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Los putinejos

A raíz de la invasión de Rusia a Ucrania y sus consecuencias han surgido posiciones distintas alrededor de este problema que se debería analizar desde una premisa irrefutable: Rusia es un país invasor a un Estado soberano e independiente.

Dejando de lado la visión maniquea que tienen los grupos políticos y sociales que siempre han sido afines al régimen de corte imperialista y autoritario de Vladimir Putin, cabe un espacio para aquellos a los que Javier Rubio ha denominado como ‘putinejos’ y cuyo concepto sirvió para que Fernando Díaz Villanueva publicará hace poco una cápsula en su canal sobre ese fenómeno social, hasta cierto punto inexplicable desde la lógica de los hechos y las pruebas que la guerra pone delante de nosotros y de las que somos testigos todos los días.

Por un lado, se ha demostrado una vez más la fragilidad de los sistemas de información y su potente influencia sobre los ciudadanos. En las guerras como en los conflictos sociales o políticos de gran magnitud (recordemos nuestra experiencia con la pandemia), las fake news proliferan como si de otra epidemia se tratase y la intervención y las presiones sobre los medios de comunicación son más evidentes que nunca.

La campaña de Putin para poner en el tablero del debate la posición de Rusia en el conflicto ha sido demostrada por noticias como: “La Ucrania moderna fue creada por Rusia”, “Se debe frenar un genocidio al este de Ucrania”, “Existe la necesidad de erradica el nazismo de Ucrania”.

Además, recordemos que el régimen ruso tiene mucha experiencia en las políticas intervencionistas, incluso, cuando se trata de acontecimientos ajenos a su marco fronterizo: se ha demostrado el interés de Vladimir Putin de desestabilizar o promover procesos sociales y políticos en occidente tales como las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, el Brexit e, incluso, el proceso de referéndum ilegal en Cataluña el año 2017.

Bajo esa marea de volátil información se suma un debate entre un grupo de ciudadanos indulgentes con el régimen ruso por una serie de cuestiones que refuerzan un argumentario que, aunque tiene un asidero ideológico asumible desde el punto de vista político, se contrapone con las referencias que se usan para defender lo indefendible, cayendo en consecuencia en la confusión y el descarrío.

Entonces se exponen argumentos como que un conglomerado de orden mundial está en contra de Rusia y por ello los acontecimientos están escritos entre un villano (Rusia) y un salvador. No hay término medio. Para ello utilizan cuestiones relacionadas, entre otras cosas, con la ideología de género, el globalismo, el retroceso de occidente o los complejos alrededor de la sostenibilidad o el ambientalismo.

Dependiendo de la ideología que se materialice en la visión del mundo de cada individuo no es equivocado defender o denostar este tipo de ideas, que suelen generar ampollas en los extremos del contexto político, toda vez que hay más radicalismo y más centrismos alrededor de las medidas o políticas públicas que se impulsan en un sentido y otro.

El problema radica en la disposición de estas ideas justificando una invasión ilegal e ilegítima o, al menos, cuando se asume una posición timorata y templada sobre una situación que, a los ojos del mundo, se manifiesta como una invasión que puede desencadenar consecuencias que la humanidad nunca ha vivido y que en este momento no es capaz de predecir, porque así lo pone en evidencia la realidad misma.

A ellos se les llama ‘putinejos’, a aquellos que bajo un paraguas de defensa ideológica defienden o no asumen una posición concreta en relación con el conflicto, confundiendo conceptos, momentos y circunstancias. Una invasión o una guerra global en la actualidad traería peores consecuencias para la humanidad entera que los debates alrededor del ecologismo o el feminismo.

El despertador del hombre masa

Decía Ortega, en su “La rebelión de las masas”, que el hombre de vida vulgar, el hombre-masa de su época -muy similar al actual- es un ser que no se siente con ninguna obligación (a las masas “no les preocupa más que su bienestar y al mismo tiempo son insolidarias de las causas de ese bienestar”), que se recluye en sí mismo, condenado a permanecer encerrado en sí mismo si una fuerza exterior no le obliga a salir. Pero la vida, gracias a Dios, está llena de elementos y circunstancias que nos impiden permanecer en esa perpetua inmanencia.

Es cierto, como definía Ortega, que el hombre de nuestro tiempo es un ser que no se valora a sí mismo por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo”, sin angustiarse por creerse -y quererse- idéntico a los demás; con fabulosas capacidades para realizar, pero que no sabe realizarlas, ya que carece de proyecto vital y del sentido de la responsabilidad y de la utilidad del esfuerzo: “se le han dado instrumentos para vivir intensamente, pero no sensibilidad para los grandes deberes históricos; se le han inoculado atropelladamente el orgullo y el poder de los medios modernos, pero no el espíritu”. “Ahora todo el mundo es sólo la masa”, y a pesar de disfrutar de más medios, más saber y más técnica que nunca, resultamos seres desdichados que sólo saben caminar a la deriva, se lamentaba.

En el fondo es una cuestión de orgullo, de habernos creído infalibles, omnipotentes, indestructibles. Como decía Ortega, “no vemos en las ventajas de la civilización un invento y construcción prodigiosos, que sólo con grandes esfuerzos y cautelas se puede sostener”: consideramos esos logros como derechos casi innatos e inalienables, derivados de nuestra personal y humana majestad. Detestamos todo aquello que amenace el palacio de cristal desde el que creemos regir nuestros destinos como dioses. El esfuerzo y el sudor nos repugnan como una plaga bíblica, ya que nos recuerdan que nuestros pies son de barro; y de tanto evitar el sufrimiento que nos recuerda nuestra pobre condición, no sabemos soportarlo. Somos una masa (porque, como decía Ortega, “ahora todo el mundo es sólo la masa”, o, al menos, casi todo), más fuerte que la de ninguna época, pero, a diferencia de la tradicional, ahora está hermetizada en sí misma y es incapaz de atender a nada ni a nadie, creyendo que se basta; una masa, en suma, “indócil”, no dispuesto a escuchar, ni a someterse a instancias superiores. Es el de hoy un hombre que está habituado a “no apelar de sí mismo a ninguna instancia fuera de él”. O eso nos creemos.

Es verdad que no queremos someternos a instancias superiores, sino a lo propio que hace, siente y piensa “todo el mundo”, sin ambición, sin fuerza, vigor, tesón o empeño. La vida regalada nos ha enseñado a vivir, en el mejor de los casos, a ráfagas; nuestra vida se ha convertido en una sucesión de destellos distanciados, fuegos de artificio carentes de energía y constancia, basados en una cosmovisión incoherente -construida a base de retales mal ligados- fácilmente manipulable.

Para Ortega, el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. Pero domina el hombre masa y en la sociedad actual mandar es ejercer la autoridad, una autoridad supuestamente fundada en la opinión pública, opinión de una masa desnortada, voluble y maleable.

Pero, como decíamos al principio, la vida, gracias a Dios, está llena de fuerzas exteriores que nos obligan a salir de la tibieza indolente en la que queremos refugiarnos. Es verdad que carecemos, hoy por hoy, tanto de los medios (criterio, decisión, fuerza, perseverancia y capacidad de sufrimiento), como de los fines trascendentes -deber histórico, lo llamaba Ortega- que puedan regir de verdad nuestras vidas con sentido. Pero los golpes del “destino” nos obligarán a tomar conciencia de que somos casas construidas sin cimientos en la arena… y, antes o después, tendremos que ponernos manos a la obra; a lo que parece, más pronto que tarde, pues parece que estamos cerca ya de tocar fondo.

Algunos no cejarán en el empeño, aunque les cueste la vida; otros bajarán los brazos más o menos pronto; y otros, lamentablemente, se empeñarán en persistir en el error de querer ser como dioses.

¡Su Divinidad, Vladimir Putin!

Algunos de ustedes no se acordarán, porque ha pasado mucho tiempo, pero Vladimir Putin era un líder bienamado por no pocos políticos y ciudadanos occidentales. Se le consideraba un líder fuerte, carismático, defensor de su pueblo, modelo de comportamiento, gran estadista, fuerte cuando se requería, pero también cercano a sus ciudadanos, los rusos, que lo adoraban y, posiblemente, lo siguen adorando. Es cierto que la oposición perdía candidatos, bien porque se envenenaran, bien porque terminaran encarcelados o murieran en extrañas circunstancias, pero esos eran pecados del sistema que se podían perdonar o ignorar. Cientos de memes sobre Putin recorrían las redes sociales y, entre chanzas y gracias de mayor o menor acierto, se le mostraba como el líder victorioso y seguro que se reía de las debilidades occidentales, porque los occidentales estaban más en cosas como la sostenibilidad, la energía verde, la lucha contra el cambio climático, por el feminismo igualitario, la sororidad, contra las discriminaciones de sexo, género, por la reinvención de un pasado heteropatriarcal y opresor, la vivencia de un presente esperanzado en estas “nuevas políticas” y el diseño de un futuro esplendoroso, pero siempre lejano.

Vladimir Putin no sólo había conseguido ser agasajado y recibido por líderes como los Castro (y sus marionetas en Cuba), Nicolás Maduro, Xi Jinping o Kim Jong-un y otros tantos líderes al frente de crueles tiranías donde las libertades son inexistentes, o por líderes de Estados sospechosos de no ser muy libres, como el turco Tayyip Erdoğan, sino también por presidentes y primeros ministros de democracias consolidadas como Joe Biden y Donald Trump, Emmanuel Macron, Justin Trudeau y, desde luego, Ángela Merkel; en especial, por Merkel. La relación entre la Alemania que ella dirigió durante tantos años y la Rusia que sigue dirigiendo Putin fue muy prolífica, con acuerdos que permitieron a los germanos asegurar (es un decir) el suministro de energía en forma de gas, ante la renuncia, dicen que voluntaria, de los alemanes por la energía nuclear. Otros líderes democráticos, aunque más discutidos en sus intenciones que los mencionados anteriormente, como el presidente brasileño Jair Bolsonaro o el primer ministro húngaro Viktor Orbán, han reconocido su simpatía por el presidente ruso, mientras que líderes políticos que ahora no tienen labor de gobierno, como Jean Marie Le Pen, también han mostrado esta cercanía.

Allí donde hubiera un movimiento que hiciera tambalear los pilares institucionales y morales del sistema occidental, allí estaba el apoyo e incluso la financiación de Vladimir Putin, que usaba parte de lo ganado con el gas y el petróleo que vendía a los occidentales para engrandecer tal movimiento (haciendo cierta la vieja historia de la soga, los capitalistas y Lenin). Daba lo mismo qué idea reflejaran estos movimientos, si eran de extrema izquierda o de extrema derecha, si eran muy verdes o muy marrones, si eran nacionalistas, independentistas, pacifistas o belicistas. El modelo soviético que había intentado socavar a Occidente durante la Guerra Fría volvía a ponerse en práctica y, esta vez, sin una potencia como la estadounidense que, como policía mundial, cuidara de contrarrestar su labor destructora. Los movimientos ecologistas, a través de Gazprom, los partidos de extrema izquierda como Unidas Podemos o, si se dejaban, los movimientos más conservadores, que los de extrema izquierda gustan llamar “de extrema derecha”, recibían, como mínimo, el ánimo y, como máximo, el dinero de la empobrecida socialmente, pero rica en hidrocarburos, Federación Rusa. En los regímenes como los de Vladimir Putin, la economía y la prosperidad de los súbditos es sacrificable ante la lucha contra el enemigo, en pos de un lejano pero atractivo supremacismo. Mientras, la imagen de Putin como líder fuerte, como ejemplo, se fortalecía.

No es el primer personaje que tiene esta imagen de líder fuerte, visionario, capaz, acertado en sus actos, juicios y decisiones. En el siglo XX se dieron unos cuantos: Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini, Perón, Fidel Castro, Mao Tse-Tung… Si me apuran un poco, hasta Gandhi y su segundo, el quizá mucho menos conocido Jawaharlal Nehru, caen en este lado de los que tuvieron un “sueño”, que hubiera dicho Martin Luther King. Sí, es cierto, quizá me estoy extralimitando con la imagen de Putin. No es una persona que arrastre multitudes, pero tampoco es una persona que no tenga el afecto de muchos rusos, pues entra dentro de esta figura de líder fuerte que posiblemente busque mucha gente. Todos los nombrados han sabido moverse en el proceloso mundo de la política, haciendo lo que había que hacer, aliándose con unos, rechazando a otros y traicionando al que fuera para conseguir sus objetivos. No es que no se lo hayan trabajado, no son vagos, aunque alguno lo haya tenido más fácil que otros. Quizá tienen apoyos en la sombra, pero saben liderar cuando deben e imponerse a esos apoyos que creen que lo controlan.

Nunca me han gustado estos tipos. Tienen demasiado poder, incluso cuando sus objetivos son menos ambiciosos y se limitan a liderar empresas superexitosas en sectores muy novedosos, para luego meterse a ‘influencers’ de primera con sus opiniones y sus foros, alimentando numerosas teorías ‘conspiranoicas’ en torno a ellos mismos. Cabe preguntarse por qué gusta a la gente este tipo de personas. Es algo que me maravilla, quizá porque no lo comprendo del todo. Se pueden tener ejemplos de distintos tipos: personas que destaquen por su moralidad (o la que muestran), por sus conocimientos, por sus actos, por su fuerza de voluntad, pero no son dioses perfectos, son seres humanos llenos de defectos y virtudes (aunque en algunos se pueda dudar de esto último). Estos líderes, que las masas encumbran, por muy buenos que puedan parecer, son personajes peligrosos. Sus capacidades son limitadas, incluso en las que ellos creen que son aptos, y es posible que puedan ir en la buena dirección (sea lo que sea eso), pero cuando se deciden por actos de moral dudosa, o como en el caso de Vladimir Putin, por usar la fuerza, la violencia, para conseguir sus objetivos políticos e imperiales, el desastre puede llegar a todos, incluso a los que están lejos de él.

Quizá sea nuestro comportamiento grupal, la necesidad de tener, en la que consideramos nuestra tribu, un líder fuerte y carismático que tome decisiones sobre cuestiones comunes, la que impulse a muchos a casi adorar a este tipo de personas. Es también una forma de desentendernos de algo tan molesto y hasta peligroso como es tomar decisiones por nosotros mismos, aprender de nuestras equivocaciones y celebrar nuestros aciertos. Un error nuestro puede ser malo, incluso horrendo, pero es nuestro y su daño es limitado. Los errores de Putin nos pueden llevar a la Tercera Guerra Mundial, porque él lo vale y, detrás de él, cientos de miles, si no millones de personas que, en el pasado, el presente y el futuro, le apoyaron, le apoyan y le apoyarán. Las ideas de la libertad se basan en ser responsables de nuestros actos, de nuestras decisiones, pero sobre todo, en tomarlas, no dejar que otros las tomen por nosotros, incluidos los Putin de la vida, sobre todo, los Putin de la vida. Podemos y hasta debemos tener modelos de comportamiento que nos guíen y nos animen, pero debemos recordar que sólo son personas, no dioses, y el culto al líder puede llegar a ser muy totalitario.

Los nuevos Moai

En su libro “Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen”, Jared Diamond cuenta cómo se produjo una catástrofe medioambiental en la isla de Pascua, que la dejó sin árboles para los restos. En efecto, los habitantes de dicha isla se dedicaban a erigir Moais, las famosas estatuas de desproporcionada cabeza y exótico aspecto, y para ello necesitaban usar de forma intensiva los troncos de los árboles. 

Las citadas estatuas se esculpían en la cantera de Rano Raraku, situada en la parte oriental de la isla, y desde allí habían de ser trasladadas al lugar elegido para su erección. Habida cuenta del peso de los ídolos, lo que hacían erausar troncos de árboles a modo de ruedas por las dificultosas sendas. Una vez en destino, quedaba el reto de ponerlas verticales, algo para lo que se ha encontrado recientemente una hipótesis explicativa.

El propósito de tan pintorescas estatuas es desconocido, aunque a la vista de la localización de sus altares debía de tener que ver con el mar, fuera para protegerse de él o para hacerle sacrificios. En todo caso, parece indudable que la continua erección de estas estatuas acabó con los árboles de la isla, y llevó a la extinción a los creyentes en los Moais. De aquella cultura solo nos quedan ahora esos maravillosos vestigios, que bien justifican un viaje a la remota isla, para solaz de los allí residentes que no sé de qué podrían vivir sin turismo.

Desde una perspectiva actual, las acciones de aquellos humanos nos pueden parecer cuanto menos estúpidas. Pero lo cierto es que ellos estaban convencidos de que su supervivencia pasaba más por tener esos Moais sobre los altares, que por disponer de árboles en su territorio. De ahí su actuación, que se demostró equivocada como cualquier científico les hubiera podido anticipar que ocurriría.

Cuando uno viaja por España, y también por un creciente número de países, es inevitable contemplar la profusión de nuevos moais. Me refiero a dos tipos de moais: los generadores de energía eólica (también llamados “molinillos”) y las células fotovoltaicas. Los primeros interrumpen el paisaje llenándolo de pilotes y sombras de aspas, que se transforman en fantasmagóricas luciérnagas rojas por la noche, mientras continúa inexorable el batir de aspas. Las segundas cubren interminables llanuras, donde otrora únicamente el cielo era el límite. Y, como los Moais des la isla de Pascua, ambos tienen su origen en las supersticiones que ha tocado vivir en nuestra época.

La superstición que asola Occidente, como la desconocida que tenía convencidos a la cultura Moai, es que el ser humano con sus acciones está ocasionando un cambio climático devastador para su futuro, un cambio climático tan rápido que será imposible adaptarse a él y pereceremos como civilización. La mitología se está metiendo en vena en la sociedad, hasta el punto de que es frecuente encontrar casos de escolares sufriendo ansiedad y llorando por el fin de la civilización, y esto por no referirse a artículos supuestamente académicos procedentes de prestigiosas universidades, que siempre empiezan con el consabido sonsonete “En tiempos de crisis climática” o “En un mundo que se desmorona, mirar más allá de un apocalipsis…”.

Para prevenir la inminente catástrofe, lo que se propone, más bien impone,  en el ámbito del consume energético, es que optemos por las energías renovables, tipo eólica o solar, en lugar de otras más contaminantes como el carbón o el petróleo.

Lo que pasa es que la ciencia es muy testaruda, y los cálculos matemáticos muy simples. Sabemos la energía por superficie que producen tanto una célula solar como un “molinillo”. Y como sabemos también cuál en el consumo energético actual de las ciudades, nos encontramos con números directamente imposibles, del tipo “For example, if the United States were to try to generate all of the energy it uses with renewables, 25 percent to 50 percent of all land in the United States would be required”.

Aunque tampoco tenemos que hacer cálculos tan profundos para saber que los nuevos moais no están saliendo bastante caros: basta asomarse a la factura de la luz de los últimos meses.

Vamos, que quienes defienden que la humanidad solo será viable consumiendo energías renovables, lo que nos están diciendo en el fondo es que vamos a tener que cambiar de vida y reducir nuestro consumo energético, porque es evidente que ese consumo será imposible de mantener a base de dichas energías. En otras palabras, para confrontar el cambio climático nos exigen que nos empobrezcamos.

Pudiera ser que no quedara otra solución, que de verdad fuera cierto lo del cambio climático, y no hubiera otra que apretarse el cinturón. Pero es que eso es también mentira, porque desde mediados del siglo XX conocemos una fuente de energía prácticamente inagotable y baratísima, que es la energía nuclear. Así pues, tenemos ya en nuestras manos esa fuente de energía que nos permitiría mantener e incrementar nuestro nivel de vida sin poner en riesgo el entorno.

Y como ya conocemos la tecnología, no hay que inventarla, es realmente cuestión de tiempo que la opinión pública fuerce a los gobiernos a permitir y facilitar su uso, abandonando prejuicios ideológicos contra la sociedad. Se está viendo ya en la mismísima Unión Europea, que trastan solo un par de meses de precios altos de la luz, incluyóla energía nuclear como energía verde (Por cierto, algo nada extraño si estas decisiones fueran científicas en vez de políticas).

En el momento, cada vez más cercano y acelerándose por la reciente invasión rusa de Ucrania, en que la sociedad se vuelva a dar a sí misma permiso para utilizar la energía nuclear, el abandono de parques solares y fotovoltaicos será inmediato. Ninguna de estas energías puede competir, ni remotamente, en costes económicos y medioambientales con la nuclear.

En 50 ó 60 años, quien viaje por España verá mástiles con grandes aspas caídas a sus pies, e incomprensibles superficies de cristal roto, esperemos que bien valladas, en los lugares más inesperados. La mayor parte de la gente no sabrá para qué servían, y los pocos que sí, tendrán a nuestra generación por imbéciles y supersticiosos. Exactamente igual que lo que pensamos ahora de la cultura Moai.

Lo que pasa es que, si hay que colapsar, mejor dejar para el recuerdo espectaculares Moais que insufribles boscuchos de mástiles blancos y ciénagas de cristal. En eso, los antiguos habitantes de Rapa Nui habrán demostrado ser más listos que nosotros.  

Bitcoin y las sanciones a Rusia

En artículos anteriores señalaba la razón por la que considero que Bitcoin continuará siendo volátil incluso cuando haya alcanzado su máximo potencial de adopción. Muy resumidamente el motivo es que su cantidad estrictamente fija no se adaptará a la demanda de liquidez que de forma natural siempre va a fluctuar, y en el supuesto de que Bitcoin fuera el activo que tiene que satisfacer esa necesidad liquidez, el ajuste entre oferta y demanda sólo podrá llegar vía precio y no por la vía de una mayor oferta a un valor estable.

Una posible solución para estabilizar el precio que muchos proponen es la emisión de promesas de pago sobre Bitcoin. Habría que tener en cuenta que en una economía que crece, la demanda de moneda a la larga irá creciendo en la misma proporción.  Porque si la cantidad de Bitcoin es fija y su valor estable, la mayor demanda de moneda sólo podrá satisfacerse por una cantidad cada vez mayor de promesas de pago, llegando a una pirámide invertida cuyo vértice es cada vez más pequeño para sostener un volumen siempre creciente de promesas de pago.

El problema es que las promesas de pago requieren un tercero de confianza que les debe dar cumplimiento. Y como muy bien señala Eduardo Blasco, mi compañero en estos análisis diarios, Nick Szabo explicó brillantemente allá por 2001 por qué los terceros de confianza son agujeros de seguridad.

En esa misma línea, Bitcoin fue diseñado para no necesitar confiar en terceros, incluido un tercero que sea el supuesto garante universal de la propiedad privada (el Estado). Esto tiene unas implicaciones que van más allá de lo monetario, pues de lo que realmente se trata es de una nueva forma de instrumentar la propiedad, especialmente la propiedad de bienes intangibles, que salvo alguna excepción como los secretos industriales, se habilita generalmente mediante terceros. El ejemplo clarísimo de esta instrumentación mediante terceros de confianza son las promesas de pago emitidas por los bancos que utilizamos como moneda.  

Creo que el lector ya puede percibir la inestabilidad del concepto “agujero de seguridad” inserto en una pirámide invertida cuyo vértice representa de manera irreversible un valor cada vez más pequeño en relación al volumen creciente de promesas de pago que soporta.

Pues bien, incluso concediendo que los emisores de promesas de pago nunca impagarán de forma significativa por mala fe, negligencia o incluso error humano, que ya es mucho conceder, en las dos últimas semanas hemos sido testigos directos de uno de los problemas al que esta solución nos llevaría. Confiscar, congelar o expropiar promesas de pago de Bitcoin sería tan fácil para los políticos como hacerlo con los Euros, Dólares o cualquier otro activo financiero “propiedad” de Rusia pero emitido bajo la jurisdicción de algún Estado occidental. Esto es así porque los políticos controlan el Estado, el Estado controla las leyes (con minúsculas) y también detenta el monopolio de la violencia para hacer que éstas se cumplan. 

En una situación así, el valor de Bitcoin superaría a la de las promesas de pago, pues el poder de disposición de sus unidades no depende de leyes (ni de registros de la propiedad, abogados, notarios, parlamentos, diputados, procuradores, jueces, sistema penitenciario, tribunales, policía, etc.). Está instrumentado de forma totalmente distinta: Basta con el conocimiento de una clave. Nada más. Y aunque sea secundario en este análisis, nótese también que Bitcoin no necesita hacer gasto de tan costosísima infraestructura legal. 

La volatilidad que necesariamente acompaña a un activo con una oferta determinística incapaz de adaptarse a las fluctuaciones de la demanda, limita mucho los incentivos que tienen los agentes para crear y aceptar promesas de pago denominadas en ese activo, es decir, que no creo que esa pirámide invertida llegue a existir nunca. Pero aun haciendo el experimento mental de que llegara a existir, vemos claramente que las propiedades de Bitcoin y las de una promesa de pago sobre Bitcoin son radicalmente distintas. Su fungibilidad es de todo punto imposible, especialmente a largo plazo, y menos aún mientras existan políticos y Estados. ¿Una pirámide invertida con un vértice que de forma aislada es naturalmente volátil, condenado a menguar indefinidamente, y cuya naturaleza es profundísimamente distinta a las promesas que está soportando? Lo veo totalmente inviable

Los terceros agentes confiables, ¿son un agujero en el sistema bitcoin?

Los sistemas monetarios son una combinación de dinero y crédito estructurados en una jerarquía según su liquidez. El dinero y el crédito cumplen funciones diferentes, y ambos son necesarios para mantener un sistema estable. Encontramos el dinero propiamente dicho, un activo real, en la base y las diferentes formas de crédito, activos financieros, en la cima. Podemos distinguir estos dos elementos entendiendo el dinero como medio de liquidación final y el crédito como promesa de pago de dinero, o medio para retrasar la liquidación final (Mehrling 2013, 394).

Tanto los activos reales como los financieros son esenciales en el sistema monetario. Sirven para diferentes propósitos y tienen diferentes propiedades. El activo real que funciona como dinero debe ser relativamente escaso, porque el dinero debe ser un buen depósito de valor para funcionar como un buen medio de intercambio: hay que ser capaz de acumularlo hasta que surja el intercambio adecuado para comerciar con él. El aumento de la cantidad de activos reales tiende a disminuir su valor. Por tanto, si este activo real pudiera obtenerse sin esfuerzo, sería un mal depósito de valor. Pero como la demanda de dinero es exógena a su oferta, tenemos que encontrar la forma de aumentar o disminuir la cantidad de medios de intercambio en una economía en función de la demanda monetaria si queremos un precio estable del dinero. No podemos aumentar la oferta de activos reales tanto como queramos o, de lo contrario, cualquier cambio en la demanda de dinero alterará su precio y, por tanto, lo convertirá en un dinero malo. Por eso necesitamos activos financieros para completar el sistema monetario. 

Los activos financieros representan dinero de segunda capa o superior convertibles en dinero base. El valor de los activos financieros no disminuye necesariamente con un aumento de su cantidad (Rallo 2017, 12) porque el exceso de crédito refluye de nuevo al emisor (Glasner 1992, 877), por lo que podrían satisfacer eficazmente cualquier aumento de la demanda de dinero disminuyendo cualquier alteración del precio (Rallo 2017, 13). Por lo tanto, un sistema monetario estable debería basarse en una sólida base de activos reales con suficientes activos financieros para que la oferta de dinero se ajuste a su demanda con flexibilidad.

Para poder emitir sustitutos de Bitcoin, los agentes necesitarían contar con un tercero, el que monetice su deuda para que otros se la compren, es decir, de la presencia de un tercero confiable. Los terceros confiables o trusted third parties (TTP) en criptografía son entidades que facilitan las interacciones entre dos partes que ambas confíanen un tercero. Bitcoin no requiere de terceros para que los usuarios puedan atesorarlo y operar con él.  Una vez que compras bitcoins, puedes guardarlos en un monedero frío (fuera de línea) o caliente (en línea) que sólo tú controlas. Por lo tanto, una de las propiedades de Bitcoin es que puedes almacenar bitcoins de forma barata y sencilla sin que intervengan terceros de confianza. Nick Szabo(2001) afirma que los terceros de confianza son agujeros de seguridad, y que el mejor TTP es ningún TTP.

Szabo escribió este texto antes de que Satoshi Nakamoto desarrollara Bitcoin. Lo más probable es que Nakamoto tuviera en cuenta la visión de Szaboa la hora de crear Bitcoin, ya que formaba parte del objetivo de Nakamoto de diseñar un sistema de dinero electrónico entre pares sin terceros de confianza (Nakamoto 2008). Estoy de acuerdo con la posición de Szabo y entiendo y comparto el propósito de Nakamoto para Bitcoin. El hecho de que Bitcoin no requiera de terceros de confianza para operar significa que funciona mejor como dinero. Dicho esto, creemos que el hecho de que pueda circular sin TTP no significa que siempre y para todos tenga que funcionar así. Para algunas personas, durante algún tiempo, puede ser más eficiente poseer activos financieros convertibles porbitcoins que el propio dinero base.

Bajo el patrón oro, el oro era el último terminador de la deuda. Sin embargo, no todos los pagos se hacían en oro. Allí donde había menos regulaciones bancarias, como Escocia, Canadá y Nueva Inglaterra, “durante el siglo XIX, el oro prácticamente desapareció de la circulación” (Selgin and White 1987, 448). La gente no tiene la necesidad de pagar siempre con dinero base. Si, como en el caso del oro, pagar con este es más caro que la alternativa, podemos esperar que surjan sustitutos monetarios. Este es también el caso de Bitcoin. Los pagos de primer nivel son caros y sólo se encarecerán. Deberíamos pensar en estas transacciones como el equivalente a cuando los países solían fletar barcos para transportar oro. Bajo un estándar Bitcoin, no sería económico realizar todas las transacciones en la primera capa. Si ahora son caras, sólo lo serán más cuanta más gente adopte Bitcoin y quiera pagar así.

Con Bitcoin puedes llegar a ser tu propio banco.Esto es uno de los grandes atractivos de este active. Pero es caro ser tu propio banco. O, al menos, más caro que la alternativa: Confiar a terceros la emisión de activos financieros líquidos convertibles para ser utilizados como medios de cambio. Habría más rendición de cuentas que bajo el patron oro. La gente siempre podría comprobar la dirección del tercero de confianza para asegurarse de que tiene una cantidad prudente de bitcoins en sus reservas. Durante la época de la banca libre en Escocia, como los accionistas tenían responsabilidad ilimitada, hacían públicos sus accionistas más ricos como prueba de liquidez (White 1995). En Estados Unidos, los bancos también hacían públicos sus estados financieros para atraer a los depositantes mostrando un gran colchón para absorber las pérdidas de los activos, en este caso el patrimonio neto de los bancos—capital más superávit—. Esta política era común en los acuerdos de las cámaras de compensación (Timberlake 1984, 9). La gente encontró formas de asegurar la buena posición de sus intermediarios antes de que los estados establecieran el precedente de rescatar a los bancos, generando así los incentivos para que los banqueros jugaran con el dinero de otras personas y para que los acreedores ignoraran si sus deudores actuaban de forma imprudente con su dinero. Con Bitcoin, estas políticas serían innecesarias ya que, de nuevo, la gente podría corroborar por sí misma la liquidez en términos de reservas de dinero que tienen sus bancos, reduciendo así cualquier agujero de seguridad.

Para muchos Bitcoiners, si no tienes las llaves de tus bitcoins no son tuyos. Mientras que esto es cierto, tampoco significa que se traduzca en “no son tus llaves, por tanto, olvídate de ver esas monedas de vuelta o de recibir algo de valor a cambio”. La gente sólo cambiaría sus bitcoins por un activo financiero valioso para ellos, cuyo valor provendría de su capacidad de venta. Si A ha aceptado previamente sustitutos de Bitcoin de segunda capa porque A cree que éstos podrían ser canjeables a bitcoins cuando los demande, A quería pagar algo a B, B aceptó estos sustitutos por la misma razón que A, y el pago tenía menos o ninguna comisión por transacción, tendría sentido que ambas partes utilizaran este sistema. A no tiene que tener sólo activos financieros en sus saldos de tesorería. A puede decidir la relación dinero-crédito que mejor se adapte a sus necesidades. A puede poseer 100 satoshis y convertir 30 de ellos en crédito Bitcoin de la Empresa X porque A les compra con frecuencia. La Empresa X puede entonces decidir dónde se emplea mejor ese dinero, guardándolo en sus saldos de tesorería para hacer frente a futuros pagos, o invirtiéndolo en la producción futura. Esa sería la evaluación de la Empresa X, de la misma manera que los bancos han estado tomando decisiones similares a lo largo de la historia. No hay razón para creer que sería diferente bajo un estándar Bitcoin.

Además, podemos ver que muchas personas ya están convirtiendo sus bitcoins en sustitutos de bitcoins. Cuando compras bitcoins en un exchange, si guardas tus bitcoins allí, lo que posees es un derecho sobre esos bitcoins, que están bajo el control del exchange. (De ahí la frase “no tus llaves, no tus monedas”.) Por lo tanto, ya no es una suposición que el crédito de Bitcoin vaya a surgir, ya lo ha hecho, y este negocio ha pasado incontrovertiblemente la prueba del mercado. Algunas de las razones por las que la gente preferiría reclamar bitcoins desde el exchange a los bitcoins reales son que los intercambios podrían ser más fáciles de usar que la mayoría de los monederos, que una vez que la gente compra bitcoins no quiere tener que transferirlos a otro sitio si puede mantenerlos en el mismo “lugar” y que algunos exchanges ofrecen a sus clientes préstamos a la carta con tipos de interés más altos que las cuentas corrientes o de ahorro. Ambas razones hipotéticas eran casos de costes de transacción mentales en juego, y la segunda de incentivos financieros generados por los mejores contratos que ofrece el intermediario financiero especializado, el exchange.

Los terceros confiables sí que son agujeros de seguridad. Pero son riesgos que les saldría rentable a los usuarios asumir, por lo que no hay que descartarlos tan rápidamente. Bitcoin sería el último medio de pago, el instrumento final para saldar las deudas, pero la gente intercambiaría activos financieros convertibles a Bitcoin como su medio común de intercambio para permitir que se produzca el mayor número de intercambios deseables entre dos partes. Medios de intercambio que operasen en capas superiores reducirían la volatilidad de Bitcoin, aumentando así su liquidez. 

Referencias

Mehrling, Perry. 2013. “The Inherent Hierarchy of Money.” In Social Fairness and Economics: Economic Essays in the Spirit of Duncan Foley, edited by Lance Taylor, Armon Rezai, and Thomas Michl, 394–404. London, United Kingdom: Routledge.

Nakamoto, Satoshi. 2008. “Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System.”

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Más Europa

La pasada semana el alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, declaraba el nacimiento de la “Europa geopolítica”. Muchos llevábamos tiempo reclamando una mayor unidad europea en asuntos de política exterior, tanto a través de las instituciones bruselenses como de un reforzamiento de la OTAN. Finalmente, tras el deleznable acto de agresión de Rusia contra la soberanía del pueblo ucraniano, parece que Europa y los europeos hemos reaccionado para defender lo que de verdad importa: la vida y la Libertad. 

El ejército ruso ha bombardeado escuelas, hospitales, aeropuertos y todo tipo de infraestructuras civiles, tratando de forzar el derrocamiento del gobierno ucraniano para controlar el territorio, causando una diáspora que, de momento, alcanza algo más de cien millones de refugiados. El pueblo ucraniano, frente a estos ataques, se ha armado de valentía y ha decidido resistir y defender lo que, por imperativo democrático, les pertenece desde 1991. En este escenario, la UE, tanto por razones estratégicas como morales, no tenía otra opción (ni debía tenerla) más allá de apoyar a los ucranianos en su heroica contienda. 

Como europeísta convencido siempre me habían generado mucha rabia y tristeza las burlas hacia la UE en referencia hacia sus titubeos en política exterior, sus divisiones internas y la lentitud de sus decisiones y reacciones. Precisamente, me generaban dicha tristeza y rabia por su extrema veracidad. La UE, hasta la semana pasada, se encontraba inmersa en un proceso de acelerada división, fraccionalización y burocratización que estaban haciéndola inútil en muchos aspectos a nivel global. Aún así, muchos europeístas -frente al euroescepticismo reaccionario-, llevábamos tiempo abogando por un cambio de actitud en las instituciones europeas y una serie de reformas urgentes que dieran lugar a una acción política a escala europea más dinámica, eficaz y cercana a las necesidades reales de los ciudadanos comunitarios. La reacción de la UE ante la invasión rusa de Ucrania ha sido sin duda un paso de gigante hacia ello. 

La UE ha puesto en marcha sanciones masivas a los oligarcas vinculados al Kremlin y al circulo más cercano a Putin (incluyéndole), ha prohibido el acceso al sistema SWIFT a los principales bancos rusos y ha congelado los activos del banco central de Rusia, reduciendo la capacidad de maniobra de su política monetaria y causando una devaluación sin precedentes del rublo. Además, por primera vez en su historia, la UE está apoyando económicamente el envío de armamento militar a Ucrania por parte de sus países miembros, destinando a ello más de 500 millones de euros procedentes del Fondo Europeo para la Paz.

Pero lo más relevante no es que lo haya hecho la UE, sino que todas estas medidas se han tomado de manera coordinada con las principales democracias liberales del mundo como es el caso de EE. UU., Canadá, Japón, Suiza, Finlandia, Suecia, etc. La indignación internacional ante la guerra de Putin es tal que ha conseguido sacar de su férrea neutralidad a Suiza, despertar a Alemania de su aletargado pacifismo e incluso causar una importante reacción en Finlandia y Suecia, que llegaron a plantearse solicitar la entrada en la OTAN. Por lo tanto, el avance no es solo de la UE, sino asimismo del atlantismo y de la defensa global del modelo político que mayor paz y prosperidad ha brindado en la Historia: la democracia liberal. 

Decía Lenin que hay semanas en las que ocurre lo mismo que en el transcurso de una década, y sin duda la pasada semana fue una de ellas, pudiendo observar, tal y como afirmó con gran acierto Josep Borrell, el nacimiento de la “Europa geopolítica” y un realineamiento de las relaciones internacionales a escala global. La UE ya no es la misma que hace dos escasas semanas. Hoy las instituciones europeas y los ciudadanos de los países miembros somos más conscientes de la importancia de la solidez de los vínculos comunitarios, de la defensa de unos valores comunes y de asegurar una férrea defensa de nuestra seguridad a través de capacidades militares y logísticas conjuntas. 

Parece que el apoyo a Ucrania se mantendrá en el largo plazo, ya que no existirá seguridad ni estabilidad en Europa si Putin logra imponerse a la defensa de la soberanía ucraniana. Garantizar la supervivencia de Ucrania es defender la legalidad internacional y el orden mundial que nos dimos tras 1945. Pero no debemos engañarnos. Las medidas adoptadas hasta ahora para tratar de frenar los delirios autoritarios de Putin acarrearán un elevado coste económico que repercutirá en todos los países, aunque de manera heterogénea. 

Las sanciones actuales dan lugar a unas expectativas de menor crecimiento y mayor inflación en 2022, incrementando de manera notable el riesgo de estanflación, el cual hasta ahora los analistas de organismos internacionales no contemplaban. Aunque últimamente los principales bancos centrales del mundo hablaban de ligeras subidas de tipos y la finalización de muchos de sus programas de compra de deuda (con la consiguiente reducción de su balance sheet en muchos casos), tras la invasión de Ucrania, seguramente las subidas de tipos sean mucho menores de las inicialmente planteadas, avivando el riesgo de prolongar la elevada inflación en pro de tratar de sostener el crecimiento económico. 

Asimismo, debemos ser consciente del shock de oferta que suponen las sanciones a Rusia y el efecto que esto tendrá sobre el nivel de precios de las materias primas, encareciendo notablemente la energía, como ya estamos viendo. Aún desconocemos si se producirá una mayor restricción de oferta de gas ruso en Europa, lo cual dependerá principalmente de la duración de la guerra y su intensidad. La dependencia energética de Europa hacia Rusia es la principal debilidad europea en el actual escenario geopolítico, ya que, tal y como ha analizado el BCE, un recorte del 10% del flujo de gas ruso hacia Europa causaría de manera directa una disminución de 0,7 puntos porcentuales de la cifra del crecimiento del PIB comunitario, sin contar con la persistencia de las disrupciones de las cadenas globales de valor que veníamos arrastrando desde los primeros meses de 2020. 

Por otro lado, cabe resaltar que Putin sufrirá muchísimo más que Europa por las sanciones. Aunque es cierto que en los meses previos a la invasión de Ucrania el autoritario ruso había acumulado mayores reservas internacionales y había intensificado sus relaciones comerciales y políticas con China (sobre todo en lo referente a exportación de materias primas), aún así el 28% del valor total de las exportaciones rusas seguía dirigiéndose a países UE. Mientras los países miembros podrán encontrar nuevos suministradores de dichos insumos, resulta altamente complicado que, en el escenario actual de bloqueo económico a Rusia, Putin vaya a encontrar nuevos socios comerciales a los que exportarles dichos bienes. Tampoco conviene hacerse ilusiones al respecto, ya que gran parte de dicho volumen de exportaciones es gas, cuya importación de Rusia la UE aún no ha reducido debido a su elevada dependencia para garantizar la seguridad de suministro. 

Por lo tanto, si algo está claro es que la invasión de Ucrania supone un profundo cambio en las relaciones políticas y económicas a escala global. Europa, y en particular la UE han reforzado sus vínculos de cooperación y han exhortado más que nunca a la defensa de unos valores comunes, entre los que se encuentran el respeto por la democracia y la Libertad. Además, la guerra de Putin ha reforzado los vínculos atlánticos y la cooperación entre EE. UU. y la UE, que a lo largo de los últimos años parecía haberse debilitado. Aún así, todo esto no debe hacernos obviar los costes que la situación actual acarrea y acarreará. No olvidemos que Europa y sus vínculos siempre se han forjando y consolidado en las situaciones de dificultad. Por la democracia y la Libertad: Más Europa.

La invasión de Fukushima

Como he comentado alguna vez en estas páginas, me pasé varios años de mi juventud defendiendo la energía nuclear de los ataques absurdos que recibía a principios de siglo. Terminé de tirar la toalla después del bautizado por la prensa “Desastre de Fukushima”. Y no porque el accidente de aquella central nuclear me abriera los ojos a los peligros de esta fuente de energía, sino porque contemplar cómo la prensa consiguió que las quince mil muertes del tsunami fueran eclipsadas o, directamente, atribuidas al accidente nuclear me dejó bien claro que estaba ante un reto imposible.

Como dijo el maestro Antonio Escohotado: la verdad se defiende sola, la mentira necesita ayuda del gobierno. Así que, aunque algunos tiráramos la toalla hace años, la energía nuclear ha seguido siendo fundamental para que los países occidentales tengan un suministro eléctrico viable, sobre todo si el carbón sale de la ecuación por el cambio climático. Es una verdad que no se ha querido ver, pero que no tiene problema en hacerse presente con detalles tan importantes como que estoy escribiendo en un ordenador que consume electricidad a 400€ el MWh, mientras leo docenas de artículos que detallan el negro panorama que se abre para Europa una vez que el gobierno alemán ha tenido que renunciar al gas ruso.

¿Y por qué hemos ignorado una verdad que se hace evidente de forma tan clara? O, dicho de otra manera, ¿quién ha ayudado a la mentira?

Se empieza a hablar de la posibilidad de que la empresa rusa de gas Gazprom haya estado subvencionando a lobbies y activistas antinucleares europeos. Es bastante posible, sí, pero si ese fuera el único factor ni yo, ni otra mucha gente, habría tirado la toalla en 2011. Ninguna empresa, por poderosa que sea, es capaz de conseguir que mueran quince mil personas y que el foco se ponga en una central nuclear donde no murió nadie.

Podemos caer en la tentación de focalizar en exceso a Putin y su régimen, como una especie de Soros que todo lo explica, o podemos seguir atendiendo a los hechos, y entender que una vez pase el subidón de las primeras semanas de invasión, todas las malas ideas, y la estructura que la sustentan, van a seguir ahí. Y nada de eso está fuera de nuestras fronteras.

Existe un precedente muy cercano; hemos dejado que quienes negaban la utilidad de las mascarillas en marzo de 2020, fueran los que lideraran la comunicación durante toda la pandemia. El resultado es que, después de aplaudir durante semanas, se han prolongado las medidas restrictivas mucho más allá de lo razonable, y hemos sufrido la mayor pérdida de libertades en cincuenta años. Con una parte de la población con claros daños psicológicos que van a tardar décadas en superar.

Que a nadie le quepa la menor duda de que si los que nos narraron Fukushima, llevando al gobierno alemán a terminar de desistir de la energía nuclear, son los encargados de liderar la independencia europea del gas ruso, el desastre está más que garantizado.

Vamos a tener un mes de banderitas, Give peace a chance en la radio, declaraciones pomposas, y orgasmos periodísticos con el presidente ucraniano, para que después nos pasen el rodillo de los consensos por encima, y seamos aún menos libres de lo que somos hoy.

Sería bueno asumirlo ya, y utilizar estas semanas para intentar enfocar la marea sentimental a algo que sea útil, como purgar alguna mala idea de nuestra mente colectiva: necesitamos la energía nuclear. Y sí, no solo la energía nuclear, pero por algo se empieza. Si no somos capaces de sacar al menos esto de la montaña de excrementos que se nos viene encima, ya podemos asumir que Putin va a ser el menor de nuestros problemas.

Bitcoin y la crisis de autoridad del Estado (II): Las dos fracturas principales y el camino a las micrópolis

Si en el artículo anterior planteaba la cuestión y comentaba las tres primeras fracturas de la Autoridad del Estado, en este comentaré las otras dos fracturas y cómo se empieza a abrir el camino hacia las Micrópolis.

4/ La sangre del Leviatán. La capacidad de obtener recursos del Estado depende principalmente de dos vías, del cobro de impuestos y de la posibilidad de financiarse en el mercado colocando su deuda pública (cuyos intereses pagará mediante el cobro de impuestos precisamente). En un escenario como el actual, con una inflación elevada, y unos Estados hiperendeudados, podemos estar ante un escenario de crisis de la deuda pública:

«La conclusión no puede ser más clara. Los bancos centrales se han metido en un verdadero callejón sin salida. Si huyen hacia adelante e impulsan aún más su política de expansión monetaria y monetización de un déficit público que no deja de aumentar, corren el riesgo de generar una grave crisis de deuda pública e inflación. Pero si, ante el miedo de pasar del escenario de “japonización” previo a la pandemia a un escenario próximo a la “venezuelización” con posterioridad a ella, detienen su política monetaria ultralaxa, entonces de inmediato se hará evidente la sobrevalorización de los mercados de deuda pública y se generará una importante crisis financiera y recesión económica, tan dolorosa como saludable a medio y largo plazo. Y es en este contexto en el que la única recomendación sensata que se puede dar a los inversores es que vendan todas sus posiciones en renta fija cuanto antes, pues no se sabe por cuánto tiempo más los bancos centrales seguirán manteniendo de forma artificial un precio de la misma tan desorbitado como jamás se ha visto en la historia de la humanidad». (Los efectos económicos de la pandemia, Huerta de Soto)

El dinero fiat, en principio, es un pasivo del banco central, cuestión que suscita interesantes debates. Esto se ve mucho más claro si se tiene presente que hasta hace no tanto era convertible en oro, es decir, que se podían canjear los billetes por su equivalente en oro, de tal modo que el banco debía tener en su activo tanto oro como en su pasivo billetes convertibles en este, al menos en la proporción establecida legalmente. Desde que Nixon acabó con el Patrón oro en 1971 no hay esta convertibilidad, sin embargo el dinero fiat se ha seguido contabilizando como un pasivo de los bancos centrales, que tenía como contrapartida principalmente deuda pública.

A raíz de la pandemia los bancos centrales han incrementado sustancialmente la oferta monetaria, lo cual incide significativamente en la inflación tan elevada que estamos viviendo actualmente. La cuestión es que para volver a meter a la inflación en cintura los bancos centrales tendrán que subir los tipos de interés y/o retirar dinero de circulación vendiendo deuda pública al mercado mientras los Estados suben impuestos.

Las cuestiones aquí son varias:

a) Si se inunda el mercado de deuda pública, con una inflación significativa, ¿quién la comprará?

b) A largo plazo, con un activo inconfiscable como Bitcoin, ¿qué garantías hay de que los Estados puedan cobrar los impuestos necesarios para pagarla? Si los suben significativamente le harán una publicidad tan impagable como la que le ha hecho el Gobierno de Canadá con el embargo de cuentas. La única garantía es que incrementen su coerción sobre los ciudadanos —un parche que terminaría volviéndoseles en contra más pronto que tarde—, profundizando aún más en la pérdida de libertades. Si esto sucede, será más publicidad para Bitcoin y más incentivos para que otras jurisdicciones ofrezcan mejores condiciones a aquellos que busquen preservar su patrimonio y libertades.

c) Si además Bitcoin es un activo para preservar valor en periodos largos de tiempo y por ello un perfecto competidor de la deuda pública en el medio y largo plazo, tendrán que subir aún más los tipos de interés para que la deuda pública resulte atractiva para los inversores, especialmente de aquellos Estados en los que se dude de su solvencia.

d) De la deuda pública principalmente se pagan los intereses y se refinancia el principal al tipo de interés del vencimiento, pero si tienen que subir los tipos y se tiene que refinanciar ahí, los intereses que tendremos que pagar se disparan, y si no hay capacidad para el pago de los intereses las dudas sobre la solvencia provocarán que los acreedores, ante la incertidumbre de cobro en un posible momento de necesidad de liquidez, eviten la refinanciación y se exija el pago del principal, además de exigir mayores rentabilidades futuras por el riesgo esperado.

e) Si los Estados y los Bancos centrales se empeñan en no cambiar nada deteriorarán la solvencia de sus países y de sus empresas de forma muy significativa, probablemente ellos mismos tengan que llegar a atesorar Bitcoin para poder hacer frente a sus obligaciones, ¿tardaremos mucho en ver cómo los Bancos y los Estados empiezan a adoptarlo como reserva de valor? ¿Qué pasará con el euro ante un escenario de inflación significativa donde unos países tendrán problemas más que considerables con su deuda pública y otros no?

Por todo esto, y las consecuencias que se derivan de ello, a corto y medio plazo, en el escenario optimista, sólo habrá una subida significativa de impuestos —que ya rozan niveles de expolio— y una reducción significativa del gasto público, con su consecuente contracción de la economía. El pesimista prefiero no mentarlo.

Si la decisión a tomar por los bancos centrales se debate entre expoliar a los ciudadanos o dejar de financiar a los gobiernos, creo que tienen alineados los incentivos para lo primero. No está de más protegerse tanto de la inflación como del expolio fiscal con un activo inconfiscable que se puede comprar sin identificar.

5/ El fork del acceso a la información. Históricamente, el poder político ha estado sancionado por una Autoridad, lo cual ha influido significativamente en la forma política del momento. Asimismo, la forma que tenemos de acceder a la información ha determinado en gran medida a quién reconocemos como Autoridad, como saber socialmente reconocido. Desde el Oráculo de Delfos, a los juristas romanos, o la Iglesia católica, la Autoridad ha estado separada de la Potestad, y de esta manera había una separación clara. Como comentaba en la primera parte del artículo, la idea de soberanía fusiona ambas, por lo que es el Poder político el que detenta también el saber socialmente reconocido, especialmente sancionado a través de su cuarto poder: los medios de comunicación. Así, vemos la vinculación de cómo el acceso a la información influye en la forma política. Veamos un ejemplo de lo que sucede hoy: hay una serie de canales de televisión, que se corresponden aproximadamente con los partidos políticos, y allí donde hay un canal de televisión regional con una visión política concreta también está un partido regional con ella. Pero ahora lo que estamos viendo es cómo ese oligopolio de la sanción del poder político y de acceso a la información está sufriendo un fork: los creadores de contenido, youtubers, streamers, influencers, etc.

La mayoría de jóvenes no vemos la televisión —yo llevo 7 años sin hacerlo—, y bebemos de otras fuentes de información distintas a las de nuestros padres y abuelos, y con ello reconocemos otras autoridades, otras fuentes de saber socialmente reconocido, en este caso autoridades carismáticas. Esto supone el abandono de las autoridades establecidas y del interés por la actualidad, y con ello una de las crisis más importantes: la crisis de la legitimidad del poder político.

Ahora estos youtubers se tienen que ir del país, enseñan a los jóvenes lo confiscatoria y abusiva que es la Hacienda española, y señalan el camino a las generaciones venideras que, cuando crezcan y tengan intereses políticos y económicos, dispondrán de un activo inconfiscable e incensurable para llevar a cabo sus proyectos vitales. Con ello se incrementará significativamente su poder de negociación, y querrán un nuevo contrato social. Este es uno de los caminos que conduce hacia las Micrópolis:

“Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio” (La producción de seguridad, Gustave de Molinari).

Ese día ya empieza a amanecer.

Las dos teorías de Marx sobre los beneficios (II): ganancia en el capitalismo industrial (plusvalor relativo y extra)

En el primer artículo de esta serie hemos demostrado que la principal teoría sobre la ganancia de los capitalistas de Marx en El Capital I1 era una propuesta irreal. La teoría de explotación fue creada postulando unas condiciones irreales. Era tan clara la diferencia entre el mundo irreal de Marx y el mundo real, que incluso el propio Marx se vio forzado a admitir la contradicción en la que había incurrido. Es decir, en realidad la ganancia no está relacionada con el capital variante, lo que sería equivalente al capital gastado en mano de obra, sino con el capital invertido. Marx evitó el colapso inminente de su teoría prometiendo engañosamente la solución a este problema en el tercer libro del Capital. Engañosamente, porque sabía de antemano que no había solución ya que el manuscrito – en el que no resuelve el problema – ya había sido escrito entre 1863 y 1865, dos años antes de la publicación de El Capital I. Ahora se entiende por qué Marx no tenía muchos deseos de publicarlo.

Marx también sabía que la teoría de ganancia basada en la plusvalía del trabajo es tan incorrecta que si solo hubiese basado su teoría política, económica y social en esta hipótesis no podría haber dado una explicación al éxito del capitalismo industrial y tendría que haber terminado su obra después de las primeras trescientas paginas del Libro I. El mismo Marx insinúa en algunas frases que su famosa teoría principal sobre la explotación era apta solo en un periodo histórico anterior al capitalismo industrial. Así Marx ya presagiaba la conclusión2 3 que habría de sacar Engels en 1895 como respuesta a las críticas de Böhm-Bawerk en la que decía que la principal teoría de explotación de Marx era válida solo hasta el siglo XV, periodo en que la economía se basaba en el trabajo manual, pero no en el capitalismo industrial. 4

El problema de Marx era que no podría seguir escribiendo El Capital después de llegar a la conclusión de que la ganancia es la consecuencia de la explotación de los trabajadores porque su principal teoría no hubiese podido explicar por qué los capitalistas invierten en máquinas y fábricas. Según dicha teoría la ganancia es proporcional al capital invertido en la mano de obra. Por esta razón, la ganancia debería disminuir si el capitalista incrementa el capital invertido en máquinas reduciendo el capital invertido en mano de obra. Tampoco hubiese podido explicar por qué se empeñan los capitalistas en reducir el coste de mano de obra al hacer cada vez más eficiente la producción. Marx estaba seguro de que los capitalistas eran malevolentes, pero, por supuesto, sabía que no eran tontos y estaba seguro de que, al invertir dinero, no tenían la intención de ganar cada vez menos y menos. ¡Al contrario! El motor de los capitalistas era ganar cada vez más y más. 5 “¡Acumulad! ¡Acumulad!” es el himno de capitalista según Marx, con un toque antisemita,6 y no “¡Empobreced! ¡Empobreced!”

Para poder seguir escribiendo sobre capitalismo industrial, Marx tuvo que introducir una segunda teoría sobre ganancia, una que funcionase en las condiciones reales del capitalismo y no solo en el mundo inexistente, que era la fantasía de Marx.  Esta segunda teoría es la teoría del plusvalor relativo y el plusvalor extra,7 introducida en la cuarta sección de El Capital I. 8 El plusvalor relativo y extra nace cuando un capitalista obtiene beneficio a costa de otros capitalistas abaratando el producto invirtiendo en máquinas más eficientes y organizando mejor la producción. 9

La teoría de plusvalor relativo y extra intenta dar una explicación al aumento de las fábricas y a la inversión creciente en máquinas en el mundo real. En el mundo real nadie puede estar seguro de que está invirtiendo su dinero en una producción cuyo producto final va a poder ser vendido con seguridad al precio previsto, que va a cubrir todos los gastos y que obtendrá una ganancia adecuada.  Este mundo real del capitalismo es opuesta al mundo irreal de los primeros capítulos, donde Marx analizó una economía circular. En la economía circular de Marx el capitalista no tiene que preocuparse de nada, y esta segurísimo de que el producto se podrá vender por el precio previsto y no tiene que preocuparse por si hay otro capitalista en el ámbito económico que en cualquier momento podría inundar el mercado con un producto parecido, pero más barato.

 El nuevo mundo marxista que ya retrata una realidad más cercana al capitalismo es analizado desde la cuarta sección. En estas nuevas condiciones, el capitalista puede ganar plusvalía extra o relativa abaratando el producto respecto a los demás capitalistas gracias a una mejor y más eficiente organización de la producción o mediante la introducción de fábricas mecanizadas. 

El compromiso con la realidad fuerza a Marx a jugar con las palabras para evitar tener que confesar que no solo el trabajo de los trabajadores tiene el poder mágico de producir ganancia. 

El primer problema es que el argumento nuevo de Marx claramente contradice al texto anterior de El Capital. Anteriormente, Marx había sostenido que el único modo de obtener ganancia es la explotación de los trabajadores. Pero, desde el capítulo cuatro explica que un capitalista podría tener ganancia abaratando sus productos en comparación con el resto de los capitalistas. Las dos explicaciones no pueden ser válidas al mismo tiempo. Para un doctor en Filosofía tenía que estar clara esta contradicción de la lógica. Para evitar esta contradicción Marx crea un puente entre la teoría del plusvalor relativo y su principal teoría; con ella, podrá seguir reafirmando la existencia de la explotación de los trabajadores. El nuevo argumento plantea una dualidad en cuanto al sujeto de ganancia. Por una parte, existe un ingreso individual que se adquiere mediante la teoría del plusvalor relativo; por otra parte, según Marx, la clase capitalista obtiene una ganancia colectiva al abaratar los productos necesarios para la supervivencia de los obreros, ya que, de esta manera, en la jornada laboral se incrementaría el tiempo en que los obreros están produciendo beneficios. 10 No obstante, el nuevo argumento de Marx contradice los argumentos de las secciones anteriores de El Capital; anteriormente, Marx analizaba de una manera muy clara cómo un capitalista obtenía beneficios, pero no mencionó nunca la clase capitalista. Evidentemente, esta solución es un juego de palabras por parte de Marx para no admitir que ambas teorías eran contradictorias y excluyentes.

Más adelante el nuevo argumento de Marx fue debilitado por él mismo, cuando admite que la plusvalía extra puede ser ganada incluso por capitalistas que no producen productos comprados por los obreros. 11 Antes su argumento había sido que la clase de los capitalistas obtienen beneficios porque las innovaciones de las capitalistas abaratan la mano de obra al abaratar los productos consumidos por los obreros. Pero, si más tarde acepta que se puede obtener beneficios produciendo productos no consumido por los obreros, ya no puede afirmar que la única fuente de ganancia es el abaratamiento de la mano de obra. Según su nuevo argumento existe otra fuente de ganancia, que es independiente del abaratamiento del mano de obra. 

El próximo campo de minas en los nuevos argumentos de Marx, es el intento de explicación de cómo la instalación de máquinas puede ser una fuente de ganancias. Hasta este momento, confirmaba que las máquinas no pueden ser fuentes de ganancia porque solo trasladan sus valores de cambio, es decir, el precio de venta o construcción.12 En este punto tampoco puede negar directamente su postura anterior. Por eso, para evitar que no se descubra que su teoría anterior es insostenible a la luz de su nueva teoría, tiene que jugar con las palabras. En El Capital I, Marx ofrece tres explicaciones que contradicen su teoría principal. Marx parece haber jugado con las soluciones, pero no se atrevió a teorizar ninguna de las hipótesis, por lo que se trata más bien de un desfile de ideas con el fin de buscar una salida a la trampa que él mismo se había tendido.

El primero intento de dar una explicación al motivo por el que los capitalistas invierten en máquinas lo encontramos en la pagina 472. Marx propone que las máquinas, después de transmitir sus valores de cambio al producto, siguen produciendo valores gratuitamente. “cuanto mayor sea el ámbito de acción productivo de la maquinaria en comparación con el de la herramienta, tanto mayor será la entidad de su servicio gratuito”. Usando las categorías de Marx, el trabajo gratuito de una máquina es el mismo mecanismo que el trabajo gratuito del trabajador. Hubiese sido lógico que Marx aceptara que las máquinas también crean plusvalor produciendo gratuitamente tras trasladar su valor de cambio.  Pero Marx evitó esta conclusión, pues no le convenía, porque admitirlo hubiera minado su postulado según el cual únicamente el esfuerzo laboral tiene la peculiar característica de producir plusvalor. Marx no fue el primero en darse cuenta de que el uso de las máquinas produce más beneficios que su coste. J. B. Say, cincuemta años antes de Marx, ya se había dado cuenta de este fenómeno al explicar que la gratuita producción de las máquinas genera beneficios.  Marx refutó a Say con otro juego de palabras siguiendo las pautas de Ricardo: la gratuita producción de las máquinas hay que tratarla como un regalo de la naturaleza y por eso, no se trata ahora de hablar de ganancias, a pesar de que produzcan más valor que sus valores de cambio y que eso revolucione la economía. Un juego de palabras para evitar el hecho de que se trata del mismo fenómeno de la supuesta explotación del gratuito trabajo de los empleados. 

El segundo intento de Marx para explicar la inversión de los capitalistas en máquinas se halla en pagina 476-9; el uso de la maquinaria abarata el producto siempre y cuando haya costado menos trabajo producir la maquinaria que la cantidad de trabajo desplazado por el empleo de esa máquina. 13 Esta solución abre un espacio a nuevas contradicciones porque si realmente funcionase así, el capitalista tendría que calcular si el empleo de una máquina en concreto es rentable o no. Esto es contradictorio porque anteriormente Marx había presentado al capitalista como un saco de dinero, que no contribuye en nada al proceso de trabajo. Pero en este caso, el capitalista no solo sería un saco de dinero, sino que tendría un papel muy importante: pensar en las posibles innovaciones, calcular los efectos de la inversión y tomar decisiones sobre la inversión. Si calcula bien, estos cálculos podrían ser una fuente de ganancia. En términos de Marx esto significaría que el capitalista tiene un uso de valor: un trabajo que representa una importante contribución al proceso de producción y que puede ser fuente de ganancia. Claro, que Marx no llega a admitir estas conclusiones lógicas, que derribarían su principal teoría de ganancia según la cual solo el trabajo de los trabajadores es la fuente de ganancias que son fruto de una explotación injusta del trabajador sin ninguna contribución productiva por parte del capitalista.

Finalmente, su tercer intento se halla en pagina 495 de El Capital I en donde Marx propone que, mediante la introducción de una nueva maquinaria en el ámbito de producción, se puede otorgar un monopolio temporal al capitalista que primero la emplee.  El capitalista tiene una ganancia excepcional gracias a este monopolio temporal: “La máquina produce plusvalor relativo … porque en su primera introducción esporádica transforma el trabajo empleado por el poseedor de máquinas en trabajo potenciado, eleva el valor social del producto de la máquina por encima de su valor individualDe ahí que las ganancias sean extraordinarias durante este período de transición en que la industria fundada en la maquinaria sigue siendo una especie de monopolio, y el capitalista procura explotar de la manera más concienzuda ese “tiempo primero del amor juvenil” mediante la mayor prolongación posible de la jornada laboral. La magnitud de la ganancia acicatea el hambre canina de más ganancia.” Esta solución de Marx precede a la teoría de Carl Menger según el cual, la ganancia es una motivación de las innovaciones. Las innovaciones aseguran un monopolio temporal para el innovador hasta que la competencia no llegue a emplear la misma innovación o, en el caso, más fructífero a mejorarla. 14 Por parte de Marx, la admisión de que una innovación en forma de una máquina más eficiente pueda ser fuente de ganancia, mina de nuevo su posición teorética de que una máquina no puede dar más valor de uso que su valor de cambio. Esta solución también desacreditaría su posición respecto a la contribución de los capitalistas al proceso de producción.  Llegar a tener un monopolio temporal gracias a la innovación que significa el empleo de una nueva máquina no es un proceso automático. Para poder llegar a este punto de monopolio temporal exitoso es necesario el trabajo del capitalista o emprendedor que tiene la idea innovadora, hace los cálculos y toma la decisión arriesgada de invertir. Finalmente, el capitalista es quien maneja o supervisa la implantación de la innovación, que a menudo es un proceso muy complicado. Esto implica que el verdadero actor crucial es el capitalista o emprendedor y no la máquina. Claro, que Marx otra vez no ha llegado a re-pensar el papel del capitalista/emprendedor, porque una re-evaluación le hubiese forzado a admitir que el capitalista tiene una contribución importante y su esfuerzo puede ser fuente de ganancia. Marx niega categóricamente que los capitalistas trabajen y que sus intervenciones puedan ser fuente de la ganancia.  Para justificar su posición, vuelve a los juegos de palabras. En esta ocasión, habla como si fuera el capital el que actúa, organiza y decide y no el capitalista. 15

Marx escribió El Capital con el fin de demostrar que la fuente de los beneficios de los capitalistas es el trabajo de los trabajadores manuales sin remuneración, y que los capitalistas no tienen ningún papel más que embolsar el dinero ganado por la explotación invisible de los trabajadores al final de la jornada laboral, ignorando la contribución de los capitalistas en el proceso de trabajo. No es de extrañar, que Marx no hable de los emprendedores en el Capital I y siempre use la palabra capitalista.16 Marx siempre ha buscado el lado negro del capitalismo, poniendo especial énfasis en la supuesta explotación y vulnerabilidad de los trabajadores. Por eso su actor es el capitalista, retratado como un simple saco de dinero, que no hace nada, o todavía peor, que está presionando a los trabajadores para abaratar la producción y ganar más. El “capitalista” que nos retrata Marx es una diana fácil de envidia y odio.

Todo esto a pesar de que Marx sabía perfectamente que la vida es diferente y que los primeros emprendedores de la era de la revolución industrial eran obreros o artesanos con rasgos de emprendedor, quienes precisamente por tener ideas innovadoras llegaron a ser fabricantes.17 Ellos se convirtieron en capitalistas al poner en práctica sus ideas de mecanización y sus innovaciones iniciaron el proceso que ahora llamamos revolución industrial. A mi juicio, Marx cerró su mente y no quiso ver el lado positivo del capitalismo, un sistema abierto que abre las puertas a cualquier persona que tenga rasgo de emprendedor, con ideas innovadores para llegar a crear algo con valor y que, finalmente, tiene éxito en el mercado.

Finalmente, Marx no llega a hablar de una tercera posible fuente de la ganancia; los productos en el mercado no tienen el mismo uso de valor que describe Marx, sino que dependen de la demanda que exista ante el producto. Marx nunca hubiese podido explicar basándose en su teoría, el éxito de compañías como Apple, Zara, Microsoft, etc. frente a las marcas que producen productos parecidos. El éxito y las ganancias extraordinarias de estas compañías se debe al valor superior de uso de sus productos en relación con sus cualidades. El capitalismo industrial no solo abarata la producción con una organización de trabajo más eficiente y la mecanización de la producción. Con el capitalismo industrial ha empezado una nueva época en la historia de la humanidad en la que cada vez nuevos y mejores productos aparecen en el mercado día a día. Esta avalancha de productos ha mejorado considerablemente la vida de los obreros. No obstante, El Capital (pág. 193.) es el testigo de que Marx conocía la teoría de valor de Condillac, el celebre pensador francés de la Ilustración. Condillac sostuvo que el valor de las cosas está relacionado con nuestras necesidades. No obstante, Marx puso más energía en refutar a Condillac que en reelaborar su teoría del valor y buscar una solución a las graves contradicciones de su teoría. Fue Menger quien refutó la teoría de valor del trabajo de Smith y Ricardo con la ayuda de las teorías de pensadores franceses como Condillac y Say.  No obstante, el joven Marx, en 1848, cuando escribía el Manifestó Comunista ya sabía que la burguesía era „la que primero ha probado lo que puede realizar la actividad humana: ha creado maravillas muy superiores a las pirámides egipcias, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas…”. 18 Pero, Marx cuando escribió El Capital ya no quería hablar del lado positivo del capitalismo para poder pintar su cuento negro basado en explotación y la miseria. Porque el objetivo de Marx era crear un argumento científico que subrayara su profecía política sin usar la lógica o buscar soluciones. Lo que era importante para él era llegar a una teoría creíble que demostrase que la fuente de ganancia de los capitalistas es solo el trabajo de los trabajadores injustamente expropiado y que los capitalistas solo son sacos de dinero y explotadoras sin ningún valor útil.

En la siguiente parte de la serie vamos a evaluar la principal teoría sobre la explotación de Marx en luz de la segunda sobre plusvalor relativo y extra.

1 Vease: Karl Marx: El Capital. Libro Primero. Madrid: Siglo XXI, 2010.

2 La transformación del modo de producción mismo por medio de la subordinación del trabajo al capital, sólo puede acontecer más tarde y es por ello que no habremos de analizarla sino más adelante. „ (pag. 224),

3 „Hasta aquí, a la parte de la jornada laboral que no produce más que un equivalente del valor de la fuerza de trabajo pagado por el capital, la hemos considerado como una magnitud constante, y lo es en efecto bajo determinadas condiciones de producción, en determinado estadio del desarrollo económico de la sociedad.” (pag. 379).

4 Engels, F. (1895). Supplement to Capital Volume Three. Law of Value and Rate of Profit. In Die Neue Zeit. 1895-9.Bd. 1. No.1. edition: Marx and Engels Collected Works. Vol. 37. (Vol. 37, pp. 873–900).

5 Frente al modo de operar de la vieja aristocracia … para la economía burguesa era decisivamente importante poner de relieve que el evangelio de la nueva sociedad, o sea la acumulación del capital” (pag. 726).

6 „¡Acumulad, acumulad! ¡He ahí a Moisés y los profe­tas!” (pag. 735).

7 Marx usa en el titulo de capitulo IV el termino plusvalor relativo, pero en algunas veces en el texto de El Capital usa el termino plusvalor extra con el mismo sentido. Por eso, yo voy a usar los dos términos como términos alternativos representando el mismo fenómeno.

8 Sección cuarta. La producción del plusvalor relativo (pag. 379).

9 „El capitalista que emplea el modo de pro­ducción perfeccionado, pues, anexa al plustrabajo una parte mayor de la jornada laboral que los demás capita­ listas en la misma industria” (pag. 387).

10 “Para abatir el valor de la fuerza de trabajo, el acrecen­tamiento de la fuerza productiva tiene que hacer presa en los ramos industriales cuyos productos determinan el valor de la fuerza de trabajo, y que por tanto pertenecen al ámbito de los medios de subsistencia habituales o pueden sustituirlos.” (pag. 383).

11 „Este incremento del plusvalor se operará para él (para el capitalista – AT), pertenezca ó no su mercancía al ámbito de los medios de subsistencia imprescindibles y, por tanto, forme parte determinante o no en el valor gene­ral de la fuerza de trabajo.” (pag. 385-6).

12 Por ejemplo en pag 471: „La maquinaria, al igual que cualquier otra parte componente del capital constante, no crea ningún valor, sino que transfiere su propio valor al producto para cuya fabricación ella sirve.”

13 „Considerada exclusivamente como medio para el aba­ ratamiento del producto, el límite para el uso de la maquinaria está dado por el hecho de que su propia pro­ ducción cueste menos trabajo que el trabajo sustituido por su empleo.” (pag. 478).

14 Vease: Menger, Carl, Principles de Economics, section 3a. The origin of competition, p. 216. Auburn: Ludwig Von Mises Institute, 2007. https://mises.org/library/principles-economics

15 „Por lo demás, la cooperación entre los asalariados no es nada más que un efecto del capital que los emplea simultáneamente. La conexión entre sus funciones, su unidad como cuerpo produc­tivo global, radican fuera de ellos, en el capital, que los reúne y los mantiene cohesionados.” (pag. 403).

16 El termino emprendedor aparece una vez en versión español de La Capital, en una nota, cuando Marx habla de los vendedores de opio (pag. 486).

17 „relojero Watt hubo inventado la má­quina de vapor, el barbero Arkwright el telar continuo, y el orfebre Fulton el barco de vapor” (pag, 595).

18 Carlos Marx y Federico Engels: Manifiesto Comunista, Ediciones elaleph.com, 2000. pag.30.