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Etiqueta: La economía a través del tiempo

La economía a través del tiempo (XVIII): la Escuela Austriaca y los sofistas

Continuando con la posición que ha mantenido la Escuela Austriaca sobre la antigua Grecia, toca hablar de los sofistas. En este sentido, Huerta de Soto (2022, pp. 6-7) hace un alegato a favor de los sofistas. Según él, entendieron mucho mejor los procesos del mercado y del orden social que los filósofos posteriores, y hace hincapié en el cambio que se produce tras la irrupción de los socráticos. Para el profesor, tanto Sócrates como Platón y Aristóteles cayeron en una serie de ideas que hoy relacionaríamos con el estatismo. Por su parte, Rohtbard (2006) también ve a los sofistas como una especie de precursores de lo que en la actualidad se conocen como ideas de la libertad, algo que ejemplifica con el caso de Protágoras:

Según Protágoras, corresponde a los ciudadanos de un Estado decidir lo que constituye el bienestar social y cómo lograrlo. Contra la autoridad absoluta de Platón, Protágoras ensalzó el proceso democrático. Creía en el sentido común frente a la ciencia, y en la experiencia social práctica de la humanidad, en oposición a las doctrinas de los teóricos morales y políticos (20).

Huerta de Soto (2022) sigue a su precursor y también considera que el subjetivismo de Protágoras tiene más que ver con los postulados de la Escuela Austriaca que otros griegos:

El punto de vista subjetivista, en torno al cual pensadores más modernos, como Protágoras en la época de Pericles, teorizaron sobre la necesidad de la cooperación social, insistiendo en que “el hombre es la medida de todas las cosas”, lo que, llevado filosóficamente a sus últimas consecuencias, podría haber dado lugar al surgimiento natural del subjetivismo y del individualismo metodológico, imprescindibles puntos de partida de todo análisis económico de los procesos sociales (7).

ἄνθρωπος

Así, la idea de Protágoras de que el hombre es la medida de todas las cosas, que más que referirse al valor subjetivo económico tiene que ver con un sistema complejo y con la ontología, figuró en un libro que no ha llegado a nuestros tiempos titulado Los discursos demoledores. Sin embargo, cuando el pensador hablaba de la idea de hombre (ἄνθρωπος) no queda claro si se refiere al individuo o al colectivo, es decir, al Ser Humano en su conjunto. Si así fuera, su pensamiento no se acercaría tanto a ese individualismo metodológico que menciona Huerta, sino a posiciones más relacionadas con la construcción cultural, es decir, a los postmodernistas, algo que el propio Huerta de Soto llega a reconocer.

Tanto es así, que Lowry (1987) llega a relacionar el concepto del hombre como la medida de todas las cosas con la semilla del valor-trabajo que posteriormente inspiraría al marxismo, una corriente económica completamente opuesta a la de la Escuela Austriaca. Sea como sea, parece difícil no pensar en lo que la Economía conoce hoy como utilidad al escuchar la idea de Protágoras. Sin embargo, el propio Marx reconocía la existencia de la utilidad como dadora de valor, es decir, como principio que posibilita que un producto tenga valor económico, como veremos en otra ocasión.

En definitiva, dada la escasez de información concreta sobre este tipo de ideas, es no resulta fácil relacionar a los sofistas con una u otra escuela económica, aunque se puedan establecer conexiones hipotéticas, como hacen los autores austriacos o Lowry.

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2022). El pensamiento económico en la Antigua Grecia. Cuadernos Para el Avance la Libertad, 11.

Lowry, S. (1987) The archaeology of economic ideas: the classical Greek tradition. Duke University Press

Rothbard, M. N. (2006). Todo comenzó, como es usual, con los griegos. Mises Institute. https://mises.org/es/mises-daily/todo-comenzo-como-es-usual-con-los-griegos

Serie La economía a través del tiempo

La economía a través del tiempo (XVII): Grecia, Escuela Austriaca y el buen conflicto

Antes de entrar en pensadores concretos, puede resultar interesante detenerse en la interpretación austriaca del pensamiento económico griego. Para ello, Huerta de Soto (2022) -uno de los mayores exponentes de la Escuela Austriaca- dedicó un extenso artículo en el que se posiciona sobre diferentes autores. En términos generales, el profesor considera que los antiguos griegos “fracasaron en su intento a la hora de comprender los principios esenciales del orden espontáneo del mercado y del proceso dinámico de cooperación social que les rodeaba” (p.4).

Así, Huerta considera que los helenos consiguieron realizar numerosos avances en todas las disciplinas humanísticas, pero fallaron a la hora de definir con exactitud esos procesos de mercado. Es más, el catedrático plantea que existió cierta simbiosis entre gobernantes y economía, siendo esta una herramienta para el poder en vez de pararse a analizar los fenómenos concretos que se daban en la realidad.

Desde la Escuela austríaca

El profesor analiza varios autores, pero este artículo va a detenerse en el análisis de Hesíodo, aunque este escritor será analizado en posteriores capítulos. En concreto, se verá el concepto buen conflicto, mencionado por Rothbard y por Huerta de Soto. Esta idea es importante pues, para ambos austriacos, vendría a representar un primitivo ímpetu empresarial, un espíritu de competencia leal.

Huerta de Soto (2022, 6) dice lo siguiente: “Hesíodo se refiere a la competencia por emulación, que él denomina buen conflicto, como una fuerza vital de tipo empresarial que hace posible superar en muchas circunstancias los grandes problemas que plantea la escasez de recursos”.

Por su parte, Rothbard (2006) afirma: “Para Hesíodo, la emulación conduce al sano desarrollo de un espíritu de competencia, que él llama buen conflicto, una fuerza vital para aliviar el problema básico de la escasez”.

Ambos se están refiriendo a los dos tipos de Eris (discordia o conflicto) que aparecen en el Los Trabajos y Los Días (Hesíodo, 2006). El verso exacto donde Hesíodo empieza a hablar sobre las dos Eris es el verso 11.

Los trabajos y los días

Hesíodo explica la diferencia entre la Eris mala, que fomenta la guerra y la discordia destructiva, y la Eris buena, que incita a la competencia saludable y al esfuerzo productivo. Esta distinción muestra que el conflicto puede tener un aspecto positivo cuando lleva a la mejora y al progreso:

No era en realidad una sola la especie de las Érides, sino que existen dos sobre la tierra. A una, todo aquel que logre comprenderla la bendecirá; la otra, en cambio, sólo merece reproches. Son de índole distinta; pues ésta favorece la guerra funesta y las pendencias, la muy cruel. Ningún mortal la quiere, sino que a la fuerza, por voluntad de los inmortales, veneran a la Eris amarga. A la otra la parió primera la Noche tenebrosa y la puso el Crónida de alto trono que habita en el éter, dentro de las raíces de la tierra y es mucho más útil para los hombres: ella estimula al trabajo incluso al holgazán; pues todo el que ve rico a otro que se desvive en arar o plantar y procurarse una buena casa, está ansioso por el trabajo.

El vecino envidia al vecino que se apresura a la riqueza -buena es esta Eris para los mortales-, el alfarero tiene inquina del alfarero y el artesano del artesano, el pobre está celoso del pobre y el aedo del aedo. ¡Oh Perses!, grábate tú esto en el corazón y que la Eris gustosa del mal no aparte tu voluntad del trabajo, preocupado por acechar los pleitos del ágora; pues poco le dura el interés por los litigios y las reuniones públicas a aquel en cuya casa no se encuentra en abundancia el sazonado sustento, el grano de Deméter, que la tierra produce. Cuando te hayas provisto bien de él, entonces sí que puedes suscitar querellas y pleitos sobre haciendas ajenas (pp. 62-63).

El espíritu creativo asociado a la competencia

En estas palabras, los austriacos ven ese espíritu creativo fomentado por el ejemplo a través de la competencia, la imitación conducida por la envidia sana. Sin embargo, otros autores han interpretado esto, más bien, como el nacimiento de una dialéctica primitiva (de Oliveira Mendonça, 89-90). Así, la sobreposición de Eris vendría a ser una “lógica dialógica” en la que la oposición genera algo nuevo, mayor que las partes de forma individual. Una especie de antesala de la tesis, antítesis y síntesis que muestra cómo emerge lo nuevo de las contradicciones.

La interpretación de Eris como el inicio de la dialéctica es una perspectiva interesante. La dialéctica, en términos filosóficos, es el proceso de argumentación que busca la verdad a través del diálogo y la resolución de contradicciones. La Eris buena fomenta la competencia y el esfuerzo constructivo, lo que a su vez puede llevar a un proceso de mejora continua y avance a través de la resolución de conflictos, algo muy parecido a lo que se conoce actualmente como dialéctica.

Eris

La Eris buena incita a las personas a esforzarse y competir de manera saludable, lo cual puede ser visto como un tipo de diálogo en el sentido de que las personas se superan mutuamente y buscan la excelencia a través de la emulación y la competencia. Este proceso de superación y mejora continua tiene elementos en común con la dialéctica, donde las ideas se confrontan y refinan hasta alcanzar un mayor entendimiento o verdad.

Aunque no se puede afirmar que Hesíodo introdujo la dialéctica en el sentido filosófico que desarrollaron posteriormente pensadores como Sócrates, Platón y Aristóteles, la idea de un conflicto constructivo que lleva al progreso puede considerarse un antecedente conceptual.

La Eris buena representa un reconocimiento temprano de que el conflicto no siempre es destructivo, sino que puede ser una fuerza motriz para el crecimiento y la mejora, un principio que subyace en la dialéctica filosófica. Para Huerta de Soto (2022, 6), sin embargo, esto no es así, sino que el buen conflicto es algo cercano a la “correcta concepción del orden espontáneo del mercado”, algo de lo que podría presumir también Demócrito.

Bibliografía

Hesíodo (2006) Teogonía. Gredos

Huerta de Soto, J. (2022). El pensamiento económico en la Antigua Grecia. Cuadernos Para el Avance la Libertad, 11.

Rothbard, M. N. (2006). Todo comenzó, como es usual, con los griegos. Mises Institute. https://mises.org/es/mises-daily/todo-comenzo-como-es-usual-con-los-griegos

de Oliveira Mendonça, A. L. (2016) Tributo à Éris: A Dialética Como a Luta Essencial da Condição Humana. Intervozes–trabalho, saúde, cultura, 87

Serie La economía a través del tiempo

La economía a través del tiempo (XVI): Del oikos a la polis griega

Tal y como se ha tratado anteriormente, el oikos griego fue entendido como núcleo de convivencia básico que necesitaba una administración (nemos). No obstante, la forma en la que se traslada esto al ámbito público, es decir, a un conjunto de oikos interrelacionados, es tema de debate. Así, una de las líneas principales es defender que el oikos tendía a relacionarse con la administración doméstica de forma exclusiva. Otros, defienden que el concepto se amplió con el tiempo hasta el punto de acercarse al significado de polis.

Sobre esto, se pueden encontrar varios ejemplos que muestran el debate. Por un lado, Duque (2018) defiende que “la oikonomía influyo significativamente en la koinonía, pero esta última no fue determinante para la primera, puesto que se limitaba al campo de las acciones públicas” (p. 26). Es decir, la koinonía, que sería como el campo de estudio primitivo de lo que posteriormente se le ha llamado catalaxia o, incluso, macroeconomía (puesto que sumaba la administración pública con las interacciones privadas), tendría su base en la oikonomía, siendo una especie de consecuencia de su existencia.

Oikos

Por otro lado, Pérez (2004, 71) considera que la oikonomía no se puede reducir a la economía doméstica, sino que el propio término evolucionó para tratar de representar a un conjunto de oikos:

Esto se ha considerado una contradicción, pero no lo es tal si observamos que los mismos autores antiguos tenían en cuenta la división de espacios internos y externos en el oikos, y que la fuente de riqueza de éste no era tan sólo agraria, sino también industrial, artesana, minera, etc. Incluso la polis griega funcionaba como un gran oikos común, en el que la subsistencia era un ideal imposible. De ahí que la palabra oikonomia fuese empleada a veces para el gobierno de la ciudad, entendiendo éste no sólo en términos económicos, sino también políticos, sociales y éticos, todos ellos factores inseparables en la ciudad griega (p. 71).

Pérez insiste en que “la ciudad, la polis, según la definición de Aristóteles, es un conjunto de oikoi, unidos para el bienestar de las personas” (p. 71) y considera que las líneas entre el concepto polis y oikos no están muy bien definidas en la antigüedad, pudiendo a veces solaparse. Esto, visto con los ojos modernos, puede interpretarse como una idea cercana a las posiciones económicas de muchos macroeconomistas. Es decir, desde este punto de vista, las unidades administrativas podrían acoplarse para crear un sistema que se comporta de manera similar a una sola unidad. Sin embargo, se puede entender desde otra perspectiva más holística. De hecho, existen concepciones parecidas en tiempos más modernos a la idea de que la suma del oikos forma un nuevo oikos, pero sin caer en la simplificación mecanicista que estudia lo agregado como una simple suma de variables.

Familia de familias

Por ejemplo, la concepción de patria de la filosofía clásica cristiana no es más que familia de familias, algo que no debe confundirse con una idea estatista o nacionalista, sino con una concepción dinámica de la sociedad en la que los límites no están fijados. Así lo explica D’Ors (1961):

Así, pues, la patria es como una gran familia, una gran comunidad de engendramiento que se goza de su fecundidad, lo que no tiene por qué corresponder a la nación estatal, ni al ámbito político del reino; que es elástica y variable, pues depende de un sentimiento. Patria no es un concepto jurídico-político, y por eso no podemos hablar de ella sin cierto lirismo. Es objeto de amor y de fecundidad.

