar la quiebra, ahorrar, no gastar, enseñar a los niños desde pequeños a ahorrar para que nunca, nunca más se repita esta crisis. ¿Sabías, Antonio, que esta crisis se podía haber evitado? Es muy sencillo. ¡¡Si no hubiéramos tenido deuda, no habríamos tenido crisis!! ¿No te parece sumamente sencillo? Tú mira qué países están sufriendo la crisis y mira si ves algo en común a todos ellos: su nivel de deuda, y la deuda se genera solo por una cosa, cuando gastamos más de lo que ingresamos durante un periodo de tiempo, simplemente. ¿Tú te imaginas una empresa, un restaurante o una productora que se pasa 30 años perdiendo dinero y aumentando su deuda? Eso ha sido España, salvo un pequeño momento de finales de los 90 y principios de los 2000.

Repito e insisto, no tengo colores políticos, no simpatizo con ningún partido político, solo me repugna que la política de ESTADO nos haya metido en esta crisis, pero, sobre todo, porque siempre pagan las clases más desprotegidas. Esos que se piensan que el Estado les protege, esos son los más perjudicados, y por culpa del ESTADO, que es el que se ha endeudado hasta las cejas.

Querido Antonio, no sigo más, después de tanto rollo. Espero de veras no haberte aburrido, y haber podido ofrecer un poco de luz sobre la realidad que nos rodea. Pero sobre todo que entiendas cómo hemos llegado hasta aquí y por qué estamos sufriendo lo que estamos sufriendo.

Un fuerte abrazo.

Luisaco (@numerosycosas)

La UE vuelve a poner a Rajoy los ‘deberes’ que ignora desde hace dos años

Segunda ronda de la reforma laboral, cambios en el sistema tributario, revisión de las grandes partidas de gasto y control de las administraciones públicas. Esta es el conjunto de reformas que este martes los ministros de Economía de la UE (el grupo conocido como Ecofin) le han hecho a España.

Es muy probable que a muchos españoles la lista les recuerde a algo. En los últimos años han podido leer esta misma receta una y otra vez. La OCDE, el FMI, la troika, la Comisión Europea… Todos los organismos internacionales que han realizado informes sobre la economía española han repetido casi de corrido la misma cantinela.

Pues bien, han pasado seis años del comienzo de la crisis, tres años y medio desde el momento crítico de mayo de 2010, dos años de la llegada de Mariano Rajoy y un año y medio desde el rescate de las cajas españolas con dinero europeo. Sin embargo, los deberes siguen sin completarse. En algunos aspectos se han aprobado cambios parciales, que ahora Bruselas exige que se completen. En otros, prácticamente no se ha hecho nada. La buena noticia, para el Gobierno, es que no parece haber impaciencia en las capitales europeas, al menos por el momento…

En el comunicado de esta semana, el Ecofin recuerda que muchas de las recomendaciones de la UE sólo se han visto "parcialmente respaldadas por medidas concretas". En muchos casos las reformas todavía están pendientes de ser adoptadas o plenamente aplicadas, y su rápida y plena aplicación son claves para el éxito". Por eso advierte, otra vez, que "la Comisión y el Consejo vigilarán la ejecución de las reformas". Claro, que esto ya lo han dicho varias veces con anterioridad, sin que la falta de avances haya implicado ningún tipo de sanción concreta.

Las cuatro claves

Con el saneamiento del sector financiero en marcha y las cuentas públicas más o menos controladas, lo que queda por delante son las reformas. Ésas de las que tanto se habla, especialmente desde la llegada de Rajoy a La Moncloa, pero que parece que nunca llegan (o que cuando lo hacen se quedan a mitad de camino). En este sentido, las peticiones de Bruselas vuelven a la carga en las cuatro grandes cuestiones pendientes de la economía española:

– Mercado laboral: fue una de las primeras reformas que puso en marcha este Gobierno, nada más llegar a Moncloa. En febrero de 2012 ya estaba en marcha (aunque luego hubo modificaciones a lo largo del trámite parlamentario) y Fátima Báñez ha destacado sus buenos resultados en materia de flexibilidad interna y contención del número de despidos.

Sin embargo, no es suficiente en lo que hace referencia a las políticas activas de empleo y dualidad. Por eso, ahora se habla de la "segunda ronda" de la reforma laboral. En teoría, debería ir dirigida a concentrar las modalidades de contratación. De los 41 tipos de contratos existentes en la actualidad (según las cuentas de la propia Báñez) a 4-5 grandes formatos. El Gobierno ha hablado de "unificar", pero en realidad no se refiere a quitar formas de contratación, sino a unificar formularios. Sería un cambio cosmético, con poquísimas consecuencias prácticas. ¿Será suficiente para contentar a Bruselas?

Pero es que además el Ecofin no sólo pide este cambio. También se fijan en las "políticas activas de empleo". Los famosos cursillos del paro, tan de moda últimamente, y la forma en la que se incentiva a los desempleados para que busquen trabajo están en el punto de mira de Bruselas. Desde hace años, ésta es otra de las grandes asignaturas pendientes, pero hasta ahora nadie se ha atrevido a meterle mano.

– Reforma fiscal: se supone que está en marcha, pero hasta 2014 no habrá nada definitivo. Y cada vez que hay novedades se habla de que se retrasará su aplicación a 2015 y 2016. Tampoco está claro que cuando se conozca su contenido definitivo se parezca a lo que pide Bruselas. Tendrá que ser compatible con cuadrar el objetivo de déficit. La idea (también repetida hasta la extenuación) es que se simplifiquen los tributos y se acabe con la mezcla de tipos muy elevados con muchas excepciones (deducciones, reducciones, exenciones,…). El Gobierno lo deja todo al grupo de expertos encargados de la reforma. En teoría debería seguir el camino marcado por Bruselas.

