Ir al contenido principal

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalismo (LVI): Sobre la panarquía

Directamente emparentada con el anarcocapitalismo, aunque no es exactamente lo mismo está la idea de la Panarquía. Digo emparentada porque muchos de sus cultivadores son autores que defienden el anarcocapitalismo, comenzando por el primero de ellos, Gustave de Molinari, pero no todos los panarquistas son ancaps pues hay también minarquistas y liberales clásicos, austríacos y chicagos e incluso profesadores de otros credos  políticos pues en teoría esta idea podría ser compatible con cualquier sistema de crrencias, o al menos así lo planteó el primero en tratar este tema en los tiempos de modernos Paul-Emile de Puydt. El principio de la panarquía es simple y complejo a la vez.

Cosiste en la libre elección de nacionalidad o de  forma de estado por parte de los individuos. Puydt propone establecer una suerte de registro en el que las personas se apunten a la forma de estado que ellas elijan, sin tener en cuenta la territorialidad  o la contiguidad. Sería una suerte de estado a la carta. De la misma forma en que podemos escoger la iglesia a la que pertenecemos también podríamos escoger el estado que nos apeteciese o no tener ninguno. Pensemos en una iglesia o religión  organizada. Esta puede perfectamente ofrecer una serie de servicios a sus miembros, ya sean de corte religioso como bautizos o entierros ya sea de corte económico o social como educación  o protección contra el infortunio en forma de servicios de atención médica, vivienda, educación o sustento en sus centros. En principio cualquier persona puede  optar por cualquiera de ellas y disfrutar de sus servicios en todo el mundo, simplemente con pertenecer a ella o estar registrado en ellas de una forma u otra. Generalmente no están limitadas a un territorio estatal y cualquier fiel desplazado a otro país puede en principio disfrutar de sus servicios sin grandes requisitos.

En este caso es obvio que podemos perfectamente optar por la que más nos guste o por ninguna si preferimos renunciar a sus servicios. Los costes de pertenencia varían según cada una. Algunas pueden requerir largos periodos de formación e interiorización de sus normas mientras que otras son más laxas. Algunas pueden requerir desembolsos monetarios o prestación física de servicios, mientras que otras no. Algunas pueden requerir determinadas pautas de conducta a sus fieles e imponer restricciones a determinadas formas de vida y otras no. Algunas pueden excomulgar a sus fieles o establecer requisitos muy duros de entrada o de salida. Pero en nuestras sociedades nada impide optar entre religiones o salir de ellas si no nos convencen.  Los panarquistas hacen una suerte de analogía de las religiones con la libre pertenencia al estado. Al igual que las religiones la libre pertenencia a los estados y al disfrute de sus derechos y deberes debería ser permitida y eliminarse por tanto el monopolio territorial del que ahora disfrutan los estados modernos. Ya hemos apuntado en alguna ocasión que el rasgo más definitorio de un estado moderno es su territorio sobre el que se impone de forma monopolista  en las condiciones que el mismo establece. En su momento fue visto como un avance de ciudadanía el hecho de que todos los habitantes de un territorio cuenten con una misma forma legal (ius solis) frente al tradicional ius sanguinis que establecía como requisito de pertencia el ser descendiente de otro nacional previamente establecido. Se eliminaba de paso la idea de dos tipos de ciudadanía.

Pero este nuevo concepto fue evolucionando hasta el punto de no poder concebir un estado o una nacionalidad sin la pertenencia a lgún territorio cartografiado y bien definido. El panarquista reconoce la dificultad de imaginar a día de hoy soluciones que no pasen por este modelo y mucho menos poder siquiera pensar en la posibilidad de escoger a la carta la forma de gobierno preferida. Molinari como protopanarquista pensó la posibilidad de escoger entre fuerzas de seguridad en competencia. El panarquista va más allá y quiere la posibilidad  poder escoger todos los serviciosque los estados prstan. Se que es difícil ser para nosotros concebirlo, pero  teóricos panarquistas como Aviezer Tucker, John Zube o Trent MacDonald hacen arqueología intelectual y descubren que antes del actual monopolio territorial existían instituciones que posibilitaban la existencia de distintas formas legales dentro de un mismo territorio.

El Imperio romano es buena fuente de inspiración para el panarquista. Como buen imperio no tiene unos límites fronterizos claros y operan dentro de él diversas formas de soberanía. Cualquiera que haya leido la Biblia sabe que, por ejemplo, los reyes de Judea operaban en el marco del Imperio tutelados por los emperadores o por el senado pero conservando sus leyes propias, como es fácil constatar en el caso de la condena a Jesucristo, llevada a cabo con leyes judias pero con la aprobación tácita de los funcionarios al cargo. Ademas de esta soberanía compartida en el imperio durante mucho tiempo coexistieron diversas formas de ciudadanía desde el ciudadano con plenos derechos y con tratamiento legal específico (como el caso de la condena  a San Pablo nos muestra) hasta los esclavos sujetos a otros fueros y tratamiento jurídico, pasano por otras formas legales.

La metodología de Schumpeter: algunos puntos interesantes

Joseph A. Schumpeter fue un economista austriaco que perteneció a la tercera generación pensadores de la Escuela Austriaca, junto a Hans Mayer y Ludwig von Mises, los otros dos personajes más ilustres de esa generación. Al contrario que Mises o incluso Mayer, Schumpeter es considerado por muchos autores como un economista no austriaco, debido a su posición positivista en materia epistemológica, su defensa del paradigma walrasiano de equilibrio general y el empleo de matemáticas en economía, a través de los sistemas de ecuaciones simultaneas. No obstante, la metodología de Schumpeter tiene ciertos elementos que destacan y se diferencian del positivismo más común dentro de la economía. En este artículo destacaremos cuáles son estos puntos que, sin duda, acercan a Schumpeter mucho más a la economía de la Escuela Austriaca.

Instrumentalismo moderado

Estrictamente hablando, la posición metodológica de Schumpeter es el instrumentalismo. Esto quiere decir que, epistemológicamente, Schumpeter se opone al esencialismo y niega la existencia de causas o explicaciones últimas. Esto explica que rechace un enfoque causal y abogue por uno funcional, entre otras cosas. Para él, como instrumentalista, la teoría no puede ser interpretada como algo más que un instrumento que nos permite hacer predicciones sobre eventos futuros. La realidad, la verdad, la esencia o la causa última de las cosas no son objetos de investigación científica. Solo existen teorías útiles o inútiles para predecir eventos futuros, no verdaderas o falsas (Popper 1983; Shionoya 1997).

Sin embargo, a diferencia de otros instrumentalistas más puros como Milton Friedman (Friedman 1953; Caldwell 1992), Schumpeter sostiene un instrumentalismo moderado (Shionoya 1997). Esto se debe a que, para éste, la teoría no es exclusivamente un instrumento de predicción, sino que también sirve para la descripción, explicación o entendimiento del mundo, sin que esto suponga reconocer la existencia real o la esencia de los fenómenos económicos. Es más, para Schumpeter, una predicción capaz de pronosticar el curso real de los eventos es imposible de obtener (Machlup 1951). De este modo, Schumpeter ya parece distanciarse de los economistas positivistas más ortodoxos, acercándose simultáneamente a la posición austriaca. Los siguientes puntos a tratar parecen confirmar esta primera hipótesis.