La nación, en cambio, es instrumento de poder, de poder y de lucha. Las patrias jamás pueden entrar en conflicto, no pueden ser beligerantes; cuando es atacada, resulta al que la ama muy dulce morir por ella, defendiéndola, pero en ningún caso la patria es agresiva y polémica. En efecto, resultaría incongruente el querer absorber dentro de la propia patria, que es lazo de amor, al que se reconoce extraño a ella, que no participa en aquella comunidad de tradición familiar. Las naciones, en cambio, siempre han tendido, por su propia naturaleza, a comerse las unas a las otras, y siempre existe entre ellas una potencial polemicidad. (pp. 331-332).

Patria, familia de familias, y oiko de oikos

Visto así, existe gran diferencia entre el concepto holístico de patria, familia de familias, oiko de oikos, y la idea moderna de nación, cuyo significado confunde con asiduidad al estudioso actual. Es decir, la idea de que la oikonomía se expande y se adapta para el estudio de la administración o de los intercambios, siendo o no verdad, no puede confundirse con las disciplinas econométricas o macroeconómicas actuales, sobre todo teniendo en cuenta que las relaciones entre las personas eran mucho más orgánicas y no estaban tan basadas en elementos político-burocráticos y mecánicos.

Debe tenerse en cuenta, también, que la diferencia no es de grado, es decir, que la concepción económica antigua no se diferencia de la actual sólo por ser más primitiva, sino que parte de una visión más dinámica, en términos generales, de la sociedad, algo que en la actualidad es usual sólo en determinadas escuelas de pensamiento.

Bibliografía

D’Ors, A. (1961) Papeles del Oficio Universitario. Rialp

Duque, E. A. T. (2018). Cuatro elementos que implican transformación filosófica desde la perspectiva del oikos-nomos. Revista Perseitas, 5(1), 23-40

Pérez, M. D. M. (2004). Oikos y oikonomia: El análisis de las unidades domésticas de producción y reproducción en el estudio de la Economía antigua. gerión, 22(1), 61-79

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La economía a través del tiempo (XIV): riqueza y divinidad en la antigüedad

La riqueza ha estado asociada a un regalo o premio divino en alguna que otra cultura. Esto no ha sido común dentro del cristianismo, por eso suele verse como algo ajeno en el contexto social occidental. La única rama que ha interpretado la prosperidad económica con un premio de Dios ha sido la llamada Teología de la Prosperidad, la cual sostiene que los bienes materiales de alguien están asociados a su fé. Esta idea asume que el que es más rico lo es gracias a su entrega a la religión o a una especie de selección que Dios ha realizado sobre él y que muestra que irá al cielo.

Quitando esta excepción, el cristianismo ha estado completamente desapegado de la idea de que el bienestar económico proviene de una designación divina directa. Podemos ver, siguiendo las instrucciones egipcias de Merykara que hemos mencionado anteriormente, que en otros contextos religiosos antiguos no ha sido así. En una parte de estas enseñanzas, se le recomienda al gobernante lo siguiente: “Suministra en abundancia el vaso de ofrendas del dios, incrementa las provisiones, coloca la abundancia en las ofrendas diarias, pues son cosas beneficiosas para quien las hace” (Sánchez, 2020, p.74).

Más adelante, el texto vuelve a mantener la misma idea: “Haz para el dios y te hará del mismo modo con provisiones de las que hacen prosperar las piedras de ofrendas y con grabados. Es lo que proclamará tu nombre. Reconoce el dios según lo que se le hace” (Sánchez, 2020, p.84).

Ofrendas a los dioses

De ahí se desprende que las ofrendas a los dioses se realizan con el objetivo de conseguir bienestar material, riquezas o provisiones. Esto es una diferencia sustancial a la idea que el cristianismo tiene de holocausto, ofrenda o sacrificio (como el de un animal, escena muchas veces repetida en la Sagrada Escritura). De hecho, los cristianos consideran que las ofrendas se hacen para tratar de restituir, aunque sea parcial o temporalmente, los pecados y las ofensas a Dios (Biblia Católica Online, 2005, Hebreos 10, 1-4.).

En este sentido, el Ser Humano se situaría en una posición más humilde que en el caso de los egipcios. Pues hacer algo para Dios viene a compensar el comportamiento propio, que parte de una posición rebajada por el pecado original, y no para conseguir algo extra como riqueza y prosperidad económica. De esta manera, se entiende mucho mejor cuál es la función del sacrificio de Cristo. Se ofrece, como el propio Dios, para el holocausto definitivo que destruye al pecado y hace inhábil cualquier otro sacrificio.

No quiere decir esto que el cristianismo rechace a Dios como causa de la riqueza, pues Dios es siempre causa última dentro de la filosofía católica, pero la correlación no es tan directa como en el caso de las instrucciones de Merykara, posiblemente porque la prosperidad económica no se percibe como un bien en sí mismo, sino una herramienta que puede, o no, ser utilizada para el bien.

Agni

La idea egipcia, además, se puede ver en otras civilizaciones, algunas muy distintas. Es el caso del RigVeda, un texto datado con anterioridad al año 1200 a.C y perteneciente a la cultura védica y al vedismo, una religión que puede interpretarse como ‘la madre’ del hinduismo. En estos textos, escritos en tierras pakistaníes, existe la figura de Agni, al cual se le elogia por lo siguiente: “Digno es Agni de ser alabado, viviendo como lo hacían los antiguos videntes. Él traerá aquí a los Dioses. A través de Agni, el hombre obtiene riqueza, sí, abundancia que crece día a día, más rica en héroes, gloriosa” (Anónimo, 2022, p. 7).

Más adelante, el texto revela la misma idea que el egipcio: “Agni, bien encendido, trae los dioses para él que ofrece regalos sagrados. Adóralos, purificador, sacerdote. Hijo de ti mismo, presente, O sabio, nuestro sacrificio a los dioses hoy. Dulce al gusto, para que se den un festín” (Anónimo, 2022, p. 14). Es decir, de alguna manera, el dios premia a cambio de regalos y es el encargado de darle riqueza a los hombres.

El fuego

Sin embargo, en este último caso, la relación del dios Agni con la prosperidad puede tener una base real. Esta deidad no era más que la representación idealizada del fuego, al cual se le atribuyen funciones purificadoras. Y, como es evidente, sirvió en su momento como un salto sustantivo hacia un estadio de mayor prosperidad económica y de riqueza. Así lo explica Buades (2012):

Sin duda, una de las fuerzas más misteriosas, sobrecogedoras y, al mismo tiempo, más querida del hombre primitivo fue aquella que se manifestaba en el fuego. Un Algo que con el fuego le calentaba en las noches frías, le iluminaba en la oscuridad, transformaba sus alimentos. Que en sus llamas que se levantaba hacia el cielo, llevaba consigo las ofrendas y sacrificios de los mortales. Pero que enfurecida podía usar su fuego para destruirlo todo. Un Algo fuente de vida y muerte, purificador y protector. Un Algo que se manifestaba en el cielo como el sol, en la atmósfera como el relámpago, y en la tierra como el lar o fuego del hogar. No es, pues, de extrañar que los Vedas dediquen unos 200 himnos a este Agni (p. 52).

