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Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

Comunismo y software libre, otra vez

Esa extraña mezcla provendría, primero, del intento de separar, contra toda evidencia, la planificación centralizada de la economía del comunismo, como si fuera una característica accidental y no esencial del sistema; y, segundo, de separar el libre mercado del capitalismo como si fueran dos cosas distintas. En definitiva, un juego de manos un tanto sospechoso.

La conclusión de Hancock es que el software libre es comunista porque aplica el principio aquel de "de cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades" y porque es cooperativo y no competitivo. Y es también un mercado libre, aunque sea más bien un mercado basado en la reputación. Esta pretendida paradoja existe como resultado, no de una novedad intelectual, sino de un mero juego de palabras.

Entendido el principio del que habla Hancock en un sentido amplio, el capitalismo y el libre mercado siempre lo han cumplido. Así, las expectativas de mayor remuneración hacen que todos tiendan a emplear su cerebro y su esfuerzo en aquello en que tienen mayor capacidad, aquello que es más valorado por los demás. Del mismo modo, las necesidades de los consumidores son las que mueven a las empresas a ofrecer bienes y servicios. Por supuesto, en un sentido estricto no sigue esa máxima porque es imposible. Si se obligara a cada uno a dar según su capacidad al máximo y sin posibilidad de recibir más a cambio, todos esconderíamos nuestras capacidades para evitarnos tener que esforzarnos más. Si se ofreciera gratis según las necesidades, éstas se incrementarían hasta el infinito. Aquellos que más intentaran vivir según la regla, peor lo pasarían, como ya mostró genialmente Ayn Rand.

El software libre se aproxima aún menos a esa regla. Aquellos que desean participar no lo hacen necesariamente según su capacidad, sino sobre todo por el interés que tienen en el desarrollo de un producto en particular. Y aunque evidentemente podamos obtener del software libre lo que queramos según nuestras necesidades, eso no significa que los desarrolladores trabajen para satisfacerlas y, de hecho, muchas veces hay que recurrir al software propietario porque no lo hacen. Esto es debido a que el software libre no es más que un sistema particular de producción de software con sus ventajas –muchas– y limitaciones, como le sucede al propietario; no es una filosofía de vida ni una revolución.

En definitiva, la única relación del comunismo con el software libre es la propaganda que partidos y hasta países como Cuba hacen de un supuesto "comunismo que funciona". Evidentemente, pasan por alto el pequeño detalle de que funciona precisamente porque no es comunismo. Pero qué importa la verdad a quienes poseen la Verdad.

Reutersgate

El último caso lo ha protagonizado la agencia Reuters, que ha enviado a los medios una fotografía manipulada de Beirut, que pretendía aumentar la impresión que se llevara el público del caos de destrucción causado por Israel en la ciudad. Como en el caso Rathergate, las bitácoras han vuelto a aportar su capacidad descentralizada para controlar lo que aparece en los medios de comunicación y develar sus manipulaciones. En este caso ha sido el gran blog Little Green Footballs, que ha dado la voz de alarma.

Pero hay una diferencia entre este caso y el de los documentos auténticamente falsos lanzados sobre el público por Dan Rather. La foto de Reuters está tan torpemente cambiada que cabe preguntarse cómo es posible que un editor de la agencia la haya podido aprobar. No hace falta ser un experto para que a uno le salte la manipulación a los ojos. Sólo una complicidad con la mentira puede explicarlo. Afortunadamente la agencia ha rectificado, ha advertido a los medios del error, y ha pedido disculpas. Pero las va a tener que multiplicar, porque se han encontrado más fotos manipuladas por la misma mano, la de Adnan Hajj.

Como en el caso del veterano periodista de la CBS, seguramente los muñidores de la fotografía y de su distribución a los medios están convencidos de haber contribuido a la verdad por medio de su mentira. Porque hay quien entiende el periodismo como la propagación de la verdad, pero ésta con la propia ideología al margen de los hechos. Si las bombas israelíes no causaron un efecto tan aparente sobre Beirut, da igual, se puede manipular la imagen porque con ello se estará contribuyendo a "la verdad", que Israel no tiene derecho a defenderse y todo lo que sea responder a los justos ataques en su contra es inadmisible.

Pero los medios no están solos. El bloguerío observa y denuncia y el periodismo disperso no va a permitir que las mentiras y manipulaciones anden más de dos pasos. Eso que ganamos los ciudadanos.

