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La economía global en stand-by

Si algo ha caracterizado a la economía global a lo largo de los últimos tres o cuatro años ha sido la inestabilidad y la incertidumbre. Desde la crisis de la Covid hasta la invasión de Ucrania por parte de Rusia, pasando por multitud de crisis bancarias en EEUU o un mercado de commodities que no ha dado un respiro a los países emergentes. Desde luego, la guerra entre Israel y Palestina no ayuda a la estabilidad económica y política en el globo. Añade una nueva tensión a los mercados globales, siendo especialmente relevante esto en el caso del mercado de bonos soberanos.

Aunque la economía global ha mostrado signos de cierta resistencia, últimamente. Desde luego, muchos menos países han entrado en recesión en los últimos trimestres que lo que predecían la mayoría de analistas. Esto no quiere decir que muchas transformaciones estructurales de la economía global en los últimos años no hayan reducido el crecimiento potencial a escala mundial. Con especial inciso en los países Occidentales. Además, la crisis de los mercados de recursos naturales ha sido un grandísimo impacto en multitud de países emergentes. Ello ha generado una mayor divergencia en términos de crecimiento potencial entre países desarrollados y emergentes. Se ha frenado así la tendencia de convergencia global que se había establecido en las más recientes décadas.

Elementos de resistencia

La incertidumbre sobre la tendencia de la economía global se mantiene. Pero esta se ha reducido considerablemente en comparación a los primeros meses del año, cuando colapsaron varios bancos en EEUU y Credit Suisse. Además, los niveles inflacionarios no son ni mínimamente comparables. Muchos países han demostrado que se podía combatir a la inflación con una política monetaria sensata, sin necesidad de inducir una recesión. Esto aún no está tan claro en determinados países de Europa con alta sensibilidad al monto de pago por intereses de la deuda.

Analicemos la mayoría de mercados laborales de las economías occidentales, tanto Eurozona como en los EEUU. Lo que observamos es una elevada robustez en términos de crecimiento de la tasa de empleo y de la masa salarial. Y no hay sin evidencia -por el momento- de una clara espiral de salarios-precios. En este sentido, cabe remarcar que, (como mostraba recientemente el FMI en su más reciente edición del World Economic Outlook), existe una clara tendencia a la compresión de la desigualdad salarial global. Hay rangos salariales más bajos creciendo a mayor ritmo que aquellos más elevados. Ello contribuye a que haya una tendencia a la reducción de la desigualdad de ingresos.

Un punto interesante que hace el FMI al respecto es el hecho de que esta tendencia se ha podido consolidar en parte debido al crecimiento del teletrabajo y su normalización en multitud de industrias del sector terciario. Esto ha conducido a un crecimiento de los salarios reales en muchas de ellas.

China

Todo ello no quiere decir que no se mantengan significativos riesgos geopolíticos y económicos que puedan afectar a determinadas tendencias globales. Uno de los principales es la crisis del sector inmobiliario chino. Ya lleva activa más de un año y ha sido una de las principales -si no la principal- causas de la ralentización de la economía china. El país ha perdido el liderazgo de crecimiento potencial en el mundo.

Aparte de la situación económica del gigante asiático, hay otras dos tendencias de desestabilización económica. Una es la elevada volatilidad en los mercados de commodities a nivel mundial. La otra es la posible extinción de cualquier atisbo de ahorro acumulado que quedara en EEUU de la época de las transferencias fiscales masivas durante la época de la Covid.

Estos dos factores, en conjunto, pueden llevar a una ralentización del consumo en Occidente. Más en los EEUU. Esto se reforzará por la inesperada resiliencia de las tasas de inflación que estamos observando en ese país. Esto se podría confirmar pronto si la Fed opta erróneamente por abandonar de manera prematura la adaptación de los tipos de interés y comienza a estabilizarlos o incluso a reducirlos.

FMI

Además, un factor muy relevante a tener en cuenta es el futuro de la política fiscal en los países occidentales. La mayoría de ellos verán su colchón fiscal gravemente constreñido ante el incremento del coste de la deuda pública por la subida de tipos por parte de los bancos centrales. Esto podría generar un shock de pagos de interés de la deuda en muchos de los países más endeudados de la Eurozona. Es el caso de España o Italia.

Con todo esto en mente, la estimación del FMI para el crecimiento global en 2023 es un 3% inferior a lo pronosticado previamente al Covid. Es decir, hemos sufrido una pérdida del 3% del crecimiento potencial. Sin embargo, llama la atención un factor muy relevante. En los países de renta más elevada, como puede ser el caso de EEUU, es donde menos pérdida de crecimiento potencial se ha generado. El impacto ha sido mucho mayor en los países de menor renta per cápita -la mayoría de ellos países emergentes-.

Pobreza

Todo ellos, entre otras cosas, muestra la elevada habilidad de los países más desarrollados de lidiar con shocks macroeconómicos gracias a sus estructuras institucionales y a la solidez de muchas de sus herramientas de política macroeconómica, frente al menor margen de maniobra de los países emergentes. El resultado de todo ello (obviamente junto al factor de la elevada inestabilidad geopolítica) es que, según el Banco Mundial, hoy en día hay 95 millones de personas más bajo el umbral de la pobreza extrema que a finales del año 2019, lo cual es un gran fracaso en términos de desarrollo económico global.

Tal y como podemos observar, mientras muchos de estos problemas son de naturaleza política, otros tantos son estructurales o coyunturales y la combinación de todos ellos en un marco de debilitación y desarme de las estructuras multilaterales hace que encontrar una solución a los mismos sea mucho más complicado y, desde luego, costoso. Esto solo resalta la necesidad de reforzar cuanto antes las herramientas económicas a disposición de las instituciones supranacionales para que, a través de una mayor coordinación geopolítica y económica a nivel global, podamos encontrar un marco de solución a esta innumerable lista de shocks que achacan a la economía mundial.

Ver también

Inflación, crisis bancaria… ¿qué pasará con los tipos de interés? (Álvaro Martín).

¿Statu quo o nuevo paradigma en la economía global? (Álvaro Martín).

Hipólito Yrigoyen: El Primer Peronista

Gracias a las elecciones presidenciales en Argentina, ha vuelto a salir a la luz pública el peronismo. Es un concepto que, cada dos o cuatro años, se hace eco en los distintos medios de comunicación a nivel mundial. Esta ideología, tan vieja como confusa, es una de las principales causas dadas por economistas y políticos para explicar las distintas calamidades socioeconómicas vividas por el país sudamericano a lo largo de tantas décadas. No es para menos, Argentina, con sus enormes reservas de recursos naturales y planicies para producir todo tipo de alimentos, empezó el siglo XX como uno de los cinco países más ricos del mundo[1]; lo acabó siendo uno de los más endeudados.

Todavía sorprende a investigadores y espectadores, por igual, el hecho de que a Argentina le haya ido tan mal. Aún hoy es normal escuchar: “¿qué le pasa a Argentina?”. Y es para responder esta pregunta, que muchos sacan a relucir la ideología fundada por Juan Domingo Perón y acaudillada por tantas figuras a lo largo de los años. Llamar a esta corriente ideología ya acarrea una cierta confusión. Al final, el peronismo ha logrado congregar a guerrillas de extrema izquierda (los montoneros) y derecha (la Triple A) bajo un mismo paraguas. Algo tan elástico y maleable, difícilmente puede ser considerado ideología.

Los descamisados

Sin embargo, todos coinciden en señalar al afamado general como el fundador del pensamiento personalista que se entrega en cuerpo y alma a un pueblo afligido para aliviarlo de sus males. Juan Domingo Perón y su esposa Evita fueron verdaderos maestros en el arte de la manipulación de las masas. Tanto, que la muchedumbre vitoreaba al imponente hombre en traje militar y a la bella dama ataviada de perlas, aun cuando la economía se iba al traste y la inflación acechaba a ricos y pobres. Pues ellos eran los descamisados del caudillo y su señora.

Todo este culto a la personalidad, el gastar cantidades ingentes de dinero público (muchas veces sin sentido u objetivo alguno), el justificar toda acción bajo la frase “justicia social” y crear un Estado similar a una ola expansiva infinita es algo nuclear en el peronismo. Pero esto no inició con Perón. Es más, se podría decir que había peronismo en Argentina antes de Perón. Y su fundador fue el primer presidente electo por sufragio directo, Hipólito Yrigoyen.

Hipólito Yrigoyen

Este hombre, de tez fuerte y voluntad decidida, ascendió a la Presidencia de la Nación 30 años antes de que Juan Domingo Perón empezase a repartir dinero público a mansalva. Su ascenso llegó con cambios institucionales que permitían al rico país sudamericano elegir por medio de voto directo a su presidente. Se amplió, así, la base del electorado. El sistema involucró más a la ciudadanía en el quehacer político.

Muchos analistas señalan que Yrigoyen llegó a romper cuarenta años de dominio y hegemonía conservadora en Argentina. Más que conservadurismo, lo que había era un estado liberal al uso. Las empresas privadas, tanto nacionales como extranjeras, tenían un rol preponderante en la economía del país. Esto permitía gran cantidad de exportaciones a Europa y Estados Unidos y hacía de Argentina un país rico. Bien es cierto que no estaba exento de problemas, incluyendo una gran brecha socioeconómica.

Pero esto estaba por cambiar. Pues al llegar Hipólito Yrigoyen de la mano de la Unión Cívica Radical (UCR) al poder, él mismo se comprometió a devolver la economía a los argentinos. Dijo, incluso: “El estado corrige la desigualdad en la órbita de sus facultades.” ¿Suena conocido?

El presidente fijó precios y reguló de manera agresiva muchas industrias; ferrocarriles, energía y petróleo. Inicialmente, los resultados fueron buenos (tomando en cuenta que la realidad global giraba en torno a la Primera Guerra Mundial). Sin embargo, su sucesor y compañero de partido, Marcelo T. de Alvear, fue más allá. Desató las radicales ganas de utilizar al Estado como aquel benefactor que podía transformar a la sociedad en su totalidad.

Una fiesta nacionalista

Los economistas Pablo Gerchunoff y Luchas Llach, señalan que

La deuda pública total aumentó un 50 por ciento. Para un país en expansión, no se trataba de un aumento insostenible, pero sí era preocupante que la inclinación al déficit se acentuara con los años. En 1927 el déficit fiscal fue el más alto de los registrados hasta entonces.[2]

Pablo Gerchunoff y Luchas Llach. ¿Hipólito Yrigoyen fue populista, como dijo Macri?

Esto era la tormenta perfecta para que cuando llegase una crisis mundial como la de 1929, el país no pudiera responder con efectividad. Para 1928, con Yrigoyen de nuevo al timón, los radicales pretendían continuar con una política nacionalista acérrima. No era sólo la regulación, sino la nacionalización (como pretendía hacer el presidente).

La factura del nacionalismo económico

Pero las crisis siempre llegan y Argentina no había ahorrado exactamente en sus años de bonanza. Con una disminución sustancial en el número de exportaciones (una pérdida de más del 40% del poder de compra de estas), se produjo un descenso en las reservas de oro de un 60% en un año y la balanza de pagos se desequilibró significativamente[3]. Ante esta realidad, el gobernante no supo responder y un golpe de estado acabaría con su presidencia en 1930. Ya no se contaban con los recursos casi ilimitados, las grandes reservas y el orden fiscal necesario para afrontar una crisis económica con la debida soltura. Ningún discurso estridente, ni acusación crispante, podían tapar el resultado de un shock internacional con un desorden en las políticas macroeconómicas nacionales.

¿Esto quiere decir que Yrigoyen fue un pésimo presidente que se encargó junto con la UCR de destruir la economía argentina? No exactamente. No se pueden obviar el efecto de shocks externos como la Primera Guerra Mundial, en su primer mandato, y el Crack del 29, en su segundo. El problema del primer presidente radical fue utilizar la incipiente democracia universal argentina como arma personal para crecer en popularidad. Le hizo creer a la gente que los incrementos en el bienestar general ocurrían gracias al Estado, es decir, gracias a él… cual Luis XIV. Eso es el antídoto perfecto para asestar un golpe letal a una democracia liberal. Sustituye al individuo y sus facultades decisorias por la voluntad de un líder y sus burócratas.

Estatismo y caudillismo

Dicho de otra manera, un excesivo e irracional culto a la personalidad, combinado con políticas estatistas que concentran gran cantidad de recursos y poder coercitivo en manos de políticos de turno, fueron elementos detonantes para crear una verdadera crisis socioeconómica en Argentina. El país no supo salir de ella. Entre golpe militar y gobiernos autoritarios, llegaría Perón 16 años después. ¿Y cuál fue su receta? Personalismo, aumento en el gasto y nacionalización. Con “buenos” resultados por un tiempo breve y crisis económica posterior (que acabó en otro golpe de estado). He aquí, la continuación de un patrón destructivo.

Entiéndase bien; Juan Domingo Perón e Hipólito Yrigoyen no fueron iguales; no hacía falta. Tan sólo dar con una fórmula que compagine la vanagloria personal con la ilusión de un Estado paternalista es suficiente para, a la larga, llevar a un país a la ruina.

Estas lecciones de historia no son simples anacronismos. Son la realidad latente de un país (que no ha sido el único en sufrirla, pero sí ha sido reincidente). A pocos días de un balotaje crucial para Argentina, el país se vuelve a dividir en dos bloques. Están liderados por personalidades distintas, pero que son, según sus discursos, una condición sine qua non para evitar el desastre más absoluto. De nuevo se ven personalidades mesiánicas, discursos pomposos y promesas de un mejor por venir. ¿Elegirá Argentina estudiando rigurosamente su pasado, o utilizará el mismo como atadura para el presente?


[1] Estimación realizada por el Proyecto Maddison, que situaba a Argentina entre los países más ricos a inicios del siglo XX. Publicado en la BBC- 19 de octubre de 2023.

[2] “¿Hipólito Yrigoyen fue populista, como dijo Macri?”- Publicado en Infobae- 7 de junio 2022.

[3] Historia Constitucional Argentina- Los Gobiernos Radicales- Publicado en argentinahistorica.com

Ver también

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

No más peronismo. (Mateo Rosales).

Sí hay mal que cien años dure. (Antonio José Chinchetru).

La libertad desordenada de Argentina. (Marcos Falcone).

Más Adam Smith y menos Hans-Hermann Hoppe

Hans-Hermann Hoppe, en respuesta a una pregunta que le hicieron durante el evento que organiza con su Property and Freedom Society, dijo:

Es muy importante en estas réplicas a gente como Krugman que no nos metamos en detalles técnicos, sino que hagamos algunas preguntas casi como un niño. Explícame cómo es posible que el aumento de papelitos haga más rica a una sociedad. Si ese fuera el caso, explícame ¿por qué sigue habiendo pobreza en el mundo? ¿No son todos los bancos centrales del mundo capaces de imprimir tanto papel como quieran? Y ¿crees entonces que la sociedad, el mundo en su conjunto, sería más rico? Estoy seguro de que el tío no puede responder este tipo de preguntas, nadie puede responder este tipo de preguntas.

Hans Hermann Hoppe

Hoppe aquí se equivoca al menospreciar a Krugman. Tras estas declaraciones, me temo que podría dejarle muy mal parado en un debate y dejarle en evidencia y a la escuela austríaca de economía detrás. Y, en parte, con razón, pues gran parte de la escuela austríaca de economía sigue una rama de la teoría cuantitativa del dinero debido al legado intelectual de Ludwig von Mises, quien bebía a su vez de las ideas de David Ricardo.

Austríacos cuantitativistas

El principal problema de la teoría cuantitativa del dinero, que podemos observar ha mantenido gran parte de los teóricos monetarios de la escuela austríaca, es que asume que la demanda monetaria es constante. Podemos ver este error en la comprensión del dinero claramente expresado por Murray Rothbard (2009, 766) cuando dice que:

Por lo tanto, una de las leyes económicas más importantes es: Toda oferta de dinero se utiliza siempre al máximo y, por lo tanto, no se puede obtener ninguna utilidad social aumentando la oferta de dinero. (Énfasis en el original)

Murray N. Rothbard

Hoppe se equivoca al pensar que ningún “aumento en la impresión de papelitos” puede hacer a una sociedad más rica. Tendría razón si pensamos que estamos en una situación de equilibrio. Si en una economía la oferta de liquidez iguala la demanda de liquidez, cualquier expansión de la oferta es cierto que no generará riqueza, sino que aumentará los precios proporcionalmente a las unidades monetarias creadas. Pero las economías no se encuentran en situación de equilibrio y, de estarlo, ese estado no sería estático—algo que, irónicamente, explica muy bien la economía austríaca. Por tanto, la creación de sustitutos monetarios nos puede ahorrar tres tipos de costes.

Papelitos que crean riqueza

En primer lugar, si solo tuviésemos unas cantidades contadas de oro, digamos cincuenta monedas de oro para una economía de cuarenta millones de personas, muchos de los intercambios que los individuos querrían llevar a cabo no podrían realizarse. Pues cincuenta monedas no se mueven de una forma lo suficientemente rápida de mano a mano para que esos cuarenta millones de personas puedan hacer todos los intercambios necesarios. Por tanto, poder crear papelitos en esta ocasión generaría riqueza. La gente podría pagar a crédito y llevar a cabo más intercambios que si no pudiese imprimir estos papelitos.

En segundo lugar, y adelantándome a la posible réplica de que también se podría crear riqueza minando más oro sin necesidad de imprimir papelitos, hay que remarcar que esta impresión requiere de menos recursos que la extracción de oro. En una economía con restricciones sobre el ejercicio bancario donde se obligase a la fuerza a los intermediarios financieros a operar con un coeficiente de caja del 100%, el coste anual de minar oro, según los cálculos de Milton Friedman (1960), serían del 2,5% del PIB. Si se estima que esa economía creciese al 3%, el 75% de su crecimiento sería dedicado a la extracción de oro.

Por otro lado, según los cálculos de Lawrence White (1999, 46-48), el coste de la producción de oro en una economía donde además se pudieran imprimir esos papelitos sería del 0,05% del PIB. Unas cuantas veces más barato. Por lo que, otra vez, esa creación de papelitos estaría volviendo a generar riqueza.

Flexibilidad en la creación de crédito

En tercer lugar, tenemos el hecho de que la creación y destrucción de estos papelitos es muy flexible y nos permite cambios en la oferta de liquidez ante movimientos de la demanda. Si la demanda de liquidez de los individuos de una economía aumenta (se reduce), que también aumente (se reduzca) la oferta monetaria es beneficioso, pues suavizará—o hasta evitará—las variaciones en el valor del dinero y así nos protegerá ante posibles inflaciones o deflaciones.

Una contracción de la demanda de liquidez sin su correspondiente disminución de la oferta provocaría inflación. Una expansión de la demanda de liquidez sin un correspondiente aumento de la oferta, deflación. Por esto mismo Antal Fekete dice (2017, 43) que un patrón oro que operase bajo un coeficiente de caja del 100% no era más que “una quimera”. Y es que para aumentar la oferta monetaria tenemos dos opciones: o solo oro u oro y papelitos. Como hemos visto, la primera es mucho más costosa que la segunda.

Incluso si se optase por una opción aún más drástica y se prohibiese además toda extracción de oro para no tener que destinar tanta parte del PIB en esta actividad y hasta si hubiese una cantidad aparentemente suficiente de monedas de oro que pudiesen circular en la economía (más de las cincuenta anteriormente mencionadas), se estaría dejando de crear riqueza si no se creasen papelitos para hacer frente a los aumentos en la demanda de liquidez. Esto se debe a que los cambios en el valor del dinero, tanto los aumentos como los descensos generalizados de precios, son costosos.

La inflación, pero también la deflación

Los austríacos esto lo tienen muy claro con lo que respecta a la inflación, pero parece ser que no tanto cuando se habla de deflación. Un sistema como el que Rothbard y Hoppe proponen es demasiado rígido y al no poder imprimir papelitos, se genera deflación. Si tenemos la ecuación cuantitativa en la cabeza (M*V=P*Q), un aumento en la demanda monetaria—la cual tiende a aumentar con el tiempo, debido a que con el aumento de sus ingresos reales la gente cada vez demanda más liquidez—sin aumentos en M, llevarán consigo disminuciones en P; es decir, deflación. Esta sería una deflación monetaria (por el lado monetario de la ecuación, M*V).

Un ejemplo de esto sería lo que Milton Friedman y Anna Schwartz (1963) llaman la Gran Contracción, los primeros años de la Gran Depresión. Para Friedman y Schwartz fue la mala gestión de la oferta monetaria por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos lo que exacerbó y prolongó la depresión. Según su análisis, la Reserva Federal no solo falló en prevenir la contracción de la oferta monetaria, sino que a través de sus políticas contribuyó activamente a ella.

La deflación real

No obstante, no sólo la deflación monetaria nos debería preocupar. También la deflación real; la causada por aumento de producción. La deflación real sigue siendo un problema pues aun así nos encontramos con diversos costes. Por un lado, los costes de carta. Estos son los costes asociados ya no solo a literalmente cambiar los precios en las cartas de los restaurantes, sino otros gastos como el tiempo dedicado a pensar cómo cambiar los precios, la información contable errónea o los costes de renegociación de contratos.

Por otro lado, la rigidez de los precios y en especial, del salario. Diversos estudios empíricos han demostrado que os individuos calculan en términos nominales (Hoffman 2019, 19-40). La deflación hace que los beneficios de las empresas disminuyan nominalmente, lo que aumenta el riesgo de quiebra si los salarios no disminuyen en consecuencia; los individuos, sin embargo, pueden mostrarse reticentes a negociar recortes salariales (pues calculan en términos nominales), lo que conduce a despidos que no reflejan la situación real de la economía. Y despedir a trabajadores productivos debido a la falta de flexibilidad de los precios genera ineficiencias. En este caso, también, con la creación de papelitos se crearía riqueza. ¿Entonces, tanto la deflación como la inflación tienen costes? Sí, por eso el ideal sería la estabilidad de precios.

Adam Smith

¿Se les pude culpar a Rothbard y a Hoppe de no saber que la creación de papelitos podía generar riqueza? Pues sí, porque esto es algo que ya sabía—y dejó escrito—Adam Smith.

Adam Smith, en su La riqueza de las naciones (1776), al hablar sobre el dinero en el y los sustitutos monetarios Libro II, capítulo 2, dice que:

Cuando el papel moneda reemplaza al oro y la plata, la cantidad de materiales, herramientas y subsistencias que puede suministrar todo el capital circulante puede aumentar por el valor total del oro y la plata que antes se empleaban en su compra. El valor de la gran rueda de la circulación y distribución se añade a los bienes que circulan y son distribuidos a través suyo. La operación se parece en alguna medida a la del empresario de una gran fábrica que, como consecuencia de alguna innovación mecánica, retira su vieja maquinaria y suma la diferencia entre su precio y el de la nueva a su capital circulante, al fondo del que provee a sus trabajadores con materiales y salarios.

Alas de Dédalo

Y que:

El dinero de oro y plata que circula en cualquier país puede muy bien compararse con una carretera, que aunque permite la circulación y el transporte hacia el mercado de todos los pastos y cereales del país, no produce nada de ninguno de ellos. La juiciosa acción de los bancos proporciona, si puedo emplear una metáfora tan violenta, una especie de carretera aérea, y permite que el país convierta una gran parte de sus carreteras en buenos campos de pastos y cereales, con lo que incrementa de forma muy considerable el producto anual de su tierra y su trabajo.

Debe advertirse, sin embargo, que aunque el comercio y la industria del país puedan ser algo mayores, jamás estarán tan seguros cuando viajan, por así decirlo, suspendidos por las alas de Dédalo del papel moneda, como cuando viajan apoyados en el sólido suelo del oro y la plata. Además de los accidentes a los que se hallan expuestos por la torpeza de quienes dirigen los billetes, corren otros muchos riesgos, de los que ni la prudencia ni la destreza de tales directores los pueden librar.

Construcción de carreteras

Es decir, leyendo a Adam Smith—que recomiendo hacer a través de mi artículo—podemos entender mejor cómo a veces la creación de sustitutos monetarios, esos papelitos que Hoppe decía, crean riqueza para la sociedad. Son como unas carreteras aéreas que sirven para transportar bienes. Es decir, estas carreteras son un bien de capital que produce servicios de liquidez y se sostienen sobre los papelitos creados. Al igual que las carreteras convencionales, las terrestres, construirlas puede generar riqueza. Puede conectar dos puntos, facilitando el transporte e iniciando nuevas rutas de intercambio. Con los papelitos igual.

También puede ser que estemos construyendo muchas carreteras. El mercado nos castiga con ello, salvo que operemos bajo restricciones presupuestarias laxas—como los bancos centrales—y estemos en pérdidas constantes refinanciados mediante una socialización de las pérdidas. No va a ser menos al construir demasiadas carreteras aéreas mediante papelitos, existen mecanismos en el mercado como el reflujo de Fullarton para evitar que esto pase.

Adam Smith disfrazado por Rothbard

Los bancos tampoco construirán demasiadas pocas de estas carreteras, porque entonces dejando de obtener los beneficios de ser el que ha creado los papelitos sobre el que las carreteras aéreas se sostienen. Con la disciplina del mercado, veríamos una tendencia hacía la creación de carreteras que más beneficio generase; y, con ello, mayor riqueza.

Estas carreteras no sólo crean riqueza al conectar dos puntos nuevos y permitir más intercambios, sino también al descongestionar las convencionales y estas podrán usarse para fines más deseados, igual que el oro que podrá emplearse como catalizador facilitando la acumulación de capital. Además, en caso de mayor tráfico, estas son más baratas de construir, por lo que no tenemos que dejarnos una gran parte del fruto de nuestra producción en construirlas. Gracias a estas carreteras, las economías pueden intercambiar más y fácilmente y así crecer más.

Igual si Rothbard no hubiera hecho una interpretación tan torticera de Adam Smith, más austríacos se atreverían a leerle y a aprender de él.

Referencias

Fekete, Antal E. 2017. Critique of Austrian Economics in the Spirit of Carl Menger. Aarschot, Belgium: Pintax cvba.

Friedman, Milton. 1960. A Program for Monetary Stability. Nueva York, Estados Unidos: Fordham University Press.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna Jacobson. 1963. A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, Estados Unidos: Princeton University Press.

Hoffman, Michael. 2019. Monetary Kaleidics. Autopublicado.

Rothbard, Murray N. 2009. Man, Economy, and State with Power and Market. 2ª ed. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Smith, Adam. 1776. The Wealth of Nations. Londres, Reino Unido: W. Strahan and T. Cadell.

White, Lawrence. 1999. The Theory of Monetary Institutions. Malden, Estados Unidos: Blackwell Publishers.

Ver también

Teoría cuantitativa del dinero. (Jon Alekoa).

Rallo contra Mises. Una reconstrucción necesaria de la teoría monetaria. (Ignacio Moncada).

La Iglesia Católica y bitcoin

La Iglesia Católica no se ha pronunciado oficialmente ni a favor ni en contra de Bitcoin y otras criptomonedas. El motivo principal es la prudencia que deben tener las jerarquías antes de emitir un juicio moral sobre algo nuevo y desconocido. Pero sí que diversos cargos eclesiásticos y laicos se están pronunciando en contra de Bitcoin y del resto de criptomonedas por considerarlos “elementos especulativos sin ningún valor real que sirven a las grandes empresas en contra de los intereses de clases medias y bajas”.

Esta afirmación puede tener parte de verdad cuando menciona la especulación, pero se equivoca en decir que es mala per se y que perjudica a las clases bajas cuando en la realidad la actividad especulativa ayuda a la asignación eficiente de los recursos. Aunque no es el tema por tratar y, como además, soy escéptico sobre los diferentes criptoactivos, argumentaré por qué en el caso de Bitcoin esta afirmación es radicalmente falsa.

Qué es Bitcoin

Para criticar Bitcoin, hay que entender en qué consiste. Bitcoin es un tipo de dinero digital dentro de una red descentralizada P2P que permite enviar pagos online sin necesidad de que un intermediario valide la transacción. Es una cadena continua de bloques de información basada en un método de consenso bajo proof-of-work. La diferencia entre Bitcoin y cualquier otra criptomoneda es que está descentralizada. Ningún individuo ni organización puede modificarla.

El sistema de la red P2P basado en una proof-of-work consiste en que, cada vez que se emite una transacción, los nodos mineros (también hay nodos no mineros) recogen las transacciones en un bloque cada 10 minutos y deben competir para ser los primeros en actualizar el libro público de contabilidad y ganar el bloque. Para ello, gastan bastante energía para que la CPU resuelva la proof-of-work, que son problemas matemáticos difíciles de resolver, pero con una solución fácil de comprobar.

Transacciones seguras

Una vez se anuncian las transacciones, el resto de los nodos aceptan o rechazan la validez del bloque viendo si se han gastado los bitcoins con anterioridad. Si aceptan, deciden trabajar en ellos para el siguiente bloque. El minero que ha emitido el bloque válido recibe una recompensa en bitcoins, que se perdería en caso de ser una atacante de la red habiendo gastado energía de manera inútil. Por tanto, la mayoría de los nodos tienen inventivo a ser honestos.

Cada usuario tiene un monedero y posee una clave privada, que después genera una dirección pública, a la que poder enviar bitcoins o satoshis (las unidades divisibles de cada bitcoin) y que se puede comprobar mediante una firma. La clave privada es única y es imposible de adivinar mediante la dirección pública. Sólo los individuos o entidades con claves privadas serían propietarios de bitcoins. Es imposible conocer la clave privada de otro usuario. Pero las transacciones entre direcciones son públicas, lo que hace posible saber qué fondos tiene determinado usuario y de quién los ha recibido, aunque eso no implica saber su identidad real.

No atenta contra el Catecismo

Únicamente con explicar el funcionamiento de Bitcoin, se entiende que es un proyecto de moneda digital deflacionaria, puesto que su oferta está limitada y que elimina la necesidad de intermediarios en la red para validar las transacciones. La finalidad de Bitcoin fue, según dio a entender su creador, Satoshi Nakamoto, conseguir un dinero similar al mejor dinero que ha existido, el oro, según autores como Guido Hülsmann. A su vez, Bitcoin pretendía ser un dinero efectivo pero digital, sin necesidad de bancos o cajas de ahorro, siendo simplemente un monedero.

Por tanto, no hay ningún motivo para atacar Bitcoin que pueda estar enlazado al Catecismo de la Iglesia católica y sus enseñanzas sobre la moral. Los argumentos que se dan en contra son que sirve para fines especulativos (como si fuese malo, pero no quiero entrar a ese debate), favorece el crimen organizado y perjudica a la clase media y baja frente a los intereses del gran capital. Todos esos argumentos son falsos, o parcialmente falsos. Además, los críticos se olvidan de que Bitcoin otorga independencia financiera, que es importante para llevar una vida digna, y lleva un dinero seguro a personas perseguidas y oprimidas por gobiernos tiránicos.

Prevalecen los inversores a largo plazo

Es cierto que muchos individuos usan Bitcoin con fines especulativos, pero definitivamente son una minoría. Como las direcciones y transacciones son públicas, se pueden analizar y sacar gráficos estadísticos. Uno de ellos es el de long-term holders (LTH), que según Glassnode en 2023 ocupa un 78% de toda la oferta de Bitcoin. Los long-term holders son aquellos usuarios que no han hecho transacciones en más de 155 días. Por lo tanto, el 78% del Bitcoin está en manos de individuos o empresas que buscan una reserva de valor, una especie de oro digital.

La red Bitcoin es libre y puede entrar cualquiera, por lo que no se puede sacar, de ahí que favorezca únicamente a las grandes corporaciones. Es cierto que las grandes corporaciones o monopolios de la violencia, como EEUU o China, han estado comprando grandes cantidades de Bitcoin. Se estima también que su creador, Satoshi Nakamoto, tiene unos 700.000 bitcoins y hay otros grandes tenedores que puede causar fluctuaciones notables en el precio, pero eso ocurre con cualquier bien. Por eso no se puede sacar de ahí que perjudique a las clases medias y bajas, dado que sería como decir que el oro era un mal dinero porque grandes corporaciones como la Compañía de Indias Orientales o diversos monarcas mercantilistas acumulaban grandes cantidades de oro. No hay relación entre ambas afirmaciones y cualquier individuo con acceso a internet puede comprar Bitcoin.

Bitcoin y crimen

Hay que desestimar el argumento del crimen organizado. Es cierto que en Silk Road usaban Bitcoin, ya que las autoridades civiles desconocían su funcionamiento. Sin entrar en el debate de si las actividades de Silk Road eran ilícitas, usaban Bitcoin como podrían haber usado dólares o euros. Es más, la mayor parte del crimen organizado o, mejor dicho, de las actividades que se pueden dar en el mercado que son ilícitas (estafas, venta de bienes robados, sicarios…) porque dañan derechos de propiedad ajenos se efectúa en dólares. Además, Bitcoin dificulta las actividades criminales porque las direcciones y transacciones son públicas, por lo que, si se relaciona una dirección con una entidad criminal, se puede ver sus movimientos. La única diferencia es que no se puede confiscar si no se dispone de las claves privadas.

La imposibilidad de la confiscación de bitcoins es buena para el correcto desarrollo de la justicia. La confiscación de bienes de manera preventiva es peligrosa y puede llevar a que los gobiernos la usen de manera arbitraria, como hicieron en Canadá con una campaña para recaudar dinero a favor de los camioneros que se oponían a las restricciones Covid. Aquel que ha agredido a terceros debe ser obligado a reparar el daño causado hacia las víctimas, pudiendo ser privado de libertad. Que Bitcoin no sea confiscable no evita que un criminal sea detenido. Simplemente, se evitan las confiscaciones preventivas porque toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Juan Pablo II

No solo Bitcoin puede llegar a ser el dinero estable que pidió Juan Pablo II, sino que puede ayudar en la evangelización y la labor social de la Iglesia Católica. La vocación de la Iglesia católica es universal y, por tanto, miles de misioneros viajan a zonas donde los locales están sometidos bajo el yugo de gobiernos tiránicos, que impiden a los locales prosperar, o islamistas que les ejecutarían de convertirse al cristianismo y rechazar la Sharía. Las donaciones en Bitcoin podrían ser uno de los mejores mecanismos para llevar a cabo estas misiones.

De momento, la evangelización en naciones subdesarrolladas no se está llevando a cabo con Bitcoin, pese a cada vez más locales lo usan para proteger sus ahorros. Pero sí que está empezando a haber ejemplos, como el de las monjas Benedictinas de María, Reina de los Apóstoles, en Kansas. Dirigidas por el capellán Matthew Bartulica, que da misa tradicional en latín y es defensor de Bitcoin, financiaron la construcción de una nueva iglesia mediante donaciones en Bitcoin. No es el único caso, la Archidiócesis Católica Romana de Washington DC empezó a aceptar donaciones de criptomonedas. Finalmente, en 2023, Matthew Pinto organizó la primera conferencia cripto-católica en EEUU. Argumentó por qué los católicos tenían que tener en cuenta las criptomonedas y Bitcoin.

Aunque sigue habiendo muchas voces en contra, esto es el comienzo. Bitcoin puede ayudar a reconstruir la civilización cristiana. Por eso la jerarquía eclesiástica no debe emitir juicios imprudentes sobre la naturaleza de Bitcoin. Debe usarlo frente al dinero fíat, mediante el cual los gobiernos acaban con nuestros ahorros y nuestras libertades. Además, el dinero fíat ha fomentado el cortoplacismo, que tanto daño ha hecho a la moral pública. Y ha fomentado modos de vida no acordes al Evangelio.

Ver también

Bitcoin y la crisis de legitimidad del Estado (I): introducción. (Álvaro D. María).

Bitcoin y la crisis de legitimidad del Estado (I): camino a las micrópolis. (Álvaro D. María).

Liberalismo y bitcoin. (Manuel Polavieja).

La legislación española de armas y su impacto en la defensa propia

Este mes hemos tenido un nuevo caso de condena a un ciudadano por defenderse de un asaltante en su domicilio. Este caso es especialmente interesante porque no se utilizó un arma de fuego para la defensa, sino una simple navaja.

Los hechos ocurrieron en mayo de 2018. Sobre las tres de la madrugada, el propietario de un piso sospechó que podía haber un intruso dentro de su casa, cogió una navaja que tenía en la mesilla de noche y fue a investigar. Se encontró con el asaltante, que le golpeó en la cabeza con una barra metálica, lo que condujo a un enfrentamiento donde el propietario consiguió herir al asaltante varias veces con la navaja, lo que llevó a su incapacitación y, posteriormente, a su muerte por pérdida de sangre.

Argumentación del jurado

Hasta aquí los hechos probados. Ahora vamos a ver cómo argumentó el jurado que a este señor se le condene a dos años y medio de cárcel y a indemnizar a los familiares del delincuente con 70.000 euros:

Así, la resolución explica que es claro que la acción del acusado vino precedida de una agresión ilegítima, como es la entrada en el domicilio en horas nocturnas con intención de robar. Pero, el Jurado, indica que el acusado se había despertado por escuchar ruidos y “se puso en prealerta, cogiendo el machete de la mesita de noche”.

No es, pues, que lo cogiera después de haber sido agredido en la cabeza, sino que “optó por defenderse con un machete guardando silencio para acometer con él al ladrón, sin intentar disuadirle de su acción con avisos o advertencias”. De ahí infiere el Jurado una falta de “proporcionalidad en los métodos utilizados en la defensa de su persona, pues se defendió con un cuchillo y dio varias puñaladas”.

Legislación

En vez de analizar estos argumentos, voy a aprovechar este caso para hacer un análisis más profundo. Lo hago porque creo que en España tenemos una incomprensión severa sobre qué legislación existe sobre la defensa de nuestra vida y de nuestras propiedades, y del (no uso) que podemos hacer de las armas para este fin. Y sólo explicando desde la base se puede llegar a entender cómo es posible que policías, fiscales, jurados populares y tribunales puedan llegar a elaborar argumentos tan alejados del sentido común básico con el que la mayoría de los ciudadanos analizamos estos hechos.

En España existe una legislación que a simple vista parece proteger el derecho de los ciudadanos a defender su vida y sus propiedades. Las principales herramientas legales serían las siguientes.

Constitución y Código Penal

Artículo 15, 17 y 18 de la Constitución:

  • Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o a tratos inhumanos o degradantes.
  • Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad.
  • El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito

Artículo 20 del Código Penal

Están exentos de responsabilidad criminal:

4.º El que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:

Primero. Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquélla o éstas.

Segundo. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

Tercero. Falta de provocación suficiente por parte del defensor.

No se puede poseer un arma en defensa propia

Con esta legislación en la mano una persona podría defender su morada de un allanamiento sin que exista responsabilidad criminal por su parte siempre que lo haga para repeler el asalto y cumpla con racionalidad respecto al medio empleado. Y es precisamente en este pequeño matiz que el legislador ha introducido al final donde todo se da la vuelta y nuestros derechos desaparecen.

¿Qué es un medio racional ante un asalto? ¿Lo que los tribunales fijen con base a las circunstancias del caso y a la jurisprudencia?

Lo cierto es que no funciona así del todo. Los tribunales españoles parten de otra realidad más simple que es ignorada por la mayoría de los ciudadanos: en España no existe el derecho a poseer un arma con fines de defensa propia. Las armas solo se pueden poseer como ornamentación o como herramientas de trabajo o caza. Si las utilizas para defenderte, estás entrando en un terreno gris entre dos legislaciones contradictorias.

La incomprensión del ciudadano común es tan grande sobre este tema que me encuentro muy a menudo con que piensan que esto que acabo de escribir es una exageración propia del liberalismo, y nuestra fobia al Estado. Pero no, no lo dicen los liberales, lo dice la Guardia Civil.

Y la Guardia Civil puede decir esto porque la propia Constitución española le habilita para ello. Concretamente el artículo 149 donde el Estado se apropia de la competencia exclusiva en la tenencia y uso de armas.

Ni portar armas de cualquier tipo

Aquí tenemos que hacer una pausa para entender otra cosa importante, y que si no se deja clara embarra el entendimiento de mucha gente: no estamos hablando sólo de armas de fuego y la posibilidad de portarlas en la calle o tenerlas en casa. Esto no va de tiroteos como en Estados Unidos, ni sobre los AR-15, ni sus cargadores de 30 balas. Todo el debate sobre armas de fuego y la segunda enmienda que aplica a Estados Unidos, y que es tremendamente interesante, no aplica en España. Y no lo hace porque sería como discutir sobre gestación subrogada viviendo en Afganistán.

En nuestro país no existe el derecho a portar armas. Repito, armas, no armas de fuego. No se puede llevar ningún arma en la vía pública que no sea a su vez una herramienta y que puedas justificar que necesitas usar para la actividad que estás realizando en ese momento. Esto no solo aplica a cuchillos o navajas, aplica a cualquier cosa que pueda ser usada de forma lesiva. La lista es amplia, ya que la imaginación del ser humano no tiene límite, así que nuestra legislación delega en los agentes de los cuerpos de seguridad del Estado determinar si el objeto que portas es un arma o no. Lo que lleva a situaciones surrealista como la incautación de navajas suizas o de encendedores eléctricos.

Armas descargadas

En nuestros domicilios las cosas no son mejores. Se puede tener armas en casa, excepto una lista bastante subjetiva de ellas que están prohibidas y otra lista donde se requiere licencia, pero su fin no puede ser defender nuestra vida o propiedad. Legalmente son herramientas o elementos decorativos y el reglamento de armas vela porque, dentro de sus posibilidades, sea así.

¿Cómo lo hace? Sobre las armas de fuego lo he explicado en varios artículos pasados. No puedes tener el arma cargada en casa, y tienes que guardar la munición en un lugar diferente del arma. Esta regla sólo puede tener como fin dificultar la utilización del arma como defensa ante una agresión, ya que no supone ningún inconveniente para utilizarla para otro fin ilícito.

Pero muchas personas no aceptan esto. Para ellos, la seguridad y la prevención de accidentes es lo que mueven a nuestros burócratas en este tipo de normas. Bueno, vamos a ver otro ejemplo para disipar dudas.

Gas comprimido

En el mundo de la defensa propia no solo existen armas de fuego. Hay otro tipo de armas, que la Guardia Civil cataloga de tipo 4, que son de gas comprimido. Estas armas pueden lanzar proyectiles a unas velocidades más bajas que las de fuego, pero pueden ser suficientemente potentes para repeler una agresión al causar traumas o heridas leves. ¿Cuál es su problema? Que necesitan una botella de gas (normalmente CO2) que se lleve pinchada poco tiempo para garantizar que la presión de la misma es suficiente para cumplir su función.

En un arma meramente defensiva prima que esté operativa en cualquier momento y en cuestión de segundos. De otro modo no sirve de nada.

Como existen otros países donde la defensa propia sí está amparada por la ley, existen muchos modelos de armas de gas comprimido de calibres y potencia traumáticas que están preparadas para que la botella de gas entre en funcionamiento de forma rápida. De este modo este tipo de armas se convierten en una herramienta válida para la defensa del hogar (no son válidas en espacios abiertos dado su corto alcance).

¿Funciona? ¡Lo prohibimos!

¿Qué hace la Guardia Civil cada vez que un modelo de este tipo de armas llega a las tiendas autorizadas españolas y se vuelve popular? Sí, lo han adivinado: prohibirlo. Y recalco lo de prohibir, porque lo lógico sería que, si la consideran más peligrosa que las que no tienen este mecanismo, pasarán a una categoría superior (de 4º a 3º, por ejemplo). Pero no, el fin no es controlar su uso a ciudadanos que pasen más controles (licencias), sino directamente prohibir que nadie pueda poseerlas, ya que su fin es la defensa propia, no ser una herramienta de ocio o trabajo.

En cambio, las armas de gas comprimido o resorte mucho más potentes siguen siendo legales para cualquiera mayor de edad, siempre que no tengan un mecanismo que permita usarlas de forma rápida. O, dicho de otra forma, siempre que no se puedan usar como defensa ante una agresión inesperada.

Todo menos la autodefensa del ciudadano

Creo que el ejemplo es suficientemente claro. Podemos escribir muchos más, ya que el mercado de armas de defensa propia es tremendamente extenso, y nuestra Guardia Civil prohíbe sistemáticamente todo, así que voy a dar por aclarado que en España existe la voluntad legal de no permitir que un ciudadano use cualquier arma para defenderse. Por lo que ahora sí se puede entender mucho mejor qué está ocurriendo con la serie de sentencias que están apareciendo, donde son condenados ciudadanos que simplemente repelieron un ataque en su domicilio con el medio más eficaz del que disponían: sus armas.

Pero antes de comentar la condena que hemos visto al principio, vamos a ver otro caso donde los tribunales sí han concedido la exención completa de legítima defensa.

Los hechos ocurrieron en 2005, un hombre estaba maltratando físicamente a su pareja sentimental en su domicilio. Después de una primera agresión, la mujer se puso a cortar verduras con un cuchillo, momentos después el hombre retomó su agresión, lo que llevó a la mujer a apuñalarlo varias veces hiriéndolo de gravedad.

Tenía el arma, pero no para la autodefensa

El tribunal supremo la exonera con estos argumentos:

En el caso actual existe una ilegítima agresión, intensa por su brutalidad y por su persistencia y un evidente riesgo para la agredida. La necesidad de defenderse legítimamente exigía una proporcionalidad que en aquél momento no brindaba otra posibilidad defensiva que la de usar el arma que por otras razones portaba todavía en la mano. No usarlo equivalía a no defenderse frente al agresor, y en términos de posibilidad real, es decir en el ámbito de lo exigible, defenderse eficazmente exigía precisamente el uso de ese arma. Hacerlo con dos cuchilladas que permitieron neutralizar la agresión, no debe considerarse exceso, desproporción, o falta de necesidad racional, sino lo proporcionado, dentro de lo necesario y de lo posible.

Me imagino que todos hemos visto la clave: tenía el cuchillo en la mano por otras razones distintas a su defensa. En ningún momento esta señora incumplió la regla de coger un cuchillo para defenderse, simplemente lo estaba empleando como herramienta y la agresión ilegítima tuvo lugar junto con esta afortunada circunstancia.

La mala suerte de no pelar verduras

En cambio, ¿qué pasó con nuestro desafortunado propietario que repelió un asalto a su casa? No estaba pelando verduras, así que se entiende que cogió su navaja para usarla con el fin natural de cualquier arma: su capacidad de infringir daño a un posible agresor. Y eso es lo que en España te lleva de ser víctima a ser un criminal.

Volvamos a leer el párrafo donde el jurado afea a este señor que cogiera su navaja:

Pero, el Jurado, indica que el acusado se había despertado por escuchar ruidos y “se puso en prealerta, cogiendo el machete de la mesita de noche”. No es, pues, que lo cogiera después de haber sido agredido en la cabeza, sino que “optó por defenderse con un machete guardando silencio para acometer con él al ladrón, sin intentar disuadirle de su acción con avisos o advertencias”

Según nuestros tribunales, una persona no puede coger un arma en su casa simplemente como precaución, tiene que esperar a ser agredido para (si sigues vivo) ir a por ella. Pero es que encima, si tienes la suerte de detectar al asaltante antes de ser agredido, tienes la obligación de no guardar silencio y avisarle de que estás armado. ¿Por qué? Porque al empuñar un arma te has convertido en una amenaza para la sociedad, y el asaltante tiene derecho a ser avisado de tus macabras intenciones.

Asaltos con torturas y violaciones, sin derecho a la defensa

Es tremendamente curioso que el hecho de saltarse la legislación de armas, haciendo uso de una para defenderte, predisponga a un tribunal a pensar que ya no eres una víctima que se acaba de despertar en mitad de la noche con 180 pulsaciones por minuto, sino una especie de justiciero que quiere sorprender a un simple ladrón a sangre fría. En cambio, la persona que entra en una casa habitada de madrugada, no solo no se le presupone intenciones asesinas, sino que se rebaja su condición a la más leve (ladrón), y se da por hecho que con una simple advertencia verbal va a huir. Pero lo cierto es que en España ya no se asaltan casas solo para robar, cada vez es más común torturar y violar a sus moradores.

Y aquí es donde vamos a tener un problema muy grave en pocos años. La legislación de armas española es totalitaria, siempre lo ha sido, pero a nadie le ha importado mucho (menos a los liberales, claro). En un país pacifico, donde solo te arriesgas a que te roben la cartera o que tu casa aparezca desvalijada cuando vuelves de vacaciones, que unos burócratas trabajen incansablemente para impedirte la defensa por medio de las herramientas que mejor cumplen esa función es un problema filosófico. En cambio, si la vida de más gente empieza a estar en riesgo de forma habitual, lo filosófico se convierte en un drama que no va a ser nada fácil de resolver.

Legislaciones totalitarias

Y no lo va a ser porque las legislaciones totalitarias son inmunes a la realidad. De hecho, tienden a agudizarse contra más sean cuestionadas por ella. Una muestra de ello es que la utilización de grandes machetes por parte de bandas latinas ha llevado al incremento de incautaciones de navajas de rescate (las que sirven para cortar el cinturón o romper las ventanillas) y demás navajas totalmente legales que los ciudadanos portaban en las guanteras de sus vehículos privados.

A esto hay que sumar a una población que en su mayoría está totalmente desconectada de la idea de la defensa propia y del uso de las armas. Cuya reacción ante la violencia va a ser pedir más represión estatal, y va a rechazar aceptar la idea de que la primera barrera de contención de una agresión es él mismo y su capacidad de defenderse. Arrastrando así a que los ciudadanos que sí quieran ejercer este derecho sigan sin poder hacerlo.

El totalitarismo en cualquier ámbito siempre lleva al desastre. El de las armas no es una excepción.

Ver también

Las armas no matan. (Manuel Llamas).

El Papa Francisco y el derecho a la autodefensa. (Antonio José Chinchetru).

El derecho a la autodefensa. (Alberto Illán Oviedo).

China da marcha atrás en la planificación demográfica

Por Peter Jacobsen. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

El siglo XX estuvo lleno de intentos de planificar la población de forma centralizada. Científicos como Paul Ehrlich y empresarios como Hugh Moore se pasaron la vida presionando directamente a políticos y ciudadanos para que abordaran el inminente espectro de la “superpoblación”. El lenguaje de los detractores de la población era a menudo dramático y a menudo incluía predicciones de muerte masiva en tan sólo unas décadas. Las predicciones nunca llegaron a cumplirse. La humanidad nunca se quedó sin alimentos -ni sin ningún otro recurso- antes del cambio de siglo.

Pero los agoreros de la población sí tuvieron impacto. Gobiernos como el de Estados Unidos, a través de USAID, y organizaciones como el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades en Materia de Población (FNUAP) dedicaron amplios recursos organizativos a frenar la población mundial. Este impulso se manifestó en el primer Premio de Población de la ONU concedido a líderes de China e India en 1983. En aquel momento, ambos países habían utilizado tácticas coercitivas para frenar el crecimiento demográfico, pero uno de ellos ha quedado grabado en el espíritu de la época como el principal ejemplo de planificación demográfica: China y su infame política del hijo único.

“Nueva cultura del matrimonio y la procreación”

Hace poco más de una semana, el 30 de octubre, el líder del PCCh, Xi Jinping, admitió implícitamente que la política demográfica de China fue un gran error. 2022 fue el primer año en más de seis décadas en el que China registró un descenso de su población. Esto no es sólo un parpadeo. A menos que algo cambie, la población de China disminuirá cada vez más rápidamente en un futuro previsible.

Para combatirlo, dice Xi, “debemos cultivar activamente una nueva cultura del matrimonio y la procreación”. Aunque los líderes del PCCh nunca admitirían que las políticas demográficas del pasado fueron un error, por miedo a admitir un fracaso del difunto dictador Mao Zedong, este cambio de rumbo es lo más parecido a una admisión que se puede conseguir.

La clave de este momento, sin embargo, no es sólo el fracaso de Mao y de la política del hijo único. El fracaso reside en la idea misma de planificar centralmente una población y en todos los planificadores centrales que la promovieron a lo largo del siglo XX. Veamos por qué fracasó.

Humanidad + Creatividad > Tragedia

El llamamiento a la planificación centralizada de la población se deriva en última instancia de un único ejercicio intelectual que dice algo así. Imagina que vives cerca de un estanque que nadie posee. Cada persona que vive en el estanque se da cuenta rápidamente de que cada vez que un vecino pesca, éste recibe todo el beneficio del pez, pero todos los que viven cerca del estanque experimentan la pérdida de tener un pez menos.

Esta situación incentiva a cada persona a pescar más a menudo porque significa que cada persona reclama más peces. Este reconocimiento conduce a un círculo vicioso en el que todos se apresuran a pescar y, al hacerlo, capturan todos los peces del estanque, de modo que éste queda vacío para siempre.

Este escenario se conoce como la tragedia de los comunes. El ecologista Garrett Hardin fue el primero en formalizar esta preocupación y lo hizo en el contexto del llamado problema de población. La teoría de Hardin era que si había recursos comunes, la gente produciría hijos en exceso porque los niños recibirían todo el beneficio de los recursos comunes sin que los padres soportaran el coste.

Las justificaciones de la planificación central de la población varían con el tiempo en función del recurso común. En los años 70, a muchos les preocupaba que los alimentos (que no son realmente un recurso común en ningún sentido formal) fueran consumidos en exceso por una población creciente. Hoy, los académicos escriben artículos sobre el consumo excesivo de nuestro recurso común, el “clima”.

Julian Simon y Elinor Ostrom

Estas justificaciones han resultado ser siempre erróneas. Los economistas Julian Simon y Elinor Ostrom explicaron por qué a lo largo de sus carreras. Simon destacó cómo el crecimiento de la población aumentaba el número de personas creativas que responderían a la escasez de recursos con soluciones ingeniosas. A lo largo de su vida debatió con Hardin sobre este punto (“Is the Era of Limits Running Out?” Public Opinion, 5, febrero/marzo, 1982, pp. 48-57) y ganó una apuesta contra Paul Ehrlich demostrando que los recursos eran cada vez más abundantes.

Ostrom abordó el problema de otra manera. Destacó cómo los grupos de personas a menudo ideaban normas culturales e institucionales inteligentes que protegían los bienes comunes de la sobreexplotación, y ganó el premio Nobel de Economía por ello.

El mensaje general de ambos académicos es el mismo: la gente no está atrapada en la tragedia de los bienes comunes. Son capaces de pensar en soluciones inteligentes que ecologistas como Ehrlich y Hardin eran aparentemente incapaces de concebir. Esta incapacidad para reconocer la creatividad humana como la solución definitiva a los problemas asociados a una mayor población es la primera razón del fracaso de la planificación demográfica centralizada.

Los humanos no son moscas de la fruta

La segunda razón del fracaso de la planificación demográfica central también está relacionada con la importancia de la creatividad humana. A diferencia de los supuestos en los que se basan muchos modelos de crecimiento de la población animal, las personas son capaces de considerar y sopesar los costes y beneficios futuros de tener hijos para sí mismas.

Este problema de los planificadores de la población se viene observando desde hace mucho tiempo. En un artículo de 1932 titulado “Población y cultura”, escrito por Lyman Bryson con comentarios del economista Frank Fetter, Bryson desmonta el “enfoque biológico” por el que se trata a los humanos igual que a los animales. Los defensores de este enfoque argumentan que funcionaría si se ignorara el hecho de que los humanos responden a condiciones cambiantes. Bryson responde,

¿Y no es esa otra forma de afirmar que los datos derivados del laboratorio, de experimentos controlados con moscas de la fruta, tendrían algún significado en las interpretaciones demográficas si no fuera por la obstinada tendencia de los hombres a ser hombres y no moscas de la fruta?

El comentario de Fetter refuerza este punto:

…tenemos el espectáculo del biólogo, mal entrenado en los elementos del pensamiento en el campo social, esforzándose por reducir el complejo problema de la población humana al tamaño y contenido de una botella de gusanos en su laboratorio.

El humano es un animal inteligente

En resumen, los seres humanos no son moscas de la fruta. En general, toman decisiones inteligentes sobre cuestiones importantes como tener hijos. Eso no significa que los humanos no cometamos errores, pero tampoco somos simples siervos de nuestros impulsos. En muchos países en desarrollo, los hijos cumplen una importante función de seguridad social para los padres. Si a esto unimos la preferencia cultural masculina que excluye a muchas mujeres del mercado laboral, resulta fácil ver cómo las familias muy numerosas son una respuesta racional de los pobres en función de su situación.

Los países ricos suelen desvincular la seguridad social de los padres y sus descendientes directos. En su lugar, la generación de más edad en su conjunto se mantiene teóricamente gracias al trabajo de la generación más joven en su conjunto. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta disociación entre padres e hijos implica una disociación de incentivos. Cuando tus hijos te proporcionan directamente la seguridad social, tienes un incentivo para tener hijos. Cuando los hijos de otra persona pueden proporcionarle seguridad social, usted tiene menos incentivos para tenerlos.

La mala decisión de China

Esto no quiere decir que el sistema disociado no pueda funcionar. El país que lo utilice simplemente tiene que ser lo suficientemente rico como para hacer frente a este problema. El problema es que la planificación demográfica central ignoró por completo esta realidad. Al imponer una política artificial de un solo hijo, China redujo en millones el número de habitantes de las generaciones futuras.

Ahora China se enfrenta al problema de una mano de obra relativamente pequeña en comparación con una gran generación de edad avanzada. Si el país hubiera confiado en la toma de decisiones de los individuos, parece probable que la pirámide de población en China sería mucho menos problemática de lo que es.

El orden de muchos planes

El fracaso de la planificación demográfica central en China es un microcosmos de la tendencia de la planificación demográfica central a fracasar siempre. La actitud del planificador central queda bien reflejada en una cita de Mao Zedong, quien dijo,

Hay que planificar la reproducción. En mi opinión, la humanidad es completamente incapaz de autogestionarse. Tiene planes para la producción en fábricas, para producir telas, mesas y sillas, y acero, pero no hay ningún plan para producir seres humanos. Esto es anarquismo: sin gobierno, sin organización y sin reglas.

Irónicamente, esta cita de 1957 se produce sólo 8 años después de que Mao proclamara que el crecimiento de la población sería siempre una bendición para China.

El error fundamental que se comete aquí es la afirmación de que sin planificación central no hay gobierno, organización ni normas. Esto no es cierto. La mayoría de nuestras acciones e interacciones cotidianas se rigen por normas institucionales formales e informales ajenas al Estado. La ausencia de planificación central no es la ausencia de un plan. Más bien es la presencia de millones de planes creados por individuos inteligentes que saben más sobre sus situaciones de lo que jamás podría saber un planificador central.

La preeminencia del plan del dictador

Citando al economista Ludwig von Mises en su libro Socialismo:

Lo que defienden los que se llaman a sí mismos planificadores no es la sustitución de la acción planificada por el dejar hacer. Es la sustitución del plan del propio planificador por los planes de sus semejantes. El planificador es un dictador en potencia que quiere privar a todas las demás personas del poder de planificar y actuar según sus propios planes. Su único objetivo es la preeminencia absoluta y exclusiva de su propio plan.

Tal vez apoyar los planes de muchos sea una especie de anarquismo, pero es cualquier cosa menos caótico.

Contrasta con el caos de la planificación demográfica central. En los últimos 80 años China ha pasado del sentimiento pro-natal al sentimiento anti-natal, a la política anti-natal, al sentimiento pro-natal, y probablemente pronto a la política pro-natal. Con planes así, ¿quién necesita el caos?

La mejor esperanza para la humanidad en la cuestión del crecimiento demográfico es que la gente mire hacia atrás en la historia de las políticas demográficas de China y se dé cuenta de que no ha sido sólo un caso de mala suerte. Más bien, la inestabilidad demográfica es un resultado previsible de lo que ocurre cuando el gobierno se entromete en los planes de los ciudadanos.

Ver también

El sueño urbano de China. (Javier Moreno).

La gran lección económica de China. (María Blanco).

El visionario Milton Friedman y la economía de China. (Rainer Zitelmann).

Cómo las leyes DEI atentan contra la libertad académica

Por Madeleine Armstrong. Este artículo ha sido publicado originalmente por CapX.

Existe una tendencia orwelliana en la izquierda a ocultar medidas antiliberales tras tópicos morales. Las estrategias de Igualdad, Diversidad e Inclusión (DEI), ahora omnipresentes en las empresas e instituciones públicas, son un claro ejemplo. Al amparo de estos objetivos aparentemente benignos, una burocracia en expansión ha socavado la meritocracia y minado la productividad en el Reino Unido.

La Ley de Igualdad de 2010, aprobada bajo un Gobierno laborista, apoya un enfoque muy intervencionista de la diversidad en la mano de obra. No basta con que una institución pública no sea discriminatoria. También debe promover activamente a las personas que comparten una característica protegida en sectores donde su participación es desproporcionadamente baja.

En última instancia, esto requiere una discriminación inversa en las prácticas de contratación. Los solicitantes de un mismo puesto o beca ya no compiten con los mismos criterios, sino con otras personas de la misma categoría en función de su raza, sexo u orientación sexual. Sus posibilidades también dependen de la cuota que haya que cubrir para cumplir los objetivos de la DEI.

Diversidad en todo… menos en el pensamiento

La ironía es que suele haber muy poca diversidad de opiniones entre los grupos de expertos que ahora se nombran habitualmente para asesorar sobre las estrategias de DEI. De hecho, estos expertos tienden a alinearse con los puntos de vista políticos más extremos. Esto es problemático para el UK Research and Innovation (UKRI). Está ahora consumido por una tormenta mediática sobre el extremismo de uno de sus grupos asesores en materia de DEI.

Sólo cinco días después de que Research England nombrara a su nuevo grupo asesor de expertos sobre Igualdad, Diversidad e Inclusión (DEI), el fondo de investigación se vio obligado a suspender el grupo porque sus miembros simpatizaban públicamente con los partidarios de Hamás en el Reino Unido. La Secretaria de Estado de Ciencia, Michelle Donelan, escribió una carta abierta al director del UKRI, que supervisa Research England, para expresar su indignación por las “opiniones extremistas” publicadas en Twitter (X) por sus asesores en materia de DEI.

Según la carta de Donelan, el presidente del grupo asesor de DEI “amplificó” una declaración en Twitter (X) que sugería que los ataques de Hamás eran una respuesta al “genocidio y apartheid” de Israel. Mientras, otro miembro calificó de “inquietantes” los planes del Gobierno de tomar medidas enérgicas contra el apoyo a Hamás en el Reino Unido. La directora del UKRI, la profesora Dame Ottoline Leyser, pidió inmediatamente a Research England que suspendiera al grupo a la espera de nuevas investigaciones.

Expertos en distinguir personas en función de la raza

El objetivo del grupo consultivo sobre DEI de Research England, junto con otros grupos consultivos similares de expertos de los consejos de investigación científica y artística, es actuar como “amigo crítico”, abogando por la DEI en el sector de la enseñanza superior en Inglaterra y garantizando que las actividades de Research England apoyen una “cartera equilibrada”.

Sin embargo, existe un claro desequilibrio en la propia composición de estos grupos asesores en materia de DEI. La mayoría de los asesores son esencialmente consultores profesionales de DEI cuyas investigaciones y/o carreras se han centrado en cuestiones de raza e identidad de género en el empleo. Y lo que es más importante, suelen compartir opiniones radicales. Por ejemplo, tanto el presidente como el vicepresidente del grupo consultivo Research England han dirigido proyectos para “descolonizar la enseñanza superior“.

Incidencia en el trabajo académico

La decisión de Leyser de suspender el grupo ha sido recibida con indignación por University College Union (UCU), el sindicato de académicos e investigadores del Reino Unido, que argumenta que se trata de una “capitulación” ante un ataque a la libertad académica. En represalia, el sindicato ha pedido a sus miembros que renuncien a todos los puestos en los consejos consultivos relacionados con UKRI.

Atendiendo al llamamiento de la UCU, muchos académicos han dimitido públicamente de los Peer Review Colleges. El trabajo que se les asigna tiene que ser reasignado, lo que inevitablemente causa graves retrasos en las publicaciones de investigación. Retrasos que serán especialmente perjudiciales para los académicos al principio de sus carreras, que necesitan publicar para conseguir empleo.

Una sanguijuela en el presupuesto nacional

El EDI se ha convertido en una importante sangría de tiempo y recursos para los investigadores del Reino Unido, sobre todo porque ha desviado mucha atención hacia las controversias políticas en detrimento de la propia investigación. Como escribió Karl Williams para CapX, el UKRI, que es la organización que agrupa a los consejos de investigación del Reino Unido, es la responsable de alrededor del 80% del gasto público en investigación en el Reino Unido. Unos 8.000 millones de libras, financiados por los contribuyentes. Gran parte de estos recursos se desvían hacia largos informes sobre estrategia y recogida de datos en materia de DEI.

No hay datos sistemáticos en ninguno de estos informes sobre el número de empleados implicados en la estrategia de DEI o cuánto cuesta. Pero, a título comparativo, el salario de un Gestor de Cartera de Investigación para el DEI equivale aproximadamente a lo que costaría financiar un doctorado en Oncología en la Universidad de Cambridge. También son indicativas las becas DEI Engagement Fellowships que ofrece el Arts and Humanities Research Council. Se ha destinado casi un millón de libras a estas becas, concedidas para investigar temas como “la relación olvidada entre la ciudad de Bath y la cultura etíope”.

Lo que se dice y lo que no se dice

En protesta por la decisión de suspender el consejo asesor de Research England en materia de DEI, muchos investigadores han señalado estudios que muestran una correlación entre las políticas de DEI y la productividad. Un informe de Deloitte, citado con frecuencia, sugiere que el “rendimiento percibido del equipo” aumentó un 17% en correspondencia con un “aumento de los sentimientos de inclusión”.

Estas pequeñas mejoras -que, en cualquier caso, pueden lograrse sin intervención burocrática- se verían sin duda superadas por el tiempo y los recursos asignados a las estrategias de DEI. Y, por supuesto, por el número de investigadores que dimiten a causa de las controversias suscitadas por grupos consultivos sobre DEI políticamente divisivos.

Fomentar la diversidad desde la base

Las estrategias DEI tienden a ocuparse de cómo se ven las cosas desde arriba, en lugar de fomentar la diversidad desde la base. La diversidad en la investigación y la innovación británicas se vería favorecida por la inversión en educación. Un reciente informe del Ministerio de Educación subraya la necesidad de aumentar la financiación de las asignaturas STEM en las escuelas de todo el Reino Unido y de conceder más becas y ayudas, sobre todo a los estudiantes con discapacidades o de zonas desfavorecidas.

El consejo asesor de Research England EDI ilustra claramente el problema que plantea un planteamiento descendente de la diversidad. La financiación de la investigación y la innovación en el Reino Unido se ha vinculado a los “expertos” de DEI, que coinciden ampliamente en cuestiones políticas controvertidas, y que pretenden imponer la diversidad en sus propios términos. La diversidad debe protegerse, no imponerse; de lo contrario, una forma de discriminación será simplemente sustituida por otra, socavando el objetivo de una verdadera meritocracia que promoviera el talento con independencia de la identidad.

Ver también

Fabricar mitos y demonizar la disidencia. (Mark Pulliam).

La filosofía subyacente a la DEI. (Allen Porter).

La destrucción de las telecos europeas comienza en España

El mercado español de telecomunicaciones lleva unos meses bastante revuelto. Las telecos han dado titulares a la prensa un día sí y otro también. Una revisión rápida de los mismos comenzaría con la fusión Orange – MásMóvil, que lleva algún tiempo en los despachos de la Comisión Europea esperando a que ésta dé su beneplácito y, más importante aún, las condiciones en que lo da.

Cambios en Telefónica y Vodafone

Por su parte, Telefónica se vio sacudida en septiembre por la irrupción de un inversor procedente de Arabia Saudi, el operador STC, que había adquirido una participación del 4,9% en el accionariado del operador, y otro 5% mediante derivados a la espera de la autorización del gobierno español. La primera de las participaciones, per se, le colocaba ya como primer accionista de Telefónica.

El gobierno español aún no se ha manifestado formalmente. En cambio, sí ha anunciado que trataría de montar un plan liderado por la SEPI para hacerse con un 5% de Telefónica, lo que supondría el inicio de la nacionalización de una empresa que siempre fue de titularidad privada, y eso en pleno siglo XXI y con la Comisión Europea vigilando que no se distorsione la competencia en los mercados.

Por su parte, el BBVA, uno de los principales accionistas de Telefónica, ha afirmado que, no solo no quiere ampliar su participación en el operador, sino que dicha inversión ha dejado de ser estratégica y que la participación que ostenta está en venta. A ello se unen recientes informes de algunos bancos de inversión revisando a la baja su valoración de Telefónica.

Otra de las grandes telecos en España, Vodafone, acaba de ser vendido por su matriz al fondo de inversión Zegona, buen conocedor del mercado español. El precio acordado ha sido de 5.000 Millones de Euros, que todos los medios comparan con los 7.500 que pagó en 2015 Vodafone por Ono, y con los 25.000 que en su momento le costó a Vodafone comprar Airtel. Las cifras son muy contundentes y reveladoras de la destrucción de valor que han sufrido los accionistas del grupo inglés.

Un mercado muy competitivo

¿Es casualidad que todo esto esté ocurriendo precisamente en las telecos presentes en España? En absoluto. En realidad, lo que pasa es que el mercado español es el líder en competitividad de la Unión Europea, lo que suena muy bien, pero es terrible para un mercado cuando dicha competencia se basa en privilegios regulatorios en lugar de en la satisfacción de las necesidades de los usuarios.

Las razones de dicho liderazgo son complejas, como todo fenómeno histórico. Pero se pueden radicar en los años en que la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT) estuvo paralizada ante la refundación del regulador llevada a cabo por el Gobierno en los años 2012-2015. Dicha parálisis dejó un hueco de libertad por el que se coló Telefónica: empezó a ofrecer productos con anchos de banda superiores a 30 Mbps, para los que, al no haber regulación, no tenía obligación de facilitar a sus competidores que los replicaran usando la propia red de Telefónica.

Ese “hueco” estimuló las inversiones de Telefónica en fibra óptica, y tuvo un efecto arrastre en sus principales competidores del moment. Las telecos se vieron obligados a acometer despliegues similares si querían mantener su posición competitiva. El fenómeno ha llevado a España a una situación única en el mundo, tanto por penetración de la tecnología (en pocos países del mundo llega la fibra a tantos hogares como en España) como en competencia (en ningún país del mundo se superponen tres redes NGN de distintos operadores en competencia)[1].

Diseño burocrático de la competencia

Sin embargo, nada de esto evitó que el regulador volviera a la carga contra las telecos, una vez despejadas las dudas institucionales. De nuevo, agentes que no habían hecho inversiones en la red necesaria para prestar servicios, pudieron beneficiarse de privilegios para entrar al mercado y competir con los que sí lo habían hecho, usando las redes de estos. Pero, insisto, dando lugar a una competencia artificial basada en ventajas regulatorias y no en una mejor satisfacción de los clientes (ya que se limita a replicar los productos que ofrece el operador inversor a un precio más bajo, solo rentable por las obligaciones regulatorias), o sea, una competencia insostenible y destructiva.

Esta competencia insostenible entre telecos termina necesariamente con la salida de operadores del mercado, típicamente mediante su adquisición por parte de alguno de los que se queda[2]. Es precisamente en este punto en el que se encuentran MásMóvil y Orange. Pero, claro, de acuerdo a la normativa europea, estas operaciones tienen que ser autorizadas por la Comisión Europea, la inefable DG Competencia, para asegurar que no perjudican a los clientes europeos. Pues bien, la citada DGCOMP decidió hace tiempo que tiene que haber cuatro operadores en un mercado como el español, sin que no se sepa muy bien cual es la base científica de tal umbral.

¿Cómo asegura la CE que tal número se va a mantener? Lo que hace es decirles a los operadores que se quieren juntar que solo les dejará si dan condiciones privilegiadas de acceso a su red a un nuevo entrante o agente ya existente menor. Y vuelta la burra al carro: se introduce un competidor artificial en el mercado, y se mantienen los problemas de sostenibilidad, creando otro ciclo de destrucción de valor, y así hasta el vacío.

Intervención e inseguridad

En muchos países europeos se va haciendo acuciante esta necesidad de consolidarse por algunos de sus operadores, pero todos tienen muchas dudas sobre si la Comisión Europea autorizaría las operaciones y, sobre todo, en qué condiciones. Como montar fusiones entre empresas grandes para que luego las torpedeen no es precisamente barato, nadie quería tirar esa primera piedra. Nadie quiere probar las aguas para ver si la DGCOMP había cambiado su posición a la vista del desastre en el valor del sector. Que al final fueran MásMóvil y Orange las que se tiraran a la piscina se explica, precisamente, por el mayor grado competitivo en el mercado español, que debía hacerles imposible mayor espera.

Y pasaron los meses con todo el sector en vilo: ¿autorizaría la CE la concentración sin condiciones, o volvería a imponer la creación de un competidor artificial? Lo primero quizá posibilitaría la reconstrucción del valor del sector y la vuelta de los inversores al mismo; pero, lo segundo, quizá supusiera un mazazo al sector ya sin posibilidad de marcha atrás. Aún no sabemos qué hará la DGCOMP, pero los rumores y las noticias desde hace unas semanas no invitan para nada al optimismo, salvo para el operador rumano DIGI que podría resultar el ganador en la tómbola de los privilegios regulatorios.

La situación de Telefónica

Así las cosas, Vodafone, quien sufre la regulación europea en más países que España, ha debido de dar la cosa por muerta, y ha liquidado su inversión en España a precio de saldo. Si va a entrar otro operador artificial en un entorno tan competitivo como el español, podrían perder aún más dinero. El entrante Zegona lo hace en condiciones mucho mejores de la que lo hizo Vodafone en su momento, ya que las pérdidas se las han comido los accionistas de Vodafone, y el nuevo Vodafone España podrá bajar sus precios y ser rentable. No es lo mismo recuperar una inversión de 30.000 Millones de Euros que de 5.000.

Respecto a Telefónica, la cosa es mucho más complicada. Dejando de lado posibles motivaciones políticas, la entrada de STC en septiembre podría interpretarse en clave especulativa: comprar a un precio relativamente bajo un operador que se podía revalorizar considerablemente si la DGCOMP autorizaba MásMóvil-Orange sin crear otro competidor. Con la información que se maneja ahora, ya no estaría tan claro que la decisión hubiera sido acertada en esta clave, lo que es coherente con la decisión descrita más arriba del BBVA y los análisis a la baja de los bancos de inversión.

En todo caso, lo que es indiscutible es que Telefónica, que llegó a valer 100.000 millones de Euros, a los 20.000 millones que cotiza en la actualidad podría ser un bocado apetecible. Y ahí tenemos otra manifestación de la brutal destrucción de valor del sector, destrucción que es aún más llamativa si tenemos en cuenta que se ha producido mientras todo el mundo se compraba teléfonos móviles y se conectaba a Internet.

Comprender el mercado desde la teoría económica

No olvidemos el valor que cobraron las telecomunicaciones en todo el mundo cuando los gobiernos decidieron confinarnos en nuestras casas en respuesta al COVID. Pues con toda esa evidente creación de valor para la gente, con poco parangón en la historia, resulta que las telecos están tiradas de precio.

Y, ya que hemos hablado de gobiernos, un apunte económico sobre los planes del español para la nacionalización parcial vía la SEPI. A cualquier conocedor de la teoría de control de precios de Ludwig von Mises le resultará poco sorprendente el movimiento, toda vez que dicha teoría nos explica que cualquier regulación efectiva de precios (y en el mercado de telecos hay unas cuantas) termina necesariamente en planificación central, si el Gobierno quiere que funcione[3]. La podríamos resumir de la siguiente manera: la única forma que tiene un Gobierno de que el mercado haga lo que él quiera es asumiendo la producción en el mismo. Claro, que entonces el mercado hará lo que quiere el Gobierno y no los individuos, y su sostenibilidad dependerá de impuestos y voluntades políticas. Nada que no sepamos ya sobre el maravilloso funcionamiento de los servicios públicos.

Como se observa, nada de lo sucedido era tan inesperado como pueda parecer a los desconocedores de la teoría económica, aunque sea imprevisible la forma en qué ocurriría. La política europea de telecomunicaciones consiste en repartir la tarta entre los consumidores sin preocuparse mucho de quién la hace. Y parece que la tarta se está acabando ya en España, y posiblemente tampoco quedé mucho más en otros países europeos. Cuando nos quedemos sin tarta, ¿seguirá presumiendo la Comisión Europea de que vela por los intereses de nuestros conciudadanos?


Notas

[1] El lector interesado en esta evolución de las telecos en España. podrá ahondar más en esta tesis aquí: https://www.aei.org/technology-and-innovation/telecommunications/miracle-ftth-deployment-spain/

[2] Esto lo explico con más detalle aquí: The Indivisibility of Telecommunications Networks: A Possible Explanation for Past and Present Trends in Telco Mergers. Competition Policy Internationa, Noviembre 2022.

[3] Ver: Herrera-González, F. & Castejon, L. (2009). The endless need for regulation in telecommunication: An explanation. Telecommunications Policy. 33. 664-675.

Ver también

Las telecomunicaciones frente al coronavirus. (Fernando Herrera).

La ‘totalización’ de internet en Europa. (Fernando Herrera).

Socialismo: el temor acallado de Karl Polanyi

En el artículo anterior sobre Karl Polanyi, hemos demostrado que el autor de La gran transformación (1944) opinaba que las medidas del New Deal y del One Nation sirvieron adaptarse a la gran transformación (p.358), pero el fascismo y socialismo engendraron una especie de gran transformación de carácter claramente social, trascendiendo la esfera económica (p.375). De hecho, para Polanyi el socialismo representa la transformación completa. El estado final ideal es el socialismo con la propiedad comunitaria de los medios de producción y con la planificación estatal.  

Polanyi creía que es posible construir un Estado socialista planificador capaz de garantizar tanto la planificación como la libertad individual por medios democráticos. Para el, el socialismo fue „ante todo la tendencia inherente a una civilización industrial para transcender el mercado autorregulador subordinándolo conscientemente a una sociedad democrática” (p. 367).

Sin argumentos frente a Ludwig von Mises

Polanyi creía en el socialismo a pesar de que conocía muy bien los contraargumentos de Mises (1920), y de que en el debate sobre calculo con Mises sentía que no tenía argumentos suficientemente solidos para defender el proyecto socialista (Dale 2010, pp.81-2). También tenía amplia información sobre el terror del Stalin. Se sabe que Karl Polanyi y su hermano Michael discutían mucho entre ellos sobre el terror del régimen estalinista, sobre todo porque uno de sus familiares también estaba siendo objeto de persecución. Michael sentía una profunda indignación porque Karl defendía el sistema de justicia soviético en sus debates (Dale 2016, 90-91).

Los argumentos de Mises y los crímenes inhumanos del régimen estalinista no fueron suficientes para sacudir sus sueños socialistas ni para hacer que se opusiera abiertamente al régimen. Polanyi declaraba que “Rusia … apareció́ entonces como el representante privilegiado de un nuevo sistema que podía reemplazar a la economía de mercado.” (p.385) y el socialismo ruso era “una inspiración para los trabajadores de Occidente”.[1] Incluso escribió una frase condenatoria sobre los saboteadores antisoviéticos de Ucrania, calificándolos ellos como pseudo-revolucionarios fascistas (p. 373).

La quimera de la libertad en una economía planificada

Sin embargo, el texto de La gran transformación es el testigo de un temor acallado. Polanyi ha apuntado que las circunstancias especiales de Rusia hacían única la práctica del socialismo ruso (p.368). Esta afirmación es un velado distanciamiento del socialismo existente. Unas páginas más tarde, adopta un lenguaje más fuerte y señala que el socialismo es dictatorial en Rusia y que, aunque la Unión Soviética había implementado “la planificación, la reglamentación y el dirigismo, no ha puesto en práctica todavía las libertades prometidas en su Constitución y, según opinan los críticos, no lo hará́ posiblemente nunca.” (p. 400). A pesar de su cautela, finalmente, Polanyi dio su aprobación afirmando que oponerse a las reglamentaciones significa oponerse a la reforma (ibid. 1944, p. 400).

Polanyi, si hubiera sido honesto y fiel a su propio modelo teórico, habría tenido que poner a la Unión Soviética en la categoría del fascismo. Ya que, según él, el fascismo y el socialismo no están separados por cuestiones de gobernanza económica sino por la relación con la libertad (p. 403). Pero el régimen estalinista le afectó más profundamente de lo que expresó en su libro. El cambio velado en el marco interpretativo del capítulo final de La gran transformación sedebe probablemente a este temor acallado.

Reconoce el conflicto entre Estado y sociedad

Temiendo las consecuencias del ilimitado poder tiránico del Estado planificador centralizado, la principal preocupación de Polanyi pasa a ser cómo asegurar la libertad individual frente al poder preponderante del Estado. La misma preocupación que era la preocupación de los pensadores liberales clásicos en los siglos XVIII y XIX cuando enfrentaron con el absolutismo real. Ellos eran el blanco de las críticas de Polanyi hasta ese momento. Los más importantes cambios de pensamiento del Polanyi son los siguientes.

La característica más importante de la sociedad postcapitalista, analizada en el último capítulo del libro es que será una sociedad compleja, igual que el difamado capitalismo liberal. Así pues, el socialismo no restaura el orden social no complejo; la totalidad natural de la sociedad y la economía que había utilizado como punto de referencia en su crítica del capitalismo liberal del siglo XIX. Esto implica que el poder del Estado es, en cierto modo, diferente al de la sociedad, y que, en consecuencia, pueden producirse tensiones entre el Estado y la sociedad. Estas características no las había contemplado Polanyi en los capítulos en los que analizaba el papel del Estado hasta este momento.

Cuando despertó, el Estado seguía ahí

En segundo lugar, Polanyi replantea el papel del Estado intervencionista. Antes del último capítulo, imaginaba el Estado proteccionista como una institución beneficiosa. Protegía a las personas de los mercados y mantenía la estabilidad. No se planteó el papel coercitivo del Estado, lo que no es sorprendente dado que infravaloró el papel de la explotación y la servidumbre en las sociedades precapitalistas.

Polanyi había descrito el crecimiento del poder del Estado intervencionista como un fenómeno claramente positivo en la segunda mitad del siglo XIX, mientras que culpaba a los mercados de todos los males de la sociedad. Esta percepción benévola del Estado apuntaló su búsqueda de un papel aún mayor para la planificación estatal. El punto final de su gran arco de progreso es la reinstalación del papel regulador integral del Estado.

Inesperadamente, sin embargo, el problema de la coerción aparece en el pensamiento de Polanyi justo cuando llega a su modelo ideal de Estado dominante socialista. El fenómeno de la coerción era un elemento que faltaba por completo en su gran narrativa esbozada en los primeros capítulos del libro. Esta vez, sin embargo, conociendo los horrores del estado planificador socialista estalinista, Polanyi no pudo evitar cuestionar que un estado omnipotente[2] puede ser enemigo de la libertad.

Una reconsideración del individualismo

En relación con su nueva preocupación por el Estado represivo, la principal preocupación de Polanyi pasa a ser la preservación y salvaguarda de las garantías de la libertad individual. Hasta el último capítulo, la principal acusación de Polanyi contra el capitalismo liberal era que destruye el arraigo de los seres humanos, y termina la vida y estabilidad comunitaria. La importancia de la libertad individual no se menciona en absoluto en el libro hasta el último capítulo. Por el contrario, el individualismo aparecía como una consecuencia negativa del capitalismo liberal. La posición de Polanyi era que la autonomía individual es incompatible con el bien mayor de una comunidad cohesionada y que la ganancia individual solo beneficia a los egoístas que viven una vida cómoda.

En el último capítulo, Polanyi no sólo evoca la importancia de la libertad individual y la teme frente a las injusticias del Estado coercitivo, sino que reconsidera el origen del individualismo y libertad individual. Polanyi revela que el nacimiento del individualismo, la unicidad del individuo está relacionado con las enseñanzas de Jesucristo y que el individualismo es la mayor y más importante herencia histórica del cristianismo (p. 404). También afirma que el individualismo avanzó con el Renacimiento y el protestantismo, antes del nacimiento del capitalismo liberal (p. 397).

La nueva posición del Polanyi es que el auge del individualismo y el debilitamiento de la vida comunitaria es una característica profundamente arraigada de la civilización europea, cuyas raíces se remontan a mucho antes de la era del auge de los mercados desenfrenados. En su nueva interpretación, admite incluso que el capitalismo liberal amplió positivamente la libertad individual (p. 397), una postura completamente nueva en comparación con capítulos anteriores, en los que solo pintaba una imagen negativa del capitalismo liberal y el individualismo. Claramente, esta nueva apreciación del individualismo está socavando su anterior imagen exclusivamente negativa del capitalismo liberal que culpaba únicamente a los mercados desenfrenados de la destrucción de la vida comunitaria.

Por último, declara que la sociedad socialista será también una sociedad industrial, y que es imposible volver al pasado. Lo es, aunque la humanidad aún no se haya acostumbrado del todo al mundo de las máquinas (p.391). En otras palabras, no es posible volver al mundo de una economía comunitaria autosuficiente e igualitaria. Esta había sido la vara de medir de Polanyi para criticar el capitalismo del siglo XIX hasta ese punto del libro. Ya no juega con la idea de que la extensa red de trueque sin contabilidad de los habitantes de las islas Trobriand pudiera ser siquiera un sustituto de la planificación estatal. Pero se le ocurre que sería un rival de la contabilidad del sistema de mercado más avanzado (p. 94).

Recuento de contradicciones

Con estas reinterpretaciones, Polanyi trastoca sus posiciones anteriores sobre la relación entre el Estado, las comunidades, los seres humanos y su libertad. Se encuentra en una posición nueva y radicalmente distinta de la que parecía profesar cuando esbozó su gran narrativa. Su nueva posición parte de las siguientes premisas:

  1. La vida comunitaria de las comunidades preindustriales de cazadores-recolectores son un pasado lejano, y las sociedades jerárquicas y la industrialización permanecerán con la humanidad, incluso en el socialismo.
  2. La libertad individual es un gran logro cuyo alcance fue ampliado positivamente por el capitalismo liberal.
  3. Por último, el poder omnipotente del Estado intervencionista es un peligro potencial para la libertad individual.

Polanyi también replanteó su concepto sobre el papel de los mercados y su relación con la libertad humana en comparación con los capítulos anteriores. ¡Y adoptó el modelo de mercado de Menger y Mises como garantía de la libertad! La importancia de este inesperado cambio en la posición de Polanyi vamos a analizar en la próxima entrega de esta serie.

Bibliografía

Dale, G. (2010) Karl Polanyi: the limits of the market. Cambridge: Malden, MA: Polity Press

Dale, G. (2016) Reconstructing Karl Polanyi: excavation and critique. London: Pluto Press.

Mises, L. (1920) Economic Calculation in The Socialist Commonwealth. 1990th edn. Auburn (Alabama): Ludwig von Mises Institute

Mises, L. (1944) Omnipotent Government. 2010th edn. Yale University Press.

Polanyi, K. (1944) La Gran Transformación Critica del liberalismo económico. 2007th edn. www.quipueditorial.com.ar: Quipu editorial.

Polanyi, K. (1944E) The Great Transformation. 2010th edn. Boston: Beacon Press.


[1] La traducción española del libro usa la palabra „una potencial mundial” (p. 368) en lugar de “inspiración”, la palabra que usaba Polanyi en la original versión Ingles (1944E, p. 243.)

[2] El adjetivo “omnipotente” fue tomado de Mises (1944) y no fue utilizado por Polanyi. 

Ver también

Karl Polanyi entre los posliberales. (James Rogers).

Serie sobre Karl Polanyi

¿Cuáles han sido las grandes transformaciones de la humanidad?

Cómo considerar el trabajo una categoría ficticia: Carl Menger sobre Karl Polanyi

El lenguaje económico (XXXIII): lo social (I)

Muy probablemente, de todos los términos analizados hasta la fecha, el más pervertido sea «social». Actualmente, todo concepto —ayuda, bono, cohesión, comedor, demanda, derecho, diálogo, doctrina (Iglesia católica), economía, escudo, estado, función, gasto, institución, justicia, política, paz, presupuesto, responsabilidad corporativa, salario, seguridad, utilidad, vivienda, etc.— acuñado «social» adquiere automáticamente un estatus político y ético incuestionable. Hoy criticaremos el adjetivo más confuso del último siglo (Hayek, 2015: 188):

Aun cuando sea tan equívoco el sustantivo «sociedad», mucho más lo es el adjetivo «social», que probablemente se ha convertido en la principal fuente de confusión de nuestro vocabulario moral y político. La extensión de tal proceso ha tenido lugar a lo largo de los últimos cien años, periodo durante el cual, a partir de la Alemania de Bismarck, su poderosa influencia ha alcanzado a todas las regiones del orbe.

Los grupos de interés

Según el diccionario de la R.A.E., «social» es aquello «perteneciente o relativo a la sociedad» o a una «compañía» (sociedad mercantil). Este adjetivo puede emplearse de forma meramente descriptiva, es decir, cuando su significado es neutro y no infiere una connotación moral; por ejemplo: capital social, ciencia social, club social, domicilio social, graduado social, realidad social, red social, trabajador social, etc. En el segundo caso, el adjetivo confiere al sustantivo que le precede un halo de bondad y justicia.

Numerosas demandas ilegítimas son calificadas «sociales» para que sean respaldadas por la opinión pública y, pari passu, por las autoridades políticas. De ahí su empleo extensivo para legitimar cualquier pretensión por parte de grupos organizados. Lo «social», con frecuencia, se asocia a personas con bajos ingresos o con necesidades básicas no cubiertas; por ejemplo: comedor social, guardería social, salario social, etc. Otras veces, el adjetivo se añade a sustantivos —ayuda, rescate, responsabilidad, valor— que connotan positividad de tal forma que el tándem resulta irresistible.

“Debería tacharse de antisocial”

¿Puede haber alguien en contra de la «cohesión social»? La Universidad de Málaga concede «Becas de Comedor de Cohesión Social» y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria tiene un «Área de Gobierno de Cohesión Social e Igualdad». En definitiva, para que una idea, proyecto o medida tenga una acogida favorable, deberemos afirmar que es «social» y que su implantación mejorará la sociedad.

Por desgracia, detrás de lo «social», se esconden pretensiones espurias de minorías organizadas o “rent seekers”[1] que buscan apropiarse de fondos públicos o que se promulgue una legislación ad hoc que favorezca sus intereses. Decía Hayek (2015: 193): “Lo ‘social’ debería más bien tacharse de antisocial”. Si la sociedad es el conjunto de “todos” los individuos, lo único genuinamente social es aquello que siendo bueno para algunos no perjudica a nadie. Robar a unos para entregárselo a otros —da igual quien lo haga— es antisocial porque destruye los principios de libertad y propiedad privada que caracterizan un orden justo.

Ayuda social

El fin no justifica los medios. Una ayuda solo es lícita en ausencia de violencia. La ayuda genuina se realiza voluntariamente y con medios propios: servicios, productos, fondos, etc. Solo las organizaciones —religiosas, filantrópicas, mutualidades, fundaciones— que utilizan fondos privados y los particulares que hacen donativos son benefactores sociales genuinos. Tanto el donante como el receptor han mejorado su situación (utilidad psicológica y material, respectivamente) y ningún tercero ha sido perjudicado. Solo aquí podemos afirmar que la «sociedad» ha mejorado.

Así mismo, toda actividad económica (que no implique robo o fraude) es social porque beneficia a quienes intercambian sin perjudicar a nadie. En cambio, las ayudas otorgadas por el gobierno son antisociales porque benefician a unos a expensas de otros. Por ejemplo, una beca privada es social y otra pública es antisocial. Lo que llamamos «dinero público» es en realidad «dinero confiscado al público».

El dinero público nunca es de «todos». Antes de ser confiscado, pertenecía a específicos individuos, después pasa a manos del Estado y finalmente termina en los bolsillos de los receptores de la «ayuda». «Estado social» es un oxímoron porque su actuación origina dos clases socialmente antagónicas: los consumidores y los proveedores netos de impuestos (Calhoun, 1953).

Demanda y utilidad sociales

Eminentes economistas afirman que el Estado asume «proyectos socialmente útiles, como la exploración espacial o la investigación científica» (Samuelson y Nordhaus, 2006: 34). La «utilidad social» es una falacia colectivista que sirve principalmente a los fines del intervencionismo. En primer lugar, la utilidad es un fenómeno psicológico y subjetivo que no admite manejos aritméticos. Hayek (2014: 277) critica que los servicios tengan valor para la sociedad:

Aunque los economistas emplean a veces alegremente el concepto de «valor para la sociedad», se trata de un concepto que no existe en absoluto, y la expresión implica el mismo tipo de antropomorfismo o personificación de la sociedad que hallamos en la expresión «justicia social». Los servicios sólo pueden tener valor para unas personas en particular (o una organización), y todo servicio específico tendrá valores muy distintos para los diversos miembros de la misma sociedad.

¿Y cómo saber lo que demanda cada miembro de la sociedad? El mercado nos lo dice, a través del sistema de precios (no interferidos), que indica al empresario la cantidad y calidad de bienes que debe producir. La fidedigna «demanda» social es la expresada libremente por los individuos en un mercado libre. Según Mises (2011: 233): «La relación de intercambio es la relación social por excelencia». Si los consumidores, en su caso, no están dispuestos a financiar la exploración espacial porque tienen otras prioridades, el gobierno debería abstenerse de alterar violentamente sus preferencias. En un artículo anterior ya tratamos la falacia de la «inversión» pública.

Bibliografía

Hayek, F. (2014). Derecho, legislación y libertad. Madrid: Unión Editorial.

Hayek, F. (2015). La fatal arrogancia. Madrid: Unión Editorial.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Samuelson, P. y Nordhaus, W. (2006). Economía. Méjico: McGraw Hill (18ª ed.).


[1] Del inglés: buscadores de rentas

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXXII) El free rider

(XXXI) La eficiencia

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor