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Etiqueta: Teoría del ciclo económico

Los ciclos de Kondratieff, la conexión de Jackson y la explicación de Fekete

Nikolai Kondratieff era un economista soviético que desarrolla la teoría de los ciclos largos: periodos de expansión, estancamiento y recesión que duraban alrededor de sesenta años. Kondratieff nace en Kostroma pero se muda a San Petesburgo a estudiar con Mikhail Tugan-Baranovsky. En 1919 se muda a Moscú y en 1920 funda el Instituto de la Conjetura. En 1922 Kondratieff escribe por primera vez sobre su teoría y en 1925 esta gana fama después de ser publicada como artículo y, posteriormente, como libro en 1928. Su obra se dio a conocer a un mayor público en 1926 con su traducción al alemán y en 1935 con la publicación de un artículo exponiendo su teoría en inglés. 

En este artículo en inglés, Kondratieff presenta cuatro olas. En la primera, la expansión dura desde finales de los años 1780s o principios de los 1790s, hasta los 1810s, con una depresión que duraba desde los 1810s hasta los 1840s. El segundo ciclo duraba de los 1840s hasta los 1890s, terminando la expansión—y, por tanto, empezando la recesión—alrededor de los 1870s. Por último, el crecimiento del tercer ciclo dura hasta 1914-1920 y la recesión desde ahí hasta los tiempos en los que escribe Kondratieff.

Los ciclos largos son periodos de acumulación de capital—Kondratieff enfatiza el capital tangible, al observar la riqueza material, pero también es importante recalcar el capital intangible que se forma durante estos periodos—a medida que las fuerzas productivas avanzan hacia un nuevo nivel de desarrollo, más elevado. Pero en un momento determinado comienza un declive de la actividad económica, para volver a crecer más tarde desde un nuevo punto más elevado que el punto de partida original. Con esto, Kondratieff defendía que el capitalismo, lejos de estar abocado al fracaso, seguía un patrón de crecimiento económico sostenible.

Nicolai Kondratieff

León Trotsky criticó el trabajo de Kondratieff, pues este suponía interpretar el capitalismo como un sistema cíclico que se corregía periódicamente. Trotsky, por el contrario, defendía que el capitalismo no experimentaba “ondas” de crecimiento y crisis como algo inherente, sino que se dirigía inexorablemente hacia una crisis final y definitiva que lo desmoronaría por completo. Según Trotsky y otros críticos marxistas, la visión de Kondratieff parecía atribuir al capitalismo una estabilidad que ellos consideraban inexistente; su teoría sugería que las crisis no ponían en cuestión la supervivencia del sistema, sino que formaban parte de un mecanismo de renovación interna. Para Trotsky, esto era un enfoque ilusorio, pues interpretaba las aparentes fluctuaciones cíclicas como simples respuestas temporales del capitalismo ante las turbulencias externas de la superestructura, y no como elementos endógenos al sistema.

La polémica entre Kondratieff y Trotsky fue el inicio del declive para Kondratieff. Hasta entonces, su carrera había prosperado considerablemente; aunque no era bolchevique, sus conocimientos técnicos y su habilidad en el análisis cuantitativo lo habían llevado a colaborar en el diseño de un plan quinquenal para el sector agrícola ruso en 1923. Durante los años iniciales de la planificación soviética, cooperó con Bujarin y otros líderes en el desarrollo de la Nueva Política Económica (NEP), a la que apoyaba plenamente.

Gilbert E. Jackson

Sin embargo, la crítica de Trotsky y su aparente “defensa” de la estabilidad capitalista hicieron que Kondratieff fuera visto con recelo, etiquetado como simpatizante de ideas revisionistas. Tras el abandono de la NEP, su suerte se selló: en 1928 fue destituido de su puesto en el Instituto de Moscú, y en 1930, bajo órdenes de Stalin, fue arrestado y condenado a ocho años en un campo de trabajo. Aunque por mucho tiempo se creyó que había fallecido en 1931, Kondratieff murió en ejecutado por un pelotón de fusilamiento en 1938.

Para llegar a esta conclusión que le costaría la vida, Kondratieff utilizaba una serie de más de una veintena de indicadores, entre los que destacan—por la importancia que les daba el mismo economista—el nivel general de precios y el tipo de interés (de los bonos de deuda pública). 

Como señala Antal Fekete, en el estudio de estos dos indicadores destaca Gilbert E. Jackson. Encontró una conexión entre los dos y la existencia de ciertos ciclos largos. Llamó a esta interdependencia entre precio y tipos de interés “la conexión”. A veces los precios suben y los tipos de interés aumentan posteriormente o bajan los precios y luego caen los tipos y a veces los tipos de interés suben y los precios también lo hacen o los tipos bajas y le siguen los precios.

Antal Fekete

Frank A. Pearson y George Frederick Warren lo intentan explicar diciendo que la subida o bajada del precio era la causa y que unos tipos de interés altos o bajos la causa, pues los acreedores notarían la subida en el nivel general de precios y pedirían compensación de los deudores por la pérdida de poder adquisitivo en forma de un mayor tipo de interés y que cuando los precios bajasen, el poder adquisitivo de la moneda aumentaría y la competencia entre acreedores les obligaría a bajar los tipos. El problema con esta explicación, como dice Jackson, es que no da una explicación a “la conexión”, la cual se da por ambas vías: a veces el precio sube y el tipo de interés le sigue, pero a veces es el tipo de interés el que sube y el precio el que le sigue.

Fekete nos da una explicación: 

“Los ahorradores frustrados venden sus bonos y colocan los beneficios en commodities. Así, un nivel de precios al alza puede caracterizarse por enormes flujos de dinero especulativo del mercado de bonos al mercado de commodities. A medida que se venden los bonos, sus precios caen, es decir, el tipo de interés sube junto con el nivel de precios. Pero tan pronto como los precios empiezan a caer en serio, el flujo de dinero se invierte y se desplaza del mercado de commodities al mercado de bonos, y cuando se compran bonos, sus precios suben, es decir, los tipos de interés bajan, emulando de nuevo el movimiento de los precios.”

La conexión a largo plazo entre los precios y los tipos de interés

Es decir, los periodos inflacionarios (de alza de precios) están acompañados por un aumento en las tasas de interés, lo cual se asocia con una salida de dinero del mercado de bonos hacia el de materias primas. En la fase deflacionaria, la relación se invierte: el dinero fluye de nuevo hacia el mercado de bonos, lo que lleva a una disminución en los precios y en las tasas de interés.

Otra manera de describirlo es diciendo que las variables V y P en la ecuación cuantitativa del dinero (MV=PQ) están conectadas. V es la velocidad, la cantidad de veces que una unidad monetaria cambia de titularidad en una unidad de tiempo. La inversa de V (1/V) es la demanda monetaria. La demanda monetaria es lo que dictará el tipo de interés. A mayor voluntad de atesorar dinero, menor será el tipo de interés. Es decir, a mayor 1/V, menor i. Por lo que, a menor V, menor i o a mayor V, mayor i.

Como hemos visto con “la conexión de Jackson”, P e i están conectados por el movimiento entre mercado de deuda pública y de commodities, por lo que V está conectado con P. A veces es el cambio de precio el que altera la demanda monetaria y a veces los cambios en la demanda monetaria alteran el nivel general de precios. Esta conexión no tiene por qué existir necesariamente en todo tipo de economías, solo en economías monetarias con mercados de bonos y de materias primas. 

El patrón oro

Para Fekete fue el abandono del patrón oro el detonante de los ciclos de Kondratieff, pues con el patrón oro, los ahorradores podían influir en la tasa de interés mediante la acumulación de oro, restringiendo el crédito y estabilizando la economía. Al retirarse el oro como regulador, los ahorradores recurren a los bonos, creando un flujo especulativo en estos mercados, que genera periodos deflacionarios e inflacionarios. Es decir, la eliminación del patrón oro desestabiliza la estructura de tasas de interés, lo que aumenta la volatilidad en los precios y las tasas, generando alternancias extremas de inflación y deflación, características de los ciclos de Kondratieff.

Esta teoría, aunque pudiera tener sentido, no serviría como explicación teórica de los ciclos largos, pues Kondratieff detectó el origen de estos desde 1780, cuando todavía operaba el patrón oro. Una posibilidad es que la explicación de Fekete sirva para explicar los ciclos largos desde el abandono en el patrón oro, los cuáles podrían haber aumentado la frecuencia y/o la intensidad desde entonces.

Ciclos de Kondratieff

La explicación para estas olas previas al abandono del patrón oro y a la necesidad de los agentes de refugiarse en el mercado de bonos para preservar su liquidez puede encontrarse en la explicación más común en la literatura para estos ciclos: en el lado real de la economía. Los ciclos largos de alto y bajo crecimiento podrían ser el resultado de innovaciones técnicas y periodos de evolución.

La primera ola vendría causada por la invención del motor de vapor y el crecimiento de la industria textil. La segunda podría haber sido desencadenada por el surgimiento de la industria siderúrgica, que acarreó el aumento del transporte y, con ello, el mayor movimiento de personas y mercancías. El tercer ciclo largo coincidiría con la Segunda Revolución Industrial, caracterizada por su mayor uso de la ciencia para mejorar los procesos tecnológicos, acelerando el ritmo del cambio tecnológico. Este sería el primer periodo en el que la complementariedad de los bienes de capital y las habilidades de los trabajadores generaría progreso tecnológico y económico. El cuarto y el quinto ciclo ya podrían haber sido causados por el abandono del patrón oro—y el venidero sexto—o haber sido desencadenados también por el lado real de la economía e intensificados por la falta de oro como estabilizador de los tipos de interés.

Ver también

Una teoría alternativa del ciclo económico

Recientemente, en el último curso del grado de Economía en la Universidad de Cambridge, comenzamos la asignatura de teoría avanzada del ciclo económico. Se basa en comprender, estudiar y analizar matemáticamente las principales características de las diferentes teorías y modelos del ciclo económico. Sin duda, es una asignatura que me ha parecido fascinante y de gran utilidad para comprender el mundo en el que vivimos.

Tal y como nos han explicado multitud de veces, cada teoría del ciclo tiene sus fortalezas y debilidades. Y cada una es más eficiente explicando unos u otros aspectos de la economía. Es por ello por lo que un día en clase me surgió el interés en profundizar algo más en una teoría del ciclo alternativa como es la de la Escuela Austriaca. Tras haber asistido a varias conferencias en el Instituto Juan de Mariana o la URJC y, sin ni siquiera ser yo un férreo austriaco, conocía la teoría algo por encima. Sobre todo en lo relacionado con las principales variables de su modelo y algunas de sus dinámicas.

Teoría austríaca del ciclo económico

Tras profundizar algo más en ella, sin embargo, me he percatado de que, a pesar de que algunos de sus aspectos puedan resultar parcialmente desdeñables desde el punto de vista de la macroeconomía moderna, sin duda muchos otros siguen en vigor y facilitan el entendimiento de muchas de las tendencias económicas que observamos hoy. Es por ello por lo que, en la presente columna, me dispongo a dar algunas pinceladas sobre la teoría austriaca del ciclo económico.

Comenzando por sus orígenes, cabe resaltar que la teoría austriaca del ciclo tiene sus raíces en el trabajo de Böhm-Bawerk. Es uno de los primeros economistas en resaltar las intervenciones de las autoridades monetarias sobre los tipos de interés como causa principal de las recesiones. Durante las fases alcistas, la masa monetaria y el crédito creados a raíz de la liquidez adicional generada por el banco central dispararía los niveles de inversión y consumo por encima de los correspondientes a la tendencia. Ello genera, por lo tanto, una descompensación o desequilibrio entre la capacidad productiva de la economía y los planes de consumo y ahorro intertemporales de los agentes económicos. Dicho desequilibrio sería el que, tras algún tiempo, terminaría causando una recesión que corregiría los excesivos niveles de inversión y endeudamiento y volvería a situar a la economía dentro de sus capacidades productivas reales.

Implicaciones de política monetaria

Tras leer el párrafo anterior, cualquier con unas mínimas nociones de historia del pensamiento económico, habrá podido observar que el pensamiento de los austriacos difería y difiere en gran medida de lo que podríamos considerar el mainstream académico. En este caso, las diferencias son notorias, sobre todo en lo respectivo a las visiones sobre política monetaria. Esta política está en el núcleo de la teoría austriaca del ciclo.

Los austriacos, a este respecto, no solo argumentan que la intervención de los bancos centrales en la economía es la causa primaria de las recesiones, sino que defienden asimismo que las políticas monetarias expansivas (como los tipos cero o el quantitative easing), simplemente contribuyen a postergar en el tiempo los ajustes estructurales necesarios para que la economía vuelva a situarse dentro de su potencial productivo.

En la teoría austriaca, la expansión crediticia generada por el exceso de liquidez introducido en la economía por los bancos centrales durante la fase alcista del ciclo, o como política contracíclica durante una recesión, son la causa motora del desequilibrio en la asignación de recursos productivos en la economía, contribuyendo únicamente a agravar y posponer los ajustes necesarios para retornar a un punto de equilibrio dinámico.

Coordinación intertemporal

Un punto fundamental en la teoría austriaca es la relevancia que se le otorga a la coordinación intertemporal entre las decisiones de producción, ahorro y consumo, siendo (muy en la tradición de Kirzner) las decisiones empresariales agregadas las cuales determinan la asignación intertemporal de recursos productivos, incluyéndose en dichas decisiones la estructura, evolución y utilización del stock de capital disponible.

La clave se encuentra en que dichas decisiones en su conjunto han de ser consistentes intertemporalmente con los planes de consumo de los agentes para que la economía se mantenga en equilibrio en el largo plazo. Para ello, una herramienta esencial en una economía de mercado son los precios, entre los cuales se encuentran los tipos de interés, ya que estos ejercen de señal para la coordinación intertemporal del consumo y la producción, es decir, de la oferta y la demanda.

Los tipos de interés: coordinación o descoordinación

Por su parte, los tipos de interés ejercen como mecanismo de señalización principal en el mercado de fondos prestables, siendo este en el que los agentes ofrecen sus ahorros tras tomar la decisión de posponer su consumo en el tiempo (a cambio de una rentabilidad en formato de tipo de interés) y los emprendedores demandan fondos para inversión (pagando por ello un tipo de interés), generando así producción futura. El precio de equilibrio en dicho mercado sería denominado como tipo de interés natural, Wicksell dixit. En dicho punto de equilibrio, la rentabilidad total percibida por los ahorradores sería igual al incremento de producción futura, posible a raíz de un empleo productivo de dichos ahorros, canalizados a través de proyectos empresariales generadores de valor en el largo plazo.

En todo este proceso, según los austriacos, serían los bancos centrales los principales culpables de la generación de recesiones, por su manipulación de los tipos de interés. Tras una reducción artificial de los tipos de interés, el boom de crédito que se generaría no tendría su raíz en un aumento de la propensión marginal al ahorro o un incremento previo de la oferta de fondos prestables, sino a una transferencia forzada de recursos entre ahorradores e inversores, generando, además, una mayor demanda de crédito para el consumo e inflando de manera artificial la demanda agregada. Parte de dicho incremento de demanda se podría ver satisfecho por aquellas industrias con una mayor elasticidad de oferta, pero no asimismo por aquellas con mayor rigidez en los procesos productivos, lo cual terminaría destruyendo tejido productivo y descompensando la estructura de la economía, conllevando a una recesión.

Reducir la intervención

Si bien es cierto que los austriacos consideran las recesiones económicas como algo inevitable e incluso sano para la economía en un escenario de desequilibrio, también consideran que, en una fase recesiva, una pérdida de confianza inversora y reducción del flujo de crédito por expectativas negativas puede intensificar la tendencia recesiva más allá de lo necesario para la reestructuración del tejido productivo.

Es por ello por lo que algunos austriacos, como era el caso de Hayek, defendían que en un escenario así una mínima intervención en forma de políticas contracíclicas en la economía era aceptable, ya que esto evitaría lo que catalogó como contracción secundaria, escenario en el cual en plena recesión, una mayor preferencia por activos líquidos por parte de los agentes económicos conduciría a un colapso de los niveles de demanda, caída del nivel de precios, y, consecuentemente, un agravamiento de dicha recesión; tal y como ocurrió en la Gran Depresión de los años 30.

En conclusión, tal y como hemos analizado en el presente artículo, la teoría austriaca del ciclo sitúa la creación artificial de liquidez por parte de los bancos centrales como causa nuclear de las crisis económicas, al generar niveles de inversión y consumo superiores al potencial productivo real de la economía. Además, dicha teoría establece que las políticas contracíclicas por parte de los bancos centrales solo contribuyen a atrasar y agravar la recesión, al no permitir que la recesión realice los ajustes estructurales necesarios en la economía para su retorno a un equilibrio dinámico, con la única excepción de la prevención de un escenario de contracción secundaria.