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El verdadero riesgo de la eurozona

Parece que por fin estamos viendo la corrección en las economías emergentes que tanto auspiciaron muchos analistas desde hace tiempo. Esta corrección no es más que otro fracaso flagrante de la Reserva Federal en general y de Ben Bernanke y la Administración Obama en particular. Nadie si no ellos son los responsables de la abrupta canalización de capitales hacia los mercados emergentes desde 2009. Y fíjense bien que hablo de "abrupta" puesto que son mercados con grandes expectativas de crecimiento (sirva de ejemplo Procter & Gamble, que lucha por aumentar su facturación en Europa un 1% anual contando con los mejores cerebros mientras que en África, sin mucho esfuerzo, crece al 20% anual). Pero Keynes, que dijo muchas cosas y en alguna tenía razón, ya habló de los animal spirits para definir este apetito inversor exagerado por activos alcistas sin sostén, esto es, ya contemplaba la posibilidad de que se dieran estos movimientos (claro que Fischer llevó ese razonamiento a otro nivel).

El problema con los emergentes y las expansiones monetarias no se circunscribe al mercado emergente ni a los mercados financieros. Sí, estos pueden fluctuar en el corto plazo debido a los temores y a la todavía escasa fortaleza financiera de las blue chips de las principales plazas. El problema no radica, pues, en esto. Radica en la todavía existente fragilidad a todos los niveles macroeconómicos en Europa, Japón y Estados Unidos. Y es que es esta fragilidad incierta (à la Taleb) la que verdaderamente pavoriza a todo aquel que sigue la economía mundial hoy con lupa. ¿Por qué? Pues porque el crédito que ahora salga disparado de los emergentes buscará destino, y no hay peor compañero de viaje para citado acontecimiento que las ilusiones ópticas.

Porque que España ya esté en la senda de la recuperación o que ya hayamos abrazado la recuperación es una ilusión óptica. Que la eurozona se haya sacudido sus problemas de deuda es una ilusión óptica. Que Japón vaya a arreglar su problema demográfico y su estancamiento imprimiendo es totalmente ilusorio y la esperanza en la productividad norteamericana esperemos no haberla sobrestimado.

No hay más que ver hoy en día los mercados de deuda y lo que están haciendo los fondos de inversión, fondos de capital riesgo y fondos buitre para percatarnos del verdadero riesgo que nos acecha. Dicho riesgo es sencillo de explicar: que la voracidad inversora no vaya acompañada de unos retornos que justifiquen citada inversión.

En Europa el capital sigue siendo extremadamente costoso. No es un problema de liquidez disponible, si no de modelos de negocio viables. Los bancos, que se enfrentan ante una prueba de gran importancia en unos meses, siguen desprendiéndose de activos estratégicos y no estratégicos en aras de apuntalar su solvencia… a base de deuda pública. ¿Qué nos dicen todos estos movimientos?

Mini fases cíclicas

 

El problema de fondo de Europa es que se produzca en muy pocos meses una degradación de la liquidez seguida de una rápida lucha por la liquidez. Esto ocurriría si los flujos que se desprenden de Asia y Sudamérica pasaran a Europa a través de transacciones de escaso valor añadido a nivel agregado y a muy largo plazo. Pensemos en operaciones de reaseguro, créditos sindicados a 10 o 15 años, colateralización de activos alejados del negocio principal y poco rentables… En fin, operaciones financieras muy útiles y necesarias en el ciclo de reestructuración marco en el que nos desenvolvemos pero que conllevan un distanciamiento entre los agentes y la liquidez existente. Ello no tendría por qué generar problemas, siempre y cuando no hubiera una abrupta retirada de liquidez posterior que siguiera a este proceso. Ya hemos comentado la fragilidad europea, si ella fuerza una retirada los procesos de reestructuración colapsan, comienzan a saltar covenants en los contratos de deuda y los colaterales devaluados se vuelven insuficientes como garantía de crédito.

Al final no estamos diciendo otra cosa que una muy sencilla. Y es que la ilusión debe ir acompañada de un proceso real de creación de valor detrás. Y que, si no, estaría abocada al fracaso en esas cortas y seguidas dos fases cíclicas. Claro que hoy en día la deuda gusta en Europa, y los negocios que hemos comentado. Pero los planes de viabilidad deben, hoy más que nunca, ser puestos al albur de la realidad circundante de los mercados. Y cuando la ruptura del euro, la quiebra de los PIIGS o la crisis norteamericana sigue a ras de suelo, la vigilancia debe ser máxima.

La importancia de los referentes: Gregorio Ordóñez

Gregorio Ordóñez no sólo fue un Primer Teniente Alcalde del PP en San Sebastián al que el terrorismo étnico de ETA asesinó. Por el contrario, simbolizó que la lucha por la libertad merece la pena y para que ello sea así, el arma tiene que ser la valentía y el respeto por las normas del Estado de Derecho, rechazando cualquier tipo de atajo.

En efecto, no formar parte de las filas del nacionalismo obligatorio en comunidades autónomas como la vasca te estigmatiza, esto es, no eres "pata negra", no formas parte de la tribu, por lo cual, no estás capacitado para defender los verdaderos intereses de los "verdaderos vascos". Este mantra mantiene toda su vigencia en la actualidad, a pesar de que el Lehendakari no sea Ibarretxe y de que Arzalluz carezca del protagonismo de antaño. Ambos políticos jeltzales marcaron la ruta de hoja que sus sucesores han seguido de manera acrítica.

Cuando Ordóñez llegó al PP de San Sebastián, esta fuerza política era marginal en el consistorio de la capital donostiarra. Además, no hay que olvidar que años atrás, particularmente en la década de los 80 ("años de plomo"), los cuadros de la UCD habían sido asesinados por ETA, dejando huérfano al constitucionalismo, ya que el PSOE mostró excesivos reparos a la hora de presentar batalla frente al PNV. Esta última afirmación no es baladí, ni responde a filias y fobias; los comicios autonómicos de 1986 lo demostraron. Las hemerotecas son jueces tan sabios como atemporales.

Igualmente, los socialistas (PSE en el País Vasco) tampoco mostraron excesivos escrúpulos para formar gobiernos de coalición con José Antonio Ardanza, pactando temas comprometidos como la educación, no tanto por la lengua en la que se ofertaba aquélla, sino por la particular visión de la historia, en cuanto que errónea, que se transmitía (y transmite) a los alumnos vascos, en la que España en ocasiones no existe y en otras ha tenido un desarrollo paralelo, nunca en conjunto, con Euskadi.

Mientras estos desarrollos tenían lugar, una fuerza política bien asentada en el resto de España comenzaba a hacer lo propio en el País Vasco. Así, el PP de Gregorio Ordóñez dejó un legado valioso con nombres y apellidos (María San Gil, Regina Otaola, Carlos Iturgáiz…) que hubieron de hacer frente a uno de los periodos más complejos, como sinónimo de duro, de la violencia terrorista, como fueron los años 90. Como consecuencia de la denominada "socialización del terror", miembros del PP y del PSOE estuvieron en el punto de mira de Eta y muchos de ellos fueron asesinados, antes de la tregua-trampa de Estella y después de la misma.

Los aludidos políticos populares se caracterizaron por no aceptar un panorama que les reducía a la marginalidad, por sumar entre los demócratas (las elecciones autonómicas de 2001 supusieron el mayor exponente) y, sobre todo, por llamar a las cosas por su nombre. Esa nueva generación fue liderada por Gregorio Ordóñez, tras cuyo asesinato no se amilanó y se convirtió en referente ético para el resto de españoles, con independencia del territorio en el que vivían o la opción partidista por la que se decantaban. En las manifestaciones contra la "negociación" con Eta del gobierno de Rodríguez Zapatero, el espíritu de Ordóñez estuvo presente.

Sin embargo, actualmente ya no hay líderes como él. Relativismo y cortoplacismo han ocupado el lugar de la política basada en principios. La presencia en las instituciones de Bildu es sólo el gran ejemplo. El resultado es que un día sí y otro también, se nos avasalla con expresiones como "final de Eta", "proceso de paz" y quien no las comparte, recibe como respuesta ser calificado de "fascista", término comodín a la hora de definir a todo el que no comulga con los parámetros de lo políticamente correcto.

Nuestro persistente riesgo de iliquidez

Mientras el conjunto de españoles trata de esbozar una sonrisa ilusionada ante los mensajes alentadores de los mandamases europeos y de los locales, esas mismas autoridades nos instan con energía a que cuidemos los tres pilares dañados de nuestra economía: el déficit público, la mora bancaria y las infraestructuras.

El necesario vaso medio lleno

Tras años ya de apretarse el cinturón y gastar menos, la sociedad española verdaderamente necesitaba el espaldarazo de esta semana. Los vigilantes europeos, nuestros socios, desde el pasado día 23 de enero, cuando la banca española salió del programa de rescate europeo, no han escatimado en evaluaciones positivas y reconocimiento a las medidas aplicadas y la trayectoria de la política económica del gobierno de Mariano Rajoy. Independientemente del comportamiento de nuestra economía y de la oportunidad de los "vendajes" populares, para mí que la labor de Luis de Guindos tiene mucho que ver en este cambio de perspectiva. La urgencia con la que la población patria se agarra a estos mensajes de reconocimiento no hacen sino mostrar la necesidad de reafirmación y justificación del sacrificio de quienes llevamos recortando, pero de verdad, desde hace mucho: esta clase media empobrecida.

Sorprende un poco el viraje express de las opiniones vertidas en los medios y redes sociales de los ciudadanos desde que salieron los datos de empleo de la EPA, tan justamente criticados hasta hoy. Precisamente, esa rapidez y esa rotundidad en la manera de desfruncir el ceño y felicitarnos unos a otros por la palmadita en el hombro de los observadores internacionales, tanto en la cumbre europea de ministros, como en el foro global de Davos, son muy reveladoras. Lo que nos muestra es que psicológicamente hemos llegado al punto de saturación de malas noticias, crujir y rechinar de dientes. Así que cada gesto europeo nos sabe a maná caído del cielo, pero por méritos civiles propios, es decir, nos los atribuimos a nosotros mismos y, de hecho, es que nos los merecemos. No obstante, no hay que olvidar que ese pueblo que sufre es el mismo que elige presidente cada cuatro años y, por tanto, de alguna manera, el responsable en última instancia de lo que sucede hoy.

Pero eso, al igual que la medida objetiva en euros de nuestro empobrecimiento, sólo afecta parcialmente a nuestra sensación subjetiva de cómo nos va. Y como todas las sensaciones, ésta es cambiante, dinámica y sesgada. En nuestro caso, nos ponemos muy radicales, sobreactuados, tanto para bien como para mal. Somos los mejores y tenemos unos políticos que dejan mucho que desear. Y en ese juego esquizoide se nos olvidan las tres joyas de la corona: el déficit, la mora bancaria y las infraestructuras.

Progresamos adecuadamente y necesitamos mejorar

Para nuestros políticos, el vaso medio lleno se traducirá, probablemente, en una entrada de inversores que, añado yo, si retiramos el alambre de espino de la sobrecarga impositiva, virtualmente harán su apuesta por España y eso reactivará empleo y consumo. Pero lo que han dicho nuestros supervisores es que una vez finalizado el período de rescate bancario, estamos mejor que antes aunque (he aquí la palabra clave que desenmascara todo el sentido del mensaje europeo) tenemos que persistir y mejorar las infraestructuras, el déficit público y la mora bancaria. Y no se trata de tres detallitos sin importancia, son tres cuestiones muy importantes a tener en cuenta. La mora bancaria (aquellos préstamos impagados al menos en tres meses) no bajan y una tasa del 13% aproximadamente es muy alta, supone, de acuerdo con la apreciación de los expertos, un colapso bancario porque lleva subiendo demasiado tiempo. La incertidumbre que inyecta a la banca es enorme. Los bancos deben controlar los riesgos, y eso tiene un precio, que finalmente terminaremos pagando todos en forma de condiciones más duras para los créditos, etc.

Las infraestructuras han sido el tema estrella esta semana gracias a las declaraciones de Ana Pastor, quien afirmaba haber logrado que se redujeran los costes extra en la construcción de obra pública. A pesar de lo cual, la sombra de los AVES sin viajeros y el aeropuerto fantasma de Castellón revolotean sobre nuestras cabezas. Por último está el espinoso tema del déficit público. Nuestros socios europeos no tienen mucha confianza en que el gobierno de Rajoy sea capaz de cumplir el objetivo de déficit, ni siquiera después de que, a petición de nuestro gobierno, las autoridades de la troika bajaran un poquito el listón.

La importancia de este último punto implica controlar el flujo de ingresos y de gastos del Estado y las administradores públicas. Para conseguirlo, tanto el Estado central como los organismos dependientes del mismo, las Comunidades Autónomas y administraciones locales tendrían que racionalizar sus promesas a los votantes y admitir ponerse a una dieta rigurosa para no seguir pesando tanto en el bolsillo de los españoles. Y ahí es donde quiero ver la responsabilidad de los de la derecha, la izquierda, los de arriba y los de abajo.

Las tres patas de la estabilidad económica española

La situación financiera de España a comienzos del año 2012 era de una extrema gravedad (prequiebra) por dos motivos: expansiva acumulación de deuda y negativa de "los mercados" a refinanciar nuestras posiciones pasivas. Es lo que tradicionalmente se ha conocido como "riesgo de insolvencia" y "riesgo de iliquidez", respectivamente.

Desde entonces, hemos mejorado parcialmente en ambos capítulos: el endeudamiento nacional ha dejado de crecer (no gracias al sector público, sino a unas familias y empresas que han sido capaces de amortizar más de 250.000 millones de euros desde comienzos de 2012, a pesar de ser desvalijadas fiscalmente) y el endeudamiento exterior ha comenzado a menguar (de nuevo, gracias a la progresiva readaptación y mejora de la competitividad de la economía privada, lo que ha permitido amasar un cierto superávit exterior); asimismo, desde que en julio de 2012 Mario Draghi anunció su predisposición a rescatar a los gobiernos de España e Italia –y desde que Shinzo Abe prometió inundar los mercados mundiales de crédito barato desde finales de 2012–, no hemos tenido problema alguno para colocar nuestra deuda.

La situación parece haberse estabilizado y son cada vez más quienes opinan que España ha entrado en un círculo virtuoso: con la financiación garantizada, nuestras familias y empresas disponen de tiempo para readaptarse y superar, por fin, los carajales acumulados durante la burbuja inmobiliaria. Si seguimos amortizando deuda y creando nuevas empresas competitivas, recuperaremos definitivamente nuestra solvencia y volveremos a crear riqueza (y empleo). Los indicadores adelantados o las recientes cifras del PIB y de la EPA parecen apuntar en esa dirección: la inversión en bienes de equipo está repuntando con fuerza (requisito para reajustar nuestra economía) y en el último trimestre del año el sector privado ya comenzó a crear empleo neto por primera vez desde 2008. Si siguiéramos así, acaso pudiéramos terminar tras varios años superando la crisis revirtiendo las causas que nos metieron en ella, si bien a un ritmo exasperantemente más lento que si desde un comienzo se hubiesen liberalizado los mercados y se hubiese equilibrado financieramente al sector público. 

Pero no está ni mucho menos claro que podamos seguir así. La ausencia de problemas de refinanciación por parte de España no se debe a que hayamos reducido nuestra demanda de capital a los mercados, sino a que éstos se han vuelto extremadamente pródigos merced a la ya mentada red de seguridad de Draghi y al expansionismo monetario japonés: al contrario, el Tesoro español emitirá en 2014 más deuda bruta que en ningún otro ejercicio de nuestra historia, casi 245.000 millones de euros. ¿Qué sucedería en este contexto si los mercados volvieran a cerrarse? Que nos hallaríamos en una situación bastante más complicada que la de 2012, pues nuestra necesidad de refinanciación sería incluso mayor: el reajuste se pararía en seco y volveríamos a comenzar con rondas de liquidaciones. Es decir, del mismo modo que 2012 detuvo en seco el proceso de muy parcial saneamiento que ya estaba en marcha en la primera mitad de 2011, un eventual cierre futuro de nuestra financiación podría dar al traste con el actual proceso de saneamiento.

En medio de la calma actual, puede parecer extemporáneo plantear la posibilidad de una nueva crisis global de liquidez, pero por desgracia se trata de un riesgo más que factible en una economía mundial que también adolece de graves –y no resueltos– desequilibrios. El más inmediato, uno que lleva llamando a la puerta desde hace meses: la corrección de unos emergentes que han estado sobreendeudándose al socaire del crédito barato internacional durante los últimos años. A lo largo del jueves y del viernes se produjo un nuevo recordatorio de que la amenaza sigue muy presente: las bolsas mundiales cayeron apreciablemente (entre un 3 y un 4%) y las primas de riesgo de España, Italia, Portugal y Grecia repuntaron casi un 10% ante las crecientes dudas que despiertan los emergentes (especialmente, en estos momentos, Argentina y Turquía). Aviso a navegantes de que la marea podría terminar bajando de nuevo y de que los muy alejados de la costa no alcanzarán tierra firme.

Nuestro problema es, justamente, que el Gobierno ha renunciado a acercarnos a la costa, a saber, ha renunciado ajustar el gasto público y a liberalizar la economía con la esperanza de que la fuerza del viento nos conduciría pasivamente a la salvación. No nos ha vuelto resistentes frente a nuevas turbulencias mundiales sino que, como a comienzos de 2011, se ha limitado a colocar una vela para que nuestros desequilibrios se corrijan por sí solos a pesar de su inclemente sangrado tributario y de sus anquilosantes regulaciones. Nuestro gigantesco déficit público nos condena, precisamente, a estar expuestos en todo momento a las dudas, miedos, incertidumbres y pánicos de los mercados. Es el precio que pagar en esta crisis por un Hiperestado que tanto PSOE como PP se han opuesto radicalmente a adelgazar. Es decir, es el precio de una política económica orientada a preservar la burbuja estatal en lugar de a pincharla.

La Celac, contra la Carta Democrática

El general Raúl Castro es el presidente pro tempore de la Celac y todos han ido a La Habana, como los ratones tras la flauta de Hamelin, a celebrar una segunda cumbre.

¿A qué juegan los gobiernos de América Latina? Aparentemente, el primer objetivo del organismo, según declararan en su documento fundacional, es

reafirmar que la preservación de la democracia y de los valores democráticos, la vigencia de las instituciones y el Estado de Derecho, el compromiso con el respeto y la plena vigencia de todos los derechos humanos para todos, son objetivos esenciales de nuestros países.

¿Qué entiende esta gente por democracia? Cuba, como corresponde a los países desovados por la extinta URSS, es una vieja dictadura unipartidista de más de medio siglo, en la que no existen libertades individuales ni se respetan los derechos humanos. Mientras se celebra la Celac, la policía política acosa y aporrea a las Damas de Blanco y a los demócratas de la oposición que se atreven a protestar. ¿Alguien lo ignora? 

Raúl y su tropa estalinista no lo ocultan. Son brutal y orgullosamente francos. Tienen coartadas legales para fusilar o encarcelar. Defienden paladinamente ese modo de estabular a la sociedad y afirman que se trata del sistema más abierto, democrático y solidario de la historia. Ni siquiera admiten que torturan a los disidentes. Los opositores no son personas: son gusanosescoria extirpable a culatazos por oponerse a la felicidad del pueblo y querer entregar el país al imperialismo yanqui.

No hay una violación flagrante de las reglas. Las reglas lo permiten. No hay que desaparecer a los enemigos. Se les machaca públicamente. La Constitución, calcada del modelo soviético, concede al Partido Comunista la facultad en exclusiva de organizar la sociedad a su antojo. Ese bodrio legal ha sido refrendado por la inmensa mayoría. Los cubanos, como los norcoreanos o cualquier ciudadano aterrorizado, votan lo que les pongan delante mientras sueñan con una balsa. Todo y todos se subordinan a los fines del marxismo-leninismo, y se prohíbe cualquier conducta que contradiga estos principios. El pasado, el presente y el futuro están atados y bien atados.

Y hay elecciones. Cada cierto tiempo, la dictadura, como sucedía en el Bloque del Este en Europa, realiza unos comicios muy controlados para legitimar en el poder a unas autoridades que sirven como correa de transmisión a las iniciativas del Castro que esté al frente del manicomio cubano. Son los apparatchiks. Es la nomenclatura obediente y memoriosa. Un orfeón asombrosamente afinado que canta a capella las consignas del Partido.

Como era evidente que los comunistas habían construido un modelo político distinto (el del totalitarismo marxista-leninista), y reclamaban el derecho a una denominación de origen diferente, los defensores de la democracia liberal definieron el sistema político que ellos proponían en un documento vinculante llamado Carta Democrática Interamericana, firmado en Lima el 11 de septiembre de 2001.

Ahí están todos los elementos de fondo para el ejercicio real de la democracia republicana: elecciones libres y plurales, separación de poderes, libertades individuales, incluidas la de prensa y asociación, transparencia, neutralidad del Estado de Derecho, respeto, tolerancia. Era exactamente la antítesis del modelo impuesto por los Castro en Cuba. Lo contrario a lo que hoy condona e ignora la Celac.

Pero a los políticos latinoamericanos les importa un bledo decir una cosa en la Carta Democrática Interamericana y hacer otra muy distinta en los aquelarres organizados por la Celac. Como en el famoso poema de Walt Whitman, repiten el "Me contradigo, y qué". Ahí estará en La Habana, incluso, el secretario gneral de la OEA, el señor José Miguel Insulza, quien debería ser el guardián de la Carta Democrática Interamericana, prueba viviente de que la esquizofrenia ideológica existe y es incurable.

Nada de esto, me temo, es nuevo. Uno de los rasgos más desagradables de muchos políticos latinoamericanos es la hipocresía. Tienen varios discursos. Varias caras. Dicen que son pragmáticos. No es verdad. Son cínicos. Durante décadas, los vecinos convivían en silencio con polvorientas dictaduras como las de Stroessner, Somoza o Trujillo. Ahora les importa muy poco lo que sucede en Cuba o Venezuela. Es el imperio de la inmundicia moral.

elblogdemontaner.com

Tres certezas y seis preguntas sobre la reforma fiscal que prepara Montoro

"Haremos la reforma fiscal para recaudar más". Cristóbal Montoro ya no se esconde. El ministro de Hacienda reconocía hace apenas unas semanas, en una entrevista en Cinco Días, que el objetivo de los cambios que prepara en el terreno recaudatorio es incrementar los ingresos del Estado.

El problema es que el Gobierno lleva unas semanas lanzando mensajes acerca de las bajadas de impuestos que se acercan. En teoría, la subida del IRPF aprobada en diciembre de 2011, nada más llegar a La Moncloa, iba a durar sólo dos años. Ahora sabemos que no es así y que al menos se alargará un ejercicio más, hasta 2015.

Y mientras tanto, se van filtrando avances sobre el trabajo de la comisión de expertos a la que el Gobierno le ha encargado un informe sobre esa reforma fiscal "integral y completa" que anunció el pasado mayo la vicepresidenta. Este miércoles, el diario Expansión publicaba uno de los documentos que los sabios está manejando. Y poco después, el propio Montoro desmentía que tenga intención de hacer algunas de las cosas que se supone que le pedirán. Fuentes cercanas a este grupo confirmaban a Libertad Digital que lo publicado no es más que un borrador de los muchos que hay y que la propuesta final será muy diferente en algunos aspectos. De hecho, El Economista publicaba lo que podría considerarse como una rectificación del trabajo de su competidor, citando lo que fuentes de Hacienda opinan sobre el trabajo del comité encabezado por Manuel Lagares. 

Con todo esto encima de la mesa, no es extraño que el ciudadano medio no se aclare. ¿Qué va a pasar a partir del próximo ejercicio? ¿Pagará más o menos impuestos? ¿Qué dirán los expertos? ¿Les hará caso el Gobierno? ¿A cuánto ascenderán los recortes en los tipos del IRPF? ¿Le compensará en el bolsillo todo ese movimiento? Por ahora, no hay una respuesta definitiva a ninguna de estas cuestiones. Pero sí hay pistas de hacia dónde nos dirigimos. Podríamos decir que hay tres certezas; pagaremos más (de media), nos intentarán vender que pagamos menos y las pocas rebajas no llegarán de forma inmediata. También hay seis preguntas, una por cada impuesto implicado.

El objetivo

Como explica Montoro, el objetivo de la reforma fiscal es "recaudar más". De hecho, ésta habría sido una de las líneas rojas que el Gobierno le ha impuesto a los expertos: sea como sea la propuesta, debe ir dirigida a aumentar los ingresos.

Para recaudar más hay dos opciones. La primera es aprobar reformas que relancen la actividad económica. En España hay seis millones de parados que, por su falta de ingresos, pagan muy pocos impuestos. Supongamos que una cuarta parte encuentra empleo. Así, sin hacer nada más, se dispararía la recaudación y subiría la presión fiscal de forma natural.

De hecho, numerosos economistas defienden que las bajadas de impuestos pueden incrementar la recaudación por esta vía. Es decir, primero se reducen los tributos y el efecto de empuje que este movimiento tiene sobre la actividad económica es tal que al final Hacienda acaba con más ingresos que antes. Es la famosa Curva de Laffer, que también podría ser la culpable de que las fuertes subidas de impuestos de los últimos años no se estén traduciendo en una mayor recaudación.

Pues bien. Esto no es lo que tiene en mente Montoro para llenar las arcas de Hacienda, entre otras cosas porque el crecimiento será modesto, no más allá del 1% del PIB, al menos los próximos dos años. El planteamiento del ministro es hacer una reforma fiscal que recaude más ya, en las actuales condiciones. Y podríamos decir que si se produjera esa recuperación de la economía de la que tanto se habla sería un efecto añadido a la reforma, pero no lo que se busca con la misma.

El Gobierno cree que el sistema fiscal español está muy mal diseñado y que hay que cambiarlo para obtener más ingresos. Por lo tanto, si el mismo número de contribuyentes paga una cantidad total mayor, eso quiere decir que el contribuyente medio pagará más. Como habrá muchos movimientos (IRPF, IVA, Sociedades, Sucesiones, Donaciones,…) no será fácil que cada uno haga sus sumas y restas. Pero el resultado final (medio) será negativo para el ciudadano. No hay más alternativas.

El mensaje

Desde que comenzó este proceso de reforma fiscal, los mensajes han ido en dos direcciones: que habría bajadas de impuestos y que todos los expertos exigen un nuevo diseño del sistema, que deberían traducirse en eliminar deducciones y bonificaciones a cambio de bajar los tipos. Lo primero ya hemos visto que no es cierto. Lo segundo tiene más miga.

Es cierto que la mayoría de los académicos que han estudiado los impuestos españoles han pedido una reforma en el sentido apuntado en el párrafo anterior. Y también es verdad que lo que prepara el Gobierno cumplirá ambas partes de la ecuación (bajarán algunos tipos y se eliminarán deducciones). Pero claro, en esta cuestión lo importante no es sólo la dirección, sino los metros recorridos.

Así, todo apunta a que en lo que respecta a los recortes de tipos nos encontraremos ante movimientos mínimos. Cada impuesto será una historia, pero por ejemplo, en IRPF no se espera ni siquiera volver a los niveles anteriores a la llegada de Mariano Rajoy a Moncloa. Al mismo tiempo, se eliminarán casi todas las deducciones (sobre todo las más importantes). Vamos, que el movimiento alcista (deducciones) será mucho más importante que el bajista (tipos). Habrá quien salga beneficiado o menos perjudicado, como aquellos contribuyentes que no tengan hipoteca, pero para la gran mayoría el sumatorio será negativo.

El calendario

En todo lo que tiene que ver con la reforma fiscal, es importante el cómo y el cuánto, pero también el cuándo. El Gobierno ya ha adelantado que los cambios empezarán a entrar en vigor a lo largo de 2015 y, luego, seguirán implementándose de forma paulatina entre 2016 y 2017.

El problema es que no es lo mismo cuándo se apruebe cada media. En el IRPF al menos, parece darse por seguro que la parte mala (la eliminación de las deducciones) llegará de forma inmediata. Y al mismo tiempo que la parte buena (la rebaja de los tipos) se irá aplicando poco a poco. Vamos, que el palo llegará a las primeras de cambio, pero el contribuyente no será capaz de alcanzar la zanahoria hasta mucho después.

Las preguntas

– IRPF: hace dos años subieron los tipos y se dijo que sería temporal. Ya sabemos que el calendario prometido no se cumplirá. Y la pregunta es: cuando se dice que habrá una bajada de tipos, ¿cuál es el nivel de referencia: el actual o el que había cuando el PP llegó a La Moncloa? Se supone que la subida de diciembre de 2011 era "temporal y extraordinaria" y desaparecería en dos años (bueno, ahora son tres). Por lo tanto, para cumplir su promesa la bajada del IRPF debería empezar por eliminar aquel movimiento y luego, tocar los tipos. Todo apunta a que no será así. Es decir, será una bajada que no compensará, ni de lejos, aquella subida.

– IRPF-Vivienda: los expertos tienen esta deducción en su punto de mira desde hace años. Probablemente la comisión de sabios proponga eliminarla, incluso con carácter retroactivo (esto no quiere decir que haya que pagar por años anteriores, sino que a los que ya se benefician se les quita esta ventaja a partir de 2015). El Gobierno asegura que no lo hará. Y la pregunta es ¿sobrevivirá esta deducción?

– Sociedades: en este tributo, la propuesta de los expertos irá por eliminar deducciones a cambio de bajar los tipos. Sobre la primera parte no hay duda: se hará. Sobre la segunda, hay más incertidumbre, ¿habrá realmente una reducción de los tipos? ¿compensará la eliminación de deducciones?

– IVA: el Gobierno lo tiene complicado con el IVA. Los expertos le pedirán probablemente que lo suba, a cambio de bajar más el IRPF. Pero el PP hizo hasta campaña contra la subida del IVA aprobada por Zapatero y se resistió a tocarlo hasta que la presión de Bruselas se hizo insoportable. De hecho, este miércoles, Montoro fue rotundo en este punto (otros los dejó más abiertos), tras la portada de Expansión. Parece claro, por lo tanto, que Moncloa se resistirá a subir los tipos, pero ¿habrá cambios en los productos de cada categoría? (porque esto también es subir impuestos, aunque no se diga).

– Especiales: en esto no hay duda. Va a haber más (ya sea en forma de impuestos o tasas) y los que ya existen serán elevados. La única cuestión que queda por resolver es ¿hasta dónde los subirán?

– Cotizaciones: son el gran misterio de la reforma. En realidad, cada vez que se plantean cambios en el modelo tributario español, se pide reducir la carga sobre el empleo. Cuando el Gobierno del PP aprobó la subida del IVA, la unió a una futura reducción en las cotizaciones. Pero aquella promesa se la llevó el viento. Los documentos que se filtran del comité de sabios no dicen nada sobre esta cuestión. Lo único que se ha hecho en los últimos meses es ampliar el concepto, para tener también en cuenta las retribuciones en especie. Llegados a este punto, la pregunta es ¿será éste por fin el momento en el que alguien se atreva a reducir las cotizaciones? No será fácil, porque además, la tensión sobre las cuentas de la Seguridad Social es creciente.

El coste de cambiar las reglas con el partido empezado

El cigarrillo electrónico se ha popularizado de forma muy notable en España en el último medio año. El éxito de este relativamente novedoso producto se debe principalmente a tres diferencias frente al cigarrillo convencional: el importante ahorro económico que supone, ser menos dañino para la salud que y la comodidad de poder utilizarlo en cualquier sitio, ya que no emite humo sino vapor inofensivo. La industria del tabaco es relativamente grande ya que en los países desarrollados cerca de un 35% de los hombres y un 22% de las mujeres fuma. No es de extrañar que, con la aparición del cigarrillo electrónico, multitud de empresarios e inversores hayan visto un filón en este negocio.

Si reside en una gran ciudad, habrá observado con cierto asombro la vertiginosa aparición de tiendas y stands de venta de cigarrillos electrónicos y todo lo relacionado con los mismos. Muchos se preguntan si el mercado de cigarrillos electrónicos es lo suficientemente grande como para que todas las tiendas establecidas aguanten con el paso del tiempo. La experiencia en comercios de industrias incipientes nos dice que es probable que muchas tiendas acaben cerrando. Lo hemos podido observar en los últimos años con inmobiliarias en la época de burbuja o con tiendas de yogur helado más recientemente.

Este fenómeno tiene su lógica empresarial. Los empresarios, ante una industria nueva, se lanzan a invertir para acaparar una parte de la tarta. El problema es que, esa industria incipiente es aún muy nueva y el tamaño de esa tarta está por determinar. Como en multitud de negocios novedosos, el primero en tener un tamaño relativamente grande puede obtener una ventaja competitiva fruto de las economías de escala, la carrera por ganar cuota acelera ese proceso de descubrimiento empresarial. Los empresarios serán los que, mediante el mecanismo de prueba y error determinen cuál es la oferta óptima para ese nuevo mercado. Este proceso de ajuste de la oferta precisa, como es lógico, de un marco institucional y jurídico estable. Es lo que coloquialmente se refiere como que no cambien las reglas con el partido ya empezado.

Los cigarrillos electrónicos es el más reciente ejemplo de este fenómeno. El Estado, a través de una legislación promovida por el Ministerio de Sanidad, ha acordado con las comunidades autónomas elaborar una norma estatal para prohibir el consumo de cigarrillos electrónicos en centros sanitarios y escolares, en las administraciones públicas y en el transporte público. La comodidad de usar los cigarrillos electrónicos en cualquier parte por resultar inocuos para la salud era una de las principales ventajas frente a los cigarrillos convencionales. Con la futura legislación, esa ventaja desaparecerá.

Como uno puede imaginar, la distorsión estatal ocasionada a los empresarios dueños de negocios de vapeo es importante. En pleno proceso de búsqueda empresarial del tamaño óptimo de la oferta y con la incertidumbre de si se obtendrán beneficios o pérdidas con las inversiones realizadas, las reglas han sido cambiadas a mitad del partido. Lo más graves de todo es que probablemente aún lleguen más cambios normativos por parte de las Administraciones Públicas. Nadie descarta una subidas de impuestos a todos los productos de vapeo en un futuro próximo. Eso sería una nueva estocada a todos los empresarios que, aún a riesgo de equivocarse y perder su inversión, están emprendiendo para ofrecer al consumidor un bien que demanda.

La empresarialidad no es perfecta. La información clave de una industria a veces se consigue perdiendo dinero. Ese es el pan de cada día de los empresarios. Están preparados para ello, y aceptan ese riesgo con normalidad y valentía. Pero lo que es del todo intolerable es que, en mitad de ese proceso de aprendizaje empresarial, las reglas de juego cambien. El Estado, como en tantas otras cosas, debería dar un paso atrás y dejar que el mercado funcione con libertad.

Empleo zombi y el dilema de la Fed

We are creating a part-time economy – Sara Eisen

A dream doesn’t become reality through magic, it takes sweat, determination and hard work – Colin Powell

Uno de los comentarios más escuchados en España cada vez que salen los datos del empleo de nuestro país es: "Si pudiéramos imprimir dinero como Obama, bajaría el paro".

Nos preocupa la precariedad y temporalidad de nuestra recuperación, con razón. Si hiciéramos como Obama nada de eso pasaría. ¿Cierto? Falso.

Fijémonos en las cifras oficiales de nuestro país:

– Ocupados 16,76 millones de personas.
– Parados: 5,986 millones de personas.
– Tasa de paro: 26,03%.
– Tasa de actividad: 59,3%, la más baja desde 2008 (55,4% entre los 16-64 años con datos de IVT 2013, cortesía de Jose Ignacio Conde-Ruiz).
– A cierre del año el porcentaje de empleados a tiempo parcial se sitúa en el 16,34%.

En resumen, el paro ha bajado en España, pero la recuperación aún no es solida, y aunque se ha frenado la destrucción de empleo, los ‘sacados de las listas’ aumentan y los nuevos trabajos son más precarios… porque no hacemos lo que Obama, ¿verdad? No.

Pongamos las cosas en contexto: tres billones de dolares de estímulo monetario (trillones americanos), hoy un 6,5% del PIB de Estados Unidos anual en compras de bonos y otros activos de la Reserva Federal.

Ahora recordemos las promesas. Con el plan de estímulos anunciado en 2009, el desempleo en Estados Unidos bajaría al 5% en 2013. Hoy es del 6,7%. No está mal, ¿no?. No, si incluimos a los ‘zombies’. Los sacados de las listas. Vean el gráfico adjunto.

El índice de participación laboral en Estados Unidos se ha desplomado al 62,8%, el nivel más bajo desde 1978. En España, como mostrábamos antes, ha caído a niveles de 2008. Los estadounidenses ‘fuera de la fuerza laboral’ superan los 91,8 millones. ¿Efecto demográfico?. Pues no, se analice como se analice, sobre todo comparando naciones de la OCDEla caída del ratio de participación laboral de Estados Unidos es simplemente inaudita e inaceptable.

A la hora de analizar el paro real de Estados Unidos hay que hacer lo que hacemos cuando criticamos a España, a la UE o a sus gobiernos. Ver las cifras reales, no las mágicas. Les recomiendo leer el Real Unemployment Rate. Sí, el paro ha bajado… pero en términos reales, los datos de U-6 (parados, infraempleados y desocupados) muestran que el paro real era del 14,2% cuando llegó la solución ‘milagrosa’ de imprimir, subió al 16,7% y hoy es del 14,4%. ¡Chas! Se fue. Tres billones de dólares de coste.

Desde el QE, el "milagro monetario" de Bernanke, 11,6 millones de trabajadores americanos han "salido del mercado laboral", como muestra el profesor de Estadística Juan Manuel Lopez-Zafra. Estados Unidos sólo ha creado un millón de empleos… y una gran parte temporales.

En Estados Unidos, si usted entrega pizzas por las noches y sirve hamburguesas por la mañana en el restaurante de la esquina, se han ‘creado’ dos puestos de trabajo. De hecho, se hace un ‘household review‘ y si usted ha llevado a su abuela al hospital a cambio de un dinero… se ha creado empleo.

Pero además, del millón de empleos creados por las soluciones mágicas, la enorme mayoría han sido gracias a la revolución de la industria energética doméstica, que ha creado 850.000 puestos de trabajo, completamente independiente de estímulos monetarios o gasto público tras haber descubierto petróleo y gas en abundancia hasta convertir al país en uno de los mayores productores del mundo, junto con Rusia Arabia Saudí.

Sacar parados de las listas es el método favorito de muchas de las economías estancadas. Casi 1,4 millones de desempleados han perdido sus beneficios por desempleo ésta semana en Estados Unidos. Salen de la lista, bajará el ‘paro’ en un 0,25% y… ¡viva!, máximos bursátiles.

En diciembre, el ‘paro’ en Estados Unidos cayó al 6,7%. La mayor parte del descenso vino de 347.000 trabajadores "abandonando las listas de fuerza laboral" (NILF, not-in-labour force), lo que mi amigo Matt llama los ‘zombies’ de la era Bernanke.

Desde el anuncio de los estímulos, Quantitative Easing, las personas que han "salido de la fuerza laboral" superan los 11 millones. Pero además la temporalidad se ha disparado al 16% y el porcentaje de trabajadores norteamericanos que trabajan a tiempo parcial pero buscan un trabajo fijo se ha disparado a máximos de cinco años, el 10,1%.

Todo metiendo un chute de esteroides a la economía de tres billones de dolares. Un fracaso estrepitoso. Pero no se preocupen. Hay que repetir, que pronto llegará.

Por supuesto, me dirán que es "mejor que Europa". Faltaría más. Pero no es por imprimir dinero. Es por tener una economía abierta, bajos impuestos, iniciativa privada y facilidades para crear negocios… y encontrar petróleo.

Si todo es un desastre en todos los países entonces, ¿no tenemos solución? Pero existe. Se llama recuperar la clase media, el consumo y la renta disponible. No torpedear el autoempleo con políticas confiscatorias y atacar a los creadores de empleo cuando se están recuperando de la crisis. No es de extrañar que la desigualdad se dispare con las políticas monetarias agresivas, ya que el dinero ‘creado’ se queda en el sistema financiero, el estado y su deuda. La decisión de invertir en la economía productiva y la velocidad del dinero se desploman cuando se imprime y reprime. No hay confianza real. Solo burbujas financieras

La solución al empleo precario no se va a dar con más subidas de impuestos y represión financiera, bajar tipos o imprimir. Se dará el día que por fin se den cuenta que la máquina de exprimir y endeudar no da más de sí.

Mientras tanto, la Reserva Federal supone el 63,8% de las compras de bonos a 10 años y el 87,4% de las compras de bonos a 30 años. No existe posibilidad de ‘mitigar’ este problema sin causar un grave destrozo.

¿Quién va a sustituir a la Fed comprando bonos del estado cuando supone casi el 70% de la demanda en los bonos a largo plazo? Difícil respuesta.

Ese es el dilema de la Fed y Janet Yellen de cara al siguiente techo de deuda, en marzo. Que sabe perfectamente que los datos expuestos en este artículo son correctos, pero se ha metido en una trampa donde "reducir los estímulos" en una cantidad inapreciable (10.000 millones de dólares mensuales) produce shocks inesperados. Mientras tanto, lo importante, que es crear riqueza y empleo, sigue obviándose para defender ‘soluciones de powerpoint’ que perpetúen una deuda y un gasto inasumibles.

Las soluciones mágicas no existen. Pero gustan… al que parte y reparte. Luego le echan la culpa a los "mercados" y a correr.

Análisis económico básico del Bitcoin (II)

En la primera parte del análisis económico de Bitcoin concluí que su principal característica diferencial con las monedas que han sido aceptadas espontáneamente por la sociedad a lo largo de la historia era su carencia de valor de uso o directo. Desde este punto de vista, Bitcoin es similar a las monedas fiat que utilizamos en el mundo occidental, salvo que carece del apoyo/soporte/obligación de los Estados.

La ausencia de valor de uso de Bitcoin se trata aparentemente de suplir mediante otras características que ha mostrado el dinero históricamente, en concreto dos. Por un lado, la obtención de BTCs se asocia a la dedicación de capacidad de proceso para el funcionamiento del sistema, por lo que es un proceso que consume recursos (lo mismo que la obtención del oro y contrariamente a lo que ocurre con el dinero fiat); por otro lado, el número de BTCs que pueden aparecer en el sistema tiene un límite absoluto, por lo que no cabe la posibilidad de que pierda valor por la vía de aumentar la cantidad.

Respecto al primer punto, se nos dice que los ordenadores "mineros" han de llevar a cabo un ingente volumen de proceso a fin de garantizar la integridad, confidencialidad y privacidad del histórico de transacciones. Toda la información que intercambian ha de estar cifrada con largas claves, lo que exige dicha capacidad.

No estoy en condiciones de poner en cuestión la capacidad de proceso requerida para estas actividades. Pero me inclino a coincidir con D. Rodríguez Herrera[1], quien escribe que se obliga a los ordenadores a "hacer un montón de cálculos extra en principio inútiles, pero que sirven para comprobar que han tenido que estar trabajando más o menos unos diez minutos para resolverlos". Es bastante intuitivo que las operaciones aritméticas que requieren los cifrados, por muy voluminosas y complejas que sean, no pasarán de peccata minuta para ordenadores que pueden dibujar escenarios en tres dimensiones y en tiempo real para cualquier jueguecillo que se precie.

En suma, para dotar de valor a las BTCs se está obligando a los ordenadores a consumir capacidad de proceso en cosas inútiles, lo que recuerda perfectamente a aquella vieja historia de que durante el New Deal se contrataba a trabajadores para hacer y rellenar agujeros.

Pero es que, como bien saben los economistas, el valor de los bienes no depende del coste que suponga su producción. Por mucho que a mí me cueste subir en bici el Alpé d’Huez, nadie me va a patrocinar el viaje: el valor de ese esfuerzo mío es, desgraciadamente, nulo para la mayor parte de la población del mundo, y nadie va a pagar un Euro por verme subir el Alpé d’Huez.

Así que, por mucho que cueste en términos de procesos inútiles la producción de BTCs, ello no le confiere ni un ápice más de valor. Es más, desde el punto de vista social, la producción de un BTC supone una pérdida de recursos solo asumible en un momento como el actual, en que la capacidad agregada de proceso de los ordenadores supera con mucho la demanda, lo que hace que a la gente no le importe tener en su ordenador un programa de minería de BTCs corriendo constantemente.

Queda así claro que este mecanismo costoso implementado para obtener BTCs no puede ser ni es la causa del valor que pueda tener, ni por tanto de su hipotética cualidad como dinero.

Analicemos ahora el otro factor que parece de relevancia en esta caracterización: la limitación absoluta del número de BTCs. En efecto, el número de BTCs que van a circular en el sistema está limitado a 21 millones de unidades, ni una más. Por tanto, una vez alcanzado ese número, no se podrán crear nuevos BTCs (al contrario de lo que ocurre con el dinero fiat), garantizándose que no se diluya su valor.

Sin embargo, creer que esto es un rasgo fundamental de las monedas supone un nuevo error conceptual. En economía, los recursos son escasos, pero no en términos absolutos, sino en términos relativos a las necesidades. La cantidad de oro no es finita: puede que lo sea en la Tierra, pero seguro que no lo es en el universo. Sin embargo, no todo el oro tiene el mismo coste de producción, por lo que determinadas técnicas (incluidas una hipotética explotación en otros planetas) solo resultan viables cuando el oro cobra un determinado valor.

Este aspecto es fundamental en el juego económico: el valor de los bienes se refleja en el precio, que es un indicador de la escasez relativa del bien, y este precio informa a los emprendedores de cuántos recursos se pueden dedicar a la obtención de dicho bien, haciendo así que la oferta (el número de unidades) del bien crezca hasta acomodarse a la demanda. Y así sucesivamente.

No ocurrirá lo mismo con las BTCs, gracias al diseño descrito. Por mucho que suban de valor, seguirá sin haber la posibilidad de incrementar su número de unidades. Por lo que, en el fondo, esta limitación numérica se podría convertir en el verdadero talón de Aquiles del invento.

Es evidente que si las BTCs suben de valor y, por no poderse incrementar la oferta, se producen desabastecimientos, otros emprendedores aparecerán y proporcionarán alternativas, en forma de otra denominación de dinero electrónico. De hecho, ya en la actualidad existe un buen número de divisas electrónicas que pueden resultar sustitutivas.

La cuestión es que, como se ha visto más atrás en este mismo artículo, la producción de nuevo dinero electrónico es prácticamente sin coste (recuérdese, para generar BTCs los ordenadores se pasan diez minutos haciendo operaciones inútiles, que lógicamente un dinero alternativo podría eliminar). Por ello, en un tiempo relativamente breve las BTCs podrían perder todo su valor, al inundarse el mercado de productos sustitutivos, cuya producción tiene costes muy bajos.

Obsérvese que no ocurre lo mismo con el oro: conforme aumenta su valor, se hacen viables métodos más costosos de producirlo, no métodos menos costosos. No es que el oro esté limitado en cantidad, es que lo está para el valor que se le da en cada momento.

En resumen, ni la supuesta exigencia de capacidad de proceso para el sistema Bitcoin, ni la limitación absoluta del número de unidades, suponen desde mi punto de vista características "buenas" de una BTC como dinero. Al contrario, posiblemente su implementación deriva de errores conceptuales en la interpretación del dinero, en quedarse en las formas y no en el fondo, y es en ellas donde puede estar su punto débil… como dinero.

En todo caso, como ya dije al final del anterior análisis, que Bitcoin llegue o no a ser considerado como dinero no es cosa de la teoría económica, sino de las preferencias de los individuos en cada momento. Quizá alguna de las otras características de Bitcoin (el anonimato, la globalización, la facilidad o alguna otra que ni siquiera imaginamos) sean suficientemente valoradas por los individuos como para que se compensen las deficiencias apuntadas.

Solo el tiempo nos podrá sacar de dudas.



[1] http://www.libremercado.com/2013-12-28/como-funciona-bitcoin-1276507171/

Oxfam no entiende ni la riqueza ni la pobreza

Ciertamente, el famoso informe Oxfam que denuncia el desigual reparto de la riqueza mundial se basa en datos erróneamente manoseados con el ánimo de cocinar soflamas políticas que acrecienten el intervencionismo estatal sobre nuestras sociedades. Pero el mayor error del informe no es ése, sino el ignorar por completo el proceso económico de creación y destrucción de riqueza.

¿Qué es riqueza?

Comencemos por lo básico: riqueza es toda fuente de renta futura. No es la riqueza la que da valor a la renta, sino que es la renta la que da valor a la riqueza. El valor de un terreno no depende del terreno en sí mismo, sino del valor de los usos futuros que se le puedan dar (de sus rentas): un pedazo de tierra en una ciudad inglesa tiene más valor que un pedazo de tierra en Zimbabwe porque sus servicios (residenciales, industriales, comerciales, etc.) en Inglaterra son más útiles para el conjunto de la sociedad que en Zimbabwe. Ahora bien, si Inglaterra fuera devastada por una guerra y Zimbabwe floreciera como un centro de negocios internacional, las tierras en Zimbabwe devendrían mucho más valiosas que en Inglaterra, aunque físicamente no hubieran experimentado cambio alguno. Por eso, el precio del metro cuadrado hoy en Singapur o en Hong Kong es infinitamente superior al que poseían hace medio siglo esas mismas tierras: no porque la calidad objetiva de la tierra haya mejorado (tal vez, incluso se haya degradado), sino porque el valor que subjetivamente se concede a los usos que proporcionan esos terrenos se ha multiplicado.

En una sociedad con miles de millones de personas y donde los recursos físicos tienen usos alternativos diversísimos, la inmensa mayoría de las rentas no proceden automáticamente de los recursos materiales, sino del uso que se hace de esos recursos materiales. Es decir, la capacidad de generación de renta depende muchísimo más de la organización inteligente de los recursos que de la disponibilidad de los mismos. Por eso Google (y tantas otras empresas) pudieron nacer en un garaje sin contar con apenas recursos y por eso los gobiernos son por lo general incapaces de generar nada de provecho pese a contar con muchísimos más recursos que cualquier start-up. En definitiva, en órdenes complejos y libres, la mayor parte de la riqueza de una sociedad se hallará en forma de sistemas organizativos generadores de bienes y servicios (renta), es decir, de empresas que produzcan bienes y servicios valiosos para los consumidores; y se hallará en esta forma únicamente mientras estos sistemas empresariales sigan generando valor para el consumidor. Conocidos son los casos de megaempresas descapitalizadas por entero debido a que sus bienes y servicios han dejado de tener valor para el consumidor (célebre es el reciente caso de Kodak).

Los ricos, hoy

A diferencia de lo que sucedía hace varios siglos, los ricos de hoy no son los que han acumulado una mayor cantidad de tierra o de recursos naturales, sino aquellos que han construido sistemas de organización de recursos que maximizan la satisfacción del cliente a un menor coste. Con esto no quiero decir que los dueños de recursos naturales no devengan igualmente ricos o que no haya muchísimos ricos que lo sean gracias a prebendas gubernamentales: digo que, en el fondo, la riqueza de estas personas depende de la riqueza que son capaces de crear otras empresas. El dueño de un pozo de petróleo tiene el mismo pozo hoy que hace 100 años y, sin embargo, hoy será incomparablemente más rico (porque el petróleo que posee es utilizado en procesos productivos que generan mucha más renta que hace 100 años); el prebendista gubernamental que se queda con el 0,01% del PIB ejerce hoy la misma rapiña que antaño, pero hoy es mucho más rico que entonces (porque el PIB sobre el que rapiña es mucho mayor). O por enunciarlo de un modo más sencillo: el propietario de un pozo de petróleo es rico en la medida en que su materia prima se inserte en una división (empresarial) del trabajo muy productiva. Si mañana Arabia Saudí declarara una autarquía radical, sus jerifaltes se arruinarían porque no podrían poner en valor su petróleo (y serían muchísimo más pobres aunque descubrieran nuevos pozos de petróleo que los abasteciera durante miles de años).

En resumen: en un orden complejo uno puede enriquecerse fundamentalmente por tres vías. La primera y principal, crear sistemas empresariales que generen riqueza para el consumidor. La segunda, proporcionar la financiación que necesitan esos sistemas empresariales. La tercera, proporcionar los recursos (bienes o servicios) que esos sistemas empresariales requieren para materializarse. Fijémonos que, en realidad, la segunda y la tercera vía se subordinan a la primera: una economía sin proyectos empresariales pero con mucha financiación y muchos recursos naturales será una economía pobre y casi de autosubsistencia.

Así pues, estando materializada la mayor parte de la riqueza mundial en forma de sistemas empresariales, lo normal es que los más ricos del planeta sean los propietarios de los sistemas empresariales más exitosos del planeta, bien por haberlos creado, bien por haberlos financiado durante su creación o arranque, bien por haberlos heredado de los anteriores propietarios (aunque el intervencionismo gubernamental puede encumbrar a la categoría de ricos a sujetos rentistas y parasitarios de la riqueza ajena; único problema real que detecta Oxfam en su informe). Sólo es necesario echarle un ojo a la lista de los más ricos de Forbes, entre ellos: Bill Gates (creador de Microsoft), Amancio Ortega (creador de Inditex), Warren Buffett (inversor en numerosísimas empresas y, por tanto, en proporcionarles directa o indirectamente financiación), Larry Ellison (creador de Oracle), Christy y Jim Walton (nuera e hijo de Sam Walton, creador de Wal Mart), Liliane Bettencourt (hija de Eugène Schueller, creador de L’Oreal), Stefan Persson (hijo del fundador de H&M, Erling Persson), etc.

Asimismo, también es normal que las clases medias-altas de sociedades más o menos abiertas sean empresarios o financiadores de otros sistemas empresariales no tan extraordinarios como los anteriores, pero que contribuyen igualmente a la generación de valor para mercados algo más modestos. De hecho, algunos de esos ricos podrían con el tiempo transformarse en superricos si sus empresas siguen creciendo y generando riqueza para un público mayor sin que la competencia logre barrerles.

Ahora bien, que los más ricos sean aquellos que consiguen crear estos sistemas empresariales exitosos no significa que, tal como recoge la narrativa marxista, el resto de la sociedad esté condenada a vivir depauperada por venderles a los anteriores su fuerza de trabajo a cambio de sueldos de miseria. El resto de la sociedad que no haya creado sistemas empresariales exitosos puede acumular fuentes generadoras de renta (riqueza) por dos de las tres anteriores vías: una, proporcionar financiación a los sistemas empresariales (comprar bonos y acciones); dos, proporcionar recursos a los sistemas empresariales o a los factores productivos que éstas emplean (básicamente, la propiedad inmobiliaria ofertada como alquiler residencial o comercial; y la formación técnica del factor trabajo, esto es, el capital humano). Es el ahorro de parte de la renta y su inversión dentro del proceso social de creación de valor para el consumidor lo que nos permite acumular poco a poco un patrimonio (riqueza).

Los pobres, hoy

Sentado lo anterior, no deberíamos quedarnos boquiabiertos por el hecho de que, tal como expone Oxfam, el 1% de la población posea casi la mitad de la riqueza mundial, el 8,5% posea casi el 85% y el 91,5%, menos del 20%.

Primero porque lo que esos datos están poniendo de manifiesto es algo que hace tiempo que sabíamos: la mayor parte de la población mundial se concentra en zonas cuyo marco institucional es hostil a la creación de sistemas empresariales (escaso respeto a la propiedad privada y los contratos, ya sea del Estado hacia los particulares o de los particulares entre sí). Es decir, la mayor parte de la población es pobre en el sentido estricto del término: no ha podido acumular activos generadores de renta y su economía se basa en la autosubsistencia o en el abastecimiento muy primitivo de mercados locales. A nadie le sorprenderá que los ciudadanos del Tercer Mundo no posean grandes carteras de bonos y de acciones o propiedades inmobiliarias de gigantesco valor. Su escasa riqueza se concentra en bienes muebles como el ganado o las herramientas (bienes que el informe Oxfam excluye del cómputo de riqueza global) y en ciertas propiedades inmobiliarias con un valor ridículamente inferior a las occidentales (un trozo de tierra en Calcuta tiene, hoy por hoy, mucho menos valor que uno en Londres). Sí: la mayor parte de la población sigue siendo pobre, pero no porque nosotros seamos ricos, sino porque sus regímenes políticos les han impedido crear riqueza tal como la hemos creado nosotros. Afortunadamente, la globalización está comenzando a cambiar este panorama y la pobreza en el mundo se está reduciendo a pasos agigantados.

Segundo, porque las mayores expresiones de riqueza de las clases medias occidentales —aparte de su propiedad inmobiliaria— están excluidas del informe. En concreto: Occidente es actualmente una sociedad controlada y asfixiada por el Estado de Bienestar. El Estado de Bienestar tiene una lógica de funcionamiento coactivo muy clara: a cambio de pagar una cantidad ingente de impuestos cada año, todo ciudadano tiene derecho a recibir una renta monetaria (pensiones) y una renta en especie (servicios “gratuitos” en sanidad y educación). Parte de esa renta en especie, además, puede transformarse en riqueza generadora de renta futura (los servicios educativos se transforman en capital humano que aumenta la productividad del trabajador). Pues bien, tanto el capital humano como el derecho a percibir prestaciones del Estado de Bienestar… ¡están excluidos del cómputo de riqueza global! Aunque el Estado español nos estuviera pagando el alquiler de yates y de mansiones a todos los ciudadanos… nuestra riqueza dentro del informe Oxfam no mejoraría ni un ápice.

El sesgo estadístico de este error no es menor. Un trabajador español con un salario de 15.000 euros está pagando anualmente más de 9.000 euros en impuestos y cotizaciones sociales. A cambio de ese dineral, recibe una serie de prestaciones del Estado de Bienestar cuyo valor Intermon Oxfam no contabiliza como riqueza. ¿Se imaginan que, en cambio, esos trabajadores medios dedicaran sus 9.000 euros anuales a adquirir participaciones en fondos de inversión, seguros de vida o seguros sanitarios? La riqueza contabilizada se incrementaría de manera muy sustancial (un mileurista español, por ejemplo, pasaría a integrar estadísticamente la categoría de privilegiados ciudadanos que poseen más del 80% de toda la riqueza planetaria). Añadan ese sesgo a la baja para todo Occidente y comprenderán que las cuentas y disquisiciones de Intermon Oxfam carecen de toda solidez.

Conclusión

En definitiva, los diferenciales de riqueza que han escandalizado a Intermon Oxfam se explican única y exclusivamente por la voracidad y el intervencionismo del Estado sobre las sociedades: en el Tercer Mundo, porque bloquea la posibilidad de crear sistemas empresariales no tutelados por el Estado, que son la base de la riqueza; en Occidente, porque el ahorro que permitiría a las clases medias acumular patrimonios sustanciosos es absorbido por el expolio tributario del Estado de Bienestar. De ahí que, sólo aquellas personas que en Occidente estén generando una renta suficientemente alta como para ahorrar después de ser rapiñados por Hacienda, figuren en las estadísticas como ricos: el resto, formalmente, no tienen nada (aunque posean capital humano y servicios “gratuitos” del Estado de Bienestar).

Paradójicamente, la única respuesta que adivina a dar Oxfam a esta situación envenenada para las clases medias es recetarles más cicuta, a saber, más Estado: más impuestos, más gasto y más regulaciones. Simplemente, no entienden cómo se crea (y cómo se destruye) la riqueza.