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Cómo los bolcheviques destrozaron el rublo

El primer gobierno soviético o Sovnarkom, Consejo de Comisarios del Pueblo en ruso, se encontró un acuciante problema de ingresos nada más llegar al poder. En un primer momento, su interés por la ruptura total por el pasado incluía, como no podía ser de otra forma, un cambio en la moneda. Aunque siguiera llamándose rublo, la nueva moneda debía tener una acuñación distinta y ser claramente diferenciada de la anterior. Ahora bien, en la Rusia de finales del 1917 no había en circulación una moneda, sino dos. La primera de ellas era popularmente conocida como “nikolaevkis” en honor del despuesto zar Nicolás II competía con la moneda acuñada por el efímero Gobierno Provisional, los “kerenkis”, llamados así por el ministro de justicia y segundo primer ministro del Gobierno Provisional, Alexandr Kérenski.

Ley de Gresham

En un primer momento, el Sovnarkon siguió imprimiendo kerenskis exactamente igual que el Gobierno Provisional. Cuando ya en febrero de 1919, Lenin, con el empeño fehaciente de Bujarin, impuso la nueva moneda bolchevique, el cambio oscilaba para un billete de 1.000 rublos del Gobierno Provisional por 50.000-60.000 rublos soviéticos. Ya el año anterior, el Banco Popular (nombre del banco central) había limitado sus emisiones a dos mil millones de rublos, por supuesto sin ningún tipo de respaldo. En octubre de 1918 el límite ya había tenido que subirse a 33.500 millones de rublos. Pero es que en febrero de 1919 la emisión ya iba por 61.000 millones.

Como vemos, la situación monetaria comprendía la pervivencia en el mismo tiempo y lugar de tres monedas diferentes. En teoría económica, la denominada Ley de Gresham explicita que “el mal dinero expulsa al bueno”. Esto quiere decir que, en el caso de que dos monedas convivan en un momento determinado, la gente tenderá a atesorar la moneda de mejor calidad en detrimento de la peor, mientras que ésta será la que utilice para sus transacciones diarias. En esta versión revolucionaria rusa de la ley, la situación se agrava por la aparición de una tercera moneda. El destrozo de la moneda llegó a tal punto que, pese a la obligación de utilizar la moneda bolchevique, los rusos siguieron atesorando en rublos imperiales y pasándose al trueque en sus transacciones habituales.

Revolución y caos monetario

En apenas dos años de existencia, el mercado negro ya se había generalizado en Rusia para conseguir los suministros esenciales. Fue a partir de la revolución a la inversa, también llamada Nueva Política Económica (NEP, por sus siglas en inglés) cuando el rublo comenzó a bajar sus tasas inflacionarias hasta niveles más o menos normales, aunque ello no llegó hasta 1925 de forma definitiva.

De nuevo, vemos que no existe episodio revolucionario en el que una deficiente política monetaria no haga acto de presencia. Por supuesto, el desorden monetario ya había empezado en la época zarista, agravada por la Primera Guerra Mundial. El Gobierno Provisional siguió por el mismo camino de emisión descontrolada. Pero fueron los bolcheviques los que, ante el colapso en la recaudación como consecuencia de sus estatalizaciones, más tiraron de la impresión de moneda fiduciaria. Para que nos hagamos una idea, tomando el año 1913 como base 1, para 1923 el índice general de precios ya se había ido a 648.230.000. El valor real del rublo cayó desde 1.919.000 millones antes de la Primera Guerra Mundial hasta los 29.000 millones en 1921.

Lenin se adelanta a Lord Keynes

Fue en X Congreso de Partido cuando Lenin propuso la Nueva Política Económica (NEP). Esto es, una suerte de propiedad privada entre los campesinos, aunque la tierra seguía siendo nominalmente del Estado. El Estado siguió controlando la industria, el comercio internacional y la banca. En 1923, el último año antes de la implantación total de la NEP, el rublo se cambiaba por 5.040.000.000 libras esterlinas.

El cambio se produjo hacia un sistema de dos monedas en lugar de tres. En primer lugar, los ‘sovznarks’ estarían respaldados por la segunda moneda, los ‘chervonets’. Como vemos, se trata de un sistema que recuerda bastante al implantado por Keynes en Bretton Woods. Los ‘chervonets’ estarían sustentados en un 25% por una amalgama de metales en poder del banco central y otro 75% restante por divisas internacionales (los rusos tenían prohíbo comprar divisa extranjera).

De nuevo hizo acto de aparición la Ley de Gresham, como siempre que se implanta un sistema monetario dual. Las transacciones habituales se realizaban en sovznarks, mientras que los chervonetz, con su respaldo parcialmente metálico o en divisas extranjeras, quedó como depósito de valor. Este sistema, sin embargo, consiguió contener la inflación y trajo un periodo de relativa calma en la economía soviética hasta las colectivizaciones de Stalin a parir de 1928.

Si el lector desea profundizar en este asunto, puede encontrar este artículo extendido en su versión académica en Economic Affairs.

Ver también

Una revolución desde el poder. (Jaime Juárez).

1917, la revolución económica. (José Carlos Rodríguez).

La Curva de Laffer y el Impuesto sobre la Renta

Un análisis de elasticidad y eficiencia recaudatoria en la fiscalidad del trabajo y el ahorro

El nuevo informe del Instituto Juan de Mariana explora la aplicación de la Curva de Laffer a la fiscalidad del IRPF español. Tras revisar el periodo 1995-2022, se extraen conclusiones valiosas sobre la eficiencia recaudatoria del gravamen que sugieren que España podría reducir notablemente los tipos de referencia del impuesto sin que esto se traduzca en una pérdida de recaudación, puesto que los umbrales aplicados en la actualidad (del 19 al 47 por ciento) chocan con la horquilla sugerida por el análisis de equilibrio lafferiano (del 14,5 al 36 por ciento).

El cambio a ese marco de fiscalidad más reducida generaría, de hecho, un aumento de la recaudación a medio plazo estimado en 1.000 millones de euros, merced a una mayor actividad económica. Sucede algo similar con las rentas del capital, que también están tributando por encima de los niveles sugeridos por la Curva de Laffer.

Los principales puntos del informe son los siguientes:

  • La Curva de Laffer ilustra la relación entre tipos impositivos y recaudación fiscal. Cuando los impuestos son bajos, las subidas tributarias generan un aumento creciente de los caudales públicos. Sin embargo, cuando se rebasan ciertos niveles de imposición, esta relación empieza a revertirse. De hecho, si se superan determinados umbrales de tributación, los ingresos obtenidos por el fisco pueden entrar en terreno negativo, debido al deterioro de la base imponible del impuesto.
  • Anteriores cálculos referidos a la Curva de Laffer en España han sugerido que la mitad de los contribuyentes se sitúan en la “zona prohibitiva” de la curva y, por tanto, están sujetos por tanto a tipos impositivos efectivos tan elevados que su impacto en términos de reducción la actividad económica termina minando la capacidad recaudatoria del impuesto.
  • El Instituto Juan de Mariana ha estudiado la relación entre el tipo medio del IRPF y los ingresos obtenidos a través de dicho gravamen, cubriendo el periodo 1995-2022 para estimar cuál es el punto en el que se alcanza el equilibrio lafferiano (es decir, el umbral de tributación a partir del cual un aumento adicional de la tributación arroja rendimientos recaudatorios decrecientes). Los resultados presentados están ajustados para tomar en cuenta el crecimiento económico, la inflación y el aumento de la población.
  • Durante el 90 por ciento del periodo comprendido entre 1995 y 2002, el tipo medio del IRPF ha superado el umbral de equilibrio lafferiano. Esto significa que, en 25 de los 28 años analizados, la fiscalidad aplicada sobre la renta y el ahorro de los trabajadores españoles se ha situado por encima de al umbral de equilibrio lafferiano. Por tanto, los impuestos han tenido un efecto destructivo sobre la base imponible que se ha traducido en una caída de la recaudación.
  • La evidencia sugiere que el tipo medio de equilibrio lafferiano del IRPF para 1995-2022 sería del 10,77 por ciento. Sin embargo, este indicador alcanzó el 13,94 por ciento a lo largo de 2022, tras años de sucesivos aumentos en la presión fiscal. Por lo tanto, España presenta hoy un IRPF claramente superior a los niveles que sugeriría la búsqueda de una mayor eficiencia.
  • En el caso de los rendimientos del trabajo, el punto de inflexión del IRPF se alcanza con un tipo medio del 13,72 por ciento, pero los niveles observados en la actualidad son del 16,53 por ciento.
  • La escala de tipos del IRPF oscila en la actualidad entre el 19 y el 47 por ciento, pero el análisis de eficiencia recaudatoria basado en la Curva de Laffer sugiere adoptar tipos más bajos, de entre el 14,5 y el 36 por ciento. A medio plazo, dichos umbrales generarían 1.000 millones más de recaudación, como resultado de una mayor actividad económica que ensancharía las bases imponibles y mejoraría la eficiencia recaudatoria del tributo.
  • En cuanto a las rentas del capital, la imposición efectiva es actualmente del 19 por ciento, mientras que el umbral de equilibrio lafferiano se sitúa en el 18,53 por ciento. En este sentido, también se recomienda una reducción de los tipos de referencia del gravamen y, en ningún caso, nuevos incrementos del mismo.

    Descargar el informe completo.

El Estado y el orden mundial. Sobre la crítica de Hoppe a Milei

Muchas obras de política e historia conciben erróneamente el poder como una «realidad» ajena a las ideologías. El término Realpolitik solo tiene sentido cuando se emplea para calificar la política que se atiene a las ideologías comúnmente aceptadas, en contraste con la que pretende basarse en ideologías escasamente compartidas, las cuales, por tanto, no sirven para fundamentar un sistema duradero de gobierno[1].

Ludwig von Mises. La Acción Humana.

Permítaseme comenzar estas líneas trayendo aquí un discurso pronunciado en la Cámara de los Comunes el 1 de junio de 1829; quisiera emplearlo no solo para cimentar el análisis que procederé a acometer a continuación, sino para presentar y justificar el enfoque que lo preside y orienta.

[El principio de no interferencia es] el principio por el que todas las naciones tienen el derecho de gestionar sus propios asuntos internos como le plazca en tanto no perjudique a sus vecinos; y por el que una nación no tiene derecho a controlar, por la fuerza de las armas, la voluntad de otra nación en la elección de su gobierno o mandatario. [Este principio] debe ser sagrado. […]. Pero, en todos los debates, es de gran importancia llegar a una comprensión clara del significado preciso de los términos empleados en el debate. […]

Si por “interferencia” se entiende la interferencia por la fuerza de las armas, tal interferencia [está vetada a Inglaterra]. Pero, si por “interferencia” se entiende intromisión de cualquier manera y en cualquier medida, exceptuando la fuerza militar efectiva, entonces debo afirmar que no hay nada en esa interferencia que el derecho de las naciones no pueda contemplar en ciertos casos […].

La concepción whig del gobierno

Sin abordar los pormenores de la coyuntura en la que se produjo dicha proclama, el sintagma “ciertos casos” alude a la predisposición del orador a salvaguardar el sistema de free government o free state en cualquier punto de la geografía continental siempre que éste halle en peligro de ser derrocado. Representa, pues, no solo la concepción whig sobre el Gobierno y los principios rectores de las relaciones interestatales, sino también aquella filosofía de la historia predicada como whig que entraña en su seno un ideal de libertad, tanto individual como política.

Tomar el todo por la parte, no obstante, induce a una simplificación que tergiversa la realidad de los hechos, y lo cierto es que, en el propio núcleo de los whigs, educados en la Universidad de Edimburgo, al abrigo de las doctrinas de Adam Smith o Dugald Stewart, existían tantas interpretaciones sobre el principio de no interferencia ―también de no intervención o no dominación― como individuos encargados de la gestión de los asuntos públicos del Gobierno y el Estado, en el marco de una coordenadas temporales concretas.

Así pues, no faltan los trabajos afanados por tratar de dirimir si el orador cuyas palabras he reproducido aquí era o no un verdadero whig, suscriptor, por tanto, del liberalismo al que se adhería el whiggism; se ha examinado su política exterior exhaustivamente para desentrañar su pensamiento político, soslayándose, quizás, el profuso proceso de transformación de las estructuras en las que discurrió la vida de un personaje cuya adscripción ―moral― al liberalismo tanto se ha puesto en entredicho a la luz de sus acciones políticas.

Críticas de Hans Hermann Hoppe a la política exterior de Javier Milei

Hoy como ayer, la práctica se juzga bajo el rigor de la teoría; así, las críticas que Hans Herman Hoppe vertió sobre la política exterior del gobierno de Javier Milei en la decimoctava edición de la ronda de conferencias organizada por la Property and Freedom Society, traslucen esa ineluctable tendencia humana a la catalogación, a analizar la obediencia ― o desobediencia― de unos principios teóricos en la ejecución de acciones que, por todo lo demás, han de ser coherentes y consecuentes con aquéllos.

Hoppe le recordó al presidente argentino que, siendo la guerra, la paz y las relaciones exteriores “the biggest of all questions for a libertarian”, una política exterior predicada como libertaria se ha de basar en los principios de neutralidad y no interferencia; en puridad, los tres puntos cardinales de las críticas que el autor anarcocapitalista despacha contra un presidente que se muestra al mundo como seguidor de sus tesis y planteamientos ― y también de los de Murray Rothbard― solo pueden entenderse a la luz de ese axioma.

Así, 1) los vínculos entre Milei y las estructuras que vertebran el orden mundial desde 1945 bajo la hegemonía preponderante de Estados Unidos; 2) el compromiso de estrechar lazos entre Argentina y la OTAN; y 3) el refuerzo de las fuerzas militares nacionales, suponen cuestiones que Hoppe interpreta teniendo presente qué significa el principio de no interferencia para un libertario tanto en el orden interestatal como en el meramente individual. La base ontológica de dicho principio, empero, remite a una noción que, aunque replique en el estrato de las relaciones interestatales, nace en el orden más elemental y natural de un individuo, y que no es otra que la noción de libertad individual.

Lo que este artículo no es

De ahí, la breve reseña histórica con la que he iniciado esta exposición y en la que vengo a apoyarme para justificar que mi objetivo aquí no es someter a análisis las críticas de Hoppe; juzgarlas de inmerecidas o justas; tampoco, emprender un manido examen que me haga intérprete de la política exterior de Milei en términos de liberal-libertaria, liberal-clásica o, como algunos gustan decir, liberal-whig. Resulta evidente que, en su fuero interno, Milei profesa un tipo de liberalismo; cuestión aparte es si sus acciones se corresponden con las ideas con las que comulga; y la defensa que muchos harán del presidente se reducirá a señalar ― con bastante lógica― los constreñimientos ante los que se encuentra la ejecución de su acción política a modo de exculpación.

Por todo ello, considero que carece de valor tratar de determinar si la política exterior del presidente de Argentina es o no liberal; de la misma manera, las críticas de Hoppe solo pueden justificarse bajo un análisis meramente teórico en el que se sometan a examen la coherencia y correspondencia entre la teoría libertaria que, entre otras obras, Hoppe expone en Monarquía, democracia y orden natural, y aquellas acciones que, impulsadas por un determinado tipo de ideas, acomete Milei en el diseño y ejecución de su política exterior.

Lo que sí pretende

Tal enfoque resultaría redundante e innecesario. En su lugar,

  • considerando los tiempos en los que Milei asume la presidencia argentina como de transición ― como en la década de 1830 ―; y
  • habiendo señalado la última instancia de la que emana el principio de no intervención ― la concepción de libertad individual―,

acometeré un análisis del primer discurso que el argentino pronunció ante la ONU el pasado 24 de septiembre en la 79ª Asamblea General en el marco de la Cumbre del Futuro. En ella, Milei, en representación de la nación argentina, no solo rechazó la adhesión al Pacto para el Futuro, sino que también proclamó una Agenda de la Libertad con igual vocación de desplegar efectos en el mañana.

Tomando como base el principal elemento de las críticas de Hoppe, relativo al principio de no intervención, mi propósito, pues, es tratar de responder a la cuestión de si la oposición de Milei ― y el gobierno argentino ― al globalismo ideológico, condensado tanto en la Agenda 2030 como en su sucesor, el Pacto para el Futuro, y al que el presidente se refiere como wokismo, entra en contradicción con ese asenso que, como bien ha señalado Hoppe, hace del globalismo geopolítico ― imperialismo estadounidense para Hoppe―.

El statu quo

Tomaré por tal el statu quo contemporáneo que equilibra Occidente, presidido por i) la moral del multiculturalismo; ii) la política y cultura de masas; iii) la forma política del Estado del Bienestar; iv) la noción de gobierno administrativo; y v) las Organizaciones Internacionales. A mi juicio, habría que añadir un sexto pilar que, en la actualidad, solo acierto a intuir, y que es la mitificación de la libertad, un elemento que alude a la banalización de la misma, al vacío de su significado y, en último término, a su anulación e inoperancia, pues, si hasta a la tiranía se le puede llamar libertad, ¿qué es ésta, si no, un mito?

En la aludida intervención de Hoppe, éste afirma que aprecia una evolución en Milei, que ha pasado de adoptar una postura anti estatista, a otra meramente antisocialista. Puede adelantarse ya y sostenerse que esta evolución cristaliza en el discurso que me propongo estudiar: Milei asume y valida la operatividad de las estructuras estatales; no las niega; y ello me permite establecer esa relación que hago entre globalismo ideológico y globalismo geopolítico, y que impone considerar, específicamente, las formas/modelos de Estado que el presidente desaprueba y las que ratifica, y así poder llegar a una aproximación del concepto de libertad individual que Milei baraja y erige en el sustrato de su Agenda de la Libertad.

La postura de Milei ante el orden interestatal

Porque la noción de libertad individual es, ciertamente, la única idea fuerza que penetra y permea en todos los órdenes que rigen la vida del ser humano, desde el entorno más directo e inmediato, hasta aquél que erigen las relaciones a escala planetaria, presididas, aún hoy, por el ente del Estado, él mismo, un modo de pensar la libertad en sociedad. Aprehender el concepto que Milei baraja de esta idea da mucha cuenta, no solo de su acción política, tanto interior como exterior, sino también, y principalmente, del estado en el que se encuentra el liberalismo en una etapa transicional como la que nos concierne.

Cinco son las partes en las que es posible dividir el discurso de Javier Milei ante la ONU, en el que aborda tres cuestiones como son la paz y la seguridad; la degradación de las estructuras de la comunidad interestatal ante el desprestigio de una ideología ― aquélla coagulada en la Agenda 2030―; y la conciencia de una transformación de los tiempos.

Así pues, es en la sección meramente introductoria, en la que se presenta definiéndose como “un economista liberal libertario […] que fue honrado con el cargo de presidente de […] Argentina frente al fracaso de [las] políticas colectivistas”, en la que expone los dos ejes de su intervención, a saber, el rechazo a medidas políticas “colectivistas”, subsumidas en la Agenda 2030, y la presentación de los valores que regirán la propuesta de una alternativa que ofrece a su audiencia y que es, al fin y al cabo, el núcleo de su alocución.

El concepto de libertad de Javier Milei

A continuación, la segunda de las partes es un repaso a los orígenes de las Naciones Unidas; es en el relato que hace de los mismos donde hay que situar el juicio que emite Hoppe y que presenta a Milei como “unaware of revisionist history”. Esta percepción del alemán es el principal cimiento de su desaprobación a una relación entre un individuo que se dice libertario y las élites que hoy integran el imperialismo estadounidense y que, en cuanto que imperialistas, se muestran belicistas y, por ende, con tendencia a la intervención.

Sin duda, resultaría sumamente sugestivo detenerse en este relato que expone Milei para contrastarlo con la visión de la Historia que Hoppe sostiene en su artículo The Libertarian Quest for a Grand Historical Narrative o, además de la obra citada más arriba ―sobre todo, en la introducción―, en A Short History of Man; mas, dado que mi objetivo es desentrañar el concepto de libertad que maneja el argentino, subrayaré al respecto que, entre una visión y otra de los acontecimientos históricos, especialmente, de los más recientes de la Historia Contemporánea, aquello que se pone de manifiesto es esa dicotomía entre dos planteamientos:

Libertad concebida manera negativa

Es la propia de la doctrina hobbesiana; replicada por el liberalismo utilitarista de Bentham y que refiere a la libertad de acción, esto es, a la posibilidad de hacer todo cuanto no esté prohibido o regulado, entroncando con el positivismo jurídico, con la producción legislativa y, por tanto, con el artificio del Estado, nacido de un teórico contrato social con elque, según Hobbes, desaparece la ley natural.

En ese contrato social, la obediencia al soberano, que pacifica los conflictos ― faceta política de la soberanía― creando leyes ―faceta jurídica de la soberanía―, la libertad en la sociedad no es, ni más ni menos, que la prescrita por aquél; pero el individuo siempre será libre, puesto que, aunque sea dentro de los márgenes de la legislación, conserva capacidad de acción, y si decide no acometer una acción prohibida, por más que le apetezca, sigue siendo libre en tanto ha decidido, mediante un proceso racional, seguir el mandato del soberano.

Libertad concebida positivamente, basada en la ley natural

Proclama que los individuos nacen libres; esa libertad dada en llamar natural ―inalienable―, empero, se manifiesta en sociedad cuando las estructuras que dominan el entorno la reconocen garantizándola a través del Derecho. Refiere al poder pre-político, al estatus de persona libre por el mero hecho de serlo, de ahí que se priorice el establecimiento de un gobierno de las leyes y no de los hombres, esto es, que el reconocimiento del estatus de libertad de los individuos no quede al albur de la voluntad de aquél que detente el poder, sino que quede garantizado en el seno de una comunidad que conoce las leyes naturales, aplicadas según sus usos y costumbres, y donde el soberano sea, por ende, político, pero no jurídico.

Es decir, que ordene y pacifique conflictos, pero no evitándolos a priori mediante la creación de leyes nuevas, sino que los ataje cuando se produzcan a través de la revisión de las ya existentes de manera espontánea. Es la idea subyacente en el free government que, además, reconoce al hombre como animal político.

Todo ello puede observarse en el elemento que le servirá a Milei para justificar su postura ante la Agenda 2030 que deplora: incide en que la Declaración Universal de los Derechos Humanos es la razón de ser de la ONU, y afirma que ha sido la negligencia de la Organización en atender su observancia lo que le lleva a desligarse de la nueva agenda global, con la que se seguiría incurriendo en dicho error.

Los Derechos Humanos

Le atribuye, pues, a la ONU la defensa de la máxima de que “todos los seres humanos nacen libres e iguales, en dignidad y derechos”:  

[…] quiero aprovechar para […] alertar a las distintas naciones del mundo sobre […] el peligro que implica que esta organización fracase en cumplir su misión original. […] Ha sido precisamente la adopción de esa Agenda [la 2030], que obedece a intereses privilegiados; el abandono de los principios esbozados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, lo que tergiversó el rol de esta institución y la puso en una senda equivocada. Así, hemos visto cómo una organización que nació para defender los derechos del hombre ha sido una de las principales propulsoras de la violación sistemática de la libertad […].

Milei identifica, así, a lo largo de su discurso, la doctrina de los derechos humanos con el derecho a la vida, la libertad y la propiedad, pero también con la igualdad ante la ley, un axioma que, como nos recuerda Dalmacio Negro, es un vestigio de una de las formas históricas del Estado: el Estado de Derecho. Como todo en la Historia, los cambios no se producen de un momento a otro; el sujeto histórico no aprecia esos cambios como una disrupción, sino que asume e integra las transformaciones de manera paulatina y natural.

Es el historiador el que categoriza las sucesivas etapas históricas. Algo similar, pues, ocurre con la Historia de las formas de Estado: no representan compartimentos estancos, nítidamente diferenciados, sino que están integradas por usos, modelos y prácticas que van solapándose unos con otros hasta cristalizar en una forma a la que el historiador se encarga de dar nombre.

El Estado de derecho

Así, el Estado nació para garantizar la seguridad; en la persecución de su objetivo, y bajo la forma de Estado de Derecho, busca acabar con los conflictos que surgen en el seno de una comunidad apoderándose de ella mediante la prescripción de normas que, en última instancia, presentan una profunda carga moral. El Derecho, cuya esencia es orgánica, naciendo de la comunidad de manera espontánea, pertenece a la comunidad; se diferencia de la Legislación, cuya esencia es técnica y artificiosa, y pertenece al Estado, que nace para acabar con los conflictos y, sin pretenderlo, anula la vida política, que es la esencia de la libertad.

El Estado de Derecho, basado en la igualdad ante la ley, tiende a prescribir y regular pautas de conducta social, regulando, pues, la moral de la comunidad para acabar con los conflictos. Y, así, ampararse en los derechos humanos, una abstracción de fuerte carga moral y cultural, producto de la Legislación de corte estatista, es fruto de una concepción negativa de la libertad.

A la preservación de esta tríada de derechos, bajo la garantía de la igualdad ante la ley, Milei le atribuye esa paz que predica como “global”y que descansa en la cooperación política entre Estados. Hete aquí, además, una nueva discrepancia con Hoppe, pues, aunque éste no lo exprese en la conferencia de la Property and Freedom Society, la cooperación que el alemán presume ordenadora de un orden anarcocapitalista emana de la cooperación que deriva de la división del trabajo, según la consideración praxeológica de Mises.

O comercio o balas

Así pues, al menos en esta alocución del argentino, Milei invierte los presupuestos: el comercio y la integración económica solo son posibles en un contexto de estabilidad política; el círculo se cierra como exponen las palabras del propio presidente:

[Tuvimos] 70 años consecutivos de relativa paz y estabilidad global bajo el manto de un orden que permitió al mundo entero integrarse comercialmente, competir y prosperar. Porque donde entra el comercio no entran las balas, decía Bastiat, porque el comercio garantiza la paz, la libertad garantiza el comercio, y la igualdad ante la ley garantiza la libertad.       

Aquí se desprende que el núcleo de la paz ― ausencia de conflictos― es, consecuentemente, la igualdad jurídica, a la que liga la libertad. Y especial énfasis ha de hacerse en que, en relación con todo ello, Milei invoca una profecía bíblica según la cual el fin último de la historia de las naciones es la paz, el fin de la guerra; de consecuencia, acaba afirmando que la ONU representa “una organización que había sido pensada esencialmente como un escudo para proteger el Reino de los Hombres […]”. Es ésta una cuestión sobre la que volveré al abordar la cuarta parte del discurso, pero que conviene dejar ya planteada.

A continuación, dedica la tercera de las partes en exclusiva a abordar el descarrilamiento de la ONU de su senda original. Lo hace desglosando el modelo que ha traído consigo la implantación de la Agenda 2030; y es en este marco donde invoca, por vez primera, a los Estados-nación. Éstos son otra forma histórica del Estado, simultáneo al Estado de Derecho. Al respecto, puede decirse que la forma actual del Estado del Bienestar, sobre la base de la justicia social, presenta una amalgama de elementos doctrinales de las anteriores, a saber: una concepción de la soberanía asentada en la idea de nación; la atribución de la autoridad o legitimidad de esa soberanía a la opinión pública, asentada en la cultura conformada por las ideologías; y la igualdad ante la ley como salvaguarda de la libertad política/colectiva/en la comunidad.

Justicia social

Es de sobra conocida la postura de Milei respecto a la idea de justicia social; no redundaré en ella. No obstante, en este discurso en particular, parece claro que Milei se opone, en puridad, al Estado del Bienestar, una oposición implícita en el calificativo “socialista” con el que adjetiva ese modelo que “pretende solucionar la pobreza, la desigualdad y la discriminación con legislación”. La única igualdad que reivindica es la de la igualdad ante la ley, factor del que hace depender una prosperidad que ahora se abstiene de predicar como económica, material y/o social:

Porque la historia del mundo demuestra que la única manera de garantizar la prosperidad es limitando el poder del monarca, garantizando la igualdad ante la ley y defendiendo el derecho a la vida, la libertad y a la propiedad de los individuos.

Por ende, y esto es importante subrayarlo, en términos estrictos, aquello que viene el presidente a repudiar es la expansión de los márgenes de la soberanía del Estado; es decir, denuncia públicamente el desbordamiento de la soberanía nacional que legitima el Estado-nación. En suma, para él, el Estado-nación viene a ser una suerte de sinónimo de Estado de Derecho, dado que, aunque no menciona nunca esta forma, su mención expresa al Estado-nación y el celo con el que convierte a la igualdad ante la ley en un presupuesto sine qua non de la libertad, revelan que Milei concibe al Estado-nación como forma en la que se fusionan las virtudes que reconoce a la seguridad jurídica y a la existencia de la nación. Rechaza, así, un Estado de “gobernanza supranacional de burócratas internacionales, que pretenden imponerles a los ciudadanos del mundo un modo de vida determinado”.

Soberanía nacional y Estado-nación

Esta cosmovisión política de Milei, inserta en el modelo de Estado-nación que defiende, precisa 1) de la legitimidad que le concede la autoridad que emana de esa nación que se expresa a través de la opinión pública; 2) de un alter-ego o enemigo del que se vale para definir el particularismo que le otorga el espacio, del que depende su operatividad; y 3) de una ideología con la que no solo prescribir pautas de comportamiento a la población para evitar conflictos internos, sino también para demarcar el espacio propio y de otros Estados-nación, esclareciendo los confines de su soberanía. Esto devuelve un silogismo que ilustra la competencia por el espacio de los Estados, fuente no solo de su riqueza, sino también de su propia existencia.

Así, la preocupación que Milei expresa en el conjunto de su discurso en general, pero en esta tercera parte en particular, se debe al socavamiento de la soberanía nacional por una ideología determinada. Mas, como se desprende de sus palabras, se trata de una ideología que no solo impone una moral ― “woke”, en palabras del presidente―, sino que también entraña un mandato a adoptar un posicionamiento geopolítico, de reordenación de los Estados-nación en el conjunto de la comunidad interestatal:

Así estamos hoy con una organización impotente que […] invierte tiempo y esfuerzo en imponerle a los países pobres qué, cómo y deben producir, con quién vincularse, qué deben comer y en qué creer, como pretende dictar el presente Pacto del Futuro.

Una Agenda de la libertad

Pese a la ambigüedad, el sintagma “con quién vincularse”, inserto en esta queja, alude, cuando menos, a una voluntad por desligarse de una ideología que, ya sea representada en la Agenda 2030, en el Pacto del Futuro o en el wokismo, con su moral conduce a una alianza estrictamente geopolítica. De este modo, se inicia la sección dedicada a presentar el posicionamiento argentino que será, consecuentemente, a la par ideológico y geopolítico; se nos presenta, así, la Agenda de la Libertad, vertebrada sobre las ideas de la libertad,  

[…] esas ideas que dicen que todos nacemos libres e iguales ante la ley, que tenemos derechos inalienables otorgados por el Creador, entre los que se encuentran el derecho a la vida, la libertad y la propiedad.

Hete aquí la mayor de las confusiones que comete Milei. Como ya he subrayado más arriba, no escatiman las referencias bíblicas en esta alocución; al margen de consideraciones morales del orador basadas en una determinada fe religiosa, denotan que el presidente invoca una divinidad externa al mundo de los hombres, a la que señala como la fuente de los derechos que cualquier individuo ha de disponer por el mero hecho de serlo.

Una fuente semejante, así prescrita, aparecería asociada, inexorablemente, a la libertad concebida de manera positiva, dado que refiere al ámbito de la pre-política, a un orden natural, espontáneo y orgánico; empero, obsérvese que Milei enuncia, antes de nombrar al “Creador”, ese axioma que, llegados a estos extremos del discurso, puede sostenerse que representa la principal máxima de la que se erige en defensor y exponente, y que no es otra que la igualdad ante la ley.

Javier Milei, minarquista

Así las cosas, y de acuerdo con la exposición argumentativa que he ido trazando, una igualdad concebida en términos jurídicos presupone la existencia de un orden regido por la premisa de que la libertad es aquello que establece la ley. Ley, entendida como voluntad de aquéllos que poseen la capacidad de crearla, de legislar. Si la libertad ha de ser definida por la voluntad de los hombres, carece de sentido apelar a ninguna fuerza ajena a ellos; de lo que se sigue que Milei está barajando, en todo momento, la concepción negativa de la libertad.

Es este eje el que articula, en definitiva, la doctrina de la Agenda de la Libertad, condensado en la siguiente proclama:

Creemos [los argentinos] en la defensa de la vida de todos; creemos en la defensa de la propiedad de todos; creemos en la libertad de expresión para todos; creemos en la libertad de culto para todos; creemos en la libertad de comercio para todos, y creemos en los gobiernos limitados, todos ellos.

Ciertamente, Milei se está refiriendo al Estado mínimo, aun cuando lo mencione como “gobierno”; mas este Estado mínimo no es aquél que se abstiene de ejercer una injerencia abusiva en la fiscalidad y en la vida privada de los individuos, limitándose a las prescripciones de la legalidad, sino aquél cuyo espacio sigue circunscrito a los confines de su nación. Se trata de una confusión ― tomar Gobierno por Estado― que, sin embargo, en el conjunto del discurso, resulta coherente, ya que el principal propósito del presidente es establecer una contraposición de modelos, tanto de carácter ideológico como geopolítico.

Un proceso de cambio profundo

Y es que Milei, antes de enunciar la doctrina de las “ideas de la libertad”, subraya que éstas son fruto de “un proceso profundo de cambio” que ha experimentado Argentina, y que parece señalar como síntoma del agotamiento del wokismo en el seno de este país, un síntoma que también replica en el exterior.

No queda claro en el discurso del presidente dónde sitúa el origen de esta decadencia, si dentro de las fronteras argentinas o fuera de ellas; probablemente, porque, en tiempos de una agudización de la globalización que acelera los cambios, los límites se vislumbran imprecisos y confusos. Sea como fuere, lo cierto es que este viraje en Argentina lo induce a adoptar una “conducta internacional”, esto es, no solo a orientar el cambio dentro de sus fronteras, sino a hacerlo igualmente fuera de ellas, reordenando la esfera argentina y participando también de la reordenación interestatal. 

Las ideas de la libertad

De este modo, como puente entre la cuarta parte y la quinta, se observa que el presidente reconoce que las ideas solo trascienden si aparecen acompañadas de la acción, y, tratándose de unas ideas con vocación de confrontar otras que se han visto reproducidas tanto en el orden de cada país, como en aquél que integra la comunidad interestatal, sostiene que, “[la doctrina de las ideas de la libertad,] tiene que ser apoyada en los hechos, diplomáticamente, económicamente y materialmente, a través de la fuerza conjunta de todos los países que defendemos la libertad”.

Ello supone, pues, un llamamiento a la cooperación política sobre la base de una ideología que, así, se resuelve en una alianza geopolítica. Se llega, de este modo, a la última sección de su discurso, toda ella, una declaración de la postura argentina en un orden interestatal que Milei, a lo largo de su intervención, define por el proceso de cambio en el que se halla inmerso, reivindicando una forma política al amparo de una nueva ideología que pasaré a analizar a continuación.

Globalismo: ideología y geopolítica. Conclusiones finales

La comunidad interestatal, como en el siglo XIX, presenta un régimen multipolar revestido de bipolaridad. Quiere ello decir que son varias las potencias[2] las que se disputan la hegemonía del orbe, mas, la existencia del Estado-nación, aun agonizando entre estertores, con los presupuestos de los que requiere para mantenerse en pie ― destacando el de la ideología y la necesidad de un alter-ego―, incita a la bipolaridad, a la existencia de dos bloques caracterizados según una ideología. Ya se ha dicho que el Estado solo puede existir en un espacio concreto, y, aunque tienda a expandirse por todo el orbe, siempre requerirá de un enemigo que justifique su existencia; si carece de un alter-ego, su razón de ser, basada en la neutralización de la política, esto es, de los conflictos entre los hombres, dejará de resultar operativa.

Resulta, empero, que las grandes ideologías se hallan en una fase de estancamiento, cuando no de claro retroceso y agotamiento. Éstas son fruto de la secularización de los tiempos, que ha inducido al hombre a dar sentido a su existencia amparándose en alguna de las distintas corrientes ideológicas que han surcado las diferentes etapas históricas. Precisamente, la doctrina de los derechos humanos, paroxismo de la secularización extrema de una de estas corrientes, acentúa el carácter particularista de los colectivos que han surgido bajo su manto, dificultando la vocación con la que nació el Estado. Hoy proliferan los colectivos[3] más variopintos; todos ellos, desarrollando su polilogismo[4] particular que hace que los intereses en el seno de cada Estado sean irreconciliables y confusos. Y todos estos polilogismos trascienden cualquier tipo de frontera en el seno del multiculturalismo, corolario de la globalización.

La doctrina woke

La inoperancia, pues, de la estructura estatal se hace evidente, dado que el Estado ha perdido la fuente de su autoridad, de su legitimidad, de aquélla que le concedía y reconocía su soberanía, y que no era otra que la idea de una nación política acotada a los parámetros de una opinión pública moldeada por una gran ideología. La clave de la transición de estos tiempos que corren pasa por la búsqueda de una autoridad que ordene las comunidades que quedarán desnudas cuando el Estado caiga, caída que resultará de su inoperancia. Falta, pues, un ethos, un modo de pensar la vida en común; y es esta vida en común la que hay que concebir a partir de una idea de libertad individual.

Por todo ello, puede concluirse que, si bien el Estado sobrevive, aun con dificultades, es la forma del Estado-nación la que está periclitada. Y, aunque Milei la invoque, con su denuncia hacia la degeneración de la ONU por haber adoptado el wokismo, lo que hace es invocar una nueva forma política, aún por determinar. Al fin y al cabo, la ONU fue configurada por los Estados-nación; si Milei la acusa de degeneración, implícitamente está criticando a esos Estados-nación que, a su juicio, la pervirtieron con una ideología equivocada.

No repara, empero, en que son los efectos de esa doctrina de los derechos humanos los que han disuelto las costuras del Estado en general, y del Estado-nación en particular; por ello, el andamiaje del Estado se muestra quebradizo, mientras que, por otro lado, carece de sentido un rearme del Estado-nación.

Qué es el ser humano

Así, propuestas como la Agenda de la Libertad de Milei lo que vienen es a asentar el terreno para construir una nueva forma política a través de la refundación de la idea de nación, tanto social ― defendiendo qué es la comunidad en la que se inserta el individuo ― como política ― configurando el tipo y grado de soberanía que se le ha de atribuir―. En última instancia, tal tarea conlleva volver a replantearse qué es el ser humano, cuya naturaleza se divide y diluye entre colectivos que atomizan al hombre, a la vez lo que someten a los rigores del polilogismo que cada uno suscribe. Y de ese replanteamiento depende la construcción de la comunidad y del sujeto político.  

En el plano global, los términos de la situación son muy diferentes. Lo cierto es que, aunque dentro de sus fronteras, el Estado haya perdido su preponderancia en las mentes particulares, en el ámbito de las llamadas relaciones internacionales, los individuos siguen pensando dentro de la estatalidad. En este sentido, las grandes ideologías sí resultan operativas. Entiendo por tales no las corrientes clásicas ― liberalismo, marxismo, nacionalismo―, sino todo aquel cuerpo doctrinal que entrañe una filosofía de la historia capaz de aglutinar a grupos amplios de personas, y que, por ello, sea capaz de atenuar discrepancias entre ellas recurriendo a la identificación, a la identidad. Hoy, uno de ellos, es el humanismo.

La comunidad política

Así pues, los Estados siguen disponiendo, en lo que al ámbito internacional se refiere, del resorte con el que han venido construyéndose. Ello le permite seguir contando con un alter-ego, con un enemigo que legitime su existencia, y al que define a partir de premisas ideológicas. Las alianzas con otros Estados se deben, en primer término, a la preservación de los intereses netamente estatales; y, aun cuando la opinión pública ya no aparece circunscrita a los márgenes de una nación política, lo cierto es que el aparato estatal sigue contando con capacidad para dirigirla en el plano internacional, de manera que se garantiza su supervivencia.

Si un Estado es capaz de trasladarle a la opinión pública que su alianza con un tercero es de naturaleza moral (me alío con X para velar por uno o varios de los valores supremos que reconoce la opinión pública de la que depende mi soberanía, y así hacer valer mi orden estatal) conseguirá 1) una cohesión intra fronteras y 2) reforzarse ante la comunidad interestatal. Resulta mucho más sencillo para un Estado señalar a sus enemigos si a todos ellos los puede subsumir en una etiqueta ideológica fácil de reconocer. Surgen de este modo los bloques ideológicos como una coraza de los intereses geopolíticos estatales, que se conquistan en el orden interestatal.

Una nación entre naciones

El hecho de que la opinión pública hoy se encuentre difuminada por amplias regiones geográficas, gracias a los avances técnicos, posibilita, pese a todo, que los Estados cuenten con mayores probabilidades de éxito en el tejido de esas alianzas geopolíticas sobre la base de una ideología que, aunque disolvente dentro de sus fronteras, permea en las de otros. Los derechos humanos son, pues, un slogan compartido por vastas poblaciones que, formalmente, aún integran naciones políticas. Y, con esa fuerza que atesora tal doctrina, se gesta la gran ideología del Humanismo de la que se sirven los Estados, en el orden internacional, para justificar su posicionamiento geopolítico, para legitimar la defensa de intereses estatales.

De nuevo, requiriendo el Estado de un enemigo, este Humanismo ha de señalar quién es humano y quién no es humano; parece claro que, en el seno del globalismo geopolítico e ideológico, los Estados que compartan tal ideología serán los encargados de arrogarse aquella categoría que consideren, desde un punto de vista moral, buena, imponiéndoles a aquéllos que no comulguen con ella, la que consideren mala. Aquí, otra vez, nos topamos con la necesidad de repensar la naturaleza humana.

Despertar conciencias

En el caso que aquí hoy nos concita, el gran acierto de Milei es haber apreciado el carácter transicional de los cambios que están ocurriendo en Argentina y fuera de ella, puesto que, además de todo lo anterior, ante la emergencia de las naciones ― en proceso de refundación― y la decadencia de la forma política del Estado, emerge la fuerza de grupos que le disputan al poder tanto al Estado como a las naciones ―  por disponer, por ejemplo, de un capital que supera en mucho el PIB estatal―. En estas coordenadas, ajustarse al son de los tiempos (Realpolitik en los términos prescritos por Mises) es la principal baza para empezar a construir una alternativa.

A mi juicio, el principal éxito de Milei es haber despertado conciencias; aunque sus acciones políticas enerven a pensadores como Hoppe, pues, en efecto, como he analizado, están impulsadas por una concepción negativa de la libertad que poco o nada se parece a la doctrina anarcocapitalista, ha favorecido el debate a nivel global, esto es, ha hecho resurgir la politicidad inherente a la vida en comunidad oponiéndose al globalismo ideológico. La alternativa que ofrece solo es una de las muchas posibles, y es, en primer término, la que él, en representación de Argentina, considera que es la más adecuada para los intereses no suyos, no de su nación, sino del Estado argentino, que ha de sobrevivir en el orden geopolítico infiltrándose en las alianzas que más le convengan.

Una alternativa

Su alternativa de la Agenda de la Libertad, aunque sea, en puridad, producto de una alianza geopolítica, representa una oportunidad, dado que, ante el cambio que se está produciendo sin que haya cristalizado aún, es imperativo volver a definir el concepto de soberanía, determinar dónde recae la autoridad en el seno de la comunidad. La autoridad depende de un ethos, y éste, a su vez, de la concepción que se tenga de la naturaleza humana, de si se la predica como libre en base a su propia naturaleza, o si ésta es, paradójicamente, causa de su esclavitud, y de la que podrá desembarazarse recurriendo a la técnica, fuerza impulsora del Humanismo.

Pero la técnica ya no está en manos de los Estados, tampoco de las naciones, ni viejas ni nuevas, sino de grandes conglomerados tecnológicos. En suma, el discurso de Milei trasluce esa lucha por la autoridad que nos ha conducido a repensar al hombre y de la que surgirá una nueva forma política con la que guiar y orientar su vida en sociedad, su libertad, en definitiva.

Notas

[1] Mises, Acción Humana, p. 227.

[2] Término con el designo la capacidad de un Estado para influir y condicionar el mantenimiento y evolución de las relaciones interestatales.

[3] Grupos considerados como minorías, no porque sean pocos en proporción con otros grupos mayoritarios, sino por una relación que se presupone de subordinación. Estas minorías son consideradas víctimas de los grupos que las sojuzgan y, consecuentemente, reclaman una protección de sus intereses de parte. Entre dichos grupos, encontramos mujeres, LGTB+, minorías raciales, etc.

[4] Término acuñado por Mises en Teoría e Historia, y con el que alude a aquella doctrina que reconoce que cada grupo, colectivo o clase social desarrolla un modo de razonar diferente al de otra; esto es, a que la mente humana es distinta en función de la categoría social en la que se integra el individuo.

Ver también

La gentrificación no debería ser un problema

Podríamos pensar que la mayoría de las personas verían como un problema que su barrio de ´´clase obrera o trabajadora´´, media-baja o baja, sufra una decadencia económica: vecinos con menores ingresos, servicios de peor calidad y el desplome del precio del metro cuadrado. Sin embargo, cuando sucede lo contrario, y los barrios de ´´clase trabajadora´´ se enriquecen, atrayendo inversiones y vecinos de mayores ingresos, la literatura sociológica, política y urbanística presenta este fenómeno como el “problema de la gentrificación”.

¿De qué se quejan cuando se quejan de la gentrificación?

Existen varias razones por las cuales se suele hablar de la gentrificación como un problema:

  • El desplazamiento por aumento del costo de vida: Se suela hablar de un desplazamiento de los ´´sobrevivientes urbanos´´ aquellos que en el pasado aprovecharon los bajos precios para comprar en la ciudad pero que a lo largo de los años no experimentaron un enriquecimiento relativo.
  • Perdida del atractivo urbano o la identidad del barrio: ambos son factores subjetivos y no es evidente si es más atractivo que una ciudad tenga una alta o baja densidad, o este repleta de pequeños negocios o de grandes infraestructuras comerciales. Sin embargo, se suele criticar que el proceso de gentrificación trae consigo la pérdida del atractivo urbano y la identidad del barrio como porque cambian el tipo o escala de los negocios, se modifica la arquitectura, los espacios públicos, etc.
  • Extracción capitalista de las rentas del suelo urbano: en un modelo neoliberal, la mercantilización del suelo urbano implica que el desarrollo del espacio urbano queda dirigido por grandes capitales, que establecen un crecimiento ´´a saltos´´ que les permite tener cierta capacidad de influencia sobre los precios. Además, la crítica marxista suele enfatizar en el carácter aparentemente ´´apolítico´´ del desarrollo urbano, pero en realidad el crecimiento urbano suele responder a los intereses urbanos de la clase económica dominante.
  • Perdida de la diversidad: por razones históricas puntuales ciertos núcleos urbanos pueden contener una alta diversidad cultural y económica. Esta diversidad puede ser una fuente del encanto de la ciudad, pero el enriquecimiento o empobrecimiento sostenido pueden acabar con ella. La gentrificación suele implicar la homogenización de un sector urbano hacia una misma clase social o grupo cultural.

La resistencia al cambio o el sesgo anti-dinamismo

El desplazamiento o la pérdida de diversidad pueden darse tanto por el enriquecimiento como por el empobrecimiento de una zona urbana, aunque claramente es más perjudicial cuando ocurre por empobrecimiento. En ese caso, no solo debes abandonar el lugar donde has vivido por años, sino que tu propiedad pierde valor, limitando tu capacidad de mudarte a un área que cumpla con tus expectativas.

El anti-dinamismo actúa como un sesgo que impulsa a académicos, votantes y políticos antiliberales, tanto de izquierda como de derecha, a problematizar cambios espontáneos o naturales. Esto los lleva a exigir políticas públicas redistributivas que perjudican a los nuevos (el cambio) para beneficiar a quienes ya están (el status quo). Los ciudadanos suelen ignorar que su situación actual es producto de cambios radicales en el pasado y, en lugar de aceptar la dinámica, demandan que todo permanezca igual o que los cambios les beneficien directamente. Un ejemplo común es: “no quiero perder mi empleo por la automatización”. A veces, incluso piden resultados contradictorios, como: “no quiero que construyan más en mi barrio, pero me gustaría que mis hijos puedan comprar aquí donde crecieron”.

La gentrificación es un problema porque cualquier cambio es un problema para quienes tienen resistencia al cambio. Tanto la España vaciada (Asturias), como la España de moda (Mallorca) son un problema, aunque en ambas regiones, los nietos, hijos y abuelo ya no pueden vivir uno cerca del otro. Sin embargo, lo único constante es el cambio, y por eso es crucial aceptarlo y evaluarlo en términos de si es mejor o peor, en lugar de compararlo con una fantasía de no-cambio. En este sentido, entre los posibles escenarios, la gentrificación (como en Mallorca) es preferible a la despoblación (como en Asturias).

El desarrollo urbano no es justo, pero no por las razones que defiende la izquierda

Las críticas de la izquierda al desarrollo urbano impulsado por inversión privada son en parte válidas, pero no por tratarse de un producto del libre mercado o del respeto a la propiedad privada. El desarrollo urbano es, en gran medida, un proceso indirectamente público, ya que depende de la asignación política de licencias y permisos a desarrolladores privados. En este sentido, el Estado actúa como propietario original del suelo, distribuyéndolo según sus intereses políticos.

Ni el desarrollo privado a través de medios estatales, ni el desarrollo exclusivamente público-estatal, logran un crecimiento urbano natural que refleje las preferencias, los precios de mercado y los acuerdos libres entre los residentes. Los políticos suelen aprovechar el desarrollo urbano para aumentar la recaudación y el gasto público, presentándose al mismo tiempo como defensores de la identidad y los residentes tradicionales del barrio.

Una alternativa liberal sería un modelo de propietarios y copropietarios, que podría fomentar un desarrollo urbano de abajo hacia arriba, considerando realmente las preferencias de los habitantes. Sin embargo, esto no implicaría una oposición automática a los cambios urbanos, ya que las asociaciones de copropietarios también podrían beneficiarse de la expansión o transformación de su zona residencial.

La no gentrificación puede ser un peor síntoma

Es común encontrar barrios residenciales bien ubicados y atractivos, donde los servicios públicos funcionan relativamente bien y los residentes originales de clase media continúan disfrutando de seguridad, infraestructura de calidad como parques, vialidades o centros deportivos, mientras sus viviendas se han revalorizado significativamente. En estos casos, los políticos prefieren preservar el estado de estos barrios para evitar incomodar a los votantes y mantener su poder, rechazando las ofertas de desarrolladores privados.

Frente a este panorama, hay dos aspectos a considerar. En primer lugar, aunque no ocurre un desplazamiento directo, el aumento en los precios de las viviendas impide que los familiares de los residentes puedan comprar en la zona, lo que conduce a una llegada gradual de nuevos residentes que no comparten las mismas características que los anteriores. En segundo lugar, esta situación, donde los residentes disfrutan de todos los beneficios de su barrio y de la revalorización de sus propiedades, ocurre a costa de aquellos que no pueden permitirse vivir allí. Esto implica que, los beneficios están concentrados entre unos pocos y los daños entre una población amplia y dispersa que buscan zonas residenciales bien ubicadas para vivir.

En un sistema de libre mercado y propiedad privada, mantener una zona residencial sin cambios durante muchos años conlleva enormes costos de oportunidad para sus residentes, lo que facilita que se produzcan los cambios necesarios para satisfacer la creciente demanda de vivienda.

Gentrificación y desigualdad

La relación entre la gentrificación y la desigualdad no es de causa y efecto, ni siquiera de correlación directa, sino de visibilizarían. La llegada de, por ejemplo, ciudadanos ingleses a Barcelona no agrava la desigualdad entre España e Inglaterra, pero hace más evidente para los barceloneses que su ciudad es valorada por personas con mayores ingresos que ellos.

La visible desigualdad en las ciudades suele tener una lógica económica, ya que las distintas clases sociales se benefician de la proximidad entre sí. Intentar eliminar esa desigualdad o separar a las clases sociales para que no sea tan evidente tiende a perjudicar la actividad económica local, al romper las dinámicas de interacción y beneficio mutuo que estas relaciones generan.

En otros casos las relaciones desiguales pueden tener giros radicales. Hasta hace poco menos de un siglo las zonas costeras solían ser poco atractivas. En islas como Mallorca, los terrenos frente al mar eran más económicos que los del interior, donde se aprovechaban mejor para la agricultura. Con el tiempo, esta dinámica ha cambiado por completo, pero no ha eliminado la desigualdad, sino que simplemente ha alterado quiénes ocupan las posiciones privilegiadas. 

Gentrificación, desplazamiento, descentralización y competencia

Si entendemos la gentrificación como el desplazamiento o aumento del costo de vida de las clases medias y bajas en áreas urbanas o turísticas debido al desarrollo o enriquecimiento de estas zonas, podríamos considerar que la gentrificación es positiva para fomentar el surgimiento de nuevos centros urbanos en regiones subexplotadas. La gentrificación no sería un problema si no fuera casi imposible recrear el desarrollo urbano de la manera en que se hizo en el pasado.

El verdadero problema no es que las zonas urbanas o turísticas se vuelvan más atractivas, sino el aumento continuo de las regulaciones sobre el uso del suelo, los permisos de construcción y las condiciones de habitabilidad. Como resultado, la gentrificación no está impulsando la creación de nuevos centros urbanos. Ciudades como Londres, Nueva York o Venecia habrían sido imposibles de desarrollar bajo los rígidos sistemas de planificación urbana actuales.

Forzosa homogeneizacion

Además, el Estado se ha convertido en el principal enemigo de las tradiciones locales y el atractivo urbano, imponiendo una homogenización forzosa de la arquitectura de las nuevas construcciones residenciales. Esto no responde al uso económicamente eficiente de los materiales de construcción, sino a la combinación de dichos usos para satisfacer las estrictas normativas urbanísticas. Aunque algunos edificios públicos recientes logran incorporar estilos únicos o experimentales, las viviendas residenciales privadas están mucho más limitadas debido a las restrictivas regulaciones sobre el uso del suelo y la construcción.

La descentralización y la competencia entre unidades políticas son esenciales para convertir la gentrificación en un primer paso hacia el desarrollo. Con voluntad política, las regiones subexplotadas podrían ofrecer entornos significativamente más atractivos para la inversión y la migración que zonas saturadas como Madrid o Barcelona. Actualmente, la “Europa vaciada” está cavando su propia tumba, y parece que solo avances tecnológicos como el trabajo remoto, los coches autopilotados o el internet satelital podrían salvar estos territorios. En algunos lugares, se han implementado programas de repoblación con incentivos económicos en forma de subsidios o transferencias directas, mientras que incentivar la migración por medio de reducciones fiscales o una mayor libertad económica siguen siendo tabú en Europa.

Ver también

Disney y la desorientación creativa

Por Auguste Meyrat. El artículo Disney y la desorientación creativa fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Como dice el viejo refrán, «la política es la corriente descendente de la cultura». Por desgracia, esto tiende a olvidarse en años electorales, cuando esta observación es aún más aplicable. Si los conservadores quieren entender por qué los progresistas piensan y votan como lo hacen, sólo tienen que fijarse en sus medios de comunicación, que les influyen de manera profunda.

En consecuencia, podría ser una buena idea prestar atención a Disney y al inesperado triunfo de su última película de animación, Del revés 2. Teniendo en cuenta lo moribundo de la cartelera cinematográfica del año y los continuos problemas financieros de Disney, es justo declarar que Del revés 2 ha sido un caso de intervención divina. No sólo ha sido la película más taquillera del año, con más de 1.600 millones de dólares en todo el mundo, sino también la película de animación más taquillera de la historia.

Además, resulta ser una película decente, que recrea gran parte de la magia que hizo tan especiales a las anteriores películas de Pixar y Disney. Como la mayoría de los críticos, pensé que la trama parecía una versión recalentada de la primera película y, por tanto, adolecía de una visión superficial de la psique humana, pero era de lejos mejor que otras películas recientes de Pixar como Soul, Onward o Elemental.

Un amargo éxito

Dicho esto, aunque Del revés 2 dio a Disney una nueva oportunidad de vida, no todos los que trabajaron en el proyecto estaban contentos. Según un extenso artículo de IGN, muchas de las personas que trabajaron en el proyecto lamentan el éxito de la película y lo que significa para el futuro de Disney. Les molesta que la película presione a los empleados para que produzcan, que mantenga una estricta jerarquía creativa y que vaya sobre seguro en cuestiones culturales.

Aunque ridículas en sí mismas, estas objeciones arrojan luz sobre las causas del actual declive del entretenimiento dominante. Este declive no se debe a los formatos cambiantes provocados por el streaming, los desafíos para satisfacer las demandas de una audiencia global, los presupuestos difíciles de manejar que eliminan la asunción de riesgos creativos, o incluso el aumento de la cultura de la dopamina que transforma al público en zombis inquietos que no pueden quedarse quietos durante un largometraje. Lo que está matando a Disney y a Hollywood en general es la inmadurez y pereza rampantes de sus trabajadores creativos.

Casi todos los entrevistados en el artículo se quejaban de la cantidad de presión a la que estaban sometidos para terminar el producto y cumplir sus respectivos objetivos. Al parecer, el deseo generalizado entre los productores de obtener beneficios de un proyecto que costó más de 200 millones de dólares fue un verdadero bajón para parte del personal. Como cuenta una fuente, «Ésa era la presión que sentía todo el mundo. Necesitamos que esta película tenga éxito porque si no, no tendremos estudio». Y esa fue la presión que todo el mundo sintió todo el tiempo. Todo el tiempo».

Ahogar a los creadores

En la práctica, esto significaba que algunos de ellos tenían que hacer horas extras (por las que se les compensaba justamente), y que muchos de ellos tenían que revisar y rehacer escenas que no funcionaban. También existía la esperanza de que todos conservaran un trabajo fijo después del proyecto y recibieran jugosas primas. Pero se despidió a muchos por limitaciones presupuestarias, lo que les dejó amargados.

La gente normal que no trabaja en Hollywood podría preguntarse cómo es posible que la volatilidad y las exigencias de un proyecto creativo no estén siempre presentes a la hora de hacer una nueva película. Evidentemente, debe de haber producciones cinematográficas que presionan poco a los empleados hoy en día. En lugar de decirles que su película tiene que tener éxito, a los trabajadores de los platós de cine se les dice lo contrario: la película puede fracasar, pero no es culpa de nadie (excepto quizá del público), así que tómatelo con calma y cuida tu salud mental. Esto explicaría cómo series de televisión como She-Hulk: Attorney at Law, The Acolyte o Rings of Power cuentan con presupuestos enormes (225 millones de dólares, 180 millones de dólares y casi 1.000 millones de dólares, respectivamente) y aun así parecen baratas y feas.

Quizá lo más llamativo sea el resentimiento de los empleados hacia el director creativo de Del revés 2, Pete Docter. Habiendo estado detrás de casi todas las películas de éxito de Pixar, incluyendo Toy Story, Wall-E, Up e Inside Out, obviamente tenía sentido traer a Docter: «Ya has visto el resultado final. [Del revés 2] hizo mil millones de dólares en taquilla», señaló un empleado. «Fue un resultado directo de la participación de Pete. Pete es un genio. Nadie puede discutirlo».

Pete Docter y Keslry Mann

Y, sin embargo, los descontentos de Pixar sí que lo discutirán. Sí, Docter tenía un historial probado y parecía ser un jefe relativamente agradable, pero también era «un símbolo de Pixar aferrado a una cultura interna obstinadamente inamovible, con aversión a incorporar nuevos directores y voces». Uno de esos «nuevos directores» era la novata Kelsey Mann, que en un principio iba a supervisar Del revés 2, pero le sustituyó Docter. En palabras de una fuente: «No se puede hacer nada sin Pete. Literalmente, nada».

Sin embargo, lo que realmente molestaba a los empleados de Docter era su insistencia en hacer «historias universales». Es decir, quería hacer películas con las que un público masivo pudiera identificarse en lugar de impulsar una agenda para atraer a un grupo selecto de personas.

Naturalmente, esto supuso un problema para un personal progresista que no aprendió nada del fracaso que supuso Lightyear, en la que aparecía orgullosamente una pareja de lesbianas besándose. Muchos de ellos estaban empeñados en contar la historia de la protagonista de Del revés, Riley, de 13 años, que mantiene una relación romántica con otra niña, porque eso es lo que creen que quieren ver las familias con niños pequeños. Docter pidió ediciones que hicieran a Riley «menos gay», lo que llevó a «un montón de trabajo extra para asegurarse de que nadie los viera potencialmente como no heterosexuales».

La homosexualidad de Riley

El hecho de que se tuvieran que hacer ediciones en primer lugar debería llevarnos a preguntarnos cómo serían las cosas si Docter nunca hubiera tomado las riendas y Mann hubiera sido intimidada para hacer a Riley gay. ¿Y si Anger (un claro avatar de los hombres blancos conservadores), y no Anxiety, fuera la antagonista que intenta obligar a Riley a ajustarse a su entorno heteronormativo y negar lo que siente? ¿Y si su objetivo en la película no fuera entrar en el equipo de hockey, sino besar a la chica de sus sueños?

Sin duda, sería un desastre, pero no necesariamente porque eso ofendiera a la gente. Más bien porque sería aburrido y tópico. Un Riley gay tendría que ser superlativamente virtuoso, no cometer nunca errores y tener sólo las intenciones más puras. Y la única forma de frustrar a un Anger homófobo sería sermonearle sobre lo normal y natural que es sentir atracción por el mismo sexo y actuar en consecuencia. En lugar de una historia sobre los sentimientos que emprenden un viaje para darse cuenta de que necesitan trabajar juntos por una Riley mentalmente sana, serían los sentimientos los que irían a la guerra contra Anger y sus compinches para liberar la sexualidad de Riley. En cuanto a Riley, se esconderá, luchará contra su inseguridad y se armará de valor para invitar a salir a la otra chica, que también resultará ser gay.

¿Qué hacer con Anger?

Por respeto a la comunidad homosexual, sería casi imposible que la historia fuera ligera, por miedo a trivializar y tergiversar el tema y a las personas implicadas. El único personaje potencialmente divertido y con el que se puede empatizar podría ser el antagonista Anger. Pero incluso él ha tenido que censurarse, y aplanarle hasta quitarle cualquier cualidad redimible para que los espectadores más jóvenes entendieran que es malo por ser homófobo. Los otros personajes son buenos por celebrar la identidad sexual de Riley.

Tal vez un puñado de personas podría estar genuinamente interesado en llevar a sus hijos a ver este tipo de película, pero la mayoría de la gente, comprensiblemente, pasaría de largo. No porque no les importen los homosexuales, sino porque la película carecerá de humor. Será aburrida y condescendiente. Como señaló el programa de televisión «South Park», la novedad de «poner a una chica y hacerla coja y gay» no funciona, y nunca funcionó.

Descontento en Disney y Pixar

De todos modos, los descontentos empleados de Pixar se lamentarán de que «puede que nunca vean un personaje gay importante en una película de Pixar». Por supuesto, verán un montón de personajes homosexuales en todas partes, pero Docter y algunas de las otras personas cuerdas de Pixar se han dado cuenta de que, sencillamente, esto no encaja bien en las películas familiares.

Se aferran a la anticuada noción de que el entretenimiento no consiste en hacer avanzar el progreso y adoctrinar a los jóvenes, sino en contar una historia con la que todos puedan identificarse y disfrutar. Se trata de reunir a la gente en una experiencia artística que hable de su humanidad compartida. Y, sobre todo, se trata de ganar dinero.

Hasta que la clase creativa actual no entienda esto y ajuste sus expectativas en consecuencia, puede esperar seguir viendo el declive de su industria.

Ver también

Botsuana y el ‘pensamiento Disney’. (Antonio José Chinchetru).

¿Es Google un monopolio?

Por Walter Block. El artículo ¿Es Google un monopolio? fue publicado originalmente en FEE.

¿Es Google un monopolio? No. ¿Y la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios? ¿Merece este apelativo? Desde luego que no. ¿Mereció alguna vez el estatus de monopolio la Standard Oil de Nueva Jersey de Rockefeller? En absoluto. ¿Y qué me dice de IBM durante su largo proceso antimonopolio? Ni hablar. ¿Es el matrimonio monógamo un monopolio? Tiene que ser una broma.

¿Es la Oficina de Correos de EE.UU. un monopolio? Sí. ¿Es la Asociación Médica Americana un monopolio? Claro que sí. ¿Es el sistema de taxis amarillos de Nueva York un monopolio? No se puede negar. Cuando los británicos gobernaban la India, prohibieron a cualquier otro extraer sal del océano. ¿Era eso un monopolio? Por supuesto que sí.

¿Qué ocurre aquí? Lo que ocurre aquí es que hay dos tipos de negocios muy, muy diferentes. Ambos se caracterizan de la misma manera -como monopolios- a pesar de estas diferencias gigantescas. Son tan parecidos como la tiza y el queso, como el pescado y las bicicletas, como el aceite y el agua. Hacemos muy bien en distinguirlos. Una descripción es totalmente legítima; la otra es una trampa y un engaño.

Definición histórica de “monopolio”

Empecemos por la definición sensata, precisa e histórica. Tradicionalmente, un monopolio era una concesión de un privilegio especial, otorgado por el gobernante del país. Permitía a una sola persona, o empresa, suministrar un determinado producto en una zona geográfica limitada. El Duque de Londres libró una buena batalla y el Rey de Inglaterra le concedió el monopolio de la fabricación de velas en esa ciudad. O el Conde de Montecristo hizo algo parecido, y el Rey de Francia decretó que nadie más que este noble podía producir vino legalmente en esa zona del país. Cualquier otra persona que suministrara estos productos en esas zonas se dirigía a la cárcel (a menos que primero comprara el permiso del propietario del monopolio).

Son ejemplos inventados, por supuesto, pero ayudan a responder a la pregunta de por qué la lista del primer párrafo no son monopolios, mientras que cualquiera de los mencionados después sí lo son. ¿Se encarcelará a alguien que compita con Google, IBM, Standard Oil, etc.? No sea tonto, por supuesto que no. Así que ninguno de ellos es un monopolio. Sin embargo, si usted conduce un taxi en la Gran Manzana o practica la medicina sin licencia o reparte correo de primera clase por una tarifa, ese será su destino. Los muros de la cárcel se abrirán para aceptarte como huésped.

¿Y el matrimonio? ¿Será encarcelado si busca y obtiene el divorcio? En absoluto. Por lo tanto, aquí no hay ningún monopolio real. Muévete, no hay nada que ver aquí, en cuanto a monopolio.

“Monopolio” como sinónimo de concentración

Un segundo tipo de «monopolio» es muy diferente. En este caso, no nos fijamos en las prohibiciones legales, sino en los índices de concentración. IBM fue en su momento responsable de prácticamente todos los ordenadores (estrictamente hablando, se trataba de un oligopolio, ya que no se alcanzó el nivel del 100%); lo mismo ocurrió con Standard Oil con casi todo este producto; Google se encuentra ahora en una posición similar, según se afirma. Así que todos ellos son «monopolistas» en este sentido engañoso de la palabra.

Ahora mismo, McDonald’s tiene mucho éxito, pero no es más que uno de los muchos proveedores de comida rápida. Pero supongamos que un día esta empresa supera a todos sus competidores, como Burger King, Wendy’s, Sonic, Jack in the Box, Carl’s, Steak ‘n Shake, etc., con precios más bajos, una hamburguesa más sabrosa y baños más limpios. Ronald McDonald no es desde luego un monopolista, en el sentido contrario al mercado. Nadie iría a la cárcel por seguir compitiendo con este ahora coloso de las hamburguesas. Pero esta empresa sí es un «monopolio» en el sentido compatible con la libre empresa. Representan el 100% de esta industria. Ronald, para ser más exactos, debería llamarse vendedor único, no monopolista.

Hay más errores en el mal uso de la palabra monopolio de los que se puedan imaginar. ¿Qué es una «industria»? La comida rápida compite con las tiendas de comestibles y los restaurantes de lujo. También compite por el dólar del consumidor con los vendedores de motocicletas, violines, veleros y zapatos. El consumidor puede gastar su dinero en cualquier cosa que esté a la venta.

La certificación privada

El matrimonio monógamo también tendría que caracterizarse como un «monopolio» si seguimos la «lógica» de esta definición hasta sus últimas consecuencias. Porque cada cónyuge depende del otro en un 100% para ciertos «servicios» limitados. Llamemos a las autoridades antimonopolio. Hasta ahora han incumplido su deber de promover la «competencia» en este sentido. Si estos burócratas pueden prohibir las fusiones -pueden castigar a las empresas por satisfacer satisfactoriamente a los consumidores-, deberían prohibir también todos esos matrimonios.

Hay buenas y suficientes razones para acabar con todos los monopolios que son concesiones especiales de privilegios gubernamentales. No hay razón para no permitir la competencia en los servicios postales, sanitarios, de taxis y de protección contra incendios. Milton Friedman, en su Capitalismo y Libertad, demuestra que esto se aplica incluso a los médicos: deberían estar certificados, como los contables, y no autorizados por el monopolio.

Además, la defensa de la competencia es excesivamente cara. Hay numerosos abogados, contables y economistas muy bien pagados y, por tanto, muy productivos -en ambas partes de cada pleito- que podrían estar mucho mejor empleados produciendo bienes y servicios reales.

Pero, ¿qué pasa con la «pérdida de peso muerto» del economista? Esto es producto de su imaginación. Es un ejercicio de ensoñación sobre comparaciones interpersonales no válidas de la utilidad. Díganselo a los cónyuges monógamos felizmente casados que estarían económicamente mejor si extendieran un poco sus alas.

La colusión

Luego está la crítica relativa a la colusión. He aquí una respuesta. En primer lugar, «yo soy firme, tú eres testarudo, él es un tonto con cabeza de cerdo» puede describir el mismo comportamiento sustantivo, pero le asigna tres evaluaciones muy dispersas (esto se conoce como conjugación de Russell). Del mismo modo, «yo coopero», «tú conspiras», «él se confabula» no es más que un insulto. No se gana nada sustancial llamando colusión a la cooperación. En segundo lugar, la legitimidad de la colusión/cooperación depende de cuál sea el objetivo de toda esta planificación. ¿Se trata de intentar convertirse en monopolista prohibiendo legislativamente la competencia? Entonces, sí, la colusión es ilícita.

¿O se trata de aumentar el grado de concentración del «plotter» en la «industria» haciéndose más eficiente y ganándose a los clientes de la competencia con precios más bajos, un producto mejor y más fiabilidad? En ese caso, todo va bien, y esto vale para todas las «colusiones» del mundo.

Bibliografía

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Ver también

Thiel contra la competencia. (Fernando Herrera).

La propiedad es sólo una forma de llamar al monopolio. (Fernando Herrera).

La teoría austríaca del monopolio y del Estado. (Miguel Anxo Bastos).

Tres reflexiones acerca de una estrategia libertaria que involucra al Estado

Es momento de reflexionar sobre el entusiasmo generado por el avance del proyecto libertario mediante el uso de medios estatales, especialmente tras el triunfo de figuras como Javier Milei en Argentina. Este triunfo ha despertado la esperanza de que, desde el propio Estado, se pueda promover la libertad. Sin embargo, para los libertarios, esta estrategia plantea una contradicción fundamental que no podemos ignorar. El libertarismo se basa en los principios de la propiedad privada, la división del trabajo y la coordinación voluntaria de acciones individuales, donde los precios, y no la coerción, guían las decisiones. El Estado, por el contrario, es el monopolio de la violencia, cuya existencia se sostiene en el irrespeto sistemático a la libertad individual. Aquí reside el conflicto central de utilizar el Estado para impulsar la libertad: se pretende usar un ente coercitivo para promover un orden social basado en la ausencia de coerción.

El caso de Argentina, bajo el liderazgo de Milei, es paradigmático. Medidas como la reducción del número de ministerios, la privatización de empresas públicas como YPF y Aerolíneas Argentinas, y la eliminación de subsidios en sectores clave, se han visto como avances en la dirección de un Estado más pequeño. Estas acciones buscan fomentar la desregulación económica, simplificar los trámites burocráticos para las empresas y reducir el gasto público. Sin embargo, aunque estas medidas pueden parecer alentadoras, no podemos olvidar que son, en última instancia, pequeños pasos en una estrategia que inevitablemente se enfrenta a las contradicciones inherentes del Estado frente al libertarismo.

Lo esencial del proyecto libertario

El proyecto libertario tiene como fin último la eliminación del monopolio estatal sobre los medios políticos, es decir, acabar con el control exclusivo que el Estado ejerce sobre la regulación de la vida social y económica. Sin embargo, cuando se recurre al Estado para avanzar en esta dirección, debemos tener presente que estamos operando dentro de un aparato diseñado para concentrar y perpetuar el poder. A lo largo de la historia, el Estado ha demostrado ser una entidad que tiende a crecer y fortalecer su control, y cualquier intento por limitarlo desde adentro enfrenta enormes desafíos.

El Golem

Una comparación ilustrativa es la historia del Golem de Praga. Según esta leyenda, el rabino Loew creó al Golem para proteger a la comunidad judía de ataques antisemitas, pero la criatura, aunque creada con buenas intenciones, terminó escapando del control de su creador y causando más daño que bien. El Golem, sin voluntad propia, se convirtió en una amenaza. De manera similar, el Estado, incluso cuando se le intenta usar para fines libertarios, tiene una tendencia inherente a volverse una fuerza destructiva. Puede empezar con buenas intenciones, pero su naturaleza monopolística y coercitiva genera caos y desorden a largo plazo. El Estado, una vez activado, es difícil de controlar, y las tentaciones que ofrece a quienes lo manejan son muchas.

Un problema económico y ético

El principal problema con el uso del Estado no es solo moral, sino económico. Como argumentó Ludwig von Mises, el Estado, al no basar sus ingresos en intercambios voluntarios, carece de los mecanismos necesarios para asignar recursos de manera eficiente. Las decisiones del Estado no están guiadas por la propiedad privada ni por los precios que surgen en el mercado. Esto significa que el Estado opera sin el sistema de señales que orienta las acciones en un mercado libre, lo que inevitablemente lleva al desperdicio de recursos y a distorsiones en la asignación de los mismos. El Estado, por su propia naturaleza, no puede evaluar correctamente las necesidades y preferencias de los individuos, lo que hace que sus decisiones de inversión y gasto sean, en el mejor de los casos, arbitrarias y, en el peor, perjudiciales.

Incluso si un político libertario, como Milei, logra reducir ministerios y recortar subsidios, el aparato estatal seguirá plagado de actores que buscarán aprovechar el poder para fines menos nobles. La burocracia, los intereses rentistas y la tentación de usar el Estado para obtener beneficios personales o políticos estarán siempre presentes. Además, cualquier intento de disminuir el tamaño del Estado se enfrentará a resistencias internas y externas, ya sea de la propia burocracia, de grupos de presión o incluso de sectores de la sociedad que se han acostumbrado a depender de la intervención estatal.

Por esta razón, aunque podemos celebrar los avances logrados, debemos ser cautelosos. El verdadero objetivo del libertarismo no es simplemente reducir el tamaño del Estado, sino eliminar por completo su monopolio sobre los medios políticos. Para los libertarios, el Estado es esencialmente una entidad parasitaria que utiliza la violencia para expropiar la riqueza creada por otros, y aunque pueda reducirse su tamaño, mientras exista, seguirá siendo una amenaza para la libertad.

La fatal contradicción: proteger agrediendo

Una de las áreas donde esta contradicción se hace más evidente es en la producción de seguridad. El Estado justifica su existencia afirmando que protege la propiedad privada, pero lo hace violándola sistemáticamente mediante la coerción y la expropiación. En un orden verdaderamente libertario, los individuos deberían tener el derecho de defender su propiedad y contratar servicios de seguridad de manera voluntaria, en lugar de depender de un monopolio estatal que, en última instancia, tiene incentivos para expandir su poder y reducir la libertad individual. El desmontaje del monopolio estatal sobre la seguridad es uno de los pasos más urgentes, pues permitiría a los individuos asumir su derecho a defenderse, creando un mercado competitivo de servicios de protección que operaría de manera más eficiente y respetuosa con los principios libertarios.

La advertencia más importante

Este análisis nos lleva a una advertencia crucial: la propiedad privada es la base sobre la cual se construye la vida social y el mercado. Protegerla no puede depender de una entidad coercitiva como el Estado. La confianza debe depositarse en el mercado y en su capacidad para coordinar la vida social de manera más eficiente y justa. Sin una plena confianza en el proceso de mercado y en su capacidad para resolver los problemas de coordinación social, el proyecto libertario estará destinado al fracaso. No podremos convencer a la sociedad de que el Estado es innecesario e injustificable si nosotros mismos seguimos recurriendo a él para avanzar nuestra agenda.

En definitiva, la estrategia de utilizar al Estado para avanzar el proyecto libertario debe ser vista como un medio transitorio, no como un fin en sí mismo. El éxito de esta estrategia dependerá de que seamos conscientes de sus limitaciones y de los riesgos inherentes a la utilización del poder estatal. Como el Golem de Praga, el Estado es una fuerza que, una vez puesta en marcha, puede escaparse de nuestro control y volverse contra nosotros. Por eso, es fundamental que el desmantelamiento del Estado sea un objetivo constante y progresivo. Solo devolviendo a los individuos la plena capacidad de actuar en libertad, confiando en la superioridad económica del mercado y en el respeto a la propiedad privada, podremos avanzar hacia una sociedad verdaderamente libre, donde el Estado, finalmente, sea una reliquia del pasado.

Ver también

Milei y la prefiguración. (Miguel Anxo Bastos).

Revisionismo estratégico libertario. (Santiago Dussan).

Sobre la defensa del libertarismo. (José Hernández Cabrera).

La economía a través del tiempo (XX): Marx y el capital en la Antigua Grecia

Continuando con el análisis que Karl Marx realizó sobre la Antigua Grecia, se ha de destacar un posible fallo que el pensador tuvo a la hora de estudiar el concepto de capital en aquellos tiempos. Así, en Formaciones Económicas Precapitalistas (Marx, 2009, 116) el autor considera que la palabra capital “no aparece entre los antiguos”, pero pone una excepción. En una nota, Marx afirma: “Aunque entre los griegos a la principalis summa rei creditae (la cantidad principal del préstamo) corresponde la ἀρχεῖα (archeía)”.

La referencia que Marx toma para realizar esa afirmación viene tomada de un glosario del latín (Du Fresne Du Cange, 1840, 139) el cual, efectivamente, afirma de forma anecdótica que los griegos utilizaban este término: “Los griegos llaman a la suma principal del crédito ἀρχεῖα, como Demóstenes, Aristófanes y otros”.

En el proceso de estudio necesario para la elaboración de este artículo, no ha sido posible detectar ninguna referencia del término ἀρχεῖα al concepto de capital ni a ningún similar. Sí se ha utilizado como referencia a archivos públicos y administrativos. Por ejemplo, en un escrito atribuido a Aristóteles (pero considerado actualmente de un autor anónimo), se usa de la siguiente manera (Anónimo, 2014):

“πόλεως νόμος ἀκίνητος ὢν ἐν ταῖς τῶν χρωμένων ψυχαῖς πάντα οἰκονομεῖ τὰ κατὰ τὴν πολιτείαν· ἐφεπόμενοι γὰρ αὐτῷ δηλονότι ἐξίασιν ἄρχοντες μὲν ἐπὶ τὰ ἀρχεῖα (….)  estando sentado en medio de lo inmóvil (…) como en la ley orgánica de la ciudad que, permaneciendo constante e invariable en el espíritu de los gobernados, regula toda la administración del Estado (p.77).

Si se recurre a Dionisio, el resultado es similar (Leão, 2017):

οἱ δὲ ὅσον ἂν χρόνον ἠίθεοι μένωσιν, οἱ δὲ μέχρι τῆς εἰς τὰ ἀρχεῖα τὰ δημόσια ἐγγραφῆς (…)  y otros incluso hasta el momento en que se inscribieran sus nombres en los registros públicos (p. 277).

La idea de ‘capital’ en la antigüedad

Lo anterior puede parecer lógico, pues de ἀρχεῖα, archeía en alfabeto latino, es el orígen de palabras como archivo, un concepto similar al registro o a la administración.

La solución parece estar en una corrección del editor del libro de Marx (2009, 116), quien afirma: “Parece haber aquí un error hasta ahora no corregido, dado que la palabra griega que tiene el significado de fondo de capital es αρχατον”

No obstante, tampoco se ha sido capaz de encontrar ninguna constatación escrita en el desarrollo de este artículo de la palabra αρχατον utilizada como fondo de capital, ni nada similar.

La relevancia de este tema recae en que Marx (2009) niega que el concepto de capital haya existido en la antigüedad, más allá de alguna idea primitiva relacionada con el ganado -capital viene de pecuniae caput (Du Fresne Du Cange, 1840, 139), es decir, un sistema para contabilizar el número de cabezas de los animales-:

En el concepto del capital está contenido el capitalista. No obstante, este error no es de ningún modo mayor que el de todos los filólogos, p. ej., que hablan de capital en la Antigüedad, de capitalistas romanos, griegos. (…) Si se tratara de la palabra capital, que no aparece entre los antiguos, las hordas que aún vagan con sus manadas por las estepas del Asia septentrional serían los mayores capitalistas, pues originariamente capital significa ganado (p.116).

Así, esta parte de la obra de Marx sobre la Antigua Grecia se muestra algo confusa, dando a entender lo mismo y lo contrario y, a su vez, estando compuesta por un extraño error sobre el cual es difícil -si no imposible- encontrar su origen. Se emplaza al lector, si es conocedor de ello, a que transmita en qué parte de las obras en la Antigua Grecia se utiliza algún término similar al de capital y bajo que palabra concreta.

Bibliografía

Anónimo. (2014). De Mundo: Sobre el cosmos, para Alejandro (J. A. Suárez Pineda, Trad.). ESMIC.

Du Fresne Du Cange, C. (1840). Glossarium mediae et infimae latinitatis: Conditum a Carolo Dufresne, Domino du Cange, auctum a monachis ordinis S. Benedicti [DD. Toustain, Le Pelletier, Dantine et Carpentier], cum supplementis integris D. P. Carpenterii, et additamentis adelungii et aliorum, digessit G. A. L. Henschel (Vol. 2). exc. F. Didot fratres (Parisiis). (Traducción propia)

Leão, D. (2017). Tensiones generacionales y la” carga” de la vejez en Alcestis de Eurípides. Revista Jurídica de Buenos Aires, 94(42), 265-281

Marx, K. y Hobsbawn, E. (2009) Formaciones económicas precapitalistas. Siglo XXI Editores.

Serie La economía a través del tiempo

El IJM participa en un proyecto de investigación internacional para promover una agenda climática basada en la economía de mercado

Desde octubre de 2023, el Instituto Juan de Mariana (IJM) ha formado parte de un grupo de investigación volcado en diseñar políticas climáticas efectivas, eficientes y coherentes con los principios centrales de la economía de mercado. Esta iniciativa ha sido desarrollada de la mano de otros centros de pensamiento y ha dado como resultado un detallado informe que lleva por título “Nuevos incentivos para la libertad, el libre comercio y un acuerdo climático global económicamente sostenible”. Dicho documento se puede consultar haciendo click en este enlace y propone un enfoque innovador y liberal para abordar el cambio climático a través de incentivos de mercado.

El trabajo en cuestión ha contado con la participación de destacados académicos y expertos de instituciones internacionales de primer nivel. Además de Diego Sánchez de la Cruz, Jefe de Investigación del Instituto Juan de Mariana, y de Santiago Calvo, colaborador habitual del IJM, la nómina de expertos involucrados en la investigación abarca también a figuras de la talla de Shanker Singham, toda una eminencia internacional en los campos del comercio internacional y las política de competencia. Asimismo, el informe tiene entre sus co-autores a Catherine McBride, economista y miembro de la Comisión de Comercio y Agricultura del Reino Unido, así como a Wayne Winegarden, director del Centro de Economía del Pacific Research Institute de Estados Unidos, o Lord Daniel Hannan, destacada figura política que en la actualidad ejerce como representante en la Cámara de los Lores y ocupa la vicepresidencia del Partido Conservador. Asimismo, el documento cuenta con la participación de Robert Armstrong, director del Institute for Free Trade, y Rod Richardson, co-presidente de la International Coalition for Climate & Freedom. 

El documento presenta un nuevo marco de políticas climáticas basado en los principios del libre mercado. Destaca la importancia de fomentar la innovación tecnológica y la inversión privada como bases para una transición energética económicamente sostenible. Entre los principales puntos del estudio, destacan los siguientes puntos:

1. Mal funcionamiento de las políticas actuales: El documento sostiene que las políticas climáticas actuales, basadas en impuestos, subsidios y regulaciones, deben ser revisadas y, en muchos casos, replanteadas, debido a su impacto negativo tanto en términos económicos como en lo referido a la eficiencia medioambiental. No es sostenible plantear los objetivos marcados penalizando la innovación y perjudicando a los consumidores.

2. Giro a un marco de incentivos. En lugar de los enfoques tradicionales, que imponen restricciones, el documento sugiere la creación de incentivos de mercado, poniendo en práctica rebajas tributarias o mecanismos de financiación libres de impuestos. Esto alentará a las empresas a invertir en tecnologías de bajo carbono, contribuyendo a desarrollar soluciones productivas más eficientes y menos contaminantes. 

3. Impacto en el crecimiento económico. Se concluye que este tipo de propuestas pueden generar un aumento del PIB per cápita de más de 1.000 libras en Reino Unido, reduciendo significativamente la emisión de gases de efecto invernadero y demostrando que el crecimiento económico y la sostenibilidad medioambiental no son objetivos incompatibles. En el caso de España, un impacto similar al estimado para las islas británicas se traduciría en una mejora del PIB per cápita de más de 700 euros.

4. Un enfoque global. El informe aboga por la eliminación de barreras comerciales y aranceles de carbono que dificultan la cooperación internacional en la lucha contra el cambio climático, promoviendo de esta forma un contexto comercial más libre, así como un acceso global efectivo a tecnologías más eficientes.

Este documento representa una importante contribución al debate sobre cómo lograr una transición hacia una economía baja en carbono sin comprometer el crecimiento económico y refuerza el compromiso del Instituto Juan de Mariana con la defensa de políticas basadas en la libertad y la prosperidad. La presentación del informe ha tenido lugar en Londres, aunque el IJM realizó un adelanto del proyecto en el evento celebrado en Santiago de Compostela el pasado 5 de octubre.

Descargar el informe.

¿Es la utilidad un requisito previo al valor?

Hoy voy a hacer un paréntesis en la serie sobre la cardinalidad, para tratar una cuestión que llevo ya un tiempo analizando. Se trata del concepto de escasez económica como causa única del valor, al margen de la utilidad. 

Desde un punto de vista práctico creo que es un asunto muy interesante que puede servir para aportar una mejor explicación teórica a fenómenos especulativos que nos suelen producir rechazo o incluso nos cuesta comprender hasta el punto de calificarlos como irracionales.

Por poner ejemplos reales voy a referirme a obras de “arte” moderno que deliberadamente no eran tales, como los cuadros pintados por un chimpancé en 1964 que se vendieron por unos 650 dólares actuales, a ciertas criptomonedas como Dogecoin, y también a Bitcoin. 

En el caso de Bitcoin y otras criptomonedas, es interesante que algunos Bitcoiners critiquen duramente a Dogecoin y otras “shitcoins” por ser especulativas y sin utilidad más allá de encontrar a alguien que te pague más de lo que tú pagaste por ellas. Pero cuando personalidades como Warren Buffet o Steve Hanke critican a Bitcoin exactamente por lo mismo, montan en cólera defendiendo a Bitcoin.  Pero claro, si Bitcoin no sirve para otra cosa que para comprarse y venderse, ¿no aplicaría a los Bitcoiners el dicho de “le dijo la sartén al cazo…”? Lo intentaré responder al final del artículo.

La utilidad no es condición suficiente

Pues esto es lo que quiero analizar y explicar hoy. Antes de responder a la pregunta que titula este artículo, podemos afirmar con total tranquilidad que la utilidad no es una condición suficiente para que exista valor. No hay nada más útil que el aire que respiramos y no tiene ningún valor económico. Visto que no es condición suficiente, ¿es condición necesaria en el sentido de requisito previo al valor?  Para responder a esta pregunta, cómo no, voy a recurrir a los Principios de Economía Política de Carl Menger. 

Uno de los logros históricos de esta obra es explicar la causa del valor, y el  concepto clave que maneja Menger para investigar esta cuestión tan importante es la necesidad humana en relación con la cantidad disponible del objeto que puede satisfacer dicha necesidad. Muy resumidamente podemos decir que mientras no haya cantidad suficiente de un objeto para satisfacer una necesidad, el objeto es escaso y por tanto tiene valor en proporción a la importancia que para nosotros tenga la insatisfacción. Y podemos resumir el concepto de utilidad de Menger como la capacidad de un objeto para satisfacer una necesidad humana.

Si el objeto satisface una necesidad será porque le reconocemos cualidades intrínsecas para satisfacer esa necesidad, ¿no? Por ejemplo, el pan satisface la necesidad de alimentarnos. Pero, ¿Es posible que existan objetos que satisfagan necesidades solo bajo el requisito previo de ser escasos?

Utilidad frente a escasez

Mi respuesta es un rotundo sí. Esto es así para los objetos cuya única utilidad es ser medios de intercambio indirecto, y la demostración es muy sencilla. Si por ejemplo Bitcoin fuera útil independientemente de su escasez y por la razón que fuese aumentara su cantidad de manera ilimitada, dejaría de tener valor pero tendría que seguir siendo útil. Y esto claramente no es así. Si Bitcoin no tiene valor, deviene totalmente inútil para el intercambio. El pan no, el pan seguirá siendo útil aunque lloviera del cielo y dejase de tener valor económico. 

Antes nos hemos preguntado por “objetos que satisfagan necesidades solo bajo el requisito de ser escasos”. Y aunque considero que el ejercicio mental del párrafo anterior resuelve toda posible circularidad, es pertinente considerar que el concepto de escasez implica si o si demanda, y nadie demanda cosas inútiles.  Bien, esa utilidad aunque sea entendida como la capacidad de satisfacer la necesidad de intercambiar en el futuro, ciertamente tiene que existir aunque sea como una consecuencia esperada. Y en ese caso la utilidad sería empresarial o especulativa y condicionada a la escasez, a la futura relación cuantitativa entre la cantidad total del objeto y cantidad que potencialmente se especula que se podría necesitar. 

La expectativa de utilidad futura no implica “utilidad presente” en un sentido estricto, sino valor presente. Pretender que la utilidad futura es utilidad presente sería como decir que los futuros peces que esperas obtener y que imputas al valor presente de una caña de pescar, existen en el presente. No, los peces no existen, lo que existe es el valor presente de esos peces futuros, que proyectamos en la caña.  

El “billete de lotería”

Si otros agentes llegan a la misma conclusión que yo y acaban otorgando valor presente a un objeto como potencial medio de intercambio, entonces aparece por fin la utilidad para intermediar intercambios. Pero esa utilidad aparece una vez que escasea el objeto. Es consecuencia, no causa.

Si no aparece ningún otro agente que llegue a la misma conclusión y el coste de poseer el objeto es muy bajo o casi nulo, yo podría poseer el objeto indefinidamente aunque no se cumpliera en plazo mi expectativa de escasez, debido a que la ecuación coste beneficio puede seguir siendo muy positiva aunque el beneficio sea muy improbable, porque el coste es ínfimo.

Esta última demanda a modo de “billete de lotería” se justifica con el valor presente (no con utilidad presente). Es una demanda del todo racional y empresarial y salvo que el demandante exprese claramente otra cosa, no veo pertinente que el economista asigne causas a su criterio unilateral como el coleccionismo o el cariño, que si bien se pueden dar, son cuestiones psicológicas complejas que no solo quedan fuera del campo de especialización del economista, sino que además no le competen porque semejante precisión y detalle solo lo puede conocer el sujeto que valora. La explicación de la empresarialidad en anticipación a la escasez es más general pues abarca cualquier posibilidad, incluyendo la de coleccionismo y similares, y toda teoría que ofrece una explicación más general de manera satisfactoria y con menos excepciones ad-hoc, es una teoría superior.

Rareza y escasez

Como decimos, la demanda por “billete de lotería” es una razón natural y racional para demandar objetos raros o únicos, porque la probabilidad de que acaben siendo escasos es elevada. Debido a su cantidad limitada, a nada que se demanden serán escasos y por tanto hay una oportunidad de ganancia. Esa ganancia puede producirse porque se le descubra al objeto alguna utilidad de consumo. Pero también puede ser especulativa donde la utilidad sería una consecuencia esperada de la escasez. Ya que la especulación, el trasiego con el valor, si se acaba dando, también es útil. Especialmente en una economía altamente especializada donde la necesidad de traficar con el valor en el espacio y en el tiempo es descomunal.

¿Y qué es un objeto “raro”? Desde un punto de vista puramente físico, todo objeto material sería raro porque es imposible que existan dos objetos absolutamente idénticos.  Desde un punto de vista económico lo relevante para lo que estamos analizando aquí es que sea muy fácilmente identificable y distinguible de manera que facilite mucho la coordinación espontánea en torno a él. Es decir, un Punto Focal.

El ejemplo de la wikipedia ilustra magníficamente como el cuadro rojo es el punto focal por el mero hecho de distinguirse muy claramente de los demás. No sería así, por ejemplo, para los granos de arena del desierto que son para nosotros difícilmente distinguibles por mucho que cada uno de ellos sea físicamente único analizado al microscopio. 

Bitcoin: distinguible y delimitable

El objeto raro puede ser una unidad, como un cuadro de arte moderno muy distinguible aunque su valor ornamental o artístico sea nulo o muy dudoso, o un conjunto fungible de unidades como es el caso del oro o de Bitcoin. Es preciso tener en cuenta que la “rareza” (en realidad ya hablaríamos de escasez) también puede ser inducida vía acaparamiento. Esto parece bastante claro en el caso de Dogecoin, Shiba Inu o Ripple. Nos puede parecer injustificado el valor de estas shitcoins, pero es un hecho indiscutible que una hábil y deliberada gestión de la escasez puede generar mayor valor aunque sólo sea temporalmente, a costa, eso sí, de intensificar el carácter de activo financiero del objeto al “centralizarse” en el acaparador.

Cabe distinguir entre el concepto de Punto Focal que presentó Thomas Schelling en 1960 y el concepto de concurso de belleza que presentó Keynes en 1936.  El concepto de Schelling llega al fondo de la cuestión y nos proporciona un por qué: La distinguibilidad y delimitación del objeto, las cualidades del punto focal para servir como elemento de coordinación, mientras que Keynes se queda en el argumento circular de intentar anticiparse a lo que otros van a hacer.

Aplicando el concepto de punto focal a Bitcoin, su distinguibilidad y delimitación es muy destacable porque de manera muy sencilla y barata cualquiera puede identificar y delimitar tanto el conjunto total de unidades de Bitcoin como cada unidad en particular. Además, tiene otra serie de propiedades como la facilidad de transporte, atesoramiento, divisibilidad, etc.

NFTs

Estas propiedades no lo hicieron útil porque sin la escasez no sirven para nada, pero es más que probable que los primeros demandantes las tuvieran en cuenta anticipándose a que otros agentes también las apreciaran posteriormente, y las probabilidades de devenir en escaso fueran mayores. Pero a lo sumo serían causas coadyuvantes que no son ni suficientes ni necesarias, pues pueden existir objetos valiosos destinados exclusivamente al intercambio de pobre vendibilidad. Por ejemplo que sean poco divisibles como los NFTs, o no tan fáciles de transportar como cualquier objeto físico que solo sirva para intercambiar. 

Considero también importante analizar la persistencia en el tiempo de un Punto Focal y ver hasta qué punto se puede reemplazar por otro mejor. Un punto focal genera efecto red, y el efecto red realimenta a su vez al punto focal. Pero en mi opinión el efecto red no aguantaría mucho si un competidor representa un punto focal significativamente mejor.  Bien es cierto que si la necesidad de unificación no es crucial, los puntos focales no tienen porqué ser excluyentes, y el mercado puede utilizar varios de manera simultánea.  

Pero volviendo a la posibilidad de reemplazo, hay puntos focales que dada su simplicidad, una vez concebidos es difícil que otro candidato pueda desbancarlos o que “les robe cuota de mercado”. Tal es el caso de nuestro abecedario o de los numerales indoarábigos posicionales de nuestro sistema numérico. Y también podría ser el caso de Bitcoin frente a otros candidatos sí, nótese el condicional, lo que al mercado le importa sobre todo fuera el carácter de conjunto fijo de unidades de un activo real digital. 

Punto Focal

Esta simplicidad no se debe confundir con el concepto de first mover, pues la simplicidad genera un punto focal muy persistente. Ser el primero en llegar no significa mucho si se trata de un punto de coordinación complejo que puede se puede mejorar ampliamente. Eso sucedió con la red social msn o con el estándar Betamax. El efecto red que se consiguió por ser el primero se viene abajo fácilmente ante una alternativa significativamente superior. También puede pasar, ojo, que los sistemas simples queden superados, pues los numerales indoarábigos predominan hoy porque doblegaron al anterior punto focal que ostentaban los numerales romanos. Pero en los sistemas simples es en principio más difícil y menos frecuente que suceda el reemplazo.

En conclusión, la utilidad no es la causa del valor. A lo sumo es una condición coadyuvante, pero no es ni condición necesaria ni suficiente. Es la escasez económica lo que determina si un objeto es valioso o no. Y en particular para los objetos que solo sirven para intercambiar es muy relevante el carácter de Punto Focal. La delimitación y distinguibilidad de un objeto es crucial para traficar con el valor utilizando ese objeto como elemento de coordinación. Este carácter de Punto Focal puede ser más o menos persistente en el tiempo según lo difícil que sea que otro Punto Focal lo desbanque. Y este carácter de Punto Focal y su persistencia es en mi opinión una explicación perfectamente racional de los fenómenos puramente especulativos.