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Pobreza a todo gas

Sin embargo, al observar las propuestas concretas de los manifestantes podemos darnos cuenta de que en realidad la campaña por la "Pobreza Cero" tiene más que ver con el deliberado enriquecimiento de las oligarquías dictatoriales y las burocracias internacionales que con permitir el progreso y desarrollo de los africanos.

Las tres propuestas estrella para finiquitar la miseria del mundo son el incremento de la ayuda externa, la cancelación de la deuda y la regulación del comercio internacional. Si nos fijamos, en todas ellas adquiere un papel preponderante el Estado y el dirigismo económico; en ninguna se defiende el incremento de la libertad de los individuos para gestionar sus vidas y propiedades.

Muy al contrario, el remedio pasa siempre por que el Estado regule, controle y redistribuya mucho más que ahora. Queda claro que el altermundismo, junto con el ecologismo, ha sido una de las válvulas de escape del socialismo tras la caída del Muro. Si antes la excusa totalizadora era la liberación de los trabajadores, hoy pasa por la redención del pobre africano y la conservación del chinche verde.

La ayuda externa no es más que un invento para sablear con más contumacia a las clases medias de Occidente y volver a colonizar África, a través del pasteleo entre sus tiranos y los funcionarios de la ONU. La causa de la pobreza no puede encontrarse en la falta de riqueza, por cuanto la pobreza es esta falta de riqueza. Si la mayoría de los africanos son incapaces de prosperar debemos buscar la explicación, más bien, en la represión contra la propiedad privada que practican sus gobiernos.

Si obviamos que el ahorro, el crédito, la inversión, el capital y la función empresarial son imposibles allí donde no se respeta la liberad y la propiedad privada, inundar de ayuda externa a los africanos sólo parcheará los síntomas en lugar de remediar la enfermedad. De hecho, en tanto la ayuda externa conceda más poder y medios a los dictadores, agravará el proceso de pauperización y corrupción masiva del Tercer Mundo.

La cancelación de la deuda, por su parte, está basada en una idea bastante acertada: los individuos no pueden ser compelidos a saldar los compromisos crediticios que sus gobernantes les han impuesto sin su consentimiento. Sin embargo, uno no puede dejar de preguntarse de qué servirá sacar de la resaca a un beodo cuando está empecinado en seguir bebiendo cuando se recupere.

Las mismas burocracias que aumentaron hace décadas los montantes de deuda actuales subsisten, mutatis mutandis, hoy en día. Perdonarles la deuda sólo conseguirá que obtengan mayores facilidades de crédito, para que vuelvan a gastar en incrementar su pompa y, probablemente, su poderío militar.

El primer paso que hay que dar con respecto a la deuda externa es lograr que los propios tiranos la paguen total o parcialmente con cargo a sus fortunas personales. Cancelar la deuda supondría convalidar una situación de hecho inaceptable: el latrocinio de la clase política africana, sin lograr que ésta abandone el poder y deje de coaccionar a sus ciudadanos.

En todo caso, alegar que la deuda externa genera la pobreza en África supone confundir las consecuencias con las causas. Los africanos no pueden devolver hoy su deuda porque son pobres: no son pobres porque no puedan devolverla. Si la creación de riqueza no estuviera perseguida en el Tercer Mundo, el afluyente capital occidental generaría réditos suficientes para devolverla.

Por último, la regulación del comercio internacional (o, como suelen decir los movimientos antiglobalizacion: la transición desde un comercio libre a un comercio justo) consiste en una amalgama de propuestas de impronta mayoritariamente socialista. Por un lado se defiende la reducción o eliminación de los aranceles occidentales al Tercer Mundo, lo que sin duda permitiría unas mayores exportaciones africanas en aquellos sectores (como el alimenticio o los intensivos en trabajo) donde tienen ventajas comparativas; pero por otro se adopta una posición critica con respecto a la eliminación de los aranceles que los países africanos imponen a los productos occidentales. Parece que el altermundismo cree posible desarrollar la industria africana a través de la protección comercial.

Ahora bien, dentro de este esquema puramente neomercantilista (favorecer las exportaciones y restringir las importaciones para enriquecernos con el mayor numerario) destaca la propuesta de establecer la Tasa Tobin sobre los movimientos internacionales de capital, en concreto sobre los intercambios de divisas.

La enorme magnitud de este mercado (baste decir que los bancos suelen conformarse con unas rentabilidades del 0’0001%) dotaría de un enorme poder recaudatorio a la Tasa Tobin, que transferiría riqueza desde los sectores económicos a los políticos. Este incremento del dirigismo redundaría en una expansión de las burocracias y de la reglamentación del libre mercado. Los capitalistas occidentales que quieren invertir en África verán minorado su capital cuando paguen salarios o compren mercancías en la divisa local; esto es, el atractivo de la inversión extranjera se reduce con la tasa Tobin. Justamente lo contrario de lo que necesita África.

Por si fuera poco, la tasa Tobin es un impuesto regresivo que perjudica especialmente a los africanos. Si un europeo compra un ordenador japonés y paga en euros, al japonés le basta con comprar yenes con los euros obtenidos. En cambio, si un europeo compra tomates a un ghanés y le paga en euros, éste tendrá que comprar dólares con los euros y nuevos cedis con los dólares. Dada la debilidad de los nuevos cedis y las demás monedas africanas en los mercados de divisas, sólo se venden a cambio de dólares. Por tanto, el agricultor ghanés pagará dos veces la Tasa Tobin, debido a que hará un mayor número de transacciones que el japonés.

Sólo hay un camino para terminar con la pobreza, y es el capitalismo. Decenas de millones de asiáticos lo comprobaron durante los últimos 30 años, mientras África sólo se hundía más y más en la miseria del socialismo.

Si el colectivo Pobreza Cero quiere terminar realmente con esta lacra mejor sería que brindara por el libre mercado, en lugar de arremeter contra él en sus congregaciones. Mientras tanto, sus prescripciones colonialistas y paternalistas sólo servirán para perpetuar, extender y profundizar la miseria de los africanos, agasajar a sus tiranos y aumentar las redes de corrupción de la ONU. O dicho de un modo que a buen seguro entenderán: con su discurso "los ricos se vuelven más ricos y los pobres más pobres".

La grandeza del patrón oro

Suele afirmarse que el dinero cumple tres funciones: medio de pago, unidad de cuenta y depósito de valor. Aquellos bienes que logran conservar el valor eficazmente, se convierten en medios de pago y una vez se generaliza ese medio de pago pasan a ser unidad de cuenta. En un principio sólo existen bienes que conservan mejor que otros el valor, porque éste disminuye más lentamente tanto si incrementamos la cantidad como el horizonte temporal de uso.  A esta menor disminución del valor la llamaremos liquidez y es la característica esencial del dinero, esto es, su superior aptitud para circular.

Así se emplearon históricamente como dinero bienes como el ganado (que podía trasladarse en grandes cantidades a largas distancias), la sal (que podía conservarse durante largos períodos) o metales como el cobre, el hierro, la plata y finalmente el oro. Las razones que convirtieron al oro en un bien generalmente aceptado como medio de intercambio fueron varias: su facilidad de transporte, almacenamiento y conservación, su enorme divisibilidad, su homogeneidad, la dificultad de ser falsificado, su cualidad de metal precioso internacionalmente reconocido y, sobre todo, la baja proporción entre la producción anual y el stock de existencias (se tardarían unos 50 años en producir toda la cantidad de oro que existe actualmente).

Cada divisa nacional se expresaba en términos de oro, moviéndose los tipos de cambio entre ellas dentro de estrechos límites, pues si el precio de una caía mucho respecto de otra, salía a cuenta convertir la primera en oro y acuñar la segunda. Este respaldo común de las divisas establecía asimismo portentosas limitaciones a la posibilidad de incurrir permanentemente en déficits en la balanza por cuenta corriente y presupuestarios y también de prolongar en exceso las expansiones crediticias causantes del ciclo económico.

Esto fue especialmente relevante para reducir la incidencia y el numero de conflictos bélicos, ya que los estados no podían endeudarse indefinidamente y sus reservas de oro eran limitadas. Así, por ejemplo, en la guerra entre Japón y Rusia por el control de Manchuria en 1905, el imperialismo japonés no pudo seguir avanzando por la precaria situación financiera de su gobierno, de manera que tuvo que sentarse a negociar con el zar.

Pero sobre todo el patrón oro reforzaba el poder del ahorrador para protegerse de las expansiones crediticias desproporcionadas. Si los bancos disminuían los tipos de interés en exceso o se endeudaban alocadamente, los ahorradores podían retirar el oro de sus depósitos, conscientes de que su atesoramiento no supondría una mengua en su liquidez. El valor del oro no disminuía con el paso del tiempo y, por ello, el atesoramiento masivo de oro frente a un depósito bancario poco remunerado, constituía una amenaza creíble para las entidades de crédito.

