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Etiqueta: Venezuela

¿Podrá instaurarse en Venezuela un sistema económico liberal?

Este artículo está inspirado en la exposición original que, como conferencista, tuve la oportunidad y el honor de impartir gracias a la invitación del Independent Institute y de The Association of Private Enterprise Education (APEE), ambas instituciones estadounidenses, en el marco del 49º aniversario de esta última asociación, celebrado en la ciudad de Guatemala los días 7 y 8 de abril del presente año.

El título original de la conferencia fue: “Freedom Will Finally Come to Venezuela?”, lo que traducido al español sería: “¿La libertad finalmente llegará a Venezuela?”

La interrogante que planteaba el título de la conferencia nos condujo, más que a una respuesta concreta, a una serie de cuestionamientos que estábamos obligados a desarrollar frente a la audiencia. El objetivo era explicar el actual escenario político-económico venezolano no solo desde una narración de los hechos históricos que condujeron al país a su situación actual, sino también desde la continuidad de ciertas políticas económicas y comportamientos culturales que han prevalecido en la cultura sociopolítica venezolana desde principios del siglo XX, con reminiscencias incluso del siglo XIX.

A partir de esa experiencia, decidimos replantear la ponencia bajo el título: ¿Podrá instaurarse en Venezuela un sistema económico liberal? El propósito fue analizar si, en un hipotético escenario de cambio político, el país volvería a instaurar un sistema similar al que predominó entre 1958 y 1998 —el cual coadyuvó en gran medida a crear las condiciones para el ascenso del régimen de Hugo Chávez Frías— o si sería posible refundar un nuevo sistema económico sustentado en los principios del libre mercado, con menos regulaciones e intervenciones estatales distorsionadoras de la eficiencia económica, y enmarcado en un verdadero Estado de derecho.

Interrogantes planteadas

Durante la conferencia, abordamos las siguientes preguntas clave:

  1. ¿Tuvo Venezuela realmente un sistema democrático ejemplar y estable entre 1958 y 1999, que sirvió de referencia en América Latina?
  2. ¿Por qué se produjo el deterioro del sistema político venezolano y el ascenso de Hugo Chávez al poder?
  3. ¿Cuál ha sido la naturaleza del régimen chavista en sus aspectos políticos, económicos y culturales?
  4. ¿Existe una relación de continuidad entre los antecedentes históricos venezolanos —en lo político y económico— y la situación actual del país?

Respuestas a las interrogantes

1. La democracia venezolana (1958–1998)

Sobre la primera pregunta, resulta pertinente citar al historiador venezolano Germán Carrera Damas, quien en su obra “Venezuelan Democracy in Historical Perspective” sostiene:

Hasta 1958, Venezuela fue un ejemplo extremo de inestabilidad política o de gobiernos dictatoriales. Desde el inicio de su historia republicana en 1811, el país apenas había disfrutado de tres agitados años de gobierno democrático entre 1945 y 1948. Sin embargo, a partir de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958, se logró establecer en el país un ordenamiento que, con sus limitaciones y deficiencias, es el que más se ha acercado al ideal republicano y democrático buscado desde la independencia.

El sistema al que hace referencia Carrera Damas fue el de conciliación de élites políticas, conocido como el Pacto de Punto Fijo. Firmado el 31 de octubre de 1958 por los partidos Acción Democrática (AD), COPEI y URD, el acuerdo tuvo como objetivo estabilizar el incipiente sistema democrático tras la caída de la dictadura de Pérez Jiménez.

Este pacto estableció compromisos clave como:

  • Respeto al orden constitucional y a los resultados electorales.
  • Formación de gobiernos de unidad nacional.
  • Elaboración de un programa de gobierno mínimo común.

Pese a sus defectos, este modelo permitió elecciones periódicas y evitó la llegada de un nuevo dictador durante 40 años. Sin embargo, los partidos protagonistas —AD y COPEI— desarrollaron estructuras internas autoritarias y caudillistas. Aun así, la dinámica bipartidista se mantuvo dentro del marco democrático, con respeto general a las libertades civiles y a la oposición.

Durante los años 80 se implementaron reformas importantes, como la elección directa de gobernadores, alcaldes y concejales, lo que mejoró la representatividad y permitió la irrupción de nuevos partidos. En el ámbito educativo, se expandió el acceso a la educación pública y programas como las becas de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho permitieron a miles de jóvenes estudiar en universidades del exterior. Asimismo, se ejecutaron obras públicas de relevancia nacional como el sistema hidroeléctrico de Guayana y se consolidó PDVSA, que funcionó con eficiencia relativa pese a ser estatal.

2. El ascenso de Chávez y el colapso del sistema

No obstante, los logros anteriores no fueron suficientes para evitar el colapso del modelo. El sistema rentista y paternalista, sustentado en ingresos petroleros volátiles, gasto público ineficiente, deuda creciente e inflación, contenía en sí mismo las semillas de su autodestrucción.

La ausencia de un sector privado competitivo, la corrupción generalizada, el deterioro de los servicios públicos y el desprestigio de los partidos tradicionales generaron un creciente descontento en todos los sectores: pobres, gremios, empresarios y medios de comunicación.

La negativa de los partidos del “estatus” a reformar el modelo —por miopía, autocomplacencia o complicidad— impidió acciones drásticas, salvo por intentos parciales como las reformas del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, bloqueadas incluso desde su propio partido.

Todo esto abrió el camino al ascenso de Hugo Chávez Frías, quien capitalizó el descontento social y evocó el imaginario del caudillo salvador, instalando un nuevo régimen.

3. Naturaleza del régimen chavista

Hugo Chávez instauró un modelo autoritario sustentado en tres ejes discursivos:

  1. Deslegitimación del Pacto de Punto Fijo, señalado como causante de los males del pueblo.
  2. Invocación de un nacionalismo socialista bolivariano, con fuerte sesgo antiimperialista.
  3. Legitimación del poder mediante elecciones controladas, uso abusivo de recursos públicos y propaganda.

El chavismo reivindicó figuras como Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez, y se nutrió de ideologías de izquierda como el marxismo y el guevarismo. Se construyó así un régimen autoritario que utilizó mecanismos democráticos solo en apariencia.

4. ¿Ruptura o continuidad histórica?

¿Representó el chavismo una ruptura o una continuidad del pasado? La expresión “vino viejo en botellas nuevas” resume bien la respuesta. Muchos de los vicios del pasado persisten, aunque agravados:

  • Populismo y estatismo exacerbado.
  • Dependencia extrema del petróleo.
  • Corrupción sistémica y control absoluto de las instituciones.
  • Clientelismo político-empresarial.
  • Pérdida total de soberanía nacional, con alianzas con regímenes autoritarios y organizaciones cuestionadas internacionalmente.

¿Podrá instaurarse en Venezuela un sistema económico liberal?

La gran pregunta es: ¿podrá refundarse Venezuela bajo un modelo liberal y moderno o se repetirá el ciclo histórico de errores?

Hay dos indicadores contrastantes:

  1. Negativo: la mayoría de los actores políticos que se presentan como oposición provienen de estructuras fracasadas, incluyendo partidos como AD, COPEI, PJ, Voluntad Popular, entre otros. Muchos de sus dirigentes han servido más al régimen que a la libertad, proponiendo volver al viejo modelo que fracasó.
  2. Positivo: el liderazgo de María Corina Machado (MCM), que ha defendido postulados liberales y ha logrado conectar con una población agotada por el chavismo. Su visión representa una oportunidad única para construir una Venezuela distinta.

Conclusión

La única posibilidad real de transformación económica en Venezuela pasa por líderes con un compromiso serio con el liberalismo, como el que ha esbozado María Corina Machado. Solo mediante la reconstrucción institucional basada en la propiedad privada, la libre empresa, el Estado de derecho y una educación centrada en la responsabilidad individual, podrá Venezuela evitar repetir su historia.

La reflexión final es clara: ¿ha sido el socialismo, en cualquiera de sus variantes, generador de riqueza y estabilidad? La experiencia venezolana muestra con crudeza que no. Es el ejemplo de lo que ninguna nación debe aspirar a imitar.

Maduro: gobierno de facto / juicios de facto

Así como Nicolás Maduro mantiene un gobierno de facto, luego del írrito y fraudulento acto mediante el cual simuló juramentarse el pasado 10 de enero de 2025, habiendo perdido penosamente las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, de la misma forma, el sistema de justicia venezolano ya no realiza procesos judiciales orientados por los derechos a la tutela judicial efectiva y al debido proceso (artículos 26 y 49 de la Constitución, respectivamente), con el objeto de aplicar el Derecho; sino que, todos los integrantes de dicho sistema (jueces, fiscales, defensores públicos, funcionarios policiales), ahora realizan -simple y llanamente- juicios de facto.

