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Etiqueta: Pensamiento liberal

Comprendiendo la Gran Recesión y sus salidas

La semana pasada, desde el jueves, 22, al sábado, 24, se celebraron en la Universidad Católica de Ávila las jornadas correspondientes al primer Congreso de Economía y Libertad: "La Gran Recesión y sus salidas", en cuya organización el Instituto Juan de Mariana tuvo el honor de participar.

Allí pudimos encontrarnos con muchos amigos del Instituto, que asistían como público o presentando trabajos de investigación en las distintas sesiones temáticas confeccionadas. Asimismo, pudimos vivir de primera mano el excelente trabajo realizado por los responsables de la Universidad que se encargaron de que las jornadas funcionaran como un reloj, entre quienes podemos destacar como cabezas más visibles (que no únicas en un congreso de esta dimensión) a Vicente Enciso y David Sanz.

Las impresiones que extraje de allí fueron muy positivas en lo que se refiere al diagnóstico generalizado del mal endémico que padece la economía española. Cuestión distinta es el tratamiento que se propone dar al paciente, que siempre suscita mayor polémica, probablemente porque se combina el "arte de lo posible" (la terrible Política) con un ramillete de teorías económicas no necesariamente compatibles entre sí y con un tsunami imposible de frenar en forma de Gran Recesión.

En cuanto a lo primero, economistas de la talla de Victoriano Martín, Francisco Cabrillo, José Raga o Fernando Méndez Ibisate, quienes no necesariamente beben de las teorías de la escuela austríaca, encontraron en los procesos de expansión crediticia y la explicación hayekiana los orígenes de la burbuja económica y posterior recesión.

Se dirimieron allí muchas más cuestiones, como si los rescates bancarios eran pertinentes y legítimos, a lo que, por ejemplo, Victoriano Martín respondió airadamente que no, argumentando que la doctrina del too big to fail no debía llevarse por delante al contribuyente para favorecer al depositante.

Este es un asunto que habitualmente genera ardientes discusiones por el efecto en cascada de las quiebras bancarias y porque toda economía moderna gira en torno al crédito y al sistema financiero. No se trata de dejar quebrar a una "punto com", cuya repercusión global es muy inferior. Afortunadamente, existirían caminos intermedios desde la iniciativa privada como el que explicó David Sanz en un panel que compartimos sobre Crisis española y mundial. Se trataría de un concurso de acreedores mediante el cual, como sucede con las empresas privadas que se enfrentan a este trágico panorama, se impulsa una recapitalización desde dentro, convirtiendo la deuda a largo en acciones, la deuda a medio plazo en deuda a largo y así sucesivamente. Es ésta una forma, sin duda, de que el banquero gane tiempo y se deshaga de lo malo. ¿A costa de los que le prestan a él? Seguramente, pero la alternativa es la liquidación de la entidad en el peor de los momentos posibles, en cuyo caso las pérdidas para los acreedores del banco serían, a priori, aún mayores. Este es el motivo por el que precisamente existen concursos de acreedores en las empresas. Para determinar cómo distribuyen las pérdidas e intentar hacer lo posible para que la empresa siga en funcionamiento tras redimensionarse (expulsar lo malo y mantener lo bueno): al final, para los acreedores, perder una parte es mejor que perderlo todo.

Surgió, a cuenta de esto mismo, la cuestión del riesgo moral (o moral hazard) que impregna todo el sistema financiero. Si bien el diseño institucional es nefasto, poco importa al banquero ponerse en situación de extrema iliquidez y proximidad a la insolvencia si existe un ente de última instancia –y no hablamos ahora del Banco Central (que también…)– que salvará al sector cuando corra serios peligros. Los incentivos generados son perversos.

Claro que de aquí se derivan fundamentalmente dos cuestiones: qué hacemos ahora cuando el mal está hecho y ya no nos enfrentamos a una bola de nieve sino a un auténtico alud, y, segundo, qué debemos plantearnos cambiar para que no se repita en el futuro. Cómo no, Basilea III tuvo su protagonismo llegados a este punto. Massimiliano Neri hizo una exposición en torno a si con esta nueva reforma serían capaces las entidades financieras de afrontar con éxito tensiones de iliquidez (pruebas de estrés) como las vividas en 2008/2009. Las primeras conclusiones de su investigación es que con la nueva legislación no se pondrá coto a las expansiones crediticias (dicho de otro modo, iliquidez bancaria) debido a que, de nuevo, ésta no hace sino templar gaitas con los gobiernos de la UE. Se fomenta la sobreponderación en la cartera de la deuda pública al definirse como activo líquido, aunque no goce de la calificación crediticia apropiada, la deuda de la propia nación en que resida el banco.

Hasta ahora hemos hablado de cómo el sistema financiero propicia las expansiones crediticias (y contracciones cuando llega la crisis). Su reflejo en el sector productivo debiera ser bastante evidente. Cuánto se repite en los telediarios que los bancos no están prestando a las pymes y familias… A qué tanta insistencia: a que si hubiera facilidades de crédito, los tipos bajos que tenemos harían rentables proyectos que marginalmente ahora no lo son. Ese es el principal argumento.

Pero, hoy día, inundan los mercados de liquidez y ni con ello consiguen que los préstamos fluyan. Las teorías económicas mecanicistas poco se detienen a analizar los procesos económicos que tienen su origen en las decisiones humanas. ¿Acaso creemos que los efectos que tenga en la economía "inyectar liquidez" en la actualidad no están íntimamente relacionados con la situación de partida de cada uno de los agentes implicados? Y de qué situación partimos: de iliquidez de todos los agentes económicos privados.

Pensemos, ya se trate de bancos, familias o empresas, en cómo estaba su situación en 2008: a) pasivos (deuda) infladísimos por una deuda privada que no cesaba de crecer; b) activos (patrimonio) crecientes como constatación del gran número de adquisiciones y de burbujas de precios en bienes como la vivienda, los valores de la bolsa…; c) ritmo de actividad económica envidiable, sin visos de desempleo futuro.

Pensemos ahora qué pasa si lo anterior se da la vuelta: el crédito no se puede estirar hasta el infinito y el fuerte endeudamiento pone las vergüenzas de los agentes económicos al descubierto. Los agentes estuvieron adquiriendo todo tipo de bienes y servicios a crédito, no lo olvidemos. Eso impulsó sectores, y estos sectores a otros, y así sucesivamente. Los niveles de empleo eran crecientes. Aquellos eran los años del boom.