– Reforma de la administración y recortes de gasto: se supone que el Gobierno está en ello, eliminando organismos, recortando aquí y allá, eliminando duplicidades, ahorrando allí donde se puede… Mariano Rajoy aseguraba este lunes, en la entrevista que concedía al diario El País, que el principal problema de España ahora mismo era de ingresos, que no se podía hacer mucho más por el lado del gasto. Pero el Ecofin no parece muy de acuerdo y alerta que sigue pendiente "una revisión sistemática de las grandes partidas de gasto para mejorar la eficacia" del sector público.

– Ley de estabilidad presupuestaria: otro de los grandes logros teóricos del Gobierno que el Ecofin denuncia que se puede estar quedando a mitad de camino. Por eso, pide que se "refuerce" su cumplimiento, con medidas como la publicación en plazo de los informes trimestrarles de las comunidades y la aclaración de en qué momento se activarán las sanciones contra las que incumplan. Vamos, que le están diciendo a Montoro que puede que el texto de la Ley esté muy bien, pero que de nada servirá si no se aplica. Otra denuncia habitual: muchas de las medidas aprobadas no se están aprovechando por falta de interés político. También aquí habrá que ver la respuesta desde Moncloa. Y si Bruselas aguantará mucho más sólo con buenas palabras.

Los países bálticos demuestran al mundo que la austeridad funciona

Relying on ever-rising house prices pushing home values up via artificially cheap lending creates only the illusion of growth – Ros Altmann

Como saben ustedes, resido en Londres desde hace diez años. Reino Unido es el experimento keynesiano que los defensores de los estímulos, inflación y devaluación siempre ‘olvidan’, mirando a otro lado, por el fracaso que supuso. Mucho Abenomics y mucho Obama pero nos olvidamos del destrozo inflacionista de Gordon Brown, y el agujero de las cuentas públicas que causó… y del que aún no se ha salido, llevando a cabo una política de estímulos monetarios brutal con un Banco de Inglaterra que compra casi el 70% de la deuda pública.

Sin embargo, y para sorpresa de muchos expertos dentro de la isla, el Reino Unido parece que empieza a despegar con fuerza. Se estima que la economía ha crecido un 1,5% en los primeros nueve meses, con una marcada aceleración trimestre a trimestre, hasta un 3,2% anualizado, y que seguirá avanzando un 3% en 2014.

Teniendo en cuenta que en 2012 la economía solo creció un 0,2%, los resultados son, cuando menos, espectaculares. Al fin y al cabo, los socios del Reino Unido en ‘el club de la impresora’ –Japón Estados Unidos– siguen decepcionando con resultados macroeconómicos muy cuestionables, desde un déficit comercial y endeudamiento brutal y creciente, en Japón, a un crecimiento y mercado laboral ‘tímido’, según la propia Reserva Federal, en EEUU.

¿Cuál es el milagro de la economía británica? Probablemente una burbuja inmobiliaria de proporciones peligrosas, de la cual ya alertan periódicos tan ideológicamente dispares como el Daily TelegraphThe Guardian o City Am (Subprime Britain, titulaba un artículo).

Existen elementos positivos:

– Ya en 2012 Reino Unido pasó a exportar más fuera de la Unión Europea (52%) que dentro de la misma, quedando menos expuesto a la crisis de la Eurozona. Pero las exportaciones no explican el crecimiento. A pesar de haber alcanzado un record histórico en junio de 2013, y crecer a un ritmo 3% anual, las exportaciones son alrededor del 32% del PIB.

– Las ventas de coches se han disparado y casi han vuelto a niveles pre-crisis, mientras que en la Unión Europea siguen a niveles deprimidos. El tipo de cambio libra-euro favorece las ventas de coches europeos, sobre todo alemanes, en Reino Unido.

– Tras las bajadas de impuestos y facilidades para la creación de empresas, el nivel de desempleo alcanza las cotas más bajas desde 2009, 7,7%, a pesar de la inmigración creciente. Además, el consumo empieza a crecer, con datos de Coffer Peach mostrando subidas de ventas en restaurantes (+1,9% en agosto) y hoteles (+4% en la primera mitad del año).

– El déficit del Estado empieza a reducirse de manera importante. Bajan los impuestos, se atrae capital, se pone alfombra roja a los emprendedores, se recauda más. Sencillo. 25.000 millones de libras más, de hecho según HMRC (por favor, que se lo envíen a alguien en la UE o en España). Vean el grafico de déficit (de -10% a -5.8%). Las olimpiadas, sin embargo, crearon muy poco recorrido de ingresos fiscales y menor de estímulo.

– Pero ninguno de esos datos es comparable con el impacto que ha tenido en la economía la política de apoyo a la compra (Help to Buy), también conocido en Reino Unido como el ‘Viagra de la burbuja inmobiliaria’. Los efectos han sido muy rápidos. Los precios de las casas han superado los máximos de 2008, y eso que ya habían subido de manera importante con la entrada de dinero extranjero que salía de la UE ante el riesgo de ruptura del euro –y que llevó a que en zonas como Richmond Wimbledon hasta el 80% de las casas se vendieran a griegos, españoles, portugueses o italianos en 2011-2012, según Foxton’s-. Compañías como Grafton, suministradores de construcción, han visto crecer sus ventas en Reino Unido un 5,5%. Cemex comentaba que sus ventas en el país crecían un 9% en el segundo trimestre. La demanda de viviendas, según Crest Nicholson, subía un 46% desde la implementación del Help To Buy…. Y el sueldo medio de los obreros de la construcción subía un 20% en la primera mitad de 2013. 

Vean el índice Nationwide de precios de vivienda:

¿Todo es bueno? Sube la demanda, crece la economía, se recuperan los precios de las casas, la gente ‘percibe riqueza’, se venden más mesas y cortinas…

Pero hay varias señales de alarma:

– La garantía de dinero barato del Gobierno aumenta el riesgo de impago. Se han dado 210.000 millones de ayudas disponibles en el Funding for Lending y Help To Buy, mientras el ratio de deuda sobre ingresos de los primeros compradores se disparaba de 3 a 1 a 4,4 a 1. Es decir, por cada libra de ingresos, se endeudan en 4,4 para comprar la primera casa. Un amigo malagueño, que es CEO en una empresa británica, siempre me dice que “los ingleses van pegados a las curvas”.

– La mayoría de las ventas de casas –más del 50%- se hacen sin hipoteca y las llevan a cabo inversores extranjeros buscando alquilar. Pero el precio de los alquileres ha aumentado mucho más que los salarios durante cinco años consecutivos, llevando a un riesgo de impago o exclusión que haga que, aunque haya disponibilidad, no se den condiciones para alquilar.

– En Londres la burbuja está bien alimentada por dos factores: la City, que aguanta subidas de precios y lo que haga falta, y la llegada de millonarios extranjeros de cualquier país. Como dice un amigo de una agencia inmobiliaria, “siempre hay un país al que le va bien, y esa gente cuando decide comprar, se va a Londres como primera opción”. Por eso Londres se ha convertido en la ciudad más cara del mundo, sobrepasando a Tokio. Pero esa ‘burbuja retroalimentada’ se disipa al salir de la M-25 (la autopista de circunvalación que rodea Londres), lo cual genera el riesgo de ‘implosión de burbuja’ como vimos en 2008. Los precios se disparan empezando en Londres y en ondas expansivas alcanzando hasta Accrington, que está donde el viento da la vuelta, y luego van explotando de la periferia hacia el centro.

En el año 2004, cuando llegué a la City, me ofrecieron una hipoteca millonaria en la que solo pagaba intereses, repagando el capital con el bonus –prima de resultados- de cada año. Ese tipo de hipotecas desaparecieron prácticamente en 2009. Hoy han vuelto.

Por supuesto, el Banco de Inglaterra “monitoriza con cuidado la creación de una posible burbuja”. No ve peligro hoy porque las transacciones y las hipotecas firmadas son muy inferiores a los máximos de 2008, y porque una gran parte se venden sin ningún tipo de préstamo. Pero en ese elemento es donde está el riesgo… Cuando esos fondos que compran riesgo inmobiliario pensando generar rentabilidades altas por alquiler se encuentran con que existe un exceso de viviendas sin vender –que nunca se reconoce- y, a la vez, la posibilidad de vender esas casas se dificulta porque la capacidad de la población mayoritaria para adquirirlas simplemente empeora… entonces salta el stock escondido.

He vivido en Reino Unido en tres etapas, finales de los 70, mediados de los 90 y desde 2004. He visto en al menos diez ocasiones el drama de personas con negative equity (personas que tienen hipotecas muy superiores al precio real de la casa, y cuyo riesgo afecta a todo el resto de su capacidad crediticia). Tal vez este crecimiento sea más sostenible, como argumentan algunos, por ser menos agresivo en deuda. No lo tengo claro.

Pero el crecimiento de la economía liderado por un aumento desproporcionado del precio de los casas pensando que solo va a aumentar porque (ejem) “se necesitan construir mucho más para atender la demanda futura”, lleva en casi todas las ocasiones a que explote de manera agresiva. Esta vez, además, el riesgo es en el balance del Estado –que garantiza- y por tanto, si sale mal, se paga en impuestazos… y coincide con una represión financiera que hace que la renta disponible de las familias no mejore. Hay que vigilarlo, y mucho. Pero sobre todo, a los países que no atraen gestores de fondos, millonarios rusos o árabes ni cantantes de rock, por favor, no copien la formula.

Rubalcaba declara la guerra a los planes de pensiones privados

Cuanto más rica es una economía, mayor cantidad de deuda puede soportar. Google es capaz de digerir más deuda de lo que lo fue Martinsa Fadesa. De hecho, es habitual que ambas variables se incrementen a la vez: conforme un sistema económico crece, su stock de deuda aumenta; cuando decrece, su stock de deuda se reduce. Mas, como sabemos, correlación no implica causalidad, de manera que uno debe plantearse hasta qué punto una variable condiciona la otra.

Crecimiento y deuda

Por un lado, si nos volvemos más ricos, adquirimos mayor margen para endeudarnos; de manera que, en tanto en cuanto nos interese adelantar al presente parte de nuestra renta futura, recurriremos con más asiduidad a una deuda: en este escenario, es el mayor crecimiento el que da lugar a un mayor endeudamiento. Pero, por otro, la deuda también puede emplearse como vehículo para financiar nuevas inversiones productivas que sienten la base de un aumento de la renta futura: en tal caso, es la mayor deuda la que genera un mayor crecimiento. Pero fijémonos que este último caso sólo se dará si se cumple una condición: que la rentabilidad del plan de negocios acometido gracias a la deuda supere el coste financiero de la deuda.

Al fin y al cabo, todo crédito es una forma de intercambio aplazado, una transacción incompleta: una de las partes compra hoy (disfruta hoy de los bienes) pero paga en el futuro. En los intercambios convencionales, quien compra resarce instantáneamente al que vende y la transacción finaliza tan pronto como ambas partes entran en posesión de sus nuevas mercancías. Con la deuda no: una parte compra hoy utilizando no su renta presente, sino su renta futura, de manera que alguien (ya sea el propio vendedor o un tercero) debe proporcionarle crédito a ese comprador (alguien le permite pagar y completar el intercambio más adelante).

