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Igualdad, fraternidad y comunismo

Lamentó Rosa Montero la ausencia de “las viejas proclamas de igualdad y fraternidad“, y escribió en El País:

Esto de la desigualdad es una historia tan repetitiva que resulta cansina (…) la pobreza es más cancerígena que los genes. Por ejemplo, la supervivencia de los niños a la leucemia aguda, el cáncer infantil más común, es del 90% en Canadá y del 16% en Mongolia.

Hay aquí algunos errores. En primer lugar, la identificación entre desigualdad y pobreza, que obviamente son cosas distintas. En segundo lugar, si lo que le preocupa a doña Rosa es la desigualdad en el mundo, tengo buenas noticias: ha disminuido apreciablemente en el último medio siglo, sobre todo por la mayor prosperidad relativa de los países más poblados del planeta: China y la India. Tanto ha disminuido la desigualdad en el mundo que lo reconoce sin ambages Thomas Piketty, el nuevodarling del progresismo igualitarista.

Es una temeridad afirmar que la pobreza es más cancerígena que los genes. Los países pobres tienen por regla general peor sanidad que los ricos, y de ahí que los niños y los adultos de los países pobres tengan una tasa de supervivencia a las enfermedades menor que en los países ricos. Ponerse dramático hablando de igualdad y fraternidad puede confundir a los lectores, empezando por la idea de que ellos son de alguna forma responsables de que se mueran niños de leucemia en Mongolia, cuando la pobreza, que es lo que está detrás de todo esto, no depende de lo que sucede fuera de ese país, sino esencialmente de sus propias instituciones: de la paz, la justicia y la libertad dentro de sus fronteras.

Hablando de instituciones, de libertad e igualdad, es interesante que la señora Montero haya puesto el ejemplo de Mongolia, un país que, en efecto, es muy pobre, pero la escritora elude subrayar que no es pobre por azar sino porque allí se impuso a la población el sistema más criminal y empobrecedor que jamás haya sido perpetrado contra los trabajadores en toda la historia de la humanidad: el comunismo. En efecto, los comunistas aplicaron allí el comunismo durante casi setenta años, entre 1924 y 1992. Y, efectivamente, el comunismo esgrimió “las viejas proclamas de igualdad y fraternidad” y procedió a aniquilarlas.

 

 

 

 

 

Raquel Merino repasa los 10 años del IJM

Raquel Merino, vicepresidente y subdirectora del IJM, continúa con el homenaje al Instituto en su décimo aniversario. Para ello, recurrimos a quienes han estado involucrados en la gestión o evolución durante toda la trayectoria de este think tank.

El susto de la economía sumergida

Así tituló El Huffington Post: “La economía sumergida representa el 18,6% del PIB y está relacionada con la alta corrupción”, añadiendo: “Las dimensiones asustan”.  

No se entiende bien por qué tanto susto, cuando resulta que el paraíso nórdico de Suecia tiene una economía sumergida del 13,9%. Si en los países nórdicos la corrupción es menor, probablemente tiene que ver con la también menor arbitrariedad del intervencionismo, más que con su volumen. Pero entonces es la seguridad y previsibilidad jurídica lo que debería ponderarse.

Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales de Randstad, cuyo Informe sobre flexibilidad en el trabajo se glosaba, aseguró que “la carga fiscal no está relacionada con el recurso de los empresarios a la contratación no declarada”. No me había repuesto de leer una osadía semejante cuando pude leer que para el señor Pérez “es precisa una mayor intervención estatal para proteger a los grupos más vulnerables y una mayor protección social, porque de esa forma se puede cerrar la puerta a que muchas personas tengan que recurrir al empleo sumergido”. Y, por fin, dos Luis explicó la necesidad de “aflorar tanto empleo sumergido para sanear las cuentas públicas, lograr una reducción de las altas tasas de paro que arrastra España y contar con una economía más competitiva”.

Todo esto sí que asusta un poco. De entrada, es increíble que se diga seriamente que los contratos no están vinculados con su coste: todo lo que sabemos va en dirección contraria. La mayor intervención estatal aumenta los costes, con lo que puede hacer lo mismo con la economía sumergida. Y decir que aflorar la economía sumergida puede reducir el paro es decir una verdad de Perogrullo…o no haberle dedicado mucho tiempo a pensar en por qué hay paro.