Apriorismo

Aunque no debemos olvidar que Schumpeter es positivista, hay ciertos momentos en los que parece apoyar un razonamiento más apriorista.  A pesar de creer en la verificación de la teoría mediante la evidencia o que las suposiciones básicas de las que parte la teoría pura se basan en la observación de hechos, Schumpeter deja claro que ningún hallazgo estadístico puede probar o rechazar una proposición para la que se tienen motivos para creer debido a hechos más simples o fundamentales que tienen que ver con la experiencia del día a día o histórica (Machlup 1951). De este modo, algo como la acción humana misma, que recibe la categoría de autoevidente y que reconocemos como un hecho fundamental que tiene que ver con una experiencia más amplia, como diría Rothbard (1957; 1976), podría ser reconocido dentro del esquema schumpeteriano como una proposición exenta de verificación. En tanto que todas las leyes praxeológicas están implícitas en el axioma de la acción, podríamos deducir que éstas tampoco pueden verse sometidas al principio de verificación, siguiendo el razonamiento de Schumpeter. Con ello, es posible entender la existencia de teoría a priori, que no depende de la verificación, dentro de la metodología de Schumpeter.

Más aún, se puede interpretar la metodología de Schumpeter en términos lakatosianos (Shionoya 1997), esto es, como un programa de investigación científica donde las proposiciones teóricas que conforman el núcleo duro son irrefutables o inmunes al testeo empírico, mientras que las hipótesis auxiliares que componen el cinturón protector no presentan tal inmunidad (Lakatos 1999). Esto es muy similar a la interpretación que Zanotti (2013) ha hecho de Machlup, también en términos lakatosianos. Con ello, podemos afirmar que existe un paralelismo a nivel metodológico entre Schumpeter y Machlup, que Shionoya (1997) enfatiza en primer lugar. Sabiendo también que Zanotti y Cachanosky (2015) consideran apriorista la interpretación de Machlup de la epistemología de Mises, e incluso más fiel y adecuada que la extremo apriorista de Rothbard, el hecho de reconocer un paralelismo entre Schumpeter y Machlup refuerza la idea de que la metodología de Schumpeter contiene algunos elementos aprioristas. De hecho, Schumpeter hace una distinción entre teoría e historia, muy similar a la que hace Mises o a la que también hizo Menger entre las ciencias teóricas y ciencias históricas.

Lo estático y lo dinámico

Por otro lado, Schumpeter establece una distinción fundamental entre lo que él llama estática y dinámica (Machlup 1951). Aunque su visión mecanicista de la economía y su devoción por el paradigma walrasiano pudiera limitar su análisis a una visión estática de la economía, su estudio del desarrollo económico y del papel del empresario le introdujo directamente en una visión dinámica de los asuntos económicos.

Para Schumpeter, lo estático y lo dinámico son campos distintos de la economía. Mientras que el primero se encarga de estudiar los sistemas en equilibrio, asumiendo una información dada y constante, donde solo ocurren pequeños cambios en la información, el análisis dinámico es un método que estudia cambios grandes y discontinuos, que rompen con el equilibrio económico (Machlup 1951; 1959). Esto es completamente coherente con el análisis dinámico que introduce Mises (1998). Además, también es similar a la idea de economía de giro uniforme, donde la información ya está dada y las preferencias son constantes, y el sistema tiende al equilibrio o estado final de reposo, que nunca es alcanzado (Mises 1998). Para Mises, la economía se centra en el análisis del proceso de mercado, de lo dinámico, aunque recurre como método, como herramienta, a construcciones imaginarias como la economía de giro uniforme o el estado final de reposo, que se centran en lo estático, para poder entender de manera simple los procesos dinámicos de mercado.

El empleo de matemáticas

Schumpeter defiende las matemáticas como herramienta en economía de manera explícita y contundente. Argumenta que el uso de sistemas de ecuaciones simultaneas para la representación de las interrelaciones económicas facilita una comprensión de las mismas que no puede alcanzarse de otra manera con la misma claridad (Machlup 1951). Considera las matemáticas necesarias para conseguir la formalidad del pensamiento, algo fundamental para el rigor y para tener amplias posibilidades de deducción. De hecho, ve en ellas la posibilidad de convertir a la economía en una ciencia exacta. Según Schumpeter, las matemáticas pueden emplearse en economía porque existen conceptos económicos como trabajo, materias primas, tiempo, dinero o interés, que son cuantitativos. Además, entiende que el pensamiento matemático va más allá de ser una mera herramienta técnica y lo concibe como una actitud fundamental de los científicos (Shionoya 1997).

Sin embargo, como apunta Shionoya (1997), Schumpeter no cree que toda lógica de la teoría económica tenga que estar representada matemáticamente (Schumpeter 1933). Es más, sostiene que el método matemático es incapaz de revelar los contenidos sustantivos de determinados objetos de estudio de la economía. En ese caso, cuando las matemáticas no pueden comprender las relaciones o regularidades más importantes, se debe confiar en el lenguaje común.

Con esas afirmaciones, Schumpeter parece acercarse a la crítica de Menger al lenguaje matemático en economía. Menger afirma que el lenguaje matemático es incapaz de descubrir las esencias de los fenómenos económicos (Jaffé 1976). Con esto, se puede decir que Schumpeter comparte esta idea cuando establece que las matemáticas son incapaces de revelar los contenidos sustantivos de los objetos de estudio de la economía. No obstante, no podemos decir que a lo que Menger llama esencia sea lo mismo que lo que Schumpeter denomina contenido sustantivo, debido a las diferencias epistemológicas entre ambos. Aun así, podemos concluir que la afirmación de Schumpeter sobre las limitaciones de las matemáticas es parecida a la de Menger.

Conclusión

A modo de conclusión, podemos decir que, aun reconociendo las distancias epistemológicas entre Schumpeter y la de economistas austriacos como Mises o Rothbard, existen algunos puntos dentro de la metodología de Schumpeter que son muy similares a las defendidas por austriacos más puros e, incluso, algunas ideas que permitirían seguir avanzando y construyendo metodología austriaca de la formas más pura y fiel al planteamiento de Menger y Mises. No obstante, esto es una cuestión de futuros artículos.

Referencias

Caldwell, Bruce J. 1992. “Friedman’s Predictivist Instrumentalism: A Modification.” Research in the History of Economic Thought and Methodology 10: 119–28.

Friedman, Milton. 1953. “The Methodology of Positive Economics.” In Essays in Positive Economics, 3–46. Chicago: University of Chicago Press.

Jaffé, William. 1976. “Menger, Jevons and Walras De-Homogenized.” Economic Inquiry 14 (4): 511–24. https://doi.org/10.1111/j.1465-7295.1976.tb00439.x.

Lakatos, Imre. 1999. The Methodology of Scientific Research Programmes. Edited by J. Worral and G. Currie. Volume I. Cambridge: Cambridge University Press.

Machlup, Fritz. 1951. “Schumpeter’s Economic Methodology.” The Review of Economics and Statistics 33 (2): 151. https://doi.org/10.2307/1925877.

———. 1959. “Statics and Dynamics: Kaleidoscopic Words.” Southern Economic Journal 26 (2): 110. https://doi.org/10.2307/1055009.

Mises, Ludwig von. 1998. Human Action: A Treatise on Economics. Auburn: Ludwig von Mises Institute.

Popper, Karl. 1983. Realism and the Aim of Science. Edited by William W. Bartley III. London: Hutchinson.

Rothbard, Murray N. 1957. “In Defense of ‘Extreme Apriorism.’” Southern Economic Journal 23 (3): 320. https://doi.org/10.2307/1054221.

———. 1976. “Praxeology: The Methodology of Austrian Economics.” In The Foundations of Modern Austrian Economics, edited by Edwin G. Dolan, 19–39. Kansas City: Sheed & Ward.

Schumpeter, Joseph A. 1933. “The Common Sense of Econometrics.” Econometrica 1 (1): 12. https://doi.org/10.2307/1912225.

Shionoya, Yuichi. 1997. Schumpeter and the Idea of Social Science: A Metatheoretical Study. New York: Cambridge University Press.

Zanotti, Gabriel J. 2013. Caminos Abiertos: Un Análisis Filosófico de La Historia de La Epistemología de La Economía, Desde Fines de Siglo XIX Hasta 1982. Madrid: Unión Editorial.

Zanotti, Gabriel J., and Nicolás Cachanosky. 2015. “Implications of Machlup’s Interpretation of Mises’s Epistemology.” Journal of the History of Economic Thought 37 (1): 111–38. https://doi.org/10.1017/S1053837214000777.

Contra el racionamiento de las vacunas

Desde que en julio del año pasado la Comisión Europea firmó un acuerdo marco con los estados miembros de la Unión para la compra anticipada de vacunas contra la COVID-19 ha transcurrido ya el tiempo suficiente para evaluar unos planes de vacunación mal concebidos para llegar al objetivo de distribuir las vacunas que inmunicen a la mayoría de la población europea en el menor tiempo posible. “Por cada mes que se adelante su distribución, se salvarán vidas, puestos de trabajo y miles de millones de euros” rezaba una de las consideraciones iniciales del anexo del citado acuerdo.  

En esencia los estados miembros confirieron un mandato a la Comisión para negociar y celebrar contratos de compra anticipada (APA, por sus siglas en inglés) con cada una de las empresas farmacéuticas, que ya en aquel momento avanzaban en la investigación y ensayo clínico de distintas vacunas. La celebración de contratos concretos, tras el anuncio de un determinado precontratos por parte de la Comisión, y la adquisición final de las vacunas y las obligaciones de pago corresponderían (art. 2) a los estados participantes en función de las cuotas asignadas a cada uno, salvo que se dispusiera otra cosa. En este sentido, las directrices del anexo del acuerdo perfilaron la posibilidad de que la Comisión Europea asumiera hasta el 50 por ciento del precio final, cuando se plantera una gran dificultad en distinguirlo del precio inicial adelantado a los fabricantes durante la fase de proyecto. Asimismo, la competencia para ejecutar las políticas de vacunación quedaban al arbitrio de los estados.

Cualquiera que sea el contenido exacto de cada uno de los acuerdos concretos suscritos con los fabricantes de vacunas – sometidos a confidencialidad, incluido el precio – según los últimos datos publicados por Ourworldindata, el conjunto de los países de la UE ha inoculado, al menos, la primea dosis de la vacuna a un 19´39 por ciento de su población[1], datos que palidecen frente al 61´96 por ciento de Israel, 48´66 del Reino Unido, 40´61 de Chile o el 39´85 de EE.UU. A la vista de estos resultados provisionales, el alcance de la ansiada inmunidad de grupo en la UE antes del verano se antoja imposible por los intervalos entre dosis de la mayoría de la vacunas hasta ahora aprobadas por la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Incluso si, como parece, las entregas se multiplican por la llegada de las que se vayan aprobando, los retrasos provocados por las suspensiones o limitaciones de la aplicación de AstraZeneca y Janssen[2] en la mayoría de los países no se van a compensar por los medios públicos desplegados y los anuncios de apertura al sector privado en el proceso de vacunación de dosis adquiridas previamente por los gobiernos[3]. No así de las compras, la distribución y la inoculación paralela.

Este fracaso no puede achacarse – al menos no fundamentalmente – a la Comisión Europea, puesto que el acuerdo marco no impedía a los estados miembros explorar otras vías, complementarías del programa de compras coordinado (notificando con cinco días de anticipación su voluntad de excluirse, una vez informados de la inminencia de cada contrato de venta anticipada- art. 5) ni les obligaba a gestionar el proceso al modo de un sistema de economía socialista centralizado. Dicho de otra manera, las compras para garantizar una distribución e inoculación de vacunas gratuitas para la generalidad de la población no eran – ni son ahora una vez celebrados la mayoría de los contratos – incompatibles con la autorización a empresas o particulares que ya suministran otros medicamentos o adquirir las vacunas como consumidores finales.

Si acaso cabe apreciar que, tanto los gobernantes europeos como la Comisión, partieron del sobreentendido de monopolizar la demanda en cada país y asumir el papel de prestadores únicos de las vacunas contra el Covid-19, impidiendo el funcionamiento de un mercado, que a través de sus precios proporcionaría una información muy valiosa[4] a nuevos productores de vacunas y una distribución mucho más eficiente a personas dispuestas a pagar por ello. Asimismo, demostraron una autoconfianza desmedida en la virtualidad de las compras centralizadas a través de comités de funcionarios públicos, que a cada paso tendrían que recabar la opinión y aprobación de los estados miembros y obviamente sobrevaloraron la influencia que tendría la financiación anticipada de determinados proyectos en las condiciones de entrega de las futuras vacunas.

Como señaló hace poco el profesor Pedro Schwartz sobre el caso concreto de España, “so capa de que las vacunas se distribuyen gratuitamente, se ha prohibido su compra por personas individuales, así como la vacunación en hospitales privados y farmacias”. Los gobiernos europeos, y muy singularmente el español por su obsesión de dominar todos los resortes de la sociedad desde el gobierno, han impedido que sus ciudadanos se beneficiaran del funcionamiento de un mercado de vacunas para conseguir el fin apetecido.

Incluso en una situación de oligopolio de facto de la producción de vacunas, los precios en el mercado mundial por unidad son tan ridículos que la idea de que deban proveerse “gratuitamente” a toda la población es un completo desatino. A cambio, los gobiernos han conseguido que los europeos se sometan mansamente a fallidas “estrategias de vacunación”, esperando con paciencia su turno, segmentados por grupos de edad o profesiones. Un remedo de los planes de racionamiento gubernamentales de las guerras y posguerras del siglo XX (y de modo estructural de los regímenes comunistas) que parecían indefendibles en los países libres para proveer bienes de consumo a gran escala. Como en aquellas viejas historias del “estraperlo” de la autarquía en España, afloraron casos de corrupción gracias a los contactos con el poder o se presentaron chivos expiatorios cuando algunas personas escaparon del sistema.

La pandemia del Covid-19 ha causado ya demasiadas muertes. Sin embargo, ante la probabilidad de que, debido a sus mutaciones, se haga necesaria la vacunación periódica, todo este esquema tiene que reconsiderarse totalmente. El punto de partida debería invertirse para que los estados europeos se limiten a comprar y distribuir vacunas a las personas que carecen de medios para hacerlo. En un momento en el que la destrucción de una parte de la infraestructura productiva es un hecho y los presupuestos públicos presentan gigantescos déficit, debe plantearse una alternativa clara al modelo que han colado políticos incompetentes o sedientos de poder, aprovechando el miedo y la incertidumbre generalizados.

Nos va en ello la libertad … y la vida.


[1] Curiosamente España, con un 20´51 por ciento está por encima de Francia, 18´63, y por debajo de Alemania, 20´63.

[2] El 20 de abril el comité de seguridad de la EMA dictaminó que, infrecuentes trombos con bajos niveles de plaquetas deberían relacionarse como un efecto secundario muy raro de ésta última.

[3] En este sentido, en el caso español, después de que se demandara por el gobierno de la Comunidad de Madrid, mediante el anuncio de acuerdos de colaboración con una fundación de la patronal CEOE para que las Mutuas de accidentes se conviertan en centros de vacunación

[4] Recuérdese como, paradójicamente, los negociadores de la Comisión Europea

La España vaciada, resiliente, inclusiva y sostenible.

El gobierno no soluciona problemas; los subsidia es una de mis frases favoritas de Ronald Reagan. La he citado muchas veces y por eso me resisto a reconocer que se ha quedado obsoleta. El gobierno ya no subsidia los problemas, los explota. Pone su red clientelar a pastar a su alrededor pese a no tener nada que ver con el asunto a resolver sin que nadie proteste por ello.

Muchos venimos de una época donde el gobierno de turno mantenía subsidiados la minería española para evitar conflictos sociales en dos provincias deprimidas. No se resolvía el problema de fondo, y las provincias se seguían deprimiendo, pero al menos el dinero iba principalmente a los que protestaban. El político ganaba paz social, y un reducido número de personas vivían bien durante unos años a costa de la mayoría. Ese era el statu quo.

Pero algo ha cambiado en nuestro mundo desde hace unos años. El dinero ya no se dirige a los grupos locales que amenazan con romper la paz social. Una nueva especie de rapiñador, mucho más sofisticada, ha emergido como el superdepredador del ecosistema político: el capturador de rentas resiliente, inclusivo y sostenible.

Como ejemplo, tenemos las 130 medidas frente el reto demográfico. Al parecer la España vaciada va a ser rellenada gracias a medidas como estas:

  • Plan de Incentivos a la instalación de puntos de recarga, a la adquisición de vehículos eléctricos y de pila de combustible y a la innovación en electromovilidad, recarga e hidrógeno verde
  • Programa de impulso a la movilidad eficiente y sostenible
  • Digitalización de la relación con la Administración Tributaria
  • Conectividad territorial innovadora
  • Proyecto tractor de Territorios inteligentes
  • Impulsar el uso de la compra pública de innovación 
  • Investigación sobre el reto demográfico
  • Instaurar la “Capitalidad Española de la Economía Social”
  • Plan de Desarrollo de Producto Turístico Sostenible
  • Plan de Fomento de la Economía Circular en el turismo
  • Plan de Transformación Digital de Empresas de la cadena de valor turística a través de la Inteligencia Artificial y otras tecnologías habilitadoras
  • Impulso a las actuaciones de conciliación y corresponsabilidad en el medio rural 2021-2024 
  • Apoyo al emprendimiento de las mujeres para lograr el empoderamiento y la igualdad de género en el ámbito rural 
  • Garantía de recursos asistenciales y de apoyo a las víctimas de violencia contra las mujeres en el ámbito rural 
  • Incremento de la presencia de mujeres en los ámbitos de toma de decisiones de las cooperativas agroalimentarias 
  • Programa para la sostenibilidad medioambiental de la industria electrointensiva
  • Plan de apoyo a la implementación de la normativa de residuos y fomento de la economía circular en el ámbito de la empresa 
  • Mejora de las infraestructuras de la Policía Nacional en provincias con menor densidad demográfica 
  • Semana Europea del Deporte a las zonas más despobladas del territorio
  • Creación de una Red de pequeños municipios y áreas en riesgo demográfico por la Igualdad de trato, la inclusión y la Diversidad 
  • Campaña audiovisual para visibilizar y fomentar el compromiso de la Economía Social con la España despoblada
  • Plan de ayudas para salas de exhibición independientes
  • Programa de ayudas a librerías
  • Informes de impacto de género, infancia aplicados al Reto Demográfico
  • Impulso de la Agenda 2030 a nivel local

Como se puede ver, nada de esto (y hay muchas más en la misma línea) tienen nada que ver con el problema que supuestamente se intenta resolver. La mezcla de los sospechosos habituales en captar rentas públicas (igualdad, ecologismo y agenda 2030 en general) con las iniciativas de gasto que los distintos ministros no sabían dónde colocar (¡comisarías de la Policía Nacional!) es dantesca. Si le sumamos el lenguaje de consultor pasado de vueltas ya se hace insoportable de leer.

Pero lo curioso de todo no es el documento. Cosas peores salen de los distintos gobiernos todos los días. Lo que llena de asombro es que las diferentes organizaciones y cuentas en redes sociales que denuncian constantemente la despoblación del mundo rural no solo no se han indignado ante semejante mezcolanza de medidas absurdas, sino todo lo contrario. ¡Las abrazan con satisfacción!

Aquí se aplican otras dos realidades plasmadas magistralmente por Upton Sinclair y Robert Conquest. El primero avisó que es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda. Y el segundo nos aclaró que toda organización que no sea explícitamente de derechas antes o después acabará proviniendo de la agenda de la izquierda.

La despoblación en España es un fenómeno complejo. Que es la forma políticamente correcta de decir que probablemente no tenga solución cuando de poblaciones pequeñas se trata. Pero a diferencia de otros problemas en explotación mercantil política, este sí tiene votantes que están sufriendo las consecuencias del mismo.

Hasta ahora, gracias a la capacidad de la izquierda de monopolizar cualquier movimiento social transversal, el gobierno se puede partir de risa a su costa con documentos como el que muestro. ¿Pero cuánto puede durar esta situación?

Todo depende de si hay alguien en la derecha política que vea el filón que ha dejado libre la actual izquierda y lo intente aprovechar, ya sea volviendo al subsidio del problema, o (menos probable) liderando algún plan más realista que se base en aceptar sin complejos el progreso económico de las ciudades y megaciudades, pero salvando del rodillo burócrata, animalista e intelectual urbanita a un mundo rural que es tremendamente necesario para reducir la cada vez mayor fragilidad de la sociedad actual.

Por el buen camino

Un buen sistema de propaganda y control de los medios de comunicación es esencial, en todo régimen totalitario, para alcanzar una homogeneización ideológica que ayude a mantener en el poder a quienes lo detentan (“la mentira es un arma revolucionaria”, que decía Lenin). Y aunque en estos regímenes muchas veces distinguían entre agitación y propaganda, ambas iban dirigidas siempre al mismo fin (en regímenes como el soviético, mientras el término propaganda se restringía a las actuaciones más intelectuales y refinadas -convencer, más que inducir-, con agitación se referían a actuaciones más vehementes, inflamadas, ardientes y dirigidas a las masas).

En contra de lo que pueda creerse a primera vista, controlar los medios de masas no significa que la propiedad de los mismos sea estatal: si bien eran públicos en regímenes como el de la Unión Soviética, permanecieron en manos privadas en los países fascistas, aunque con igual férreo control por parte del gobierno. Y, para que alcancen eficacia es también fundamental, junto con el mencionado control: i) La repetición constante del mensaje (“una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, según Goebbels); ii) Coordinación de todos los medios (prensa, radio, televisión, etc…): En la Unión Soviética, por ejemplo, los mensajes de Pravda (órgano del Partido) o de Izvestiya (órgano del gobierno central) eran repetidos, y amplificados, por el resto de periódicos locales, por la radio y por el resto de canales. iii) No olvidar el papel, esencial, de la agitación directa o personal, lo que obligaba a tener a millones de agitadores, profesionales o no, muchos a tiempo completo, otros a tiempo parcial o para situaciones puntuales, organizando reuniones, asambleas, manifestaciones, dando conferencias, organizando grupos de  estudio o debate sobre los temas que interesan, produciendo o distribuyendo la literatura adecuada, incluso visitando a la gente en sus casas, y todo para tratar de alcanzar la mayor participación posible en el proceso de adoctrinamiento, y iv) Crear una imagen estereotipada de un enemigo -real o imaginado-, en la que no falten rasgos criminales o demoníacos, que ayude a movilizar.

No hay que olvidar, sin embargo, que en dichos regímenes cada herramienta del sistema está coordinada con el resto y que la propaganda o el control de los medios es útil en la medida en que se apoya en el terror (no sólo el riesgo de ser ejecutado, sino también y de manera importante, la intimidación que se consigue con la amenaza de difamación o de ostracismo social) o en la educación. Lo indiscutible es que el sistema funciona, y lo hace por muchos condicionamientos psicológicos inconscientes de los que no nos damos cuenta…

Pero también porque la memoria es falible y maleable: Hoy en día, de hecho, se está demostrando la posibilidad, incluso, de falsear datos autobiográficos en un sujeto, haciéndole creer que vivió lo que nunca ocurrió, o lo hizo de una forma totalmente distinta. Para ello no hace falta recurrir al “deepfake” del que hablamos en un artículo anterior (ya hay sistemas de inteligencia artificial que animan y dan vida a rostros de personas fallecidas hace décadas), basta, como ha demostrado un reciente estudio, cierta constancia, algo de sutileza, y mezclar la mentira con la verdad conscientemente y a sabiendas.

Es cierto que el sistema descrito no es infalible, y que en los regímenes abiertamente totalitarios de cierta duración fue degenerando con el tiempo. Pero también es cierto que en dichos regímenes era más fácil que se creasen anticuerpos, en la propia sociedad, porque la amenaza era explícita y no se escondía. Nuestras supuestas democracias occidentales son otra cosa. El riesgo no se percibe, y los elementos descritos no se aplican de una manera tan cruda y brutal; pero están,  llevan años depurándose hasta haber alcanzado una perfección técnica sorprendente, y cuentan con el apoyo de una tecnología cada vez más desarrollada: la homogeneización de la línea editorial de los medios de comunicación es casi una constante a ambos lados del Atlántico, aunque sean en su mayoría privados, y aunque contemos con honrosas, aunque minoritarias, excepciones; la repetición machacona de los mismos mensajes es también un hecho indiscutible; tenemos también nuestro enemigo artificial, estereotipado y supuestamente criminal y antiecológico: fascista, neoliberal y/o capitalista (hay cosas que no cambian); el control de la educación y su utilización en la misma línea dominante no admite duda; la amenaza de la difamación o del ostracismo -incluso con escraches y apedreamientos- para los políticamente incorrectos están a la orden del día, como lo está la censura de ciertas plataformas digitales privadas a según qué personas y mensajes, y siempre en la misma dirección; la existencia de una caterva muy activa de agitadores individuales, algunos con nómina y carnet -otros, simples tontos útiles que sólo buscan notoriedad y/o el calor del rebaño-, es mayor cada día; existen infinidad -mucho más que en otras épocas- de medios digitales para propagar el mensaje; muchísimas más herramientas de información y control, etc…

Como vemos, no se nos escapa ningún elemento, y tampoco la desaforada pasión por controlar, dominar e imponer de quienes ya gobiernan -formalmente o de facto-; su firme voluntad, férrea e incansable, con constancia y habilidad; sutileza propagandística junto con burda agitación; desprecio grosero a la verdad, que parece que a nadie importa… y, sobre todo, una sociedad débil, anestesiada, ocupada en mil y una preocupaciones, siempre maleable, pero ahora más que nunca… y un importante número de los políticos que debería defendernos afanándose, desde hace décadas, por refundar un partido campesino unificado al mejor estilo polaco.

Cierto es que sigue habiendo, aunque escasísimas, honrosas excepciones. Menos mal.

Alternativas a la política social estatal

El pasado año 2020 estuvo marcado por la pandemia global provocada por el coronavirus. Todos los países han sufrido en mayor o menos medida los perversos efectos de un virus que pilló desprevenidos a la mayoría. Sin embargo, los individuos, las empresas y, en definitiva, las organizaciones que componen la sociedad civil, respondieron (cuando les dejaron) al problema, de forma descentralizada y multinivel.

Una serie de autores se unen en este informe para contarte sus experiencias y mostrar la importancia de una sociedad civil organizada al margen del Estado.


Descargar aquí

El Mar Negro (I): un acercamiento

Durante siglos, el Mediterráneo, el Mare Nostrum, nuestro mar, como lo denominaban los romanos, fue el centro alrededor del cual se desarrolló la historia occidental. Si desde las costas griegas navegamos hacia el este, hacia la península anatólica, recorremos un estrecho, el Bósforo, una pequeña extensión de agua conocida como el Mar de Mármara y, de nuevo, otro estrecho, el de Dardanelos, dejando a babor la histórica ciudad de Estambul, antes Constantinopla y mucho antes, Bizancio; así, desembocamos en el Mar Negro, un gran mar interior que ha ayudado a formar y conformar buena parte de la historia europea y asiática.

Del trigo y otros cereales que se cultivaron en los campos que se extienden hacia las estepas euroasiáticas se alimentaron griegos, romanos, bizantinos, turcos, mongoles, rusos y el resto de Europa, cuando la guerra no lo impedía. Al mar Negro fue Jasón buscando el Vellocino de Oro, que halló donde hoy está Georgia. En sus costas se aposentaron temporalmente tribus o, mejor dicho, confederaciones de tribus que, al principio de manera infructuosa y al final exitosamente, invadieron el temido y poderoso Imperio romano (el de Occidente, pues el de Oriente aguantó mil años más). Escitas, sármatas, hunos, godos, mongoles y otros pueblos tuvieron relación con este gran mar a lo largo de los siglos y los descendientes de los que quedaron allí la siguen teniendo. Con el tiempo, el Mar Negro terminó formando parte de algunas de las muchas rutas que conformaron la más genérica Ruta de la Seda, que fue esencial para que comerciantes bizantinos, genoveses, venecianos, aragoneses, turcos, etc. adquirieran las preciadas mercancías que provenían de Extremo Oriente, de la lejana China, incluso del remoto Japón.

Cuando se abrieron las rutas atlánticas, ésta declinó, pero los principales productos de la zona -grano, pieles, esclavos (sí, esclavos)- siguieron llenando mercados, tanto orientales como occidentales. Cuenta la leyenda que la letal Peste Negra del siglo XIV vino en una galera genovesa desde la ciudad de Caffa (que sigue existiendo en la península de Crimea, pero con el nombre de Fedosia). Caffa era sitiada por los mongoles, que decidieron invocar la guerra bioquímica contra los sitiados, lanzando las cabezas a medio pudrir de los enemigos muertos, con la intención de propagar enfermedades y que la ciudad terminara rindiéndose. Mercaderes genoveses huyeron espantados de la ciudad en sus barcos y se llevaron la peste consigo. Seguramente, la letal enfermedad llegaría de una manera algo más compleja, pero como leyenda, que tiene cierta moraleja en su final, es bastante pintoresca. A partir del siglo XVI, se convirtió en el sitio donde convergían distintos pueblos, reinos e imperios con intereses contrapuestos, componiendo una geopolítica compleja y cambiante. Mientras que el turco pretendía mantener sus posesiones en la zona, el ruso buscaba su salida hacia el Mediterráneo, desplazando a otras monarquías y anexionándose territorios. Según la política europea se fue haciendo más global en el XVII, XVIII y, sobre todo, XIX, el resto de los imperios occidentales, con presencia en todo el globo, convergieron en la zona para apoyar a unos u otros, en función de sus intereses particulares, con estallidos extremadamente violentos como la Guerra de Crimea. El Mar Negro nunca perdió esa función de zona de contacto entre Oriente y Occidente, incluso durante la Revolución Rusa, en ambas guerras mundiales y durante la Guerra Fría.

En la actualidad, el mar Negro sigue siendo fuente de interés y, por tanto, de conflictos. La descomposición de la URSS ha dado paso a una Federación Rusa, dirigida por Vladimir Putin, ex del KGB, que ha optado por un Estado autoritario, quizá el más fascista de todos los regímenes que hay en el mundo, que ha desenterrado el expansionismo ruso y pretende recuperar sus zonas de influencia, cuando no dominarlas territorialmente otra vez. Sus guerras con Georgia y Ucrania, la ocupación de la Península de Crimea y de zonas nominalmente ucranianas son algunos ejemplos de tal actitud. Según escribo estas líneas, ha vuelto a surgir el rumor de una posible invasión rusa de dicho país. En cuanto a recursos económicos, además de que el norte sigue siendo cerealista, la gran presencia de petróleo y gas natural en la zona y, sobre todo, la construcción de oleoductos y gasoductos a través de sus aguas hacia la necesitada Europa, muestran que su control no es una cuestión baladí o de mero honor, sino una parte importante de la estrategia de las potencias regionales.