Subsiste en el comprador, pues, la obligación de cerrar la transacción en el futuro: entregarle al vendedor el importe de las mercancías que adquirió en el pasado (principal) más una compensación por el retraso en el pago (interés). De ahí que, para tratarse de una inversión generadora de riqueza, los factores productivos adquiridos a crédito deberían ser capaces de generar un excedente de valor (rendimiento neto) que cubra el interés de ese crédito. Si no, si el deudor no puede devolver los intereses (o incluso el principal), la deuda no impulsará el crecimiento sino que lo erosionará.

Claro que esa destrucción de riqueza derivada de malas inversiones financiadas con deuda no tiene por qué ser evidente durante un largo período de tiempo. Y, en tal caso, puede suceder que un sistema económico acumule insosteniblemente deuda y, mientras lo hace, impulse un crecimiento artificial que sólo más adelante terminará colapsando. Esto último es lo que le ha sucedido a España desde 2001. Por desgracia, en muchas cabezas se ha quedado grabada de un modo indeleble la correlación entre crecimiento y crédito: nuestra época dorada coincidió con el aumento del crédito, de manera que para regresar a esa época dorada, es necesario que vuelva a fluir el crédito.

El crédito no nos traerá la recuperación, sino al revés

Y, en efecto, se ha instalado en el discurso oficial que la primera condición que necesita España para recuperarse es que vuelva a fluir el crédito con normalidad. Los políticos han sido especialmente proclives a abrazar tan populista mensaje, pues de ese modo disponían de una excusa perfecta para rescatar a la banca a costa de los contribuyentes: sólo es necesario –nos decían– un pequeño saqueo tributario para que las entidades financieras vuelvan a conceder crédito de manera fluida y regresemos a la época de la abundancia.

Desde aquí ya tuvimos ocasión de explicar en diversas ocasiones que tal discurso se asentaba en una notable falacia: si el crédito escasea en España, no es porque los bancos no estén en posición de extenderlo, sino porque los demandantes de crédito en España son riesgos mucho más elevados de los que la banca debería asumir. Dicho de otro modo, si el crédito no fluye no es por una insuficiente oferta de crédito, sino por una demanda insuficientemente solvente. Es verdad que mucha gente desearía obtener (o refinanciar) sus créditos, pero el banco no les ve con capacidad para devolverlos: ¿es que acaso un supermercado vende sus productos a aquellos que entran sin dinero? No, y lo mismo pasa con los bancos: para obtener crédito hoy ha de existir una expectativa razonable de que se reintegrará con intereses mañana. Y esa expectativa no existe y por motivos bien fundados. Lo hemos constatado esta semana: el 35% de todos los préstamos concedidos desde 2008 han entrado en mora. Es verdad que el cierre total de la ventanilla puede llevar a que paguen justos por pecadores (sobre todo en relación con la financiación del circulante), ¿pero cómo podemos esperar que la banca extienda crédito en esas condiciones? ¿Y cuál sería el propósito de presionarle a que lo hiciera? ¿Dilapidar capital y volverla a rescatar a costa del contribuyente?

No nos equivoquemos: si España se recupera no será porque a causa de que vuelva a fluir el crédito, sino porque habrá corregido sus desequilibrios subyacentes y entonces, una vez la recuperación sea sólida y los demandantes de crédito vuelvan a ser buenos riesgos, el crédito volverá a fluir. Pero la disponibilidad general de crédito será sólo un efecto, que no una causa, de la mejoría. Si los bancos prestaran ahora mismo a troche y moche sólo estarían apuntalando las malas inversiones pasadas y engendrando otras nuevas. No es lo que necesitamos.

La clave, el ahorro

Para endeudarnos, hemos de ser capaces de amortizar la deuda. Y para ello se han de dar dos condiciones: una, disponer de planes de negocio lo suficientemente seguros y rentables como para que puedan ser financiados sin elevados riesgos; dos, reducir la pesada carga de deuda que seguimos arrastrando desde la burbuja inmobiliaria. Es decir, antes de endeudarnos tenemos que pagar las deudas pasadas y disponer de un buen proyecto para respaldar las nuevas deudas.

Para reducir las deudas pasadas, es necesario ahorrar: esto es, que familias y empresas consuman la menor cantidad posible de su renta presente (salarios y beneficios) con tal de amortizar su deuda. Para contar con un buen plan de negocios que respalde la nueva deuda, es necesario en gran medida que el resto de la economía se reestructure y mejore: mis oportunidades de inversión dependen de las buenas inversiones que ejecuten otros (en Zimbabwe es difícil encontrar una buena oportunidad de inversión; en Suiza, no tanto). ¿Pero cómo vamos a invertir en reajustar el modelo productivo de España si previamente no vuelve a fluir el crédito? ¿No es acaso una pescadilla que se muerde la cola? No: toca buscar nuevas fuentes de financiación basadas en el ahorro propio (más capitales propios y menos capitales ajenos). De nuevo, también por esta vía necesitamos más ahorro. Nunca olvidemos que el ahorro es la base del capitalismo.

Por desgracia, el Gobierno del PP se ha obsesionado con saquear el ahorro familiar y empresarial mediante draconianas subidas de impuestos para conseguir mantener a flote su particular burbuja estatal. Por eso, justamente, la burbuja estatal es hoy el principal obstáculo a una recuperación sostenible (más allá de los rebotes engañosos) y, también, a una circulación más fluida del crédito.

Mas estudia intervenir la Comunidad de Madrid

El presidente de la Comunidad de Madrid se ha empeñado en bajar los impuestos sin el menor respeto a las directrices nacionales, en un gesto que no sólo ha dejado en evidencia al Gobierno de Rajoy sino a las autonomías más derrochadoras y con la clase política más trincona, dos características que suelen ir de la mano. Montoro todavía no se ha pronunciado acerca de este gesto de rebeldía de Ignacio González. Debe de estar pensando en qué castigo imponerle por su actitud levantisca, que, además, ha molestado a los nacionalistas catalanes, algo que en la España actual resulta intolerable.

En CiU ya han calificado esta decisión del presidente madrileño como "un mazazo a Cataluña" y una prueba más de la injusticia de la financiación autonómica. En esto último tienen toda la razón los nacionalistas catalanes, pero olvidan que ese desequilibrio presupuestario opera a su favor, pequeño detalle que a ningún español fuera de allí le pasa inadvertido. Pero lo más sorprendente de esta nueva melopea lacrimógena es que tiene como origen no una entrega adicional de fondos públicos, como las muchas que anualmente trinca el Gobierno regional catalán, sino la decisión de la comunidad madrileña de bajar el tramo autonómico de algunos impuestos estatales.

El Ejecutivo madrileño ha llegado a la conclusión de que donde mejor está el dinero es en el bolsillo de los ciudadanos, sano principio que tendría que ser observado en toda España, país donde montar cualquier negocio encuentra tantas trabas como instalar una fábrica de banderas israelíes en la Franja de Gaza. Hay que intervenir a la Comunidad de Madrid antes de que el ejemplo se extienda. No por parte del Gobierno central en cumplimiento de los preceptos recogidos en la ley de equilibrio presupuestario, puesto que Madrid es una de las pocas autonomías que los cumple a rajatabla, sino directamente por la Generalidad de Cataluña, eterna agraviada y verdadero poder fáctico también en materia económica.

Greenpeace y el arroz dorado: ¿un genocidio silencioso?

La Hacienda española no es eficiente. O eso parece. Al menos no tanto como las agencias tributarias de los países de nuestro entorno. Al contribuyente hispano, tras todas las subidas de impuestos de los últimos años, esto le sonará a chino. Pero los datos de Eurostat publicados el lunes parecen concluyentes. La recaudación sobre el PIB en 2012 llegó al 54,4% en Finlandia, al 51,8% en Francia o al 51% en Bélgica. En España, se quedó en el 37,1%

El panorama que se dibuja es desolador. Por un lado, los tipos en España están entre los más elevados de la UE tanto en IRPFIVA y Sociedades. Pero esta voracidad recaudatoria ni siquiera sirve para que el Estado recaude mucho, como podría parecer lógico.

Estas cifras han servido de excusa para los políticos de todos los partidos. Desde que comenzó la crisis, cada vez que un ministro de Hacienda ha tenido que subir los impuestos (y los han subido todos), ha tirado de esta estadística. Cristóbal Montoro llegó a hablar de un nivel de presión fiscal "absurdo". De esta manera, se ha extendido el mantra de que España tiene un problema de ingresos y no de gasto. Esta semana, tras la publicación los datos de Eurostat, ha vuelto a sonar esta cantinela: lo que habría que hacer es recaudar más.

Gasto pre-crisis

Sin embargo, lo primero que hay que recordar que el gasto público es superior en estos momentos al que había cuando comenzó la crisis. Como explicaba hace unos meses Manuel Llamas en Libre Mercado: "A pesar de los recortes, centrados en la inversión, el sector público sigue gastando casi 4.000 millones más que en 2008 y hasta 40.000 millones extra si se compara con 2007, en pleno auge inmobiliario. Asimismo, en términos reales (descontando la inflación), el gasto total sigue superando los niveles de 2006, en la cima de la burbuja, y aún excluyendo los intereses de la deuda, el gasto registrado en 2012 seguiría superando el de 2006 en términos reales".

Además, si queremos comparar a España con el resto de países de la UE, no sólo hay que mirar la recaudación (presión fiscal), sino también el gasto financiado con déficit. Nuestro país ha tenido un déficit público superior al 9% del PIB los últimos cuatro ejercicios. Y el crédito del que ahora se tira habrá que pagarlo en algún momento, con más impuestos, en cuanto la recuperación lo permita mínimamente (casi podría hablarse de una presión fiscal implícita que todos los contribuyentes españoles tenemos por delante).

Por último, hay que recordar que al final los ingresos públicos no dependen sólo de lo que uno haga, sino también de variables externas, sobre las que no tiene pleno control, como el crecimiento económico y la generación de riqueza. A cambio, los gastos sí se deciden en los Presupuestos de cada año.

Imaginemos un trabajador que cobra 2.000 euros y gasta 1.900 al mes; un día es despedido y se queda en el paro con una prestación de 1.000 euros y hace algunos ajustes para gastar sólo 1.500. Pues bien, podrá decir que su problema es de ingresos, pero mientras no consiga otro empleo, le iría bien recortar incluso más sus gastos, que es algo que sólo depende de él. Los gobiernos españoles no han sido ni mucho menos tan austeros como el ciudadano de este ejemplo (no han bajado su gasto), pero su argumentación cuando presentan las cifras de déficit sí es parecida.

¿Por qué?

En cualquier caso, sigue abierta la pregunta de por qué España no recauda tanto como otros países. Es evidente que no es por tener impuestos bajos, a pesar de que ésta pueda parecer la respuesta lógica. Como ya hemos apuntado, los tipos generales de IRPF, Sociedades o IVA están en la banda alta (cuando no en el top) de entre los vigentes en el resto de la UE.

Algunos expertos señalan al diseño del sistema. Los tributos españoles son muy elevados, pero también incluyen agujeros que permiten que ciertos contribuyentes no paguen los tipos generales. Son bonificaciones, exenciones,… Así, quizás el Estado podría recaudar más con tipos más bajos (con lo que eso tendría de positivo para la inversión y el empleo). Sólo habría que rediseñar el sistema. De hecho, se supone que esto es parte del encargo que el Gobierno le ha hecho al grupo de expertos encargados de hacer un informe sobre la reformas fiscal.

Eso sí, hay que tener mucho cuidado con esta argumentación, porque ha sido utilizada con frecuencia por los políticos para justificar subidas encubiertas de impuestos. Se quitan todas las bonificaciones o exenciones o ventajas, pero no se tocan los tipos: es decir, se incrementa la presión fiscal sirviéndose de esta excusa.

Por otro lado, una buena reforma fiscal podría tener efectos benéficos para toda la economía. Bajar los tipos a cambio de quitar deducciones puede parecer un juego de suma cero para las arcas del Estado. Lo que se gana de un lado se pierde por el otro. Pero no es así. Un diseño correcto podría estimular por sí mismo la actividad económica, lo que llevaría a un aumento de la recaudación sin subir los impuestos.

Un efecto ‘natural’

Pero queda una cuestión en la que nadie parece reparar. Decir que España recauda poco es parecido a decir que Venezuela recauda poco. Puede ser, pero eso no es debido a que los impuestos sean bajos (que no lo son), sino a que no se genera actividad. Vamos, que no hay riqueza que tasar. Puedes subir los tributos un 90% y eso no sólo no aumentará la recaudación, sino que posiblemente la disminuirá.

No se dice mucho, pero la manera más natural de subir los ingresos de Hacienda es incrementar los ingresos de los españoles.

Imaginemos que mañana todos doblásemos nuestra productividad y, por consiguiente, pactásemos una subida de sueldo con nuestra empresa para cobrar el doble. Nuestra factura con la AEAT por IRPF subiría de inmediato. No sólo porque ganamos más dinero, sino porque pasaríamos a estar en los escalones más altos del tributo. Por ejemplo, tomemos un impuesto sobre la renta con dos tramos. Se paga el 20% hasta 25.000 euros y el 40% de esa cantidad a los 50.000. Alguien que gana esos 25.000 euros apoquina 5.000 euros; si le doblan el salario, la factura fiscal pasa a ser de 15.000 euros (el triple).

Pues bien, algo parecido podría pasar en España si buena parte de los seis millones de parados encontrasen un empleo o si subiesen los sueldos por incrementos en la productividad. Es un camino más complicado que simplemente subir los tributos; lleva más tiempo y probablemente exija reformas de más calado que las aprobadas hasta ahora.

Rebote engañoso

Tras cinco años de crisis, la esperanza y el optimismo se cotizan muy baratos. La mayoría de españoles están deseosos de encontrar un halo de luz al final del túnel que les permita seguir adelante y el Gobierno necesita ofrecérselo con tal de levantar electoralmente cabeza. Mala combinación, ésa donde se junta el hambre con las ganas de dar de comer y el alimento ofrecido no está en sus mejores condiciones. Pero, ciertamente, en apenas dos días se han amontonado dos datos indudablemente positivos: uno, que España ha dejado atrás la recesión, creciendo un 0,1% en el tercer trimestre del año; dos, que seguimos creando empleo según la EPA, y lo hacemos al mayor ritmo desde 2005. Notable, ¿no?

Un exiguo crecimiento

De entrada, conviene colocar el dato de crecimiento en su adecuado contexto. Entre el segundo trimestre de 2011 y el segundo trimestre de 2013, el PIB español, según las estadísticas oficiales, se contrajo un 3,2%. En este contexto, rebotar una décima no debería ser algo tan extraordinario, máxime si de momento Mario Draghi nos ha despejado el riesgo de suspensión de pagos y salida del euro. Sin ir más lejos, recordemos que Irlanda creció un 0,4% en el segundo trimestre de este año y Portugal lo hizo un 1,1%. Nosotros nos vanagloriamos ahora por haberlo hecho un 0,1%.

El propio Gobierno, de hecho, estima una senda de crecimiento realmente deprimente para España: un 0,7% en 2014, un 1,2% en 2015 y un 1,7% en 2016. Dicho de otro modo: a este ritmo, recuperaríamos el PIB de 2011 a finales de 2016. Sucede, claro, que con el PIB de 2011 España estuvo a punto de suspender pagos por un volumen de deuda pública cercano a la mitad del que terminaremos teniendo en 2016. ¿Realmente nos hemos salvado? Como ya escribimos en su momento, la recesión ha terminado, la crisis no.

El empleo, ¿al rescate?

Los datos de la EPA parecen confirmar la narrativa de la recuperación: en seis meses, el número de parados se ha reducido en más de 300.000, de los cuales unos 73.000 se adscriben a este tercer trimestre. Cifras aparentemente espectaculares, sí, pero con bastantes matices por detrás. Repitamos, pues, la autopsia que ya le realizamos a la EPA del trimestre anterior:

1) Casi la mitad del descenso del paro durante este trimestre se debió a que la gente está desistiendo de buscar empleo. La población activa se redujo en 33.000 personas, de modo que el aumento de la ocupación fue simplemente de 40.000. Si extendemos el cálculo a los seis meses que han transcurrido desde marzo a septiembre, las cifras son similares, aunque algo menos malas: 109.000 de los 300.000 parados que han desaparecido de la EPA son personas que han dejado de estar en activo, es decir, la ocupación creció en unas 191.000 personas.

2) En realidad, el empleo en el sector privado (el que realmente cuenta para sostener una economía) se ha comportado algo mejor: subió en 52.000 personas en los últimos tres meses y en 203.000 en el último semestre. Se trata del mayor aumento tanto en términos absolutos como sobre todo relativos desde el inicio de la crisis. Para que nos hagamos una idea: el sector privado todavía no había creado empleo neto entre julio y septiembre a lo largo del último lustro. En términos semestrales, la tasa de variación del empleo también es la más potente en cualquier semestre de los últimos años: el empleo aumenta un 1,4% frente a la mejoría del 0,42% que se dio intersemestralmente en el tercer trimestre de 2010. Ahora bien, y aquí llega el gran perosi eliminamos los componentes estacionales, la economía española sigue destruyendo empleo: la ocupación desestacionaizada cayó un 0,42% en este tercer trimestre, más del doble que en el tercer trimestre de 2010 (caída del 0,19%). No en vano, en los últimos seis meses, más de la mitad de todo el empleo generado se ha concentrado en la hostelería; por el contrario, el empleo se reduce en 18.000 personas en la agricultura, en 36.000 en la industria y en otros 36.000 en la construcción.

3) Las cifras anteriores están en consonancia con el tipo de empleo creado en este trimestre: los puestos de trabajos indefinidos cayeron en 146.000, mientras que los temporales crecieron en 169.000 y los autónomos, en 26.000. Tomando todo el semestre, los indefinidos se redujeron en unos 196.000, mientras que los temporales y autónomos se incrementaron en 385.000. Nótese que la reducción de empleos fijos no es algo necesariamente malo: en muchos casos se trata de puestos de trabajo con unas condiciones laborales simplemente inasumibles en la nueva coyuntura de la economía española; se sustituyen empleos con salarios demasiado altos en relación con su productividad por otros empleos con menor remuneración. El perfil de creación de empleo parece confirmar esta tendencia: el número de ocupados entre 25 y 54 años sólo ha aumentado un 0,37% en el último semestre (la ocupación en esta franja incluso ha caído entre julio y septiembre), mientras que el empleo entre los menores de 25 años lo ha hecho en más de un 10%. La preocupante, por tanto, no es que se siga despidiendo a algunos trabajadores con empleo fijo que lastran la productividad de nuestras empresas, sino que sólo se esté contratando en régimen de empleo temporal. Este sesgo ilustra dos problemas: primero, las empresas siguen viendo la “recuperación” actual como extremadamente frágil; segundo, la reforma laboral ha fracasado estrepitosamente a la hora de erradicar la dualidad del mercado laboral (el coste del despido de los temporales sigue siendo muy inferior al de los fijos, de ahí que continúe habiendo una preferencia por contratar temporales con tal de minimizar pérdidas en caso de que vengan mal dadas).

4) Y, por último, como ya constatamos durante el trimestre anterior, la reducción del empleo público ha tocado fondo de facto. En este tercer trimestre, el empleo público se ha reducido en 13.000 personas, y en el anterior apenas lo hizo en 2.000. El ritmo de ajuste de las plantillas estatales durante 2013 ha estado muy alejado de lo que había sucedido en 2012 (cuando la minoración fue de entre 50.000 y 70.000 empleados públicos por trimestre). Todavía peor: durante estos tres meses, siete autonomías (Andalucía, Baleares, Cantabria, Castilla y León, Galicia, Murcia y Navarra) han incrementado sus plantillas. Es más, desde marzo, estas autonomías más Castilla-La Mancha ya han contratado a más de 40.000 personas. Si la plantilla global del Estado sigue cayendo aunque sea pálidamente es, en esencia, porque la Comunidad de Madrid continúa comportándose de manera bastante responsable y ha prescindido de 35.000 personas durante ese mismo período. Parece claro que la mayoría de gobiernos regionales han caído bien rápido en la autocomplacencia: dado que nos estamos recuperando, no hay necesidad alguna de seguir apretándose el cinturón.

Optimismo desequilibrado

Los datos que estamos conociendo indican una mejoría del sector privado español. No hay ninguna duda al respecto. Pero en gran medida se trata de un simple rebote frente a la situación de cuasi colapso absoluto (quiebra y salida del euro) que vivimos el año pasado. En términos de PIB, hemos rascado una décima de las 32 que habíamos perdido desde mediados de 2011, y en términos de ocupación hemos recuperado en un semestre 190.000 puestos del millón y medio que se destruyeron entre el tercer trimestre de 2011 y el primero de 2013.

Evidentemente, todas las recuperaciones comienzan con un rebote y en el caso de España habría verdaderos motivos para esperanzarse si no fuera porque la bomba de relojería del sector público sigue ahí: un déficit público estancado en el 7% del PIB y una deuda pública que rebasará el 100% en apenas unos meses. En otras palabras, si España estuviese rebotando habiendo solventado todos sus desequilibrios, habría fundados motivos para la esperanza. Dado que uno de nuestros grandes desequilibrios (la burbuja estatal) sigue completamente enquistado, si hay motivos para algo es para la cautela. Por desgracia, parece que políticos, medios de comunicación y ciudadanos se han convencido de que en estos momentos necesitamos una borrachera de optimismo, es decir, un castillo en el aire de expectativas infundadas: una nueva burbuja que nos permita patear la pelota unos años hacia delante.

La trampa saducea del conmigo o contra todos

La crisis económica ha golpeado especialmente a la industria española. Y para su recuperación, no solo de la industria sino de la economía en la que está inserta, es imprescindible su orientación al exterior y, por ello, su competitividad.

Desgraciadamente, nos queda un largo camino por recorrer, puesto que contamos con una industria, en comparación con la europea, con una baja productividad, con muchas micropymes, con elevados costes energéticos, y una menor inversión en I+D y en bienes de capital. Algunos informes hablan de que la mejora en la competitividad de la industria española podría generar un incremento de entre el 2% y el 3% del PIB.

Escasa productividad

El coste salarial en España se sitúa por debajo de la media de la UE, especialmente en la industria química y equipo eléctrico y óptico. La industria farmacéutica y material de transporte es donde menores diferencias existen.

La remuneración por asalariado en el sector industrial español ha crecido a tasas medias del 3% entre 2000 y 2011, de acuerdo con los datos suministrados por el Ministerio de Industria. Para el periodo 2010-2011 (últimos años con datos), la tendencia sigue siendo mayoritariamente positiva (6,5% en la metalurgia, por ejemplo) y tan sólo en 5 de los 21 sectores considerados se han reducido: cuero (-2,4%), bebidas (-1,1%), química y farmacéutica (-0,9%) y material ferroviario y tabaco (ambos -0,7%).

La productividad ha crecido desde el año 2000 en todos los sectores, especialmente en material ferroviario, alimentación, calzado y construcción naval. No obstante, entre 2010 y 2011, se deterioró en casi la mitad de los sectores industriales considerados. Decreció en construcción naval (-25,3%), la electrónica y TIC (-6,6%) y maquinaria eléctrica (-14,8%). Y creció, especialmente, en construcción aeronáutica (+19,4%), vehículos de motor (+5,1%) y alimentación (+4,5%).

Con todo, estamos un 34,1% por debajo de la UE15 (excluyendo construcción), sobre todo en la industria farmacéutica (una de las más importantes en nuestro país). La industria química, la farmacéutica (la que más) y el equipo electrónico y óptico (sectores en los que España es poco competitiva) es donde hay mayor déficit de productividad respecto a la UE15. Únicamente somos algo más productivos en la industria de material ferroviario.

Costes energéticos muy superiores

Los costes energéticos españoles son elevados y superiores a la media de la UE15, especialmente en madera y corcho, caucho y materias plásticas y bebidas y tabaco. Tan solo metalurgia, textil, confección y calzado disfrutan de costes menores.

En general, los costes energéticos no es la principal partida de gasto en la cuenta de resultados industrial. Sin embargo, su coste es tan elevado que las empresas tienen que buscar fuentes de energía más baratas, invertir para la mejora de procesos y renovación de maquinaria y equipos para mejorar la eficiencia energética, y ajustar sus patrones de consumo para hacerlos coincidir con los momentos de menores precios energéticos. Algo que, en ocasiones, también se considera un coste asociado que malgasta recursos que no se hubieran empleado de no ser la energía tan cara o que, como mínimo, distorsiona el normal desarrollo de la actividad.

Menor inversión en I+D

Donde más se invierte es en el sector farmacéutico y en el de material de transporte (superan el 4% del valor de producción), seguido de equipo eléctrico/electrónico/óptico (casi el 2%). En el que menos, el sector de papel y artes gráficas, madera y corcho y bebidas y tabaco.

Sin embargo, la industria española, en general, realiza una inversión en I+D del 0,84% del valor de producción, frente a casi el doble de la media UE15 (1,5%). Únicamente el sector de material de transporte, donde la industria española presenta mejores indicadores, es donde este tipo de inversión es superior al promedio europeo. En todos los demás, el porcentaje es menor, especialmente en el poco competitivo sector de equipo eléctrico/electrónico/óptico (con una diferencia de hasta 3 puntos porcentuales).

Es decir, que en los sectores donde más se invierte todavía debería invertirse más (de acuerdo a los niveles mostrados por nuestros pares europeos), especialmente en el de equipo eléctrico y óptico, mientras que en los que menos se invierte, no hay mucha diferencia.

Inversión en capital decreciente

Entre 2000 y 2011, la inversión en capital como porcentaje del valor añadido se ha mantenido igual o ha decrecido en los sectores industriales españoles. Tomando el porcentaje de inversión respecto al valor de la producción, en la mayoría de sectores considerados se invierte menos que en las industrias de la UE15. Tan sólo en la industria farmacéutica, material de transporte, alimentación, bebidas, tabaco, papel y artes gráficas se invierte más.

Aunque, en términos generales, el nivel tecnológico de las plantas españolas son modernas y eficientes, la escasa inversión a medio o largo plazo podrían determinar lo contrario. Sobre todo, en el caso de las Pymes (por su peor acceso al crédito), pero también para las empresas exportadoras o filiales de las multinacionales, cuyos proveedores suelen ser las propias Pymes.

Acceso a la materia prima ¿’comoditizada’?

El poder adquirir la materia prima como commodities en mercados internacionales supone evitar que este coste sea muy diferente al de los competidores europeos. Esto es clave porque las materias primas son el principal coste de la cuenta de resultados de la industria. En sectores como el alimentario o el del metal, sin embargo, su aprovisionamiento se produce a nivel local, por lo que son sus suministradores los determinantes de que las empresas sean o no competitivas.

El aprovechamiento de las materias primas también es clave para ganar competitividad. Y para esto es necesaria una maquinaria adecuada (y moderna), lo mismo que para reciclar parte de los productos terminados, algo que abarataría este importante coste.

El pequeño tamaño de la empresa española

Somos un país de microempresas, y ello conlleva numerosos problemas de competitividad, como la insuficiente capacidad productiva y operativa para soportar una inversión en bienes de capital elevada o el aprovechamiento de las economías de escala, el acceso al crédito, las actividades I+D, etc.

La mayor diferencia de tamaño se da, paradójicamente, en donde las empresas españolas son más grandes -farmacéutica, química y metalurgia- y algo menos en la alimentación y vehículos a motor. Es decir, que nuestras empresas más grandes (en términos de empleados) todavía deberían serlo más si tomamos como parámetro a sus pares europeos de la UE15.

La solución podría pasar por la internacionalización, sobre todo en las empresas más medianas que tienen un cierto nivel de consolidación de su negocio en el país. Pero, concretando en nuestros sectores industriales más importantes, observamos que a nuestra menor productividad hay que añadirle, además, que las empresas son mucho más pequeñas en comparación con la UE15 (en términos de empleados). Es decir, que nuestras empresas, en nuestros sectores más importantes, tienen muchos menos empleados y, además, son menos productivas.