Análisis diario
Venezuela: la censura bolivariana
Maduro ha convertido a Venezuela en un infierno para los profesionales de los medios de comunicación.
La vieja costumbre de ahogar la prensa libre no sólo fue una práctica asociada a los totalitarismos fascistas y comunistas. Hoy en día todos los organismos que se ocupan de seguirle la pista a la censura, de la que son objeto los medios de comunicación en el mundo entero, coinciden en que casi las dos terceras partes de Asia, África y Oriente Medio, sin excluir el mundo occidental, no se han apartado del uso de las más sofisticadas prácticas para acallar al pensamiento libre y acosar a quienes piensan diferente a los que ostentan el poder.
El fascismo, el nazismo y el comunismo hicieron y siguen haciendo todo lo posible por someter a los medios de comunicación y a la palabra en todas sus formas, a la presión sistemática de la mentira y a través de la propaganda convertirla en su verdad. Como bien lo dijo el pensador francés Jean Françoise Revel en su libro El conocimiento inútil, “la primera de todas las fuerzas que dirigen al mundo es la mentira”. Los que dirigen los medios de comunicación lo hacen para imponer un punto de vista y no para buscar la verdad.
Es una manía persecutoria la que en el mundo actual mueve a los tiranos con proyectos totalitarios a someter la prensa libre, hasta amoldarla a su manera y a sus intereses, calificando de traidores y apátridas a quienes se apartan de su línea de pensamiento.
Son sonados los casos de la Rusia actual, donde se persiguió sistemáticamente a la prensa y a los dueños de los medios de comunicación independientes, donde la noticia se convierte en un mundo de adoración a Putin. Ya ningún inversor se atreve a arriesgar su capital invirtiendo en un negocio extremadamente controlado, donde se persigue y somete a los peores castigos no solo a los dueños de medios, sino también a cualquier empresario que se atreva a anunciar en la prensa escrita o digital sus diferencias con el régimen.
A nivel latinoamericano, los Gobiernos que siguieron el formato del socialismo del siglo XXI, como Correa en Ecuador, los Kirchner en Argentina y Ortega en Nicaragua, incluyendo a los Castro en Cuba, han destacado por su enemistad manifiesta y persecución a los medios privados que no sigan la línea editorial del Gobierno.
Organizaciones como la Sociedad Interamericana de Prensa, Reporteros sin Fronteras y el Comité para la Protección de Periodistas han colocado a Cuba en la lista negra de países que persiguen y reprimen a los periodistas y como uno de los peores sitios para ejercer la profesión.
En el caso argentino son conocidos los ataques de los Gobiernos kirchneristas al diario Clarín a partir de las diferencias entre este diario y la línea editorial del Gobierno.
En Ecuador, Correa sostuvo varios conflictos contra la prensa independiente y no perdió la oportunidad para calificar a los medios latinoamericanos como “los peores del mundo”. Para él los reporteros eran actores políticos y acusaba a todos los medios privados de ser de derechas y por lo tanto contrarios a su proyecto político. Durante su gestión creó 20 medios públicos que abarcaban desde canales de televisión incautados a banqueros, hasta periódicos y emisoras de radio. El Estado, siendo el publicista más poderoso restringió la publicidad en los medios críticos y subió el coste del papel, lo que obligó a algunos diarios a circular solo en internet.
Sin embargo, el caso más emblemático de la persecución a la palabra independiente lo representa el Gobierno venezolano. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) ha denunciado que desde que Nicolás Maduro asumió el poder en el año 2013 hasta diciembre del año pasado, 115 medios de comunicación cerraron en el país. Solo en 2018, 25 periódicos dejaron de circular. Los casos más críticos se han dado en los estados de Barinas, Sucre y Trujillo, donde no existe un solo medio impreso.
En el caso de los periódicos cerrados, se trata de 41 medios impresos desde que Maduro llegó al poder, hay 65 emisoras de radio y 8 canales de televisión. Hasta el diario del Partido Comunista, Tribuna Popular, que tenía 70 años, cerró sus puertas. Todo esto se ha venido realizando, paso a paso, bajo el proyecto llamado Hegemonía Comunicacional, contemplado en el Plan de la Patria.
El diario más importante del país, con mayor número de lectores, es El Nacional. Se imprimió por última vez el 14 de diciembre de 2018. Sus directivos desde hace años están perseguidos y se han visto en la obligación de exiliarse.
En el caso de la televisión es conocido el caso de Radio Caracas Televisión, el canal más crítico con el régimen. Después de 53 años de emisión, no le fue renovada la concesión y fue forzado a cerrar en mayo de 2007. Sus equipos, su señal y su sede les fueron entregadas arbitrariamente a un nuevo canal del Gobierno. Al igual que el canal oficial Venezolana de Televisión, es imposible ver en sus pantallas un político de oposición. Según esos canales no existen protestas ni se mueren niños de hambre, y la carencia de medicinas en los hospitales es una campaña difamatoria para dañar los logros de la revolución. Tampoco, para los medios oficiales, hay cuatro millones de venezolanos en el exilio ni son asesinados anualmente más de 30 mil personas en las calles de Venezuela. Esa es la fuerza de la mentira de la que hablaba Revel.
En 2012 el Gobierno eliminó el papel de prensa como bien de importación y creó un monopolio, donde los medios tienen que arrodillarse para conseguir papel periódico y someterse al brutal chantaje del régimen y a su esquema de distribución discrecional y discriminatoria. El régimen, además, permite que intermediarios vendan en el mercado negro el mismo producto con sobreprecio. Por otro lado se amenaza al empresario que publique en los medios opositores y les retira la publicidad oficial para asfixiarlos económicamente.
No es posible imaginarse que en algún país de cualquier continente existan quioscos de periódicos tan tristemente desabastecidos como en Venezuela. En los pocos que quedan solo venden cigarros, loterías, caramelos y revistas de sudoku o crucigramas, siempre limitadas sus ventas por la carencia de efectivo y las fallas en los puntos de venta con tarjeta.
Es significativo llamar la atención sobre la represión a periodistas, quienes se han convertido en blanco de las Fuerzas Armadas, la Guardia Nacional, la policía y el Servicio de Inteligencia Nacional (SEBIN). A menudo se les detiene, tortura y decomisa su material de trabajo y son víctimas de los grupos paramilitares cercanos al Gobierno. Es más seguro informarse en los medios extranjeros y a través de las redes sociales que en algún medio local. De esta manera Maduro convirtió a Venezuela en un infierno para que los profesionales de los medios de comunicación puedan ejercer su oficio.