La existencia de este respaldo común, la ausencia de desequilibrios y el control del endeudamiento bancario alocado permitieron que el capital fluyera de un lugar a otro sin miedo a la confiscación o a la devaluación. El fenómeno del "dinero caliente" era por completo desconocido para aquellas monedas que seguían el patrón oro, tales como la libra, el dólar, el marco o el franco. Precisamente, los países sometidos a la disciplina del oro desarrollaron importantes centros financieros que proporcionaban liquidez al sistema de comercio internacional. Pero sobre todos ellos destacó la City, Londres.

La City había desarrollado grupos de expertos tasadores de reconocido prestigio internacional que permitían a los bancos dar salida a prácticamente cualquier mercancía. Así, por ejemplo, si un brasileño quería venderle café a un francés, el brasileño redactaba una letra de cambio que tenía como librado no al vendedor francés, sino a un banco inglés, a quien a su vez traspasaba la propiedad del café. El brasileño podía descontar la letra de cambio en el marcado financiero y comprar moneda brasileña a cambio de las libras obtenidas. Por su parte, una vez el francés se comprometía a pagar al banco inglés y éste comprobaba su solvencia, el banco le entregaba el café al francés a cambio de un crédito de 90 días contra él.

De este modo, los centros financieros organizados en torno al oro proporcionaban la liquidez necesaria a todo el sistema económico internacional permitiendo una elástica y adaptable división del trabajo sometida a la soberanía del consumidor y del ahorrador. La globalización y la multiplicación de los flujos comerciales fueron el subproducto natural de este contexto cooperativo y pacifico.

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Macropremio a los microcréditos

La capacidad de ser empresario (empresarialidad) es una característica de todos nosotros, que tenemos más o menos desarrollada y de la que sacamos mayor o menor partido. No consiste ni siquiera en poner en marcha una empresa, sino en estar alerta ante las posibilidades de mejorar tu situación, de sacar un beneficio (que no tiene porqué ser monetario). Por ejemplo, hacemos uso de nuestra empresarialidad cuando nos cambiamos de un empleo a otro. Es cierto, nos movemos entre nubes de incertidumbre, pero nos hacemos una idea de cómo puede ser nuestro futuro si seguimos un camino u otro, y tomamos el que pensamos que más nos va a beneficiar. Somos, en fin, empresarios.

Si es una capacidad que tenemos todos, si es parte de nuestra forma de actuar, ¿No estará al alcance de quien no tiene prácticamente nada, aparte de a sí mismo? Peter Bauer, que estudió in situ la industria del caucho en Malasia y la del cacao y el cacahuete en el África Occidental, vio que había numerosos pequeños empresarios en el tercer mundo, que con poco capital eran capaces de seguir las señales que envía el mercado (los precios), hacer una gestión racional de los recursos, y crear riqueza. Hernando de Soto ha mostrado en sus libros que si el sistema legal diera cobertura a los activos de los más pobres, si eliminara las barreras a su empresarialidad, tendrían mucho que aportar, enriqueciéndose a sí mismos y de paso a los demás.

Yunus ha seguido el mismo camino que Bauer y De Soto, pero en la práctica. Su país, Bangladesh, no es un ejemplo de definición y protección legal de la propiedad. Pero él ha dado con una fórmula para suplir esa carencia institucional, aprovechándose de las solidaridades interpersonales. Quienes soliciten los créditos han de hacerlo en grupos de cinco, de tal modo que cuando uno de ellos falle, sean los otros cuatro quienes se hagan responsables de la deuda. El resultado es que apenas un dos por ciento de los créditos quedan sin pagar.

Con lo que reciben, los deudores hacen de sus casas un lugar más habitable, o ponen en marcha negocios, empresas, que les permite entrar en la red de división del trabajo con gran provecho para ellos y la sociedad en la que viven. Yunus quiere superar la idea de que hay que dar ayudas a los más pobres. Hay que darles los medios para que se valgan por sí mismos. Y lo hacen.

El ejemplo del banco de Mohammad Yunus, Grameen, ha sido tan exitoso, que otros empresarios han querido sacar también beneficio de la capacidad de los pobres de crear riqueza. Es el caso de Spandana, en la India, que emplea a 2.000 personas y una cartera de clientes de 800.000 pobres. Los buenos deudores, que cumplen con sus obligaciones, ganan crédito ante el banco y pueden acceder a cantidades mayores. Una de las ventajas del microcrédito es que permite descubrir a nuevos empresarios donde más necesarios son. Los pobres pueden acabar con su situación.

