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Lun, May 01

El lenguaje económico (XXVII): Humanismo

Humanismo en un término polisémico. Para nuestros fines lo definiremos como una doctrina ética que proclama la dignidad del ser humano. Con frecuencia, las relaciones mercantiles han sido vistas como atentatorias contra la justicia y la moral; el ejemplo más conspicuo es la (espuria) teoría marxista de la explotación, pero hay más: la condena canónica de la usura, la reputación sospechosa del comerciante y el intermediario, la crítica al dinero, el desagrado de la competencia mercantil, el odio al capitalismo y a la economía de libre mercado, etc.

Ante tales apreciaciones subjetivas, la economía no puede pronunciarse (Mises, 2011: 769). El economista tan sólo puede constatar que bajo una economía de mercado la producción depende de los deseos de los consumidores y que el ingreso que percibe cada cual depende de su capacidad para satisfacerlos. Hoy veremos tres errores de la mal llamada «economía humanista»[1].

Confusión entre el conocimiento descriptivo y normativo

Nadie exige mayor humanidad a la física, la química o la biología; sin embargo, se pide a la economía que sea más humana y solidaria, algo que está claramente fuera de su alcance. La economía es una ciencia descriptiva: «se ocupa de la efectiva actuación del hombre tal como éste opera en el mundo. Sus teoremas jamás se refieren a tipos humanos ideales o perfectos» (Mises, 2011: 769). Las ciencias normativas —ética, derecho, política— estudian las normas, principios y valores que rigen el comportamiento humano y las relaciones sociales. En definitiva, es un error mezclar dos ámbitos del conocimiento distintos: descriptivo y normativo. Esto afirma al respecto Mises:

Las doctrinas éticas pretenden establecer unas escalas valorativas según las cuales el hombre debería comportarse, aunque no siempre lo haya hecho así́. Aspiran a definir el bien y el mal y quieren aconsejarnos acerca de lo que, como bien supremo, debiéramos perseguir. Se trata de disciplinas normativas, interesadas en averiguar cómo debería ser la realidad. Rehúyen adoptar una postura neutral ante hechos ciertos e indubitables; prefieren enjuiciarlos a la luz de subjetivas normas de conducta. Semejante postura es ajena a la praxeología y a la economía.

Ludwig von Mises. La Acción Humana (Unión Editorial, 2011), p 114.

Retorcer las leyes de la economía

Esto no significa, en modo alguno, una oposición entre economía y humanismo, ni tampoco que el economista se desentienda de las cuestiones éticas, pero no es posible crear «otras» economías usando diferentes adjetivos —humanista, solidaria, nueva— o rediseñarla ad hoc según específicos fines o intereses. No está al alcance de filósofos, religiosos o políticos modificar las leyes económicas para que sean más humanitarias. Lo único que pueden hacer es:

a) Utilizar medios políticos. Se trata de un humanismo sui generis, practicado por el Estado social, que confisca la riqueza a unos para dársela a otros y retiene para sí (sostenimiento) una parte sustancial del botín. La legislación estatal en materia asistencial, aceptada por las masas, asume el principio maquiavélico: «El fin justifica los medios».

b) Utilizar medios económicos. En esta categoría, que podemos llamar humanismo genuino o ético, encontramos individuos y organizaciones que donan sus bienes privados o su trabajo a terceros, incluyendo también el activismo pacífico. Estamos ante una genuina — voluntaria — redistribución de la riqueza que renuncia a la violencia como medio para alcanzar fines humanitarios.

Invocar al mal

c) Reclamar medios políticos. Se trata de un falso humanismo donde se pide al político que utilice su poder confiscatorio para ayudar al necesitado. Aquí encontramos numerosos grupos: marxistas, comunistas, socialistas, colectivistas, igualitaristas, ecologistas, nacionalistas, estatistas, etc. Algunas religiones se han deslizado por esta peligrosa pendiente que desemboca en un sometimiento al poder político. Por ejemplo, el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos pide una «legislación integral de protección social»[2]; por su parte, el Papa Francisco (2015: 54) dice que «urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial». Invocar al Estado —el Mal— para hacer el bien constituye una grave contradicción moral: la legalidad suplanta a la moralidad, la coacción a la libertad y la violencia fiscal a la caridad cristiana. «El gran problema de la humanidad es que hemos convertido al Estado en un becerro de oro que todos adoran» (Huerta de Soto, 2023: 10).

En conclusión, el movimiento humanista busca un fin loable: mejorar las condiciones materiales de las personas, especialmente de aquellas más pobres; pero habitualmente yerra en el diagnóstico del problema: culpar a la economía de la pobreza en el mundo es como culpar a la física de las muertes por caídas al vacío. Quienes reclaman una «economía humanista» cometen un triple error:

Triple error

a) Epistemológico. No es posible exigir a la economía, mediante adjetivos u otros expedientes lingüísticos, que se comporte de manera distinta a como prescribe el axioma central de la praxeología —la acción humana es libre e intencional con conocimiento disperso— y sus teoremas: escasez de medios, valor subjetivo, utilidad marginal, rendimiento decreciente, preferencia temporal, etc. (Zanotti, 2008). Los reclamos humanistas deben dirigirse, en todo caso, a las ciencias normativas.

b) Económico. No entienden que el capitalismo es el único sistema capaz de incrementar el nivel de vida de la humanidad mediante el ahorro, la inversión y el  aumento de la tasa de capitalización. El problema no es el capitalismo, sino su ausencia. San Juan Pablo II (1991: 43) entiende que el mercado es la mejor «cadena de solidaridad que se extiende progresivamente» y llega hasta los últimos confines de la Tierra. Quienes deseen reducir la pobreza en el mundo deberían abrazar una economía laissez faire dentro de un entorno institucional que respete irrestrictamente la libertad y la propiedad privada.

c) Ético. No es lícito emplear medios violentos para alcanzar fines. La acción humanitaria del Estado, bajo el lema espurio de la «justicia social», es inmoral porque «todos los Estados y gobiernos son una banda de ladrones» (Huerta de Soto, 2023: 12). Únicamente es ético un sistema humanitario privado.

Bibliografía

Francisco (2015). Laudato Si. Sobre el cuidado de la casa común. Web: Santa Sede.  

Huerta de Soto, J. (2023). «Anarquía, Dios y el Papa Francisco». Cuaderno Nº 24, abril 2023. Madrid: Revista Avance de la Libertad. 

Juan Pablo II (1991). Centesimus Annus. Web: Santa Sede.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Zanotti, G. (2008): «Axiomas y teoremas en la escuela austríaca de economía». Fundación Hayek. Conferencia para el II Simposio Internacional de Escuela Austríaca de Economía (Rosario, Argentina).


[1] Título del libro del economista José Luis Sampedro (2009).

[2] https://www.noticiasobreras.es/2021/10/trabajadores-cristianos-del-mundo-piden-una-legislacion-integral-de-proteccion-social/

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

José Hernández Cabrera

Autor de la investigación

Documento de la investigación

El lenguaje económico (XXVII): Humanismo

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