Ir al contenido principal

Etiqueta: Pensamiento liberal

Una denuncia constante de la mentira

Es sólo una de las muchas frases perfectas que jalonan su obra, porque a la grandeza de su pensamiento hay que sumar la habilidad de un escritor excelente. "El club con más socios del mundo es el de los enemigos de los genocidios pasados. Sólo tiene el mismo número de miembros el club de los amigos de los genocidios en curso." (La gran mascarada, 2000). "La certeza de ser de izquierdas descansa en un criterio muy simple, al alcance de cualquier retrasado mental: ser, en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, antiamericano", "La globalización es el chivo expiatorio de los inútiles". (La obsesión antiamericana 2002). "La tentación totalitaria, bajo la máscara del demonio del Bien, es una constante del espíritu humano." (La tentación totalitaria, 1976).

La ajetreada vida de Revel

Hace una década, Jean François Revel se sentó a escribir su autobiografía, la memoria de una larga y ajetreada vida dedicada casi por entero al oficio de pensar. El título no podía ser más afortunado: El ladrón en la casa vacía (1997). Revel nació un 19 de enero, entre las dos guerras mundiales, en la ciudad de Marsella. Su familia, sin embargo, no era marsellesa sino proveniente del Franco Condado, un trocito de Francia de ida y vuelta que hasta tuvo, en el remoto pasado, su periodo español. Recibió sus primeras letras en casa, como siempre sucede, aunque las biografías oficiales insisten en que fue en la Escuela Libre de la Provenza donde aprendió a leer y a escribir, facultades que, con la de razonar, le permitieron ganarse la vida.

En 1940, cuando sólo tenía 16 años, los alemanes invadieron Francia. Fue resistente con convicción pero sin heroísmos de cartón piedra. Tras la victoria aliada decidió que lo suyo era la carrera universitaria. Su amor por la vida se lo impidió. Dejó embarazada a una joven periodista, a causa de Sartre según contó después, y los sueños de juventud se evaporaron. Empezó entonces su peregrinaje por México, por Argelia o por España, porque Revel viajó todo lo que se le debe exigir a un filósofo y un poco más. Francia perdió un profesor universitario, el mundo, a cambio, ganó un gran pensador, un gran humanista y quizá el último francés cosmopolita.

Revel lo abarcó todo, desde la economía hasta la política pasando por la historia, la filosofía, el periodismo y el arte, sin descuidar, naturalmente, oficios más mundanos como la gastronomía o el buen gusto por las mujeres. A diferencia de sus contemporáneos, conservados en la naftalina universitaria, fue el filósofo integral.

Ideológicamente, viajó también; del socialismo ambiente bastante común entre los jóvenes de los años 40 al liberalismo clásico que muchos entonces consideraban trasnochado. En esto coincidió con el austriaco Ludwig von Mises, la otra gran cabeza de la posguerra, tan incomprendido como Revel, o más. Revel, que fue siempre un optimista sin remedio, haciendo oídos sordos a los que le acusaban de nostálgico reclamaba una "revolución liberal" que liberase a Europa de los regímenes socialburocráticos que la paz trajo consigo.

Su enemigo privado y al que combatió con más ahínco fue el socialismo real, el que tenía a media Europa esclavizada. Él mismo había sido militante del partido, sólo tres días, al cabo de los cuales, rompió en público su carné. Predicó durante años en el desierto y, ya en la etapa terminal de su vida, pudo ver como el sangriento espectro del comunismo moría en las cancillerías pero no en las conciencias.

Revel, maestro de liberales españoles

La generación de liberales que hemos terminado formando el Instituto Juan de Mariana tenemos con casi el único francés liberal de renombre que quedaba entre nosotros una deuda impagable. La última vez que muchos pudimos escucharle fue en su homenaje auspiciado por FAES en un gran hotel próximo al Madrid de los negocios. El viejo león marsellés imprimió un tono de sagacidad e ironía en sus palabras, aunque ya se advertía que era un hombre gastado, una sombra del que, pocos años antes, contestaba las preguntas de Federico Jiménez Losantos en "La Linterna". Al día siguiente, el presidente Aznar le concedía la máxima condecoración civil en España. Poco tiempo después llegó el atentado, la derrota y todo lo demás. Era el epílogo español a su obra y también el fin impensado de una manera de hacer política en este país.

No fuimos pocos los que iniciamos nuestro camino por los senderos del liberalismo gracias a alguna de sus obras. Daniel Rodríguez Herrera recuerda, precisamente, cómo aquella entrevista radiofónica del año 2000 –reflejada luego por Revel en Diario de fin de siglo (2001)– lo llevó a leer La gran mascarada, el primer ensayo liberal que pasó por sus manos y, casi, el primer texto político que leyó, aparte de columnas periodísticas. "Por primera vez veía negro sobre blanco un montón de cosas que circulaban por mi cabeza pero a las que no acababa de dar forma concreta. A partir de ese momento me puse a leer a otros grandes, que me confirmaron en algunas de mis ideas y me hicieron cambiar otras. Pero ya no volví a tener unas ideas sustentadas en la nada o en la mera intuición", explica.

Gabriel Calzada, presidente del Instituto Juan de Mariana, recuerda que "la lectura de El conocimiento inútil –recomendada por Ramón Cotarelo– tuvo una gran influencia sobre mi forma de entender la manera en la que las ideas se extienden por la sociedad". Si hasta entonces pensaba que la "estrategia de propaganda deshonesta" era propia de los grupos de izquierdas canarios a los que había pertenecido, Revel le mostró que "el uso sistemático de la mentira como elemento de intoxicación informativa es la herramienta clave de todo el movimiento socialista". Fue el primer libro liberal "serio" que leyó, y le "dirigió hacia los teóricos del liberalismo económico", afirma el ahora doctor en Economía y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos.

Fernando Díaz Villanueva relata su lectura casual, a los 19 años, también de El conocimiento inútil. "Educado en el socialismo moderado, intervencionista y bienpensante tan en boga en la España de primeros de los 90, fue como administrar un purgante en mi conciencia de universitario", relata. Después de leer al genio francés, no pudo sino preguntarse "por qué se habían empeñado durante tantos años en complicar lo que siempre había sido sencillo". "A Revel le debo gran parte de lo que, intelectualmente hablando, he llegado a ser", concluye; una frase que suscribimos muchos.

