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Etiqueta: Recursos energía y medio ambiente

El ecologismo se queda mudo ante los ‘desastres naturales’ de la extrema izquierda

No pocos movimientos ecologistas europeos abanderan la aplicación de políticas económicas de corte marxista. Esta postura antimercado resulta, cuando menos, llamativa, pues el historial de los países comunistas en lo tocante a la protección del medio ambiente está repleto de catástrofes y malas prácticas.

Un ejemplo lo tenemos en el caso del Mar de Aral, que acabó convertido en un desierto bajo la gestión de la Unión Soviética. Las cosas no funcionaron mucho mejor en la central nuclear de Chernóbil, donde el régimen comunista que gobernaba Ucrania presidió uno de los episodios más negros de la década de 1980.

En la actualidad, el entusiasmo que muestra cierto ecologismo izquierdista ante los regímenes latinoamericanos del "socialismo del siglo XXI" vuelve a poner de manifiesto la doble vara de medir que aplican sus activistas a la hora de evaluar estas cuestiones. 

Ecuador: un derrame petrolero por semana

El caso más llamativo es el de Ecuador, donde el control estatal de la producción petrolera está arrojando resultados nefastos.

Lo cierto es que el país andino nunca ha tenido un buen historial en lo tocante a la protección del entorno. De acuerdo con los datos del ministerio de Medio Ambiente, la media de accidentes petroleros entre los años 2000 y 2010 fue de 50 derrames al año. No obstante, la llegada al poder de Rafael Correa ha empujado esta cifra al alza, con un aumento del 20% en el año 2011.

Biólogos como Diego Mosquera apuntan que Ecuador "es un precedente mundial de cómo no hacer las cosas. Al norte de país se puede hacer lo que llamamos un "toxitour", es decir, un tour en el que uno puede ver todos los efectos directos e indirectos que la explotación petrolera ha dejado en el medio ambiente". La incapacidad técnica del sector a la hora de minimizar estos daños ha alcanzado cotas tan altas que, como explicó la BBC, Ecuador registra un derrame petrolero por semana.

Curiosamente, la izquierda europea que apoya con mayor entusiasmo a Rafael Correa permanece callada ante este desastroso récord medioambiental. De hecho, el régimen ecuatoriano ha llegado al extremo de exigir dinero a la comunidad internacional bajo amenaza de explotar las reservas petrolíferas de los campos amazónicos de mayor biodiversidad.

Las redes sociales muestran el aspecto que presentanlos campos amazónicos en los que está actuando el régimen ecuatoriano

Este "chantaje ecológico" fracasó de manera rotunda: el régimen de Rafael Correa apenas recaudó el 0,37% del dinero que pretendía captar por esta vía. Constatado el fiasco, Ecuador procedió a explotar las reservas del llamado Yasuní ITT, ante el silencio de los partidos políticos europeos que simpatizan con los gobiernos del "socialismo del siglo XXI".

Desde España, el portavoz de Izquierda Unida, Alberto Garzónrespaldó la decisión de perforar el Yasuní y culpó de esta decisión al capitalismo, argumentando que Correa se vio obligado a extraer el petróleo amazónico por culpa de la "lógica depredadora de un sistema económico dirigido por los beneficios".

El canal de Nicaragua

Otro proyecto que ha despertado críticas en América Latina pero no parece merecedor de las críticas del ecologismo izquierdista es el del canal de Nicaragua. Esta obra, que pretende ofrecer una alternativa al centenario cauce panameño, podría empezar a desarrollarse en un futuro cercano, al calor del interés que han mostrado diversos inversores chinos.

En la revista Nature, Axel Meyer y Jorge Huete-Pérez explican que "no se han publicado informes de impacto económico o medioambiental sobre el proyecto. De hecho, se dan por buenas las cifras que aporta la constructora china que aspira a construir la obra. El gobierno de Nicaragua no está aportando ningún tipo de información a la ciudadanía, pero sabemos que excavar el país de costa a costa supondría una inversión cuatro veces mayor que el PIB del país y que por el camino se perderían 400.000 hectáreas de bosque y humedales".

Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua y afín al "socialismo del siglo XXI", se niega a pronunciarse al respecto. En la única ocasión en la que ha hecho declaraciones sobre el posible impacto ambiental de la obra, se limitó a apuntar que "hay que quitar algunos árboles…".

Las dudas sobre el proyecto también han llegado a la prensa internacional: el diario Washington Post y la revista The Economist han echado más leña al fuego. Por su parte, el portal Wired también ha expresado su recelo ante este proyecto.

No obstante, como explica el Instituto Cato, "resulta interesante queninguna de las grandes organizaciones ecologistas, como por ejemplo Greenpeace, se ha pronunciado acerca de lo que supondría construir el Canal de Nicaragua. Esta actitud contrasta con el activismo que ha despertado el proyecto a nivel local. Por eso resulta difícil de entender el mutismo del movimiento ecologista internacional".

Capitalismo, tráfico y ciudad (I)

Hace unas semanas Libre Mercado publicó una entrevista que me realizó Manuel Llamas con motivo del alarmismo generado en las últimas semanas en Madrid por la polución. En ella expuse que los datos no avalaban el alarmismo que se está vendiendo en los últimos días al respecto, pues las partículas contaminantes de la capital de España están dentro de la normalidad. De hecho, si comparamos Madrid con otras ciudades menos contaminadas, veremos que las diferencias son insignificantes. Además, comenté que la polución lleva décadas bajando, tal y como muestran algunos estudios, como, por ejemplo, "It’s Getting Better All the Time: 100 Greatest Trends of the Last 100 Years" de Julian Simon y Stephen Moore.

Página 187 de “It’s Getting Better All the Time: 100 Greatest Trends of the Last 100 Years" de Julian Simon y Stephen Moore.

Estos datos no fueron recibidos con entusiasmo por los que intentan vender Madrid casi como una catástrofe ambiental. Sin embargo, según los comentarios que he podido leer sobre la entrevista, lo que más ha molestado a algunos es que dijera que nuestras ciudades están cada vez menos contaminadas gracias al capitalismo y que la figura del empresario, la construcción de más parkings, la propiedad privada, la liberalización del planeamiento urbano y los servicios públicos eran clave para mejorar el tráfico en nuestras urbes y seguir reduciendo la contaminación.

Por ello, me gustaría explicar un poco más, las aseveraciones que hice en la entrevista. 

En este primer comentario quiero exponer por qué las ciudades son más limpias gracias al capitalismo y en mi próximo artículo presentaré las soluciones que considero prioritarias si queremos realmente solucionar la ineficiencia del tráfico en las mismas. 

El capitalismo no es otra cosa que lo que surge cuando se deja a los seres humanos en libertad, pues cooperan entre ellos intercambiando bienes y servicios y, además, a través del ahorro y la creatividad empresarial, son capaces de ir creando riqueza. Si esto no existiera y sólo nos dedicáramos a consumir, como algunos pretenden, seguiríamos en las cavernas.

La ciudad como tal surge gracias al libre mercado y al capitalismo. Los individuos descubren que, para cooperar unos con otros, es mucho más económico para vivir agrupados en urbes que dispersos a lo largo del globo. Pero es que, además, nuestras ciudades son un claro ejemplo de ahorro y creación de riqueza. Hemos pasado de unas ciudades con viviendas que hoy serían consideradas como chabolas, con calles estrechas y empedradas y sin ningún tipo de alcantarillado o alumbrado público a otras que ya tienen viviendas robotizadas y están perfectamente climatizadas, con calles espectaculares asfaltadas y con avenidas ajardinadas para pasear y, por supuesto, poseen alumbrado público y un buen saneamiento.

Cuadro de Madrid a mitad del siglo XVIII de Antonio Joli .

Madrid en el siglo XXI.

Por añadidura, la ciudad como tal es el mejor invento capitalista —poder intercambiar, ahorrar y crear riqueza— que conocemos, pues gracias a las facilidades de intercambio que dan es más fácil que se produzca el importante fenómeno de división del trabajo que es fundamental para el desarrollo y la creación de riqueza y, por lo tanto, alcanzar un mayor bienestar social. En el pasado, en nuestras ciudades, que se parecerían más a los pueblos de hoy pero indudablemente con más actividad, no existían hospitales y los médicos eran generalistas, sin embargo, en las ciudades desarrolladas tenemos importantes hospitales y en ellos los médicos están cada vez más especializados. Algo así no podría existir sin la división del trabajo y el conocimiento y el ahorro y la capitalización del mismo. Es más, no podríamos hablar de sociedades desarrolladas sin nuestras ciudades y, tal y como explica magistralmente en su libro Edward Glaeser, las ciudades son nuestro mejor invento y nos hacen más ricos, inteligentes, verdes, sanos y felices. 

Algunos podrán pensar que esto es un error, que a simple vista se ve, que claramente la ciudad es el peor invento del hombre y el más contaminante y, por ello, necesita estar fuertemente regulada y planificada centralmente para que los despiadados y contaminantes hombres no hagan de las suyas destrozando el planeta.

Más bien, es absolutamente lo contrario. Se imaginan un mundo donde viviéramos separados unos de otros a kilómetros de distancia y sin carreteras, es decir, habitando en cabañas en medio de la nada o el bosque. O donde las ciudades están formadas por calles y grandes espacios verdes poco edificadas al más puro estilo de Broadacre City de Frank Lloyd Wright. Sin duda, seríamos pobres, eso lo primero, pero es que además, estaría infinitamente más contaminado, puesto que aparte de no disponer de sistemas de transporte eficientes, tendríamos que destinar infinidad de recursos para llevar la electricidad a cada una de las casas, plagando la tierra de cables y con los desechos acumulados en cada una de nuestras casas entre otra importante cantidad de problemas que surgirían.

Imagen de Broadacre City de Frank Lloyd Wright.

Sin embargo, las ciudades nos permiten todo lo contrario y, además, gracias al capitalismo son cada vez más limpias y eficientes. El ahorro, la inversión y la creatividad empresarial, claves en el proceso de creación de riqueza y fundamentos básicos del capitalismo, han permitido que el principal recurso de las ciudades sea el capital humano y no el físico.

Como apunté en la entrevista, muchas personas socialistas siguen pensando que lo que genera riqueza es poner a mucha gente trabajando en una fábrica haciendo láminas de acero. Empero, esto no es así. Con el paso del tiempo la industria y los trabajos derivados de la misma han ido perdiendo protagonismo y cada vez es más importante el capital humano para la creación de riqueza. 

Además, como también comenté, la tendencia del capitalismo es la desindustrialización de las ciudades y, gracias a ello, cada vez son más limpias, debido a que los propios ciudadanos quieren lugares confortables donde vivir y, merced al transporte, la industria puede situarse a las afueras de la ciudad. No obstante, también habría que apuntar que, gracias al capitalismo y no a los protocolos de Kioto, la industria contamina cada vez menos, pues la maquinaria es cada vez mejor, más eficiente y menos contaminante.

Imagen de la Ría de Bilbao en 1961.

Imagen de la Ría de Bilbao en 2013.

Por otro lado, las ciudades en el pasado carecían de saneamiento y los desechos se vertían en la vía pública, no existían automóviles y las calles estaban repletas de excrementos de animales. Gracias a todos los avances y al ahorro y la creación de riqueza, esto ya no es así. Además, cuando se produjo la revolución industrial no existían automóviles y las ciudades se llenaron de fábricas que contaminaban enormemente, pues los trabajadores tenían que vivir donde estuvieran las fábricas. Pero aunque algunos podrían ver la revolución industrial como un mal del capitalismo que ensució nuestras ciudades, la realidad es más bien la contraria, pues debido a este fenómeno que se produjo gracias al capitalismo, fuimos capaces de crear mucha más riqueza y emplearla en asfaltar calles, incluir el saneamiento, crear ese invento maravilloso llamado automóvil y, por tanto, conseguir mejorar la contaminación de nuestras ciudades en otros aspectos mucho más preocupantes que los de hoy. 

En este aspecto, algunos podrían decir que la mejora de salubridad de nuestras urbes se produjo gracias a importantes planes urbanísticos, pero, sin negar que tuvieron unos efectos concretos y medibles, estos planes no se podrían haber realizado nunca sin el incremento de la riqueza que se produjo gracias al avance tecnológico y a la creatividad empresarial.

Esa misma creatividad, pieza clave en el fenómeno de creación de riqueza y que sólo se puede dar en el capitalismo, ha sido fundamental también para lograr que nuestros coches sean cada vez más limpios. Y estoy convencido que si el capitalismo no se coarta, los automóviles en el futuro serán aún más económicos y menos contaminantes.

El ‘boost’ del petróleo: un sano estímulo para la economía estadounidense

Decía The Economist que si hacemos caso al objetivo oficial de la OPEP, “la estabilización de los precios en los mercados internacionales de petróleo”, podemos decir que no están haciendo muy buen trabajo. Si en Junio el barril cotizaba a $115, en cuestión de pocos meses se ha desplomado hasta el entorno de los $60. Una recorte de casi el 50%.

La caída del precio del crudo es resultado de dos causas principales. En primer lugar, un frenazo de la demanda internacional de petróleo respecto a lo que el mercado esperaba. En segundo lugar, un incremento aún más relevante en la oferta, sobre todo por la combinación de la revolución del shale oil en Estados Unidos y el aumento en la producción de algunos miembros de la propia OPEP, principalmente Arabia Saudí.

La OPEP se enfrenta permanentemente a los dos grandes problemas con los que se encuentra cualquier cártel que, en ausencia de privilegios legales, pretende subir precios mediante recortes concertados de la producción. Y más cuando su cuota de mercado apenas supera el 40% de la producción mundial.

 

Por un lado la presión de la competencia de empresas externas, capaces de aumentar su producción y hacerse con crecientes cuotas de mercado a costa de los miembros del cártel. Es el caso, por ejemplo, del terreno avanzado por Estados Unidos y su producción por fracking. A día de hoy Estados Unidos es el mayor productor de crudo del mundo.

Por otro lado, siempre existe la tentación de miembros del cártel de incumplir con las cuotas pactadas, incrementar unilateralmente la producción y aumentar beneficios en perjuicio de los demás miembros del cártel. La decisión de Arabia Saudí de aumentar la producción incluso pese a la actual caída del precio del barril es una buena muestra de ello.

Este nuevo escenario, por supuesto, se está cobrando sus víctimas. Rusia, Irán o Venezuela, países con una enorme dependencia de las exportaciones de petróleo, ya están sufriendo serios problemas económicos, que podrían agravarse si el precio del petróleo permanece mucho tiempo a estos niveles.

Además, muchas empresas estadounidenses de shale oil, las auténticas protagonistas del sector durante los últimos años, a los precios actuales dejan de ser rentables. Algunas entrarán en pérdidas e incluso tendrán que declarar la bancarrota. Otras aún podrán obtener beneficios, pero verán una seria caída de su rentabilidad. Lo que desde luego se va a producir, de estabilizarse el mercado en estos niveles, es una importante caída de la inversión nueva en este sector en Estados Unidos.

Esta realidad ha llevado a muchos analistas a alertar de que la recuperación económica en el país norteamericano podría sufrir un frenazo, por dos motivos. Primero, por el parón en la inversión y la caída de la rentabilidad en el sector petrolero. Y segundo, por el pánico a la deflación. 

Mi opinión es, sin embargo, que dichos miedos son infundados y la caída del precio del petróleo puede suponer, de mantenerse en el tiempo, un importante y sano estímulo para la economía estadounidense. Estados Unidos es, con diferencia, el mayor consumidor de petróleo del mundo. El petróleo es uno de los más importantes factores productivos en una economía como la americana, crucial para la competitividad de la industria, esencial para el transporte de personas y mercancías, e incluso también relevante para la generación eléctrica. 

Una caída tan abrupta del precio del barril supone un enorme recorte de costes a lo largo de toda la economía estadounidense, capaz de disparar la competitividad de la industria. Además, supone una inyección directa de dinero en el bolsillo del americano de a pie. 

Calculaba The Economist que esto supone para el americano promedio una nada desdeñable inyección de unos $800 anuales. Pablo Martínez Bernal informaba recientemente de que a nivel global la inyección para los consumidores sería de en torno a los 1,3 billones de dólares

Se produce lo que se denomina ‘efecto renta’: las caídas de precios de este tipo provocan aumentos en la renta real de los ciudadanos. Esta nueva renta se podrá utilizar bien para consumo adicional o para inversión, en ambos casos dinamizando la actividad económica.

The Wall Street Journal informaba de que si el precio del petróleo se mantiene en 2015 en torno a los $60 por barril, el PIB podría crecer un 2,7% y el desempleo caer hasta el 5,5% con una inflación de sólo el 0,2%. Pero las estimaciones serían aún mejores en un hipotético escenario con precios a $40 por barril, con un crecimiento del PIB del 3,1%, un desempleo del 5,2% y todo ello con caídas de precios de hasta el 0,7%.

Un estímulo económico de esta naturaleza es enormemente saludable. Las caídas de precios por un aumento de la oferta, por una mayor y más eficiente producción de bienes y servicios, no tienen nada que ver con las temibles deflaciones “malas” debidas a liquidaciones bancarias masivas o a problemas de endeudamiento insostenible. Esto no es nada raro: por ejemplo, una de las épocas de mayor crecimiento y desarrollo de Estados Unidos, entre la Guerra Civil y principios del siglo XX, se produjo con “sanas” caídas seculares de precios, debidas a la creciente productividad de la economía. 

En resumen, el desplome del precio del petróleo, aunque pueda causar problemas a ciertas empresas en el sector del shale oil, supondrá para Estados Unidos un muy saludable estímulo económico. Implicará tanto una mejora en la competitividad de las empresas como en la renta disponible de las familias. Bienvenida sea.

@ignaciomoncada para Estrategias de inversión

Ignacio Moncada es analista financiero de inversiones en Nueva York. Es miembro del Instituto Juan de Mariana y del Ludwig von Mises Institute.

Adiós, elefantes

Leí en La Razón este alarmante titular: "Los elefantes desaparecerán en un siglo por la caza furtiva". Aparte del asombro que provoca que alguien pueda realmente saber lo que va a pasar dentro de cien años con los elefantes, o con cualquier cosa, lo interesante es la combinación de análisis y moral.

El problema analítico queda resumido en una palabra: furtiva. En efecto, los datos sobre la disminución del número de elefantes se presentan junto a la caza furtiva, y no se establece relación alguna entre ambos hechos. Parece probable, sin embargo, que los elefantes desaparecen porque su caza es furtiva. Como es sabido, los cazadores furtivos no tienen interés en proteger la especie que cazan, porque, al estar prohibida su caza, no se obtiene ventaja alguna en hacerlo.

La corrección política jamás contempla la posibilidad de proteger las especies en peligro de extinción alineando los intereses de los cazadores con la preservación de lo que cazan. Eso es lo que ha permitido desde hace siglos que las especies cazadas no desaparezcan: porque si la caza está permitida, los propios cazadores estarán interesados en que no se liquide por completo aquello que cazan, y los criadores estarán interesados en mantener y acrecentar un negocio legal y rentable. Pero el ecologismo supuestamente bondadoso nunca se pregunta por qué se acaban los elefantes mientras que no lo hacen los ciervos ni las perdices.

La moral es también ingrediente relevante en toda esta confusión. Así, en el reportaje de Alfredo Reinoso Kuklinski se puede leer: "Cerca de 35.000 elefantes se asesinan al año por su marfil". La palabra clave, por supuesto, es "asesinan". Es decir, identificar al animal con el ser humano, para predisponer, lógicamente, en contra de su caza. En esta misma línea dice Javier Moreno, cofundador de Igualdad Animal (por cierto, nombre notable que equipara animales y personas):

La caza es un crimen legalizado. El interés de los cazadores en cazar no puede estar por encima del interés en vivir de los animales.

La solución del buenismo animalista siempre pasa por la coacción:

Una legislación que priorice el bienestar y la vida de los animales sobre los intereses de los cazadores (…) perseguir el mercado negro del marfil (…) avanzar hacia la prohibición la caza (…) que no se compre marfil.

Pero la prohibición de cazar elefantes, a pesar de que la consideren un avance, no extinguirá la demanda de caza ni la demanda de marfil; en cambio, puede extinguir precisamente lo que los prohibicionistas dicen proteger: los propios elefantes.

La caída del petróleo inyecta 1,3 billones de dólares a los consumidores

La caída que viene experimentando el precio del petróleo desde el verano de 2013 es histórica. Si en junio del año pasado el precio del barril brent cotizaba a $115, esta semana hemos visto el precio del barril caer por debajo de los $60. La semana pasada el precio ha seguido en caída libre y se ha dejado un 12%.

Si tomamos como referencia los precios registrados en 2008, en mitad de la crisis subprime, el desplome es superior al 50%. Este brutal descenso se explica por distintos motivos, tanto económicos como geopolíticos, y sus consecuencias son buenas y malas, según a quién preguntemos.

Tras cinco años de estabilidad en el precio del petróleo, resulta sorprendente la volatilidad que ha experimentado el crudo en los mercados internacionales. Más chocante aún si tenemos en cuenta que la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que controla cerca del 40% de la producción mundial, tiene como misión principal garantizar la "estabilidad en el precio del petróleo".

Motivos de la caída

Se pueden señalar, al menos, cuatro factores que están alterando la formación del precio del petróleo al modificar tanto la oferta como la demanda del conocido como "oro líquido".

En primer lugar, la demanda de petróleo se encuentra parcialmente deprimida por la baja actividad económica a nivel mundial, inferior a la que los mercados habían estimado y por un gradual cambio a otras fuentes energéticas alternativas.

En segundo lugar, la inestabilidad en Irak y Libia -cuya producción conjunta es de cuatro millones de barriles diarios- no ha afectado su producción. Los mercados tampoco habían anticipado semejante escenario tan favorable.

En tercer lugar, Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor de petróleo del mundo gracias a la revolución del fracking. Aunque no exporta crudo, ha pasado a importar mucho menos petróleo que antes, lo que hace que mucha oferta haya dejado de tener demanda.

Por último, Arabia Saudí y sus aliados del Golfo Pérsico están llevando a cabo una estrategia de presión vía precios para defenderse de la amenaza que supone el fracking. Pese a que podrían cortar la producción de petróleo de manera inmediata para subir el precio, eso haría que sus principales rivales -Irán y Rusia- saliesen beneficiados, junto con la industria del fracking en Estados Unidos.

Arabia Saudí: el Rey del petróleo

Arabia Saudí, que supone cerca de un tercio de toda la producción de petróleo de la OPEP, puede soportar durante varios años un precio bajo, si con ello logra expulsar del mercado a sus principales rivales.

Con el menor coste de extracción del planeta (en torno a $6 por barril) y cerca de $900.000 millones en reservas, Arabia Saudí está utilizando su posición dominante para realizar lo que bien podría llamarse dumping geopolítico. Al forzar el precio tan a la baja, logra tensar las cuentas públicas de países como Rusia o Irán, además de atacar a su mayor amenaza: el fracking de EEUU.

Los beneficiados del desplome

Los mayores beneficiados del nuevo escenario son, sin duda, China, India, Corea del Sur y Japón. Estos países, como bien señala Marc Garrigasait, son los mayores importadores de petróleo del mundo después de Estados Unidos. En menor medida, países como España, Italia, Grecia o Portugal también se benefician de un petróleo barato, ya que somos grandes dependientes del oro líquido.

Esa caída de $40 supone una transferencia de cerca de $1,3 billones de los productores a los consumidores. Eso significa más dinero en el bolsillo de los consumidores, algo muy positivo dado el débil crecimiento económico a nivel mundial.

Y los damnificados

En primer lugar, los países más perjudicados por el desplome del precio son Rusia y, en menor medida, otros como Venezuela, Ecuador, Nigeria, Angola, Irán, Canadá o Noruega. Estos son los mayores países productores, pero, sobre todo, los más dependientes, como son el caso de Venezuela o Noruega.

Rusia ha visto cómo esta crisis del precio del petróleo ha golpeado con fuerza su economía. El rublo se ha depreciado vertiginosamente frente a las principales monedas y su Bolsa ha caído también con fuerza. Su Banco Central ha anunciado medidas, como la intervención en el mercado de divisas o una reciente subida en los tipos de interés, pero ambas han resultado inútiles por el momento, ya que el rublo ha seguido en caída libre.

Pero una de las situaciones más delicadas es la de Venezuela. Los seguros contra el impago de la deuda venezolana, conocidos como CDS, implican una probabilidad de impago del 93% durante los próximos 5 años. Cada caída de $1 en el precio del petróleo les genera unas pérdidas de $700 millones. Recientemente, Barclays ha realizado una estimación de la inflación que Venezuela tendrá en 2015 y la cifra es escalofriante: un 120%.

¿Está el fracking en peligro?

A nivel sectorial, los grandes perjudicados (al menos en el corto plazo) son la industria del fracking, las arenas bituminosas y las energías renovables. Los frackers americanos se han endeudado bastante desde que esta tecnología disruptiva se dio a conocer y la caída del precio del petróleo puede hacer entrar en pérdidas a la industria.

La buena noticia, sin embargo, es que, según la tecnología de extracción se va perfeccionando, los costes bajan. Según la empresa IHS, si hace unos meses el coste de extracción vía fracking se situaba en $70, ahora se puede producir por cerca de $57. Así pues, todo apunta a que tendremos petróleo y fracking para rato.

Pájaro que no vuela…

No ganamos para sustos. Un estudio de investigadores de varias universidades liderados por biólogos de la Universidad de Exter, en el Reino Unido, ha llegado a la conclusión que por los cielos europeos vuela algo así como un cuarto menos de los pájaros que volaban en 1980. En números redondos, que siempre nos ayudan mejor a comprender estos desastres, se calcula que si allá por esos años nuestros cielos eran cruzados por unos 2.000 millones de hermanos plumíferos, en la actualidad lo hacen solamente unos 1.600. Afinando un poco más, unos 420 millones menos.

Richard Inger, investigador del Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la universidad británica y principal autor del estudio, asegura que no todo está perdido y que: “el declive se ha ralentizado recientemente y es de esperar que los crecientes esfuerzos de conservación aseguren el futuro de la mayoría de las especies. Pero tenemos que asegurarnos de que gestionamos el medio ambiente con la vida silvestre en mente”.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido ver otra vez cómo socialismo y ecologismo caen en el mismo comportamiento: verse a sí mismos como la única manera válida de acción. Cuando a un socialista le muestras y demuestras que su política intervencionista solamente produce más pobreza, o que reduce las opciones del ciudadano, o que coarta la libertad, te asegura que eso es consecuencia de que no se ha regulado lo suficiente y que si se hiciera más, otra gallo nos cantaría, que eso de liberalizar, nada de nada, que es cosa de capitalistas sin corazón y con exceso de lucro y lujo. Pues para el ecologista, lo mismo.

Desde los años 60 del siglo XX, y desde luego durante los últimos 35 años en la Unión Europea, y en general en casi todo el planeta, se ha optado por políticas públicas de protección del medioambiente, hasta el punto de que cada vez es mayor la superficie en el mundo que cuenta con medidas que impiden o controlan cualquier tipo de actividad humana, sujeta en no pocoas ocasiones esta protección a la expropiación de la propiedad, supeditado todo ello al estado del ecosistema, de las especies animales y vegetales que alberga.

En concreto, y ya que estamos en el caso de las aves, en las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA)[1] está prohibida o limitada la caza de aves, en sus fechas y sus técnicas; se regula la posible comercialización; y los estados están obligados a actuar para conservar las condiciones medioambientales requeridas para el descanso, reproducción y alimentación de las aves. En España, estas zonas y los Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) no han dejado de crecer y actualmente ocupan 14.789.797 hectáreas (marinas y terrestres), el 27,18 % de la superficie española, según el informe Natura 2000 de los nunca sospechosos WWF.

Vamos, que más protección, menos aves. ¡Pues vaya desastre, no! Cabe preguntarse por tanto si esta disminución de la avifauna podría reducirse si optáramos por otro tipo de acción. Sin embargo, la primera reacción de Inger es la misma que la del socialista: no, no hemos fracasado, es que no hemos protegido lo suficiente, hay que gestionar mejor… yo nunca me equivoco, faltaría más.

Más alarmante parece ser que esta desaparición se está centrando, no en las especies protegidas, sino en las que no muestran este tipo de protección especial. El “genocidio” (y pongo aquí esta palabra porque es la que ha usado el redactor de El País que escribe el artículo que he enlazado) no se centra en los buitres, las cigüeñas o rapaces de todo tipo, algunas de cuyas poblaciones crecen, sino en las comunes, como los simpáticos gorriones que están desapareciendo de las ciudades[2], hasta el punto de que el 90% de estas desapariciones se centran en este tipo de especies.

De nuevo volvemos al tema de la protección, o mejor dicho, al de la acción humana. Podemos dar sentido moral a una acción, proteger a una especie puede ser o parecer positivo, pero desconocemos todas las consecuencias de nuestra labor de protección, hasta el punto de que esta puede arruinar la vida de otras especies. Cuando en las reservas africanas se protege el elefante, se suelen producir un exceso de población del paquidermo que terminan afectando a todo el ecosistema, lo que obliga a grandes cacerías, para alegría de los comerciantes de marfil.

El simpático gorrión ha sido un ave que se adaptó muy bien a los ecosistemas humanos, hasta el punto de que sus poblaciones se vieron beneficiados por los entornos rurales y urbanos, donde proliferaron de una manera que quizá en el campo original no fueron capaces. El urbanismo sostenible ha cambiado precisamente estos entornos y es posible que lo que para nosotros, o al menos para nuestros políticos, es sostenible y ecológico, incluyendo nuestro nuevo modelo de urbanismo, no lo sea para el gorrión, más adaptable al Madrid de las películas de Paco Martínez Soria que al de Podemos y su coleta. De nuevo, cabe preguntarse si nuestra arrogancia a la hora de “entender” la Naturaleza y esta, ya que nos gusta tanto eso de una naturaleza inteligente, de un demiurgo verde, nos está dando una colleja para que nos volvamos más humildes.

De todas formas, desde la perspectiva del ecologista, del conservancionista, no queda otra, el culpable es el Ser Humano. La investigación señala que algunas de las razones serían la expansión de las ciudades a costa de lo rural (curiosamente, lo que crecen son las ciudades en Europa, no el agro), la fumigación en zonas turísticas, que acaba con los insectos y como no, la agricultura que ha matado a miles de aves con sus fumigaciones, sus transgénicos y sus toxicidades. Y todo ello, en pleno boom de la agricultura ecológica, de los huertos urbanos, de la comida natural que en teoría vuelve a los sistemas que han permitido que nuestros plumosos amigos, los más habituales y comunes, prosperaran. No es un poco paradójico que teniendo una creciente protección pública medioambiental las cosas no estén tan bien como se creía. Y es que, como en el socialismo, nunca tenemos toda la información.

Los autores del estudio se preguntan si la concentración de los esfuerzos de protección en algunas especies singulares no estaría siendo un error. Yo no voy a ser tan categórico como ellos, pero sí me place indicar que existen otras maneras distintas de protección, algunas basadas en la preservación de la propiedad privada, en la responsabilidad de nuestras acciones, opciones que tienden a ser rechazadas por los conservacionistas, la mayoría educados en lo benéfico de lo público y lo mezquino y lo egoísta de lo privado.



[1] Se trata de es una categoría de área protegida catalogada por los estados miembros de la Unión Europea como zonas naturales de singular relevancia para la conservación de la avifauna amenazada de extinción.

[2] En Londres y Praga dicen haber desaparecido.

Las bolsas de plástico son más sanas y ecológicas que las reutilizables

En España muchos establecimientos cobran por ellas. En otros países están prohibidas o les ponen tales impuestos que en la práctica ya no se usan. Pero los supuestos perjuicios de las bolsas de plástico podrían estar completamente equivocados. No sólo pueden ser mejores para el medio ambiente, sino que encima su alternativa más ecológica, las bolsas reutilizables, pueden suponer un peligro para la salud.

En Estados Unidos, una de las alternativas que se emplean allí donde se prohíben son las más tradicionales bolsas de papel que hemos visto en tantas películas. Sin embargo, tampoco se reutilizan, y en comparación las de plástico cuestan menos energía para su elaboración, sino que generan menos residuos, ocupan menos espacio en los vertederos y se gasta menos energía en reciclarlas.

De acuerdo con un análisis de la agencia medioambiental británica, habría que reutilizar una bolsa de algodón 131 veces para que fuera más beneficiosa para el medio ambiente que usar bolsas de plástico una sola vez. Tendría que durarnos siete años y medio, suponiendo que hagamos la compra con ella semanalmente, para que genere una menor "huella ecológica", esa medida que los ecologistas usan cuando les conviene para demonizar lo que no les gusta.

Las bolsas reutilizables de otros materiales menos naturales requieren sólo 11 usos para ser, digamos, rentables ecológicamente. Y eso suponiendo que no se reutilicen las bolsas de plástico como bolsas de basura, algo muy habitual allí donde no están prohibidas, y que inclinaría la balanza aún más en la dirección de las bolsas de plástico. La razón es que el impacto medioambiental de cualquier tipo de bolsa se produce sobre todo durante su producción más que en el transporte, reutilización y reciclaje o abandono.

Pero además, las bolsas reutilizables pueden ser un peligro para la salud. Una investigación del Property and Environment Research Center encontró que tras la prohibición en San Francisco de las bolsas de plástico en 2007 se incrementaron las muertes y visitas a urgencias relacionadas con la contaminación alimentaria por bacterias. La razón es que no las lava casi nadie y por eso, según un estudio de las universidades de Arizona y Loma Linda para la internation Association for Food Protection, la mayoría de esas bolsas contenía bacterias coliformes, y un 8% la temida E.Coli. Otro estudio vinculó un brote de virus intestinal en un equipo de fútbol femenino de Oregon al uso de una de estas bolsas.

Eso tampoco significa que reutilizar las bolsas sean de por sí malo, pero quizá las autoridades deberían pensárselo dos veces antes de lanzarse a prohibirle a la gente utilizar las bolsas que prefieran.

Por una política energética competitiva

“Industry will gradually lose its competitiveness if this course of increasing subsidies is not reversed soon”, Kurt Bock, CEO Basf 

El posible nombramiento de Miguel Arias Cañete como comisario de energía y acción climática puede ser una buena noticia para España y la Unión Europea, que se enfrentan a retos muy importantes en el campo energético. El nuevo comisario aporta la experiencia de un país que ha llevado a cabo algunos de los experimentos más desastrosos en energía –la enorme sobrecapacidad y coste creados por estimaciones optimistas- y que, a la vez, ofrece un amplio conocimiento en gestión de crisis de suministro –muy relevante en un entorno inestable con Rusia-. Es un puesto de vital importancia, ya que Europa debe afrontar la salida de la crisis desde la mejora de la competitividad y la seguridad de suministro.

Europa debe atajar y poner en orden una política energética que se ha olvidado de empresas y familias y que, ante el objetivo de “ser los más verdes de la clase”, se ha olvidado de los costes y la competitividad.

Las empresas y familias europeas no pueden seguir cargando con los costes de los errores de planificación y la generosidad en subvenciones con el dinero de los demás, porque la situación es dramática.

En Europa, los costes de la electricidad son en media un 50% más altos que en EEUU y el gas industrial, casi un 75%. Entre 2005 y 2012, gracias a la revolución del fracking, los precios del gas en EEUU caían un 66%, mientras en Europa subían un 35%. A su vez, en EEUU la electricidad bajaba un 4% y en Europa se disparaba un 38%. Es la diferencia entre una política energética que promueve la eficiencia y la sustitución por bajos costes, con unas medidas que promueven la sustitución forzada desde el subsidio.

Las empresas europeas son algunas de las que más pagan por electricidad y gas de la OCDE. Una empresa industrial alemana de tamaño medio paga el doble por la electricidad que una homóloga en Texas, según Ecofys. La media del sector industrial español paga más de dos veces lo que sus comparables americanas.

Las políticas “verdes” y el desarrollo de las renovables han permitido que el precio de la electricidad mayorista baje; pero entre primas, costes fijos y subvenciones, los precios a los consumidores se han disparado. Por ejemplo, en Alemania los precios de generación han bajado casi un 38% desde 2005 y la factura eléctrica media ha subido un 60%. Un error que destruye empleos y empresas y que hay que atajar. En países como España hay que distinguir, por ejemplo, entre eólica, que supone un 20% de la energía generada en 2013 y un 19% del coste, y las solares, que suponen solo un 5% de la energía producida y un 20% del coste total de generación.

La Unión Europea supone menos de un 14% de las emisiones de CO2 del mundo, pero el 100% del coste. Curiosamente, y a pesar de las políticas verdes subvencionadas de la UE, en Estados Unidos se han reducido las emisiones de CO2 desde 2005 un 12%, hasta niveles de 1994, una reducción más relevante que la de Europa.

Todos estos problemas redundan en una menor producción industrial, mayor deslocalización, dificultades para competir y, por supuesto, menor empleo.

Por estos motivos, la política energética de la Unión Europea debe atender a los principios de seguridad, diversificación y competitividad.

Por un lado, seguir apostando por renovables sin pasarle la factura a empresas y familias. Las subvenciones deben acabarse, y cambiar un sistema de primas –coste inmediato- por uno de incentivos fiscales –solo se genera beneficio fiscal cuando hay demanda y es solvente-, como en EEUU. Así se evitan los errores de planificación a la hora de estimar demanda, primas y costes, y no hay que pasarlo a los sufridos bolsillos de los consumidores.Todos los años oigo que “el año que viene la tecnología X o Z va a ser competitiva”. Y cada vez que lo oigo, sube la factura de la luz. Tras casi una década de subvenciones, las tecnologías solares y eólicas, promovidas por muchas empresas europeas punteras, son competitivas en algunos países, como EEUU, sin subvenciones. Venir a casa y exigir que se sigan dando primas es, cuando menos, sospechoso.

Atender el problema de sobrecapacidad. Europa no puede querer ser la más verde y a la vez subvencionar carbón ineficiente, sostener tecnologías con pagos de capacidad innecesarios, pagos por interrumpibilidad injustificados o mantener subsidios al exceso de capacidad productiva, con márgenes de reserva superiores al 17% o en España, los ricos somos así, del 40%. Y todo ello pagado por los consumidores.

Sustitución, no acumulación. No se puede permitir nueva capacidad de generación cuando los consumidores pagan los excesos acumulados. La nueva generación debe venir por sustitución, y dicho cambio se debe hacer por menores costes. La política de nuevo rico de sustituir energía barata por cara aludiendo a la excusa de las “externalidades” nos ha llevado a hundir nuestra capacidad de competir. Ya saben ustedes que “externalidad” es todo aquel coste imaginado que nadie ve pero que justifique que me paguen subvenciones mayores… con el bolsillo de todos ustedes. Mientras tanto, los costes reales, los de la acumulación de subvenciones y gastos “por si acaso”, nos llevan a destruir tejido productivo y empleos.

Solucionar el problema de la seguridad de suministro, desarrollando las fuentes de energía autóctonas –gas pizarra, petróleo, renovables-, además de profundizar en la interconexión que permita que países como España, que son “hubs” –centros de concentración de diversidad de suministro- puedan contribuir a reducir la dependencia de Rusia u otros países, a través de los distintos centros de almacenamiento y regasificacion de gas natural licuado.

No demonizar tecnologías de manera regional e ideológica. El ciudadano debe saber que sustituir la energía nuclear y el gas por renovables supondría, como comentaba el presidente de la CMC, un aumento de la factura eléctrica descomunal. Recordemos que la media de precio de generación con renovables se encuentra hoy en 68 euros/mwh, “solamente” el doble del precio mayorista en Alemania, y el 36% más que el español.

Es ridículo echarle la culpa a los “oligopolios”. En Europa todos los sistemas son marginalistas y gestionados por dos o cuatro grandes empresas. Los precios de la electricidad en 2003 eran de los más bajos de la OCDE con esas mismas empresas y hoy son de los más altos. ¿Por qué? Entre otras cosas porque la factura final que usted y yo pagamos ha pasado a cargarse de todo tipo de conceptos fijos. En España más del 62% son costes regulados, impuestos y subvenciones, todos controlados y decididos desde el estado. La media en Europa es un 54% de costes regulados, impuestos y subvenciones.

La política energética no puede ser de “mi jardín”. Pretender eliminar las centrales nucleares cuando tenemos a pocos kilómetros, en Francia, decenas de reactores nucleares, es ridículo. Mientras la energía nuclear sea competitiva, eficiente y segura, hay que seguir aprovechándola – y no me pongan casos de islas de alta actividad sísmica para criticar lo que no pasa en Alemania o España-.

El reto de la política energética europea es apasionante. Tenemos los cimientos para convertir Europa en una potencia mundial competitiva, autosuficiente y con tecnologías eficientes.

La sustitución se debe hacer igual que el petróleo acabó con el aceite de ballena. No porque lo decidió un comité, sino porque el coste era menor.

Los errores de 2007 empezaron con las estimaciones optimistas de crecimiento de demanda, con errores de hasta el 35%. Y así se llegó a la primera vez en la historia desde la revolución industrial en la que los gobiernos incentivaban el sobrecoste. La decisión de Europa de sustituir energías baratas por caras nos ha costado muchos empleos y mucha perdida de industrias.

La garantía de suministro se debe conseguir, igualmente, desde un mix energético flexible y diversificado a la vez que barato y eficiente. No desde la subvención, sino desde los incentivos fiscales que evitan los “efectos llamada” al calor del dinero fácil y previenen los excesos de capacidad.

La energía es el pilar fundamental del futuro de Europa. Hundir nuestra competitividad con costes de burbujas y gastos de “por si acaso” nos lleva a agrandar el agujero. Sin embargo, contamos con las herramientas, usando todas las tecnologías y sin maniqueísmos ideológicos, para garantizar un suministro abundante y barato. Todo lo demás nos lleva a repetir los errores del 2007.

¿Renunciaría usted al petróleo?

¿Está usted de acuerdo con las prospecciones de petróleo autorizadas a la multinacional Repsol frente a las costas de nuestras Islas?». Esta es la pregunta que quiere realizar el presidente canario a los isleños con la intención de convertir al archipiélago en el primer lugar del mundo que renuncia a explotar al máximo sus recursos energéticos. Dos son los argumentos principales que esgrimen los nacionalistas, socialistas y ecologistas contra la búsqueda de tan preciada fuente energética: no generará riqueza y un accidente podría provocar una catástrofe ambiental y económica para unas Islas que se sustentan principalmente del turismo.

Afirmar que el petróleo, en el caso de que existiera, no dejará riqueza es sospechoso. Puede que no deje nada para el bolsillo de los políticos y activistas que están en contra de su uso, pero los estudios más conservadores dicen que se crearían en torno a 5.000 empleos, cosa que en una región con un paro de más del 30% no viene nada mal. Además, el valor final de mercado estaría en torno a 3.000 millones anuales, el 10% del consumo de petróleo de nuestro país, lo que previsiblemente llevaría a una bajada en el recibo de la luz. Pero es que, incluso, si el presidente del Gobierno de Canarias empleara el tiempo que dedica a entorpecer la búsqueda de riqueza en conseguir un royalty sobre la explotación para los canarios, las consecuencias serían aún mejores.

Por otro lado, asustar con un accidente que sería una catástrofe para nuestro medio ambiente y turismo es paranoico. El riesgo cero no existe y pretenderlo llevaría al colapso económico, pues precisamente nos pasamos el día asumiendo riesgos para intentar mejorar nuestra calidad de vida; pero es que la posibilidad de accidente según los expertos del Ministerio de Medio Ambiente y Energía es del 0,003%. Por ello, es mínima o insignificante, y en el caso de producirse los daños serían reversibles. Pero es que, además, el modelo de turismo de calidad y explotación petrolífera convive en multitud de lugares. En Sicilia y el Adriático existen más de 100 plataformas; Noruega es uno de los principales destinos turísticos por su riqueza natural y a su vez es el mayor proveedor de petróleo y gas de Europa; y las paradisíacas playas californianas y caribeñas están repletas de plataformas petrolíferas. Por ello, si el presidente de Canarias hiciera bien su trabajo, la consulta debería ser: ¿Está usted dispuesto a renunciar a un royalty anual y a los beneficios que tendríamos los canarios asumiendo un riesgo mínimo si la multinacional Repsol, jugándose su propio dinero, encontrara petróleo en nuestras Islas? Apuesto a que la mayoría de canarios votarían que no.

Las zonas más turísticas del mundo abrazan la explotación de petróleo

Canarias se ha convertido en la excepción que confirma la regla. Todos los países y regiones el planeta no dudan en explotar al máximo sus recursos energéticos y minerales, ya sea petróleo, gas, carbón o metales preciosos, debido a su elevado valor en el mercado y su consiguiente potencial para generar riqueza y empleo en el lugar agraciado con esa posibilidad.

Ahí están, por ejemplo, los países árabes y algunas economías latinoamericanas y africanas que se dedican a la exportación de crudo, grandes potencias gasísticas, como Rusia, o la revolución energética que está protagonizando EEUU gracias a la técnica del fracking.

Por norma general, ningún país dice "no" a la explotación económica de este tipo de recursos. Sin embargo, Canarias lleva meses protagonizando una campaña en contra de la exploración y futura extracción de crudo a unos 60 kilómetros de sus costas, con amenazas inclusive, a pesar de que años atrás el Gobierno de las Islas veía con buenos ojos esta posibilidad.

Más allá de las motivaciones políticas que subyacen en este rechazo, el "no" de nacionalistas, socialistas y ecologistas al petróleo canario descansa, básicamente, sobre un único argumento: la explotación petrolífera constituye una seria amenaza para el turismo de la región, su principal fuente de riqueza.

Poco importa que el riesgo real de este tipo de actividades para el medio ambiente sea, simplemente, despreciable, o que el daño, en el improbable caso de producirse, sea mínimo y reversible. El alarmismo que ha tratado de difundir el Gobierno de Coalición Canaria (CC), con el apoyo explícito de los ecologistas, carece de base real.

Las autoridades isleñas dan por hecho que la extracción de crudo acabará produciendo, sí o sí, un derrame de proporciones catastróficas, pese a que dicha posibilidad se sitúa en el 0,003% como máximo, según los expertos del Ministerio de Medio Ambiente y Energía. Y, de hecho, incluso en ese hipotético caso, la experiencia demuestra que el impacto real de ese tipo de accidentes es muy inferior al que denuncian los ecologistas, como demuestra, por ejemplo, el caso del Prestige en Galicia o el derrame del Golfo de México.

Turismo y petróleo son compatibles

Pero, puesto que una imagen vale más que mil palabras, no hay más que observar lo que sucede en otras potencias turísticas para comprobar la falacia que se esconde detrás de la campaña canaria contra el petróleo. Las paradisiacas aguas del Caribe, por ejemplo, están plagadas de plataformas petrolíferas, sin que ello resulte incompatible con su potente industria turística.

Italia, quinta potencia turística a nivel mundial, con más de 46 millones de visitantes extranjeros al año, y cuyas costas son conocidas y apreciadas internacionalmente, explota también desde hace décadas sus escasos recursos petrolíferos.

No en vano, cuenta con más de 100 plataformas petrolíferas en zonas tan turísticas como las de Sicilia y el Adriático, sin que ello haya supuesto daño alguno para dicha industria ni incidentes medioambientales. Desde 1991, se han perforado 126 sondeos exploratorios en sus aguas.



Portugal 
no se queda atrás. El Gobierno luso también ha concedido permisos de exploración en su costa más turística, el Algarve, un destino de primer nivel en cruceros, con el objetivo de reducir su alta dependencia energética y diversificar su economía, tal y como sucede en España.

Portugal pretende compatibilizar los hidrocarburos con la tradicional actividad de turismo y pesca, sin que ello haya supuesto grandes polémicas o controversias sociales, como ha sucedido en Canarias.


Sin embargo, si hay un caso en Europa que destaca por encima del resto ése es, sin duda, el de Noruega. Es el mayor proveedor de petróleo y gas de Europa y el segundo exportador mundial de gas tras Rusia; su sector energético supone cerca del 21% de su PIB y el 26% de sus ingresos fiscales, y, al mismo tiempo, se mantiene como uno de las principales potencias pesqueras a nivel mundial y un destino turístico de primer orden por su elevada riqueza natural.

Noruega es un paradigma internacional en la defensa del medio ambiente, pero sus costas albergan centenares de plataformas petrolíferas.

Algo parecido sucede en California. Sus playas son conocidas a nivel mundial y supone uno de los destinos turísticos más cotizados de EEUU, con casi 100.000 millones de dólares anuales derivados de la industria turística.


Pero esta actividad tampoco es incompatible con la explotación de crudo. Sus costas albergan decenas de grandes plataformas petrolíferas, incluso a 2 ó 3 kilómetros de la costa, en localidades tan turísticas como Santa Bárbara y Newport Beach.

Curiosamente, California es un destino consolidado de sol y playa en el que conviven hoteles de 5 estrellas con vistas a plataformas de producción. Además, goza de uno de los niveles de vida más altos de EEEUU, y es sede de grandes eventos sociales y deportivos, al tiempo que aprovecha al máximo la extracción de sus recursos energéticos.

Otro ejemplo cercano es el de Marruecos, que compite directamente con España para tratar de explotar los yacimientos petrolíferos de Canarias.


Su Gobierno ha concedido numerosos permisos para explorar todo su frente litoral en busca de hidrocarburos y planea decenas de pozos en los próximos años.

Por último, el caso de Canarias no es el único a nivel nacional. Las polémicas prospecciones en el litoral canario que acaba de conceder el Gobierno no supone ninguna novedad. En España se han perforado un total de 689 pozos de exploración en las últimas décadas, de los cuales 267 han sido en el mar, sin ningún tipo de incidente o amenaza medioambiental reseñable.

Además, los actuales sondeos no serán siquiera visibles desde la costa, ya que se producirán a 60 kilómetros de la misma. Por último, incluso si se encontrara crudo y su extracción resultase, finalmente, rentable, no se contempla la construcción de plataformas permanentes para su explotación.