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Etiqueta: Propiedad intelectual

Murray Rothbard, propiedad intelectual y “fronteras electrónicas”

La propiedad intelectual ha sido uno de los temas más debatidos en la era digital, especialmente con la aparición de Internet y la distribución masiva de contenido. Esta cuestión plantea tensiones entre el control sobre las creaciones y la libre circulación de ideas, un dilema que ya había sido explorado por pensadores como Murray Rothbard. Aunque Rothbard no presenció el auge de la era digital, sus ideas sobre contratos, derechos de autor y patentes, pero, sobre todo, sus estudios sobre libre mercado y anarquía ofrecen buenas bases para comprender la red. En paralelo, figuras como John Perry Barlow, con su manifiesto “Vender vino sin botellas”, reinterpretaron estas tensiones en el contexto de Internet.

Los planteamientos de Murray N. Rothbard se basan en los principios de la libertad individual y el libre mercado, por lo que cuestionaba la necesidad de la intervención gubernamental en cualquier materia, incluyendo los monopolios gubernamentales que suponen las leyes de patentes, a las que ofrece una alternativa que es mediante los acuerdos en las compraventas.

Murray N. Rothbard murió el 7 de enero de 1995, sólo cuatro años después de la propuesta formal de Berners-Lee sobre la World Wide Web. Pero su influencia ha hecho que la evolución de Internet sea más anárquica que lo que se podría esperar de su origen militar.

Contratos de distribución

En su obra La ética de la libertad, Murray Rothbard plantea una crítica fundamental a la idea de la propiedad intelectual tal como la conocemos. Para él, los derechos de autor y las patentes no son propiedades en el sentido tradicional porque no cumplen con el principio de escasez física. Argumenta que las ideas, al no ser bienes tangibles, no pueden ser apropiadas ni monopolizadas sin recurrir a la coacción estatal.

Pero Rothbard argumentaba que las restricciones a la copia podían ser legítimas si se basaban en acuerdos contractuales voluntarios entre las partes. Defendía la idea de que un autor o inventor podía establecer condiciones contractuales que prohibieran la reproducción o venta de su obra sin permiso  «cuando han sido obtenidos de alguien a título de propiedad condicional, no de propiedad absoluta», es decir, si el contrato de compraventa estipula que hay restricciones de uso. Y lo ilustra con este ejemplo:

Supongamos que Rojo permite la entrada en su casa a Moreno y le enseña un invento que hasta ahora ha mantenido en el más estricto secreto, pero con la condición de que no comente con nadie esta noticia. En este caso, Rojo no concede a Moreno la propiedad absoluta del conocimiento de su invento, sino una propiedad condicional, puesto que se reserva el derecho de la difusión. Y si Moreno lo comenta con otros, viola la propiedad que se ha reservado Rojo y se convierte, en este sentido, en ladrón.

Tenemos un caso parecido de quebrantamiento de contrato (y de robo de propiedad) en la violación de los derechos de autor o de las patentes de invención. Supongamos que Rojo fabrica ratoneras de excelente calidad y que vende muchas unidades, que llevan estampado el «copyright Sr. Rojo». Lo que está haciendo, al proceder así, es advertir que no vende todos los derechos de propiedad de cada ratonera, sino sólo el derecho a hacer con ella lo que se quiera, excepto venderla o fabricar —y vender— copias enteramente iguales. Rojo se reserva a perpetuidad el derecho de venta de estas ratoneras. Por tanto, si Moreno compra una de ellas y fabrica y vende modelos idénticos, viola los términos del contrato y el derecho de propiedad de Rojo y se le puede demandar ante los tribunales por robo. Nuestra teoría de los derechos de propiedad ampara también la inviolabilidad del copyright contractual.

Idea que también desarrolla en Hombre, economía y estado:

Una persona escribe un li­bro o compone una obra musical. Al publicar el libro o la partitura, hace imprimir en la primera página la expresión “copyright”. Esta in­dica que cualquier persona adquirente del producto presta también su acuerdo, como formando parte de la operación de intercambio, a no copiar ni reproducir la obra para que sea vendida. Ya que el com­prador no adquiere la propiedad total, sino sujeta a la condición mencionada, toda violación del contrato por su parte, o por la de un ulterior adquirente, constituye robo implícito y será tratada en el mer­cado libre como corresponde. El derecho de autor es, pues, dentro del mercado libre, un derivado lógico del derecho de propiedad.

El problema de las patentes

Continúa en Hombre, economía y estado:

Parte de la protección que hoy acuerdan las patentes a un inventor podría obtenerse en el mercado libre mediante una especie de protección del derecho de autor. Ahora, los inventores tienen que marcar sus máquinas, indicando que se encuentran patentadas. La marca pone a los compradores sobre aviso de que el invento está patentado y de que no pueden vender ese artículo. Pero lo mismo podría hacerse ampliando el sistema de derecho de autor, y sin patente. En el mercado completamente libre, el inventor podría marcar como “copyright” su máquina, y en ese caso, todo adquirente de la máquina la comprará con la condición de que no habrá de reproducirla ni venderla para obtener ganancias.

La patente es incompatible con el mercado libre, precisamente en cuanto va más allá de un derecho de autor. La persona que no ha comprado una máquina, y que llega al mismo invento en forma independiente, en el mercado libre, podrá perfectamente proceder a utilizar su invención. Las patentes impiden que una persona haga uso de su propio invento, aun cuando sea suyo todo derecho de propiedad al respecto y no haya robado la idea, ni explícita ni implícitamente, al primer inventor. Por eso, las patentes constituyen privilegios de monopolio exclusivo, otorgados por parte del estado, que invaden los derechos de propiedad dentro del mercado. La distinción fundamental entre patente y derecho de autor no obedece, pues, a que una sea mecánica y el otro literario. El hecho de que se hayan aplicado en esa forma es un accidente histórico y no revela la diferencia básica que existe entre ambas instituciones. Tal diferencia fundamental está en que el derecho de autor es atributo lógico del derecho de propiedad, dentro del mercado libre, en tanto que la patente es una invasión sobre tal derecho.

Rothbard, la New Left y Woodstock ’69

En la década de 1960, Rothbard comenzó a cuestionar la alianza entre los libertarios y los conservadores, especialmente debido a sus diferencias sobre la Guerra de Vietnam y otros temas de política exterior. Rothbard concluyó que el libertarismo tenía sus raíces en la izquierda política y que los libertarios del Old Right estarían mejor alineados con el creciente anti-autoritarismo de la New Left. Esta alianza se basaba en una oposición común al militarismo, el corporativismo y la intervención estatal en la vida privada de los ciudadanos.

Rothbard colaboró con figuras prominentes de la New Left y participó en la fundación de la revista “Left and Right: A Journal of Libertarian Thought” en 1965. Esta publicación buscaba trascender las categorías políticas tradicionales y promover una visión coherente de la libertad que incluía elementos tanto de la izquierda como de la derecha contemporáneas.

El movimiento hippie de los años 60, con su énfasis en la paz, el amor y la libertad personal, compartía varios valores con el libertarismo de Rothbard. El festival de Woodstock, celebrado en agosto de 1969, se convirtió en un símbolo de esta contracultura. Aunque Rothbard no estuvo directamente involucrado en el festival, su filosofía libertaria resonaba con muchos de los ideales del movimiento hippie.

Woodstock no solo representó un festival de música, sino también una expresión de rechazo a las estructuras tradicionales de poder. Este espíritu anárquico se alineó con la visión de un mercado libre y no intervenido, una de las bases del pensamiento de Rothbard. Aunque las conexiones no sean evidentes, el contexto cultural de la época preparó el terreno para que ideas libertarias influyeran indirectamente en la forma en que comunidades y redes emergentes abordaron temas como la propiedad y la creatividad.

Aunque Rothbard y el movimiento hippie compartían una visión crítica del estado y una defensa de la libertad individual, también había diferencias significativas. Rothbard era un académico y teórico, mientras que el movimiento hippie era más práctico y cultural. Además, mientras que Rothbard defendía un mercado libre sin intervención estatal, muchos hippies eran críticos del capitalismo y buscaban formas alternativas de organización económica.

A pesar de estas diferencias, la interacción entre el libertarismo de Rothbard y la contracultura de los años 60 muestra cómo diferentes movimientos pueden encontrar puntos en común, especialmente cuando se comparten enemigos. Un ejemplo de esta conjunción es John Perry Barlow.

John Perry Barlow, de letrista de Grateful Dead, a vender vino sin botellas

John Perry Barlow es una figura que ha dejado una huella indeleble en múltiples campos, desde la música hasta la ciberseguridad. Conocido principalmente como letrista de la legendaria banda de rock Grateful Dead, Barlow también fue un pionero en la defensa de los derechos digitales y la libertad en Internet.

Nacido en 1947 en Wyoming, Barlow creció en un entorno rural y asistió a la Universidad de Wesleyan, donde se graduó en 1969. Su conexión con The Grateful Dead comenzó en 1971, cuando empezó a colaborar con Bob Weir, uno de los miembros fundadores de la banda. Juntos, escribieron algunas de las canciones más emblemáticas del grupo, como “Cassidy” y “Mexicali Blues”. La colaboración de Barlow con Grateful Dead continuó hasta la disolución de la banda en 1995.

A mediados de los años 90, Barlow se adentró en el mundo de la tecnología y la ciberseguridad. En 1990, cofundó la Electronic Frontier Foundation (EFF), una organización dedicada a defender la libertad de expresión y la privacidad en el ámbito digital. Su interés por la economía digital lo llevó a escribir el influyente ensayo “Selling Wine Without Bottles: The Economy of Mind on the Global Net” en 1994. En este ensayo, Barlow exploraba cómo la economía de la información y las ideas difería de la economía de los bienes físicos, utilizando la metáfora de vender vino sin botellas para ilustrar cómo las ideas podían ser compartidas y distribuidas sin las restricciones físicas tradicionales:

La legislación de propiedad intelectual no se puede remendar, adaptar o expandir para que contenga los gases de la expresión digitalizada, de la misma manera que tampoco se puede revisar la ley de bienes inmuebles para que cubra la asignación del espectro de la radiodifusión. (Lo que, de hecho, se parece mucho a lo que se intenta hacer aquí.) Tendremos que desarrollar un conjunto completamente nuevo de métodos acorde con este conjunto enteramente nuevo de circunstancias.

La mayoría de la gente que crea software -programadores, hackers y navegantes de la Red- ya lo sabe. Por desgracia, ni las compañías para las que trabajan ni los abogados que estas compañías contratan tienen la suficiente experiencia directa con bienes inmateriales como para entender por qué son tan problemáticos. Actúan como si se pudiera lograr que las viejas leyes funcionasen, bien mediante una grotesca expansión o por la fuerza. Se equivocan.

La fuente de este acertijo es tan simple como compleja su resolución. La tecnología digital está separando la información del plano físico, donde la ley de propiedad de todo tipo siempre se ha definido con nitidez.

A lo largo de la historia del copyright y las patentes, los pensadores han reivindicado la propiedad no de sus ideas sino de la expresión de las mismas. Las ideas, así como los hechos relativos a los fenómenos del mundo, se consideraban propiedad colectiva de la humanidad. En el caso del copyright se podía reivindicar la franquicia del giro exacto de una frase para transmitir una idea concreta o del orden de exposición de los hechos.

La franquicia se imponía en el preciso momento en que «la palabra se hacía carne» al abandonar la mente de su creador y penetrar en algún objeto físico, ya fuera un libro o cualquier artilugio. La posterior llegada de otros medios de comunicación comerciales distintos del libro no alteró la importancia legal de ese momento. La ley protegía la expresión y con pocas (y recientes) excepciones, expresar equivalía a convertir algo en un hecho.

Proteger la expresión física tenía a su favor la fuerza de la comodidad. El copyright funcionaba bien porque, a pesar de Gutemberg, era difícil hacer un libro. Es más, los libros dejaban a sus contenidos en una condición estática cuya alteración suponía un desafío tan grande como su reproducción. Falsificar o distribuir volúmenes falsificados eran actividades obvias y visibles, era muy fácil pillar a alguien. Por último, a diferencia de palabras o imágenes sin encuadernar, los libros tenían superficies materiales donde se podían incluir avisos de copyright, marcas de editor y etiquetas con el precio.

Aún era más apremiante patentar la conversión de lo mental a lo físico. Hasta hace poco, una patente era o bien una descripción de la forma que había que dar a los materiales para cumplir un determinado propósito, o una descripción de cómo se llevaba a cabo este proceso. En cualquiera de los dos casos, el quid conceptual de la patente era el resultado material. Si alguna limitación material impedía obtener un objeto con sentido, la patente se rechazaba. No se podía patentar una botella Klein ni una pala hecha de seda. Tenía que ser una cosa y la cosa tenía que funcionar.

De este modo, los derechos de la invención y de la autoría se vinculaban a actividades del mundo físico. No se pagaban las ideas, sino la capacidad de volcarlas en la realidad. A efectos prácticos, el valor estaba en la transmisión y no en el pensamiento transmitido.

En otras palabras, se protegía la botella y no el vino.

Barlow fue un visionario que entendió el potencial transformador de Internet mucho antes de que se convirtiera en una parte integral de nuestras vidas. Su trabajo con la EFF y sus escritos sobre la economía digital han influido en la forma en que entendemos y protegemos nuestros derechos en el ciberespacio.

John Perry Barlow falleció en 2018, pero su legado musical con Grateful Dead sigue vivo, inspirando a nuevas generaciones de músicos y fans, al igual que sus planteamientos sobre el ciberespacio.

La visión de Rothbard y de John Perry Barlow sobre la propiedad intelectual

Aunque ambos compartían una visión crítica sobre la intervención gubernamental, sus enfoques y argumentos sobre la propiedad intelectual difieren significativamente.

Como hemos visto, según Rothbard, un autor o inventor podía establecer condiciones contractuales que prohibieran la reproducción o venta de su obra sin permiso, y estos acuerdos serían una extensión natural de los derechos de propiedad y la libertad contractual y que la verdadera protección de la propiedad intelectual debía surgir de acuerdos privados y no de la coerción estatal.

Pero Rothbard no llegó a ver el potencial de Internet. Falleció en la fase incipiente de la red. No conoció Napster, creado en 1999, ni vio como millones de personas cooperan voluntariamente  compartiendo su conocimiento en Wikipedia, lanzada en 2001 o en GitHub, lanzado en 2008.

Tampoco pudo conocer “La declaración de independencia del ciberespacio” que presentó John Perry Barlow en Davos como respuesta a la Telecommunications Act, pero seguro que firmaría sus principales propuestas:

Gobiernos del Mundo Industrial,  […] no sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. […] Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolveremos por nuestros propios medios.

Como planteaba John Perry Barlow, la red ha resuelto de forma espontánea las nuevas demandas que se han ido generando. Y, como planteaba Rothbard, la solución son los contratos o las licencias de uso. Como en el Software Libre, máximo exponente actual de la anarquía y libre mercado, donde la GPL le da un marco contractual a la cooperación entre las partes implicadas.

Ver también

Cuatro siglos de propiedad intelectual. (Antonio José Chinchetru).

Marcas, reputación y fraude. (Albert Esplugas).

Por un mercado libre de ideas. (Albert Esplugas).

El secreto de la Coca-Cola, Google e Inditex. (Manuel Llamas).

Copiar no es robar. (Albert Esplugas).

No bloquean Telegram, pero el peligro de la propiedad intelecutal sigue vivo

Un juez de la Audiencia Nacional ordenó que se bloquease de forma cautelar en el estado español la aplicación de mensajería instantánea Telegram porque se distribuyen contenidos con propiedad intelectual. Luego rectificó, pero el peligro sigue existiendo. La idea de propiedad intelectual es un mito que permite a los legisladores un poder casi infinito ya que, al legislar sobre un concepto tan vago y abstracto, permite aplicar control sobre cualquier aspecto de la vida de los individuos.

Además, es tan sencillo saltarse un bloqueo como el de Telegram, que esta sentencia era inaplicable. Por lo tanto, no sólo nos encontramos ante una sentencia que afectaba a 8,5 millones de usuarios, independientemente del uso que le den a esta aplicación, sino que supone una pérdida de confianza a las leyes españolas.

Debate en la UFM

El pasado 2 de marzo participé en un debate en la Universidad Francisco Marroquín sobre la propiedad intelectual, defendiendo una postura contraria a la legislación de eso que llaman la “propiedad intelectual”.

Acabé mi exposición de motivos con cinco puntos, que me servirán como guía para analizar la amenaza de secuestro a Telegram:

  • Al legislar un mito, se le está dando la potestad al legislador para que legisle sobre cualquier cosa.
  • Al legislar para fomentar la innovación, se le está dando la potestad al legislador para que legisle sobre la economía.
  • Al legislar un mito, se le está dando la potestad al poder legislativo para que determine partidas presupuestarias para financiar el mito.
  • Al legislar un mito, que acarrea otros mitos, se le está dando la potestad al poder legislativo para que legisle, y determine partidas presupuestarias, sobre otros mitos derivados.
  • Y, porque, al legislar sobre lo ilegislable, se crean leyes innecesarias y, como dijo el Padre Juan de Mariana:

Las leyes son muchas en demasía, y como no todas se pueden guardar, ni aún saber, a todas se pierde el respeto”.

La propiedad intelectual como mito

En otro artículo analizaré más detenidamente los problemas que supone la propiedad intelectual. Ahora me centraré en el caso de Telegram y simplemente dejaré aquí unas pinceladas sobre por qué no puede existir eso de la propiedad intelectual. El intelecto, o las ideas, no pueden tener propiedad, porque no puede haber escasez de ideas. El hecho de que A tenga una idea y se la transmita a B, no convierte a A en menos poseedor de la idea, sino que esa idea ahora la tienen A y B. Además, el hecho de que A replique la idea de B, le puede beneficiar en dos motivos:

  1. Una idea nunca está sola. Si A, aporta una idea a B, pasa a ser parte del acervo de B, que la conjuga con el resto de sus ideas y, cuando B se la devuelve a A, no le devuelve exactamente la misma idea, sino interpretada y conjugada con otras de las ideas de B. Si A la incorpora a su acervo es porque la modificación de B es, subjetivamente, valiosa para A. Por lo tanto, A, o no pierde, o gana aportando ideas a B.
  1. Si A toma una idea de B, y la replica, le está homenajeando. Si no le cita, no pierde nada, pero si le cita, está influyendo en aquellas personas a las que envía su interpretación de esa idea y hace que, subjetivamente, para aquellas personas que puedan estar de acuerdo con la idea original o con la interpretación, el acervo de A adquiera mayor valor. De nuevo, o no pierde, o gana.

Ni mucho menos mortis causa

Además, como defendía Roberto Santos cuando batallábamos contra las patentes de software: no puede considerarse propiedad a algo que no puede transmitirse ni inter vivos, en iguales condiciones que “lo” original ni, mucho menos, mortis causa.

Las ideas no son equivalentes ni intercambiables. Un saco de trigo lo podemos intercambiar por otro saco de trigo. Una furgoneta y una motocicleta, no son el mismo bien, pero en determinadas circunstancias pueden ser intercambiables. Sin embargo, la idea de que “la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa” no es intercambiable por la idea de que “un soneto es una composición poética de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos”.

Las propiedades son bienes escasos y rivales, que pueden ser poseídos, transferidos y excluidos por sus dueños. Las ideas son bienes abundantes y no rivales, que pueden ser compartidos, difundidos y mejorados por muchas personas sin que nadie las pierda. Por lo tanto, “propiedad intelectual” es una contradicción en los términos. Sin embargo, diversos códigos legales lo recogen. Veamos por qué.

El estado como creador de monopolios

La propiedad intelectual es una restricción al mercado y a la competencia al otorgar derechos exclusivos sobre las obras, se impide que otras personas desarrollen productos o servicios similares o derivados. Esto limita la innovación y la creatividad, y perjudica a los consumidores, que tienen menos opciones y precios más altos. Además, la propiedad intelectual crea monopolios artificiales, que distorsionan el sistema de precios.

Lo vimos muy claramente cuando se impuso el canon digital, una sanción a todo el que compre un producto que se pueda usar para copiar obras, independientemente del uso que se le de a este producto.  O, como en el caso de Telegram, de las herramientas usadas para distribuir información. Con Telegram secuestrado, no se podrá distribuir material protegido, pero tampoco los enlaces a las páginas o canales de Youtube de los creadores, por lo que se sanciona tanto al potencial receptor de esas obras como a los autores, especialmente, a los autores independientes.

Patentes sobre los medicamentos

Veamos el caso de las patentes sobre medicamentos, donde se conjugan dos mitos, la propiedad intelectual y la salud pública:

  1. Las restricciones a la investigación y desarrollo de nuevos fármacos dificultan la producción de nuevos medicamentos o el abaratamiento de los ya conocidos.
  1. Las restricciones y la burocracia eliminan del mercado a todos aquellos investigadores independientes o empresas pequeñas que no pueden asumir los costes legales, administrativos y burocráticos para poder competir en un mercado regulado.
  1. Estas restricciones condenan a la muerte o a enfermedades a seres humanos, lo cual es grave, pero, sobre todo, a los más pobres, lo cual lo convierte en mucho más grave, porque no condena sólo al enfermo, sino también a su entorno.

Por lo tanto, las leyes de propiedad intelectual desincentivan la producción, al generar el temor a la

incertidumbre, lo que lleva a actuar como si realmente hubiera escasez de ideas. ¿Qué motivación puede llevar a un boticario a investigar si sabe que cuando intente ayudar al prójimo poniendo sus descubrimientos en el mercado, le van a denunciar por violar patentes? ¿Qué motivación va a tener alguien en ayudar al prójimo si va a tener que invertir un dineral en abogados y burocracia?

La propiedad intelectual, una censura cobarde

Los gobiernos y sus entidades satélite, como la SGAE, aparte de la censura, que puede ser contraproducente para los censores por estar socialmente mal vista, pueden invertir grandes cantidades de recursos y usar la fuerza para condicionar la creación y distribución de obras.

Nadie crea ex nihilo, sino que toda idea o toda creación surge de alguna previa, bien sea evolucionando algo anterior o pensando contra algo anterior.

Tampoco las cadenas de televisión denunciantes, que se nutren de contenidos de terceros, con programas o secciones en programas sobre contenidos de redes sociales. Pero tienen un condicionante grave, y es que cobran subvenciones públicas. Y lo que es peor, lo que cobran del estado es una cantidad ridícula. Por ejemplo, Atresmedia generó unos ingresos de 971,4 millones de euros, según información ofrecida por la propia cadena, de los cuales, sólo 12,51 millones fueron del gobierno (un 1,29%).

Con la denuncia de Atresmedia, MediaSet y Movistar Plus por presunto uso no autorizado de contenido audiovisual sometido a derechos de autor, la amenaza del bloqueo a Telegram conlleva un peligro mayor que no poder usar esta aplicación, que es el monopolio de la información por parte del gobierno.

Control al mercado de la información

Cervantes no lloriqueó a los tribunales cuando Avellaneda publicó su Quijote. Su respuesta fue publicar la Segunda parte del ingenioso caballero don Quixote de la Mancha. Ofrecer un mejor producto al mercado y que, además cerrase la posibilidad de que Avellaneda, o cualquier otro, pudiera escribir una continuación.

Quizá podrían otros autores escribir obras derivadas, como hicieron Camón Aznar o Pedro Centeno. Incluso Tarantino copia ideas de Don Quijote, especialmente, en Django desencadenado. Pero ya se encargó Cervantes con el final de su segunda parte que el lector siempre sepa que es una obra derivada.

Es decir, en ausencia de proteccionismo estatal, es el mercado el que se regula solo, creando los mecanismos no sólo para la libre distribución de las ideas, sino que los autores son los que se preocupan de protegerse a si mismos.

La pérdida de respeto a las leyes

Las leyes de propiedad intelectual no son naturales ni universales, sino que son cambiantes en el tiempo y en el espacio, por lo que favorecen a los intereses de ciertos grupos, normalmente, los más cercanos al gobierno de ese territorio en ese momento.

La propiedad intelectual ha llevado al aumento de litigios, en los que las disputas legales se centran más en proteger derechos que en fomentar la creatividad y la innovación. De nuevo, estos litigios a quien más favorecen son a aquellos que pueden permitirse el lujo de litigar. En el caso de un autor que hace, por ejemplo, un fanfilm basado en algún personaje con derechos de autor, si entra en juicios contra la productora, se va a encontrar en una asimetría en la cantidad de recursos que puede disponer para esos litigios. Lo cual desincentiva a la hora de producir obras.

La misma asimetría que se encuentra un youtuber que usa un contenido de Atresmedia frente a Atresmedia cuando usa contenidos de youtubers. ¿Acaso tiene en los tribunales las mismas posibilidades de ganar un generador de contenidos independiente que una empresa que mueve casi mil millones de euros al año?

En el caso de la orden judicial para el bloqueo de Telegram, tenemos una derivada más siniestra todavía. Y es que es imposible hacer cumplir ese bloqueo. Para poder controlar el acceso a una herramienta como Telegram, el juez que dictaminó el secuestro tuvo que pedir a los proveedores de internet que bloqueasen el acceso a Telegram.

Sortear el bloqueo a Telegram

Al no haber sido efectiva dicha sentencia, nunca podremos saber si con soluciones sencillas como cambiar los servidores DNS, usar un servidor proxy o con un DNS inteligente (DNS+proxy), podría haber valido para saltar la restricción estatal, pero lo que ningún juez español puede controlar son otras situaciones, como:

Uso de VPNs por parte de los usuarios: una VPN o Red Privada Virtual es como un túnel seguro en Internet. Imaginemos Internet como una carretera pública por donde circulan todos los datos. Una VPN crea un camino privado dentro de esa carretera grande, donde los datos pueden viajar protegidos y ocultos, evitando que otros los vean o accedan a ellos.

Cuando usamos una VPN, la conexión a internet se redirige a través de un servidor especial de la VPN. Esto hace que parezca que el usuario está accediendo a internet desde una ubicación diferente, lo cual inutiliza el bloqueo de los proveedores de acceso a Internet.

Red Tor: Aunque más lenta, la red Tor ofrece una alta privacidad y puede ayudar a evitar bloqueos de ISP.

Túneles SSH: establecer un túnel cifrado entre el equipo del usuario y un servidor remoto SSH fuera de la restricción judicial.

Otras herramientas, como Discord.

Antes fueron leyes que reyes

Imponer una restricción que no se podía hacer cumplir, lo que conlleva es un debilitamiento de la percepción subjetiva de las normas. El hecho de que haya tenido que rectificar conlleva un mayor debilitamiento de esa percepción subjetiva de las normas. Esto tiene una parte buena, que es el debilitamiento de la tiranía. Vuelvo a Mariana: 

El poder de los príncipes es débil cuando dejan de respetarlo sus vasallos.

Juan de Mariana

Pero otra parte mala, que es la normalización del incumplimiento de las normas. Aunque actualmente en España vivamos en un sistema con un enorme poder por parte del gobierno, no todas las leyes tienen origen tiránico. Como decía el fuero de Sobrarbe:

Antes fueron leyes que reyes.

El problema de que a todas se les pierda el respeto es que en ese “todas” están también las que garantizan una convivencia pacífica, la propiedad, la integridad y la vida.

Ver también

La propiedad intelectual como ‘derecho social’. (Albert Esplugas).

Ideas inapropiables. (Albert Esplugas).

Cuatro siglos de propiedad intelectual. (Antonio José Chinchetru).

Taylor Swift nos muestra por qué necesitamos sacudirnos la propiedad intelectual

Por Benjamin Seevers. Este artículo fue publicado originalmente por FEE.

Taking on Taylor Swift, un reciente documental de la CNN, cuenta la historia de Sean Hall y Nathan Butler, una pareja de compositores del grupo de hip-hop de principios de la década de 2000 3LW. Hall y Butler demandaron a Taylor Swift en 2021 por el éxito de Swift Shake It Off por supuesta violación de sus derechos de autor de la canción de 3LW Playas Gon’ Play. Hall y Butler alegan que las frases haters gonna hate y playas gonna play de la canción de Swift están copiadas directamente de la canción de 3LW.

Esta acusación es sencillamente deshonesta. La frase haters gonna hate es anterior a ambas canciones y parece haber surgido espontáneamente en lugar de haber sido acuñada por una persona o un grupo en particular. Lo mismo podría decirse de playas gonna play. Suponiendo que los derechos de autor, una forma de propiedad intelectual (PI), sean una forma legítima de propiedad, está claro que Swift no “robó” estas frases porque ya eran frases comunes en el momento de la composición de ambas canciones.

El “robo” de Taylor Swift

Sin embargo, asumiendo la posición (correcta) de que la propiedad intelectual (PI) no es una forma legítima de propiedad, Hall y Butler claramente no tienen motivos legítimos para demandar a Taylor Swift. Estas frases, las haya “robado” Swift o no, son un juego limpio. Cualquiera puede utilizarlas de la forma que desee. Pueden utilizarse en una canción o en cualquier otro medio de comunicación. Hall y Butler no tienen el monopolio de estas frases.

La propiedad intelectual no es una propiedad legítima porque no se pueden reclamar ideas generales. El uso por parte de una persona de una determinada idea (o en este caso una frase) no impone legítimamente restricciones al uso de la idea por parte de otra persona. Independientemente de que Hall y Butler hayan acuñado o no esas frases, lo cierto es que tienen derecho a pronunciarlas a su antojo. Pero eso no les da derecho a impedir que otros lo hagan. Estas frases se producen reorganizando el mundo físico para producir letras sonoras o escritas. Si alguien posee los recursos físicos necesarios, debería ser libre de reproducir esas letras en forma verbal o escrita y sacar de ellas todo el provecho que quiera. Los copiadores no utilizan necesariamente nada que ya poseyeran.

Esto hace aún más ridículo el uso que hace el documental del término “apropiación cultural”. Ahora sabemos que las frases no pueden ser objeto de apropiación, pero decir que una cultura específica tiene un derecho exclusivo sobre las frases es absurdo. Suponiendo que la propiedad de las frases sea legítima, el derecho debe ser atribuible a una persona concreta que pronunció o escribió las frases en primer lugar.

El derecho a prohibir que otros utilicen una frase

Este derecho no puede ser adquirido por una clase de individuos: una cultura. Un individuo debe componer primero la frase, y ese individuo tendría presumiblemente derecho a permitir que otros utilicen la frase.

¿Puede el compositor permitir que toda una clase de personas, como los miembros de una cultura, utilicen la frase? Si la propiedad intelectual ha de ser coherente, entonces sí, pero la parte clave de esto es que debe demostrarse que la persona que utilizó por primera vez esa frase concedió a esa clase de personas el derecho a utilizar la frase. Si eso no se puede demostrar, uno no puede simplemente gritar “apropiación cultural” cada vez que oye o ve algo que no le gusta.

Lo único que hizo Taylor Swift fue utilizar una frase común que tenía todo el derecho a usar. De hecho, la utilizó de manera más eficaz que otros antes que ella. En este momento, la canción de Swift de 2014 Shake It Off tiene casi 1.300 millones de escuchas totales en Spotify más 66 millones de escuchas adicionales de la reedición de la canción, mientras que la canción que escribieron Hall y Butler, playas gonna play, tiene actualmente 12 millones de escuchas totales en la misma plataforma a pesar de ser 14 años más antigua. Por supuesto, hay otros métodos de escuchar canciones, pero estas estadísticas afirman el hecho de que Swift tiene un inmenso impacto en los oyentes de música actual.

Utilizar al Gobierno para aprovecharse de quien tiene éxito

Esto nos lleva a la función económica de un compositor y cantante. Se encargan de reorganizar las palabras en frases pegadizas y auditivamente agradables, quizá con letras que hagan pensar a la gente. Hay muchas razones por las que un artista puede tener éxito, pero en la raíz de su éxito está que complazca a suficientes consumidores como para obtener beneficios. Aunque la canción de 3LW tuvo éxito entre su público, la canción de Swift supera a la de 3LW. Está claro que Swift sabe cómo fabricar un producto que satisfaga a los consumidores, y nadie tiene derecho a infringir su capacidad de hacerlo a menos que viole los derechos de otra persona. Y en lo que respecta a esta polémica, Swift no hizo absolutamente nada malo.

Otra lección que puede extraerse de esta controversia es cómo la gente utiliza al gobierno para aprovecharse de las personas de éxito. Aunque Hall y Butler no consiguieron saquear a Swift, otros innovadores no tienen tanta suerte. En el mundo de las patentes, existen los llamados “trolls de patentes”, que poseen patentes de productos vagos sin haber inventado nada en realidad. ¿Por qué? Conservan estas patentes durante años para poder demandar a los innovadores que inevitablemente inventan algo similar. Por supuesto, estos trolls reciben una compensación y se ahoga la innovación.

Las ideas, incluidas las frases, deben poder utilizarse libremente. Si existen restricciones en forma de leyes de propiedad intelectual, los malos actores tienen el poder de extraer el pago de los verdaderos innovadores. Como resultado, los consumidores se ven privados de nuevas tecnologías, productos farmacéuticos y, como demuestra esta polémica, buena música.

Ver también

Plagie este artículo, por favor. (Eduardo Blasco).

La propiedad intelectual como ‘derecho social’. (Albert Esplugas).

Cuatro siglos de propiedad intelectual. (Antonio José Chinchetru).

El negocio del software libre (II): el caso de Wikipedia

En mi anterior artículo de esta serie, comenté que el pilar fundamental del Software Libre es la comunidad y que las empresas y plataformas que ayudan a las comunidades de software libre pueden convertir este servicio a la comunidad en un negocio. En este artículo veremos cómo Wikipedia ha llegado a manejar de 250 millones de dólares anuales y poder contratar a 450 empleados.

Y cómo estos datos no han sido casuales, sino que el proyecto de Jimmy Wales, inspirado por Hayek y por Eric S. Raymond, sólo pueden ser posibles gracias a la comunidad y gracias a que MediaWiki, el software desarrollado por la Fundación WikiMedia y que es con el que funciona Wikipedia es software libre.

El egoísmo evolucionista

Hay tres premisas sobre las que se sustentan el negocio del Software Libre y de las comunidades del Software Libre:

El Software Libre como concepto (programas, diseños, documentación…) evoluciona porque lo que aporta a cada uno de los individuos que lo usan, desarrollan, documentan o financian tiene un valor subjetivo mayor que lo que aporta cada uno de ellos.

La comunidad (o comunidades) del Software Libre funcionan porque lo que aporta a cada uno de los individuos que colaboran con las comunidades tiene un valor subjetivo mayor que lo que aporta cada uno de los colaboradores.

Las empresas que dan soporte a las comunidades de Software Libre generan negocio porque lo que aportan este tipo de entidades a cada uno de los individuos que las financian tiene un valor subjetivo mayor que lo que aporta cada uno de los financiadores.

El contenido de libre distribución, la base de Wikipedia

Por eso, Wikipedia puede tener más de 66 millones de artículos en 333 idiomas escritos por más de 300 mil autores que, aunque no cobren por ello, subjetivamente, obtienen un mayor beneficio que si cobrasen por esos artículos.

El modelo de negocio de Wikipedia no se basa en la publicidad ni en la venta de productos o servicios. Se basaen las donaciones voluntarias de personas y entidades que apoyan su misión de ofrecer conocimiento libre. Estas donaciones las recibe la Fundación Wikimedia, una organización sin ánimo de lucro que vertebra tanto la infraestructura técnica como el personal de la enciclopedia y de otros proyectos también libres, que buscan crear y difundir el conocimiento libre en diferentes formatos e idiomas, como:

Y más proyectos. Podemos ver todos en este enlace:

Para conseguir tantos contenidos, la Fundación Wikimedia cuenta con el apoyo de miles de personas que crean y editan los contenidos de forma voluntaria. Las motivaciones de cada una de esas personas son subjetivas y es imposible que podamos analizar cada uno de los casos individuales. Tampoco es mi intención. Me centraré en tres cuestiones que son las que hacen que este modelo de negocio sea rentable. La Fundación Wikimedia: 1) libera su código. 2) No cobra a los creadores de contenidos. 3) Sólo cobra aportaciones voluntarias.

Desarrollo de Software Libre

La Fundación Wikimedia desarrolla MediaWiki, el software con el que se sirven los documentos de Wikipedia y del resto de las webs de la fundación. Software que se distribuye libremente con licencia GPL (Licencia Pública General).

Wikipedia apareció el 15 de enero de 2001 y la primera versión libre de MediaWiki es del 25 de enero de 2002.

Es decir, la Fundación Wikimedia predica con el ejemplo, aportando un proyecto libre desde la propia entidad y desde su nacimiento. Primero crearon la página, prototiparon y enseguida liberaron el código. Y, con ello, generaron la empatía de colaboradores y financiadores.

Y de su propia competencia, ya que docenas de miles de proyectos funcionan con MediaWiki. En su propia web podemos ver un listado incompleto (ni todos son públicos ni todos están registrados) de más de 6000 proyectos basados en Media Wiki. En otros proyectos, MediaWiki no es el eje central, sino sólo una parte del proyecto, por lo que tampoco están contabilizados en este regristro.

Al ser libre, MediaWiki permite la existencia de miles de proyectos basados en ese software. Y la existencia de tantos proyectos hace que cada vez sea más completo y robusto y, además, consolidar a la propia fundación.

Imposible conseguirlo con software privativo.

Gratis para los creadores de contenidos

Hay quienes, critican a las plataformas que ganan dinero con los contenidos de terceros. Incluso critican a los propios generadores de contenidos.

Son críticas sin mucho fundamento. Para empezar, ¿qué tiene de criticable que alguien ponga unas herramientas a disposición de los usuarios? Y, ¿qué tiene de criticable que alguien use libre y voluntariamente esas herramientas? Pero, además, la Fundación Wikimedia no cobra a los creadores de contenidos, dándoles mucho.

Muchos de los redactores de Wikipedia crean contenidos sobre temas que aman. Quieren dar a conocer su pueblo, un personaje o un hecho histórico, un proyecto… Para difundir ese conocimiento a través de Internet tienen dos opciones no excluyentes entre sí. Pueden hacer una web sobre ese tema o pueden utilizar una plataforma con más visitas.

Y el tema a tratar puede tener un público muy concreto o ser de interés general. Si el público es muy concreto, le saldrá más rentable usar Wikipedia que hacer una web. Esto le ahorra el coste de la web y gana notoriedad. Y no iba a generar ingresos. Puede que el conocimiento que hay que difundir sea de interés general. En tal caso, tendrá una competencia muy fuerte. Y puede que el capital necesario para hacer una web que tenga visitas sea superior al disponible.

Dos ejemplos

Pongamos dos ejemplos. En España hay casi mil pueblos con menos de 100 habitantes. Y dos entidades, como el Real Madrid y el FC Barcelona, con cientos de millones de aficionados en todo el planeta.

Un dominio cuesta alrededor de 10 euros al año y un hosting para una web pequeñita, otros 10 euros al mes. Supongamos que hacemos una web con WordPress y con una plantilla gratuita, por lo que no nos cuesta nada. Y hacemos nosotros la web, que tampoco nos pagamos. Aunque tengamos algún descuento o alguna oferta, en total, nos vamos a gastar mínimo 100 euros. Y por muy básica que sea la web, no la podemos hacer con menos de 20 horas de trabajo, más el tiempo de generar los contenidos.

O podemos ir a Wikipedia y sólo tener que publicar los contenidos.

Tanto si tenemos información que difundir de nuestro pueblo, como si la hacemos de un equipo de fútbol de primera o de segunda división, es mucho más rentable económicamente publicar esa información en Wikipedia que en una web propia. En un caso, por el poco público potencial y en otro caso, porque hay tanta competencia y con tantos recursos, que no sale rentable ni el esfuerzo, ni el capital invertido. ¿O alguien cree que puede competir en visitas con la web oficial del club o de los periódicos deportivos?

Pagos voluntarios

Si tenemos que invertir dinero y varios días de trabajo, y sabemos positivamente que en el mejor de los casos podemos llegar a tener unas 500 visitas al año. Lo más seguro es que no hagamos la web del pueblo, por mucha vinculación emocional que tengamos hacia el municipio, su historia, sus edificios y sus instituciones.

Pero si estábamos dispuestos a invertir ese dinero y no tenemos que pagar por adelantado, y además, vemos que la repercusión de un artículo en Wikipedia es mayor a la esperada en una web, es más fácil que paguemos.

Esto es lo que lleva a que la Fundación WikiMedia haya recibido más de 250 millones de dólares en donaciones en el año fiscal 2021/22.

Alguien podría pensar que esos ingresos, que generan 450 puestos de trabajo, son subvenciones de gobiernos o donaciones de grandes empresas que se aprovechan del esfuerzo ajeno. Sin embargo, la inmensa mayoría de estas donaciones son aportaciones voluntarias de millones de usuarios que agradecen a Wikipedia el conocimiento que obtienen y la difusión de los contenidos que generan.

Perfil de los donantes

Si miramos el tipo de donantes en su web de agradecimientos antes del 1 de julio de 2017 (en el momento de escribir este artículo no había información más actualizada), había 25 “principales benefactores” cuya cuantía no publican pero que es igual o superior a los 50 mil dólares, ya que entre 15 mil y 49.999 dólares son “clientes donantes“.

En esta categoría encontramos a 26 entidades. A destacar que una de esas entidades es la comunidad Bitcoin. Es decir, no es ni una gran empresa, ni una institución fuerte económicamente. Se trata de un grupo de personas que no sólo defienden la libertad protegiéndose a través del dinero sano, sino que también aportan capital para la difusión del conocimiento libre.

Ocho millones de pequeños donantes

Encontramos 183 donantes en el apartado de “principales donantes“, aquellos que han donado entre 5.000 y 14.999 dólares y 1261 “donantes permanentes“, es decir, aquellos que han donado entre mil y 4.999 dólares. Por lo que vemos, aunque este dato se ha quedado obsoleto, que hasta julio de 2017 sólo había 1495 personas o entidades que hubieran donado más de mil dólares. Y que en ese listado, algunas de esas entidades eran comunidades como la de Bitcoin o grupos de empleados.

Todos los demás, hasta los ocho millones de donantes, son pequeños donantes de menos de mil dólares. Ocho millones de personas que, agradecidas por lo mucho que reciben de Wikipedia y de la Fundación Wikimedia, realizan pequeñas aportaciones voluntarias. Por todo lo que aprenden y porque aquello con lo que se identifican, lo conozca más gente. Como vemos, no son las grandes corporaciones quienes aportan el grueso de los ingresos de Wikipedia, sino donantes anónimos que realizan pequeñas aportaciones.

El bazar frente a la catedral

Pero no siempre ha tenido unas cuentas tan saneadas, sino que en 2017, según un informe de Guy Macon, estuvo en una situación crítica. Wikipedia se estaba burocratizando y gastando demasiado en gastos innecesarios, generando un déficit de 2 millones de dólares, así que redujeron gastos operativos.

El control presupuestario, reduciendo el gasto en viajes y el despido de personal superfluo con grandes sueldos hicieron que en 2019 Wikipedia reportó un superávit de 10,7 millones de dólares y un aumento del 19% en sus ingresos por donaciones.

Hayek y Raymond

Wikipedia, el proyecto que nació inspirado por el artículo «El uso del conocimiento en la sociedad», de Friedrich Hayek, y por «La catedral y el bazar», de Eric S. Raymond, incurrió en dos problemas que estos mismos autores describieron, ya que la fatal arrogancia hizo que los directivos de la Fundación Wikimedia se creyesen al frente de una catedral.

Pero volvieron a Hayek y Raymond y recondujeron la situación de los precios y la producción y del individualismo y el orden económico y, es que, como dice Eric S. Raymond en «La catedral y el bazar» hablando de los usuarios:

La catedral y el bazar

Si los cuidas bien, pueden convertirse en tus ayudantes, en programadores asociados. (…). Esto puede resultar enormemente eficaz para reducir el tiempo necesario para la depuración. Con un poco de motivación, tus usuarios diagnosticarán problemas, sugerirán correcciones, y ayudarán a mejorar el código mucho más rápidamente de lo que tú serías capaz de lograr sin ayuda.

Resulta fácil subestimar la potencia de este efecto. En realidad, muchos de los que estamos involucrados en el desarrollo de software abierto. infravalorábamos drásticamente lo bien que puede aumentarse de escala sin más que recurrir a un número aún mayor de usuarios y contribuir a reducir la complejidad del sistema, hasta que Linus demostró lo contrario.

Llego a creer que el logro más brillante y trascendental de Linus no fue la construcción del núcleo de Linux en sí mismo, sino más bien la invención del modelo de desarrollo Linux. Una vez que me atreví a decir tal cosa en su presencia, se limitó a sonreír y repitió en voz baja algo que ha dicho a menudo:

“Soy básicamente una persona muy perezosa a la que le gusta recibir los laureles de lo que otros han hecho”. 

Copyleft Fernando Vicente. Puede copiar este texto. Escrito originalmente en Markdown con vi sobre Ubuntu GNU/Linux, usando sólo software libre.