De hecho, los védicos llamaban con ese mismo nombre al fuego, de tal forma que el dios sólo fue una exacerbación de una herramienta natural cuyo descubrimiento significó uno de los mayores hitos tecnológicos de la historia.

Bibliografía

Anónimo (2022) Rigveda. YogaIndra.

Bíblia Católica Online. (2005).

Buades, G. R. L. (2012). El Ṛg Veda. Proyección. Teología y Mundo Actual, (244), 47-74.

Sánchez, A. (2020) La literatura sapiencial egipcia. (Vol. I).

Serie La economía a través del tiempo

La economía a través del tiempo (XI): Los egipcios se adelantaron a Aristóteles

Las instrucciones de Ptahhotep, escritas entre  2494 a.C. y  2345 a.C., son una serie de consejos que, al igual que los analizados en anteriores artículos, pretenden servir de consejos que alguien experimentado transmite al más joven. La forma de estos documentos no tiene más intención que la de legarse de generación en generación y servir como guía a lo largo de los años.

De hecho, es probable que la propia firma del texto sea falsa. Puede que se haya puesto simplemente para que los mandatos parezcan provenir de una autoridad. Esto se debe a que Ptahhotep era un escriba cercano al faraón Dyedkara Isesi, algo que, evidentemente, otorgaba cierta reputación. Es más, la posición del redactor era cercana a lo que hoy se entendería como un Primer Ministro. Era un administrador de la Hacienda Real que le infería una gran autoridad tanto para su pueblo como para las generaciones posteriores.

La codicia bien entendida empieza (y termina) con lo propio

Aunque no sea el momento de ver con profundidad el pensamiento de Aristóteles, es importante resaltar las similitudes que existen entre el siguiente fragmento y uno de los planteamientos que el filósofo griego realiza en su obra Política. En concreto, siguiendo la traducción de Sánchez (2020), las instrucciones de Ptahhotep establecen lo siguiente:

No seas avaro en los repartos, ni codicioso más que en lo relativo a tus bienes, ni avaro con tus allegados (p. 33).

No ser avaro ni codicioso, un valor común a numerosas culturas, no es lo que en este fragmento llama la atención, sino la excepción que se establece para tal normal. En efecto, el texto indica que las personas pueden codiciar sus propios bienes, algo que se puede interpretar como una defensa de la propiedad que, además, no está condicionada bajo una visión egoísta. Esto es porque, inmediatamente después, el instructor enuncia la importancia de compartir, de atender a los allegados. Es aquí cuando se asoma Aristóteles (1993), quien afirma lo siguiente:

Se censura el egoísmo justamente; pero éste no consiste en amarse a sí mismo, sino en amarse más de lo que se debe, y de igual modo pasa con el amor al dinero, ya que todos, en definitiva, amamos cada una de estas cosas. Por otra parte, el hacer favores y socorrer a los amigos, huéspedes y camaradas, es lo más agradable, y esto sólo se realiza gracias a la propiedad privada (p.75).

No es este el espacio para realizar un análisis sobre el pensamiento aristotélico, pero sí es menester resaltar que ambos textos parecen querer expresar más o menos lo mismo. El deseo exacerbado, ya sea en forma de avaricia y codicia en el caso del documento egipcio o de egoísmo en el caso del filósofo, es algo perjudicial. La protección de lo propio, ya sea en forma de codicia de los bienes que se poseen como en las instrucciones de Ptahhotep o en forma de propiedad privada o amar al dinero de forma sosegada, como plantea Aristóteles, es algo plenamente natural que no debe provocar mala conciencia.

Amor al prójimo

Y, por último, la atención y el amor al prójimo, ya sea dejando de lado la avaricia como en el texto milenario o haciendo favores y socorriendo a amigos como en el griego, es un valor positivo. Son estas tres ideas comunes las que se desprenden de ambas declaraciones.

De hecho, la importancia del buen trato al allegado es algo que aparece constantemente en todo el texto egipcio. Así, en otra de las máximas, el autor antiguo asegura que la ayuda acaba teniendo como resultado algo positivo en uno mismo:

Reconoce a quienes están a tu lado y tus bienes existirán siempre. No envilezcas tu carácter contra tus amigos, son un campo de la ribera cuando está inundado; es más importante que sus riquezas. Las cosas de uno son para el otro Es beneficioso el buen comportamiento del hijo de un hombre (un biennacido) para él. Una buena naturaleza quedará en el recuerdo (p. 43-44).

El buen trato que se le debe de prestar al prójimo tiene como consecuencia, como es evidente, el respeto de su propiedad privada:

No robes la casa de la vecindad, ni sustraigas los bienes de quien está próximo a ti, pues no será útil para quien lo hace, pero él (el vecino) no debería hacer una acusación contra ti hasta que hayas sido escuchado (p.41).

En definitiva, las instrucciones de Ptahhotep evocan el concepto ético aristotélico del punto medio. Para el egipcio, codiciar y robar son una falta, pero no lo es defender y amar lo propio. Eso sí, es virtuoso ofrecer de forma voluntaria lo que uno tiene. Una balanza de tres brazos que con posterioridad será desenterrada en Grecia.

Bibliografía

Aristóteles. (1993) Política. (García Gual, C. & Pérez Jiménez, A. Trad.) Atalaya.

Sánchez, A. (2020) La literatura sapiencial egipcia. (Vol. I).

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

(VI) Los impuestos para los sumerios

(VII) La riqueza para los asirios

(VIII) Urakagina, el primer Juan de Mariana

(IX) La meritocracia y el ahorro para los egipcios

(X) Los egipcios se adelantaron a Weber

La economía a través del tiempo (X): Los egipcios se adelantaron a Weber

La importancia del ascetismo como valor ético para el desarrollo de uno u otro sistema económico se ve en Weber (2020). Si bien la obra del sociólogo ha sido muy criticada por un déficit relacionado con los datos que utiliza (Cantoni, 2015),

los contraargumentos que el autor ha recibido no han ido dirigidos a desmentir la correlación entre capitalismo y ascetismo. En general, el estilo weberiano pone el foco sobre la importancia del agente, es decir, de los valores, principios y creencias, a la hora de conformar y transformar el todo.

El ascetismo en el antiguo Egipto

Por ello, es especialmente importante tratar la importancia que los textos primitivos egipcios daban a los comportamientos ascéticos. Las Enseñanzas para Kagemni son un conjunto de consejos similares a los vistos en el artículo anterior que pretenden servir de pauta para los más jóvenes. El texto se encuentra en el Papiro Prisse, datado alrededor del año 1.900 a.C.

El texto comienza (Sánchez, 2020), por tanto, dándole la razón a Weber pese a estar escrito milenios antes de que el alemán naciera:

El respetuoso prospera y el hombre recto es favorecido; la tienda se abre al discreto y el lugar del moderado es amplio. No hables, pues están afilados los cuchillos contra quien confunde el camino, (pero) no hay prisa si no es su ocasión. Si te sientas con una multitud, desprecia los panes que deseas. Es (solo) un pequeño momento de autocontrol, pues la glotonería es una bajeza y se apunta con el dedo por ella. Un (solo) cazo de agua apaga la sed y un (solo) bocado de heno fortalece el corazón. Lo que está bien suple a lo que está bueno y una pizca de lo pequeño suple a lo abundante (pp. 16-17).

Benjamin Franklin

En efecto, estas palabras recuerdan a las que Weber (2020) rescata de Benjamin Franklin en una de sus obras magnas:

Ten en cuenta que — según el refrán — un buen pagador es el dueño de la bolsa de todo el mundo. Quien sea reconocido como pagador puntual en el plazo convenido siempre podrá disponer del dinero que a sus amigos no les hace falta. Esto puede ser muy beneficioso. Además de la laboriosidad y la mesura, no hay nada que contribuya más al progreso de un hombre joven que la puntualidad y la rectitud en todos sus negocios. Por ello, nunca retengas el dinero que has pedido prestado ni por una hora más de la convenida a fin de que el enojo de tu amigo no te cierre su bolsa para siempre.

Autocontrol para los egipcios, mesura para Franklin y, en ambos casos, rectitud como fórmula de éxito.

Contención

El texto antiguo continúa con otra serie de instrucciones que redundan en la idea de autocontrol y cómo llevarla a la práctica, algo común a numerosas civilizaciones:

Si te sientas con un glotón, deberás comer (solamente) cuando su apetito febril haya pasado. Si bebes con un borracho, deberás tomar cuando su deseo quede satisfecho. No seas ansioso hacia la carne en presencia de alguien codicioso. (…) Haz que salga (a relucir) tu nombre, pero que el silencio esté en tu boca cuando seas llamado. No te vanaglories por tu poderío en medio de tus jóvenes. Guárdate de hacer oposición, pues no se conoce lo que puede ocurrir, lo que dios puede hacer cuando castiga (pp. 17-18).

La remata narrando lo muy apropiadas que fueron estas enseñanzas para los jóvenes, quienes siguieron a pies juntillas la norma con un gran resultado. En definitiva, en Egipto ya se le da importancia a la rectitud. Las buenas formas aparecen como una cuestión importante para alcanzar el éxito y el respeto del prójimo. Además, de nuevo aparecen elementos en escritos primitivos que posteriormente sonarán más familiares gracias a autores más modernos.

Bibliografía

Weber, M. (2020). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Akal

Cantoni, D. (2015) The Economic Effects of the Protestant Reformation: Testing the Weber Hypothesis in the German Lands. Journal of the European Economic Association, 13(4), 561–598. http://www.jstor.org/stable/24539263

Sánchez, A. (2020) La literatura sapiencial egipcia. (Vol. I). https://egiptologia.com/wp-content/uploads/2020/10/Literatura-sapiencial-Ensen%CC%83anzas-Ptahhotep.pdf

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

(VI) Los impuestos para los sumerios

(VII) La riqueza para los asirios

(VIII) Urakagina, el primer Juan de Mariana

(IX) La meritocracia y el ahorro para los egipcios

La economía a través del tiempo (IX): La meritocracia y el ahorro para los egipcios

Es la primera vez que tratamos a los egipcios. En este caso, trataremos las Enseñanzas de Djedjefhor o Hordjedjef, príncipe hijo del famoso Keops que vivió en la IV dinastía, alrededor del 2500 a.C. El texto presenta directrices de un padre a su hijo, guiándose sobre cómo desenvolverse en la vida para alcanzar el éxito en la sociedad.​ Solo se tienen registros de algunos fragmentos del inicio del texto, preservados en ostracas del Imperio Nuevo y en una tablilla de madera del Periodo Tardío (Sánchez, 2020, 9).

En una sociedad caracterizada por la escasez de oportunidades educativas, la habilidad de lectura y escritura adquiere una dimensión casi mágica. En este contexto, cada palabra plasmada sobre el papel era investida de un poder inherente, confiriendo prestigio y reconocimiento a aquellos individuos versados en las artes literarias (Pinch, 1995).

Corrígete tú mismo

Por tanto, podemos considerar que los consejos que el padre transmite al hijo mediante las instrucciones pueden abstraerse como enseñanzas comunes y respetadas dentro del pensamiento común de la época. Entre ellas, destaca especialmente lo que reflejan las primeras secciones (Sánchez, 2020).

El comienzo de las enseñanzas que el noble, principal e hijo del rey Hordjedjef ha creado para su hijo, a quien cría, cuyo nombre es Autibra. Dice: “Corrígete tú mismo y evita que otro te corrija. Si fueres alguien importante, deberás fundar una casa. Escoge para ti una esposa en una señora de corazón quien te dará a luz un hijo varón. Deberías construir una casa de tu propiedad para (ese) hijo después de haberte edificado un lugar en donde estar. Que sea espléndida tu casa de la necrópolis y sea digno tu lugar del occidente. Acepta que la muerte nos humilla y acepta que los vivos nos ensalzan. La casa de la muerte es para la vida”. (pp. 9-10).

La virtud de producir

Como vemos, el texto comienza con una introducción que comienza en lo básico: formar una familia. El inicio de los consejos paternales comienza por la base: la generación de un contexto que sea digno de proteger y mejorar, un hogar. Tras ello, los consejos se dirigen hacia la necesidad de producir y conseguir recursos.

Búscate una parcela de tierras cultivables en la zona inundada por escrito, para arar, para capturar aves y peces y cazar, no vaya a ocurrir que se produzca un año de penuria, pues (solamente un hombre) ha comido si (antes) produce por medio de sus manos (p. 10).

Preferencia temporal

En esta parte vemos algo que llama la atención. La enseñanza hace hincapié en la necesidad de ahorrar. Es decir, nos habla de la dimensión temporal, o preferencia temporal, algo que autores más modernos han tratado en sus obras. Vamos a pararnos en esta cuestión rescatando un análisis de Ludwig von Mises (2011) sobre la generación de capital:

La expresión utilizada por Böhn-Bawerk al hablar de “acumulación de medios de subsistencia válidos para una subsistencia ulterior” puede fácilmente inducir a error. Estos stocks, entre otros cometidos, tienen el de satisfacer nuestras más elementales necesidades vitales y así permitirnos sobrevivir. Pero es que, fuera de eso, deben ser lo suficientemente amplios como para atender, durante el periodo de espera, todos aquellos otros deseos y apetitos considerados más importantes que los más abundantes frutos materiales producidos por los procesos que exigen una mayor inversión temporal. Aseguraba Böhm-Bawerk que sólo es posible una ampliación del periodo de producción si “se dispone de bienes actuales en cantidad suficiente para salvar ese ampliado periodo comprendido entre la iniciación del trabajo y la recolección de su fruto.” (p. 580).

Ahorro no capitalista

La importancia de este texto reside en la diferenciación que existe en el proceso común de ahorro y en el del tipo de ahorro que Mises y otros autores llaman capitalista. Böhm-Bawerk explica que, para generar capital, es necesario que se consigan cubrir las necesidades durante el tiempo en el que se mejora el proceso productivo. Si la acumulación sólo tiene como objeto servir de salvaguarda, estaría enormemente lejos de considerarse ahorro capitalista. El texto de las enseñanzas de Hordjedjef nos habla de un acopio para cubrir las necesidades en caso de una etapa de penuria. Por tanto, vemos una intuición primitiva en este sentido que no alcanza a convertirse en aspiraciones de desarrollo tecnológico.

Otra parte del fragmento anterior resulta interesante. En el final, el padre recuerda a su hijo que para comer hay que conseguir el alimento trabajando, siendo esta la única manera de hacerlo. Las palabras que utiliza recuerdan a las mismas que usa San Pablo en la Biblia:

En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. Ahora, sin embargo, nos enteramos de que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo. A estos les mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse su pan (2 Tesalonicenses (3, 10-12)).

Meritocracia

Por último, vamos a recuperar el texto de Sánchez (2020) para tratar el tema de la meritocracia en las enseñanzas egipcias:

Recuerda del mismo modo aquello que se debe decir: “Mira, no existe ninguna herencia que se recuerde por la eternidad”, (…) de acuerdo a tus posesiones que deben ser(te) dadas en recompensa a tus méritos (p. 11).

En línea con lo anterior, las instrucciones promueven un sentido de distribución de la riqueza cercano a lo que en la Iglesia Católica se conoce como justicia distributiva (Catecismo, 2411). Así, las propiedades que uno tiene deben de ajustarse a la aportación que el individuo otorga a la sociedad, es decir, es una forma que el conjunto tiene de recompensar a la parte por su función. En los tiempos actuales, se suele emplear el término “meritocracia” para referirse a este concepto.

Bibliografía

Sánchez, A. (2020) La literatura sapiencial egipcia. (Vol. I). https://egiptologia.com/wp-content/uploads/2020/10/Literatura-sapiencial-Ensen%CC%83anzas-Ptahhotep.pdf

Pinch, G. (1995). Magic in Ancient Egypt. Ed. University of Texas Press.

Mises, L. (2011). La acción humana. Unión Editorial.

El libro del pueblo de Dios. (1990). Conferencia Episcopal Argentina. https://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM

Iglesia Católica. (1993) Catecismo de la Iglesia Católica. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

(VI) Los impuestos para los sumerios

(VII) La riqueza para los asirios

(VII) Urakagina, el primer Juan de Mariana

La economía a través del tiempo (VIII): Urukagina, el primer Juan de Mariana

Puede que la afirmación del título sea algo exagerada. No obstante, cuando hablamos del Código de Urukagina, escrito alrededor del 2.370 a.C. en Lagash, Sumeria, hablamos de un caso similar al de Juan de Mariana (2018). Cuando el teólogo habla sobre las limitaciones del rey, lo hace aludiendo a la obligatoriedad de fundamentar el poder sobre la divinidad.

Esto no quiere decir que el gobernante pueda hacer lo quiera porque tiene el designio divino que le permite hacerlo, sino, más bien, que el que manda debe de ser consciente de que hay normas que están por encima de sus decisiones, que tiene frenos, que él sólo es uno más dentro de las criaturas, aunque cuente con autoridad. De ahí que Mariana, siguiendo a Santo Tomás y a otros, defienda el tiranicidio. Si el rey se sobrepasa y se extralimita, el pueblo está legitimado para acabar con su vida. Es decir, la norma es universal y nosotros la recogemos. Si el encargado de recogerla lo hace mal, otro debe ocupar su lugar, nadie es más que el derecho.

Urukagina

Urukagina es un ejemplo precoz de esto. Lo interesante, y lo que hace que se sitúe en una sección dedicada al pensamiento económico, es que este rey sumerio establece un código, una ley, que regula y limita la propiedad de la autoridad. Es decir, la norma escrita en estas tablillas trata de evitar que alguien se aproveche de su posición para acumular bienes a costa de otros. Hoy en día podríamos equiparar este caso con los monopolios y las empresas que utilizan sus contactos dentro de la política para ganar terreno y privilegios dentro de los mercados.

Así lo explica Molina (1995):

El texto de Las «Reformas» de UruKAgina cuenta con cuatro partes. La primera es una introducción con una dedicatoria al dios Ningirsu y una breve descripción de las actividades del rey como constructor. La segunda contiene una lista de antiguas prácticas que se consideran «abusos de poder» cometidos en su mayoría por la familia real o por sus funcionarios sobre la población o los sacerdotes. La tercera parte describe las soluciones a estos «abusos» propuestas por UruKAgina una vez que éste ha sido elegido como rey. El texto concluye con una cuarta sección donde el monarca anuncia la liberación de ciudadanos encarcelados y la protección de viudas y huérfanos, y describe a continuación la construcción de un canal (pp. 51-52).

Abusos de las autoridades

Entre las irregularidades de las autoridades se encuentran las “cometidas por supervisores del transporte en barca”, “por el supervisor de los silos sobre las contribuciones de cebada”, “por el inspector de tasas pagadas por el ganado”, por la “utilización indebida de las propiedades de los templos por parte de la familia real”, “por el inspector de las contribuciones entregadas por los administradores del templo”, por la “costumbre que permite a los administradores-GAR del templo apropiarse de productos de los huertos de los amauku”, por excesos “en el pago por ritos funerarios”, “por los artesanos”, “por parejas de obreros”… (pp. 51-52). Es más, el código elimina a los inspectores reales.

Los abusos de los inspectores de aquel tiempo quedan reflejados en el texto original:

Desde los lejanos días, desde el surgimiento de la semilla, en aquellos días, el «hombre de la barca» se apropiaba de las barcas; de los asnos, el administrador de los rebaños se apropiaba; de las ovejas, el administrador de los rebaños se apropiaba; de (…) el supervisor de la pesca se apropiaba; los sacerdotes-gudug las contribuciones de cebada en Ambar medían (p. 68).

Quitar poder a los reyes

Pero, lo importante de esto, es que lo que denuncia la ley es el uso ilegítimo y excesivo que las autoridades hacen de la propiedad. Ésta, en realidad, pertenecería a la divinidad, algo que le resulta familiar a aquel familiarizado con los escritos de los teólogos que denuncian los abusos:

De todas estas «reformas», la más conocida es, sin duda, aquella que concede a los dioses las propiedades que antes estaban bajo el control de la familia real. Este pasaje ha sido interpretado en el sentido de que las unidades económicas y campos en cuestión habían pertenecido anteriormente a los dioses; dichas propiedades fueron después usurpadas por el rey y su familia, y ahora, gracias a UruKAgina, se devolvían a sus dueños originales (p. 55).

Código de Urakagina

Por último, el código establece de una forma primitiva algo que puede resultar hilarante para alguien de nuestra época: no se puede agredir a otra persona si no conseguimos llegar a un acuerdo comercial. Así lo refleja la tablilla:

Cuando la propiedad de un ‘hombre grande’ con la propiedad de un SUB-lugal límite y ese ‘hombre grande’ “quiero comprártelo” le diga, “si la quieres comprar el precio que satisfaga a mi corazón, págame. Mi casa es un gran recipiente-pisan, llénamelo de cebada!” (si el SUB-lugal) “le responde, (o) si no se lo quiere vender, el ‘hombre grande’ al SUB-lugal coléricamente no le golpeará” (pp. 75-76).

Es natural que tengamos dificultades a la hora de seguir este texto. El traductor expone (pp. 49-51) la enorme dificultad de enlazar unas líneas con otras por diferentes circunstancias y las características propias de aquel tipo de escritura. Sin embargo, queda claro que el Código de Urukagina es una muestra antigua de la defensa de la limitación del poder.

Bibliografía

Mariana, J. (2018) Del rey y de la institución real. Deusto

Molina, M. (1995) Las ‘Reformas’ de UruKAgina. Universidad de Murcia

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

(VI) Los impuestos para los sumerios

(VII) La riqueza para los asirios

La economía a través del tiempo VII: la riqueza para los asirios

Hemos hablado ya del periodo de Ur III (entre los años 2065 a.C y 1995 a.C.) y su mito fundacional. Dentro de esa etapa se encuentra una obra conocida como La maldición de Agadé o de Acad. Este escrito puede ser incluso anterior. El poema narra la historia del rey arcadio Naram-Sin (2261-2225 a.C) y de la ciudad de Agadé.

Lo importante para nuestro análisis es lo que podemos extraer acerca de la concepción -o más bien la explicación- que los antiguos tenían sobre la riqueza. Sabemos que una buena situación económica es causada por fenómenos objetivos, pero también por cuestiones relacionadas con las actitudes y aptitudes de los habitantes de la sociedad. Sin embargo, nuestros antepasados daban una especial importancia a los elementos extramateriales. La riqueza era una situación tan extraordinaria que su origen no podía ser otro que un empecinamiento por parte de los dioses, una elección consciente de lo supremo que elige por motivos específicos a un pueblo para disfrutar del tesoro privilegiado.

La acción humana no es decisiva

Al contrario de lo que pasa con el cristianismo, la libertad y la acción humana no parece decisiva. Así, vemos a través de Mark (2014) la causa de la prosperidad.

Después de que el ceño de Enlil había matado a Kis como si fuera el Toro del Cielo, había matado a la casa de la tierra de Unug en el polvo, como si fuera un toro poderoso. Y entonces Enlil había dado a Sargón, rey de Agadé, el gobierno y la realeza desde el sur hasta las tierras altas. En ese momento, la santa Inana estableció el santuario de Agadé como su dominio de mujer célebre; y estableció su trono en Ulmac.

J. J. Mark, La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses

Una bendición de los dioses

Enlil, uno de los principales dioses sumerios, destruye la ciudad de Kis. La gracia de los seres sobrenaturales -entre los que se incluye a Inana- se posa sobre una nueva urbe: Agadé. Gracias a la presencia de los dioses y a su constante bendición surge la riqueza.

La santa Inana no durmió mientras se aseguraba de que los almacenes se aprovisionarían; de que se fundarían viviendas en la ciudad; de que sus gentes comerían espléndidas comidas; de que sus gentes beberían espléndidas bebidas (…). Luego llenó de oro los almacenes de trigo esmeralda de Agadé, llenó de plata sus almacenes de trigo esmeralda blanco; entregó cobre, estaño y bloques de lapislázuli a sus graneros y selló sus silos desde el exterior. Dotó a sus ancianas con el don de dar consejo, dotó a sus ancianos con el don de la elocuencia. Dotó a sus mujeres jóvenes con el don de entretener, dotó a sus hombres jóvenes con el poder marcial, dotó a sus pequeños con la alegría (…). Su puerto, donde atracaban los barcos, estaba lleno de alegría. Todas las tierras extranjeras descansaban con alegría, y sus gentes experimentaban la felicidad.

J. J. Mark, La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses

“Todas las ciudades la observaban”

La impiedad de Naram-Sin produce enfado en Enlil.

A causa de Enlil (¿?) toda Agadé se redujo (¿?) a temblar, y el terror se apoderó de Inana en Ulmac. Ella abandonó la ciudad, regresando a su hogar. La santa Inana abandonó el santuario de Agadé como quien abandona a las jóvenes de su dominio femenino.

J. J. Mark, La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses

Y tras el retiro de la bendición divina, la prosperidad se dirige, como si tuviera voluntad propia y fuera un ser material y consciente, hacia otras ciudades. Agadé muere poco a poco, la urbe se apaga y todo por la decisión del dios Enlil.

La vida del santuario de Agadé llegó a su fin, como si hubiera sido solo la vida de una carpa diminuta en las aguas profundas, y todas las ciudades la observaban. Como un poderoso elefante, dobló su cuello hacia el suelo mientras todos levantaban sus cuernos como poderosos toros. Como un dragón moribundo, arrastró su cabeza por la tierra y todos juntos le quitaron el honor como en una batalla.

J. J. Mark, La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses

El papel del libre albedrío

La importancia del libre albedrío en esta visión es casi nula. Las decisiones humanas están completamente sometidas a la elección de los dioses. Se hace mención en el texto a la presencia de barcos. De ellos y de otros elementos podemos deducir la existencia de comercio en Agadé. Comercio que, sumado a otras condiciones favorables, podría ser causa, y a su vez efecto, de la riqueza. Es Inana la que se encarga de supervisar a las gentes para asegurar su prosperidad: “Inana no durmió mientras se aseguraba de que los almacenes se aprovisionarían”. El trabajo humano desaparece como factor y, por tanto, el mérito.

Nuestra idea católica difiere de este punto de vista. La Iglesia ha defendido siempre el libre albedrío y, por tanto, la responsabilidad. Si bien es verdad que para el cristianismo la causa última es Dios y, en consecuencia, se hace su voluntad, también es verdad que la importancia que se da al Ser Humano sobre la historia y las condiciones socioeconómicas es mucho mayor.

Bibliografía

Mark, J. J. (2014, agosto 08). La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses [The Curse of Agade: Naram-Sin’s Battle with the Gods]. (G. Macedo, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-748/la-maldicion-de-agade-la-batalla-de-naram-sin-con/ Consultado el 2 de septiembre de 2023

Kramer, S. N. (1985) La historia empieza en Sumer. Orbis

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

(VI) Los impuestos para los sumerios

La economía a través del tiempo (V): La educación y el trabajo para los sumerios

Hemos hablado de los primeros escritos encontrados en la historia y como estos tenían un marcado tinte económico. En esta ocasión vamos a tratar de revisar una serie de textos cuneiformes provenientes de Sumeria. En concreto, veremos unas traducciones de diversas tablillas.

Y es que los sumerios son los primeros en comenzar a dejar un registro escrito. Por ello, somos capaces de conocer determinados elementos sociales y creencias que mantenían, a diferencia de otros pueblos. Bien es verdad que existen tribus que han sabido mantener relatos probablemente durante milenios, pues antiguamente existía cierto nivel de incorruptibilidad en la tradición oral que ahora puede parecer fantasiosa.

Textos escolares de hace cuatro milenios y medio

Sin embargo, he decidido tratar esos casos cuando lleguemos a los primeros registros escritos de sus historias. Estoy pensando, por ejemplo, en los aborígenes australianos. En este caso no tenemos constancia de su tradición oral hasta pasado el 1.800, cuando los ingleses comenzaron a tener los primeros contactos con los indígenas. Por tanto, pese a que es probable que sus leyendas sean mucho más antiguas que las sumerias (hay registros de vida humana en el Lago Victoria de Australia hace alrededor de 40.000 años), dejaremos su análisis para otro momento posterior.

Entre 1902 y 1903, los arqueólogos descubrieron numerosos “textos escolares” sumerios provenientes del 2500 a.C. En concreto, estas tablillas muestran como era la educación de aquellos que se preparaban para ser escribas: los “hijos de las tablas”. La importancia de esta clase social era inmensa por ser los responsables de la administración y gestión económica de los templos y palacios. La dirección del centro escolar estaba a cargo de los ummia (especialistas) y los profesores eran conocidos como “padres de la escuela”. Existía la figura del  profesor auxiliar que era conocido como “gran hermano”.

¿Dónde has ido desde tu más tierna infancia?

Para hacernos una idea de la relevancia de los colegios sumerios podemos acudir al siguiente texto traducido de una tablilla (Company, 2011):

– ¿Dónde has ido desde tu más tierna infancia?

– He ido a la escuela.

– ¿Qué has hecho en la escuela?

– He recitado mi tablilla, he desayunado, he preparado mi nueva tablilla, la he llenado de escritura, la he terminado, después me han indicado mi recitación y por la tarde, me han indicado mi ejercicio de escritura. Al terminar mi clase he ido a mi casa, he entrado en ella y me he encontrado a mi padre que estaba sentado. He hablado a mi padre de mi ejercicio de escritura, después le he recitado mi tablilla y mi padre ha quedado muy contento… Cuando me he despertado, al día siguiente, por la mañana muy temprano, me he vuelto hacia mi madre y le he dicho: Dame mi desayuno, que tengo que ir a la escuela. Mi madre me ha dado dos panecillos y yo me he puesto en camino; me he ido a la escuela. En la escuela, el vigilante de turno me ha dicho: ¿Por qué has llegado tarde? Asustado y con el corazón palpitante, he ido al encuentro de mi maestro y le he hecho una respetuosa reverencia (pp. 136-137)

Estudias, o trabajas

Podemos ver una serie de escenas que podrían corresponder perfectamente a algo plenamente actual. Pero eso no es todo. Los sumerios rechazaban completamente la holgazanería. De manera que si uno no estudiaba, debía de trabajar para aportar algo a su familia. Así lo vemos en el siguiente texto traducido de una tablilla en el que se muestra un diálogo entre un padre y un hijo (Company, 2011):

¿Adónde has ido?

A ninguna parte.

Si es verdad que no has ido a ninguna parte, ¿por qué te quedas aquí como un golfo sin hacer nada? Anda, vete a la escuela, preséntate al “padre de la escuela”, recita tu lección; abre tu mochila, graba tu tablilla y deja que tu “hermano mayor” caligrafíe tu tablilla de nuevo. Cuando hayas terminado tu tarea y se la hayas enseñado a tu vigilante, vuelve acá, sin entretenerte por la calle. ¿Has entendido bien lo que te he dicho? (p. 139).

Y tras la regañina, el padre le muestra la suerte que tiene por estar estudiando en vez de tener un trabajo arduo: “Sé hombre, caramba. No pierdas el tiempo en el jardín público ni vagabundees por las calles (…). ¿Crees que llegarás al éxito, tú que te arrastras por los jardines públicos? Piensa en las generaciones de antaño, frecuenta la escuela y sacarás un gran provecho (…).

En mi vida no te he ordenado que llevaras cañas al juncal. En toda tu vida no has tocado siquiera las brazadas de juncos que los adolescentes y niños transportan. Jamás te he dicho: Sigue mis caravanas. Nunca te he hecho trabajar ni arar mi campo. Nunca te he constreñido a realizar trabajos manuales. Jamás te he dicho: ¡Ve a trabajar para mantenerme!”. (p.140)

Profesiones

Estas palabras, cargadas de actualidad, continúan dándonos varios detalles sobre las profesiones que se desempeñaban en el contexto sumerio:

Otros muchachos como tú mantienen a sus padres con su trabajo. Si tú hablases a tus camaradas y les hicieses caso, les imitarías. Ellos rinden 10 gur (72 celemines) de cebada cada uno; hasta los pequeños proporcionan 10 gur cada uno a su padre. Multiplican la cebada para su padre, les abastecen de cebada, de aceite y de lana.

No obstante, tú sólo eres un hombre cuando quieres llevar la contra. Pero comparado con ellos no tienes nada de hombre. Evidentemente, tú no trabajas como ellos… ellos son hijos de padres que hacen trabajar a sus hijos, pero yo… no te hice trabajar como ellos (…).

Conforme a la prescripción de Enlil, el hijo debe suceder a su padre en el oficio (p. 141).

Comportamientos que se mantienen

De esto último se deriva algo muy común en el mundo antiguo: la profesión era algo estrechamente ligado a la familia. Heredar el oficio del padre era lo habitual. Además, se puede extraer de esta reprimenda la importancia que el sumerio daba al trabajo. El aprendiz había tenido la oportunidad de estudiar para realizar una labor mucho menos pesada que los que se dedican a la agricultura. Su progenitor le recuerda, por tanto, la suerte que tiene al poder acceder a esa posición. También le ordena que no “vagabundee” y le pide que se centre. En consecuencia, podemos ver que hay determinados comportamientos que perviven inmutables a lo largo de los tiempos.

La educación es un privilegio, el trabajo es una obligación, la función paternal consiste en corregir al hijo… Principios atemporales, pese a que puedan existir idealistas que proponen modelos utópicos en los que se prometen eliminar estos elementos.

Bibliografía

Company Seva, D. (2011). Apuntes sobre los orígenes de nuestra civilización. Autopublicado.

Serie ‘La economía a través del tiempo’

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía