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¿El capitalismo en duda?

Me envía un amigo el link de una charla celebrada en S/C de Tenerife sobre las consecuencias del Capitalismo Global1. Resalta mi amigo: “¿Zizeck en S. Cruz de Tenerife? ¡Nivelazo! Posiblemente el filósofo vivo más ‘influencer’. Dejó EEUU, para volver a Ljubljana. También intervino Miren Etxezarreta, economista vasca. Invito a leer dicha referencia que suscita mi reflexión que aquí comparto.

Miren E. afirma: “penetrar un poco en la profundidad de este mundo cruel que nos envuelve”. Me sorprende esta focalización situando en lo que nos envuelve (fuera de mí) la causa del mundo cruel, y también la exhortación de profundizar en eso que nos envuelve.  Pone ejemplos: “como la pérdida de poder por parte de los Estados frente a las multinacionales, la prioridad de los intereses de esas grandes empresas frente al bienestar social, el deterioro de las condiciones laborales, la pérdida de derechos y el cambio climático, entre otras cuestiones” (M.E) señalándolo como consecuencia del Capitalismo Global.

Me pregunto ¿De verdad creen que El Estado, los Estados han perdido poder? Con un Gasto Público que es prácticamente la mitad del PIB y con más de un centenar de impuestos tal apelación es difícil de sostener. ¿Por qué estigmatiza al Capitalismo? ¿Por qué y cómo estigmatiza a las empresas y al capitalismo? Para ello mete/n, desde su coherencia ideológica, dos calificativos Global y Multinacionales. No, amigos, no me confunden, usan argumentos mimetizados de Marxismo Cultural campante ahora bajo otras banderías, siempre han hecho y dicho esto.

A Miren E. la comencé a escuchar con 22 años en la ULL, como visitante, y no cambia en su “profundidad”, sí en la estética superficial de su exposición, sigue anclada en la pugna, en la lucha de clases. No ha llegado al S.XXI, al tercer milenio. Y su perspectiva así queda: “auguró un futuro muy negro para los pueblos del mundo: “Nuestro destino es una distopía”. No obstante, también quiso lanzar un mensaje de esperanza: “Pero el destino se puede cambiar”. En este sentido, apeló a los jóvenes a emprender ese cambio pues, según dijo, son ellos quienes deben relevar a los adultos en la defensa de unos derechos que “a nuestros predecesores les costó años de lucha conquistar” “.

¿Les suena de algo? De verdad, me recuerda a la pretensión de fundamentar una “conciencia social colectiva” como la que mediante tutela política, desde las izquierdas, pretendían imponer en el sistema educativo español a través de la materia de Educación para la Ciudadanía (EpC)2. Me suena también al uso de los jóvenes en el sistema educativo catalán desde el nacionalismo e independentismo, justificando los “CDR”. ¿Y qué propone para vender su nueva novedad? “núcleos de lucha”. La intelectual guipuzcoana considera conveniente que la gente cree pequeños “núcleos de lucha” que a su vez estén conectados con otros a modo de red y que respondan a una reivindicación específica para conseguir avances en ese ámbito concreto de la sociedad.

No me parecería mal en principio. ¡Siempre han habido espontáneos o organizados “núcleos de lucha” y más en el mismo capitalismo en Estados democráticos. Pero hay en ello también posibles peligros. ¿Al dictado de quién se invita a la movilización? ¿Del Estado totalitario, paternalista o benefactor, o del Estado apoyado en una mayoría suficiente que usa y abusa de los individuos al colectivizarlos? ¿O se plantea la posibilidad de que las personas, individuos, se movilicen en defensa de sus respectivos intereses? Esto último sería bueno. Dejar a cada quién ser quien es y proceda en libertad sujeto a las restricciones que operen tanto endógenas como exógenas. Esto es lo que permite, defiende y sustenta el sistema capitalista y busca, vía intercambio voluntario, el mejor de los resultados alcanzable mediante acuerdos. Pero la pretensión tutelante pública es y puede ser muy peligrosa. Yo no apoyaría tal pretensión tutelante impuesta por fundamento ideológico político, adoctrinamientos ni de izquierdas ni de derechas, ni de delante, ni de atrás, ni de arriba, ni de abajo.

En cuanto a Zizeck3 no lo conocía. Pero, permítanme, me gusta cómo entra. Como me percaté después avisado por mi amigo, es muy inteligente el filósofo, “provoca y se hace el tonto”. Cuestiona Zizeck: “¿Tiene el capitalismo global un oponente fuerte que realmente le impida reproducirse de forma indefinida?”. Fue ahí cuando el filósofo esloveno lanzó una crítica contra los que denominó “izquierdistas”, esos que “defienden más justicia para los homosexuales, más tolerancia, más feminismo, pero básicamente aceptando las coordenadas del sistema”. Generando derechos, muchos espurios al no estar soportados en deberes que los hagan factibles, sostenibles.

¿A qué apelaba Zizeck? me preguntaba. Criticó a las Izquierdas que aceptan las coordenadas del sistema. Todas las izquierdas democráticas aceptan, han aceptado y aceptarán las coordenadas y las reglas de juego, del sistema Capitalista porque es de él de dónde ‘chupan, succionan’. Donde se nutren con ciertas garantías. Sin duda, mayores garantías de las que se tienen en cualquier otro sistema económico. En este sentido creo que Zizeck, sin decirlo, le mete un ‘zasca’ a todas las izquierdas democráticas.  ¿Pero qué defiende, qué pretende entonces este “filósofo de izquierdas”? ¡Me sorprende este calificativo para un filósofo!

Se desmarca del sistema y comienza a despreciarlo “adulándolo” y dándole atributos personales: “Al sistema lo calificó como “muy inteligente” pues, según dijo, “es capaz de hacernos sentir responsables de los problemas que él mismo genera en el mundo”, mientras nos ofrece una “salida rápida” a dichos problemas. Y se mete con el reciclado y la ecología …. Zizeck utiliza como recurso la personalización del mecanismo de mercado: “destacó también la “astucia” del mercado para ganar dinero” cuando en realidad el mercado no tiene nada de astuto, si alguien es astuto son las personas que en él concurren, sean empresarios, oferentes, o consumidores, demandantes. Esto, dice, lo hace el mercado ¡apelando a nuestra sensibilidad! ¡Qué cosas dice¡ el mercado no apela, son los unos y los otros los que apelan según las sensibilidades que unos y otros tengan (elasticidades,…).

Pero en su empeño por hacer caer al mejor de los mecanismos para asignar bienes y recursos, el mercado, resulta que lo estigmatiza/n hasta pretender culpabilizarlo y culpabilizar con el mercado al sistema económico capitalista que tanto nutre a propios y extraños.  Esto es lo que pretende. Y ‘sin cortarse un pelo’ dice su chiste: “”Recuerdo entrar a un Starbucks en Estados Unidos y ver un cartel de responsabilidad social que decía ‘Sí, nuestro café es más caro, pero un tanto por ciento del precio de tu café va destinado a reforestar bosques en Guatemala’, o algo así. ¡Eso es ingenio!”, espetó. Según él, el mensaje que nos manda la empresa responde a una ideología: “Sé un consumista con nosotros y tu responsabilidad social estará incluida en el precio del producto””. ¿Saben? Esto mismo es lo que defiende nada menos que la autodenominada y biensonante “Economía del Bien Común”, del “famoso bailarín” Christian Felber4. Otro iluminado exponente creo del “marxismo cultural”. Un posible peligro, creo, cuando sus pretensiones apuntan a intervencionismos que van creo más allá de estrategias de diferenciación de productos.

Por otros puntos pasa Zizeck desde el burladero del crítico que creo no torea, ni sabe torear, ni producir, ni dar pan, ni trigo, sólo critica, quizá como yo mismo criticándolos a ellos, a los de izquierdas ardientes de novedades siempre arcaicas. Pasa Zizeck por el trato de Occidente a El Congo, por nuestros pobres vs refugiados, por su interés sobre lo que ocurre en sus países de origen. ¿Qué es lo que no hay allí en tales países y no se para en reconocerlo? No hay capitalismo, ni global, ni territorial, ni parcial. Esa es fundamentalmente su verdadera carencia, la causa fundamental de su pobreza. Pero de eso ni trata, pasa por el listado de pecados de Occidente, mortales y veniales, focalizando siempre al capitalismo como culpable y, concretando, siempre apunta a los otros como culpables, a los demás. Pregunto: ¿También criticará a los que no son, ni están en lo conocido como Occidente, como pueden ser China con su capitalismo monopolista marxista, Corea del Norte, Rusia…? 

Creo que todos y cada uno debemos ser conscientes de no poder ser el primero en tirarle la primera piedra a ‘la prostituta’, en este caso al considerado ‘prostituido’ o despreciado sistema capitalista parcial o global. Lo que ocurre es que desde la “ejemplaridad” de la izquierda se tiran piedras y dardos contra el mejor ‘”sistema económico” productor y reproductivo que ha existido. Y ello, sin ofrecer alternativa alguna de producción y crecimiento.

Permítanme mi contra crítica, ¡cuidado con los precipicios!, destino seguro y carísimo de los experimentos de la ingeniería social de las autodenominadas nuevas fuerzas del cambio que, desde siempre, desde muy antiguo, apelan a la tierna juventud en sus soflamas para nutrirse y succionar en caladeros que se critican pero que no fallan en la producción de bienes y servicios. Allá ellos.

Me dice mi muy ilustre amigo J.A. Ribas y compañero de colegio: 

“Estimado J.M. Como no hay peor desconsideración que pasar de alguien antes que disentir, y sin vocación de soflama alguna, pregunto: “¿En serio, crees que el actual capitalismo es el mejor sistema posible? ¿En serio crees que cada vez estamos mejor y que los cachorros vivirán mejor que sus padres?, ¿Cómo puedes sostener teóricamente esos agujeros negros de extracción financiera que son los paraísos fiscales?, ¿Cómo se puede sostener el muy obsceno aumento de las desigualdades bajo una moral de amor al otro como Hermano? Finalmente, ¿tu qué propones, ya que los otros no te convencen? Es simplemente por saberlo. Pdta. S. Zizeck, aparte de muy mediático, que lo es, posiblemente sea de los tipos que más saben. Es el listo que juega a provocar y a hacerse el tonto. Por cierto, represaliado en Yugoeslavia, cuando lo era. Su tochazo sobre Hegel, es insuperable. A su lado, los Bauman o el coreano de moda … Abrzs “.

Mi respuesta a mi amigo5, la extracto aquí corregida.

1. “¿En serio, crees que el actual capitalismo es el mejor sistema posible?” Sí, ha sido y es, sin duda, el mejor sistema económico conocido y el mismo, como todo, ha ido evolucionando. Claro es que siempre, en su dinámica, cada agente (privados y públicos tanto a nivel nacional como internacional) tiene sus pautas estables de comportamientos y en sus decisiones, claro que pueden haber errores, fallos e incluso comportamientos “golfos” y, por tanto, por propia Acción Humana, todos y cada uno, se aplican, se autocorrigen y corrigen, unos a otros, en procesos de toma de decisiones tremendamente interdependientes. Los errores y fallos los tienen las personas y, consecuentemente, aparecen en el sistema económico, sea el que sea, siempre los sistemas adolecen como consecuencias de las conductas. Consecuencias:  Hay Fallos de Mercado y Fallos de Estado y, consecuentemente, hay que considerar todo ello para seguir intentando mejorar.

2. “¿En serio crees que cada vez estamos mejor y que los cachorros vivirán mejor que sus padres? Sí. Si miro para atrás en el tiempo, en la historia, lo confirmo. ¿Las amenazas potenciales y al parecer ya reales hoy de dónde vienen? Las atisbo como más probable viniendo no de occidente. Ya hoy las veo patentes en Rusia, Corea, China… Siguiendo con mi respuesta. Si miro para adelante confío en que cada generación, como todas las anteriores, sabrá optimizar sus objetivos sujetos a las restricciones de escasez (de recursos) que disfruten o padezcan (es lo mismo). Sabrán ajustarse. Y ello se logrará con mejores resultados en una Economía de Mercado donde las tecnologías con el capital, el trabajo y los recursos en materias primas y energéticos actúan como factores cooperantes, operen no en términos de pugna. Y ello sin apelar al buenismo, al voluntarismo y al intervencionismo. El discurso de la izquierda de la pugna y ‘lucha de clases’ está caduco, tieso, en el tercer milenio.

3.”¿Cómo puedes sostener teóricamente esos agujeros negros de extracción financiera que son los paraísos fiscales? ¿Cómo se puede sostener el muy obsceno aumento de las desigualdades bajo una moral de amor al otro como Hermano?”. Querido J.A. has unido hábil y sutilmente dos preguntas, sin duda, muy asociadas en su tratamiento al grado de amor al otro como Hermano, al tratamiento moral. ¡Cómo me vas conociendo amigo! ¡Sólo leyéndonos, querido J.A.! ¡Qué poco nos vemos! De hecho, nada. 

Estoy también perplejo por la evolución humana y de los mismos sistemas económicos bajo el prisma Relativista donde la moral puede soslayarse. Como se soslaya ya no sólo la Fe sino también la Razón y la racionalidad de los individuos cuando éstas chocan con los fines de alguna parte que se arroga el poder imponerse en cualesquiera de los órdenes o imponer precios y cantidades a su antojo como si ello fuera posible. Y presumen y lo prometen, pero en absoluto pueden lograrlo sin las consecuencias de las reacciones de los demás agentes ante las acciones de política económica y social que implementan. 

Muchas personas, en los diversos sistemas, con mayor o menor posibilidad actúan y deciden como ‘si Dios no existiera’ y esto en cualquiera de los sistemas económicos y sociales genera muchos problemas morales en sus prácticas. Y, sin duda, ello es fuente de debilidad, no del sistema, sino del hombre o la mujer endiosado/a en su arrogancia que actúa dentro del sistema. Con todo, insisto y constato, el sistema capitalista de mercado con el ejercicio del libre albedrío ha sido y es el que mayores logros alcanza en renta, actividad económica, empleo y bienestar6.

Concretando ahora respuesta a tus dos preguntas te digo sin drama. Veo que no te gustan los paraísos fiscales. Tampoco a mí. Tú los consideras “agujeros negros de extracción financiera” (suena terrible). ¿Pero porqué existen? No por el sistema capitalista, no por el mercado, en absoluto. Existen por la “arrogancia”, voluntarismo o intervencionismo fiscal de los Estados generando una presión fiscal desestimuladora de la actividad productiva, del ahorro, del trabajo, del empleo, de tener hijos, de cotizar por las pensiones…

Te garantizo que reduciendo la presión fiscal los paraísos fiscales se desvanecen. También los paraísos fiscales se fundan en las arrogancias políticas de los propios políticos en el ejercicio de su poder legislativo y ejecutivo y ello dentro del ordenamiento jurídico de nuestras democracias modernas.  ¿Quieres saber de una? muy cercana, una Zona Off Shore. Aquí con gran sutilidad el relativismo usa eufemismos, pero es mire cómo se mire, un posible ‘paraíso fiscal’, ¿acreditado? sí, ¿aprobado? sí, ¿vendido hasta como reputado y merecido? Sí. ¿Te lo digo? El REF de Canarias con su ZEC. También tengo que decir en este “cabalgar contradicciones de la vida” que entiendo cómo un consejero del gobierno de Canarias y/o diputado nacional, o ministro del gobierno de España intentaría justificar estos mecanismos con la condición de región ultraperiférica.

¿Quieres otros ejemplos de intervencionismo? Los aranceles de la UE a su exterior, sus subsidios y ayudas a los residentes europeos, tampoco me saldría de la UE. ¿Quieres otra? La protección vía precio y subvención del plátano canario, ¿Quieres más ejemplos? La protección del monopolio del Taxi, … Pregunto ahora: ¿Son estos ejemplos según la progresía desde las izquierdas, estos casos “agujeros negros de extracción financiera”? Muchos comenzarían a utilizar múltiples eufemismos para disimularlo. Pero míralo como lo mires, Sí J.A. son “arrogancias”, barreras, “muros”. Sin duda, pero no son causados por el sistema capitalista, ni por el mercado. No te engañen. Son las arrogancias derivadas del relativismo, del intervencionismo, del voluntarismo impuesto desde los agentes: 

A) con ‘poder de mercado’ en el mercado de bienes y servicios fijando precios, bien por medio de monopolistas o del Estado fijando precios máximos o precios mínimos diferentes a los de equilibrio de mercado bajo competencia,

B) con ‘poder de mercado’ en el mercado de trabajo fijando salarios rígidos a la baja por medio de Sindicatos o por El Estado con salarios rígidos o salarios mínimos interprofesionales, s.m.i., o bien mediante salarios de eficiencia, beneficiando a los que queden ocupados pero perjudicando a los que resulten parados, 

C) con ‘poder de mercado’ en los mercados financieros fijando tipos de interés y racionando el crédito por medio de coaliciones financieras, por participación pública en el sistema financiero (ex cajas de ahorro), por “la reserva fraccionaria” del BCE expandiendo la oferta monetaria para bajar artificialmente los tipos de interés. 

Todo esto no son críticas al sistema capitalista ni global, ni territorial, ni parcial. Estos son usos y abusos de los agentes protagonistas, sobre todo de los desorientados políticos en los respectivos poderes ejecutivos y legislativo en su ardiente afán de novedades, llevando a cabo acciones que han tenido, tienen y tendrán sus correspondientes reacciones en este nuestro mundo económico tan interdependiente. 

Todo este Análisis va con sus correspondientes “procesos dinámicos sociales”7 con sus efectos multiplicadores. ¡No te engañen!

4. Por último me das la vez y dices: “Finalmente, ¿tu qué propones, ya que los otros no te convencen? Es simplemente por saberlo”.

Pues sin mucho entusiasmo, ya que reconozco que es muy escasa la demanda de mi pensamiento, te digo: 

En primer lugar, ¿de qué otros sistemas debiera haber quedado convencido? ¿Acaso tú y todos no están absolutamente convencidos de que el socialismo y el marxismo, sin eufemismos, han tenido y tienen menos alcance? ¿Tengo que demostrarlo? 

En segundo lugar, mi propuesta:

1. Me quedo, aún con sus “reparos”, con el sistema capitalista y su referentemente en una economía de mercado competitiva.

2. La competitividad está mal entendida, vituperada, despreciada, en el mundo de progresía, de las izquierdas, de las autodenominadas nuevas fuerzas del cambio. También se malentiende o desprecia entre las perspectivas buenistas y voluntaristas. Pero insisto, es el gran asidero para la eficiencia. Esto es, para combatir sin tregua el despilfarro, en definitiva, para combatir el paro. A esto vocacionalmente se apuntan todos los sistemas económicos, pero sin la competencia no lo logra ningún sistema porque no lo logra nadie. Los teoremas de equilibrio general y la praxeología8 lo confirman. Toda solución competitiva es más eficiente porque los precios son más bajos, mayores son las compraventas; y, consecuentemente, se logran mayores niveles de empleo que en las soluciones no competitivas amparadas en prebendas y concesiones para alguna de las partes, por ‘chollitos y chiringuitos’ bien por barreras de entradas, precios monopolísticos, precios máximos o mínimos según el criterio y el clientelismo político del gobernante de turno, impuestos y/o subvenciones a destajo.

3. Yo sí creo que es crucial, vital, un rearme moral de las personas, organizaciones e instituciones. A mí me gustaría hablar de realmarse más que rearmarse. ¿Cómo? Eso lo tiene que decidir cada uno en su libre albedrío. Para mí este es creo el punto crucial, junto a los atributos del sistema económico de mercado para la verosimilitud del futuro factible en el que se desenvolverán o no las siguientes generaciones (Overlapping generations, el mantenimiento de las pensiones, el mantenimiento demográfico,) 

Quizá la máxima de exigir creer en Dios sea excesiva para los que no creen. Yo lo puedo comprender. También es verdad que tan difícil, en principio, es creer en Dios como en no Creer. ¡El cientifismo llega hasta negar el libre albedrío y “comulgar” con el determinismo!9¡Qué cosas! Gentes que no creen en Dios y en cambio creen en el determinismo. En que todo está predeterminado. Ya está decidido lo que va a ocurrir ¡Y todo ello sin Dios! ¡Qué cosas! La verdad, es que creer en esto apoyado en la Ciencia y en la sola Razón me parece más difícil. Mi reflexión en esto se autorregula, se pondera, apoyándose en el imperativo categórico kantiano y en la exhortación del mismo Immanuel Kant que invitaba a ” ser tú”, sin tutela alguna, a coger en peso tu propia historia, viviendo tu libertad en su respectivo grado por estar sujeta a las correspondientes restricciones que cada quien padece en la vida. Así, por tanto, condición necesaria para el mejor de los logros es esta máxima: ‘Haz lo que quieras y puedas’ pero ‘no hagas al otro lo que no quieras que te hagan a tí’.  Resumidamente: ‘Ama y haz lo que quieras’. Descartes, mucho antes, dijo “cogito ergo sum’. Efectivamente la gente piensa y es. En mi barrio decimos, en el mejor de los sentidos: “aquí el que no corre vuela”. 

Cuando discierno sobre esto como católico me admiro viendo cómo el mismo pasado, presente y futuro de Occidente, el Renacimiento, La Ilustración, como hasta La Igualdad, La Libertad y La Fraternidad de la misma Revolución Francesa hunden sus raíces en los Clásicos, sin saltarse la Edad Media, falsamente motejada como oscura, y entronca con El Evangelio y las tradiciones judeocristiana y grecorromana, como afirmó S. Juan Pablo II en el libro ‘cruzando el umbral de la esperanza’. Invito pues a contrastarlo. Me angustia apreciar cómo la persona en muchas ocasiones ha perdido y pierde este oriente. Hay mucha gente sin un sentido existencial ni trascendente y también creo que cuesta mucho verlo desde el agnosticismo y desde el ateísmo existente en la izquierda y también en la derecha. Pues veo cómo se impone esta cosmovisión dominante ya desde finales del S.XX y tremendamente en el tercer milenio: “etsi Deus non daretur” (vivir como si Dios no existiera). Me angustia porque aprecio que si se vive sin ver a Dios en el prójimo es más probable que se pretenda vivir sin ver ni amar al otro ni a uno mismo. Y cuando esto se generaliza, quizá desde la inconsciencia de que el otro para el otro es siempre uno mismo, la cosa puede acabar mal o peor para todos y cada uno. Por ello es urgente realmarse y es necesario hasta una nueva evangelización que ayude a la persona y, con ello ,a mejorar los logros del sistema económico de mercado como sistema de mayor alcance en la generación de actividad económica, riqueza, empleo y su redistribución. 

Es verdad que desde la Doctrina Social de La Iglesia (D.S.I ) el liberalismo o capitalismo, el socialismo y comunismo también reciben sus reparos, aunque no es el mismo10. “El socialismo y el comunismo tiene muy serios reparos porque son un sistema ideológico contrario a la revelación cristiana…una concepción de cómo tendría que funcionar la humanidad e intentan llevarlo a la realidad imponiéndolo, quitando la libertad. Pues priva a la persona de su libertad en “beneficio” de la colectividad e imponiéndole la renuncia a toda aspiración a la trascendencia, la encierra en una perspectiva terrena y dirigida”. Respecto al capitalismo, la Iglesia hace una distinción. S.Juan Pablo II, en CA dice: ” Si por capitalismo se entiende el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada, y de la consiguiente responsabilidad  para con los medios de producción, la libre creatividad humana en el sector de la economía, la  respuesta es ciertamente positiva….Pero si por capitalismo se entiende un sistema en el cual la libertad en el ámbito económico no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa ” (CA 42 b.)11. Aprecia El Magisterio, por tanto, su mejor consideración del capitalismo planteando la necesidad de que tenga “un sólido contexto jurídico” que preserve la libertad humana integral humana de los agentes, de todos y cada uno.

Concluyo. Esta es mi propuesta ponderada. Me quedo, aún con sus “reparos”, con el sistema capitalista y su referente en una economía de mercado competitiva. La competencia es el gran asidero para la eficiencia. Los teoremas de equilibrio general y la praxeología lo confirman. Por último, sí creo que es crucial, vital, un rearme moral de las personas, organizaciones e instituciones. A mí me gustaría hablar, y más en estos tiempos de drama y guerra, de realmarse más que rearmarse. La comparto con este artículo. Propuesta no sustentada sólo en la Fe sino también en la Razón, integrando lo que en el hombre hay. No soy ni ingenuo, ni buenista, ni voluntarista. Soy un hombre racional, católico, español y economista.

Referencias Bibliográficas:

Encíclica Centesimus Annus (1991)

Felber C. (2015), Economía del bien Común. Deusto A. Ediciones. Barcelona.

González Pérez J.M. (2005), Economía Política, Participación e Interdependencia. La cuestión social. Ed. GEU. Colección Económicas y Empresariales. Granada. Apendice: “La cuestión social”. Valores y contravalores en un mundo en permanente cambio, interdependencia, participación economía y política desde la Doctrina Social de La Iglesia.

González Pérez J.M. (2016) Tarea de unos padres. Educación en valores. Nivaria Theologica. NTh, nº23. ISTIC, Tenerife.

González Pérez J.M. (2021), Catolicismo, Protestantismo, Comunismo, Capitalismo. IJM, Análisis Diarios, 17.6.2021.

S. Juan Pablo II (1991) Encíclica Centesimus Annus (1991).

Véase González Pérez JM (2021), “Catolicismo, Potestantismo, Comunismo , Capitalismo”. Análisis Diario. Insttituto Juan de Mariana , IJM. 17, junio 2021.

Pezzi Mario, Pbtro (2000) “Algunos aspectos de la Doctrina Social de La Iglesia”. Mimeo. Porto San Giorgio, Italia, 21-24 de septiembre.

Sánchez Molinero J.M. (2015), Ultimas preguntas. Un ensayo sobre los límites de la razón. Nivaria Theologica. NTh, nº21. ISTIC, Tenerife.

Von Mises L. (1960, ed. 2015), LA ACCIÓN HUMANA. Tratado de Economía. Undécima edición. Unión Editorial. Madrid 2015.

Slavoj Žižek y Etxezarreta M. (2019),

https://m.eldiario.es/canariasahora/tenerifeahora/sociedad/Slavoj-Zizek-inteligente-culpables-problemas_0_881211950.html

Rallo J.R. (2016) “La Economia del empobrecimiento común”. La Ilustración liberal, nº 56-57. https://www.clublibertaddigital.com/ilustracion-liberal/56-57/la-economia-del-empobrecimiento-comun-juan-ramon-rallo.html

Rallo J.R. (2013), “La autentica Economía del Bien Común”. https://educacionparalalibertaddotcom.wordpress.com/2013/10/12/juan-ramon-rallo-la-autentica-economia-del-bien-comun/

1 Véase Slavoj Žižek y Etxezarreta M. (2019)

https://m.eldiario.es/canariasahora/tenerifeahora/sociedad/Slavoj-Zizek-inteligente-culpables-problemas_0_881211950.html

2 Véase González Pérez J.M. (2016), pp.31-136, ensayo. Su resumen en pp.31-34.

3 Véase Slavoj Žižek (2017) https://es.wikipedia.org/wiki/Slavoj_%C5%BDi%C5%BEek

4 Véase C. Felberg (2015).

5 La escribí el 28/3/2019.

6 Véase González Pérez JM (2021)

7 Véase Von Mises L. ((1960, ed. 2015), Estudio preliminar por Huerta de Soto Jesús pp. xxi-lxxiv. Más concretamente pág. xliv ‘La economía como teoría de los procesos sociales dinámicos.

8 Véase Von Mises L. ((1960, ed. 2015), pp. 1, 24, 40, 93, 119.

9 Véase Sánchez Molinero (2015) 1. Introducción y 2.Critica al materialismo pp.36-62. Dawkins, Dennett, Kane, el libre albedrio, Hawking,…

10 Véase González Pérez J.M. (2005), pp. 341, 342 y véase González Pérez J.M. (2021), IJM, Análisis Diarios, 17.6.2021.

11 Véase González Pérez J.M. (2005), pp. 347

Los putinejos

A raíz de la invasión de Rusia a Ucrania y sus consecuencias han surgido posiciones distintas alrededor de este problema que se debería analizar desde una premisa irrefutable: Rusia es un país invasor a un Estado soberano e independiente.

Dejando de lado la visión maniquea que tienen los grupos políticos y sociales que siempre han sido afines al régimen de corte imperialista y autoritario de Vladimir Putin, cabe un espacio para aquellos a los que Javier Rubio ha denominado como ‘putinejos’ y cuyo concepto sirvió para que Fernando Díaz Villanueva publicará hace poco una cápsula en su canal sobre ese fenómeno social, hasta cierto punto inexplicable desde la lógica de los hechos y las pruebas que la guerra pone delante de nosotros y de las que somos testigos todos los días.

Por un lado, se ha demostrado una vez más la fragilidad de los sistemas de información y su potente influencia sobre los ciudadanos. En las guerras como en los conflictos sociales o políticos de gran magnitud (recordemos nuestra experiencia con la pandemia), las fake news proliferan como si de otra epidemia se tratase y la intervención y las presiones sobre los medios de comunicación son más evidentes que nunca.

La campaña de Putin para poner en el tablero del debate la posición de Rusia en el conflicto ha sido demostrada por noticias como: “La Ucrania moderna fue creada por Rusia”, “Se debe frenar un genocidio al este de Ucrania”, “Existe la necesidad de erradica el nazismo de Ucrania”.

Además, recordemos que el régimen ruso tiene mucha experiencia en las políticas intervencionistas, incluso, cuando se trata de acontecimientos ajenos a su marco fronterizo: se ha demostrado el interés de Vladimir Putin de desestabilizar o promover procesos sociales y políticos en occidente tales como las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, el Brexit e, incluso, el proceso de referéndum ilegal en Cataluña el año 2017.

Bajo esa marea de volátil información se suma un debate entre un grupo de ciudadanos indulgentes con el régimen ruso por una serie de cuestiones que refuerzan un argumentario que, aunque tiene un asidero ideológico asumible desde el punto de vista político, se contrapone con las referencias que se usan para defender lo indefendible, cayendo en consecuencia en la confusión y el descarrío.

Entonces se exponen argumentos como que un conglomerado de orden mundial está en contra de Rusia y por ello los acontecimientos están escritos entre un villano (Rusia) y un salvador. No hay término medio. Para ello utilizan cuestiones relacionadas, entre otras cosas, con la ideología de género, el globalismo, el retroceso de occidente o los complejos alrededor de la sostenibilidad o el ambientalismo.

Dependiendo de la ideología que se materialice en la visión del mundo de cada individuo no es equivocado defender o denostar este tipo de ideas, que suelen generar ampollas en los extremos del contexto político, toda vez que hay más radicalismo y más centrismos alrededor de las medidas o políticas públicas que se impulsan en un sentido y otro.

El problema radica en la disposición de estas ideas justificando una invasión ilegal e ilegítima o, al menos, cuando se asume una posición timorata y templada sobre una situación que, a los ojos del mundo, se manifiesta como una invasión que puede desencadenar consecuencias que la humanidad nunca ha vivido y que en este momento no es capaz de predecir, porque así lo pone en evidencia la realidad misma.

A ellos se les llama ‘putinejos’, a aquellos que bajo un paraguas de defensa ideológica defienden o no asumen una posición concreta en relación con el conflicto, confundiendo conceptos, momentos y circunstancias. Una invasión o una guerra global en la actualidad traería peores consecuencias para la humanidad entera que los debates alrededor del ecologismo o el feminismo.

El despertador del hombre masa

Decía Ortega, en su “La rebelión de las masas”, que el hombre de vida vulgar, el hombre-masa de su época -muy similar al actual- es un ser que no se siente con ninguna obligación (a las masas “no les preocupa más que su bienestar y al mismo tiempo son insolidarias de las causas de ese bienestar”), que se recluye en sí mismo, condenado a permanecer encerrado en sí mismo si una fuerza exterior no le obliga a salir. Pero la vida, gracias a Dios, está llena de elementos y circunstancias que nos impiden permanecer en esa perpetua inmanencia.

Es cierto, como definía Ortega, que el hombre de nuestro tiempo es un ser que no se valora a sí mismo por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo”, sin angustiarse por creerse -y quererse- idéntico a los demás; con fabulosas capacidades para realizar, pero que no sabe realizarlas, ya que carece de proyecto vital y del sentido de la responsabilidad y de la utilidad del esfuerzo: “se le han dado instrumentos para vivir intensamente, pero no sensibilidad para los grandes deberes históricos; se le han inoculado atropelladamente el orgullo y el poder de los medios modernos, pero no el espíritu”. “Ahora todo el mundo es sólo la masa”, y a pesar de disfrutar de más medios, más saber y más técnica que nunca, resultamos seres desdichados que sólo saben caminar a la deriva, se lamentaba.

En el fondo es una cuestión de orgullo, de habernos creído infalibles, omnipotentes, indestructibles. Como decía Ortega, “no vemos en las ventajas de la civilización un invento y construcción prodigiosos, que sólo con grandes esfuerzos y cautelas se puede sostener”: consideramos esos logros como derechos casi innatos e inalienables, derivados de nuestra personal y humana majestad. Detestamos todo aquello que amenace el palacio de cristal desde el que creemos regir nuestros destinos como dioses. El esfuerzo y el sudor nos repugnan como una plaga bíblica, ya que nos recuerdan que nuestros pies son de barro; y de tanto evitar el sufrimiento que nos recuerda nuestra pobre condición, no sabemos soportarlo. Somos una masa (porque, como decía Ortega, “ahora todo el mundo es sólo la masa”, o, al menos, casi todo), más fuerte que la de ninguna época, pero, a diferencia de la tradicional, ahora está hermetizada en sí misma y es incapaz de atender a nada ni a nadie, creyendo que se basta; una masa, en suma, “indócil”, no dispuesto a escuchar, ni a someterse a instancias superiores. Es el de hoy un hombre que está habituado a “no apelar de sí mismo a ninguna instancia fuera de él”. O eso nos creemos.

Es verdad que no queremos someternos a instancias superiores, sino a lo propio que hace, siente y piensa “todo el mundo”, sin ambición, sin fuerza, vigor, tesón o empeño. La vida regalada nos ha enseñado a vivir, en el mejor de los casos, a ráfagas; nuestra vida se ha convertido en una sucesión de destellos distanciados, fuegos de artificio carentes de energía y constancia, basados en una cosmovisión incoherente -construida a base de retales mal ligados- fácilmente manipulable.

Para Ortega, el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. Pero domina el hombre masa y en la sociedad actual mandar es ejercer la autoridad, una autoridad supuestamente fundada en la opinión pública, opinión de una masa desnortada, voluble y maleable.

Pero, como decíamos al principio, la vida, gracias a Dios, está llena de fuerzas exteriores que nos obligan a salir de la tibieza indolente en la que queremos refugiarnos. Es verdad que carecemos, hoy por hoy, tanto de los medios (criterio, decisión, fuerza, perseverancia y capacidad de sufrimiento), como de los fines trascendentes -deber histórico, lo llamaba Ortega- que puedan regir de verdad nuestras vidas con sentido. Pero los golpes del “destino” nos obligarán a tomar conciencia de que somos casas construidas sin cimientos en la arena… y, antes o después, tendremos que ponernos manos a la obra; a lo que parece, más pronto que tarde, pues parece que estamos cerca ya de tocar fondo.

Algunos no cejarán en el empeño, aunque les cueste la vida; otros bajarán los brazos más o menos pronto; y otros, lamentablemente, se empeñarán en persistir en el error de querer ser como dioses.

¡Su Divinidad, Vladimir Putin!

Algunos de ustedes no se acordarán, porque ha pasado mucho tiempo, pero Vladimir Putin era un líder bienamado por no pocos políticos y ciudadanos occidentales. Se le consideraba un líder fuerte, carismático, defensor de su pueblo, modelo de comportamiento, gran estadista, fuerte cuando se requería, pero también cercano a sus ciudadanos, los rusos, que lo adoraban y, posiblemente, lo siguen adorando. Es cierto que la oposición perdía candidatos, bien porque se envenenaran, bien porque terminaran encarcelados o murieran en extrañas circunstancias, pero esos eran pecados del sistema que se podían perdonar o ignorar. Cientos de memes sobre Putin recorrían las redes sociales y, entre chanzas y gracias de mayor o menor acierto, se le mostraba como el líder victorioso y seguro que se reía de las debilidades occidentales, porque los occidentales estaban más en cosas como la sostenibilidad, la energía verde, la lucha contra el cambio climático, por el feminismo igualitario, la sororidad, contra las discriminaciones de sexo, género, por la reinvención de un pasado heteropatriarcal y opresor, la vivencia de un presente esperanzado en estas “nuevas políticas” y el diseño de un futuro esplendoroso, pero siempre lejano.

Vladimir Putin no sólo había conseguido ser agasajado y recibido por líderes como los Castro (y sus marionetas en Cuba), Nicolás Maduro, Xi Jinping o Kim Jong-un y otros tantos líderes al frente de crueles tiranías donde las libertades son inexistentes, o por líderes de Estados sospechosos de no ser muy libres, como el turco Tayyip Erdoğan, sino también por presidentes y primeros ministros de democracias consolidadas como Joe Biden y Donald Trump, Emmanuel Macron, Justin Trudeau y, desde luego, Ángela Merkel; en especial, por Merkel. La relación entre la Alemania que ella dirigió durante tantos años y la Rusia que sigue dirigiendo Putin fue muy prolífica, con acuerdos que permitieron a los germanos asegurar (es un decir) el suministro de energía en forma de gas, ante la renuncia, dicen que voluntaria, de los alemanes por la energía nuclear. Otros líderes democráticos, aunque más discutidos en sus intenciones que los mencionados anteriormente, como el presidente brasileño Jair Bolsonaro o el primer ministro húngaro Viktor Orbán, han reconocido su simpatía por el presidente ruso, mientras que líderes políticos que ahora no tienen labor de gobierno, como Jean Marie Le Pen, también han mostrado esta cercanía.

Allí donde hubiera un movimiento que hiciera tambalear los pilares institucionales y morales del sistema occidental, allí estaba el apoyo e incluso la financiación de Vladimir Putin, que usaba parte de lo ganado con el gas y el petróleo que vendía a los occidentales para engrandecer tal movimiento (haciendo cierta la vieja historia de la soga, los capitalistas y Lenin). Daba lo mismo qué idea reflejaran estos movimientos, si eran de extrema izquierda o de extrema derecha, si eran muy verdes o muy marrones, si eran nacionalistas, independentistas, pacifistas o belicistas. El modelo soviético que había intentado socavar a Occidente durante la Guerra Fría volvía a ponerse en práctica y, esta vez, sin una potencia como la estadounidense que, como policía mundial, cuidara de contrarrestar su labor destructora. Los movimientos ecologistas, a través de Gazprom, los partidos de extrema izquierda como Unidas Podemos o, si se dejaban, los movimientos más conservadores, que los de extrema izquierda gustan llamar “de extrema derecha”, recibían, como mínimo, el ánimo y, como máximo, el dinero de la empobrecida socialmente, pero rica en hidrocarburos, Federación Rusa. En los regímenes como los de Vladimir Putin, la economía y la prosperidad de los súbditos es sacrificable ante la lucha contra el enemigo, en pos de un lejano pero atractivo supremacismo. Mientras, la imagen de Putin como líder fuerte, como ejemplo, se fortalecía.

No es el primer personaje que tiene esta imagen de líder fuerte, visionario, capaz, acertado en sus actos, juicios y decisiones. En el siglo XX se dieron unos cuantos: Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini, Perón, Fidel Castro, Mao Tse-Tung… Si me apuran un poco, hasta Gandhi y su segundo, el quizá mucho menos conocido Jawaharlal Nehru, caen en este lado de los que tuvieron un “sueño”, que hubiera dicho Martin Luther King. Sí, es cierto, quizá me estoy extralimitando con la imagen de Putin. No es una persona que arrastre multitudes, pero tampoco es una persona que no tenga el afecto de muchos rusos, pues entra dentro de esta figura de líder fuerte que posiblemente busque mucha gente. Todos los nombrados han sabido moverse en el proceloso mundo de la política, haciendo lo que había que hacer, aliándose con unos, rechazando a otros y traicionando al que fuera para conseguir sus objetivos. No es que no se lo hayan trabajado, no son vagos, aunque alguno lo haya tenido más fácil que otros. Quizá tienen apoyos en la sombra, pero saben liderar cuando deben e imponerse a esos apoyos que creen que lo controlan.

Nunca me han gustado estos tipos. Tienen demasiado poder, incluso cuando sus objetivos son menos ambiciosos y se limitan a liderar empresas superexitosas en sectores muy novedosos, para luego meterse a ‘influencers’ de primera con sus opiniones y sus foros, alimentando numerosas teorías ‘conspiranoicas’ en torno a ellos mismos. Cabe preguntarse por qué gusta a la gente este tipo de personas. Es algo que me maravilla, quizá porque no lo comprendo del todo. Se pueden tener ejemplos de distintos tipos: personas que destaquen por su moralidad (o la que muestran), por sus conocimientos, por sus actos, por su fuerza de voluntad, pero no son dioses perfectos, son seres humanos llenos de defectos y virtudes (aunque en algunos se pueda dudar de esto último). Estos líderes, que las masas encumbran, por muy buenos que puedan parecer, son personajes peligrosos. Sus capacidades son limitadas, incluso en las que ellos creen que son aptos, y es posible que puedan ir en la buena dirección (sea lo que sea eso), pero cuando se deciden por actos de moral dudosa, o como en el caso de Vladimir Putin, por usar la fuerza, la violencia, para conseguir sus objetivos políticos e imperiales, el desastre puede llegar a todos, incluso a los que están lejos de él.

Quizá sea nuestro comportamiento grupal, la necesidad de tener, en la que consideramos nuestra tribu, un líder fuerte y carismático que tome decisiones sobre cuestiones comunes, la que impulse a muchos a casi adorar a este tipo de personas. Es también una forma de desentendernos de algo tan molesto y hasta peligroso como es tomar decisiones por nosotros mismos, aprender de nuestras equivocaciones y celebrar nuestros aciertos. Un error nuestro puede ser malo, incluso horrendo, pero es nuestro y su daño es limitado. Los errores de Putin nos pueden llevar a la Tercera Guerra Mundial, porque él lo vale y, detrás de él, cientos de miles, si no millones de personas que, en el pasado, el presente y el futuro, le apoyaron, le apoyan y le apoyarán. Las ideas de la libertad se basan en ser responsables de nuestros actos, de nuestras decisiones, pero sobre todo, en tomarlas, no dejar que otros las tomen por nosotros, incluidos los Putin de la vida, sobre todo, los Putin de la vida. Podemos y hasta debemos tener modelos de comportamiento que nos guíen y nos animen, pero debemos recordar que sólo son personas, no dioses, y el culto al líder puede llegar a ser muy totalitario.

Los nuevos Moai

En su libro “Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen”, Jared Diamond cuenta cómo se produjo una catástrofe medioambiental en la isla de Pascua, que la dejó sin árboles para los restos. En efecto, los habitantes de dicha isla se dedicaban a erigir Moais, las famosas estatuas de desproporcionada cabeza y exótico aspecto, y para ello necesitaban usar de forma intensiva los troncos de los árboles. 

Las citadas estatuas se esculpían en la cantera de Rano Raraku, situada en la parte oriental de la isla, y desde allí habían de ser trasladadas al lugar elegido para su erección. Habida cuenta del peso de los ídolos, lo que hacían erausar troncos de árboles a modo de ruedas por las dificultosas sendas. Una vez en destino, quedaba el reto de ponerlas verticales, algo para lo que se ha encontrado recientemente una hipótesis explicativa.

El propósito de tan pintorescas estatuas es desconocido, aunque a la vista de la localización de sus altares debía de tener que ver con el mar, fuera para protegerse de él o para hacerle sacrificios. En todo caso, parece indudable que la continua erección de estas estatuas acabó con los árboles de la isla, y llevó a la extinción a los creyentes en los Moais. De aquella cultura solo nos quedan ahora esos maravillosos vestigios, que bien justifican un viaje a la remota isla, para solaz de los allí residentes que no sé de qué podrían vivir sin turismo.

Desde una perspectiva actual, las acciones de aquellos humanos nos pueden parecer cuanto menos estúpidas. Pero lo cierto es que ellos estaban convencidos de que su supervivencia pasaba más por tener esos Moais sobre los altares, que por disponer de árboles en su territorio. De ahí su actuación, que se demostró equivocada como cualquier científico les hubiera podido anticipar que ocurriría.

Cuando uno viaja por España, y también por un creciente número de países, es inevitable contemplar la profusión de nuevos moais. Me refiero a dos tipos de moais: los generadores de energía eólica (también llamados “molinillos”) y las células fotovoltaicas. Los primeros interrumpen el paisaje llenándolo de pilotes y sombras de aspas, que se transforman en fantasmagóricas luciérnagas rojas por la noche, mientras continúa inexorable el batir de aspas. Las segundas cubren interminables llanuras, donde otrora únicamente el cielo era el límite. Y, como los Moais des la isla de Pascua, ambos tienen su origen en las supersticiones que ha tocado vivir en nuestra época.

La superstición que asola Occidente, como la desconocida que tenía convencidos a la cultura Moai, es que el ser humano con sus acciones está ocasionando un cambio climático devastador para su futuro, un cambio climático tan rápido que será imposible adaptarse a él y pereceremos como civilización. La mitología se está metiendo en vena en la sociedad, hasta el punto de que es frecuente encontrar casos de escolares sufriendo ansiedad y llorando por el fin de la civilización, y esto por no referirse a artículos supuestamente académicos procedentes de prestigiosas universidades, que siempre empiezan con el consabido sonsonete “En tiempos de crisis climática” o “En un mundo que se desmorona, mirar más allá de un apocalipsis…”.

Para prevenir la inminente catástrofe, lo que se propone, más bien impone,  en el ámbito del consume energético, es que optemos por las energías renovables, tipo eólica o solar, en lugar de otras más contaminantes como el carbón o el petróleo.

Lo que pasa es que la ciencia es muy testaruda, y los cálculos matemáticos muy simples. Sabemos la energía por superficie que producen tanto una célula solar como un “molinillo”. Y como sabemos también cuál en el consumo energético actual de las ciudades, nos encontramos con números directamente imposibles, del tipo “For example, if the United States were to try to generate all of the energy it uses with renewables, 25 percent to 50 percent of all land in the United States would be required”.

Aunque tampoco tenemos que hacer cálculos tan profundos para saber que los nuevos moais no están saliendo bastante caros: basta asomarse a la factura de la luz de los últimos meses.

Vamos, que quienes defienden que la humanidad solo será viable consumiendo energías renovables, lo que nos están diciendo en el fondo es que vamos a tener que cambiar de vida y reducir nuestro consumo energético, porque es evidente que ese consumo será imposible de mantener a base de dichas energías. En otras palabras, para confrontar el cambio climático nos exigen que nos empobrezcamos.

Pudiera ser que no quedara otra solución, que de verdad fuera cierto lo del cambio climático, y no hubiera otra que apretarse el cinturón. Pero es que eso es también mentira, porque desde mediados del siglo XX conocemos una fuente de energía prácticamente inagotable y baratísima, que es la energía nuclear. Así pues, tenemos ya en nuestras manos esa fuente de energía que nos permitiría mantener e incrementar nuestro nivel de vida sin poner en riesgo el entorno.

Y como ya conocemos la tecnología, no hay que inventarla, es realmente cuestión de tiempo que la opinión pública fuerce a los gobiernos a permitir y facilitar su uso, abandonando prejuicios ideológicos contra la sociedad. Se está viendo ya en la mismísima Unión Europea, que trastan solo un par de meses de precios altos de la luz, incluyóla energía nuclear como energía verde (Por cierto, algo nada extraño si estas decisiones fueran científicas en vez de políticas).

En el momento, cada vez más cercano y acelerándose por la reciente invasión rusa de Ucrania, en que la sociedad se vuelva a dar a sí misma permiso para utilizar la energía nuclear, el abandono de parques solares y fotovoltaicos será inmediato. Ninguna de estas energías puede competir, ni remotamente, en costes económicos y medioambientales con la nuclear.

En 50 ó 60 años, quien viaje por España verá mástiles con grandes aspas caídas a sus pies, e incomprensibles superficies de cristal roto, esperemos que bien valladas, en los lugares más inesperados. La mayor parte de la gente no sabrá para qué servían, y los pocos que sí, tendrán a nuestra generación por imbéciles y supersticiosos. Exactamente igual que lo que pensamos ahora de la cultura Moai.

Lo que pasa es que, si hay que colapsar, mejor dejar para el recuerdo espectaculares Moais que insufribles boscuchos de mástiles blancos y ciénagas de cristal. En eso, los antiguos habitantes de Rapa Nui habrán demostrado ser más listos que nosotros.  

Bitcoin y las sanciones a Rusia

En artículos anteriores señalaba la razón por la que considero que Bitcoin continuará siendo volátil incluso cuando haya alcanzado su máximo potencial de adopción. Muy resumidamente el motivo es que su cantidad estrictamente fija no se adaptará a la demanda de liquidez que de forma natural siempre va a fluctuar, y en el supuesto de que Bitcoin fuera el activo que tiene que satisfacer esa necesidad liquidez, el ajuste entre oferta y demanda sólo podrá llegar vía precio y no por la vía de una mayor oferta a un valor estable.

Una posible solución para estabilizar el precio que muchos proponen es la emisión de promesas de pago sobre Bitcoin. Habría que tener en cuenta que en una economía que crece, la demanda de moneda a la larga irá creciendo en la misma proporción.  Porque si la cantidad de Bitcoin es fija y su valor estable, la mayor demanda de moneda sólo podrá satisfacerse por una cantidad cada vez mayor de promesas de pago, llegando a una pirámide invertida cuyo vértice es cada vez más pequeño para sostener un volumen siempre creciente de promesas de pago.

El problema es que las promesas de pago requieren un tercero de confianza que les debe dar cumplimiento. Y como muy bien señala Eduardo Blasco, mi compañero en estos análisis diarios, Nick Szabo explicó brillantemente allá por 2001 por qué los terceros de confianza son agujeros de seguridad.

En esa misma línea, Bitcoin fue diseñado para no necesitar confiar en terceros, incluido un tercero que sea el supuesto garante universal de la propiedad privada (el Estado). Esto tiene unas implicaciones que van más allá de lo monetario, pues de lo que realmente se trata es de una nueva forma de instrumentar la propiedad, especialmente la propiedad de bienes intangibles, que salvo alguna excepción como los secretos industriales, se habilita generalmente mediante terceros. El ejemplo clarísimo de esta instrumentación mediante terceros de confianza son las promesas de pago emitidas por los bancos que utilizamos como moneda.  

Creo que el lector ya puede percibir la inestabilidad del concepto “agujero de seguridad” inserto en una pirámide invertida cuyo vértice representa de manera irreversible un valor cada vez más pequeño en relación al volumen creciente de promesas de pago que soporta.

Pues bien, incluso concediendo que los emisores de promesas de pago nunca impagarán de forma significativa por mala fe, negligencia o incluso error humano, que ya es mucho conceder, en las dos últimas semanas hemos sido testigos directos de uno de los problemas al que esta solución nos llevaría. Confiscar, congelar o expropiar promesas de pago de Bitcoin sería tan fácil para los políticos como hacerlo con los Euros, Dólares o cualquier otro activo financiero “propiedad” de Rusia pero emitido bajo la jurisdicción de algún Estado occidental. Esto es así porque los políticos controlan el Estado, el Estado controla las leyes (con minúsculas) y también detenta el monopolio de la violencia para hacer que éstas se cumplan. 

En una situación así, el valor de Bitcoin superaría a la de las promesas de pago, pues el poder de disposición de sus unidades no depende de leyes (ni de registros de la propiedad, abogados, notarios, parlamentos, diputados, procuradores, jueces, sistema penitenciario, tribunales, policía, etc.). Está instrumentado de forma totalmente distinta: Basta con el conocimiento de una clave. Nada más. Y aunque sea secundario en este análisis, nótese también que Bitcoin no necesita hacer gasto de tan costosísima infraestructura legal. 

La volatilidad que necesariamente acompaña a un activo con una oferta determinística incapaz de adaptarse a las fluctuaciones de la demanda, limita mucho los incentivos que tienen los agentes para crear y aceptar promesas de pago denominadas en ese activo, es decir, que no creo que esa pirámide invertida llegue a existir nunca. Pero aun haciendo el experimento mental de que llegara a existir, vemos claramente que las propiedades de Bitcoin y las de una promesa de pago sobre Bitcoin son radicalmente distintas. Su fungibilidad es de todo punto imposible, especialmente a largo plazo, y menos aún mientras existan políticos y Estados. ¿Una pirámide invertida con un vértice que de forma aislada es naturalmente volátil, condenado a menguar indefinidamente, y cuya naturaleza es profundísimamente distinta a las promesas que está soportando? Lo veo totalmente inviable

Los terceros agentes confiables, ¿son un agujero en el sistema bitcoin?

Los sistemas monetarios son una combinación de dinero y crédito estructurados en una jerarquía según su liquidez. El dinero y el crédito cumplen funciones diferentes, y ambos son necesarios para mantener un sistema estable. Encontramos el dinero propiamente dicho, un activo real, en la base y las diferentes formas de crédito, activos financieros, en la cima. Podemos distinguir estos dos elementos entendiendo el dinero como medio de liquidación final y el crédito como promesa de pago de dinero, o medio para retrasar la liquidación final (Mehrling 2013, 394).

Tanto los activos reales como los financieros son esenciales en el sistema monetario. Sirven para diferentes propósitos y tienen diferentes propiedades. El activo real que funciona como dinero debe ser relativamente escaso, porque el dinero debe ser un buen depósito de valor para funcionar como un buen medio de intercambio: hay que ser capaz de acumularlo hasta que surja el intercambio adecuado para comerciar con él. El aumento de la cantidad de activos reales tiende a disminuir su valor. Por tanto, si este activo real pudiera obtenerse sin esfuerzo, sería un mal depósito de valor. Pero como la demanda de dinero es exógena a su oferta, tenemos que encontrar la forma de aumentar o disminuir la cantidad de medios de intercambio en una economía en función de la demanda monetaria si queremos un precio estable del dinero. No podemos aumentar la oferta de activos reales tanto como queramos o, de lo contrario, cualquier cambio en la demanda de dinero alterará su precio y, por tanto, lo convertirá en un dinero malo. Por eso necesitamos activos financieros para completar el sistema monetario. 

Los activos financieros representan dinero de segunda capa o superior convertibles en dinero base. El valor de los activos financieros no disminuye necesariamente con un aumento de su cantidad (Rallo 2017, 12) porque el exceso de crédito refluye de nuevo al emisor (Glasner 1992, 877), por lo que podrían satisfacer eficazmente cualquier aumento de la demanda de dinero disminuyendo cualquier alteración del precio (Rallo 2017, 13). Por lo tanto, un sistema monetario estable debería basarse en una sólida base de activos reales con suficientes activos financieros para que la oferta de dinero se ajuste a su demanda con flexibilidad.

Para poder emitir sustitutos de Bitcoin, los agentes necesitarían contar con un tercero, el que monetice su deuda para que otros se la compren, es decir, de la presencia de un tercero confiable. Los terceros confiables o trusted third parties (TTP) en criptografía son entidades que facilitan las interacciones entre dos partes que ambas confíanen un tercero. Bitcoin no requiere de terceros para que los usuarios puedan atesorarlo y operar con él.  Una vez que compras bitcoins, puedes guardarlos en un monedero frío (fuera de línea) o caliente (en línea) que sólo tú controlas. Por lo tanto, una de las propiedades de Bitcoin es que puedes almacenar bitcoins de forma barata y sencilla sin que intervengan terceros de confianza. Nick Szabo(2001) afirma que los terceros de confianza son agujeros de seguridad, y que el mejor TTP es ningún TTP.

Szabo escribió este texto antes de que Satoshi Nakamoto desarrollara Bitcoin. Lo más probable es que Nakamoto tuviera en cuenta la visión de Szaboa la hora de crear Bitcoin, ya que formaba parte del objetivo de Nakamoto de diseñar un sistema de dinero electrónico entre pares sin terceros de confianza (Nakamoto 2008). Estoy de acuerdo con la posición de Szabo y entiendo y comparto el propósito de Nakamoto para Bitcoin. El hecho de que Bitcoin no requiera de terceros de confianza para operar significa que funciona mejor como dinero. Dicho esto, creemos que el hecho de que pueda circular sin TTP no significa que siempre y para todos tenga que funcionar así. Para algunas personas, durante algún tiempo, puede ser más eficiente poseer activos financieros convertibles porbitcoins que el propio dinero base.

Bajo el patrón oro, el oro era el último terminador de la deuda. Sin embargo, no todos los pagos se hacían en oro. Allí donde había menos regulaciones bancarias, como Escocia, Canadá y Nueva Inglaterra, “durante el siglo XIX, el oro prácticamente desapareció de la circulación” (Selgin and White 1987, 448). La gente no tiene la necesidad de pagar siempre con dinero base. Si, como en el caso del oro, pagar con este es más caro que la alternativa, podemos esperar que surjan sustitutos monetarios. Este es también el caso de Bitcoin. Los pagos de primer nivel son caros y sólo se encarecerán. Deberíamos pensar en estas transacciones como el equivalente a cuando los países solían fletar barcos para transportar oro. Bajo un estándar Bitcoin, no sería económico realizar todas las transacciones en la primera capa. Si ahora son caras, sólo lo serán más cuanta más gente adopte Bitcoin y quiera pagar así.

Con Bitcoin puedes llegar a ser tu propio banco.Esto es uno de los grandes atractivos de este active. Pero es caro ser tu propio banco. O, al menos, más caro que la alternativa: Confiar a terceros la emisión de activos financieros líquidos convertibles para ser utilizados como medios de cambio. Habría más rendición de cuentas que bajo el patron oro. La gente siempre podría comprobar la dirección del tercero de confianza para asegurarse de que tiene una cantidad prudente de bitcoins en sus reservas. Durante la época de la banca libre en Escocia, como los accionistas tenían responsabilidad ilimitada, hacían públicos sus accionistas más ricos como prueba de liquidez (White 1995). En Estados Unidos, los bancos también hacían públicos sus estados financieros para atraer a los depositantes mostrando un gran colchón para absorber las pérdidas de los activos, en este caso el patrimonio neto de los bancos—capital más superávit—. Esta política era común en los acuerdos de las cámaras de compensación (Timberlake 1984, 9). La gente encontró formas de asegurar la buena posición de sus intermediarios antes de que los estados establecieran el precedente de rescatar a los bancos, generando así los incentivos para que los banqueros jugaran con el dinero de otras personas y para que los acreedores ignoraran si sus deudores actuaban de forma imprudente con su dinero. Con Bitcoin, estas políticas serían innecesarias ya que, de nuevo, la gente podría corroborar por sí misma la liquidez en términos de reservas de dinero que tienen sus bancos, reduciendo así cualquier agujero de seguridad.

Para muchos Bitcoiners, si no tienes las llaves de tus bitcoins no son tuyos. Mientras que esto es cierto, tampoco significa que se traduzca en “no son tus llaves, por tanto, olvídate de ver esas monedas de vuelta o de recibir algo de valor a cambio”. La gente sólo cambiaría sus bitcoins por un activo financiero valioso para ellos, cuyo valor provendría de su capacidad de venta. Si A ha aceptado previamente sustitutos de Bitcoin de segunda capa porque A cree que éstos podrían ser canjeables a bitcoins cuando los demande, A quería pagar algo a B, B aceptó estos sustitutos por la misma razón que A, y el pago tenía menos o ninguna comisión por transacción, tendría sentido que ambas partes utilizaran este sistema. A no tiene que tener sólo activos financieros en sus saldos de tesorería. A puede decidir la relación dinero-crédito que mejor se adapte a sus necesidades. A puede poseer 100 satoshis y convertir 30 de ellos en crédito Bitcoin de la Empresa X porque A les compra con frecuencia. La Empresa X puede entonces decidir dónde se emplea mejor ese dinero, guardándolo en sus saldos de tesorería para hacer frente a futuros pagos, o invirtiéndolo en la producción futura. Esa sería la evaluación de la Empresa X, de la misma manera que los bancos han estado tomando decisiones similares a lo largo de la historia. No hay razón para creer que sería diferente bajo un estándar Bitcoin.

Además, podemos ver que muchas personas ya están convirtiendo sus bitcoins en sustitutos de bitcoins. Cuando compras bitcoins en un exchange, si guardas tus bitcoins allí, lo que posees es un derecho sobre esos bitcoins, que están bajo el control del exchange. (De ahí la frase “no tus llaves, no tus monedas”.) Por lo tanto, ya no es una suposición que el crédito de Bitcoin vaya a surgir, ya lo ha hecho, y este negocio ha pasado incontrovertiblemente la prueba del mercado. Algunas de las razones por las que la gente preferiría reclamar bitcoins desde el exchange a los bitcoins reales son que los intercambios podrían ser más fáciles de usar que la mayoría de los monederos, que una vez que la gente compra bitcoins no quiere tener que transferirlos a otro sitio si puede mantenerlos en el mismo “lugar” y que algunos exchanges ofrecen a sus clientes préstamos a la carta con tipos de interés más altos que las cuentas corrientes o de ahorro. Ambas razones hipotéticas eran casos de costes de transacción mentales en juego, y la segunda de incentivos financieros generados por los mejores contratos que ofrece el intermediario financiero especializado, el exchange.

Los terceros confiables sí que son agujeros de seguridad. Pero son riesgos que les saldría rentable a los usuarios asumir, por lo que no hay que descartarlos tan rápidamente. Bitcoin sería el último medio de pago, el instrumento final para saldar las deudas, pero la gente intercambiaría activos financieros convertibles a Bitcoin como su medio común de intercambio para permitir que se produzca el mayor número de intercambios deseables entre dos partes. Medios de intercambio que operasen en capas superiores reducirían la volatilidad de Bitcoin, aumentando así su liquidez. 

Referencias

Mehrling, Perry. 2013. “The Inherent Hierarchy of Money.” In Social Fairness and Economics: Economic Essays in the Spirit of Duncan Foley, edited by Lance Taylor, Armon Rezai, and Thomas Michl, 394–404. London, United Kingdom: Routledge.

Nakamoto, Satoshi. 2008. “Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System.”

Selgin, George, and Lawrence H. White. 1987. “The Evolution of a Free Banking System.” Economic Inquiry 25 (3): 439–57. https://doi.org/https://doi.org/10.1111/j.1465-7295.1987.tb00752.x.

Szabo, Nick. 2001. “Trusted Third Parties Are Security Holes.” Satoshi Nakamoto Institute, 2001.

Timberlake, Richard H. 1984. “The Central Banking Role of Clearinghouse Associations.” Journal of Money, Credit and Banking 16 (1): 1–15. https://doi.org/10.2307/1992645.

White, Lawrence H. 1995. Free Banking in Britain: Theory, Experience and Debate, 1800–1845. London, United Kingdom: The Institute of Economic Affairs.

Más Europa

La pasada semana el alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, declaraba el nacimiento de la “Europa geopolítica”. Muchos llevábamos tiempo reclamando una mayor unidad europea en asuntos de política exterior, tanto a través de las instituciones bruselenses como de un reforzamiento de la OTAN. Finalmente, tras el deleznable acto de agresión de Rusia contra la soberanía del pueblo ucraniano, parece que Europa y los europeos hemos reaccionado para defender lo que de verdad importa: la vida y la Libertad. 

El ejército ruso ha bombardeado escuelas, hospitales, aeropuertos y todo tipo de infraestructuras civiles, tratando de forzar el derrocamiento del gobierno ucraniano para controlar el territorio, causando una diáspora que, de momento, alcanza algo más de cien millones de refugiados. El pueblo ucraniano, frente a estos ataques, se ha armado de valentía y ha decidido resistir y defender lo que, por imperativo democrático, les pertenece desde 1991. En este escenario, la UE, tanto por razones estratégicas como morales, no tenía otra opción (ni debía tenerla) más allá de apoyar a los ucranianos en su heroica contienda. 

Como europeísta convencido siempre me habían generado mucha rabia y tristeza las burlas hacia la UE en referencia hacia sus titubeos en política exterior, sus divisiones internas y la lentitud de sus decisiones y reacciones. Precisamente, me generaban dicha tristeza y rabia por su extrema veracidad. La UE, hasta la semana pasada, se encontraba inmersa en un proceso de acelerada división, fraccionalización y burocratización que estaban haciéndola inútil en muchos aspectos a nivel global. Aún así, muchos europeístas -frente al euroescepticismo reaccionario-, llevábamos tiempo abogando por un cambio de actitud en las instituciones europeas y una serie de reformas urgentes que dieran lugar a una acción política a escala europea más dinámica, eficaz y cercana a las necesidades reales de los ciudadanos comunitarios. La reacción de la UE ante la invasión rusa de Ucrania ha sido sin duda un paso de gigante hacia ello. 

La UE ha puesto en marcha sanciones masivas a los oligarcas vinculados al Kremlin y al circulo más cercano a Putin (incluyéndole), ha prohibido el acceso al sistema SWIFT a los principales bancos rusos y ha congelado los activos del banco central de Rusia, reduciendo la capacidad de maniobra de su política monetaria y causando una devaluación sin precedentes del rublo. Además, por primera vez en su historia, la UE está apoyando económicamente el envío de armamento militar a Ucrania por parte de sus países miembros, destinando a ello más de 500 millones de euros procedentes del Fondo Europeo para la Paz.

Pero lo más relevante no es que lo haya hecho la UE, sino que todas estas medidas se han tomado de manera coordinada con las principales democracias liberales del mundo como es el caso de EE. UU., Canadá, Japón, Suiza, Finlandia, Suecia, etc. La indignación internacional ante la guerra de Putin es tal que ha conseguido sacar de su férrea neutralidad a Suiza, despertar a Alemania de su aletargado pacifismo e incluso causar una importante reacción en Finlandia y Suecia, que llegaron a plantearse solicitar la entrada en la OTAN. Por lo tanto, el avance no es solo de la UE, sino asimismo del atlantismo y de la defensa global del modelo político que mayor paz y prosperidad ha brindado en la Historia: la democracia liberal. 

Decía Lenin que hay semanas en las que ocurre lo mismo que en el transcurso de una década, y sin duda la pasada semana fue una de ellas, pudiendo observar, tal y como afirmó con gran acierto Josep Borrell, el nacimiento de la “Europa geopolítica” y un realineamiento de las relaciones internacionales a escala global. La UE ya no es la misma que hace dos escasas semanas. Hoy las instituciones europeas y los ciudadanos de los países miembros somos más conscientes de la importancia de la solidez de los vínculos comunitarios, de la defensa de unos valores comunes y de asegurar una férrea defensa de nuestra seguridad a través de capacidades militares y logísticas conjuntas. 

Parece que el apoyo a Ucrania se mantendrá en el largo plazo, ya que no existirá seguridad ni estabilidad en Europa si Putin logra imponerse a la defensa de la soberanía ucraniana. Garantizar la supervivencia de Ucrania es defender la legalidad internacional y el orden mundial que nos dimos tras 1945. Pero no debemos engañarnos. Las medidas adoptadas hasta ahora para tratar de frenar los delirios autoritarios de Putin acarrearán un elevado coste económico que repercutirá en todos los países, aunque de manera heterogénea. 

Las sanciones actuales dan lugar a unas expectativas de menor crecimiento y mayor inflación en 2022, incrementando de manera notable el riesgo de estanflación, el cual hasta ahora los analistas de organismos internacionales no contemplaban. Aunque últimamente los principales bancos centrales del mundo hablaban de ligeras subidas de tipos y la finalización de muchos de sus programas de compra de deuda (con la consiguiente reducción de su balance sheet en muchos casos), tras la invasión de Ucrania, seguramente las subidas de tipos sean mucho menores de las inicialmente planteadas, avivando el riesgo de prolongar la elevada inflación en pro de tratar de sostener el crecimiento económico. 

Asimismo, debemos ser consciente del shock de oferta que suponen las sanciones a Rusia y el efecto que esto tendrá sobre el nivel de precios de las materias primas, encareciendo notablemente la energía, como ya estamos viendo. Aún desconocemos si se producirá una mayor restricción de oferta de gas ruso en Europa, lo cual dependerá principalmente de la duración de la guerra y su intensidad. La dependencia energética de Europa hacia Rusia es la principal debilidad europea en el actual escenario geopolítico, ya que, tal y como ha analizado el BCE, un recorte del 10% del flujo de gas ruso hacia Europa causaría de manera directa una disminución de 0,7 puntos porcentuales de la cifra del crecimiento del PIB comunitario, sin contar con la persistencia de las disrupciones de las cadenas globales de valor que veníamos arrastrando desde los primeros meses de 2020. 

Por otro lado, cabe resaltar que Putin sufrirá muchísimo más que Europa por las sanciones. Aunque es cierto que en los meses previos a la invasión de Ucrania el autoritario ruso había acumulado mayores reservas internacionales y había intensificado sus relaciones comerciales y políticas con China (sobre todo en lo referente a exportación de materias primas), aún así el 28% del valor total de las exportaciones rusas seguía dirigiéndose a países UE. Mientras los países miembros podrán encontrar nuevos suministradores de dichos insumos, resulta altamente complicado que, en el escenario actual de bloqueo económico a Rusia, Putin vaya a encontrar nuevos socios comerciales a los que exportarles dichos bienes. Tampoco conviene hacerse ilusiones al respecto, ya que gran parte de dicho volumen de exportaciones es gas, cuya importación de Rusia la UE aún no ha reducido debido a su elevada dependencia para garantizar la seguridad de suministro. 

Por lo tanto, si algo está claro es que la invasión de Ucrania supone un profundo cambio en las relaciones políticas y económicas a escala global. Europa, y en particular la UE han reforzado sus vínculos de cooperación y han exhortado más que nunca a la defensa de unos valores comunes, entre los que se encuentran el respeto por la democracia y la Libertad. Además, la guerra de Putin ha reforzado los vínculos atlánticos y la cooperación entre EE. UU. y la UE, que a lo largo de los últimos años parecía haberse debilitado. Aún así, todo esto no debe hacernos obviar los costes que la situación actual acarrea y acarreará. No olvidemos que Europa y sus vínculos siempre se han forjando y consolidado en las situaciones de dificultad. Por la democracia y la Libertad: Más Europa.

La invasión de Fukushima

Como he comentado alguna vez en estas páginas, me pasé varios años de mi juventud defendiendo la energía nuclear de los ataques absurdos que recibía a principios de siglo. Terminé de tirar la toalla después del bautizado por la prensa “Desastre de Fukushima”. Y no porque el accidente de aquella central nuclear me abriera los ojos a los peligros de esta fuente de energía, sino porque contemplar cómo la prensa consiguió que las quince mil muertes del tsunami fueran eclipsadas o, directamente, atribuidas al accidente nuclear me dejó bien claro que estaba ante un reto imposible.

Como dijo el maestro Antonio Escohotado: la verdad se defiende sola, la mentira necesita ayuda del gobierno. Así que, aunque algunos tiráramos la toalla hace años, la energía nuclear ha seguido siendo fundamental para que los países occidentales tengan un suministro eléctrico viable, sobre todo si el carbón sale de la ecuación por el cambio climático. Es una verdad que no se ha querido ver, pero que no tiene problema en hacerse presente con detalles tan importantes como que estoy escribiendo en un ordenador que consume electricidad a 400€ el MWh, mientras leo docenas de artículos que detallan el negro panorama que se abre para Europa una vez que el gobierno alemán ha tenido que renunciar al gas ruso.

¿Y por qué hemos ignorado una verdad que se hace evidente de forma tan clara? O, dicho de otra manera, ¿quién ha ayudado a la mentira?

Se empieza a hablar de la posibilidad de que la empresa rusa de gas Gazprom haya estado subvencionando a lobbies y activistas antinucleares europeos. Es bastante posible, sí, pero si ese fuera el único factor ni yo, ni otra mucha gente, habría tirado la toalla en 2011. Ninguna empresa, por poderosa que sea, es capaz de conseguir que mueran quince mil personas y que el foco se ponga en una central nuclear donde no murió nadie.

Podemos caer en la tentación de focalizar en exceso a Putin y su régimen, como una especie de Soros que todo lo explica, o podemos seguir atendiendo a los hechos, y entender que una vez pase el subidón de las primeras semanas de invasión, todas las malas ideas, y la estructura que la sustentan, van a seguir ahí. Y nada de eso está fuera de nuestras fronteras.

Existe un precedente muy cercano; hemos dejado que quienes negaban la utilidad de las mascarillas en marzo de 2020, fueran los que lideraran la comunicación durante toda la pandemia. El resultado es que, después de aplaudir durante semanas, se han prolongado las medidas restrictivas mucho más allá de lo razonable, y hemos sufrido la mayor pérdida de libertades en cincuenta años. Con una parte de la población con claros daños psicológicos que van a tardar décadas en superar.

Que a nadie le quepa la menor duda de que si los que nos narraron Fukushima, llevando al gobierno alemán a terminar de desistir de la energía nuclear, son los encargados de liderar la independencia europea del gas ruso, el desastre está más que garantizado.

Vamos a tener un mes de banderitas, Give peace a chance en la radio, declaraciones pomposas, y orgasmos periodísticos con el presidente ucraniano, para que después nos pasen el rodillo de los consensos por encima, y seamos aún menos libres de lo que somos hoy.

Sería bueno asumirlo ya, y utilizar estas semanas para intentar enfocar la marea sentimental a algo que sea útil, como purgar alguna mala idea de nuestra mente colectiva: necesitamos la energía nuclear. Y sí, no solo la energía nuclear, pero por algo se empieza. Si no somos capaces de sacar al menos esto de la montaña de excrementos que se nos viene encima, ya podemos asumir que Putin va a ser el menor de nuestros problemas.

Bitcoin y la crisis de autoridad del Estado (II): Las dos fracturas principales y el camino a las micrópolis

Si en el artículo anterior planteaba la cuestión y comentaba las tres primeras fracturas de la Autoridad del Estado, en este comentaré las otras dos fracturas y cómo se empieza a abrir el camino hacia las Micrópolis.

4/ La sangre del Leviatán. La capacidad de obtener recursos del Estado depende principalmente de dos vías, del cobro de impuestos y de la posibilidad de financiarse en el mercado colocando su deuda pública (cuyos intereses pagará mediante el cobro de impuestos precisamente). En un escenario como el actual, con una inflación elevada, y unos Estados hiperendeudados, podemos estar ante un escenario de crisis de la deuda pública:

«La conclusión no puede ser más clara. Los bancos centrales se han metido en un verdadero callejón sin salida. Si huyen hacia adelante e impulsan aún más su política de expansión monetaria y monetización de un déficit público que no deja de aumentar, corren el riesgo de generar una grave crisis de deuda pública e inflación. Pero si, ante el miedo de pasar del escenario de “japonización” previo a la pandemia a un escenario próximo a la “venezuelización” con posterioridad a ella, detienen su política monetaria ultralaxa, entonces de inmediato se hará evidente la sobrevalorización de los mercados de deuda pública y se generará una importante crisis financiera y recesión económica, tan dolorosa como saludable a medio y largo plazo. Y es en este contexto en el que la única recomendación sensata que se puede dar a los inversores es que vendan todas sus posiciones en renta fija cuanto antes, pues no se sabe por cuánto tiempo más los bancos centrales seguirán manteniendo de forma artificial un precio de la misma tan desorbitado como jamás se ha visto en la historia de la humanidad». (Los efectos económicos de la pandemia, Huerta de Soto)

El dinero fiat, en principio, es un pasivo del banco central, cuestión que suscita interesantes debates. Esto se ve mucho más claro si se tiene presente que hasta hace no tanto era convertible en oro, es decir, que se podían canjear los billetes por su equivalente en oro, de tal modo que el banco debía tener en su activo tanto oro como en su pasivo billetes convertibles en este, al menos en la proporción establecida legalmente. Desde que Nixon acabó con el Patrón oro en 1971 no hay esta convertibilidad, sin embargo el dinero fiat se ha seguido contabilizando como un pasivo de los bancos centrales, que tenía como contrapartida principalmente deuda pública.

A raíz de la pandemia los bancos centrales han incrementado sustancialmente la oferta monetaria, lo cual incide significativamente en la inflación tan elevada que estamos viviendo actualmente. La cuestión es que para volver a meter a la inflación en cintura los bancos centrales tendrán que subir los tipos de interés y/o retirar dinero de circulación vendiendo deuda pública al mercado mientras los Estados suben impuestos.

Las cuestiones aquí son varias:

a) Si se inunda el mercado de deuda pública, con una inflación significativa, ¿quién la comprará?

b) A largo plazo, con un activo inconfiscable como Bitcoin, ¿qué garantías hay de que los Estados puedan cobrar los impuestos necesarios para pagarla? Si los suben significativamente le harán una publicidad tan impagable como la que le ha hecho el Gobierno de Canadá con el embargo de cuentas. La única garantía es que incrementen su coerción sobre los ciudadanos —un parche que terminaría volviéndoseles en contra más pronto que tarde—, profundizando aún más en la pérdida de libertades. Si esto sucede, será más publicidad para Bitcoin y más incentivos para que otras jurisdicciones ofrezcan mejores condiciones a aquellos que busquen preservar su patrimonio y libertades.

c) Si además Bitcoin es un activo para preservar valor en periodos largos de tiempo y por ello un perfecto competidor de la deuda pública en el medio y largo plazo, tendrán que subir aún más los tipos de interés para que la deuda pública resulte atractiva para los inversores, especialmente de aquellos Estados en los que se dude de su solvencia.

d) De la deuda pública principalmente se pagan los intereses y se refinancia el principal al tipo de interés del vencimiento, pero si tienen que subir los tipos y se tiene que refinanciar ahí, los intereses que tendremos que pagar se disparan, y si no hay capacidad para el pago de los intereses las dudas sobre la solvencia provocarán que los acreedores, ante la incertidumbre de cobro en un posible momento de necesidad de liquidez, eviten la refinanciación y se exija el pago del principal, además de exigir mayores rentabilidades futuras por el riesgo esperado.

e) Si los Estados y los Bancos centrales se empeñan en no cambiar nada deteriorarán la solvencia de sus países y de sus empresas de forma muy significativa, probablemente ellos mismos tengan que llegar a atesorar Bitcoin para poder hacer frente a sus obligaciones, ¿tardaremos mucho en ver cómo los Bancos y los Estados empiezan a adoptarlo como reserva de valor? ¿Qué pasará con el euro ante un escenario de inflación significativa donde unos países tendrán problemas más que considerables con su deuda pública y otros no?

Por todo esto, y las consecuencias que se derivan de ello, a corto y medio plazo, en el escenario optimista, sólo habrá una subida significativa de impuestos —que ya rozan niveles de expolio— y una reducción significativa del gasto público, con su consecuente contracción de la economía. El pesimista prefiero no mentarlo.

Si la decisión a tomar por los bancos centrales se debate entre expoliar a los ciudadanos o dejar de financiar a los gobiernos, creo que tienen alineados los incentivos para lo primero. No está de más protegerse tanto de la inflación como del expolio fiscal con un activo inconfiscable que se puede comprar sin identificar.

5/ El fork del acceso a la información. Históricamente, el poder político ha estado sancionado por una Autoridad, lo cual ha influido significativamente en la forma política del momento. Asimismo, la forma que tenemos de acceder a la información ha determinado en gran medida a quién reconocemos como Autoridad, como saber socialmente reconocido. Desde el Oráculo de Delfos, a los juristas romanos, o la Iglesia católica, la Autoridad ha estado separada de la Potestad, y de esta manera había una separación clara. Como comentaba en la primera parte del artículo, la idea de soberanía fusiona ambas, por lo que es el Poder político el que detenta también el saber socialmente reconocido, especialmente sancionado a través de su cuarto poder: los medios de comunicación. Así, vemos la vinculación de cómo el acceso a la información influye en la forma política. Veamos un ejemplo de lo que sucede hoy: hay una serie de canales de televisión, que se corresponden aproximadamente con los partidos políticos, y allí donde hay un canal de televisión regional con una visión política concreta también está un partido regional con ella. Pero ahora lo que estamos viendo es cómo ese oligopolio de la sanción del poder político y de acceso a la información está sufriendo un fork: los creadores de contenido, youtubers, streamers, influencers, etc.

La mayoría de jóvenes no vemos la televisión —yo llevo 7 años sin hacerlo—, y bebemos de otras fuentes de información distintas a las de nuestros padres y abuelos, y con ello reconocemos otras autoridades, otras fuentes de saber socialmente reconocido, en este caso autoridades carismáticas. Esto supone el abandono de las autoridades establecidas y del interés por la actualidad, y con ello una de las crisis más importantes: la crisis de la legitimidad del poder político.

Ahora estos youtubers se tienen que ir del país, enseñan a los jóvenes lo confiscatoria y abusiva que es la Hacienda española, y señalan el camino a las generaciones venideras que, cuando crezcan y tengan intereses políticos y económicos, dispondrán de un activo inconfiscable e incensurable para llevar a cabo sus proyectos vitales. Con ello se incrementará significativamente su poder de negociación, y querrán un nuevo contrato social. Este es uno de los caminos que conduce hacia las Micrópolis:

“Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio” (La producción de seguridad, Gustave de Molinari).

Ese día ya empieza a amanecer.