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Etiqueta: Salario mínimo

El salario mínimo hace que haya más gente sin hogar

Por Jon Miltimore. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

Una cosa que Lang Martínez dijo que aprendió después de vivir en las calles del condado de Ventura, California, fue que ser un sin techo era peor que estar en la cárcel. “Es un estilo de vida diferente. ¿Crees que la cárcel es mala? No. La cárcel tiene una estructura.”. Fue lo que declaró recientemente a California Insider Martínez, antiguo miembro de una banda de Los Ángeles convertido en defensor de los sin techo. “Las calles tienen lo que llaman reglas de enfrentamiento”. Martinez está de acuerdo con la creencia generalizada de que las enfermedades mentales y el abuso de drogas son los principales catalizadores de la falta de vivienda. Pero una nueva investigación académica sugiere que el panorama es más complicado.

Estudio de la Universidad de California

Un nuevo estudio de la Universidad de California en San Francisco sugiere que la pérdida de ingresos es el principal factor desencadenante del sinhogarismo. Está por delante de las enfermedades mentales, la drogadicción y otras causas. “Creo que es muy importante tener en cuenta hasta qué punto la gente pobre está desesperada, y hasta qué punto son su pobreza y los elevados costes de la vivienda los que están provocando esta crisis”, afirma Margot Kushel, médico y director de la Iniciativa Benioff sobre Vivienda y Personas sin Hogar de la UCSF, que ha realizado el estudio.

California alberga aproximadamente al 30% de toda la población estadounidense sin hogar (115.491 personas en 2022), y algunos defensores expresaron su esperanza de que la nueva investigación “informe una estrategia estatal” para combatir el problema. Otras investigaciones, sin embargo, sugieren que las propias políticas de California han exacerbado su epidemia de personas sin hogar. Ello incluye un nuevo documento escrito por el economista de la Universidad de California Seth J. Hill titulado Salarios mínimos y personas sin hogar publicado el mes pasado.

Mayores salarios mínimos, más personas sin hogar

Utilizando datos del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano y otras fuentes, Hill examinó 100 ciudades entre 2006 y 2019. Determinó la relación entre los pisos salariales y la falta de vivienda. Las conclusiones son sombrías.

La fusión de los datos administrativos de HUD con las leyes de salario mínimo estatales y locales sugiere que los salarios mínimos inducen aumentos en los recuentos de personas sin hogar. Cuando las ciudades aumentan su salario mínimo en un 10%, los recuentos relativos de personas sin hogar aumentan entre un tres y un cuatro por ciento.

Seth J. Hill

El artículo de Hill no será la última palabra sobre la relación entre las leyes de salario mínimo y el sinhogarismo. Pero aporta una prueba más de una terca realidad que los defensores del salario mínimo suelen pasar por alto. Las leyes de salario mínimo suelen perjudicar a las mismas personas a las que pretenden ayudar.

Todo el mundo lo admitía

Durante décadas, fue un evangelio económico universalmente aceptado que el aumento del salario mínimo conllevaba contrapartidas negativas. Muchos economistas señalaron a menudo que estas consecuencias adversas, incluida la pérdida de puestos de trabajo, recaían a menudo sobre los trabajadores menos cualificados y menos valorados. “Entre los efectos de una ley de salario mínimo, cuando es eficaz, está el que muchos trabajadores no cualificados y sin experiencia se quedan sin trabajo, cuando los empresarios no consideran que valgan lo que la ley especifica”, observó en una ocasión el economista Thomas Sowell.

Por eso, hasta hace relativamente poco, incluso publicaciones de izquierdas como el New York Times admitían que utilizar las leyes del salario mínimo para combatir la pobreza era una idea “antigua, honorable y fundamentalmente errónea” porque “sacaría del mercado laboral a los trabajadores pobres”. Que las subidas del salario mínimo aumentan el desempleo no era un tema discutible entre los economistas, e incluso hoy en día una revisión de la literatura muestra que una “clara preponderancia” de la investigación científica muestra un impacto de destrucción de empleo.

Prohibir el trabajo por debajo de un salario causa pobreza

Así pues, a la luz de estas pruebas y de los resultados más recientes de la UCSF, la conclusión de Hill no debería sorprendernos.

En la medida en que el salario mínimo provoca el desempleo de los trabajadores poco cualificados, la pérdida del puesto de trabajo puede agravar la inseguridad económica existente y reducir la capacidad de pago de la vivienda.

Seth J. Hill

Esta conclusión no sólo es trágica, sino también irónica. Los políticos y los fundamentalistas de la justicia salarial, que se enorgullecen de la idea de que luchan contra la pobreza abogando por leyes de salarios mínimos más altos, no sólo están costando puestos de trabajo a innumerables trabajadores poco cualificados. En realidad, están empujando a muchos de ellos a la indigencia.

Te ahogas, y te retiran el salvavidas

Una vez más, esto no debería ser una sorpresa. Hace décadas, el economista Murray Rothbard observó lo absurdo de la idea de que prohibir empleos era un camino hacia la prosperidad.

Recuerden que la ley del salario mínimo no proporciona puestos de trabajo, sólo los proscribe. Y los puestos de trabajo proscritos son el resultado inevitable.

Murray N. Rothbard

Esto no quiere decir que los suelos salariales sean la única causa de la falta de vivienda, que es un tema tan complicado como los seres humanos. Lang Martínez tiene sin duda razón cuando afirma que el abuso de sustancias y las enfermedades mentales desempeñan un papel importante. Pero estas realidades no deben eclipsar otra verdad: para muchas personas con dificultades, un trabajo peor pagado no es “explotación”. Es un salvavidas.

Salario mínimo, pobreza máxima

El filósofo Frédéric Bastiat, en su obra Lo que se ve y lo que no se ve (1850), habla de que las políticas públicas buscan un objetivo. El establecimiento y continuo aumento, del conocido como salario mínimo, es la medida estrella de los autodenominados defensores de los indefensos, a la hora de luchar contra la pobreza y la desigualdad. Y por mucho que se haya mostrado y demostrado una y otra vez (véanse los distintos estudios del Banco de España), que esta medida no solo no consigue los objetivos buscados, sino más bien todo lo contrario. Seguimos empeñados en ello, ya que siempre acabamos poniendo el foco en el fin que busca una política, en vez de en lo que realmente ocurre cuando esta se lleva a cabo.

Y es que los salarios no los marca un gobierno a base de decretos, sino la oferta y la demanda del mercado de trabajo, así como el valor añadido que aporta el trabajo de cada trabajador. Es por esto último, por lo que la subida del salario mínimo siempre fracasa y acaba condenando a los más débiles. 

El salario mínimo no afecta a tu amiga la ingeniera o a tu primo el abogado, el valor añadido del trabajo de estos trabajadores cualificados, es mucho más alto que el salario mínimo, por eso cobran mucho más que este y ni se enteran a que nivel está. Es a los menos cualificados, el típico amigo que dejó los estudios porque en ese momento no tenía la cabeza para ellos o por algún problema personal o por lo que sea, cuyo valor añadido de su trabajo es bajo, a quien estas subidas continuas, expulsa del mercado de trabajo y deja sin futuro.

Ejemplifiquémoslo con números: Imaginemos ese amigo sin estudios, sin experiencia laboral, joven, que pretende encontrar trabajo. El valor añadido de su trabajo será bajo, pongamos 750€, eso es lo que aporta a la empresa que le contrate. Con un salario mínimo superior a esa cifra, ninguna empresa le contrataría jamás, puesto que ¿Qué empresa contrataría a perdidas? Se quedaría en su casa, fuera del mercado laboral y totalmente estancado. En cambio, permitiendo un salario inferior, acordándolo en libertad ambas partes, nuestro protagonista podría trabajar, aprender un oficio, haciendo que el valor añadido de su trabajo creciese gracias a esa experiencia. Y en un futuro no muy lejano, podría o bien pedir un aumento, o buscar trabajo en otra empresa, ya con otras condiciones salariales, ya que sus condiciones profesionales habrían mejorado sensiblemente.

Dejando a un lado las cifras, simplemente debemos reflexionar. Si todo lo anterior se diese, ¿qué legitimidad moral tiene un gobierno, para impedir que ambas partes lleguen a un acuerdo de trabajo que satisface a ambos? Ninguno. ¿Por qué hay que consentir que el gobierno impida acuerdos libremente establecidos por los individuos?

Algunos de los defensores de esta popular medida, el salario mínimo, argumentan que trabajar por menos de lo que ellos marcan es “indigno”, pero paradójicamente, también defienden subsidios como el de desempleo, menores a esa cantidad. ¿Por qué es digno vivir sin trabajar, de un subsidio de 700€, pero no lo es trabajar por esa misma cantidad? 

Además, ¿quién marca lo que es indigno? Cada persona debería elegir, a partir de que cifra considera que un trabajo es digno o indigno y rechazar todos los trabajos que quedasen por debajo se esta cifra. Con esto obtendríamos nuestro salario mínimo personal (SMP) muchísimo más justo y legítimo, que el actual salario mínimo interprofesional (SMI).

Otros defensores de estas posturas colectivistas trabajan los sentimientos. Con frases como “¿Qué familia vive con 700€ al mes?”, un argumento falaz, puesto que un salario por debajo del salario mínimo actual no tendría como objetivo que la gente viviese de él, algo prácticamente imposible, sino que muchas personas accediesen al mercado de trabajo, poniendo así la primera piedra, para sí poder conseguir un empleo con un salario que les permitiese vivir cómodamente.

A esto hay que añadir que, en muchas ocasiones, son estudiantes los que al mismo tiempo que van a clase, sacan algunas horas para realizar algún trabajo poco cualificado (en los que el SMI causa estragos) y cuyo objetivo no es vivir de ello, sino afrontar un poco más cómodamente su periodo estudiantil.

En definitiva, pese a que no pongamos en duda su buena intencionalidad, las continuas subidas del salario mínimo no tienen justificación alguna, ni moralmente, ni mucho menos por las consecuencias que acarrea, como hemos visto, desastrosas para los que en teoría pretende ayudar.

Referencias: