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Etiqueta: Premio Nobel de Economía

Claudia Goldin, un Nobel en honor a la Historia Económica

Recuerdo con gran cariño a mi profesora preferida de la carrera, Victoria Bateman, quien fuera mi profesora de Historia Económica y a quien saludé con mucho afecto el día de mi graduación, ya que, gracias a ella, mi pasión por la intersección entre la historiografía y la ciencia económica creció aún más durante mis años de carrera. El lunes, al leer la noticia de que el Premio Nobel de Economía 2023 había sido otorgado a Claudia Goldin me acordé mucho de ella. Me imaginé a la Profesora Bateman celebrando que le hubieran otorgado un galardón de semejante calibre a la punta de lanza de su área de investigación y, sinceramente, me alegré mucho por una persona como ella, que vive y transmite la Historia Económica con tal pasión.

El gran cambio de la mujer en el trabajo

El trabajo de Goldin ha resultado clave para explicar las causas detrás de que, a lo largo de los últimos 100 años, la proporción de mujeres empleadas se haya más que triplicado en la mayoría de los países desarrollados. Es el mayor cambio en dinámicas del mercado laboral en mucho tiempo. Precisamente, las innovaciones en fuentes de datos históricos y metodologías de análisis de los mismos han permitido a Claudia Goldin establecer una serie de factores que han influenciado históricamente la oferta y demanda del segmento femenino del mercado laboral.

Entre ellos, los más importantes que destaca Goldin son las cambiantes posibilidades para las mujeres de combinar el trabajo remunerado y el cuidado familiar, una mentalidad más enfocada a la educación profesional y menos hacia la exclusividad del cuidado familiar, multitud de innovaciones técnicas y cambios institucionales que han generado modificaciones estructurales del sistema económico durante el último siglo.

Gráfico en forma de U

Una de las conclusiones principales del trabajo de Claudia Goldin que rompe con gran parte de la historiografía previa, es el hecho de que, en la mayor parte de países del mundo, no cabe establecer una relación de causalidad directa entre el crecimiento económico desde la Revolución Industrial y la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Goldin ha demostrado en múltiples ocasiones que, aunque el rol de las mujeres en el sistema económico se transformó enormemente con el paso de la sociedad agraria a la sociedad industrial, las conclusiones que hasta el momento se habían extraído sobre ello eran en su mayoría incorrectas, debido a errores metodológicos a la hora de calcular la proporción de mujeres participantes en el mercado laboral en los siglos XIX y principios del XX.

Tras reunir una base de datos de 200 años mucho más precisa, Claudia Goldin resumió que la participación de la mujer en el mercado laboral desde el inicio de la Revolución Industrial hasta finales del siglo XX se puede plasmar en un gráfico en forma de U (ver debajo). Dicho gráfico muestra como a finales del siglo XVIII cerca del 60% de las mujeres participaban (informalmente) en el mercado laboral, consistiendo este principalmente de empleos agrícolas, reduciéndose a un 10% a principios del siglo XX y volviendo a incrementarse a un 55% a finales de dicho siglo, tras el intenso proceso de terciarización de la economía en el periodo.

La artesanía en casa

Con dicha investigación, Goldin descubrió que previamente a la Revolución Industrial, las mujeres tenían mayores probabilidades de formar parte de la fuerza laboral, aunque previamente, al no existir registros formales, resultaba mucho más complicado de cuantificar. La principal razón que Claudia Goldin aduce a que la participación de la mujer en el mercado laboral se redujera con la industrialización es el hecho de que mover los centros de producción de las casas (artesanía) a las fábricas dificultaba que las mujeres coordinaran el trabajo con la crianza de sus hijos, la cual en esa época estaba exclusivamente destinada a ellas. La diferencia más relevante se halla en que entre las mujeres jóvenes no casadas, cerca del 40% trabajaban en fábricas, duplicando la media nacional del género femenino.