El mar Negro es un mar extraño a ojos del que lo analiza con detalle. Con una longitud de 1.175 kilómetros de oeste a este, una profundidad máxima de 2.212 metros y una extensión de 436.000 Km2, tiene un volumen medio de agua de unos 547.000 km3, alimentado por cuatro grandes ríos, el Danubio, Dniéper, Dniéster y el Kubán y por un flujo de intercambio de agua desde el Mediterráneo por el Bósforo y el Dardanelos, consecuencia de la distinta salinidad de ambos mares, que genera esta dinámica. Digo que es extraño porque, a ojos de un humano, el Mar Negro está más muerto que vivo. Las nueve décimas partes de su agua carecen de vida; al menos de la vida que nos gustaría que tuviera. Durante eones, las cuencas fluviales que lo han alimentado han dejado, además de agua, gran cantidad de materia orgánica que, poco a poco, a través de procesos químicos y bioquímicos, han ido gastando el oxígeno disuelto en el agua. Con el tiempo, el agua se ha convertido en anóxica, perfecta para la vida de especies como ciertas bacterias, cuyo metabolismo segrega ácido sulfhídrico como producto de desecho, acidificando el mar y haciéndolo inviable para la vida que depende del oxígeno. Este es un proceso natural, en el que nada ha tenido que ver el hombre y se da con cierta frecuencia en la naturaleza. Hay lagos que tienen una zona oxigenada en la superficie y otra anóxica en la profundidad, y ocurre con cierta frecuencia que ambas capas se intercambian, matando toda la vida que pudiera haber en la superficie y dejando un característico olor a huevos podridos en la zona durante varios días. Afortunadamente, esta situación no se ha dado en el mar y la décima parte de la superficie toma el oxígeno del aire y mantiene una rica fauna. O mantenía.

Recalco que es natural, que el hombre no ha tenido nada que ver, pues no es extraño que los grupos ecologistas, organismos institucionales como la ONU, departamentos políticos de temática medioambiental y económica, así como la prensa, tan dados al alarmismo (cada uno por razones de génesis diferente, pero con un mismo resultado), eviten mencionar este origen cuando hacen una exposición de los males que afectan a determinados ecosistemas, siempre complejos, siempre activos y, desde luego, cambiantes. Este es un buen ejemplo para reflexionar sobre la carga que asignamos al ser humano en los cambios catastróficos de los ecosistemas. Da la sensación de que, por defecto, asignamos el cargo de la culpa a la actividad humana (que, desde luego, no podemos negar), aportando no pocas veces informes hechos ad hoc, sin la rigurosidad debida y sin el tiempo adecuado, jugando al alarmismo por el principio de precaución. En los años 80, precisamente en el Mar Negro se detectó una subida de la capa anóxica de unos 30 metros por parte de científicos americanos, que rápidamente encontró eco en la prensa americana y mundial. Tuvieron que ser -paradójicamente- los soviéticos los que aportaran datos sobre los cambios en esta capa, descartando que una subida de 30 metros fuera extraordinaria y apuntara a un peligro inminente, ya que estos cambios formaban parte de la dinámica del mar. Un ecosistema es un sistema dinámico que también ha desarrollado sistemas para recuperarse de posibles daños que puedan ocurrir. El ser humano no es la única y letal causa que lo afecta, pues se pueden dar circunstancias, desde geológicas hasta biológicas, que dañen el sistema. Hace unos días, aparecía en la prensa, sin bombo y platillo, que se había detectado un flujo desconocido de CO2 hacia la atmósfera, fruto de la acción de ciertas bacterias marinas sobre las piedras calizas. Los mismos descubridores se animaban a decir que este impacto no es tan grande como el de los humanos, poniendo la venda antes que la herida.

Sin embargo, en el caso del Mar Negro, sí que ha habido una actividad humana que ha afectado a la vida y a la estabilidad del ecosistema. En el mundo actual, cuando abordamos este tipo de hechos, estamos acostumbrados a ver cómo se llevan al plano de las ideologías, además de una manera bastante maniquea, de buenos y malos. Hoy por hoy, la izquierda se ha adueñado del discurso ecologista y la derecha, sobre todo la conservadora, le ha comprado la mercancía y sigue a pies juntillas muchas de las ‘soluciones’ (por llamarlas de alguna manera) que proponen sus adversarios. Las políticas medioambientales menos extremas de los partidos de la izquierda y de la derecha no se diferencian en tanto, pero en lo que se refiere al discurso y la filosofía que las aguantan no está tan claro. Basta con darnos un paseo en internet por blogs, webs o seguir las redes sociales de ciertas organizaciones para encontrar expresiones del tipo ‘el capitalismo mata el planeta’, ‘las empresas lo envenenan’ o cualquier lindeza similar, cuando no es el ser humano un virus maligno que hay que parar (o eliminar). Desde esta perspectiva, el daño siempre lo hace el capitalismo más ramplón e irresponsable. Y puede que en algo tengan razón y se hagan daños, pero si ha habido algo que no ha respetado los ecosistemas han sido los sistemas totalitarios.

El gran desastre ecológico que supuso la desaparición del mar Aral no es, desgraciadamente, uno de los más conocidos en Occidente. El de Chernóbil puede que sí, porque nos afectó más y tiene una serie de televisión francamente buena. Menos conocidos son los innumerables ‘chernobilitos’ que se han producido por la dejadez del sistema soviético (y luego el ruso) y los muchísimos vehículos de propulsión nuclear (submarinos y barcos de guerra) que ahora están abandonados en cementerios en medio de la nada, creando zonas contaminadas radiactivamente. No hay mucha información sobre ello, pero de vez en cuando, se descubren nuevas pruebas de estos desastres. Y no podemos esperar algo bueno de ellos. Si un grupo social, nación, Estado o país, sujeto a un destino manifiesto, desprecia al individuo, al ser humano, que es desechable y prescindible, qué se puede esperar de lo que le pase a un ecosistema o a una especie. El comunismo y, en general cualquier totalitarismo no va a tener ningún problema en sacrificarlo por la causa, dándole una “función” en aras de la revolución final. Pues bien, el Estado soviético y sus satélites comunistas han sido algunos de los agresores del Mar Negro, de la misma manera que por el sur lo ha sido la -llamémosla- sospechosa democracia turca. Ambos casos serán analizados en los siguientes artículos.

Ecuador contra el autoritarismo

Tras los resultados de las elecciones generales en Ecuador, el socialismo del Siglo XXI sufrió un duro varapalo en una región marcada por la sombra de los autoritarismos. La ola populista comenzó después de que Hugo Chávez asumiera el poder a finales de los noventa y la estela autoritaria de los líderes caudillistas afines a aquél proyecto político sigue estando presente, aunque su fuerza se debilita cada vez más.

Los resultados en Ecuador dieron la victoria a Guillermo Lasso, el candidato liberal que se constituyó desde el 2013 en opositor al gobierno del entonces presidente Rafael Correa y a todo el eje populista que impregnaba la región bajo el ideario de un socialismo adaptado a las demandas sociales que experimentó la región desde la conquista de la democracia desde los años ochenta y la crítica al neoliberalismo.

El modelo político de Rafael Correa se caracterizó por el ejercicio de la política desde su visión maniquea como una lucha moral entre el pueblo y sus enemigos, que definió su línea de enfrentamiento con los sectores de oposición, callando y persiguiendo a las voces críticas en el afán de construir una hegemonía en torno a su simbolismo e imagen.

