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Etiqueta: Murray Rothbard

Sobre el anarcocapitalismo (I): Rothbard como historiador de la derecha americana

Se cumplen este mes treinta años del prematuro fallecimiento de Murray Rothbard y el año próximo, el centenario de su nacimiento, por lo que entiendo que es de justicia contribuir a conocer un poco mejor su obra y entender cuáles fueron el contexto en el que se originó el moderno anarcocapitalismo. En este texto me gustaría abordar una faceta del autor que normalmente no es muy destacada: la de historiador de las ideas y movimientos políticos, frente a la más conocida de estudioso de la historia del pensamiento económico.

La tradición de la derecha estadounidense

En concreto, me gustaría comentar uno de sus libros póstumos, The betrayal of the american right, traducido al castellano por el Instituto Mises como La traición de la derecha estadounidense, fácilmente descargable desde su página de internet. La razón de escoger este libro no reside solamente en que es uno de los que mejor explica los orígenes del movimiento, sino porque ayuda a comprender también el origen de la polémica entre Hoppe y Milei. El libro es parte de una historia intelectual del movimiento libertario norteamericano y parte una autobiografía del propio Rothbard, en la que detalla desde dentro las líneas de actuación y las divisiones y traiciones dentro del mismo.

Lo primero que podemos ver es que el autor, anarcocapitalista, confeso desde su juventud, no renuncia para nada a la batalla política. Uno de los debates que dividen a los libertarios actuales es el de si participar o no en la política convencional, para intentar cambiar desde dentro el sistema. Rothbard parece pensar que sí es conveniente y buena parte del texto es un relato autobiográfico de las aventuras y desventuras del profesor Rothbard en el seno de las facciones políticas de la derecha americana, hasta su desencanto y giro a la izquierda política y su vuelta final al mundo de la derecha.

La clave está en la política exterior

Otro aspecto que cabría destacar es que Rothbard distingue entre el ámbito de la teoría, en el cual muestra una gran coherencia a lo largo de su vida, y el de la acción política, en el que se mueve más por aspectos coyunturales. Escoge en cada momento la opción política que le parece menos mala entre las existentes, pues como el lector del libro observará, ninguna le parece del todo satisfactoria.

El factor que definiría para nuestro autor es principalmente uno: la mayor o menor propensión del político a apoyar guerras de los Estados Unidos en el exterior y el mayor o menor intervencionismo en política internacional sea influyendo en organismo internacionales, aunque sea con ayudas a otros países como el plan Marshall. La cooperación, o bien con los mecanismos de guerra económica, sanciones o embargos, que la potencia norteamericana ha aplicado durante todo el siglo XX.

Aspectos como el mayor o menor intervencionismo económico o las guerras culturales, si bien no juegan un papel menor en su definición política, no son el factor principal que lo define como anarcocapitalista, sino la política exterior. Ni siquiera la mayor o menor defensa de los principios de la escuela austríaca, que Rothbard declara haber conocido una vez finalizada su tesis doctoral, entendidos como defensa de la propiedad y los mercados libres, son el eje sobre el que gira su visión del anarcocapitalismo.

La vieja derecha

Recordemos que la influencia antiestatista de Rothbard parte de las ideas de lo que él denomina como Old Right, o derecha vieja norteamericana. Los principios de esta escuela son básicamente dos, y por este orden, primero la oposición radical al imperio norteamericano, que había comenzado a fraguarse a fines del siglo XIX con la conquista de Hawái y la guerra con España en 1898 y a la intervención militar en el exterior, principalmente la orientada a influir en la política europea. El segundo es la oposición a las políticas del progresismo americano, cuya apoteosis son las medidas intervencionistas del llamado New Deal, llevadas a cabo durante la gran depresión de los años 30.

El primer punto no es en principio anarcocapitalista en su discurso, pero sí en las consecuencias de aplicar este discurso. Los líderes de la vieja derecha se alinearon alrededor de plataformas contrarias a la intervención en las guerras mundiales del siglo XX. En especial contra la primera, pero sin cuestionar en principio ni la propia existencia del estado ni el ejercicio de sus funciones consideradas nucleares, la justicia y la seguridad. Pero se opusieron a la intervención en conflictos que, según ellos entendían, no tenían nada que ver con la seguridad de los americanos.

Pero de hacer caso a algunos de sus principales exponentes como Randolph Bourne o Albert Jay Nock la intromisión por medios violentos en los asuntos de otros territorios es la principal causa de que los estados se refuercen y expandan a su alcance. No intervenir implicaría quitar a los estados la principal justificación para subir impuestos, regular la economía o regimentar a la población.

La guerra es la salud del Estado

La guerra sería la salud del estado, como se pudo comprobar después de cada una de las guerras mundiales y las que vinieron a continuación. En ellas se subieron los impuestos, se regularon precios, se dirigió la producción, creándose organismos de planificación de la economía, antes nunca vistos en la economía norteamericana. También se introdujeron sistemas de recluta obligatoria para los jóvenes en edad militar y se estableció una retórica en la cual todo, incluidas las libertades más básicas, deberían estar subordinadas al esfuerzo bélico. Cualquiera que se opusiese a estas medidas sería visto como una especie de traidor al esfuerzo colectivo.

Y, en efecto, en buena medida se consiguió. Una vez declarada la guerra, el discurso crítico con el poder del estado fue visto con sospecha, como bien intuyeron los viejos derechistas. Y pronto pasó a la casi marginación al ser expulsados quienes expresaban tales posturas de los medios de comunicación mainstream y relegados, en el mejor de los casos, a medios casi marginales.

La lucha contra las derivas estatistas retrocedió varios decenios. Y, lo que es peor, fue suplantada en el seno de la derecha por visiones más intervencionistas y mucho menos libertarias como las de los neoconservadores de Irving Kristol o las de la nueva derecha conservadora (y por lo que se afirma en el libro financiadas por los servicios de inteligencia norteamericanos) de la National Review de William F. Buckley.

Una derecha que pronto relegó también su defensa de la propiedad privada y la no intervención en economía. Esto es, si se abandonan los principios políticos de no intervención en lo que es más grave, la guerra y la intervención en los asuntos de otros países, el siguiente paso es abandonar también los principios de no intervención en la economía y los mercados.

El papel del anticomunismo

Recordemos que en la visión anarcocapitalista de Rothbard y sus primeros seguidores la economía es sólo una parte del orden social; muy importante, sí, pero no necesariamente la principal. La lucha por eliminar la intervención en ella sería sólo una parte de la lucha general contra la intromisión del estado en la vida de las personas. Y esta no se circunscribe exclusivamente a los aspectos económicos. En esto consistió la traición de la derecha para Rothbard, el abandono de los principios que la hicieron grande hasta quedar desdibujada en un ideario inconexo, consistente en una genérica defensa de los valores occidentales y un feroz anticomunismo.

Anticomunismo que acabaría justificando medidas colectivistas en nombre del combate al colectivismo. La evolución de los escritos teóricos en las principales revistas y publicaciones de la derecha lo probaría. Se llenaron de antiguos comunistas resentidos, muchos de ellos antiguos trotskistas como Irving Kristol o James Burnham, que sólo abandonaron parte sus viejos esquemas de pensamiento para dedicarse a combatir a sus viejos enemigos los estalinistas al frente de los principales estados comunistas de la época, si no que justificaban, a diferencia de sus antepasados, medidas sociales e intervencionistas en economía y educación.

Contra el intervencionismo

Conviene recordar que la otra gran pata de la lucha de la vieja derecha vieja fue la oposición a las medidas sociales primero de los progresistas y luego de Roosevelt, en especial la imposición de los sistemas de seguridad social de reparto, que acabarían con el tiempo derivando en la dependencia de millones de americanos de las prestaciones sociales que les garantizaría el estado. Bismarck acertó al decir que los sistemas de pensiones públicas harían dependientes a los ciudadanos, de tal forma que se garantizaría la existencia de una gran masa de población que estaría interesada en la conservación del estado, no sólo en sus entonces reducidas dimensiones sino en unas mucho mayores.

También se opusieron ferozmente a las regulaciones laborales o a confiscaciones como la del oro decretadas por el gobierno. Pero se oponían no porque no las considerasen eficientes o porque tuviesen consecuencias negativas no previstas en otros sectores, como enseña la escuela austríaca, sino porque reforzaban el poder del estado, algo que muchos economistas libertarios de hoy no acostumbran a tener en cuenta en sus análisis.

El legado de la nueva derecha

La nueva derecha traicionó este legado, y Rothbard no se cansó nunca de recordarlo, y al debilitar las defensas contra el estado no sólo no impidieron su crecimiento, sino que contribuyeron a transformarlo en aquello que supuestamente querían evitar. De ahí que presidentes de “derecha” como Richard Nixon puntúen entre los más intervencionistas de la historia del país en ámbitos económicos (sus controles de precios causaron consecuencias devastadoras) y haya tenido el dudoso mérito de apartar al dólar, y por consecuencia al resto de las monedas mundiales, de cualquier vinculación con el oro. Estas serían las consecuencias de abandonar los viejos principios, por otros más oportunistas y adecuados a la coyuntura. Espero que hayamos aprendido algo de la historia de la derecha americana para que sus errores no vuelvan a repetirse.

A Rothbard le agradezco: la imaginación

¿Qué podría escribir sobre Murray N. Rothbard? Falleció el 7 de enero de 1995, antes de cumplir 70 años, en un momento de mi vida en el que aún estaba en el colegio y desconocía completamente su existencia. Sólo lo conozco de manera indirecta, a través de anécdotas escuchadas en conferencias de otros autores. Uno de ellos, Hans-Hermann Hoppe, quien merece mi mayor respeto y puede considerarse uno de sus estudiantes más rigurosos en continuar su legado, describe cómo Rothbard llevó una existencia “marginal” en el ámbito académico. Esta circunstancia es testimonio de su grandeza intelectual.

En gran medida, Rothbard fue relegado al ostracismo por las instituciones académicas tradicionales en los Estados Unidos, lo que lo llevó a ganarse la vida durante una etapa significativa como empleado a medio tiempo en instituciones de menor renombre, como el Instituto Politécnico de Brooklyn. Allí no existía un departamento de economía; lo más cercano era un departamento de ciencias sociales, que Rothbard calificó como predominantemente marxista.

Sin embargo, aprovechó el tiempo libre que esta situación le ofrecía para trabajar en su obra, logrando, a través de sus escritos, atraer a un amplio número de estudiantes y seguidores. Así, se convirtió en el creador y uno de los principales impulsores del movimiento libertario contemporáneo. Desde 1986 hasta su fallecimiento, Rothbard mantuvo un puesto en la Universidad de Nevada, Las Vegas (UNLV), donde continuó dejando su huella intelectual.

Insaciable curiosidad

Como evidencia adicional de su carácter, recuerdo un evento en el Instituto Ludwig von Mises donde un conferencista relató al auditorio cómo Rothbard, en conferencias sobre los avances más recientes de la Escuela Austriaca de Economía o sobre política libertaria, no podía contener su entusiasmo y se movía casi incontrolablemente en su silla, emocionado por las ideas que tanto lo apasionaban. Allí, entre semejantes, disfrutaba discutiendo las ideas que más lo hacían feliz.

También recuerdo otra anécdota, compartida por un expositor, que describía cómo Rothbard seguía con interés los últimos marcadores de los torneos de baloncesto, mostrando un lado mundano y afable. Además, se mencionó que tenía la costumbre de asistir a conferencias sobre temas y disciplinas ajenas a la economía o la teoría política, algo que no representaba un obstáculo para él. Solía escuchar un par de ponencias, tomar todos los textos que se estuvieran discutiendo y llevarlos a casa para leerlos con detenimiento. Este comportamiento refleja su insaciable curiosidad y su constante búsqueda de conocimiento, características que definieron tanto su personalidad como su legado intelectual.

Tomando cerveza

Todo esto nos revela el carácter de Rothbard: un hombre con gustos mundanos, posiblemente similares a los nuestros, dispuesto a compartirlos entre risas y chistes, tomándose con nosotros una cerveza, relatando anécdotas llenas de espontaneidad y calidez. Sin embargo, también era capaz de transformarse en un combativo pugilista intelectual, dispuesto a desplegar argumentos de la más alta fineza y rigor, sin reservas, para erradicar, como si usara un lanzallamas, cualquier confusión o error conceptual. Rothbard encarnaba al profesor ideal, el mentor que habría querido tener, pero que el destino no me permitió conocer.

Siendo que solo lo conozco indirectamente, mal hacía dedicándole este breve texto a su carácter. Le dejaré eso a quienes tuvieron el privilegio de haberlo conocido directamente como amigo, colega o profesor. Me resta, entonces, dedicarle este esfuerzo a su obra y, concretamente, a lo que ha significado para mí.

Reflexión malagradecida

La obra de Rothbard, compuesta por cientos de artículos y más de 20 libros sobre teoría política, economía e historia, es difícil de resumir brevemente debido a su magnitud y profundidad. Personalmente, gran parte de su producción ha sido de una relevancia excepcional para mí. Con Man, Economy, and State, avancé y profundicé mis conocimientos adquiridos al leer Acción Humana de Ludwig von Mises, un libro que releo constantemente. Power and Market es una referencia clave que utilizo como guía en mi curso de Derecho Económico. Por medio de The Ethics of Liberty, descubrí una ética basada en principios libertarios y en el derecho natural, lo que me llevó a adoptar el libertarismo y, en particular, el anarco-capitalismo.

Con What Has Government Done to Our Money?, entendí la naturaleza maliciosa de la expansión artificial y fraudulenta de la oferta monetaria promovida por los bancos centrales. Finalmente, gracias a An Austrian Perspective on the History of Economic Thought, me encontré con el mejor recuento histórico del pensamiento económico que jamás haya leído. Esta obra moldeó mi interpretación de la ciencia económica como una lucha entre dos escuelas de pensamiento opuestas: la Escuela Austriaca de Economía y el resto.

Un profundo agradecimiento

Al hacer este recuento de su obra y mencionar brevemente la influencia que ha tenido en mí, surge en primer lugar el impulso de reflexionar sobre algunas discusiones que Rothbard pudo haber avanzado, pero que, al no darles prioridad, privó al mundo —y a todos nosotros, sus hijos intelectuales— de contar con su perspectiva sobre ciertos temas. Si me permitiera entretener esta idea, caprichosa y quizá injusta, podría señalar el retraso que representó su limitada atención a una teoría de la firma esencialmente austriaca, habiéndose enfocado únicamente en discutir los límites de las empresas como un problema derivado del cálculo económico. Del mismo modo, ese impulso me llevaría a reprocharle su reticencia a desarrollar una teoría robusta de eficiencia dentro del marco austriaco.

Pero no haré nada de esto en esta ocasión. En cambio, haré algo que nunca he hecho antes: expresar mi más profundo agradecimiento. Las enseñanzas que podemos extraer de la obra que nos legó Rothbard, junto con los testimonios sobre su carácter —que nos hacen lamentar no haber tenido el privilegio de conocerlo personalmente—, deben ser vistas como un gran beneficio externo, una verdadera externalidad positiva.

Gracias por la imaginación, profesor

No los tomamos como fallos del mercado —porque estos no existen—, sino como obsequios que Rothbard dejó a la humanidad, trabajando incansablemente, muchas veces en el silencio de la noche, en su búsqueda de la verdad en cada página que escribió. En particular, aprovecho esta oportunidad para agradecerle por algo en lo que he caído en cuenta recientemente —y estoy seguro de que no soy el único. A Murray N. Rothbard le agradezco profundamente por la constante exhortación, presente en toda su obra, a imaginar un mundo libre.

Como estudiante de Derecho, pronto me di cuenta de la constante intervención del Estado y todas sus agencias en la sociedad. Se me enseñaba que fuera de los límites del Estado solo existían monstruos furiosos, dispuestos a destruir la vida en todas sus formas y, especialmente, la civilización humana. Dentro del Estado todo, fuera de él nada, excepto oscuridad y ridiculización.

El decubrimiento de Murray N. Rothbard

A medida que avanzaba en la carrera, los profesores que encontraba reforzaban la idea de que la única fuente de orden y prosperidad era el Estado. Y ridiculizaban cualquier alternativa al estatismo. En ese momento, no tenía las herramientas teóricas ni el marco conceptual para sostener mi intuición de que algo no estaba bien. Sin embargo, tras leer The Ethics of Liberty, me encontré con su otro libro, For a New Liberty, donde Rothbard expone de manera clara y sencilla los principios del libertarismo y propone una alternativa radical al Estado y sus políticas coercitivas.

Lejos de conceder un ápice a posiciones conservadoras o estatistas, Rothbard aprovechó la única oportunidad de su vida para ofrecernos el paquete completo del libertarismo en su máxima expresión. Con esta obra, nos presenta no la reducción del Estado, ni la eliminación parcial de algunas de sus agencias, sino su eliminación total y desde la raíz. No nos propone un enfoque de asignación de derechos de propiedad con fines de eficiencia, sino la devolución al mercado libre de toda la producción, incluida la de los servicios de defensa de la propiedad. Y no aboga por reducir el Estado de bienestar, sino por su total eliminación. Con For a New Liberty, y con toda su obra en general, Rothbard no nos ofrece soluciones transicionales ni medidas intermedias, sino que nos presenta una visión de lo que podría ser la libertad, mostrando cómo se vería un mundo verdaderamente libre.

La justicia

Una de las grandes obsesiones de mi vida ha sido la producción privada del servicio de justicia. Y, en este ámbito, Rothbard ofrece una descripción fascinante de un sistema judicial en una sociedad libertaria. En su visión, las cortes son entidades privadas y competitivas, libres del monopolio estatal. Bajo este modelo, las disputas se resuelven de manera voluntaria, con las partes en conflicto eligiendo de mutuo acuerdo una corte o un árbitro para decidir el caso, fundamentándose en el consentimiento y evitando cualquier forma de coerción. Estas cortes aplican normas y principios jurídicos aceptados por la comunidad, alineados con los derechos de propiedad y la libertad individual, centrándose principalmente en la restitución a la víctima en lugar de imponer castigos estatales.

La competencia entre múltiples cortes no sólo fomenta la eficiencia y la calidad en la prestación de servicios judiciales, sino que también elimina los incentivos para el abuso de poder y promueve la innovación en la resolución de conflictos. Permite a los individuos elegir y cambiar de proveedor si consideran que una corte no es imparcial o adecuada. Este enfoque, profundamente arraigado en los principios libertarios, ofrece una alternativa revolucionaria a los sistemas tradicionales de justicia estatal.

Una visión de un mundo libre

Rothbard, a partir de su profunda y clara comprensión de los principios del libertarismo, solo puede ofrecernos una imagen de lo que podría ser el resultado del concierto de acciones libres de los individuos. Esto se debe a que nadie puede predecir con precisión cómo funcionaría el mercado libre en la producción de cualquier bien o servicio, ya sea pan, decisiones judiciales o el uso legítimo de la fuerza. Esa labor corresponde al empresario, quien, guiado por la información transmitida por el sistema de precios, ejerce su juicio, asume riesgos y enfrenta la posibilidad de pérdidas o ganancias.

Aunque eso es lo único que Rothbard puede hacer, al igual que cualquiera de nosotros, su logro radica en brindarnos una visión de un mundo libre a través de lo que imaginó sería dicho mundo. Esa imaginación, aunque sólidamente fundamentada en primeros principios y en un sistema de intercambios voluntarios, no deja de ser una proyección idealista que nos entrega a través de su obra, invitándonos a reflexionar sobre el potencial de la libertad.

Ciencia, no ficción, sobre una realidad posible

La ciencia ficción se distingue por ofrecernos imágenes de posibilidades que, aunque científicas y prácticamente plausibles, aún no se han materializado debido a la ausencia de las condiciones necesarias. De manera similar, lo que imaginó Julio Verne en De la Tierra a la Luna se convirtió en una idea que la mente humana utilizó para moldear el mundo, transformando lo imaginado en los viajes espaciales que hoy conocemos, como los proyectos de Elon Musk. Del mismo modo, aunque el trabajo de Rothbard está lejos de ser ciencia ficción, sus visiones podrían llegar a ser la base sobre la cual la humanidad, utilizando la razón y la acción libre, transforme lo dado en lo que sería un mundo verdaderamente libre.

Por esta razón, estoy profundamente agradecido con Rothbard: por haber sembrado en mi mente la imagen de un mundo libre y haber encendido en mí el afán de construir y proponer continuamente ideas para dar forma a esa visión. Él no solo nos dejó un conjunto de principios y argumentos sólidos, sino también una invitación constante a imaginar lo que la humanidad puede alcanzar cuando se guía por la libertad. Estas propuestas, aunque sujetas a las preferencias y decisiones de los hombres libres en el futuro, tienen el poder de transformar el mundo tal como lo conocemos.

Rothbard no solo fue un pensador, sino un soñador que, con su obra, nos legó una hoja de ruta para explorar los vastos horizontes de la libertad. Al terminar estas reflexiones, solo puedo agradecerle por recordarnos que la verdadera transformación comienza con la imaginación de lo posible, y que cada uno de nosotros tiene el poder de contribuir a esa visión, paso a paso, en la construcción de un mundo realmente libre.

Ver también

Polémicas sobre Rothbard: historia, epistemología, órdenes espontáneos, dinero, ética y sectarismo. (Adrián Ravier).

10 mitos sobre Murray Rothbard. (Adolfo Lozano).

Rothbard: anatomía del Estado. (Daniel Monena Vitón).

Murray Rothbard, propiedad intelectual y “fronteras electrónicas”

La propiedad intelectual ha sido uno de los temas más debatidos en la era digital, especialmente con la aparición de Internet y la distribución masiva de contenido. Esta cuestión plantea tensiones entre el control sobre las creaciones y la libre circulación de ideas, un dilema que ya había sido explorado por pensadores como Murray Rothbard. Aunque Rothbard no presenció el auge de la era digital, sus ideas sobre contratos, derechos de autor y patentes, pero, sobre todo, sus estudios sobre libre mercado y anarquía ofrecen buenas bases para comprender la red. En paralelo, figuras como John Perry Barlow, con su manifiesto “Vender vino sin botellas”, reinterpretaron estas tensiones en el contexto de Internet.

Los planteamientos de Murray N. Rothbard se basan en los principios de la libertad individual y el libre mercado, por lo que cuestionaba la necesidad de la intervención gubernamental en cualquier materia, incluyendo los monopolios gubernamentales que suponen las leyes de patentes, a las que ofrece una alternativa que es mediante los acuerdos en las compraventas.

Murray N. Rothbard murió el 7 de enero de 1995, sólo cuatro años después de la propuesta formal de Berners-Lee sobre la World Wide Web. Pero su influencia ha hecho que la evolución de Internet sea más anárquica que lo que se podría esperar de su origen militar.

Contratos de distribución

En su obra La ética de la libertad, Murray Rothbard plantea una crítica fundamental a la idea de la propiedad intelectual tal como la conocemos. Para él, los derechos de autor y las patentes no son propiedades en el sentido tradicional porque no cumplen con el principio de escasez física. Argumenta que las ideas, al no ser bienes tangibles, no pueden ser apropiadas ni monopolizadas sin recurrir a la coacción estatal.

Pero Rothbard argumentaba que las restricciones a la copia podían ser legítimas si se basaban en acuerdos contractuales voluntarios entre las partes. Defendía la idea de que un autor o inventor podía establecer condiciones contractuales que prohibieran la reproducción o venta de su obra sin permiso  «cuando han sido obtenidos de alguien a título de propiedad condicional, no de propiedad absoluta», es decir, si el contrato de compraventa estipula que hay restricciones de uso. Y lo ilustra con este ejemplo:

Supongamos que Rojo permite la entrada en su casa a Moreno y le enseña un invento que hasta ahora ha mantenido en el más estricto secreto, pero con la condición de que no comente con nadie esta noticia. En este caso, Rojo no concede a Moreno la propiedad absoluta del conocimiento de su invento, sino una propiedad condicional, puesto que se reserva el derecho de la difusión. Y si Moreno lo comenta con otros, viola la propiedad que se ha reservado Rojo y se convierte, en este sentido, en ladrón.

Tenemos un caso parecido de quebrantamiento de contrato (y de robo de propiedad) en la violación de los derechos de autor o de las patentes de invención. Supongamos que Rojo fabrica ratoneras de excelente calidad y que vende muchas unidades, que llevan estampado el «copyright Sr. Rojo». Lo que está haciendo, al proceder así, es advertir que no vende todos los derechos de propiedad de cada ratonera, sino sólo el derecho a hacer con ella lo que se quiera, excepto venderla o fabricar —y vender— copias enteramente iguales. Rojo se reserva a perpetuidad el derecho de venta de estas ratoneras. Por tanto, si Moreno compra una de ellas y fabrica y vende modelos idénticos, viola los términos del contrato y el derecho de propiedad de Rojo y se le puede demandar ante los tribunales por robo. Nuestra teoría de los derechos de propiedad ampara también la inviolabilidad del copyright contractual.

Idea que también desarrolla en Hombre, economía y estado:

Una persona escribe un li­bro o compone una obra musical. Al publicar el libro o la partitura, hace imprimir en la primera página la expresión “copyright”. Esta in­dica que cualquier persona adquirente del producto presta también su acuerdo, como formando parte de la operación de intercambio, a no copiar ni reproducir la obra para que sea vendida. Ya que el com­prador no adquiere la propiedad total, sino sujeta a la condición mencionada, toda violación del contrato por su parte, o por la de un ulterior adquirente, constituye robo implícito y será tratada en el mer­cado libre como corresponde. El derecho de autor es, pues, dentro del mercado libre, un derivado lógico del derecho de propiedad.

El problema de las patentes

Continúa en Hombre, economía y estado:

Parte de la protección que hoy acuerdan las patentes a un inventor podría obtenerse en el mercado libre mediante una especie de protección del derecho de autor. Ahora, los inventores tienen que marcar sus máquinas, indicando que se encuentran patentadas. La marca pone a los compradores sobre aviso de que el invento está patentado y de que no pueden vender ese artículo. Pero lo mismo podría hacerse ampliando el sistema de derecho de autor, y sin patente. En el mercado completamente libre, el inventor podría marcar como “copyright” su máquina, y en ese caso, todo adquirente de la máquina la comprará con la condición de que no habrá de reproducirla ni venderla para obtener ganancias.

La patente es incompatible con el mercado libre, precisamente en cuanto va más allá de un derecho de autor. La persona que no ha comprado una máquina, y que llega al mismo invento en forma independiente, en el mercado libre, podrá perfectamente proceder a utilizar su invención. Las patentes impiden que una persona haga uso de su propio invento, aun cuando sea suyo todo derecho de propiedad al respecto y no haya robado la idea, ni explícita ni implícitamente, al primer inventor. Por eso, las patentes constituyen privilegios de monopolio exclusivo, otorgados por parte del estado, que invaden los derechos de propiedad dentro del mercado. La distinción fundamental entre patente y derecho de autor no obedece, pues, a que una sea mecánica y el otro literario. El hecho de que se hayan aplicado en esa forma es un accidente histórico y no revela la diferencia básica que existe entre ambas instituciones. Tal diferencia fundamental está en que el derecho de autor es atributo lógico del derecho de propiedad, dentro del mercado libre, en tanto que la patente es una invasión sobre tal derecho.

Rothbard, la New Left y Woodstock ’69

En la década de 1960, Rothbard comenzó a cuestionar la alianza entre los libertarios y los conservadores, especialmente debido a sus diferencias sobre la Guerra de Vietnam y otros temas de política exterior. Rothbard concluyó que el libertarismo tenía sus raíces en la izquierda política y que los libertarios del Old Right estarían mejor alineados con el creciente anti-autoritarismo de la New Left. Esta alianza se basaba en una oposición común al militarismo, el corporativismo y la intervención estatal en la vida privada de los ciudadanos.

Rothbard colaboró con figuras prominentes de la New Left y participó en la fundación de la revista “Left and Right: A Journal of Libertarian Thought” en 1965. Esta publicación buscaba trascender las categorías políticas tradicionales y promover una visión coherente de la libertad que incluía elementos tanto de la izquierda como de la derecha contemporáneas.

El movimiento hippie de los años 60, con su énfasis en la paz, el amor y la libertad personal, compartía varios valores con el libertarismo de Rothbard. El festival de Woodstock, celebrado en agosto de 1969, se convirtió en un símbolo de esta contracultura. Aunque Rothbard no estuvo directamente involucrado en el festival, su filosofía libertaria resonaba con muchos de los ideales del movimiento hippie.

Woodstock no solo representó un festival de música, sino también una expresión de rechazo a las estructuras tradicionales de poder. Este espíritu anárquico se alineó con la visión de un mercado libre y no intervenido, una de las bases del pensamiento de Rothbard. Aunque las conexiones no sean evidentes, el contexto cultural de la época preparó el terreno para que ideas libertarias influyeran indirectamente en la forma en que comunidades y redes emergentes abordaron temas como la propiedad y la creatividad.

Aunque Rothbard y el movimiento hippie compartían una visión crítica del estado y una defensa de la libertad individual, también había diferencias significativas. Rothbard era un académico y teórico, mientras que el movimiento hippie era más práctico y cultural. Además, mientras que Rothbard defendía un mercado libre sin intervención estatal, muchos hippies eran críticos del capitalismo y buscaban formas alternativas de organización económica.

A pesar de estas diferencias, la interacción entre el libertarismo de Rothbard y la contracultura de los años 60 muestra cómo diferentes movimientos pueden encontrar puntos en común, especialmente cuando se comparten enemigos. Un ejemplo de esta conjunción es John Perry Barlow.

John Perry Barlow, de letrista de Grateful Dead, a vender vino sin botellas

John Perry Barlow es una figura que ha dejado una huella indeleble en múltiples campos, desde la música hasta la ciberseguridad. Conocido principalmente como letrista de la legendaria banda de rock Grateful Dead, Barlow también fue un pionero en la defensa de los derechos digitales y la libertad en Internet.

Nacido en 1947 en Wyoming, Barlow creció en un entorno rural y asistió a la Universidad de Wesleyan, donde se graduó en 1969. Su conexión con The Grateful Dead comenzó en 1971, cuando empezó a colaborar con Bob Weir, uno de los miembros fundadores de la banda. Juntos, escribieron algunas de las canciones más emblemáticas del grupo, como “Cassidy” y “Mexicali Blues”. La colaboración de Barlow con Grateful Dead continuó hasta la disolución de la banda en 1995.

A mediados de los años 90, Barlow se adentró en el mundo de la tecnología y la ciberseguridad. En 1990, cofundó la Electronic Frontier Foundation (EFF), una organización dedicada a defender la libertad de expresión y la privacidad en el ámbito digital. Su interés por la economía digital lo llevó a escribir el influyente ensayo “Selling Wine Without Bottles: The Economy of Mind on the Global Net” en 1994. En este ensayo, Barlow exploraba cómo la economía de la información y las ideas difería de la economía de los bienes físicos, utilizando la metáfora de vender vino sin botellas para ilustrar cómo las ideas podían ser compartidas y distribuidas sin las restricciones físicas tradicionales:

La legislación de propiedad intelectual no se puede remendar, adaptar o expandir para que contenga los gases de la expresión digitalizada, de la misma manera que tampoco se puede revisar la ley de bienes inmuebles para que cubra la asignación del espectro de la radiodifusión. (Lo que, de hecho, se parece mucho a lo que se intenta hacer aquí.) Tendremos que desarrollar un conjunto completamente nuevo de métodos acorde con este conjunto enteramente nuevo de circunstancias.

La mayoría de la gente que crea software -programadores, hackers y navegantes de la Red- ya lo sabe. Por desgracia, ni las compañías para las que trabajan ni los abogados que estas compañías contratan tienen la suficiente experiencia directa con bienes inmateriales como para entender por qué son tan problemáticos. Actúan como si se pudiera lograr que las viejas leyes funcionasen, bien mediante una grotesca expansión o por la fuerza. Se equivocan.

La fuente de este acertijo es tan simple como compleja su resolución. La tecnología digital está separando la información del plano físico, donde la ley de propiedad de todo tipo siempre se ha definido con nitidez.

A lo largo de la historia del copyright y las patentes, los pensadores han reivindicado la propiedad no de sus ideas sino de la expresión de las mismas. Las ideas, así como los hechos relativos a los fenómenos del mundo, se consideraban propiedad colectiva de la humanidad. En el caso del copyright se podía reivindicar la franquicia del giro exacto de una frase para transmitir una idea concreta o del orden de exposición de los hechos.

La franquicia se imponía en el preciso momento en que «la palabra se hacía carne» al abandonar la mente de su creador y penetrar en algún objeto físico, ya fuera un libro o cualquier artilugio. La posterior llegada de otros medios de comunicación comerciales distintos del libro no alteró la importancia legal de ese momento. La ley protegía la expresión y con pocas (y recientes) excepciones, expresar equivalía a convertir algo en un hecho.

Proteger la expresión física tenía a su favor la fuerza de la comodidad. El copyright funcionaba bien porque, a pesar de Gutemberg, era difícil hacer un libro. Es más, los libros dejaban a sus contenidos en una condición estática cuya alteración suponía un desafío tan grande como su reproducción. Falsificar o distribuir volúmenes falsificados eran actividades obvias y visibles, era muy fácil pillar a alguien. Por último, a diferencia de palabras o imágenes sin encuadernar, los libros tenían superficies materiales donde se podían incluir avisos de copyright, marcas de editor y etiquetas con el precio.

Aún era más apremiante patentar la conversión de lo mental a lo físico. Hasta hace poco, una patente era o bien una descripción de la forma que había que dar a los materiales para cumplir un determinado propósito, o una descripción de cómo se llevaba a cabo este proceso. En cualquiera de los dos casos, el quid conceptual de la patente era el resultado material. Si alguna limitación material impedía obtener un objeto con sentido, la patente se rechazaba. No se podía patentar una botella Klein ni una pala hecha de seda. Tenía que ser una cosa y la cosa tenía que funcionar.

De este modo, los derechos de la invención y de la autoría se vinculaban a actividades del mundo físico. No se pagaban las ideas, sino la capacidad de volcarlas en la realidad. A efectos prácticos, el valor estaba en la transmisión y no en el pensamiento transmitido.

En otras palabras, se protegía la botella y no el vino.

Barlow fue un visionario que entendió el potencial transformador de Internet mucho antes de que se convirtiera en una parte integral de nuestras vidas. Su trabajo con la EFF y sus escritos sobre la economía digital han influido en la forma en que entendemos y protegemos nuestros derechos en el ciberespacio.

John Perry Barlow falleció en 2018, pero su legado musical con Grateful Dead sigue vivo, inspirando a nuevas generaciones de músicos y fans, al igual que sus planteamientos sobre el ciberespacio.

La visión de Rothbard y de John Perry Barlow sobre la propiedad intelectual

Aunque ambos compartían una visión crítica sobre la intervención gubernamental, sus enfoques y argumentos sobre la propiedad intelectual difieren significativamente.

Como hemos visto, según Rothbard, un autor o inventor podía establecer condiciones contractuales que prohibieran la reproducción o venta de su obra sin permiso, y estos acuerdos serían una extensión natural de los derechos de propiedad y la libertad contractual y que la verdadera protección de la propiedad intelectual debía surgir de acuerdos privados y no de la coerción estatal.

Pero Rothbard no llegó a ver el potencial de Internet. Falleció en la fase incipiente de la red. No conoció Napster, creado en 1999, ni vio como millones de personas cooperan voluntariamente  compartiendo su conocimiento en Wikipedia, lanzada en 2001 o en GitHub, lanzado en 2008.

Tampoco pudo conocer “La declaración de independencia del ciberespacio” que presentó John Perry Barlow en Davos como respuesta a la Telecommunications Act, pero seguro que firmaría sus principales propuestas:

Gobiernos del Mundo Industrial,  […] no sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. […] Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolveremos por nuestros propios medios.

Como planteaba John Perry Barlow, la red ha resuelto de forma espontánea las nuevas demandas que se han ido generando. Y, como planteaba Rothbard, la solución son los contratos o las licencias de uso. Como en el Software Libre, máximo exponente actual de la anarquía y libre mercado, donde la GPL le da un marco contractual a la cooperación entre las partes implicadas.

Ver también

Cuatro siglos de propiedad intelectual. (Antonio José Chinchetru).

Marcas, reputación y fraude. (Albert Esplugas).

Por un mercado libre de ideas. (Albert Esplugas).

El secreto de la Coca-Cola, Google e Inditex. (Manuel Llamas).

Copiar no es robar. (Albert Esplugas).

Rothbard: Anatomía del Estado

El Estado no para de crecer. Tenemos una Unión Europea que cada vez quiere centralizar más, cuya finalidad es crear un Estado federal europeo a través de una élite de burócratas criados en colegios con valores europeístas que, como Janusz Korwin-Mikke afirma, son contrarios a los verdaderos valores europeos cristianos. Si bien Murray Rothbard escribió su obra La Anatomía del Estado en Estados Unidos, en el contexto del New Deal, es perfectamente aplicable al contexto europeo.

Lo que fue una unión arancelaria, beneficiosa para los ideales del libre mercado, se convirtió en Maastricht en 1992 en una unión política. No contentos con ello, en 2004 buscaron crear una Constitución, pero fue vetada por los burócratas franceses y holandeses. Aun así, en 2007 firmaron el Acuerdo de Lisboa, que creó el Consejo, fortaleció la Comisión y actuó de facto como una Constitución, ya que puso por encima la justicia europea a las nacionales. Por eso, la obra de Rothbard puede ser útil para esta batalla ideológica entre libertad y burocracia en la Unión Europea.

¿Qué es el Estado?

Rothbard empieza explicando que casi todos consideran al Estado como un medio necesario para lograr los objetivos de la humanidad. No solo eso, sino que con el ideal democrático en Occidente se ha identificado el Estado con la sociedad. “El Estado somos todos” es una frase que para Rothbard viola casi todos los principios de la razón y el sentido común. Si esto fuese cierto, cualquier mal que aplicase el Estado sería algo voluntario y aceptado por los afectados. 

Como “nos gobernamos nosotros mismos” las revueltas fiscales están prácticamente olvidadas, al contrario que durante la etapa monárquica. Hans-Hermann Hoppe afirma que en democracia “la distinción entre gobernantes y gobernados, así como la conciencia de clase de los gobernados, se vuelven borrosas”. Un gobierno de propiedad privada hace que se sepa quién está extrayendo rentas a los ciudadanos, siendo una persona con nombre y apellidos. Como dice J.R.R. Tolkien: “Si pudiésemos volver a los nombres personales, haría mucho bien”. Otra cuestión que ha perdido legitimidad es el tiranicidio, tratado por autores como el jesuita Juan de Mariana, que es impensable porque el público considera injusto castigar a la “voz de la nación” que se ha elegido mediante un proceso democrático.

Rothbard afirma que el Estado no somos todos, sino que es la organización que tiene el monopolio del uso de la fuerza en un determinado territorio. Franz Oppenheimer distingue entre dos maneras excluyentes de adquirir riqueza: los medios económicos y los políticos. La diferencia entre ellos es que los primeros refieren a la producción y al intercambio y los segundos a la fuerza y a la violencia. El Estado es, por tanto, la organización de los medios políticos y, en palabras de Rothbard, proporciona un canal legal, ordenado y sistemático para la depredación de la propiedad privada.

¿Cómo se justifica el Estado?

Nunca ha existido un contrato social. El Estado ha nacido siempre en virtud de la conquista. Para perpetuarse, ha necesitado tanto de intereses económicos como de un trasfondo ideológico. Los intereses económicos son la burocracia permanente, que creó los monarcas absolutos y que actualmente se traduce tanto en el funcionariado como en la alianza Estado-grandes firmas.

Para garantizar la aceptación activa o resignada de la mayoría de los súbditos por medio de la ideología, el Estado ha usado a los “intelectuales”. Son “moldeadores de opinión” a los que la burocracia de este ofrece un puesto seguro y permanente, que no estaría tan asegurado en un mercado libre. Sería correcto añadir que dentro de este grupo no solo están los científicos sociales y los historiadores, sino también los periodistas y los científicos naturales.

Durante la pandemia se ha visto una de las justificaciones del Estado que Rothbard expone, aunque es una de las más impopulares a largo plazo. Es la grandeza y sabiduría de los que gobiernan. Por algún motivo, los gobernantes y los “expertos científicos” que ellos designan pueden lidiar con una pandemia, mientras que los ciudadanos en libertad no. Su apoyo principal son los periodistas que, en vez de ser un contrapeso al gobierno, justifican medidas liberticidas claramente contradictorias entre ellas. Lo hacen porque, verdaderamente, están financiados desde el poder político. A partir de ahí construyen un relato en el que el ciudadano desobediente es culpable de los males que ocurran. 

El miedo

La otra justificación es que el poder del gobierno es necesario para evitar los males que resultarían de su caída. Para ello, el Estado inculca miedo a los gobernantes de otros Estados, como cuando en Europa escuchamos hablar de Vladimir Putin cuando quienes verdaderamente nos están perjudicando ahora en España son Pedro Sánchez y Ursula von der Leyen. Rothbard explica que la premisa básica del Estado es identificarse con el territorio que gobierna. Por eso, un contrapeso interesante de la monarquía que explica Erik von Kuehnelt-Leddihn es que “los monarcas, al contrario que los líderes democráticos, son étnicamente mixtos. Suelen tener un origen extranjero. Sus familiares son extranjeros.”

La importancia de esto radica en las guerras modernas. Las guerras son verdaderamente conflictos entre diferentes castas gobernantes. El Estado y los intelectuales, al hablar de que un Estado está siendo atacado por otro, buscan justificar que el ataque va dirigido hacia toda la población. Por tanto, lo que antiguamente eran conflictos entre monarcas, que tenían que pagar a sus propios mercenarios y cedían o conquistaban territorios en batallas a campo abierto, pero sin influir en los civiles inocentes en los núcleos urbanos; se han convertido en guerras de destrucción masiva, con conscripción obligatoria y en las que las infraestructuras civiles quedan fuertemente dañadas y miles mueren, llamándose a aquello daños colaterales. Ni siquiera los límites internacionales que se pusieron, como el “derecho de neutralidad”, se cumplen y, a no ser que se tenga las armas necesarias, es difícil hacer valer la neutralidad.

¿Cómo se expande el Estado?

Según Rothbard, los hombres han intentado crear siempre métodos para limitar el poder del Estado. Las declaraciones de derechos, la separación de poderes o los límites constitucionales son ejemplos que en un primer momento han podido funcionar, pero el Estado y sus intelectuales los han convertido en sellos de legitimidad. Charles Black explica que una sentencia de inconstitucionalidad puede ser un poderoso límite frente al Estado, pero una sentencia de constitucionalidad un arma poderosa. Los tribunales no son independientes del poder político e históricamente se han dedicado a validarlo. Un ejemplo fue la ampliación del Tribunal Supremo de EEUU para validar el New Deal, es decir, los poderes del Congreso para controlar la economía nacional.

Hay que tener en cuenta la teoría de Charles Tilly que explica que el Estado fue diferenciando entre violencia legítima e ilegítima, y así, los funcionarios acabaron aplicando la violencia con mayor eficacia y con mayor consentimiento de los ciudadanos. Esto tiene relación con la tesis del profesor Joseph Nye respecto del poder blando. Mientras los Estados menos sofisticados se basan en el poder duro, que es la coacción militar y económica; los más sofisticados se basan en el poder blando, que es su incidencia en los individuos a través de la cultura o de la diplomacia. El control de los burócratas de la vida cotidiana a través de las regulaciones y los permisos o el final del efectivo serían ejemplos de este poder blando, que puede llegar a ser mucho más peligroso que el duro.

¿Qué teme el Estado?

El Estado teme perder legitimidad. Por eso sus intelectuales rechazan y condenan toda “teoría de la conspiración” y todo revisionismo histórico. Las teorías de la conspiración pueden hacer que el público dude de la propaganda ideológica del Estado. El término fue acuñado por la CIA para desacreditar las teorías sobre el asesinato de Kennedy. Como dice Noam Chomsky: “¿Qué significa decir que es una “teoría de la conspiración” decir que los principales planificadores estadounidenses desarrollaron planes que se pueden ver en el registro documental y los llevaron a cabo, que se puede ver en el registro histórico? No es una teoría de la conspiración.”

Los intelectuales se han encargado de acusar a los “conspiranoicos” de diferentes trastornos como paranoia, apofenia o falta de empatía. Sin duda, la patologización del adversario es una buena táctica. El revisionismo tampoco es bien recibido. Pone en duda el dogma democrático-liberal del “fin de la historia” de Francis Fukuyama. Harry Elmer Barnes escribió:

Desde la Edad Media no ha habido tantas fuerzas poderosas organizadas y alertas contra la afirmación y aceptación de la verdad histórica como las que están activas hoy en día.

Harry Elmer Barnes

Finalmente, Rothbard explica qué delitos son más graves en el léxico del Estado: traición, deserción, subversión, conspiración, magnicidio o regicidio. Solo hay que ver cómo se ha tratado en la “opinión pública” a Julian Assange por revelar secretos de Estado o a Ross Ulbricht por crear un mercado totalmente desregulado. Es sin duda contradictorio que la institución que su razón de ser es supuestamente defender al público se encargue primero de defenderse del público.

Conclusión

Rothbard define correctamente qué es el Estado, cómo se justifica, cómo se expande y qué teme. Entiende el Estado como una organización que monopoliza la violencia en un determinado territorio. Así, llega a su análisis sobre las guerras como conflictos entre castas gobernantes, y que se debe aplicar en el análisis geopolítico. Si queremos desguazar el Estado debemos hacer uso de las teorías de la conspiración y del revisionismo histórico, que son las mejores maneras posibles de contraargumentar a los intelectuales que legitiman el Estado. Para terminar, dice Lysander Spooner:

Los derechos naturales de un hombre son suyos, frente al mundo entero. Y cualquier violación de ellos es igualmente un crimen, ya sea cometida por un solo hombre o por millones; ya sea cometida por un hombre que se hace llamar ladrón (o por cualquier otro nombre que indique su verdadero carácter), o por millones que se hacen llamar gobierno.

Lysander Spooner
Ver también

Polémicas sobre Rothbard: Historia, epistemología, órdenes espontáneos, dinero, ética y sectarismo. (Adrián Ravier).

10 mitos sobre Murray N. Rothbard. (Adolfo Lozano).

Una defensa rothbardiana de las Instituciones. (Manuel Llamas).

Tres principios libertarios en tiempo de guerra. (Patrick Carroll).

La guerra y la salud del Estado. (José Carlos Rodríguez).

La economía a través del tiempo (XVIII): la Escuela Austriaca y los sofistas

Continuando con la posición que ha mantenido la Escuela Austriaca sobre la antigua Grecia, toca hablar de los sofistas. En este sentido, Huerta de Soto (2022, pp. 6-7) hace un alegato a favor de los sofistas. Según él, entendieron mucho mejor los procesos del mercado y del orden social que los filósofos posteriores, y hace hincapié en el cambio que se produce tras la irrupción de los socráticos. Para el profesor, tanto Sócrates como Platón y Aristóteles cayeron en una serie de ideas que hoy relacionaríamos con el estatismo. Por su parte, Rohtbard (2006) también ve a los sofistas como una especie de precursores de lo que en la actualidad se conocen como ideas de la libertad, algo que ejemplifica con el caso de Protágoras:

Según Protágoras, corresponde a los ciudadanos de un Estado decidir lo que constituye el bienestar social y cómo lograrlo. Contra la autoridad absoluta de Platón, Protágoras ensalzó el proceso democrático. Creía en el sentido común frente a la ciencia, y en la experiencia social práctica de la humanidad, en oposición a las doctrinas de los teóricos morales y políticos (20).

Huerta de Soto (2022) sigue a su precursor y también considera que el subjetivismo de Protágoras tiene más que ver con los postulados de la Escuela Austriaca que otros griegos:

El punto de vista subjetivista, en torno al cual pensadores más modernos, como Protágoras en la época de Pericles, teorizaron sobre la necesidad de la cooperación social, insistiendo en que “el hombre es la medida de todas las cosas”, lo que, llevado filosóficamente a sus últimas consecuencias, podría haber dado lugar al surgimiento natural del subjetivismo y del individualismo metodológico, imprescindibles puntos de partida de todo análisis económico de los procesos sociales (7).

ἄνθρωπος

Así, la idea de Protágoras de que el hombre es la medida de todas las cosas, que más que referirse al valor subjetivo económico tiene que ver con un sistema complejo y con la ontología, figuró en un libro que no ha llegado a nuestros tiempos titulado Los discursos demoledores. Sin embargo, cuando el pensador hablaba de la idea de hombre (ἄνθρωπος) no queda claro si se refiere al individuo o al colectivo, es decir, al Ser Humano en su conjunto. Si así fuera, su pensamiento no se acercaría tanto a ese individualismo metodológico que menciona Huerta, sino a posiciones más relacionadas con la construcción cultural, es decir, a los postmodernistas, algo que el propio Huerta de Soto llega a reconocer.

Tanto es así, que Lowry (1987) llega a relacionar el concepto del hombre como la medida de todas las cosas con la semilla del valor-trabajo que posteriormente inspiraría al marxismo, una corriente económica completamente opuesta a la de la Escuela Austriaca. Sea como sea, parece difícil no pensar en lo que la Economía conoce hoy como utilidad al escuchar la idea de Protágoras. Sin embargo, el propio Marx reconocía la existencia de la utilidad como dadora de valor, es decir, como principio que posibilita que un producto tenga valor económico, como veremos en otra ocasión.

En definitiva, dada la escasez de información concreta sobre este tipo de ideas, es no resulta fácil relacionar a los sofistas con una u otra escuela económica, aunque se puedan establecer conexiones hipotéticas, como hacen los autores austriacos o Lowry.

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2022). El pensamiento económico en la Antigua Grecia. Cuadernos Para el Avance la Libertad, 11.

Lowry, S. (1987) The archaeology of economic ideas: the classical Greek tradition. Duke University Press

Rothbard, M. N. (2006). Todo comenzó, como es usual, con los griegos. Mises Institute. https://mises.org/es/mises-daily/todo-comenzo-como-es-usual-con-los-griegos

Serie La economía a través del tiempo

De nuevo, Mises no comprendió a Menger (II): tampoco Hayek

Continuando con el artículo anterior de esta serie, en primer lugar quisiera recordar la importancia política y social de este análisis. Tener una buena teoría del valor que explique los precios es crucial para minimizar las injerencias políticas que dificulten la cooperación social. Una teoría que sea difícil de demostrar o que no explique bien la realidad no será lo suficientemente contundente y dejará vía libre a que otras teorías se utilicen para justificar intervenciones dañinas y así puedan imponerse legislativamente.  

En este sentido, la teoría del valor defendida por los autores austriacos más modernos como Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek o Murray Rothbard, tiene muy serios problemas al sostener tajantemente que la naturaleza del valor es ordinal. Pues en la “batalla” científica creo que este enfoque es atarse las manos a la espalda y ponerse grilletes en los pies al oscurecer innecesariamente la teoría afirmando que es imposible medir el valor. Y además no explica bien la realidad al negar, por ejemplo, que podamos hacer operaciones aritméticas relativas al valor. 

Afortunadamente no todos los autores austriacos tenían una visión ordinal del valor. Es el caso clarísimo de Eugene von Böhm-Bawerk a quien Mises le reprocha defender que el valor es cardinal y medible. Y aunque en este reproche Mises no incluye expresamente a Menger, también apunta a los “fundadores de la teoría subjetiva del valor”. Y por esta razón me he tomado la libertad de volver a utilizar el provocador título de “Mises no comprendió a Menger”. 

La crítica de Mises a Böhm-Bawerk

A continuación citamos la crítica que realiza Mises a los pioneros de la teoría del valor subjetivo y más específicamente a Eugene von Böhm-Bawerk:

No es raro que aquellos auténticos pioneros que no dudaron en abrir nuevos caminos para ellos mismos y para sus seguidores, rechazando decididamente anticuadas tradiciones y modos de pensar, retrocedieran ante las implicaciones de la rígida aplicación de sus propios principios. Cuando esto ocurre, los que vienen después tienen que emprender la labor de poner las cosas en su punto. Tal es el caso que nos ocupa.

Sobre el tema de la medida del valor, así como sobre otros varios estrechamente relacionados con él, los fundadores de la teoría subjetiva del valor se abstuvieron de desarrollar coherentemente sus propias doctrinas. Esto es especialmente aplicable a Bóhm-Bawerk. Por lo menos es particularmente sorprendente en él, ya que sus argumentos, de los que vamos a ocuparnos, pertenecen a un sistema que tiene todos los elementos de otra solución del problema, en mi opinión, más acertada, con tal de que su autor hubiera sacado de él las últimas consecuencias. (Mises, 1997)

Teoría del valor de Böhm-Bawerk

Uno de los objetivos de mi crítica a Mises y sus seguidores en esta serie, es dejar claro que las ideas de Mises no son necesariamente las de sus predecesores. Percibo muy a menudo que dentro de la escuela austriaca se tiende a asumir que Mises no contradice a sus antecesores, sino que los desarrolla siguiendo su misma línea sin contradicción alguna. Y no, esto no es así.

Y dice muy bien Mises que los que vienen después tienen que emprender la labor de poner las cosas en su punto. Si Mises cree que sus maestros estaban equivocados, la honestidad intelectual le debe llevar a cuestionarlos y ofrecer otra solución alternativa. Impecable actitud por su parte. Ahora bien, siguiendo ese razonamiento es labor de los que vienen detrás de Mises cuestionarlo a él también, ya sea para retomar el camino señalado por los pioneros anteriores a Mises, o para proponer otras alternativas distintas.

Como el cardinalismo de Böhm-Bawerk ya lo expone Mises claramente, aunque sea para criticarlo, no me voy a detener ahí. Böhm-Bawerk era sin ninguna duda cardinalista, así que en esta entrega vamos a centrarnos en demostrar que también Menger utilizó un enfoque indudablemente cardinalista en su obra principal Principios de Economía Política. Otros autores como Carlos Bondone, Ivan Moscati o anteriormente J. H. McCulloch ya señalaron la cardinalidad de Menger.

J. H. McCulloch sobre Menger

Dice McCulloch:

Un pasaje muy citado en Menger a menudo se utiliza como evidencia de que él era ordinalista, pero su significado es claramente cardinalista si lo leemos en contexto. Solo los economistas de la escuela austríaca posterior, como Mises, Bilimovic y Rothbard, pueden ser considerados como defensores firmes de una posición ordinal. (Traducción libre. McCulloch, 1977)

(Traducción libre. McCulloch, 1977)

Comencemos precisamente con ese tan citado pasaje de Menger, al que el mismísimo Hayek hace referencia en la introducción a Principios de Economía Política como prueba de que Menger era ordinalista:

No es necesario insistir en que las anteriores cifras no persiguen la finalidad de expresar numéricamente la magnitud absoluta, sino sólo la relativa de las correspondientes satisfacciones de necesidades. Si, por ejemplo, designamos con las cifras 40 y 20, respectivamente, la significación de la satisfacción de dos necesidades diferentes, con ello queremos decir simplemente que la primera tiene para el sujeto económico de referencia, doble significación que la segunda.

(Énfasis nuestro, Menger 2012)

Friedrich A. Hayek

Y esta es la interpretación de Hayek de este pasaje:

Aunque algunas veces habla de que el valor es mensurable, de sus explicaciones sedesprende claramente que lo único que pretende decir es que el valor de una mercancía cualquiera puede expresarse poniendo en su lugar otra mercancía del mismo valor. A propósito de las cifras que utiliza para mostrarnos la escala de utilidad, dice expresamente que no sirven para marcar la significación absoluta, sino sólo la relativa de las necesidades (Capítulo V – 3). Los ejemplos que pone permiten ver, ya desde el primer momento, que no está pensando en números cardinales, sino en ordinales (Capítulo III – 2) (Menger 2012)

Friedrich A. Hayek. Introducción a Principios de Economía de Carl Menger.

En primer lugar, no tiene ningún sentido afirmar que Menger no mide porque sólo pretende expresar el valor de una mercancía en términos de otra, cuando medir consiste precisamente en eso: en expresar la magnitud de una cosa en términos de otra. Y en segundo lugar, que una magnitud no sea absoluta no implica que no sea cardinal. Cuando Menger se refiere a las cifras 40 y 20 no se refiere a su orden relativo, es decir, que 40 es ordinalmente más importante que 20. Lo que dice, ¡literalmente!, es que 40 es el doble que 20. Es una relación proporcional y cardinal de magnitud, no de orden.  Lo que aquí trata de aclarar Menger es que la cifra 40 en sí misma no mide nada, que su propósito es únicamente representativo para poder compararla aritméticamente con otra cifra.

Vacas y caballos

Por si el lector pensara que se trata de un lapsus o una mera informalidad aislada a la hora de expresarse por parte de Menger, el anterior no es el único pasaje donde Menger utiliza la aritmética cardinal. En el ejemplo de las vacas y los caballos también dice lo siguiente:

Para mayor claridad, daremos una expresión numérica a la anterior relación. Podremos entonces expresar la significación escalonada de la satisfacción de las necesidades antes mencionadas mediante una serie de cifras, que van descendiendo en proporción aritmética, por ejemplo, según la serie: 50, 40, 30, 20, 10, 0

[..]

En efecto, para A un caballo sigue teniendo menor valor que la posesión de una nueva vaca (10 el caballo, 30 la vaca), mientras que para B la situación es la opuesta: una vaca valdría 10, un caballo 30 (es decir, tres veces más).

(Énfasis nuestro. Menger, 2012)

Aritmética cardinal

Como muy bien reitera Mises, en lo ordinal no cabe la aritmética cardinal. No tiene sentido hablar ni de proporción aritmética, ni del triple, ni de sumar ni de multiplicar (la aritmética ordinal también existe, pero no tiene nada que ver con la cardinal). Y vemos cómo Menger si que trabaja claramente con aritmética cardinal, véase también este otro pasaje donde Menger suma los incrementos de valor que obtienen las partes al intercambiar:

Llamemos A y B a las personas de referencia y designemos por 10a la cantidad del primer bien de que dispone A y 10b a la cantidad del segundo bien, de que dispone B. Llamemos W al valor que la cantidad 1a tiene para A. El valor que tendría 1b para A, caso de que pudiera disponer de él, equivaldría a W + x; llamaremos w al valor que 1b tiene para B y designaremos por w + y al valor que tendría 1a para B. Se ve entonces claro que mediante el traspaso de 1a de la disposición de A a la de B, y a inversa, de 1b de la disposición de B a la de A, éste ganaría el valor x, en tanto que B ganaría el valor y.

(Énfasis nuestro. Menger, 2012)

Quisiera resaltar que en absoluto cabe interpretar que cuando Menger habla de valorar un bien en términos de otro bien, es decir, que un caballo vale 3 vacas, esté hablando de precios. De ninguna manera. Cuando los granjeros valoran el triple el caballo que la vaca (o viceversa), no proceden a intercambiar tres a uno, sino uno a uno. El precio al que intercambian es un caballo por una vaca, que surge de las valoraciones totalmente distintas de tres a uno. No corresponde concluir que por el simple hecho de valorar un bien en términos de otro bien, sea alguno de los bienes dinero o no, estemos hablando de precios y no de valor.

No hay magnitudes absolutas 

Que las magnitudes de valor a las que se refiere Menger en el primer pasaje que hemos citado sean relativas y no absolutas no es nada distinto, por cierto, a lo que sucede en las ciencias naturales. Si por ejemplo la primera unidad de medida que se le ocurre utilizar al ser humano para medir distancias es un codo o un pie, ¿cuál es la magnitud absoluta de un pie? Ninguna. Podríamos cuantificar el pie en pulgadas, si, pero no salimos del problema ¿cuál es la magnitud absoluta de una pulgada? De nuevo, ninguna. 

Es muy cierto que en economía no existen las magnitudes absolutas de valor, pero es que tampoco existen las magnitudes absolutas en las ciencias naturales. Todo acto de medición es relativo por definición. La medición es una relación entre dos magnitudes: La magnitud a medir y la unidad de medida, y esta última puede ser cualquiera que consideremos conveniente. Cuestión diferente es la constancia de la unidad de medida, que si bien es indudablemente muy conveniente, no es un requisito necesario para poder medir.  El problema de la inconstancia de la unidad de medida lo abordaremos detalladamente en la siguiente entrega.

Una ilustración cardinal

Menger quiere aclarar que eligió, y vuelvo a citar literalmente: “por ejemplo, según la serie: 50, 40, 30, 20, 10, 0 ”, como podía haber elegido 0, 2, 4, 6, 8 y 10.  Advierte que no pretende afirmar que existan esas cifras en las mentes de los granjeros que intercambian vacas y caballos, de la misma forma que no existe ningún número absoluto en nuestra mente que represente la magnitud absoluta de un metro, lo que manejamos en nuestras mentes son vacas, caballos o metros. Menger solo pretende ilustrar proporciones cardinales relativas. Un caballo puede valer el doble que una vaca igual que una persona puede tener una altura del doble de un metro. Ni en el caso de la altura ni en el caso del valor manejamos magnitudes absolutas, la medida es siempre relativa de una cosa respecto a otra.

Esto lo aclara perfectamente Menger en otro pasaje donde nos explica que la medida del valor, y de cualquier otra magnitud, no es algo que pertenezca a la esencia de la cosa que queremos medir. La medida es un acto humano externo a las cosas, no está en las cosas. De la misma forma que un campo de fútbol no contiene metros ni yardas, el caballo tampoco contiene una utilidad de 2 vacas, sino que nosotros estimamos que en un momento concreto tiene para nosotros un valor relativo del doble con respecto a una vaca. Que lo expresemos a meros efectos ilustrativos como 2 a 1, 40 a 20, o 100 a 50 es, eso, una manera de ilustrar esta relación cardinal.

Determinación cuantitativa

Dice así el pasaje:

Knies reconoce —al igual que muchos de sus predecesores–  que el valor es el grado de utilidad de un bien para alcanzar los fines humanos. No puedo aceptar esta opinión tal como se la plantea, porque aunque es cierto que el valor es una magnitud que puede medirse, la medida no pertenece a su esencia, como tampoco forma parte de la esencia del tiempo o del espacio la circunstancia de que se les pueda medir

(Énfasis nuestro. Menger, 2012)

Y en el siguiente pasaje Menger nos explica que la medida de la significación de la satisfacción de nuestras necesidades es la importancia de dicha significación, y que dicha importancia se determina ¡cuantitativamente!  ¿Se puede ser más cardinal que esto?

En principio, y de forma directa, la satisfacción de nuestras necesidades sólo tiene para nosotros una significación que, en cada caso concreto, encuentra su medida en la importancia que para nuestra vida o nuestro bienestar tiene la correspondiente necesidad satisfecha. En un momento posterior trasladamos esta importancia —dentro de su determinación cuantitativa— a aquellos bienes concretos de los que sabemos que dependemos inmediatamente para la satisfacción de las necesidades de referencia, es decir, a los económicos del primer orden, a tenor de los principios expuestos en la sección anterior.

(Énfasis nuestro. Menger, 2012)

Lo cardinal incluye lo ordinal

Con respecto a todo lo anterior es importante tener en cuenta que lo cardinal incluye, lógicamente, a lo ordinal. Es decir, los números cardinales son un conjunto ordenado. Es evidente que de una valoración cardinal de distintos bienes podemos deducir  automáticamente un orden. De más importante a menos importante, y esto es lo que hace Menger en su famosa tabla. Pero de ahí no procede concluir que su exposición es estrictamente ordinal. Más bien todo lo contrario: La exposición es ordinal ¡porque es cardinal!  

Nótese además, que la implicación cardinal -> ordinal es de una sola dirección. Todo lo cardinal es ordinal por definición, pero no necesariamente al revés. En el turno de la cola de la pescadería no hay relación cardinal entre los ordinales “1º” y “2º”, solo hay orden. No cabe medir la diferencia de ninguna magnitud entre estos ordinales. Ni siquiera la diferencia de tiempo de llegada de los clientes, o la distancia física entre ellos, o que la intensidad de la prisa del segundo sea superior al del primero. Esta diferencias son nociones totalmente ajenas al concepto ordinal del turno. Al pescadero le dan exactamente igual esas diferencias, simplemente atenderá antes al primero que al segundo, nada más. En lo ordinal no hay magnitud ni intensidad, y si no hay magnitud no puede haber diferencia entre las magnitudes.

Magnitud intensiva

De hecho cabe decir que incluso Mises, que aboga radicalmente por el valor ordinal, reconoce claramente que el valor sí es una magnitud. Una magnitud intensiva no cuantitativa, pero magnitud al fin y al cabo. Cuando Mises dice magnitud intensiva se refiere a que dicha magnitud es una cualidad de la cosa, no una cantidad. Pero admite sin ningún problema que puedan existir diferencias de intensidad entre las valoraciones, y que son esas diferencias las que determinan su clasificación ordinal.

Lo que Mises niega es que dicha diferencia de intensidad pueda medirse y que por tanto sólo puede manifestarse al exterior de manera ordinal (prefiero el bien A al bien B). Por tanto, incluso Mises admite cierta cardinalidad “inmedible”, cardinalidad que simplemente no existe en el caso del primer y segundo turno de la cola de la pescadería, donde de ninguna manera cabe hablar de magnitud o intensidad, ni cardinal, ni medible, ni inmedible, ni cuantitativa, ni intensiva.

Dicho en otras palabras, para Mises es totalmente válido afirmar que un bien se valora muchísimo más que otro, aunque no pueda determinarse la diferencia. Que por ejemplo la diferencia de valoración entre el oro y la plata es menor que la diferencia de valoración entre el oro y el plomo. El plomo sería “mucho más Segundo” con respecto al oro que la plata, y estas diferencias de valor son relevantes e influyen a la hora de determinar los precios.

No hay magnitud ordinal

Pero insisto en que en lo estrictamente ordinal no cabe hablar de magnitud o intensidad alguna. No importa que quien te precede en el turno de la pescadería llegue un minuto o una hora antes que tú, o que tenga una prisa más intensa que la tuya. Tu segunda posición en la cola no guarda proporción o relación con ninguna magnitud ni intensidad, una vez eres segundo, eres segundo y ya está. Sin embargo, Mises sí contempla magnitudes de distinta intensidad, por tanto fracasa en su defensa de una estricta ordinalidad del valor y es incoherente al negar tajantemente la cardinalidad, porque en el marco de lo ordinal es totalmente improcedente hablar de magnitudes. Insisto de nuevo:  No existen las “magnitudes ordinales”, ni intensivas ni cuantitativas. 

Quisiera destacar que en la segunda edición de Principios de Economía Política que Menger estuvo revisando cuidadosamente durante décadas, los anteriores pasajes que hemos citado quedan inalterados. Es decir, después de presenciar aún en vida el debate entre Bohm-Bawerk y Cuhel, no modificó ni puntualizó ninguno de todas estos pasajes claramente cardinalistas. Incluso incorpora una nueva nota para aclarar el doble significado que en casi todos los idiomas atribuimos a la palabra valor. Utilizamos este término indistintamente tanto para referirnos al valor (subjetivo) como para referirnos al precio de un bien. Esta nota, es, en mi opinión un clarísimo apoyo a la postura de Bohm-Bawerk en el debate con Franz Cuhel sobre la medición cardinal del valor de un bien en términos de otros bienes.

Teoría del valor: comparación con otros bienes

Dicha nota dice así:

No podríamos entendernos con otros tratando cuestiones económicas si no pudiéramos distinguir la importancia a la que llamamos valor según su extensión y especificar su medida de una manera comprensible para los demás. Un medio inmediato (un tipo de medida) para medir el valor presupone un alto grado de abstracción, aunque el valor sea un fenómeno muy familiar; dado su carácter subjetivo, esta medida no sería absoluta y válida para todas las manifestaciones del valor y, por lo tanto, no serviría al propósito práctico que hemos definido.

Es natural, por lo tanto, que los seres humanos hayan intentado hacer comprender a los demás la significación de la importancia que ciertos bienes tienen para ellos, no a través de unidades de medida, sino mediante el valor que otros bienes tienen para ellos. Por lo tanto, en lugar de describir a una tercera persona la magnitud de la importancia que un bien tiene para nosotros, preferimos indicar otros bienes que ellos conocen y cuyo valor es igual, para nosotros, al de los bienes mencionados. De esta manera, los demás pueden entender la magnitud de la importancia que tiene para nosotros el bien del cual se quiere establecer el valor. Decimos así que un bien determinado vale para nosotros tanto como diez fanegas de trigo o treinta táleros.

(Traducción libre. Menger, 2013)

Unos bienes comparados con otros

Menger nos explica que cuando nos referimos al valor subjetivo, no al precio, lo hacemos también en términos de otros bienes. Esta cuestión la analizaremos con detalle en la siguiente entrega. Pero es importante darse cuenta que cuando pensamos que un bien vale para nosotros treinta táleros (“vale” en un sentido de valor subjetivo) no se trataría de un precio porque a igualdad de valor no hay ganancia en el intercambio. No tiene sentido económico intercambiar y por tanto nunca se llegaría a dar ese precio. En todo caso, si yo soy el dueño de ese bien, el precio resultante que podría resultar de esa valoración sería 31 táleros o más, pero nunca 30.

Hemos demostrado que la teoría del valor de Menger es cardinalista, y que para Menger el valor es medible. Así lo expone a lo largo de su obra, y además así lo afirma explícitamente. En la siguiente entrega abordaremos el problema de la inconstancia de la unidad de medida y trataremos de demostrar que el enfoque cardinalista explica mejor la realidad y que en lugar de arrinconar la magnitud del valor como algo oscuro e incognoscible, nos aporta luz a la hora de explicar la causalidad de los precios desde un punto de vista totalmente subjetivista y siguiendo fielmente el camino iniciado por Carl Menger.

Con este enfoque podremos superar el modelo dominante de oferta y demanda basado en costes para explicar los precios y abrimos además la posibilidad de corroborar matemáticamente la teoría del valor subjetivo, corroboración que en mi opinión lleva a cabo con gran éxito Carlos Bondone en su trabajo Teoría Económica Subjetiva Solidaria.

Bibliografía
Ver también

El lenguaje económico (II): las matemáticas. (José Hernández Cabrera).

Ordinalidad, cardinalidad, e intensidad de las preferencias. (Fernando Herrera).

Serie De nuevo, Mises no comprendió a Menger

(I) Ordinal vs. cardinal

Serie Mises no comprendió a Menger

IIIIII, IV

La economía a través del tiempo (XVII): Grecia, Escuela Austriaca y el buen conflicto

Antes de entrar en pensadores concretos, puede resultar interesante detenerse en la interpretación austriaca del pensamiento económico griego. Para ello, Huerta de Soto (2022) -uno de los mayores exponentes de la Escuela Austriaca- dedicó un extenso artículo en el que se posiciona sobre diferentes autores. En términos generales, el profesor considera que los antiguos griegos “fracasaron en su intento a la hora de comprender los principios esenciales del orden espontáneo del mercado y del proceso dinámico de cooperación social que les rodeaba” (p.4).

Así, Huerta considera que los helenos consiguieron realizar numerosos avances en todas las disciplinas humanísticas, pero fallaron a la hora de definir con exactitud esos procesos de mercado. Es más, el catedrático plantea que existió cierta simbiosis entre gobernantes y economía, siendo esta una herramienta para el poder en vez de pararse a analizar los fenómenos concretos que se daban en la realidad.

Desde la Escuela austríaca

El profesor analiza varios autores, pero este artículo va a detenerse en el análisis de Hesíodo, aunque este escritor será analizado en posteriores capítulos. En concreto, se verá el concepto buen conflicto, mencionado por Rothbard y por Huerta de Soto. Esta idea es importante pues, para ambos austriacos, vendría a representar un primitivo ímpetu empresarial, un espíritu de competencia leal.

Huerta de Soto (2022, 6) dice lo siguiente: “Hesíodo se refiere a la competencia por emulación, que él denomina buen conflicto, como una fuerza vital de tipo empresarial que hace posible superar en muchas circunstancias los grandes problemas que plantea la escasez de recursos”.

Por su parte, Rothbard (2006) afirma: “Para Hesíodo, la emulación conduce al sano desarrollo de un espíritu de competencia, que él llama buen conflicto, una fuerza vital para aliviar el problema básico de la escasez”.

Ambos se están refiriendo a los dos tipos de Eris (discordia o conflicto) que aparecen en el Los Trabajos y Los Días (Hesíodo, 2006). El verso exacto donde Hesíodo empieza a hablar sobre las dos Eris es el verso 11.

Los trabajos y los días

Hesíodo explica la diferencia entre la Eris mala, que fomenta la guerra y la discordia destructiva, y la Eris buena, que incita a la competencia saludable y al esfuerzo productivo. Esta distinción muestra que el conflicto puede tener un aspecto positivo cuando lleva a la mejora y al progreso:

No era en realidad una sola la especie de las Érides, sino que existen dos sobre la tierra. A una, todo aquel que logre comprenderla la bendecirá; la otra, en cambio, sólo merece reproches. Son de índole distinta; pues ésta favorece la guerra funesta y las pendencias, la muy cruel. Ningún mortal la quiere, sino que a la fuerza, por voluntad de los inmortales, veneran a la Eris amarga. A la otra la parió primera la Noche tenebrosa y la puso el Crónida de alto trono que habita en el éter, dentro de las raíces de la tierra y es mucho más útil para los hombres: ella estimula al trabajo incluso al holgazán; pues todo el que ve rico a otro que se desvive en arar o plantar y procurarse una buena casa, está ansioso por el trabajo.

El vecino envidia al vecino que se apresura a la riqueza -buena es esta Eris para los mortales-, el alfarero tiene inquina del alfarero y el artesano del artesano, el pobre está celoso del pobre y el aedo del aedo. ¡Oh Perses!, grábate tú esto en el corazón y que la Eris gustosa del mal no aparte tu voluntad del trabajo, preocupado por acechar los pleitos del ágora; pues poco le dura el interés por los litigios y las reuniones públicas a aquel en cuya casa no se encuentra en abundancia el sazonado sustento, el grano de Deméter, que la tierra produce. Cuando te hayas provisto bien de él, entonces sí que puedes suscitar querellas y pleitos sobre haciendas ajenas (pp. 62-63).

El espíritu creativo asociado a la competencia

En estas palabras, los austriacos ven ese espíritu creativo fomentado por el ejemplo a través de la competencia, la imitación conducida por la envidia sana. Sin embargo, otros autores han interpretado esto, más bien, como el nacimiento de una dialéctica primitiva (de Oliveira Mendonça, 89-90). Así, la sobreposición de Eris vendría a ser una “lógica dialógica” en la que la oposición genera algo nuevo, mayor que las partes de forma individual. Una especie de antesala de la tesis, antítesis y síntesis que muestra cómo emerge lo nuevo de las contradicciones.

La interpretación de Eris como el inicio de la dialéctica es una perspectiva interesante. La dialéctica, en términos filosóficos, es el proceso de argumentación que busca la verdad a través del diálogo y la resolución de contradicciones. La Eris buena fomenta la competencia y el esfuerzo constructivo, lo que a su vez puede llevar a un proceso de mejora continua y avance a través de la resolución de conflictos, algo muy parecido a lo que se conoce actualmente como dialéctica.

Eris

La Eris buena incita a las personas a esforzarse y competir de manera saludable, lo cual puede ser visto como un tipo de diálogo en el sentido de que las personas se superan mutuamente y buscan la excelencia a través de la emulación y la competencia. Este proceso de superación y mejora continua tiene elementos en común con la dialéctica, donde las ideas se confrontan y refinan hasta alcanzar un mayor entendimiento o verdad.

Aunque no se puede afirmar que Hesíodo introdujo la dialéctica en el sentido filosófico que desarrollaron posteriormente pensadores como Sócrates, Platón y Aristóteles, la idea de un conflicto constructivo que lleva al progreso puede considerarse un antecedente conceptual.

La Eris buena representa un reconocimiento temprano de que el conflicto no siempre es destructivo, sino que puede ser una fuerza motriz para el crecimiento y la mejora, un principio que subyace en la dialéctica filosófica. Para Huerta de Soto (2022, 6), sin embargo, esto no es así, sino que el buen conflicto es algo cercano a la “correcta concepción del orden espontáneo del mercado”, algo de lo que podría presumir también Demócrito.

Bibliografía

Hesíodo (2006) Teogonía. Gredos

Huerta de Soto, J. (2022). El pensamiento económico en la Antigua Grecia. Cuadernos Para el Avance la Libertad, 11.

Rothbard, M. N. (2006). Todo comenzó, como es usual, con los griegos. Mises Institute. https://mises.org/es/mises-daily/todo-comenzo-como-es-usual-con-los-griegos

de Oliveira Mendonça, A. L. (2016) Tributo à Éris: A Dialética Como a Luta Essencial da Condição Humana. Intervozes–trabalho, saúde, cultura, 87

Serie La economía a través del tiempo

Cinco vías para hacer que el libertarismo avance

Por Randy Barnett. El artículo Cinco vías para hacer que el libertarismo avance fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Como describo en mis nuevas memorias, A Life for Liberty: The Making of an American Originalist, siempre he estado en la derecha. En 1964, a la edad de 12 años, debatí a favor de Barry Goldwater ante todo el alumnado de mi escuela primaria. En mi corazón de niño de 12 años, sabía que tenía razón.

Pero, en mi primer año en la Universidad Northwestern, pasé de ser un conservador a lo William F. Buckley a un libertario. En mi último año, organicé e impartí un seminario acreditado sobre libertarismo. Luego, en otoño de mi primer año de Derecho, conocí a Murray Rothbard y a todo el círculo neoyorquino de intelectuales libertarios, y me hice amigo suyo.

En el segundo semestre de Derecho, ya formaba parte de la junta directiva del Center for Libertarian Studies, que celebraba conferencias anuales de académicos libertarios, cuyas ponencias se publicaban en su Journal of Libertarian Studies. En mi tercer año de licenciatura, organicé en nombre del Centro una conferencia del Liberty Fund sobre la filosofía del delito y el castigo que se celebró en la Facultad de Derecho de Harvard.

Ya en los años setenta, el libertarismo era un proyecto intelectual internamente controvertido, no un conjunto rígidamente fijo de posiciones políticas. Pero a diferencia del originalismo, que se ha beneficiado de 20 años de debate intelectual interno entre los originalistas, el liberalismo se ha congelado en gran medida en ámbar desde la década de 1970.

Cómo mejorar el libertarismo

Veo cinco formas distintas en las que la teoría libertaria necesita mejorar su juego.

En primer lugar, la necesidad de una ética de derecho natural además de los derechos naturales; en segundo lugar, la necesidad de distinguir entre la teoría ideal libertaria y el libertarismo de segunda clase en un mundo de gobiernos y naciones en competencia; en tercer lugar, la necesidad de una teoría libertaria de la ciudadanía y los derechos civiles; en cuarto lugar, la necesidad de separar el binario público-privado del binario gobierno-no gobierno; y en quinto lugar, la necesidad de una teoría más refinada del poder corporativo y los derechos corporativos.

Esta postura se asemeja mucho a la de Frank Meyer, de la National Review, tal y como explicó en su libro de 1962 In defense of freedom. A menudo se ha interpretado erróneamente que Meyer abogaba por una fusión entre el libertarismo y el conservadurismo. Sin embargo, repudió explícitamente este objetivo y subrayó que su verdadera intención era crear una fusión entre el libertarismo y la idea de virtud.

Permítanme referirme brevemente a cada una de ellas.

Locke, pero también Aristóteles

En primer lugar, la concepción lockeana de los derechos naturales debe complementarse con una concepción más aristotélico-tomista del derecho natural y del bien para los seres humanos. Tengo en mente el tipo de enfoque adoptado por mi profesor, Henry Veatch, en su libro de 1987 Human Rights: Fact or Fancy? (Los derechos humanos: ¿realidad o fantasía?), que ofrece una explicación persuasiva de cómo el florecimiento humano y “el bien común” se relacionan con los derechos naturales e inalienables a la vida, la libertad y la propiedad. En esta línea, recomiendo los escritos “neoaristotélicos” de Douglas Rasmussen y Douglas Den Uyl.

Murray N. Rothbard

Incluso un libertario radical como Murray Rothbard reconoció esta misma relación. Como escribió en 1981

Sólo un imbécil podría sostener que la libertad es el principio supremo o, de hecho, el único principio o fin de la vida. La libertad es necesaria e integral para la consecución de cualquiera de los fines del hombre.

(La libertad) es el fin político más elevado, no el fin más elevado del hombre per se; de hecho, sería difícil hacer que tal posición tuviera algún sentido o coherencia.

Murray N. Rothbard. Frank S. Meyer: The Fusionist as Libertarian.

Una concepción de los derechos naturales basada en la ética del derecho natural y en el fin del florecimiento humano puede ofrecer una explicación coherente del bien común. Y puede rebatir las afirmaciones de conservadores como Adrian Vermuelle y Patrick Deneen, que afirman que el gobierno debería limitarse a perseguir directamente el bien común, en lugar de proteger los derechos naturales y civiles individuales de las personas.

La teoría del segundo mejor

En segundo lugar, el libertarismo en sus variedades más radicales debe verse como una forma de lo que los filósofos llaman “teoría ideal”. Los derechos naturales que los libertarios insisten en que son primarios se adhieren a las personas en virtud de su humanidad, e independientemente de cualquier gobierno. En este sentido, el libertarismo es una teoría de la justicia ideal en el “estado de naturaleza” sin ningún gobierno. Un mundo así carecería, por definición, de fronteras nacionales.

Lo que el liberalismo también necesita es una teoría del segundo mejor. El liberalismo debe adaptarse mejor a un mundo no ideal, es decir, al mundo real de las naciones en competencia. Un enfoque libertario del nacionalismo, por ejemplo, se tomaría en serio la competencia entre diferentes formas de gobierno que son mejores y peores desde una perspectiva libertaria. Explica exactamente por qué uno debería estar orgulloso de ser estadounidense basándose en los ideales que defiende.

El libertarismo carece de una teoría de los derechos civiles

En tercer lugar, la separación y diversidad de formas de gobierno que compiten entre sí conlleva la necesidad de una teoría de la ciudadanía de la que ahora carece el libertarismo. Dado que la teoría ideal del liberalismo se basa en los derechos naturales -es decir, los derechos que todas las personas pueden reclamar en un estado de naturaleza o un estado prepolítico-, el liberalismo carece de una concepción de los derechos civiles.

Los derechos civiles son los derechos legalmente exigibles que uno recibe cuando abandona el estado de naturaleza y entra en la “sociedad civil” con los demás. Son los derechos, privilegios e inmunidades que los miembros de cada sociedad civil -que ostentan la condición de ciudadanos- pueden reclamar a sus conciudadanos, así como al gobierno. Como decían los anuncios de American Express: “Ser miembro tiene sus privilegios”.

Aunque el libertarismo moderno carece de una teoría de la ciudadanía y los derechos civiles, como Evan Bernick y yo hemos explicado en otro lugar, ambos conceptos fueron entendidos y afirmados por los abolicionistas libertarios del siglo XIX y, finalmente, por el Partido Republicano antiesclavista. Sin dejar de afirmar la importancia de los derechos naturales, estos libertarios del siglo XIX desarrollaron una concepción de la ciudadanía y de los derechos civiles, privilegios e inmunidades que conlleva la pertenencia a uno de los muchos regímenes en liza.

Dos dicotomías diferentes

En cuarto lugar, para dar cuerpo a la concepción de la ciudadanía y los derechos civiles, el libertarismo necesita reconocer que “público-privado” y “gobierno-no gobierno” no son uno, sino dos binarios distintos. Los ciudadanos libres pueden ser excluidos legítimamente de espacios privados no gubernamentales como nuestros hogares y nuestras camas, y también de espacios privados gubernamentales como las bases militares.

Pero la ciudadanía libre puede conllevar el privilegio de acceder a espacios y servicios públicos, ya sean gubernamentales (como calles, aceras y parques) o no gubernamentales (como lugares de alojamiento público y empresas de transporte público) sin ser objeto de discriminación arbitraria. Esto también fue reconocido por los republicanos cuando promulgaron la Ley de Derechos Civiles de 1875, que prohibía la discriminación por motivos de raza.

Contra el fascismo corporativo

Por último, los libertarios deben estar tan preocupados por el fascismo estatal corporativo como por el socialismo estatal. No hay corporaciones en el estado de naturaleza. Como algunos libertarios del siglo XIX reconocieron -y algunos libertarios de izquierdas insisten hoy- llega un punto en el que el tamaño y el alcance de las corporaciones privadas pueden suponer una amenaza tan grande, si no mayor, para la libertad que el poder del gobierno, especialmente cuando ambos se entrelazan de formas que son difíciles de separar en la práctica, como hemos presenciado en los últimos años.

Imaginemos, por ejemplo, que el puñado actual de proveedores de telefonía móvil empezara a filtrar electrónicamente nuestras llamadas en busca de comunicaciones subversivas, cancelando aquellas que transgredieran alguna supuesta norma moral. ¿El hecho de que sean “no gubernamentales” las convertiría en una amenaza menor para la libertad individual?

Quizás lo más complicado

Admito que reconsiderar los derechos de las empresas “privadas” puede ser la más difícil de las cinco posibles actualizaciones del libertarismo que sugiero que son necesarias. Un primer paso puede ser reconocer que no todas las empresas son iguales. Algunas, como Citizens United, los Boy Scouts y las Hermanitas de los Pobres, son realmente asociaciones de personas físicas cuyos derechos naturales y civiles deberían estar legalmente protegidos frente al gobierno. Pero otras, como las empresas que cotizan en bolsa y cuya propiedad y control se han separado, son más parecidas a “criaturas del Estado” artificiales, cuya naturaleza exacta está sujeta a regulación pública para proteger la libertad del individuo.

Tal vez las amenazas a la libertad individual que plantea el poder de las empresas puedan resolverse completamente con la cuarta actualización propuesta, que identifica las categorías de lugares de alojamiento público y empresas de transporte público. Pero la quinta actualización puede ser necesaria cuando las grandes empresas aleguen que sus derechos de expresión protegidos por la Constitución prevalecen sobre estas formas de regulación legal.

¿Sería un libertarismo libertario?

Entonces, si el libertarismo se actualiza o revisa para incorporar algunas o todas estas cinco características, ¿sigue siendo justo llamarlo “libertarismo”? Para responder a esto, permítanme terminar con una anécdota que cuento en Una vida por la libertad. Cuando era estudiante de tercer año, hice un estudio independiente con Ronald Dworkin, que estaba de visita en Harvard desde Oxford. Escribí un artículo en el que criticaba un capítulo del libro de Dworkin recién publicado, Taking Rights Seriously.

En ese capítulo, sostenía que es “absurdo suponer que los hombres y las mujeres tienen algún derecho general a la libertad, al menos tal y como la han concebido tradicionalmente sus defensores”. No existe un derecho general a la libertad, sostenía Dworkin, porque “no tengo derecho político a conducir por la Avenida Lexington”. Esto se debe a que, “si el gobierno decide hacer que la Avenida Lexington sea de sentido único en el centro de la ciudad, está suficientemente justificado que esto sería de interés general, y sería ridículo que yo argumentara que, por alguna razón, sería, sin embargo, incorrecto”.

En mi artículo, titulado “Tomarse en serio la libertad”, sostenía que esto no era una refutación del derecho general a la libertad porque la libertad tenía que definirse mediante un esquema de fondo de derechos de propiedad. En un mundo libertario, uno no tiene derecho a hacer lo que quiera. Sólo tienes derecho a hacer lo que quieras con lo que es tuyo.

Ronald Dworkin

Nuestra reunión para discutir el borrador de mi artículo se impartió al estilo de una tutoría de Oxford. Lo que más me impresionó fue que Dworkin no se opusiera directamente a esta crítica de su trabajo. En lugar de eso, se metió en mi argumento para analizar qué necesitaba para que funcionara. Uno de sus retos se me ha quedado grabado hasta hoy.

Me preguntó: “Si pudiera elegir entre un mundo con más libertad y menos propiedad, o más propiedad y menos libertad, ¿qué elegiría?”. Tras detenerme un momento, respondí: “Más propiedad”. Esta era, después de todo, la respuesta libertaria rothbardiana. “Bueno”, replicó, “entonces no eres un libertario. Eres un propertario”.

Ahora creo que respondería a esta pregunta de otra manera. Los libertarios deben preocuparse más por las amenazas a la libertad humana que provienen tanto del poder privado como del público, tanto de actores no gubernamentales como gubernamentales. Sin embargo, a diferencia de la izquierda, que pretende acabar con la distinción entre lo público y lo privado y hacer que todo sea “público”, los libertarios, los conservadores e incluso los liberales modernos deben preservar la distinción entre lo público y lo privado. Esa preservación nos plantea un reto mayor a la hora de identificar exactamente qué límites al poder ejercido por actores no gubernamentales están justificados.

Pero esta dificultad conceptual hace que no sea menos importante para el liberalismo comprender cómo la libertad necesaria para el florecimiento humano individual merece ser protegida en el mundo real tanto de los actores gubernamentales como de los no gubernamentales. Puede que los libertarios necesiten ser un poco más libertarios y un poco menos propertarios.

Discurso de recepción del Premio Juan de Mariana de Javier Milei

Buenas noches. En primer lugar, quiero dar las gracias al Instituto Juan de Mariana por esta enorme distinción. Hace un año, por estos temas de las campañas y demás, con mi hermana nos tocó venir a Madrid. En esas casualidades, o las fuerzas del cielo, o el orden espontáneo, me llevaron a ponerme en contacto con Manuel Llamas, y por responsabilidad de él, tuve el honor de venir a la cena en la cual se premiaba al doctor Anxo Bastos, a quien tanto admiro, como tantos otros a quienes ya voy a mencionar.

También tuve la suerte de que ese día me tocara la mesa Murray Rothbard. Hoy creo que fue más que una casualidad, porque, de hecho, gracias a leer el artículo de Murray Rothbard, Monopolio y Competencia, yo me convertí a la escuela austriaca, en una edición publicada por Libertas, que había sido traducida por el papá de nuestro prócer de la libertad y, claramente, uno de mis mentores, el doctor Alberto Venegas Lynch (hijo), a quien tanto le debo y con quien tengo tanta gratitud por todo lo que ha enseñado y por su generosidad para conmigo. También, en un contexto bastante hostil en el cual fui desarrollando mi presencia en el liberalismo y en la política.

Agradecimientos a Jesús Huerta de Soto, Gabriel Calzada y Ricardo Rojas

Y en ese contexto, también quiero dar las gracias por las palabras del profesor Huerta de Soto. Ha sido tan importante inspirándonos a todos, donde sus clases en YouTube son una verdadera revolución. También quiero dar las gracias por las palabras del profesor Ricardo Manuel Rojas, que en algunas partes, ahora cuando hablo, lo voy a mencionar. Siempre ha sido tan generoso conmigo y en varias ocasiones me ha ayudado mucho.

También quiero darle las gracias a Gabriel Calzada. Tuve la oportunidad de conocerlo en la Universidad Francisco Marroquín, cuando fui a presentar un libro que se llama Desenmascarando la mentira keynesiana. Todavía mi profundidad en la escuela austríaca no era la que tuve en el futuro, pero ya había claros indicios de que, por lo menos, sabía por dónde andaba la cosa, al menos.

Y en esta charla, para hoy, yo tenía preparada una suerte de síntesis de mi reciente libro, que se llama Capitalismo, Socialismo y la Trampa Neoclásica. Básicamente, dice de la teoría económica a la acción política. Es un libro donde básicamente exploro los problemas de diseño de la teoría neoclásica y cómo ello conduce al socialismo. Son cinco bloques y me pareció que, a la luz de los discursos y a la luz de las interacciones que fui teniendo, puede que pueda aportar algo de valor contándoles mi experiencia, sobre todo en lo que tiene que ver con la política.

“Nosotros interpretamos la economía desde una cuestión moral”

Entonces, la charla la voy a particionar. Voy a hablar un poco de lo que tiene que ver con las cosas que estamos haciendo en el gobierno y, por otra parte, después voy a entrar en el tema de la discusión que quería dar, pero de manera mucho más sintética y mucho más concentrada.

Una de las cosas que mencionó el profesor Huerta de Soto, extremadamente valiosas, es cuando él señala el rol del conocimiento de la teoría económica. Les puedo asegurar que eso es fundamental. Hay un dicho que a mí me gusta repetir recurrentemente, que dice: “El que no sabe lo que busca no entiende lo que encuentra”, y esto tiene un rol fundamental cuando uno diseña la política económica y cómo uno se aferra a ese rumbo. Desde el primer momento supimos hacia dónde queremos ir, es decir, el norte está claro. Nosotros queremos ir ahí, y eso viene dado por todo lo que uno hace, su background, la forma en la cual se ve la economía.

Pero no es solamente la cuestión de la economía. Nosotros interpretamos la economía desde una cuestión moral. El diseño de la política económica tiene que ver con una cuestión fundamentalmente moral, es decir, cuáles son los valores que están detrás de eso. Y claramente, frente a eso, nada puede contra el liberalismo.

El liberalismo

Por eso, recurrentemente, en nuestros actos de campaña cerrábamos con la definición de liberalismo de Alberto Benegas Lynch (hijo), con algunas mutaciones que yo le hice: el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en la defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad.

Sus instituciones son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia (pero en el sentido austríaco, no en el sentido neoclásico), la división del trabajo, la cooperación social, y donde solamente se puede ser exitoso sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad y de mejor precio. En ese sentido, eso es un marco rector, y nosotros como objetivo tenemos que hacer que Argentina vuelva a ser grande nuevamente. La única forma de lograr eso es que Argentina vuelva a ser libre nuevamente. Y eso es lo que marca el norte.

Poderes constituídos y liberales egipcios

La verdad es que cuando ustedes plantean el objetivo, les aviso que no es un movimiento rectilíneo uniforme. Es decir, uno no va zigzagueando porque es un imbécil ineficiente, sino que en el medio puede ser que haya pozos; que haya un montón de cosas, y las tiene que ir esquivando. Y no solamente eso, sino que también se encuentra con otros problemas, donde los oponentes políticos también disparan. Entonces, ustedes están esquivando los pozos en el camino, y mientras están esquivando, los opositores están disparando. Y no solo que están los opositores están disparando, sino que, además, como si todo eso fuera poco, como nosotros decidimos cortar la publicidad oficial, los medios de comunicación se dedican todo el tiempo a estar hablando pestes de nosotros.

Como si esto fuera poco, mientras defendemos las ideas de la libertad, también aparecen los liberales egipcios, que por un lado hablan de libertad y por el otro le venden la patente de corso al mejor postor. Hasta hablan de la eficiencia del gasto público. Y no solo eso, uno tiene que seguir avanzando y peleando por las ideas, y lo peor de todo es que hasta tiene que lidiar con las mentiras y demás.

En ese sentido, les voy a contar mi versión de dónde nos encontramos, de lo que estamos haciendo y a dónde estamos yendo, para empezar a discutir algo del trasfondo teórico que, desde mi punto de vista, es importante.

Déficit fiscales

Cuando nosotros llegamos al poder, los déficits gemelos de Argentina ascendían a 17 puntos del PBI. Básicamente, ustedes saben, aquellos que hayan estudiado toda la literatura de indicadores tempranos de crisis, que los déficits gemelos por cuatro puntos del PBI es una luz amarilla; ocho puntos del PBI es alerta de cataclismo.

Imagínense recibir 17 puntos del PBI de déficits gemelos. Eso es lo que nosotros recibimos. Estructuralmente, de esos 17 puntos, 15 estaban en el sector público nacional, donde cinco puntos correspondían al déficit del Tesoro y 10 puntos del PBI en el Banco Central, es decir, el déficit cuasi fiscal.

Para tener una idea de los desmadres monetarios que hizo el Gobierno anterior, a lo largo de 4 años habían emitido para financiar el fisco 28 puntos del PBI. De esos 28, 13 fueron emitidos durante el último año de gobierno, en la aventura electoral en la cual se lanzaron tratando de ganar como fuera. De hecho, entre otras cosas, siendo la campaña sucia más grande de la historia de la humanidad, donde, por ejemplo, un determinado gobierno al gobierno oficialista le dio 1000 millones de dólares para gastar en ensuciar al que fuera a correr esa elección.

Por eso, en algún momento, ustedes entraban en YouTube en cualquier parte del mundo, querían chequear o ver un video mío, y les aparece algo diciendo que yo estaba diciendo alguna atrocidad. Si estas cosas eran levantadas por personas que aún sabiendo que eran mentiras. Es más, en una de esas mentiras que hizo alguien ligado al liberalismo, por poco mata a nuestro candidato a ministro de educación, que le dio problemas cardíacos y casi lo terminan demandando por algo que supuestamente filtró uno de los nuestros.

Campaña con una motosierra

En ese sentido, lo que quiero señalar es que nosotros a la campaña le hicimos con una motosierra, que tenía que ver con el recorte del gasto público con 1 dólar, que era la forma popular que la gente entendió la competencia de monedas y eliminar el Banco Central. Pero nos dijeron que era imposible. De hecho, hoy los sommeliers del ajuste y que hablan y que el ajuste y que es más, tijerita y licuadora. Yo no sabía que si el 90% del ajuste es ajuste de motosierra, a eso lo llaman tijerita. Es un problema de orden de magnitudes, es decir, el 10% del ajuste es licuadora. Pero bueno, así son de honestos intelectualmente algunos economistas.

Lo lamentable, que esas cosas también lo repiten los liberales, que más grave aún, pero algunos están vendidos y cobran para repetir este tipo de aberraciones. En este sentido, una de las cosas más formidables que nos pasó es que cuando tuvimos la primera reunión de gabinete, cuando empecé a decir lo que queríamos hacer, algunas partes dijeron que lo que yo quería hacer era imposible.

Por lo tanto, dije que aquellos que creían que era imposible que se fueran, porque sí iba. Era un día de 40 grados, o sea, si yo iba le preguntaba al heladero de la esquina vendiendo helados, también decía que era imposible. Así que a mí no me importaba si me decían que era imposible, a mí me tenían que traer cómo se hacía lo que yo quería hacer. Y así empezamos e hicimos el ajuste fiscal. De hecho, hicimos el ajuste fiscal más grande en la historia de la humanidad, no solo el de la Argentina.

Hacia la hiperinflación

En el inicio, básicamente con el desastre con lo que nos encontrábamos, habíamos visto que teníamos que frenar la emisión monetaria. En la primera semana de diciembre, los precios subían al 1% diario, es decir, al 3700% anual. Y en los primeros 15 días de diciembre, se había acelerado a un ritmo del 7500% anual.

No solo eso, sino que cuando ustedes toman la inflación mayorista, que es un indicador anticipado de la inflación, de hecho la inflación de diciembre fue del 54%. Eso anualizado da 17.000%. Entiendo, que la inflación del 35% del último mes es un número espantosamente alto y que, anualizándolo, es al 50% anual. Pero la verdad es que pasar de 17.000 a 50% anual sin tener la hiperinflación en el medio que licue los salarios reales, sin tener controles de precio, sin fijar el tipo de cambio y sin tener expropiaciones, vaya que es una aventura increíble.

Pero es más, la dificultad monetaria no solo era por todo lo que había emitido el gobierno anterior, no era solo el problema de la financiación del fisco, sino que también era el problema de los pasivos remunerados que nos generaban 10 puntos de déficit fiscal. En ese sentido, también tuvimos que tomar estrategias bastante difíciles donde los pifiadores seriales que hoy siguen criticando, la erraron, pero ninguno reconoce que la erró. Porque nosotros, en lugar de buscar ir a una tasa de interés real positiva, lo que nosotros buscamos es arbitrar con la moneda extranjera, con el dólar contra el que los argentinos sustituyen. Entonces, eso implicaba una alta tasa en dólares, pero en términos reales negativos.

Los pasivos remunerados

Y si la esterilización funcionaba, nos iba a permitir además bajar fuertemente los pasivos remunerados y al mismo tiempo la tasa de interés, que estaba arriba del 250%. Hoy está en el 40% y el déficit cuasifiscal de 10 puntos del PBI va a terminar siendo de un punto, por lo que ya corrió, no por lo que viene para adelante.

Y esto también es importante, porque el gobierno anterior, donde esa deuda con el Banco Central estaba 30, 60, 90, 120, 180, 270 y 360 días, no sé si ingenuamente, pero la pasaron toda a un día. Esto no lo hicieron por casualidad, no lo hicieron inocentemente. Argentina tenía una brecha cambiaria del 200%, la relación del tipo de cambio entre el paralelo y el oficial era de 3 a 1. Además, tenía deuda con importadores por el equivalente a 50.000 millones de dólares, por lo cual parte del sistema productivo estaba parado, porque ya nadie podía importar.

Además, Argentina tenía el crédito, el acuerdo con el fondo caído, teníamos 25.000 millones de dólares de deuda que vencían externamente, donde la gran mayoría eran con organismos multilaterales. Y estábamos con ese problema. Teníamos cerca de 15.000 millones de dólares de dividendos retenidos, teníamos vencimientos de deuda en pesos por el equivalente a 90,000 millones de dólares. Entonces, básicamente, los pasivos remunerados serán prácticamente cuatro veces la base monetaria.

Una bomba de relojería hacia la hiperinflación

Por lo tanto, ¿cuál era la gran apuesta del gobierno anterior? Era que nosotros no fuéramos liberales libertarios, sino que fuéramos liberales libertarados. En esa situación, ellos creían que nosotros íbamos a ignorar las relaciones entre stock y flujos y que un stock en esas características se podía convertir en un flujo instantáneamente. Y de esa manera, en un día, se iba a multiplicar entre 4 y 5 veces la cantidad de dinero. Y vamos a tener todo el estrangulamiento de las divisas que querían salir. En ese contexto, hubiéramos generado una hiperinflación y después la maquinaria peronista de los saqueos y demás hubiera hecho todo el trabajo durante el mes de diciembre, lo que quedaba de diciembre para ellos volver en el mes de enero.

Reaccionamos frente a esa situación, siendo muy críticos por los liberales, en especial por los liberales egipcios. En ese sentido, sobre lo que nosotros decidimos, sí hubo un uso intensivo de la teoría económica. Nosotros estábamos en el Hotel Libertador y los colores del hotel son violeta, es decir, más orden espontáneo imposible. Entonces, estábamos con Luis “Toto” Caputo, este brillante hombre que tengo como ministro de economía, quien hoy es presidente del Banco Central. Santiago Bausili también estaba en esa reunión, más Fede Furiasey Martín Voltaire. Y había que decidir dónde poner el tipo de cambio. Sabíamos que si abríamos, generábamos un desastre. Sabíamos que íbamos a ser castigados por los liberales libertarios o aquellos que omiten el problema de los stocks. Les valdría bien el otro apodo.

La cuestión del tipo de cambio

Y una de las cosas: el consenso de mercado tan fatalmente arrogante, decía que había que poner el tipo de cambio en 600 pesos. Y que en función de eso, dado ese 600, había una hipótesis de mejor dinámica de la tasa de inflación. Dicho sea de paso, nosotros pusimos el tipo de cambio en 800 porque corregido por Impuesto País se iba e igualaba el tipo de cambio de mercado. Entonces, decían que iba a ser un desastre inflacionario mucho peor. Y sucede que ahora, con un tipo de cambio más alto, hay menos inflación. Y son los mismos que hablan del tipo de cambio atrasado. Tienen un problema de inconsistencia de modelos graves.

Digo, porque después dicen: “No, porque este opiné, este opiné”, opinaron todos los pifiadores seriales. No pegaron una, aviso. Son muy poquitos los que acertaron. Recién tuve la posibilidad de saludar a una persona que se presentó y que me dijo que era amiga de Pablo Arriazu, el hijo de Arriazu. Es uno de los pocos que sí la ven.

Y en ese sentido, ¿por qué elegimos el tipo de cambio ahí? Y esto es teoría económica pura. Porque si yo iba un número más parecido al tipo de cambio de mercado, aún cuando no era perfectamente mercado. Que era lo interesante, que yo achicaba el exceso de demanda de divisas. Y al achicar el exceso de demanda de divisas, achicaba el exceso de oferta del resto de la economía.

Una cadena de efectos

Entonces, achicando el exceso de bonos, subía el precio de bonos. Y, por ende, la tasa de interés y el riesgo país caían. Por lo tanto, el nivel de actividad económica también se achicaba, y lo hacía a diferencia entre ahorro e inversión. Y, por lo tanto, se achicaba el exceso de oferta de bienes y, por ende, la actividad caía menos. No solo eso, sino que además, el exceso de oferta en el mercado de trabajo también se hacía menor y, por ende, el salario real caía menos.

Y esto es interesante porque cualquier persona que lo hubiera dicho, que íbamos a hacer un ajuste fiscal de 15 puntos del PBI, nos hubiera dicho que íbamos a volar por los aires. De hecho, nosotros teníamos un desequilibrio monetario peor que el de la crisis del Rodrigazo del 75. La situación del balance del Banco Central era peor que la que tenía el Banco Central en el año 89, previo a la hiperinflación de Alfonsín, y los indicadores sociales eran peores que al final de la convertibilidad en el 2001.

La tormenta perfecta

Por lo tanto, no solo que teníamos todas las condiciones para que fuera la crisis más importante de la historia argentina, porque combinaba los tres elementos de las tres peores crisis de la Argentina, sino que además teníamos estructuralmente cierta debilidad en materia de estructura legislativa y estructura de poder. Y eso también es muy interesante, y ahora voy a hacer una reflexión sobre eso. En ese contexto, fíjense que nosotros, haciendo un ajuste de estas características, el PBI en el primer trimestre cayó 7%. Claro, uno dice, no es tremendo. Ahora, cuando ustedes toman la crisis de la convertibilidad durante el 2002, el PBI cayó 10,9%, casi 11%, pero en el segundo trimestre, donde tomó todos los ajustes, el PBI cayó 16%.

Es decir, que el uso de la teoría económica no solo evitó, sino que por lo menos 10 puntos más de caída del PBI. Eso, en términos sociales, no es menor porque también nosotros hicimos toda una revolución en lo que tiene que ver con la cuestión social. Nosotros sabíamos que el ajuste iba a ser muy duro, sabíamos que iba a ser recesivo porque cuando uno hace un ajuste, aumenta el ahorro y eso tiene una contrapartida de inversión, la actividad va a caer y eso se iba a sentir en términos de empleo y en términos de salarios reales. Y ya veníamos con un nivel de pobres e indigentes muy alto.

La política social de Javier Milei

Por lo tanto, hubo una duplicación de la asignación universal por hijo, del plan alimentar para que no le falte el alimento a los chicos, o un plan que se llama Mil Días, que es darle asistencia a las mujeres embarazadas. Además, se les dio contención a los alumnos para que puedan tener útiles. Y no solo eso, sino que además, para evitar el trauma que implica tener que cambiar de colegio para un chico y la situación que eso genera también en la familia, dimos asistencia para que pudieran cubrir las cuotas de los colegios privados de bajos recursos.

A pesar de toda esa contención, obviamente el ajuste fiscal en los primeros meses llegó a siete puntos del PBI. Como necesitábamos cinco, ya un punto lo dejamos correr. Entonces, con los seis del tesoro, más los nueve del Banco Central, estamos en 15. Es más, ahora con todo esto el país hubiera estallado y, sin embargo, no estalló. Y sin embargo, critican la política social del gobierno.

Los intermediarios de la pobreza

Bueno, porque hay algo que hizo el Gobierno que fue interesante y es terminar con los intermediarios de la pobreza, es decir, gente que levanta la noble causa de dar contención a los más necesitados. Aunque sabemos que de fondo, como dice el profesor Huerta de Soto, los planes contra la pobreza generan más pobreza, pero aún teniendo eso en la cabeza nosotros cambiamos la dinámica de la asistencia. Históricamente, en Argentina, la asistencia era darle el pescado a la gente. Ya los revolucionarios, en nuestro caso, fue el nombre que tiene el Ministerio, se llama Ministerio de Capital Humano. Nuestro objetivo no es darle pescado a la gente. Nuestro objetivo es enseñarles a pescar, enseñarles a ser un empresario. Y si pueden, que tengan su propia empresa de pesca.

Y en ese contexto también hubo algo muy interesante, aviso porque si ustedes miran por los diarios o se informan con los medios de comunicación o con analistas tendenciosos, han criticado a la ministra de Capital Humano enormemente. Se creen que, además, la ministra de Capital Humano tiene un defecto: es amiga mía, entonces tiene que ser honesta. Entonces creen que yo tendría problemas en echar a alguien de mi gabinete porque es amigo. Bueno, el jefe de gabinete que fue eyectado hacía 18 años que era amigo mío no cumplió los objetivos y se fue. Pista: acá es cumplir los objetivos, el que los cumple los cumple y el que no los cumple, por más que lo conozca hace 20 años, 30 afuera.

Recuperación en abril

Y ahí también, si ustedes se fijan, estamos tomando la inflación. Cuando ustedes empiezan a mirar los indicadores de actividad, si miran los del primer trimestre, claramente son malos. Pero cuando ustedes empiezan a mirar los indicadores de abril y algunos indicadores que ya aparecen de mayo, van a ver claramente un rebote, que la economía está rebotando, que la economía está recuperándose. Los veo tan interesados que me parece que no voy a hablar de teoría económica y solamente voy a hablar de lo que estamos haciendo, es decir, liberalismo aplicado one one, dicho por el que lo está haciendo. (Deja sus papeles en otro sitio). Se acabó la tentación, y ahora voy a hablar de lo que estoy haciendo.

Enriqueciéndose con las ayudas a los pobres

En ese sentido, hubo algo también muy interesante: una de las cosas que descubrió la ministra de Capital Humano es que cuando se daban los planes sociales, se les daba una tarjeta. Cuando se les daba esa tarjeta, uno creía que el beneficiario lo cobraba entero. Bueno, les aviso que no.

¿Cómo funcionaba? Cuando ustedes recibían ese programa, ustedes después tenían que certificar que habían trabajado, y cuando iban a buscar esa certificación, ahí se quedaba la mitad. Entonces, sabiendo que el primer trimestre iba a ser muy duro, una de las cosas que hicimos, una gran acción de la ministra de Capital Humano, fue justamente quitarle la obligación de la prestación. Bueno, esa situación fue bastante complicada. No para la gente, que ahora iba a recibir el doble de dinero, y es por eso que, instantáneamente cuando nosotros hicimos esto, los gerentes de la pobreza anunciaron una marcha masiva.

En esa marcha masiva, nosotros teníamos la información: ellos estaban planeando juntarse 100.000 personas, decían que iban a ir 50.000 para después mostrar como un gran logro que iban 100.000. Entonces, se imaginarán, cuando la ministra de Capital Humano hizo esto, la cantidad de cosas que salieron a decirle al final: “Este es un gobierno liberal que termina siendo populismo, populismo de derecha”. Y en realidad, era cortarle el curro a los ladrones de los gerentes de la pobreza.

Una marcha en defensa de sus privilegios

En ese contexto salen a hacer una marcha, y ahí también con nuestra brillante ministra de Seguridad, la doctora Bullrich, que además tuvo la grandeza (aunque su opción de cambio fue derrotada en las elecciones), no solo nos apoyó en el proceso electoral sino que además aceptó ser nuestra ministra de Seguridad. Junto al ministro de Infraestructura de ese momento, ¿qué es lo que hicimos? Creamos un número para que la gente denunciara las extorsiones. Dijimos que el que corta no cobra.

Y eso, el ministro de Infraestructura, lo que hacía, utilizaba la red de transporte, la que más usaba, para decir cosas aberrantes de mí, para decirles que si no iban a pasar a las marchas no pasaba nada, que ellos iban a seguir cobrando sus planes. Y al mismo tiempo, la doctora Bullrich me presentó un protocolo de seguridad en el cual no dudé ni medio segundo en apoyar incondicionalmente. El día de la marcha, nosotros terminamos poniendo, el gobierno nacional 12.000 efectivos para recuperar una de las demandas de la población, que era recuperar la calle que estaba tomada por los vándalos y que toda la población era extorsionada por este conjunto de delincuentes.

Bueno, de las 100.000 personas que esperaban llevar, llevaron 3.000. Había más efectivos que personas en la marcha, y eso implicó un fuerte golpe sobre esas organizaciones. No solo empezamos a poner en caja la inflación, sino que estamos recuperando la economía. También pusimos en caja a la calle. Hoy en la Argentina, no es de los violentos, sino de quien quiere trabajar. Y el que corta no cobra, y el que hace disturbios va preso.

Si no saben ajustarse ni al tiempo otorgado

Pero no solo es una cuestión de lo que nosotros estamos planteando en términos de la estrategia de estabilización y lo que tiene que ver con la estrategia de poner el control en las calles. Nosotros también dijimos que íbamos a apuntar a recuperar el crecimiento económico y que, obviamente, eso implicaba hacer una reforma del Estado. Bueno, lo primero que hicimos fue bajar la cantidad de ministerios a la mitad, que, muy a mi pesar porque me hubiera gustado que otro fuera mi video más popular, es afuera.

Ese es el video más popular de los que tengo y que todo el mundo se volvió, al igual que el que no hay plata. Y esto es muy interesante con el que no hay plata, los distintos políticos de distintos pelajes o están perdidos totalmente porque son socialistas de los más rancios, o son socialistas puros, keynesianos, dos tipos que ignoran la restricción de presupuestos.

Miren, les voy a contar algo. Había algo que, cuando era diputado, me producía una cosa tremenda, me ponía de tremendo mal humor. Y es que nos asignaban tiempos para hablar, cada cual en función del tamaño del bloque que tenía. Tenía una determinada cantidad de tiempos. Entonces, si ustedes querían entender por qué en 123 años, 113 habíamos tenido déficit fiscal, si de las 22 crisis que tuvimos desde el año 1901 hasta ahora, de las 22, 20 tenían origen fiscal, ahí lo tenían. Todo en la cámara donde se vota el presupuesto. Ninguno respetaba la restricción de presupuesto. Si les daban 5 minutos, hablaban 10. Y si les daban 10, hablaban 20. Son unos violadores sistemáticos del presupuesto. ¿Cómo no iban a ser el desastre que hicieron?

El endeudamiento es inmoral

Entonces, ahí también dimos algunas batallas importantes que fueron clave para lo que estamos haciendo, porque una de las cosas que ustedes pueden notar en todos mis discursos es que siempre dije: yo no voy a votar presupuestos con déficit fiscal. Y explicaba que, por ejemplo, si ustedes tienen déficit fiscal, y por eso es tan importante el tema de los valores, si ustedes lo votan con endeudamiento, eso es profundamente inmoral. Porque, en realidad, lo que están diciendo es que la fiesta de hoy se paga con impuestos futuros; es decir, que ustedes están de fiesta hoy y le están pasando la cuenta a sus hijos, a sus nietos. Y en lugares donde está vigente la agenda asesina del aborto, hasta gente que ni siquiera ha nacido podría llegar a ser el extremo.

Entonces, en el endeudamiento es inmoral. Es el primer punto. El segundo, es de hecho, Argentina abusó tanto de eso que es el máximo defaulteador de la historia moderna. Dicho sea de paso, nosotros recibimos el país con 2900 puntos de riesgo país. Llegamos a bajarlo a cerca de 1150, hasta hace unas pocas semanas, donde la política que no solo no ayuda, sino que además trata de destruir, nos hizo saltar el riesgo país a 1600. Ahora, de vuelta está bajando porque bajo ningún punto de vista voy a entregar el equilibrio fiscal. Me van a tener que matar, me van a tener que sacar de la Casa Rosada para hacer un déficit fiscal, porque no se los voy a entregar.

Argentina: hiperinflaciones sin guerra

La otra cosa que pueden hacer es financiarlo con emisión monetaria. No por nada Argentina le sacó 13 ceros a la moneda. Tuvo dos hiperinflaciones sin guerra. Podríamos sacarle tres ceros más. También es inmoral, como dice el brillante libro del profesor Ricardo Rojas, la inflación es un delito, el verdadero delito. Y eso lo plantea muy bien el profesor Rojas: es la emisión monetaria, el señoriaje.

Porque esos economistas, no ustedes, pueden emitir hasta lo que crece la demanda del dinero y si fuera lineal con el PBI. Entonces, en cuanto crece el PBI, eso es una farsa también, eso es un delito, también es una estafa, porque que la inflación sea cero no significa que no haya estafa. Porque si no hubieran emitido, hubiera habido deflación. Y eso le hubiera devuelto el dinero a la gente y esa sí que es una política bien pro- pobres. Sin embargo, a los seudo-progresistas les gusta emitir dinero a lo loco.

Entonces, en ese punto nosotros en el saneamiento que hicimos del Banco Central, hoy, prácticamente ya les digo que el cuasi fiscal es cero. De acá para adelante, cero. Quedaban cerca de 18.000. Teníamos una base monetaria de 15 billones de pesos y teníamos pasivos remunerados por 18 billones. De esos, 12 estaban en bancos públicos, 7 en el Banco Nación, donde gran parte de esas tenencias del otro lado son del Tesoro Nacional.

Una segunda etapa de la reforma monetaria

Lo que tiene que ver con la provincia de Buenos Aires, que son 3 billones, tiene tanto déficit fiscal el soviético de la provincia de Buenos Aires que usa el Banco Provincia y por lo tanto, esa no lo puede tocar. Y el resto está mayoritariamente con el gobierno de la ciudad, con quien tenemos una excelente relación. Entonces, solamente nos queda un problema de 6 billones. La última colocación de letras para hacer la mutación desde el Central al Tesoro ascendió a casi 6 billones de pesos. Están casi contra las cuerdas; los tenemos nocauts.

El único problema que nos queda en el Banco Central en este momento es un instrumento contingente, unas puts. El gobierno anterior, como no conseguía el financiamiento para el Tesoro, desde el Tesoro y con el aval del Fondo Monetario Internacional, utilizó instrumentos contingentes. ¿Y cuál es el problema con eso? Que en el balance con el Banco Central, ese pasivo queda registrado por el valor del contingente. OUn sea, con una fracción muy pequeña del pasivo que ustedes tienen abierto. Entonces, ustedes no lo ven prácticamente adentro del Banco Central y, sin embargo, hay un potencial de emisión por cuatro puntos del PBI. Por lo tanto, el día que terminemos con eso, ahí va a empezar la segunda etapa de la reforma monetaria.

El tiempo es de Dios

(Pregunda desde el público: “¿Cuándo comenzará?” Respuesta del presidente Milei: “El tiempo es de Dios”).

En ese contexto, necesito cerrar el acuerdo con los puts y en eso me tengo que poner de acuerdo con los bancos. Nosotros, además, estamos trabajando en una reforma del sistema financiero para separar la banca de inversión con la reserva de valor, de modo que el sistema se convierta en antecorridas. O sea, el almacén de valor es un encaje al 100%, y en la banca de inversión ustedes van a tener títulos y se va a ir acomodando en función de cómo fluctúen los precios. Por lo tanto, se terminaron las corridas.

Entonces, cerrado el grifo fiscal, cerrado el grifo financiero, cerrado el grifo externo, porque el tipo de cambio va a ser libre, vamos a ir no solo a un sistema de libre competencia de monedas, sino que, vamos a declarar la emisión monetaria un delito de lesa humanidad. Y, en ese caso, si llegara a haber emisión monetaria, va a ir preso el presidente de la nación. Yo creo que me lo pueden aprobar porque tienen tantas ganas de meterme preso.

Va a ir preso el ministro de economía, el presidente del Banco Central, el directorio del Banco Central y los diputados y senadores que acompañen una medida de esas características. Dicho esto, lo que va a suceder, ustedes me pueden decir: “No, bueno, pero Argentina violó sistemáticamente las leyes.” Es cierto, pero al ser caratulado delito de lesa humanidad, es imprescriptible. Entonces puede venir un gobierno y cambiarlo, pero atrás puede venir otro liberal y meter preso a todos los delincuentes.

Y cerrar el Banco Central

Por lo tanto, al quedar fija la cantidad de pesos, y en la medida en que los individuos necesiten monetizar, van a traer sus propias monedas y van a hacer las transacciones en las monedas que deseen. Y si ustedes se fijan, eso va a hacer que cada vez el peso tenga muchísimo menos rol o importancia dentro de la cantidad de transacciones que se hacen, y va a llegar un momento en que va a ser tan chico que vamos a cerrar el Banco Central.

Finalmente, voy a hablar sobre el programa de crecimiento económico, voy a hablar sobre la transición, y voy a hablar sobre las reformas. Una nota de color: porque hay muchos “libertarados”, libertarios egipcios, que dicen que nosotros estamos aumentando la presión fiscal. “Milei no es liberal en eso porque subió los impuestos.” Bueno, vamos contra esos mentirosos. Si yo tenía 15 puntos de emisión monetaria, 15 puntos de señoriaje, que es robo directo sobre los argentinos, y solo me llevé un punto y medio del impuesto país y les devolvía a los argentinos 13 puntos y medio, ¿aumentó la presión fiscal o bajó en el neto? Aprendan a hacer las cuentas, burros.

Es más, te lo subrayo: el gasto público en términos reales cayó un 30%. La verdadera presión fiscal que enfrenta un país, ¿saben qué es? Es el gasto público, y cayó un 30%. Por lo tanto, estamos corriendo al Estado del medio. ¿Y por qué es importante eso? Porque ahora hay 15 puntos del PBI que se los comía el Estado y ahora, ¿en qué se convierte? En el ahorro que vuelve a la inversión.

Vuelve el crédito a largo plazo

Por lo tanto, ahora la inversión va a ser financiada por ese ahorro. Piensen que cuando nosotros llegamos al poder se hablaba de hiperinflación. El 85% de los argentinos creía que iba a haber una hiperinflación; hoy, menos del 20% cree que puede haber una hiperinflación. De ser el problema más acuciante de la Argentina, la inflación ahora pasó a estar en tercer lugar. Que me vengan a decir que no se puede, porque sí se puede.

Y no solo eso, sino que además volvió el crédito a 30 años. ¡Vaya que lo estamos haciendo! Entonces, no solo eso será un elemento que va a potenciar el ahorro y, por ende, la inversión, Argentina es una economía que viene de 20 años de populismo salvaje y está profundamente descapitalizada. Por lo tanto, eso hace que el valor del producto marginal del capital, si ustedes quieren el retorno del flujo del fondo de la firma, si lo quieren poner en términos de finanzas, eso hace que sean enormes y que estén muy por encima del WACC, o sea, del costo de oportunidad. Y eso también potencia la inversión.

Pero como si todo eso fuera poco, en la medida que Argentina recupere la economía y se vuelva a expandir, nosotros no vamos a aumentar el gasto público, lo vamos a mantener fijo. Por lo tanto, en la medida que uno pueda ir creciendo y se generen nuevos recursos, nosotros vamos a ir bajando impuestos. Y de hecho, el impuesto país que hoy está en 17,5%, de acuerdo a la perfección de la salida de la ley bases y de la ley fiscal que está enviada por necesidad de los gobernadores, no por nosotros, porque tenemos equilibrio, en ese contexto vamos a bajar ese impuesto del 17 y medio al 7 y medio.

Una reforma como ninguna otra

Así que, para aquellos que hablan de la suba de impuestos, no solo mienten y no toman el agregado burros que no entienden de equilibrio general, sino que además también empezamos con la reducción de impuestos.

Por otra parte, hay gente que dice que no tenemos un programa a largo plazo. Es increíble, porque la reforma más grande que se hizo en la Argentina fue la que hizo Menem, y esa reforma del Estado tenía 100 artículos, eran 100 reformas. Y dicen, “no, la desguazada ley bases”.

Bueno, la desguazada ley bases es cinco veces más grande que la reforma de Menem. No solo eso, si le sumamos el decreto de necesidad y urgencia, que la evidencia ha probado que tengo razón, la reforma es ocho veces más grande. O sea, estamos haciendo la reforma estructural más grande de la historia Argentina, que es ocho veces más grande que la que le sigue.

¿Por qué es importante esto? Porque aquellos países que son más libres, son 12 veces más libres que los que son reprimidos, crecen más del doble, tienen un 25% menos de pobreza en el formato estándar, y un 50% menos de pobreza en el formato extremo. ¿Y por qué esto es tan importante? Esto es muy importante, porque estas reformas lo que van a hacer es que Argentina en el índice de libertad económica escale 90 puestos. Es decir, que Argentina entraría en un sendero de crecimiento que podría ser que en un determinado periodo de tiempo, llamémosle 35 o 40 años, nos podríamos convertir en un país como Alemania.

Ni Alemania ni Irlanda. Más allá

Sin embargo, tengo algunas noticias extras para decirles. A mi parecer, parecerme a la libertad económica de Alemania, no me gusta. Es más, el país que más libertad económica tenía era Irlanda, y eso en 35 años hizo de ser el país más miserable de Europa a tener un PBI per cápita 50% más alto que el de Estados Unidos. La verdad sabe que nosotros tenemos pendiente 3.200 reformas estructurales más, y no solo vamos a ser libres como Irlanda, vamos a hacer el país más libre del mundo y vamos a hacer el país más próspero del mundo.

Y para finalizar, y esto sí ya es lo último y tiene que ver con algunas de las cosas que estamos haciendo, a mí hay algunos textos que me marcaron mucho. La idea combinada que hace Kirchner cuando demuestra la superioridad en términos morales del capitalismo, porque es interesante cómo arranca ese libro. Kirchner dice: “Sí, sí, la superioridad productiva del capitalismo es innegable. Si está construida sobre bases injustas, no vale la pena defenderlo. No importa que sea más productivo, está construido sobre algo injusto y no vale la pena defenderlo.” Entonces, él avanza que es el único sistema justo, y para eso se vale del principio de apropiación de Locke y se vale de la idea de Hayek como proceso de descubrimiento en el mercado.

El fenómeno de la convergencia

Eso es muy interesante porque cuando ustedes estudian la literatura del crecimiento económico, mi especialización con o sin dinero. Se supone que entiendo cómo se hace para crecer una economía y cómo bajar la inflación, y parece que esta última está funcionando y la otra, créanme, que también. Pero es muy interesante el planteo de Hayek. Si ustedes lo ponen y lo contrastan con la teoría del crecimiento económico, una de las cosas que hace es buscar y tratar de describir cómo llega a un estado estacionario con o sin crecimiento.

Pero lo interesante es que según como ustedes modelen la función de producción, aparece un fenómeno que se llama convergencia. Eso es interesante porque los países que suelen estar rezagados crecen más rápido que los que están adelante. Se hacen las reformas del mercado y entonces, en un tiempo, alcanzan a los países desarrollados, si ustedes quieren llamarlos de alguna manera.

Y esto es muy interesante porque si ustedes van mirando la historia de la humanidad, la cantidad de años que se necesita para duplicar el PBI es menor. El primero que lo logró fue Inglaterra, que tardó 58 años, luego Estados Unidos, y así sucesivamente hasta el caso de Corea, que tardó 10 años, o el caso de China, que tardó 7 años. Es más, es tan interesante el caso de China que no solo duplicó el PBI per cápita en 7 años, sino que los 7 años que le siguieron, también, obviamente haciendo reformas pro-mercado, es decir, que en 14 años multiplicó por cuatro el PBI per cápita.

El odio a la máquina

Entonces, lo que ustedes ven es un proceso de aceleración. Y ¿por qué pasa esto? Porque en realidad esas oportunidades del mercado en los países que están desarrollados ya fueron descubiertas. Entonces, ustedes lo que tienen que hacer es tener buenas instituciones. Instituciones que defiendan la vida, la libertad y la propiedad, y el principio de no agresión, las ideas de la libertad. Y cuando ustedes hacen eso, van a crear un ambiente para que las empresas se puedan desarrollar, para que los emprendedores puedan descubrir y apropiarse desde su descubrimiento. Y eso hace que ustedes puedan converger, y cuanto más libres sean, más rápido lo van a hacer. Cuanto más los ayude la tecnología, más lo van a poder hacer.

Por eso, mi última gira por Estados Unidos tuvo que ver con ir a ver a los empresarios más importantes del mundo tecnológico. Porque, ¿qué es la inteligencia artificial? No es ni más ni menos que una nueva suerte de Revolución Industrial, una situación donde se da un aumento de la productividad nunca visto. Y el único riesgo que tiene eso, todos habrán leído Hayek cuando dice el “odio a la máquina”. Bueno, ustedes habrán visto a los políticos, pareciera que tuvieran el odio a la máquina, la falacia erudita.

Murray N. Rothbard

Y es interesante porque están basados en un montón de mitos, que son todas mentiras que la Escuela Austríaca sabe que son todas mentiras. Y con eso, lo que hacen es regular. Pero ¿qué es lo que pasa? Cuando ustedes regulan, esto en economía es el problema de las no convexidades son esos problemas que nos inventamos en la cabeza, los economistas, para determinadas propiedades normativas, llámese óptimo de Pareto en nuestro modelo de equilibrio general, y que en realidad no tienen nada que ver con la vida real.

Por eso, para mí fue muy revelador el artículo de Murray Newton Rodman sobre monopolio y competencia. Me di cuenta que después de dar 25 años de clases de microeconomía, todo lo que había enseñado sobre estructura de mercado estaba mal. O sea, fue más productivo leer esas 140 hojas en tres horas que todo lo que había estudiado antes. Pero no por nada, uno de mis hijitos de cuatro patas se llama Murray.

Y en ese sentido, los monopolios ya cuando lo había tomado a Adán Smith de la definición de Lord Coke. Monopolio era cuando el monarca o el señor feudal exigía en una determinada un determinado lugar se vendió un solo producto de una sola empresa. Y si eso no era cumplido se lo sancionaba con la ley, se les cortaba la cabeza o los mataban. Ahora si yo tengo 10 empresas de celulares y aparece una que a su mejor celular o mejor precio y más barato, y sí las otras 9 van a quebrar. ¿O acaso están llorando por los fabricantes de velas? Gracias, Edison.

El paradigma neoclásico

Entonces, fíjense en esto, siguiendo el paradigma neoclásico, intentan regular esas empresas como si fueran competitivas en el sentido neoclásico. Eso quiere decir que les quitan la cuasi renta, es decir, los beneficios extraordinarios. Si ustedes les quitan las cuasi rentas, el resultado es que quedan como una empresa de rendimiento constante a escala. Es decir, les matan el potencial de crecimiento económico. Es decir, que con las regulaciones, con las cuales Europa es uno de los lugares que más sufre en el mundo esas regulaciones, por ende, el lugar que menos crece en el mundo. Justamente, el Estado y sus regulaciones están matando el crecimiento económico.

Entonces, ¿qué es lo que nosotros les ofrecemos? Desregular, apertura, libertad para que puedan invertir. Por lo tanto, abrazando las ideas de la libertad, no castigando a la población con la aberración del aborto. Porque la población permite mayor división del trabajo y, por ende, permite mayor crecimiento económico y mayores rendimientos económicos crecientes a escala. La famosa fábrica de alfileres de Adam Smith, limitada por el tamaño del mercado, es un canto a defender la vida, no la muerte.

Una anécdota con Elon Musk

Ahora les voy a contar una anécdota divertida de Elon Musk, esto les va a gustar… Estábamos en la primera reunión con Elon Musk y él me plantea el problema demográfico. Entonces nos ponemos a discutir el tema demográfico. Y a él le preocupa que la población está creciendo cada vez menos y que hay un problema con la tasa de natalidad. Entonces, se nos frena el motor de la innovación. Y él propone revertir el lavado de cerebro que se hizo en la población con todo lo que fue el Club de Roma, cuyos archivos se desclasificaron los archivos de Nixon.

Donde proponían una cuestión científica sobre los elevados del aborto, pero los que no saben es que es una agenda antigua. Si ustedes miran el libro de Éxodo de la Torá o Sashemó o sea el Pentateuco del Antiguo Testamento, ya se aplicaba esto desde hace tiempo. O sea, que no tienen nada de moderno hacerse los cancheros Pro Choice. Pro choice es una manga de retardatarios de hace 4000 años. Y en un momento me dice: “Bueno, no. Entonces hay que trabajar para limpiar ese lavado de cerebro. El liberalismo tiene los fundamentos para hacerlo, con el respeto del derecho a la vida. Probablemente no hay mejor ejemplo que el de Walter Block del avión, con ese no pueden nunca.

“Hay que traer hijos al mundo”

Pero hay algunos imbéciles que dicen: “no, no es conservador, está en contra del aborto”. No, Milei es liberal de verdad, no es un asesino que está a favor del asesino en el vientre de la madre. Lo peor de todo es que estas cosas me las diga alguien que no es liberal y que un imbécil que se dice liberal, un liberal egipcio, se lo avale. Pero, al margen de eso, me dice Musk: “Bueno, hay que empezar a traer hijos al mundo”. Bueno, está bien, me parece bárbaro. Y entonces por casa, ¿cómo andamos? Entonces le digo: “Bueno, mire, yo tengo hijos, tengo cinco.” “Sí, pero los de cuatro patas no cuentan.”

Así que además, Elon Musk me dice en un tramo de la charla, miren qué fabuloso. Y eso explica por qué es exitoso y eso es festejable, ponderable. Dice: Yo me levanto todas las mañanas pensando en qué problema le puedo arreglar a la humanidad. Listo, es el benefactor social del que nosotros hablamos, el empresario exitoso es ese. Por lo tanto, lo que quiero decir es lo siguiente: abrazando las ideas de la libertad y utilizando la tecnología, ¿saben qué? Podemos recrear el paraíso en la tierra. Pero ese paraíso en la tierra solo va a ser posible abrazando las ideas de la libertad.

Muchas gracias y…
¡Viva la libertad, carajo!

Discursos de Javier Milei

Javier Milei ante el Cato Institute

Milei ante el Instituto Milken: “Argentina puede ser la nueva meca de Occidente”

Diez políticas de Estado

El fracaso del modelo neoclásico

Davos: «Occidente está en peligro»

Primer discurso del presidente Javier Milei: «Hoy comienza una nueva era en Argentina»

Sionismo y libertarismo: ¿contradicción o afinidad?

Murray N. Rothbard, uno de los más prolíficos y originales intelectuales de la Escuela Austriaca de Economía, abordó las ideas austriacas desde la perspectiva de los derechos naturales. Si bien los aportes de Rothbard enriquecieron inconmensurablemente el edificio teórico de la Escuela Austriaca, su crítica férrea a la existencia del Estado Judío de Israel desde su perspectiva libertaria ha conducido a algunos de sus seguidores a cometer la arrogancia intelectual de categorizar a los libertarios sionistas como falsos libertarios.

Walter E. Block vs. Hans-Hermann Hoppe

Walter E. Block, discípulo de Rothbard, ha sido un defensor de la existencia del Estado de Israel desde la perspectiva del liberalismo clásico. Y en el contexto de los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás, escribió junto a Alan G. Futerman un artículo publicado en el Wall Street Journal, que se titula: “El deber moral de destruir a Hamás”. En dicho artículo, Block es enfático en justificar el derecho a la autodefensa de Israel y su derecho a la lucha por la eliminación de la organización terrorista.

A raíz de las declaraciones de Block, Hans-Hermann Hoppe, discípulo también de Rothbard y coautor con Block de algunas publicaciones, le escribe una carta abierta con el fin de distanciarse moral e intelectualmente de él. Desde su interpreación libertaria-rothbardiana, considera ilegítima la existencia del Estado Judío, así como las represalias del Ejército de Defensa de Israel al ataque terrorista del 7 de octubre de 2023. En dicha carta, Hoppe ha calificado a Block de “colectivista desquiciado arrastrado por impulsos genocidas”. Sentencia que Block no es un verdadero libertario y le ejecuta una especie de excomunión del sistema rothbardiano.

Sin pretender entrar en la profundidad de las aguas tenebrosas en las cuales este milenario y aparente irresoluble conflicto yace, expondré por qué las conclusiones de Hoppe se derivan de puntos de partida erróneos y de análisis contextuales insuficientes.

Una parábola para comprender el surgimiento del “Estado Judío”

Para seguir el análisis, antes de entrar en discusiones históricas que no llevan a ningún puerto, vamos a conceder a Hoppe la premisa de que la relación entre el pueblo judío y la Tierra de Israel es para efectos libertarios insignificante, pues sólo el individualismo metodológico podría llegar a una conclusión válida en este sentido. Asimismo, para no utilizar la palabra “judío”, pues provoca en algunas personas emociones o prejuicios, diremos que estas personas que fundaron el Estado de Israel, son “pelirrojos” y que en vez de fundar el Estado Judío, fundaron el “Estado Pelirrojo”. Ese tipo de simplificación, ya utilizada en otros contextos por Rothbard, seguramente será bienvenida por Hoppe.

Resulta que en este mundo hipotético, por siglos los pelirrojos han sido víctimas de atropellos a sus derechos humanos más fundamentales. En determinados momentos históricos se han considerado ciudadanos de segunda clase, e incluso han se han catalogado como infrahumanos. Como es de esperar, los pelirrojos han sudrifo asesinatos, expropiaciones, difamaciones, expulsiones, experimentación humana, y un sinnúmero de violaciones.

Conscientes de que sus acciones por dejar de ser pelirrojos -como teñirse el cabello, depilarse o usar peluca- no bastan para que las sociedades los integren sin prejuicios ni violencia, los pelirrojos del mundo comienzan a dialogar y buscar soluciones al “Problema Pelirrojo”. Llegan a la conclusión de que la única manera de asegurar su supervivencia y una vida digna es mediante la creación de un Hogar donde puedan, antes que nada sobrevivir como individuos, y al mismo tiempo emanciparse como nación. Nace así su sueño de establecer el “Estado Pelirrojo”.

Soñadores pelirrojos

Algunas décadas después del “Primer Congreso de Soñadores Pelirrojos”, sucede que en la región del mundo dónde más pelirrojos habitan, se desata la guerra más masiva y sangrienta jamás ocurrida. Para no defraudar a la historia, esta vez los pelirrojos serían señalados por los males del mundo. Indefensos, se enfilaron a las cámaras de gas y paredones de fusilamiento. Dos terceras partes de los pelirrojos de Europa fueron asesinados.

Los supervivientes, sin más que con sus cuerpos enfermos y desnutridos, buscaron refugio por el mundo. Algunos lograron iniciar sus vidas en destinos distantes; otros se dirigieron a un sitio donde algunos soñadores pelirrojos habían emigrado antes de la Gran Guerra. Habían colonizado tierras y creado sociedades productivas. Los pelirrojos no estuvieron exentos de conflictos con las poblaciones que también habitaban esos territorios. A pesar de las adversidades y tensiones constantes, los pelirrojos deciden proclamar el “Estado Pelirrojo” en 1948. Acto seguido, los estados circundantes lanzan una guerra para eliminar a esta nación incipiente.

‘Guerra y culpa en Oriente Medio’

Hoy día, casi ocho décadas después, los pelirrojos continúan teniendo su estado. Los conflictos no han cesado, y el mundo todavía les exige cuentas sobre el acto originario que dio pie a la creación de su capricho emancipador.

¿Era realmente necesario la creación del “Estado Pelirrojo”? Muchos pensadores que en sus posiciones económicas, sociales y políticas se encuentran en las antípodas, coinciden en señalar al “Estado Pelirrojo” de agresor, colonialista, genocida, entre otros variados calificativos. Para muchos de estos intelectuales, este pequeño estado se ha convertido en su único punto de convergencia, y a veces, a los ojos de los pelirrojos del mundo, el “Estado Pelirrojo” se ha convertido para la esfera intelectual en una especie de obsesión.

Desde intelectuales socialistas hasta libertarios pelirrojos del mundo, han llegado a defender la idea de que el “Estado Pelirrojo” debería desaparecer y que los pelirrojos del mundo deberían pasar a ser nuevamente buenos ciudadanos del mundo y vivir en paz como, según estos intelectuales, siempre lo hicieron hasta la creación del “Estado Pelirrojo” (véase, por ejemplo, War and Guilt in the Middle East, de Murray N. Rothbard, 1967).

Hoppe: sobre el Estado Judío y el conflicto árabe israelí

Según Hoppe, el punto de partida para el análisis del conflicto árabe-israelí debe ser un diagnóstico de la institución de la propiedad privada de acuerdo a la doctrina libertaria. Concluye que lo judíos contemporáneos fallan en la reivindicación de su patria en Palestina, pues sólo mediante el abandono del individualismo metodológico se puede llegar a una conclusión semejante.

Referiéndose al conflicto árabe-israelí, dice Hoppe en su carta abierta a Block: “La piedra angular de la doctrina libertaria es la idea y la institución de la propiedad privada”. No hay dudas de que la propiedad privada es una institución fundamental según la doctrina libertaria. Es además un pilar del capitalismo y una institución ubicua en las sociedades abiertas y progresistas. Llamarla, por tanto, “piedra angular” no resulta exagerado.

Lo interesante del análisis de Hoppe, es que parece dar por sentado otro de los fundamentos del credo libertario, un derecho originario, subyacente, supremo, condición sine qua non para cualquier otro derecho: el derecho a la vida.

Los derechos a la libertad, propiedad, búsqueda de la felicidad y cualquier otro, sólo aplican para individuos en vida. Siendo esto así, tiene derecho un individuo a procurar su supervivencia aun si esto implica un atropello a los derechos de propiedad de un tercero. Si para efectos dialécticos, concedemos que los pelirrojos invadieron tierras de terceros para construir una fortificación para salvar sus vidas, ¿sería ello inaceptable según el credo libertario? Si un sediento en el desierto, a punto de desfallecer roba agua de un tercero para salvar su vida, ¿amerita una condena a muerte del mundo libertario? ¿Están los derechos de propiedad por encima del derecho a la vida?

El derecho a la vida

En el caso del “problema judío”, partir de que el derecho a la vida está dado y saltar de inmediato a la institución de la propiedad privada es un error analítico monumental. Para Hoppe, en síntesis, el problema árabe-israelí se reduce a un problema de ocupación injustificada de territorios por parte de judíos europeos de ideología sionista que desplazaron a sus habitantes árabes.

En su sesgado análisis histórico – un análisis completo de este conflicto es francamente imposible por su complejidad circunstancial y extensión temporal – Hoppe invalida la relación histórica entre la Tierra de Israel y el Pueblo Judío. Según Hoppe asociar una tierra a un pueblo es un argumento colectivista, pues sólo los derechos de propiedad demostrables y en manos de individuos tienen validez desde la perspectiva libertaria.

Hoppe parece desconocer el derecho fundamental de un conjunto de individuos históricamente oprimidos a establecer un hogar en donde lograr su autodeterminación y tener la oportunidad de ejercer su derecho a la autodefensa. En el caso del pueblo judío, naturalmente su hogar es Sión; esa tierra sagrada que ha sido el punto de referencia para sus rezos, pues ahí estuvieron sus templos destruidos, el primero por los babilonios y el segundo por los romanos. Esa tierra que en cada festividad que celebran los judíos de la diáspora desde hace dos milenios se menciona en esta frase: “L’Shana Haba’ah B’Yerushalayim” (el año que viene en Jerusalem).

Hoppe sobre el sionismo

Aunque Hoppe se aferre a la idea de que el vínculo de la Tierra de Israel con el pueblo judío carece de validez desde la perspectiva rothbardiana, en el contexto real de la historia, partiendo de un pueblo perseguido y errante, desligitimar la recolonización de de Sión por parte del pueblo judío, o bien negar su derecho a asentarse y autodeterminarse en su tierra histórica, no es otra cosa que quitarle la categoría de humano al judío errante, y condenarlo nuevamente a los progromos y genocidios.

Que Hoppe considere al sionismo como fuerza ocupadora y supremacista, contradice la postura de Teodoro Herzl, padre fundador del sionismo político moderno. Para él, el sionismo “es una respuesta al antisemitismo, pero también es una forma de amor hacia nuestra cultura y nuestra historia”, que “no busca la superioridad sobre otros pueblos, sino nuestra propia autodeterminación”.

En su obra El Estado Judío, que sentó las bases ideológicas de lo que sería Israel medio siglo antes de su fundación, Herzl propone una sociedad donde “si se da el caso de que también vivan entre nosotros gentes de otra religión y de otra nacionalidad, les conferiremos protección e igualdad de derechos”.

Su diatriba en contra de Israel, en la que Hoppe acusa a Israel de cometer apartheid contra ciertos ciudadanos, no se fundamenta en elementos de la ideología sionista, y desde la realidad actual cabría preguntarse: ¿cómo se explica que ciudadanos árabes-israelíes, cristianos, drusos, beduinos, y tantos otros más, sean combatientes en el ejercito sionista y miembros de organizaciones políticas de Israel? ¿Cuál es entonces el factor que confirma ese supuesto apartheid?

Sobre la propiedad de la Tierra de Israel

Según la ética libertaria, en palabras de Hoppe:

En todos los casos de reclamaciones de propiedad en conflicto llevadas a juicio para que se dicte sentencia, la presunción es siempre favorable al poseedor actual del recurso considerado. Y la carga de la prueba en contrario recae siempre sobre el oponente del estado actual de las cosas y de las posesiones actuales. El oponente debe demostrar que, en contra de la apariencia prima facie, tiene un derecho mejor porque posee un título de propiedad más antiguo que el de su propietario actual y que, por lo tanto, su posesión es ilícita. Si y sólo si el oponente puede demostrarlo con éxito, la posesión cuestionable debe serle restituida como propiedad. Por el contrario, si el oponente no consigue demostrarlo, las cosas seguirán como están.

Hans-Hermann Hoppe. An open letter to Walter Block.

En lo referente al Estado de Israel, dice Hoppe:

En el mejor de los casos, sólo un exiguo 7 por ciento del actual territorio israelí fue adquirido o comprado regularmente por judíos antes de 1948 y, por lo tanto, podía reclamarse como propiedad judía legítima.

Hans-Hermann Hoppe. An open letter to Walter Block.

Se concluye por tanto, según la ética libertaria que las tierras de Israel le pertenecen a sus propietarios actuales y que únicamente aquellos despojados de su tierra y sus descendientes que puedan demostrar títulos de propiedad más antiguos que los de propietarios actuales de tierra, tendrían derecho a pedir compensaciones sobre sus tierras. Eso de ninguna manera significaría que el restante 93% de las tierras de Israel sean propiedad de individuos palestinos, pues antes debe demostrarse que durante Mandato Británico en Palestina esas tierras tenían propietarios genuinos de origen palestino.

¿Exigirá Hoppe que se compense a 800.000 judíos?

Como Hoppe propugna la igualdad ante la ley, debe exigir del mismo modo, que se compense a los descendientes de los más de 800 mil judíos exiliados de países árabes entre 1948 y 1952. Ellos pertenecían a comunidades mucho más antiguas que la misma existencia del Islam; sin embargo, se vieron obligados a abandonar estos países en expulsiones masivas después de la Declaración de Independencia del Estado de Israel, asentándose la mayoría en el incipiente país. Para contextualizar ese episodio, cabe mencionar que ese número de personas judías expulsadas de países árabes supera a los árabes palestinos que abandonaron o se vieron obligados a abandonar Israel en el momento de su fundación y quedaron confinados en campamentos de refugiados.

De forma similar, el profesor Hoppe debería estar abogando activamente por las compensaciones a los descendientes de los millones de judíos de Europa que fueron asesinados, expulsados y despojados de sus bienes materiales durante la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Entre las anécdotas que el profesor Hoppe debería considerar al lamentarse sobre la existencia de Israel, está la de los casi mil judíos que lograron escapar del Holocausto en el transatlántico St. Louis y que al llegar a América no lograron desembarcar, ante la negativa de Cuba, Estados Unidos y Canadá de recibirlos. El barco regresó a Europa, donde 254 de sus pasajeros murieron asesinados en el Holocausto. Ciertamente los judíos no eran bienvenidos en casi ningún sitio. De hecho, los judíos sobrevivientes del Holocausto que ingresaron a Palestina no lo hicieron legalmente, sino que en condición de ilegales.

Un hogar para los judíos

La realidad, aunque algunos idealistas no la quieran ver, es que la existencia del “Estado Judío” da a los judíos de todas las latitudes la seguridad de tener un hogar, o un recurso de última instancia.

Israel ha sido el refugio judíos soviéticos afectados por el comunismo, de judíos etíopes afectados por guerras y rescatados mediante la Operación Moisés, de judíos expulsados de sus países en Medio Oriente y norte de África, de judíos argentinos afectados por las crisis económicas, de judíos franceses hoy día asediados por el antisemitismo, y muchos más. Esos judíos que lograron migrar a Israel conservan sus vidas y en gran medida su libertad y propiedad; y para muchos de ellos, a pesar de no haber llegado a Ancapia, Israel representa una mejoría inmensa en su bienestar.

Como se explicó, Israel fue la concreción de un sueño milenario, conseguido mediante migraciones voluntarias, sacrificio y trabajo intenso. Posiblemente no exista ningún otro caso en la historia de los estados en que la fundación de uno se haya dado de un modo tan consciente y anhelado por tantas generaciones. Quizá se podría decir que a pesar de que el Estado de Israel contemporáneo tenga los mismo defectos que cualquier estado, su surgimiento fue un orden espontáneo en el sentido austriaco.

Los ataques del terroristas del 7 de Octubre de 2023 y la respuesta israelí

El 7 de octubre de 2023, se dio en el sur de Israel la peor masacre de la historia del pueblo judío desde el Holocausto. Terroristas de la organización yihadista Hamás atacaron poblaciones civiles dejando un saldo de más de 1200 asesinados y 250 secuestrados. Lo ocurrido fue dantesco: decapitaciones, incineraciones de personas vivas, asesinatos y secuestros de bebés y ancianos, mutilaciones genitales, violaciones sexuales, por nombrar algunas de aberraciones cometidas por los terroristas.

Los terroristas festejaban sus asesinatos con llamadas a sus familiares contando sus “hazañas”, y cuando ingresaban a Gaza con los secuestrados: algunos muertos, otros moribundos y otros absolutamente perplejos, como la madre del bebé de 9 meses y el niño de 4 años que se aferraba a ellos del modo más desesperado -todos aún secuestrados o muertos-, los habitantes de Gaza festejaban la carnicería con júbilo intenso.

Ante tal situación de barbarismo, Block aseveró en su artículo que “es deber moral destruir a Hamás”, por lo que “Israel tiene derecho a hacer lo que sea necesario para desarraigar esta cultura malvada y depravada que reside junto a él”.

Conspiraciones judías

La aseveración de Block provocó el repudio de Hoppe, pues según este último, Block hacía un llamado a “la matanza indiscriminada de civiles inocentes”. Si bien Block fue ligero en su declaración sobre la necesidad de que las Fuerzas de Defensa de Israel exterminen a Hamás a toda costa, en ninguna parte del escrito de Block se propone una matanza indiscriminada o un genocidio.

Además de calificar duramente a Block, Hoppe agregó elementos conspirativos sin fundamento probado que sugerían que varios helicópteros del ejército de Israel habrían asesinado a ciudadanos israelíes. Además, que este incidente se utilizaría por Israel como un argumento para activar su imperialismo y regresar a su “supuesto tamaño bíblico original”.

Todo lo anterior parte de supuestos no demostrados. Sin embargo, lo más grave que menciona Hoppe en su carta es que el ataque de Hamás a Israel no fue “totalmente no provocado” por el liderazgo político israelí.

Ante tal aseveración no queda más que preguntarse: ¿fueron las víctimas de asesinato, secuestro y violación culpables de su destino? ¿Los jóvenes que celebraban en un festival por la paz merecían la muerte, aun suponiendo que el “liderazgo político de su país” fuera asesino? ¿Por qué Hoppe defiende al individuo gazatí, e incluso al individuo alemán de la Alemania Nazi, pero no al judío ciudadano israelí? ¿Por qué insinúa Hoppe que los ciudadanos israelíes deben pagar por los pecados de sus gobernantes? ¿Dónde quedó el individualismo metodológico de Hoppe?

Conclusión

En conclusión, parece ser que Hans-Hermann Hoppe, al igual que en su momento Murray N. Rothbard, mide al Estado de Israel con una vara distinta que con la que mide a sus enemigos. Al ser Israel un país progresista, abierto y con valores occidentales, debe compararse con un ideal libertario. Mientras que sus vecinos salvajes deben tratarse con consideración y aceptar sus pecados.

La Gaza subterránea es una red de túneles terroristas que conectan escuelas, mezquitas, hospitales y zonas residenciales con depósitos de armas. Esos túneles Se utilizaron para el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, y están siendo la vía para movilizar a los secuestrados, terroristas y armamentos.

La máxima autoridad de Hamás, Ismail Hainya, propone la destrucción de Israel gritando: “Palestina es desde el mar hasta el río, desde Rosh Hanikra hasta Rafah” y dice que la generación actual es “la generación del misil, el túnel y operaciones suicidas”.

Mientras Hamás se empeña en destruir a Israel por medio del terrorismo, Israel se empeña en recuperar a los secuestrados, destruir la red de túneles, y aniquilar a los mandos de Hamás y a los terroristas que participaron en la masacre.

Críticas al colectivismo bélico

Seguramente si se tratase de una guerrilla privada o un ejército de mercenarios, Hoppe aceptaría muchas de las acciones que ha emprendido el ejército de Israel; pero al tratarse del ejército de un estado, su condena es tajante.

La postura de Hoppe hace recordar la reacción de Rothbard ante la muerte del Che Guevara: ¡escribirle una elegía! Bastó para Rothbard compartir con el Che -un asesino comunista- el mismo enemigo.

¿Será que Rothbard, siendo el genio que fue, no se preguntó qué hubiese sido del mundo si las ideas del Che y de Fidel, de Marx y de Lennin, hubiesen triunfado? No se pregunta Hoppe: ¿Que sería de la Europa contemporánea si el Islam retrógrado desplazara a la cultura judeocristiana?¿Qué sería del mundo si las aspiraciones de califato de los trasnochados fundamentalistas musulmanes se hicieran realidad?

Sin menospreciar las críticas incesantes de Murray N. Rothbard y de Hans-Hermann Hoppe al colectivismo bélico; en el caso del conflicto árabe-israelí cobra cada vez más vigencia la frase atribuida a Golda Meir: “Si los árabes bajan las armas, se acaba la guerra. Si Israel baja las armas, desaparecerá Israel”.

Ver también

10 mitos sobre Murray N. Rothbard. (Adolfo Lozano).