La diferencia de participación laboral entre mujeres solteras y casadas se mantuvo estable de forma relevante durante la primera mitad del siglo XX en EEUU, ya que mientras la media de participación del cómputo total de mujeres era del 20%, entre aquellas casadas se encontraba tan solo en el 5%. Todo ello cambió de manera significativa tras la Segunda Guerra Mundial, puesto que, tal y como explica Goldin, el desarrollo tecnológico, la terciarización de la economía y el incremento del nivel de educación, incrementó la oferta y demanda de empleo femenino. Sin embargo, la legislación y las barreras institucionales fueron durante gran parte del siglo XX un impedimento al desarrollo de la mujer en el mercado laboral.

Barreras vinculadas al matrimonio

En este sentido, Claudia Goldin describe como las “marriage bars” americanas eran una legislación específica que en muchos casos impedía que las mujeres continuaran con su empleo tras contraer matrimonio. Por ello, a pesar de un incremento de demanda de trabajo femenino, en dicha época no se observó tanto crecimiento en la tasa de empleo de las mujeres en el mercado laboral. Un caso muy claro de ello fue, tal y como destaca Goldin, los años posteriores a la Gran Depresión de 1930, cuando dicha legislación impidió una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Además, tal y como destaca la reciente Nobel de economía, estas leyes y estructura institucional afectaron negativamente a las expectativas de las mujeres sobre sus carreras profesionales, reduciendo también a través de esta vía su tasa de participación.

Una vez llegados a este punto, conviene destacar lo que Claudia Goldin llama “efecto paternidad”, que explicaría la mayor parte de la brecha de ingresos entre mujeres y hombres en países desarrollados. Goldin explica como durante los primeros años de carrera profesional, un hombre y una mujer con trasfondo educativo similar y un puesto de trabajo en igualdad de condiciones, reciben un salario muy similar.

La maternidad

Sin embargo, la brecha se genera en el momento del nacimiento del primer hijo, ya que la mujer ha de reducir su intensidad laboral y los ingresos decaen en el medio y largo plazo, sin regresar en ningún momento a la tendencia de crecimiento anterior. En este sentido, Goldin ha mostrado en repetidas ocasiones y con estudios aplicados a una variedad de países que, hoy en día, la maternidad explica prácticamente toda la brecha salarial existente, ceteris paribus, entre hombres y mujeres en los países desarrollados.

El Nobel a Claudia Goldin representa la relevancia de la Historia Económica en el estudio de las dinámicas de mercado a lo largo del tiempo y los cambios sociopolíticos relevantes para entender qué factores del pasado han conducido al estado actual. Además, Claudia Goldin ha demostrado como un trabajo minucioso con bases de datos de hace siglos permite extraer conclusiones completamente diferentes a las que en un principio se habían establecido, demostrando, una vez más, que en economía no existen las verdades absolutas y que cualquier cuestión se halla abierta a un debate fáctico y razonado.

Ver también

Los dueños del relato. (María Blanco).

Claudia Goldin: Nobel para una estudiosa de la civilización. (Peter Jackobsen).

Claudia Goldin: Nobel para una estudiosa de la civilización

Por Peter Jacobsen. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

El Premio Sveriges Riksbank 2023 de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel (coloquialmente conocido como Premio Nobel de Economía) ha sido concedido a la economista Claudia Goldin.

Como introducción a este artículo, no creo que deba existir un premio Nobel de Economía, como ya he señalado en otras ocasiones. Mi razonamiento al respecto está en línea con el anterior premio Nobel, F.A. Hayek, que dijo: “el premio Nobel confiere a un individuo una autoridad que en economía ningún hombre debería poseer”.

La necesaria humildad

No hace falta ser un erudito en el campo de la economía. La lógica de las leyes económicas combinada con la aplicación de los detalles institucionales es un método accesible a todos. Al conceder un Nobel, el comité corre el riesgo de conferir un estatus de asesor “sacerdotal” a una profesión que debería estar llena de humildes filósofos, tomando prestada una metáfora de los profesores de Economía de George Mason Boettke, Coyne y Leeson.

Sin embargo, el hecho es que existe un premio Nobel de Economía (o un premio del Sveriges Riksbank en memoria de Nobel, para los quisquillosos). Ya que existe un premio, creo que merece la pena destacar cuando se conceden premios a economistas que, como Hayek, reflejan la humildad necesaria para que la profesión tenga éxito. Creo que Claudia Goldin es una buena elección precisamente por esta razón.

Reparadores frente a estudiantes de civilización

Al pensar en los premios Nobel de economía, creo que es útil diferenciar entre los premios otorgados a quienes están interesados en tratar de controlar el futuro de la economía y los premios otorgados a los estudiantes de cómo se han manifestado las leyes económicas a lo largo de la historia.

En mi opinión, los premios Nobel de 2019 concedidos a Duflo y Banerjee representan lo primero. El discurso publicado por Duflo ante la Asociación Americana de Economía titulado El economista como fontanero tiene el siguiente resumen:

A medida que los economistas ayudan cada vez más a los gobiernos a diseñar nuevas políticas y normativas, asumen la responsabilidad añadida de comprometerse con los detalles de la elaboración de políticas y, al hacerlo, adoptar la mentalidad de un fontanero. Los fontaneros intentan predecir lo mejor posible lo que puede funcionar en el mundo real, conscientes de que será necesario hacer retoques y ajustes, ya que nuestros modelos nos dan muy poca orientación teórica sobre qué (y cómo) importarán los detalles. Este ensayo sostiene que los economistas deberían comprometerse seriamente con la fontanería, en interés tanto de la sociedad como de nuestra disciplina.

Un desafío para los poderosos

Para Duflo, lo correcto es que los economistas retoquen y ajusten las cosas en la economía para beneficiar los intereses de la sociedad. Sin embargo, este es el camino equivocado. Como ya he escrito anteriormente,

¿Por qué los economistas no pueden ofrecer soluciones como lo hacen los fontaneros? En pocas palabras, la economía no es un sistema cerrado de tuberías. No hay tuberías definidas y, por tanto, no hay atascos, obstrucciones o fugas… ¿Por qué deberíamos creer que alguien con un título, una pizarra o un ordenador puede hacer un mejor trabajo planificando la vida de la gente que ellos mismos?

Entonces, ¿qué deben hacer los economistas? En primer lugar, el economista tiene un papel que desempeñar en el uso del razonamiento económico como “profiláctico contra las falacias populares” en la formulación de políticas. Por eso, el economista Ludwig von Mises argumenta,

La economía como tal es un desafío a la presunción de quienes detentan el poder. Un economista nunca puede ser el favorito de autócratas y demagogos. Con ellos es siempre el hacedor de fechorías, y cuanto más convencidos están interiormente de que sus objeciones están bien fundadas, más le odian.

Un estudioso de la civilización

Pero éste no es el único papel adecuado para un economista. El economista también puede ser un estudioso de la civilización y de la historia. La historia económica como campo está muy infravalorada. En un mundo que exige la predicción como medio de controlar los resultados económicos, la historia económica mira humildemente hacia atrás para ver cómo se manifestaron las reglas económicas en tiempos ya pasados. Por su naturaleza, el campo de la historia económica considera lo que realmente sucedió más que lo que puede controlarse.

Esto no quiere decir que algunos no intenten utilizar los hallazgos de la historia para predecir hechos futuros y jugar con la economía, pero el campo está menos predispuesto a este tipo de cosas.

Un largo y cuidado estudio

El trabajo de Goldin encaja con esta visión del economista como estudioso de la civilización. Veamos la explicación del Premio en la página web del Nobel. El comunicado de prensa dice,

La galardonada de este año en Ciencias Económicas, Claudia Goldin, ha proporcionado la primera descripción exhaustiva de los ingresos de las mujeres y su participación en el mercado laboral a lo largo de los siglos. Su investigación revela las causas del cambio, así como las principales fuentes de la brecha de género que aún persiste. Las mujeres están muy infrarrepresentadas en el mercado laboral mundial y, cuando trabajan, ganan menos que los hombres. Claudia Goldin ha rebuscado en los archivos y recopilado más de 200 años de datos de EE.UU., lo que le ha permitido demostrar cómo y por qué han cambiado a lo largo del tiempo las diferencias de género en los salarios y las tasas de empleo. (énfasis añadido)

Las diferencias en las remuneraciones

Fíjese en lo que se destaca en la descripción de su premio: no se trata de recomendaciones políticas. Se elogia a Goldin por su arduo trabajo de búsqueda en archivos históricos para estudiar el papel de la mujer en el mercado laboral. Esta información se utilizó después para clasificar las mejores explicaciones de la brecha salarial. He aquí un gráfico que ilustra sus conclusiones.

¿Obvio? Sí, pero…

He observado que algunos en Twitter se burlan de algunas de las conclusiones de Goldin por considerarlas obvias. Esto es un error por tres razones. En primer lugar, la gente infravalora hasta qué punto las conclusiones parecen obvias porque, sin saberlo, ya han sido alimentados con los resultados del trabajo de Goldin sin saberlo. Los resultados académicos suelen distribuirse al público de tal forma que éste no se entera de quién o de dónde proceden.

En segundo lugar, aunque esta explicación pueda parecer plausible sin pruebas que la verifiquen, hay muchas explicaciones que suenan plausibles para fenómenos sociales complejos. La cuestión es cuál de las explicaciones plausibles es la que más influye en los fenómenos del mundo real. Goldin seleccionó la mejor respuesta entre una miríada de respuestas plausibles.

Las leyes de la economía suelen ser fáciles de entender. Al ciudadano medio no le sorprende que la gente compre menos cuando sube el precio. Pero cómo se manifiestan esas leyes no siempre es obvio, y el análisis histórico puede ayudar al estudiante de civilización a descubrir cómo ha sucedido en el pasado.

Por último, aunque en el comunicado de prensa el comité del Nobel destaca su trabajo sobre la brecha salarial, Goldin es una prolífica investigadora que se ocupa de muchos temas. Este hilo profundiza en muchas de sus contribuciones.

El economista como detective

Es un error pensar que los grandes avances en la investigación económica tienen que ser grandes ejercicios de planificación política realizados para planificar una sociedad “mejor”. Los avances se producen a menudo en el trabajo minucioso de bucear en los archivos históricos para crear un conjunto de datos en el que nadie había pensado antes.

El trabajo de Goldin refleja a los economistas como buscadores de la verdad o, por usar su palabra, detectives. En su artículo El economista como detective, Goldin concluye con varios sabios consejos,

Sé el mejor detective que puedas ser. No se limite a ‘acorralar a los sospechosos habituales’; no se limite a mirar bajo la farola existente. Localice nuevos sospechosos. Encienda luces donde nunca antes han brillado. Siga la sentencia de Holmes de que ‘No hay nada como las pruebas de primera mano’, así como su admonición de que ‘Cualquier verdad es mejor que una duda indefinida’.

Aunque sostengo que deberíamos abolir el premio Nobel de Economía, no puedo evitar alegrarme de que se conceda a alguien que busca la verdad lejos de las luces habituales.

Ver también

Liberalismo y feminismo. (Ignacio Moncada).

Así prosperan las mujeres bajo el capitalismo. (Diego Sánchez de la Cruz).

La brecha salarial no existe. (José Carlos Rodríguez).

El premio Nobel a Ben Bernanke es otro galardón a Milton Friedman

Este 10 de octubre la Academia Sueca otorgó el premio Nóbel de economía 2022 a Ben S. Bernanke, Douglas W. Diamond y Philip H. Dybvig. En este artículo queremos hacer una evaluación de las contribuciones de Bernanke a la teoría de las crisis financieras y a su gestión para atender la crisis subprime de 2008.

Lo cierto es que Bernanke se ha declarado en más de una oportunidad como un alumno de Milton Friedman y Anna Schwartz en lo que refiere a su estudio de la gran depresión. En su libro Historia monetaria de los Estados Unidos, ambos autores explicaron que el error de la Reserva Federal estuvo en no evitar la contracción secundaria de dinero del período 1929-1933 provocó la pérdida de más de 10.000 bancos, la pérdida de actividad económica y la generación de un alto desempleo.

En términos técnicos, o de la teoría cuantitativa del dinero (MV= Py), se trata de una contracción en el ingreso nominal MV, o más precisamente la caída en la Velocidad de circulación del dinero (V), lo que se corresponde con un aumento de la demanda de dinero (Md). En términos más coloquiales, una vez que inicia la crisis, las personas tienen incertidumbre y temores que los lleva a incrementar su demanda de dinero, su atesoramiento, a partir del cual reducen sus gastos e inversiones.

Friedman y Schwartz recomendaban entonces que, en este caso particular, la autoridad monetaria debía incrementar la masa monetaria (M) en la misma proporción que bajaba V, para así evitar la deflación de precios, y con ello la caída de actividad y empleo. La medida, para este caso particular, tuvo un consenso amplio en la Academia. Y fue Bernanke, en representación de la Fed, quien afirmó en 2002 que de ocurrir un escenario similar, la autoridad monetaria no cometería el mismo error.

En 2008, cuando Bernanke ya estaba al frente de la Fed, tomó aquellas lecciones de Friedman y Schwartz y aplicó una política de fuerte liquidez para contrarrestar el incremento en la demanda de dinero, consiguiendo así reducir el desequilibrio monetario que de otro modo hubiera repetido el temido escenario de los años 1930.

Para una parte de la literatura que evaluó la crisis de 2008, Bernanke incluso fue más lejos, y con sus políticas oportunas de rescate de empresas y bancos “que eran demasiado grandes para caer”, evitó que el sistema financiero cayera como un efecto dominó, lo que en definitiva salvó también a la economía real. Pero hay otra parte de la literatura que señala que la intervención no fue benigna; piensa que en lugar de políticas de redescuento, la intervención debió aplicar operaciones de mercado abierto, y que los salvatajes a las empresas nos dejan con un “riesgo moral” que evita que aprendamos de nuestros errores. Más importante aún, la expansión de liquidez que inició en 2008 nos dejaba con una economía recuperada ya desde 2011. Pero aun con tasas de interés cercanas a 0 % en el período 2008 a 2016, la economía americana no parecía reaccionar.

En 2016 la Fed intentó subir las tasas de interés pero rápidamente observó que la economía americana era un castillo de naipes, con riesgo de recesión. Decidieron dar un paso atrás en esta medida, y más bien esperar que la recuperación fuera más vigorosa, y que la economía empezara a crecer. Las tasas de interés cercanas a 0 % no pudieron lograr en el período 2016-2020 que la economía rebotara, lo que habría escenarios similares a la economía japonesa, que tiene dificultades de crecimiento desde principios de los años 1990.

Mi hipótesis es que la pandemia vino a tapar estos desequilibrios monetarios con una fuerte recesión, que dejó a la economía en un nuevo escenario similar al de 1930. Ya sin Bernanke, pero con el mismo manual, ante el temor y la incertidumbre que generó el covid-19, la Fed volvió a contrarrestar la caída de V con aumentos “nunca vistos” de M.

La economía se recuperó sobre la base de estos estímulos, sumado a la flexibilización de las restricciones por cuarentenas, pero deja para adelante un nuevo escenario desafiante, en el que ni el propio Bernanke tiene claro cómo atender. La discusión hoy no incluye la expansión monetaria de 2008-2020, que fue muy extensa en tiempo, y muy profunda en cantidad de dinero. Por ello insisto que los efectos de la política de Bernanke quedaron ocultos en la pandemia. Hoy lo que abre una nueva literatura es la política de 2020-2021, pues ha dejado pequeño al ciclo anterior.

La contracción monetaria que inició en la post pandemia intenta paliar los efectos inflacionarios que ya son visibles en todos los indicadores, pero si bien es posible que tenga éxito en ese cometido, también puede dejarnos con una nueva gran recesión similar a aquellas de 1987, 2001, 2008, 2020. En términos del economista argentino Guillermo Calvo, estamos ante un nuevo Sudden Stop que provocará una nueva gran recesión. En términos de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, estamos ante las viejas lecciones de la teoría austriaca del ciclo económico.

Es una pena que en este premio la Academia Sueca no haya incluido a los economistas Lawrence H. White y George Selgin, como expertos modernos en esta literatura, quienes podrían contribuir a evitar que el mundo siga siendo convulsionado con malas políticas monetarias.

Nobel de Economía 2021: Una perspectiva austriaca sobre los experimentos naturales

El pasado 11 de octubre se dieron a conocer los galardonados con el Premio Nobel de Economía 2021. En este caso, fueron tres los economistas reconocidos con este título. Sobre uno de ellos, David Card, se ha generado bastante debate por su trabajo sobre los efectos del salario mínimo en Nueva Jersey y Pensilvania. Esta excesiva atención ha hecho que los otros dos ganadores del Nobel, Joshua Angrist y Guido Imbens, y sus contribuciones, hayan pasado casi desapercibidos; al menos, para el público no tan académico. Sin embargo, todos los galardonados, los tres, han sido premiados por demostrar que los experimentos naturales pueden ser empleados en economía y ciencias sociales para responder problemas centrales para la sociedad; cuestiones como el salario mínimo, la inmigración o la educación. Es decir, el premio Nobel de Economía en el año 2021 ha sido otorgado por las contribuciones a la metodología de la economía. Como bien han indicado desde la Real Academia de Ciencias de Suecia, los trabajos de Card, Angrist e Imbens permiten extraer conclusiones sobre las causas y efectos de los fenómenos económicos, acercando la economía al plano más empírico, revolucionando también otras disciplinas. 

Dado que el Nobel se ha otorgado por cuestiones metodológicas, y conociendo mi interés por la metodología de la economía, no podía dejar pasar la oportunidad de hacer unos comentarios breves sobre la idea de los experimentos naturales en economía. Concretamente, me gustaría revisar la idoneidad de los experimentos naturales para descubrir la causa y efecto de los fenómenos económicos desde la perspectiva metodológica de la Escuela Austriaca, que suele caracterizarse como más alejada del empirismo y los experimentos. 

Experimentos naturales 

Tradicionalmente, se ha entendido que una de las cosas que diferenciaba a las ciencias naturales de la economía es que, mientras en la primera se podían verificar leyes universales mediante experimentos de laboratorio, en la última esto no era posible, pues falla un presupuesto fundamental: la constancia de las variables. Es decir, en la economía puede haber muchas variables influyendo un fenómeno, a la vez que cambian constantemente, lo que hace que estas no puedan controlarse por el investigador. Así lo afirmaban, por ejemplo, Samuelson y Nordhaus en la duodécima edición de Economía: 

El mundo económico es extremadamente complicado. Hay millones de personas y empresas, miles de precios e industrias. Una forma de construir leyes económicas en este entorno es mediante experimentos controlados. Un experimento controlado tiene lugar cuando todo lo que se investiga se mantiene constante excepto una variable (…).

Los economistas no pueden permitirse ese lujo cuando testean leyes económicas. No pueden desarrollar los mismos experimentos controlados que hacen químicos o biólogos porque no pueden controlar fácilmente otros factores importantes. Como los astrónomos o los meteorólogos, los economistas deben contentarse por lo general con observar (Samuelson and Nordhaus 1985). 

No obstante, en los últimos años, los métodos experimentales han cobrado fuerza en economía. Desde el premio Nobel otorgado en 2002 a Vernon Smith por establecer los experimentos de laboratorio como una herramienta para el análisis económico, especialmente en el estudio de mecanismos alternativos de mercado, los experimentos son cada vez más comunes entre investigadores económicos. Esto plantea nuevos interrogantes para la ciencia económica, como por ejemplo, si los resultados obtenidos en un experimento pueden generalizarse a entornos fuera de laboratorio, o la utilidad de distintos tipos de experimentos en función del entorno o el grado de consciencia de los agentes que participan en el experimento. Por tanto, permítanme hacer una clasificación de tipos de experimentos (List 2011): 

  • Experimentos de laboratorio: son experimentos que se realizan en pequeños entornos controlados, cuyos participantes suelen ser estudiantes que conocen la naturaleza del experimento. 
  • Experimentos artefactuales: experimentos que replican a los de laboratorio pero con sujetos no estándar, es decir, no son estudiantes que conocen el experimento.
  • Experimentos de campo: son experimentos que se realizan con sujetos seleccionados para tal pero en su entorno natural, para evitar que el ambiente del laboratorio los condicione. 
  • Experimentos naturales: se realizan con sujetos realizando tareas habituales en su entorno natural, y no son conscientes de que son participantes de un experimento ni tampoco pueden controlar el evento o situación. 

De entre los cuatro tipos, los experimentos naturales son los que destacan ahora en economía, puesto que combinan lo mejor de los métodos experimentales: aleatoriedad y realismo, lo que permite al investigador evitar muchos sesgos muy comunes en otros métodos experimentales, como puede ser el de selección. 

De la mano de los experimentos naturales en economía, se han hecho también famosos en la disciplina métodos como los RCT (randomized controlled trials), que son pruebas controladas que permiten distinguir el impacto de determinados inputs o fenómenos sobre una población que ha sido dividida de forma aleatoria en grupos de tratamiento, a los que se aplica el input, y de control, a los que no. De esta manera, se puede estudiar el impacto de una variable sobre un mismo grupo de población, de forma clara, en el mismo espacio temporal y las mismas condiciones. Esto permite identificar mucho mejor la causa y efecto de los fenómenos económicos. Los ganadores del Nobel en Economía en 2019, Banerjee, Duflo y Kremer, destacaron por haber realizado una aplicación de los RCT a experimentos relacionados con la pobreza y el desarrollo económico. Entonces, ahora, cabe preguntarnos: ¿por qué se supone que estos métodos experimentales son mejores que los métodos formales tradicionales que se han usado en economía? Para responder a esa pregunta, me gustaría rescatar algunas ideas de Dani Rodrik, que menciona en su libro Economic Rules (hice una revisión del libro aquí). 

Según Rodrik (2015), la economía política tradicional, así como la ciencia económica más moderna, se ha obsesionado siempre con descubrir leyes universales que apliquen a cualquiera de los múltiples casos que se puedan dar en la realidad. Empero, esto no es posible en economía, puesto que la realidad es tan compleja y cambiante que solo pueden desarrollarse teorías aplicadas y concretas a determinados contextos, o lo que comúnmente llamamos modelos. Este razonamiento explica por qué las teorías universales tradicionales han fallado en pronosticar y comprender realidades económicas recientes como la Gran Recesión. En consecuencia, la ciencia económica actual pretende un cambio de paradigma hacia una ciencia más humilde y realista, alejada de leyes universales y concentrada en circunstancias concretas. En ese objetivo, métodos experimentales como los experimentos naturales o los RCT son de gran utilidad. 

Una perspectiva austriaca

Desde la metodología austriaca pueden decirse muchas cosas sobre los experimentos naturales y técnicas como los RCT. En primer lugar, y en línea con lo que comenté en mi revisión sobre el libro de Rodrik, es un error negar la existencia de leyes universales en economía o procurar tomarlas como inútiles. Como ya afirmamos, las leyes universales existen y son necesarias, aunque no suficientes. Su negación implica su confirmación y, además, son las que presentan los fundamentos básicos que debe respetar todo modelo o teoría contingente. Si este nuevo paradigma en economía basado en unos métodos más aplicados y experimentales implica el rechazo de las leyes universales (que no digo que así sea, solo planteo la posibilidad), podrá presentar severos problemas de fundamentación. 

Por otro lado, se puede reconocer la existencia de leyes universales y, al mismo tiempo, creer que estos experimentos naturales controlados servirán mejor para verificar teorías universales. Aunque esto no es muy común, como Rodrik indica, también puede ocurrir. En este caso, estaríamos tratando directamente con la aplicación de un método inductivo para la economía. Este método no es válido para las ciencias humanas al asumir una distribución de probabilidad conocida o conocible, objetiva, que garantiza que las proposiciones a las que llega el método inductivo son ciertas en determinado grado de probabilidad. No obstante, sabemos que en el mundo de la acción humana, la probabilidad objetiva no tiene cabida y la subjetiva solo puede estimarse a posteriori, por lo que, a priori, lo único que encontramos es incertidumbre, es decir, desconocimiento sobre lo que ocurrirá en un futuro (Hoppe 2007). Entonces, si no conocemos la probabilidad con la que puede ocurrir un fenómeno particular, no podemos transformarlo o usarlo para producir una proposición general. Por ello, el método de la economía es deductivo. 

Un austriaco puede reconocer la utilidad de los métodos experimentales naturales, puesto que se basan en la observación del ambiente real y de personas de carne y hueso, algo que va en línea con el realismo que defiende la Escuela Austriaca y que, sin duda, es preferible a modelos universales simplificados de agentes representativos o condiciones ideales de mercado. Por ello, podrían ser de utilidad para construir teorías contingentes. Aun así, puede haber algunos problemas, como por ejemplo, la aplicación de conceptos como probabilidad objetiva a la economía o el espejismo de que algunos fenómenos micro son simples o están bajo control, cuando puede suceder que hasta la más mínima interacción esté motivada o causada por fenómenos complejos. Por ello, sería importante determinar hasta qué punto o a partir de donde se asume el fenómeno de constancia y control en la economía. ¿En los fenómenos micro sí existe constancia pero los macro son complejos? ¿dónde se encuentra la línea que diferencia un fenómeno micro de uno macro? 

En último lugar, cabe mencionar las consecuencias que esta economía experimental tiene para la política pública. Como resultado del acercamiento al contexto, entorno y sujetos a estudiar, el diseño de políticas públicas también ha adoptado un enfoque más micro, aplicado, experimental y centrado en la evaluación de impacto. Desde un punto de vista austriaco o libertario, esta nueva forma de plantear políticas públicas es más deseable que aquellas previas que tenían un carácter más centralizador. El enfoque más experimental implica un impulso por la toma de decisiones descentralizada, nutriéndose de información que tiene un carácter disperso. De hecho, esto puede ser compatible con el enfoque policéntrico de gobernanza que propone Ostrom (2010). No obstante, el hecho de que estos métodos no sean exactos y no garanticen conocimiento certero sobre los fenómenos económicos hace que la posible intervención pública, por muy pequeña y descentralizada que sea, no alcance un resultado superior en optimalidad o incluso justicia que la propia autoorganización social. En realidad, este es uno de los puntos de Ostrom (2015): la gestión de los recursos comunales, de forma privada y descentralizada. Y, en efecto, Ostrom también empleó un enfoque experimental para demostrarlo (Janssen 2012).

En conclusión, podemos decir que los nuevos métodos experimentales, como los experimentos naturales, aportan una visión más realista del mundo que los modelos tradicionales. Sin embargo, hay que tener en cuenta sus posibles limitaciones (espejismo de control, simplificación de fenómenos complejos), así como advertir de que este enfoque más experimental no puede reemplazar a las leyes universales ni tampoco servir para un método inductivo. Todo esto, por supuesto, también ha de considerarse a la hora de plantear políticas públicas. Ostrom ya nos demostró con estudios de caso que la autoorganización puede resultar más eficiente que la planificación política.

Referencias

Hoppe, Hans-Hermann. 2007. “The Limits of Numerical Probability: Frank H. Knight and Ludwig von Mises and The Frequency Interpretation.” The Quarterly Journal of Austrian Economics 10 (1): 1–20. https://doi.org/10.1007/s12113-007-9005-3.

Janssen, Marco A. 2012. “Elinor Ostrom (1933–2012).” Nature 487 (July). https://doi.org/10.1038/487172a.

List, John A. 2011. “Why Economists Should Conduct Field Experiments and 14 Tips for Pulling One Off.” Journal of Economic Perspectives 25 (3): 3–16. https://doi.org/10.1257/JEP.25.3.3.

Ostrom, Elinor. 2010. “Beyond Markets and States: Polycentric Governance of Complex Economic Systems.” American Economic Review 100 (3): 641–72. https://doi.org/10.1257/aer.100.3.641.

———. 2015. Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. https://doi.org/10.1017/CBO9781316423936.

Rodrik, Dani. 2015. Economics Rules: The Rights and Wrongs of The Dismal Science. New York: W.W. Norton.

Samuelson, Paul A., and William D. Nordhaus. 1985. Economics. 12th ed. New York: McGraw-Hill.