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Santander: un vistazo a la realidad económica del siglo XIX

Puede que le sorprenda al lector que haya visitado Santander durante algún verano u otro, pero lo cierto es que, hasta tiempos muy recientes, no todos los santanderinos disfrutaban de las vistas del sardinero con asiduidad. De hecho, aún hoy somos muchos los que, una vez pasa el verano, nos replegamos a la bahía para nuestros quehaceres diarios.

Quienes vivimos en el norte conocemos el cantábrico, y Santander, que no por nada es la novia del mar, sabe mejor que nadie que, en ocasiones, también l’oumo e mobile cual piuma al vento. Lo cierto es que hay un sentido a que la ciudad se expandiese siempre resguardada de la inmisericordia del océano, como también lo hay para que sea hoy precisamente la parte que da cara al mar, la que más visitantes recibe durante el verano y las causas, que trascienden a la propia ciudad, trazan una curiosa ruta causal cuyo origen vamos a situar en irlanda.

El puerto de Castilla

Con la llegada del trienio liberal, la ciudad, que lo llevaba siendo poco más de medio siglo (fue villa hasta 1755), comienza uno de los ciclos de crecimiento más importantes de su historia. La liberalización de las relaciones comerciales en el interior del país y las nuevas roturaciones destinadas a los cereales incrementaron la presencia de la harina y el trigo en la balanza comercial española, que tenía por uno de sus principales puertos de salida el de Santander.

Durante todo el siglo XIX, pese al incipiente auge de la industria, el sector agrícola seguía teniendo un importante peso en la economía europea. La población mundial se duplicó en 100 años y el enorme flujo migratorio hacia América corresponde, como dice Tortella, a un desequilibrio entre la población y la tierra disponible en ambos lados del Atlántico.

Si en el Nuevo Mundo faltaba mano de obra, en la vieja Europa faltaba tierra para alimentarla y es precisamente eso lo que nos indica el altísimo consumo de fertilizantes con relación al estadounidense. No es de extrañar que el comercio de cereal fuese un negocio muy lucrativo para la burguesía santanderina y esto lo van ustedes a recordar unos párrafos más abajo.

El puerto tuvo un auge lo suficientemente grande como para que, ya en 1845, se le otorgue al marqués de Remisa una autorización para ejecutar una línea de ferrocarril en Santander, cuyas conexiones todavía dependían de la diligencia. Permítanme recordarles que la primera línea de ferrocarril que empieza a operar en la península no se inaugura hasta 1849[1], por lo que debería ser prueba de la enorme confianza que había depositada en el despegue comercial de la ciudad.

Tras la pequeña edad de hielo

Por aquél entonces, Santander, que contaba con cerca de 17.000 habitantes, se expandía tan solo por la bahía, en torno a la que se desarrollaba el puerto. Pero algo sucedió a mediados de siglo para que se decidiera extender los límites de la ciudad hasta las playas que quedan cara al mar. No hay que ignorar que el clima no era el mismo en el siglo XIX que lo es hoy.

Si bien llevamos un periodo relativamente largo experimentando un calentamiento en la temperatura, durante el siglo XVII sucedió la Pequeña Edad de Hielo, cuyos efectos aún podían sentirse a principios de siglo y que tuvo su último pico más bajo de temperaturas en 1850. Bañarse en el cantábrico podría ser aún menos apetecible de lo que es hoy para quienes estén acostumbrados a las cálidas aguas del mediterraneo.

Pero este periodo climático de transición con el calentamiento actual también se caracterizó por una enorme variabilidad de los fenómenos atmosféricos. Ello contribuyó a una terrible depresión agrícola en Europa durante 1846. La gran hambruna en Irlanda alentó al gobierno británico a recordar lo librecambistas que son, y en mayo de ese mismo año se derogan las Corn Laws. Al abrir el mercado a las importaciones de cereal, Inglaterra marcó una tendencia que seguirán varios países Europeos.

EL cereal

Europa está necesitada de cereal y en España los precios comienzan a aumentar durante el año posterior provocando una crisis de subsistencia. Es importante señalar que, si bien hubo revueltas populares en muchas ciudades españolas, en cantabria tan solo se dio una y fue en Castro Urdiales. ¿se acuerdan que el comercio de cereal era un negocio muy lucrativo para Santander?

Pues parece ser que más perjudicó a la ciudad la decisión del gobierno de prohibir las exportaciones de cereal en marzo de 1847 como medida para paliar el aumento del precio de los alimentos. Tanto es así que las gestiones del ferrocarril se paralizaron hasta unos años más tarde. Hubo presiones para dar marcha atrás a la medida y se logró limitar la prohibición, pero es probable que, en Santander, alguno pensase en buscar formas alternativas para lucrarse.

El Grand Tour llevaba realizándose en Europa desde hacía un par de siglos, pero es a partir del siglo XIX cuando los viajes comienzan a democratizarse. En 1810 aparece en inglés y en francés la palabra turista y, para 1840, ya comienza a volverse popular. El turista, parece ser, se distinguía del viajero por corresponder a una forma de viajar más masificada y superficial. Realmente el término no dejaba de ser una forma despectiva con la que referirse a las nuevas clases medias que, gracias al desarrollo económico y técnico, tenían la capacidad de viajar igual que la vieja aristocracia europea.

Turismo

El mundo editorial contemporáneo nos da buena muestra del peso que comenzaba a tener este fenómeno del turisteo en el mundo europeo. Durante la primera mitad de siglo se popularizaron las guías de viaje entre las que podemos destacar la guía de Murray para los británicos. La primera guía de Murray se publicó en 1836 y vendió 10.000 ejemplares en los primeros 5 años.

Estaba claro que había una oportunidad comercial que ya llevaba tiempo explotandose en europa y, en 1847, aprovechando la recomendación que los médicos comenzaban a hacer sobre los beneficios del agua del mar[2], se publicó, en la Gaceta de Madrid, el primer anuncio de la ciudad como destino turístico por sus playas.

Según un reportaje de 1930 en La Revista de Santander, tan solo entre los meses de mayo a agosto de 1849, fueron a Santander unas 3000 personas. Dudo, creo que con buenas razones, de la capacidad de la ciudad para acoger a un número tan grande de turistas. Recordemos que la población era de 17000 personas un par de años antes, por lo que vamos a hacer un ejercicio de precaución y suponer que, de todos esos viajeros, muchos usaban la ciudad como sitio de paso. Las conexiones del puerto con otras ciudades inglesas y francesas debieron de ser atractivas para muchos españoles del interior pues esto mismo parece haber sido un buen reclamo para los lectores de El Espíritu del Siglo en 1852:

Al ver esta facilidad para viajar ¿quién es el que está en Santander, particularmente en el verano, y no va a dar un paseo por los Campos Elíseos y el Jardín de Plantas de París? ¿Quien el que no cruza el estrecho de Calais y visita a la capital del mundo industrial?

El Espíritu del Siglo

Fiestas en el Sardinero

Realmente, la mayor parte del éxito turístico en Europa se debía a la reducción de tiempo y costes que supuso el ferrocarril. Al no haber una línea operativa desde Madrid, el éxito de la campaña pudo ser bastante más moderado, pero lo suficientemente grande como para que se iniciara la construcción de una fonda en 1849 que, originalmente, contó tan solo con un piso pero que hubo de ir agrandandose en los veranos siguientes dada la afluencia de visitantes.

Santander era la puerta a España para muchos extranjeros que llegaban en barco[3], y ya contaba en el centro con hospedaje y afluencia de europeos de todas las nacionalidades, de eso nos dejan constancia los libros de viaje de varios autores ingleses durante principios de siglo[4], pero la construcción, esta vez, de una fonda en el Sardinero muestra los nuevos intereses de los turistas.

Realmente, ya hubo bañistas con anterioridad. En los años 1845-1846 hay constancia de la celebración de fiestas en el Sardinero y fue por ello, que el 29 de julio de 1846, el ayuntamiento comenzó a hacer presupuestos para un camino que lleve a las playas.

Unir la playa a la ciudad

Quizá ya desde entonces se pensaba promover la playa fuera de la localidad santanderina, pero el timing es muy extraño. Para 1847 no había, aún, ninguna infraestructura construida y las conexiones con la capital aún eran precarias y costosas. Hasta 1864, no se terminó de construir el paseo de la Concepción, que permitió unir la playa con el resto de la ciudad. Tendría sentido, al menos para mí, tratar de desarrollar las infraestructuras en lo que se construye el ferrocarril para poder tener lista la playa para su inauguración. Y, en ese sentido, el tempo es bueno. Pero la realidad política y económica debió de frustrar el plan inicial. Me aventuro por ello a sostener que la nueva legislación comercial algo tendría que ver para que se decidiese anunciar en 1847.

La historia de la playa santanderina es la curiosa historia de cómo los intereses económicos y políticos de agentes tan diversos han de aprender a coordinarse a medida que vas sucediéndose los acontecimientos. El plan original del ferrocarril que se origina del auge comercial alienta la aclimatación de la playa, y es precisamente el proteccionismo que acaba con dicho comercio el que insta a la playa a ponerse a punto con mayor celeridad. La falta de cereal en europa que lleva a multiplicarse el tráfico comercial santanderino es el causante de la limitación de sus exportaciones y, ante el ánimo del gobierno central, una ciudad de la periferia busca su lugar dentro del entramado económico.

Notas

[1] Es cierto que hubo en España intentos muy tempranos de construir un ferrocarril, pero la mala imagen que el gobierno español, que varias veces había incumplido pagos de deuda, tenía para los inversores extranjeros ralentizó mucho el proceso en el país.

[2] Durante todo el siglo hubo varias epidemias de cólera que preocuparon bastante a la población europea.

[3] hay que recordar que, a partir de 1820, España es redescubierta por los europeos como un atractivo destino turístico.

[4] Durante su estancia en la ciudad en los años 30 del siglo XIX, George Borrow describe un ambiente muy cosmopolita en la fonda en que se hospedaba, al ver una gran mezcla de ingleses, franceses y alemanes.

Los desafíos de Milei como presidente libertario más allá de Argentina

El objetivo del liberalismo es la cooperación pacífica entre todos los hombres y entre todas las naciones

Ludwig von Mises

Cuando un mandatario, sea cual sea su inspiración ideológica y política, económica o religiosa, asume como fundamento básico unos principios filosóficos como el ideal que guiaran sus políticas económicas y sociales en su respectiva nación. No solo los adopta, frente a sus respectivos connacionales, como lógicamente y naturalmente debe de ser, sino a nivel internacional, con los grupos e individuos que comparten sus ideales en mayor o menor medida.

El caso del presidente Javier Milei, no escapa a esta premisa. Más cuando los fundamentos ideológicos, de corte liberal, que el mandatario argentino ha tomado como bandera política y económica, en especial los de la llamada escuela austriaca de economía, a la cual nos suscribimos.  Se ha cuestionado históricamente desde ámbitos políticos, académicos, pseudointelectuales e ideológicos.

Cuestionamientos que han procedido tanto de la izquierda radical totalitaria marxista-leninista como de los defensores del populismo estatal amparado en formas de gobiernos supuestamente “democráticas”, como los que se conocen hoy en día bajo el nombre de movimientos progresistas de diferentes vertientes, hasta las expresiones del totalitarismo fascista y neofascistas, pasando por los gobiernos con capitalismo de estado y políticas intervencionista y mercantilistas.  

Desafíos en el orden político argentino

En lo que respecta orden interno argentino es importante destacar que la victoria alcanzada por el presidente Milei bajo los postulados ideológicos de la escuela liberal austriaca de economía se da en el marco de un entorno institucional, cultural y político, que le es esencialmente adverso y de difícil manejo político. Pues los adversarios de los principios del pensamiento económico y político liberal de la escuela austriaca de economía, en los escenarios antes señalados, juegan con reglas diferentes a las que por mandato ético y moral utilizan los que hemos sido defensores del liberalismo.

El Presidente Milei en su discurso de recepción del galardón Juan de Mariana el pasado 21 de junio del 2024, destacó una de las frases más usadas en sus discursos de campaña, lo siguiente:

Por eso, recurrentemente, en nuestros actos de campaña cerrábamos con la definición de liberalismo de Alberto Benegas Lynch (hijo), con algunas mutaciones que yo le hice: el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en la defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad.  

Javier Milei, presidente de Argentina

En sintonía con la anterior cita, el Presidente Milei sostuvo en lo referente a los aspectos morales de su política económica que

no es solamente la cuestión de la economía. Nosotros interpretamos la economía desde una cuestión moral. El diseño de la política económica tiene que ver con una cuestión fundamentalmente moral, es decir, cuáles son los valores que están detrás de eso. Y claramente, frente a eso, nada puede contra el liberalismo.

Javier Milei.

Zigzagueando por el terreno político

No obstante, el Presidente Milei destacó los graves desafíos que ha tenido que enfrentar al tratar de implementar su programa de gobierno, recalcando al respecto que

La verdad es que cuando ustedes plantean el objetivo, les aviso que no es un movimiento rectilíneo uniforme. Es decir, uno no va zigzagueando porque es un imbécil ineficiente, sino que en el medio puede ser que haya pozos; que haya un montón de cosas, y las tiene que ir esquivando. Y no solamente eso, sino que también se encuentra con otros problemas, donde los oponentes políticos también disparan. Entonces, ustedes están esquivando los pozos en el camino, y mientras están esquivando, los opositores están disparando.

Javier Milei.

Siguiendo con este mismo orden de ideas, Javier Milei resaltó de igual forma que las marañas de traiciones que ha tenido que enfrentar, en su entorno político al señalar. Al respecto, el mandatario argentino señalo:

Como si esto fuera poco, mientras defendemos las ideas de la libertad, también aparecen los liberales egipcios, que, por un lado, hablan de libertad y por el otro le venden la patente de corso al mejor postor. Hasta hablan de la eficiencia del gasto público. Y no solo eso, uno tiene que seguir avanzando y peleando por las ideas, y lo peor de todo es que hasta tiene que lidiar con las mentiras y demás.

Javier Milei.

Desafíos y amenazas en el orden internacional

El fenómeno Milei se produce en una coyuntura social, política e histórica asincrónica, en lo referente a la transmutación que está sufriendo, de lo que se ha conocido como el Orden Liberal International (OLI), surgido después de la Segunda Guerra Mundial. Orden que ha venido experimentando fuertes desafíos y amenazas, que han ido debilitando sus cimientos, políticos e ideológicos, como consecuencia del enfrentamiento geoeconómico y geopolítico, entre China y los EE.UU. principalmente y el resto de sus respectivos aliados, principalmente, y la presencia de detractores internos de este orden en el seno de las propias sociedades occidentales. 

El surgimiento de gobiernos y regímenes que se han aprovechado de mecanismos democráticos para después perpetuar regímenes principalmente dictatoriales de izquierda populistas, con tendencias totalitarias, y que han pretendido ser un referente mundial de modelo político a seguir, son una de las principales amenazas que el proyecto de corte liberal enfrenta el Presidente argentino a nivel internacional. 

Dentro de este contexto, el gobernante argentino ha tenido que lidiar con fuertes críticas provenientes principalmente de otros mandatarios latinoamericanos de confesada tendencia izquierdista, como: Gustavo Petro de Colombia, Manuel López Obrador de México, Daniel Ortega de Nicaragua, y principalmente las procedentes del régimen venezolano hacia la gestión de Milei, y los señalamientos que este ha realizado a las políticas socialistas, regulatorias e intervencionistas que han fracasado en Venezuela. Y por último, es importante mencionar las tensiones entre los gobiernos de Argentina y España, y el cruce mutuo de críticas y acusaciones que se ha producido entre los gobernantes de ambas naciones. Enfrentamientos estos que han terminado de configurar un escenario internacional de desafíos y amenazas por parte del proyecto de gobierno del mandatario argentino.

Un capitalismo maniatado

Más allá del estilo y discurso personal de Javier Milei y de su narrativa política, en la difuminación de su mensaje ideológico, en contra las excesivas intervenciones del estado, en favor del libre mercado, sus cuestionamientos a los altos impuestos, y a las regulaciones sociales. Como lo dejo claro en su discurso en Davos, en el cual el líder argentino envió un mensaje de salvación a «Occidente» de los peligros de un capitalismo excesivamente regulado, al señalarles que «No se dejen amedrentar por los parásitos que viven del Estado».

Lo que realmente está detrás de todas estas detracciones tanto en el ámbito interno del sistema político argentino como en su entorno internacional, es que las políticas del gobierno de Milei basadas en los postulados básicos de la escuela austriaca de economía, representan no sólo un peligro ideológico que pone  al descubierto el fracaso en mayor o menor medida de las políticas económicas de todos los gobiernos y regímenes de tendencia izquierdistas-populista y pseudodemocráticos  a nivel global. Lo que ha provocado la ira de unas hienas que se avalanchan sobre este proyecto desde diferentes latitudes.

Milei como amenaza

Pues éstos ven como amenaza un eventual éxito de la gestión del gobernante argentino. Podría llegar a ser un buen referente ideológico de corte liberal a nivel global. Ha puesto en práctica exitosamente, en un país como Argentina con un pasado populista fuertemente arraigado. 

Como reflexión final tendremos que tener muy presente que todos aquellos que desde diferentes posiciones y tribunas hemos defendido los postulados básicos del liberalismo, y  en especial los principios de la escuela austriaca de economía, que los desafíos y compromisos del mandatario argentino van más allá de su nación. Pues si el mismo llegase a fallar en la implementación de sus políticas económicas y sociales, e incurriese en cualquier acto que pueda ser considerado como contrario a los postulados morales y filosóficos que el mismo defiende, tendrían unas graves consecuencias. Consecuencias no solo para la nación argentina, sino para el resto de los defensores del liberalismo a nivel global. Ya que el caso argentino se citará como un mal referente práctico en lo que a implementación de las políticas liberales se refiere por parte de sus adversarios a nivel global.

Ver también

El lenguaje económico (XLI): Metales

Los metales —hierro, bronce, oro— se utilizan en economía como metáforas con la finalidad de imprimir mayor solidez o contundencia a ciertas afirmaciones. Por ejemplo, decimos que una ley es de «hierro» o que una regla es de «oro» para trasmitir a la audiencia su supuesta inexorabilidad o infalibilidad. Sin embargo, tal y como veremos, las metáforas metálicas pueden ser engañosas.

Ley de hierro de los salarios

Esta «ley», atribuida al economista clásico David Ricardo, sostiene que los salarios reales tienden, a largo plazo, a mantenerse en el mínimo necesario para la subsistencia de los trabajadores y sus familias. Ello se debe a que cualquier aumento salarial por encima de aquél produciría un aumento de la población, lo que a su vez aumentaría la oferta de mano de obra, reduciendo nuevamente los salarios al nivel de subsistencia.

Ricardo y Malthus, que eran amigos íntimos, se equivocaron en sus visiones pesimistas, a saber, que la población estaba atrapada en un ciclo de pobreza, donde cualquier mejora material quedaba automáticamente anulada por un aumento demográfico. Posteriormente (1863), el socialista Ferdinand Lassalle divulgó esta misma ley llamándola de «bronce», al compararla con la perennidad de las leyes escritas en placas de ese metal.

Salario y capital

En el ámbito religioso, tenemos otro caso de pretender veracidad acudiendo a la escritura en placas metálicas. Joseph Smith, fundador del mormonismo, recibió (supuestamente), en 1827, unas placas de oro de manos del ángel Moroni, que Smith tradujo al inglés y publicó como el Libro de Mormón. Sin embargo, la verdad de una proposición no se mide por la dureza —piedra, bronce, oro— del soporte de la escritura, ni por las metáforas con que se adornan.

La ley de hierro de los salarios es completamente falsa y ha sido refutada teoréticamente y empíricamente:

Lo que acrecienta las retribuciones laborables es la ampliación del capital disponible a un ritmo superior al crecimiento de la población, o, dicho en otras palabras, ascienden los salarios a medida que se incrementa la cuota de capital invertido por obrero.

(Mises, 2011: 721)

Y como tampoco es cierto que la población se reproduzca conforme aumenta la productividad, el resultado final es un incremento de la tasa de capitalización[1] y, por tanto, de la riqueza material de los empleados.

Ley de hierro de la oligarquía

El sociólogo alemán, Robert Michels —con más fortuna que Ricardo—, en su libro «Los partidos políticos» (1911), afirma que todas las organizaciones, sean o no democráticas, tienden a desarrollar estructuras oligárquicas con el tiempo. Es decir, cuando la organización crece en tamaño y complejidad, inevitablemente el poder se concentra en manos de una camarilla de líderes.

Michels también observa que la mayoría de miembros de una organización suele estar menos interesada y menos involucrada en la toma de decisiones cotidianas, lo que deja el campo libre a los líderes para tomar decisiones importantes. Por ejemplo, en las comunidades de propietarios es frecuente observar la desidia de los comuneros ante los problemas que afectan a la conservación y funcionamiento del inmueble. Se dejan completamente en las manos del presidente y del administrador de fincas.

También en los clubes y asociaciones unos pocos dirigen la organización con la anuencia del resto. En el más alto nivel de la política, los partidos, gobiernos y parlamentos se dirigen por una camarilla, algo que cuestiona la idea de democracia representativa. La idea de que cada parlamentario representa al conjunto del pueblo no solo es una imposibilidad lógica, sino una gran estafa política.

Las reglas de oro

Existe variadas reglas de oro cuyos defensores las consideran principios de probada eficacia en sus respectivos campos de acción. Por ejemplo, la regla de oro fiscal afirma que los gobiernos deben limitar el endeudamiento a la financiación de inversiones y no utilizarlo para financiar gasto corriente —salarios, pensiones, redención de deuda—. Este debe cubrirse con ingreso corriente. Su finalidad es asegurar el equilibrio presupuestario y evitar la acumulación de deuda. Aquí debemos matizar que «inversiones» significa, en realidad, “gasto en infraestructuras públicas”. Pues la inversión es un fenómeno exclusivo del sector privado.

No hay tal cosa como «inversión pública». Las metáforas áureas no son exclusivas de la economía, sino que abundan en cualquier ámbito y actividad: hay «7 reglas de oro» para el liderazgo, el marketing, las relaciones en pareja, la electricidad, la seguridad, para la buena redacción, etc. En definitiva, una regla de oro no deja de ser una invocación lingüística a una supuesta bondad o efectividad de la norma, sin que podamos atribuirle, por ello, una mayor credibilidad o valor epistémico.

Bibliografía

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Ricardo, D. (1978). Principles of Political Economy and Taxation. México: FCE.


[1] Cantidad de capital per cápita.

Serie ‘El lenguaje económico’

Políticas anti petróleo que provocan más consumo de petróleo

Por Peter Jacobsen. El artículo Políticas anti petróleo que provocan más consumo de petróleo fue publicado originalmente en FEE.

Cada pocas semanas, los fanáticos ecologistas de la organización “Just Stop Oil” aparecen en los titulares por intentar destruir algo importante para llamar la atención sobre su objetivo de detener el petróleo.

Pero resulta que, como ocurre con muchas recetas políticas miopes, los medios no conducen a los fines. En otras palabras, los esfuerzos legislativos para detener el petróleo podrían provocar que se utilizara más mineral, en lugar de menos.

La paradoja verde

Un reciente artículo de Maya A. Norman y Wolfram Schlenker, de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), demuestra que la “paradoja verde” es real. Pero, ¿qué es la paradoja verde? Bueno, la idea de la Paradoja Verde se presentó por el economista Hans-Werner Sinn en lo que Wikipedia llama un libro “controvertido”. El libro de 2012 se titula The green paradox en honor a la teoría.

La idea es relativamente sencilla. Quienes poseen reservas de petróleo son agentes económicos racionales. Eso significa que extraerán y venderán su petróleo a una tasa determinada que maximice los beneficios a largo plazo. Los propietarios no quieren sacar hasta la última gota del subsuelo porque sería costoso hacerlo rápidamente, pero también quieren vender el recurso a un ritmo lo suficientemente rápido como para satisfacer la demanda.

Sin embargo, las llamadas “políticas verdes” cambian este cálculo. Si los propietarios de petróleo creen que en algún momento se aprobará una política que hará ilegal o incluso más cara la venta de su mineral, empezarán a intentar extraer y descargar el petróleo antes de que se apruebe la política. El resultado es contrario al pensamiento superficial: las políticas verdes destinadas a regular el petróleo pueden, en realidad, aumentar la velocidad a la que se produce y consume. Es la paradoja verde.

Como he mencionado antes, Wikipedia califica este libro de “controvertido”, aunque no cita ninguna fuente para esa calificación concreta. Sin embargo, aunque el libro fuera controvertido, este nuevo artículo debería hacer que lo fuera menos. Los autores examinan la paradoja verde con algunas pruebas, pero hay un resultado que llama la atención. Examinan el proyecto de ley Waxman-Markey de 2009-10, una ley de límites máximos y comercio de emisiones que habría sido gravosa para la industria petrolera.

Una medida contra la producción que aumenta la producción

Los autores comparan los precios de los futuros del petróleo con las expectativas del mercado sobre la probabilidad de aprobación de la ley Waxman-Markey. Si el argumento de The green paradox es correcto, el precio de los futuros del petróleo debería caer a medida que aumenta la probabilidad de que se apruebe el proyecto de ley.

Documentando los resultados, dicen:

En consonancia con esta predicción, encontramos un coeficiente negativo significativo; los precios de los futuros del petróleo bajan siempre que aumenta la probabilidad esperada de que se apruebe el proyecto de ley. Este efecto es persistente en todos los contratos de futuros, e incluso aumenta para los vencimientos a más largo plazo, lo que sugiere que la relación refleja ajustes a largo plazo en la trayectoria esperada de los precios del petróleo más que perturbaciones temporales. A través de nuestro análisis descubrimos que (i) la aprobación del proyecto de ley Waxman-Markey habría aumentado el consumo mundial de petróleo entre un 2 y un 4% y (ii) las deliberaciones Waxman-Markey aumentaron el consumo de petróleo entre 8 y 27 millones de toneladas métricas, equivalentes a entre 1 y 3 días de consumo mundial de petróleo.

Así pues, no sólo el proyecto de ley habría provocado un aumento del consumo de petróleo si se hubiera aprobado; la mera posibilidad de que se aprobara provocó millones de toneladas de consumo extra de petróleo. La paradoja verde se mantiene.

Una de las funciones más importantes de la economía es demostrar, con frecuencia, que los medios de los responsables políticos no pueden alcanzar los fines deseados. A los responsables políticos no les gusta esto, por supuesto. Y por eso las buenas ideas económicas, como la paradoja verde, tienden a menospreciarse con términos como “controvertidas”.

Esto no debería sorprendernos.

En su obra magna de 1949, La acción humana, el economista Ludwig von Mises destacó brillantemente este fenómeno:

Es imposible comprender la historia del pensamiento económico si no se presta atención al hecho de que la economía como tal es un desafío a la presunción de quienes detentan el poder. Un economista nunca puede ser el favorito de autócratas y demagogos. Para ellos siempre es el travieso, y cuanto más convencidos están en su fuero interno de que sus objeciones están bien fundadas, más le odian.

Ludwig von Mises. La acción humana. Tratado de economía.

Larga vida a los malhechores.

Ver también

Un hallazgo de litio explica que nunca nos quedaremos sin recursos. (Peter Jacobsen).

Simplemente, no se puede dejar de extraer petróleo, Sir Keir. (Henry Hill).

Adiós al adiós al petróleo. (José Carlos Rodríguez).

La adicción al petróleo. (José Carlos Rodríguez).

J. K. Rowling y el monstruo del odio

Por Helen Dale. El artículo J. K. Rowling y el monstruo del odio fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Permítanme hablarles de una época intensa en la política británica: la entrada en vigor de la legislación escocesa contra la incitación al odio, la publicación del último informe Cass sobre medicina pediátrica de género, la convocatoria de elecciones generales en el Reino Unido y el regreso triunfal de Nigel Farage a la política.

Durante todo ese tiempo, J. K. Rowling tuiteó.

El 3 de junio, Farage dejó su trabajo habitual como presentador de GBNews y anunció su candidatura al Parlamento. El martes -el mismo día en que el Primer Ministro Rishi Sunak y el líder de la oposición Sir Keir Starmer celebraron el primero de varios debates televisados- un manifestante arrojó un batido de plátano de McDonald’s sobre Farage. Estaba haciendo campaña en Clacton, la circunscripción de Essex a la que se dirige.

A pesar de sus esfuerzos (y de los de la prensa británica), el batido de Nigel fue el protagonista, y no el debate televisado de Rishi y Keir.

La dramática entrada de Farage puso el broche de oro a un periodo extraordinario. Sólo ahora que el país ha entrado en temporada electoral (nuestras campañas, como señalan a menudo los estadounidenses, son afortunadamente cortas), sólo ahora que la administración pública está en purdah -y no pasa nada durante seis semanas- es posible describir un momento de locura nacional con cierta ecuanimidad.

El día de los inocentes

Como corresponde, la historia comienza el Día de los Inocentes y, por supuesto, empieza con una broma o, mejor dicho, con muchas. Ese día entró en vigor la legislación escocesa sobre delitos de odio. Un individuo (J. K. Rowling) y una entidad corporativa (Comedy Unleashed) se enfrentaron a ella, desafiando a la Policía de Escocia a que los detuviera. Entre ellos dos y el pueblo escocés, proporcionaron quizás el primer ejemplo en la historia moderna británica de una ley de la que se ríen hasta dejarla en desuso.

Los casos difíciles hacen mala la ley, pero la mala ley puede ser divertidísima.

A diferencia de la legislación sobre la incitación al odio -enormemente polémica en este país por la forma perniciosa en que socava la libertad de expresión-, la legislación sobre delitos de odio suele ser segura. En el derecho penal escocés, añadir lo que se llama “una circunstancia agravante” a una condena es algo aceptado y normal, y así ha sido desde 1998. Las circunstancias agravantes no son delitos. Sólo se aplican cuando alguien comete un delito y, al hacerlo, manifiesta o está motivado por “malicia o mala voluntad” hacia las características protegidas de una determinada víctima (raza u orientación sexual, por ejemplo).

Del mismo modo, los delitos de “incitación” existen desde hace décadas -desde 1965- y no han afectado a la libertad de expresión del mismo modo que lo hizo, por ejemplo, el uso de incidentes no delictivos por parte de las fuerzas policiales, hasta que, por supuesto, el Tribunal de Apelación les dio una bofetada.

Una mala redacción

Parte del problema que surgió el 1 de abril tuvo su origen en una mala redacción: la legislación se promulgó sólo con protecciones genéricas de la libertad de expresión. No se reconocían las profundidades venenosas a las que se había hundido el debate en Escocia sobre cuestiones trans y cómo, sin una protección específica, era más fácil para los activistas desencadenar investigaciones policiales sobre las personas con las que no estaban de acuerdo. Incluso cuando los tribunales acaban desestimando las demandas vejatorias, el proceso es el castigo.

Recordemos que este asunto derribó a la popular primera ministra Nicola Sturgeon y dividió por la mitad al movimiento independentista escocés. Incluso el sucesor de Sturgeon como Primer Ministro, Humza Yusaf, fue incapaz de introducir en la legislación una enmienda sensata (abajo), tan acosado estaba por el lobby trans:

El comportamiento o el material no se considerarán amenazantes o abusivos por el mero hecho de que incluyan o impliquen un debate o una crítica sobre cuestiones relacionadas con la identidad transexual.

Un monigote entra en el debate intelectual

Sin embargo, la mayor parte del problema -que llevó, entre otras cosas, a que la gente creyera que confundir el género de una persona trans conllevaría su procesamiento en virtud de la nueva ley- provino del gobierno escocés y de la propia Policía de Escocia. No sólo la información pública que acompañó a la ley se centró casi exclusivamente en herir sentimientos (“el odio hiere“, aseguraban varios carteles publicitarios), sino que los ministros escoceses se mostraron incapaces de explicar cómo funcionaría su propia legislación. “Dependerá de la Policía de Escocia”, dijo una de ellas, depositando su incomprensión sobre la discriminación por razón de género en la policía local.

A esto se sumó el tipo de campaña publicitaria de mala calidad que sólo una madre podría amar. Para enseñar al mundo los horrores del odio, la Policía de Escocia ideó y luego dio vida al Monstruo del Odio, una criatura peluda con aspecto de mascota que parecía un cruce entre un descarte de la Tienda de Criaturas de Jim Henson y Óscar el Gruñón. “No me alimentes“, entonaba.

Por su parte, J. K. Rowling optó por responder a la falta de claridad en torno al misgendering, utilizando su enorme presencia en Twitter/X para retar a la Policía de Escocia a que la detuviera. Calificó de hombres a varias mujeres trans, entre ellas criminales convictas, activistas trans y otras figuras públicas. “Si persiguen a alguna mujer simplemente por llamar hombre a un hombre, repetiré las palabras de esa mujer y podrán acusarnos a los dos”, escribió.

Comedy Unleashed

La policía escocesa se retractó drásticamente. No, aseguraron a los escoceses, los tuits de Rowling no alcanzaban el umbral penal. Los cómicos del Reino Unido salieron por una puerta abierta. El grupo Comedy Unleashed de Andrew Doyle llegó a Edimburgo y convirtió al Monstruo del Odio en una estrella. La cómica June Slater, por su parte, produjo un número tan viral que, entre otras cosas, provocó más “quejas de odio” por este discurso de Yusaf que cualquiera de los tuits de Rowling.

Titiriteros y artistas de circo se unieron al acto. El Monstruo del Odio, en varios aspectos y versiones, apareció por toda Escocia, incluso en Greyfriars Bobby. Sin embargo, cuando primero los escoceses y luego los británicos en general se echaron a reír y el SNP empezó a desmoronarse de arriba abajo, el novelista escocés Ewan Morrison se adelantó para señalar que el Monstruo del Odio forma parte de una tendencia artística ubicua y siniestra.

Conocido al otro lado del charco como “Corporate Memphis” cuando se utiliza en ilustración y diseño, el estilo presenta figuras cuadriculadas y poco realistas con rasgos limitados; colores pastel chocantes; extremidades enormes y dobladas, y piel azul, verde o morada.

Autoritarismo cuqui

Morrison llama a este arte plano y poco amenazador (adorado por el sector benéfico, las universidades y, ahora, las campañas de información de los gobiernos) “autoritarismo cuqui“.

Durante la pandemia de Covid, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido también empleó estos simpáticos gráficos y mensajes. La cuestión no es si apoyas o no la vacunación masiva o los cierres patronales: se trata de ejercicios de control de la población, y sus diseñadores eligieron la ternura para empujar al público hacia los comportamientos deseados. […]

En lugar de “¡Vacúnate ahora o otros enfermarán y morirán!”, un aviso político rezará “Una inyección de amor para el Día de San Valentín: demuestra lo mucho que te importan tus seres queridos protegiéndolos de Covid” en letras rosas, utilizando el tipo de letra de la felicidad internacional, literalmente llamada Alegría. El mensaje de aviso público no dirá ¡Ponte una mascarilla ahora por orden del gobierno! sino Gracias por enmascararte. Agradecerle de antemano su conformidad es un intento de avergonzarle para que realice la acción deseada.

Sin embargo, la dulzura empalagosa que Morrison identifica no sólo está presente en las obras de arte de Corporate Memphis. Es omnipresente y apela a una forma cuajada de memoria infantil. Esto explica las marionetas, los libros para colorear, la purpurina o las drag queens que leen libros infantiles a los niños en las bibliotecas públicas.

“¿Qué capacidad mental creen que tiene la gente?”

El hecho de que la mayoría de la gente no esté enganchada a Internet -o al arte de mierda que se produce como efecto secundario del activismo por la justicia social- se refleja en una respuesta común tanto al Monstruo del Odio como a la burla que Comedy Unleashed hace de él. “Acabo de descubrir que el ‘Monstruo del Odio’ es una campaña real de la Policía de Escocia”, escribió desesperado el historiador Adrian Hilton. “Honestamente pensé que era una invención de Andrew Doyle para su evento Comedy Unleashed en Edimburgo. Quiero decir, ¿qué edad se creen que tiene la gente? ¿Con qué capacidad mental? Absurda nfantilización”.

Cuando se publicó el 10 de abril, el informe final del Cass Review tuvo un impacto nuclear. La Dra. Hilary Cass, destacada pediatra del NHS, y su equipo de la facultad de medicina de la Universidad de York consiguieron de alguna manera tomar el lenguaje de la teoría queer (“asignado varón al nacer”, etc.) y su miserable falta de elegancia y utilizarlo para hacer el análisis (y las recomendaciones) sensato, flemático y claro por el que el empirismo británico en general -y el NHS en particular- es famoso.

Informe del Cass Review

En el proceso, se puso de manifiesto que la medicina transgénero -especialmente la pediátrica- carece casi por completo de evidencia. Y lo que es aún más alarmante, a muchos profesionales les gusta que sea así. Uno de los aspectos sobre los que hay pocos datos a nivel mundial es el destino de los niños y jóvenes cuando pasan de la atención pediátrica a las clínicas de adultos. La Dra. Cass se puso en contacto con los servicios de género para adultos del NHS, conscientes de que disponían de los historiales de unos nueve mil pacientes. Todos menos uno se negaron a entregar los datos de los pacientes, algo que los ministros corrigieron por decreto ejecutivo sólo después de que se publicara el informe final de Cass.

Cass también demostró en cartas de mil pies de altura cómo la mayoría de los niños que pasaron por el Tavistock -nueve mil en total- se sentían atraídos por el mismo sexo o simplemente (y esto es desgarrador, porque revela sus edades) no eran conformes con su género. Cada año aumenta el número de niños brillantes y elegantes, y el de niñas deportistas y extravagantes. En febrero de 2020, BBC Newsnight le tendió una emboscada a Graham Linehan sobre este tema de tal manera que sólo pudo pronunciar una frase completa.

Cass lo reivindicó, y a él también, con creces.

No les dices a los niños que podrían nacer en el cuerpo equivocado, porque son niños, y te creerán.

Graham Lineham.

Rowling, de nuevo

Peor aún, la medicina de género había alcanzado una falsa pátina de credibilidad gracias a un extraordinario círculo de citas. El Dr. Cass observó cómo las personas e instituciones que piensan que la “atención que afirma el género” está bien se referenciaban mutuamente, ignoraban todo lo contrario y creaban así una apariencia de consenso médico. “La circularidad de este enfoque puede explicar por qué ha habido un aparente consenso en áreas clave de la práctica, a pesar de que la evidencia es pobre”, observó con sorna.

Una vez más, Rowling participó en Twitter, utilizando su alcance para asegurarse de que algo del NHS -ampliamente admirado por la izquierda liberal estadounidense- apareciera en los timelines progresistas. Una a una, las ciudadelas progresistas empezaron a prestar atención y a cambiar su postura: incluso el New York Times. La intervención de Rowling, con su efecto transatlántico, fue un recordatorio de que Escocia produce más política de la que se puede consumir localmente. Se aseguró de que Cass cruzara el charco en parte porque se había esforzado en acumular tal cantidad de vapor crítico. El monstruo del odio de la policía escocesa y la disfunción política general del país ya habían cruzado el Atlántico.

Tan empeñada estaba Rowling en asegurarse de que todas las personas que habían estado evitando La verdad sobre los trans la tuvieran delante de los ojos, que llamó la atención de Elon Musk. Elon Musk le echó la bronca por haberse convertido en una cuenta de una sola nota, una acusación que a menudo se dirige a los realistas sexuales en las redes sociales.

Elon Musk

“Aunque estoy totalmente de acuerdo con tus puntos sobre sexo/género, ¿puedo sugerirte que también publiques contenido interesante y positivo sobre otros asuntos?”. escribió Musk, a lo que Rowling respondió:

Acabo de darme cuenta de que ayer se me pasó aconsejar que compartiera más contenido positivo… compartir esto sobre mi vida de escritora, que casualmente se ha publicado hoy en The Sunday Times, no debe interpretarse en modo alguno como que hago lo que me dicen.

J. K. Rowling.

Después de Rowling, probablemente la víctima más notable de las críticas de “cuenta de Twitter de una sola nota” sea Graham Linehan, a quien la gente quería y seguía en su día porque era divertido. No se lo tomaron bien cuando prescindió del humor: perdió cientos de miles de seguidores y -en un momento dado- toda su cuenta de Twitter. La tentación de soltar una serie de chistes a costa de quienes silencian a sus oponentes con palabras hirientes debió de ser inmensa, pero Linehan estaba realmente alarmado. Como me dijo a finales del año pasado, se dio cuenta de que “incluso gente muy cercana a mí no parecía entender el asunto”. A mucha gente, que ha llegado a amar a un payaso gracioso, le molesta cuando se quita el traje y el maquillaje y pide hablar en serio con su público.

Rishi Sunak

Si Rishi Sunak hubiera llevado maquillaje, el diluvio que cayó frente al Número 10, desde donde dijo al gran público británico que habría elecciones anticipadas el 4 de julio (ahí sí que hay una fecha que evoca asociaciones históricas), se lo habría borrado fácilmente. No suele llover mucho en el Reino Unido (algo sobre lo que este niño de Queensland tropical está cualificado para opinar), pero los dioses del tiempo hicieron una excepción, el 22 de mayo, con el Primer Ministro. Sunak estaba empapado. Una mujer que le gritaba “escoria conservadora” durante el anuncio tuvo dificultades para hacerse oír por encima del aguacero. Incluso Larry, el gato del número 10, se hizo de rogar.

El hecho de que se hubieran convocado elecciones generales no mermó la habilidad de Rowling para tocar Twitter como un violín, al menos al principio. Aprovechó el periodo previo a la entrada de Nigel Farage para seguir compartiendo material del Informe Cass, destacar victorias judiciales críticas con el género y -quizá lo más eficaz- promocionar una antología claramente escocesa a la que había contribuido con un artículo.

Women who wouldn’t wheesht

El 30 de mayo se publicó Women Who Wouldn’t Wheesht. Hace dos cosas. En primer lugar, ofrece la mejor explicación que he visto de cómo el activismo trans, con sus creencias irracionales y su pasión por la caza de herejías, fue acogido por las élites escocesas. Capta cómo las mujeres históricamente luchadoras de Escocia -especialmente, pero no sólo, dentro del Partido Nacional Escocés independentista- fueron pintadas en varios rincones y se les dijo que “wheesht for Indy”. Wheesht en escocés significa “cállate” o “cállate”. Se supone que hay que wheesht cuando se espera algo grande, para no estropearlo. También se dice a los niños pequeños cuando son precoces. Mi padre dejó de usarlo conmigo (en la forma Will ye not wheesht?) cuando yo tenía unos diez años.

En segundo lugar, The Women Who Wouldn’t Wheesht también documenta cómo se gestiona una lucha cuando las instituciones de un país han sido capturadas ideológicamente como lo fueron las de Escocia. Las escocesas sexorrealistas produjeron una campaña extraordinaria sin ningún apoyo institucional, aunque contaron con el animoso y hábil liderazgo de Rowling.

Rowling promovió el libro en Twitter y publicó un extracto en The Times. Ocupó los primeros puestos en las listas de los libros más vendidos y apareció en los informativos hasta que Farage se lanzó al ruedo electoral. Rowling sigue interviniendo, dirigiendo su ira contra Keir Starmer, a quien considera (con cierta justificación) una veleta. Esto, por supuesto, no salvará a los conservadores, en parte porque la locura trans -junto con varias otras locuras- se dejó incubar durante sus 14 años de vigilancia.

El diagrama de Venn es… un círculo

Al igual que el Brexit no llevó a Gran Bretaña a una crisis constitucional sino a un pantano constitucional, el diagrama de Venn de “indignados cuando los cristianos querían prohibir Harry Potter por brujería” y “prohibamos Harry Potter porque Rowling pensó mal” es un círculo. Mientras tanto, el gobierno ha entrado en un estado de animación suspendida para las elecciones generales, todo ello antes de la “silly season” de agosto, en la que el país dormita amablemente bajo el sol veraniego, ve el críquet y tanto los escolares como el pueblo de Westminster se van de vacaciones.

“Observé desde la barrera cómo mujeres con todo que perder se movilizaban, en Escocia y en todo el Reino Unido, para defender sus derechos. El sentimiento de culpa por no haber estado con ellas me acompañaba a diario, como un dolor crónico”, escribe Rowling en Women Who Wouldn’t Wheesht. “Lo que finalmente me llevó a romper la tapadera fueron dos acontecimientos legales distintos, ambos ocurridos en el Reino Unido”.

A continuación describe las disputas legales de Maya Forstater y el intento de Nicola Sturgeon de entrometerse en el reconocimiento del género en Escocia. En ese sentido, Rowling se ha puesto a la cabeza de lo que equivale a un gran litigio con múltiples intervinientes y amicus curiae. Women Who Wouldn’t Wheesht se lee como el nombre completo de un caso famoso cuando los abogados de bebés lo aprenden por primera vez: J. K. Rowling & Ors contra Gender Woo PLC.

Orwell (otra vez)

Cuando describía su respuesta a Charles Dickens, George Orwell hablaba de ver la cara del escritor detrás de la página mientras leía, por ejemplo, Tiempos Difíciles. No un retrato oficial, ni cómo la posteridad recordaba el aspecto de Dickens. “Lo que uno ve es la cara que el escritor debería tener”, escribió. Dickens, el liberal del siglo XIX, tenía un rostro de “inteligencia libre, un tipo odiado con igual odio por todas las pequeñas ortodoxias malolientes que ahora se disputan nuestras almas”.

Hay algo del Dickens de Orwell en J. K. Rowling, y no sólo porque ella -como él- se haya convertido en un fenómeno transatlántico. Como Dickens, ama a los niños y reserva para ellos su mayor preocupación. Pero no les mentirá, y la gente que se niega a mentir en público hoy en día es odiada con el mismo odio por todas las malolientes pequeñas ortodoxias que ahora se disputan nuestras almas.

Ver también

La magia de J. K. Rowling (Stephen Pollard).

El histerismo de género (José Carlos Rodríguez).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (XCIII): Reflexiones sobre ‘Don’t Fuck the Police’

Tuve la ocasión de leer recientemente un excelente libro de Josema Vallejo y Samuel Vázquez sobre el declinante papel de la policía en nuestro país y en otros como Francia de dos policías que honran a su profesión. Es el citado en el título de este artículo. Lamentan que buena parte de sus esfuerzos sean malgastados al servicio del poder político de turno.

Problemas de la Policía

Según ellos, y yo les creo, la policía moderna gasta buena parte de su tiempo en tareas burocráticas. Y sólo es un porcentaje relativamente pequeño de agentes los que se encaran con los problemas de criminalidad en nuestro país. Señalan, con varios ejemplos, el mal diseño de las fuerzas operativas. Y destacan el hecho de que en las horas y días en que los datos dicen que hay más crímenes, las noches de los fines de semana, es cuando menos agentes están disponibles. Y sobre todo que los mandos policiales no acostumbran a estar disponibles en ese momento.

Los autores también inciden en el hecho de que las policías modernas no están sabiendo afrontar las nuevas realidades delincuenciales que se comienzan a dar en nuestro entorno. Los autores achacan esto también a causas políticas y en este caso también a razones ideológicas. Son ideologías que tienden a explicar o justificar las razones del delincuente, por opresión o injusticia social, mientras que se desatienden los derechos de las víctimas de sus crímenes.

Interés para el lector del Instituto Juan de Mariana

Estando de acuerdo con la mayor parte de lo que dicen, no puedo resistirme a comentar el contenido del libro. Busco integrar sus reflexiones en el marco que inspira este conjunto de artículos. Me interesan mucho los temas policiales, y les hemos dedicado incluso, algún trabajo. Porque, como es sabido es, quizás, junto con la defensa, el problema más importante que tendría que afrontar una hipotética sociedad ancap. Y mientras no esté bien resuelto, no se podría defender como una forma de organización viable.

Quede claro que los autores del libro no expresan apoyo a este tipo de idearios. Respaldan en todo momento un modelo policial público, aunque sin hostilidad alguna, más bien al contrario, hacia las distintas formas de seguridad privada que se ejercen en nuestro país. Pero dado el subtitulo del libro Un modelo policial que protege al poder y no a los ciudadanos, creo que merece cuando menos atención. Un interés que debe alcanzar al lector tipo de este tipo de libros: personal de las fuerzas de seguridad y defensa y personas interesadas en estos temas. Pero también al tipo de lector habitual que pudiera tener la página del Instituto Juan de Mariana.

Servicio al poder, no a los ciudadanos

La tesis del libro es que el actual modelo policial español está pensado para servir al poder y no a la ciudadanía como parecería lógico. Por lo que apunta el libro, sería también el de otros modelos policiales próximos. Esto no sería de extrañar, pues tienen diseños parecidos, al menos en sus orígenes. Cualquier lector de estas páginas no se sorprenderá de lo que afirman los autores, pues la mayoría de los servicios públicos necesarios como el de policía están diseñados para ese fin. Y su prestación está monopolizada por los gobiernos.

Otro debate sería si deben o no los estados prestar este tipo de servicios. Pero esta claro que si son los gobiernos quienes los diseñan y hacen operativos, es muy probable que los organicen de acuerdo con lo que a ellos les interesa. O bien de acuerdo con lo que ellos consideren que es importante para la población. Atendamos al matiz de esta última afirmación. Pues aún cuando la clase política pensase en las necesidades del pueblo, algo que puede ser discutido pero que podríamos aceptar en principio, siempre será lo que ellos entienden que debe o puede querer la ciudadanía. No lo que ella realmente quiere.

Recordemos que una de las premisas de cualquier buen liberal o libertario es que estado y sociedad son colectivos distintos. Que tienen lógicas de funcionamiento e intereses distintos. Tampoco debemos olvidar que los policías comunes, incluyendo mandos intermedios no forman parte del estado. Forman parte de su aparato y trabajan para él como cualquier otro funcionario. Sólo de sus máximos jefes podemos predicar que lo conforman. 

El mal funcionamiento de los servicios públicos

El aparato del estado, policía, jueces, profesores, médicos o funcionarios de ventanilla, trabajan para quien domina el estado en cada momento. Y ello sea cual sea la orientación ideológica del mismo o la forma que este tenga. Siguen fielmente sus indicaciones, sea por el sueldo sea por el sentimiento de honor o de  lealtad. La asignación de tiempos y medios para la prestación de sus servicios son determinados por quienes integran el estado y se hace atendiendo a sus criterios e intereses, que es lo que los autores afirman.

No es la policía la única que padece este desinterés por parte de sus máximos dirigentes. Creo que podría predicarse, en mayor o menor medida, a la práctica totalidad de los servicios públicos, mal llamados sociales. Las quejas que se escuchan en el ámbito de la educación, la sanidad, el ejército o la atención social van casi todas, en mayor o menor grado, en la misma línea. Pero no están tan elaboradas como en este libro. Pero todos ellos piensan que lo que les pasa es algo que acontece sólo en su respectivo sector y no lo perciben como un rasgo esencial del propio sistema. Y eso que cada uno de ellos no es más que un caso particular del funcionamiento general de los servicios estatalizados.

Por desgracia la policía no es una excepción y digo desgracia porque se así fuese aún podría tener algún tipo de arreglo. Va en la lógica del sistema, concepto que ellos usan entiendo que en referencia al aparato de poder, que sea así, no es por tanto una disfunción específica. Lo que tiene de interesante es que describe muy bien  en su ámbito con numerosos ejemplos lo que a ellos le acontece. No abundan libros de este tipo y de ahí su interés.

Nuevas formas de delincuencia

Tiene interés también para el liberal-libertario la cuestión de la falta de adaptación de las policías contemporáneas a las nuevas formas de delincuencia. Se quejan, con razón, de que las bandas organizadas dedicadas al crimen cuentan con mejores medios para hacer sus fechorías que los policías para combatirlas. También destaca la evolución organizativa de estas bandas, cada vez más sofisticada.

Recuerdo haber leído que uno de los grupos delictivos y que más rápido han evolucionado en su desempeño es el de los tratantes de esclavos. Tratantes de “blancas” o de personas. Es una de las actividades criminales más antiguas de la humanidad. Ahora operan con todo tipo de artilugios técnicos y formas de pago tipo pay-pal. Conocen en cada momento las legislaciones de cada país, la dureza relativa de cada gobierno en relación a su actividad e incluso las ayudas sociales y otro tipo de protecciones con que cuenta su “sector”.

Nuestros autores no se refieren tanto a este sector como al del tráfico y transporte de droga desde el norte de África a los grandes centros de consumo. Esos centros están situados casi siempre en los países más desarrollados del viejo continente, y que disponen de mayor poder adquisitivo para adquirirlas. Pero aquí nos encontramos otra vez con un caso particular de una teoría más general.

El historiador y teórico militar israelí Martin van Creveld, escribió hace unos años un par de libros que hablan tanto de la transformación de la guerra (The transformation of war) como de las transformaciones del estado necesarias para afrontar las nuevas formas de delincuencia y crimen organizado (The rise and decline of the state).

Artículos que mencionan a Martin van Creveld

Los Estados-nación y la delincuencia

En ellos el autor afirma que los estados modernos están diseñados para la guerra, la vieja tesis de Charles Tilly de que el estado hace la guerra y la guerra hace el estado. Pero están diseñados para guerrear contra entidades semejantes a la suya; esto es, contra otros estados. Su tesis es que el estado no está diseñado para afrontar los nuevos desafíos de seguridad en forma de narcos, terrorismo en red, traficantes de personas o ciberdelincuencia.

Artículos que mencionan a Charles Tilly

Estos nuevos desafíos de seguridad, aparte de ser transnacionales, no tienen un territorio definido que se pueda ocupar o dominar policial o militarmente en la forma clásica. Dificultan mucho las labores de seguridad tradicionales. Tanto, que nuestro autor predice que los estados tendrán que cambiar su forma para poder garantizar su seguridad.

Vuelta a los modelos neomedievales

Recordemos que el estado nación actual es sólo una de las posibles formas de dominación posibles, y que ganó en concurrida lucha contra las ciudades-estado, las ligas o las formas imperiales medievales. Una vuelta a modelos neomedievales, con una mayor fragmentación política y una mayor flexibilidad, tendría una mejor respuesta al crimen. Las bandas de narcos, que también se describen en el libro, no son sólo una especificidad hispana. Se dan en muchos países europeos, sin que estos sean tampoco capaces de combatirlas con eficacia.

Sería más un defecto del propio estado-nación que de sus fuerzas policiales, que aunque estuviesen bien gestionadas y orientadas al servicio público seguirían  teniendo serios problemas para tratar con este tipo de bandas. Adolecen de un problema de diseño operativo. Están demasiado centralizadas a mi entender. Es más relevante ello que la calidad de los efectivos policiales.

La economía de la prohibición

El narco simplemente tiene más capacidad de adaptación. Cuenta no sólo con muchos recursos, buena parte derivados del efecto subvención a los precios del producto causados por la prohibición. Véase al respecto el excelente libro al respecto del economista austríaco Mark Thornton, The economics of prohibition. También cuentan con una estructura es más flexible y modular que la policial, más pensada para atender otro tipo de delincuencia.

Cualquier reforma en el modelo policial de prevención, que se considera la mejor respuesta, centrada en evitar que la gente consuma, sería mucho más efectiva que una reforma en el modelo operativo de represión. Esta última requiere cambios organizativos profundos y una descentralización radical de los cuerpos policiales, de modo que puedan adaptarse rápidamente sin grandes y engorrosos trámites administrativos. El narcotráfico es “empresarial”, en este caso para el mal. Y se adapta rápidamente a los cambios tecnológicos, contando con dimensiones adecuadas para su negocio. Las burocratizadas policías estatales no pueden imitar esto, al menos no a la misma velocidad con la que lo hace el crimen.

Un muy recomendable libro. Aparte de los comentarios aquí realizados, es una magnífica reflexión sobre los problemas de la prestación de servicios de seguridad en nuestro tiempo. Esperamos poder disfrutar de más escritos de los autores al respecto.

Ver también

El principio del fin de la Policía Nacional. (Fernando Parrilla).

Policía y sociedad: de ovejas, lobos y perros pastores. (Fernando Parrilla).

A vueltas con la policía judicial. (José Antonio Baonza Díaz).

La Policía a las órdenes de los titiriteros. (Daniel Rodríguez Herrera).

Presunción de inocencia no significa patente de corso

Con la virulencia que cabía esperar de un partido con fuertes pulsiones autoritarias, sometido, además, a un caudillaje que alienta la idolatría del preboste máximo[1]; a medida que se conocen más detalles sobre los casos de la corrupción estructural del PSOE, sus voceros y agitadores redoblan las arremetidas contra los periodistas críticos, que informan o comentan las diversas instrucciones judiciales, las asociaciones o el partido Vox personados como acusaciones populares, o incluso los jueces de instrucción encargados de los diversos casos.

Por si no fuera suficiente la subversión propulsada para mantenerse a toda costa en el poder, compartida con sus aliados separatistas a cambio de amnistías y pactos que violan flagrantemente el imperio de la Ley y el Estado de Derecho perfilados en la Constitución de 1978, el maniqueísmo más ramplón y la dialéctica del amigo enemigo han llegado hasta el paroxismo entre sus aliados de extrema izquierda. En este aspecto todos suman.

 Esa maraña neocomunista ha llegado al punto de no retorno de cuestionar sistemáticamente la investigación y la persecución de delitos comunes cuando la imputación o la condena judicial afecta a alguno de los suyos. Algo impensable en los tiempos de la Izquierda Unida de Julio Anguita, que, siempre que no fuera en defensa de la propiedad privada, mantenía un código ético más sólido dentro de la coalición forjada por el PCE.

Deslegitimación apriorística de la justicia

Un ejemplo inquietante de este tipo de deslegitimación apriorística de la Administración de Justicia – o de patente de corso que estos sectarios pretenden blandir – se ha observado recientemente con las reacciones partidistas frente al Auto de la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia. El mismo, estimando los recursos de apelación de las partes acusadoras, revocó el sobreseimiento provisional de las actuaciones contra la anterior vicepresidenta y consejera de Igualdad de la Comunidad valenciana, Mónica Oltra Jarque, y otros quince subordinados por, entre otros delitos, el presunto encubrimiento de un delito de abusos sexuales cometido por un cuidador contra una niña en el momento que sucedieron los hechos.

Para mayor escarnio, el condenado en firme resultó ser marido de la citada consejera, entre cuyas responsabilidades se encontraba la gestión del Centro de acogida donde se produjeron los abusos, ya que el gobierno autónomo había declarado a la menor en situación de desamparo y sometido a su tutela.

Los anatemas, proferidos ritual y sincronizadamente contra las acusaciones (particular y popular) personadas y la Sala de apelación[2], dejan atónito a cualquiera que se adentre en los motivos para reabrir el caso del tribunal valenciano[3]. La abundancia de indicios inculpatorios contra los investigados por encubrimiento y demás delitos todavía no calificados, dado el momento procesal previo a la apertura del juicio oral, harían recomendable una mayor prudencia. No se acaba de entender tanto prejuicio furibundo – salvo desde la ignorancia o la laxitud más depravada – sin que se haya celebrado un juicio oral, público y contradictorio, con la práctica de las pruebas que las partes propongan después de la larga instrucción preliminar.

Argumentos ad hominem contra los jueces

Lo más terrorífico es esto. Los otrora adalides de la lucha contra la corrupción, émulos de los comités de salud pública revolucionaria, abusando de los resortes más oscuros de la maquinaria del Estado para eludir responsabilidades de todo tipo, bien sean políticas o penales, y emprendiendo una campaña  de bravatas, insultos y coacciones a los denunciantes o jueces de instrucción que deben conocer de los delitos que presuntamente han cometido. Y si no surte los efectos deseados, lanzando las falacias más descaradas en un intento desesperado por esquivar los coincidentes, simultáneos e interrelacionados indicios de participación en una miríada de delitos.

La falacia más conocida para escabullirse de la censura pública [y del banquillo], el argumento ad hominem, refulge en este contexto. Si el pozo negro sobre el que se asienta el gobierno despide cada día un hedor más insoportable, los juguetones posmodernos al mando de las cavernas de La Moncloa ya han repartido el argumentario entre sus numerosas terminales: Todas las detalladas y documentadas denuncias e investigaciones extra procesales son falsas porque son fruto de una conspiración de la (extrema) derecha y pseudo medios o tabloides[4].

Si un juez de instrucción recoge y oficializa la investigación[5] solamente puede tener motivos espurios y formar parte de una conspiración contra los políticos (¡ o familiares!) progresistas. La consigna es no entrar en detalles ni defenderse emprendiendo acciones civiles o penales contra quienes supuestamente injurian o calumnian. Mejor arremeter con insultos y descalificaciones contra los denunciantes o los querellantes por la ideología que ostentan.

Premisas jurídicas

Por los casos de enorme relevancia pública que se van a dirimir ante los tribunales penales en los meses venideros, conviene recordar, no obstante, varias premisas jurídicas.

El orden penal español adolece de graves defectos de funcionamiento, pero puede jactarse de ofrecer al ciudadano común una amplia legitimación activa en la averiguación y la persecución de los delitos públicos[6] desde el siglo XIX. No en vano, el texto de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882, establece que la acción penal es pública y que todos los ciudadanos españoles podrán ejercitarla con arreglo a las prescripciones de la Ley.  (Art. 101). Esto significa que cualquier persona mayor de edad está obligada a denunciar los delitos que presencie o de los que tenga conocimiento ante el juez de instrucción o la fiscalía (Arts. 259 y 264) bajo sanción de multa, aunque no deba formular querella criminal.

Si el Fiscal no ejerce las acciones penales y civiles correspondientes, pese a su obligación legal de hacerlo (Art. 105) además de las propias víctimas o perjudicados por el delito ( Art. 109 y 109 bis)[7] la Ley ofrece a cualquier ciudadano español o extranjero, haya sido o no ofendido por el delito,  la oportunidad de querellarse, ejercitando la acción popular establecida en el artículo 101 de esta Ley (Art. 270 y 125 CE) prestando caución (fianza dice literalmente la LECr) de la clase y cuantía que fije el Juez para responder de las resultas del juicio (Art. 280).

Presunción de inocencia

La querella implica una personación formal en el procedimiento penal. El escrito donde se plasma debe concretar los hechos, anticipar una calificación jurídica de los mismos y solicitar diligencias de investigación para su comprobación y anticipa la participación en el procedimiento penal como acusación. Debe presentarse por medio de Procurador y ser firmada por un abogado (Art. 277).  

En un sistema penal mixto como el español[8], con un procedimiento dividido en tres fases[9]; instrucción (sumario) ante un juez profesional[10], fase intermedia[11] y juicio oral[12], el agotamiento de todas ellas depende de una gradual y constante evaluación de los indicios y pruebas que se van aportando para destruir la presunción de inocencia de la que parte el inicialmente imputado.

Ahora bien, la presunción de inocencia (derecho fundamental constitucional, art. 24.2) no llega intacta, al momento de la sentencia condenatoria. Por el itinerario procesal se van produciendo actuaciones sobre el fondo, que tienen la virtualidad de horadarla. Así, pueden surgir motivos bastantes para reducir al “inocente” teórico a prisión preventiva o medida cautelar análoga.

El auto de procesamiento o de incoación del procedimiento abreviado – “desde que resultare del sumario algún indicio racional de criminalidad contra determinada persona” Art. 384 LECr — constituye un acto muy serio de inculpación formal del juez instructor a la persona procesada. Si el proceso no termina de forma anticipada (por sobreseimiento) y concurre la acusación formal al comienzo del juicio oral ; por no hablar de la definitiva tras su celebración las probabilidades de que la presunción de inocencia decaiga van aumentando. Aunque, obviamente, la carga de la prueba corresponda a las acusaciones.

Jurisprudencia

Por último, cabe recordar el Tribunal Supremo ha aquilatado una jurisprudencia muy matizada sobre la virtualidad de la prueba indiciaria para destruir la presunción de inocencia[13]. Esta prueba, también llamada indirecta, es aquella que permite dar por acreditados unos hechos sobre los que no existe una prueba directa, pero que, pero que, a partir de estimar probados otros hechos relacionados con los que se pretende probar, cabe deducir razonadamente la certeza o acreditación de éstos últimos hechos.

Los requisitos principales serían: 1) Que exista una pluralidad de indicios, cuyo número de antemano y en abstracto no puede precisarse; 2) Que esta pluralidad de indicios esté demostrada mediante prueba directa; 3) Que de manera indispensable, entre el hecho demostrado o indicio y el que se trate de deducir haya un enlace preciso, concreto y directo según las reglas del criterio humano, y 4) Que el órgano judicial motive en su sentencia el razonamiento de cómo ha llegado a la certeza del hecho presunto.

Notas

[1]El bochornoso episodio del descanso de 5 días que Pedro Sánchez se concedió a sí mismo para fingir que meditaba dimitir del cargo de presidente del gobierno, previo conocimiento de la imputación de su esposa Begoña Gómez Fernández – epístola “al pueblo” mediante – demuestra que es el amo de su partido. No cabe duda.

[2] En declaraciones que podrían calificarse como de proposición para el delito, distintos dirigentes de Compromís exigieron al presidente del Gobierno que actuara ante el “lawfare” por la “infamia” que suponía la reapertura de la causa contra Oltra, al tiempo que calificaban la decisión de proseguir la fase intermedia del procedimiento penal como “tortura” y “persecución” política y judicial.

[3] Auto de la Sª 4ª de la A.P de Valencia de 20 de junio de 2024, dictado en el rollo de apelación 829/2024.

[4] Antes de la era de Internet, en el mundo anglosajón la palabra tabloide (tabloid) aludía a un tipo de periódico de papel de la mitad de tamaño que el más común – por aquellos lares- periódico sábana (o broadsheet ). En contraposición a los supuestamente más serios, se especializaron en sucesos y cotilleo sensacionalistas, acompañados de fotos y titulares escandalosos. De ahí el significado peyorativo que guarda el término y que los órganos de agitación y propaganda gubernamental pretenden colgar, cual sambenito, a la prensa que informa sobre sus casos de corrupción. Dicho lo cual, imagine el lector las abrasivas portadas que diarios como The Sun, The Daily Express, The Daily Mail o The Daily Mirror dedicarían a Begoña Gómez Fernández, David Sánchez Pérez-Castejón, José Luís Ábalos Meco o Koldo García Izaguirre, si fueran los personajes británicos del momento por hechos similares a los que han protagonizado en España.

[5] Para ver argumentos en favor de la liberalización de la muy restrictiva regulación sobre los detectives privados: https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/elemental-querido-watson/

[6] Casi todos excepto aquellos relacionados con el honor, como las injurias o las calumnias.

[7] Lo que se denomina personarse como acusación particular.

[8] En el que se combinan el modelo inquisitivo, aunque la defensa participa activamente, durante la fase de instrucción y el acusatorio en el juicio oral.

[9] Con matices, dependiendo de si se trata del procedimiento ordinario, que se perfila como modelo para el enjuiciamiento de los delitos que se castigan con penas de prisión de más de 9 años, o el abreviado.

[10] Artículo 299 LECr: Constituyen el sumario las actuaciones encaminadas a preparar el juicio y practicadas para averiguar y hacer constar la perpetración de los delitos con todas las circunstancias que puedan influir en su calificación y la culpabilidad de los delincuentes, asegurando sus personas y las responsabilidades pecuniarias de los mismos.

[11] Donde el instructor o el tribunal juzgador evalúan la pertinencia de archivar/sobreseer las actuaciones o continuar para que las partes presenten sus acusaciones provisionales y se abra el juicio oral.

[12] También llamada fase de “acusación y defensa formales”, con práctica de pruebas y debates contradictorios en vistas orales y públicas, ante un tribunal del que no puede formar parte el “juez instructor”.

[13] Por todas las sentencias, la STS 532/2019, de 4 de noviembre. Indice Cendoj 28079120012019100593.

Por qué peleamos

El 12 de octubre de 2005, miércoles, un grupo de personas con más moral que el Alcoyano se reunió en un bajo destartalado y falto de muebles de La Latina con intención de escuchar la primera conferencia del naciente Instituto Juan de Mariana. Su fundador, Gabriel Calzada, invitó a su director de tesis, un excéntrico profesor universitario que hablaba sobre privatizar carreteras y que el individuo debía ser el único motor, y responsable, de su existencia.

El profesor Huerta de Soto, con algo más de pelo que hoy, se dirigió a los asistentes durante casi una hora para hablar sobre el futuro del liberalismo; no sólo en España, sino en todo el mundo. Con su habitual mensaje esperanzador, el profesor quiso poner la primera piedra en un cambio ideológico que habría de desembocar en un cambio social. Ninguno de los presentes se imaginaba lo que vendría dos décadas después.

A punto de conmemorar las dos décadas de la productiva vida del Instituto, por primera vez en la historia un país ha elegido un presidente abiertamente libertario. No sólo eso. Javier Milei se define como dijo intelectual de Jesús Huerta de Soto y Alberto Benegas Llynch (h), entre otros muchos. Aquel grupo de personas que se reunió con intención de cambiar la política ha visto cómo, tras dos décadas de mucho sufrimiento, un país como Argentina ha comenzado a transitar por la senda correcta. No nos han dado Suiza para probar las ideas que hemos concluido como correctas. Pero, si de verdad queremos que se nos recuerde por estar en el lado correcto de la historia, tenemos que ganar en el terreno más difícil

La situación de Argentina en diciembre

¿Y cuál es ese terreno? El de un país simple y llanamente devastado. No tenemos que añadir nada a lo que Javier Milei se ha encontrado. Lo que debemos poner en liza es que Milei parte de la posición más difícil y desventajosa posible. Nunca en la historia un gobierno heredó una situación peor. Ni en los cambios de régimen, ni cuando una dictadura comunista emergió tras un golpe de Estado, ni cuando Allende llegó al Palacio de la Moneda. Jamás, nunca, en ninguna situación, un gobierno tuvo que hacer frente a una situación de emergencia nacional de semejante calibre. O puede que se diera una situación parecida.

Cuando los aliados invadieron Alemania en 1945 y crearon una suerte de directorio militar para gobernar al país derrotado, la política económica fue encargada a un corpulento fumador de puros, Ludwig Erhard. Sin consultar con los aliados, Erhard firmó el 18 de junio de 1948 un decreto por el que anulaba todos los controles de precios en la zona de los aliados occidentales. De forma sorpresiva y nada gradualista, se acabaron los controles de precios un 20 de junio.

Cuando los aliados llamaron a Erhard al día siguiente para pedirle explicaciones, éste respondió que sus inspiradores en la teoría económica, entre los que se encontraba Mises, habían concluido que los controles de precios fomentaban la escasez y que la única forma de volver a ver productos en los mercados era eliminar cualquier tipo de control de precios. Dicho y hecho. En 1952, la República Federal de Alemania consigue su primer superávit comercial. En cuatro años habían pasado de ser una nación devastada a iniciar el milagro económico alemán. Bueno, toda la nación no, ya que la parte oriental soportó el comunismo casi cuatro décadas más.

¿Por qué luchamos?

Javier Milei nos ha recordado aquello por lo que hacemos lo que hacemos. Por qué nos reunimos semanalmente, ya haga un frío que pela o un calor espantoso. Por qué organizamos cenas de la libertad, congresos de verano, seminarios de formación permanente, escribimos comentarios mensuales, presentamos comunicaciones al Congreso de Economía Austriaca o nos enfrascamos durante días y días en la lectura de pensadores del siglo pasado o de hace cinco.

La respuesta es porque nos importa el bienestar del ser humano. Porque somos empáticos. Porque queremos la riqueza para todos que trae la economía de mercado, los derechos de propiedad y la igualdad ante la ley. Y porque sabemos, como el padre Mariana nos previno, que el poder descontrolado ejerce una losa sobre el individuo que le lleva a vivir peor; a expensas del arbitrio político, a convertirse en una nulidad en la planificación de su propia vida, a ser un número controlado por una burocracia lesiva y acaparadora de todo el bienestar del país.

Ver también

El fraude Karl Marx (V): comienza la operación de engaño

En la tercera entrega hemos analizado cómo Marx construyó su teoría de explotación en sección II. de El Capital.  En las páginas finales de la Sección II, Marx declaraba que el secreto del plusvalor se encuentra en el proceso de producción. Los problemas de Marx comienzan en este momento.

El barco de Marx está a punto de abandonar el tranquilo lago del pseudohistórico orden precapitalista tradicional basado en las tradiciones. Lo que le espera a Marx es el tempestuoso océano del capitalismo industrial con olas gigantes generado por la competencia. Marx se encuentra a punto de enfrentarse a la misma situación, lo cual hizo que Smith abandonara la teoría del valor-trabajo, dando cuenta la relevancia de inversiones capitales y el espíritu empresarial. Para poder mantener la vigencia de la teoría valor trabajo en el entorno del capitalismo industrial, Marx no tuvo más remedio, que abandonar la lógica y la claridad.  

Los primeros pasos de la operación engaño

Marx, en las últimas frases de la Sección II, prometió que revelaría en la sección siguiente el secreto del plusvalor en el proceso de producción (C1, 214). A pesar de ello, la Sección III comienza con una sorpresa. El título de la Sección III es “La producción del plusvalor absoluto” (C1, 215), y no “La producción de plusvalor“. Este título es desconcertante. Marx prometió el análisis del plusvalor, y no el plusvalor absoluto. 

La segunda sorpresa es que Marx ni siquiera explicó en la Sección II y III por qué decidió analizar el plusvalor absoluto en lugar del plusvalor. No se encuentra ninguna explicación en estas dos secciones acerca de la diferencia entre plusvalor y plusvalor absoluto. Marx no ha elaborado un capítulo introductorio en la Sección III, el cual describiera qué es el concepto de plusvalor absoluto. Se trata de un misterio, ya que la Sección IV sobre del plusvalor relativo comienza con un capítulo en el que se explica el concepto de plusvalor relativo y su diferencia con plusvalor absoluto (C1, 379).

Cuatro sorpresas

La tercera sorpresa es que, a pesar de su título, el texto de la Sección III solo utiliza el término plusvalor y no menciona ni una sola vez el término “plusvalor absoluto”.  Sin embargo, en la Sección IV, Marx utilizó con frecuencia el término plusvalor relativo, dejando muy claro que se trata de una subcategoría del plusvalor. Parece que Marx ha insinuado que analiza el plusvalor en sección III, y no el plusvalor absoluto.

La cuarta sorpresa, que Marx finalmente ha proporcionado una explicación acerca del plusvalor absoluto en las primeras páginas de la Sección IV, con el propósito de explicar el plusvalor relativo. Según Marx, el plusvalor absoluto es el plusvalor “producido mediante la prolongación de la jornada laboral”.  El plusvalor relativo “surge de la reducción del tiempo de trabajo necesario” (C1, 383). Esta definición tardía ha generado una nueva confusión.

La definición del plusvalor absoluto fue formulada después de que en el penúltimo capítulo de la Sección III acerca de la jornada laboral (C1, Capituló VIII, pp. 277-366), Marx explicó que en las primeras décadas del siglo XIX comenzó la tendencia a la disminución del tiempo de trabajo. Esto indica que Marx ponderaba que la adquisición del plusvalor absoluto era una característica de un período anterior en la historia del capitalismo, y que el progreso hacia al capitalismo industrial trajo consigo una nueva forma de obtener ganancia.

La plusvalía total es anterior al capitalismo

En realidad, diversas afirmaciones de Marx respaldan la creencia de que la adquisición del plusvalor absoluto es una característica de un período anterior al capitalismo industrial.

  • Marx, en su análisis sostenía que en la época del inicio del capitalismo “la natura­leza general del proceso laboral no se modifica, natural­mente, por el hecho de que el obrero lo ejecute para el capitalista, en vez de hacerlo para sí. Pero en un principio tampoco se modifica, por el mero hecho de que se inter­ponga el capitalista, la manera determinada en que se hacen botas o se hila.” (C1, 224). Esta descripción fue reforzada en las páginas ultimas de la Sección III. Analizando el progreso del capitalismo, Marx señaló que cuando el capital comienza por subordinar al trabajo bajo las condiciones técnicas en las que se encuentra. No cambia inmediatamente el modo de producción. (C1, 376).
  • En la Sección IV, Marx aclara que tuvo lugar un período del capitalismo que fue una etapa previa al capitalismo industrial propiamente dicho. Este período transcurrió desde el siglo XVI hasta el último tercio del siglo XVIII (C1, 409). Las características de este período son más o menos similares a las descritas en la Sección III.
  • Marx también afirma en Sección III que la transformación del modo de producción mismo mediante la subordinación del trabajo al capital se produce más tarde, y por esta razón su análisis se llevará cabo más adelante (C1, 224). En realidad, este es el ámbito de la Sección IV, en la cual Marx analiza el plusvalor relativo.

La plusvalía relativa es propia del capitalismo industrial

Estas afirmaciones indican que la explotación mediante la obtención del plusvalor absoluto es el método empleado en el periodo preindustrial. El plusvalor relativo, en cambio, es la fuente de ganancia de la era del capitalismo industrial, en la cual las capitalistas invertirán en mecanización de la producción y reorganizan el proceso de trabajo con el fin de incrementar la eficacia de la producción. En consecuencia, esta periodización sugiere que la teoría principal de ganancia de Marx solo es adecuada para en la etapa de capitalismo preindustrial.

¡Una verdadera sorpresa! ¡La teoría explica la explotación en el capitalismo industrial es adecuada para una etapa anterior del capitalismo industrial!

Marx, sin duda, no desea afirmar esto. Su objetivo era persuadir de que su teoría de plusvalor absoluto también se aplica al capitalismo industrial. En consecuencia, no comunicó expresamente que está examinando una etapa del capitalismo preindustrial en el caso de la obtención del plusvalor absoluto. Tampoco se declaró a nivel teórico, que existió una etapa preindustrial del capitalismo basada en la obtención del plusvalor absoluto, seguida por el capitalismo industrial basado en la expropiación del plusvalor relativo.

El intento de conciliación

Por el contrario, Marx, en la Sección III, también da a entender que estaba examinando el capitalismo industrial. En sus ejemplos, analiza factorías con mecanización, no solo talleres preindustriales. Por ejemplo, Marx calculó la tasa de plusvalor en una hilandería que contiene 10.000 husos de mula potenciados por máquinas de vapor (C1, 263). En el capítulo VI de la Sección III, Marx examinó la relación entre el capital invertido en máquinas (capital constante) y el capital invertido en salarios (capital variable) (C1, 255-276).

A través de estos ejemplos, Marx indicaba que la obtención del plusvalor absoluto es característica del capitalismo industrial, y no de una fase preindustrial o etapa inicial del capitalismo, en la que la mecanización y, por ende, el capital constante no tenía importancia. Marx claramente implicaba que la obtención del plusvalor absoluto es una forma general de adquisición del plusvalor en el capitalismo, y válida también para el capitalismo industrial.

En la Sección V, Marx ofrece un compromiso y sugiere que la adquisición del plusvalor absoluto fue la primera forma de adquisición de plusvalor, pero constituye la base general del sistema capitalista, y el punto de partida para la producción de plusvalor relativo. A pesar de que la adquisición de plusvalor relativo es característica del capitalismo industrial plenamente desarrollado, “los métodos de producción del plusvalor relativo son, al propio tiempo, métodos para la producción del plusvalor absoluto.” (C1, 619).

No obstante, el problema de este argumento es que los dos métodos de adquisición de plusvalor son contrarios debido a que las fuentes del plusvalor son distintas, las cuales ya hemos analizado anteriormente.

La literatura sobre la cuestión

Böhm-Bawerk (1896, p. 99) ya había detectado esta vacilación y confusión por parte de Marx entre dos distintas épocas tales como la época preindustrial de productores individuales, como era Robinson Crusoe, y la época de producción capitalista industrial en fábricas mecanizadas.  

La literatura marxista está también se divide en cómo localizar la etapa del plusvalor absoluto. Según Schlesinger (1950) y Roberts (2017) la expropiación del plusvalor absoluto es una etapa distinta, seguida de la etapa basada en la expropiación del plusvalor relativo. En contraposición, Rosdolsky (1977), criticó el concepto de etapas de Schlesinger. Él argumentó que la sección metodológica de los Grundrisse proporciona una orientación acerca de cómo entender la posición del plusvalor absoluto.

En los Grundrisse, Marx explicó que su método es analizar el funcionamiento abstracto del capitalismo primero, y luego amplia su análisis teniendo en cuenta a las características específicas del capitalismo.  No obstante, Marx no incluyó la sección metodológica del Grundrisse en El Capital. Heinrich (2022) afirmó que Marx abandonó la dicotomía entre abstracción y realidad en los manuscritos de 1865.

Karl Marx, prestidigitador

Nuestra opinión es que esta confusa incertidumbre acerca de cómo comprender la localización de la adquisición del plusvalor absoluto en el desarrollo histórico del capitalismo es una mistificación y una confusión intencional por parte de Marx.

La creación de confusión por parte de Marx sirvió para ocultar que la adquisición del plusvalor absoluto no es una teoría aplicable en las condiciones del capitalismo industrial, con grandes inversiones en maquinaria y con la necesidad de acciones empresariales en un entorno competitivo. Sin embargo, la combinación de dos distintas etapas pudo hacer creíble la teoría de Marx, ya que la economía precapitalista se puede ignorar la existencia de la necesidad de grandes inversiones de capital, y el rol empresarial era menos evidente debido a la prevalencia de la rutina económica tradicional. Por esta razón, Marx elaboró un texto que intencionadamente carecía de claridad acerca de cómo localizar la posición de la adquisición del plusvalor absoluto, siendo una forma general de adquisición del plusvalor o se encuentra en la etapa precapitalista.

Pero la mitificación de la localización de la adquisición del plusvalor absoluto por sí sola no era suficiente para hacer plausible su teoría. Marx tuvo que emplear una manipulación aún más fuerte, que se analizará en el artículo siguiente.

Bibliografía

Böhm-Bawerk, E. (1896) Karl Marx and the Close of his System. 1949th edn. New York: Augustus M. Kelley.

Heinrich, M. (2022) How to Read Marx’s Capital.

Marx, K. (1867) El Capital. Libro I. 2009th edn. Madrid: Siglo XXI.

Roberts, W.C. (2017) Marx’s Inferno: the political theory of Capital. Princeton (N. J.): Princeton university press.

Rosdolsky, R. (1977) The Making of Marx’s Capital. London: Pluto Press.

Schlesinger, R. (1950) Marx: His Time and Ours. London: Routledge and Kegan Paul Ltd.