Cuando ya no se puede comprar más a crédito, ese esquema piramidal que se puso en marcha con la burbuja inmobiliaria se viene abajo como un castillo de naipes. Los bancos se percatan de que su iliquidez e insolvencia son máximas al haber prestado para proyectos muy arriesgados al tiempo que tienen grandes compromisos con sus prestamistas –los depositantes–; las empresas colapsan al no recibir pedidos (a crédito), empieza a haber fuerte desempleo, las malas expectativas económicas arrecian, y los precios de esos activos adquiridos a precio de burbuja empiezan a caer.

¿Creemos que, visto este panorama, los bancos desean seguir prestando o, por el contrario, quieren recomponer la liquidez que se deterioró a marchas forzadas durante el boom? ¿Creemos que las familias quieren seguir endeudándose a 40 años para adquirir viviendas infladas de precio (ya menos)? ¿Creemos que las expectativas económicas son tales que una empresa querrá endeudarse para tantear si su propuesta de valor cala en el mercado en momentos tan inciertos, cuando ni siquiera tiene mercado para lo que vende hoy?

Llámenlo animal spirits o como gusten, pero aquí ni se presta ni se quiere pedir prestado. Al menos, de momento. Por cierto que me pregunto cómo es que los amigos del estímulo de la demanda agregada a costa de cualquier cosa no reparan en cómo andaban los spirits de espirituosos (borrachos del todo, vaya) durante el auge económico. Que cualquiera pidiera un préstamo a 40 años por un montante muy por encima de sus posibilidades y, peor aún, se le concediera con una sonrisa en la cara, no genera la menor atención de los economistas inflacionistas.

Y esto nos lleva a algo comentado con anterioridad ya. Más fácil es detectar los porqués del mal que dar con una solución. Porque cuando al mal no se le pone remedio a tiempo, el mal se hace grande y fuerte, y no hay manera de pararlo. ¿Y ahora, qué podemos hacer?

Ahí reside por qué muchos economistas, ya hablemos de este congreso u otros foros, no encuentran fácil dar con soluciones. Soluciones, por cierto, que no van a dejar contentos a todos. Perder, ya estamos perdiendo todos. Pero cuando se liquida una empresa o un país, estamos decidiendo cómo repartimos las pérdidas entre los distintos acreedores, como apuntó J.I. Castillo en un panel sobre Crisis Monetarias.

Las soluciones que planean sobre nuestras cabezas no pierden de vista que España es miembro de la Unión Monetaria. En aquel lugar se planteó la alternativa de la devaluación, como también, por ejemplo, el profesor Velarde destacó la necesidad de austeridad, de reformas (de verdad) y de apostar por el crecimiento. El debate, de nuevo, es amplio e intrincado.

La crisis de deuda privada salta al Estado español en 2008 y, sobre todo, 2009 a causa de la caída de actividad económica, el crecimiento del tamaño del estado en los años previos, las políticas de estímulo (Plan E), los rescates bancarios o el incremento de gasto por prestaciones por desempleo. De su mano, afloran las elevadas primas de riesgo, las calificaciones negativas de las agencias de rating y el toque de atención al gobierno de Rodríguez Zapatero por parte de Europa, EEUU o China.

Ante la tesitura de fuertes déficits públicos, emisiones de deuda y tipos crecientes, lo fácil es devaluar. Nos hacemos "competitivos" con el exterior e impulsamos la actividad interna, aun a costa de las subidas de precios de las importaciones, de cargarnos el comercio internacional, de provocar devaluaciones competitivas de nuestros vecinos o de favorecer a productores nacionales menos eficientes. Mas para el Estado supone un gran alivio. Primero, ya sólo con la devaluación devuelve a sus acreedores una moneda que, al cambio, tiene mucha menos capacidad de compra para el acreedor (a quien se le está estafando) que cuando nos prestó. Pero sobre todo se alivia de su carga de deuda porque la generación de inflación y de actividad económica impulsan que sus cuentas se saneen en el medio plazo. De esta manera, como nos contaba el profesor Cabrillo, se puede salir de la crisis deflacionaria (recesión) por medio del engaño. Está comprobado, como así nos hizo ver Keynes, que la paz social se consigue de mucha mejor forma a través del enredo y la manipulación. Todo ello aunque se obvien problemas a más largo plazo: al fin y al cabo, a largo plazo, todos muertos… O todos fuera del euro para poder devaluar…

Como bien recalcó Juan Ramón Rallo en el último panel que cerraba el Congreso, son varios los paradigmas que entraron en crisis en 2008: el teórico-académico, el político-institucional y el económico-productivo.

Algo habrá que hacer para que cambien las tornas. El Congreso de Economía y Libertad ha puesto su granito de arena para trabajar en esta línea. De hecho, de él, como colofón del acto, surgió un Manifiesto con propuestas de liberalización económica firmado por decenas de economistas y expertos en la materia. Deseamos, asimismo, que este tipo de encuentros contribuya a reunirnos con un número creciente de amigos del Instituto de distintos puntos de España y el mundo, así como a enriquecer el debate de asuntos de la máxima actualidad en marcos de defensa de la libertad.

La vivienda es una inversión de altísimo riesgo

Tenemos en mente el drama de los desahucios, que se han convertido en un problema de primera magnitud en España a raíz de la crisis económica. Pero dejando de lado cuestiones políticas sobre su génesis y las posibles soluciones (que podremos comentar en otra ocasión), lo que queda patente es la escasísima educación financiera de la sociedad española actual. Alarmante.

La gente invertía en su vivienda habitual y se hipotecaba de por vida sin tener en cuenta la naturaleza de esa inversión concreta. Y digo bien: inversión. Y digo más: inversión de altísimo riesgo.

Me parece verdaderamente chocante cómo la gente ha obviado por completo este factor. Todas las inversiones conllevan un riesgo. Todas. Irremediablemente. No hay activos libres de riesgo. Incluso dejar tu dinero en el banco conlleva un riesgo. Está claro que hay inversiones con más o menos riesgo según su tipología, pero toda inversión lleva inherentemente asociado un riesgo.

