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Etiqueta: Petróleo

Políticas anti petróleo que provocan más consumo de petróleo

Por Peter Jacobsen. El artículo Políticas anti petróleo que provocan más consumo de petróleo fue publicado originalmente en FEE.

Cada pocas semanas, los fanáticos ecologistas de la organización “Just Stop Oil” aparecen en los titulares por intentar destruir algo importante para llamar la atención sobre su objetivo de detener el petróleo.

Pero resulta que, como ocurre con muchas recetas políticas miopes, los medios no conducen a los fines. En otras palabras, los esfuerzos legislativos para detener el petróleo podrían provocar que se utilizara más mineral, en lugar de menos.

La paradoja verde

Un reciente artículo de Maya A. Norman y Wolfram Schlenker, de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), demuestra que la “paradoja verde” es real. Pero, ¿qué es la paradoja verde? Bueno, la idea de la Paradoja Verde se presentó por el economista Hans-Werner Sinn en lo que Wikipedia llama un libro “controvertido”. El libro de 2012 se titula The green paradox en honor a la teoría.

La idea es relativamente sencilla. Quienes poseen reservas de petróleo son agentes económicos racionales. Eso significa que extraerán y venderán su petróleo a una tasa determinada que maximice los beneficios a largo plazo. Los propietarios no quieren sacar hasta la última gota del subsuelo porque sería costoso hacerlo rápidamente, pero también quieren vender el recurso a un ritmo lo suficientemente rápido como para satisfacer la demanda.

Sin embargo, las llamadas “políticas verdes” cambian este cálculo. Si los propietarios de petróleo creen que en algún momento se aprobará una política que hará ilegal o incluso más cara la venta de su mineral, empezarán a intentar extraer y descargar el petróleo antes de que se apruebe la política. El resultado es contrario al pensamiento superficial: las políticas verdes destinadas a regular el petróleo pueden, en realidad, aumentar la velocidad a la que se produce y consume. Es la paradoja verde.

Como he mencionado antes, Wikipedia califica este libro de “controvertido”, aunque no cita ninguna fuente para esa calificación concreta. Sin embargo, aunque el libro fuera controvertido, este nuevo artículo debería hacer que lo fuera menos. Los autores examinan la paradoja verde con algunas pruebas, pero hay un resultado que llama la atención. Examinan el proyecto de ley Waxman-Markey de 2009-10, una ley de límites máximos y comercio de emisiones que habría sido gravosa para la industria petrolera.

Una medida contra la producción que aumenta la producción

Los autores comparan los precios de los futuros del petróleo con las expectativas del mercado sobre la probabilidad de aprobación de la ley Waxman-Markey. Si el argumento de The green paradox es correcto, el precio de los futuros del petróleo debería caer a medida que aumenta la probabilidad de que se apruebe el proyecto de ley.

Documentando los resultados, dicen:

En consonancia con esta predicción, encontramos un coeficiente negativo significativo; los precios de los futuros del petróleo bajan siempre que aumenta la probabilidad esperada de que se apruebe el proyecto de ley. Este efecto es persistente en todos los contratos de futuros, e incluso aumenta para los vencimientos a más largo plazo, lo que sugiere que la relación refleja ajustes a largo plazo en la trayectoria esperada de los precios del petróleo más que perturbaciones temporales. A través de nuestro análisis descubrimos que (i) la aprobación del proyecto de ley Waxman-Markey habría aumentado el consumo mundial de petróleo entre un 2 y un 4% y (ii) las deliberaciones Waxman-Markey aumentaron el consumo de petróleo entre 8 y 27 millones de toneladas métricas, equivalentes a entre 1 y 3 días de consumo mundial de petróleo.

Así pues, no sólo el proyecto de ley habría provocado un aumento del consumo de petróleo si se hubiera aprobado; la mera posibilidad de que se aprobara provocó millones de toneladas de consumo extra de petróleo. La paradoja verde se mantiene.

Una de las funciones más importantes de la economía es demostrar, con frecuencia, que los medios de los responsables políticos no pueden alcanzar los fines deseados. A los responsables políticos no les gusta esto, por supuesto. Y por eso las buenas ideas económicas, como la paradoja verde, tienden a menospreciarse con términos como “controvertidas”.

Esto no debería sorprendernos.

En su obra magna de 1949, La acción humana, el economista Ludwig von Mises destacó brillantemente este fenómeno:

Es imposible comprender la historia del pensamiento económico si no se presta atención al hecho de que la economía como tal es un desafío a la presunción de quienes detentan el poder. Un economista nunca puede ser el favorito de autócratas y demagogos. Para ellos siempre es el travieso, y cuanto más convencidos están en su fuero interno de que sus objeciones están bien fundadas, más le odian.

Ludwig von Mises. La acción humana. Tratado de economía.

Larga vida a los malhechores.

Ver también

Un hallazgo de litio explica que nunca nos quedaremos sin recursos. (Peter Jacobsen).

Simplemente, no se puede dejar de extraer petróleo, Sir Keir. (Henry Hill).

Adiós al adiós al petróleo. (José Carlos Rodríguez).

La adicción al petróleo. (José Carlos Rodríguez).

Simplemente, no se puede dejar de extraer petróleo, Sir Keir

Por Henry Hill. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

Más allá de su tono a menudo histérico y sus tácticas autocomplacientes, el mayor problema de Just Stop Oil es que no es posible detener el petróleo. De acuerdo, si hablamos únicamente de los límites de lo posible, podríamos detener el petróleo. La civilización moderna se detendría más o menos, por supuesto, pero podríamos hacerlo.

Hay algunos ecologistas profundos que creen de verdad en ese objetivo profundamente misántropo. También está el movimiento del “decrecimiento”, un poco más de moda, que podría sumarse a la idea siempre que no pensara demasiado en las consecuencias.

Una receta para el desastre

Pero fuera de esos círculos, se considera, y con razón, un disparate. No hace falta ser un negacionista del cambio climático, ni oponerse a las grandes inversiones en generación de energías renovables y otras nuevas tecnologías, para aceptar que vivimos en una civilización maquinal que funciona más o menos con combustibles fósiles y que lo seguirá haciendo durante algún tiempo.

(Incluso después de la revolución industrial verde, cuando se produzca, seguiremos necesitando petróleo. Todavía no hemos descubierto una alternativa milagrosa al plástico, y no se puede fabricar plástico a partir del viento y la luz solar).

Intentar forzar a la sociedad moderna a abandonar los combustibles fósiles antes de que surjan alternativas adecuadas es una receta para el desastre económico; nadie que se queje de la crisis del coste de la vida o del impacto de los recortes del gasto público tiene por qué estar feliz con una idea así.

Prohibir nuevas extracciones

Todo lo cual hace que el reciente compromiso laborista de prohibir nuevas explotaciones de petróleo y gas en el Mar del Norte parezca más que una locura.

Sir Keir Starmer no va a desvelar todos los detalles de esta particular “misión nacional” hasta el mes que viene, así que no tenemos los detalles. Y lo que es más importante, tampoco los tiene nadie que esté realmente implicado en el sector británico del petróleo y el gas. Esto no contribuirá en nada a aumentar la confianza de los inversores. No se ha dicho nada sobre cuándo entraría en vigor dicha prohibición.

Pero lo que importa es que contribuirá muy poco (o nada) al objetivo declarado de reducir la dependencia de este país de los combustibles fósiles. La razón obvia de que la producción nacional de petróleo y gas no impulsa esa demanda, sino que la abastece.

Lo que no se produce, se importará

Si ese oleoducto se secara, lo único que ocurriría es que las necesidades energéticas del Reino Unido tendrían que cubrirse con más importaciones del exterior. Ello supondría un doble golpe para la balanza comercial, ya que una buena parte de la producción nacional actual se exporta para plásticos y manufacturas.

Eso significa más dinero para los muchos regímenes desagradables de todo el mundo que se sostienen con petróleo y gas. Puede que no les compremos directamente. Pero los países con menos escrúpulos tienen oportunidades de arbitraje para vender las exportaciones de Moscú con una bandera más apetecible (y un margen de beneficio).

En un momento en el que las finanzas públicas están al límite, esto no significa necesariamente que haya que apuntalar el Mar del Norte. Cada vez resulta menos económico extraer petróleo y gas de esos yacimientos. Puede llegar un momento -quizá acelerado por los grandes saltos de la energía verde- en que lleguen al final de su vida comercial.

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalismo LIX: Lecturas para el verano de 2021

Como es habitual en los meses de verano propongo una unos libros para disfrutar a la sombra, armados con lápiz y papel, de lo que entiendo son buenas lecturas. Como es habitual, no propongo lecturas ni “ligeras” ni “refrescantes”, sino libros serios en el ámbito de las ciencias sociales, para gente que ame el trabajo duro intelectual, justo en el momento en el que se le pude dedicar más tiempo que son los meses de verano.

En primer lugar me gustaría proponer un gran libro sobre población y recursos, temas que me interesan especialmente. Recomiendo en particular el libro del profesor Jesús Javier Sánchez Barricarte, El crecimiento de la población mundial: Implicaciones socioeconómicas, ecológicas y éticas, Tirant Lo Blanch , Valencia, 2008. Si bien la cuestión de los recursos ha merecido atención por parte de liberlaes y libertarios, la cuestión de la población ha sido mucho menos abordada y de ahí la pertinencia de  este trabajo. No me explico cómo no es más referenciado en nuestros ámbitos, dado su enorme interés. El estudio de la población, sus dinámicas y su relevancia económica es aquí bien abordado, muy en la línea de Julian Simon, Colin Clark o Esther Boserup, destacando las bondades del incremento de la población frente a los profestas neomalthusianos del estilo de Paul Ehrlich. Y es un tema muy pertinente que divide a la escuela austríaca, pues Mises, sin ir más lejos no era  muy partidario del incremento de la población mundial, como revela en su Acción Humana. Yo simpatizo más con las tesis del profesor Sánchez Barricarte y espero que con esta recomendación se despierte más interés entre nosotros por el tema y por la obra de este autor, que entiendo merece ser conocida y discutida.

Siempre me gusta resaltar la importancia que tiene el estudio de la historia para la adecuada comprensión de los fenómenos políticos, sociales y económicos de nuestro tiempo. De hecho buena parte de la mitología que rodea el discurso político deriva de una incorrecta compresnisón de la misma. Por ejemplo se apunta que los orígenes del capitalismo se deben a los poderes mágicos que derivan de la importación (o expolio) de unas piedras de color amarillo que, depositadas en Europa, hicieron el milagro de multiplicar varias veces su producción. O la idea de que los avances sociales y económicos de los trabajadores occidentales se debe a la lucha consciente de la clase obrera (Ojalá fuese así y con unas cuantas huelgas en Malí o el Congo esos desgraciados países  pasasen a tener el nivel de vida de los suizos). Buena parte del discurso histórico descansa en interpretaciones de este tipo que siguen condicionando el discurso actual.

Es por eso que recomeindo encarecidamente el estudio histórico a todos los interesados en nuestras teórias. Para ello nada mejor que este libro: Antonio Miguel Bernal, España, proyecto inacabado. Costes/beneficios del Imperio, Marcial Pons, 2005. Es una excelente historia económica del Imperio Hispano que deriva además de un excelente conocimiento histórico, de una buena comprensión de la teoría económica. Es muy raro ver citado a Rothbard, por ejemplo, en un estudio de este tipo pero nuestro autor lo hace (entre otros muchos autores claro está) lo que prueba que antes de embarcarse en estudios históricos ha querido entender bien fenómenos como la inflación, el comercio, la deuda pública o la intervención estatal en la moneda y el crédito. No me extraña que el libro haya sido premiado, es una excelente lectura para todos aquellos interesados en el Imperio español.

La teología no es una de las disciplinas que más se usan en nuestros ámbitos a pesar de existir todo un cuerpo teórico de teología crítica del poder estatal. Uno de estos teólogos es el anarquista cristiano William T. Cavanaugh, del que destaco uno de sus libros, El mito de la violencia religiosa, Nuevo Inicio, Granada, 2009. Es básicamente una crítica muy detallada a la idea de que las violencia padecida por Europa en la modernidad tiene una fundamentación religiosa. Nuestro autor culpa de ella sin ambages al poder político, enmascarado eso sí en causas religiosas. Es especialmente interesante como disecciona la Guerra de los 30 años, habitualmente presentada como una suerte de conflicto entre católicos y potestantes, cuando en realidad fue una lucha por la hegemonía europea entre el Imperio de los Habsburgo y sus enemigos. La prueba está en que había católicos y protestantes en ambos bandos, llegando alguno de ellos a pactar con musulmanes para desequilibrar la contienda. En conclusión un excelente trabajo de desmitificación acompañado por una muy dura crítica de la lógica estatal. Además es un texto muy útil para iniciarse en el mundo de la teología política, sobre la que algún día volveremos.

Otro libro que me gustaría mencionar es el  reciente de Andreas Malm, Capital fósil, Capitan Swing. Madrid, 2020. Supongo que podrá sorprender que situe un libro de un reputado eco-marxista en una lista de estas características, salvo que lo hiciese por su estilo literario. Es un libro marxista con buena prosa y claro en sus razonamientos, algo que por desgracia no abunda (aunque alguno hay) y dificulta el debate. Lo hago porque rara vez veo argumentos tan liberales en la pluma de un autor marxista, supongo que no de forma deliberada. Sólo Albert Otto Hirschman con sus Retóricas de la intransigencia puede  a mi entender igualarlo. Es un libro críticos con los combustibles fósiles como no puede ser menos en un ecologista marxista (para una defensa de los mismos este Instituto ha traducido el excelente libro de Alex Epstein, La cuestión moral de los combustibles fósiles).

La cuestión es que nuestro autor intenta explicar las razones por las que han triunfado lo fósiles sobre la energía hidráulica aparentemente la favorita en los comienzos de la Revolución Industrial. A pesar de su mayor desarrollo esta contaba con un gran inconveniente, el de  que su flujo no era regular, esto es una veces había demasiada agua y otras demasiado poca. Además la localización estaba supeditada a la proximidad de una corriennte de agua, a diferencia de la combustión fósil que podía ser instalada en prácticamente cualquier lugar. Y lo más curioso de todo es que nuestro autor culpa también del fracaso hidráulico a las leyes laborales del país que comenzaron a regular tanto salarios como la duración de la jornada laboral lo que le dió la puntilla final al desarrollo de la energía hidráulica. Creo que es muy tentador extraer conclusiones que son fácilmente aplicables a las modernas políticas industriales para la transición a una economía verde. Mucho me temo que podrían acabar igual que la energía hidráulica.

Catalogar a Wilhelm Ropke no es una tarea fácil. Algunos lo sitúan como uno de los padres del moderno neoliberalismo, otros como uno de los fundadores de la escuela Ordoliberal alemana, y otros como Randall Holcombe, como un miembro algo heterodoxo de la escuela austríaca. Todos tienen bastante razón aunque ninguna del todo. Por ejemplo, Ropke comparte muchos de los elementos de análisis austríacos, pero difiere en la cuestión del monopolio, causa legítima de intervención para Ropke y en algunos aspectos de política social.

Pero Ropke en algunos aspectos va más allá que los propios austríacos; sobre todo en las cuestiones que se refieren a los valores y al orden social. A Ropke le preocupan mucho más que a la mayoría de los austríacos los valores sobre los que se debe asentar una sociedad capitalista de libre mercado. De hecho el libro  suyo que recomiendo [Wilhelm Ropke, Más allá de la oferta y la demanda, Unión editorial, Madrid, 1996] bien podría ser situado en el canon de los mejores libros conservadores de todos los tiempos. No es, como indica su título, un libro sobre fundamentos de la economía sino un hermoso tratado sobre los principios que fundan y hacen prósperos a una sociedad, y estos se fundan en valores. Para que puedan existir mercados y capitalismo dignos de tal nombre es necesario ahorro derivado de valores frugales, confianza en la palabra del otro, laboriosidad etc. Sin estos valores el sistema capitalista no sólo no puede funcionar sino que ni siquiera habría surgido y la religión juega un papel fundamental en su preservación. Su crítica a la masificación urbana y su defensa de una vida de pequeños propietarios viviendo fuera de las grandes ciudades es ya mítica y supongo que discutible. Es este a mi entender el mejor de sus libros y aunque sus razonamientos económicos se aparten algo de la doctrina austríaca es sin duda uno de los pocos trabajos en nuestra tradición que pone el foco en los valores y la forma de vida propia de una sociedad liberal en el sentido clásico de esta palabra.

Cambiando un poco de tema vamos a referirnos ahora a un libro de otro austríaco más o menos heterodoxo, Oskar Morgenstern, alumno que fue del seminario de Ludwig von Mises en Viena. Los más leídos en ciencias sociales lo identificarán, junto con John von Neumann, como uno de los padres fundadores de la moderna y matemática Teoría de Juegos, que pasa por ser uno de los principales hitos de la economía y la ciencia social formalizadas. Si nos molestamos en investigar esta teoría, como hace la profesora Amadae en su Prisoners of reason, nos sorprenderá saber que no dejaba de ser uno de los muchos desarrollos teóricos que la ciencia social norteamericana, debidamente subvencionada, dedicó al combate cultural en los tiempos de la guerra fría.

Pero Morgenstern demostró en él un muy buen conocimiento de la ciencia matemática, conocimiento que va a usar en el libro que recomendamos [Oskar Morgenstern, Sobre la exactitud de las observaciones económicas, Tecnos, Madrid, 1970] para criticar las estadísticas que usan los gobiernos para intentar regular y controlar la economía y sin las cuales no podrían ni siquiera soñar hacerlo. Morgenstern ataca la propia base de las estadísticas económicas, esto es la corrección o no de los datos sobre los que trabaja. Nuestro autor afirma que muchos de los datos con que se opera, como por ejemplo los precios usados en los índices, no son correctos y si no lo son las medidas de política que se adoptan serán equivocadas ya desde sus inicios.  El problema no estaría en el tratamiento por parte de los profesionales de los datos, sino en la propia naturaleza de los mismos que, según Morgenstern, dejarían mucho que desear. Cuando leemos o interpretamos estadísticas damos por supuesto cierto rigor y que son objetivamente verdad. De hecho las usamos en discusiones y debates como prueba irrebatible de la solidez de nuestra posición como la quintaesencia de la verdad, debido a su supuesta objetividad. Más allá de que nadie se convence o cambia de opinión por una estadística pues siempre hay una contraria para rebatir, ¿que pasaría si estas son incorrectas? Este viejo libro abre muchos debates a los que sería buena idea volver.

El otro día leí unas declaraciones de un reputado polítco de la izquierda española en la que manifestaba su satisfacción por los servicios públicos que nuestro estado prestaba, según él, de forma gratuita. El estado sería así una suerte de Santa Claus o Reyes Magos que obtendrían sus recursos de la nada y los repartirían después entre la gente de buena voluntad. Entonces antes de que el estado los suplante como ha hecho con muchas otras instituciones tradicionales creo que sería buena idea conocerlos un poco. L. Frank Baum, Vida y aventuras de santa Claus, Valdemar, Madrid, 2005 es un buen comienzo. Baum fue un experto en marketing de finales del siglo XIX (cambió los diseños de los escaparates de los grandes almacenes de la época) y escritor infantil. Es muy conocido por su libro El mago del Oz en el que en una hermosa alegoría defiende el oro frente al inflacionismo de Bryan y los populistas. El libro de Baum sobre santa Claus es un hermoso relato sobre la infancia del bonachón personaje y sobre los valores de justicia social que las hadas con las que se crió le inculcaron. La descripción nos da un Santa Claus casi predecesor de Rawls con sus criterios de equidad y justicia a la hora de repartir los regalos. No se si es una buena lectura para inculcar valores a la infancia pero si es un hermoso libro.

Como contraparte tenemos a los viejos Reyes Magos que no le ofrecen al Niño Dios devaluadas letras reales ni papel del estado sino dinero sólido y duro, en forma de oro y mercancías de gran valor fácilmente negociables en la época como incienso y mirra. Recomiendo, por tanto, un olvidado libro de un olvidado autor (uno de mis favoritos sin duda) el siempre ortodoxo católico Michel Tournier, [Michel Tournier, Gaspar, Melchor y Baltasar, Edhasa, Madrid, 1997]. En el se nos recrean viejas leyendas sobre tan maravillosos seres, en una narración de gran belleza, como todas las de este autor que animo a redescubrir o a descubrir por quienes no lo conoczcan (recomiendo especialmente su  El Rey de los alisos).

Feliz verano