Otro mundo más capitalista es posible

Eso es algo que Negroponte, con su famoso ordenador de 100 dólares, no ha querido hacer. Ya tiene cuatro pedidos de un millón de cacharros cada uno, aunque dice necesitar cinco para iniciar la producción; sus clientes son los gobiernos de Nigeria, Brasil, Argentina y Tailandia. Cabe preguntarse por qué países tan distintos "necesitan" el mismo número de aparatos y por qué una nación como India ha decidido no adquirir ninguno. Evidentemente, son decisiones políticas y, por ende, arbitrarias. Ninguno de los cinco gobiernos sabe realmente si los habitantes de su país encontrarán un buen uso para ellos.

Nada más conocerse el proyecto de Negroponte se inició el debate sobre si un ordenador portátil es más o menos prioritario para los países pobres que otras necesidades más primarias como la de disponer de agua potable o de sistemas de salud mínimamente desarrollados. Es una discusión insoluble, pues nadie dispone de la información necesaria para llegar a una conclusión. Como ya explicó Hayek en su ensayo posiblemente más influyente, esa información está dispersa entre todos los miembros de la sociedad y no puede centralizarse.

Los gobiernos de esos cuatro países recibirán los ordenadores y los distribuirán como buenamente puedan. Es probable que esa distribución tenga poco que ver con las necesidades reales; siglos de acción gubernamental están ahí para probarlo. No es culpa tampoco de los burócratas, es que simplemente no pueden hacerlo bien porque las necesidades reales de la gente sólo pueden desvelarse a través de lo que los economistas llaman "preferencias reveladas", es decir, las decisiones que toman. Y el hecho de que en un pueblo de África se reúnan los recursos de varias familias para adquirir un portátil de 100 dólares revela que consideran esa adquisición importante y que la utilizarán. En cambio, recibirlo por parte de un funcionario que ha decidido por criterios "objetivos" que lo necesitan, no.  Tendremos sin duda grandes titulares sobre el éxito de esta iniciativa, pero ninguno informará de los usos alternativos que ese dinero podría haber tenido de haber estado en manos de las decisiones reales de los más necesitados.

Habrá quien piense que los más pobres simplemente no pueden adquirir tecnología avanzada. Sin duda, no pueden hacerlo como nosotros. Pero precisamente es en el mercado libre donde aparecen soluciones nuevas e innovadoras para problemas como ese. En Bangladesh, Grameen Phone, una iniciativa del exitoso banco para los pobres de Muhammed Yunus, ha creado una red de operadoras locales –generalmente mujeres– que adquieren un kit básico con aparato, manual y sistema de cobro a través de un microcrédito de Grameen Bank. El teléfono es empleado por todas las personas de la aldea. Un modelo que ha mejorado el nivel de vida de las aldeas pobres de ese país y, además, ha permitido a la empresa obtener una buena rentabilidad, señal inequívoca de que está haciendo las cosas bien, de que está ofreciendo un servicio que los pobres demandan. El capitalismo tiene estas maravillas.

Por eso, el inventor del Segway, Dean Kamen, decidió contactar con Grameen Phone para comercializar sus nuevos ingenios: un generador portátil de energía que emplea las boñigas de las vacas para proporcionar energía suficiente como para alimentar 70 bombillas y un potabilizador portátil capaz de purificar 1.000 litros de agua al día. Ambos son inventos que parecen tener la capacidad de solucionar dos de los problemas de los más pobres: el acceso al agua y a la energía. Pero, además, gracias al uso de sistemas de distribución y venta que ya se han demostrado exitosos en los ámbitos de la banca y la telefonía, podremos saber si realmente los pobres los demandan, y cuánto. Algo que, desgraciadamente, nunca sabremos con el portátil de Negroponte.

Todos somos Ramoncín

En definitiva, visto que han perdido por completo el respaldo de la sociedad, aunque mantengan el de los políticos, con Rodríguez-Salmones al frente, vuelven a ponerse el cartelito de "víctimas" a ver si sigue colando. ¿El título del manifiesto? "Todos somos Ramoncín".

Ana María es madre de familia y empresaria desde que en 2002 montara una pequeña tienda de informática, llamada Traxtore. No cree que su tienda siga abierta en 2007. En el I Encuentro Nacional de Internautas relata cómo la SGAE le hizo una auditoría y le reclama 66.000 euros por ventas realizadas durante los años 2002 y 2003, antes de que se firmara el célebre acuerdo entre la empresa recaudadora de Teddy y ASIMELEC. Su empresita es una de "las tecnológicas" que, como denuncia Ramoncín (minuto 8), no nos deben dar pena porque ganan demasiado dinero y ellos sólo quieren un poquito, porque el canon es una cosa solidaria y tal. "Me piden el canon con carácter retroactivo y no con las tarifas digitales pactadas, sino con las analógicas que se colocaban en las cintas de audio y vídeo", dice Ana. "Por cada DVD virgen que he vendido me exigen 1,20 euros más IVA; si yo gano 12 con cada tarrina de 100 que vendo, ¿cómo me pueden pedir 120 más IVA por ella?". Pues porque hay que demostrar que todos somos Ramoncín, supongo.

Bueno, en realidad las razones son más pedestres. Tras el informe del Ministerio de Industria, que pedía la supresión del canon, la SGAE encargó una réplica a una consultora llamada Econlaw a la que calificó de "prestigiosa". El informe venía a decir que los autores no merecen cobrar menos por mucho que los precios de los soportes se reduzcan. "Esa empresa fue fundada tres meses antes de la publicación del informe con el capital mínimo para montar una sociedad limitada. No dudo que se pueda adquirir semejante prestigio en tan poco tiempo, pero suena un poco raro", explica Ana. Quizá es que los accionistas de la misma son todos Ramoncín, también.

Ana no es la más perjudicada, después de todo. A una tienda en Huelva le exigen cerca de medio millón de euros. Es normal, nunca esperaron a la nueva ley para exigir canon por las grabadoras de DVD, las tarjetas de memoria y los reproductores MP3. "El acuerdo lo firman los proveedores con la SGAE y a quienes nos auditan es a los minoristas, que no nos podemos defender. A mí me vinieron con una demanda la semana de Reyes, luego no se presentaron al juicio y ahora me han puesto otro. Esperan agotarme y arruinarme a base de pagar abogados. En cambio, a las grandes cadenas y franquicias ni las tocan", protesta Ana. "Preferiría deber dinero a Hacienda, la verdad, se preocuparían mucho más de que no tuviera que cerrar la tienda para pagarles, me darían facilidades". Ana, de todos modos, ha resultado un hueso más difícil de roer de lo esperado. Ha creado una asociación de minoristas de productos informáticos, una web con toda la documentación de su caso y hasta un cómic donde explica detalladamente hasta qué punto la SGAE nos saca hasta los higadillos. Ella no es Ramoncín.

Ana pedía una cosa. "Veo cierto rubor en los clientes cuando, mientras hacen sus compras, se les habla del canon. Yo lo estoy pasando muy mal y perderé mi negocio así que, por favor, poned una sonrisa de oreja a oreja cuando os descarguéis algo. Dadme esa satisfacción ya que yo y otros como yo os hemos pagado por ese derecho con intereses". No sólo eso. Tened la mula a tope. Mirad mal a los amigos que se compren CDs y DVDs originales. Si tenéis que compraros un producto físico que devenga canon, y no encontráis tienda en España que lo venda sin él, compradlo en Estados Unidos; los gastos de envío pueden compensarse con la diferencia de precio. Todo sea por Ramoncín.

Praise for Bill Gates

Now that the president of Microsoft has announced his retirement from managing Microsoft to concentrate on his eponymous foundation, it is perhaps the best moment to engage in something as politically incorrect as highlighting his enormous contribution, allowing me to write this article and you to read it –among many other things.  

Quite a while back now, Bill Gates and his partner Paul Allen had the idea that they could sell operating systems –at first, designed by other people– that would work on a particular computer architecture, created by IBM, but which (and this is the important part) any other manufacturer could imitate.

In principle, an operating system is nothing more than an intermediary between the computer and the programs we use.  Over the years, many different operating systems have come and gone, from the simplest to the most complicated. Today, the most widely-used are versions of Microsoft Windows, Apple’s MacOS X and the almost infinite forms of Unix, mainly Linux. Nonetheless, until Gates and Allen had their idea, operating systems were usually linked to a machine model, and wouldn’t work on any other machine, even though there could be very similar versions on different types of computer. When Gates got IBM to allow him to license his MS-DOS operating system to other companies, he began slowly to travel to manufacturers to have them produce more affordable and powerful “IBM compatible” computers -in other words, computers that could run MS-DOS.  For the user, they had one thing in common: they could run the same intermediary, the same operating system, which meant they could run the same programs.

After a few years enjoying an old Spectrum 48Kb, a small, black machine with a rubber keyboard, my family confronted the huge expense of acquiring one of these “compatible” computers. The computer was put together in the store where we bought it, using pieces from a variety of manufacturers. This now seems normal to us. What was normal back then, however, was selling the computer as a single piece, operating system included, like with my old Spectrum, and the practice continues with Apple computers.

Compatibility within a platform and its consequences are due to the entrepreneurial, more than technical, genius of Bill Gates.  Its benefits have extended far beyond Microsoft’s robust balance sheet, as tends to happen. The technological race has led to competition among an endless group of manufacturers –who have generally benefited from it– and lowered the cost for components, allowing computers to shift from being a luxury available only to businesses and wealthy individual users to just another home appliance that any middle class family can afford, which, in turn, has popularized the Internet. It has given a few hackers the necessary tools to create Linux, a direct competitor to Microsoft Windows. And it even made it possible for Apple to access cheap hardware with which it can continue creating closed computers at a lower price. Capitalism is the way one person’s ideas can result in huge benefits accruing to both that particular individual and everyone else in society.

 

Donde ponga SGAE, lea PP

La novedad más destacada por casi todos los diarios ha sido la extensión legal del canon a los medios digitales. No es que no se cobrara hasta ahora; la ley anterior lo permitía y, de hecho, ya pagábamos el canon en los CD y DVD vírgenes. Pero esta ley precisa a dónde puede llegar y a dónde no, con el resultado de que sólo las conexiones a Internet y los discos duros parecen quedar exentos. En breve pagaremos todos más por los teléfonos móviles, los reproductores de MP3, las cámaras fotográficas y sus tarjetas de memoria, las impresoras y los escáneres, además de otros muchos aparatos que no soy capaz de imaginar pero que no dudo que los abogados de la SGAE ya tienen identificados, cuyos precios se incrementarán en cuanto se decida el porcentaje que irá a parar a los integrantes del "No a la guerra contra el genocida" y las "Rosas Blancas por la rendición incondicional al terror".

Si se quería encontrar un equilibrio entre las compensaciones por piratería (que, dicho sea de paso, nada tiene que ver con la copia privada, la legal) no parecía necesario ampliar la aplicación del canon de esta manera. Los ingresos de las entidades de gestión de derechos de autor se han disparado, de 31 millones en 2002 a 114 en 2004. Cuando se compra un CD virgen, aproximadamente la mitad del precio va a parar a las arcas de Teddy y Ramoncín; cuando se adquiere un DVD virgen, ese porcentaje crece aún más. Pagamos el canon más alto de Europa. El Ministerio de Montilla ha evaluado que, a este paso, en breve los ingresos por canon superarán a los ingresos por ventas. Es decir, los que pagan voluntariamente en la tienda dejarán pronto de ser la principal fuente de ingresos de las entidades de gestión de derechos de autor, y su puesto lo tomarán aquellos que no pueden defenderse cuando les suben el precio de los bienes de consumo para pagar el impuesto titiritero.

Sin embargo, quizá la novedad que más titulares provocará en el futuro es la redefinición del derecho de copia privada, que a partir de ahora sólo podrá realizarse "a partir del original". De modo que, previsiblemente, pueden considerarse como ilegalizadas las copias realizadas hasta ahora por medio de las redes P2P, pues éstas se realizan casi siempre a partir de una copia que, aunque se haya hecho "a partir del original", no es el original. De modo que importaremos de Estados Unidos, como siempre, lo malo; pronto veremos a la SGAE denunciando a niños por descargarse la última canción de Amaral. Su historial no deja lugar a dudas de que lo intentarán. Veremos que interpretaran los jueces.

Según la diputada Rodríguez Salmones, la encargada de negociar este engendro por parte del PP, la reforma ha alcanzado un equilibrio que permitirá "ayudar a superar enfrentamientos". Por eso tiene a todo el mundo en pie de guerra menos a la SGAE, porque es una reforma equilibrada, naturalmente. Ignoro por qué se ha sumado el PP a este engendro que sólo puede ayudar a que los "artistas" españoles tengan más capacidad económica y tiempo libre para seguir pergeñando campañas en contra del PP y de los ciudadanos a los que representa. Quizá es que la responsable de cultura está ahí porque sus líderes han considerado que estorbaba en otro lugar "más importante", no lo sé. Pero los lobbies como la SGAE no pueden hacer el mal sin la ayuda de gobernantes, parlamentarios y jueces, que son los que aprueban las leyes que legalizan sus desmanes y vigilan su cumplimiento. Así que cuando lean la próxima burrada que hagan Teddy y los suyos, además de leer detrás de sus acciones el beneplácito de socialistas, comunistas y nacionalistas, lean también PP.

La singularidad

La razón es sencilla; en su obra argumenta que, si dejamos libres al ingenio humano y la empresarialidad y no la agobiamos con regulaciones ecóbobas y prohibiciones basadas en el principio de precaución y otros estúpidos ataques gubernamentales al progreso, la segunda mitad del siglo XXI verá una revolución tecnológica sin precedentes desde que el hombre empezó a tallar huesos y hacer herramientas.

La historia humana ya ha padecido una singularidad, nuestra aparición sobre la faz de la tierra. Hasta ese momento, el progreso transcurría a la lenta velocidad de la mutación genética. Sin embargo, desde que empezamos a discurrir y a crear herramientas, es evidente que esa velocidad se ha incrementado en varios órdenes de magnitud. Mirándolo desde un punto de vista más amplio, hay más singularidades detectables, como la aparición de vida o el momento en que la evolución llegó a desarrollar los primeros cerebros. No obstante, la nueva singularidad a la que se refiere Kurzweil podría, según él, llegar mientras algunos de nosotros aún estamos con vida. Sería el momento en que las máquinas que estamos creando empiecen a ser capaces de diseñar versiones más avanzadas de sí mismas, un momento que sitúa alrededor de la mitad del siglo XXI. Para entonces ya habrán tomado la voz cantante del desarrollo tecnológico, pero a partir de ese momento el crecimiento y el ritmo de novedades tecnológicas sería tan rápido que los seres humanos sin “mejoras artificiales” serán incapaces de seguirle la pista.

Es evidente que la capacidad en velocidad de proceso y almacenamiento del cerebro humano (el hardware) será sobrepasada mucho antes. El problema, que como experto en inteligencia artificial que también es Kurzweil obviamente identifica, es el software, la capacidad de aprender del ser humano y de obtener patrones a través de la información que llega a los sentidos. Ese problema se solucionaría a través de la ingeniería inversa del cerebro humano, el conocimiento cada vez más exacto de cómo funciona el sustrato biológico en el que se alberga nuestra inteligencia. Eso implicaría una consecuencia adicional: al conocer mejor cómo funciona nuestro cerebro, permitirá la posibilidad de incorporar esa extraordinaria capacidad de las máquinas al mismo, aumentando nuestras capacidades cognitivas. Sólo así, concluye Kurzweil, el ser humano podrá adaptarse al acelerón de progreso que supondrá la singularidad.

La mayor crítica que se le puede hacer a Kurzweil, desde el punto de vista científico, es lo poco que hemos avanzado, dentro del campo de la inteligencia artificial, en la creación de “agentes” en relación con el rápido avance que tienen las herramientas. Estas últimas son los aparatos tecnológicos y las aplicaciones informáticas que conocemos bien: a partir de órdenes precisas y claras de los seres humanos, dan respuestas fácilmente predecibles y reproducibles una y otra vez. Si yo escribo una “o” en el teclado, sé que mi procesador de textos pondrá una “o” en pantalla. Los agentes, en cambio, son los dispositivos capaces de adaptarse a nuevos estímulos y reaccionar ante ellos, aprender de los mismos, interpretar las reacciones de los seres humanos en lugar de obedecerles literalmente. Un sistema de reconocimiento de voz que nos entienda cuando tartamudeamos o hablamos bien lejos de ese nivel de claridad que exigen aún, pese a todos sus avances, es un agente. Ese es el salto para el que necesitamos un mayor conocimiento sobre nuestro propio cerebro, y no está nada claro que se vaya a conseguir con la rapidez que predice. Las predicciones más arriesgadas que hizo en su anterior libro, de 1999, fallan precisamente ahí, cuando se necesitan agentes y no herramientas.

No obstante, el principal riesgo para los avances exponenciales que describe Kurzweil no tienen su raíz en la tecnología ni en la ciencia, sino en la política. El uso del principio de precaución, contradictorio consigo mismo como ha explicado Gabriel Calzada en numerosos artículos, puede llevar a la prohibición de investigaciones y aplicaciones prácticas de las mismas que dificulten o imposibiliten el progreso tecnológico. La tecnología y el capitalismo prometen resolver problemas para los que hasta ahora muchos consideran al gobierno como el único alivio posible. ¿De qué servirá, por ejemplo, la Ley de Dependencia cuando las minusvalías sean solventables mediante ingenios mecánicos y electrónicos? La única ventaja con que contamos es que los legisladores suelen ir muy por detrás de la tecnología con sus regulaciones. El riesgo, que la alcancen demasiado pronto.

Download this song

Odio estas cosas, lo admito. Pero esta vez es diferente, porque el mensaje es distinto: "Oiga, señor de las discográficas, su sistema no puede competir; este es el nuevo modelo de artista: ¡descarga de fichero completada!". MC Lars, el autor de esta canción, titulada "Download this song", tiene edad para haberse criado musicalmente en la época iniciada por Napster. Me extrañaría que esa canción de Iggy Pop que emplea no la hubiera escuchado por primera vez en un MP3 descargado "ilegalmente" en un PC o en un Mac; el vídeo en sí no deja de ser un homenaje a la revolución iPod. La canción no sólo incide en los males de un sistema de distribución obsoleto, sino en las virtudes de las nuevas y baratas formas de producción musical. "Sólo queríamos un campo de juego nivelado", argumenta. "La tierra es plana", concluiría Thomas Friedman.

El cambio que ilumina esta canción resulta notable. No es ya que los niños de ahora no vayan a saber qué es eso de un disco o un CD; es que las nuevas hornadas de músicos estarán plagadas de personas que aborrezcan la resistencia que las discográficas a la nueva tecnología de distribución y que no estén dispuestos a someterse a los contratos que éstas ofrecen para sacarlos al mercado. Y aunque siempre encontrarán chenoas dispuestas a someterse, un porcentaje creciente de la mejor música moderna será creada por esos músicos adaptados al mundo y la tecnología actual, y recelosos de esas grandes empresas discográficas.

Adam Smith ya previno contra los hombres de negocios, que no podían divertirse cinco minutos sin que terminaran pactando un monopolio. En el consenso socialdemócrata en el que se mueve Occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los mayores éxitos de empresarios obsoletos los han obtenido presionando al Estado para que tuerza las leyes en su beneficio. Pero como argumentó Robert Heinlein en su primer relato, "ni los individuos ni las corporaciones tienen el menor derecho de acudir a los tribunales y exigir que el reloj de la historia sea detenido, o retrasado, en beneficio particular suyo". La lástima es que una buena parte de la ley se ha consagrado en hacer ese trabajo, como la nueva Ley de Propiedad Intelectual que beneficiará a los que viven de la SGAE a costa del público. Una ley apoyada por el PP; ni siquiera el ejemplo de Miguel Bosé les ha hecho reflexionar ni un poco sobre lo cornudos y apaleados que son. Panda de idiotas.

No es éste evidentemente un problema que se reduzca a las compañías discográficas. Hace bien poco, paseando por la Feria del Libro con inmejorable compañía, decidí comprar una novela de ciencia ficción en la caseta de una librería especializada en el género, como todos los años. Mientras lo hacíamos conversábamos sobre el descuento oficial de la feria y la librera que nos atendió dio por supuesto que debía hacer proselitismo sobre el precio único de los libros como "la única manera de que las pequeñas librerías sobrevivan". Lo cierto es que no quise discutir; seguramente no habría sino arruinado la imagen que tengo de dicha librería y deshecho una relación, comercial, de muchos años, en el momento en que hubiera dicho que "así se ayuda a la cultura". Y es que en el fondo soy un sentimental. Pero eso no quita que me parezca absurdo aprobar una Ley del Libro construida en torno al concepto de precio único, olvidando que la reducción de precios de cualquier bien amplía la demanda y que, si deseamos que se lea más, reducir los precios de los libros es el mejor modo. ¿Imaginan un amazon.es con descuentos del 40% sobre el precio "oficial", tal y como sucede en Estados Unidos? ¿Soy el único en pensar que eso ayudaría a la cultura mil veces más que todas las pequeñas librerías que sobreviven de la venta de bestsellers y libros de texto en septiembre juntas?

Que hablen de Miró, aunque sea mal

Si de algo sirvió el acontecimiento fue para poner de manifiesto los perversos fundamentos teóricos sobre los que se asienta la supuesta legislación antimonopolio.

En cualquier curso de Introducción a la Economía los alumnos tienen que estudiar una serie de modelos, a cuál más ridículo, con los que se pretende hacer predicciones realistas sobre la sociedad; los modelos son del todo inútiles, pero permiten reducir los complejos fenómenos económicos a unas pocas y manejables ecuaciones matemáticas. Los modelos económicos se preocupan más de la comodidad del investigador que de la solidez de sus conclusiones.

De entre todos estos artilugios hay uno especialmente popular, que constituye el punto de referencia de toda la legislación antimonopolio: el "modelo de competencia perfecta". Sus cimientos son sumamente irreales: a) gran número de compradores y vendedores, b) productos idénticos, y c) información perfecta. La consecuencia inmediata de estas tres premisas es que, por un lado, todos los productores venden al mismo precio y, por otro, que no existe ni incertidumbre ni, por tanto, beneficio empresarial.

Como podemos darnos cuenta, ninguno de estos supuestos y conclusiones se ajustan con la realidad. De hecho, cuando un gran número de productores venden la misma cantidad de productos idénticos a un mismo precio no estamos ante una "competencia perfecta", sino ante una absoluta ausencia de competencia.

¿Acaso uno de los resultados más beneficiosos de la competencia no consiste en las reducciones de precios y en las variaciones de los productos que mejoren su calidad? ¿Quién compite, por consiguiente, en un mundo donde todos los productores deben reducir el precio o incrementar la calidad a la vez?

Lo que tenemos no es un conjunto de empresas que intentan satisfacer al consumidor ante un futuro incierto e imposible de predecir. Por el contrario, una pluralidad de fabricantes (no cabe calificarlos siquiera de empresarios) ha recibido el mandato cuasi-divino de dirigir unas plantas productivas hacia un rumbo que todos los participantes en el mercado conocen (gracias a la información perfecta).

En otras palabras, la función empresarial simplemente desaparece, y la figura del empresario se convierte en la de un rentista pasivo: cualquiera puede ser empresario, no hay ningún tipo de incertidumbre en lo relativo a qué bienes producir, a qué precio venderlos y de qué forma fabricarlos. Todo ello se sabe "porque sí".

En la competencia perfecta, pues, los seres humanos no actúan, sólo se ajustan a unas restricciones dadas. No existe ni la creatividad ni la innovación ni el error; todo queda subsumido en la información perfecta.

Todo este cúmulo de errores, sin embargo, no ha impedido que el modelo de competencia perfecta se siga utilizando e imponiendo en las aulas, no ya como descripción del mercado, sino como vara de medir su bondad.

En otras palabras, la realidad sólo es buena si se ajusta a una ficción que en origen pretendía describir esa realidad: el error se convierte en acierto y en punto de referencia para la política económica. El problema no son tanto los desaciertos académicos, sino que éstos se conviertan en justificación de las pautas intervencionistas.

No es casualidad que los Tribunales de Defensa de la (In)competencia estén obsesionados con trocear las grandes empresas, para conseguir un "gran número de productores", y no en eliminar todos los obstáculos a la entrada de nuevas empresas en el mercado (licencias, concesiones, monopolios públicos o patentes). La competencia se pesa en número, no en libertad de acción; el ideal de la legislación antimonopolio consiste en recrear la competencia perfecta, esto es, la ausencia de competencia.

Hemos de tener presente que, en ausencia de barreras de entrada, sólo aquellas empresas que son capaces de satisfacer mejor que el resto a los consumidores adquirirán una gran cuota de mercado. Esto significa que los Tribunales de Defensa de la (In)competencia destruirán, precisamente, las compañías más eficientes del mercado, troceándolas en pequeñas subdivisiones sin capacidad ni liderazgo para servir al consumidor. Los incompetentes medran y los eficientes desaparecen gracias a la acción de estos tribunales.

El mensaje de la legislación antimonopolio es claro: "Señor Empresario, si se atreve a ser el mejor sirviendo a los consumidores será perseguido, sancionado, cercenado y vilipendiado de manera inmisericorde". Todo ello, claro está, para beneficiar a la competencia y, a través de ésta, a los consumidores.

Como no podía ser de otro modo, las peores características del modelo se reproducen en la realidad. Si en el modelo de competencia perfecta la falta de incertidumbre hacía innecesaria la innovación, en la realidad diseñada a partir del modelo de competencia perfecta la falta de libertad convierte en imposible esta innovación.

Al eliminar a los mejores empresarios, impidiéndoles actuar y triunfar, tendremos una cohorte de mediocres gestores incapaces de innovar, que venderán unos productos igualmente mediocres a unos precios igualmente elevados. La virtud característica de este mundo, en lugar de la eficiencia, será la igualdad en la miseria.

Gracias a la legislación antimonopolio, por tanto, logramos trasladarnos al taciturno mundo que pretende describir el modelo de competencia perfecta. Un mundo donde todos los consumidores y productores se comportan del mismo modo, donde no tiene lugar ningún tipo de innovación, donde todos los bienes son igual de inútiles y caros, donde la incertidumbre se sustituye por la certeza de que el futuro será tan monótono y funesto como el presente y donde, en definitiva, la función empresarial ha sido sustituida por la cartografía corporativa de los políticos.

Si quiere un ejemplo de paraíso socialista, ése es el "modelo de competencia perfecta".

Un experimento periodístico en Internet

Al contrario de lo que sucede en los medios tradicionales, donde las noticias se estudian y corrigen antes de publicarse, en la blogosfera se publica primero y luego se corrige, si hace falta, gracias a los comentarios que hacen los lectores o las críticas que se realizan desde otras bitácoras, a menudo completamente opuestas ideológicamente. Es por esa razón por la que muchos consideran a la blogosfera como un medio de comunicación más fiable que los tradicionales, por su capacidad de corregirse a sí misma y exponer sus vergüenzas al respetable para que éste pueda evaluar en todo momento la credibilidad de cada bitácora. A este fenómeno se le ha denominado periodismo disperso.

Dentro de este nuevo género, tenemos en estas páginas un fenómeno del que admito no conocer de ningún caso idéntico. Lo más parecido ha sucedido en momentos puntuales en la blogosfera anglosajona: hace pocas semanas les hablaba del esfuerzo colectivo en la traducción de los documentos del Irak de Sadam por parte de un nutrido grupo de bloggers. Siguen averiguando cosas: hace bien poco han publicado una traducción que habla del traslado de "munición especial" de Najaf a Bagdad justo antes de comenzar la invasión del país; otros documentos indican que era el modo de designar a la cargada con agentes químicos. También recuerda levemente a la campaña Porkbusters, que como les conté hace meses ha llevado a muchos bloggers a buscar los derroches más absurdos en el presupuesto federal para exigir después a los representantes que los eliminen. Un conocido senador republicano, al que ya obligó la blogosfera a renunciar a su puesto como líder de la mayoría de su partido en la Cámara, ya ha protestado de los "problemas" que causa el grupo. Problemas para seguir tirando el dinero de los contribuyentes, claro.

Sin embargo, el de Luis del Pino es el único caso en el que la práctica totalidad de la conversación se ha limitado casi por completo a un solo blog y sus comentarios. Eso sí, miles y miles de comentarios. Dudo que exista en España otro ejemplo de participación tan entusiasta. Tampoco son los comentarios típicos de un blog, en el que se discuten las opiniones del autor, aunque algo (poco) hay también de eso. Principalmente, los lectores están aportando sus ideas y su conocimiento a esclarecer la investigación. Ayer mismo, por ejemplo, uno de los participantes exponía sus conclusiones técnicas sobre la imposibilidad de emplear sólo un móvil para activar el detonador encontrado en la celebérrima bolsa de Vallecas; aunque puede que sí exista la manera de hacerlo, es sin duda un apunte interesante que merece la pena investigarse. Aunque quizá no tan elaboradas, aportaciones de esta índole hay bastantes. También hay apasionantes intentos de establecer cómo se pudieron realizar los atentados, ofreciendo versiones disparatadas y otras que se ajustan mejor a lo que sabemos que la versión oficial, aún sin dejar de ser meras elucubraciones.

Este fenómeno ha decidido pasar desapercibido para los grandes gurús españoles de la blogosfera, quizá porque permanezcan muchos de ellos en esa mentalidad que considera de mal gusto intentar averiguar qué sucedió realmente el 11-M. O que, simplemente, considera que está feo eso de pensar.