Pues bien, ¡la compra de una vivienda habitual es una de las inversiones con más riesgo que pueden existir!

Lo primero que hay que darse cuenta es que adquirir un inmueble es una inversión, y por lo tanto, está sujeta a cuatro riesgos principales: financiero, de mercado, sistémico y de liquidez.

Empecemos por el principal: el riesgo financiero. Cuando queremos comprar una casa estamos adquiriendo un activo que, en la mayoría de los casos, deberemos financiar mediante recursos ajenos. Es decir, endeudarnos adquiriendo una obligación (hipoteca).

El riesgo de la operación dependerá de la medida en que podamos hacer frente a las salidas de caja que mensualmente (cuota de la hipoteca) supone la financiación del inmueble. En el caso que nos ocupa las salidas ¡serán a lo largo de 30 ó 40 años!

Es decir, al meternos en esta inversión, estamos "asegurando" que podremos generar entradas de caja constantes a lo largo de toda nuestra vida. Esto para las personas normales significa comprometerse a tener trabajo toda la vida. ¿Quién puede aventurarse a tener la certeza de que poseerá trabajo toda su vida? Prácticamente nadie, y menos en un escenario tan dinámico y cambiante como el actual. El riesgo financiero proviene de aquí. Parece que nadie se lo planteó.

Hablemos de riesgo de mercado, que hace referencia a la probabilidad de que el valor del activo se reduzca o se eleve. En el caso de las viviendas habituales, pareciera que la rentabilidad/revalorización futura debiera pasarse por alto porque ese activo será la casa "donde se vivirá toda la vida" y, por tanto, puede que inicialmente no tengamos ninguna pretensión de venderlo en el futuro obteniendo una plusvalía. En este sentido podemos pensar el inmueble como un bien de consumo duradero.

Y puede que finalmente así sea, pero considero un error no plantear la adquisición del activo en términos de rentabilidad futura. Y es que la vida es muy larga. Podemos necesitar enajenar el inmueble por múltiples y diversas razones (problemas con los vecinos, que tengamos que cambiar de ciudad por motivos laborales, que nos deje de gustar el barrio, que queramos o necesitemos cambiarnos a un inmueble diferente). No tener en cuenta esto significa pensar en un futuro lineal y estático, lo cual es un grave error y conlleva mucho riesgo futuro. Por lo tanto hay que pensar también en los futuros rendimientos económicos, aunque inicialmente no sea un factor que nos interese.

En esta línea, no podemos negar que la mayoría de las personas compraron con la arriesgada idea de que "los pisos siempre suben" y en los últimos tiempos de la burbuja inmobiliaria alardeaban de sus ganancias latentes ("compré el piso a 225 mil y ahora vale 300 mil euros"). Probablemente si hubieran contemplado la posibilidad de que el valor del inmueble pudiera descender, muchos no se hubieran aventurado a hipotecarse de por vida.

Insisto, una vez más, que invertir en un inmueble exige conocer una serie de hechos y analizar una serie de factores con profundidad y dedicación. De lo contrario, podemos descalabrar nuestra economía doméstica.

El riesgo de liquidez. Los inmuebles son bienes ilíquidos. La inversión en un inmueble supone renunciar a la liquidez. Es difícil enajenar el activo y disponer de liquidez en el momento justo que la necesitemos. Si nuestra necesidad de liquidez es muy urgente, generalmente nos enfrentaremos a notables pérdidas al vender el inmueble. Lo cual es un factor más a tener en cuenta antes de hipotecarse de por vida.

Por último, el riesgo sistémico. Por si el resto de riesgos no eran suficientes, existe el riesgo "inevitable" de formar parte del mundo y, por tanto, de encontrarnos en una etapa del ciclo económico como la actual en la que la crisis económica afecta a todos los productos, pero todavía más al sector inmobiliario.

Habiendo considerado estos factores debe quedar patente que la compra de la vivienda habitual es la inversión con más riesgo que una persona normal puede tomar (sobre todo por el riesgo financiero), y que por este motivo, no todo el mundo puede permitirse tener casa en propiedad.

Esta es una de las razones por las que alquilar no supone tirar el dinero. Alquilar significa adquirir los servicios de habitación mes a mes, mientras que comprarla es adquirir todos los servicios de los próximos 40 años de golpe. Alquilar elimina el riesgo financiero, la posibilidad de poder hacer frente a nuestras obligaciones. Si estoy alquilado y pierdo mi trabajo puedo renegociar mi alquiler, mudarme a otro piso con un alquiler ostensiblemente más barato, irme a vivir con familiares o incluso alquilar un piso con otras personas para aminorar más el coste. Todo ello hasta que mi situación laboral mejore. Pero no arrastro un pasivo financiero colosal. Esto pudo haber sido la salvación de la mayoría de familias que actualmente se enfrentan a desahucios.

De poco sirve echar la culpa al banco ahora. Si bien es cierto que éstos dieron la posibilidad de endeudarse masivamente debido a la expansión crediticia orquestada irresponsablemente por los bancos centrales, nada debe eximir de su responsabilidad a los que se aprovecharon del crédito y realizaron esa inversión.

Y es que no hay nada malo en querer tener una vivienda en propiedad. Tampoco hay nada perverso en aprovecharse de las oportunidades que brindaron las entidades financieras. Lo negativo es haberse metido en inversiones cuyo riesgo financiero era prácticamente insalvable en muchísimos casos. A partir de aquí, el desastre.

España puede ser un país muy rico

Decir que España no se caracteriza, precisamente, por ser un país liberal y, por tanto, netamente capitalista no es ninguna novedad, pero demostrar que puede llegar serlo mediante la puesta en marcha de reformas concretas sí. Y en esto radica la novedad y, por ende, el valor añadido del reciente libro Un modelo realmente liberal, de la editorial LID, en el que se recogen 33 medidas concretas elaboradas por una veintena de autores bajo la inestimable coordinación de Juan Ramón Rallo.

España ocupa a día de hoy el puesto 136 del ranking mundial sobre facilidad para hacer negocios, una nota pésima que, por desgracia, demuestra claramente la ausencia de libertad de la que adolece la economía nacional en múltiples ámbitos, desde la garantía de los derechos de propiedad hasta la regulación laboral o energética. En este sentido, no es casualidad que los países que lideran dicho ranking disfruten, al mismo tiempo, de una elevada riqueza, alto nivel de desarrollo y, en general, una fuerte pujanza económica. Ahora bien, para transitar del puesto 136 al top ten de la citada lista no basta con aplicar meros retoques, del todo inútiles, en la arquitectura institucional del país sino que, muy al contrario, se trata de reformar de arriba abajo el actual modelo.

Esta obra incluye algunas de las propuestas cuya implementación permitirían transformar España en una potencia económica de primer nivel, llegando así a situarla entre los países más ricos del mundo en pocos años. Pleno empleo, una banca sólida y estable, vivienda asequible, una organización territorial eficiente y responsable, independencia energética, electricidad barata, menor presión fiscal, una economía competitiva y floreciente, una educación de alta calidad, una sanidad más barata y eficaz o unas pensiones elevadas no son sueños inalcanzables para los españoles. Tan sólo es cuestión de aplicar las recetas adecuadas.

El libro se divide en cuatro bloques: Estado de derecho, Estado del Bienestar, sistema económico y libertades civiles. La razón es que, lejos de lo que se piensa, el liberalismo no es sólo economía, ni mucho menos, sino una amplia y profunda corriente teórica que abarca todos los aspectos de la acción humana. En cada uno de los capítulos, los autores explican las reformas concretas que se deberían poner en marcha para abrazar sin ambages ni complejos el capitalismo, permitiendo así al individuo un margen de actuación desconocido en la historia del país. Y todo ello, desde una óptica práctica y posibilista, argumentando con datos y experiencias aplicadas en otros países cada una de las medidas a realizar. En definitiva, España ya cuenta al menos con un libro que muestra el camino a seguir para avanzar hacia un país mucho más próspero y rico.

‘Four more decades’

 Cuando Barack Obama tomó posesión de su cargo de presidente de los Estados Unidos pensé que no renovaría su mandato en las siguientes elecciones. Siento no haberlo dejado escrito para que mi fallido pronóstico quedara negro sobre blanco.

Obama es el presidente más socialista de la historia de los Estados Unidos. En mis errados cálculos sobre las elecciones que acaban de ser tenía en mente las de 1972 entre Nixon y McGovern, el único candidato que rivaliza con Obama en izquierdismo. El senador, recientemente desaparecido, no logró ni un 40 por ciento de apoyo electoral. En cuanto se viera la verdadera faz de este carismático charlatán, pensaba yo en 2008, los estadounidenses le concederían el privilegio de dar nombre a una biblioteca cuatro años antes de lo que él deseaba.

Es verdad que el presidente no ha mostrado su verdadera faz; es cierto que muchos electores no le ven como el hombre que quiere transformar el país de arriba abajo, convertirlo en lo que nunca ha sido y ahogar todo lo que aún tiene de excepcional. Pero también lo es que una parte importante de aquella sociedad concuerda con este proyecto.

Obama es como nuestro Zapatero y nuestro Azaña. Una persona que abomina de la historia de su país, y que quiere que pase sobre ella un huracán de dimensiones bíblicas para construir sobre los restos un país nuevo. Una sociedad de individuos que confíen en el Estado y no en su vecino, en su familia y en sus propias fuerzas para cumplir sus sueños. Una sociedad domeñada, ahormada por los deseos igualitaristas del socialismo residual, postmoderno y postsoviético.

El reelegido presidente se ha inspirado para su mandato en dos antecesores republicanos y uno demócrata: Abraham Lincoln, Franklyn D. Roosevelt y Ronald Reagan. Los tres cambiaron la relación de la sociedad con el Estado e instituyeron ciclos políticos de largo recorrido favorables a sus propios partidos. Este era el sentido de las elecciones de este año. No sólo four more years, sinofour more decades, décadas de un frío abrazo estatal que se estrecha con el Obamacare y que, de seguir así, acabará ahogando a ese pueblo dinámico, seguro de sí mismo, optimista y emprendedor que admiramos algunos.

El antiliberalismo por interés

A todos nos gusta teorizar mucho sobre el impacto de las ideas de la izquierda o la derecha en las corrientes de opinión. Que si el socialismo deriva de ciertos sentimientos generales… O cómo el conservadurismo influye en el devenir de la sociedad. Pero la realidad es que cuando uno habla con la gente de la calle, se da cuenta de que generalmente las personas se comportan como los políticos: no les importa cambiar de ideas si casualmente le viene bien a sus intereses. O al menos lo que ellos creen que son sus intereses.

Retocando la famosa cita, se podría decir que las personas tienen ciertos ideales, pero si a las circunstancias no les gustan, tienen otros.

Es una de las principales razones de que el liberalismo no sea más popular. ¿Quién va a adoptar unas ideas que no se pueden cambiar en unas circunstancias desfavorables?

Pongamos por caso que un funcionario de la clase A tiene ciertas simpatías por el liberalismo. Paga bastantes impuestos y es una persona con ciertos conocimientos económicos, al que le parece correcto recortar el Estado y dar más margen para la iniciativa privada.

Hasta ahí sus ideales. Ahora, cuando le preguntas si considera que su sueldo es alto te explicará que no, ya que si estuviera trabajando en el sector privado, cosa que puede hacer, estaría ganando mucho más.

El argumento parece sólido, y no entra en contradicción con el liberalismo. A fin de cuentas, si cobra por hacer su labor pública menos que en el sector privado, parece evidente que no es necesario recortarle el suelo, ni mucho menos privatizar sus funciones.

El problema es que un liberal de verdad sabe que eso no se sostiene. Si esta persona se estuviera sacrificando cobrando menos que en el sector privado, poca gente se presentaría a las oposiciones para cubrir las plazas de su ocupación. Y los que ya tuvieran plaza se irían en su gran mayoría al sector privado a cobrar más.

La realidad es justo la contraria. Las oposiciones para ser funcionario de clase A no solo no están desiertas, sino que no suele caber un alfiler. A eso hay que sumarle que miles de personas no solo se presentan al examen, sino que se preparan durante años para el mismo. Con el coste personal y económico que ello conlleva.

¿A qué se debe esto si en el sector privado podrían cobrar más? ¿Son los aspirantes a funcionarios hermanitas de la caridad que se sacrifican por el bien común?

Pues evidentemente no. Puede que el sueldo sea mayor en el sector privado (a igualdad de puesto), pero las condiciones de trabajo, y la posibilidad de perderlo, no son ni por asomo las mismas. Y como cualquier persona debería saber, las condiciones laborales influyen en el sueldo. Por lo tanto es lógico que el sector privado compense con más salario beneficios que difícilmente podría dar.

Por tanto a los funcionarios se les puede recortar el sueldo, al menos hasta que las oposiciones empiecen a quedarse sin cubrir plazas. Sería lo que cualquier empresa haría para ajustar el salario de sus empleados.

Por supuesto decir esto te lleva a que la inmensa mayoría de los funcionarios van a dejar de mirar con simpatía el liberalismo. Una cosa es estar a favor del libre mercado y pagar menos impuestos, y otra distinta apoyar que se les acabe el chollo a ellos mismos.

Por supuesto nadie lo va a reconocer. Hay trampas intelectuales para estas ocasiones y simplemente dirán que tomar esa medida degradaría un servicio público, que aunque sea reducido, tiene que existir.

Y si insistes con la evidencia de que si las oposiciones no rebajan su dureza los perfiles contratados serán tan capaces como antes, se inventaran cualquier otra cosa. Muy poca gente será capaz de reconocer la evidencia si ésta va contra sus intereses.

Y esto nos lleva a la pregunta de siempre. ¿Es necesario endulzar el liberalismo para que pueda llegar a toda gente sin espantarla?

Mi opinión es que no. No hay manera humana de aplicar la lógica para contentar a todo el mundo. Ni siquiera para que contente a la mayoría. La lógica se aplica y punto. Si la mayoría se niega a aplicarla cuando le desfavorece habrá que aprender a convivir con ello.

Hable de economía y no le importe ser rubia

A medida que los acontecimientos económicos en España y en Europa van ensombreciendo nuestro horizonte, el número de comentaristas de la actualidad que analizan, diseccionan y, a veces, pontifican acerca de los problemas económicos se incrementa. La "prima de riesgo" es tema de bares, el rescate, la deuda soberana, las acciones preferentes… son términos que aparecen, noche sí, noche también, en los programas de mayor audiencia de las televisiones públicas y privadas. Pero, o bien se repiten las mismas recetas sin sentido, que, por otro lado, nos han llevado a donde estamos, o bien los términos empleados por los especialistas son demasiado técnicos. El caso es que hay un alto porcentaje de la población que, por decirlo de manera coloquial, se queda a dos velas.

Y no se trata tanto de un problema de vocabulario como de conocimiento del proceso económico. Así que, cada cierto tiempo, hay personas que se te acercan y te preguntan por un manual para empezar, algo que les sirva de base. Pues bien, éste es el libro. ¿Qué tiene de especial que no tengan los demás? Dos cosas: una, que está basado en los libros de cabecera de los economistas de la Escuela Austriaca; y dos, que está escrita "para rubias".

Todos, hombres y mujeres, llevamos una rubia dentro, lo sepamos o no. Cada uno de nosotros, en alguna ocasión, en algún aspecto de nuestra vida, probablemente no relacionado con nuestra actividad profesional, nos hemos sentido muy torpes, incapaces de dar pie con bola si no nos explicaban despacito y desde el principio cómo van las cosas. Sea en el gimnasio, en el metro, frente a un ordenador o al levantar el capó del coche, todos hemos pensado: "Dios mío, ¿y esto cómo se come?". Esa es nuestra particular "rubia", la torpe, la que necesita que la lleven de la mano y le expliquen despacio cómo cambiar una rueda, o a comprobar que el botón está en ON antes de llamar al técnico del ordenador, o que las líneas del metro siguen un código de color.

Economía para Rubias establece las bases de la teoría económica desde el principio. De la mano de las ilustraciones de Isabel Sánchez Bella y los textos de Félix Moreno, el lector (o la lectora) recorre los fundamentos de la economía real y los de la economía monetaria. La teoría del valor, los precios, el coste de oportunidad, el dinero, su funcionamiento… se presentan a partir de la vida cotidiana de una mujer, la mejor manera para hacer accesible la teoría económica.

Porque todos a lo largo de cada día, de cada semana, de nuestra vida, tomamos decisiones respecto a cualquier aspecto. Desde el "¿qué me pongo?" matutino hasta las decisiones de inversión más complicadas, nuestras vidas consisten en elegir caminos. Y Félix Moreno e Isabel Sánchez Bella nos van guiando gracias a Meri, rubia, lista y emprendedora, para que entendamos las variables relacionadas con las decisiones económicas y su entorno.

Una vez comprendidos los fundamentos más rudimentarios es mucho más fácil comprender las razones que nos mantienen en la situación en la que nos encontramos, o razonar acerca de las medidas que toma o que no toma el gobierno, o reflexionar acerca de las exigencias que la troika nos impone. Todos estos temas también se basan en la acción humana y tienen como base un conjunto de decisiones, unas pasadas (el gasto desorbitado), otras presentes (pedir o no el rescate) en un entorno determinado que hace más o menos posible hallar una solución (los derechos de propiedad, la libertad económica, la flexibilidad del mercado laboral, etc.).

La utilidad del libro "Economía para rubias" es considerable si tenemos en cuenta la baja calidad de los manuales habituales de economía y empresa de nuestros colegios (con una sola excepción, el de Jordi Franch Parella). Si a usted le da vergüenza reconocerse falto de base en economía, cómprelo para sus hijos y léalo de paso.

Para poner la guinda del pastel, en breve, Economía para Rubias, que ahora está a su disposición por menos de tres euros en la página web, en español o en inglés, se distribuirá en otros formatos de manera que pueda regalarlo o comprarlo para usted.

Enhorabuena a los autores y a quienes encontraban en la economía un escollo insalvable. Ya no hay excusa.

Artur Mas, Sandy y los cisnes de colores

Fue Nassim Taleb quien formuló y difundió la “teoría del cisne negro”. Mediante esa metáfora Taleb explicaba cómo los hechos altamente impredecibles son considerados inexistentes por los observadores hasta que suceden. Hay eventos con una baja probabilidad de que sucedan y, por tanto, difíciles o imposibles de predecir, y que tienen un alto impacto en el curso de los acontecimientos; se convierten en desencadenantes de grandes cambios.

A veces sabemos que se acerca un acontecimiento pero somos incapaces de predecir su repercusión. Y cuando sobreviene, nos culpamos por no haber sido más previsores, por lo que podíamos haber hecho y hablamos de “tentar” a la suerte como si lo inevitable no existiera. Esta pasada semana han sucedido dos catástrofes y media de diferente contenido e impacto.

La tragedia del Madrid Arena

La primera, una avalancha en un pasillo del Madrid Arena se ha llevado a cuatro jóvenes por delante y ha dejado muchos heridos. Heridas físicas y de las otras. Espero una investigación a fondo, la exigencia implacable del cumplimiento de la ley y las normas vigentes y la aplicación inmisericorde de las penas a quienes lo merezcan. Pero más allá de eso, la tragedia del Madrid Arena ha dejado a su paso varios debates como lenguas de lava incandescente. Había menores, alguno de 15 años acompañados de sus padres. Los jóvenes son expertos falsificadores de carnets y burladores de las barreras de entrada a fiestas y discotecas. Beben y se drogan y lo van a seguir haciendo, les prohibamos lo que les prohibamos. Probablemente como nosotros en nuestro momento. Van a seguir yendo de fiesta a su modo, no al nuestro. De hecho, la noche siguiente muchos jóvenes que estuvieron en el Madrid Arena y no se enteraron del horror que sucedió, salieron de nuevo hasta las mil. “No voy a dejar de salir por miedo”, oí afirmar a uno de ellos en una televisión.

¿Se puede evitar una avalancha? No. Tal vez se podían haber paliado los efectos, pero las avalanchas humanas, como otras muchas cosas, suceden. Uno empuja al de delante, el de delante se enfada, grita, los de más allá oyen un altercado, se ponen nerviosos y empujan más… El comportamiento humano ante una situación así es imprevisible. Puede que guarde la calma o puede que estalle el pánico. Y eso sucedió. Pero nos negamos a aceptar que hay imponderables.

El segundo cisne negro: el huracán de Nueva York

Pero, antes del terrible suceso de Madrid, otro “cisne negro” invadía nuestro espectro informativo. Sandy, la tormenta anunciada, asolaba, convertida en huracán, la costa Este de Estados Unidos, Haití y Cuba. Pero, a pesar de que, como suele suceder, es en los países más pobres donde las catástrofes naturales azotan con una repercusión más desgarradora y atroz, los corazones de todos se paralizaron viendo a la Gran Manzana colapsada, sin luz, sin gasolina, con escasez de recursos, con estaciones de Metro inundadas. Nueva York, la capital real de occidente por aclamación popular mundial, se rendía ante los efectos de un huracán imposibles de prever. Como si viéramos una reposición actualizada y real de “Los Ricos También Lloran” los europeos comentábamos esa noche las incidencias, los heridos, el número de vidas humanas perdidas en ascenso, impasibles ante la riada caída del cielo.

Solamente se puede valorar, en parte como en el primer caso, la capacidad de reacción de las autoridades. En Nueva York, además, se han visto ejemplos de altruismo voluntario, de organización espontánea de la población, anticipándose a la actuación de los organismos estatales. Gente que te devuelve la fe en el ser humano. De nuevo, la lección de la madre naturaleza que nos somete inevitablemente, por más avances tecnológicos que despleguemos y satélites que coloquemos en el espacio. La sorpresa ante la fuerza creadora y destructora de la naturaleza es lo único que nos queda.

Los cisnes multicolores de Artur Mas

Por último, Cataluña nos ha regalado con media catástrofe para culminar los siete días. Artur Mas ha vuelto a hablar y en algún sitio ha subido el pan y Dios ha matado un gatito. Las palabras del líder catalán no tiene desperdicio: "ni tribunales, ni constituciones ni nada de lo que nos pongan por delante" frenará el camino de independencia frente a la "fuerza de la democracia". En esa frase al contraponer los tribunales y la Constitución a la fuerza de la democracia acaba de destruir el mismo concepto de democracia. El proceso soberanista de Cataluña tendría sentido democrático si Mas propusiera un cambio en la Constitución y consiguiera los apoyos necesarios para ello, y una vez hecho eso, sin tener que saltarse los tribunales a la torera, que convoque los referéndums que quiera.

Si no es así, todas las comunidades autónomas tendrían el mismo derecho de saltarse la constitución y los tribunales en aquello que les convenga más. Pero es que además, la idea de Mas es como pedir cisnes de colorines: no puedes proponer en un referéndum qué le parece al personal pertenecer a una Cataluña fuera de España y dentro de Europa, porque no depende de la gente, ni de España, sino de Europa. Y en la UE bastante lío hay ya como para sentar el precedente de que se incorporen a la Unión países secesionados, y menos si hay bronca interna del país del que se han separado. Mas, callado, gana mucho. Sin duda.

Tres centenarios: 1492, 1500, 1812

Voy a resumirles la conferencia que hace unos pocos días tuve el gusto de impartir en el Acto de Inauguración de Curso del Colegio Mayor Montalbán, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid. Presentada con este mismo título, la charla trató sobre los contenidos y las celebraciones en el centenario de estos tres momentos de la historia de España: el descubrimiento de América, el nacimiento de Carlos V y las Cortes de Cádiz.

Comencé recordando algunas citas famosas sobre el significado de la Historia; desde la frase de Cicerón: "La historia es maestra de la vida y testigo de los tiempos", hasta otras dos bien conocidas, ya del siglo XX: "Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo" (George Santayana) y "Lo que no es tradición, es plagio" (Eugenio d’Ors).

Quería considerar que el hombre es un ser biográfico, construye su identidad en el tiempo. Del mismo modo ocurre con las sociedades, que son agrupaciones humanas: las naciones tienen un pasado, bromeaba, como las personas tenemos abuelos. Eso quiere decir que los países no pueden cambiar de pasado, como tampoco podemos cambiar a nuestros abuelos…

Aunque, desde hace siglos, siempre ha habido gente que cree que es posible, o le interesa convencernos de que sea posible. Tratan de convertir la Historia en una herramienta con un uso interesado: deciden lo que ha pasado y lo que no. Como ya denunció Orwell en su novela 1984 (inspirada en la dictadura marxista), el Gran Hermano pretende rescribir la Historia (según las necesidades cambiantes del Partido) por medio de un Ministerio de la Verdad: es la filosofía del doblepensar

(que significa el poder, la facultad de sostener simultáneamente dos opiniones contradictorias). A menor escala, y en tiempos y lugares más cercanos a nosotros, algunas personas se empeñan en recuperar una memoria histórica que tiene algo de orwelliano.

Pero no se trataba de ofrecer una clase de Filosofía de la Historia, por lo que en seguida pasé a comentar los tres Centenarios y sus diversas conmemoraciones:

1492: Descubrimiento de América o encuentro de dos mundos

Sobre este acontecimiento, que acabamos de celebrar el pasado día 12, quise recordar la discusión planteada en su momento acerca de las imputaciones morales que se hacen a la gesta española. Desde masacre, genocidio o imperialismo, a las consideraciones "políticamente correctas" de la UNESCO (¡dirigida entonces por el español Mayor Zaragoza!), que enfatizaban "el encuentro de dos mundos", proponiendo los objetivos de "recoger testimonios de las culturas indígenas de América, y realzar y preservar el patrimonio cultural del nuevo continente".

Simplificando un poco, creo que la postura del gobierno español (que en 1992 celebraba los diez años del PSOE en la presidencia) más bien discurrió por estos cauces, y –desatendiendo una reflexión crítica- se centró en el impulso de aquella Andalucía y Sevilla (el AVE o la EXPO 92), gran caladero electoral. Con resultados bastante cuestionables: desde las anécdotas de Luis Yáñez al frente de la Sociedad Estatal Quinto Centenario a las corruptelas económicas (el pellonazo) que todavía en abril de este año andaba queriendo resolver el gabinete de Rajoy.

Afortunadamente, sí hubo una voz importante en el panorama internacional que destacaría la hazaña española. Aunque centrado en el aspecto religioso, Juan Pablo II no se cansó de recordar el alcance positivo de la evangelización del continente americano. Porque junto a su crítica de tantos abusos, los clérigos y teólogos españoles diseñaron un nuevo modelo en las relaciones sociales y políticas. Como, por ejemplo, señalaba: "Pero la labor evangelizadora, en su incidencia social, no se limitó a la denuncia del pecado de los hombres. Ella suscitó asimismo un vasto debate teológico-jurídico, que con Francisco de Vitoria y su escuela de Salamanca analizó a fondo los aspectos éticos de la conquista y colonización. Esto provocó la publicación de leyes de tutela de los indios e hizo nacer los grandes principios del derecho internacional de gentes".

1500 – 1598. Centenarios del nacimiento de Carlos V y muerte de Felipe II

En segundo lugar, recordaba cómo entre 1998 y 2000 se celebraron en nuestro país estas dos conmemoraciones, unidas en una Sociedad Estatal con ambos objetivos. Resulta interesante comprobar que casi discurre un siglo entre el nacimiento del Emperador en Gante y la muerte de su hijo Felipe en monasterio de San Lorenzo del Escorial.

Entre las muchas cuestiones memorables sobre aquel Imperio en el que "no se ponía el sol", voy a destacar ahora su formación: al contrario de los que a veces se piensa, Carlos y Felipe apenas conquistaron territorios por las armas. Fueron razones genealógicas las que fueron sumando a las coronas de Castilla y Aragón los estados de Flandes y Borgoña, el archiducado de Austria con derecho a la sucesión imperial, o el reino de Portugal. Adicionalmente, Castilla y Aragón llevaban tiempo gestionando un mecanismo de virreinatos por Italia y América (y Asia) que nos permiten hablar de ese gran imperio hispano.

Lo que desde luego supuso un esfuerzo titánico, sorprendente para las circunstancias de la época, fue mantener y gobernar todas aquellas posesiones. Que por lo demás fueron sistemáticamente hostigadas por otros reyes y príncipes europeos; además de la también colosal amenaza que era el imperio Turco.

1808-1812. La Guerra de Independencia, Cádiz y las Emancipaciones americanas

Terminamos con una tercera celebración que ya nos resulta más cercana, y en cuyo entorno hay una faceta menos conocida a la que voy a referirme (y sobre la que había escrito algún otro comentario anterior): la influencia de aquellos escolásticos de Salamanca en los orígenes del pensamiento político e incluso podríamos decir, del liberalismo constitucional, también del nacido en Cádiz.

Hay una lógica en lo que explicaba. Porque si decíamos que Francisco de Vitoria y sus discípulos escribieron sobre la dignidad de la persona y los derechos humanos, tiene también sentido que propusieran un sistema de organización social acorde a estos principios… Que no será otro que la defensa de la libertad en cualquier sistema de gobierno. No es que propugnaran tal o cual régimen político, sino que señalaron las bases que por derecho natural debían ser respetadas en esta faceta de la organización humana.

Los nombres de Francisco Suárez y Juan de Mariana son bien conocidos para los lectores de esta web: unos teólogos jesuitas que continuaron el argumento anterior del dominico Francisco de Vitoria, sobre el origen de la autoridad. El poder viene de Dios, y es necesario su ejercicio para la convivencia pacífica entre los hombres; pero esa autoridad no le es entregada directamente al gobernante, sino que la recibe través de la sociedad. Por ello, los escolásticos distinguieron entre la potestas, que siempre pertenece a la sociedad, y la auctoritas, que se podía transferir al legítimo gobernador.

Ideas que estarían debajo de la oposición al dominio francés en nuestro país y también entre los artículos del texto gaditano. Pero además, ese mismo fundamento animó a las Juntas de Patriotas que se rebelaron en el Nuevo Mundo contra José Bonaparte, y que pronto devinieron (a mi juicio, por la torpeza de Fernando VII), en los movimientos independentistas que cristalizarán en las nuevas naciones iberoamericanas.

Hispanidad, ¿algo que celebrar?

Cristóbal Colón murió sin saber que había descubierto un nuevo continente, pero sus viajes dejaron una impronta que todavía hoy perdura. En lugar de encontrar una nueva ruta hacia las Indias, descubrió un Nuevo Mundo que no tardaría en incorporarse a la civilización que hasta entonces se conocía. Para bien o para mal, bajo el amparo y la protección de los Reyes Católicos y más tarde por el monopolio de la Real Casa de Contratación de Indias, la Hispanidad atravesó el Atlántico.

