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Mejor aún que “menos Marx”: menos lectura de la Constitución

La principal implicación de la ciencia puede entenderse como el tránsito del prejuicio al juicio informado y racional en la producción de conocimiento. Esperamos, con razón, que los hallazgos científicos estén desprovistos de los prejuicios y valoraciones subjetivas de quienes los producen. Sin embargo, es posible identificar juicios de valor que influyen en ciertos resultados, y en esos casos, tales resultados no constituyen hallazgos científicos propiamente dichos, sino, como mínimo, contribuciones a una discusión en curso, o sugerencias para futuras investigaciones.

La ética del enunciado científico

Esto no implica una desconexión absoluta entre ética y ciencia. La actividad científica es, en sí misma, una acción y por ende está sujeta a valoraciones. Mientras los hallazgos deben estar libres de sesgos valorativos, la elección de los problemas a investigar y los métodos empleados están inevitablemente influenciados por juicios de valor. Por ejemplo, un economista pietista podría sentirse incómodo ante la propuesta de un neurobiólogo de visitar un burdel para estudiar la relación causal entre niveles de dopamina y la propensión marginal al consumo de tecno ruso. Más allá de estos casos anecdóticos, la actividad científica está estrechamente vinculada a la ética: al transmitir conocimientos, propios o ajenos, lo hacemos con la convicción de que la ciencia posee un valor superior frente a afirmaciones arbitrarias de astrólogos o políticos de turno.

En nuestras clases, la transmisión del conocimiento científico parte de un juicio de valor fundamental: es mejor ser racional que no serlo. Este juicio es el hecho más indudable de todos los hechos. Cada vez que presentamos argumentos a nuestros estudiantes, apelamos a su capacidad racional y a la premisa de que es preferible convencerse por la evidencia y la lógica que rechazarlas a cambio de una vida cómoda y pacífica en la ignorancia. Todo acto de enseñanza científica parte, en última instancia, de la valoración moral de que es superior superar la ignorancia que permanecer en ella.

La lectura marxista

Estas reflexiones surgieron tras la queja de Jerome, con quien comparto un férreo vínculo por el amor a la libertad, sobre la imposición en colegios y universidades de la lectura de autores socialistas, en especial Karl Marx. Jerome, un columnista, expresaba su incomprensión ante lo que considera un intento de lavar la cara a Marx, cuyas ideas, según ella, siempre que se han aplicado, solo han condenado a las personas a la miseria. Son, por ende, ideas empobrecedoras.

Aunque coincido con Jerome en los efectos empobrecedores del socialismo marxista, prefiero conceder el beneficio de la duda a aquellos profesores. Como uno de ellos, parto de la presunción de que la selección de lecturas responde a la honestidad intelectual y no a un intento de maquillar el cadáver de Marx. Muchos de mis colegas encarnan esa honestidad, y el mismo cargo podría formularse contra mí -y contra varios de mis colegas- por incluir a autores como von Mises, von Hayek, Sowell, Rothbard, Kirzner o Huerta de Soto en el plan de lectura de mis clases.

Presuponiendo esa honestidad intelectual, cabe suponer que dichos profesores buscan persuadir a sus estudiantes presentando los argumentos de Marx con convicción genuina. Exponen su visión del mercado como un sistema en desequilibrio constante, dominado por la anarquía en la producción y la explotación laboral, cuya solución radicaría en la planificación central, suprimiendo la propiedad privada y asignando los recursos mediante mandatos coactivos. Estas proposiciones, sustentadas en Marx, son juicios de valor sobre las relaciones sociales y los sistemas de propiedad que distribuyen el control sobre recursos escasos. Para esos profesores, tales nociones explican mejor ciertos fenómenos que otras corrientes de pensamiento.

Por otro lado, no existe obligación legal en Colombia de leer a Marx ni colegios o universidades. La elección de cursar determinadas asignaturas es, en el fondo, voluntaria. Los estudiantes pueden abandonar una clase, evitar inscribirse en materias donde se estudie a Marx o incluso elegir su institución educativa considerando esas preferencias. Leer a Marx puede ser útil, pero no es imperativo; hasta donde sé, a nadie lo obligan con un revólver a hacerlo.

Dicho esto, ¿es importante leer y entender a Marx? Sin duda. La universidad puede ofrecer esa oportunidad, pues, ¿cómo refutar sus argumentos, identificar sus errores teóricos o reconocer sus falsos dilemas sin conocer su obra? Ludwig von Mises solo pudo demostrar lo impracticable del socialismo tras adentrarse en los escritos marxistas y evidenciar que la abolición de la propiedad privada impide el cálculo económico racional, conduciendo inevitablemente al despilfarro. Del mismo modo, Juan Ramón Rallo no habría escrito Contra Marx sin haberlo leído, y Jesús Huerta de Soto difícilmente habría edificado su teoría de eficiencia dinámica sin ese conocimiento previo.

Así, la lectura de Marx, asumida como un acto de honestidad intelectual por parte de los profesores, debe entenderse como el primer paso en un diálogo necesario. Solo mediante ese intercambio es posible demostrar que la planificación central es, en efecto, un error intelectual; y que, como resultado de ese error, resultan en una incapacidad de superar el estado natural de pobresa de los hombres.

El revolver detrás de la lectura de la constitución

Si bien la lectura de Marx es voluntaria y, de hecho, necesaria, la crítica debería dirigirse hacia otro texto de lectura obligatoria en Colombia: la Constitución de 1991. Ese documento impone, sin opción de discusión, la idea marxista de la planificación central aplicada al funcionamiento de la sociedad. Quizás ahí radica la verdadera imposición ideológica que deberíamos cuestionar. Este, y no la lectura de El Capital en clase, es el verdadero peligro que merece mayor atención.

En el caso de la enseñanza de la Constitución, no hay escapatoria. Donde haya un colegio, una universidad o cualquier institución educativa, sin importar si es pública o privada, este mandato es ineludible. A diferencia de la lectura de Marx, que un estudiante universitario, con algo de creatividad, puede evitar navegando entre cursos y profesores, la enseñanza de la Constitución no permite tal margen de maniobra. No importa cuántas veces se cambie de universidad o colegio, con la misma certeza con la que moriremos y pagaremos impuestos, los estudiantes habrán pasado por un curso de apología a la Constitución colombiana de 1991, un documento que, al parecer, partió la historia del país en dos con la misma contundencia con la que la historia de Occidente se divide en antes y después de Cristo.

No son una, ni dos, ni tres, sino cuatro las normas legales que obligan a la enseñanza y promoción de la Constitución en Colombia: el Artículo 41 de la Constitución de 1991, que exige su estudio en todas las instituciones educativas; la Ley 115 de 1994 (Ley General de Educación), que establece la formación en el respeto a la Constitución y la democracia; la Ley 107 de 1994, que crea la Cátedra de Constitución Política y Democracia en todos los niveles educativos; y la Ley 1732 de 2014 y el Decreto 1038 de 2015, que refuerzan estos principios mediante la Cátedra de la Paz, promoviendo el aprendizaje de los derechos fundamentales y la convivencia democrática.

No se trata de una enseñanza crítica de la Constitución, que es lo que yo haría. Yo la enseñaría cumpliendo la ley, pero bajo la revisión más crítica posible de cada uno de sus artículos. Sin embargo, aquí lo que se impone no es solo su enseñanza, sino su promoción, como si se tratara del hotel que acabamos de inaugurar.

La constitución, la verdadera lectura de una idea empobrecedora

Dentro de lo que debe promoverse se encuentran elementos claramente orientados a la planificación central. De nuevo, aunque no es obligatorio leer a Marx, sí lo es inculcar la creencia de que la planificación central es superior a la coordinación del mercado libre, una idea empobrecedora tanto teórica como empíricamente, pues dondequiera que se ha implementado, en su versión original o derivada, nunca ha conducido a la prosperidad general.

El mandato de garantizar progresivamente estos derechos implica ampliar constantemente su cobertura, lo que exige que el Estado asuma más funciones, financiadas con mayores impuestos y una creciente expropiación de recursos. Esto supone una progresiva prohibición de la propiedad privada sobre los factores de producción, en favor de su socialización y planificación central. En esencia, es la concreción del proyecto socialista, basado en la creencia en la superioridad del Estado sobre el mercado, pese a su incapacidad para calcular económicamente, lo que lo condena al desperdicio de recursos.

¡Esto sí es adoctrinamiento forzoso! Y peor aún: desde los primeros grados de escolarización hasta la universidad, con el claro propósito de arraigar la creencia en la superioridad del socialismo, una idea que solo ha servido para enriquecer a los gobernantes que la promueven.

Matar o morir: la imposición cultural en contra del fundamentalismo islamista

La comunidad judía del mundo está destrozada: los terroristas de Hamás han entregado en una ceremonia bárbara cuatro cadáveres; entre ellos los cuerpos sin vida de Ariel y Kfir, un niño de cuatro años y un bebé de nueve meses que fueron secuestrados junto a sus padres por terroristas palestinos en los atentados del 7 de octubre de 2023. El Ejército de Israel confirma que estas dos criaturas fueron brutalmente asesinadas a sangre fría por estos inhumanos “con sus propias manos”.

En la ceremonia de entrega de cadáveres, el júbilo imperaba en la muchedumbre palestina. Los padres con sus bebés en brazos celebraban, los niños palestinos celebraban la muerte de sus enemigos.  

Los libertarios tenemos como regla fundamental el principio de no agresión. Naturalmente, consideramos al monopolista del uso de la coacción: el Estado, como la principal amenaza para la libertad individual. Quizá de modo ingenuo muchos en nuestras filas, empezando por Murray N. Rothbard, han abordado la problemática del terrorismo y de la invasión cultural del fundamentalismo islamista a Occidente desde una óptica racionalista, donde el culpable principal es el Imperio que ha buscado despojar a los nativos de su propiedad e imponer sobre ellos su cultura; y como respuesta, estos pueblos salvajes han reaccionado utilizando el terrorismo como medio para su defensa. Se ha llegado a la conclusión de que casi bastaría con la extinción de los estados para que imperara en el ámbito global una convivencia pacífica basada en el respeto de la vida, la libertad y la propiedad privada.

El problema del marco de la filosofía moral de Rothbard para comprender esta problemática compleja es que su uso parte de supuestos de racionalidad alineados con los valores morales de una civilización en particular: la Civilización Judeocristiana. Una civilización donde se presupone que la vida es deseable y que la muerte debe ser evitada, que la libertad de pensamiento es un derecho, que los individuos deben gozar de igualdad ante la ley, que el derecho natural debe ser defendido; en fin, una serie de supuestos que han sido la causa del florecimiento de esta civilización, que a su vez pueden ser comprendidos desde una óptica racionalista, y que, sin embargo, no se encuentran contenidos en la totalidad de las culturas, a pesar de los procesos de globalización que caracterizan a nuestros tiempos.

Es ingenuo alegar que el terrorismo es un problema de índole racional que pueda ser resuelto por la vía de la negociación, del diálogo o de la renuncia material. El fundamentalismo islamista es la ideología que enfrenta a la Civilización Occidental con los apologistas de la barbarie, al valor de la vida con las ansias de la muerte, a la tolerancia con la intolerancia y a lo moral con lo inmoral.

Gaza, así como algunas teocracias fundamentalistas y organizaciones islamistas paraestatales, ha demostrado ser un nido de terrorismo sin intención de integrarse al progreso de la civilización. Siendo esta una sociedad que demuestra incapacidad para contener las agresiones hacia otra sociedad, esta otra, valiéndose de su derecho a la autodefensa, debe tener permitido invadir a la agresora e imponer sus valores: destruir una ideología agresora antes que esta la destruya.

