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Nacional socialismo: creían que eran libres

Así se titula el ensayo (Gatopardo, 2022) de Milton Mayer a propósito del nacional socialismo en Alemania como un estudio de fenómeno de masas que el autor trabajó en los años cincuenta, después de que este fenómeno, que alcanzó su cúspide entre 1933 y 1945, hasta la derrota del Tercer Reich, cuando parecía, o así entonces se pudo haber creído, que aquellos efectos en las conciencias ciudadanas habían reaccionado y reflexionado acerca de las consecuencias del nazismo, no solo en la Alemania o la Europa de entonces, sino en el mundo entero y en la vida misma de los ciudadanos.

Ciudadanos que no eran diferentes a otros

Ciudadanos alemanes que no eran realmente distintos de otros ciudadanos europeos. Desde obreros de clase sencilla (ténganse en cuenta el grado de elitismo que definía la sociedad alemana en los años de la postguerra y antes del conflicto bélico), hasta intelectuales, profesores o policías, que representaban la esencia, en cierta medida, y la realización de la alta cultura alemana en aquellos años, se vieron influidos, persuadidos o seducidos por un fenómeno que cambio el mundo para siempre.

La articulación dialéctica del hitlerismo que penetraba en una sociedad arrastrada por los traumas de la Gran Guerra, calaba de forma sigilosa, casi de forma imperceptible en cuanto a sus efectos posteriores, en la conciencia de la gente. Ésta afirmaba más su convicción en la idea genérica que representaba la mejora de la vida individual y colectiva. Esa convicción estaba por encima de ideologías que los ciudadanos no veían materializadas en su quehacer diario ni las comprendían. Ideas que probablemente no compartían ni sobre las cuales se veían identificados, más allá de un nacionalismo y un racismo (respecto a lo que llamaron problema judío) que formó parte de una Alemania que se sometía a los designios del Kaiser.

La frustración

La política siempre es relevante, pero la idea de la política cobra especial importancia en momentos de la historia en los que se juegan grandes cosas y en los lugares donde existe un terreno fértil para promover un totalitarismo que acaba con el concepto de libertad con el que, en ese preciso momento, el individuo y la sociedad se ven reconocidos. En ese contexto, la democracia depende de la idea que cada cual tiene respecto de ella. El crecimiento económico, el desarrollo, las oportunidades, el dinero o la propia libertad no dependen, entonces, del propio sistema político en el que se desenvuelve la sociedad, sumergida en el hálito del dogmatismo, la insatisfacción y el odio.

Este contexto se podría definir, tal como puede ocurrir hoy en día: El repudio de la clase política producido por la corrupción y la inseguridad. El rechazo al sistema de partidos y la representación provocada por el incumplimiento de las promesas políticas de los representantes. La creación interesada del enemigo externo –es más cómoda la idea de la imputabilidad externa que la introspección: llámese bolchevique o judío–. O la frustración general de una generación que había experimentado la crisis de una idea de sociedad que solo permanencia en el recuerdo o era una simple anécdota, no por ello justa, igual y próspera para todos.

Nacional socialismo: el señuelo de la política

Hay cuestiones en la vida de los seres humanos y su entorno que no cambian. Cuando el nazismo empieza a ganar más y más adeptos y conquista el poder en 1933, pocos tenían una idea de lo que el hitlerismo significaría para Alemania y el mundo. Las personas piensan todos los días en sus propios problemas, en su día a día, en las cosas que ven, perciben y ocupan parte de su tiempo y sus pensamientos, familia, amigos, trabajo, no en aquellas que son extraordinarias y que se escapan de su reflexión cotidiana.

En definitiva, el individuo piensa en lo primero que ve frente al espejo cuando se levanta cada mañana, y lo anormal sería que no fuese así. El nazismo significó para la gran mayoría de la gente estabilidad, empleo, seguridad, un estatus social y hasta una nueva identificación con lo que Alemania representaba, después de la Primera Guerra Mundial, para Europa y el mundo.

Conversaciones con nacional socialistas

El ensayo es un análisis de un compendio de conversaciones que el autor tuvo con diez ‘amigos’ alemanes, todos ellos afiliados al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, que habían vivido los días de la guerra en un pequeño pueblo que fácilmente podría ser el microcosmos de toda una nación. En los debates que tiene surgen respuestas, otras veces no, a preguntas que hoy podrían parecer obvias, pero que muestran en primera persona cómo en una sociedad puede una ideología llegar a influir de tal modo que no exista un antes más allá que del que los dirigentes hayan impuesto y un después carente de reflexión.

Muchas cosas han cambiado desde entonces, por supuesto que a través de los años la sociedad alemana fue capaz de superar un trauma que condicionó a generaciones de ciudadanos que llegaron a la conclusión de que lo que se había hecho se pudo evitar o lo que se había llegado a cometer, estaba mal. Una de las causas de esta ceguera o de la facilidad con la que se tradujo el adiestramiento colectivo fue la resolución de carencias y necesidades de una sociedad adormecida en un letargo de pasividad y falta de advertencia.

Más conectados, pero más excluidos

Porque en el mundo en el que vivimos, volátil, lleno de constantes vuelcos, cuya rapidez no se compara con la modesta velocidad con la que se producían cambios políticos y sociales cincuenta años atrás, nos interpela sobre muchas cuestiones. Algunas de ellas son la democracia, la libertad y los valores que al ser humano le identifican como tal, hoy todos estos principios o ideas en cuestión.

La tecnología, la inteligencia artificial, la rapidez con la que avanza el mundo nos han hecho, paradójicamente, seres cada vez más excluidos, aislados e indiferentes. Por ello, quizás ahora más que nunca el precio de la libertad sea la eterna vigilancia, dado que, tal como establece el autor, unos hombres que ignoran que son esclavos ignoran que son liberados cuando esto ocurre.

A vueltas con el positivismo jurídico (I): las inconsistencias del iusnaturalismo

Irene Montero pide “máximo respeto” a Bildu y el PSN dice que sus listas cumplen la ley

(Titular de El Confidencial, 10 de mayo de 2023)

A pesar de la preocupante diarrea normativa que aqueja a nuestros gobernantes, y que está dejando eso que conocíamos como España hecha unos zorros, la mayoría, resignada, parece encogerse con gesto mohíno y, sin levantar mucho la voz. Le susurra a lo que antes era corbata: “qué le vamos a hacer. Son las reglas de la democracia. La ley es la ley y si se promulga según procede, es legítima, hay que aplicarla y debe acatarse”… sin rechistar, les falta decir.

Sin entrar a discutir los casos concretos, creo que no está de más que, de vez en cuando, analicemos con ojo crítico los planteamientos que subyacen a muchas de nuestras actitudes y comportamientos: ¿De verdad es, como parecen afirmar algunos, justa una ley simplemente porque haya sido aprobada por el órgano constitucionalmente previsto, según los procedimientos legalmente establecidos?

El positivismo jurídico

En efecto, eso que llaman “positivismo jurídico” es, junto con el iusnaturalismo (o teoría del derecho natural) y el realismo, una de las tres grandes líneas de pensamiento jurídico: una teoría “aséptica y carente de ideología” -según manifestaba Hans Kelsen, uno de sus principales valedores-, pero, casualmente, la que más beneficia a los políticos tal y como comentaremos después. ¡Madre mía, para no tener ideología!

Para el iusnaturalismo los preceptos del derecho natural, además de estar de acuerdo con la naturaleza humana -interesante y limitativo detalle- de la que emanan, se encaminan al mejor desarrollo de las cualidades propias del individuo. Para el realismo, la esencia del derecho reside en la eficacia -interesante ratio de control. Mientras, el positivismo jurídico considera que la esencia del derecho es la validez, de forma que esa validez jurídica está vinculada únicamente i) al órgano legítimo de producción normativa, ii) al procedimiento previsto y iii) a la no contradicción con una norma superior.

La justicia es la legalidad

De esta forma, para los positivistas radicales, cumpliendo esos requisitos, la norma es justa. Es decir, el sistema se reduce a un conjunto de autorizaciones jerarquizadas en el que la norma fundamental, o Constitución, inviste de poder a determinadas personas -Parlamento-, para que dicten normas generales -leyes-, que, a su vez, contienen autorizaciones para que otras personas pongan normas más particulares -reglamentos ministeriales-, y así sucesivamente.

Con esa postura -que exime al derecho de toda idea ética o de moralidad, trascendencia e incluso control- se exime al legislador de cualquier tipo de responsabilidad en su actuación. Es un “representante” de los ciudadanos, libremente elegido. Es más, como explica Hayek, la separación entre validez y justicia permite incluso eximir al legislador de “conocer” el contenido de la ley que ha “hecho”. El legislador tiene, por tanto, todo el poder, al no haber más limitación que lo que diga la Constitución (“¿Y quién elige a los Magistrados del Tribunal Constitucional encargados de interpretar y aplicar la Constitución? Pues eso”). Y no tiene ninguna responsabilidad jurídica por su actuación… Maravilloso.

Seguridad jurídica

Son muchas las razones que se han dado para justificar la necesidad de acudir a planteamientos positivistas frente, por ejemplo, al iusnaturalismo, o al derecho consuetudinario, si bien, en esencia, todas se reducen, de una manera u otra, a la exigencia de que exista “seguridad jurídica”. Y es cierto que para que el derecho cumpla su función, es necesario que haya certeza de la norma. Esto facilita la posibilidad de una planificación a largo plazo, por parte de los individuos, en cuanto a su conducta en la vida privada y en los negocios.

