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Etiqueta: innovación

El capitalismo todavía tiene el factor X

Por Mark Sidwell. El artículo El capitalismo todavía tiene el factor X fue publicado originalmente en CapX.

En CapX vimos el poder de «X» mucho antes de que Elon Musk hiciera imposible ignorarlo. La X es rara y un poco fea, pero merece una mirada más profunda. La X representa la emoción de lo desconocido. Alude a vastos tesoros que esperan ser descubiertos y promete un encuentro con algo extraordinario, incluso sobrenatural. ¿Cómo podría elegir otro nombre, un sitio que representa el potencial liberador del capitalismo popular?

Diez años después del lanzamiento de CapX, el capitalismo sigue necesitando defensores. Demasiadas personas, a ambos lados del pasillo político, se alejan de los milagros que sólo la libre empresa puede lograr. Sin embargo, nunca hemos necesitado tanto esos milagros.

Mientras las noticias políticas británicas se llenan de informes sobre nuestra insostenible deuda nacional y nuestro deficiente servicio nacional de salud -y mientras nuestro nuevo gobierno laborista promete salir al rescate con impuestos más altos, controles de alquiler y más burocracia para los empresarios- es fácil sentir que Gran Bretaña está atrapada en un vórtice de decadencia sin esperanza de escapar.

En CapX no pensamos nada parecido. Sabemos que las lecciones de productividad de las empresas con beneficios podrían ahorrar al sector público 100.000 millones de libras. Que el enfoque que permite a Tesco, Amazon y Netflix mejorar nuestras vidas también puede revolucionar el NHS.

También sabemos que el capitalismo no es solo el secreto para arreglar nuestro Estado roto. Las soluciones del libre mercado pueden mejorar enormemente la calidad de vida de todos. Podemos hacernos mucho más ricos simplemente dejando de hacer cosas estúpidas y contrarias al crecimiento. Podemos aumentar la oferta de viviendas, en lugar de intentar fijar los precios. Incluso podemos liberar abundante energía limpia y convertirnos en una superpotencia de tecnología verde.

Conservadores optimistas

Una actitud tan optimista no siempre resulta fácil para los conservadores, pero es el camino de vuelta al poder para los tories británicos, si tienen la visión para emprenderlo.

Si algún indeciso necesita aliento, puede encontrarlo no sólo en los artículos de CapX, sino simplemente estudiando las noticias. No las amargas noticias sobre el estado actual de Gran Bretaña, sino las noticias sobre los últimos logros del capitalismo, que esta semana han sido incluso más extraordinarios de lo habitual.

El principal de estos logros fue la retransmisión en directo por SpaceX, de Elon Musk, del primer paseo espacial privado de la historia. Para llevar a cabo esta asombrosa hazaña, la tripulación de la misión tuvo que viajar más lejos de la Tierra que ningún ser humano desde las misiones Apolo. Hasta este viaje, ninguna mujer había llegado tan lejos. Ahora dos ingenieras de SpaceX, Anna Menon y Sarah Gillis, pueden reclamar esa distinción. Y Musk, como es sabido, tiene la vista puesta aún más lejos. La semana pasada anunció que las primeras misiones de SpaceX a Marte están previstas para 2026.

Esa misma semana, OpenAI también presentó su último gran modelo lingüístico, bautizado con el nombre en clave de «Strawberry»: una inteligencia artificial capaz de rendir como un doctorado en física y matemáticas y de dedicar tiempo a razonar sus respuestas. Por su parte, Anduril Industries, una startup de defensa, anunció una nueva gama de misiles de crucero un 30% más baratos que el resto del mercado, diseñados para ser producidos en masa a una velocidad y escala que puedan contrarrestar la expansión militar de China.

Los milagros del capitalismo

Son milagros del capitalismo, todavía lo bastante frescos como para asombrarnos con su súbita expansión de las posibilidades humanas. Sin duda, con el tiempo nos acostumbraremos a ellos y se unirán a todos los milagros capitalistas que damos por sentados, desde los superordenadores de bolsillo hasta el agua corriente limpia. Por el momento, deberían ser una advertencia para que no escuchemos a los escépticos y a los catastrofistas.

No podemos permitirnos dar por sentados estos asombrosos logros. Son frágiles: sólo son posibles cuando la política y la regulación permiten que florezca la innovación capitalista. Esta semana se ha sabido hasta qué punto la intromisión autoritaria de Xi Jinping ha estrangulado el sector privado chino: el número de empresas emergentes se ha desplomado de 51.302 en 2018 a 1.202 el año pasado, y sigue cayendo. En Europa, Mario Draghi admitió que el exceso de regulación de la UE estaba aplastando la vida de las empresas tecnológicas del continente. Incluso el archirrebelde Nick Clegg, que ahora trabaja para Meta de Facebook, tuvo que admitir que «la UE corre el riesgo de quedarse atrás [en IA] debido a una regulación incoherente y compleja», razón por la cual entrenará sus modelos en la Gran Bretaña del Brexit.

Regulación propia de Bruselas tras el Brexit

Ningún país puede dormirse en los laureles. En Estados Unidos, no hace tanto, el sector privado se consideraba una amenaza para la exploración espacial. A principios de la década de 2000, Dan Brown llegó a escribir un thriller sobre oscuras empresas espaciales privadas que conspiraban para corromper la última frontera con cínicas ganancias. Pero gracias a una decisión visionaria del presidente Obama, el capitalismo pudo demostrar su valía en el espacio. Como de costumbre, el resultado ha sido milagroso. SpaceX ya ha multiplicado por más de diez los costes de lanzamiento. Sin embargo, incluso ahora, el regulador está retrasando el lanzamiento de la nave estelar de SpaceX por cuestiones que la empresa describe como «desde frívolas hasta patentemente absurdas».

El Reino Unido, que se ha deslizado peligrosamente por el camino de la sobrerregulación y la interferencia gubernamental, necesita algunos milagros en estos momentos. Por suerte, como cuna del capitalismo industrial y uno de los países más innovadores del mundo, sabe dónde encontrar el crecimiento que necesita, si tiene la voluntad política necesaria. Matt Clifford, presidente de la nueva agencia de innovación británica ARIA, ha afirmado que este país puede ser uno de los más ricos del mundo. La cuestión es si aún somos lo bastante valientes para aprovechar la oportunidad.

Digan lo que digan algunos de sus detractores, el capitalismo no llega tarde: llega pronto. Con la IA comercial en pañales y SpaceX yendo más allá de la Luna, estamos al comienzo de una era de maravillas, impulsada por la empresa privada. Si nuestros políticos no siguen estropeando las cosas, no es demasiado tarde para que Gran Bretaña, una vez más, se sacuda su malestar y ayude a construir el futuro.

Aghion y Tirole contra la innovación en Europa

No es un secreto que los economistas neoclásicos, el mainstream en la actualidad, no tienen una teoría para el emprendimiento, ni por ende son capaces de explicar fenómenos económicos como la inversión o la innovación. Los modelos que manejan son estáticos, y en ellos no tienen cabida ni el tiempo ni la incertidumbre.

Ellos dirán que claro que sí lo tienen, pero no es cierto: para modelar el tiempo lo que hacen es incorporar estados estáticos en distintos momentos temporales, como si la economía avanzara de un estado de equilibrio a otro. Y para modelar la incertidumbre, incluyen probabilidades estadísticas de que ocurran los sucesos, lo que implica que conocen la probabilidad de que ocurra algo. Esto poco o nada tiene que ver con la incertidumbre que confrontamos los individuos en nuestro día a día, que se puede describir mejor como desconocimiento radical, en que ni siquiera podemos anticipar la naturaleza de lo que nos va a ocurrir, y las probabilidades son lo de menos.

El caso es que meter tiempo e incertidumbre en sus modelos matemáticos es imposible y por ello prefieren olvidar estos factores. La consecuencia inmediata es que les resultan completamente extraños fenómenos propios de una visión dinámica de la competencia, como los tres que dije arriba: inversión, emprendimiento e innovación.

¿Puede Europa crear una economía de innovación?

Ello no les impide hacer propuestas sobre innovación para Europa. Y ahí tenemos ni más ni menos que a Jean Tirole, premio Nobel de Economía, y al señor Philippe Aghion, creador de la famosa curva con su nombre, firmando conjuntamente un artículo con el provocador título “¿Puede Europa crear una economía de innovación?”. En España, el artículo lo publicó Expansión el pasado 9 de octubre, pero supongo que su alcance va mucho más allá al ser traducción de una pieza aparecida en Project Syndicate[1].

No creo que existan economistas más puramente matemáticos que los dos firmantes. Quien se atreva, que eche un vistazo a algunos de sus artículos, en que algunas de las fórmulas matemáticas usadas ocupan media página. Y ya que se pone, que mire a ver si encuentra algo del emprendimiento o la innovación entre tanta variable y parámetro. Con estos mimbres, es difícil ser optimista al respecto de sus propuestas.

Y la lectura del citado artículo no hace más que confirmar lo que era de temer. Amparándose en que, según ellos, parte de la razón de que en EE.UU. se innove más que aquí lo constituyen unas instituciones públicas, las Agencias de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA), proponen algo similar para la Unión Europea: gastar un montón de dinero público en investigación básica, pero dejar las decisiones técnicas y la gestión de los proyectos en manos de científicos prominentes.

Aducen ejemplos empíricos sobre el éxito estadounidense de las ARPA, recogidos mucho me temo de la mitología que patrocina la neocomunista Mazzucato. Ninguno de los ejemplos (Internet, GPS, y las vacunas contra el COVID) resiste un cierto análisis histórico y económico, y no es el momento ahora de entretenerme desmontándolos, que para eso ya hay mejores tratados[2].

Innovación desde el Estado: conocimiento e incentivos

Con independencia de que algún proyecto lanzado con dinero público haya podido realmente generar beneficios para la sociedad (esto es, mayores ingresos de lo que ha costado), tenemos el análisis teórico para demostrar que la propuesta de Tirole y Aghion es un tremendo error que solo obedece a la carencia de fundamentos teóricos para explicar el fenómeno que tratan de promover. Veamos por qué.

Los emprendedores, si quieren llevar a cabo su idea, necesitan recursos de todo tipo. Un aumento del gasto público implica que tendrán que competir más duramente con el Estado para hacerse con ellos, lo que hará más difícil su obtención. Como es obvio, ello obstaculizará las innovaciones que los emprendedores traten de llevar a cabo. Solo por esto, ya es claro el grave error de la propuesta de Tirole y Aghion.

Además, ¿cómo podríamos saber si ese gasto público dedicado a la innovación tiene éxito o no? Los emprendedores lo descubren a sus costas, pues el éxito se mide con las pérdidas o beneficios que obtengan. Es la única forma objetiva de saber si la innovación realizada es útil para la sociedad. Sin embargo, el Estado no se rige por criterio tan mundano, por lo que ese gasto público adicional, que pagamos entre todos, nunca sabremos si nos ha supuesto beneficios o no.

Así visto, con el gasto público en innovación ocurre precisamente lo contrario que cuando la lleva a cabo un emprendedor. El emprendedor aporta sus propios fondos: si acierta con su idea, él gana mucho y todos ganamos poco, pero si fracasa, solo pierde él. En cambio, cuando lo hace el Estado, si acierta, ganamos todos, pero si fracasa, perdemos todos; con el agravante de que nunca sabemos si ganamos o perdemos. Además, el decisor, al contrario que el emprendedor, no se juega nada, le da igual ganar o perder, pues en ningún caso va a alterarse significativamente su patrimonio.

Burocracia para la innovación

Por último, tenemos lo de encomendar la gestión de estos proyectos de investigación a científicos prominentes. Una vez más, se revela la ignorancia sobre emprendimiento de los proponentes. ¿Por qué asumen que un científico está bien posicionado para anticipar lo que necesita la sociedad? Un buen científico introducirá rigor en los proyectos de investigación y no se dejará llevar por criterios políticos. Pero esto no es lo que se necesita para innovar. La innovación solo la pueden llevar a cabo personas que están alerta a las necesidades de sus congéneres, y rara vez es esto en lo que destacan los científicos, a quienes tendemos a imaginar más bien encerrados en sus laboratorios y aislados de la sociedad a la que sirven.

Pero es que encima uno puede sospechar que el gasto público europeo en innovación se dirigiría seguramente a científicos ideologizados, no por ello menos rigurosos, con programas dirigidos a las prioridades dictadas por los políticos europeos, como medio ambiente, seguridad o lo que llaman “resilience”, sin preocuparse demasiado por lo que realmente demandan los ciudadanos europeos para satisfacer sus necesidades.

Es evidente que el desconocimiento teórico de Aghion y Tirole sobre el fenómeno que promueven no va a impedir que su propuesta tenga una gran acogida en unos políticos que solo buscan disculpas para seguir gastando dinero. En cambio, los problemas de Europa y la innovación no harían más que recrudecerse si se aceptara tal recomendación. Eso sí, todo ocurriría con más rigor científico.

Notas

[1] Ver https://www.project-syndicate.org/commentary/europe-falling-behind-us-innovation-technology-what-to-do-about-it-by-philippe-aghion-et-al-2024-10

[2] Matt Ridley con “How Innovation Works” viene a la mente.

Ver también

El Camino hacia el Anarcocapitalismo: Posibilidades, Realidades y Ejemplos Históricos

Introducción

El anarcocapitalismo, una filosofía política que propugna la abolición del estado en favor de mercados libres y propiedades privadas, ha sido un tema de debate y análisis en diversos círculos. Este post explora la viabilidad del anarcocapitalismo, analiza en qué regiones podría funcionar pacíficamente sin un estado y revisa ejemplos históricos de enclaves que se han acercado a este modelo.

Viabilidad del Anarcocapitalismo

Para entender dónde y cómo podría implementarse el anarcocapitalismo, primero debemos examinar sus principios fundamentales. En un sistema anarcocapitalista, las funciones típicas del gobierno, como la defensa, la justicia y la seguridad, serían proporcionadas por empresas privadas o acuerdos voluntarios entre individuos. La clave está en la creencia de que el mercado libre, guiado por la oferta y la demanda, regularía estas funciones de manera más eficiente y justa que un gobierno central.

Regiones Propicias para el Anarcocapitalismo

El anarcocapitalismo podría ser más factible en regiones con una fuerte cultura de autonomía personal, escepticismo hacia la autoridad central y un mercado ya activo y competitivo. Estas regiones podrían incluir áreas rurales con baja densidad de población o comunidades con un fuerte sentido de identidad y autosuficiencia. Además, las regiones con una historia de descentralización política y económica podrían ser más receptivas a este modelo.

Análisis Histórico de Enclaves Anarcocapitalistas

Aunque no existen ejemplos puros de sociedades anarcocapitalistas en la historia, hay casos que se han acercado a algunos de sus principios. Estos incluyen:

  1. La Islandia Medieval (930-1262): Durante este período, Islandia funcionó con un sistema de asambleas locales (thing) y un parlamento nacional (Althing), sin un rey o un estado central. La ley y el orden se mantenían a través de sistemas legales privados y el arbitraje.
  2. La Frontera Americana en el Siglo XIX: En sus primeras etapas, la frontera americana operó con un mínimo de intervención gubernamental. Las comunidades establecían sus propias normas y resolvían disputas a través de sistemas de justicia ad hoc.
  3. Zomia en el Sudeste Asiático: Zomia, una región que abarca varios países del Sudeste Asiático, ha sido históricamente un área de evasión estatal, donde sus habitantes han vivido durante siglos con sistemas de gobernanza no estatales y autónomos.

Desafíos y Consideraciones Prácticas

El principal desafío para el anarcocapitalismo es la transición de un sistema estatal a uno sin estado. Esto requeriría cambios significativos en la mentalidad social, estructuras económicas y sistemas legales. Además, existe el desafío de mantener la paz y el orden sin una autoridad central, especialmente en situaciones de conflicto o crisis.

El Rol de la Tecnología y la Innovación

La tecnología moderna, como blockchain y contratos inteligentes, podría facilitar la transición hacia un anarcocapitalismo funcional. Estas tecnologías ofrecen nuevas formas de organización y ejecución de acuerdos sin la necesidad de un ente centralizado, lo que podría ser fundamental en un sistema anarcocapitalista.

Conclusión

El camino hacia el anarcocapitalismo está lleno de complejidades teóricas y prácticas. Si bien existen ejemplos históricos que se acercan a algunos de sus principios, la implementación plena en la sociedad moderna presenta desafíos únicos. Las regiones con una fuerte cultura de independencia y autosuficiencia podrían ser más propicias para este modelo, y la tecnología moderna podría desempeñar un papel clave en su posible realización. Sin embargo, queda mucho por explorar y debatir sobre la viabilidad y las implicaciones de un mundo sin estado.

Demasiada innovación para el bienestar social

A cualquier persona con dos dedos de frente el título de este artículo parecerá, en el mejor caso, una contradicción, sino una completa estupidez. Y, sin embargo, es el tipo de conclusiones que empiezan a aparecer en los artículos de los economistas mainstream, especialmente de los europeos.

Así pues, estos señores y estas señoras (seamos inclusivos con la gilipollez) son capaces de determinar un nivel óptimo de innovación que maximiza el bienestar social. Si no se alcanza o se supera dicho nivel, el Estado está legitimado para implementar políticas que permitan incrementar o reducir la innovación. O sea, que habría políticas contra la innovación que se justificarían porque se está innovando demasiado. No es de extrañar que la Unión Europea se haya quedado a la cola de la innovación en muchas tecnologías. No sea que nos pasemos de innovadores.

La chispa de la innovación

Recordemos primero la teoría económica de la innovación, antes de tratar de comprender cómo alguien puede llegar a las conclusiones anteriores. ¿Por qué se produce la innovación?[1]

Los individuos observan y anticipan recursos, precios y necesidades. En determinados momentos pueden tener una idea innovadora. En términos económicos se puede describir como aquella que permite revalorizar un recurso respecto a la situación observada. Ello puede ser porque se va a usar de forma más eficiente para una misma necesidad, o porque se va a utilizar para satisfacer otra de más valor. O incluso porque un bien no económico se identifica como posible recurso para satisfacer necesidades. Por último, también porque se anticipan nuevas necesidades hasta ahora desconocidas.

A la gente se le ocurren constantemente ideas sobre cómo mejor satisfacer sus necesidades, sea con los recursos existentes o inventando nuevos recursos. La cuestión es que solo unas pocas de estas ideas terminan teniendo éxito, y la única manera de saber cuáles es, precisamente, llevándolas a la práctica. Esto es, innovando.

Valoración a posteriori

Solo una vez se ha producido la innovación, sabremos si efectivamente la idea es buena o no. El problema es que la innovación precisa el consumo de recursos, y estos son siempre escasos respecto a las ideas que se quieren implementar, como en general lo son para la satisfacción de las necesidades. Hay herramientas que nos orientan algo a la hora de tomar la decisión de innovación, siendo de especial relevancia el cálculo económico que se puede haber una vez aparece el intercambio indirecto en la economía y todos los bienes tienen un precio en una unidad común. Pero, por mucho cálculo económico que se haga y muy bien hecho que esté, al final solo sabremos si la innovación es buena si consumimos los recursos requeridos para ponerla en marcha.

¿Y qué ocurre cuando ya hemos innovado? Pues pueden pasar básicamente dos cosas: éxito o fracaso. Lo primero significa que hemos acertado con nuestra anticipación, y los recursos consumidos para el nuevo uso han resultado más valiosos de lo que nos han costado. En consecuencia, aparece un beneficio económico (no necesariamente dinerario) que señaliza el éxito de la innovación de una forma objetiva.

Más, mejor

El fracaso, por el contrario, hará aparecer una pérdida, puesto que hemos utilizado los recursos en algo que la sociedad valoraba menos que el uso original. Ello implica que nos han costado más del ingreso que hemos obtenido tras implementar la idea. La sociedad nos está castigando por lo que hemos hecho, y nuestro patrimonio se verá reducido.

Utilizando la jerga mainstream, en caso de éxito, tanto el bienestar privado (del sujeto innovador) como el bienestar social se incrementan; en caso de fracaso, el bienestar privado se reduce, pero el bienestar social apenas se ve afectado. Esta es la asimetría en la que hay que fijarse para entender que la innovación es siempre buena para el bienestar social, para la sociedad, aunque no siempre lo sea para el innovador. Consecuentemente, el análisis teórico nos lleva a decir sin ambigüedad que cuanta más innovación, mejor para la sociedad. Desde el punto de vista político, esta conclusión justificaría cualquier tipo de incentivo a la innovación. No toca ahora ver de qué forma puede la política incentivar la innovación, pero quedémonos al menos con la conclusión económica.

Modelar matemáticamente el genio

Volvamos ahora al mainstream y a sus disquisiciones. Para tratar de entender las conclusiones a que me refería al comienzo de estas líneas, lo primero es describir de qué forma incluyen la innovación en sus modelos matemáticos de equilibrio. Antes de ver la solución, piense un momento el lector la inherente dificultad de modelar matemáticamente el proceso descrito anteriormente, y especialmente ese momento de “idea feliz” que constituye el detonante.

Lo que generalmente hacen los economistas mainstream es modelar la innovación mediante la cantidad invertida en I+D. De esta forma tienen un numerito que meter en sus ecuaciones. La asunción implícita es que a mayor gastos en I+D, mayor es la probabilidad de “idea feliz”, o bien que la calidad del producto vendido se incrementa con dicho gasto, haciendo que su producto sea percibido como superior por los consumidores en su modelo. Como se observa, nada de la incertidumbre radical a que se enfrenta el innovador en la realidad.

Revestimiento científico de la arbitrariedad política

Con la innovación metida así en el modelo, ya están en condiciones de hacer sus cosas, como es despejar, derivar, maximizar y minimizar. Así pues, pueden calcular el bienestar social en función de la nueva variable, y luego derivar el primero respecto a la segunda, y calcular un gasto de I+D (esto es, nivel de innovación) que maximiza el bienestar social. El resto de su análisis es el descrito al comienzo del artículo, y les puede salir que convenga restringir la innovación si el nivel actual en el mercado es superior al que han calculado como óptimo.

En manos de un político, insisto, típicamente europeo, estos resultados son muy útiles cuando se les argumenta que tal regulación o tal decisión de competencia puede cargarse la innovación y, por tanto, disminuir el bienestar social. Ahora, gracias a la nueva oleada de economistas cafres, el político tendrá un argumento “científico” para decidir que Google o Telefónica innovan demasiado y no se necesita tanta. Y en la Unión Europea seguiremos siendo los líderes en regulación y ruina.

Ver también

Sobre la innovación potencialmente ilimitada (y el optimismo al respecto). Francisco Capella.

La innovación como motor social. Alejandro de León.

Sobre innovación y empresa. Fernando González San Francisco.

Innovación y desarrollo: de la copia al espionaje. Jaime Juárez Rodríguez.


[1] Se da la explicación económica de la innovación. Sobre cómo se le ocurren a la gente las ideas, la cosa no es ni mucho menos tan sencilla, pero es una explicación que se sale completamente de la teoría económica.

Apple Visión Pro: Innovación y cautela empresarial

La acción humana es inherentemente empresarial. Todos tomamos decisiones que contemplan costos y beneficios, sacrificios y provechos. Todos damos y recibimos. La cooperación, el juego estratégico o la vida en sociedad se caracteriza porque nuestras acciones parten de una estimación acerca de las acciones de los demás. Es decir, jugamos con las cartas que nos jugamos en la vida porque pensamos que otros se jugarán unas en particular. Por ejemplo, compramos al carnicero porque pensamos que no nos va a dar carne descompuesta. Y puede que pensemos eso porque la última vez nos vendió carne en buen estado, porque parece un carnicero honesto o porque tiene su carnicería desde hace años funcionando.

La información para estimar lo que harán o preferirán los demás

Las empresas, como máxima expresión de la función empresarial, viven de estimar que harán y desearán los demás para anticiparse y buscar satisfacer sus necesidades. Con frecuencia, los liberales defendemos que ese proceso de estimar continuamente las necesidades de los demás para asignar recursos. Decidir que se va a producir y cómo se va a distribuir, deben llevarlo a cabo las empresas de manera descentralizada o en régimen de competencia. Esto, porque las preferencias del público cambian continuamente. Y a pesar de que las podamos intentar conocer por diversos medios, la preferencia revelada en la compra es el dato más fiable sobre lo que ocurre con los consumidores. Y los precios de mercado son una fuente de información insustituible.

Innovación y planificación central

Adicionalmente, las empresas innovan, una osada tarea que en ocasiones implica crear nuevas necesidades en el público. La innovación es un gran riesgo porque se construye con grandes vacíos de información, requiere muchas veces de una corazonada, intuición y riesgo. Sin embargo, la innovación puede premiar muy bien a los pocos que tienen éxito. Frente a la innovación, los liberales también defendemos que se haga por medio del mercado, a treves de firmas con una restricción presupuestaria estricta (RPE). Porque ello permite detectar a posteriori los pobres proyectos de I+D e incentiva que se cierren o reorienten las innovaciones menos valoradas. En consecuencia, paradójicamente, la RPE incentiva la innovación porque castiga a los ineficientes, evitando el derroche de recursos.

Las empresas públicas o subsidiadas tienen una restricción presupuestaria blanda (RPB). Pueden innovar tan bien como cualquier otra empresa. Pero socializar riesgos incentiva a sostener los malos proyectos y socializar beneficios desincentiva que los agentes se arriesgan para innovar. Los errores pueden no acarrear costos para la empresa, sí afectar la reputación del funcionario. Además, dentro de los planes centralizados de producción, quienes innovan se arriesgan a no cumplir los objetivos originales o que los objetivos se actualicen al alza al año siguiente. Al final, hay más riesgos que beneficios al innovar con RPB que con RPE.

Innovación: un intento por cambiar la vida de otros

Los productos innovadores son una apuesta por cambiar la vida de los clientes, por lo que requieren de:

  1. Publicidad: para informar y persuadir al cliente de los beneficios del producto, convencerlo de probarlo e incorporarlo en su vida.
  2. Cautela: para poder hacer los cambios de rumbo necesarios para que la innovación se ajuste a las necesidades del consumidor a medida que se van revelando.

Las empresas viven en diálogo con sus consumidores, tratan de influir en ellos y se dejan influir por ellos. Por tanto, cualquier exceso de imposición, ingeniería social o arrogancia puede ser inmediatamente penalizado por los consumidores. En términos sencillos, nos gusta que las empresas nos inviten a hacer algo, pero no que nos obliguen a hacerlo. Los consumidores penalizan a las empresas cuando hacen cambios innecesarios, pero también cuando no hacen los cambios pertinentes; cuando se adelantan demasiado y cuando se quedan atrás; cuando se expanden demasiado rápido o cuando lo hacen demasiado despacio.

A diferencia del sector privado, el sector público no ajusta continuamente sus servicios. Por desgracia, no se penaliza como se debería el anticuado modelo educativo o el arcaico sistema de registro civil. Tampoco se penaliza la imposición prematura de fuentes de energía ineficaces y poco desarrolladas. Los políticos no están incentivados ni disponen de información para manejar al ritmo casi perfecto del mercado, el diálogo entre innovación y conservación es totalmente desigual o desordenado dentro del Estado.

El caso de Apple Vision Pro

Apple expuso oficialmente este mes de junio su nueva línea de productos de realidad mixta (virtual y aumentada). El último lanzamiento fue la línea de Apple Watch hace casi una década y la empresa es reconocida por liderar las tendencias del mercado. Sin embargo, a pesar de que la RV/RA lleva tiempo en el mercado, con dispositivos de todo tipo de precios y calidades, la apuesta de Apple está cargada de riesgos e incertidumbre, en parte por su precio, pero fundamentalmente por la complejidad de dicho mercado. 

La RV/RA/RM es un gran enigma tecnológico porque las personas valoramos las experiencias inmersivas. Pero este tipo de dispositivos no han tenido el éxito esperado como producto preferido para consumir películas, videos, redes sociales o videojuegos. A pesar de que muchas personas consideren «emocionante» el uso de la RV/RA o el metaverso, al usar los cacos de RV las personas se agotan con facilidad, los encuentran pesados e incomodos, se marean y no les dan un uso prolongado. De hecho, prácticamente el uso que mejor crecimiento ha tenido es el de reproducir pornografía.

La cautela

Claramente, el producto es más amigable para los jóvenes que para las viejas generaciones (45% de los usuarios son «generación Z») y la apuesta de las empresas es poder captar ese público y hacerlo crecer con sus productos, como ocurrió con el iPhone. No obstante, Apple y las empresas que apuestan por este sector deben ser extremadamente cautelosas. No adelantarse. Invertir lo justo sin abandonar otros mercados o proyectos. Además, Apple debe trabajar con sus desarrolladoras buscando que otros agentes descentralizadamente participen en el mercado y así poder generar sinergias y obtener nociones sobre las tendencias de los consumidores.

La RV/AR/MR es apasionante, pero no es nueva, y lleva tiempo en los mercados buscando su camino. Apple ha hecho una gran apuesta lanzando una versión de muy alta calidad y precio, con características como, por ejemplo, «poder grabar y reproducir tu vida» con sus cámaras frontales. Esto puede sonar más atractivo de lo que realmente es (aunque si sustituye a los idiotas que graban conciertos desde sus móviles, será un gran avance para la humanidad). Queda esperar la reacción de los usuarios, las tendencias espontáneas del mercado, la acción de la competencia, entre otros elementos interesantes que forman parte de la cautelosa y nunca estática innovación empresarial.