Ir al contenido principal

Etiqueta: Teoría del capital

Complementariedad de recursos en la serie “Hipócrates”

Una interesante serie francesa, Hipócrates, plantea en su tercera temporada el problema de la complementariedad de recursos en toda su crudeza. Comienzo repasando algunas de las situaciones ilustrativas.

  • Debido a la ausencia de personal médico, sanitario y administrativo por vacaciones, bastantes dependencias del hospital permanecen cerradas. En concreto, el servicio de urgencias está cerrado ante la imposibilidad de atender por la noche a pacientes a los que haya que internar.
  • Una de las médicos residentes, Chloe, quizá la mejor preparada de sus compañeros, acoge en los pasillos de un ala abandonada del hospital a gente sin hogar, a quienes atiende de sus dolencias en su tiempo libre. Uno de ellos padece erisipela.
  • En un servicio de atención móvil, los sanitarios encuentran a un señor con graves problemas de salud. Tratan de dejarlo en algún hospital pero ninguno lo acepta por estar saturados.
  • Tanto una señora con demencia senil como este último señor, terminan en el ala abandonada del hospital, que en la serie llaman “Hospital California” atendidos voluntariamente por los protagonistas de la serie en su tiempo libre.
  • Estando el servicio de urgencias cerrado, aparecen unos padres cuyo hijo está sufriendo ataques epilépticos de origen desconocido. El médico jefe decide reabrir las urgencias en horario hasta las 20:00, pese a que no ha cambiado ninguna circunstancia más, esto es, la gente sigue de vacaciones.

Bienes complementarios

El análisis económico de estos acontecimientos requiere comenzar por el concepto de recursos complementarios. Como es bien sabido, la elaboración de cualquier producto o servicio precisa del concurso de varios recursos debidamente combinados. La prestación de servicios sanitarios que nos ocupa requiere, por ejemplo, médicos, enfermeros, instalaciones, medicinas y administración, entre otras cosas. Estos recursos que combinamos para conseguir un determinado fin tienen una relación de complementariedad a efectos económicos, y se dice que son bienes complementarios.

La complementariedad no es una característica intrínseca de ningún bien. De hecho, es completamente subjetiva y solo aparece en la imaginación del emprendedor que quiere elaborar el producto. Por supuesto, existe también una complementariedad tecnológica u objetiva para producir determinados materiales, pero es irrelevante a efectos económicos, pues es independiente de las necesidades de los individuos.

Los bienes complementarios han de ser combinados en las proporciones adecuadas para que el producto se pueda fabricar o el servicio suministrar. Una vez más, las proporciones económicas no son algo objetivo, sino que proceden de la imaginación del emprendedor (y cuando digo emprendedor, no estoy pensando en una figura externa a los médicos arriba mencionados: Chloe, el médico jefe y en general todos los personajes de la serie actúan como emprendedores en muchos momentos de la serie).

El error empresarial

Y como toda acción humana, las de los emprendedores también están sujetas a error. En este caso concreto, pueden infraestimar o sobreestimar las proporciones requeridas de cada recurso complementario para conseguir una prestación exitosa del servicio.

Los acontecimientos descritos más arriba revelan la existencia de recursos que no se están utilizando (esas dependencias que permanecen cerradas, por ejemplo, o el tiempo libre de los médicos residentes). En el primer caso, es claro que no se utilizan por ausencia de bienes complementarios, como el personal administrativo y auxiliar que está de vacaciones. En el segundo caso, mucha gente diría que realmente el recurso no está ocioso, puesto que ese tiempo libre es necesario para la salud física y mental de los médicos, o simplemente porque su contrato de trabajo estipula un máximo de horas.

En suma, tenemos un hospital trabajando a máxima capacidad, pero con recursos ociosos por carencia de recursos complementarios[1]. En esas condiciones, aparece un nuevo enfermo, digamos el “sin hogar” con erisipela. Tanto al espectador como a los protagonistas de la serie les parece inhumano rechazar al paciente, pese a que es obvio que el hospital carece de capacidad para atenderle.

Ningún sistema a máxima capacidad puede dar más servicio por definición. Si se intenta que dé más, por algún lado se romperá. Pruebe el lector a conectar aparatos a su red eléctrica hasta que su consumo supere la capacidad que tiene contratada: saltan los fusibles y no es que no funcione el nuevo aparato, es que dejan de funcionar todos.

Lo mismo ocurre con el hospital, aunque sea un sistema más complejo, y aceptando que realmente estaba operando a máxima capacidad. Pero, claro, es inhumano rechazar al nuevo paciente, y Chloe decide combinar los recursos vacantes del hospital con su tiempo de médico para atenderle. El espectador no puede menos que empatizar con Chloe que pone por encima de su bienestar el del paciente aquejado por erisipela.

Otros usuarios menos afortunados

¿O no empatiza? ¿Qué ha pasado con todos esos pacientes que han sido formalmente rechazados por el hospital por hallarse a tope de capacidad y que no han tenido la suerte de que Chloe los viera por la ventana? ¿Acaso no han pagado sus impuestos igual que los aceptados en el hospital, y posiblemente al contrario que el “sin hogar” afortunado? ¿Puede Chloe realmente tomar esta decisión contra la gestión del hospital? Son otras preguntas que merecen reflexión, pero que ahora me distraerían del objetivo principal de este artículo.

La situación que confronta Chloe se va a reproducir con varios de sus compañeros, y se verán abocados a la misma solución, una vez descubran los recursos vacantes que utiliza Chloe. Por ejemplo, Arban, el médico de origen albanés, trata de que acepten al señor que encuentran los servicios móviles en un cierto hospital. Pero el responsable de éste la deniega basándose en que están saturados, esto es, que están operando a máxima capacidad. Una vez más, se revuelve el instinto del espectador contra la inhumanidad de responsable, y Arban “emprende” con su tiempo libre para que el señor sea atendido en los recursos vacantes del hospital California.

Algo parecido le ocurre al médico-jefe tras ver la desesperación de los padres del hijo epiléptico a quien se ve obligado a rechazar por estar formalmente cerradas las urgencias. Lo que hace es reabrirlas bajo su responsabilidad, sin contar con todos los recursos necesarios, ni administrativos ni auxiliares, que serán supuestamente suplidos por el sacrificio del tiempo de descanso de los médicos.

El sistema colapsa de nuevo

Y tal y como preveíamos, el sistema va a colapsar. Poco a poco hacen mella en los voluntariosos voluntarios tanto estrés como ausencia de descanso, y eso causa que sus decisiones humanitarias y filantrópicas se vuelvan un peligro, no solo para sus pacientes “informales”, sino también para los regulares que estaban dentro de la capacidad convencional del hospital. La ausencia de recursos complementarios se ha suplido con recursos bastante menos eficientes y que encima suponen una reducción de tiempo de doctor. En estas condiciones, es más fácil comprender al responsable médico que rechazó al señor recogido por el servicio móvil. No estaba actuando de forma inhumana, sino para proteger a los pacientes ya presentes en su sistema saturado.

Voy terminando. Lo ocurrido en la serie muestra que un sistema al que se trata de forzar por encima de su capacidad, aunque sea sanitario, colapsa. Además, se observa que la capacidad del sistema depende de todos los recursos complementarios que la conforman: la ausencia de alguno de ellos reduce la capacidad, y de ello son bien conscientes los buenos emprendedores, cuya principal actividad es precisamente coordinar los recursos necesarios de forma eficiente.

Es claro que los protagonistas de la serie se dejaron llevar por las emociones y no por la razón, y su actuación, aunque comprensible, fue reprehensible y no digna de enhorabuena. Y, sin embargo, como espectador, ¿por qué sigo pensando que lo hicieron bien? Si hay explicación, tendrá que venir de los psicólogos, no de los economistas.


[1] Sería muy interesante analizar si dicho desencaje se debe a la gestión burocratizada del hospital de la serie, que tiene toda la pinta de ser un hospital público. Pero eso sería materia de otro artículo.

El concepto de capital en los ‘Principios de economía’ de Carl Menger

El punto de partida típico del análisis del concepto de capital de Carl Menger en Principios de Economía (1871) es que el concepto de capital de Menger es la combinación de bienes de capital al servicio del hombre economizador con el fin de llevar a cabo un proceso de transformación de bienes de orden superior en bienes de orden inferior. Esta concepción llevó a la conclusión de que, para Carl Menger, el capital significaba bienes físicos (Braun-Lewin-Cachanovsky 2016). Sin embargo, en 1888, en un crítico artículo sobre la teoría de Eugen von Böhm-Bawerk, Menger cambió su concepto de capital y esta vez argumentó que el capital es, ante todo, sumas de dinero dedicadas a la adquisición de ingresos (Braun 2020). En este ensayo, sostengo que esta descripción es una imagen unilateral del concepto de capital de Menger en Principios de Economía.

El punto de partida de Menger para formular su visión de lo que podría considerarse capital fue el concepto de Adam Smith. El capital es un bien económico escaso que puede utilizarse para satisfacer necesidades humanas al servicio de la persona que desea utilizarlo y que produce ingresos (1871, p. 157). Sin embargo, Menger distinguía entre la concepción del capital desde un punto de vista “técnico” y desde un punto de vista “económico”.

Bien de capital desde los puntos de vista ‘técnico’ y ‘económico’

Desde el punto de vista técnico, todos los bienes económicos que se emplean para producir ingresos pueden tratarse como capital. No obstante, según Carl Menger, hay que distinguir entre un bien, como un terreno o un edificio, que se presta o se alquila para producir una renta permanente y fija, y un bien que se utiliza en un proceso de producción para producir un nuevo bien de orden inferior. Este último caso es lo que él denomina capital desde punto de visto económico. Así, el capital, en este sentido, es la cantidad de bienes económicos que se dispone en la actualidad para unos periodos de tiempos futuros.

La productividad del uso del capital es el concepto fundamental para el punto de vista económico del capital (1871, pp. 303-05). La productividad del capital significa que el uso del capital está asociado al éxito o fracaso de los esfuerzos empresariales por descubrir la oportunidad de empleo del capital para producir un bien económico de orden inferior con la esperanza de alcanzar el valor prospectivo estimado mediante la satisfacción de las necesidades humanas (1871, pp. 157-159).

Capital en forma de dinero

Carl Menger sostuvo que el capital monetario es una forma especial y cómoda de capital que está disponible para adquirir bienes de capital dedicados. Esta forma de capital es singularmente adecuada a las situaciones de alta evolución comercial (1871, pp. 303-4). Así, desde un estricto punto de vista económico, el capital consiste en dinero o en factores de producción a disposición del capitalista-empresario, con el propósito de producir un nuevo bien económico con perspectivas de venta con ganancias en el mercado. Esta inversión también podría acarrear pérdidas.

Es importante destacar que Menger, ya en Principios de Economía, dejó claro que el concepto de capital incluye aquellas sumas de dinero que se destinan a adquirir bienes de capital dedicados necesarios a la producción de un bien en particular. Menger sostenía que los bienes de capital solo producen ingresos en combinación con otros bienes económicos, como el trabajo y la actividad empresarial. La rentabilidad del capital, en sentido económico, depende del cálculo empresarial; de las perspectivas de éxito y del precio del producto final. 

El papel de la productividad

Sin embargo, Menger se concentró en el proceso de producción para descubrir los vínculos de causa y efecto de la acción económica en el mercado. Así, al hacer especial énfasis en la producción, parece que solo los bienes de capital físico son los componentes del capital al servicio del hombre economizador y que el dinero es un factor ausente. No obstante, el concepto de productividad, que él consideraba factor clave en la diferenciación entre capital en sentido técnico y económico, ya señalaba que para Carl Menger el concepto del capital, en el sentido económico, es el valor de la riqueza expresada en dinero que debe ser invertido para obtener ganancias (véase Hayek 1935).

Como ya hemos analizado, el concepto de capital de Carl Menger también tiene un alcance más amplio si incluimos su concepto de capital en sentido técnico. En este sentido, el término capital se refiere a todos los activos que producen rentas. Menger subrayó que los bienes duraderos, como la tierra o los edificios, son aquellos activos que pueden utilizarse para generar rentas o interés.

La principal diferencia entre los elementos de riqueza alquilados para producir renta o interés y los bienes de capital en el sentido económico es que la naturaleza de los rendimientos producidos es diferente (1871, p.304). Los elementos de riqueza que se alquilan en el mercado para obtener ingresos suelen producir un rendimiento más estable en forma de renta y el interés en el caso del dinero prestado como crédito. Por otro lado, Adam Smith consideraba la renta o tipo de interés como un rendimiento algo inferior a la tasa natural de ganancia. Esta última incluye la compensación de los esfuerzos de gestión y el riesgo.

Los servicios laborales como capital

Philip Wicksteed (1906), que estudió economía en Viena y estuvo muy influido por Menger y Eugen von Böhm-Bawerk, sostenía que el nivel relativamente estable del tipo de interés es el principal punto de referencia para evaluar la rentabilidad de un negocio arriesgado de producción de bienes para un mercado incierto.

En este sentido técnico más amplio, el concepto de capital puede ampliarse para incluir las prestaciones de trabajo o servicios laborales. Menger se refirió en Principios de Economía a una lista de distinguidos economistas alemanes de su época que incluían los servicios laborales en sus conceptos de capital. El propio Menger sostenía también que la categoría de bienes económicos incluye no solo los bienes materiales, sino también los inmateriales. Entre los bienes intangibles, los servicios laborales era la categoría más importante (1871, p. 55).

Así pues, los servicios laborales pueden clasificarse como capital humano cuya prestación tiene un valor y, en consecuencia, un precio en el mercado que produce rendimientos. De hecho, Adam Smith (1776) ya trataba la destreza y la habilidad de los trabajadores como capital y la literatura económica moderna discute ampliamente la importancia del capital humano (Becker, 1964)

Carl Menger trató la actividad empresarial como una forma especial de servicio laboral (1871, p. 172). Sostuvo que la actividad empresarial es un factor de producción tan necesario como los bienes de capital o los servicios laborales (1871, p. 161).

El papel del empresario

Así, en el concepto de capital de Menger se pueden distinguir dos tipos principales de capital: capital desde el punto de vista económico y capital desde el punto de vista técnico.

  1. El capital desde el punto de vista económico consiste en los bienes de orden superior o en el dinero al servicio de un emprendedor para producir un bien económico de orden inferior. La rentabilidad del capital en sentido económico depende del cálculo empresarial, de las perspectivas de éxito y del precio del producto final.
  2. El capital desde el punto de vista técnico tiene tres subcategorías:
    • Bienes económicos, incluido el dinero, utilizados para producir un rendimiento relativamente estable en forma de renta o interés.
    • El capital humano, que incluye la destreza en el trabajo, las habilidades y la competencia que pueden adquirirse invirtiendo en las capacidades humanas mediante el aprendizaje y la adquisición de nuevas habilidades. Parte de este proceso de «inversión» es el buen desempeño laboral que crea prestigio social y conexiones en el mundo del trabajo (Tóth 2017).
    • Actividad empresarial o rasgos empresariales, que son versiones especiales del capital humano.

Una sociedad que aspire a alcanzar el máximo nivel de riqueza y que quiera garantizar la mejor satisfacción posible de las necesidades humanas debería preocuparse por disponer de todas las formas de capital, ya que la falta de cualquiera de ellas es perjudicial para el bienestar económico.

Es importante señalar que la necesidad de alcanzar un nivel adecuado de bienes de capital y de capital humano bien formado es una premisa aceptada por todos. Sin embargo, a pesar de esta opinión generalizada, la actividad empresarial es vista por muchos como una actividad sospechosa. Es esencial entender que la actividad empresarial es una forma de capital humano y que una sociedad necesita ese tipo de capital para garantizar la productividad del capital físico.

Bibliografía

Becker, Gery. 1964. Human Capital : A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education. The University of Chicago Press.

Braun, Eduard. 2020. “Carl Menger: Contribution to the Theory of Capital (1888).” Journal of Institutional Economics 16 (4): 557–68. https://doi.org/10.1017/S1744137420000132.

Braun, Eduard, Peter Lewin, and Nicolas Cachanosky. 2016. “Ludwig Von Mises’s Approach to Capital as a Bridge between Austrian and Institutional Economics.” SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2748937.

Hayek, Friedrich A. von. 1935. “Introduction.” In Menger, Carl: Principles of Economics, 2007th ed., 11–37. Auburn (Alabama): Mises Institute.

Menger, Carl. 1871. Principles of Economics. 2007th ed. Auburn, Ala.: Ludwig von Mises Institute.

Smith, Adam. 1776. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Elecbook Classics.

Tóth, András. 2017. “Workers as Life-Entrepreneurs.” Intersections 3 (1). https://doi.org/10.17356/ieejsp.v3i1.245.

Wicksell, Knut. 1906. “The Influence of the Rate of Interest on Prices.” Economic Journal XVII:213–20.

Las dos teorías de Marx sobre los beneficios (II): ganancia en el capitalismo industrial (plusvalor relativo y extra)

En el primer artículo de esta serie hemos demostrado que la principal teoría sobre la ganancia de los capitalistas de Marx en El Capital I1 era una propuesta irreal. La teoría de explotación fue creada postulando unas condiciones irreales. Era tan clara la diferencia entre el mundo irreal de Marx y el mundo real, que incluso el propio Marx se vio forzado a admitir la contradicción en la que había incurrido. Es decir, en realidad la ganancia no está relacionada con el capital variante, lo que sería equivalente al capital gastado en mano de obra, sino con el capital invertido. Marx evitó el colapso inminente de su teoría prometiendo engañosamente la solución a este problema en el tercer libro del Capital. Engañosamente, porque sabía de antemano que no había solución ya que el manuscrito – en el que no resuelve el problema – ya había sido escrito entre 1863 y 1865, dos años antes de la publicación de El Capital I. Ahora se entiende por qué Marx no tenía muchos deseos de publicarlo.

Marx también sabía que la teoría de ganancia basada en la plusvalía del trabajo es tan incorrecta que si solo hubiese basado su teoría política, económica y social en esta hipótesis no podría haber dado una explicación al éxito del capitalismo industrial y tendría que haber terminado su obra después de las primeras trescientas paginas del Libro I. El mismo Marx insinúa en algunas frases que su famosa teoría principal sobre la explotación era apta solo en un periodo histórico anterior al capitalismo industrial. Así Marx ya presagiaba la conclusión2 3 que habría de sacar Engels en 1895 como respuesta a las críticas de Böhm-Bawerk en la que decía que la principal teoría de explotación de Marx era válida solo hasta el siglo XV, periodo en que la economía se basaba en el trabajo manual, pero no en el capitalismo industrial. 4

El problema de Marx era que no podría seguir escribiendo El Capital después de llegar a la conclusión de que la ganancia es la consecuencia de la explotación de los trabajadores porque su principal teoría no hubiese podido explicar por qué los capitalistas invierten en máquinas y fábricas. Según dicha teoría la ganancia es proporcional al capital invertido en la mano de obra. Por esta razón, la ganancia debería disminuir si el capitalista incrementa el capital invertido en máquinas reduciendo el capital invertido en mano de obra. Tampoco hubiese podido explicar por qué se empeñan los capitalistas en reducir el coste de mano de obra al hacer cada vez más eficiente la producción. Marx estaba seguro de que los capitalistas eran malevolentes, pero, por supuesto, sabía que no eran tontos y estaba seguro de que, al invertir dinero, no tenían la intención de ganar cada vez menos y menos. ¡Al contrario! El motor de los capitalistas era ganar cada vez más y más. 5 “¡Acumulad! ¡Acumulad!” es el himno de capitalista según Marx, con un toque antisemita,6 y no “¡Empobreced! ¡Empobreced!”