Por más que esto parezca dinamitar los cimientos ideológicos del libertarismo, hoy más que nunca los libertarios debemos preguntarnos si llegó la hora de dejar de tolerar cualquier ideología cuya prevalencia suponga la desaparición de nuestros valores. Cualquier ideología que venere la muerte, la esclavitud, la socialización de los medios de producción, es para nosotros inherentemente inmoral, y el actuar moral debe ser destruirla.

Las victimizaciones de los salvajes y la culpabilización indefectible del Tío Sam deben quedar para el análisis histórico de otros episodios. Quizá llegó el momento de que nuestros intelectuales discutan opciones afines a nuestros ideales para imponer mediante la fuerza nuestros valores a quienes nos intentan destruir, tanto desde otras latitudes como dentro de nuestras fronteras. No podemos combatir explosivos con libros y pancartas. Debemos reprimir ideologías que enseñan a reprimir, debemos ser intolerantes con quienes no toleran nuestra libertad. Debemos matar una ideología, si es que no queremos regresar a la barbarie.  

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Title (Español)

Title (English)  

Nombre Apellido 1,*, Nombre Apellido 2 and Nombre Apellido 2

Resumen: Un solo párrafo de unas 150 palabras como máximo. Para artículos de investigación, los resúmenes deben dar una visión general pertinente del trabajo. Recomendamos encarecidamente a los autores que utilicen el siguiente estilo de resúmenes estructurados, pero sin encabezados: (1) Antecedentes: coloque la pregunta abordada en un contexto amplio y resalte el propósito del estudio; (2) Métodos: describir brevemente los principales métodos o tratamientos aplicados; (3) Resultados: resume los principales hallazgos del artículo; (4) Conclusiones: indicar las principales conclusiones o interpretaciones. El resumen debe ser una representación objetiva del artículo y no debe contener resultados que no estén presentados y fundamentados en el texto principal y no debe exagerar las conclusiones principales.

Palabras clave: palabra clave 1; palabra clave 2; palabra clave 3 (Enumere de dos a cinco palabras clave pertinentes específicas del artículo pero razonablemente comunes dentro de la disciplina del tema).

Clasificación JEL: palabra clave 1; palabra clave 2; palabra clave 3 (Enumere de dos a cinco palabras clave pertinentes específicas del artículo pero razonablemente comunes dentro de la disciplina del tema).

Abstract: A single paragraph of about 150 words maximum. For research articles, abstracts should give a pertinent overview of the work. We strongly encourage authors to use the following style of structured abstracts, but without headings: (1) Background: Place the question addressed in a broad context and highlight the purpose of the study; (2) Methods: briefly describe the main methods or treatments applied; (3) Results: summarize the article’s main findings; (4) Conclusions: indicate the main conclusions or interpretations. The abstract should be an objective representation of the article, and it must not contain results that are not presented and substantiated in the main text and should not exaggerate the main conclusions.

Keywords: keyword 1; keyword 2; keyword 3 (List two to five pertinent keywords specific to the article yet reasonably common within the subject discipline.)

JEL classification: keyword 1; keyword 2; keyword 3 (List two to five pertinent keywords specific to the article yet reasonably common within the subject discipline.) 

1. Introducción

La introducción debe colocar brevemente el estudio en un contexto más amplio y resaltar su importancia. Sería mejor si definieras el propósito del trabajo y su significado. Se debe revisar cuidadosamente el estado actual del campo de investigación y se deben citar las publicaciones críticas. Resaltar hipótesis controvertidas y divergentes cuando sea necesario.[1]

Finalmente, mencionar brevemente el objetivo principal del trabajo y resaltar las principales conclusiones. En la medida de lo posible, mantenga la introducción comprensible para los científicos fuera de su campo particular de investigación.

Las referencias deben escribirse de la siguiente manera: (Mises, 1940), (Mises, 1949a, b); (Mises, 1940, p. 479), (Mises, 1940, pp. 479-482), (Mises & Hayek, 1935, p. 200), (Mises et al., 1949), (Mises, 1949; Kirzner, 1973; Hayek, 1988). Consulte las “Pautas de Envío” para obtener más detalles.

2. Marco Teórico y Metodología

El Marco Teórico y la Metodología deben describirse con suficiente detalle para permitir que otros repliquen y se basen en los resultados publicados.

El autor o autores pueden cambiar los nombres de los apartados, añadiendo otros nuevos o eliminando los que estimen innecesarios —por ejemplo, Revisión de Literatura, Materiales y Métodos, etc.

Tenga en cuenta que la publicación de su manuscrito implica que debe poner a disposición de los lectores todos los materiales, datos, códigos informáticos y protocolos asociados con la publicación. Indique cualquier restricción sobre la disponibilidad de materiales o información en la etapa de envío.

Los nuevos métodos y protocolos deben describirse en detalle, mientras que los métodos bien establecidos pueden describirse brevemente y citarse adecuadamente.

3. Resultados

Esta sección puede dividirse en subtítulos.

Debe proporcionar una descripción concisa y precisa de los resultados experimentales, su interpretación y las conclusiones experimentales que se pueden extraer.

3.1. Subsección

3.1.1. Subsubsección

Las listas con viñetas se ven así:

  • Primera viñeta;
  • Segunda viñeta;
  • Tercera viñeta.

Las listas numeradas se pueden agregar de la siguiente manera:

  1. Primer ítem;
  2. Segundo ítem;
  3. Tercer ítem.

El texto continúa aquí.

3.2. Figuras, Tablas y Esquemas

Todas las figuras y tablas deben citarse en el texto principal como Figura 1, Tabla 1, etc.

Figura 1. Esta es una figura. Los esquemas siguen el mismo formato.

Tabla 1. Esto es una mesa. Las tablas deben colocarse en el texto principal cerca de la primera vez que se citan.

Título 1Título 2Título 3
entrada 1datodato
entrada 2datodato 1

1 Las tablas pueden tener un pie de página.

El texto continúa aquí (Figura 2 y Tabla 2).

(a)(b)

Figura 2. Esta es una figura. Los esquemas siguen otro formato. Si hay varios paneles, deben enumerarse como: (a) Descripción de lo que contiene el primer panel; (b) Descripción del contenido del segundo panel. Las figuras deben colocarse en el texto principal cerca de la primera vez que se citan. Un título en una sola línea debe estar centrado.

Tabla 2. Esto es una mesa. Las tablas deben colocarse en el texto principal cerca de la primera vez que se citan.

Título 1Título 2Título 3Título 4
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* Las tablas pueden tener un pie de página.

3.3. Formato de Componentes Matemáticos

Este es el ejemplo 1 de una ecuación:

a = 1,(1)

El texto que sigue a una ecuación no necesita ser un nuevo párrafo. Por favor, puntúe las ecuaciones como texto normal.

Este es el ejemplo 2 de una ecuación:

a = b + c + d + e + f + g + h + i + j + k + l + m + n + o + p + q + r + s + t + u + v + w + x + y + z(2)

El texto que sigue a una ecuación no necesita ser un nuevo párrafo. Por favor, puntúe las ecuaciones como texto normal.

Los entornos de tipo teorema (incluyendo proposiciones, lemas, corolarios, etc.) se pueden formatear de la siguiente manera:

Teorema 1. Ejemplo de texto de un teorema. Los teoremas, proposiciones, lemas, etc. deben numerarse secuencialmente (es decir, la Proposición 2 sigue al Teorema 1). Los ejemplos o comentarios usan el mismo formato, pero deben numerarse por separado, por lo que un documento puede contener el Teorema 1, el Comentario 1 y el Ejemplo 1.

El texto continúa aquí. Las pruebas deben formatearse de la siguiente manera:

Prueba del Teorema 1. Texto de la prueba. Tenga en cuenta que la frase “del teorema 1” es opcional si está claro a qué teorema se hace referencia. Siempre termine una prueba con el siguiente símbolo. □

El texto continúa aquí.

4. Discusión y Propuestas  

Los autores deben discutir los resultados y cómo se pueden interpretar desde la perspectiva de estudios previos y de las hipótesis de trabajo.

Los hallazgos y sus implicaciones deben discutirse en el contexto más amplio posible. También se pueden destacar las direcciones de investigación futuras.

5. Conclusiones

Esta sección es obligatoria.

Los autores deben explicar los métodos y la investigación del artículo y las nuevas vías de investigación.

6. Patentes

Esta sección no es obligatoria, pero se puede agregar si las patentes resultan del trabajo informado en este manuscrito.

Agradecimientos: En esta sección, puede agradecer cualquier apoyo brindado que no esté cubierto por las secciones de contribución o financiamiento del autor. Esto puede incluir apoyo administrativo y técnico, o donaciones en especie (por ejemplo, materiales utilizados para experimentos).

Conflictos de interés: Declarar conflictos de interés o indicar: “Los autores declaran no tener conflicto de interés”. Los autores deben identificar y declarar cualquier circunstancia o interés personal que pueda percibirse como una influencia inapropiada en la representación o interpretación de los resultados de investigación informados. Cualquier papel de los financiadores en el diseño del estudio; en la recopilación, análisis o interpretación de datos; en la redacción del manuscrito; o en la decisión de publicar los resultados deberá declararse en este apartado. Si no hay ningún papel, indique: “Los financiadores no tuvieron ningún papel en el diseño del estudio; en la recopilación, análisis o interpretación de datos; en la redacción del manuscrito; o en la decisión de publicar los resultados”.

Apéndice A

El apéndice es una sección opcional que puede contener detalles y datos complementarios al texto principal, por ejemplo, explicaciones de detalles experimentales que interrumpirían el flujo del texto principal pero que siguen siendo cruciales para comprender y reproducir la investigación que se muestra; Las cifras de réplicas para experimentos de los cuales se muestran datos representativos en el texto principal se pueden agregar aquí si son breves o como datos complementarios.  

Las demostraciones matemáticas de los resultados que no sean fundamentales para el artículo se pueden agregar como apéndice.

Apéndice B

Todas las secciones del apéndice deben citarse en el texto principal.

En los apéndices, las Figuras, Tablas, etc. deben etiquetarse comenzando con “A”; por ejemplo, Figura A1, Figura A2, etc.

Referencias

  • Hayek, F.A. (1945). The use of knowledge in society. American Economic Review, 35(4), 519-530.
  • Espinosa, V. I., Wang, W. H., & Zhu, H. (2020). Israel Kirzner on dynamic efficiency and economic development. Procesos de Mercado, 17(2), 283-310.
  • Huerta de Soto, J. (2006). Money, bank credit, and economic cycles. Auburn: Ludwig von Mises Institute.
  • Hayek, F.A. (1935 [1995]). Edwin Cannan. In B. Caldwell (Ed.), The collected works of F.A. Hayek, volume 9: Contra Keynes and Cambridge: Essays, Correspondence (pp. 64–73). Indianapolis: Liberty Fund.
  • Author 1, A.B. & Author 2, C. (year). Title of the unpublished work. Name of the journal year, a phrase indicating the publication stage (submitted; accepted; in press).
  • Author 1, A.B. (University, City, State, Country), & Author 2, C. (Institute, City, State, Country). (year). Title of the writing. Personal communication.
  • Author 1, A.B., Author 2, C.D., & Author 3, E.F. (year). Title of presentation. In Name of the Conference, Place of the Conference, Country, Date of the Conference (Day Month Year).
  • Author 1, A.B. Thesis title. Thesis level, degree-granting university, university location, completion date.
  • Freedom and Development. (2022). The Impact of the Tax Reform on Investment and the Risk for Fiscal Discipline. Available online: https://lyd.org/wp-content/uploads/2022/07/TP-1551-REFORMA-TRIBUTARIA.pdf (accessed Moth Day, Year).
Cuadro de texto: How to cite this article: Author 1, A.B., & Author 2, C.D. (Year). Title of the article. Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política, Volume (Issue), page range. https://doi.org/

[1] Los autores pueden añadir pie de páginas siguiendo este formato.