Como señala Bruno Leoni-, o, como señala Mumford citando a Wilhelm Ostwald, la esencia de la ley “es la conducta previsible” que se hace posible en la sociedad mediante “reglas uniformes, criterios de juicio uniformes y penas uniformes para la desobediencia”. Pero ¿significa eso que el positivismo es la única postura posible o la mejor?

Las inconsistencias del iuspositivismo

Y es que el “castillo” positivista adolece de una serie de inconsistencias internas, puestas de manifiesto entre otros por Bruno Leoni, que son relevantes y que conviene destacar:

1.- ¿De dónde viene la legitimidad de la primera Constitución, de la que dimana todo el sistema de autorizaciones jerarquizadas? Si, como pretende Kelsen, y siguiendo el proceso histórico hasta sus inicios, existió una Constitución primigenia, históricamente primera, que sirvió como fuente de legitimidad del sistema, la misma debió otorgarse por un usurpador individual o por una asamblea cualquiera, pero, en ningún caso, a partir de una norma fundamental previa que “empoderase”, como se dice ahora, a algunas personas para dictar leyes generales, lo que hace que dicho “usurpador” no pueda ser considerado legítimo desde la perspectiva positivista al no contar con el paraguas de una norma fundamental previa.

Un fundamento falible

2.- Si, en cambio, se dice que las leyes son válidas porque la gente las acepta -y ese fuese el fundamento de la norma fundamental primigenia-, entonces la validez se convierte simplemente en eficacia. Y la norma no es otra cosa que un conjunto de fenómenos psicológicos (convencimientos de las personas) que orientan el comportamiento de la gente. De este modo, bastaría con que la gente se rebelase contra la norma para que esta perdiese legitimidad.

3.- Pero es que, para Kelsen -como para otros positivistas- el problema del derecho no deja de ser un problema de “orden social”. El derecho se concibe como una “técnica”. Se convierte en un simple instrumento del Estado, en el que la coerción no es otra cosa que la consecuencia prevista formalmente en la norma, y por la cual los ciudadanos, al margen de que consideren o no adecuado el contenido, la obedecerán.

¿Y entonces? Porque, planteado así, y sin más elementos a los que apelar, el fundamento último de la norma y los motivos para su obediencia, no sé si aguantarían el más pequeño embate si las cosas vienen mal dadas. Más nos valdría, creo yo, exigir algo más a los gobernantes, por la cuenta que nos tiene.

La interdependencia armada y la libertad de los mercados globales

Debemos comenzar por precisar que parte del título que antecede este artículo fue tomado del paper académico titulado “Weaponized Interdependence” Henry Farrell and Abraham L. Newman, publicado por la revista International Security, Vol. 44, No. 1 (Summer 2019), pp. 42–79. D. Del cual haremos algunas citas y comentarios sobre las mismas para los efectos de las ideas a ser expuestas y discutidas en el presente ensayo.

Las premisas que sustentan la libertad de los mercados globales

Los defensores del libre mercado y el libre movimiento de los factores de producción a escala global, han partido de las premisas económicas e históricas de que la libertad de los mercados, tanto de bienes y servicios, debe estar inmersa en un esquema político-jurídico, donde las libertades naturales y fundamentales del ser humano estén garantizadas, en igualdad de condiciones jurídicas y de oportunidades, tanto para la actividad empresarial como para el ciudadano común, libre de cualquier intervención estatal y coacción política. Y sólo con una intervención estatal reducida que no cause distorsiones en los mercados y. asegure el buen funcionamiento de los mismos.  

Otro de los principios sobre los que han garantizado la libertad de los mercados globales es la existencia de instituciones internacionales que coadyuvaron a generar eficiencias de mercado. Lo hicieron a través de la reducción de costos de transacción, el desarrollo de las ventajas comparativas y competitivas de las naciones, por medio de la apertura a los mercados de bienes y servicios globales y al sistema financiero internacionales, así como al estímulo a la inversión extranjera directa respectivamente.

Dependencia recíproca

Siguiendo con este orden de ideas, reconozcamos que la interdependencia comercial tiene beneficios no sólo para el mundo corporativo mundial, sino principalmente para los consumidores globales. Tanto en términos de acceso a los productos y servicios con mejores precios, calidad y diversidad. Pero mencionemos la presunción de que esa interdependencia iba a servir como un eventual amortiguador o freno ante cualquier tensión de índole política o geoeconómica que pudiese surgir. En este sentido, sería conveniente mencionar a los mayores exponentes teóricos de la interdependencia complejas, como los son Robert Keohane y Joseph Nye. Éstos han sostenido que la globalización implica el desarrollo de “redes de interdependencia”, que han dado como resultado una dependencia recíproca, que tiende a hacer las estrategias coercitivas menos efectivas.           

Continuando con el hilo de los principios antes señalados, es importante destacar al filósofo de la Universidad de Harvard Francis Fukuyama, y el cual en su célebre obra titulada El fin de la Historia y el Último Hombre (1992), vaticinó el fin de luchas ideológicas entre el capitalismo y el comunismo. Esto daría como un hecho inmutable el triunfo que el orden internacional democrático-liberal, frente al comunismo, producto de la desaparición del bloque soviético.  Algo que los hechos posteriores demostraron que esta presunción pecó de un exagerado optimismo.

La interdependencia armada bajo los imperativos geopolíticos y geoeconómicos

Paradójicamente, la dinámica misma de los flujos a través de las fronteras de bienes físicos, servicios financieros, y de información, producto de la apertura global de los mercados, crearon, junto a otros factores socio históricos, varios riesgos para la libertad de los mercados globales y para todo el esquema de interdependencia económica global que se tejió según los principios arriba expuestos.

Se ha producido el ascenso de China como potencia económica del alcance global, bajo un esquema de capitalismo de Estado, y dirigido por un régimen con estructura política totalitaria. Está acompañada del resurgimiento en Rusia de un retoño político de la fenecida URSS, liderada por Vladimir Putin. Todo ello trajo como consecuencia el gradual socavamiento y puesta en entredicho de la legitimidad, y los valores compartidos de lo que ha significado la globalización económica mundial, por medio del uso de lo que se ha catalogado como la interdependencia armada. Esta se entiende como la utilización de las redes económicas globales para lograr objetivos estratégicos, por parte de las naciones que la aplican.

Estas pueden ser sanciones económicas, arancelarias, limitaciones al comercio y las inversiones, intervención estatal para favorecer grupos nacionales determinados, control a nodos de información, etc. A ello habría que sumarle la aparición de fuerzas políticas en el seno mismo de las sociedades occidentales que han venido cuestionando, junto con grupos proteccionistas, la libertad de los mercados globales. Esto no es nuevo, pero ha cobrado mucha fuerza en los últimos 12 años.

El ejemplo de Gran Bretaña

Históricamente, este tipo de políticas han estado presentes en el devenir de la historia económica de la humanidad de los últimos 200 años, tal como el historiador Harold James. Dice que este fenómeno existió también en períodos anteriores a la globalización, tal como hoy en día es conocida. En tal sentido, el citado autor señala que

En la primera era de la globalización, la expansión del comercio, con flujos de capital y mano de obra, en todas las economías unidas en lo que parecía ser una creciente y probablemente irreversible red, estaba centrada en la infraestructura comercial proporcionada por Gran Bretaña, y en particular en la infraestructura financiera de la City de Londres.  

Harold James. Cosmos, Chaos: Finance, Power, and Conflict. International Affairs, Vol. 90, No. 1 (January 2014), pp. 37–57, at p. 43

Siguiendo con este orden de ideas, el citado autor sostiene que,

El hecho de que Gran Bretaña fuera el centro de comercio, finanzas y seguros, dio a sus planificadores militares, y sus decisores políticos, una visión única de cómo y dónde fluyen los flujos globales de las mercancías y cómo podían interrumpirse esos flujos.

Ibid., p. 54. 

Comparación con la situación actual

Ese escenario guarda una gran similitud, y salvaguardando las diferencias entre ambos periodos en cuanto a actores y circunstancias históricas se refiere, con los conflictos geoeconómicos y geopolíticos actuales entre China y los Estados Unidos, principalmente, y el resto de sus respectivos aliados. Se puede encontrar un patrón común de naturaleza política, que ha conllevado a distorsionar el libre desenvolvimiento de los mercados globales, a través de lo que se ha definido como la interdependencia armada. Se han comenzado a utilizar mecanismos de coacción de índole comercial que han afectado las redes de cadenas de valor y de suministros energéticos, como armas de expansión geopolítica, principalmente en el actual escenario de los mercados globales.

A título ilustrativo, podemos mencionar el conflicto referente a la soberanía de Taiwán, la guerra contra Ucrania, la fijación de los volúmenes de producción de petróleo por parte del grupo ad hoc llamado OPEP + productores no OPEP, y la elevación de las tarifas arancelarias, entre otras contiendas.

Vuelta a los principios liberales

Esta interdependencia armada ha tenido sobre la eficiencia y el libre flujo de los mercados globales y de las fallas que estos mercados han sufrido por estas adversas y equivocadas intervenciones emanadas de los propios estados-naciones. Es de suma importancia señalar que ha sido el libre espíritu del ingenio humano y su ánimo emprendedor, junto a los mecanismos de la libre oferta y la demanda, lo que han marcado el éxito de los mercados globales en suministrar bienes y servicios de mejor calidad y precios a los consumidores mundiales.

Y es esto es, para los que hemos defendido los principios básicos de la libertad de estos mercados, lo que habrá que seguir destacando en defensa de los principios que sustentan el desempeño eficiente de los mismos. Haciendo hincapié en que los países que logren mantener los principios básicos y elementales de la libre competencia y libertades políticas e individuales básicas, serán los únicos en poder seguir a la cabeza del liderazgo tecnológico y económico mundial.

Las raíces neerlandesas del capitalismo

Edwin van de Haar. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Cuando los holandeses celebran el cumpleaños de su Rey el 27 de abril, fiesta nacional, muchos se convierten en comerciantes por un día. En los llamados vrijmarkten (literalmente: “mercados libres”), niños y mayores venden juguetes, libros, juegos, galletas y otras “mercancías”, o tocan música a cambio de dinero en parques, calles y plazas, regatean los precios y a menudo utilizan los beneficios para convertirse ellos mismos en compradores en el mismo mercado. Los municipios abandonan el tráfico para la ocasión y mantienen a raya a los comerciantes profesionales. Para Maarten Prak y Jan Luiten Van Zanden, dos profesores de historia económica de la Universidad de Utrecht recientemente jubilados, esta costumbre es una prueba de lo profundamente arraigado que está el espíritu del capitalismo en la cultura holandesa.

Pioneros del capitalismo

En Pioneers of Capitalism, los autores pretenden explicar los orígenes de la economía de mercado holandesa. Consideran por qué fueron los Países Bajos los pioneros en la historia del capitalismo, e intentan distinguir qué efecto tuvo la economía de mercado capitalista en la naturaleza de la sociedad holandesa. El libro no es sólo histórico; contextualizan sus hallazgos en debates académicos modernos sobre la naturaleza del capitalismo, la relación entre las instituciones y los sistemas económicos modernos, y temas modernos como la desigualdad social. No sorprende ver referencias a las ideas del historiador económico Douglas North, ganador del Premio Nobel, mientras que las ideas de Karl Marx se utilizan como el otro polo teórico.

El libro se centra en el periodo comprendido entre el año 1000 y 1800. No es casualidad, porque uno de los principales argumentos de Prak y Luiten van Zanden es que el capitalismo holandés tiene raíces mucho más antiguas de lo que los estudiosos suelen suponer. La Edad de Oro neerlandesa del siglo XVII no debe considerarse el inicio del capitalismo, sino el sorprendente resultado de una evolución que se originó siglos antes.

Crecimiento smithiano

Partiendo de las ideas desarrolladas por Simon Kuznets y Angus Madison, determinan que Holanda tuvo un crecimiento constante del PIB a partir de 1350. No se detuvo tras el declive relativo de la República Holandesa a partir de 1670, al que Adam Smith se refirió como “estado estacionario” de una economía muy desarrollada.

En un vistazo al tiempo posterior a su periodo de estudio, los autores revelan que los procesos subyacentes de crecimiento de la productividad continuaron. Hasta 1820 se trataba de un “crecimiento smithiano”, resultado, por tanto, de la creciente producción de mercado, la especialización y el cambio tecnológico inducido comercialmente. Después de 1820, se basó en la explotación de una base de conocimientos en rápida expansión, que dio lugar al tipo de cambio tecnológico que aún hoy domina la economía mundial.

Orígenes medievales

Los Países Bajos empezaron como un “delta pantanoso” marginal y subdesarrollado en el extremo noroccidental de Europa. Sin embargo, las bases del capitalismo ya estaban presentes en esta época feudal. Un monje visitante describió cómo, en torno al año 1015, los comerciantes de la entonces principal ciudad comercial de Tiel se organizaron y el emperador alemán les concedió ciertos derechos independientes. (Los Países Bajos formaban entonces parte del Sacro Imperio Romano Germánico.)

De hecho, eran un gremio mercantil, al que seguirían otros gremios. Gozaban de derechos de autogobierno, se les permitía reunir capital y recursos y mantenían su propio sistema de justicia. Además de las antiguas ciudades romanas de Maastricht, Nimega y Utrecht, la urbanización se produjo en las ciudades fluviales del este del país, a lo largo del río IJssel, como Deventer, Zutphen y Zwolle, que se unirían a la Liga Hanseática después de 1356. Dordrecht, Ámsterdam y otras ciudades de la parte occidental del país se desarrollaron (mucho) más tarde.

La geografía

Su situación geográfica en los confines de Europa dificultaba el establecimiento de un poder central por parte del imperio alemán o del rey francés. Esto condujo al crecimiento de ciudades y regiones locales relativamente fuertes, que evolucionarían hasta convertirse en las provincias holandesas. El feudalismo existía en el sur (Zelanda, la zona del río), pero no era tan fuerte como en el resto de Europa.

La parte norte gozaba de “libertad frisona”, lo que significaba un gobierno independiente de facto, sin una autoridad central. En la Edad Media, los frisones utilizarían esta libertad para dominar el comercio del Mar del Norte entre Inglaterra, Escandinavia, el norte de Alemania y el norte de Francia. Este comercio se vio favorecido por las circunstancias físicas: la población poseía ganado, en lugar de cultivos de campo, y destacaba en la producción textil, que se intercambiaba por grano, para hacer pan. El uso de monedas de oro y plata también estaba muy extendido entre los frisones (a diferencia del resto del país).

Diques, impuestos y democracia

En Occidente, una característica importante fue el drenaje de tierras baldías, en un primer momento para la recolección de turba para calefacción y, más tarde, para tierras de cultivo. Los gobernantes locales, como el conde de Holanda y el obispo de Utrecht, concedían derechos a los promotores, que a su vez contrataban a grupos de hombres para llevar a cabo los trabajos de drenaje. Estos contratos incluían disposiciones sobre los futuros impuestos que debían pagarse a los gobernantes.

Tras las obras de saneamiento surgieron comunidades locales, que crearon juntas locales de drenaje o diques (heemraden, que existen hasta hoy) que encontraron un equilibrio entre los derechos a pagar y la posibilidad de opinar sobre los asuntos mediante la elección de representantes. Entre 1000 y 1350, los Países Bajos ya contaban con una sociedad civil relativamente fuerte (gremios, juntas de desagüe, aldeas y ciudades autónomas) que incluía instituciones como reuniones periódicas y elecciones.

El rol del feudalismo

El feudalismo, a menudo considerado estático y jerárquico, desempeñó en realidad un papel importante en el desarrollo capitalista de los Países Bajos, que se caracterizaría por una mezcla de estructuras feudales y libres. La reciprocidad entre señor y vasallo fomentaba la cooperación, era flexible y podía adaptarse fácilmente a las circunstancias cambiantes, dando cabida a los gremios de comerciantes y a las ciudades. El elemento de confianza entraba en juego a través de un sistema de lealtad basado en juramentos. En la época feudal se produjo una explosión de la producción agrícola y la explotación de las turberas para calefacción, lo que permitió un rápido crecimiento demográfico.

Naturalmente, la Iglesia también desempeñó un papel importante, en la medida en que garantizaba cierta unidad europea en normas y valores. También fue un factor económico en sí mismo, por ejemplo, a través de la construcción de iglesias. Si comparamos las investigaciones internacionales sobre la construcción de iglesias, resulta que los Países Bajos se quedaron rezagados hasta el siglo XIV, pero luego se pusieron rápidamente al día y superaron a otros países europeos.

El nacimiento del capitalismo holandés

En la Baja Edad Media (1350-1566) se produjo el verdadero nacimiento del capitalismo holandés. En esos dos siglos se aceleró la urbanización, mejoraron las vías fluviales y la navegación marítima y se profesionalizó la administración pública, al tiempo que pudieron florecer instituciones capitalistas básicas, como la división del trabajo y la especialización. Sobre todo, el capital adquirió importancia para el crecimiento económico estructural, como se observa, por ejemplo, en la generalización del comercio y el arrendamiento comercial de tierras.

El comercio internacional (de cereales) adquirió gran importancia, ya que los holandeses controlaban las rutas marítimas desde el Báltico hasta el sur de Europa. El mercado se convirtió en el mecanismo central de las asignaciones económicas, reguladas por normas (locales). La gente confiaba en el mercado y se atrevía a poner su destino en sus manos. Y el mercado cumplió: se calcula que después de 1350, alrededor del 40-60% de la población dependía parcial o totalmente del trabajo asalariado para vivir.

El crecimiento del PIB per cápita fue del 40% en la segunda mitad del siglo XIV. Alrededor de 1500 se inventaron nuevos instrumentos financieros, mientras que los tipos de interés habían bajado de alrededor del 12% al 5-6%. Una diferencia importante con otros países europeos, como Italia, era que las ciudades no controlaban el campo circundante. Se dejaba libertad a estos pueblos para que se valieran por sí mismos.