Contra la mentira

La constante en la obra de Revel es la denuncia del totalitarismo, y del uso de la mentira y la propaganda a favor de las ideas de la izquierda. Es una severa advertencia a la ingenuidad que aún muchos liberales padecen, la de creer que la mera exposición de la verdad es suficiente para desterrar automáticamente los errores y las falsas doctrinas. La de pensar que los enemigos del liberalismo usan su capacidad racional para buscar la verdad con honestidad, cuando ésta es empleada generalmente en el diseño de formas de ocultar o dulcificar la realidad tanto de la teoría como, sobre todo, de la práctica del socialismo.

Revel desvela que el ataque de los enemigos de la libertad se ha dirigido, de forma deliberada, a corromper y demoler los fundamentos que sostienen nuestra sociedad con el objetivo de sustituirla por otra, aquella diseñada y dirigida por la izquierda. Y es que, para destruir una sociedad que depende de mantener ciertas normas éticas, del uso de la razón y de la información veraz es preciso corromper la ética, negar la capacidad de la razón y, sobre todo, contaminar las fuentes de formación e información de los ciudadanos: la educación y los medios de comunicación, objetivos de la izquierda desde Gramsci y que, una vez colonizados, permanecen como quinta columna de las sociedades libres pese a la caída del muro.

Esta es, tal y como nos muestra Revel, la estrategia que han empleado siempre los enemigos de la libertad y de la civilización occidental. Y tal ha sido su éxito que han conseguido sobrevivir a sus propios fracasos en el banco de pruebas de la Historia e, incluso, al derrumbe completo de su utopía de cabecera. Porque han conseguido que la mentira sustituya a la verdad, transformándola en la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo.

Liderazgo y toma de decisiones en Juan de Mariana (y 2)

El arte de dirigir en De rege et regis institutione es un modelo de recomendaciones perspicaces en torno a la selección de personal, la división del trabajo, la delegación, la creatividad y la naturaleza de la función directiva. Gobernar un equipo parece en múltiples ocasiones una tarea casi titánica, pero los consejos de Mariana quedan cerca de nuestro alcance.

El autor de la Escuela de Salamanca solicita máxima atención en la búsqueda de candidatos idóneos a un puesto de mando. No es cuestión baladí el reclutamiento de personas. Todo influye: rasgos físicos, biografía y proyección de valores íntimos hacia el futuro. Juan de Mariana adelanta lo que más tarde serán las comisiones seleccionadoras para cargos públicos al modo angloamericano:

Es preciso examinar la vida y costumbres de los que van propuestos como empleados antes que se les admita para compañía y servicio del príncipe… Está envuelto el carácter de cada cual debajo de muchos pliegues y como encubierto por un velo; la frente, los ojos, el semblante y más que todas las palabras se prestan mucho a la ficción y la mentira… Los que deben estar en compañía del príncipe son los que pueden llegar a ser esclarecidos capitanes e incorruptibles magistrados…

Yo no confiaría ningún cargo de gobierno a nadie que no fuese antes proclamado al pueblo, para que cada cual tuviese derecho de revelar sus faltas, como hacía en Roma Alejandro Severo.

La experiencia que la edad confiere es útil para los empleos graves; en otros puestos, ser neófito no es motivo de desdoro. Dicen algunos que son ineptos para los negocios hombres que, como los monjes, salen de improviso de las tinieblas a la luz del día –asegura- ¿Hay acaso algo en lo humano que esté completamente exento de vicio? No es partidario en sentido maximalista ni de la tecnocracia ni del amateurismo. Aparte de las cualidades intrínsecas de la división del trabajo, Mariana defiende un argumento sutil a favor de la misma: el reparto de tareas limita la disidencia; la acumulación es el anticipo de la rebelión:

Pues distribuyéndolos entre muchos, son también muchos los que aman al príncipe, obligados por los beneficios recibidos, y siendo muchos los que entiendan en las cosas públicas, ha de ser menor el deseo de innovarlo y reformarlo todo.

Somos lo que hacemos, no lo que dicen (o decimos) que somos o hacemos. Importa finalmente la obra bien hecha. Lo demás, moral aparte, son añadidos de breve virtud. El Padre Mariana ofrece en todas las ocasiones una magna lección de praxeología:

¿Nos metemos acaso en si son o no buenos ciudadanos los que nos calzan, los que nos construyen la casa donde vivimos, los que nos forjan las armas o los instrumentos de labranza? ¿No nos basta acaso saber que entienden bien de su oficio?

Resalta el jesuita cuestiones de mucho juicio acerca de la delegación. Delegar no es abdicar. Se delega el quehacer pero nunca la responsabilidad. Ante la delegación, que fomenta el desarrollo individual, los colaboradores honrados y atentos merecen una oportunidad. Quien delega tiene la obligación de enseñar al que ignora. El ejemplo episcopal es de inexcusable cumplimiento; el manager debe ser un experto al que los suyos puedan acudir:

La silla del obispo no lleva el nombre del trono ni de tribunal, sino de cátedra, y esto es, a no dudarlo, para que se acuerde de que su más principal deber es la enseñanza, y no ostentar el aparato del príncipe ni hacer las veces de juez, debiendo estar siempre convencido de que sería más útil para la república y aún para sí mismo que si algo hubiese de delegar a varones prudentes, fuesen todas las funciones anejas al cargo, menos las de enseñar e instruir a su rebaño…

La libertad de opinión propicia la creatividad, recurso imprescindible para el progreso en las organizaciones. Pocos han explicado como Mariana el verdadero significado profundo de la técnica de la tormenta de ideas o brainstorming:

¿No puede además el príncipe elegir sus consultores?…si se me da a elegir, prefiero un príncipe torpe que oiga, a otro agudo y perspicaz que no admita mas que sus propias convicciones…

Si cuando pide el príncipe consejo, olvidándose alguno de su posición y de la majestad que ante sí tiene, manifestase con demasiada libertad su parecer, creo que debe el príncipe dispensárselo, pues nadie debe ser castigado por su libertad en hablar, por más que haya emitido una opinión necia y ridícula. ¿Cómo no ha de faltar quien trate de persuadir si hay en querer persuadir peligro?

¡Que delicia leer a nuestro gran autor con ese estilo suyo tan visual, tan cinematográfico por momentos! Parece que estamos viendo in situ los pasos del príncipe inteligente que evita el tramposo dominio, tan omnipresente, de la presunta excelencia profesional que sirve de coartada para ejercitar la perversión en el trato a los demás. Del rey y de la institución real desenmascara a los culpables:

Las palabras "aborrézcanme, pero teman" son solo propias de un tirano. Raras veces puede un príncipe sobrellevar el odio de su pueblo; preséntese siempre humilde, así en el traje como en el continente, haga bien a todos, y si no a muchos, de a cuantos pidan, o cuando menos no les quite la esperanza de alcanzarlo; manifieste su buen deseo en concedérselo, haláguele con palabras blandas, procure que nadie se aparte de su vista triste y abatido, recuerde siempre que se hace pesadísimo ver unida a la supremacía del poder la dureza en el trato y la aspereza en las palabras.

Juan de Mariana conocía sobradamente las razones del alma humana. Quizá sus previsibles labores de confesor le ayudaron en gran medida a descubrirlas. Aquí aparece un gran retablo de la gloria y el error entre los hombres. El líder more aristotélico templa, compadece y vigila. No se vislumbran soluciones al contado ni sofistería banal sino manantiales de sabiduría para las horas de la vida.

Para aprender liberalismo

La economía en una lección, de Henry Hazlitt, acerca al lector de forma sencilla al razonamiento económico, con aplicaciones a situaciones concretas. Un libro más sistemático, pero del que el lector sacará mucho provecho son los viejos Principios de Economía, de Carl Menger. Ya, quien quiera profundizar y adquirir un conocimiento profundo de cómo "funciona" una sociedad, que se acerque con tiempo a las páginas de La Acción Humana, de Ludwig von Mises.

Pero la economía no es sino la interacción humana en un entorno institucional. De modo que es muy necesario entender cómo funcionan las instituciones, como el derecho, la propiedad, el dinero… La Libertad y la Ley, de Bruno Leoni, es una de esas joyas que le hacen a uno crecer en menos de trescientas páginas. Henri Lepage escribió un libro excelente, ¿Por qué la propiedad?, que lleva al lector a aprender lo más importante sobre esta institución fundamental. En español puede acudir a Propiedad y libertad, de Richard Pipes, y si habla inglés, no deje de leer The Noblest Triumph, de Tom Bethell. Si hablamos de instituciones y liberalismo, Friedrich Hayek es el nombre de referencia, y para acercarnos a su pensamiento sin tener que desentrañar sus obras más difíciles, lo mejor es leer La fatal arrogancia.

Para entender bien las sociedades libres es necesario captar la esencia de su opuesto, el socialismo. Acudamos de nuevo a Hayek para leer Camino de servidumbre, y también a Pipes, en su breve pero útil Comunismo. Si se desea profundizar, la crítica teórica del socialismo está en el libro del mismo nombre de Ludwig von Mises, y la histórica en El libro negro del comunismo, así como en el breve pero excelente El Holocausto, de César Vidal.

Es necesario saber cómo hemos llegado hasta aquí, quizás la mejor guía sea La riqueza y la pobreza de las naciones, de D. Landes. La mejor historia del siglo XX, sigue siendo Tiempos modernos, de Paul Jonson y para saber en qué situación estamos, la Defensa del capitalismo global, de Johan Norberg. Y si lo que le interesa al lector son las cuestiones de política económica, que no deje de leer Libertad de elegir de Milton Friedman. Fuera de catálogo, Riqueza y pobreza, de George Gilder.

Y como no todo está en los libros y estamos en la era de Internet, además de la página en la que ya está el lector, puede buscar buenos artículos en liberalismo.org, los comentarios del Instituto Juan de Mariana, e incluso Webinversor para aprehender lo esencial de la filosofía de la inversión. Que por falta de opciones no sea. En eso consisten las sociedades libres.

La fuente de los Principios

Mucho se ha escrito acerca de la importancia de los Principios de Economía Política de Carl Menger. Sin embargo, la mayor parte de los estudiosos colocan esta gran obra en un equivocado lugar de la historia del pensamiento económico. Las dos afirmaciones más repetidas consisten en que el fundador de la Escuela Austriaca de Economía provocó una verdadera revolución y que sus orígenes remotos habría que buscarlos en el mundo anglosajón. Sin embargo, es difícil determinar cuál de estos dos asertos encaja peor con la realidad histórica.

El coste entendido como coste de oportunidad, la relación entre precios y costes, la determinación del precio de los factores de producción, el subjetivismo, la definición de bienes económicos y la relación entre la unidades incrementales y la ley que explica el valor son algunas de las aportaciones originales que Menger habría hecho a la ciencia económica. Pero lo cierto es que no fue así. La adecuada definición del coste económico y su relación con los precios fueron desarrolladas varias décadas antes por Hermann, Ray, Roscher y Schultz. Hermann, por ejemplo, llegó a afirmar que “de la demanda y de lo que los demandantes están dispuestos a ofrecer por un bien vemos que cantidad de bienes están dispuestos a renunciar a cambio del deseado y esto determina cual puede ser el nivel superior del coste de la producción menos remunerada”. Tampoco el subjetivismo fue una aportación original de Menger. Autores como Hufeland lo desarrollaron y lo aplican a la economía desde comienzos del siglo XIX. Hildebrand hizo lo propio con la idea de marginalidad y, todos los autores citados, casi sin excepción, explicaron de manera previa y muy similar a Menger las características que tiene un bien económico.

No cabe duda de que Menger tomó prestada la mayoría de los conceptos que le caracterizan según la visión actual de la historia de las doctrinas económicas e incluso según los economistas y pensadores contemporáneos de la Escuela Austríaca. Su obra, sin embargo, no supuso una revolución radical como suele pensarse sino un paso más en una tradición en la que Menger se había empapado durante años. Sus aportaciones más importantes a esta línea de pensamiento son su inconfundible individualismo metodológico, por un lado, y por el otro su tratamiento de la interacción de los mercados analizando más de un precio simultáneamente en una estructura de producción intertemporal ligada a la clasificación vertical de órdenes de producción. A estas dos contribuciones habría quizá que añadir la integración de la idea subjetiva de tiempo y la de incertidumbre en el cuerpo teórico de la economía. Sin embargo, el subjetivismo económico era algo totalmente arraigado y desarrollado cuando Menger escribe sus Principios. La verdadera revolución de la época, como ha explicado Streissler, llegó de la mano de Schmoller.