Para poder seguir escribiendo sobre capitalismo industrial, Marx tuvo que introducir una segunda teoría sobre ganancia, una que funcionase en las condiciones reales del capitalismo y no solo en el mundo inexistente, que era la fantasía de Marx.  Esta segunda teoría es la teoría del plusvalor relativo y el plusvalor extra,7 introducida en la cuarta sección de El Capital I. 8 El plusvalor relativo y extra nace cuando un capitalista obtiene beneficio a costa de otros capitalistas abaratando el producto invirtiendo en máquinas más eficientes y organizando mejor la producción. 9

La teoría de plusvalor relativo y extra intenta dar una explicación al aumento de las fábricas y a la inversión creciente en máquinas en el mundo real. En el mundo real nadie puede estar seguro de que está invirtiendo su dinero en una producción cuyo producto final va a poder ser vendido con seguridad al precio previsto, que va a cubrir todos los gastos y que obtendrá una ganancia adecuada.  Este mundo real del capitalismo es opuesta al mundo irreal de los primeros capítulos, donde Marx analizó una economía circular. En la economía circular de Marx el capitalista no tiene que preocuparse de nada, y esta segurísimo de que el producto se podrá vender por el precio previsto y no tiene que preocuparse por si hay otro capitalista en el ámbito económico que en cualquier momento podría inundar el mercado con un producto parecido, pero más barato.

 El nuevo mundo marxista que ya retrata una realidad más cercana al capitalismo es analizado desde la cuarta sección. En estas nuevas condiciones, el capitalista puede ganar plusvalía extra o relativa abaratando el producto respecto a los demás capitalistas gracias a una mejor y más eficiente organización de la producción o mediante la introducción de fábricas mecanizadas. 

El compromiso con la realidad fuerza a Marx a jugar con las palabras para evitar tener que confesar que no solo el trabajo de los trabajadores tiene el poder mágico de producir ganancia. 

El primer problema es que el argumento nuevo de Marx claramente contradice al texto anterior de El Capital. Anteriormente, Marx había sostenido que el único modo de obtener ganancia es la explotación de los trabajadores. Pero, desde el capítulo cuatro explica que un capitalista podría tener ganancia abaratando sus productos en comparación con el resto de los capitalistas. Las dos explicaciones no pueden ser válidas al mismo tiempo. Para un doctor en Filosofía tenía que estar clara esta contradicción de la lógica. Para evitar esta contradicción Marx crea un puente entre la teoría del plusvalor relativo y su principal teoría; con ella, podrá seguir reafirmando la existencia de la explotación de los trabajadores. El nuevo argumento plantea una dualidad en cuanto al sujeto de ganancia. Por una parte, existe un ingreso individual que se adquiere mediante la teoría del plusvalor relativo; por otra parte, según Marx, la clase capitalista obtiene una ganancia colectiva al abaratar los productos necesarios para la supervivencia de los obreros, ya que, de esta manera, en la jornada laboral se incrementaría el tiempo en que los obreros están produciendo beneficios. 10 No obstante, el nuevo argumento de Marx contradice los argumentos de las secciones anteriores de El Capital; anteriormente, Marx analizaba de una manera muy clara cómo un capitalista obtenía beneficios, pero no mencionó nunca la clase capitalista. Evidentemente, esta solución es un juego de palabras por parte de Marx para no admitir que ambas teorías eran contradictorias y excluyentes.

Más adelante el nuevo argumento de Marx fue debilitado por él mismo, cuando admite que la plusvalía extra puede ser ganada incluso por capitalistas que no producen productos comprados por los obreros. 11 Antes su argumento había sido que la clase de los capitalistas obtienen beneficios porque las innovaciones de las capitalistas abaratan la mano de obra al abaratar los productos consumidos por los obreros. Pero, si más tarde acepta que se puede obtener beneficios produciendo productos no consumido por los obreros, ya no puede afirmar que la única fuente de ganancia es el abaratamiento de la mano de obra. Según su nuevo argumento existe otra fuente de ganancia, que es independiente del abaratamiento del mano de obra. 

El próximo campo de minas en los nuevos argumentos de Marx, es el intento de explicación de cómo la instalación de máquinas puede ser una fuente de ganancias. Hasta este momento, confirmaba que las máquinas no pueden ser fuentes de ganancia porque solo trasladan sus valores de cambio, es decir, el precio de venta o construcción.12 En este punto tampoco puede negar directamente su postura anterior. Por eso, para evitar que no se descubra que su teoría anterior es insostenible a la luz de su nueva teoría, tiene que jugar con las palabras. En El Capital I, Marx ofrece tres explicaciones que contradicen su teoría principal. Marx parece haber jugado con las soluciones, pero no se atrevió a teorizar ninguna de las hipótesis, por lo que se trata más bien de un desfile de ideas con el fin de buscar una salida a la trampa que él mismo se había tendido.

El primero intento de dar una explicación al motivo por el que los capitalistas invierten en máquinas lo encontramos en la pagina 472. Marx propone que las máquinas, después de transmitir sus valores de cambio al producto, siguen produciendo valores gratuitamente. “cuanto mayor sea el ámbito de acción productivo de la maquinaria en comparación con el de la herramienta, tanto mayor será la entidad de su servicio gratuito”. Usando las categorías de Marx, el trabajo gratuito de una máquina es el mismo mecanismo que el trabajo gratuito del trabajador. Hubiese sido lógico que Marx aceptara que las máquinas también crean plusvalor produciendo gratuitamente tras trasladar su valor de cambio.  Pero Marx evitó esta conclusión, pues no le convenía, porque admitirlo hubiera minado su postulado según el cual únicamente el esfuerzo laboral tiene la peculiar característica de producir plusvalor. Marx no fue el primero en darse cuenta de que el uso de las máquinas produce más beneficios que su coste. J. B. Say, cincuemta años antes de Marx, ya se había dado cuenta de este fenómeno al explicar que la gratuita producción de las máquinas genera beneficios.  Marx refutó a Say con otro juego de palabras siguiendo las pautas de Ricardo: la gratuita producción de las máquinas hay que tratarla como un regalo de la naturaleza y por eso, no se trata ahora de hablar de ganancias, a pesar de que produzcan más valor que sus valores de cambio y que eso revolucione la economía. Un juego de palabras para evitar el hecho de que se trata del mismo fenómeno de la supuesta explotación del gratuito trabajo de los empleados. 

El segundo intento de Marx para explicar la inversión de los capitalistas en máquinas se halla en pagina 476-9; el uso de la maquinaria abarata el producto siempre y cuando haya costado menos trabajo producir la maquinaria que la cantidad de trabajo desplazado por el empleo de esa máquina. 13 Esta solución abre un espacio a nuevas contradicciones porque si realmente funcionase así, el capitalista tendría que calcular si el empleo de una máquina en concreto es rentable o no. Esto es contradictorio porque anteriormente Marx había presentado al capitalista como un saco de dinero, que no contribuye en nada al proceso de trabajo. Pero en este caso, el capitalista no solo sería un saco de dinero, sino que tendría un papel muy importante: pensar en las posibles innovaciones, calcular los efectos de la inversión y tomar decisiones sobre la inversión. Si calcula bien, estos cálculos podrían ser una fuente de ganancia. En términos de Marx esto significaría que el capitalista tiene un uso de valor: un trabajo que representa una importante contribución al proceso de producción y que puede ser fuente de ganancia. Claro, que Marx no llega a admitir estas conclusiones lógicas, que derribarían su principal teoría de ganancia según la cual solo el trabajo de los trabajadores es la fuente de ganancias que son fruto de una explotación injusta del trabajador sin ninguna contribución productiva por parte del capitalista.

Finalmente, su tercer intento se halla en pagina 495 de El Capital I en donde Marx propone que, mediante la introducción de una nueva maquinaria en el ámbito de producción, se puede otorgar un monopolio temporal al capitalista que primero la emplee.  El capitalista tiene una ganancia excepcional gracias a este monopolio temporal: “La máquina produce plusvalor relativo … porque en su primera introducción esporádica transforma el trabajo empleado por el poseedor de máquinas en trabajo potenciado, eleva el valor social del producto de la máquina por encima de su valor individualDe ahí que las ganancias sean extraordinarias durante este período de transición en que la industria fundada en la maquinaria sigue siendo una especie de monopolio, y el capitalista procura explotar de la manera más concienzuda ese “tiempo primero del amor juvenil” mediante la mayor prolongación posible de la jornada laboral. La magnitud de la ganancia acicatea el hambre canina de más ganancia.” Esta solución de Marx precede a la teoría de Carl Menger según el cual, la ganancia es una motivación de las innovaciones. Las innovaciones aseguran un monopolio temporal para el innovador hasta que la competencia no llegue a emplear la misma innovación o, en el caso, más fructífero a mejorarla. 14 Por parte de Marx, la admisión de que una innovación en forma de una máquina más eficiente pueda ser fuente de ganancia, mina de nuevo su posición teorética de que una máquina no puede dar más valor de uso que su valor de cambio. Esta solución también desacreditaría su posición respecto a la contribución de los capitalistas al proceso de producción.  Llegar a tener un monopolio temporal gracias a la innovación que significa el empleo de una nueva máquina no es un proceso automático. Para poder llegar a este punto de monopolio temporal exitoso es necesario el trabajo del capitalista o emprendedor que tiene la idea innovadora, hace los cálculos y toma la decisión arriesgada de invertir. Finalmente, el capitalista es quien maneja o supervisa la implantación de la innovación, que a menudo es un proceso muy complicado. Esto implica que el verdadero actor crucial es el capitalista o emprendedor y no la máquina. Claro, que Marx otra vez no ha llegado a re-pensar el papel del capitalista/emprendedor, porque una re-evaluación le hubiese forzado a admitir que el capitalista tiene una contribución importante y su esfuerzo puede ser fuente de ganancia. Marx niega categóricamente que los capitalistas trabajen y que sus intervenciones puedan ser fuente de la ganancia.  Para justificar su posición, vuelve a los juegos de palabras. En esta ocasión, habla como si fuera el capital el que actúa, organiza y decide y no el capitalista. 15

Marx escribió El Capital con el fin de demostrar que la fuente de los beneficios de los capitalistas es el trabajo de los trabajadores manuales sin remuneración, y que los capitalistas no tienen ningún papel más que embolsar el dinero ganado por la explotación invisible de los trabajadores al final de la jornada laboral, ignorando la contribución de los capitalistas en el proceso de trabajo. No es de extrañar, que Marx no hable de los emprendedores en el Capital I y siempre use la palabra capitalista.16 Marx siempre ha buscado el lado negro del capitalismo, poniendo especial énfasis en la supuesta explotación y vulnerabilidad de los trabajadores. Por eso su actor es el capitalista, retratado como un simple saco de dinero, que no hace nada, o todavía peor, que está presionando a los trabajadores para abaratar la producción y ganar más. El “capitalista” que nos retrata Marx es una diana fácil de envidia y odio.

Todo esto a pesar de que Marx sabía perfectamente que la vida es diferente y que los primeros emprendedores de la era de la revolución industrial eran obreros o artesanos con rasgos de emprendedor, quienes precisamente por tener ideas innovadoras llegaron a ser fabricantes.17 Ellos se convirtieron en capitalistas al poner en práctica sus ideas de mecanización y sus innovaciones iniciaron el proceso que ahora llamamos revolución industrial. A mi juicio, Marx cerró su mente y no quiso ver el lado positivo del capitalismo, un sistema abierto que abre las puertas a cualquier persona que tenga rasgo de emprendedor, con ideas innovadores para llegar a crear algo con valor y que, finalmente, tiene éxito en el mercado.

Finalmente, Marx no llega a hablar de una tercera posible fuente de la ganancia; los productos en el mercado no tienen el mismo uso de valor que describe Marx, sino que dependen de la demanda que exista ante el producto. Marx nunca hubiese podido explicar basándose en su teoría, el éxito de compañías como Apple, Zara, Microsoft, etc. frente a las marcas que producen productos parecidos. El éxito y las ganancias extraordinarias de estas compañías se debe al valor superior de uso de sus productos en relación con sus cualidades. El capitalismo industrial no solo abarata la producción con una organización de trabajo más eficiente y la mecanización de la producción. Con el capitalismo industrial ha empezado una nueva época en la historia de la humanidad en la que cada vez nuevos y mejores productos aparecen en el mercado día a día. Esta avalancha de productos ha mejorado considerablemente la vida de los obreros. No obstante, El Capital (pág. 193.) es el testigo de que Marx conocía la teoría de valor de Condillac, el celebre pensador francés de la Ilustración. Condillac sostuvo que el valor de las cosas está relacionado con nuestras necesidades. No obstante, Marx puso más energía en refutar a Condillac que en reelaborar su teoría del valor y buscar una solución a las graves contradicciones de su teoría. Fue Menger quien refutó la teoría de valor del trabajo de Smith y Ricardo con la ayuda de las teorías de pensadores franceses como Condillac y Say.  No obstante, el joven Marx, en 1848, cuando escribía el Manifestó Comunista ya sabía que la burguesía era „la que primero ha probado lo que puede realizar la actividad humana: ha creado maravillas muy superiores a las pirámides egipcias, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas…”. 18 Pero, Marx cuando escribió El Capital ya no quería hablar del lado positivo del capitalismo para poder pintar su cuento negro basado en explotación y la miseria. Porque el objetivo de Marx era crear un argumento científico que subrayara su profecía política sin usar la lógica o buscar soluciones. Lo que era importante para él era llegar a una teoría creíble que demostrase que la fuente de ganancia de los capitalistas es solo el trabajo de los trabajadores injustamente expropiado y que los capitalistas solo son sacos de dinero y explotadoras sin ningún valor útil.

En la siguiente parte de la serie vamos a evaluar la principal teoría sobre la explotación de Marx en luz de la segunda sobre plusvalor relativo y extra.

1 Vease: Karl Marx: El Capital. Libro Primero. Madrid: Siglo XXI, 2010.

2 La transformación del modo de producción mismo por medio de la subordinación del trabajo al capital, sólo puede acontecer más tarde y es por ello que no habremos de analizarla sino más adelante. „ (pag. 224),

3 „Hasta aquí, a la parte de la jornada laboral que no produce más que un equivalente del valor de la fuerza de trabajo pagado por el capital, la hemos considerado como una magnitud constante, y lo es en efecto bajo determinadas condiciones de producción, en determinado estadio del desarrollo económico de la sociedad.” (pag. 379).

4 Engels, F. (1895). Supplement to Capital Volume Three. Law of Value and Rate of Profit. In Die Neue Zeit. 1895-9.Bd. 1. No.1. edition: Marx and Engels Collected Works. Vol. 37. (Vol. 37, pp. 873–900).

5 Frente al modo de operar de la vieja aristocracia … para la economía burguesa era decisivamente importante poner de relieve que el evangelio de la nueva sociedad, o sea la acumulación del capital” (pag. 726).

6 „¡Acumulad, acumulad! ¡He ahí a Moisés y los profe­tas!” (pag. 735).

7 Marx usa en el titulo de capitulo IV el termino plusvalor relativo, pero en algunas veces en el texto de El Capital usa el termino plusvalor extra con el mismo sentido. Por eso, yo voy a usar los dos términos como términos alternativos representando el mismo fenómeno.

8 Sección cuarta. La producción del plusvalor relativo (pag. 379).

9 „El capitalista que emplea el modo de pro­ducción perfeccionado, pues, anexa al plustrabajo una parte mayor de la jornada laboral que los demás capita­ listas en la misma industria” (pag. 387).

10 “Para abatir el valor de la fuerza de trabajo, el acrecen­tamiento de la fuerza productiva tiene que hacer presa en los ramos industriales cuyos productos determinan el valor de la fuerza de trabajo, y que por tanto pertenecen al ámbito de los medios de subsistencia habituales o pueden sustituirlos.” (pag. 383).

11 „Este incremento del plusvalor se operará para él (para el capitalista – AT), pertenezca ó no su mercancía al ámbito de los medios de subsistencia imprescindibles y, por tanto, forme parte determinante o no en el valor gene­ral de la fuerza de trabajo.” (pag. 385-6).

12 Por ejemplo en pag 471: „La maquinaria, al igual que cualquier otra parte componente del capital constante, no crea ningún valor, sino que transfiere su propio valor al producto para cuya fabricación ella sirve.”

13 „Considerada exclusivamente como medio para el aba­ ratamiento del producto, el límite para el uso de la maquinaria está dado por el hecho de que su propia pro­ ducción cueste menos trabajo que el trabajo sustituido por su empleo.” (pag. 478).

14 Vease: Menger, Carl, Principles de Economics, section 3a. The origin of competition, p. 216. Auburn: Ludwig Von Mises Institute, 2007. https://mises.org/library/principles-economics

15 „Por lo demás, la cooperación entre los asalariados no es nada más que un efecto del capital que los emplea simultáneamente. La conexión entre sus funciones, su unidad como cuerpo produc­tivo global, radican fuera de ellos, en el capital, que los reúne y los mantiene cohesionados.” (pag. 403).

16 El termino emprendedor aparece una vez en versión español de La Capital, en una nota, cuando Marx habla de los vendedores de opio (pag. 486).

17 „relojero Watt hubo inventado la má­quina de vapor, el barbero Arkwright el telar continuo, y el orfebre Fulton el barco de vapor” (pag, 595).

18 Carlos Marx y Federico Engels: Manifiesto Comunista, Ediciones elaleph.com, 2000. pag.30.

Las dos teorías sobre los mecanismos para obtener beneficios de Marx y sus consecuencias (I)

Este es el primer artículo de una tríada de textos en los que se analizarán las contradicciones existentes en el El Capital de Marx sobre la ganancia y sus consecuencias. El primer artículo trata la teoría principal de Marx, en el que explica que la ganancia es el fruto de la explotación de los trabajadores. Dado que en esta primera teoría Marx se tuvo que alejar de las condiciones reales socioeconómicas, más adelante escribe su segunda teoría de la ganancia, ya más ligada a la realidad. En el segundo artículo llevaré a cabo un análisis de esta segunda teoría de Marx y cómo esta contradice a la anterior. El tercer artículo de la tríada va a examinar la naturaleza de las dos teorías a la hora de la aplicación en el ámbito político y sus consecuencias en la sociedad, política y economía. En ese artículo se verá como las dos teorías de Marx presentan como consecuencia alternativas políticas no solo diferentes, sino que incluso opuestas.

  1. La teoría principal: La propuesta irreal en condiciones irreales

Böhm-Bawerk hace más de un siglo ya demostró que la teoría de Marx está alejada de la realidad. Gracias a su trabajo se sabe que la teoría de explotación y ganancia de Marx es falsa y, por ende, su libro más importante, El Capital, está lleno de graves contradicciones. De hecho, el mismo Marx era consciente de la contradicción más grave que más adelante recibió el nombre de problema de transformación. Muchos teóricos marxistas han intentado solventar el problema de transformación, pero sin ningún especial éxito. Otros pensadores marxistas evitan directamente las teorías de Marx que tratan en concreto la explotación y ganancia. Sin embargo, a pesar de esto, continúan trabajando con la noción de explotación y siguen manteniendo el odio de Marx hacia el capitalismo y la estructura social que crea.

En El Capital Marx desarrolla su teoría de ganancia.1 El primer libro publicado en 1867 tiene como fin explicar, desde un punto de vista científico, el mecanismo de explotación presente en el capitalismo, el cual ya había sido anunciado en el Manifiesto Comunista en 1848. Para Marx era fundamental demostrar científicamente la existencia de un mecanismo de explotación en el sistema capitalista, pues este hecho proporcionaba la base teórica para sus aspiraciones políticas y su profecía respecto al socialismo.2

La teoría de Marx dice que hay una explotación invisible en el proceso de producción capitalista, y que la ganancia es fruto de esta explotación invisible. La ganancia es la plusvalía que nace en el proceso de trabajo. La plusvalía es el fruto del trabajo del trabajador, que es adquirida por el capitalista sin compensación al trabajador. Esto es posible porque, según Marx, la fuerza de trabajo es una mercancía peculiar. El valor de uso del trabajo es que produce más valor que su valor de cambio durante el proceso de producción capitalista.3 El valor de cambio del trabajo es la suma necesaria para asegurarse la sobrevivencia del trabajador.4 El valor del uso de trabajo es que el trabajador trabaja más horas que el valor del cambio de su esfuerzo, y este trabajo extra produce la plusvalía, es decir, los frutos del trabajo sin compensación del trabajador son la ganancia de la capitalista.5

Según Marx, sólo el trabajo tiene esta mágica propiedad: su valor de uso es más grande que su valor de cambio. Todos los demás factores de producción no añaden más valor al nuevo producto, solo transmiten sus valores de cambio.6

Para Marx el valor de uso sólo significa que hay demanda por el producto. Por ejemplo, para Marx en el caso de la producción de botines, la única fuente de ganancia, que añade plusvalor es la plusvalía del trabajo de los trabajadores haciendo botines. La idea del botín o diseño especial del botín no añade más valor o valor nuevo al producto.7 En el análisis de Marx, las máquinas también solamente transmiten el mismo valor que costaba construirlas o comprarlas, lo que es el valor de cambio de una maquina.8 Finalmente, entonces, el capitalista no hace nada. El capitalista es solo un saco de dinero,9 que invierte el capital y después del proceso de producción se queda las ganancias, y no añade ningún valor al producto; llega a hacer una broma sobre cómo mientras el capitalista presume de su labor e importancia en el proceso de producción, la dirección de la empresa encoge sus hombros irónicamente.10

Pero, ¡ojo! pues la teoría de Marx se desarrolla en una realidad creada por él mismo, la cual no tiene en cuenta ciertos factores de la estructura económica que no le convenían. De esta forma escribe una realidad contradictoria a la vida real.

¿Cómo puede ser que las ideas innovadoras no añadan ningún valor a los productos y no sean fuente de ganancia? Siguiendo la lógica de la teoría de Marx las grandes ganancias de Apple y el colapso de sus competidores, como Blackberry y Nokia, quienes dominaban el mercado de los móviles antes de la aparición del Iphone, no fueron consecuencia de las ideas innovadoras de Apple que revolucionaban el concepto del teléfono. Del mismo modo, los grandes innovadores como Henry Ford, Thomas Alva Edison, o Steve Jobs no añadieron ningún valor adicional y, por tanto, no son fuentes de ganancia. Según la teoría del Marx, estos grandes innovadores serían solo sacos de dinero que no han contribuido al tremendo éxito de sus compañías, y sus riquezas son solo consecuencia del fruto del trabajo de los trabajadores trabajando en las cadenas de montaje.

Continuando con este razonamiento, ¿cómo se puede afirmar que las maquinas no añaden más valor del que cuesta comprarlas o producirlas? Según la teoría de Marx, todos los pescadores del mundo están locos por usar redes en vez de intentar pescar los peces con sus manos, al igual que los molineros que usan molinos en lugar de moler el trigo con dos piedras. ¿Cómo que no vale de nada inventar y emplear máquinas más eficientes porque afirmando que no añaden ningún valor adicional y que no pueden ser fuentes ganancia? Según el sentido común y la experiencia humana es una tontería y una idea falsa.

Por otra parte, la teoría sobre la ganancia de Marx fue creada en un ámbito teórico que se alejaba completamente de la realidad socioeconómica. Marx asume que todo lo que es producido es vendido, y siempre por su valor, al precio previsto y calculado, como si se tratase de una economía circular sin competencia en donde nada cambia y todo avanza según los planes previstos sin ningún problema. Así, al capitalista no tiene que preocuparle en qué invertir su dinero, ni cómo debe reaccionar su negocio ante los cambios que se producen en el mercado.11 Marx también admite que su análisis sobre la plusvalía no cuenta con la posibilidad de intensificar de producción.12

Marx crea este mundo irreal y contrario al sentido común para así poder demostrar que la única fuente de ganancia es la cantidad de trabajo de los trabajadores. Pero sabía que su teoría contradice la realidad pues por alguna razón, los capitalistas seguían invirtiendo dinero en la construcción de fábricas y máquinas a pesar de la gran revelación marxista.

Según la teoría de Marx, invertir en máquinas deteriora la rentabilidad del capital invertido, porque la ganancia sólo está relacionada con el capital usado para pagar los salarios de los trabajadores. Pero Marx sabía que su teoría no funciona en la realidad. En su libro habla de una fábrica textil que emplea muchas máquinas y poca fuerza humana. Luego, escribe sobre una panadería en la que se usan pocas máquinas, pero mucha fuerza de trabajo. Según su propia teoría el panadero debería tener muchos más beneficios que el dueño de la fábrica textil, pero, tal y como escribe el propio Marx, en la vida real esto no sería verdad.13

Aquí se halla el arte del engaño de Marx. Él mismo señala de El Capital I, que su teoría de ganancia no encaja en la realidad y la ganancia de los capitalistas no está relacionada con el capital variante, que es el capital invertido en emplear trabajadores y tratar el capital invertido en máquinas como si fuese inexistente.14 Marx prometió proporcionar una solución a esta contradicción en el tercer libro de El Capital y que se publicaría pronto en la página 259. El engaño es que, en realidad, Marx ya escrito los manuscritos de la tercera libro de El Capital entre 1863 y 1865, dos años antes de publicar El Capital I y era consciente de que no podía dar una solución. Por eso evitó publicar los manuscritos de este libro en vida y los encerró en el cajón de su mesa de trabajo. Su compañero de vida, Engels, después publicar el tercer libro, se vio obligado a admitir que la teoría de ganancia de Marx era apta en los tiempos históricos pre-capitalistas, en Mesopotamia, pero no era valida en el capitalismo.15 ¡Qué paradoja! La teoría que fue creada para quitarle el velo al capitalismo industrial resultó no ser apta para explicar el capitalismo industrial. Los dos grandes fundadores del socialismo moderno olvidaron decir a sus seguidores que la teoría por la que lucharon y luchan, no es más que una manipulación política camuflada como ciencia.

En el siguiente artículo se analizará cómo Marx hizo en El Capital I un compromiso parcial con la realidad para poder dar un toque de validez y credibilidad a su análisis.

1 Vease: Karl Marx: El Capital. Libro Primero. Madrid: Siglo XXI, 2010.

2 Marx como profeta, vease Schumpeter, Joseph Alois (1943): Capitalismo, socialismo, y democracia, Página Indómita: Barcelona. 2015.

3 “Una mercancia cuyo valor de uso poseyera la peculiar propiedad de ser fuente de valor, cuyo consumo efectivo mismo, pues, fuera objetivación de trabajo, y por tanto creación de valor” (pag. 203)

4 “El valor de los medios de subsistencia físicamente indispensables” (pag. 210).

5 “El proceso de consumo de la fuerza de trabajo es al mismo tiempo el proceso de producción de la mercancía y del plusvalor” (pag. 213). “El plusvalor surge únicamente en virtud de un excedente cuanatativo de trabajo, en virtud de haberse prolongado la duración del mismo proceso laboral” (pag. 239).

6 “El obrero incorpora al objeto de trabajo un nuevo valor mediante la adición de una cantidad determinada de trabajo, sin que interesen aquí el contenido concreto, el objetivo y la naturaleza técnica de su trabajo. Por otra parte, los valores de los medios de producción consumidos los reencontramos como partes constitutivas del valor del producto; por ejemplo, los valores del algodón y el huso en el valor del hilado. El valor del medio de producción, pues, se conserva por su transferencia al producto” (pag. 241).

7 “El poseedor de mercancías puede crear valores por medio de su trabajo, pero no valores que se autovaloricen. Puede aumentar el valor de una mercancía al agregar al valor existente nuevo valor por medio de un trabajo nuevo, por ejemplo haciendo botines con el cuero. El mismo material tiene ahora más valor, porque contiene una cantidad mayor de trabajo. El botín, pues, tiene más valor que el cuero, pero el valor del cuero se ha mantenido igual que antes. No se ha valorizado, durante la fabricación de los botines no se ha anexado un plusvalor.” (pag. 201)

8 “Es cierto que, como hemos visto, todo medio de trabajo o instrumento de producción verdadero ingresa siempre totalmente en el proceso de trabajo y sólo de un modo parcial, proporcionalmente a su desgaste diario me dio, en el proceso de valorización.” (pag 471)

9 El traducción Español usa una palabra más neutral: poseedor de dinero (pag. 203). Vease para Moneybags pag. 177 en Karl Marx: Capital I. in.: Marx Engels Collected Works. Vol. 35. Electric Book: Lawrence & Wishart. 2010.

10 „Nuestro amigo, pese a su altanero espíritu de capitalista, adopta súbitamente la actitud modesta de su propio obrero. ¿Acaso no ha trabajado él mismo?, ¿no ha efectuado el trabajo de vigilar, de dirigir al hilandero? ¿Este trabajo suyo no forma valor? Su propio overlooker [capataz] y su manager [gerente] se encogen de hombros.” (pag. 234).

11 Schumpeter, Joseph Alois (1943): Capitalismo, socialismo, y democracia, Página Indómita: Barcelona. 2015.

12 „Al analizar el plusvalor absoluto tomábamos en consideración, primordialmente, la magnitud del trabajo en cuanto a su extensión, mientras que el grado de su intensidad estaba presupuesto como dado.” (Pag. 498).

13 „Esta ley contradice abiertamente toda la experiencia fundada en las apariencias. Todo el mundo sabe que el dueño de una hilandería de algodón que, si nos atenemos a los porcentajes del capital total empleado, utiliza proporcionalmente mucho capital constante y poco capital variable, no por ello obtiene una ganancia o plusvalor menor que un panadero, quien comparativamente pone en movi- miento mucho capital variable y poco capital constante.” (pag. 372).

14 „También es indiferente el valor de dicha materia. Debe existir en una masa suficiente como para poder absorber la cantidad de trabajo que habrá de gastarse en el proceso de producción. Una vez dada esa masa, por más que su valor aumente o dismi- nuya o aquélla carezca de todo valor, como en el caso de la tierra y el mar, esas circunstancias no habrán de afectar el proceso de creación y variación del valor.”(pag. 259).

15 Engels, F. (1895). Supplement to Capital Volume Three. Law of Value and Rate of Profit. In Die Neue Zeit. 1895-9.Bd. 1. No.1. edition: Marx and Engels Collected Works. Vol. 37. (Vol. 37, pp. 873–900).