Alfabetización y matrimonio

Un elemento llamativo en el desarrollo del capitalismo neerlandés fue la alfabetización comparativamente alta de la población, entre otras cosas gracias al movimiento de renovación eclesiástica de Geert Grote, la Devoción Moderna, que estimuló la lectura y la escritura individuales. A partir del siglo XV, la producción de libros y manuscritos creció espectacularmente, casi duplicando la media europea, con la ciudad hanseática de Deventer como centro. Las mujeres holandesas tenían una posición social relativamente fuerte; por ejemplo, el matrimonio se basaba en el consenso entre marido y mujer. Los Países Bajos eran también un lugar relativamente seguro, donde las élites estaban relativamente satisfechas y confiaban en el Estado y las instituciones afines para resolver las disputas. Los derechos de propiedad estaban bien organizados y protegidos.

Acta de Abjuración

En 1581, las provincias del norte de Holanda se declararon independientes del imperio de los Habsburgo en el Acta de Abjuración. No se trataba de una revolución capitalista, en el sentido de que fuera el inicio de un régimen capitalista. Se trataba de libertad: de religión, y de la voluntad de librarse del estricto dominio extranjero. De hecho, la guerra contra los españoles fue posible gracias al capitalismo: los ingresos del comercio (sobre todo de cereales) eran tan grandes que un país tan pequeño podía financiar una guerra prolongada.

A ello contribuyó también una oleada de inmigrantes altamente cualificados que huían del sur de los Países Bajos (Gante, Amberes). Se calcula que esto supuso un crecimiento demográfico de alrededor del 10%. Las ciudades del norte también eran bastante tolerantes con las minorías religiosas, como los judíos. El auge económico de principios de la “Edad de Oro” (como les gusta llamarla a los holandeses) también se vio estimulado por dos inventos gubernamentales de gran éxito en Ámsterdam: un banco público de cambio, llamado Wisselbank, (con el ayuntamiento como garante)

y un banco de crédito público (Bank van Lening), ambos precursores de los bancos centrales actuales. Combatieron la inestabilidad derivada de la especulación y la manipulación de los tipos de cambio, y buscaron el control y la estabilización de los sistemas monetario y financiero.

La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales

En su prólogo, Prak y Van Zanden revelan que Joel Mokyr, editor de la serie Princeton Economic History of the Western World, exigió la inclusión de un análisis del imperio colonial holandés. La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), a partir de 1602, puede considerarse una de las primeras empresas modernas del mundo: una sociedad de responsabilidad limitada, con acciones negociadas en bolsa, especulación sobre estas acciones y una división entre propiedad y gestión que dio lugar a todo tipo de conflictos.

La VOC necesitaba y atraía enormes cantidades de dinero, que utilizaba para construir puestos comerciales, puertos, fortalezas, infraestructuras, etc. Esto dio lugar a una economía estable y bien financiada. El resultado fue una empresa comercial global estable y bien financiada que controló gran parte del comercio entre Asia y Europa y entre los puertos asiáticos durante más de 200 años.

Libertad dentro, pero no fuera

Las principales mercancías comercializadas cambiaron a lo largo de estos años, desde las especias hasta los textiles indios, pasando por el café y el azúcar de Java y el té de China. Huelga decir que el capitalismo moderno no fue la única base del éxito; la VOC utilizó la esclavitud en Asia, Sudáfrica, el Caribe y Sudamérica, y abusó (a veces asesinó en masa) de los indígenas y sus derechos (de propiedad). Así pues, libertad en casa y no libertad en el extranjero. El principal factor de la caída de la empresa en el siglo XVIII fue que los beneficios ya no se invertían, sino que se pagaban en dividendos a los accionistas.

Pioneers of Capitalism es un libro muy informativo, con argumentos respaldados por recientes investigaciones cliométricas. Sus conclusiones alimentan muchos debates académicos modernos, pero la lección más importante es la que debe aprender todo el mundo. Aunque la orientación al mercado ha sido predominante, nunca ha existido una dicotomía entre Estado y mercado en la economía holandesa. Esta vieja receta para el crecimiento económico sigue siendo muy pertinente para muchos países modernos, ricos y pobres, desarrollados y en desarrollo.

5 razones por las que los jóvenes deberían invertir en oro en tiempos de incertidumbre

Joshua Glawson. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

En 1946, cuando se fundó la Fundación para la Educación Económica, la onza de oro se cotizaba a unos 38,25 dólares. Esta semana, ¡cotizaba por encima de los 2.000 dólares!

Me imagino cuánto dinero se podría haber ganado con inversiones anteriores en oro. Ojalá hubiera invertido el dinero extra de Navidad o de mi cumpleaños en el metal precioso en el año 2000, cuando el oro costaba unos 280 dólares la onza.

Aunque no hay garantías en ninguna inversión, está claro que entramos en un periodo de gran incertidumbre económica. En noticias económicas recientes, varios bancos y grandes instituciones financieras se han declarado en quiebra, lo que nos lleva a lo que probablemente sea un periodo de recesión. El dólar estadounidense está perdiendo un valor significativo causado en parte por la inflación monetaria, el gasto excesivo y el desvanecimiento de la confianza del mercado. Algunos economistas especulan que los EE.UU. considerarán una criptodivisa centralmente controlada y emitida por el gobierno como un medio para promover la Teoría Monetaria Moderna.

El oro resiste el paso del tiempo

A lo largo de la historia, a medida que las monedas fiduciarias han ido desapareciendo, el oro ha resistido la prueba del tiempo una y otra vez, y hay razones para ello.

“Materias primas como el oro y la plata tienen un mercado mundial que trasciende fronteras nacionales, políticas, religiones y razas”, escribe Robert T. Kiyosaki, autor de Padre Rico, Padre Pobre. “A una persona puede no gustarle la religión de otra, pero aceptará su oro”.

Comprar oro o incluso conservarlo no siempre fue una opción para los estadounidenses. Como ha señalado el presidente emérito de la FEE, Lawrence W. Reed, “…el 5 de abril de 1933, FDR dijo a los estadounidenses -en forma de Orden Ejecutiva 6102- que tenían menos de un mes para entregar sus monedas de oro, lingotes y certificados de oro o enfrentarse a hasta diez años de prisión o una multa de 10.000 dólares, o ambas cosas”.

Contra el monopolio de la moneda

Esto esencialmente hizo ilegal la propiedad privada de oro desde 1933 hasta el 31 de diciembre de 1974, cuando la orden ejecutiva fue rescindida. Estas leyes afectaron negativamente a la economía estadounidense, a los mercados y al dólar, y en muchos aspectos siguen afectando a Estados Unidos y al mundo en la actualidad. Como sugirió el economista F.A. Hayek, el gobierno estadounidense estaba monopolizando la moneda, a la vez que la degradaba, ampliaba los programas sociales y los financiaba mediante esquemas de inflación monetaria fiduciaria.

Aunque no hay forma de deshacer el pasado, podemos sacar provecho del futuro, y el oro puede ser una excelente manera de hacerlo. He aquí cinco razones para considerar la posibilidad de invertir en oro si está empezando una cartera o buscando diversificar.

1) El oro mantiene su valor a lo largo del tiempo

Aunque a corto plazo la volatilidad del oro es preocupante en comparación con el dólar estadounidense, la inversión a largo plazo en oro físico ha mantenido su valor a lo largo de la historia. Si nos fijamos en 1946, el valor de una onza de oro rondaba los 38,25 dólares. Hoy en día, en 2023, el valor de una onza de oro está superando constantemente los 1900 dólares para situarse en el rango de los 2000 dólares. Incluso hace 10 años, una onza de oro rondaba los 1.400 dólares.

Considerar el oro para la inversión a largo plazo es una gran manera de protegerse contra la inflación y el desmoronamiento de los dólares fiduciarios en lugar de almacenar su dinero duramente ganado en una cuenta de ahorros donde prácticamente no gana intereses, incluso cuando la inflación erosiona su poder adquisitivo.

2) El oro es fácil de negociar

El valor del oro es casi universal: se aprecia en todo el mundo y ha mantenido su valor a lo largo del tiempo. Este atractivo internacional y transcultural del oro hace que sea relativamente fácil de comprar y vender en todo el mundo, a diferencia de muchas otras inversiones. Cuando existen políticas gubernamentales que controlan las cuentas bancarias, supervisan el comercio de acciones, restringen el envío o la recepción de fondos digitales, limitan las líneas de crédito, cierran las tarjetas de crédito, devalúan las divisas y regulan las criptotransacciones, tener oro físico sigue siendo normalmente una opción viable para el comercio. Esto se ve muy a menudo en períodos de inflación, deflación y guerra.

Si usted está interesado en comprar oro, pero no tiene un extra de $ 2.000 a caer en una onza de oro, hay algunas otras maneras de invertir sin tener que comprar una onza física completa.

He aquí algunas formas de empezar:

Monedas de oro
Acciones mineras de oro
Fondos cotizados (ETF) y fondos de inversión
Futuros de oro

3) El oro tiene poco mantenimiento

A diferencia de muchas otras inversiones, el oro tiene una propensión histórica y lógica a aumentar de valor con el tiempo por sí solo. Puede que las acciones ofrezcan una tasa de rentabilidad media superior, pero con el oro no tiene que estar pendiente de un ordenador día tras día para decidir cuándo comprar y vender. No tiene que investigar las finanzas de las empresas ni escuchar los informes de beneficios con tanta intensidad.

Por supuesto, lo mejor suele ser comprar barato y vender más caro de lo que se pagó en un principio. Sin embargo, también es probable que, sea cual sea el precio que pague hoy por el oro, dentro de 10, 15 o 20 años valga mucho más, lo que lo convierte en una inversión de bajo mantenimiento.

Otro gran aspecto práctico del oro son sus características naturales de bajo mantenimiento de durabilidad, imperecedero, mientras que también tiene una amplia gama de usos industriales.

4) El oro es un camino hacia la riqueza generacional

Cuando se poseen piezas físicas de oro -ya sea en forma de monedas o lingotes u otra forma física-, éstas pueden transferirse entre personas sin que necesariamente intervenga el gobierno. Cuando el oro se compra o se vende, puede haber ocasiones en las que se aplique un impuesto. Sin embargo, cuando el oro se entrega como regalo físico o como herencia, simplemente para conservarlo en lugar de venderlo para obtener beneficios, es probable que pueda conservarlo sin pagar impuestos hasta una determinada cantidad.

Tener oro puede ayudar a transferir la riqueza entre generaciones. Algunas culturas funden y moldean el oro en estilos básicos de joyería ponible, monedas, adornos o cubiertos, para ayudar aún más en este proceso de transferencia.

5) El oro inspira la competencia

El economista Henry Hazlitt coincidió con F.A. Hayek en que la existencia de monedas competitivas ayuda a combatir la inflación, al tiempo que ofrece a las personas libres más opciones entre las que elegir. La competencia y las opciones no se dan a las personas que no son libres de la monopolización estatal de la moneda. Si más gente invierte en oro, es probable que inspire una competencia progresivamente mayor para el dólar estadounidense y otras monedas mundiales. La competencia monetaria presiona a los gobiernos para que mantengan de forma fiable su valor frente a la inflación monetaria y las tasas de inflación de los precios.

Como Haziltt explicó:

No rechacemos el patrón oro porque los gobiernos lo adoptaran en su día. Después de todo, fue el producto final de siglos de experiencia. Fue la supervivencia del más fuerte frente a la temprana competencia de bueyes, ovejas, pieles, wampum, tabaco, hierro, cobre, bronce y, finalmente, plata. Fue el resultado de la competencia en el mercado, como estoy seguro de que volvería a ser. Sólo después de su victoria en el uso privado, los gobiernos se apoderaron de ella, la explotaron para sus propios fines, la diluyeron, la pervirtieron y finalmente la destruyeron.

El fenómeno ‘woke’: cuando el capitalismo corrompe la sociedad

Vivek Ramaswamy es un empresario de éxito, posiblemente millonario tras salir de la empresa farmacéutica que fundó (Roivant Inc.) para dedicarse en cuerpo, alma y dinero a luchar contra el fenómeno woke. Su lucha se ha traducido, de momento, en una candidatura a las primarias presidenciales del partido Republicano en los EEUU. Y también en un par de libros, uno de ellos Woke, Inc., que he leído recientemente.

Se trata de un ensayo muy, muy recomendable. Su lectura interesará a todos los defensores de la libertad, por la descripción teórica y empírica que hace de las nuevas formas en que está siendo atacada. Sinceramente, yo me esperaba un panfleto sensacionalista de pim-pam-pum al woke, no por ello exento de interés, pero me he encontrado algo mucho más profundo y que, por tanto, da más juego para la reflexión.

¿Pueden los ricos dictar la moral?

La gran pregunta de fondo que plantea el libro es la siguiente: ¿puede la gente que tiene el dinero fijar las normas morales de la sociedad? En otras palabras, ¿se puede utilizar el poder en el mercado para establecer reglas morales? Obsérvese que hay dos cuestiones implícitas, si atendemos a la ambigüedad del verbo, así que agotado el recurso retórico y por ser más riguroso, las desplegaré debidamente:

  • ¿Es posible utilizar el poder de mercado para establecer reglas morales?
  • ¿Es deseable o moralmente aceptable que los capitalistas con poder de mercado establezcan dichas reglas?

Para Ramaswamy, las respuestas son “Sí” y “No”, respectivamente. En cuanto a la primera pregunta, se puede constatar empíricamente que el capitalismo, el funcionamiento de mercado, contribuye a cambiar los valores sociales. El ejemplo usado por Ramaswamy es el de las castas en la India y cómo el sistema desapareció a efectos prácticos cuando se implantó el capitalismo. En suma, la influencia sociedad-mercado es bidireccional, tampoco podía ser de otra forma.

Aislar las instituciones del mercado

A la segunda pregunta, Ramaswamy responde con un sonoro “No”. Y propugna que los valores de la sociedad se han de definir con independencia del dinero, por procesos democráticos. Ello le lleva a elaborar un verdadero programa de propuestas para aislar las instituciones democráticas del mercado e impedir que éste interfiera con aquellas, propuestas que posiblemente constituyan la base de su programa electoral.

Ninguna de las anteriores preguntas me parece que sean fáciles de responder, y no estoy seguro de compartir las respuestas de Ramaswamy. Obsérvese que el análisis es independiente del fenómeno concreto, el fenómeno woke, en que las enmarca el autor.

Bruno Leoni y Friedrich A. Hayek

Los indicios que me hacen dudar de las respuestas que Ramaswamy son las apelaciones al poder de mercado, algo que no existe en un mercado libre, y a los mecanismos democráticos como forma de establecer los valores de la sociedad, algo en contradicción con el origen evolutivo de las normas que nos describen Leoni y Hayek.

Siguiendo a estos últimos, sabemos que las costumbres y los valores sociales no es algo que surja de instituciones democráticas como el Congreso de los EEUU. La existencia de normas y valores sociales es consustancial a las comunidades y precede con mucho la existencia de los Estados y los sistemas democráticos. Ello prueba que su conformación no exige ni necesita de una democracia.

El origen de dichas entidades es evolutivo: los individuos se van dotando paulatinamente de normas y valores conforme se suscitan conflictos entre ellos y para tratar de evitar que se reproduzcan una y otra vez. Esos usos y costumbres se aceptan implícitamente por la comunidad en cada nueva transacción. Y están sujetos a modificación conforme las necesidades y preferencias de la sociedad varían, sin requerir para ello procesos formales de validación externos a la sociedad que los utiliza.

Del derecho a los códigos

Es por ello que en la antigua Roma y hasta cierto punto en el derecho anglosajón, los jueces, ante un conflicto, más que juzgar basándose en unas leyes existentes, tenían que descubrir cómo se estaban resolviendo problemas similares en la comunidad, para aplicar una solución análoga al caso que se le presentaba. Para este descubrimiento contaban con la inestimable ayuda de los jurisconsultos y, posteriormente, de los llamados códigos, en que se recopilaban para el uso por el juez las soluciones que se venían dando a diversos conflictos. Todo esto lo cuenta Bruno Leoni en su libro La libertad y la ley. Es en una época posterior, posiblemente empezando con la Revolución Francesa, que unos cuantos iluminados representantes del pueblo se arrogan el poder de definir esas normas y valores.

Siguiendo el método de las construcciones imaginarias de Mises, ahora nos toca ver si en este escenario en que se describe, sucintamente, cómo aparecen las normas en una sociedad no intervenida, sería posible que alguien con poder de mercado, léase muchos recursos, alterara las normas contra los intereses del resto de la sociedad.

Normas y memética

En realidad, las normas no son más que un tipo concreto de “meme” y, como tal, están sujetas a la memética. La reproducción de memes tiene un coste y por tanto requiere recursos. En principio, quien disponga de muchos recursos podría, a base de reproducirlos, extender los memes de su preferencia en la comunidad. La cuestión es que si esas normas son contrarias a los intereses de los individuos integrantes, no será fácil que estos dediquen sus recursos propios a extender el meme así inoculado. Ello haría que la única forma de que el meme/norma se mantuviera en el tiempo fuera por la constante inyección de recursos para su mantenimiento por parte de la empresa con poder de mercado.

Dado que estas inversiones no le son rentables (en principio, no hay generación de ingresos por tratar de que una norma sea aceptada), tendería a perder los recursos así gastados, y en algún momento cesaría de promover el meme, por lo que éste a su vez tendería a desaparecer. En el medio plazo, por tanto, ninguna empresa, por mucho poder de mercado que tenga, parece capaz de alterar las normas de la sociedad contra el interés de esta misma. Así queda respondida, en el ámbito teórico de una sociedad no intervenida, la primera cuestión de Ramaswamy.

El papel del prestigio

¿Qué hay de la segunda? ¿Sería deseable que las empresas con poder de mercado impusieran dichos valores morales? No me atrevo a dar una respuesta contundente, pero sí querría compartir una primera aproximación al problema. En un mercado no intervenido, la única forma en que las empresas pueden conseguir “poder”, esto es, recursos, es mediante el servicio a los restantes individuos. En la medida en que anticipen correctamente las necesidades de los demás individuos y el valor que tienen para ellos, serán capaces de obtener mayor rentabilidad de los recursos que en ello inviertan. Si lo hacen de forma excepcional, acumularán una cantidad de recursos igualmente excepcional.

Estos individuos excepcionales en acertar con las necesidades de sus congéneres adquirirían lógicamente un gran prestigio, aparte de riquezas (prestigio y riquezas con los envidiosos atacan en nuestro país con todas sus fuerzas). Quizá por ello, la unión de recursos y prestigio, tendrían más fácil que sus propuestas de normas y valores fueran aceptadas por los demás; precisamente sobre la base de un desempeño excepcional acreditado. Nótese que este análisis es compatible con el anterior, puesto que entonces asumíamos que la norma promovida iba contra el interés de la sociedad, asunción que ahora no hacemos.

Woke Inc.

De ahí a qué dichas normas fueran deseables para la sociedad hay un gran trecho lógico que no me atrevo a saltar. Sí tiendo a creer que sus propuestas serían buenas y, desde luego, mejores que las que se obtienen de procesos democráticos en que cualquier mindungui, sin haber demostrado capacidad alguna para incrementar el bienestar social, puede definirlas.

Con esto, queda esbozada una posible respuesta teórica a las preguntas básicas planteadas en Woke Inc., una posible respuesta que es válida para una sociedad no intervenida. Obviamente, la sociedad estadounidense no es una son sociedad no intervenida, como no lo es casi ninguna del mundo. En todas, hay que convivir con el Estado. ¿Y qué pasa entonces con dichas respuestas?

Lo veremos. Bueno, de hecho, lo estamos viendo ya, pero yo lo contaré en otro artículo.

El negocio del software libre (I): las instituciones

Una de las muchas ventajas que tiene el español como tecnología de pensamiento frente al inglés es que tenemos clara la diferencia entre libre y gratis. En inglés tienen que aclarar, cuando hablan de free software que debe pensar en libre como “libertad de expresión”, no como “cerveza gratis” (o barra libre).

Sin embargo, y aunque los hispanoparlantes tengamos clara esta diferencia, hay quienes mezclan la libertad del software con la gratuidad del mismo. Hay veces que hay software que es libre y gratis, pero no siempre. Puede haber software libre por el cual una entidad, como pueda ser una empresa, paga por tener un programa y tener la libertad de uso, de estudio, de distribución y de mejora de ese software. Por lo tanto, ese software es libre porque tiene las cuatro libertades básicas del software libre, pero no es gratis.

Libre, sí. Gratis, no

Y muchas veces nos encontramos con programas que son gratis, pero no son libres. La mayoría de las aplicaciones para móviles más usadas son gratuitas, pero muchas de ellas no son libres, no tenemos acceso al código, por lo que no podemos estudiarlo, ni mejorarlo.

Por lo tanto, libre no es gratis, y gratis no es libre.

Esta diferenciación entre gratis y libre es fundamental para aclarar algunas dudas que mucha gente tiene:

  • ¿Cómo puede haber tanto software libre si es gratis?
  • ¿Cómo puede ser de mejor calidad el software libre que el privativo?
  • ¿De qué viven los desarrolladores y las empresas de software libre?

¿Cómo puede haber tanto software libre si es gratis?

Para empezar, y aún siendo reiterativo, quiero que quede esto claro: libre no es gratis. Y, como dice el refranero español:

El que regala, bien vende, si el que lo recibe lo entiende.

La libertad creativa es una tónica habitual en Internet, no sólo en la industria del software. Y, generalmente, la gratuidad es la consecuencia de la libertad creativa. Quizá sea más fácil ver este hecho para aquellos que no conocen la industria del software en otros campos:

Wikipedia es una enciclopedia en constante evolución creada a partir de aportaciones libres y voluntarias de millones de personas a lo largo de todo el mundo.

Los blogs son una enorme colección de información generada de forma espontánea también por millones de personas a lo largo de todo el mundo. No siempre son gratis, no siempre son libres, pero la mayoría de los autores que escriben en blogs no buscan una remuneración directa por ese esfuerzo.

En YouTube y otras plataformas de vídeo, nos encontramos con millones de tutoriales y otros vídeos en los que se comparte conocimiento de manera mayoritariamente desinteresada. Ni todos los vídeos de YouTube son libres, ni todos los generadores de contenidos lo hacen de forma desinteresada, pero la inmensa mayoría de los generadores de contenidos lo hacen sin ánimo de lucro.

Distintas motivaciones

Las motivaciones para generar contenidos, compartir información o código de forma desinteresada son múltiples y cada cual puede tener las suya: alimentar su ego; reconocimiento. Una forma de mostrar al público en general o a un segmento concreto, como podrían ser potenciales contratistas, sus conocimientos. Sentirse parte de un conjunto, como pueda ser un gremio o una comunidad. O, en la mayor parte de los casos, al haber recibido mucho de una comunidad. Aportar un pequeño esfuerzo para que otras personas también se vean beneficiadas de ese esfuerzo espontáneo que generan los miembros de una comunidad.

Sea cual sea la motivación individual de cada sujeto que comparte conocimiento, siempre se basa en un conocimiento anterior. Por lo que su aportación al procomún siempre será menor a lo recibido previamente.

Crear una necesidad

Nadie ha generado un conocimiento ex nihilo, sino que lo que aporta un divulgador de conocimiento es un nuevo enfoque para solucionar una necesidad o una adaptación de contenidos ajenos, por ejemplo, al traducir textos de terceros, evolucionando una idea previamente existente o pensando contra algo.

En otros campos hay colaboración, competencia y conocmiento libre, pero es especialmente llamativo para un profano a la tecnología ver tanta cantidad de proyectos de software libre y que la calidad de ese software sea, en líneas generales, de mayor calidad que el software privativo. Para entender esto, es imprescindible entender el «efecto vírico» que genera el ecosistema de instituciones previas se encuentra un recién llegado al mundo del software libre.

¿Qué se encuentra un nuevo usuario de sofware libre?

Lo primero que se encuentra cualquier nuevo usuario de software libre es una cantidad enorme de oferta. Para cualquier necesidad va a encontrar varias alternativas: tanto en entornos de escritorio, como navegadores, terminales, comandos, programas ofimáticos o multimedia… cualquiera que sea la necesidad que tenga el usuario, va a encontrar múltiples opciones. Es decir, se va a encontrar con millones de horas invertidas por distintas personas de la comunidad puestas a su disposición.

Ningún usuario, empresa u otra institución tiene capital suficiente para pagar ese trabajo. Esto genera una espiral de nuevos desarrolladores que crean nuevo software libre ya que, por mucho tiempo que inviertan, el beneficio que obtienen siempre será mucho mayor al esfuerzo invertido.

Si la oferta de programas es muy llamativo, es ínfimo en comparación con la cantidad de documentación existente, ya que es mucho más fácil escribir un artículo que un programa. Y, como normalmente, la documentación del software libre también es libre, siempre gente que traduce a otros idiomas. Y, también, al ser libre, de forma espontánea aparecen nuevas obras derivadas.

Pagar contribuyendo

A veces, la documentación es excesivamente técnica y alguien genera nuevos contenidos adaptándola a un lenguaje más fácimente comprensible por cualquier persona. Otras veces, un autor relaciona o combina conocimientos de diversos campos y crea explicaciones nuevas, completa explicaciones insuficientes o impugna otros textos.

Como con la oferta de software, es imposible que un individuo o una entidad pudiera pagar todo ese conocimiento. No existe materialmente capital como para poder pagarlo. Ni la capacidad tecnológica para hacerlo. El usuario, o la institución, sólo tiene una forma de “pagar” por todo ese conocimiento previamente generado, que es contribuir de una u otra forma.

Por lo tanto, el acervo sigue creciendo y, al crecer, llega a más gente. Al llegar a más gente, más gente quiere aportar: hay más aportaciones en código, en documentación, en diseños… Aumenta la oferta. Y un cambio en el mercado del conocimiento obliga a aquellos productores de información a adaptarse.

Rentabilizando la competencia

Este crecimiento en el número de aportadores y combinadores de conocimiento condiciona a cada uno de ellos porque si su competencia supera la calidad de tu trabajo o se adapta mejor a las demandas de su público, va a tener más usuarios, más lectores, más visitas. Difícilmente un único individuo pueda hacer frente a grandes corporaciones. Es complicado que un único autor pueda competir con grandes medios de comunicación o con publicaciones tecnológicas, con equipos multidisciplinares que tengan editores, diseñadores, publicistas…

Y así, de forma espontánea van surgiendo entidades que agrupan a programadores, usuarios, diseñadores y otras personas con intereses afines. Surgen en espacios geográficos concretos, como la Oficina de Conocimiento y Cultura Libres de la Universidad Rey Juan Carlos o la Oficina del Software Libre de la Universidad de Zaragoza o en ámbitos territoriales más extensos, como HispaLinux o Programo Ergo Sum. También surgen instituciones vinculadas a una tecnología específica, como el CRAN (Comprehensive R Archive Network, Red integral de archivos R) para los programadores de R o PYPI (Python Package Index, Índice de paquetes de Python) de Python.

Wikipedia

Una combinación de ambos, instituciones vinculadas a un espacio geográfico concreto y a una tecnología específica, como Python España o KDE España. O instituciones vinculadas a una tecnología que se vertebran a través de un idioma, como es el caso de GNOME Hispano, los usuarios de GNOME hispanoparlantes. Como evolución de este tipo de instituciones, surgen empresas o fundaciones que cubren esta necesidad de proveer servicios a los usuarios y que aportan ventajas competitivas a competir individualmente.

Nos encontramos en este apartado a Wikipedia, que ayuda a generadores de artículos enciclopédicos a difundir su trabajo y que cuenta con un presupuesto anual que supera los 250 millones de dólares; StackOverflow, que ayuda a programadores a resolver dudas y que en 2021 lo compró Prosus por 1.800 millones de dólares gracias a sus más de 100 millones de visitantes mensuales o GitHub, la mayor red social de programadores que compró Microsoft en 2018 por 7500 millones de dólares y que genera más de 500 millones de dólares anuales con más de 1000 empleados.