Pero, ¿quiénes eran estos autores que precedieron a Menger en muchas de sus supuestas aportaciones? Actualmente se les conoce como a los miembros de la Gebrauchtwertschule. Y lo curioso es que Menger reconoce una y otra vez su enorme deuda con todos ellos. En el comienzo de los Principios, dedicados por cierto a Roscher, declara que “la reforma aquí intentada de los principios supremos de nuestra ciencia se fundamenta en un trabajo previo, llevado a cabo casi sin excepción gracias a la laboriosidad de investigadores alemanes.” Así pues está claro que los autores de esta escuela alemana son el precedente más directo de la Escuela Austriaca de Economía.

Si esto es así, ¿cómo es posible que Mises situara los orígenes de la Escuela en el mundo anglosajón? Este es uno de los errores más misterios e intrigantes que surgen de los escritos de Mises y de Schumpeter. Los cierto es que tanto uno como otro sabían (a través de Menger, Böhm-Bawerk y Wieser) de la importancia decisiva de la Gebrauchtwertschule en los Principios de Economía Política pero ambos decidieron ocultarla e incluso negarla. Sin embargo Mises ignoró a los autores alemanes y puso a los Smith y compañía en el lugar de predecesores de Menger. Y no cabe siquiera especular que Mises pensara que a su vez, esta escuela alemana estuvo influida de tal forma por la escuela escocesa que se pueda decir que la anglosajona es el origen de la austríaca y que no merecía la pena mencionar a los alemanes. De hecho, si por algo se caracterizaron estos autores alemanes fue por su fiero rechazo a la teoría anglosajona del valor y de ahí su nombre de Escuela del Valor de Uso. Por su parte Schumpeter llegó a afirmar que este grupo de autores alemanes no tienen otro valor que el de haber repetido lo que decía Adam Smith. De nuevo, nada más alejado de la realidad. Por poner un ejemplo, Oberndorfer concluyó una de las más demoledoras críticas a la teoría del valor en La Riqueza de las Naciones con estas palabras: “Y puesto que en sí mismo el trabajo no tiene valor, tampoco puede tener en sí mismo precio y, por lo tanto, tampoco puede ser medida de precios.”

Al otro lado de la interpretación histórica se sitúan los propios autores alemanes que recibieron la obra de Menger como un gran paso delante de su trabajo. Wilhem Roscher, el miembro más destacado de la Gebrauchtwertschule cuando se publican los Principios de Economía Política, considera a Menger como el gran continuador de la escuela alemana del valor de uso. Refiriéndose a “aquellos economistas que continúan en el camino de Hermann”, Roscher destaca al “austríaco C. Menger y su análisis conceptual altamente abstracto, siempre original y a menudo bastante fructífero, fundamentado habitualmente en un conocimiento exhaustivo de la historia del pensamiento”. Como ejemplo demostrativo de estas cualidades Roscher señala que Menger “examina primero la formación de los precios en el caso de un intercambio aislado, luego en el caso del intercambio monopolístico y tan sólo finalmente en el caso de la influencia de la competencia por ambos lados”.

No cabe duda de que los autores de la Gebrauchtwertschule, una escuela de pensamiento económico unida a través de su crítica a la concepción smithiana del valor, fueron la fuente inmediata de donde bebió Carl Menger para sus Principios. Donde sí surgen infinidad de interrogantes es en el motivo por el que Mises y Schumpeter decidieron desviar la atención sobre este hecho y trataron de colocar a la Escuela Austriaca en un lugar que no le corresponde.

Símbolos de libertad

Ama-gi

Corría el año 2300 antes de Cristo, más o menos, cuando alguien en la ciudad-estado sumeria de Lagash inscribió el símbolo cuneiforme del ama-gi en un documento de arcilla. A día de hoy, ésa es la expresión escrita más antigua que se conserva de la palabra libertad.

A medida que el interés por este inmortal concepto va renaciendo, son más y más los que redescubren los muchos y diversos símbolos que a lo largo de las eras y de las civilizaciones lo han representado. Veamos algunos de los más recientes.

La bandera de Gadsden

Cuando las Trece Colonias se batieron contra el Imperio Británico, uno de los símbolos más populares fue la Bandera de Gadsden, una serpiente de cascabel sobre un fondo amarillo. Fue Benjamín Franklin quien mejor supo explicar la analogía entre ese animal y los ideales de aquella joven nación: jamás es la primera en atacar, cuando lo hace avisa primero y cuando ha empezado jamás se rinde. Sobre la serpiente, la Bandera de Gadsden lucía el lema: Don’t Tread On Me! (no me pisotees). Una de las formas más claras y directas de expresar lo que se entiende por libertad: ¿verdad que no me meto contigo? ¡Pues, déjame en paz!

Libersign y Tanstaafl!

A finales de los años sesenta, David Nolan estaba harto del topicazo que encasillaba a todo hijo de vecino en un espectro político unidimensional. Se suponía que o eras conservador y, por lo tanto aceptabas la libertad de empresa y atacabas ciertos comportamientos individuales (en materia de sexo y religión, por ejemplo), o eras izquierdista y entonces atacabas la libre empresa y defendías aquellos comportamientos.

Fue entonces cuando ideó el llamado World’s Smallest Political Quiz (el cuestionario político más pequeño del mundo), también conocido como Nolan Chart. La idea era sencillísima: cinco preguntas sobre materia económica y cinco sobre asuntos personales. Los resultados se representaban sobre unos ejes cartesianos en forma de aspa dando lugar a un gráfico en forma de diamante.

Los que respondían a favor de la libertad económica y a favor del control del Estado en asuntos personales, serían la derecha conservadora. Los que respondían a favor del control del Estado en la economía y en contra de su injerencia en asuntos personales serían la izquierda progresista, lo que en EE.UU. llaman "liberals". Los que respondían siempre a favor del control del Estado serían los autoritarios. Los que respondían siempre a favor de la no injerencia del Estado serían los libertarians, lo que en español llamamos "liberales". Los que no se decantaban claramente ni por el control estatal ni por la liberad en ninguno de los casos, serían los centristas.

Pocos años antes, Robert Heinlein había publicado su novela de ciencia-ficción La luna es una cruel amante en la que narraba la lucha de las colonias lunares por la independencia. Los colonos enarbolaban una bandera negra salpicada de estrellas en la que lucía una franja roja y un cañón dorado sobre el lema TANSTAAFL!, acrónimo de la expresión inglesa There Ain’t No Such Thing As A Free Lunch! (¡Las comidas gratis no existen!), que venía a recordar el hecho de que cuando alguien ofrece algo gratis suele suceder que un tercero ha de pagarlo, o sea, que la libertad de uno no puede ser jamás la esclavitud de otro.

Inspirado por el diagrama de Nolan, Heinlein diseñó un nuevo símbolo para el liberalismo más lanzado. Con un diseño minimalista de inspiración sagitaria, símbolo de la sabiduría y de la liberad, Heinlein trazó el aspa del diagrama y tildó el eje vertical con una punta ascendente. Pero era también una clara referencia al cuadrante superior donde se encontraba el liberalismo en el cuadro de Nolan. Lo llamó libersign.

Libertatis Æquilibritas

Uno de los símbolos liberales más curiosos es el Libertatis Æquilibritas, el equilibrio de la libertad. Consiste en la combinación del símbolo taoísta del Yin Yang, el círculo-A del anarquismo y el carácter $ de la divisa norteamericana.

El primero representa la armonía que resulta de la ausencia de coerción, o sea, de la inacción del Estado. El segundo, redunda en lo anterior al recalcar el componente anarquista. Y el último, el dólar, representa el mercado en el que no hay coerción sino relaciones voluntarias mutuamente gratificantes.

El Libertatis Æquilibritas suele representarse en color azul, negro o dorado. El primero es frecuente como símbolo de la libertad. El segundo simplemente resulta más fácil de representar. Y el último se refiere a la vieja y estrecha relación entre el oro y la libertad.

Liderazgo y toma de decisiones en Juan de Mariana (1)

El Padre Mariana en su obra Del Rey y de la institución real (1598) recomienda las cualidades esenciales que todo príncipe cristiano debe poseer para la mejor gobernación de su futuro reino. Se trata de una suma de valiosos consejos acerca de la monarquía, la educación y los cargos públicos. Dirigida a Felipe III, rey de España, en De rege et regis institutione Mariana explica su celebérrima defensa del tiranicidio. Sus consejos, plenos de modestia y sabiduría, pueden resultar muy útiles para los hombres y mujeres con algún tipo de responsabilidad ejecutiva e incluso para un eficaz desenvolvimiento en cualquier otro aspecto de la vida.

Juan de Mariana analiza en profundidad la gloria, que hoy podríamos entender como el legítimo afán de superación profesional y la voluntad de salir adelante. La gloria es el motor que mueve la acción humana. Los ejemplos de los grandes hombres de la Historia sirven de acicate para la propia evolución personal. No hay en la gloria según Mariana sombra de vacuo aristocratismo sino un certero mensaje contra la envidia igualitaria:

El amor a la gloria es natural en el hombre y existe en todos, porque ¿quién podría haber tan humano y tan fiero que no medite infinitos proyectos para adquirir el aplauso de sus semejantes?…

Abramos los antiguos anales, recordemos las edades antiguas y encontraremos indudablemente que al amor a la gloria debemos la existencia de los más valientes capitanes, de los más prudentes legisladores, de los más sabios filósofos.

…El amor a la gloria no está fundado en la opinión del vulgo, sino en la misma naturaleza humana, y esto lo declara suficientemente el hecho de que este deseo lo tenemos todos.

El autor fija un límite para la gloria: que ésta no desemboque nunca en el oportunismo. Critica a los que hoy denominaríamos profesionales de la solidaridad, siempre pendientes de la audiencia televisiva, y recomienda practicar buenas obras ocultándolas a la vista de nuestros semejantes.

A Mariana le gustan los líderes que comuniquen al equipo los valores que inspiran su dirección y rechaza la desacertada y extendida idea acerca de la excelsa soledad del mando. Lanza además un mensaje para valientes de resonancias casi churchillianas:

Aprenda sobre todo el príncipe a despreciar vanos temores, luche con sus iguales, hable en presencia del pueblo, no huya de la luz, no se aísle del público, no se acostumbre a una vida retirada… Es el miedo la mejor señal de un ánimo abatido, así que desdice del todo la dignidad del príncipe y es del todo contraria a la dignidad de los reyes. Deben exponerse todos los esfuerzos posibles en alejarle y fijar con ahínco en el ánimo del futuro monarca la idea de la infamia y mengua que consigo llevan, a fin de que rechace el miedo al miedo.

El gran jesuita dedica largos párrafos a la mentira, a la que sonoramente detesta.

Advierte las desventajas de la falsedad y observa con temor cualquier clase de disimulo. Dice con donaire que los aduladores son perniciosos camaleones que visten todos los colores, menos el blanco:

Nada hay en la vida humana más excelente que la buena fe, con la cual se establecen las relaciones comerciales y se constituye la sociedad entre los hombres… No negaremos que el príncipe debe ser cauto y guardar esa reserva, que el pueblo suele llamar astucia y fraude, dando a la virtud un nombre que está muy cerca de significar el vicio.

Acerca de la dirección de personas, nuestro autor no admite favoritismos por parte del líder, que debe permanecer alerta distinguiendo entre buenos y tramposos colaboradores:

Ármese de circunspección y prudencia para que no le engañen sus cortesanos, que están acechando todas las ocasiones para cegarle y arrancar de sus manos honores y riquezas, tomando tal vez por juguete a la inocencia ajena y abusando de la sencillez del hombre que verdaderamente vale. No se deje nunca desviar de las leyes de la equidad, no podrá mantener unidos a los altos con los bajos, ni con éstos a los del orden medio si no los tiene a todos persuadidos de que más pueden con él las prescripciones de la justicia que los afectos personales ni la privanza de los que le rodean.

Es aleccionador cómo Mariana presta atención a un aspecto tan moderno como es el lenguaje corporal. ¡Cuántas personas pierden la consideración de los demás apenas despliegan su póquer de gestos! Le desagradan por completo la violencia en los brazos, los labios torcidos y la voz desgañitada:

Las vanas e hinchadas olas se estrellan contra los peñascos, las grandes y generosas fieras no levantan siquiera la cabeza por oír ladrar a un perro. Los movimientos del ánimo demasiado vehementes y el excesivo calor en la palabra, no sólo desdicen de hombres graves, son contrarios a la dignidad y al mando, porque si es implacable la ira, se atribuye a crueldad; si cede, a ligereza y blandura; que es sin embargo preferible.

Del Rey y de la institución real es fuente de múltiples y gratas sorpresas. También el Padre Mariana podría aparecer como precursor del role-playing y las dinámicas de grupo cuando recomienda la exposición pública de asuntos de interés para una ventajosa formación entre los jóvenes (Hágase que dos o tres muchachos hablen en pro, ora en contra, y que uno cómo juez resuelva la cuestión dando el fallo definitivo que le aconsejen su razón y su conciencia…). Éstas y otras técnicas decisorias en las organizaciones que el ilustre talaverano avizoró, serán objeto de un próximo comentario.

La izquierda millonaria

Antes de morir, Marx dijo odiar el vil metal: "No quiero el dinero porque es la razón por la que luchamos". Recientemente, el PSOE, en consonancia con sus principios, señalaba que el socialista de hoy tiene que colaborar en la "construcción de una sociedad que favorezca una redistribución más equitativa de la riqueza".

Sin embargo, como señalaba David Horowitz en "Left Ilussions", "una de las claves de la mentalidad de izquierdas es que se juzga a si misma por sus mejores intenciones y a sus oponentes, por sus peores actos" Otra de las características que la definen es que, a pesar del derrumbe del comunismo, sigue bebiendo de la teoría de la explotación marxista, eso si, adecuada a los tiempos que corren. Cualquier desastre, tiene explicación en la dominación del hombre sobre la mujer, de los potentados contra los pobres, de los países ricos contra el tercer mundo, del género humano contra el animal y la naturaleza, etc…Al final, la vida se reduce a dominar o a ser dominado. En su subconsciente, la izquierda cree en esta dicotomía nietzscheana.

De ahí que no sea infrecuente encontrar casos de doble moral en los que los izquierdistas actúan contrariamente a lo que piensan y, aunque se califiquen de solidarios, sean egocéntricos y derrochones.

Uno de los más flagrantes ha sido el de Juan Luis Cebrián. La mano derecha de Polanco decía no hace mucho que había que emprender la "lucha contra las desigualdades económicas" y no cejar hasta la "eliminación del exasperante y ciego egoísmo de las sociedades capitalistas". Evidentemente, el otrora jefe de la prensa del Movimiento se olvidaba de autoflagelarse por todo el capital que ha desembolsado para pagar su vivienda de 1.000 metros cuadrados en la urbanización madrileña, "La Moraleja". Según informa el diario Minuto Digital, Cebrián ha satisfecho por el inmueble alrededor de 1.000 millones de pesetas.

Pero no crean que estamos ante una excepción a la regla porque en todos los países en los que los intelectuales braman contra la pobreza, muestran al mundo su lujo sin molestarse siquiera un ápice por "el qué dirán".

Por ejemplo, descubrir que el famoso pensador de la izquierda, Noam Chomsky, defensor de neonazis y de etarras, se sirve de planificaciones fiscales para pagar menos impuestos por los millones que atesora, aún siendo escandaloso, es ocultado deliberadamente por los medios de comunicación.

Como ha señalado Peter Schweizer en un extracto de su libro "Do as I say (not as I do): Profiles in liberal hypocrisy", "Chomsky está a favor del impuesto al patrimonio y la redistribución masiva de los ingresos, siempre y cuando no sea la redistribución de sus ingresos. No hay razón alguna para dejar que políticos radicales se entrometan en una sensata planificación del patrimonio.  Cuando pregunté a Chomsky sobre este fondo empezó a sonar de lo más burgués: ‘No voy a disculparme por apartar dinero para mis hijos y nietos’, me escribió por correo electrónico. Chomsky no ofreció ninguna explicación de por qué condena a otros igualmente orgullosos de su disposición hacia sus propios hijos y que tratan de proteger sus activos del Tío Sam. Sin embargo, dijo que sus protecciones frente a los impuestos están bien porque él y su familia están ‘intentando ayudar a la gente que sufre’."

Por su parte, el no menos famoso Michael Moore es otro de los miembros de este club de ricos socialistas. En uno de sus libros se atrevía a criticar el sueño americano de este modo: "En este país somos adictos a este mito feliz de que se puede pasar de la pobreza a la riqueza. En otras democracias industrializadas la gente se siente satisfecha con ganar lo suficiente para pagar las facturas y mantener a sus familias. Son pocos los que tienen un deseo criminal por hacerse ricos. La mayoría vive con los pies en el suelo, donde son solo unos pocos, siempre otros, los que se hacen ricos, así que más vale irse acostumbrando". Ahora bien, el desconocido Moore es millonario, vuela en business, circula en limusina, vive en Manhattan y aunque critica a las grandes corporaciones, es titular de acciones de Boeing o Haliburton. ¿Quién es entonces, el gangster?

Como hemos visto, algunos de los voceros de la dignidad humana, el igualitarismo y la redistribución son unos farsantes que ansían el dinero con una obsesión rayana en la enfermedad mental. Una vez más, se demuestra que la ética de la izquierda es como el vestido del emperador: no existe.

¿Qué podemos aprender de las Fallas?

Piensen un instante en la esencia de las Fallas: tanto los ninots como los cohetes se desvanecen instantáneamente. El cartón, la madera y la pólvora son un gasto caprichoso de corto alcance; se esfuman tan pronto como el fuego entra en contacto con ellos. Los falleros se gastan millonadas de euros para luego quemarlos el 19 de marzo.

Muchas personas estarán tentadas a afirmar que las Fallas suponen un dispendio irracional, un gasto innecesario o una desviación de las necesidades de producción; ese dinero podría utilizarse para otras actividades "más importantes", como la educación o la sanidad.

Estos razonamientos parten del error de suponer que existe una escala de preferencias distinta de la demostrada en su acción por los individuos. El valor es subjetivo: cada individuo persigue sus propios fines y se provee de los medios necesarios para conseguirlos. Antes de consumir debemos producir, y la producción se orienta a satisfacer los deseos del consumo a través de los precios de mercado.

La pretensión de ciertas personas de utilizar los medios políticos para erradicar los deseos de los individuos y sustituirlos por los caprichos de los políticos sólo puede ser calificada de arbitrario robo. No hay excusa posible para privar a las personas de los medios que ellos mismos han producido para satisfacer sus propios fines.

La tragedia del poder político es que, en su magna ineficiencia, es incapaz de producir riqueza de manera pacífica y tiene que rapiñar los bienes y servicios ajenos en nombre de unos fines superiores.

Las Fallas son un buen ejemplo de que las preferencias individuales pueden parecernos estúpidas, incomprensibles o irracionales, pero ello no nos legitima para intentar corregirlas mediante la violencia. La gente incluso puede fumarse billetes de 500 euros si eso le hace feliz: no seamos tan moralistas como para tratar de impedírselo.

El problema de la riqueza no es su mala distribución, como quieren hacernos creer los políticos, sino su coste de oportunidad. ¿A cuánto está dispuesto a renunciar para quemar una montaña de billetes?

La farsa de los bienes públicos

Una de las justificaciones más habituales del intervencionismo estatal la encontramos en los llamados "bienes públicos". Supuestamente, existen una serie de bienes que, una vez producidos, pueden consumirse en cantidades casi ilimitadas, sin coste adicional alguno, y que, para más inri, no permiten la exclusión de estos usuarios adicionales. Un ejemplo recurrente es el faro: una vez construido, todos los barcos se benefician de su luz, sin que sea posible excluir a los barcos que no han pagado.

Estos "gorrones" se conocen en la literatura económica como free-riders, personas que se benefician del bien pero que no han contribuido a financiarlo. En principio, esto supone un impedimento para que los bienes públicos sean provistos de manera privada (sin la coacción del Estado): todo el mundo intentaría que fueran otros quienes pagaran por ese bien que, una vez fabricado, beneficiará a todos. En este contexto, se apela a la intervención del Estado para que obligue a todos los futuros consumidores a contribuir coactivamente a su pago.

Afortunadamente, las críticas teóricas solventes a este ruinoso concepto ya han comenzado a emerger. Pero, además, para mayor pataleo de los estatistas, tenemos ejemplos por doquier de bienes supuestamente públicos que han sido producidos de manera privada sin mayores problemas. Uno de ellos es la caridad; otro, las Fallas.

Pensemos de nuevo en las Fallas. Una buena parte del espectáculo que ofrecen está disponible para una pluralidad de personas, que en su mayor parte, no han pagado nada. Cada falla se construye gracias a las contribuciones voluntarias de sus socios; no es necesario ningún tipo de coacción para financiar la compra de ninots o el lanzamiento de los castillos de fuego a cargo de cada asociación fallera. Valga como clarificador ejemplo la falla Nou Campanar, cuyo presidente, Juan Armiñana, ha invertido la friolera de 600.000 euros, esto es, más de 100 millones de las antiguas pesetas; todo ello sin necesidad alguna de coacción, represión o violencia.

Los teóricos de los "bienes públicos" son incapaces de darse cuenta de que su estrecho modelo de racionalidad (basada en la maximización mecanicista de los beneficios monetarios) no encaja en un mundo donde los individuos también actúan impulsados por la amistad, el amor, la caridad, la compasión o la tradición.

A los valencianos no necesitan explicarnos cómo solucionar el problema de los bienes públicos. Los centenares de fallas que pueblan cada año la ciudad son una buena prueba de ello.

Vandalismo y vándalos

Al principio del artículo decíamos que no podemos arrebatar a los individuos los medios que ellos mismos han producido para satisfacer sus propios fines; luego, que las fallas pueden producirse de manera privada, sin necesidad de coacción pública.

Precisamente porque el asociacionismo voluntario de los valencianos es tan poderoso y pujante, uno no puede más que sorprenderse de que subsistan costumbres tan primitivas como que el Ayuntamiento tenga su propia falla, costeada con los impuestos de todos los valencianos. Que hace unos días unos vándalos la quemaran precipitadamente sólo ilustra el trágico destino del dinero expoliado por la Administración: las cenizas de la represión.

La paradoja de las paradojas es que, mientras esos asaltadores van a ser perseguidos por haber atentado contra la falla del Ayuntamiento, el Ayuntamiento no va a ser perseguido por atentar contra la propiedad de los valencianos.

Ningún acto de iniciación de la violencia es legítimo: ni el robo inicial ni la quema posterior. Nuestros políticos deberían ser menos demagogos: el acto vandálico contra la falla del Ayuntamiento, por el que tanto claman, es perpetrado diariamente por ellos mismos cuando succionan nuestra renta. Cada uno debe responder por sus delitos; también los políticos.

Las fallas como modelo de Alianza de Civilizaciones

Las fallas han sido desde siempre y por encima de todo un grito de sátira y crítica social. Ningún personaje popular se libra de aparecer ridiculizado antes de la quema. Pero hete aquí que los censores socialistas, que también abarrotan el Partido Popular, no han dudado en presionar a las fallas para que se "autocensuren" y eviten cualquier crítica a Mahoma o al Islam.

Las opiniones ajenas podrán parecer verdaderas o falsas, agradables o desagradables y comprensibles o incomprensibles, pero, en todo caso, las opiniones no delinquen. Sólo cuando se inicia la violencia física tenemos un justo derecho a la defensa; de otra forma estamos confundiendo la iniciación del ataque con el pretexto de la falsa protección.

La ofensa de los sentimientos –tampoco de los religiosos– no es argumento suficiente para iniciar la violencia. Si cualquier ofensa individual o generalizada concediera un derecho de represalia, la guerra civil y la destrucción de la sociedad devendrían inevitables.

El respeto no pasa tanto por no criticar al prójimo cuanto por no atacarlo. Es mucho más respetuoso quien critica mordazmente pero de forma pacífica que quien de manera disimulada reprime al prójimo.

El islamismo no puede gozar de prebendas que amparen la restricción de la libertad individual. Como creencia de millones de individuos, queda amparada por los mismos derechos que ostenta cada uno de esos individuos.

La presión y el chantaje del Estado contra la propiedad privada de las fallas resultan del todo inaceptables; a quien no le guste que no mire: en una semana habrá desaparecido entre las llamas. A buen seguro no podremos decir lo mismo de la opresión del poder político.

Conclusión

Las Fallas son una festividad tremendamente popular que, al margen de la diversión que proporcionan, pueden ofrecernos importantes lecciones éticas y económicas. Sólo tenemos que hacernos las preguntas pertinentes y comprender la realidad gracias a la teoría adecuada. La libertad nos da lecciones hasta en los momentos más insospechados.

Milosevic y genocidio

Lo que no ha sido sorprendente es la reacción del PP, que se opone a la medida porque, según ellos, significa el acta de defunción del ente. Un partido que en muchas ocasiones se ha autoproclamado liberal no puede estar en contra de la omnipotencia estatal. Pero el PP no es un partido liberal, es decir, no cree que el soberano absoluto de la economía y asuntos privados sean el individuo y no el estado. Un partido liberal habría dicho que la medida de ZP es tímida y no arregla nada, la única solución a RTVE (el grupo) es la privatización absoluta.