Libertad de enseñanza

El artículo comienza con una cita del preámbulo del Plan de Instrucción Pública redactado en 1836, escrito por el Duque de Rivas, que dice así:

El pensamiento es de suyo lo más libre entre las facultades del hombre; y por lo mismo han tratado algunos gobiernos de esclavizarlo de mil modos; y como ningún medio hay más seguro para conseguirlo que el de apoderarse del origen de donde emana, es decir, de la educación, de aquí sus afanes por dirigirla siempre a su arbitrio, a fin de que los hombres salgan amoldados conforme conviene a sus miras e intereses. Mas si esto puede convenir a los gobiernos opresores, no es de manera alguna lo que exige el bien de la humanidad ni los progresos de la civilización. Para alcanzar estos fines es fuerza que la educación quede emancipada; en una palabra, es fuerza proclamar la libertad de enseñanza.

La libertad de enseñanza. ¿Existe hoy en España? El dueño de un colegio privado ¿De qué es dueño, aparte de las paredes que contienen las aulas, de las instalaciones, del material escolar? Pues lo que en ellas se enseñe no depende de su criterio, de su vocación educativa o de su deseo de cumplir con los deseos de los padres, sino de un programa oficial. En una sociedad libre, los colegios podrían elegir el suyo propio. Incluso habría programas elaborados por Reales Academias o por otras instituciones, a las que los colegios podrían adherirse, a voluntad. No habría limitaciones para la elección, en competencia, de nuevos y viejos métodos educativos. Los padres recuperarían en la práctica un derecho que solo a ellos pertenece, y es elegir lo que consideran más adecuado para la formación de sus hijos. Lo que entienden que les conviene para desarrollar su persona, para situarle en la sociedad, en el país y la cultura que les ha tocado.

Estamos tan acostumbrados al monopolio de la instrucción por el Estado y a la sustitución de ésta por la pura propaganda, al margen e incluso en contra de los deseos de los padres, que nos cuesta hacernos a la idea de que la educación fue libre en origen y que puede volver a serlo de nuevo, si hacemos algo para recuperar ese derecho robado, que es la libertad de enseñanza que reclamaba el Duque de Rivas.

Dar a los padres la oportunidad de otorgar a sus hijos una buena educación. Este es el objetivo de cualquier política de educación que merezca ese nombre. Pero quienes guardan en su alma sueños totalitarios, deseos de transformación social, de construcción nacional, han contaminado la educación con otros objetivos: la igualdad, el olvido de España, el odio a nuestra herencia cultural occidental… La única objeción seria que se ha pronunciado contra la libre educación es que los más pobres no podrían pagársela. Hoy sabemos que la iniciativa privada llega a los pobres de entre los pobres. Sabemos, además, que el Estado podría pagar la educación de quienes menos tienen sin necesidad de entrometerse en su gestión, gracias al cheque escolar.

No queda ninguna razón para que el Estado siga imponiéndonos la educación. Que yo sepa, el PP no está por levantar de la sociedad ese yugo. Pero es hora de exigírselo, a él como a los partidos que tengan algún interés en la libertad de los ciudadanos. Es nuestro deber hacerlo.

Euskaldunización y educación pública

No cabía esperar que este Foro pariese otra conclusión. Y no por su carácter independentista, sino por su adoración del estatismo y su alergia al autogobierno del individuo. El adoctrinamiento y la exterminación de lenguas han estado íntimamente relacionados con el origen de la educación pública obligatoria y no iba a ser una excepción el modelo que pariese un Foro de partidos estatistas hasta la médula.

Desde que en 1717 el estado totalitario prusiano legislara, por voluntad de Federico Guillermo I, la asistencia obligatoria de todos los niños a colegios estatales, el modelo se ha extendido por todo el continente y no ha habido político que se resistiese a la tentación de usar ese fabulosa arma de dominación política. "Educación del Estado, para el Estado y por el Estado"; así definió el modelo de público y obligatorio uno de los más destacados defensores prusianos de este esquema para abducir cerebros juveniles y disciplinarles para mayor gloria de la nación. La imposición del servicio militar obligatorio avanzó de la mano de la educación estatal y sería difícil imaginar que hubiese podido ponerse en práctica de otro modo. La Revolución Francesa es un buen botón de muestra. El caso francés es interesante porque los políticos revolucionarios franceses no sólo establecieron la educación obligatoria en 1793 sino que impusieron la lengua francesa como el único idioma de esa "República, una e indivisible".

Desde entonces y hasta ahora el sistema público de educación ha sido utilizado en todos los puntos del viejo continente, como bien explicó Murray Rothbard, "como una terrible arma en manos de los gobiernos para imponer ciertas lenguas y destruir las lenguas de diversos grupos lingüísticos y nacionales dentro de sus fronteras". Este fenómeno tampoco se le escapó a Ludwig von Mises para quien la educación pública es un "instrumento de opresión y tiranía lingüística que en los territorios europeos lingüísticamente mezclados se convirtió en un arma temible en manos de los gobiernos resueltos a cambiar la fidelidad lingüística de sus súbditos".

Durante años la educación coactiva estatal fue usada en nuestro país para aplastar las minorías lingüísticas. Ahora son las minorías nacional-socialistas las que tratan de someter al resto. Hoy son ellos y mañana serán otros los que traten de implantar en las mentes de los jóvenes sus sueños de dominación política y lingüística a través de la educación pública. Lo cierto es que a día de hoy no hay político que ame lo suficiente la libertad como para erradicar la fuente de este cáncer social que no es otro que la educación pública obligatoria. Y mucho menos se vislumbra una personalidad del mundo político que defienda permitir que la educación sea libre y voluntaria. Así nos va.

La ley del oeste

"El Oeste no era tan salvaje como la leyenda nos ha hecho creer. El mercado ofrecía protección y agencias de arbitraje que funcionaban con bastante eficacia, y que sustituían al gobierno total o parcialmente".
Terry L. Anderson y P. J. Hill

Más de una vez hemos visto en la gran pantalla como una turba enfurecida de vecinos asaltaba la prisión de un pueblo americano en el lejano oeste para intentar sacar por la fuerza a un reo con el propósito de ahorcarlo. Frases como "¡Hagámosle un juicio justo y después colguémoslo!" o del estilo, han sido tan protagonistas no sólo en los westerns sino también en las novelas y ensayos de la misma temática, que poco a poco han ido creando un mito sobre la extrema violencia de una sociedad debido a la ausencia de instituciones gubernamentales. Si a ello le unimos algunos episodios violentos dignos de reproducir en la gran pantalla o en los circos (a pesar de que no representaban las características generales de la sociedad del Oeste americano) solo se estará incrementando el mito de la anarquía como desorden violento y caos social.

La rapidez con la que se extendían los ganaderos, agricultores o mineros a los territorios del Oeste era mucho mayor que la del sistema gubernamental americano. Y sin embargo, la producción y ejecución de leyes se llevaba a cabo por parte de los particulares. Las leyes privadas se aplicaron a través de los land clubs (o clubes de propietarios de tierras), las asociaciones de ganaderos, las caravanas que tantas veces hemos vistos en películas atravesar las praderas de los desconocido, o las empresas y explotaciones mineras que se asentaban en las tierras californianas en busca de oro.

Los nuevos propietarios de las tierras fronterizas debían asociarse para procurarse la ley y para ello adoptaban sus propias constituciones según las preferencias de los integrantes de estos clubes y disponían de sus propios jueces y oficiales que se encargarían de llevar a cabo estas disposiciones. Los gastos del juicio corrían a cargo del demandante y del demandado. Una manera de hacer cumplir las reglas que este tipo de asociaciones ciudadanas extra-legales (por estar fuera de la ley estatal) disponían era la de no comerciar ni relacionarse con aquellos que decidían saltarse este tipo de convenciones.

Otro tipo de leyes y organizaciones que surgían a medida de los integrantes de este tipo de asociaciones y que pueden acercarse más al llamado anarco-capitalismo es el de los campos y empresas mineras, que acordaban unas constituciones aplicables a los trabajadores de las minas. Las constituciones determinaban el modo de elegir las cortes y jurados mineros, y cuando las reglas aplicables no coincidían con los gustos de una creciente minoría de los mineros (y si estos eran suficientes), se procedía a la división del territorio o creación de otra jurisdicción o distrito para crear otra organización, también privada y no estatal, que recogiera el deseo de ese nuevo grupo voluntariamente asociado. De ese modo, el trabajo y las leyes en cada explotación cambiaban según las costumbres de cada distrito minero.

Otro caso de aplicación de la costumbre o de leyes privadas se llevó a cabo a través de los denominados comités de vigilantes. Estos se erigían cuando la corrupción e ineficacia de los sheriffs y demás garantes de la ley defraudaban a la población y permitían que los índices de criminalidad alcanzaran cotas inaceptables. Un ejemplo, el ocurrido en la ciudad de San Francisco en 1851 o en 1856 cuando numerosos ciudadanos se unieron indignados ante la ineptitud corrupta del sheriff y constituyeron este tipo de comités, cuyos cometidos iban desde impedir que delincuentes foráneos llegaran a la ciudad, hasta la creación de juicios más ágiles y garantes de la legalidad que los que los nacientes pero ya ineficaces gobiernos locales del Oeste estaban constituyendo hasta la fecha. Con este tipo de órganos se redujo drásticamente la criminalidad y aumentó el contento de la población.

Otro modo de resolver disputas y conflictos era a través de sistemas de arbitraje, más rápidos y neutrales que los juicios estatales: como sucedía en las caravanas, en donde fácilmente surgían conflictos y disputas y donde leyes propias se pactaban voluntariamente antes de salir hacia las praderas americanas. En estos casos encontramos las mismas cualidades y beneficios que actualmente. De hecho, las conclusiones a las que podríamos llegar a través de recientes
estudios bien podrían ser las mismas que en el salvaje oeste: flexibilidad, participación de las partes, irrevocabilidad de las sentencias, privacidad, grandes especialistas de prestigio (auctoritas en la materia)… y no es difícil pensar que en un futuro estos sistemas se perfeccionen y cobren mayor rapidez, sobre todo si tenemos en cuenta que más del 80% de las empresas internacionales prefieren este tipo de resolución de conflictos al de los tribunales estatales de justicia.

Por tanto, lejos de ser una época y unos lugares en la que la ley de la selva imperaba, el lejano oeste americano da ejemplos siempre limitados (pues había un trasfondo gubernamental) de cómo los ciudadanos cobraban protagonismo y lograban organizarse para desarrollar leyes privadas guiadas por la costumbre, la competencia y la propiedad privada como base para dicha organización.

Urbanismo decente a la socialista

Si se trata de operaciones de tráfico mercantil no hay mayor dificultad para documentar las entregas. El problema es cuando el dinero procede de comisiones ilegales.

Pero este es un problema sólo para alcaldes y concejales de urbanismo con escrúpulos. En Ciempozuelos las cosas se hacen con orden y todo se registra de forma meticulosa a través de los correspondientes contratos. De esta forma, cuando el banquero andorrano pidió informes sobre la procedencia del capitalazo que los dos ex alcaldes socialistas, Tejeiro y Torrejón, pretendían ingresar en su entidad, no tuvieron el menor reparo en exhibir el documento por el que se aseguraban la percepción de cincuenta y ocho millones de euros –que traducido a "pellones", recuerden, la unidad monetaria para estos casos durante el felipismo, debe ser una burrada– en concepto de comisión por la recalificación de unos terrenos de la localidad.

Hombre, es un paso hacia delante. Si se impone este nuevo modelo de "urbanismo decente", en lugar de depositar las mordidas en bolsas del carrefour o en mochilas de deportes, las inmobiliarias podrán pagar los sobornos de forma convencional, con factura desglosada, y de paso deducirse el IVA en la declaración trimestral, con lo que también las arcas públicas saldrán beneficiadas.

Por supuesto, la corrupción urbanística no es cosa de un solo partido. Por el contrario, es una práctica interiorizada en todas las siglas como una segunda naturaleza. De ahí que en la confección de las listas electorales haya navajazos, no por la Alcaldía, sino por la concejalía de urbanismo Y ello hasta en el municipio más diminuto de la provincia más pequeña.

Por eso sorprende que haya dirigentes políticos, como Simancas, capaces de dar cursillos acelerados de moral pública mientras los maletines vuelan por los pasillos en todas las direcciones. Pero es que los socialistas son muy osados. Como son de izquierdas y se preocupan mucho por los pobres, reclaman que todo les sea perdonado, incluido el expolio a los que, precisamente, tanto afirman defender. La cuestión es que, en efecto, todo se les perdona. En el llamado "cinturón rojo" de Madrid, por ejemplo, no bajan ni un solo voto, así caigan tamayazos de punta. Una prueba más de lo acertado del refranero popular. Ya saben, "palos con gusto…"

300 millones

Este martes se producía uno de esos datos redondos que ofrece la estadística. Era el día en que la población de los Estados Unidos alcanzaba los 300 millones de almas. Por mandato constitucional, se realiza un censo cada 10 años, y el primero tuvo lugar en 1790. Poco después se realizó uno en Gran Bretaña, y la población temía que fuera un paso previo a una dictadura militar. La población de Estados Unidos creció a niveles sorprendentes en el cambio del XVIII al XIX, que despertaron los miedos y la imaginación de Malthus.

No es mala ocasión para hacer una breve reflexión sobre la población, especialmente cuando ciertos ecologistas se plantean (como expresión de su insaciable inquina por el género humano), qué bueno sería para la Tierra que la especie humana se extinguiera. Lo plantean como una extinción voluntaria, pero me temo que la desean como una eutanasia asistida. Hay ejemplos dramáticos de esa actitud antihumana.

La de Estados Unidos es una buena noticia. No es que estén creciendo a un ritmo alto, ya que, como el resto de países desarrollados, su población ha ido moderando su ritmo natural de crecimiento con el paso de las décadas. Pero el resultado es que seguramente nunca había vivido una población tan grande en un entorno de libertad tan amplio. Tenemos la suerte, además, de que los Estados Unidos importan a numerosos pobres (y no tan pobres), que acuden a esa sociedad en la que su trabajo es mucho más productivo. ¿Qué es lo que hace que una población amplia sea más una bendición que la causa de desastres sin fin?

Adam Smith vio en la división del trabajo la causa del desarrollo económico. Es cierto, como le reprochó Carl Menger, que hay otra pata del desarrollo, que es la acumulación de capital, que el primero no tuvo en cuenta. Pero entre sus mejores hallazgos se encuentra que la división del trabajo está limitada por la extensión del mercado. Si logramos engrandecer éste por el volumen de la población o por la ampliación de las comunicaciones entre los ciudadanos, estamos favoreciendo una de las causas del desarrollo económico. Con una mayor población, se pueden hacer colaboraciones mucho más productivas. Mises explicó en La Acción Humana que "el hecho social fundamental es la división del trabajo y su contrapartida, la cooperación humana", que se explica en dos hechos naturales: "Primero: la innata desigualdad de los hombres, por lo que se refiere a su capacidad de realizar distintos tipos de trabajo. Segundo: la desigual distribución de las oportunidades de producción ofrecidas por la naturaleza, no humanas, sobre la faz de la tierra."

Esa desigualdad interpersonal no se limita a las capacidades, sino también (como desarrolló Hayek) en el conocimiento. Y cuanto mayor es la población, más pronunciadas son las diferencias que explotar y más amplio es el conocimiento que se puede compartir y coordinar. Dice el austriaco en La Fatal Arrogancia: "Los hombres nos hemos vuelto poderosos porque hemos llegado a ser muy diferentes: nuevas posibilidades de especialización –que dependen no tanto de un incremento en la inteligencia humana como de una creciente diferenciación de los individuos– provee la base para un uso más exitoso de los recursos de la tierra."

Se puede pensar que, de todos modos, tenemos que crear riqueza con los medios materiales que tenemos, y éstos están dados. Pero es un error, porque el valor que sepamos crear de ellos depende del uso que le demos, y de la posición que le otorguemos en el proceso productivo. Y de cada recurso podremos ampliar su productividad, bien incardinándolo en una sociedad más amplia, con una división del trabajo más profunda, bien haciéndole partícipe de un proceso productivo más capitalista. Cada nueva persona no es sólo un nuevo devorador de bienes; es también un nuevo productor. Es más, dado que la producción no es una cuestión física (recordemos a Lavoisier y la ley de la conservación de la materia, luego materia-energía), sino de valor, que es un fenómeno de la mente. Y "las mentes importan económicamente tanto o más que las manos o la boca. Los seres humanos creamos más de lo que utilizamos, de media".

Pero una población abundante no asegura nada. Necesita poder cooperar en libertad, y no todos los entramados institucionales sirven a esa libertad de igual manera. Por eso la llegada del estadounidense 300 millones es una excelente noticia.

Año 2002, comienza el caos

En realidad, sólo es la aceleración de una tendencia que ya existía; por ejemplo, según indicadores del INE y gobierno, la vivienda ha subido 17 veces más que los salarios en diez años.

Para algunos este increíble aumento fue debido al redondeo del euro. Esto equivale a afirmar que todos nosotros somos unos auténticos irresponsables y suicidas en el manejo de nuestra economía doméstica. El redondeo nos podría haber engañado el primer mes, el segundo a lo sumo, pero no durante más de cuatro años. Si así hubiera sido se habría producido una contracción de la demanda que hubiese provocado la bajada de los precios para igualarlos a las rentas: está claro que si no llegásemos a final de mes, nos desapuntaríamos del gimnasio, no iríamos al cine, no realizaríamos viajes, no nos hipotecaríamos ni nos permitiríamos ningún tipo de lujo. Pero no ha sido así, hemos mantenido el mismo tren de vida.

¿Cómo es que no se ha producido la contracción? Por el aumento del crédito. Nos hemos endeudado más porque el "dinero barato" nos lo ha permitido. De esta situación no son responsables las constructoras, ni los especuladores inmobiliarios, ni los banqueros, ni el malvado charcutero que sube el jamón, sino las autoridades monetarias que se han dedicado a crear "inflación crediticia" que, a propósito, no tiene nada que ver con el IPC que sólo mide una pequeña cesta de productos y servicios y es calculado arbitrariamente por unos números índice. ¿Aparte de los "expertos" del estado, hay alguien que aún se crea los numeritos del IPC? ¿No le indigna que aparezca Solbes diciendo que vamos bien porque la inflación ha subido un tres por ciento? ¿La inflación de qué planeta está midiendo este hombre?

Sólo en el primer año del euro, el número de billetes en circulación se elevó un 21,7% según el Banco de España. Desde entonces, los agregados monetarios han seguido teniendo un fuerte aumento. De hecho, el mismo Banco de España nos lo confirma en su boletín de octubre: "los préstamos concedidos al sector privado registran todavía tasas de dos dígitos en términos interanuales".

Mirémoslo de otra forma. Desde el año 2002 el Ibex 35 ha doblado su volumen y su cotización se ha revalorizado más de 140%. El precio de la vivienda sigue aumentando a un ritmo fuerte aunque ha empezado a disminuir recientemente. ¿Pero no le extraña que haya tantísimo dinero como para encarecer el precio de todo, a la vez, y tanto? Efectivamente tenemos un exceso de liquidez, una inflación crediticia o "dinero barato" que han creado los bancos centrales y sólo nos sirve para ir perdiendo poder adquisitivo mes a mes. Además, bancos, constructoras y eléctricas están teniendo unos elevadísimos beneficios continuados que no son nada normales, y es que también han sido inflados por las nuevas Normas Internacionales de Contabilidad (NIC). Una parte de estos resultados se deben a la productividad real, otra a las NIC, y el resto no es más que inflación, humo, una ilusión de beneficios.

Muy probablemente gran parte de esta inflación o extrema liquidez se desvíe hacia la bolsa, como ya está ocurriendo, durante unos años más. Asistiremos a más benéficos y alzas, en algún momento oiremos los gritos de los "expertos" diciendo que esto no se aguanta. Cuando empecemos a escuchar sus griteríos es que aún quedan un par de años más de "bonanza" y subidas. Lo nefasto de esta situación es que al final la contracción vendrá, y cuanto más tarde, más fuerte será. La principal causa de tal calamidad se llama euro y "estabilidad de precios", eufemismo de los burócratas que sólo significa desequilibrio y pérdida de poder adquisitivo continuo. Esto es lo que ocurre cuando una panda de funcionarios manejan nuestro dinero como si fuera suyo y bajo ninguna responsabilidad. Evidentemente, después, nos culparán a nosotros por habernos endeudado demasiado. Impresentables.

Zapatero se hace el sueco

El modelo del estado del malestar sueco desapareció hace años y Suecia es hoy uno de los países más liberales y dinámicos de la esclerotizada Europa. El país aparece en el índice de libertad económica de la Fundación Heritage justo detrás de Suiza y Estados Unidos. El dato no es sorprendente si tenemos en cuenta que el 60% de su PIB viene del comercio y que es el país con el mayor índice de multinacionales per cápita. Los horarios comerciales están completamente liberalizados y el número de horas y días que abre una empresa depende de la voluntad de los propietarios y, en última instancia, del consumidor.

El gobierno socialdemócrata saliente, que rigió en minoría con el apoyo de ex comunistas y verdes, abolió el impuesto de sucesiones y donaciones. Por otro lado, el impuesto de sociedades es de los más bajos de Europa. Además, Suecia ha estado a la cabeza de los procesos de liberalización en Europa. La banca, las telecomunicaciones, la electricidad o el transporte son hoy mercados donde brillan la competencia y sus favorables efectos. Incluso se han llevado a cabo procesos de privatizaciones en áreas como la defensa nacional. Los trenes se privatizaron, y ocurrió antes que en Inglaterra. El metro de la capital está en manos de una empresa francesa y uno de los mayores productores y proveedores de energía eléctrica del país es una empresa alemana que ostenta la mitad de la estratégica producción nuclear de la nación.

El gobierno también trabajó en la privatización de la sanidad pero la oposición frontal de los sindicatos complicó la aplicación del proyecto. Aún así, uno de los mayores hospitales de Estocolmo fue privatizado hace un par de años y es parte de una sociedad con ánimo de lucro que cotiza en la bolsa. El fraudulento sistema de pensiones de reparto ha sido sustituido por uno más cercano al de capitalización en el que el contribuyente puede elegir entre distintas formas de inversión.

Por último, el paro dejó de ser la lacra de lo más desfavorecidos desde que se suprimió el salario mínimo y el típico esquema de adoctrinamiento propio de los sistemas educativos europeos ha sido eliminado gracias a implantación del cheque escolar. Este es el modelo sueco de la actualidad a cuya creación ha contribuido decisivamente la izquierda en la última década y en el que previsiblemente profundizará el nuevo gobierno liberal-conservador. Si Zapatero fuese todo lo liberal que cuenta a la prensa extranjera seguiría el modelo sueco.