GitHub

Este dinero lo genera GitHub manteniendo un 78% de proyectos que son explícitamente libres (hay muchos pequeños proyectos que no indican claramente la licencia a través de un archivo de licencia), con 94 millones de desarrolladores y un 90% de las empresas usando software libre.

Con lo que vemos el primero de los modelos de negocio vinculados al software libre de esta serie: ofrecer servicios de valor añadido a la comunidad.

Copyleft Fernando Vicente. Puede copiar este texto. Escrito originalmente en Markdown con vi sobre Ubuntu GNU/Linux, usando sólo software libre.

Inflación, crisis bancaria… ¿qué pasará con los tipos de interés?

El retorno de una inflación tan notoria tras la crisis de la Covid-19 sorprendió a muchos, entre los que me incluyo. Y está teniendo una duración mucho mayor de la inicialmente estimada por los bancos centrales. Además, muy poca gente creía que, ante un escenario como el actual, la Fed o el BCE fueran actuar con tanta contundencia. Con esto no quiero decir, como otros han comentado, que la Fed o el BCE se estén comportando como “halcones”. Pero a muchos les pilló por sorpresa la reacción de la política monetaria. A todo ello ha de sumarse la crisis bancaria vivida a lo largo del último par de meses. Esta ha contribuido a incrementar la incertidumbre económica y financiera a escala mundial.

En este escenario, no es extraño preguntarse cuál será la senda de los tipos de interés en la segunda mitad del año e incluso en el próximo ejercicio. Como no podía ser de otra manera, todo ello depende de multitud de factores, como si la inflación se estabiliza o se entronca como en los años 70. O si sufrimos alguna otra quiebra bancaria, o finalmente el sistema financiero logra volver a estabilizarse.

Inflación resistente

Respecto al primer punto, y tal y como hemos insistido en muchas ocasiones, es esencial analizar el comportamiento de las expectativas de inflación. Si estas se desanclaran por algún tipo de shock adicional, esto podría ocasionar que se consolidasen en las dinámicas macroeconómicas. Así, la presente inflación sería mucho más compleja de combatir. Un factor adicional importante es si los bancos centrales aún tienen credibilidad para devolver la inflación a niveles similares a los anteriores a la pandemia. En caso contrario, debemos plantearnos que los niveles de inflación se vayan a mantener por encima del objetivo del 2% durante algunos años.

Personalmente, creo que el objetivo del 2% de inflación no es demasiado realista en el corto-medio plazo. Muchos de los shocks duales que han causado el alza del nivel de precios durante los últimos dos años siguen presentes, aunque con menor intensidad. Algunas estimaciones, como las propias de la Fed de Cleveland, ya sitúan las expectativas de inflación en el 2,1%. Y la prima de riesgo de la inflación en el 0,5%, en línea tanto con el objetivo como con la tendencia de la serie histórica.

Cadenas de valor, deuda pública, consumo

A pesar de que la inflación se haya ralentizado algo durante los últimos meses, la estimación me parece excesivamente optimista. Sigue habiendo multitud de factores presentes que podrían impedir un descenso tan rápido de la tasa de inflación. El principal sería la tendencia desglobalizadora y el acortamiento de las cadenas de valor globales. Esto reduce la elasticidad de oferta de multitud de bienes en todo el mundo. Así, los ajustes de precios globales sean mucho más lentos.

Además, los gobiernos de estados altamente endeudados no tienen ningún interés en reducir la inflación hasta el 2%. Una tasa de inflación moderadamente elevada les beneficia al contribuir a erosionar la montaña de deuda pública sin necesidad de esforzarse en realizar ajustes presupuestarios que contribuyan a disminuir el déficit público.

Por otra parte, las estimaciones de consumo e inversión para EE. UU. y Europa muestran un crecimiento futuro de la demanda agregada en línea con el potencial productivo de la economía. Ello seguirá manteniendo la presión sobre los precios por ese lado. A este respecto, podemos ver que las subidas de tipos recientes de los bancos centrales no están afectando de momento a los niveles de demanda agregada, al menos en el corto-medio plazo.

Tipo de interés natural

Aquí conviene analizar cuál ha sido y puede ser el comportamiento de los tipos de interés reales y el tipo de interés “natural”. Los tipos de interés reales han pasado de ser ligeramente negativos en los años previos a la pandemia a entrar notablemente en terreno positivo desde el inicio del crecimiento de la tasa de inflación al salir de la pandemia.

El tipo de interés natural es ese al cual el crecimiento económico y el nivel de precios ni se expanden ni se contraen (descontando shocks). Al menos, es así como lo define el Fondo Monetario Internacional.

Una tendencia que creo que sí se mantendrá es que el tipo de interés real permanecerá por encima de la tasa de crecimiento real. Esto es esencial para que las dinámicas de deuda pública sean sostenibles y no explosivas. Además de por unos niveles de inflación más elevados, creo, los tipos nominales se mantendrán relativamente más altos que anteriormente. Entre las razones están una mayor inversión en determinados sectores (por ejemplo, energía verde) o la consolidación de mayores niveles de gasto público sobre PIB en los países occidentales.

Previsión

Por todo ello, no sería de extrañar que la tasa de inflación pueda regresar a niveles ligeramente superiores al 3% para final de año. Y ello con un tipo de interés natural o de equilibrio cercano al 2%. Esto probablemente iría acompañado de unos tipos de interés nominales de entre el 2 y el 5% (puede variar enormemente de EE. UU. a Europa, sobre todo dependiendo de las dinámicas de crecimiento salarial), y unos tipos reales proporcionales. Aunque este escenario se encuentra plenamente bañado de incertidumbre y el reciente episodio de crisis bancaria no permite despejar dudas, si la economía occidental no sufre grandes shocks exógenos hasta final de año, el descrito no sería un escenario descartable.

Contra la socialización del crédito en el mercado de la vivienda

La administración Biden ha modificado la forma en la que Federal Housing Finance Agency calcula los tipos de interés. A partir de ahora, los compradores de vivienda con historiales de crédito favorables deberán pagar tipos más altos en sus hipotecas. Por otro lado, los tipos de interés de quienes tienen calificaciones más bajas, considerados de mayor riesgo, han visto sus tipos de interés disminuidos. Esto supone una penalización para aquellos con buen crédito, es decir, aquellos que los intermediarios financieros estiman que son más merecedores de liquidez.

Esta nueva norma se puso en marcha el 1 de mayo. A partir de este momento, los compradores de vivienda con buen nivel crediticio verán sus mensualidades aumentadas. De una hipoteca de 400.000 dólares, ahora tendrán que pagar 40 dólares adicionales al mes o 500 al año. Los compradores de vivienda que paguen entradas del 15 al 20% del valor de la misma son los que se verán más afectados por las subidas de las comisiones.

Socialización del crédito

Estamos ante un aumento en la socialización del crédito. Aquellos con mejores puntuaciones tendrán que pagar mayores intereses. Estos se destinarán a subsidiar préstamos para aquellos con un historial crediticio más bajo, y considerados de mayor riesgo. Esto desincentivará los comportamientos que hacen que las personas tengan buenas puntuaciones crediticias. Son comportamientos costosos que la gente lleva a cabo por ser responsable. Ejemplo de esto son tener un historial de pagos puntuales, saldos bajos en sus tarjetas de crédito, una combinación de diferentes cuentas de tarjetas de crédito y préstamos, cuentas de crédito más antiguas o solicitudes mínimas de nuevos créditos. La gente no tendrá problemas en ser más irresponsable con sus finanzas.

Habrá una mayor demanda de vivienda de los perfiles con mayor riesgo de impago y una reducción por parte de los más responsables financieramente. Esto desincentivará la producción de nueva vivienda. Reducirá aún más la oferta, cuando es la falta de oferta el auténtico problema de la falta de accesibilidad al mercado inmobiliario. Si se pudiese construir más y con más facilidad, es decir, si se deshiciesen todas las regulaciones sobre este mercado, aumentaría la oferta lo suficiente como disminuir el precio y hacer la compra de una casa así más asequible y sin los efectos contraproducentes de otras políticas.

Consecuencias no deseadas

Esta es una nueva norma difícil de entender salvo por motivos ideológicos. El objetivo es hacer que comprar una casa sea más asequible para las comunidades más vulnerables. Se reduce así la brecha en el acceso al crédito, especialmente para los compradores minoritarios. Estos suelen tener pagos iniciales más bajos y puntuaciones crediticias más bajas y aquellos con una puntuación crediticia mayor.

Penalizar a aquellos con mejor crédito para subvencionar a los que lo tienen más bajo, reducirá el total de buenos comportamientos, que aumentan el crédito, y aumentarán los comportamientos negativos, que lo reducen. Esto es lo que en ciencias sociales se llama la ley de las consecuencias no deseadas. Cuando los legislativos promulgan leyes, como se encuentran con problemas de información, las leyes tienen consecuencias que no esperaban, aunque las aprobasen con la mejor de las intenciones.

En este caso, parece ser que los legisladores desconocen que cuando subsidias un comportamiento, obtienes más de este. Por eso es por lo que los programas para aliviar la pobreza no funcionan, y de hecho, dañan más a los pobres que les ayudan. Porque al reducir el coste de ciertos comportamientos, como estar desempleado, obtienes más de esa conducta, no menos. Y encierras a los pobres en ciclos de dependencia del estado.