En efecto, los derechos y garantías constitucionales que guardan relación con los procesos judiciales -en especial, los procesos penales seguidos por motivos políticos- son una pura ilusión. Partiendo de tipos abiertos como los previstos en la Ley Contra el Crimen Organizado y Financiamiento al Terrorismo, la Ley Contra el Odio, o Ley contra el Fascismo, prácticamente cualquier conducta que a juicio del régimen madurista sea contraria a sus intereses, resulta que es terrorista, fascista o fomenta el odio. Dichas leyes, por cierto, aparte de ser abiertamente inconstitucionales y contrarias a los tratados internacionales en materia de derechos humanos, son un desvío de la aplicación del Código Penal y el Código Orgánico Procesal Penal, normas más transparentes, con tipos más claros, y con un procedimiento -en líneas gruesas- más garantista.

Secuestros y torturas

Y luego, por supuesto, viene la aplicación como tal de estos “monumentos legales”. En la Venezuela de Maduro, se puede secuestrar a una persona en la calle (sin flagrancia, sin orden de captura), por funcionarios vistiendo capuchas. Luego “ruletean” (i.e. -en la jerga venezolana- llevan de un lugar a otro) al detenido, sin conocimiento de sus familiares y/o allegados. El plazo constitucional de 48 horas para detenciones preventivas no se aplica y, llegado el caso, lo que tienen lugar son audiencias judiciales express, muchas veces ante tribunales incompetentes en zonas distantes, que, luego, terminan declinando la competencia en otro tribunal (todo con el propósito de “cumplir” con la presentación judicial del detenido). Dichas audiencias suelen celebrarse a altas horas de la noche, o fines de semana incluso, sin testigos, sin posibilidad de designar abogado de la confianza del reo. Puros y simples paredones judiciales.

Para finalmente llegar a los centros de reclusión: antros inseguros e insalubres, donde mezclan a presos políticos con presos comunes. Donde no hay comida, ni derecho a recibir visitas. Y- lo más destacado de la Era Maduro- donde se practican distintos y sofisticados métodos de tortura, siempre con un “comodín” o vía (supuestamente) escapatoria: grabar un video donde el detenido se autoinculpe.

Extorsión

Un vídeo en el que exprese que algún líder opositor le conminó a generar todo el mal en la Tierra. No olvidemos lo siguiente: mientras dura la privación de libertad, se extorsiona a presos y familiares permanentemente. Puede ser para cuestiones rutinarias como que “no les molesten” durante su reclusión, sea para lograr una excarcelación (los funcionarios del régimen tampoco son muy proclives a mantener sus promesas y hay todo incentivo posible para la corrupción y el fraude).

Grosso modo, es el juicio de facto que aplica el gobierno de facto.

Las democracias del mundo tienen el doble imperativo de ayudar a los venezolanos a detener esta pesadilla, así como de no incurrir jamás en estas prácticas abyectas en sus propios países, para no convertir su justicia también en una justicia de facto.

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La represión en la Venezuela socialista no tiene límites. (Sairam Rivas).

Crisis en Venezuela. (Miguel Anxo Bastos).

La represión de la Venezuela socialista no conoce límites

Por Sairam Rivas. El artículo La represión de la Venezuela socialista no conoce límites fue publicado originalmente en CapX.

Esa llamada me produjo escalofríos. Aunque sabíamos qué podía ocurrir, no es fácil levantar el teléfono y oír que tu compañero —en la vida y en la búsqueda de la democracia en Venezuela— ha sido detenido.

El 10 de diciembre, hombres encapuchados se llevaron por la fuerza a Jesús Armas de una cafetería de Caracas en una camioneta sin matrícula en plena noche. Irónicamente, han detenido a Jesús, un ingeniero de 35 años que desde sus días como dirigente estudiantil dedicó su vida a intentar restaurar la democracia y proteger los derechos de las víctimas de abusos en nuestro país, el Día de los Derechos Humanos.

Hemos visitado oficina tras oficina, centro de detención tras centro de detención, sólo para que nos digan que no está allí. Según el derecho internacional, esto constituye una desaparición forzada. Más de un día después, un alto funcionario confirmó en televisión que estaba detenido por el régimen de Nicolás Maduro, pero las autoridades no han permitido que su familia o su abogado lo vean.

El régimen ha acusado a Jesús de participar en actividades violentas contra el gobierno. ¿La supuesta fuente? Un «patriota cooperante» anónimo, un concepto inventado por el régimen de Maduro para fabricar expedientes penales contra opositores en un país donde el poder judicial, que es un apéndice del poder ejecutivo, se utiliza para procesar y detener injustamente a opositores.

Jesús Armas

La detención de Jesús está recibiendo una amplia condena internacional, dado sus múltiples vínculos con el extranjero, entre ellos haber estudiado en la Universidad de Bristol con una beca Chevening. Pero su caso dista mucho de ser excepcional. Es uno de los más de 1.900 presos políticos que hay actualmente en Venezuela. Mientras se pone a algunos en libertad, a veces condicional y aún sujetos a enjuiciamiento, otros permanecen detenidos. Ello contribuye a una puerta giratoria que lleva años girando.

Desde que la oposición ganó las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, a pesar de que no fueron libres ni justas, la represión se ha intensificado. Las autoridades han acorralado a críticos y opositores, han detenido a personas en la calle para registrar sus teléfonos móviles y comprobar si tienen chats de WhatsApp en los que apoyan a la líder opositora María Corina Machado, y han anulado pasaportes para prohibir a los críticos salir del país. Se somete a los detenidos a terribles condiciones y brutales abusos.

No nos rendiremos

Aunque la represión se ha intensificado en los últimos meses —y probablemente empeorará en vísperas del 10 de enero de 2025, cuando Edmundo González, el presidente electo, debe tomar posesión—, nada de esto es nuevo. De hecho, forma parte de un patrón sistemático de violaciones de derechos humanos que ha llevado a expertos independientes de la ONU a concluir que existen pruebas de que en Venezuela se están cometiendo crímenes de lesa humanidad y al fiscal de la Corte Penal Internacional a abrir la primera investigación sobre tales crímenes en América Latina. De hecho, en 2014, durante el primer pico de la represión bajo Maduro, estuve detenido 132 días por haber liderado protestas estudiantiles contra el gobierno. Sé perfectamente lo difíciles y brutales que son estas detenciones, y por lo que está pasando Jesús.

A pesar de los crecientes riesgos a los que nos enfrentamos quienes luchamos contra la dictadura de Maduro, no nos rendiremos. Los venezolanos nos movilizamos para votar por el cambio en julio, y merecemos ver a nuestro gobierno electo tomar posesión en enero, sin presos políticos en las cárceles venezolanas.

Estamos haciendo nuestra parte. Pero para que Jesús y todos los demás detenidos injustamente sean liberados, y para que Venezuela vuelva a la transición democrática, necesitamos que la comunidad internacional esté con nosotros. Esto significa ir más allá de las expresiones de preocupación y elevar el costo para el régimen de continuar por este camino brutalmente represivo – que sólo beneficia a un puñado de personas en el poder que hoy pueden sentir que tienen un cheque en blanco para consolidar una estructura criminal que ha contribuido a la mayor crisis migratoria en las Américas.

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Crisis en Venezuela. (Miguel Anxo Bastos).

El tropiezo del dictador

Hace unas semanas fue noticia en todo el mundo la XVI Cumbre de los BRICS (acrónimo en referencia a las iniciales de Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), celebrada en la ciudad rusa de Kazán. El ruido incómodo que se produjo a propósito del acto se debió a una razón más pueril que anecdótica, la marginación del dictador Nicolás Maduro.

El tirano, pensándose fuerte a lado de aquellos a quienes puede considerar sus compañeros de viaje, aterrizó en la exótica ciudad rusa con una comitiva completa a su servicio para asegurarse un sitio privilegiado en el evento de países ‘no alineados’: tres aviones de la aerolínea estatal Conviasa –esposa incluida– a su disposición. El objetivo de semejante despliegue era su blanqueamiento en un contexto en el que su denostada imagen internacional busca sobrevivir tras el fraude electoral perpetrado por su gobierno en julio pasado.  

Como antesala orquestada para abonar el terreno días antes de su desembarco, había aterrizado en la misma ciudad Delcy Rodríguez, vicepresidenta de gobierno y una de las operarias más sanguinarias del régimen con la misión de convencer a los miembros de la organización de que Nicolás Maduro es un socio confiable, que la economía venezolana muestra signos de estabilidad y crecimiento, que lo que había ocurrido en julio tras las elecciones era cosa del pasado y que la persecución política registrada a día de hoy como consecuencia de aquel acontecimiento es solo una represalia menor que no amerita mayor discusión.

La estrategia del dictador

Para el dictador bolivariano formar parte de la alianza suponía una vía posible para sortear las sanciones internacionales, suscribir acuerdos de financiamiento que pudieran paliar el colapso económico de su país y emanciparse del lastre que arrastra tras su desvergonzado fraude y las consecuencias políticas suscitadas a propósito de ello: el mantra de las sanciones irá in crescendo sobrevolando su cabeza, padecerá las presiones regionales porque la migración no cejará, y su economía penderá de los hilos que se tejen en los sitios que él defenestra –el precio del petróleo lo marca el mercado imperialista–. Atrás quedaron los días de gloria del comandante.  

Maduro se había propuesto ingresar por la puerta grande y terminó sucumbiendo en una orfandad desangelada en su viaje de regreso a Caracas. Sin duda, se trata de un golpe duro para el dictador, que consideraba que podía salirse una vez más con la suya en un contexto, más bien, amigable donde la resonancia alrededor de la retórica putinesca cobra especial importancia y es el centro de atención.  

La alianza de los BRICS se concibió en sus inicios (2006) con la idea de que sus miembros fomenten entre sí acuerdos económicos y de comercio internacional. Se haría bajo el paraguas de una estrategia geopolítica: ejercer de contrapeso frente a un Occidente extenuante representado por el G7, y ser la fuente de referencia de lo que se ha definido como el ‘Sur Global’ para aquellos países que estiman que la actual arquitectura institucional multilateral no les toma en consideración.

No todos anti occidentales

El tufo autocrático se percibió en los pasillos de la Cumbre orquestada por el Kremlin. Pero sería un error pensar que esta organización se creó con el fin último de representar el anhelo anti-occidental de algunos. De Rusia, China e Irán cabe predicar antagonismo a Occidente. En cambio, para otros, como India como potencia al frente del bloque dialogante, se resiste cualquier encajonamiento ‘conmigo o contra mí’. El país del abrazador Narendra Modi es ‘no-occidental’, no ‘anti-occidental’.

La autoconfianza puede ser peligrosa cuando no se evalúa posibles daños colaterales, pues quizás lo más duro de canalizar en el fuero interno del dictador caribeño fue el veto tajante y explícito de Brasil a la propuesta de su gobierno para su adhesión a los BRICS. Es probable que, de no haber resultado esta adhesión por otras razones, se hubiese contado el resultado como una anécdota más del caudillo a quien los pájaros hablan. Pero el hecho de que fuese el país ‘amigo’ aquel que suplantó sus pretensiones eleva el coste político de sus consecuencias y ratifica el hecho de que el gobierno de Maduro carece de legitimidad, incluso entre quienes un día asumieron su defensa.

El aislamiento

El aislamiento no es un problema para los dictadores cuando se produce. Puede operarse a través de sanciones internacionales impuestas para frenar su comercio e intercambio, o por medio de su marginación de los grandes eventos de la política internacional y su influencia en ellos. El motivo es que Maduro emana hostilidad allí donde va. No puede considerarse un referente ideológico (nunca lo fue) ni práctico de una izquierda latinoamericana que busca a ciegas un soporte donde reclinar la cabeza, y que la repulsa que genera es solo una parte sustancial de lo que en fondo representa: uno de los autoritarismos más rancios del continente.

Su soledad se extenderá a lo largo del tiempo de forma indefinida. Maduro fue derrotado en las urnas y, a pesar no existe certeza alguna de lo que pueda ocurrir el 10 de enero, si insiste en asumir una presidencia ilegítima agudizará su persecución, lidiará con una crisis económica afligida por el intervencionismo, aceptando un destino labrado por él mismo y el séquito del hampa latinoamericano: Caracas se parecerá cada vez más a La Habana, a costa de la vida y la supervivencia de los venezolanos.

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Crisis en Venezuela. (Miguel Anxo Bastos).

No, Maduro no se hizo capitalista cuando convirtió en dictador. (Marcos Falcone).

Nicolás Maduro suma al menos 726 muertos en su balance como dictador. (Antonio José Chinchetru).

No, Maduro no se hizo capitalista cuando se convirtió en dictador

Por Marcos Falcone. El artículo No, Maduro no se hizo capitalista cuando se convirtió en dictador fue publicado originalmente en FEE.

En los últimos meses, Venezuela ha estado en el punto de mira mundial, lamentablemente por malas razones. A pesar de la presión internacional, el dictador Nicolás Maduro se negó a rendirse, incluso después de que quedara claro que había perdido las elecciones presidenciales del 29 de julio por un margen de más de 30 puntos. Llegó incluso a obligar supuestamente a su rival, Edmundo González Urrutia, a firmar una carta concediendo la victoria a Maduro como condición para su huida al exilio en España.

El rechazo de Maduro en las urnas ha desconcertado a socialistas y otros partidarios del régimen, ya que el país había sido aclamado en repetidas ocasiones como un modelo para el resto del mundo. En ese contexto, algunos en la izquierda estadounidense han sugerido que la razón detrás del fracaso de Maduro no son sus políticas socialistas, sino más bien el hecho de que de alguna manera «se volvió capitalista» en los últimos años. Spoiler alert: no lo hizo.

Justo antes de las elecciones, Alternativa Socialista afirmó que las «relaciones capitalistas» estaban intactas en Venezuela, lo que supuestamente explicaría la grave situación económica del país. La idea se generalizó en la izquierda. De hecho, en un artículo aparecido en el New York Times justo después de las elecciones se leía:

En los últimos años, el modelo socialista ha dado paso a un capitalismo brutal, dicen los economistas, con una pequeña minoría conectada con el Estado que controla gran parte de la riqueza de la nación.

Nicolás Maduro, socialista de amiguetes

¿Qué podría hacer pensar a alguien que Maduro, que es el líder del Partido Socialista de Venezuela y defiende públicamente el socialismo para que el mundo lo vea, ha abrazado el capitalismo de libre mercado? Esta confusión tiene su origen en dos elementos: el auge del capitalismo de amiguetes, intrínsecamente ligado a las políticas socialistas, y la dolarización parcial, que el régimen de Maduro ha sido lo suficientemente inteligente como para permitir con el fin de contrarrestar las desastrosas consecuencias de su propia administración.

El socialismo implica inevitablemente la planificación central. Sin embargo, como explicaron tanto Ludwig von Mises como Friedrich A. Hayek a principios del siglo XX, las economías planificadas centralmente están condenadas al fracaso. ¿Por qué? Abrazar plenamente el socialismo significa que el Estado debe asumir la propiedad de todo lo que se quiera poseer, pero al hacerlo se elimina la propiedad privada y, por tanto, los mercados.

El problema es que, como los mercados transmiten información a la gente a través de los precios, ya nadie sabe lo que es abundante o escaso. Si no se puede comerciar con nada y todo es propiedad del Estado, ¿cómo podemos estar seguros de que construir un puente de hormigón será más barato que utilizar oro? La única forma de mantener a flote una economía así es buscar en otros contextos en los que todavía existen precios orientativos, como los mercados negros.

Dolarización

En Venezuela, tanto el capitalismo de amiguetes como la dolarización han mitigado lo que habría sido un colapso total de la economía si el gobierno se hubiera limitado a confiscar toda la propiedad privada. Los capitalistas amiguetes han surgido porque la élite gubernamental quiere mantener su lujoso estilo de vida y el resto de la gente sigue necesitando alimentarse, así que alguien tiene que encargarse de ello. Y como las normas impuestas por el gobierno hacen que sea imposible dirigir con éxito un negocio legalmente, el régimen se limita a mirar hacia otro lado mientras ayuda a sus amigos a enriquecerse y a otros a sobrevivir a duras penas. Como aprendió el régimen cubano, tolerar los mercados negros puede salvar a un régimen autoritario del colapso total.

Del mismo modo, la dolarización es el método a través del cual los venezolanos de a pie evitan la tiranía del bolívar, la moneda impresa por el gobierno incluso después de la hiperinflación que provocó entre 2016 y 2021. En Venezuela es ilegal comerciar en dólares, pero los supermercados y muchos otros negocios en todo el país lo hacen de todos modos. Si no lo hicieran, y si se vieran obligados a utilizar una moneda que pierde valor constantemente, no comerciarían en absoluto. En este caso, el gobierno también mira para otro lado.

Eterno desprecio hacia el libre mercado

Pero ni la existencia del capitalismo de amiguetes ni el limitado proceso de dolarización significan que Venezuela haya liberalizado su economía. Al contrario, el país sigue cerrado a los negocios tanto dentro de sus fronteras como en el extranjero. Venezuela ocupa el puesto 165 en el Índice de Libertad Económica del Mundo del Instituto Fraser, el más bajo de todos los países medidos. La libre competencia que caracteriza al capitalismo de libre mercado sigue sin aparecer en la economía venezolana, y la propiedad privada sigue existiendo sólo de nombre. En este contexto, la muerte de la democracia venezolana no es sorprendente. Todo el poder reside en el régimen de Maduro, y nadie puede contrarrestarlo.

Al mirar hacia otro lado después de destruir la economía de Venezuela, lo único que ha conseguido el régimen de Maduro es detener el colapso que provocó. El gobierno es lo suficientemente inteligente como para entender que las consecuencias lógicas de sus políticas le habrían hecho perder los pocos votantes que aún conserva. Pero ni Maduro ni su régimen se han vuelto capitalistas. Desprecian el libre mercado tanto como siempre.

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Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalismo (XCV): crisis en Venezuela

La actual crisis venezolana, causada por la falta de voluntad del régimen actualmente en el poder de querer aceptar los resultados electorales de las elecciones presidenciales celebradas a fines de julio, es un magnífico ejemplo para poder observar y comprender como es el funcionamiento de un estado e ilustrar alguno de los temas que se han ido tocando en otros artículos publicados aquí.

Parto, como siempre de algo que debería ser obvio, que si bien  no todos los estados son iguales en su comportamiento con la ciudadanía o con otros estados, si comparten algunos rasgos en común, y que se pueden percibir mejor en los que ejercen el poder en su forma más cruda y despiadada, como es el caso venezolano, que en los que ejercen su dominación de forma mucho más suave, y por consiguiente de forma mucho más inteligente.

Obviamente no simpatizo nada con el régimen actual de Venezuela y entiendo que sería deseable un cambio hacia una forma más suave de dominio. Básicamente porque entiendo que la situación material de los venezolanos mejoraría bastante, por lo menos para que no tuviesen que abandonar el país para poder sobrevivir, y también porque sus libertades se verían mucho menos recortadas y por lo menos podrían expresar sus reclamas sin verse encarcelados o disueltos a palos. No soy maximalista y sé ver cuando hay una mejora, aunque no se corresponda con la postura ideal que defendemos aquí. Y entiendo que un cambio de régimen lo sería sin duda alguna, por lo menos a corto y medio plazo.

Una élite bien cohesionada

Una vez establecida mi simpatía por el cambio de gobierno en venezuela, y establecido que el gobierno legítimo es el que ha ganado las elecciones, creo que es bueno analizar los mecanismos de poder del régimen de Maduro desde nuestro punto de vista, algo que no siempre es fácil de observar. Los fenómenos de transición y cambio de régimen, a veces acompañados de una disolución temporal del estado no abundan, y menos en nuestro entorno cultural en el que podemos leer los medios y entender los discursos y los gestos de los gobernantes. Al compartir idioma y algunos rasgos culturales se hace más fácil estudiar el fenómeno en Venezuela que en Birmania, por poner otro ejemplo de dictadura en problemas.

Lo primero que podemos constatar es la existencia de un bloque de poder muy cohesionado. Vemos que el aparato político del régimen, sus elites funcionariales, su judicatura y fuerzas armadas parecen respaldar de momento al régimen sin fisuras. Y esto hace que si quieren resistir, la contraélite, compuesta principalmente de políticos de oposición, esto es forman parte de la élite política pero hace tiempo que no desempeñan puestos de poder, tiene de momento poco que hacer. Salvo que la actual clase política gobernante se divida y se pase a la oposición para intentar de esta forma conservar sus puestos de mando.

El manual del dictador

No sería nada extraño, a cualquiera que observase la transición de dictaduras a democracias en la historia mundial reciente se daría cuenta de que muchos dirifentes de grado medio de una dictadura, incluyendo corruptos y represores, permanecen en sus puestos después de la transición. En las fuerzas de seguridad y servicios secretos el fenómeno destaca aún más dado que son ellos los encargados por los dictadores de reprimir a la población y a las fuerzas opositoras. O sea, que en caso de transición venezolana muchos cambiarían de bando, dirían que siempre fueron maduristas moderados y que cumplían órdenes a desgana y que compartían  en el fondo los ideales de los opositores.

La razón de que las elites estén tan bien cohesionadas ya fue explicada en esta serie de artículos hace tiempo, y se basa en que el cemento que los une es bien la ideología bien los intereses económicos, o ambos a la vez en proporciones variables para cada uno de los actores clave. Esta lógica de funcionamiento ha sifo magistralmente analizada en libros como El manual del dictador de Bruce Bueno de Mesquita, o aplicada a Iberoamérica por Stanislav Andreski: Parasitismo y subversión en América Latina. Libro, por cierto, reeditado el año pasado en Chile en Edisur. En esta edición, el autor figura como Andresky por si alguien está interesado en consultarlo.

Estabilidad por medio de la corrupción

La idea de estos autores es que los dictadores compran la lealtad del resto de la clase gubernamental permitiéndoles obtener rentas a través de prácticas corruptas o a través del control de empresas públicas de las que extraen beneficios. Podría ser el caso de la empresas nacionales de petróleo o de otras empresas extractivas como minas, la concesión de monopolios o barreras al comercio a los miembros clave de la clase dominante. Y por supuesto no hace falta decir que si es un narcoestado y vende su cooperación con las grandes bandas de traficantes (si no es que son los miembros del estado las que la organizan)  la cantidad de la que se dispone para comprar lealtades entre todos sus integrantes se multiplica.

Los integrantes del estado tienen así un gran incentivo a actuar de forma unánime y sin divisiones. Pues saben que si pierden el poder no sólo van a estar en peores condiciones con el nuevo gobierno, sino que pueden acabar presos o exiliados, de tener que irse por las malas. Y saben que otros, próximos al nuevo gobierno, ocuparán su lugar. Lo harán, sin duda, con menor grado de corrupción.

Pero sin eliminarla del todo. Pues incluso los gobiernos democráticos y transparentes hacen uso de ella como elemento de cohesión interna. Salvo, claro está que Venezuela se convirtiese, tras la transición, en el primer país del mundo en eliminar estas prácticas por completo. No existe estado en la tierra desprovisto del todo de estas prácticas. Lo que varía es el grado de penetración de la misma, esto es si afecta a los escalones bajos de la administración,como policías o funcionarios, o no.

Estados teleológicos

Los estados pueden estar cohesionados también por ideologías o creencias religiosas comunes. Sirven de refuerzo a los incentivos económicos. Y es algo relativamente frecuente en los estados que Oakeshott denomina teleocráticos; esto es, que están orientados a un fin concreto. Los estados socialistas, en teoría, estaban orientados a construir el socialismo dentro de sus respectivos países. Y las teocracias orienta la actuación de sus estados  a construir una sociedad orientada a principios religiosos, como podría ser el caso de Irán. Repito que la existencia de estos fines no excluye la necesidad de reforzar la motivación religiosa con algún tipo de privilegio económico para la clase política.

En el caso venezolano, no percibo en el discurso de sus dirigentes una clara visión telocrática. Pues más allá de ambiguas referencias al socialismo del siglo XXI, y que me perdone Atilio Borón, no las veo concretadas en ninguna parte, más allá de políticas circunstanciales y contradictorias orientadas a salir del paso en cada momento. No se puede constatar, al menos en el ámbito discursivo, un manejo fluido de las categorías socialistas ni un compromiso creíble con las mismas. Más bien veo un uso oportunista de esas ideas para intentar legitimar el poder. Pero nada comparable a lo que se podía ver en los antiguos regímenes socialistas del espacio soviético.

No es el caso de Venezuela

No me atrevo a valorar si esto es algo que pueda favorecer el cambio de régimen. Si la élite del poder venezolana está unida principalmente por factores económicos en principio bastaría con ofrecer a esta la conservación de sus rentas, sean estas obtenidas o no de forma honrada, para conseguir que acepten un cambio de régimen sin necesidad de derramamiento de sangre. Pero el problema podría ser que no se fiasen o que entendiesen que el cambio empeoraría su situación actual. Y viendo que la oposición carece de fuerza para arrojarlos del poder decidiesen mantenerse en el mismo.

Si estuviesen cohesionados por ideas, podría ser en algunos casos más fácil. Intentaré explicarme. Las personas ideologizadas se mueven por ideas y principios. Y aunque les guste el dinero, no es su principal preocupación. Las transiciones en al antiguo espacio comunista fueron facilitadas porque muchos de los miembros de la élite política primero fueron comunistas y luego, con el tiempo, se desencantaron de la idea y abrazaron ideas de mercado. Una vez abrazadas éstas, colaboraron de forma entusiasta, pero además con experiencia política, en las adopción de las medidas políticas y económicas que llevaron a la adopción en muchos de esos países de economías libres.

Una salida negociada para los dirigentes de la dictadura

No todos los cambios de ideas fueron con oportunismo, aunque también pudo haberlo. También por el cambio de ideas. Es por eso que intuyo que la transición cubana será también paradojicamente más fácil y contará con la cooperación de miembros de la actual élite. Nada de esto puedo percibir en la élite venezolana dado que intuyo no tiene una formación téorica semejante a la de los líderes comunistas europeos. Entiendo que se trata más de la típica elite extractiva, del estilo das que analizan Acemoglu y Robinson en El pasillo estrecho y en Por qué fracasan los  países. De modo que cualquier negociación con ella tendrá que hacerse en esos términos, con cooperación internacional para facilitar su salida, sin persecuciones penales. Es lo que se hizo siempre en esos casos.

Poco más que esto puede hacer la oposición, pues un pueblo desarmado poco puede hacer frente a una élite organizada y armada. Esto es un estado. Salvo que la rebelión sea masiva y en todos los órdenes, como quería La Boetie. O sea, la vieja idea anarquista de la huelga general. De darse, el gobierno caería por falta de recursos para sostener su aparato militar y represivo. Y este se descompondría. La presión internacional en forma de sanciones al país poco puede hacer. Pues, de darse, afectaría principalmente a la población, como ya se vio decenas de veces, y muy poco a los gobernantes.

No parece haber alternativa

Tendrían que ser diseñadas sólo para la clase dominante, y eso no es tan fácil. Rara vez consigue más objetivo que empeorar algo la vida de los tiranos de tener éxito. Nunca vi caer una dictadura por sanciones, lo normal es que caigan por diputas internas dentro de ella tipo golpe de estado, o que lo hagan por una negociación con la élite.

Sé que es injusto, pero es la lógica de funcionamiento de los estados y acostumbra a ser la más eficaz. Y, dentro de lo malo, también la más pacífica. No hay casi nada nuevo en política y me temo que esta no va a ser una excepción. Pero, eso sí, estoy seguro de que con todos sus males va a ser para mejor. Y de hacerse bien, Venezuela volverá a prosperar. No le veo mucho futuro a Maduro, pues lo costes de gobernar le son cada vez mayores al carecer de una mínima legitimidad y son este tipo de cosas las que hacen tambalear con el tiempo a la clase dominante.

Ver también

Más allá de la líder María Corina Machado

El alcance del impacto histórico de un individuo adquiere mayores dimensiones en el transcurso de una terrible conmoción política o inmediatamente después de ella, cuando las estructuras se desmoronan

Ian Kershaw, Personalidad y Poder, Editorial Critica 2022

El excelente, valiente y original liderazgo de María Corina Machado (MCM), la indiscutible líder opositora venezolana, ha roto todos los esquemas de los últimos 25 años en la vida política venezolana. MCM no sólo ha marcado unas pautas inéditas, sino que está sirviendo como el ejemplo de un liderazgo, no sólo de alcance regional sino global en el accionar político-ideológico, contra regímenes de tendencia autoritarias y totalitarias como el que actualmente impera en Venezuela.

Las coyunturas y la personalidad política de los lideres

Las condiciones objetivas en cuanto a lo que se refiere a factores socioeconómicos y políticos han sido un factor indispensable sobre los cuales ha calado el surgimiento y caída de muchos de los grandes liderazgos políticos a lo largo de la historia contemporánea de la humanidad. Respecto a este tema valdría la pena mencionar al historiador británico Ian Kershaw, el cual expone en su obra Personalidad y Poder, Editorial Critica 2022, interesantes criterios de análisis, respecto al ascenso, caída y alcance de importantes liderazgos políticos europeos del siglo XX.

Los ejemplos mencionados por Ian Kershaw respecto a cómo las coyunturas políticas determinan el ascenso y caída de grandes líderes, van más allá de sus personalidades políticas.  Planteándolos a través, de las siguientes interrogantes ¿Son los líderes producto de circunstancias históricas conflictivas? Muchos de ellos según el mencionado autor, si lo han sido. Cita como ejemplo el caso del paladín de la revolución rusa entre otros líderes europeos del siglo XX. Pues de no ser por la Primera Guerra Mundial, Lenin no habría hecho la revolución, ni Mussolini habría instaurado una dictadura fascista, y Hitler seguramente ni siquiera habría logrado tener un empleo digno, al igual que Stalin.

Franco habría continuado con su carrera militar de no ser por el descalabro de España del 36. Al igual que De Gaulle: de no haber se producido la invasión a Francia en 1940 no hubiese emergido como el gran líder francés durante la Segunda Guerra Mundial. Y, en el caso de Winston Churchill, no hubiese llegado a primer ministro de no ser porque el Reino Unido requería con premura un líder para la guerra.

La impronta del líder

No, obstante a esto, la personalidad de los líderes independientemente de su tendencia ideológica, ha desempeñado un papel determinante en sus ascensos dentro de sus referidas sociedades y coyunturas históricas, pues sus:  planteamientos, carisma personal, y conexión con las grandes masas, han sido los principales factores que les permitió a estos, lograr el apoyo popular que los catapultó como conductores, sea para bien o para mal de sus respectivos países.

Es interesante destacar la categorización que Ian Kershaw hace de esos liderazgos políticos en cuanto a su alcance geográfico y legado histórico, los cuales los divide en tres grupos.  En el primero, el citado autor hace reseña de los grandes dictadores que operaron a gran escala y obtuvieron un impacto global en Europa: Lenin, Stalin, Hitler y Mussolini.

En segundo lugar, Kershaw menciona a los que dejaron una huella solo a nivel nacional como fue el caso de Franco y Tito. Y finalmente, hace referencia a los líderes europeos, principalmente democráticos del siglo XX como: Churchill, De Gaulle, Adenauer, Thatcher, Kohl y Gorbachov los cuales no sólo impactaron en sus ámbitos nacionales, sino globalmente en mayor o menor grado en cuanto a su obra y legado se refiere. Cabe destacar que el caso de Gorbachov fue especial, pues el mismo emergió como un líder sin igual en la historia contemporánea, irrumpiendo del seno del más obsceno totalitarismo, como lo fue el de la Unión Soviética, y el cual terminó de desmontar con su política del glasnost y la perestroika.

María Corina Machado, líder

El liderazgo de (MCM) denotado no sólo por su valentía, sagacidad y persistencia personal, sino porque el mismo ha tenido explicita e implícitamente un fundamento ideológico, ético y moral, sustentado en los principios más elementales del pensamiento económico y político del liberalismo como corriente ideológica. Algo que no sólo ha marcado un punto de ruptura con el actual régimen venezolano, de los últimos 25 años caracterizado por sus políticas socialista y estatistas.

Los más relevante y heroico de todo este liderazgo audaz, es que se da en el marco de un entorno jurídico-institucional totalmente adverso y violento a cualquier disidencia política. Donde la líder ha presentado una propuesta político-económica diametralmente opuesta a la existente en Venezuela. Logrando que el grueso de los bastiones tradicionalmente chavistas entendiese la inviabilidad y falsedad ideológica del modelo estatista socialistoide que vendió el régimen como el mar de la felicidad. Todo esto ha terminado marcando un hito político sin precedentes y de difícil materialización.  

Paradójicamente este ha sido el momento histórico donde se ha producido la conjunción perfecta, que a toda luz parecía imposible, para que una Venezuela, destruida material y moralmente, renazca bajo un liderazgo conducido por una mujer sin igual en la historia venezolana. Convirtiéndose así en un referente de alcance mundial aún más heroico que el caso argentino, dada las dificultades y la naturaleza de régimen venezolano en el poder, que son más desafiantes, que las enfrentadas por el Presidente Milei en Argentina.

Chávez como líder y el legado global de su régimen

El mismo patrón descrito arriba, y ejemplificado por el mencionado historiador inglés, cuando hace referencia a los dictadores europeos del siglo XX, lo podemos encontrar en el ascenso de Chávez como líder de un movimiento político-militar, de corte totalitario e izquierdista. El cual surgió en un entorno histórico de desgaste y desencanto por parte de las de las instituciones democráticas que imperaron en Venezuela entre el año 1958 a 1999. Sin pretender a entrar en una evaluación más detallada, de la multiplicidad de factores que incidieron en esa decadencia, solo lo destacaremos como la coyuntura política-social en la cual Chávez surgió como líder político y sobre la cual aró su ascenso al poder.  

Es relevante destacar que al igual que algunos de los dictadores europeos arriba distinguidos y salvaguardando la diferencia de las coyunturas históricas y políticas que conllevaron a sus ascensos y caídas. La dictadura chavista y su régimen terminaron generando unos efectos negativos en mayor o menor medida a escala global, que han ido desde las migraciones forzadas por razones políticas y económicas de la población venezolana, pasando por la destrucción de la economía de Venezuela, hasta la penalización de los principales dirigentes políticos y militares del actual régimen, los cuales enfrentan diversos cargos criminales no sólo en los EEUU, sino ante la Corte Penal Internacional.  Conformándose, así como un mal referente de alcance global.

Lo que se juega el orden internacional liberal

El actual escenario internacional difiere mucho de lo que fue la Guerra Fría, y el orden internacional liberal que lidero el mundo libre en aquel entonces. Con el ascenso de nuevos y viejos actores con diferentes matices políticos, económicos y pretensiones geopolíticas. Sumado esto a las debilidades y falencias internas que se han presentado en el seno de las sociedades mismas que en otrora sirvieron de base fundamental para el citado orden, se han venido socavando las bases ideológicas y económicas de este orden.

 Este escenario internacional ha servido de aliciente para la permanencia en el poder de regímenes como el venezolano. Pues las reacciones hasta ahora mostrada por los principales ejes del poder en los Estados Unidos y Europa y sus más cercanos aliados, no parecen estar acordes con la magnitud de la amenaza que representaría la consolidación de un fraude electoral como el que actualmente se tratar de instaurar en Venezuela. Si es cierto que un grupo significativo de gobiernos latinoamericanos han presentado un importante apoyo a la causa libertadora en Venezuela, ninguno de los mismo tiene, ni el potencial, económico, ni diplomático, ni mucho menos militar para revertir la difícil situación venezolana.

Otro elemento por destacar es el de los incumplimientos del régimen venezolano de varios de los acuerdos internacionales, que han sido refrendados para establecer un marco de soluciones diplomáticas, y democráticas a la crisis venezolana. Saliendo el mismo, hasta ahora airoso con la ayuda de sus aliados internacionales, y de su férreo control interno de todas las instituciones en Venezuela.

Las secuelas de estas fallas y omisiones van más allá del alcance geográfico venezolano. Ya lo hemos mencionado antes. La trascendencia de la crisis venezolana es global.

Conclusiones

Todo este escenario de efectos negativos de alcance mundial con diferentes matices e incidencias, ha representado un foco de inestabilidad política y conflictividad diplomática principalmente a nivel del continente americano. De no haber una respuesta más contundente por parte de actores fundamentales, como lo son los  EEUU y la Unión Europea a la solución de la crisis venezolana, respecto  el reconocimiento del triunfo del candidato opositor Edmundo González Urrutia y de  la dirigente opositora MCM, el conjunto de naciones latinoamericanas y los Estados Unidos, principalmente y sus respectivas sociedades,  seguirán sufriendo los efectos negativos de todas las malas indecencias globales que han emanado del régimen venezolano en los últimos 25 años.

Por ende, lo que está en juego no solo es el reconocimiento del triunfo opositor. Un triunfo que se ha demostrado fehacientemente por las fuerzas opositoras en las elecciones del pasado 28 de julio. Está en juego la estabilidad misma del Orden Internacional Liberal (OIL). Más cuando el sistema en cuestión ha sido un aliado abiertamente declarado del conjunto de países que hoy en día vienen desafiando la supervivencia misma del mundo libre, con sus pretensiones geopolítica y geoeconómicas.

Elecciones presidenciales en Venezuela. ¿Qué se puede esperar? (Miguél Solís).

Héroes de la libertad en Venezuela. (Antonio José Chinchetru).

Elecciones presidenciales en Venezuela. ¿Qué se puede esperar?

El 28 de julio de este año se esperan nuevas elecciones presidenciales en Venezuela. A pesar de su importancia, este evento político está ampliamente asociado a la decepción, la rabia, la frustración y la reconsideración de la migración. Este fenómeno solemos llamarlo desesperanza aprendida, sin embargo, en el fondo hay siempre un poco de esperanza, por eso dolería mucho la reconfirmación de que no habrá un cambio.

En los últimos meses la candidata inhabilitada María Corina Machado y su partido han hecho un esfuerzo admirable por incentivar la participación activa, es decir, que los ciudadanos voten y cuiden el voto para evitar fraudes. Además, ha hecho campaña política alrededor del país logrando movilizar al electorado, sin embargo, es evidente que la población espera, por experiencias previas o por preservación psíquica, que el chavismo[1] ejecute cualquier maniobra de último momento para mantener su poder.

¿Los venezolanos estamos sesgados al pesimismo?

En estos casos es muy difícil saber si estamos haciendo un análisis político relativamente “objetivo” o si estamos “leyendo entre líneas” como el tío Vasili [2]. La oposición cumple su trabajo de transmitir optimismo a sus votantes, pero esa conducta no nos da información clara porque todos los candidatos y partidos del mundo lo hacen antes de una elección. Nadie va a hacer una carrera política para transmitir a su electorado que no tienen oportunidad de ganar.

Recientemente, “Solo Fonseca” subió un análisis bien elaborado sobre la situación en la que se encuentra Maduro y por qué es muy probable que esté interesado en abandonar el poder. Los venezolanos que vemos su video sentimos un optimismo que nos resulta muy ajeno, lo que nos lleva a pensar: ¿será que somos nosotros quienes estamos muy sesgados hacia el escenario negativo?

En su análisis, Fonseca no toma en cuenta la posición y motivaciones de otros actores relevantes dentro del chavismo. Es posible que Maduro y Cilia estén más dispuestos a dejar el poder que Jorge Rodríguez o Diosdado Cabello. Jorge y Delcy Rodríguez son hijos de un guerrillero urbano con aspiraciones políticas que se atribuyó la dirección del secuestro de un empleado importante de una empresa norteamericana, por lo que luego fue capturado y torturado hasta la muerte por los servicios de inteligencia venezolanos. Sus hijos, actualmente altos cargos dentro del chavismo, parecieran tener como meta de vida evitar que quienes asesinaron a su padre (la “derecha venezolana”) vuelvan a gobernar.

¿En qué posición se encuentra Maduro?

La tesis central de Fonseca es que Maduro no tiene apoyo interno ni externo, su mala gestión le ha generado deudas y ha reducido su presupuesto. Esto lo pone en una situación muy vulnerable en la que resulta más conveniente salirse cuando aún tiene capacidad de negociación y puede escribir su propio final. En el caso contrario, Maduro estaría apostando a que la situación no le estalle, pierda el control y el poder, de forma que quede completamente vulnerable ante enemigos externos, internos de su partido o actores delictivos.

Es cierto que Maduro se encuentra en una posición ideal para abandonar el poder, su situación de vulnerabilidad debería permitirle ver que se avecinan más problemas con los que no ha podido dar con una solución, pero su vulnerabilidad actual no es tan alta aún como para que no pueda negociar su propia salida. El caso está en que él sopese hasta qué punto se sigue arriesgando.

Maduro, a diferencia de Chávez

Chávez fue un político extremadamente carismático, popular y adinerado que monopolizaba el poder y marcaba la dirección del país. En contraste, Maduro es un político impopular que ha enfrentado importantes crisis económicas y no monopoliza el poder dentro del chavismo.

A diferencia de Chávez, Maduro ha intentado solucionar los problemas del país, aunque de manera socialista y equivocada, pero ha buscado políticas alternativas para obtener otros resultados. Para entender esta afirmación controversial, hay que considerar que Chávez disponía de muchos más recursos, lo que le permitió robar, permitir el robo, derrochar y regalar mucho dinero, al tiempo que proponía las políticas públicas más descabelladas. Estas políticas, tan erróneas, no durarían ni un mes en países donde el gobierno depende de la recaudación fiscal y, por ende, de la ciudadanía y el mercado para sostenerse.

En resumen, con Chávez se vivieron mejores tiempos bajo peores políticas. Por esta razón, Maduro no ha podido mantener el mismo ritmo de errores y ha tenido que buscar algunas alternativas. Aunque los intentos de Maduro han sido mediocres, limitados e igualmente equivocados, se puede asumir que él considera que ha intentado solucionar los problemas, aunque sin obtener resultados significativamente mejores.

Con cada intento de salir del gobierno se quema una tanda nueva de políticos de oposición

La oposición venezolana es uno de los menores problemas para el gobierno, una realidad dura porque siempre han podido y podrán ponerle fin cuando lo deseen. Aunque se proclamó, el gobierno no necesitaba la controversial ley antifascismo para silenciar a la oposición. El gobierno ha reducido su margen de acción al mínimo: la oposición no puede participar en la asamblea, debatir con el gobierno, ni expresarse en los medios nacionales de comunicación. Sin embargo, Maduro no la ha eliminado por completo, en buena medida porque no le hace falta. Mantenerla debilitada le ofrece cierta legitimidad y, lo más importante, puede usarla cuando la necesite.

En Venezuela, la oposición ha perdido todas sus batallas anteriores. Los actores políticos de hoy no son los mismos que hace unos años; figuras como Henrique Capriles, Leopoldo López o Juan Guaido ya no tienen relevancia en la política venezolana. A diferencia de, por ejemplo, Pedro Sánchez, el gobierno venezolano no ha eliminado a los actores políticos de manera diplomática y estratégica, sino que ha recurrido a la intimidación, amenazas directas y encarcelamiento. El resultado ha sido el mismo: los errores de los actores de la oposición, sumados a casos de corrupción, falso oposicionismo y la falta de resultados políticos reales, han hecho que quienes alcanzaron cierta influencia y popularidad eventualmente la perdieran y fueran asociados con la cobardía, el desinterés y el oportunismo.

Este ciclo de popularidad, esperanza, derrota y desprecio de los políticos de oposición en Venezuela nos lleva a pensar que, si María Corina no logra la salida del chavismo en las próximas elecciones, el gobierno logrará sacarla del escenario político para siempre. Todo esto a pesar de que María Corina podría ser la mejor candidata que hemos tenido.

Inhabilitación de María Corina: Si vas a robar la victoria ¿por qué te importa contra quien compites?

  1. Pretendes ganar limpiamente: Por eso has buscado dividir a la oposición y hacer indistinguible a la oposición falsa de la real. Este escenario es improbable porque se estima que Maduro cuenta con solo el 20% de los votos y es muy osado asumir que el electorado “ni-ni” no apoyará estratégicamente al candidato con más probabilidades de sacar al chavismo.
  2. Quieres robar la victoria a un candidato menos atractivo: No deseas que haya demasiado optimismo en las calles ni que la gente tenga un candidato por el cual estén dispuestos a protestar.
  3. No es tan fácil robarte la victoria: Prefieres tener un candidato menos oposicionista con quien puedas negociar en caso de perder.
  4. Estás dispuesto a perder en una elección libre: Quieres tener como contraparte de la negociación una oposición suavizada o fragmentada.
  5. Estás forzando un escenario de gobierno de transición: Quieres un gobierno de transición que no te sea tan desfavorable.

Pudiendo ser todas o ninguna de estas razones, el chavismo decidió limitar a María Corina. Ya no es la candidata oficial y, aunque la oposición ganara, ella continuaría teniendo que enfrentarse a la mayoría socialdemócrata que compone la oposición durante el mandato de Edmundo González y en futuras elecciones.

¿Cuán liberal es María Corina?

En muchos aspectos, María Corina parece genuinamente liberal. Su discurso enfatiza dejar atrás el socialismo para siempre, defendiendo la libre competencia empresarial, la libertad de elección del centro educativo a través de la política de vales escolares, la elección libre por parte del trabajador del fondo de pensiones por capitalización privada, el seguro privado como principal mecanismo para cubrir la demanda sanitaria y la privatización de empresas públicas, incluyendo aquellas en sectores tradicionalmente intocables como combustible y energía.

Al igual que Milei, María Corina se ha ido haciendo liberal a medida que los liberales en Venezuela y el mundo han influido en sus ideas. Ambos tienen tintes conservadores y no abordan temas como la liberalización de las drogas. Y ambos sufren por la escases de liberales en la política, por lo que son más liberales que la mayoría de sus aliados. Milei es más firme en materia monetaria y bancaria, donde es experto; en cambio, María Corina se deja asesorar en estos asuntos por economistas defensores del sistema fallido de Banca Central independiente que actúa como prestamista de última instancia y garante de la estabilidad monetaria con objetivos de inflación en rangos limitados.

La libertad educativa

Producto de la heterogeneidad entre sus asesores, en materia educativa, el programa de María Corina, ‘’Venezuela Tierra de Gracia’’, presenta contradicciones. Apuesta simultáneamente por la educación privada y libre, a elección de los padres con apoyo de un programa de vales educativos, y por la educación pública, con instalaciones financiadas por el Estado y un marco curricular nacional.

Recientemente, el chavismo ha buscado infundir el miedo a la privatización de la educación. Esto no implica necesariamente que exista un temor generalizado en la población hacia la privatización, pero sí ha revelado los desacuerdos y el miedo y escepticismo entre los asesores y miembros del partido sobre las consecuencias de la libertad de elección. Pero ¿cómo puede una sociedad aprender a elegir si no se le permite hacerlo?

Por mucho que las escuelas privadas de bajo costo en Venezuela sean un éxito académico y un emprendimiento atractivo para las mujeres del país, entre los políticos, académicos y asesores persiste la resistencia hacia un modelo educativo de abajo hacia arriba. Sin embargo, en el largo plazo, una mayor liberalización de la educación fortalecerá este modelo, facilitando la superación de la educación estatal y centralizada, que, por el simple hecho de existir, mantiene en funcionamiento la principal vía de adoctrinamiento político. De implementarse, el programa de María Corina sería un paso enorme hacia el liberalismo, insuficiente pero alentador.

¿Cuán liberal puede ser el primer gobierno post-chavismo?

A pesar de estar inhabilitada, el énfasis en María Corina en este artículo se debe a su rol en la dirección y promoción del movimiento político actual, respaldando la candidatura de Edmundo González, un político de bajo perfil cuya fortaleza reside en el establecimiento de redes sociales y cuyos objetivos giran alrededor de la conciliación.

Edmundo no es un ideólogo, se considera “centrista” y ha expresado varias veces su apoyo a la educación pública. Los políticos de larga data en Venezuela son en su mayoría socialcristianos o socialdemócratas, por lo que, si sus ideas son las que se imponen, no debemos esperar grandes avances en materia de libertades, pero sí una mejor gestión gubernamental.

De ganar la oposición, no se espera que los grandes cambios ocurran en los próximos 3 o 6 años. La expectativa es que Edmundo González gobierne en la transición hasta conseguir unas elecciones libres, donde seguramente María Corina enfrentará candidatos tanto de la actual oposición como del nuevo chavismo.

Notas

[1] Por chavismo no me refiero a un cuerpo político más o menos amplio y abstracto. Por chavismo y gobierno me refiero lo que se conoce como “El Régimen”, 4 agentes específicos que son los únicos que pueden impactar sobre el devenir político de Venezuela: Maduro y Cilia Flores (presidente y primera dama), Diosdado Cabello (vicepresidente del PSUV), los hermanos Rodríguez (cabezas de la asamblea nacional y las negociaciones) y Vladimir Padrino López (ministro de defensa).

[2] Personaje de la novela ´´Los que vivimos´´ de Ayn Rand. Al inicio de la novela, el tío de la protagonista cuenta que no pierde la esperanza de que los países de Europa intervengan para poner fin a la Rusia Soviética, por lo que afirma que si uno “lee entre líneas” en las noticias de los periódicos verá señales claras de una posible intervención que restaurará el orden y le permitirá recuperar su antiguo negocio expropiado.

Ver también

Venezuela: ¿hasta dónde se puede retroceder? (Venezolano anónimo).

Venezuela: Diosdado, el terror bolivariano. (Venezolano anónimo).

Venezuela: fascismo del siglo XXI. (Venezolano anónimo).

Venezuela: socialismo y asesinato a manos del Estado

Cuando tengo la oportunidad de explicar a mis alumnos qué son el fascismo y el nacionalsocialismo, mi principal objetivo es que lleguen a dos conclusiones fundamentales: la primera, que comprendan que estas dos ideologías son claramente de izquierdas, a pesar de las percepciones comunes que las sitúan en otro espectro político. Y la segunda, que comprendan que el fascismo y el nacionalsocialismo no son fenómenos del pasado que hayan desaparecido. Siguen presentes en la sociedad actual de formas que pueden no ser evidentes a simple vista.

Es importante subrayar que la persistencia de estas ideologías no se debe a la admiración de unos pocos por figuras históricas como Hitler o Mussolini. Tampoco a la existencia de grupos neonazis dispersos dentro o fuera de Alemania. De hecho, poco tiene que ver con la etiqueta de «fascista» que se suele lanzar indiscriminadamente por los medios «woke». La combinación de socialismo y nacionalismo ha logrado perdurar y perpetuarse. Eso, a pesar de que sus símbolos, imágenes y referencias literales (esvástica, por ejemplo) son ampliamente rechazados en la esfera social.

La forma concreta en que se manifestaron estas ideologías ha evolucionado y no sigue siendo idéntica. Pero su esencia ha logrado infiltrarse en el paradigma político contemporáneo de maneras sutiles y difíciles de reconocer para muchos. El trasfondo y los principios fundamentales que sustentaban estas ideologías han dejado una huella duradera en nuestra sociedad, aunque no siempre sea evidente.

Nuestras economías fascistas y nacional socialistas

En la actualidad, la amplitud del espectro político está infrarrepresentada. La mayoría de los Estados implementan un Estado del Bienestar similar, controlan sectores estratégicos de la economía, regulan el tránsito de personas y mercancías, controlan los medios de comunicación y emplean medidas de censura, expresan la violencia policial, prohíben las armas y las drogas, etc.

Estas políticas públicas suelen justificarse desde lógicas socialdemócratas y nacionalsocialistas. Por ejemplo, la defensa de la educación pública se hace para garantizar tanto la igualdad de oportunidades como una juventud homogéneamente educada y leal a su nación. Del mismo modo, la inmigración se controla para proteger a los trabajadores nacionales, proteger la integridad nacional y evitar desequilibrios económicos. Es decir, el Estado no acepta inmigrantes en masa porque pueden perturbar su planificación económica.

Socialdemócratas de todos los partidos

Los socialdemócratas de todos los partidos han conseguido hacernos creer que sus enemigos, su extremo opuesto, la extrema derecha, son los fascistas/nacionalsocialistas. En realidad son sus primos cercanos, sus aliados en la lucha contra el liberalismo y el capitalismo por parte de los socialistas no marxistas. Desde la Primera Guerra Mundial, los Estados y supra-Estados han apoyado políticas características del fascismo y del nacionalsocialismo como:

  • Control estatal de sectores estratégicos para la guerra bélica o para la guerra contra la pobreza, las drogas, el COVID, etc.
  • Proteccionismo y privilegios para empresas y trabajadores nacionales.
  • Nacionalización de empresas, acoso al sector privado y eventuales controles de capitales, de precios y salarios.
  • Rechazo del patrón oro junto a manipulaciones monetarias por medio de la banca central como expansión del crédito, manipulación de los tipos de interés, etc.
  • Atención sanitaria nacional, seguros de desempleo, imposición de estándares educativos y políticas de planificación familiar.

Posiblemente la mayoría de las economistas no se reconozcan a sí mismos como «fascistas en lo económico» aunque indirectamente si lo sean. Especialmente, por la vía del Keynesianismo anti libre mercado o por la vía de síntesis proteccionistas-nacionalistas, socialistas de mercado, capitalismo-escépticas.

Nacionalsocialistas en lo económico, progresistas en lo social

El mainstream político no solo se esfuerza por hacernos creer que la mayoría de los políticos de izquierda se diferencian importantemente de Hitler o Mussolini en cuanto a sus políticas sociales y económicas. O que los únicos que se les parecen son los políticos de «extrema derecha» como Trump y Bolsonaro. También han querido asociar a Hitler con el conservadurismo. Y, sin embargo, el proyecto nazi era tan progresista como el socialismo del siglo XXI de Chávez o la agenda 2030 de Naciones Unidas.

La exaltación de épocas pasadas en discursos populistas y de agitación no convierte inmediatamente a cualquier político en conservador. Las imágenes del pasado se utilizan a menudo para reforzar una identidad nacional. Para hacer sentir al público que en sus venas y en su historia habita el poder, la voluntad y el destino de cambiar el mundo. De reorientarlo o reconstruirlo.

Un nuevo hombre para una nueva sociedad

Por ejemplo, Chávez y su revolución bolivariana se sirven descaradamente de la imagen manipulada de Bolívar para pintarlo como pensador socialista y héroe de la clase obrera y nacional. Sin embargo, el culto a Bolívar no contradice en absoluto las ambiciones progresistas de la revolución. Ésta pretende emplear el Estado para llevar a cabo los cambios radicales necesarios para construir una sociedad nueva, solidaria y autosuficiente, con abundancia material e igualdad u homogeneidad.

El proyecto nazi, o la revolución bolivariana, no buscan actualizar órdenes sociales anteriores, buscan crear una nueva sociedad y un nuevo hombre. Lo que para muchos marca la diferencia radical entre el nazismo y los socialismos nacionalistas actuales es el énfasis de Hitler en la cuestión racial determinada genéticamente. Su ingeniería social se basaba en la eugenesia o higiene social. Es decir, en limpiar ética y racialmente Alemania, buscando llevar a la extinción a judíos, enfermos psiquiátricos, discapacitados y otros grupos perseguidos.

Redistribución hacia los ciudadanos de primera

Sin embargo, los ingenieros sociales actuales no hacen hincapié en el componente genético como antes. Han trasladado la pelota al terreno de los cambios culturales y las ideas. El medio no es eliminar personas de una etnia concreta, sino eliminar ideas de una naturaleza concreta. La reeducación de la población y la criminalización de determinadas ideas o expresiones es el medio preferido de los progresistas del siglo XXI. Eso es lo que les diferencia de los del siglo XX.

Los distintos socialismos establecen bajo diferentes esquemas su lógica distributiva, por ejemplo, de burgueses a proletarios o de productores a no productores. En el caso del nacismo la distribución fue de judíos, grupos perseguidos y extranjeros hacia el Estado con reparto prioritario hacia el gasto militar y los alemanes arios. Este mismo esquema es característico de los progresismos que establecen una agenda política que diferencia ciudadanos de primera y de segunda, grupos expoliados y priorizados, beneficiando a productores, funcionarios públicos, minorías agrupadas y grandes empresas, a costa de los consumidores, autónomos, pequeñas empresas, nuevos trabajadores y empresas no enchufadas.

El asesinato como política de Estado

Aunque la mayoría de los Estados se empeñan en realizar purgas sociales, ideológicas y culturales en lugar de purgas físicas, excluyendo o matando a los ciudadanos, el Estado venezolano está llevando a cabo actualmente una brutal limpieza étnica y socioeconómica mediante una política sistemática de violencia policial y ejecuciones extrajudiciales. Las fuerzas de seguridad están militarizadas y reciben órdenes directas de entrar en los barrios más pobres de la ciudad para secuestrar o matar en el acto a jóvenes varones entre 16 y 25 años.

Durante sus 2 primeras décadas de gobierno, el chavismo permitió que la delincuencia alcanzara su punto más alto, debilitando las fuerzas policiales, el sistema judicial y armando directamente a grupos dedicados al robo, el secuestro y el narcotráfico. En los últimos años, Maduro ha centrado progresivamente sus esfuerzos en controlar o exterminar a los grupos armados que ellos mismos crearon, constituyendo una nueva política de control de las zonas rojas del país. Esta estrategia totalitaria es efectiva incluso dentro del marco democrático, la población azotada por la delincuencia puede apoyar las políticas de «mano dura» como solución a la inseguridad, sin embargo, pagan un precio muy alto, y es ampliamente conocido que cada día mueren jóvenes inocentes, o al menos sin un juicio adecuado, en manos de las fuerzas policiales.

Venezuela

Actualmente, en Venezuela existen toques de queda y redadas nocturnas donde los jóvenes son cazados en sus propias casas, esto permite al Estado infundir terror y debilitar a las comunidades donde se llevan a cabo las ejecuciones, ya que en esas zonas pobres donde el Estado suele atacar, las familias dependen unas de otras, pero el nivel de violencia con el que el Estado las ataca las deja desamparadas, abatidas, resentidas y desesperanzadas.

Investigadores de la organización Caracas Mi Convive registraron cualitativamente la experiencia de los familiares de las víctimas. Y la tragedia se puede ver reflejada en algunos extractos:

«Tocó la puerta y… “tía me van a matar, tía me van a matar”. El policía lo agarró y le decía a la policía: “dame una pela, no me mates” y él le decía: “cállate que te voy a matar, cállate y arrodíllate” y cuando, cuando mi prima como abrió la puerta un poquito, le dió.»

«A todas estas, los policías se pusieron a sacar las balas de todas las paredes para llevárselas, para que no quedara ninguna evidencia en su contra, ¿entienden?»

«Porque de verdad, si mi hijo tuviese algo que ver en lo que lo involucraron… yo realmente, ni estuviera hablando contigo. Ni… estuviera perdiendo mi tiempo en una fiscalía, ni buscara que realmente saliera a la luz la verdad.» (Sardi, et al. 2018, pp. 61-71)

No tan diferente

La situación política y económica actual se parece más al fascismo y al nazismo de lo que muchos reconocen, aunque el componente totalitario no es el mismo, se dan fenómenos similares en los regímenes democráticos. Por su carácter progresista, estas ideologías y sus manifestaciones actuales suelen centrarse en la creación de un hombre nuevo, para lo cual la población debe ser depurada ideológica y físicamente.

Particularmente en Venezuela (o en China con las etnias musulmanes), hoy en día se está llevando a cabo una limpieza física, a la cual no se le da la relevancia que merece porque se asume que lo que está haciendo el chavismo-madurismo resulta de alguna forma diferente a lo que hizo Hitler, pero de ninguna manera lo es.

Bibliografía

Sardi, G., García, S., Oropeza, C., Udelman, F. & Azpúrua, I. (2018) Cuando suben los de negro. Experiencia de duelo en víctimas de violencia policial. Caracas, Venezuela.