Aquél era un mundo muy diferente al actual. Los estados, pese a lo que pueda parecer desde la perspectiva actual, no tenían el poder de hacer y deshacer a su antojo como en la época moderna. De hecho, el Estado como tal no existía y el poder se disputaba entre diferentes instituciones. La poliarquía medieval era un difícil equilibrio de poder que a su vez entraba en conflicto con la autoridad religiosa. Diferentes autoridades que en su disputa de la potestad se limitaban unos a otros. Algo muy diferente a la situación que se da dentro del Estado (apellidarlo "moderno" es una redundancia ya que los estados son hijos de la modernidad), donde no cabe separación de poderes; tan solo una ficción de equilibrio entre funciones, ya que la soberanía es una y solo se explica a través de la hipótesis del "contrato social". Como anécdota basta recordar que recientemente el Ayuntamiento de Ibiza decidió por unanimidad que Colón era ibicenco independientemente de dónde fuera realmente.

Solo en este contexto puede entenderse que Isabel la Católica se viera limitada no solo por las leyes viejas y tradiciones de su reino, sino también por la moral de su religión. De la bula Sublimis Dei promulgada por el papa Pablo II a la controversia de Valladolid hasta las Leyes de Indias en las que se debatía la naturaleza de los indígenas y se acotaba el poderío de los descubridores. Un momento histórico apasionante que llama la atención de quienes vivimos en la época de la corrección política donde los príncipes de hoy (por utilizar la terminología de aquella remota época) no parecen tener otro impedimento que las mayorías parlamentarias y la coyuntura política.

En el camino estatalizador que hemos recorrido hasta hoy, mucho se lo debemos a los Reyes Católicos y otro tanto a los protestantes, que terminaron por unificar Iglesia y Estado dejando las dos espadas (la del poder espiritual y la del temporal) en una sola mano, que hoy es la de los políticos.

Una de las herencias que nos ha dejado la Hispanidad no es otra que la lengua española, compartida por gente que hoy vive en diferentes países y latitudes en todo el planeta. Pese a que el idioma pertenece a quienes lo hablan y contribuyen espontáneamente a su evolución, los legisladores han convertido su uso y aprendizaje en una polémica. Las constituciones modernas establecen días nacionales de celebración e imponen una lengua en las sociedades sobre las que tienen jurisdicción. Se trata de un error conceptual, filosófico. Las administraciones pueden decretar uno o varios idiomas para que los funcionarios puedan entenderse, pero es la sociedad quien decide espontáneamente qué lengua habla y transmite a su progenie.

Entonces, solo cabe preguntarse si hay algo que celebrar en el día que se conmemora la llegada de tres carabelas a la isla de Guanahaní. Las fronteras políticas han cambiado y cambiarán, pero la hispanidad ha moldeado el habla de millones de individuos que interpretan el mundo y dan forma a sus ideas. No se trata de países o míticos imperios que tal vez fueron pero ya no serán; la Hispanidad es algo más que una fecha señalada en rojo por los burócratas en los calendarios oficiales, la Hispanidad es parte de lo que somos y de lo que hacemos.

La falacia de la paridad

No cabe duda de que las democracias realmente existentes, como Gustavo Bueno las suele denominar, son claramente insuficientes. La sobreabundancia de poder del ejecutivo y de su maquinaria administrativa ha fagocitado buena parte de la independencia del judicial y casi toda la del legislativo. Muchas son las críticas racionales que, desde el punto de vista de la libertad, cabe hacer a la deriva presente de nuestros regímenes.

Pero este análisis queda en un margen cuando se presentan, cada vez con más fuerza, no críticas a la desaparición del equilibrio entre poderes y de la pérdida de su juego de balances y controles, sino a todo el sistema democrático en sí y, como salida, se propone el acoso a lo escasamente liberal que queda de él. Los acorralamientos de la sede parlamentaria en España no pretenden resucitar la señera idea de un parlamento que controle al poder sino la oscura y arcaica concepción que cuestiona toda reminiscencia de libertad.

En el sentir de los atacantes del Congreso de los Diputados, con los parlamentarios en sesión plenaria, es decir, en las funciones para las que fueron elegidos hace menos de un año, la democracia, el parlamento, la política, los políticos y los partidos en que estos se organizan, son todos iguales e igualmente nocivos.

Se trata de una falacia la que plantean, sin duda, pero no una del tipo de las inocentes, fruto de un justo enojo mal enfocado. Esto es precisamente lo que aseguran muchos opinantes de talante "liberal", entendido este como bondadoso y acríticamente tolerante. Por el contrario, se trata de una mentira doble que es necesario desmontar.

En primer lugar asistimos a una reedición descarada de la ya célebre teoría de la paridad. La formulación, no exhaustiva, de la misma sería la idea de que cuando fracasa la derecha, ella es la responsable y, cuando es la izquierda la que lo hace, todos son culpables por igual. Por parte de la gente de izquierdas, admitir esa paridad es como una muestra de su "espíritu autocrítico", una concesión destinada a demostrar su buena fe.

Pero es en esa fingida simetría donde el argumento es más engañoso pues, si bien la nefasta gestión actual de la crisis recae sobre la derecha en los últimos once meses, el movimiento de cuestionamiento nació cuando, tras ocho años de gestión socialista de la misma, se barruntaba una derrota electoral. Antes de que la crítica liberal, la que tiene una explicación de la depresión económica compatible con los hechos, se hiciera con la hegemonía en la opinión pública, el movimiento 15-M generalizó una paridad, un descontento por igual, al margen de que el intervencionismo fuera la receta que Zapatero usó para caer en la profunda crisis, la misma que aplicaron los gobernantes catalanes, andaluces, valencianos y muchos otros. De esa manera la izquierda triunfa nuevamente y propone con fuerza la salida de más intervencionismo.

Por otro lado, los atacantes de "la clase política" fustigan el concepto mismo de sufragio universal libre, directo y secreto que, con garantías aún no superadas por sistema alguno, por la vía de deslegitimar al Parlamento. No se acosa a una institución de esa manera sin cuestionar también el mecanismo inmejorable que lo hace posible. El movimiento del 25-S es, en sus efectos, propagador de gérmenes antidemocráticos e ideas claramente liberticidas.

Nada hay que pueda considerarse un avance en el actual movimiento de desencanto. Dirigen sus cañones hacia los de siempre y salvan de la quema a la causa de los problemas.