La economía a través del tiempo (XXIV): Homero y la visión negativa del comercio

Los griegos antiguos, al menos en tiempos de Homero, no tenían una visión muy positiva del comercio. Quizás, esto no se debía tanto al simple hecho de comerciar, sino a una rivalidad con los fenicios que generaba una serie de prejuicios. En ese sentido, Aubet (2003, 95) contrapone dos tipos de comercio: el aristocrático y el profesional. Así, los griegos se habrían adscrito al primero y los fenicios se habrían asociado al segundo. Es decir, el pueblo heleno se oponía al “comercio que busca provecho y ganancias a expensas de otros por medio de la manipulación y el regateo” (p. 95).

De hecho, este sentimiento hostil queda reflejado en la propia Odisea de Homero (2000). Ser comerciante se emplea como insulto, algo cercano a ser deshonroso:

En verdad, forastero, sospecho que no eres un hombre instruido en los juegos, que tanto los hombres conocen, pero sí quien su vida ha pasado en su nave bancada: un patrón de marinos que va traficando y se cuida de la carga, y vigila las cosas que lleva y su lucro de pirata; pues no tienes traza de atleta (p. 118).

Aversión al comercio

Esta intervención la hace Euríalo dirigiéndose a Odiseo (o Ulises). En ella, muestra su desconfianza insinuando que quien tiene delante, más que parecer una persona de fiar, parece ser alguien que se encarga de surcar los mares buscando el lucro. Es más, lo contrapone con tener traza de atleta, pues esto sí que se veía como un oficio virtuoso: “Un desprestigio que continuará en período clásico al ser considerado el comercio como una actividad que no desarrollaba la excelencia, contrariamente a lo que sucedía con la guerra o el atletismo” (Zecchin de Fasano, 2019, 61).

No obstante, otros autores (Aubet, 2003) dan más razones para entender la aversión de esta época al comercio. La oposición no sería a todo tipo de intercambio, sino a ese comercio profesional que se contrapone al aristocrático, el practicado en territorio heleno:

La antipatía de los griegos hacia los fenicios, es decir, hacia el comercio profesional, obedece sobre todo a su aversión hacia un tipo de comercio que amenaza las bases del control aristocrático sobre la producción local de excedente destinado al intercambio y mina el sistema de alianzas políticas basado en las relaciones de hospitalidad y de intercambio dentro de un sistema cerrado y autosuficiente (p.95).

Ojo con los fenicios

Es decir, un comercio centrado en el excedente no estaba mal visto en la Antigua Grecia. Se condenaba la actividad comercial si se desarrollaba como actividad principal. Si el oficio se basaba, mayoritariamente, en obtener un beneficio a través del intercambio, los griegos lo equiparaban a la piratería. Si, en cambio, uno aprovechaba el excedente de su producción y trataba de ganar dinero con lo que le sobraba, se veía como algo puramente legítimo.

En ese sentido, siguiendo las dos líneas anteriores, lo que provocaba la aversión era, por un lado, la asociación que se hacía de esos trabajos con actividades poco heroicas (en contraposición al atletismo o la guerra) y, por otro, al choque con las costumbres autárquicas que presentaban estas comunidades en tiempos de Homero.

De hecho, es habitual encontrar referencias a los fenicios en la Odisea en las que se les tacha de mentirosos y peligrosos (Zecchin de Fasano, 2019, 123). No obstante, cabe recordar que ni el comercio fenicio de aquella época, ni el profesional en general, estaban exentos de comportamientos cuestionables, como el lucro derivado del tráfico de esclavos (Zecchin de Fasano, 2019, 124). Con todo, no parece que los griegos se hayan sustentado, al menos como motivo principal, en esto para fundamentar su posición.

Bibliografía

Aubet, M. E. (2003). El comercio fenicio en Homero. Estudios de arqueología dedicados a la profesora Ana María Muñoz Amilibia. Murcia, 85-101

Homero (2000) Odisea. RBA

Zecchin de Fasano, G. C. (2019). Egipto, Fenicia, Creta: tres espacios-clave para el discurso etnográfico en Odisea. Hélade, 5(1), 115-130.

El fin de una época

La nueva presidencia de Donald Trump es un acontecimiento significativo en la historia de la democracia de Estados Unidos y un giro importante en el plano de las relaciones internacionales para los países que conforman el espacio Occidental y para aquellos que pretenden desplazarlo. En este enrevesado y desordenado momento en el que se encuentra la reconfiguración del orden global, más allá de las cercanías o antípodas ideológicas, cabe una verdad que no es baladí: con este hito se escenifica de manera más directa e indubitable el fin de una época.

La realidad supera a la ficción. El mundo basado en reglas, en un orden orientado a la democracia liberal, que decidió después del fin de la II Guerra Mundial ser la alternativa al trauma histórico y sus posteriores efectos, está en franco detrimento. Con Trump en la presidencia no solo Europa queda al margen como socio estratégico (Hispanoamérica siempre lo estuvo), el mundo en sí ha dejado de ser una prioridad, a excepción de China, que ya tiene hace tiempo sus inexpugnables redes desplegadas en todo el mundo y al que Estados Unidos observa como la única amenaza seria a sus intereses (la DeepSeek es el caso reciente más evidente de la nueva pugna en el plano de la innovación y la tecnología).

El hastío hacia las élites

Los conservadores en otras partes del mundo que piensan que esta situación –American way of life– beneficiará su agenda ideológica en términos globales. Se equivocan. Los estadounidenses que creen en los principios anti-woke a nivel doméstico pueden expresar con gratitud que este es, en definitiva, su momento. El resto del mundo mirará de palco.

Donald Trump es, en esencia, la representación corpórea de un hastío significativo con el establishment que desembocó en una suerte de crisis existencial de Estados Unidos como nación, es decir, como realidad nacional y faro mundial. Lo que muchos ciudadanos americanos vienen expresando desde hace tiempo en los medios de comunicación, las redes sociales y las urnas es su padecimiento y malestar con los efectos no deseados de la globalización. Síntoma que en mayor o menor medida es común a todos los países que componen lo que se puede denominar como ‘familia occidental’.

La minoría de edad histórica de los europeos

Los europeos han venido haciendo en estos últimos años un esfuerzo significativo por no enterarse. En una actitud propia, tanto de la infancia como de la senectud, pensaban que era la mejor manera de garantizar el que todo siguiera igual. Hacer como que ‘no pasaba nada’, intentando resolver por la fuerza su melancólico sentimiento de culpabilidad convertido en complejo, decidieron hace tiempo dar un paso al costado. Hoy no tienen ninguna capacidad de hacer frente a cualquier amenaza global por sí solos en términos políticos, sociales o económicos. Los fragmentados están más preocupados por resolver sus problemas internos –que no son pocos– que ellos mismos se encargaron de crear. En definitiva, Europa es por decisión propia un continente en decadencia.

Sin la intervención de Estados Unidos, el III Reich no hubiese sido derrotado y el mundo hoy seria otro. El Plan Marshall fue una iniciativa promovida por el país americano para la reconstrucción de Europa occidental y garantizar su seguridad. Las Naciones Unidas, la Alianza Atlántica o la Unión Europea no pueden entenderse sin su intervención. Gracias a ella se produjo un acuerdo global fundamentado en la lógica de los consensos. Unos que han durado hasta ahora, confrontando el régimen antitético, abriendo la puerta a la posibilidad explícita de favorecer la democracia y el orden liberal, incluso ahí donde no existiese. Esos consensos que fueron la base de nuestra vida en comunidad durante décadas se han roto. De hecho, se vienen rompiendo desde los años de la administración Obama. Los nuevos están por llegar. Darán nueva forma a la percepción que las nuevas generaciones y las próximas tendrán sobre las cuestiones más sensibles que atañen a su vida personal y colectiva, como la familia, el trabajo, la seguridad o el medio ambiente.

Hispanoamérica

Al otro lado, la región hispanoamericana se encuentra sumida en sus propias contradicciones. Frente al espejo de la historia, los países hispanoamericanos ven que el inevitable paso del tiempo no ha servido de nada. Continúa envejeciendo en el polvo la agenda para resolver los viejos traumas y problemas que surgieron de forma natural después de la ola democratizadora en los años 80’ y 90’.

Igualdad ante la ley, independencia de poderes, pobreza y desigualdad, sistema de partidos, inseguridad y violencia. Se trata de los mismos desafíos que conocieron nuestros antepasados, con la diferencia de que parte del tejido social actual, que tiene un componente generacional importante, tiene otra percepción respecto al sistema democrático. Según el Latinobarómetro, en 2023 solo el 48% de los ciudadanos apoyaba el sistema democrático, una disminución de 15 puntos desde el 63% de 2010. El autoritarismo se ha validado, poco a poco, en la medida en que no se le condena, ni se sabe bien el umbral donde un país deja de ser democrático.

Falta de cohesión

En el mismo período aumenta la percepción de quienes les da lo mismo el tipo de régimen, lo que implica que un populismo o un autoritarismo les son indiferentes. Las demandas insatisfechas, la crisis económica o la percepción opuesta de una gran parte de las nuevas generaciones que piensa que en el futuro no vivirá mejor que sus padres, son algunos de los elementos que se agregan al contexto de inestabilidad que vive actualmente la región.

La difusa posición de una región fragmentada que pierde protagonismo en el plano internacional se ve reflejada en la decisión que asume cada uno de los países respecto del contexto más controversial en el escenario global actual (el reciente ridículo del colombiano o la mexicana los pone en franca evidencia), aunque los clivajes no son radicalmente opuestos en cada caso o son notorias las excepciones que se observan.

Lo que sí se concluye es que Hispanoamérica carece de cohesión a la hora de plantear una posición común a nivel internacional, expone su profunda división interna (aunque es la región del mundo que más valores comparte y entre quienes mayores sintonías culturales e históricas existe) y su permanente heterogeneidad sobre situaciones que emergen en el orden global.

Lo contrario del PSOE no es el PP, sino el liberalismo

Hoy más que nunca, a pesar de que aún faltan cerca de tres años para las próximas elecciones, resuenan los tambores de un cambio de gobierno. Esto se debe a la notable falta de apoyos del actual ejecutivo, sumada a los numerosos escándalos de corrupción que rodean al presidente. En este escenario, resulta aún más evidente la ausencia de una oposición fuerte. Con un Partido Popular debilitado en la opinión pública, todo indica que VOX podría ser el gran beneficiado en las urnas en las próximas elecciones.

Sin embargo, existe una duda más que razonable de la ineptitud, obviando la connotación soberbia de la expresión, de todo el bloque derechista. En un escenario inédito en la política española, justo en el momento en el que sus voces son más escuchadas, son incapaces de darle importancia a aquellos problemas que realmente afectan a la mayoría de la población: generación de deuda, gasto público, inflación y descenso empicado de poder adquisitivo a riesgo de hacer desaparecer la clase media.

Prueba de ello es la reciente polémica de las pensiones: resulta que podrían ser insostenibles en su formato actual y que condenan a los jóvenes a un futuro incierto. A menos que cambie mucho la demografía, baje el gasto público, o los pensionistas decidan por unanimidad bajarse los ingresos, todo parece indicar que vamos de cabeza a lugar donde la clase media no existirá y que la mayoría de lo que se genere irá para la enorme maquinaria del Estado. En un marco tan acentuado, Partido Popular y VOX se niegan a reconocer el problema, dejando solo el debate para esos políticos retirados que, ahora ya sí, pueden decir la verdad sin consecuencias profesionales.

Personas como Albert Rivera, que no se atrevió a decirlo con la llave del país en sus manos, o Espinosa de los Monteros, que podría decirse que abandonó su escaño precisamente por sus convicciones sobre temas económicos, parecen ser las únicas figuras públicas que hablan del gigante elefante amarillo que hay en el centro de la habitación.

Decía un (aún más) joven Borja Vilaseca en uno de sus libros, que nada tiene que ver con temas económicos o políticos, lo siguiente[1]:

El liberalismo es una aspiración con tintes utópicos. Principalmente, porque requiere que una gran mayoría de ciudadanos estemos verdaderamente despiertos y gocemos de libertad de pensamiento. Y que nos relacionemos entre nosotros de forma responsable, madura, sabia y consciente. Para que esto sea posible, primero es necesaria una profunda revolución del sistema educativo.

En este sentido, el concepto de nación tal y como hoy lo conocemos, seguramente sea reemplazamos por el de territorio. De este modo, se devolverá la soberanía y el protagonismo a zonas y localidades donde las personas y empresas puedan cooperar y aportarse valor mutuamente. Por todo ello, el liberalismo es el modelo de organización política más opuesto posible al totalitarismo actual.

Lo que vivimos hoy en día es un empobrecimiento de la población, disfrazado de justicia social e igualdad. Esto fomenta el resentimiento entre la mayoría, impulsándolos a seguir votando por quienes prometen un futuro ideal basado en la intervención. Lo que resulta evidente es la intención de sancionar a quienes prosperan. Sin embargo, parece que no se dan cuenta de que, si penalizas continuamente al exitoso, terminarás creando una sociedad poco incentivada para conseguir grandes logros.

En toda sociedad, el talento y la excelencia son bienes escasos, mientras que la mediocridad, abundante y respaldada por la mayoría, se convierte en la norma. Un sistema democrático, basado en el número y no en el mérito, tiende inevitablemente a favorecer a los menos capaces, relegando a quienes destacan. Paradójicamente, la verdadera esencia de la humanidad radica en la diversidad, y es precisamente esa diferencia la que nos hace, por naturaleza, desiguales[2]. Más paradójico aún es que los que atenten con esa diversidad son los que, a priori, mayor divergencia quieren aparentar.

Hablemos del elefante en la habitación: el Estado no sabe más que nosotros. Bajemos esa idea. Podemos ser cien veces más conocedores que ellos en un tema específico, y un claro ejemplo de esto son las constantes idas y venidas durante la gestión del COVID, donde ofrecieron información completamente contradictoria a solo semanas de distancia. O, por ejemplo, cuando nos dicen cómo gastar nuestro dinero mientras ellos llevan a la quiebra a un país entero. ¿Cuándo permitimos que nos den lecciones de finanzas personas que son incapaces de hacer una simple cuenta entre ingresos y gastos?

Tanto el PP como el PSOE no han hecho más que centrarse en aumentar drásticamente los impuestos, endeudar a la población a través de la deuda pública y, a la par, recurrir a la devaluación de la moneda. Cada acción, hoy en día, está gravada impositivamente. Vivimos en un expolio fiscal constante, todo ello con el fin de justificar un Estado de Bienestar que se sostiene sobre años de un comportamiento vicioso.

La última ocurrencia del Partido Popular, además de apoyar el sistema de pensiones, es la “hucha hogar joven”, medida que anunció Feijóo para ayudar a los menores de 40 años a comprar una vivienda. Esta hucha pretende aplicar una deducción del 20% en el IRPF a las aportaciones que hagan los menores de dicha edad. Además, les servirá para que el Estado les avale luego con la misma cantidad que hayan ahorrado. Lo que pasa por alto Feijóo en el comunicado es que el Estado se beneficia de la compra de nuevas viviendas a partir del 10% del IVA, o con el algo más reducido ITP para viviendas de segunda mano (7% aprox.).

Estamos hablando que, para acceder a una vivienda de 200.000 euros, hay que estar pagando del orden de 20.000 a 50.000 euros entre impuestos directos e indirectos que no pueden ser financiados. Esto es una barrera real en la compra de pisos para la clase media actual. Y me pregunto yo, ¿por qué no quitar el IVA en la compra de la primera vivienda? ¿Por qué no bajar IRPF a clases medias? ¿Por qué nadie habla de que la verdadera solución pasa por reducir el gasto público para que no siga aumentando la presión fiscal?

Que estamos gobernados por personas que no están preparadas para decir la verdad es un hecho. Pero nos equivocamos si pensamos que la oposición va a cambiar algo. PP y VOX son un mismo bloque que se han unido para continuar con la misma dinámica que venimos sucediendo, y nadie más que el liberalismo parece estar hablando de ello.


[1] Qué harías si no tuvieras miedo, de Borja Vilaseca

[2] El triunfo de la estupidez, de Jano García

Los orígenes del Banco de España: banco central, medios de intercambio y Corona Española

Dice Rothbard en un apéndice de su monumental “El Hombre, la Economía y el Estado. Tratado sobre principios de economía” (Rothbard, 2013), que:

La principal fuente de ingresos que tiene el gobierno es la tributación. Los empréstitos constituyen otro recurso. Los préstamos que obtiene del sistema bancario son en realidad una forma de inflación (…). Podría objetarse que los préstamos al gobierno son voluntarios y, en consecuencia, equivalentes a cualquier otra contribución voluntaria que se haga al gobierno; aquella “desviación” de fondos es algo que desean los consumidores y, por lo tanto, beneficia a la sociedad (…).

En consecuencia, el préstamo al gobierno puede ser voluntario, pero el proceso no lo es tanto si se lo considera en su conjunto. Más bien es una participación voluntaria en una futura confiscación en que incurrirá el gobierno e importa una doble desviación de fondos privados: una vez cuando se hace el préstamo y otra cuando el gobierno recurre al impuesto o a la inflación para pagarlo (o de lo contrario debe hacer un nuevo empréstito para conseguir los fondos necesarios para el reembolso). Entonces, una vez más tiene lugar una desviación coercitiva desde los productores privados hacia el gobierno, cuyo producto, después de pagar el coste de la burocracia por su servicio administrativo, va a los tenedores de títulos gubernamentales. Así, estos últimos se convierten en parte del aparato estatal y participan en una “relación de Estado” con los contribuyentes-productores” (Rothbard, 2013, págs. Vol. 2, pp. 544 y 545).

Así, al igual que Rothbard  dedica varias de sus obras (entre otros, los ensayos incluidos en su “History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II”) a analizar la historia del dinero y de la banca, fundamentalmente en los Estados Unidos, pero con una perspectiva algo alejada de cómo suelen hacerlo otros historiadores económicos, es nuestra intención analizar también, aunque sea a grandes rasgos, con una perspectiva similar a la que utiliza Rothbard, el origen del Banco de España, aplicando, como lo hizo él, también la teoría económica, pero en conjunción con otros criterios para poder descubrir los valores y objetivos -no cuantificables- que siguen los actores principales de la trama histórica y no tanto, como indica Salerno en la introducción a la obra mencionada, mediante la aplicación de potentes métodos estadísticos para analizar datos económicos estrictamente cualitativos (Rothbard, History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II., Versión Kindle).

Así, en el presente trabajo nos vamos a limitar a hacer un breve repaso del origen, los motivos y la forma en la que se intentó crear, por primera vez en nuestro país, un papel moneda impuesto desde el poder, y cómo el intento de mantener esa creación obligó a constituir el Banco de San Carlos, antecedente del Banco de España, con el que también se violaron muchas de las reglas básicas bancarias que recomienda la prudencia y el saber hacer en el seno del mercado.

Sirva este artículo como modesto homenaje al citado autor en el trigésimo aniversario de su fallecimiento, ocurrido el 7 de enero de 1995.

Sobre el dinero y otros medios de intercambio y la actividad bancaria

Podemos definir la moneda, tal y como lo hace Carlos Bondone, como el “bien económico que satisface la liquidez”, entendiendo por liquidez “la necesidad de disponer de un bien económico de rápida vendibilidad para hacer eficientes los intercambios personales” (Bondone, 2012). La cita continúa señalando que dicha definición tiene fundamento en Carl Menger, de donde derivará las características que el bien destinado a paliar la liquidez debería tener.

Pues bien, Carl Menger explicó el origen del “dinero” considerándolo como el producto de un proceso, espontáneo y descentralizado, de forma que surge a medida que los individuos, gracias a la experiencia, empiezan a darse cuenta de que conviene más a sus intereses demandar bienes líquidos, a fin de agilizar sus intercambios con otros individuos o grupos de individuos, ya que, desde un comienzo, la demanda no dineraria de esos bienes líquidos es mucho más amplia y estable que la del resto de bienes. Así, una vez adquiridos dichos bienes líquidos, aumentan las oportunidades de acceder posteriormente a otras mercancías o servicios – finales- que eran o son las que realmente quieren conseguir.

A medida que aumenta el número de gente que se da cuenta de estas circunstancias, mayor es el número de personas que demandan esos bienes más líquidos, haciendo que las expectativas de todos ellos vayan convergiendo en torno a la superior estabilidad del valor de ese bien líquido, pasando por tanto a aceptarlo sin exigir sacrificios en su precio. Como resume el profesor Rallo (Rallo J. , 2013): Ese es, justamente, el rasgo esencial del dinero: que su habilidad para actuar como tal no depende de la obligación de nadie, sino del valor que establemente le atribuyen la generalidad de agentes. Tal como ya había expresado décadas antes Henry Thornton con respecto al oro: el único activo monetario que no es el pasivo de nadie más”.

En palabras del propio Menger:

A medida que el comercio se extendía en el espacio y las previsiones para la satisfacción de necesidades materiales podían hacerse por períodos cada vez más prolongados, cada individuo iba aprendiendo, a partir de sus propios intereses económicos, a darse cuenta de que trocaba sus productos menos líquidos por aquellas mercancías especiales que habían exhibido, además de la atracción de ser altamente comercializables en una localidad determinada, un amplio espectro de comercialización tanto en el tiempo como en el espacio. Estos productos serían clasificados por su carácter costoso, por la facilidad de su transporte y su posibilidad de preservación (en relación con la circunstancia de su compatibilidad con una demanda estable y ampliamente distribuida), de modo tal de asegurar a su poseedor un poder, no sólo “aquí” y “ahora”, sino también ilimitado en tiempo y espacio, sobre todos los otros productos del mercado, a precios económicos (…) Los productos que, de esta manera, se tornaron medios de cambio generalmente aceptables, fueron denominados Geld por los alemanes, palabra que proviene de Gelten y que significar pagar, realizar; otras naciones denominaron al dinero teniendo en cuenta principalmente la sustancia utilizada, de forma de la moneda, o, incluso, ciertos tipos de moneda (Menger, 1892).

Ello no obstante, la teoría mengeriana debe completarse con algunas de las ideas o planteamientos que realizan, entre otros, los chartalistas, ya que es cierto que el Estado, debido a su privilegiada posición dentro de la sociedad y del mercado, puede influir e incluso imponer el surgimiento de un medio de intercambio, si bien es necesario, para que ese medio de intercambio sea realmente utilizado, sin que se produzca el proceso social al que se refería Menger, que sea una deuda del gobierno (Rallo J. , 2013). Eso es precisamente lo que ocurrió en España en la segunda mitad del siglo XVIII, en la que se produjeron los primeros intentos, por parte de la Corona, de crear un instrumento de intercambio de manera planificada, centralizada y creada desde “arriba” (top-down), aunque esas medidas, al margen del mercado, y por imposición desde el poder, generan una serie de problemas y desequilibrios en la totalidad del sistema económico.

Sobre la situación de la Hacienda española en la segunda mitad del siglo XVIII

Según explica Vicens Vives (Vicens Vives, 1958), tras la guerra de Sucesión se extinguieron las instituciones bancarias tradicionales, como las Taulas de Barcelona, Gerona, Lérida y Valencia, de forma que la banca quedó en manos de particulares extranjeros, especialmente genoveses y franceses, pero “sus operaciones eran mínimas: adelantar dinero a agricultores y exportadores. Todo ello por encima de una muy difundida costumbre de préstamo usurario”.

Por otra parte, como resume Hamilton (Hamilton, Earl J., 1970), fueron varios los intentos de reorganizar el sistema financiero durante los siglos XVII y XVIII en España, y de constituir un banco para solucionar los crónicos problemas financieros de la Corona, pero la poca consistencia y pasividad del Gobierno durante las últimas décadas del siglo XVII, la Guerra de Sucesión española, el resonante colapso del sistema de John Law en 1720 y la relativa estabilidad de la moneda española (tras las difíciles décadas de casi todo el siglo XVII, en las que se sucedieron momentos de fuertes inflaciones y de drásticas deflaciones) impidieron la puesta en marcha de proyectos bancarios hasta mucho después de su implantación por otras potencias en Europa Occidental; y todo ello a pesar de que, como señala Plaza Prieto (Prieto, 1975), era una idea que “llevaba casi dos siglos acalorando la imaginación de los arbitristas, y precisamente en los años de Floridablanca se habían multiplicado las sugestiones”.

Esta situación fue insostenible y en la segunda mitad del Siglo XVIII hubieron de tomarse medidas drásticas para solucionar una situación que se hacía acuciante. Y es que, como señala Carrera Pujal (Carrera Pujal, 1945) al analizar la situación financiera de la Corona en la segunda mitad del siglo XVIII, la guerra con Gran Bretaña durante el reinado de Carlos III hizo que la situación de la Hacienda fuese realmente difícil, al haberse creado unas necesidades financieras extraordinarias y perentorias que obligaron a adoptar una serie de medidas muy novedosas para la época.

En efecto, como señala Angulo Teja (Angulo Teja, 2002), a lo largo del siglo XVIII se adoptaron una serie de medidas que “influyeron en la mayor capacidad recaudatoria del sistema y en una reorganización de la administración, aunque no fiscales”, “como fueron las relativas a la liberalización del comercio con América (las principales en 1765 y 1778), que supusieron el aumento de la recaudación de las rentas generales, u otras diversas como las que pasaron a administración directa explotaciones mineras. A pesar de ello, fue necesario en varias ocasiones, especialmente en los años finales del siglo, debido a los conflictos bélicos, allegar recursos extraordinarios”.

Así, aunque los ingresos ordinarios habían ido aumentando desde principios del reinado, dichos ingresos eran insuficientes para atender el gasto derivado de la Guerra contra Gran Bretaña por la independencia de las Colonias americanas, lo que obligó a negociar con las casas de Génova y Holanda, y con los Diputados de los cinco Gremios Mayores de Madrid, para conseguir financiación, pero sin que el crédito conseguido fuese suficiente.

En dicha situación, ya desde comienzos de 1770, Floridablanca empezó a valorar, de manera seria, la posibilidad de fundar un Banco cuya finalidad debía ser, en primer término, la financiación del comercio con América. Así, para remediar la apurada situación de aquellos que intervenían en el comercio ultramarino, se planteaba la posibilidad de aliviar la escasez de numerario emitiendo billetes que sustituyesen, provisionalmente, al dinero que hubiera debido acuñarse con metales preciosos procedentes de las indias; dichos billetes sólo serían entregados a título de préstamo a aquellos comerciantes que acreditasen tener saldos en América que la guerra impedía liquidar (Plaza Prieto, 1975). Pero el proyecto no cristalizó en dicho momento.

Sobre la emisión de vales reales para tratar de atajar los problemas de la real hacienda

Dada la situación, diez años después, mediante Real Cédula de marzo de 1780, se estableció, con carácter extraordinario, que los capitales de los depósitos que hubiese en el Reino con destino a censos se impusieran sobre la renta del tabaco al interés del 3 por 100. Aun así, la situación seguía resultando insostenible,  y el Gobierno se vio en la “necesidad” de aplicar una nueva medida, propuesta por el Conde de Cabarrús, y que se concretó en la autorización, mediante Real Cédula de 20 de septiembre de 1780, para la emisión de 9.900.000 pesos de vellón en Vales Reales, señalándose, en el Preámbulo de dicha Real Cédula, que era deseo del Rey atender las obligaciones del Estado sin gravar al público con nuevas contribuciones, ni exponer a los riesgos de la guerra las gruesas sumas de dinero que se hallaban detenidas en América pertenecientes a la Real Hacienda y a los comerciantes españoles. Ello llevó, según se afirmaba en dicho Preámbulo, a “admitir” la proposición hecha por varias casas de comercio acreditadas y establecidas en España de entregar a la Tesorería hasta nueve millones de pesos en efectivo o en letras cobradas en la misma especie por vía de empréstito a extinguir en veinte años y con el interés del 4 por 100 (Carrera Pujal, 1945).

Así, de lo recogido en dicho Preámbulo parece desprenderse que con la citada emisión se evita perjudicar a los “súbditos”. Como vemos, ya a finales del siglo XVIII se caía en errores conceptuales en los que aún hoy siguen cayendo -a pesar del tiempo transcurrido, de lo que dice la lógica, y de lo que enseña la Historia- muchísimos economistas, entre ellos los conocidos como neochartalistas o seguidores de la “Moderna (sic) Teoría Monetaria” (MMT por sus siglas en inglés). Y es que, en contra de lo que parece querer afirmarse en la citada Real Cédula, la emisión de tales Vales no resulta inocua: es posible que no suponga una mayor carga fiscal sobre los súbditos del momento, pero ese mayor gasto tiene evidentes consecuencias respecto de los bienes y servicios disponibles en ese momento para el público, y las generaciones venideras sí sufrirán las consecuencias del exceso de gasto estatal financiado a través de Vales Reales –deuda, al fin y al cabo-, ya que cuando la deuda pública venza y el Estado la amortice, los tenedores de Vales verán aumentar sus disponibilidades de dinero (o medio de pago con el que se haya saldado la citada deuda), de modo que podrán gastarlos en adquirir bienes de consumo o de inversión existentes, restringiendo así su oferta disponible para el resto de sus ciudadanos.

Cosa distinta es que dichos Vales Reales se hubiesen emitido teniendo como “colateral” los metales preciosos –oro y plata- de la Real Hacienda en ultramar y que temporalmente no pudiese repatriar por causa de la guerra. Pero analizando las fuentes, ese no parece que fuese el caso; de lo que se desprende de la citada Real Cédula, y, sobre todo, de los escritos de los Ministros y financieros de la época es que, para los actores de la época era evidente, en primer lugar, que la Real Hacienda necesitaba financiación para la guerra (recordemos que la guerra de 1779 era por la independencia de las 13 Colonias americanas, en alianza con Francia y como consecuencia de los Pactos de familia, es decir, ni siquiera se trataba de una guerra cuyo centro estuviese en el corazón de Europa); y, en segundo lugar, y como consecuencia de la guerra, se habían frenado las remesas de oro y plata que venían de las Indias (no sólo de la Corona, sino también de los “mercaderes”, tal y como señala la Real Cédula citada), de manera que la oferta dineraria (de oro y plata) en la Península era inferior, según se pensaba, a la demanda, lo que aconsejaba utilizar los citados Vales Reales no sólo como vehículo para financiar la guerra, sino también como medio de cambio para evitar esa descoordinación entre oferta y demanda. De esa manera, se creía, se solucionaban los dos problemas.

La realidad es que se emitieron 16.5000 Vales de 600 pesos, a cambio de 9.000.000 de pesos, en dinero efectivo o en letras cobrables en la misma especie, en el término de 20 años, con un interés anual del 4 %, debiendo los Vales ser admitidos por las cajas públicas como pago de contribuciones o de cualquier deuda o crédito contra la Real Hacienda, y por el comercio al por mayor como dinero efectivo, según su valor nominal más el interés acumulado, exponiéndose, quienes no lo aceptasen o lo desacreditasen a una pena de expulsión del reino, sin poder volver a comerciar con él.

Vemos, por tanto, como señalábamos al inicio, la forma en la que la Real Hacienda emite, para financiarse, una serie de Vales, a cambio de “dinero efectivo o en letras cobrables”, obligando a que los mismos fuesen admitidos para el pago de “impuestos”, así como a que fuesen utilizados por el comercio al por mayor (llegando incluso a establecerse penas para aquéllos que desprestigiasen los citados Vales).

A pesar de todos los esfuerzos realizados por el Gobierno, la excesiva emisión de Vales (además de la emisión inicial de 9.000.000 de pesos, el 20 de marzo de 1781 fue precisa una segunda emisión, de 5.303.100 pesos, para seguir financiando fuertes desembolsos de guerra), en relación con las capacidades financieras y recaudatorias de la Hacienda, unida al desfavorable desarrollo de la guerra, hicieron que los mismos se desacreditasen hasta el punto de llegar a venderse por el 22 por 100 de su valor.

A la vista de la imposibilidad de solucionar los problemas con la citada medida, el propio Cabarrús presentó, el 12 de octubre de 1781, un proyecto detallado para la creación de un Banco, lo que se llevó a cabo el 15 de mayo de 1782, fecha en la que Carlos III envía al Consejo Real una Cédula por la que se constituía el Banco Nacional de San Carlos, establecido bajo “protección real”, pero de propiedad privada[1] (Seguro que a Rothbard, gran estudioso de la Reserva Federal americana, le sonaría la historia).

Sobre el Banco de San Carlos y la figura del banquero en la época

Es muy gráfica la descripción que del prototipo de “banquero real” de la Edad Moderna hace Cristóbal de Villalón y que recoge Carande:

También hay algunos mercaderes, especialmente alemanes y genoveses, que dan a cambio a señores y príncipes, con los cuales hacen grandes partidas a tanto por ciento, sin más condiciones. Y los dineros que así dan a cambio, porque son de gran cantidad, acontece que no los tiene todas las veces el mercader que los da, y tómalos a cambio de otros mercaderes, para darlos a los príncipes, porque con el crédito que tienen pagan mucho menos interés de lo que después ellos llevan a sus príncipes. De manera que para dar a cambio, toman a cambio, y lo que llevan a los príncipes de interés es mucho más caro de lo que usan llevar a otros mercaderes. Y así, con interés de príncipe, han enriquecido muchos mercaderes, y de lo que así dan a cambio a los príncipes, toman términos y plazo para haberlos de cobrar, dentro de cierto tiempo, de las rentas y servicios de los príncipes. (Carande, 1977).

Vemos, por tanto, que la figura del banquero no era algo nuevo, y había surgido espontáneamente en la sociedad, precisamente para cumplir una función social: ejercer de intermediario financiero, conectando a ahorradores e inversores de diferentes perfiles de plazo, riesgo y liquidez. Preferencia por la liquidez que podría explicarse como una combinación entre la preferencia temporal y la aversión al riesgo, tal y como explica el profesor Rallo:

Llamaremos prima de la liquidez a aquella rentabilidad mínima que exige el ahorrador no por posponer la satisfacción de sus necesidades (preferencia temporal) o por verlas frustradas definitivamente (aversión al riesgo), sino por la dificultad para modificar a posteriori su plan de acción antes de que concluya el plazo al que originalmente se invirtió; es decir, llamaremos prima de liquidez a la rentabilidad mínima exigida como consecuencia de la aversión a un riesgo específico: el riesgo de que la preferencia temporal o la aversión al riesgo del agente cambien después de que se haya comprometido con la inversión. (Rallo J. , El gasto del Estado sí está limitado por los impuestos., 2014).

Pero no se puede olvidar, en línea con lo anterior y tal y como señalaba Ludwig von Mises, que la actividad bancaria está sometida a una serie de reglas que los banqueros no se pueden saltar (Mises, 1912), y es que la banca debe tratar, si quiere que su gestión sea prudente, de ajustar los plazos y el riesgo de sus activos con el plazo y el riesgo de sus pasivos, a pesar de lo rentable que, al menos aparentemente, pueda ser, para los bancos, adquirir pasivos a corto para financiar operaciones a largo, dadas las diferencias que existen, en principio , entre los tipos de interés a corto y los intereses de las operaciones a largo, precisamente por el papel que juegan las tres primas arriba señaladas y, sobre todo, la prima temporal y la de liquidez. Pero, en cualquier caso, es esencial que sea prudente a la hora de determinar a quiénes y para qué proyectos da préstamos. En línea con ello, recordemos que el propio Adam Smith (Smith, 1776) establecía que los bancos sólo pueden emitir nuevos billetes o depósitos contra pasivos derivados de una transacción comercial en la que se hallen implicados bienes de consumo presentes a punto de ser distribuidos a sus compradores finales y sólo por el precio al que vayan a poder enajenarse.

Aun así, y precisamente quizás por esa prudencia a la que nos referimos, los intentos de la Hacienda española para conseguir préstamos fueron infructuosos, como veíamos más arriba, precisamente por la desconfianza generalizada, lo que llevó a la creación del Banco de San Carlos, que nacía para cumplir unas funciones muy específicas, y que no se limitaban a las propias que ejercían o deberían ejercer los banqueros, como eran[2]: amortizar los Vales Reales en efectivo y a la par; descontar pagarés y letras al 4 por 100 anual[3], el pago de todas las obligaciones de giro con países extranjeros (cobrando una comisión de un 1 por 100) y la de convertirse en el abastecedor de víveres y de vestuario de las tropas de España y América.

En este sentido, tal y como señalaba Canga Argüelles (Canga Argüelles, 1833), la finalidad del Banco era:

Primero, facilitar fondos para la construcción de obras públicas de interés general; segundo, descontar letras al comercio a un precio más moderado que el que llevaban los cambistas; tercero, reducir a la par el metálico, los Vales Reales que a la sazón circulaban; cuarto, pagar las obligaciones del giro real en las cortes extranjeras; y quinto: desempeñar por asiento las provisiones del Ejército y la Armada.

Para llevar a efecto la empresa se reunió un fondo en metálico de 300 millones de reales, divididos en acciones de 2.000 reales, en los cuales se interesaron el rey, los propios, los pósitos, las temporalidades de los jesuitas, los tesoros de las órdenes militares, varias parcialidades de indios y un gran número de particulares. El capital se redujo posteriormente a 240 millones, habiéndose devuelto en dinero el importe de las acciones a los que quisieron recogerlas. Con el fondo indicado hizo el Banco operaciones ventajosas al público, a la Hacienda y a los accionistas.

Es lógico que, dado que la intención última perseguida con la creación del Banco -obtener la financiación que no se había conseguido por otros medios- no se había conseguido, no era de esperar que dicha creación despertase un deseo irrefrenable en el público en general para suscribir acciones del mismo. Así, como recuerda Hamilton (Hamilton, Earl J., 1970):

Ni las atractivas promesas del proyecto ni el fascinante arte de Cabarrús lograron despertar el interés por las acciones del Banco. En consecuencia, un real Decreto de 27 de agosto de 1782 no sólo autorizaba, sino que estimulaba a los municipios a comprar acciones con cualquier remanente de fondos de que dispusieran. El 23 de febrero de 1783 el Gobierno dio preferencia a las acciones del Banco para las inversiones de hospitales, iglesias, dotes religiosas, congregaciones, fundaciones y legados. Los virreyes del Nuevo Mundo fueron presionados para que utilizaran todo su poder a fin de convencer a los hombres de negocios y a los colonos para que adquirieran acciones del Banco. El Rey compró mil acciones y el príncipe de Asturias quinientas. Los depositarios de los fondos de los Jesuitas expulsados adquirieron dos mil, y los municipios y hermandades lo hicieron en gran número. Sin embargo, hasta febrero de 1785, una vez concertada la paz y recobrada la normalidad de los negocios, los inversores particulares no se interesaron por su adquisición. A últimos de noviembre de 1782, cuando los libros registros de acciones llevaban abiertos más de cinco meses, sólo habían sido adquiridas 9.452 acciones, poco más de una quinta parte de las 45.000 establecidas por la Cédula de creación para que los accionistas pudieran reunirse y elegir altos funcionarios.

Por lo demás, la adquisición, por el Banco, de los Vales Reales se realizó, o bien pagándolos en oro, o con sus propios billetes, para lo que fue autorizado por la primera Junta de Accionistas del Banco, en la que se acordó que emitiera billetes que oscilaran entre doscientos y mil reales, sin interés alguno, transferibles sin endoso y amortizables en efectivo a la vista, de forma que se emitieron billetes por un valor de 52 millones de reales para empezar –sólo medio millón por debajo del máximo autorizado-. Eso sí, el Gobierno accedió a facilitar al Banco una reserva de 30 millones de reales en oro, que serían acuñados en la Casa de la Moneda de Madrid, en compensación de billetes a la par (Hamilton, Earl J., 1970).

Destino del Banco de San Carlos

Pero la implicación del Gobierno fue más allá de lo señalado, ya que no sólo dio las órdenes pertinentes, a los cobradores de impuestos, para que aceptaran en Madrid los pagos en billetes de Banco, y al Tesoro para que hiciera los pagos en los mismos, siempre que fuera posible, sino que le concedió el privilegio exclusivo para la exportación de metálico, la más ventajosa concesión que jamás se había atribuido al Banco (Hamilton, Earl J., 1970).

Y es que Cabarrús estaba convencido de que sólo la intervención de un instrumento como el Banco podría evitar la depreciación ruinosa del nuevo papel moneda, a causa de la demanda de metálico por los tenedores o debido a deudas en el exterior (Plaza Prieto, 1975), opinión compartida por el Gobierno, que hizo todo lo posible para evitar esa depreciación en un intento, casi desesperado, por mantener en circulación ese papel moneda para, en último extremo, poder mantener los gastos de la Hacienda muy por encima de su recaudación. Bien es cierto que los políticos de aquélla época no fueron, todavía, lo suficientemente “valientes” como para adoptar una medida que se fue progresivamente adoptando en los distintos países durante el siglo XX, y que no era otra que la inconvertibilidad del papel moneda en oro o plata, con las duras consecuencias económicas que dicha inconvertibilidad ha tenido para la sociedad.

El Banco de San Carlos soportó lo más grave de la presión de la Hacienda y tuvo en su poder muchos créditos, especialmente gran cantidad de vales reales. A partir de 1823 el aumento de los créditos del Estado fue menor, ya que el Banco no podía soportar nuevas cargas, y López Ballesteros, entonces ministro de Hacienda, recurrió al crédito exterior (Plaza Prieto, 1975). Mediante Real Decreto de 9 de junio de 1829, el Banco Nacional de San Carlos se transformó en Banco Español de San Fernando (que pasaría a llamarse Banco de España tras la revolución de 1854).

Ello no obstante, como señala Vicens Vives (Vicens Vives, 1958): “en el año 1833 se le autorizó a ampliar sus actividades, reincidiéndose en el defecto que había causado la decadencia de su predecesor, el Banco Nacional de San Carlos”, así como los problemas económicos que su actividad, igual que la de su predecesor, ocasionaron al conjunto del sistema económico, y todo por el incumplimiento de las normas básicas a las que nos referíamos al principio. Pero hablar sobre eso alargaría todavía más este artículo.

Bibliografía

Angulo Teja, M. d. (2002). La Hacienda Española en el Siglo XVIII. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Bondone, C. (Febrero de 2012). Teoría de la Moneda. Obtenido de http://www.carlosbondone.com/pdf/Teoria_de_la_Moneda(Carlos_Bondone).pdf

Canga Argüelles, J. (1833). Diccionario de Hacienda con aplicación a España. Madrid: Reimpresión del Instituto de Estudios Fiscales. Madrid, 1968.

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[1] Y sin que la Corona, en el caso de devenir accionista, pudiese ejercer un control especial, según recoge el artículo XXII de sus Estatutos (Cédula de Creación del Banco de San Carlos, 1782)

[2] Según se establece en los artículos II, III y IV de las reglas que lo regulan (Cédula de Creación del Banco de San Carlos, 1782).

[3] Artículo XXXVIII de sus Estatutos, en el que se señala (Cédula de Creación del Banco de San Carlos, 1782):

No podrán admitir Letra o Pagaré alguno cuya cobranza exceda el plazo de noventa días, y que no tenga tres firmas conocidas y acreditadas, entre las cuales una por lo menos deberá ser de sujeto establecido en Madrid, reservándose a la prudencia de los directores el desechar aquellas Letras que contemplaren no tienen el grado de seguridad conveniente. En punto a la admisión de Vales de Tesorería, deberán conformarse a lo prevenido en las Reales Cédulas de su erección.

Competencia Fiscal: La terquedad perversa y primitiva de la OCDE

Señor presidente, “Desconecte el enchufe de esta insensata propuesta” le pedían en una carta firmada por los premios Nobel de Economía Milton Friedman y James Buchanan, entre muchos otros prestigiosos economistas los cuales se encontraba el argentino Meir Zylberberg, al entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush.

¿Cuál era aquella insensata propuesta? Básicamente, aquello que la OCDE aún hoy persigue con sus políticas en materia fiscal. En el foco de esas políticas se encuentra la eliminación de la competencia fiscal entre estados. Aquella carta de mayo de 2001 prosigue:

Esta es una iniciativa completamente errónea. La competencia impositiva es una fuerza liberadora en la economía mundial, algo que debe ser celebrado más que perseguido. Fuerza a los gobiernos a ser fiscalmente más responsables para evitar desviar la actividad económica a lugares con impuestos más bajos.

La OCDE busca crear un cartel de impuestos. El beneficio de los consumidores y la economía son más eficientes cuando las estaciones de servicio, los bancos, tiendas de mascotas y las compañías automotrices compiten. Lo mismo es cierto para el gobierno. La competencia promueve la eficiencia y fomenta a los legisladores a que moderen las finanzas públicas.

Cartelización que tanto critican y persiguen cuando la realiza el sector privado. Luego entre otros asuntos, la carta concluye:

La OCDE amenaza el comercio global. El esfuerzo de la OCDE es similar al de un estado de alto nivel impositivo como California tratando de impedir que inversiones en dólares vayan hacia un estado con bajos impuestos como Nevada

Viejo paradigma. El problema de la OCDE

El ideario sobre el cual se sostiene la postura fiscal de la OCDE y que a través de su softlaw intenta expandir al mundo, se basa en una visión estática y errada de la economía anclada en los modelos de León Walras y Vilfredo Pareto.

A mayor abundamiento, y según ese paradigma equivocado que gira en torno a la teoría del equilibrio, el proceso social de mercado posee fallas endógenas y, por lo tanto, genera una serie de diversos problemas que justifican la existencia e intervención del estado. En resumidas cuentas, así se justifica todo tipo de locuras e intromisiones en la vida de las personas. La tributación, aunque data de antaño, es una de ellas.

Cuando se dice que la evasión fiscal daña la economía en 1, 2, 3 o los billones de dólares que sean, es totalmente incorrecto. ¿Cómo va a dañar a la economía? Sí, la economía, ¡es la misma gente! Lo que intentan decir, y lo que sucede, es que ese dinero ahora no va a pasar por las manos porosas del estado. Estado que no es más que otro conjunto de personas, pero que sus ingresos no surgen ni derivan de un proceso social de mercado (voluntario), sino que de un accionamiento coactivo. Es decir, de similar violencia que la relación amo y esclavo en el campo de algodón.

En cuanto a la evasión y a la ciudadanía, vale decir que el dinero debe quedar en su propietario y productor originario y no en quien desea tomarlo a la fuerza. Pero además de la cuestión ética, cada unidad monetaria gastada por los propietarios originarios es mucho mejor aprovechada y eficientemente gastada que si el mismo dinero fuese gastado por el gobierno; así sea que vayan dirigidas a solventar el mismo bien o servicio.

Pilares y acciones de la “prestigiosa” OCDE

Veinticuatro años después de aquella carta, la OCDE sigue con su mismo ideario bajo su altruista lema “better policies for better lives”.

Siempre la máscara debe ser buena, estéticamente agradable y bien intencionada. Pero cabe recordar lo que William Shakespeare dice en su obra El mercader de Venecia, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Aquí sucede lo exactamente lo mismo. En materia tributaria, la OCDE viene desarrollando hace años documentos, estudios, foros, lobbys, congresos, etc. que concluyen en pilares, acciones, criterios, etc. que en definitiva constituyen soft y no tan soft laws para los países.

Una de sus acciones versa sobre los desafíos fiscales derivados de la digitalización de la economía. Pero, ¿cuál sería el desafío? El desafío es mantener el statu quo opresor. Estado versus personas libres.

Lo que no se dan cuenta es que estar en la era de la digitalización de la economía supone implícita y necesariamente la desaparición del estado. Porque en este irrefrenable proceso evolutivo de la civilización humana, la digitalización es, un avance que no concibe formas ineficientes de hacer las cosas (por supuesto que habrá resistencia del poder y quienes quieren mantener el statu quo).

El ejemplo estrella a todo esto es la filosofía detrás del Bitcoin: dejar al estado fuera del juego o del proceso social voluntario (mercado). Y como los políticos saben esto último, entonces surge la respuesta: la imposición de las macabras CBDC.

Otra de sus acciones tiene que ver con el denominado Impuesto Mínimo Global. Que no es más ni menos que el muro de Berlín del Siglo XXI. Dicho por la misma OCDE, busca limitar la competencia. Sin entender verdaderamente lo que erróneo y pernicioso que esto significa. A este asunto me limito y remito a mi artículo anterior sobre el tema, pero añadiendo el interrogante: ¿quién no quiere competir? no compite el que sabe que no tiene posibilidades de ganar, no puede hacerlo igual de bien, o bien se sabe peor, o directamente perdedor.

Este es el caso de Europa. El 70% de los países miembros de la OCDE son europeos. Social y económicamente Europa llegó a un nivel crítico y preocupante. Cayó en su propia trampa del estado de bienestar. Su mentira llegó a un callejón sin salida y ahora sea a la fuerza o sea con soft-policies, intenta que el resto del mundo siga sus pasos. No desea competir contra un mundo que acelera a pasos agigantados. A través de políticas que ningún ciudadano europeo vota directamente, ningún gobernante o burócrata desea perder sus privilegios de vivir de lo ajeno (recordemos que el estado es violencia. Su esencia es violencia organizada y teóricamente legitimada),

Nuevo paradigma. Nueva era y el ejemplo de Liberland

Ahora se debate en el seno de la Unión Europea el control de las redes sociales. La libertad de expresión y la falta de identificación de los usuarios suponen un “peligro para la democracia”.

Pero nuevamente, ¿peligro para quién? Para todo burócrata y estatólatra que vive de lo ajeno, claro está. Las redes sociales no solo han tenido un efecto masificador del conocimiento, sino que también han multiplicado los debates y confrontación de ideas a un nivel nunca antes visto en la historia.

Sucede que, la mentira necesita ayuda del gobierno, la verdad sale a la luz por sí sola. En los debates de las ideas, lo ilógico o irracional, cae por su propio peso al quedar reducido al absurdo. La lógica y la coherencia ganan. Pero es necesario que exista plena libertad de expresión para que se dé correctamente este proceso fructífero.

Entonces, volviendo a los paradigmas, la economía trata sobre la acción humana. No hay nada estático ni de equilibrio en ella, y justamente la creatividad empresarial es el factor dinamizante que inclina el mundo hacia el progreso. Los impuestos no son más que cepos o palos en la rueda que dificultan el avanzar humano, no importa el pretexto. No existe el impuesto neutro, ni mucho menos el impuesto justo. Lo único justo es la inexistencia del impuesto. Y, además, en este sentido, el ciudadano de a pie comienza a darse cuenta que el estado no provee ningún servicio o bien público que no pueda ser provisto de mejor forma y a menor precio que el mercado (incluso la seguridad o defensa exterior). Siendo así, la tributación y todo su edificio se desmoronan.

En este contexto existen proyectos concretos como el de Libertad donde se plantea un país sin estado. Un nuevo mundo libre. La civilización humana empieza a dar pasos serios en lo que a imaginar y crear un mundo sin estados respecta. Aún son los primeros pasos, pero sin duda en la dirección correcta.

El enchufe ha sido desconectado; gracias señor presidente

Respondiendo al pedido que hicieron aquellos gigantes de la economía allá en 2001, hoy en 2025 el número 45 y actual número 47 presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sin perder el tiempo quita su apoyo a la auto-desprestigiada OCDE y reivindica la soberanía y la competencia fiscal entre países. Veremos qué hará la OCDE, si recapacita y actúa por el buen sendero o si continúa promoviendo políticas en detrimento de las personas.

Por último, y para seguir refutando a Wendell Holmes Jr. y su tan conocida, pero perjudicial frase, vale mejor citar a Mark Skousen, economista estadounidense, cuando dice:

Los impuestos son el precio que pagamos por fallar en construir una sociedad civilizada. Cuanto mayor sea el nivel de impuestos, mayor es el fracaso. Un estado totalitario de planificación centralizada representa una derrota completa para el mundo civilizado, mientras que una sociedad totalmente voluntaria representa su éxito final.

Dicho de otra forma, los impuestos son un claro indicio de incivilización y serán estudiados en un futuro como una mancha en la historia de la humanidad. Las sociedades alcanzarán su éxito total cuando el último impuesto sea recaudado.

Historia económica (III): Fertilidad y familia en el mundo católico y protestante

La demografía, como ciencia social, experimentó un gran avance en la década de 1950 con el desarrollo de la demografía histórica. Un hito importante fue la publicación en Francia, en 1956, de un manual técnico que revolucionó este campo al introducir un método para medir los cambios demográficos a partir de registros parroquiales. Hasta entonces, la demografía histórica dependía de datos censales y recuentos ocasionales. Gracias a este método, fue posible reconstruir familias y trazar vidas individuales de manera detallada. Los registros parroquiales, que comenzaron a proliferar en el siglo XVI tras el Concilio de Trento, incluían bautizos, cumplimiento pascual, confirmaciones, matrimonios y la unción.

Los aspectos fundamentales del análisis demográfico son la fertilidad, la nupcialidad y la mortalidad. La fertilidad se ha considerado clave para entender muchas cuestiones demográficas. A finales del siglo XV, la población aún sufría las secuelas de la Peste Negra, y los siglos XVI y XVII estuvieron marcados por un crecimiento demográfico irregular. La mayoría de la población se dedicaba a la agricultura y la ganadería.

El crecimiento del siglo XVI se vio truncado en el siglo XVII debido a hambrunas, guerras y epidemias, lo que provocó un aumento significativo de la mortalidad catastrófica. Esta podía llegar al 10% de la población, haciendo que la recuperación demográfica tardara entre 20 y 30 años. La mortalidad infantil era alarmante: entre 150 y 250 de cada 1000 nacidos no sobrevivían al primer año de vida, y una cuarta parte no llegaba a los 10 años. Las familias acomodadas tenían menores tasas de mortalidad infantil. La mortalidad era un fenómeno menos controlable que la natalidad, esta última influida por factores como la edad de matrimonio.

La fertilidad estaba regulada principalmente por el matrimonio, con un porcentaje del 5% de hijos ilegítimos. La edad media de acceso al matrimonio en Europa oscilaba entre los 24,5 y los 26,5 años. Además, entre el 10 y el 15% de las mujeres no se casaban, lo que afectaba directamente la natalidad. En muchas regiones europeas, la fertilidad estaba estrechamente ligada a la mortalidad. La edad avanzada limitaba la capacidad de concebir, y las restricciones religiosas imponían abstinencia en ciertos períodos del año. Aproximadamente el 20% de las parejas no tenían herederos, y otro 20% solo tenía un hijo.

Las ciudades presentaban un crecimiento demográfico distinto al del ámbito rural. Si bien los residentes permanentes podían mostrar un crecimiento natural, las ciudades absorbían población rural, lo que elevaba las tasas de mortalidad y frenaba el crecimiento significativo.

En el siglo XVII, Europa experimentó el fenómeno de la protoindustrialización, caracterizado por la producción masiva de manufacturas antes de la mecanización. La manufactura estaba principalmente en el campo y orientada a mercados interregionales e internacionales. Este proceso impactó la estructura familiar, ya que los ingresos provenían tanto del trabajo agrícola como manufacturero. En las regiones protoindustriales, la edad de matrimonio disminuyó en algunas zonas, como en Inglaterra, donde llegó a los 24 años. Sin embargo, la dependencia de los campesinos de herramientas como telares podía llevarlos al endeudamiento y retrasar el matrimonio.

El trabajo protoindustrial también modificó la dinámica familiar. En las regiones agrícolas, la actividad se concentraba en ciertas estaciones, lo que favorecía una crianza más estable. Los hogares manufacturistas tenían más hijos en edad de trabajar que los agrícolas. En los primeros, los padres tenían menor control sobre los hijos en comparación con los agrícolas, donde la dependencia familiar era mayor. En épocas de crisis, los hogares protoindustriales eran más vulnerables debido a que las parejas se casaban antes y tenían más hijos.

En cuanto al matrimonio, las diferencias entre católicos y protestantes fueron notables. La Reforma protestante introdujo cambios significativos, como la justificación por la fe, el sacerdocio universal y la infalibilidad de la Biblia. Martín Lutero rechazó el celibato y promovió el matrimonio como el eje de la vida personal. Para los protestantes, el matrimonio no era un sacramento, sino una institución fundamental que debía estar regulada por el Estado. En los territorios protestantes, el control del matrimonio pasó del clero a autoridades civiles, lo que marcó un proceso de secularización progresiva. En algunos lugares como Ginebra, se establecieron tribunales de asuntos morales para regular el matrimonio y la vida conyugal.

Los protestantes también eliminaron los impedimentos matrimoniales que existían en el catolicismo, al considerar que solo servían para obtener dinero con las dispensas. Calvino, por ejemplo, prohibió el matrimonio entre primos hermanos, pero permitió enlaces entre parientes más lejanos. Otro cambio fundamental fue la abolición del matrimonio clandestino, ya que los reformadores creían que debilitaba la autoridad paterna y generaba conflictos legales. Para evitar estos problemas, se estableció la obligación de contar con testigos y anunciar el matrimonio públicamente. Asimismo, los protestantes introdujeron el divorcio como alternativa a la anulación católica, aunque en la práctica solo se aplicaba en casos de adulterio o abandono del hogar. Sin embargo, los divorcios no fueron comunes.

En el mundo católico, el Concilio de Trento reafirmó el matrimonio como sacramento indisoluble. Aunque en algunas regiones protestantes el matrimonio se regulaba mediante leyes estatales, en Inglaterra la situación fue diferente. Enrique VIII inició un proceso de separación de la Iglesia católica al anular su matrimonio con Catalina de Aragón. Inglaterra mantuvo influencias tanto católicas como protestantes en su regulación matrimonial. El matrimonio clerical fue permitido, pero sin la promoción entusiasta de los protestantes. La separación de los cónyuges era posible por crueldad, aunque no implicaba la posibilidad de un nuevo matrimonio.

En el ámbito familiar, los protestantes consideraban que la familia debía ser la base de la educación religiosa. Promovieron la enseñanza del catecismo en el hogar y establecieron escuelas, lo que contribuyó a un mayor índice de alfabetización en los países protestantes en comparación con los católicos. En el mundo católico, la educación muchas veces estuvo ligada a internados religiosos, que funcionaban como una alternativa a la familia en la educación de los niños.

El derecho canónico condenaba por igual las actitudes sexuales, pero en la práctica los hombres eran castigados con menos severidad que las mujeres. En el mundo protestante, las mujeres solteras o casadas perdían su reputación de manera más significativa que los hombres, situación que también ocurría en el ámbito católico.

La moralidad influyó en la percepción de los hijos ilegítimos, quienes, aunque mal vistos y sin los mismos derechos de herencia, no siempre fueron rechazados, especialmente en la élite. Muchos alcanzaron altos cargos, pero en el mundo protestante eran considerados un desorden para la sociedad y la familia, al punto de creerse que estaban condenados incluso si eran bautizados. Los protestantes promovían la responsabilidad familiar sobre estos niños, evitando que fueran una carga para el Estado. En cambio, el mundo católico promovía la atención institucional de estos niños en casas de expósitos, argumentando que así se salvaba su alma y se devolvía el honor a sus madres.

El honor de la mujer dependía de su castidad, establecida por la sociedad. Para preservar esta imagen, se crearon instituciones como la Casa de Socorro de San Paolo, que acogía a mujeres con relaciones ilícitas. En algunos casos, los tribunales obligaban a los padres varones a otorgar una dote al hijo ilegítimo, permitiendo así que la mujer recuperara su dignidad, aunque los hijos sufrían estigmatización.

En cuanto al papel de la mujer, existían múltiples escritos que instruían sobre su comportamiento. En el mundo protestante, aunque se predicaba igualdad espiritual entre hombres y mujeres, se canceló el celibato y se aprobó el divorcio, medidas progresistas en apariencia. Sin embargo, Lutero y Calvino consideraban a la mujer inferior al hombre y sostenían que debía ser obediente a su esposo y padre, limitada al hogar y la crianza de los hijos. Los protestantes radicalizaron esta visión, rechazando la existencia de mujeres solteras y eliminando conventos, a diferencia del mundo católico, que ofrecía esta opción de vida a las mujeres.

En el siglo XVII, las oportunidades para las mujeres disminuyeron, especialmente en el ámbito laboral. En el protestantismo, el papel de la mujer quedó relegado a esposa y madre, con la esposa del pastor como única figura destacada. Esta situación estigmatizaba a las mujeres que trabajaban fuera del hogar, pues se consideraba un reflejo de dificultades económicas familiares, reforzando el papel doméstico de la mujer y limitando su independencia.

Serie Historia económica

(II) La economía en el s. XVI: población y agricultura

(I) Historiografía y consideraciones previas

Por qué acabar con USAID es enorme, aunque sea una pequeña parte del presupuesto

Por Peter Jackson. El artículo Por qué acabar con USAID es enorme, aunque sea una pequeña parte del presupuesto fue publicado originalmente en FEE.

El DOGE de Elon Musk está señalando el fin de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). El sitio web de la USAID está actualmente caído, y los empleados han sido bloqueados de los sistemas informáticos.

La USAID tiene una historia controvertida, y ha sido acusada de imperialismo por la izquierda y de despilfarro y corrupción por la derecha. En un artículo anterior sobre el Memorando de Estudio de Seguridad Nacional 200, destaqué una de estas cuestiones: un documento gubernamental que proponía utilizar la USAID (entre otras palancas) para reducir la población en los países en desarrollo bajo el pretexto de proporcionar ayuda.

Muchos defensores de USAID sostienen que la preocupación fiscal que subyace a la ofensiva de Musk es exagerada porque la agencia representa menos del 1% del presupuesto federal.

Sin embargo, el hecho de que la USAID represente una pequeña parte del presupuesto no nos da ninguna información sobre si debe o no suprimirse. De hecho, es probable que sea uno de los mejores lugares para empezar a recortar el gasto público. ¿Por qué?

1) Los grandes recortes cuestan más

Si su objetivo es reducir el gasto, ya sea personal o público, es mejor recortar los gastos más grandes, manteniendo todo lo demás constante. Si recorta una partida que representa el 15% de sus gastos en lugar del 5%, tendrá un mayor impacto con, en teoría, el mismo esfuerzo. Sin embargo, algunas cosas son más caras de recortar que otras.

Por ejemplo, en las clases de finanzas personales se suele sugerir que se puede ahorrar reduciendo las comidas fuera de casa o la compra de café. Sin embargo, para la mayoría de la gente, el coste mensual de comer fuera o tomar café es una pequeña fracción de su presupuesto total (muy parecido al de USAID). Entonces, ¿por qué empezar por ahí?

Se empieza por ahí porque es fácil recortar esas cosas de la vida en comparación con los grandes gastos.

Para la mayoría de la gente, los gastos en alquiler y pagos de hipoteca empequeñecen el gasto en café; sin embargo, ¡es muy difícil reducir el gasto en vivienda y transporte! Para alguien que tiene muy pocos ingresos, incluso una vivienda barata será cara en relación con todo su presupuesto, y el transporte es necesario para la mayoría de los trabajos.

A largo plazo, la gente puede reducir los gastos de vivienda buscando compañeros de piso o reduciendo el tamaño, pero la cuestión es que, a corto plazo, estos grandes presupuestos son difíciles de modificar. Por ello, recortar los gastos en Starbucks y comidas en restaurantes puede ser el primer paso más fácil cuando nos cuesta llegar a fin de mes.

Lo mismo puede decirse del gobierno estadounidense. Las grandes partidas del presupuesto (Medicare, Medicaid y Seguridad Social) serán muy difíciles de abordar. Como esas prestaciones son tan cuantiosas, modificarlas será costoso, tanto política como financieramente. Por ello, aunque en última instancia haya que abordar estas categorías, esto no implica que el gobierno deba ser financieramente irresponsable con pequeños gastos a corto plazo.

A la hora de decidir qué recortar, no es sólo el gasto total lo que debe tenerse en cuenta, sino la dificultad asociada al recorte. Decir que USAID es demasiado pequeña para recortarla es ignorar esta importante consideración. Como dije en X:

El 1% del presupuesto no parece un gran recorte, hasta que te das cuenta de que controlar un presupuesto suele implicar hacer muchos pequeños recortes, ya que los grandes recortes suelen ser inviables.

  • Peter Jacobsen (@PeterPashute) 3 de febrero de 2025
    En última instancia, tomando prestada una versión moderna de una frase acuñada por Benjamin Franklin: un penique ahorrado es un penique ganado. Un pequeño progreso sigue siendo un progreso.

2) El 0,7% no es el 0,7%

El otro problema del argumento «es sólo el 0,7%» es que es demasiado simplista. Desde un punto de vista contable, es cierto que USAID sólo representa el 0,7% del gasto total. Sin embargo, el impacto de USAID en el gasto no se limita a lo que gasta el propio departamento. USAID forma parte de una red que incluye varias agencias federales y burócratas. Estas agencias pueden actuar a veces como un equipo que trabaja para aumentar el gasto global. Para entender esta dinámica, tenemos que fijarnos en la economía de la producción en equipo.

Los economistas Armen Alchian y Harold Demsetz fueron los primeros en destacar la importancia de la producción en equipo en la toma de decisiones de las empresas. La producción en equipo se basa en una idea muy simple: la suma es mayor que las partes.

Supongamos que Patrick y yo montamos una empresa de mudanzas. Imaginemos que yo solo puedo mover 15 cosas por hora y que Patrick puede mover 20 por sí solo. Sin embargo, si trabajamos juntos, movemos 40 cosas. En otras palabras, trabajar juntos nos hace más productivos que cada persona trabajando individualmente juntas (40>15+20).

La razón es obvia: algunos objetos se mueven mejor en equipo. Un individuo tardaría muchísimo tiempo en mover un sofá él solo. Trabajar en equipo es más que doblemente rápido.

Como algunas de las cajas son producidas esencialmente por «el equipo», es difícil saber quién es el responsable de ellas.

En las empresas con ánimo de lucro, los equipos trabajan juntos para producir ingresos. Pero en las burocracias gubernamentales, los equipos suelen trabajar juntos para hacer crecer sus presupuestos (véase este artículo para más detalles).

Entonces, cuando el Departamento de Defensa elabora su propuesta presupuestaria y utiliza estudios realizados por USAID para justificarla, ¿quién es el responsable del aumento? Bueno, todo el aumento se atribuirá al Departamento de Defensa, pero está claro que USAID es en parte responsable.

En este sentido, la burocracia tiene la capacidad de alimentarse de sí misma, lo que hace que el impacto de una oficina relativamente pequeña como USAID sea más difícil de contabilizar.

3) Establecer un precedente

La última razón por la que es importante cerrar USAID se puede destacar con la siguiente pregunta: ¿Cuál fue el último departamento del gobierno estadounidense que cerró definitivamente?

¿Se le ocurre alguno? Enhorabuena si es así, porque yo no puedo. Lo más parecido que encuentro son departamentos que cambian de nombre (el Departamento de Guerra se convirtió en el Departamento de Defensa) o departamentos temporales que se cierran (como la Administración Nacional de Recuperación). Pero incluso en este último caso, gran parte del departamento se convirtió en lo que ahora es la Administración de Pequeñas Empresas.

El cierre de USAID sentaría un precedente importante. Nuestro gobierno, y la sociedad, necesitan acumular experiencia e infraestructura sobre cómo cerrar oficinas gubernamentales. Quejarse de que USAID no debería ser objeto de recortes porque es pequeña es como quejarse de que alguien corre 5 minutos para intentar entrenarse para una maratón.

Por supuesto que una carrera de 5 minutos no resuelve por sí sola el problema de prepararse para la maratón. No se trata de eso. La cuestión es que la carrera de 5 minutos acostumbra al cuerpo a correr durante 5 minutos. A partir de ahí, aumentas.

En mi opinión, el cierre de USAID será un importante indicador de que la administración de Trump tiene el poder de enfrentarse al Estado profundo. Si no puede eliminar USAID, no hay posibilidad de que se enfrente a algo más grande.

Además, veo esto como un indicador para el propio país. Si el Estado profundo de Estados Unidos es tan fuerte que es imposible cortar incluso una agencia establecida por orden ejecutiva que representa sólo el 0,7% del presupuesto, ¿cómo podemos esperar hacer frente a un problema de intereses de la deuda que explota y a un sistema de seguridad social insolvente?

Muchos en DC se burlan cuando se habla de la deuda nacional. Al fin y al cabo, llevan décadas advirtiendo sobre la deuda. Sin embargo, como señaló recientemente uno de mis amigos, los países nunca están en crisis de deuda soberana… hasta que lo están.