Sumado a ello, la crisis de representación política y del sistema de partidos que experimentan muchos países de la región fue un capitalizador de su propuesta, y su mensaje nacionalista le dio un barniz importante a las demandas de soberanía nacional creciente. Su capital político se vio fortalecido posteriormente por los ingresos que generó la industria petrolera como consecuencia de la inflación de los precios de los commodities.

En línea con su sentido caudillista, Rafael Correa eligió a Andrés Arauz como su candidato para estas elecciones y como el articulador de la propuesta “correista”. Arauz ganó en la primera vuelta de forma indiscutible muy por encima de Guillermo Lasso y del líder indígena Yaku Pérez, el opositor que quedó al margen del balotaje.

No obstante, el legado autoritario de Rafael Correa parece haber encontrado un óbice infranqueable que se convierte en la sentencia definitiva del rechazo a su modelo político y a su liderazgo obsoleto. Precisamente Guillermo Lasso representa la oposición a aquel modelo político vinculado a los autoritarismos que han imperado en la región sudamericana bajo la estela del proyecto chavista, y que en su momento supuso una ola importante para el asidero de una izquierda confundida.

El giro en la campaña de Guillermo Lasso fue determinante para la victoria del domingo. Su apertura a otros sectores sociales y el apoyo que le brindaron líderes de la oposición como Xavier Hervas, candidato de la Izquierda Democrática que quedó en cuarto lugar en la primera vuelta, o Virna Cedeño, acompañante de binomio de Yaku Pérez, sumaron el voto en torno no solo al anti-correismo, sino alrededor del cambio de paradigma imperante en Ecuador hasta hoy: una polarización política con Rafael Correa en medio y la ausencia de un proyecto que genere certidumbre a una sociedad fragmentada por las luchas sociales e indígenas y la crisis económica.

Los resultados finales en Ecuador ponen en evidencia el cansancio de los ciudadanos a un viejo modelo que ha perdido cada vez más representación, aunque cuenta aún con una parte importante de apoyo de la ciudadanía, y que se definen como la confirmación del rechazo al retorno del caudillo que gobernó Ecuador durante una década.

La certeza de la mayoría de la población a favor de Guillermo Lasso se traduce en el hastío hacia el proyecto populista y en la reafirmación de un cambio posible e inclusivo hacia un modelo liberal en un país que enfrenta grandes desafíos políticos, sociales y económicos. En ese contexto, debe primar la defensa de la libertad como valor primigenio de la democracia y en armonía entre el fortalecimiento institucional y el crecimiento económico que beneficie a todos los estratos a sociedad ecuatoriana. El gobierno de Guillermo Lasso tendrá grandes desafíos cuyos resultados podrán ser la ratificación de la necesidad de construir sociedades abiertas y libres, inclusivas y en igualdad de oportunidades, en una de las regiones donde el discurso y el mensaje liberal tienen grandes escollos.

Bitcoin, estado y propiedad

El profesor Miguel Anxo Bastos suele recordarnos a menudo que en los Estados actuales la propiedad privada no existe, que somos meros usufructuarios de los bienes porque es el político de turno quien decide unilateralmente que parte de nuestros bienes se apropia vía impuestos.

Partiendo de esta premisa, creo que no cabría calificar al Estado como ladrón, ni tampoco los impuestos como un robo. Porque si como dice el profesor Bastos todos los bienes económicos son suyos y nosotros somos usufructuarios, no puede haber robo si de lo que se está apropiando ya era suyo desde un principio. 

Un posible enfoque más realista de todo este asunto, y que quizá no guste a muchos liberales, es que sencillamente delegamos voluntariamente nuestra seguridad en el Estado. Que la solución más eficaz para resolver el problema de seguridad es a través de una entidad que tenga el monopolio de la violencia y de las leyes. De esta manera, nos protegemos contra los ladrones a cambio de ceder nuestra propiedad al Estado. Preferimos ceder al Estado una parte de nuestra propiedad a cambio de seguridad. 

Por otro lado, los bienes económicos tienen el apellido “económicos” porque son escasos además de útiles. Los bienes a secas, como el aire que respiramos, son útiles pero no escasos.  Aquello que no es escaso no tiene ningún sentido poseerlo, pues poseer implica un coste de almacenamiento y de seguridad. ¿Para qué soportar el coste de almacenar y vigilar algo que tienes disponible en cantidades ilimitadas? No tiene sentido.

Los bienes económicos son escasos por definición, por tanto sí que tiene todo el sentido del mundo poseerlos siempre que el coste de poseerlos nos salga a cuenta. El concepto de propiedad está además íntimamente ligado al intercambio. Tanto al intercambio entre personas, pues no es otra cosa que transferir la propiedad de una persona a otra, como el intercambio con nuestro “yo futuro”, es decir los intercambios en el tiempo o intertemporales. 

Hay un tipo de bienes económicos donde la propiedad cobra mucho más protagonismo si cabe, y estos son aquellos bienes cuya utilidad principal o única es ser medio de intercambio indirecto. En el intercambio indirecto, la palabra “intercambio” tiene todo que ver con la transmisión de la propiedad, y la palabra “indirecto” tiene todo que ver con poseer entre un intercambio y el siguiente, es decir, poseer en el tiempo.

Por tanto, para que estos bienes sean útiles como medios de intercambio deben ser como mínimo eficaces en la gestión y conservación de la propiedad, y si además son eficientes, pues mejor que mejor. Es decir, estos bienes deben hacer las veces de registros de la propiedad eficaces y eficientes.

El dinero entra dentro de este tipo de bienes, pero no es el único.  Hay muchos otros bienes que proporcionan esta función total o parcialmente.  Por ejemplo, los activos financieros como los bonos o las acciones, el oro, los inmuebles, etc. 

Pero todos estos bienes son o bien tangibles (oro físico) o bien contractuales (un bono es un contrato de préstamo), y para que funcionen de manera eficaz como registros de la propiedad tienen una enorme dependencia del Estado, pues como ya hemos explicado más arriba delegamos nuestra seguridad en los Estados, y esto incluye la seguridad en la propiedad de los bienes.  

Desde la invención del telégrafo, los bienes tangibles son poco eficientes como registro de la propiedad, necesitan convertirse en contratos o “digitalizarse”, como se dice ahora, para que puedan transmitirse de manera eficiente.  Con lo cual podemos decir que hasta hoy incluso los bienes tangibles son contratos de facto. Y en el mundo contractual la influencia del Estado es muchísimo mayor que en el mundo físico, pues el Estado tiene las leyes secuestradas.

Es mucho más barato hacer uso del BOE en el mundo contractual, que hacer uso del monopolio de la violencia en el mundo físico. Si bien lo segundo es necesario para lo primero, hacer uso de la violencia suele ser lógicamente el último recurso, pues es caro no solo políticamente, sino también económicamente por el despliegue de medios físicos y humanos que hay que llevar a cabo (cárceles, policías, etc).

En este análisis he propuesto, por un lado, caracterizar los medios de intercambio como aquellos que son buenos registros de la propiedad, y por otro lado, que hemos delegado en el Estado la seguridad de nuestra propiedad. 

¿Qué papel juega Bitcoin en todo esto? Pues Bitcoin parece ser un excelente registro de la propiedad. Fue diseñado para ser seguro incluso sin recurrir a ningún contrato o ley. Muy parecido al oro físico pero con la ventaja de ser mucho más barato de transmitir sin la necesidad de formalizar contratos de crédito o custodia con ningún tercero. Bitcoin tampoco tiene el coste de que tu parte del pastel se diluya un 2% al año.

Sin embargo, Bitcoin no puede prescindir totalmente de la seguridad que proporciona el Estado, pues nada evita que un desalmado entre en tu casa y amenace tu integridad física si no le das tus claves. Aunque este riesgo, al ser Bitcoin programable, puede minimizarse planificando la disponibilidad de tus Bitcoin en el tiempo, de manera que ciertas cantidades no se puedan gastar hasta que transcurra determinado tiempo, ni aun teniendo todas las claves.  Esto haría que Bitcoin fuera muy poco atractiva para los amigos de lo ajeno.

En definitiva, al tener una considerable menor dependencia del Estado, es posible que Bitcoin sea esa introducción astuta de la que nos hablaba Hayek, y no sólo en el sentido de “quitárselo de las manos”, sino también en el sentido de tener una necesidad mucho menor de cederlo voluntariamente.

No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.

F.A. Hayek, 1984

Pasaporte de vacunas, tiranía por tu bien

“De todas las tiranías, una tiranía ejercida sinceramente por el bien de sus víctimas puede ser la más opresiva. Sería mejor vivir bajo barones ladrones que bajo omnipotentes entrometidos morales. La crueldad del barón ladrón puede a veces dormir, su avidez puede en algún momento ser saciada; pero los que nos atormentan por nuestro propio bien nos atormentarán sin fin, pues lo hacen con la aprobación de su propia conciencia.” -C.S.Lewis

Hay una nueva medida despótica justificada en la defensa contra el coronavirus que ya lleva tiempo gestándose, tanto en España como fuera: el pasaporte de vacunación o cartilla Covid. Cuando fue propuesta por Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, este verano, la medida recibió un gran número de críticas. Ahora que lo propone la Unión Europea, el gobierno parece apoyar la medida cuando fue una de las voces condenatorias de la propuesta de Díaz Ayuso. Curiosamente, algo similar ha sucedido con la compra de la vacuna Sputnik. En España se ha visto durante toda la pandemia que cualquier medida tomada por el gobierno será alabada por los medios de comunicación, sea esa una y su contraria al día siguiente, y aceptada sin apenas queja ni oposición.

Estimo que esto es realmente triste y que debería cambiar. El pueblo español y europeo debería empezar a emular al estadounidense en su desconfianza hacia el gobierno y oponer cierta resistencia a mandatos tiránicos como sería un pasaporte de vacunación. En Estados Unidos también se está hablando de la imposición de un pasaporte de vacunación, pero allí las voces disidentes ya se han empezado a alzar, empezando por secciones del Libertarian Party como la de Kentucky. El primero en tomar medida ha sido el gobernador de la Florida, Ron DeSantis, quien ha prohibido a las empresas solicitar un pasaporte de vacunación a sus trabajadores y clientes.

Tampoco estoy a favor de esta regulación. Creo que el estado debería desaparecer, pero a falta de algo mejor, al menos entrometerse lo menos posible en el quehacer de las empresas. No obstante, puestos a elegir, prefiero ver a las empresas prohibiéndoseles requerir la cartilla que forzándoles a hacerlo. En EE. UU. el gobierno está reuniéndose con empresas para desarrollar la aplicación, que consistiría en un registro digital de toda la información médica y ubicación en todo momento para poder entrar a tiendas, desplazarse, asistir a eventos y cualquier otra prohibición que se les ocurra. (Irónicamente es el mismo gobierno que se opone a requerir un documento de identificación para votar porque es racista, pero esto se supone que es completamente normal). Es una herramienta de espionaje que recuerda fácilmente al sistema de crédito chino, según el cual podrás contratar unos servicios o comprar unos bienes si tienes un buen crédito. Motivos para ver tu crédito reducido es hablar mal del Partido Comunista Chino. Al establecimiento con el que intentes comerciar le dará igual si tú has hablado mal o no del PCC, pero lo que buscan es su favor y, por tanto, no descontentarlos. Si eso incluye prohibir la entrada a quienes el PCC indique, así será.

En España o en EE. UU. nunca se ha pedido un pasaporte de vacunas a los ciudadanos para disfrutar de bienes o servicios. A más de un año de las ‘‘dos semanas para aplanar la curva’’—las dos semanas más largas de la vida de muchos—, no hemos visto empresas pidiéndolo porque no lo verían necesario. Lo que antes era motivo de teorías conspiranoicas, ahora cada vez se acerca más a una realidad a la que deberíamos enfrentarnos. Esta aplicación o cualquier tipo de aplicación similar, solo servirá para que el gobierno nos tenga aún más controlados, para olvidarnos de cualquier privacidad con respecto a nuestros datos médicos y, lo que es peor, una monitorización constante de nuestra ubicación por nuestro bien.

Este nuevo tipo de autoritarismo con corte chino, ya se ha impuesto en Israel y Nueva York, donde ya se tiene que demostrar que tienes un derecho de estar en público. En Israel se tiene que ir con una pulsera. En Israel los ciudadanos son marcados según si tienen derechos o no, según si pueden participar en la sociedad o no. Este sistema una vez en marcha crea una sociedad de castas, una donde una cierta parte de la población tiene derechos y otra no. Y esto no será el final de las políticas autoritarias. Se nos venderá como el único remedio para volver a la normalidad, pero luego aparecerá otra excusa para robarnos más libertad aún. Unos ciudadanos, los que el estado dicte, podrán disfrutar de unos bienes y servicios, los que el estado dicte. Y todo esto justificadamente. Stalin solo podría haber soñado con este poder.

Los políticos nos despojan de nuestras libertades paulatinamente, aumentando cada más la temperatura del agua hasta que hierva y así, como la rana, no saltemos. ¿Pero por qué deberíamos aceptar esta nueva medida? Si la vacuna funciona, entonces quien ya la tiene está a salvo y le debería de dar igual si yo me niego a que me la suministren. Si alguien dijese que es porque hay grupos de riesgo que pueden verse afectados por la vacuna, entonces si la vacuna no es 100% segura, o tiene un nivel de peligro superior al recomendado para otros individuos, ¿por qué me la tienen que inyectar a mí? ¿No puedo decidir yo también que no me fio del nivel de seguridad y que preferiría no vacunarme? Parece ser que no.

Antes de adscribirle cualquier intención a aquellos a cargo del estado, podemos realizar un ejercicio de ingeniería inversa y pensar dónde entra esta política. Esta medida en qué escenario con qué visión encaja mejor, ¿con la del estado como ente parasitario que busca terminar con nuestras libertades y poder mandarnos en cada acción o el estado como ente benefactor que buscar nuestro bien y darnos la mayor libertad posible para seguir nuestros deseos? Sin duda, el Estado como ente agresor. Encaja perfectamente dentro de los deseos del estado agresor, una nueva herramienta para poder encerrarnos en casa, acceder a los bienes y servicios que te permitan y controlar nuestro historial médico. Ninguna posible ventaja de este sistema supera a todo lo que perdemos por él.

El momento para impedir el pasaporte de vacunas es ahora. Lo aceptaremos porque lo decide el PSOE, pero si por ejemplo esta medida nos viniese impuesta porque un país como Rusia nos ha invadido y dictaminado que no podemos salir de nuestras casas salvo con la autorización del gobierno de Putin, nos rebelaríamos. Es uno de los problemas de la democracia, que puede legitimar cualquier atrocidad. Si no nos oponemos, se quedará para siempre. Aún después del Covid—si algún día nos cansamos de tragar con esta justificación para perder nuestras libertades—el gobierno no cederá tan fácilmente una herramienta como esta. Cuando sea ley y se forme una burocracia alrededor de la imposición de esta, será casi imposible de eliminar. Toda medida temporal termina siendo perpetua. Como decía Milton Friedman, ‘‘No hay nada más permanente que una medida temporal del gobierno’’.