Intereses espurios

No obstante, también es dudoso que los incentivos de la administración Biden sean los correctos. Como políticos, lo que buscan es su reelección. Si creen que la mejor manera de conseguirla es perjudicando a un grupo en favor de otro, no hay ningún motivo para pensar que no lo harían. Repitiendo las palabras de Ayn Rand:

“Al principio, no dejaba de preguntarme cómo era posible que los hombres educados, cultos y famosos del mundo pudieran cometer un error de este tamaño y predicar, como justicia, este tipo de abominación, cuando cinco minutos de reflexión deberían haberles dicho lo que sucedería si alguien intentara practicar lo que ellos predicaban. Ahora sé que no lo hicieron por ningún tipo de error. Errores de este tamaño nunca se cometen inocentemente”.

La economía a través del tiempo (III): El Estado y las formas de intervención

En este artículo no pretendo desentrañar con plena precisión las características que debe de tener una organización política para poder ser considerada Estado. Sin embargo, sí quiero esbozar una serie de ideas que nos permitan aclarar qué se entiende (más o menos) por Estado. O, más bien, qué se ha entendido a lo largo del tiempo por comunidad política. Quiero, además, analizar el concepto de “intervención” que suele asociarse con una injerencia del poder político en el correcto orden social y natural. Aunque, como veremos, desde ámbitos como la Iglesia Católica se ha entendido tradicionalmente que la “intervención” puede darse desde la autoridad política – diferente concepto que Estado– con una determinada intención y utilizando unas determinadas herramientas.

Hablar de “intervención” o de “Estado” es algo crucial a la hora de analizar históricamente las ideas que defienden un orden jerárquico y cierto tipo de control proveniente desde algún tipo de autoridad. De ahí que sea necesario que nos paremos en este punto. Sobre todo, es importante que desliguemos ambos conceptos. Pueden existir intervenciones no estatistas, pues ello nos ayuda a entender muchas posiciones pretéritas y a evitar caer en anacronismos.

Monopolio de la violencia

Lo primero que discuto es la idea de que “Estado” es cualquier tipo de organización política en la cual se distribuyen las personas jerárquicamente. Es necesario –para que una organización sea un Estado y no otro tipo de asociación– que tal y como apuntaba Weber (1979) la instancia que ostenta el poder posea la capacidad absoluta de determinar en qué momentos se puede usar la violencia dentro de la comunidad. Se suman otros elementos, como la acotación de su acción dentro de un determinado territorio (p. 92).

Si se pretende matizar esta definición, y para poder entender los diferentes contextos históricos, es necesario hacer algo. Separar las organizaciones políticas modernas basadas en la soberanía (Estados) y las demás. Especialmente aquellas típicas de la Alta Edad Media.

El Estado, en la Iglesia

Podemos ver mediante las encíclicas papales como existe una clara diferencia cuando se trata de aludir a la comunidad política. Y cuando se hace necesario, en tiempos más modernos, traer a colación el término “Estado”, que en latín es “Status”. Hay un cambio esencial en la forma del poder con la modernidad.

Así, cuando León XIII (1891) supuestamente dice en Rerum Novarum “(…) sobre la cristiana constitución de los Estados (…)” realmente está escribiendo “(…) de civitatum constitutione christiana (…)” –puesto que el latín es el idioma oficial–. Esta traducción torticera convertiría “La ciudad de Dios” de San Agustín en el horroroso “Estado de Dios”. Esto es algo profundamente absurdo para cualquiera, pero que ha permitido que muchos se confundan. Es por esto que León XIII no habla en ningún momento de “Status”.

Centesimus Annus

La Iglesia, empero, cuando ha querido hacer referencia explícita al Estado, sí ha utilizado, sin ningún miramiento, esa palabra. Así lo vemos en Maximam Gravissimamque de Pío XI (1924) que, hablando de las asociaciones diocesanas francesas, hace referencia a un órgano del gobierno francés del s.XX llamándolo “Consilium Status” que en español sería “Consejo de Estado”.

De igual manera, San Juan Pablo II (1991), en Centesimus Annus, para referirse al Estado actual, no tiene reparos en utilizar “Status”. Es decir, cuando la Iglesia ha dicho a lo largo de los tiempos que en la comunidad política se debía de hacer esto o aquello no se refería al Estado y cuando ha querido referirse a este lo ha hecho.

Estado y modernidad

Vemos, pues, que históricamente “Estado” se ha usado para referirse a aquello que surgió ya en la modernidad. Así nos lo hace ver Álvaro d’Ors (1961) en el siguiente texto:

Como es notorio, poderes políticos más o menos absolutos, más o menos insubordinados a toda norma superior a ellos mismos, eso se ha dado en cualquier momento de la historia. Pero la idea de que los hombres, para vivir una vida civil, deben integrarse en unidades políticas territoriales, formando una sola masa humana, sometida a un único poder, racionalizada y reglamentada por una misma norma positiva, y de que tales unidades territoriales están encerradas en fronteras que limitan la órbita de aquel poder y de aquella ley, eso, que es lo que propiamente llamamos Estado, eso es una creación relativamente moderna. Ni la antigüedad ni el medievo conocieron el Estado. Y resulta del todo anacrónico y desorientador el hablar, como suele hacerse, de “Estado romano”, “Estado visigodo” etcétera.

Álvaro d’Ors. Papeles del oficio universitario (Rialp), p. 316.

Numerosos autores, como Sabine (2002), han otorgado el honor del estreno de la palabra “Estado” (pp. 129-280) a Maquiavelo (1997) en El príncipe cuando dice: “Todos los estados, todos los gobiernos que han regido y rigen la vida de los hombres, han sido y son repúblicas o principados” (p. 35). Y es que, adelantándose a la tónica cientificista típica que ha caracterizado a la modernidad, se supone que el autor pretendió captar el concepto físico “stato” con el que pretendía reclamar la estabilidad propia de cualquier forma de gobierno para que esta sea efectiva.

Autoridad y Estado

Sin embargo, al mezclar las formas modernas y las antiguas bajo un mismo concepto surgen las confusiones. Así, muchos han tendido a relacionar el pensamiento católico – por ejemplo– con el estatismo. Esto se produce por el hecho de que, en determinados casos, se plantea que la intervención de la autoridad es plenamente legítima. No obstante, entendemos que autoridad y Estado no tiene por qué ser lo mismo. Así, podemos echar un vistazo a la encíclica Quadragesimo Anno de Pío XI (1931) para poder entender exactamente qué tipo de intervención defiende la Iglesia:

Debe con todo quedar en pie el principio importantísimo en la filosofía social de que así como no es lícito quitar a los individuos lo que ellos pueden realizar con sus propias fuerzas e industria para confiarlo a la comunidad, así también es injusto reservar a una sociedad mayor o más elevada lo que las comunidades menores e inferiores pueden hacer. Y esto es juntamente un grave daño y un trastorno del recto orden de la sociedad, porque el objeto natural de cualquier intervención de la sociedad misma es el de ayudar de manera supletoria a los miembros del cuerpo social y no el de destruirlos y absorberlos.

Pio XI. Quadragesimo Anno.

Intervención

Cuando se habla de intervención a lo largo de la historia – también en el ámbito económico, que es el que más nos interesa para este trabajo– no siempre nos tenemos que referir a ese intervencionismo estatista moderno. También a una ayuda supletoria ante una incapacidad de una sociedad menor. Lo acabamos de ver explicando el Principio de Subsidiariedad de la Iglesia. Por poner un ejemplo muy simple: el control que ejerce un padre sobre la ropa que su hijo pequeño lleva puesta, dado que el muchacho no tiene la capacidad para ir a una tienda y comprar la que él quiera. En este caso, el padre está interviniendo como una autoridad sobre su hijo, pero su vínculo es completamente natural y ajustado al orden en vez de ser una injerencia con animosidad de ejercer ingeniería social.

Vemos, en conclusión, una diferencia esencial entre la intervención estatista que pretende absorber las funciones – determinar cómo, cuándo y qué producir– de las comunidades inferiores – empresas– y aquella que busca suplir lo que el incapaz no puede realizar.

Bibliografía

Weber, W. (1979). El político y el científico (5ª ed). Alianza. (Original publicado en 1864)

León XIII, Carta Encíclica Rerum Novarum sobre la situación de los obreros (15 mayo 1891) Vatican.va. https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html

Pío XI, Carta Encíclica Maximam Gravissimamque sobre las asociaciones diocesanas (18 enero 1924) Vatican.va. https://www.vatican.va/content/pius-xi/la/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_18011924_maximam-gravissimamque.html

Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus Annus (1 mayo 1991) Vatican.va. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/la/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html

d’Ors, A. (1961). Papeles del oficio universitario. Rialp.

Sabine, G. H. (2002). Historia de la teoría política (3ª ed). FCE.

Maquiavelo, N. (1997). El príncipe (28ª ed). Optima. (Original publicado en 1513)

Pío XI, Carta Encíclica Quadragesimo Anno sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la Ley Evangélica (15 mayo 1931) Vatican.va. https://www.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html (Nota: La traducción la he sacado de la colección Ecclesia de Ediciones Acción Católica Española. El motivo es que la terminología coincidía más con la empleada en el artículo. No obstante, en la bibliografía pongo la edición en línea para que se pueda consultar)

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad