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Etiqueta: Historia económica

La economía a través del tiempo (IV): La primera disciplina fue la Economía

Hemos empezado esta serie explicando la importancia de sumergirse en los fundamentos filosóficos e históricos de la economía. Eso nos permitió ver de forma soslayada la conexión interdisciplinaria que existe en las ciencias que estudian fenómenos en los que interviene el Ser Humano. Luego hemos continuado hablando de las bases sociológicas que se tendrán en cuenta a la hora de analizar las ideas que vayan apareciendo. Por último, establecimos unas pequeñas nociones sobre filosofía política que nos ayudarán a diferenciar entre ideas que, a priori, pudieran parecer correlacionadas, pero que aluden a modelos completamente diferentes. Ya hemos establecido el marco sobre el que se va a construir el estudio. Ahora podemos comenzar a retrotraernos en el tiempo para descubrir el origen de la Economía.

En los albores de la historia

En conversaciones informales, sobre todo con aquellos ajenos a la disciplina, suele relacionarse el inicio de la Economía con la Edad Moderna. A veces, quizás, con la Edad Media. Sin embargo, el Ser Humano ha puesto en el centro de sus vidas la necesidad de administrar los recursos escasos desde el inicio. Eso, aunque se haya dado mediante formas rudimentarias, no es más que la muestra de la importancia que tiene nuestro campo para la propia supervivencia y, en general, para la esencia del Hombre. Tanto es así que ha sido la base de una buena parte de las expresiones culturales desde la antigüedad.

De hecho, hoy en día podemos asegurar que los restos escritos más antiguos descubiertos ‘pertenecen al campo de la Economía’. Es la economía la que inaugura, al menos de forma escrita, el estudio. Y, además, refleja la necesidad del ser humano de dejar constancia de determinadas cuestiones de forma duradera. En concreto, la escritura más añeja de la que disponemos es del s. IV a.C. y se trata de una serie de símbolos abstractos encontrados en una especie de material convexo de arcilla conocido popularmente como “tablilla”.

Registro de la actividad comercial

Estas tablillas están escritas por ‘funcionarios’ de Uruk. Uruk es onocido, entre otras cosas, por ser el lugar en el que se supone que reinó Gilgamesh según la famosa epopeya que lleva su nombre. Y ahora mismo tenemos unas cuatro mil. Así lo explica  Schmandt-Besserat (2010) quien, también, detalla con mayor precisión su contenido:

A partir de aquellos contenidos textuales fragmentarios, que estas identificaciones permiten, parece que los escribas de Uruk registran, principalmente, asuntos como transacciones comerciales y ventas de tierras. Algunos de los términos que aparecen con mayor frecuencia son los de pan, cerveza, oveja, ganado mayor y vestimenta (p. 8).

Sin embargo, el texto citado continúa exponiendo un sistema de protoescritura que podría llegar a alcanzar el s.XI a.C. y que se basaba en fichas con diferentes marcas. Tales distintivos y su disposición hace pensar que su función era contable y que servían como ‘asientos’, lo que permitía el intercambio de bienes y el pequeño comercio. Y, según mantiene la autora anterior, esta necesidad de reflejar las cuentas económicas fue la que llevó a aquellas personas a ir desarrollando poco a poco lo que hoy conocemos como ‘documentos’.

Tablillas

En primer lugar, la innovación tomó auge por su propia conveniencia; cualquiera podía leer qué fichas, y en qué número, contenía una bulla. Lo que sucedió después fue virtualmente inevitable y la sustitución de las propias fichas por sus representaciones bidimensionales habrá sido, al parecer, el eslabón crucial entre el sistema de registro arcaico y la escritura.

Las bullas huecas, con sus fichas en el interior, habrán sido reemplazadas por sólidos objetos de arcilla inscritos: las tablillas. Los montones de fichas en sanas, canastas y estantes de los archivos habrán cedido el paso a signos representativos de aquellas, inscritos sobre tablillas, esto es, habrán cedido su lugar a documentos escritos (p. 16).

Economía de símbolos

Sería, no obstante, demasiado egocéntrico para el economista no considerar la existencia de otro tipo de escritos. Si bien nuestra disciplina ha sido la que ha provocado, con bastante seguridad, el desarrollo de la escritura, existen restos antiguos de expresiones pictográficas abstractas más relacionadas, por ejemplo, con lo religioso. Como ejemplo de esto tenemos una inscripción en la pirámide de Unas, en Saqqara (Cayton, 2015) que es anterior al año 2.400 a.C. y que no es más que un hechizo para ahuyentar serpientes. Sin embargo, en todas las partes del mundo lo económico fue crucial. De hecho, la propia Economía obligó a que el número de símbolos fuera reducido y, por lo tanto, fomentó la abstracción de los mismos construyendo, poco a poco, la escritura que conocemos hoy. Tal y como explica Cayton:

Que se pudieran usar menos de treinta signos para representar una palabra en cualquier lengua le parecería algo muy tosco a un escriba egipcio, acostumbrado a emplear centenares. Pero este primer alfabeto era utilitario y tenía que serlo. Este método alfabético tenía a su favor que era relativamente fácil de aprender, que se podía adaptar a la mayoría de las lenguas y que liberaba al comerciante del poder del escriba, ya fuese este del templo, real o militar. Uno podía llevar sus propios registros, podía dirigir sus propios negocios.

Se sabe con seguridad que alrededor del 1700 a. C. los trabajadores semitas de las minas de Serabit el-Khadem (Sinaí) empleaban un sistema similar al de la inscripción de Wadi el-Hol; a partir del 1600 esta escritura protosinaítica aparece más al norte, en la zona sirio-palestina; y hacia el 1000 a. C. se usó en su forma fenicia para esculpir un verso protector alrededor de la tumba de Ahiram, rey de Biblos, una ciudad famosa por su comercio exportador de papiros, y de donde procede la palabra griega para designar el libro, biblios (p. 13).

Abstracción y complejidad

Por lo tanto, tanto la aparición de la escritura como su desarrollo – hacia la abstracción y la complejidad – están profundamente condicionados por la Economía siendo esta el principal motor de lo que puso fin a la Prehistoria. De ahí que sea crucial poner en valor la importancia del pensamiento económico y, también, que sea natural encontrar en prácticamente cualquier pensador alguna opinión, por escueta que sea, sobre nuestro campo de estudio.

Bibliografía

Schmandt-Besserat, D. (1978). Antecedentes de la escritura. Revista de la Investigación y ciencia, 23, 6-16.

Clayton, E. (2015). La historia de la escritura (Vol. 81). Siruela.

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

Las raíces neerlandesas del capitalismo

Edwin van de Haar. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Cuando los holandeses celebran el cumpleaños de su Rey el 27 de abril, fiesta nacional, muchos se convierten en comerciantes por un día. En los llamados vrijmarkten (literalmente: “mercados libres”), niños y mayores venden juguetes, libros, juegos, galletas y otras “mercancías”, o tocan música a cambio de dinero en parques, calles y plazas, regatean los precios y a menudo utilizan los beneficios para convertirse ellos mismos en compradores en el mismo mercado. Los municipios abandonan el tráfico para la ocasión y mantienen a raya a los comerciantes profesionales. Para Maarten Prak y Jan Luiten Van Zanden, dos profesores de historia económica de la Universidad de Utrecht recientemente jubilados, esta costumbre es una prueba de lo profundamente arraigado que está el espíritu del capitalismo en la cultura holandesa.

Pioneros del capitalismo

En Pioneers of Capitalism, los autores pretenden explicar los orígenes de la economía de mercado holandesa. Consideran por qué fueron los Países Bajos los pioneros en la historia del capitalismo, e intentan distinguir qué efecto tuvo la economía de mercado capitalista en la naturaleza de la sociedad holandesa. El libro no es sólo histórico; contextualizan sus hallazgos en debates académicos modernos sobre la naturaleza del capitalismo, la relación entre las instituciones y los sistemas económicos modernos, y temas modernos como la desigualdad social. No sorprende ver referencias a las ideas del historiador económico Douglas North, ganador del Premio Nobel, mientras que las ideas de Karl Marx se utilizan como el otro polo teórico.

El libro se centra en el periodo comprendido entre el año 1000 y 1800. No es casualidad, porque uno de los principales argumentos de Prak y Luiten van Zanden es que el capitalismo holandés tiene raíces mucho más antiguas de lo que los estudiosos suelen suponer. La Edad de Oro neerlandesa del siglo XVII no debe considerarse el inicio del capitalismo, sino el sorprendente resultado de una evolución que se originó siglos antes.

Crecimiento smithiano

Partiendo de las ideas desarrolladas por Simon Kuznets y Angus Madison, determinan que Holanda tuvo un crecimiento constante del PIB a partir de 1350. No se detuvo tras el declive relativo de la República Holandesa a partir de 1670, al que Adam Smith se refirió como “estado estacionario” de una economía muy desarrollada.

En un vistazo al tiempo posterior a su periodo de estudio, los autores revelan que los procesos subyacentes de crecimiento de la productividad continuaron. Hasta 1820 se trataba de un “crecimiento smithiano”, resultado, por tanto, de la creciente producción de mercado, la especialización y el cambio tecnológico inducido comercialmente. Después de 1820, se basó en la explotación de una base de conocimientos en rápida expansión, que dio lugar al tipo de cambio tecnológico que aún hoy domina la economía mundial.

Orígenes medievales

Los Países Bajos empezaron como un “delta pantanoso” marginal y subdesarrollado en el extremo noroccidental de Europa. Sin embargo, las bases del capitalismo ya estaban presentes en esta época feudal. Un monje visitante describió cómo, en torno al año 1015, los comerciantes de la entonces principal ciudad comercial de Tiel se organizaron y el emperador alemán les concedió ciertos derechos independientes. (Los Países Bajos formaban entonces parte del Sacro Imperio Romano Germánico.)

De hecho, eran un gremio mercantil, al que seguirían otros gremios. Gozaban de derechos de autogobierno, se les permitía reunir capital y recursos y mantenían su propio sistema de justicia. Además de las antiguas ciudades romanas de Maastricht, Nimega y Utrecht, la urbanización se produjo en las ciudades fluviales del este del país, a lo largo del río IJssel, como Deventer, Zutphen y Zwolle, que se unirían a la Liga Hanseática después de 1356. Dordrecht, Ámsterdam y otras ciudades de la parte occidental del país se desarrollaron (mucho) más tarde.

La geografía

Su situación geográfica en los confines de Europa dificultaba el establecimiento de un poder central por parte del imperio alemán o del rey francés. Esto condujo al crecimiento de ciudades y regiones locales relativamente fuertes, que evolucionarían hasta convertirse en las provincias holandesas. El feudalismo existía en el sur (Zelanda, la zona del río), pero no era tan fuerte como en el resto de Europa.

La parte norte gozaba de “libertad frisona”, lo que significaba un gobierno independiente de facto, sin una autoridad central. En la Edad Media, los frisones utilizarían esta libertad para dominar el comercio del Mar del Norte entre Inglaterra, Escandinavia, el norte de Alemania y el norte de Francia. Este comercio se vio favorecido por las circunstancias físicas: la población poseía ganado, en lugar de cultivos de campo, y destacaba en la producción textil, que se intercambiaba por grano, para hacer pan. El uso de monedas de oro y plata también estaba muy extendido entre los frisones (a diferencia del resto del país).

Diques, impuestos y democracia

En Occidente, una característica importante fue el drenaje de tierras baldías, en un primer momento para la recolección de turba para calefacción y, más tarde, para tierras de cultivo. Los gobernantes locales, como el conde de Holanda y el obispo de Utrecht, concedían derechos a los promotores, que a su vez contrataban a grupos de hombres para llevar a cabo los trabajos de drenaje. Estos contratos incluían disposiciones sobre los futuros impuestos que debían pagarse a los gobernantes.

Tras las obras de saneamiento surgieron comunidades locales, que crearon juntas locales de drenaje o diques (heemraden, que existen hasta hoy) que encontraron un equilibrio entre los derechos a pagar y la posibilidad de opinar sobre los asuntos mediante la elección de representantes. Entre 1000 y 1350, los Países Bajos ya contaban con una sociedad civil relativamente fuerte (gremios, juntas de desagüe, aldeas y ciudades autónomas) que incluía instituciones como reuniones periódicas y elecciones.

El rol del feudalismo

El feudalismo, a menudo considerado estático y jerárquico, desempeñó en realidad un papel importante en el desarrollo capitalista de los Países Bajos, que se caracterizaría por una mezcla de estructuras feudales y libres. La reciprocidad entre señor y vasallo fomentaba la cooperación, era flexible y podía adaptarse fácilmente a las circunstancias cambiantes, dando cabida a los gremios de comerciantes y a las ciudades. El elemento de confianza entraba en juego a través de un sistema de lealtad basado en juramentos. En la época feudal se produjo una explosión de la producción agrícola y la explotación de las turberas para calefacción, lo que permitió un rápido crecimiento demográfico.

Naturalmente, la Iglesia también desempeñó un papel importante, en la medida en que garantizaba cierta unidad europea en normas y valores. También fue un factor económico en sí mismo, por ejemplo, a través de la construcción de iglesias. Si comparamos las investigaciones internacionales sobre la construcción de iglesias, resulta que los Países Bajos se quedaron rezagados hasta el siglo XIV, pero luego se pusieron rápidamente al día y superaron a otros países europeos.

El nacimiento del capitalismo holandés

En la Baja Edad Media (1350-1566) se produjo el verdadero nacimiento del capitalismo holandés. En esos dos siglos se aceleró la urbanización, mejoraron las vías fluviales y la navegación marítima y se profesionalizó la administración pública, al tiempo que pudieron florecer instituciones capitalistas básicas, como la división del trabajo y la especialización. Sobre todo, el capital adquirió importancia para el crecimiento económico estructural, como se observa, por ejemplo, en la generalización del comercio y el arrendamiento comercial de tierras.

El comercio internacional (de cereales) adquirió gran importancia, ya que los holandeses controlaban las rutas marítimas desde el Báltico hasta el sur de Europa. El mercado se convirtió en el mecanismo central de las asignaciones económicas, reguladas por normas (locales). La gente confiaba en el mercado y se atrevía a poner su destino en sus manos. Y el mercado cumplió: se calcula que después de 1350, alrededor del 40-60% de la población dependía parcial o totalmente del trabajo asalariado para vivir.

El crecimiento del PIB per cápita fue del 40% en la segunda mitad del siglo XIV. Alrededor de 1500 se inventaron nuevos instrumentos financieros, mientras que los tipos de interés habían bajado de alrededor del 12% al 5-6%. Una diferencia importante con otros países europeos, como Italia, era que las ciudades no controlaban el campo circundante. Se dejaba libertad a estos pueblos para que se valieran por sí mismos.

Alfabetización y matrimonio

Un elemento llamativo en el desarrollo del capitalismo neerlandés fue la alfabetización comparativamente alta de la población, entre otras cosas gracias al movimiento de renovación eclesiástica de Geert Grote, la Devoción Moderna, que estimuló la lectura y la escritura individuales. A partir del siglo XV, la producción de libros y manuscritos creció espectacularmente, casi duplicando la media europea, con la ciudad hanseática de Deventer como centro. Las mujeres holandesas tenían una posición social relativamente fuerte; por ejemplo, el matrimonio se basaba en el consenso entre marido y mujer. Los Países Bajos eran también un lugar relativamente seguro, donde las élites estaban relativamente satisfechas y confiaban en el Estado y las instituciones afines para resolver las disputas. Los derechos de propiedad estaban bien organizados y protegidos.

Acta de Abjuración

En 1581, las provincias del norte de Holanda se declararon independientes del imperio de los Habsburgo en el Acta de Abjuración. No se trataba de una revolución capitalista, en el sentido de que fuera el inicio de un régimen capitalista. Se trataba de libertad: de religión, y de la voluntad de librarse del estricto dominio extranjero. De hecho, la guerra contra los españoles fue posible gracias al capitalismo: los ingresos del comercio (sobre todo de cereales) eran tan grandes que un país tan pequeño podía financiar una guerra prolongada.

A ello contribuyó también una oleada de inmigrantes altamente cualificados que huían del sur de los Países Bajos (Gante, Amberes). Se calcula que esto supuso un crecimiento demográfico de alrededor del 10%. Las ciudades del norte también eran bastante tolerantes con las minorías religiosas, como los judíos. El auge económico de principios de la “Edad de Oro” (como les gusta llamarla a los holandeses) también se vio estimulado por dos inventos gubernamentales de gran éxito en Ámsterdam: un banco público de cambio, llamado Wisselbank, (con el ayuntamiento como garante)

y un banco de crédito público (Bank van Lening), ambos precursores de los bancos centrales actuales. Combatieron la inestabilidad derivada de la especulación y la manipulación de los tipos de cambio, y buscaron el control y la estabilización de los sistemas monetario y financiero.

La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales

En su prólogo, Prak y Van Zanden revelan que Joel Mokyr, editor de la serie Princeton Economic History of the Western World, exigió la inclusión de un análisis del imperio colonial holandés. La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), a partir de 1602, puede considerarse una de las primeras empresas modernas del mundo: una sociedad de responsabilidad limitada, con acciones negociadas en bolsa, especulación sobre estas acciones y una división entre propiedad y gestión que dio lugar a todo tipo de conflictos.

La VOC necesitaba y atraía enormes cantidades de dinero, que utilizaba para construir puestos comerciales, puertos, fortalezas, infraestructuras, etc. Esto dio lugar a una economía estable y bien financiada. El resultado fue una empresa comercial global estable y bien financiada que controló gran parte del comercio entre Asia y Europa y entre los puertos asiáticos durante más de 200 años.

Libertad dentro, pero no fuera

Las principales mercancías comercializadas cambiaron a lo largo de estos años, desde las especias hasta los textiles indios, pasando por el café y el azúcar de Java y el té de China. Huelga decir que el capitalismo moderno no fue la única base del éxito; la VOC utilizó la esclavitud en Asia, Sudáfrica, el Caribe y Sudamérica, y abusó (a veces asesinó en masa) de los indígenas y sus derechos (de propiedad). Así pues, libertad en casa y no libertad en el extranjero. El principal factor de la caída de la empresa en el siglo XVIII fue que los beneficios ya no se invertían, sino que se pagaban en dividendos a los accionistas.

Pioneers of Capitalism es un libro muy informativo, con argumentos respaldados por recientes investigaciones cliométricas. Sus conclusiones alimentan muchos debates académicos modernos, pero la lección más importante es la que debe aprender todo el mundo. Aunque la orientación al mercado ha sido predominante, nunca ha existido una dicotomía entre Estado y mercado en la economía holandesa. Esta vieja receta para el crecimiento económico sigue siendo muy pertinente para muchos países modernos, ricos y pobres, desarrollados y en desarrollo.

Integración del pilar obrero en el nuevo mundo del capitalismo industrial

Europa durante siglos fue una sociedad tradicional en la que la inmensa mayoría de la población vivía en régimen de servidumbre agrícola, y la riqueza y el poder eran privilegio de la nobleza terrateniente. Las ciudades, escasas y más bien pequeñas, eran islas comerciales y manufactureras. La manufactura estaba controlada por gremios. La historia de la aparición del pilar obrero en Europa se remonta a la época de los gremios, a la sociedad precapitalista basada en la protección y el control de los mercados.

Los gremios

Durante su largo periodo de existencia, el sistema gremial consolidó el estrato estamental de trabajadores masculinos cualificados. El sistema gremial les proporcionaba un monopolio de tipo cártel sobre sus puestos de trabajo, lo que les garantizaba seguridad, un ritmo de trabajo tradicional, un estilo de vida honorable y seguridad intergeneracional en la medida en que sus hijos varones podían continuar en el mismo oficio como aprendices. Esta consolidación en un estrato asentado no estuvo exenta de conflictos ocasionales con los patronos. Así, a partir de mediados del siglo XV podemos encontrar documentos sobre la “conspiración” de miembros de los gremios por cuestiones relacionadas con sus quejas hacia los patrones.

Los gremios no solo eran organizaciones protectoras, sino que tenían funciones de ayuda mutua en una época en la que no existía el Estado del bienestar. Los miembros de los gremios ingresaban regularmente en fondos mutuos para prestarse ayuda en caso de enfermedad y muerte.

Sociedades de ayuda mutua

Los inicios de la modernidad, y su corolario necesario, la crisis del sistema gremial, así como la aparición de mercados más libres y sus consecuencias, comenzaron a extenderse en el siglo XVII-XVIII. Esto trajo consigo la libertad de los mercados y significó en la práctica el fin de la protección legal de las asociaciones proteccionistas de productores y sus trabajadores. Este profundo cambio se produjo cuando el Estado del bienestar y sus disposiciones aún no existían y tampoco había una amplia regulación de empleo, como actualmente.

Tras la disolución de los gremios, surgieron las asociaciones voluntarias de trabajadores cualificados de los antiguos gremios. Las primeras sociedades de ayuda mutua solían estar formadas por antiguos miembros de los gremios, trabajadores cualificados relativamente bien pagados, para seguir dotándose de un fondo que les permitiera cubrir sus periodos de enfermedad, desempleo y cuidar de sus viudas y huérfanos en caso de fallecimiento. Los límites organizativos de las sociedades de ayuda mutua seguían en gran medida la demarcación tradicional de oficios de sus gremios anteriores. Los trabajadores de cada oficio creaban una sociedad independiente. Cubrían el coste de estos subsidios con las cuotas de los socios.

Comunidades muy unidas

En las sociedades de ayuda mutuos florece la vida asociativa. Se formaron diversos comités sociales, que se ocupaban de cuestiones específicas relacionadas con la organización de actos y programas culturales para los miembros.

Eran comunidades muy unidas, en las que los miembros se conocían personalmente e intercambiaban información sobre las condiciones de empleo en los distintos talleres y sobre las peculiaridades de los maestros, así como sobre asuntos personales, como se hace en una comunidad cara a cara y muy unida. Las asociaciones de ayuda mutua tenían una vida organizativa regular. Las reuniones se celebraban semanalmente o con bastante frecuencia en bares, normalmente los sábados o domingos por la mañana, para gestionar las tareas administrativas y tratar los problemas cotidianos de los socios.

Transformación en sindicatos

Al tiempo que mantenían las ayudas tradicionales heredadas del sistema gremial, las asociaciones de ayuda mutua, los miembros también debatían cuestiones salariales y laborales, iniciaban negociaciones de convenios y establecían fondos de huelga para preparar una posible lucha por mejores salarios y condiciones de trabajo. Con el tiempo, estas asociaciones de ayuda mutua se transformaron en sindicatos organizados localmente.

Una característica peculiar de estos primeros sindicatos era que pretendían establecer un control estricto sobre el mercado laboral local para garantizar la estabilidad y la seguridad de sus miembros, algo parecido a lo que ocurría en el periodo gremial anterior.

Estos sindicatos se organizaban por oficios: cada trabajador organizado pertenecía a un sindicato gremial relativamente homogéneo y delimitado. El principal objetivo de los sindicatos era garantizar una vida relativamente segura y regulada a sus miembros en una economía de mercado liberal, en gran medida libre de regulación estatal y sin instituciones del Estado del bienestar.

Garantizaban esta estabilidad relativa mediante el control del mercado laboral y la regulación conjunta de las normas de trabajo con los empresarios. Lo consiguieron mediante la adaptación de las prácticas gremiales proteccionistas al entorno del capitalismo del laissez faire y la libertad de asociación.

El poder de los sindicatos

Una de las herramientas clave de los primeros sindicatos era el control de la contratación de trabajadores en su oficio. Los primeros sindicatos pretendían que los empresarios solo contrataran a trabajadores sindicados. Por este motivo, crearon oficinas de contratación y exigieron a los empresarios que contrataran únicamente a trabajadores cualificados a través de estas oficinas del sindicato, y que fijaran los salarios según los criterios establecidos por el sindicato.

Normalmente, el orden de colocación se basaba en el tiempo que el afiliado llevaba desempleado. Los desempleados de larga duración eran los que tenían más probabilidades de recibir una oferta de trabajo. Las excepciones se producían en caso de que hubiera requisitos especiales de cualificación. Los trabajadores no pueden aceptar un empleo que esté por debajo de su nivel de cualificación y formación. El sindicato ordena a sus afiliados que no trabajen para un empresario que incumpla las normas sindicales.

Los sindicatos también bloqueaban al trabajador cualificado que incumplía las normas sindicales. Si un trabajador aceptaba un trabajo sin el consentimiento del sindicato, o con un salario inferior, se le bloqueaba y los miembros del sindicato se negaban a trabajar con él. De esta forma, los primeros sindicatos se convirtieron en una especie de propietarios informales de los puestos de trabajo de sus respectivos oficios.

Los sindicatos no solo controlaban los lugares de trabajo, sino que pretendían controlar la futura oferta de trabajadores cualificados. Para ello, regulaban el número de aprendices en relación con el número de trabajadores cualificados empleados en una empresa.

El estricto control del empleo garantizaba no solo un nivel salarial relativamente alto y la seguridad, sino también la seguridad intergeneracional: los hijos de los trabajadores cualificados podían continuar, casi con toda seguridad, la profesión de sus padres.

Ayuda mutua y programas culturales

Los sindicatos también proporcionaban asistencia mutua a sus miembros, financiada con las cotizaciones pagadas con los salarios relativamente altos de sus afiliados. Por lo general, ofrecen subsidios en caso de enfermedad y desempleo. También proporcionaban subsidios para ayudar a la movilidad geográfica de sus miembros. Utilizaban esta forma de asistencia como una manera de controlar los mercados laborales locales. En tiempos de crisis, concedían ayudas de viaje a sus afiliados para el traslado a otras ciudades en busca de trabajo. Los sindicatos también apoyaban a las viudas y huérfanos de los antiguos afiliados.

Los sindicatos también trataban de establecer el control del propio proceso de trabajo, de modo que la supervisión del trabajo quedara en parte bajo la jurisdicción del sindicato. Controlaban el ritmo y las normas de trabajo para garantizar cierto nivel de empleo y mantener un ritmo de trabajo tradicional.

Los conflictos ocasionales por las normas sindicales, por el nivel salarial o por otros motivos provocaban bloqueos y huelgas. Las huelgas se financiaban con fondos sindicales especiales cubiertos por las cotizaciones de los afiliados. Los bloqueos y las huelgas conducían a la contratación de convenios colectivos, que regulaban las cuestiones entre empresarios y sindicatos para mantener la paz y evitar costosos conflictos.

Los sindicatos también eran sedes de programas y asociaciones culturales de trabajadores, como coros, grupos de teatro, bibliotecas y grupos de lectura, clubes deportivos, y organizaban eventos de baile.

Red asociativa comunitaria

Las instituciones, sus prestaciones y programas se basaban en la existencia de comunidades muy unidas y en las fuertes redes personales, que reforzaban los lazos locales y las identidades particularistas y que distinguían a la comunidad de trabajadores de otros grupos sociales. Así, los sindicatos consolidaron una cultura obrera, heredada de la época gremial, que valoraba las competencias, la diligencia, el alto rendimiento laboral y la formación. Además, los sindicatos garantizaban a sus afiliados una estabilidad similar a la de la era gremial en la nueva era de la economía de mercado.

Esta emergente red asociativa comunitaria de base sindical también contribuyó a la integración de los trabajadores cualificados, urbanos, en su mayoría varones, y de sus familias en las nuevas clases medias emergentes, caracterizadas por el conocimiento profesional, el trabajo duro, el alto rendimiento, la meritocracia, la estabilidad y el sólido progreso material y la observancia de los valores tradicionales de honor, prestigio y familia.

Convenios colectivos

Una de las consecuencias más importantes de los convenios colectivos fue que ampliaron cada vez más la esfera regulada de las relaciones laborales de un estrecho grupo de trabajadores cualificados de un mismo oficio a círculos cada vez más amplios de trabajadores manuales, incluida la mano de obra semi cualificada o no cualificada y las trabajadoras.

Este desarrollo se vio favorecido por los cierres patronales, cuando en respuesta a una huelga de un grupo relativamente pequeño de trabajadores cualificados, los patrones despedían a todos los empleados. Así, estos enfrentamientos locales en los que participaban todos los empleados dieron lugar a convenios que cubrían a todos los trabajadores afectados, lo que obligó a los sindicatos artesanales a negociar entre sí e incluir a los grupos de empleados no cualificados en sus convenios de tarifas salariales y escalas salariales negociadas, y a extender su disposición de ayuda mutua a franjas cada vez más amplias de trabajadores.

De esta manera, del patrimonio de los gremios ha surgido el pilar obrero durante los siglos XVIII y XIX en Europa. Su organización vertebradora fue la red de sindicatos de trabajadores cualificados. Los sindicatos, a través del control del empleo, las huelgas y la negociación, garantizaban una especie de posición respetada para los estratos de trabajadores cualificados mediante controles protectores del mercado laboral.

Antes del Estado del Bienestar

Los sindicatos comunitarios también funcionaban como sociedades de ayuda mutua en una época en la que aún no existía el Estado del bienestar. De este modo, también garantizaban prestaciones sociales en tiempos de necesidad. La existencia de comunidades estrechamente unidas aseguró la consolidación de una cultura obrera aparte de otros estratos de la sociedad. Esta cultura obrera se centraba, como ya fue analizado, en el prestigio del buen trabajo, la honradez, el esfuerzo, la diligencia y el rendimiento laboral basado en la meritocracia.

Los sindicatos no eran, ni mucho menos, organizaciones voluntarias: imponían sus normas y obligaban a los no afiliados a afiliarse al sindicato y a aceptar las reglas de la vida sindical. No obstante, se trataba de comunidades estrechamente unidas, que permitían cierta flexibilidad a las necesidades individuales y el cambio de las reglas según las exigencias de su entorno y los deseos de sus miembros. Eran una adaptación a los mercados más flexibles por parte de obreros cualificados.

La consolidación de una cultura obrera centrada en el trabajo también benefició en cierta medida a los empresarios, en una época en la que los trabajadores cualificados desempeñaban un papel fundamental para garantizar la producción continua, y representaban una cultura de trabajó diligente y correcto.

Una institución espontánea

De este modo, surgió una formación espontánea de instituciones en toda Europa para crear una red comunitaria de protección para los trabajadores cualificados, que perdieron las protecciones reguladoras que tenían bajo el sistema gremial. Esta nueva red comunitaria de instituciones permitió una adaptación más flexible del libre mercado, al tiempo que garantizaba la supervivencia de dichas prácticas comunitarias, como la ayuda mutua en caso de penuria y la garantía de estabilidad y de unos ingresos relativamente estables y buenos en el nuevo entorno de la economía de mercado del laissez faire, que no conocía la amplia regulación estatal, y del Estado del bienestar.

El pilar obrero emergente, aunque mantuvo su peculiar cultura obrera, también ayudó a la entrada de trabajadores cualificados en los estratos cada vez más amplios de las clases medias durante el siglo XIX. La estabilidad, unos ingresos relativamente altos y una posición respetable basada en la cualificación y el buen trabajo crearon una nueva clase media obrera, que se convirtió en parte integrante de las nuevas sociedades urbanas burguesas de toda Europa. La extensión gradual del derecho de voto a los trabajadores cualificados significó que pasaban a formar parte de la nueva nación burguesa y que llegaban a ser miembros de la nueva sociedad política.

Integración de los trabajadores

De este modo, la aparición del pilar obrero allanó el camino hacia la integración social de los trabajadores en las nuevas sociedades industriales de Europa.

Este proceso de integración del pilar obrero se vio interrumpido por dos factores; por una parte, la aparición del marxismo revolucionario, y la toma del control del pilar obrero por parte de los partidos socialdemócratas marxistas; por otro lado, la creación del Estado del bienestar establecido por los conservadores para interrumpir el desarrollo de la socialdemocracia revolucionaria.

En el próximo artículo examinaré cómo se produjo este giro en Europa y en las últimas décadas del siglo XIX.

Serie sobre el pilar obrero

I La formación del ‘pilar obrero’ y la creación de la clase obrera

II Integración del pilar obrero en el nuevo mundo del capitalismo industrial

El fin de la era industrial

Las necesidades en el ámbito de la seguridad evolucionan a medida que cambian las relaciones sociales, los dominios en los que se desenvuelven esas relaciones, las innovaciones en los medios de producción, la propiedad y en las técnicas y tecnologías de ataque y defensa. Un cambio en alguna de estas obliga a reevaluar las necesidades de seguridad, son cambios en la lógica de la violencia.

Paleolítico y neolítico

Así, en el paleolítico, donde apenas teníamos bienes materiales, no era necesaria una organización demasiado elaborada ni tenía sentido especializarse en el empleo de la violencia frente a terceros, pues los bienes que había se deterioraban fácilmente y era más sencillo obtenerlos totalmente nuevos de la naturaleza cuando se necesitasen. Sería suficiente una organización nómada pequeña y evitar rivalizar con otras tribus en el mismo territorio para maximizar la seguridad.

Con el neolítico cambia por completo la lógica de la violencia, porque las personas empiezan a encontrar valor en el hecho de poseer. El desarrollo de la agricultura cambia los incentivos para poseer el territorio, para apropiarse de los frutos del trabajo y a tener utensilios para trabajarla. Esto genera riqueza, pero la hace inmóvil. Por ello, empieza a ser rentable especializarse en la violencia para apropiarse de la riqueza de terceros, y también asociarse para defender la riqueza de los ataques de terceros.

Así es como aparecen las primeras comunidades políticas, donde aquel que es capaz de organizar la defensa y/o el ataque se convierte en el líder, en la Potestad, el poder socialmente reconocido. Y con él aparece la división del trabajo en la violencia frente a otras comunidades políticas: la clase guerrera. También la construcción de murallas para disuadir y defenderse mejor.

Imprenta, pólvora y América

En el momento en el que la imprenta y la pólvora irrumpieron en la Europa del siglo XVI, recién descubierta América, y con Lutero fragmentando la Autoridad de la Iglesia, se hizo necesaria una evolución en las formas de proveer seguridad: el Estado. Al introducir Lutero la crisis de la Autoridad común en la Cristiandad, Europa se cubrió de las guerras de religión, provocando un estado de guerra civil permanente entre católicos y protestantes. La introducción del uso armamentístico de la pólvora mediante arcabuces y mosquetes primero, y con cañones después, alteró la forma tradicional de proveer seguridad mediante fortalezas, castillos y caballería. Y los cientos de miles de grabados críticos de los Lucas Cranach difundiendo las tesis luteranas gracias a la imprenta fueron un ataque más efectivo contra la Iglesia que el de cualquier rey anterior intentando asaltar Roma.

Con el descubrimiento de América la totalidad del globo quedaba asignada a algún poder político. Así las cosas, un monopolio de la violencia, un ejército profesional y homogéneo, junto a una Autoridad vinculada a unos límites territoriales concretos resolvía el problema de proveer seguridad en ese contexto. Esta fórmula exitosa fue el Estado, que era una mejor manera de proveer seguridad en ese contexto de guerra civil europea mediante la idea de soberanía política moderna.

Estado-nación

El Estado es así la forma moderna de organizar el poder político para proveer seguridad. Para ello, necesitan homogeneizar la población a gran escala para facilitar la cooperación y comunicación. Homogeneizan leyes, idiomas, educación, ejércitos, servicios públicos y se empieza la producción en masa para abastecerlos, dando paso a la Era Industrial, donde priman las economías de escala. Homogeneización, producción a escala y eficacia sobre eficiencia eran las leyes por las que se reproducía esta forma política.

Con la Revolución Industrial llegaron las fábricas, que requerían una gran inversión en capital fijo, estaban muy vinculadas a las materias primas de un territorio y eso las hacía muy débiles frente a la extorsión. Los trabajadores vieron muy incrementado su poder de negociación, pues podían paralizar el proceso de producción ocasionando enormes costes. El marxismo fue el relato legitimador de ese cambio de poder de negociación, impulsando el movimiento obrero y mejorando sustancialmente las condiciones de vida de los trabajadores industriales.

Megápolis

El Estado también consiguió un enorme poder de negociación, traducido en impuestos sobre la producción, al ser el encargado de proveer una seguridad eficaz para disfrutar de los beneficios de la producción a escala. También había que proteger las rutas de mercancías, y para ello tenían que ser absolutos en su territorio –soberanos–, debían tener toda la riqueza generada subordinada a su interés.

La necesidad de mano de obra para las fábricas también dio paso al éxodo rural a las grandes ciudades, megápolis, donde la vida tradicional se desvanecía para poner su foco en la producción. El hombre tradicional dejaba paso al hombre masa, al proletario cuyo salario le llegaba justo para mantener a su prole. El proceso ha sido tan profundo que no se quedó ahí, también se ha quedado sin prole, siendo ya un mero individuo tímido e industrioso que mira con temor a lo único que queda frente a él: el Estado.

Internet; bitcoin

Al igual que en ese paso de la Edad Media a la Modernidad, en nuestro tiempo nos encontramos con nuevos dominios, el ciberespacio y el espacio exterior. Las mercancías ya no solo viajan por tierra, mar y aire, ahora lo hacen también por el ciberespacio, y el Estado ya no tiene soberanía allí ni está especializado en proveer seguridad en ese ámbito. Además, la guerra en el ciberespacio es la guerra más asimétrica que hay, un solo ciberdelincuente puede vencer a toda una división de ciberfuncionarios, y el Estado que no tiene capacidad en el espacio exterior dependerá de terceros.

Además, nos encontramos con un cambio en la distribución de la información y del conocimiento que deja a la imprenta como un artilugio de coleccionista: Internet, que provoca una crisis de Autoridad en las instituciones modernas del conocimiento y la información: Universidades, medios de comunicación (televisión, radio y prensa) y el propio Estado. Bitcoin cambia más la lógica de la violencia de lo que lo hicieron las armas de pólvora, al poner un límite patrimonial a la capacidad de expropiación del Estado y permitir hacer un patrimonio portátil, secreto, inconfiscable y transmisible sin censura, supone un salto cuántico en la defensa y el ataque.

Micrópolis

También nos muestra cómo el código de programación es una nueva forma de ordenación superior a la ley estatal. Ahora el Estado ya no es ni eficaz ni eficiente en proveer seguridad, y cada vez su extorsión es más puesta en duda. La producción ya no es a escala, homogénea ni vinculada a un territorio concreto, sino que gracias a internet permite ajustar mucho la oferta a la demanda, haciéndola personalizada y con cada vez más productos y servicios digitales. Esto hace decaer el peso del sector industrial en las economías, y con ello el poder de negociación de los trabajadores.

Todos estos cambios hacen que la forma de organización política y social de la Edad Moderna, el Estado con sus megápolis, sea cada vez más disfuncional para más capas sociales, para los cuales su capacidad de producción de seguridad, es decir, su Potestad, y su Autoridad están más que cuestionadas. Si en la Era Industrial las leyes que la regían eran la producción a escala, la vinculación a materias primas en un territorio y la homogeneización; en la Era de la Información son la aportación de valor en el margen, la facilidad para conectar oferta muy específica agregando la demanda gracias a Internet y la personalización. Parece razonable aplicar estas leyes también al territorio político, pues hacer jurisdicciones personalizadas, Micrópolis, permitiría dirigir una transición de una era a otra realineando los incentivos y evitando la ruptura social.

—¿No es usted algo pesimista? —preguntó con exquisito cuidado la señorita Prim mientras miraba disimuladamente el reloj.

La anciana la contempló en silencio.

— ¿Pesimista? En absoluto, querida mía. ¿Pero qué ha de hacer un centinela, sino dar aviso de lo que observa? No hay centinelas pesimistas u optimistas, Prudencia. Hay centinelas despiertos y centinelas dormidos.

El despertar de la señorita Prim, Natalia Sanmartín

La teoría del cierre categorial y la economía (I): El cierre categorial

Comienzo, con estas palabras, un empeño que supera mis fuerzas. Consiste en recoger el contenido del libro El mito del capitalismo, de Luis Carlos Martín Jiménez, que es un intento de llevar la teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno al ámbito de la economía. Mi dificultad, claro está, parte de que las ideas de Bueno sobre la delimitación de la ciencia y su método es un terreno apenas explorado por mí, y en el que no me extrañaría que diese algún paso en falso. 

La teoría del cierre categorial es una teoría de delimitación de la ciencia. La ciencia es un conjunto de teoremas sistemático, abierto e ilimitado. Gustavo Bueno entiende la ciencia como el saber que “define el campo gnoseológico de cada ciencia como un conjunto de armaduras o contextos determinantes, como partes materiales genuinamente suyas”. Y, en particular, la ciencia es una construcción intelectual, en la cual los teoremas se articulan de forma progresiva. Se relacionan unos con otros, se sistematizan y reorganizan, de modo que definen la inmanencia de lo que los seguidores de Bueno llaman un campo cerrado. 

Los teoremas son como elementos de un lego, y juntos van conformando un corpus teórico que se refuerza, en la confluencia de unos con otros, hasta formar un conjunto que tiende a ser coherente. Dicho de otro modo, los teoremas son construcciones intelectuales formales construidas a partir de una realidad material. El objetivo de esas figuras gnoseológicas es establecer una identidad sintética con esa realidad. La ciencia, como digo, es la construcción de un conjunto sistematizado y relacionado de esos teoremas. 

Su elaboración es un proceso histórico. No responde a un propósito previo, pues sus perfiles se van descubriendo con el tiempo, pero esos perfiles van definiendo una figura reconocible, por así decirlo. Revelan un conjunto coherente de saberes sistemáticos sobre el mundo. 

Vamos ahora con la expresión cierre categorial. La ciencia se elabora sobre categorías, porque no es posible elaborar una ciencia del todo. De modo que la ciencia tiene que crear categorías en las que, por así decir, compartimentar la realidad para poder estudiarla formalmente. Si la ciencia es un conjunto de operaciones que entrelaza los teoremas para construir un edificio coherente, el cierre es la definición de un campo inmanente en el que se desarrollan esas operaciones. 

Esta posición tiene varias implicaciones. La primera de ellas es que no existe una ciencia unificada, sino distintas ciencias, definidas cada una de ellas por su propio conjunto cerrado de categorías. 

La segunda es que esas categorías no son anteriores al propio proceso operatorio de la ciencia. Al revés, son el resultado del proceso operatorio de la ciencia, al menos según Jesús García Maestro. De modo que nos encontramos con la primera gran contradicción de la teoría categorial: La ciencia está definida por las categorías sobre las que se mueve, pero esas mismas categorías están definidas por la ciencia. Es un razonamiento en círculo.

Otra implicación es la siguiente: Define el trabajo de la ciencia no como el conocimiento del mundo, sino como una construcción del mundo. Es la ciencia la que constituye las categorías del mundo, y en tal sentido la construye. La ciencia no es una duplicación del mundo real en el mundo de las ideas, ni es una descripción de ese mundo exterior. Lo cual me lleva a plantearme qué concepto de verdad alberga la teoría del cierre categorial. La verdad es una correspondencia entre las ideas y el mundo exterior.

Entiendo que la posición de Gustavo Bueno es que, dado que es materialista, el mundo de las ideas no es más que una forma del mundo material. Y de ahí la expresión “identidad sintética”: hay una correspondencia sintética, estructural, entre las ideas y el mundo material. Una posición quizás cercana a las ideas de Friedrich A. Hayek sobre cómo funciona la mente.

Hayek ofrece una explicación puramente material, biológica, del origen y del funcionamiento de la mente. Y en determinado momento llega a decir (año 1952) que si se pudieran conectar entre sí un conjunto de piedras, se podría generar una mente.

Estas ideas sobre la demarcación de la ciencia tienen implicaciones sobre la metodología de la Economía, y Luis Carlos Martín realiza un notable esfuerzo por construir un camino hacia el conocimiento de la historia económica desde los postulados de Gustavo Bueno.

El mito del Gran Enriquecimiento

Recientemente he tenido oportunidad de leer un par de libros en que se habla de un concepto con él que no me había tropezado anteriormente. Me refiero al llamado Gran Enriquecimiento (“Great Enrichment”), que parece deberse a Deirdre McCloskey, coautor de una de las obras[1], y bastante citado en la otra[2].

Este Gran Enriquecimiento es el término usado para describir la multiplicación de la renta per cápita en los últimos 200 años, en el que habría pasado de ser 3 USD diarios a unos 130 USD. Como se puede apreciar, el periodo histórico viene a ser el transcurrido desde lo que la gente conoce como Revolución Industrial hasta la actualidad. O sea, sería algo iniciado en los países del norte de Europa, principalmente Holanda e Inglaterra. ¿Y por qué aquí de entre todos los países? Pues porque habría sido aquí donde surgió una nueva actitud respecto a cómo progresar o mejorar en la vida, gracias sobre todo al espíritu de la Reforma protestante. Vamos, que el Gran Enriquecimiento se produjo en estos países precisamente por la actitud ante la vida del protestantismo y el calvinismo, en comparación con la de los católicos.

Lo primero que llama la atención, y fue por lo que me puse a dar vueltas al tema, es el reconocimiento de una singularidad de este calado por un autor como Ridley. En efecto, uno de los temas dominantes en su maravillosa obra citada es que el proceso de innovación no es algo puntual, basado en genialidades de determinados individuos (aunque pueda haber alguna), sino que es continúo siendo normalmente difícil identificar dónde empieza una aportación y comienza otra. De hecho, los grandes inventores que conocemos son muchas veces aquellos que obtuvieron la patente del invento (con independencia de que fueran sus verdaderos inventores o no). En suma, que estos nombres afloran únicamente como consecuencia de un hecho singular, la concesión de la patente, que es algo meramente administrativo. En lugares sin sistemas de patentes resulta prácticamente imposible identificar inventores. ¿Es quizá por esto que la mayor parte de los inventores son anglosajones, no fueron ellos los primeros en tener un sistema de patentes?

Si aceptamos que la innovación es un proceso más o menos continuo, y puesto que la innovación es la principal, si no la única, forma en que se puede generar riqueza[3], ¿cómo es posible que surja una singularidad en el proceso económico de enriquecimiento? ¿Puede algo gradual dar lugar a algo singular? El sentido común te dice que no.

Cosa distinta es que se definan umbrales más o menos arbitrarios en ese proceso continuo, como pueda ser la concesión de una patente, o que se supere el umbral de que se genera una riqueza suficiente para el ahorro. Por ejemplo, se podría decir que hay un antes y un después una vez de alcanza un ritmo de generación de riqueza tal que la riqueza generada per cápita es superior a las necesidades mínimas per cápita, para todas las personas del mundo. Quizá fue este el umbral que se superó con el Gran Enriquecimiento. Pero en ningún caso se podría atribuir a singularidades de determinados países, pues ese umbral se iba a superar tarde o temprano dada la naturaleza continua del proceso de acumulación de riqueza que comenzó hace muchos milenios, cuando a alguien se le ocurrió llevar a cabo un intercambio directo con otra persona.

Ello nos lleva a otro punto importante: la cualificación de las innovaciones. No voy a negar la importancia de las que se produjeron en Inglaterra u Holanda durante la Revolución Industrial. Sin embargo, ¿son acaso más importantes que la invención del intercambio directo, del dinero o de la agricultura, por poner algunos ejemplos? Y eso por no hablar del ámbito institucional: ¿qué pasa con el invento de la propiedad privada?

Debate que podríamos trasladar fácilmente a la actualidad, donde acumulamos revoluciones a diario, la última la de los datos. ¿Alguien puede defender seriamente que todos los inventos de Internet han generado más riqueza que la creación del dinero? Si el inventor de dinero hubiera podido cobrar royalties por su invención, ¿cuánto se estaría llevando del negocio de Amazon? Sí, ya sé que es absurdo, pero no soy yo el que se empeña en ver las invenciones del momento como las más revolucionarias de la historia.

De nuevo nos tropezamos con que el proceso de enriquecimiento de la humanidad tiene las suficientes componentes de continuidad como para hacernos dudar de posibles singularidades ocurridas en un sitio u otro, y debidas a un cambio cultural traído por una religión.

Y ya que hablamos de historia, resulta un poco sorprendente que un autor como McCloskey pase de largo sobre uno de los eventos de emprendimiento más épicos de la historia de la humanidad. Me refiero, no puedo evitarlo siendo español, al descubrimiento y conquista de América. ¿O es que no considera emprendedores a los cristianos católicos que mayormente llevaron el peso de estas empresas? Nadie ha medido qué multiplicación de la renta se produjo en el mundo como consecuencia de que, de repente, se pudiera comerciar con un tercio de la Tierra hasta ahora desconocida. Quizá, si lo hiciéramos, nos llevaríamos la sorpresa de que ahí fue dónde ocurrió el verdadero Gran Enriquecimiento. A lo mejor la renta per cápita se multiplicó por mil en vez de por 40. Y cómo vemos, llevado a cabo por gente que no tenía ideales de “mejora” (según McCloskey, claro) pues eso solo pudo ocurrir tras el protestantismo.

Como no quiero incurrir en el chauvinismo de McCloskey y Mingardi, me apresuraré a reconocer que la expansión de la República romana pudo tener un efecto similar en su momento, o más atrás el imperio persa de Ciro. O tantos otros innovadores anónimos que sea por la vía tecnológica o institucional posibilitaron la generación de riqueza como nunca se había visto hasta ese momento.

El último punto que quiero resaltar es el de la acumulación de capital producida durante toda la historia de la humanidad desde el momento en que algunos de los individuos fueron capaces de ahorrar parte de su renta porque no precisaban su consumo para sobrevivir. Como es bien sabido, el capital acumulado tiende a incrementar la productividad, con cuyo incremento se acelera la acumulación de capital y así sucesivamente. Esto quiere decir que no es lo mismo partir de 0 que de 100, y que es mucho más fácil crear riqueza y multiplicarla cuando partes de mayor capital acumulado que si lo haces de menos. Que se lo digan a Robinson Crusoe cuando llega a la isla desierta: lo que sufre hasta conseguir la primera vara. Sin embargo, una vez la consigue, el exceso de producción de frutas del bosque que tal vara permite le posibilitará abordar proyectos inviables antes, como por ejemplo una choza. Esta choza parecerán aporta más riqueza que la vara, pero solo si se mide la creación de riqueza en términos absolutos en vez de relativos al capital previamente disponible, que es lo relevante a estos efectos.

En resumen, podemos constatar qué también en el ámbito de la economía austriaca existe la mitología. Espero que las líneas anteriores hayan contribuido a poner en duda este mito del Gran Enriquecimiento, cuya autoría, casualmente, se puede trazar al mismo origen que la leyenda negra española[4].


[1] McCloskey D. y Mingardi A. (2020). The Myth of the Entrepreneurial State.

[2] Ridley M. (2020). How innovation works.

[3] Puesto que la riqueza únicamente se crea mediante transacciones voluntarias y cada una de éstas en un acto de emprendimiento o de innovación.

[4] Véase, por ejemplo, Roca Barea M.E (2016). Imperiofobia y Leyenda Negra