Un grupo de comunicación "público", como si los privados no fuesen públicos también, no tiene sentido por seis razones. Primero, pagamos por él queramos o no, lo veamos o no. ¿Disfruta pagando más impuestos porque sí? ¡RTVE no nos sale gratis! Segundo, no cubre ninguna necesidad submarginal (económicamente hablando), si le gustan los documentales, ¿prefiere los antiguos y sosos de La 2 o los modernos del Canal National Geographic? Tercero, no es imparcial. ¿Lo fue en la época de Franco, en la época de González o Aznar? ¿Lo es ahora? Cuarto, no es una alternativa a la telebasura; intenta comportarse como un canal privado con programas y películas comerciales, con sus culebrones, sus programas del corazón, emitiendo toda la saga de Harry Potter (excepto la última, por razones evidentes). Quinto, porque su gestión, a diferencia de una compañía de comunicación privada, repercute sobre nosotros y es totalmente deficiente y jamás ha tenido freno alguno. En los últimos años ha generado de media un déficit de explotación de unos 100 millones de euros anuales, más la deuda que va sumando y que se añade a los 7.500 millones de euros ya existentes: un pozo sin fondo a costa de nuestro dinero. Y sexto, sus contenidos comerciales son una competencia injusta y peligrosa para las cadenas privadas, y eso evidentemente engloba a sus empleados también.

¿La medida del gobierno es "el acta de defunción" del ente? Ojalá, y cuanto antes mejor. Su existencia no significa más calidad de vida para nosotros, sino menos capacidad de poder adquisitivo. ¿Y los trabajadores del grupo que serán despedidos? Ellos no tienen la culpa, pero nosotros menos. Seguro que el gobierno los untará sobradamente para que se callen, total, el dinero es nuestro y no de los gobernantes… La única solución al problema del ente sería dejar el mercado abierto, con licencias ilimitadas de radio, televisión y que sea el mercado quien diga basta por motivos técnicos o de desgaste comercial.

En resumen, la medida del gobierno es floja, con poco valor real y seguro que resultará mucho más cara de lo deseable, pero peor ha sido la respuesta del PP que sólo piensa en unos votos que no va a conseguir (dudo que alguno de los empleados de RTVE vaya a votarlos por esto), y en el miedo a heredar un medio de manipulación "débil" cuando llegue al poder.

La teoría monetaria puede hacer peligrar tu libertad

Con frecuencia se escucha que el Padre Juan de Mariana sufrió un prolongado cautiverio debido a sus extremas ideas sobre el tiranicidio. Lo cierto es que el arresto y el juicio contra el jesuita de Talavera poco tuvieron que ver con la doctrina que defiende la legitimidad de matar al rey cuando este deviene en tirano. Mariana no inventó, ni mucho menos, la doctrina del tiranicidio y tampoco sería el último autor que la defendiera. Es posible que su defensa del tiranicidio se pueda contar entre las más extremas y consistentes y, sobre todo, en una de las únicas que se expone en un libro de encargo para la educación de un príncipe, Felipe III. Pero si bien esta posición radical le costó la quema pública de su obra De Rege en La Sorbona no fue la causa del juicio que se orquestó contra su persona.

El proceso contra Mariana fue motivado por su defensa de teorías mucho más peligrosas para el poder político que el derecho a matar a un tirano. De las trece acusaciones que el fiscal presentó contra Mariana el 27 de octubre de 1609, seis de ellas –las más importantes– están relacionadas con su idea sobre la inflación mientras que las otras siete se refieren a sus críticas de la mala gestión pública y sus denuncias de corrupción. De hecho, el tiranicidio sólo se nombra en la quinta acusación. En concreto se le imputa mantener que la inflación es un tributo y “fundado que S.M. no puede imponer tributos sin consentimiento del reino”, calificar al rey de tirano y considerarle excomulgado por lo dispuesto en la bula In Coena Domini. Es decir, que si bien el fiscal acepta que el jesuita tiene razón cuando dice que el rey no puede imponer nuevos tributos sin el consentimiento del reino, convirtiéndose en ese caso el rey en un tirano, mantiene que no es cierto que la inflación o los estancos puedan ser considerados como tributos.

En las otras doce acusaciones no hay más rastro del tiranicidio. Mariana, que diez años antes había hecho temblar a más de un rey con su famosa defensa del derecho de toda persona a matar al monarca que usurpa los derechos y libertades de los individuos, es perseguido por algo mucho más grave: Negar el derecho del rey a cambiar el valor de la moneda. De eso se le acusa en la primera de las inculpaciones cuando se dice que Mariana impugna en su obra el supuesto derecho real de “acuñar moneda y moderar y disponer el valor y ley de ella, así, atendiendo a lo que toca al bien público como a las necesidades instantes de la Corona”. Y conforme a esta primera acusación se estructura todo el proceso.

Mariana ataca el recurso a la inflación monetaria pocos años después de que el Duque que de Lerma convenciera a Felipe III, ya por aquel entonces rey, para financiar el gasto público mediante la rebaja paulatina del contenido de plata en la moneda de vellón. Su explicación de la esencia económica y jurídica de la inflación y su denuncia de las perversas consecuencias de este fenómeno monetario sobre toda la sociedad ponían en peligro los planes de expansión del gasto público. Como comentó Fernández de la Mora “ni que decir tiene que fueron el Duque de Lerma y el propio rey los instigadores del proceso contra el Padre Mariana”.

Así es como Juan de Mariana termina encerrado y enjuiciado a los 73 años por quince delitos entre los que se encontraba el de Lesa Majestatis. Pero aún en esta penosa y comprometida situación Mariana no se mordió la lengua en todo el proceso. Por un lado se reafirmó en que el rey no puede rebajar el valor de la moneda sin el consentimiento del reino y por otro afirmó que no tiene nada de malo recordárselo al rey dado que siempre hay gente dispuesta a engañarle en estos asuntos. De modo que “el que avisa antes les hace servicio”. Ni siquiera se desdijo de su calificación de tirano al rey que comete el “latrocinio” de mudar el valor de la moneda. Ante acciones como esta nada tiene de extraño que Jaime Balmes afirmase que el jesuita de Talavera no tenía consideraciones con los grandes, que no temblaba cuando se dirigía a los reyes y que su corazón latía vivamente al solo nombre de libertad.

En efecto, el caso de su juicio no sólo nos enseña que hablar de teoría monetaria puede hacer peligrar seriamente la libertad, sino también que su involuntario protagonista, Juan de Mariana, fue un hombre siempre receloso de poder político, de una extraordinaria firmeza en sus principios y de una enorme honradez intelectual al servicio de la libertad individual.