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Lun, Nov 09

¿Es justo que el salario de Messi sea 1.500 veces el de un licenciado?

¿Es justa una sociedad en la que una persona con limitaciones intelectuales como Leo Messi cobre 1.500 veces más que muchas con estudios superiores, másteres y varios idiomas?

No tienes un trabajo inferior a tu formación. Tienes una titulación superior a tu productividad (Joan Tubau).

Recientemente, Alberto Garzón, candidato de Izquierda Unida a las próximas elecciones generales, asesorado por Adoración Guamán, profesora de Derecho del Trabajo (valga el oxímoron: o es derecho o es trabajo) en la Universidad de Valencia, propuso introducir por ley una limitación de los salarios, tanto en la empresa pública como en la privada, de 6.500 euros mensuales, esto es, diez veces el salario mínimo interprofesional. La idea, según el prócer comunista, es que la libertad de empresa esté condicionada por la igualdad de los ciudadanos y la redistribución de la riqueza.

Pero, más allá de lo absurdo de la propuesta (por un lado, el Estado dejaría de recaudar por IRPF unos 19.000 millones de euros, casi un 27% de lo que ingresa por ese concepto; y, por otro, esa medida haría que buena parte de esos trabajadores se instalaran en otros países: así, las empresas españolas perderían a su mejor capital humano y, por tanto, pasarían a brindar peores bienes y servicios, con lo que contratarían a menos trabajadores y/o ofrecerían salarios más reducidos), centrémonos en la cuestión de fondo: ¿es justa una sociedad en la que el salario de una persona con serias limitaciones intelectuales como Leo Messi es unas 1.500 veces superior al que reciben muchas otras con estudios superiores, másteres y varios idiomas?

Para contestar esta pregunta hay que entender cómo se forman los precios, en este caso los salarios. Démonos cuenta de que un empresario, en este caso el Fútbol Club Barcelona, calcula a cuánto va a vender su producto (derechos de televisión, publicidad, mercadotecnia, abonos y entradas, etc.) y a partir de ahí asume en cuántos costes puede incurrir (entre otros, el salario de Leo Messi) que le permitan generar esos ingresos. De aquí podemos deducir fácilmente que los trabajadores reciben un sueldo en función de lo que son capaces de generar (lo que se conoce como productividad marginal descontada). No parece que haya ninguna injusticia en eso. De lo contrario, si ese no fuera el criterio, si los salarios no se fijasen en el libre mercado, serían los políticos quienes establecieran lo que debe ganar cada persona. El criterio ya no sería el de generar ingresos, esto es, el de aportar valor y hacer feliz a la gente en libertad, sino el arbitrario decreto del burócrata de turno.

Cabría replicarnos, de cara a justificar que no es admisible dejar en manos del mercado la determinación de los salarios, que la mayoría de trabajadores, a la hora de negociar sus ingresos, se encuentran ante a su empleador en una situación muy distinta a la de Messi con el Barcelona. Así, frente al poder de negociación que disfruta el astro argentino, el empresario estaría abusando del común de los trabajadores (el “ejército industrial de reserva”, que decía Marx) debido a que cuenta con la posibilidad de elegir entre una oferta amplísima e intercambiable de éstos y, de este modo, puede contratar a quien se ofrezca por menos dinero. Pero quien así razona desconoce que en realidad el empresario no negocia de manera aislada con el trabajador, sino que multitud de empresarios pujan por multitud de trabajadores en un mercado competitivo en el que nadie se aprovecha de nadie (los empresarios no pueden ofrecer salarios por debajo de la productividad marginal descontada del trabajador, puesto que correrían el riesgo de quedarse sin trabajadores; y los trabajadores no pueden exigir salarios por encima de esa productividad, puesto que correrían el riesgo de no ser contratados).

Seamos conscientes de que el mercado no premia la meritocracia (criterio vaporoso sobre el que nunca nos pondríamos de acuerdo: ¿tiene más mérito un ingeniero de minas o un minero? ¿Qué estudios tienen más mérito? ¿Quién y cómo traduce ese mérito en forma de salarios?) sino el más prosaico, pero a la vez profundamente más justo, criterio de la productividad. En última instancia, como decía Mises, el trabajo se valora en el mercado exactamente igual que las mercancías: no es que los empresarios carezcan de entrañas, sino que deben someterse a la supremacía de las masas consumidoras, compuestas precisamente por trabajadores asalariados.

José Augusto Domínguez

Autor de la investigación

Documento de la investigación

¿Es justo que el salario de Messi sea 1.500 veces el de un licenciado?

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