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Etiqueta: Argentina

Votantes y mercados en el círculo virtuoso en Argentina

Por Marcos Falcone. El artículo Votantes y mercados en el círculo virtuoso en Argentina fue publicado originalmente en FEE.

El 18 de mayo, los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires acudieron a las urnas para elegir a los legisladores estatales. La lista encabezada por Manuel Adorni, actual portavoz de la administración de Javier Milei, ganó con el 30% de los votos, superando tanto a los candidatos peronistas de izquierda como a los de Propuesta Republicana (PRO), el partido del alcalde de Buenos Aires. Antes de las elecciones, la mayoría de las encuestadoras creían que Adorni perdería. Sin embargo, el día después de los comicios, en un clima de desaceleración del mercado global, las acciones y bonos argentinos se dispararon.

Pero, ¿por qué? ¿Podría una elección local tener un efecto tan nacional? Parece que los inversores celebran la victoria de Adorni y la interpretan como una señal de que los candidatos de Milei podrían obtener buenos resultados en las elecciones de mitad de mandato nacionales que se celebrarán en octubre. Dado que su partido, La Libertad Avanza, ocupa menos del 15% de los escaños en el Congreso, los mercados anticipan que Milei ganará mayor representación. No necesita una mayoría para ser más fuerte: tener un tercio del Senado lo protegería de un juicio político.

El efecto de las elecciones de Buenos Aires en los mercados es modesto en comparación con la victoria de Milei en 2023. Esto tiene sentido. Mientras que las elecciones de 2023 señalaron un giro radical en la política económica hacia la liberalización, las elecciones de 2025 pueden fortalecer a la actual administración libertaria.

Un contraste con el pasado reciente

Pero lo contrario también ocurrió en Argentina, y no hace tanto tiempo. En 2019, las elecciones primarias dejaron claro que el expresidente Mauricio Macri, un líder favorable al mercado que no logró implementar reformas, perdería frente al candidato peronista Alberto Fernández, un populista de izquierda que desharía el progreso económico de Macri. El día después de las primarias, el mercado bursátil argentino cayó un 48%, un colapso extraordinario, solo superado por el de Sri Lanka durante su guerra civil. El temor estaba ciertamente justificado: en los cuatro años siguientes, Argentina entró en recesión y cayó en hiperinflación.

En La acción humana, Ludwig von Mises dijo que, en una economía capitalista, la gente “vota” en el supermercado y elige unos productos sobre otros. Los inversores se comportan de manera similar cuando eligen creer en los gobiernos y, por lo tanto, compran sus bonos, o cuando compran acciones que son prometedoras solo si el entorno empresarial de sus países es favorable. En Argentina, el optimismo por Milei ha resultado en un mercado financiero alcista que también ha fortalecido el peso, ha reactivado las hipotecas, movilizado el mercado inmobiliario y ha hecho que las ventas de automóviles alcancen máximos históricos, todos ellos efectos tangibles de los que disfruta la población en general. Esta dinámica significa que los votantes refuerzan a los inversores, y los inversores refuerzan a los votantes.

El futuro de la inversión en Argentina

El efecto de las elecciones en los mercados podría ser aún mayor si más argentinos poseyeran acciones. Solo el 5% de los argentinos invierte en el mercado de valores, en comparación con el 55% de los estadounidenses, el 33% de los británicos o el 13% de los españoles. Esta cifra es consistente con el hecho de que los argentinos poseen aproximadamente 277 mil millones de dólares mantenidos completamente fuera del sistema financiero del país, resultado de décadas de intervencionismo y altos impuestos. La administración Milei está intentando atraer a los inversores locales con políticas favorables al mercado, pero aún no los ha convencido del todo. ¿Qué pasaría si más argentinos invirtieran realmente?

Independientemente de la fuente, parece que, mientras Javier Milei permanezca en el cargo, continúe persiguiendo su agenda libertaria y sea capaz de liberalizar la economía argentina, conservará la confianza de los inversores. A partir de 2023, Argentina ha entrado en un círculo virtuoso: los votantes eligen políticas orientadas a la libertad, los inversores responden positivamente, esto causa buenos resultados y más optimismo, y la administración Milei se beneficia de nuevo en las encuestas mientras sigue implementando políticas típicamente impopulares como el ajuste fiscal.

Por supuesto, los problemas internacionales aún podrían sacudir este progreso. La guerra comercial de Trump podría llevar al mundo a una recesión con consecuencias globales devastadoras que descarrilarían a Argentina. Pero, ceteris paribus, los votantes favorables al mercado pueden reforzar la confianza de los mercados, y el optimismo de los mercados puede reforzar la confianza de los votantes. No es solo la administración de Javier Milei, sino también la gente que sigue apoyándolo, quienes están mostrando el camino en Argentina. En los mercados y en las urnas.

Ver también

“Argentina puede ser la nueva Meca de Occidente”. Discurso de Javier Milei en el Instituto Milken

Buenos días a todos. Quiero comenzar por agradecer al Milken Institute, a todos los involucrados en la organización de este evento y personalmente a Michael Milken por hacer este encuentro posible (celebrado en Argentina). El Instituto Milken ha sido, durante décadas, una de las pocas organizaciones de inserción internacional que se ha mantenido incólume defendiendo los verdaderos principios del capitalismo y las ideas de la libertad, algo lamentablemente escaso en el mundo de hoy.

Hace algunos meses me paré frente al mundo en el Foro Económico de Davos, y les transmití una profunda preocupación por el camino que Occidente ha tomado en los últimos años. Lo que dije en aquella presentación, que aparentemente fue muy comentada, es que Occidente está en peligro. Está en peligro porque sus líderes hace tiempo se alejaron de las ideas de la libertad, ideas que hicieron de Occidente la hazaña civilizatoria más importante de la historia humana. Y en vez de defender las ideas que generaron la prosperidad de la que todos aquí gozan, escuchan cantos de sirena que conducen inexorablemente al socialismo y en consecuencia a la pobreza. Les dije que lo sé a ciencia cierta, porque vengo de la Argentina, donde todo esto, tristemente, ya ocurrió a lo largo de los últimos cien años.

Profetas de un futuro apocalíptico que ya llegó

En algún sentido, los argentinos somos profetas de un futuro apocalíptico que ya hemos vivido. Todas estas discusiones de hoy, basadas en supuestos deseos bienpensantes de querer ayudar al prójimo, basadas en una idea errónea acerca de la naturaleza y la función del estado, sostenidas por teorías económicas que han sido largamente refutadas por los datos y la empiria, nosotros los argentinos las vivimos hace cien años y lamentablemente fueron escuchadas. El resultado ya todos lo conocen. De tener el PBI per cápita más alto del mundo, a tener un país donde el 60% de la población es pobre.

Si bien la Argentina debe ser tal vez el caso más paradigmático en la historia del mundo occidental del fracaso de las ideas colectivistas, no es la excepción sino la regla. Siempre que se ha intentado, el socialismo ha sido un fracaso en lo económico, un fracaso en lo social, un fracaso en lo cultural y además, como es una filosofía que va en contra de la naturaleza humana, no han tenido otro mecanismo para implementarlo que asesinando a 150 millones de seres humanos.

La superioridad del capitalismo

Pero hoy no vengo aquí, a la Meca del Capitalismo, a hacer una crítica del socialismo, sino que vengo a hacer una defensa del capitalismo frente a ustedes, que son los verdaderos héroes de la historia del progreso de Occidente. Si bien hoy está sujeto a una crítica corriente, defender el modelo de la libertad realmente no es difícil, porque la relación directa entre la aplicación del capitalismo de libre mercado y la explosión de prosperidad que la humanidad ha vivido en los últimos 250 años es fácil de demostrar.

Si uno mira un gráfico de la evolución del crecimiento económico a lo largo de la historia de la humanidad, uno estaría viendo un gráfico con la forma de un palo de hockey: una función que se mantuvo constante durante el 90% del tiempo y se dispara exponencialmente a partir del siglo 19. O sea que desde el año 0 hasta el año 1800 aproximadamente, el PBI per cápita del mundo prácticamente se mantuvo constante, pero a partir del siglo XIX, y a raíz de la Revolución Industrial, el PBI per cápita no solo aumentó sino que lo hizo de forma exponencial, multiplicándose por 15 y generando una explosión de riqueza que sacó de la pobreza al 90% de la población del mundo, llegando al punto de que para el año 2020 solo el 5% de la población global vivía en la pobreza extrema.

Sólo 250 años de capitalismo

Lejos de ser la causa de nuestros problemas, el capitalismo de libre empresa como sistema económico es la mejor herramienta que, como especie, hemos conocido para terminar con el hambre, la pobreza y la indigencia a lo largo y a lo ancho del planeta. Pero si bien el éxito del capitalismo es fácil de demostrar, lo que no es tan accesible para muchos es el contrafáctico, es decir, cuánto mejor estaríamos si el mundo hubiera adoptado masivamente el capitalismo desde el principio. Para tener una idea de lo que hubiera sido el mundo con el capitalismo desde el principio, vamos a hacer un pequeño juego mental.

Si uno mira la evolución de la economía global en los últimos 250 años, el PBI per cápita del mundo se multiplicó por 15. Es decir, el mundo que conocemos hoy, lo que llamamos progreso, es producto de haber adoptado el capitalismo de libre mercado en el último 5% de la historia de la humanidad.

Si uno proyecta ese mismo crecimiento exponencial hacia atrás, uno encuentra que si el mundo hubiera adoptado el capitalismo de libre mercado desde el principio, el PBI per cápita del mundo hoy sería 300 veces mayor de lo que es ahora, lo que significa que el PBI per cápita del mundo hoy estaría en 1.500.000 dólares. O sea que si el mundo hubiera adoptado el capitalismo de libre mercado desde el principio, hoy no habría un solo ser humano que viviera con menos de 30.000 dólares al año.

La Argentina y la inferioridad del colectivismo

Como dije antes, tal vez el mejor ejemplo sea el ejemplo argentino. Nuestra historia entera es un testimonio de lo que puede ocurrir cuando se abandona el modelo de la libertad y se lo reemplaza por experimentos colectivistas. Cuando la Argentina sancionó y comenzó a aplicar su primera Constitución liberal, allá por el año 1860, tardamos solo 35 años en convertirnos en una potencia mundial. Pasamos de ser un país de bárbaros, a ser el primero de la historia humana en erradicar el analfabetismo, con un producto bruto interno total superior a la suma de Brasil, México, Paraguay y Perú juntos.

Teníamos más tendidos de vías de tren que la suma de todos los países de Latinoamérica. Éramos comparados con Alemania, con Estados Unidos, y con Inglaterra. Y gente de todos los confines del mundo se escapaba de naciones que hoy envidiamos, y cruzaban el océano para buscar una oportunidad en nuestras tierras. Un capataz podía aspirar a que su hijo fuera productor. Un obrero a que su hijo fuera constructor. Un trabajador analfabeto a que su hijo tuviera estudios y pudiera tener un trabajo calificado. Se trató de una explosión de actividad comercial, productiva, de formación humana, demográfica y cultural con escaso parangón en la historia humana.

Pero en el pico de este proceso, bajo la premisa bienpensante de querer distribuir entre todos la riqueza producida, la dirigencia argentina comenzó a aplicar la mal llamada doctrina de la “justicia social”, que concibe que el Estado tiene que hacerse cargo de las infinitas necesidades de la gente. Una teoría que se pelea con la realidad porque, nos guste o no, las demandas son infinitas pero los recursos siempre son finitos.

Gasto, impuestos, deuda, inflación

Producto de esta forma de entender la relación entre Estado y economía, se aumentó el gasto público de manera brutal. Para financiar esa expansión del gasto primero asfixiaron a los argentinos con impuestos. Cuando estos no alcanzaron, empezaron a quemar el stock de reservas acumuladas en nuestros años dorados. Cuando esto no alcanzó empezaron a tomar deuda. Y cuando ya nadie nos quería prestar porque nos habíamos convertido en el mayor defraudador serial de la historia, comenzaron a imprimir dinero de manera ilimitada.

Para que tengan dimensión de qué estamos hablando, desde el año 1949 la base monetaria en Estados Unidos se multiplicó 16 veces, mientras que en Argentina se multiplicó la astronómica cifra de 25 mil trillones de veces. No, no está mal el dato. Sí, es un número real, no lo estoy inventando. Lo repito: la base monetaria se expandió 25 mil trillones de veces.

Un siglo de fracaso económico y social

Ese es el nivel de descalabro que pueden producir los políticos si se les permite desviarse de los principios básicos de la economía de mercado. Y este ciclo no lo vimos una vez sino una decena de veces. Se rompieron una y otra vez todas las reglas básicas de la economía, para sostener el afán de los políticos de gastar lo que no tenemos. Y como resultado natural de estas medidas, vimos cómo nuestros ciudadanos comenzaron a empobrecerse sistemáticamente, hasta caer al puesto número 140 del mundo en el ranking de PBI per cápita, habiendo llegado a multiplicar por 10 la pobreza tan solo en los últimos 50 años.

Por 100 años repetimos este patrón tóxico, amontonando experimento colectivistas sobre experimento colectivista. Y llegamos el año pasado a uno de los pisos más profundos de este ciclo, cuando asumimos el gobierno y encontramos una situación tan crítica que, de continuar todo como estaba, la economía se encaminaba a una hiperinflación del 15.000% por año.

O sea que como economista y como argentino, conozco en carne propia cómo jugar con fuego, puede extraviar a un país de las vías del progreso y robarle 100 años de historia. Por eso, hace algunos meses en Davos, me pregunté ¿cómo puede ser que desde la academia, los organismos internacionales, la política y la teoría económica, se demonice un sistema económico que ha sacado de la pobreza más extrema al 90% de la población mundial? ¿Por qué Occidente quiere renunciar por su propia cuenta a los principios y creencias que lo hizo llegar adonde llegó? ¿Y por qué insiste con experimentos para los cuales hay ejemplos históricos de su fracaso, como es el caso de la Argentina?

El empresario como benefactor social

Claro que cuando hablamos de Davos no hablamos de cualquier foro. Se trata quizás de la institución global que ha tenido mayor influencia en orientar la dirección política y económica, tanto de naciones como corporaciones, sociedades y organizaciones no gubernamentales a lo largo de los últimos 40 años. Pero ocurre que quienes lideran Occidente se han olvidado de una verdad elemental, y es responsabilidad moral de quienes aún la recordamos, defenderla y declamarla: y esa verdad ineludible es que la libertad económica en búsqueda del interés individual produce beneficios colectivos; y que, por lo tanto, el empresario que arriesga capital en pos de una ganancia es un benefactor social.

Porque en un sistema que garantiza las instituciones clásicas del liberalismo – la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social – la única forma de ser exitoso es sirviendo al prójimo con bienes o servicios de mejor calidad o mejor precio.

Marcos teóricos equivocados y sus consecuencias

Sin embargo, quienes conducen las principales naciones y organizaciones de Occidente no dan suficiente crédito a esta idea, y miran la economía desde un marco teórico que cree que el mercado es imperfecto, que produce “fallos” y que requiere de la intervención estatal para perfeccionarlo. El problema de esta concepción, es que justifica intervenciones que traen más problemas que beneficios, y atentan contra el crecimiento económico. Porque no solo no resuelven el problema que pretendían resolver, sino que obstruyen lo que Hayek llamaba el “proceso de descubrimiento”.

El mercado, presuponiendo la libre competencia y un sistema de precios libres con señales claras, constituye un mecanismo de extracción y transmisión de información en el que, a mayor libertad, mejor funcionamiento.

O sea que el mercado libre es un proceso de descubrimiento en el cual el capitalista encuentra sobre la marcha el rumbo correcto, en la búsqueda constante por ofrecer bienes y servicios de mejor calidad o mejor precio.

Quienes bregan por el intervencionismo no solo impiden el funcionamiento virtuoso del mercado sino que encima se felicitan a sí mismos e intercambian medallas de responsabilidad social en pomposas ceremonias; mientras que terminan promoviendo una agenda de valores que le abre la puerta poco a poco al socialismo y la miseria.

La subversión de los pilares occidentales

Esta forma de entender los mercados es también la que está detrás de un fenómeno que ya ha trascendido la moda, y se ha vuelto un mandato en la cultura occidental, que me quiero tomar un momento para comentar. Hablo de una cultura autorepresiva y autoflagelante que se ha difundido en el mundo corporativo, en el mundo periodístico, en el mundo de la educación y en el mundo del entretenimiento.

Una cultura donde producto de distintos tipos de coacción, todas directa o indirectamente promovidas por el estado, se persigue al privado para que se someta a mandamientos de supuesta moral, en cuestiones como el género, la cuestión racial o la cuestión ambiental, que muchas veces terminan atentando directamente contra la libertad y la capacidad de las empresas para generar riqueza.

Se trata de conceptos que llevan al absurdo de castigar el mérito para premiar la diversidad, de regular la libre circulación de ideas para evitar ofender a algunas pocas almas sensibles, de demonizar el optimismo tecnológico por miedo al cambio climático. Son ideas y conceptos que castigan la ambición y premian la mediocridad. Que castigan el riesgo y premian el conservadurismo.

Ese panfleto detestable

En definitiva, son ideas que promueven pasiones tristes y bregan para que seamos versiones cada vez más pequeñas de nosotros mismos. Cuando son precisamente la innovación, la ambición, incluso la codicia en la acción humana, las que impulsaron el desarrollo de nuestra especie. O sea: como civilización, habiendo visto de qué somos capaces, estamos eligiendo desconfiar de nuestra propia capacidad, negar nuestra propia virtud, nuestra propia identidad y cometer lo que es, a todas luces, un suicidio colectivo.

Hoy, ya demasiado tarde en algunos lugares, vemos con horror los frutos que empiezan a dar estas ideas. Por ejemplo esta semana aquí mismo, en Estados Unidos, con las decenas de miles de jóvenes a lo largo y a lo ancho de los campus universitarios, reivindicando el terrorismo islámico y promoviendo el antisemitismo. O sea, literalmente, la futura élite de Occidente enemistada con su propia cultura.

Marx decía, en ese panfleto detestable que escribió con Engels, que el capitalismo llevaba en sí el germen de su propia destrucción. Esperemos que, como con el resto de las cosas que escribió, haya estado equivocado.

La verdadera responsabilidad social: la excelencia humana

Ahora, no se equivoquen. Yo sí creo que el sector privado tiene un mandato de responsabilidad social muy claro. Pero no tiene que ver con hacerse el moralista o el culposo. La verdadera responsabilidad social del empresario es un efecto natural del funcionamiento libre de su propia actividad económica: el mandato de producir bienes y servicios de mejor calidad o mejor precio.

Ese mandato redundará en la generación de mercados más competitivos, con sociedades mejor satisfechas y, en última instancia, no solo satisface demandas sino también ensancha los horizontes de lo que el hombre quiere y puede hacer, a través de la innovación tecnológica.

O sea que ese mandato redundará al final del día, en una tendencia a la excelencia humana y al enaltecimiento de nuestra especie. No es un mandato de moralina superficial que se cumple regulando el libre mercado. Es un mandato de gloria que se cumple desatándolo. Por el contrario, cuando el afán de algunos por regular obtura la pulsión humana de crear, y la ata de manos, estamos ante un problema.

Porque construir un futuro prometedor para la especie es imposible si hay ideas buenas que, no importa lo buenas que sean, son consideradas demasiado heréticas para ser exploradas. Porque construir un futuro prometedor para la especie es imposible si sacrificamos el mérito, la competencia y los resultados, en el altar de la diversidad. Dado que fueron precisamente la libre circulación de ideas, y un sistema de incentivos que promueve el esfuerzo y el mérito, los pilares sobre los que se construyó Occidente.

Cruzar las fronteras del quehacer humano

Entonces quiero hoy reivindicar las grandes ambiciones de nuestra especie y nuestra civilización. Desde que existen los mercados libres hemos cruzado frontera tras frontera. Hemos sacado al mundo entero de la pobreza en 250 años. Hemos puesto hombres en la luna y ahora miramos a Marte. Y lo hemos hecho gracias a la ambición, la creatividad y el optimismo de hombres como ustedes, que se asociaron entre sí en pos de la búsqueda de la propia felicidad.

No tenemos que perder la fe en esa ambición primal que los humanos tenemos como guía. Somos una especie de exploradores, de creadores, de inventores. No de burócratas. Y es el empresario-aventurero, no el burócrata de escritorio, la clase de hombre que encarna en el presente esta cualidad atemporal del espíritu humano.

Por eso, no quiero dejar de celebrar el esfuerzo de mi amigo Elon Musk por pisar Marte. Porque entendemos que la exploración espacial está a la altura de nuestro destino como especie exploradora, demasiado grande para estar confinados a este planeta.

Tenemos la obligación moral de proteger los pilares que hicieron posible todo este edificio de ambiciones, logros y sueños. Esos pilares sobre los que está edificada la historia del progreso humano son la defensa de la vida, de la libertad y de la propiedad. Si los olvidamos, o los damos por sentados, corremos el riesgo de perderlo todo.

El giro argentino al liberalismo

Miro a la Argentina, con todos los cambios que estamos emprendiendo, y veo que estamos a contramano del mundo. Porque mientras en el resto del mundo las ideas de la libertad están bajo asedio, en la Argentina se erige una fe renovada en ellas. Mientras Occidente gira hacia el control y hacia la imposición, la Argentina gira hacia la confianza en sus ciudadanos en el ejercicio de su libertad. Mientras Occidente gira hacia el déficit, la burocracia y el Estado entrometedor, Argentina gira hacia la austeridad, hacia el ahorro y retira al Estado de la actividad económica.

En fin, mientras Occidente gira hacia el chamanismo económico, y hacia formatos insostenibles de heterodoxia que ponen en peligro el futuro de todos, la Argentina vuelve al sendero de la razón. Y lo hace con amplio apoyo en todos los estratos de la sociedad. Porque después de décadas de recesión en Argentina, el consenso pro-capitalista es transversal a la sociedad.

Un duro y rápido ajuste del Estado

Por eso estamos pudiendo hacer el ajuste del Estado más rápido y más grande de la historia de la humanidad, sin perder un solo apoyo en el camino. Esto es porque la sociedad entendió que vale la pena hacer el esfuerzo que requiere dar un cambio de rumbo. El modelo del “Estado grande” es una cárcel, y la sociedad argentina lo entendió.

Por eso apoya la ley que estamos impulsando en el Congreso, que es el proyecto de reforma del Estado, tributaria, fiscal y regulatoria más importante de los últimos 150 años. ¿Cómo puede ser que la fuerza política en mayor minoría parlamentaria de la historia democrática, en un contexto de penuria económica total, pueda impulsar la reforma más ambiciosa de la que se tenga memoria y lo haga con apoyo popular? Porque la sociedad argentina exige un cambio de rumbo profundo y urgente para volver a abrazar las ideas de la libertad.

Cuando tomamos el timón del Estado y de la economía argentina en diciembre, anunciamos desde el primer día que con nosotros se acababa el déficit y, en consecuencia, se acababa la emisión monetaria y la inflación.

Estamos cumpliendo

El establishment no nos quiso dar crédito y se dijeron muchas cosas. Se dijo que hacer un ajuste de más de un punto del PBI era imposible. Se dijo que tener déficit cero en el primer año era imposible. Por último, se dijo que una política de tasas bajas no serviría para reducir la inflación. Pero hemos desafiado estos pronósticos y estamos cumpliendo nuestros objetivos.

En tan solo 5 meses logramos el primer trimestre con superávit fiscal y financiero en el sector público nacional luego de 20 años, habiendo heredado de la administración anterior un déficit consolidado de más de 15 puntos del producto entre déficit del tesoro y déficit del Banco Central; lo cual es, sin exagerar, una hazaña de proporciones históricas a nivel mundial. Bajamos drásticamente el gasto público reduciendo en un 76% las transferencias discrecionales a los estados provinciales, ajustando en un 87% la obra pública, eliminando el 50% de los cargos políticos, cerrando organismos innecesarios y eliminando la pauta publicitaria.

Frenamos en seco el financiamiento del tesoro con emisión monetaria; y producto del ancla fiscal y monetaria, la inflación empezó a bajar y sigue bajando semana a semana desde hace 4 meses. En simultáneo, llevamos adelante una política de baja sistemática de tasas sin que el tipo de cambio ni la inflación se disparen, lo cual todo el establishment juraba era imposible.

El poder y el periodismo, en contra

Y todo esto lo hemos hecho con toda la política, la mayoría del periodismo y una buena parte del poder económico prebendario en contra, y sin los recursos jurídicos que le solicitamos al Congreso y con los que todos los presidentes de los últimos años han contado. Lo cual es esperable en parte, porque por cada partida presupuestaria que recortamos hay un privilegio o negocio que le estamos quitando a algún político o a algún amigo. Pero así, aún ante semejante adversidad, estamos cumpliendo y los resultados acompañan.

Todavía queda mucho trabajo por delante, pero tenemos un rumbo en el cual la mayoría de los argentinos confía, y un plan para lograrlo. Tenemos por norte achicar al Estado para agrandar a la sociedad, tendiendo a un gasto público consolidado del 25% del PBI. 10 puntos menos que el de los Estados Unidos y la mitad del de Francia, para tener punto de comparación.

Reducir los impuestos tras reducir la inflación, que es un impuesto

Tenemos por norte devolverle a los argentinos cada peso que ahorremos, primero eliminando la inflación y luego, el día de mañana, reduciendo los impuestos. Y tenemos por norte desarmar la maraña de regulaciones en la que se ha convertido la Argentina, para liberar la actividad económica y desatar su fuerza productiva. Por eso hemos sancionado una orden ejecutiva adonde derogamos más de 350 leyes. Por eso estamos impulsando una ley que contiene reformas en el plano fiscal, laboral, previsional y tributario, incluyendo un régimen de promoción de crédito para grandes inversiones.

En total, entre ambos instrumentos habremos introducido cerca de 700 reformas estructurales en los primeros cinco meses de gobierno. Un programa de reformas 7 veces más grande que la reforma del Estado impulsada por el presidente Carlos Menem a principios de los 90, el último gran proyecto liberal que tuvo la Argentina.

En otras palabras, estamos haciendo realidad el programa reformista más ambicioso de los últimos 150 años. Porque la única manera de sacar al 60% de los argentinos de la pobreza es con crecimiento económico y solo hay crecimiento económico con libertad. No hay otra manera.

Nuestra visión

Para nosotros la única tarea del Estado es proteger la vida, la libertad y la propiedad de los argentinos, para que cada uno pueda ser arquitecto de su propio destino. Esta es nuestra visión. Es una visión parecida a la que sostuvieron todos los países prósperos de Occidente en los momentos grandes de su historia.

La tarea del Estado no es poner plata inventada en el bolsillo de la gente, sino asegurar las condiciones macroeconómicas y jurídicas para que el sector privado pueda desarrollarse por su cuenta. Un Estado que vela por la vida, la libertad y la propiedad de los individuos; y un sector privado pujante que arriesga, apuesta por el país y genera riqueza. Nosotros establecemos las bases. El sector privado se encarga del resto.

Por eso, a esta presentación de quiénes somos y qué queremos para nuestro país que les he traído hoy, le quiero agregar una invitación. Tanto a todos ustedes como también a sus pares del mundo y de la Argentina.

Después de décadas de estancamiento, la Argentina tiene todo dado para emprender un proceso de convergencia económica que nos coloque a la par de las grandes potencias del mundo. La convergencia económica se da cuando los países que tienen menores ingresos per cápita crecen más rápido que los más desarrollados hasta el momento en que logran alcanzarlos. ¿Por qué? Porque somos desde hace décadas una olla a presión, hirviendo con la tapa cerrada. Lo único que hay que hacer es destaparla y reanudar lo que Hayek llamaba la tarea del mercado como proceso de descubrimiento.

El mercado como proceso de descubrimiento

Para nosotros, reanudar ese proceso de descubrimiento va a generar un salto de crecimiento brutal, porque las posibilidades de crecimiento tienden a ser mayores cuanto más extensas sean las capacidades subutilizadas de un país. Desde este punto de vista, si en un país la utilización efectiva de sus recursos fue impedida durante décadas, y de un día para el otro se normaliza, lo lógico es esperar tasas de crecimiento enormes, proporcionales a todo lo que hay por explotar. Por eso la baja capitalización de la economía fruto de 20 años de un populismo empecinado en destruir el capital, va a generar oportunidades de inversión enormes para aquellos que apuesten por el país.

Por lo tanto, Argentina no solo podría mostrar altas tasas de crecimiento como consecuencia de las oportunidades por descubrir dado su bajo nivel de desarrollo, sino que además, ante la brutal destrucción de capital ocurrida en el pasado, ello daría un enorme retorno con solo poner en marcha las ideas y proyectos ya descubiertos pero entorpecidos por capas de regulaciones innecesarias. Así, mediante la recomposición del ahorro fiscal, una drástica reducción de la carga tributaria, y afianzando el respeto por los derechos de propiedad, haremos que alcanzar el desarrollo deje de ser un sueño, para volverse una realidad.

La Argentina, nueva Meca de Occidente

Hoy está acá para decirles que Argentina está preparada para ese enorme desafío. Estoy convencido, sin la más mínima duda, que Argentina tiene todas las condiciones para ser la nueva Meca de Occidente. Es un país seguro, alejado de cualquier frontera conflictiva, en un mundo que cada día se aleja más de la paz. Es un país abierto a entablar relaciones comerciales con todo el mundo, que es además la mayor garantía posible para perpetuar la colaboración y alejarse de la guerra.

Tenemos ventajas comparativas en donde elijamos mirar. Tenemos la tierra más fértil del mundo, fuimos revolucionarios en siembra directa, y con uno de los sectores agroindustriales más desarrollados del mundo. Y tenemos una cordillera rica en litio, plata, oro y cobre. Minerales que la economía global necesita y que por negligencia, falta de inversión, y falta de ambición, nos hemos resistido a explotar.

Tenemos un mar abundante en recursos ictícolas. Tenemos una conexión directa con la próxima frontera humana, que es la Antártida. Y tenemos una concentración de diversidad geográfica y ecológica de la cual solo 2 o 3 países del mundo podemos hacer alarde; con montaña, con desierto, con glaciar, con bosque, con selva, con playa, con altiplano, con lagos, esteros, estepas y vastas llanuras que se pierden en el horizonte.

Y tenemos también la ventaja comparativa más importante de todas: capital humano de primera categoría. Recursos formados en universidades locales que son líderes de la región. El país con más premios Nobel de Latinoamérica, y al mismo tiempo, el país con más unicornios per cápita de la región. Y, esto no es menor, ya que se trata de ciudadanos entrenados al calor de una vida entera de volatilidad económica.

Giro tras un siglo y medio

¿Cómo va a haber otro pueblo mejor preparado que el argentino, si al argentino nunca le quedó más alternativa que vivir escapándole al asedio del Estado para poder vivir en paz? Y hoy, por primera vez en 150 años, y a contramano de un mundo cada vez menos libre, la Argentina se convierte día a día en un país más libre. Por primera vez en 150 años estamos generando las condiciones para convertir todos los dones que Dios nos dio, en una promesa de prosperidad. La tarea del capitalista es descubrir. La tarea de la humanidad misma es descubrir.

Y son las naciones como la nuestra que nacen de ese espíritu de descubrimiento las que mejor lo encarnan. No es casualidad que las economías más dinámicas de Occidente en los últimos 100 años hayan sido las americanas, con los Estados Unidos a la cabeza. No es casualidad que el foro de los burócratas se realice en Europa y el foro de los descubridores se realice aquí en América. Tenemos espíritus distintos.

La Argentina hoy sigue siendo un país, una nación, un pueblo, ávido por descubrir y ser descubierto, como lo fuimos a fines del siglo XIX. Y estamos listos, ya comenzamos la carrera para emprender un salto cuántico en materia de producción y desarrollo. La ventana de oportunidad para esta nueva fiebre del oro no será eterna. Es hoy. Es ahora.

Empresarios: el progreso humano encarnado

Por eso les digo también a los empresarios argentinos: no se duerman en sus laureles, porque encontrarán que hay actores de afuera con más capital y mayor capacidad de asumir riesgo, dispuestos a hacer las inversiones que el país necesita. En esta nota, quiero finalizar invitando a todos los aquí presentes, que son los héroes de la historia del progreso de la humanidad, a que si creen como yo, en la superioridad del capitalismo de libre empresa; que si creen como yo, que Occidente se encamina a un lento pero seguro retroceso; que si creen como yo, que el mérito, la ambición, la libertad, la innovación y el optimismo son valores esenciales de la especie humana que deben ser premiados; quiero invitarlos a que apuesten por Argentina.

Ayúdenme, ustedes, que son el progreso humano encarnado, a hacer de la Argentina la nueva Roma del siglo XXI. A hacer de la Argentina una tierra de oportunidades para todos aquellos que estén dispuestos a habitar nuestro suelo. Son ustedes lo que pueden demostrarle a los burócratas del mundo que están destruyendo Occidente, que las ideas de la libertad son la única forma de alcanzar la prosperidad. Apuesten por Argentina y escribamos juntos un nuevo capítulo en la historia del progreso de Occidente.

¡Viva la libertad, carajo! Muchas gracias.

Que Dios bendiga a los argentinos. Y que las fuerzas del cielo nos acompañen”.

Discursos de Javier Milei

Diez políticas de Estado

El fracaso del modelo neoclásico

Davos: «Occidente está en peligro»

Primer discurso del presidente Javier Milei: «Hoy comienza una nueva era en Argentina»

Al Sr. Martín Caparrós, de un argentino a otro

He estado leyendo en estos últimos meses la cantidad de notas que ha estado escribiendo en el diario El País, acerca de nuestro presidente Javier Milei. Tenemos la coincidencia de vivir ambos en España, pero por motivos muy diferentes: en mi caso he huido de la inseguridad que han generado 20 años de Kirchnerismo, fruto de políticas ¨Inclusivas¨ que excluían a nuestro pueblo del acceso a la educación de calidad, la cultura y las buenas costumbres, fundamentalmente las del trabajo. Esto sumado a las prácticas garantistas que amigos del poder como el Dr. Zaffaroni han enseñado entre los jueces, nos arrojaron a las garras de una inseguridad insostenible. Y, aquí, el motivo por el que me fui. En su caso se trata de algo distinto.

Montoneros

Muchos montoneros salieron huyendo para no ir presos, como tantos otros que han atacado la tranquilidad social, han puesto bombas incluso en los colegios que hoy dicen defender: los públicos. Como aquéllos que han secuestrado y realizado un sinfín de atrocidades. Así, luego de huir a Europa para evadir las penas que le correspondían, comenzaron su historia. Muy diferente a la historia de la mayoría de los 600.000 argentinos que hoy habitan en España, debido a que la fiesta de gastos y el falso estado de bienestar llegaron a su fin e hicieron imposible vivir en nuestro amado país.

Especialmente me resulta muy curiosa la aprensión que demuestra de forma permanente, desde hace décadas, contra la figura del expresidente argentino Carlos Saúl Menem. Gracias a sus indultos a los montoneros se han librado de las penas que debía pagar. Y, además, se han hecho de mucho dinero por las indemnizaciones que Menem ha repartido para pacificar el país a muchos de sus amigos. Claro que de eso no se queja…

Me gustaría decirle que podría estar de acuerdo con la crítica realizada contra algunas manifestaciones del diputado Benegas Lynch, pues se prestan a malas interpretaciones y podría haber expresado mejor lo que pensaba: nadie quiere que los niños trabajen en lugar de educarse, y si eso sucede es un efecto rebote de las malas políticas económicas y la corrupción que Argentina ha  sufrido a diario desde décadas.

Revolución social desde países capitalistas

Y no puedo dejar de recordar e imaginarme a niños como Julio Salazar de 14 años, asesinado en el atentado terrorista del 6 de agosto de 1972. Juan Eduardo Barrios de 3 años, asesinado por terrorismo el 6 de diciembre de 1977. La lista sigue con muchos niños muertos; imagino cómo hubieran sido sus vidas, si hubieran ido al colegio y en qué habrían trabajado si las organizaciones terroristas de las que usted formó parte no los hubieran matado. Por ello concluyo en que quizás el Diputado cometió un error a la hora de expresarse, pero lo de usted y los suyos fue aún mucho peor, pues implicó la muerte de niños inocentes.

Sigo leyendo sus prosas, las que percibo como palabras de un político frustrado, con un dejo de anarquista de izquierda, pero que vive en el primer mundo, (casi en algo más nos parecemos, yo soy anarcocapitalista), y no encuentro enfoque periodístico en sus redacciones, sino un intento desesperado de que los demás piensen como usted. Por cierto, me pareció patético que TVE le invitara como único comentarista de nuestra patria en su programa especial sobre las elecciones presidenciales argentinas, como patético hubiera sido que nuestra TV Pública invitara a un exmiembro de ETA para hablar de unas elecciones generales en España.

Acerca del hambre y su afirmación de que los productores son los responsables de ella, déjeme decirle en defensa de nuestras tierras agrícolas y ganaderas, que cada vez que la política destruyó con su intervencionismo estatal al país y lo llevó a una nueva crisis, los productores trabajando el campo generaron las riquezas de la patria con las que, pese a todo, se salió adelante.

Argentina crece de noche: los políticos duermen

Así se creó el dicho popular que se repetía en el 2001 de que mientras los políticos duermen Argentina crece. Claro, de noche sigue creciendo la siembra que los productores regaron sobre los campos. La pena es que, en tantos años de intervencionismo socialista, restricciones estatales e impuestos forzados por la violencia del estado, no se pudo producir más, ya que el dinero que podía invertirse en mejorar los bienes de capital para hacer más alimentos se los gastaba el socialismo en sostener su orgía de gastos y subvenciones políticas.

En los días que lleva el gobierno de Milei, se está sincerando el costo de la fiesta de las últimas décadas: de un estado inmenso y costoso, de los planes anti-hambre, que trajeron más hambre, abandono social y educativo, de las políticas de precios máximos, que causaron hambre y escasez. Éstas políticas sí generaban que sea más rentable vender alimentos en el exterior que en el interior. De los planes sociales, herramienta de sometimiento del socialismo. Y un sinfín de errores intervencionistas que se intentaron solucionar con más intervencionismo, como si se le echara queroseno al fuego para apagarlo. Y como era de esperarse, el fuego avanzó y el país está en llamas. Ahora: ¿me puede seguir afirmando que un presidente que no lleva aún 5 meses en la Casa Rosada es responsable de semejante destrucción? Espero que sea sincero al menos consigo mismo.

Un Perón maduro

Cuando critica a Milei por levantar la imagen y la esperanza de los argentinos igualando a nuestra patria de antaño a las potencias mundiales de entonces, lo entiendo, ya que la izquierda siempre tiene por meta destruir la historia, la moral social y luchar contra el patriotismo. Es curioso que los dos vivamos en España y parece que a usted nunca le agradecieron los españoles cuando Argentina en 1948 enviaba alimentos para paliar el hambre. Claro que es mejor no hablar de Perón, ya que a su organización el 1 de mayo de 1974 los echó de la Plaza de Mayo y los llamó “estúpidos e infiltrados”. Ese es el peronismo que yo pregono, no el primero que tuvo muchos errores. Me gusta más el del General que regresó maduro de la tierra madre.

Continuando con la grandeza de la patria de la que habla Milei, se trata de la potencialidad argentina ante el mundo, ya que el mundo en ocasiones nos ha observado, incluso con temor, debido a las condiciones que tenemos para ser potencia mundial. La pena es que nuestros políticos, ¨la casta¨, se ha ido robando y mal gastando todo. Acerca del Señor Menem, que indultó a tantos colegas terroristas suyos, lo que hizo fue insertar a Argentina nuevamente en el mundo, con gran similitud a lo que está haciendo actualmente Javier Milei.

Regalos envenenados

He leído que además dice que Milei intenta sacarle al estado cualquier posibilidad de regulación y protección de los más débiles y permitir que los empresarios tengan todo el poder en su relación con los trabajadores. Y dice que el mercado es ¨la ley de la selva¨. Quiero expresarle que la única manera de que los más pobres dejen de ser los más pobres es justamente que el estado deje de querer regular sus vidas. Que la protección que planteó el estado socialista sufrido hasta hoy en Argentina consistió en ponerles plata en el bolsillo con el menor esfuerzo, a costa de otros que se esfuerzan mucho para sobrellevar el día a día con una carga impositiva que no deja de crecer.

El dinero es un regalo envenenado y la “protección” que se le estuvo dando a la gente es un virus que infecta el alma y los lleva a depender de un estado incapaz de sacarlos de la pobreza, al contrario, cada año infecta más pobres y agranda más la brecha social.             

Los trabajadores son un bien de capital humano fundamental para el funcionamiento de las empresas. No hay empresarios inversores sin “empresarios” trabajadores, ya que los segundos aportan al proceso de producción su fuerza laboral para producir las ganancias futuras. Por ello si los empresarios inversores tuvieran la posibilidad de relacionarse libremente con los ¨empresarios¨ trabajadores, sin coacción e imposiciones del gobierno, esa relación sería mucho más justa para ambas partes.

Qué es la economía de mercado

Cuando aparece un gobierno a regular el valor mínimo del salario, en realidad está imponiendo lo máximo que van a cobrar las mayorías. Por el contrario, sin esta imposición el adelanto de las ganancias futuras que proporciona el inversor al empleado, sería mucho más productivo gracias a su capital, sería proporcional a lo que representa su aportación en el proceso de producción de los bienes a vender, significando un importe de salario mucho mayor que cualquier salario mínimo. Verá que en esta relación que planteo ambos son tratados como empresarios, teniendo por ese tratamiento derecho a negociar sus condiciones. Sin embargo, en el proteccionismo que usted plantea, los trabajadores son ninguneados y condenados a ganar el mínimo.   

Le comparto una fabulosa frase sobre la libertad de mercado, que no es ¨la selva¨, sino la verdadera libertad donde cada participante aporta su capital, (intelectual, de fuerza humana, económico, tiempo, etc.) para lograr al fin del proceso de producción, un bien que generará una rentabilidad a dividir proporcionalmente, según el aporte que cada uno haya contribuido a la cadena de valor: “La economía de mercado es un sistema social de división del trabajo basado en la propiedad privada de los medios de producción”. (Ludwig Von Mises, La acción humana,15ª edición Unión Editorial, Madrid 2023).

La casta

Termino mis consideraciones acerca de sus ataques a los pocos meses de gobierno libertario en la Argentina, dándole la razón en algo más: Milei descubrió ya que hay algo muy engorroso llamado “política”, que es lo que moviliza a “la casta”. Y lo está descubriendo a fuerza de decepciones, incluso entre sus libertarios, ya que la política se nutre de intereses. Por ejemplo, los suyos y los de otros periodistas que Milei llama “ensobrados”. Y así mismo hoy recordaba cómo, en el mes de noviembre de 2023, durante el gobierno de izquierda de Fernández, la Embajada Argentina ante España pagó unos 80.000 euros (costo muy llamativo por una simple solicitada), al periódico en el que Usted escribe todas sus notas contra Milei.

Dejo abiertas para los lectores las reflexiones al respecto. Milei está inmolando su vida en la política para intentar revertir décadas de las orgías de gastos, subvenciones, corrupción, emisión monetaria desmedida y estado grande. Tal vez lo logre y yo, voy a darle la posibilidad de demostrarlo.

El ‘plan América’ y el mito de la dolarización

El dinero es, en su más pura esencia, intercambio de trabajo. Por eso la política monetaria debería ser neutral. La emisión de dinero no debería conocer de ideologías.

Acaba de salir al mercado el libro El Plan América (ISBN 9788409557349). Este libro explica los pasos que debe seguir Argentina para salir del agujero monetario en el que se encuentra. El Plan América es la única vía que, sin aplicar con rigor el Consenso de Washington, permite reactivar la economía, recobrar la soberanía monetaria, atraer inversiones no especulativas, controlar la dominancia fiscal y la dominancia monetaria, estabilizar el valor de cambio y evitar la inflación, etc. Este libro cambiará la historia de Argentina por basarse en el Patrón Interés, un novedoso sistema de emisión de dinero que dota valor a la moneda basándose en los activos nacionales, con un ancla o límite de emisión monetaria más robusto que el propio oro.

Uno de los capítulos del libro está dedicado a analizar el mito de la dolarización. Resumimos brevemente las reflexiones que el libro ofrece sobre esta tramposa herramienta monetaria.

Errores técnicos flagrantes de la dolarización

Desde una perspectiva técnica, la dolarización presenta las siguientes debilidades:

  1. La dolarización es inmoral. Para conseguir la masa monetaria óptima de giro, la cantidad de dinero que necesita en la actualidad la nación para funcionar con normalidad, Argentina tendría que enviar 45.000 millones de dólares de commodities (carne, cereales, etc.) a los EE.UU, 45.000 millones de trabajo argentino para que los americanos envíen papelitos de colores. Esto no es lógico. Es más, para frenar cualquier corrida bancaria o crisis puntual monetaria, es decir, para que el BCRA pudiese actuar como prestamista de última instancia de todo el sistema, tendría que enviar otros 10.000 millones de commodities para obtener más papelitos de colores. Los americanos vivirían como reyes a costa del pueblo argentino.
  2. La dolarización es cara e infinita. Cuando la economía argentina aumente y necesite incrementar la masa monetaria en circulación o de giro, deberá igualmente enviar más trabajo argentino a los Estados Unidos a cambio de billetes verdes. Si esto no se consigue, los precios de los productos sufrirán deflación.
  3. La dolarización hace depender la economía Argentina de las necesidades comerciales norteamericanas. Si los norteamericanos deciden vetar ciertos productos que ellos no producían pero ahora producen, Argentina sufriría monetariamente (ver más detalles en el libro).
  4. Competencia Comercial Insana. Si todos los países hispano hablantes hicieran lo mismo que recomienda el líder de La Libertad Avanza, si todos los países estuvieran dolarizados, existiría una mayor oferta de commodities para la misma demanda. Esto será terrible para Argentina y todos los países dolarizados (ver más detalles en el libro). La competencia entre países iberoamericanos por el mercado norteamericano o chino ya existe, pero si pierdes blindaje monetario nacional es más difícil amortiguar los shocks de demanda de cualquier tipo.
  5. La dolarización es dependiente de la política de bloques. Si Argentina no compra a los EE.UU. aviones militares, los norteamericanos podrían vetar los productos argentinos.
  6. Inflación. El Presidente Milei y toda su cohorte de economistas, han afirmado que con la dolarización la inflación desaparecería en Argentina. Esto es terriblemente inexacto por motivos empíricos y técnicos (ver más detalles en el libro). Desaparecería la hiperinflación, pero la inflación persistiría, como ocurre actualmente en EE.UU., Ecuador, etc.
  7. Situaciones extremas. La dolarización total que propone el Presidente Milei para Argentina, con la supresión del Banco Central y la aniquilación del Peso argentino, impediría que el Estado, en situaciones extremas, pudiese emitir dinero. Por ejemplo, en el supuesto de una pandemia similar a la COVID19, donde la actividad privada y los ingresos por impuestos caen totalmente, ¿cómo emitiría dinero un Estado sin Banco Central? ¿Cómo atenderían sus compromisos las diferentes administraciones si los impuestos caen por culpa de una sequía?  La sequía de 2023 redujo la producción agrícola, según algunas fuentes, en más de un 40%, siendo el campo el 8% del PIB, pero el 50% de las exportaciones argentinas.
  8. Dependencia del mercado exterior. Al carecer el Estado de capacidad de emisión monetaria, la obtención de dólares dependería del turismo, la inversión extranjera y de las exportaciones. Si uno de estos capítulos fracasa, todo el castillo de naipes se tambalean (ver más detalles en el libro)
  9. Problemas laborales. Cuando el dólar aumenta de valor respecto a todas las monedas, la economía dolarizada pierde competitividad frente a países competidores no dolarizados, provocando problemas laborales internos por factores exógenos. Si el dólar se deprecia, la economía dolarizada gana competitividad. Además los países que tienen una economía fuertemente dependiente de las exportaciones de materias primas, como Argentina, y por tanto sus monedas están vinculadas indirectamente al dólar, cuando el precio de las materias primas cae, se observa un fuerte aumento del desempleo e importantes caídas del PIB. Si la economía estuviese totalmente o fuertemente dolarizada se necesitaría una gran flexibilidad del mercado laboral…. (ver más detalles en el libro). El tener una moneda propia permite amortiguar los impactos económicos exteriores.
  10. El pueblo como amortiguador monetario. Una economía dolarizada tiende a equiparar el nivel de vida local con el de los EE.UU., tanto en el coste de los productos y servicios como en el de los salarios (ver más detalles en el libro).
  11. La dolarización es insegura. Al perder la soberanía monetaria, el Estado Argentino no tendría capacidad para determinar qué dinero es auténtico o cual es falso… (ver más detalles en el libro) En el mundo se calcula que más del 20% de los dólares son falsos.
  12. Riesgo de colapso del dólar. El dólar dejará de ser la moneda hegemónica mundial antes de 25 años, porque el déficit comercial norteamericano, el endeudamiento y el crecimiento de su masa monetaria es insostenible. Si todos los billetes norteamericanos que circulan por el globo retornaran a su país de origen, EE.UU implosionaría. Las reservas de los bancos centrales del mundo en dólares pasaron del 72% en 1999 a un 58% en el año 2023. Siguiendo esta proporción, en 25 años el dólar perderá su liderazgo mundial… (ver más detalles en el libro). EEUU está inundado el planeta de dólares. Todo tiene un límite.
  13. El problema de la dolarización y la disciplina fiscal. Como hemos dicho, el objetivo último de la dolarización es acabar con la inflación. La dolarización obliga a las AAPP, en gran medida, a controlar el gasto público, pero la dolarización no lo limita… (ver más detalles en el libro) Si no se consigue disciplinar fiscalmente a las AAPP, no existirá hiperinflación, pero la inflación seguirá existiendo porque las AAPP seguirán emitiendo deuda pública (sustitutos monetarios) para cubrir el déficit público. Dolarizar sin disciplina fiscal no tiene ningún sentido y, si se alcanza la disciplina fiscal tampoco es necesaria la dolarización porque la inflación se habrá acabado.
  14. Pérdida de la función de prestamista de última instancia. (ver más detalles en el libro)
  15. El problema histórico de la equivalencia de valor. Este es un problema histórico que se remonta a los problemas del sistema bimetálico de oro y plata, que fue finalmente abandonado por el Patrón Oro. Existen muy pocos países plenamente dolarizados y, cuando en un país conviven dos monedas de curso oficial o de forma oficiosa, existe una permanente y lógica variación del valor de las monedas por el devenir de sus emisores…. (ver más detalles en el libro). Este es un gran negocio para unos pocos, los cuales provocan tendencias no naturales en las equivalencias de valor para ganar dinero.
  16. No elimina la prima de riesgo país ni aun estando  la economía totalmente dolarizada. Se reduce, pero no la equipara. La prima de riesgo depende del emisor y no de la denominación facial de la emisión.
  17. La dolarización es una dejación de funciones, de responsabilidades. ¿Qué hará Argentina si en el año 2053 el dólar colapsa y pierde gran parte del valor actual? Tendrá que hacer lo que no quiere hacer hoy (ver más detalles en el libro).

Evidencia Empírica del fracaso de la dolarización

Otra importante razón para no dolarizar una economía es la evidencia empírica. Algunos economistas presentan a países dolarizados como casos de éxito, cuando en realidad existen indicadores económicos que contradicen estas opiniones. Solo nano países o países pequeños, como Panamá, estrechamente vinculados a los EE.UU., conviven con el dólar de una forma razonable…. (ver más detalles en el libro, donde se analizan las variables individualmente fundamentales de los países dolarizados).

Cambio de Rumbo de D. Javier Milei y Emilio Ocampo

El Presidente D. Javier Milei, hace cinco años era contrario a la dolarización (ver documento gráfico que se ha viralizado recientemente).[1] Durante todo el proceso electoral defendió vehemente la dolarización, y ahora está reculando por la divulgación de nuestras ideas. 

Ante la nueva realidad que ha descubierto, el Presidente Milei viene argumentando que él siempre ha defendido la competencia de monedas, lo cual es cierto; pero no es menos cierto que:

  1. Ha venido insinuando en multitud de ocasiones que la dolarización se podría realizar de forma inmediata. Presumía que él disponía del apoyo de “una de las instituciones financieras más importantes del mundo que le facilitaría los dólares”.
  2. Él siempre se ha mostrado a favor de una urgente dolarización, como lo demuestra su twit de fecha 28 de Junio, en el que no habla de competencia de monedas. Dio a entender al electorado que él era favorable abiertamente a la dolarización y que tenía todo armado para su desempeño, pero ahora parece ser que no dispone del apoyo financiero para dolarizar.
  3. Después de dinamitar el Banco Central, a la única moneda que no se le permitiría competir es al Peso. La competencia de monedas es una utopía temporal que solo sobrevive hasta la aparición del “banco hegemón monetario”. La competencia de monedas, como solución mágica, está siendo dimensionada y mitificada por el Presidente Milei (ver libro).
  4. El gran problema de Argentina no es la inflación, como afirmaba el Presidente Milei en su twitte, sino un problema institucional, de cumplir y hacer cumplir las normas. Gracias al Patrón Interés hoy la inflación ha dejado de ser un fenómeno monetario para transformarse en un fenómeno político. Desde el año 2013, con el descubrimiento del Principio de Crecimiento Progresivo de la Masa Monetaria, sabemos a priori la cantidad de dinero que necesita el mercado para que el dinero mantenga su  poder adquisitivo.

La pignoración de la deuda pública en pesos, por contravalor de 50.000 millones de dólares, que se pretende dar en garantía para obtener dólares y hacer frente a las necesidades de la masa monetaria en giro será un buen negocio. No lo dudemos, el fideicomiso propuesto por Emilio Ocampo dará muchos beneficios a todas las partes que intervengan en el proceso.

Parece evidente que tanto la  competencia de monedas como la dolarización es una utopía propia de economistas que no dominan el sistema monetario.

El Presidente Milei puede hacer mucho daño al movimiento liberal si no consigue, de un modo u otro, sacar adelante la economía argentina. Ha generado tantas expectativas que si no despliega las promesas realizadas, si las desarrolla tarde o si las ejecuta y fracasa, el coste político será enorme para el liberalismo. Tal fue el método utilizado, el desprecio con el que trató al resto de fuerzas políticas, y la seguridad con la que se presentó a las elecciones que, cualquier cosa que no sea el éxito tendrá una factura política en relativamente un breve espacio temporal.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=RmrBGh1z9_k

Ver también

Una visión crítica de la competencia institucional normativa. (Miguél Gurrea).

Una crítica al patrón interés. (Miguél Gurrea).

Por qué se puede (y debe) dolarizar Argentina en el 2024. (Luis Espinosa Goded).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda. (Adrián Ravier).

Dolarizar la Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

Primer discurso del presidente Javier Milei: “Hoy comienza una nueva era en Argentina”

Hola a todos. Señores ministro de la corte, señores gobernadores, señores diputados y senadores nacionales, presidentes y dignatarios extranjeros, argentinos. Hoy comienza una nueva era en Argentina. Damos por terminada una larga historia de decadencia y declive y comenzamos el camino de la reconstrucción de nuestro país.

Los argentinos de manera contundente han expresado una voluntad de cambio que ya no tiene retorno. No hay vuelta atrás. Hoy enterramos décadas de fracaso, peleas intestinas y disputas sin sentido. Peleas que lo único que han logrado es destruir nuestro querido país y dejarnos en la ruina. Hoy comienza una nueva era en argentina. Una era de paz y prosperidad. Una era de crecimiento y desarrollo. Y una era de libertad y progreso.

Hace 200 años, un grupo de ciudadanos argentinos reunidos en San Miguel de Tucumán le dijeron al mundo que las provincias unidas del Rio de la Plata no eran más una colonia española y que a partir de ese histórico momento seriamos una nación libre y soberana. Durante décadas nos enfrentamos en disputas internas acerca de cuál debía ser la forma institucional que Argentina necesitaba.

Una constitución liberal

En 1853, luego de 40 años de haber declarado la independencia, bajo el auspicio de un pequeño grupo de jóvenes idealistas que hoy conocemos como la generación del 37´, se decidió abrazar las ideas de la libertad. Allí se sanciono una constitución liberal, con el objetivo de asegurar los beneficios de la libertad. Para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino.

Lo que vino después de la sanción de esa constitución de fuerte arraigue liberal, fue la expansión económica más grande de nuestra historia. De ser un país de bárbaros enfrascados en una guerra sin cuartel, pasamos a ser la primera potencia mundial. Para principios de siglo XX éramos el faro de luz de occidente. Nuestras costas recibían con brazos abiertos a millones de inmigrantes que se escapaban de una Europa devastada en búsqueda de un horizonte de progreso.

Lamentablemente, nuestra dirigencia decidió abandonar el modelo que nos había hecho ricos y abrazaron las ideas empobrecedoras del colectivismo. Durante más de 100 años, los políticos han insistido en defender un modelo que lo único que genera es pobreza, estancamiento y miseria. Un modelo que considera que los ciudadanos estamos para servir a la política y no que la política existe para servir a los ciudadanos. Un modelo que considera que la tarea de un político es dirigir la vida de los individuos en todos los ámbitos y esferas posibles. Y un modelo que considera al Estado como un botín de guerra que hay que repartir entre los amigos.

Un modelo fracasado

Señores, ese modelo ha fracasado. Ha fracasado en todo el mundo, pero en especial ha fracasado en nuestro país. Así como la caída del muro de Berlín marcó el final de una época trágica para el mundo, estas elecciones han marcado el cuento de quiebre de nuestra historia. En estos días, mucho se ha hablado de la herencia que vamos a recibir. Dejen que sea muy claro en esto. Ningún gobierno ha recibido peor que la que estamos recibiendo nosotros. El kirchnerismo, que en sus inicios se jactaba de tener superávits gemelos, esto es, superávit fiscal y externo, hoy nos deja déficits gemelos por 17 puntos del PBI. De esos 17 puntos del PBI, 15 corresponden al déficit consolidado entre el tesoro y el banco central.

Por lo tanto, no existe solución viable en la que se evite atacar el déficit fiscal. Al mismo tiempo de esos 15 puntos de déficit fiscal, 5 corresponden al tesoro nacional y 10 al banco central. Por lo que la solución implica, por un lado un ajuste fiscal en el sector público nacional de 5 puntos del PBI que, a diferencia del pasado, caerá, casi totalmente sobre el Estado y no sobre el sector privado. Por el otro, es necesario limpiar los pasivos remunerados del banco central, los cuales son responsables de los 10 puntos de déficit del mismo. De esta manera, se pondría fin a la emisión de dinero y con ello a la única causa de la inflación empíricamente cierta y valida en términos teóricos.

Inflación…

Sin embargo, dado que la política monetaria actúa con un rezago que oscila entre 18 a 24 meses, aun cuando hoy dejemos de emitir dinero seguiremos pagando los costos del desmadre monetario del gobierno saliente. Haber emitido por 20 puntos del PBI como se hizo en el gobierno saliente, no es gratis. Lo vamos a pagar en inflación.

A su vez, el cepo cambiario, otra herencia de este gobierno, no solo constituye una pesadilla social y productiva porque implica altas tasas de intereses, bajo nivel de actividad, escaso nivel de empleo formal y salarios reales miserables que impulsan el aumento de pobres e indigentes. Sino que, además, el sobrante de dinero en la economía hoy es el doble que había en la previa del rodrigazo.

Para tener una idea de lo que eso implica, recordemos que el rodrigazo multiplico por 6 veces la tasa de inflación. Por lo que un evento similar significaría multiplicar la tasa de inflación por 12 veces. Y dado que la misma viene viajando a un ritmo del 300%, podríamos pasar a una tasa anual del 3600% a su vez. Tranquilos que no termina acá la herencia. Sigue.

e hiperinflación

Dada la situación de los pasivos remunerados del banco central, la cual es peor que la que había en la previa de la hiperinflación de Alfonsín, en muy poco tiempo se podría cuadriplicar la cantidad de dinero, y con ello llevar a la inflación a niveles del 15.000% anual. Esta es la herencia que nos dejan. Una inflación plantada del 15.000% anual, la cual vamos a luchar con uñas y dientes para erradicarla.

Es más, este número que parece un disparate, quiero que sepan que implica una inflación del 52% mensual, mientras que hoy mismo ya viaja a un ritmo de acuerdo a estimaciones privadas, que oscilan entre el 20 y el 40% mensual para los meses entre dic y febrero. Esto es, el gobierno saliente nos ha dejado plantado una hiperinflación y es nuestra máxima prioridad hacer todos los esfuerzos posibles para evitar semejante catástrofe, que llevaría la pobreza por encima del 90% y la indigencia por encima del 50%. En consecuencia, no hay solución alternativa al ajuste.

Medio billón de dólares de deuda

Por otra parte, la herencia no termina ahí, ya que los desequilibrios en tarifas son sólo equiparables al desastre que dejo el kirchnerismo en el año 2015. En el plano cambiario la brecha oscila entre 150 y 200%, niveles también similares a los que teníamos en el rodrigazo. A su vez, la deuda con importadores supera los 30 mil millones de dólares y las utilidades retenidas a las empresas extranjeras alcanza los 10 mil millones de dólares. La deuda del banco central en YPF suman 25 mil millones de dólares. Y la deuda del tesoro pendiente suman unos 35 mil millones de dólares adicionales. Esto es: la bomba en términos de deuda asciende a 100 mil millones de dólares que habrá que sumar a los cerca de 420 mil millones de dólares de deuda y existente.

Naturalmente a estos problemas hay que sumarle también los vencimientos de deuda de este año donde los vencimientos de deuda en pesos son equivalentes a 90 mil millones de dólares y 25 mil de dólares en moneda extranjera con organismos multilaterales de crédito. Sin embargo, con mercados financieros cerrados y el acuerdo con el FMI caído por los brutales incumplimientos del gobierno saliente, el roll over de deuda es aún más desafiante aún para el mítico ciclope.

Una terapia sin gradualismos

Como si todo esto fuera poco, esto transcurre en una economía que no crece desde el año 2011. Y en línea a lo anterior, el empleo formal en el sector privado se mantiene estancado en 6 millones de puestos de trabajo. Llega a la locura que el mismo es superado en un 33% por el empleo informal. Por eso no debería sorprender a nadie que los salarios reales se hayan destruido.

Se ubican en torno a los 300 dólares mensuales, los cuales no sólo son 6 veces inferiores a los de la convertibilidad. Sino que de haberse mantenido la tendencia de aquellos años, o como le decían, el maldito neoliberalismo, hoy oscilarían entre 3000 y 3500 dólares por mes. Nos han arruinado la vida. Nos han hecho caer por 10 veces nuestros slarios. Por lo tanto, tampoco nos debería sorprender que el populismo nos este dejando 45% de pobre y 10% de indigentes.

Luego de dicho cuadro de situación. Que, a todas luces parece irremontable. Debe quedar claro que no hay alternativa posible al ajuste. Tampoco hay lugar a la discusión entre shock y gradualismo. En primer lugar, porque desde el punto de vista empírico, todos los programas gradualistas terminaron mal, mientras que todos los programas de shock, salvo el de 1959, fueron exitosos.

En segundo lugar, porque desde el punto de vista teoría, si un país carece de reputación, como lamentablemente es el caso de Argentina, los empresarios no invertirán hasta que vena el ajuste fiscal haciendo que el mismo sea recesivo. Y en tercer lugar y no por ello menos importante, para hacer gradualismo es necesario que haya financiamiento y lamentablemente, tengo que decírselos de nuevo, no hay plata. Por ende, la conclusión es que no hay alternativa ala juste y no hay alternativa al shock.

Ajuste duro, pero con frutos

Naturalmente ello impactara de modo negativo sobre el nivel de actividad, el empleo, los salarios reales, la cantidad de pobres e indigentes. Habrá estanflación, es cierto. Pero no es algo muy distinto a lo que ha pasado en los últimos 12 años. Recordemos que en los últimos 12 años el PBI per cápita ha caído un 15% en un contexto donde acumulamos un 5.000% de inflación. Por lo tanto, hace más de una década que vivimos en estanflación. En consecuencia, este es el último mal trago para comenzar la reconstrucción de argentina.

A su vez, luego del reacomodamiento macro que vamos a impulsar, el cual será menos doloroso cuanto mayor sea la caída del riesgo país. Y cuanto mejor sea nuestra contención desde el ministerio de capital humano, la situación comenzará a mejorar. Esto es, habrá luz al final del camino. En el caso alternativo, la propuesta sensiblera progresista, cuya única fuente de financiamiento es la emisión de dinero, derivara en una hiperinflación que llevara al país a la peor crisis de su historia. Ello sumado a que nos meterían en un espiral decadente que nos equipará con la oscuridad de la Venezuela de Chávez y Maduro. Por lo tanto, luego de semejante cuadro de situación, no pueden quedar dudas que la única solución posible es el ajuste, un ajuste ordenado y caiga con todas sus fuerzas sobre el estado y no sobre el sector privado.

Sabemos que será duro por eso quiero también traerles una frase sobresaliente de uno de los mejores presidentes de la historia argentina que fue Julio Argentino Roca:

Nada grande, nada estable y duradero se conquista en el mundo cuando se trata de la libertad de los hombres y del engrandecimiento de los pueblos si no es a costas de supremos esfuerzos y dolorosos sacrificios.

Julio Argentino Roca, presidente de Argentina.

Una crisis social

Pero nuestros desafíos no terminan sólo en el plano económico. El nivel de deterioro de Argentina es tal que abarca todas las esferas de la vida en comunidad. En materia de seguridad, Argentina se ha convertido en un baño de sangre. Los delincuentes caminan libres mientras los argentinos de bien se encierran tras las rejas. El narcotráfico se apoderó totalmente de nuestras calles, a punto tal que una de las ciudades más importantes de nuestro país ha sido secuestrada por los narcos y la violencia. Nuestras fuerzas de seguridad han sido humilladas y maltratadas durante décadas. Han sido abandonadas por una clase política que le ha dado la espalda quienes nos cuidan. La anomia es tal que solo el 3% de los delitos son condenados. Se acabo con el siga-siga de los delincuentes.

En materia social, estamos recibiendo un país en donde la mitad de la población es pobre. Con el tejido social completamente roto, mas de 20 millones de argentinos no pueden vivir una vida digna porque son presos de un sistema que lo único que genera es mas pobreza. Como dice el gran Jesús Huera de Soto:

Los planes contra la pobreza generan mas pobreza, la única forma de salir de la pobreza es con mas libertad.

Jesús Huerta de Soto, catedrático de Economía

Al mismo tiempo 6 millones de chicos hoy a la noche se irán a dormir con hambre. Que caminan descalzos por la calle. Y otros que cayeron en la droga.

Educación y sanidad

Lo mismo ocurre en materia educativa. Para que tengan idea del deterioro que vivimos, sólo el 16% de nuestros chicos se reciben en tiempo y forma en la escuela. Sólo el 16 %, sólo 16 de cada 100. Es decir que el 84% de nuestros chicos no terminan la escuela en tiempo y forma. A su vez, el 70% de los chicos que, si terminan la escuela, no pueden resolver un problema de matemática básica o comprender un texto. De hecho, en las últimas evaluaciones PISA, Argentina se encuentra en el puesto 65 de 81, y 7 en América latina, siendo que Argentina fue el primer país en terminar con el alfabetismo en el mundo. Si se levantara sarmiento y se viera qué hicieron de la educación.

En materia de salud, el sistema se encuentra completamente colapsado. Los hospitales están destruidos. Los médicos cobran miserias y los argentinos no tienen acceso a salud básica. Tal es así que, durante la pandemia, si los argentinos hubiéramos hecho las cosas como la media del país del mundo, hubiéramos tenido 30 mil muertos. Pero gracias a “El Estado te cuida” y su ineficiencia, 130 mil argentinos perdieron la vida. Ese es el Estado presente del que los políticos tanto hablan, argumento que utilizan para justificar el aumento descomunal del gasto público que solo los beneficia a ellos.

Infraestructuras

En todas las esferas, miren donde miren, la situación argentina es de emergencia. Si miramos la infraestructura de nuestro país, la situación es la misma. Sólo el 16% de nuestras rutas se encuentra asfaltadas y solo el 11% se encuentra en buen estado. Por eso no es casualidad que mueran cerca de 15 mil argentinos por año en accidentes de tránsito. Lo que quiero graficar con todo esto, es que la situación de la Argentina es crítica y de emergencia. No tenemos alternativas y tampoco tenemos tiempo. No tenemos margen para discusiones estériles. Argentina exige acción y una acción inmediata. La clase política deja un país al borde de la crisis más profunda de nuestra historia. Cada uno de ellos tendrá que hacerse cargo de su propia responsabilidad. No es tarea mía señalarlos.

No buscamos ni deseamos las duras decisiones que habrá que tomar las próximas semanas, pero lamentablemente no nos han dejado opción. Sin embargo, nuestro compromiso con los argentinos es inalterable. Vamos a tomar todas las decisiones necesarias para arreglar el problema que causaron 100 años de despilfarro de la clase política, aún cuando al principio sea duro. Sabemos que de corto plazo la situación empeorará. Pero luego veremos los frutos de nuestro esfuerzo habiendo creado las bases de un crecimiento sólido y sostenible en el tiempo.

No todo está perdido

También sabemos que no todo está perdido. Los desafíos que tenemos son enormes, pero también lo es nuestra capacidad para superarlos. No va a ser fácil. 100 años de fracasos no se deshacen en 1 día, pero 1 día empieza y hoy es ese día. Hoy comenzamos a desandar el camino de la decadencia y comenzamos a transitar el camino de la prosperidad. Tenemos todo para ser el país que siempre soñamos; tenemos los recursos, tenemos la gente, tenemos la creatividad y mucho más importante, tenemos la resiliencia para salir adelante.

Hoy volvemos a abrazar las ideas de la libertad; esas ideas que se resumen en la definición de liberalismo de nuestro máximo prócer de las ideas de la libertad, el profesor Alberto Vengas Lynch hijo, que dice:

El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones fundamentales son, la propiedad privada, los mercados libre de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social.

Alberto Vengas Lynch hijo.

El principio de la libertad

En esa frase de 57 palabras esta resumida la esencia del nuevo contrato social que eligieron los argentinos. Este nuevo contrato social nos propone un país distinto, un país en el que el Estado no dirija nuestras vidas, sino que vele por nuestros derechos. Un país en el que el que las hace, las paga; un país en el que, el que corta las calles, violando los derechos de sus conciudadanos, no recibe la asistencia de la sociedad, puesto, en otros términos, el que corta no cobra. Un país que dentro de la ley permite todo, pero fuera de la ley no permite nada. Y un país que contiene a quienes los necesita, pero no se deja extorsionar por aquellos que utilizan a quienes menos tienen para enriquecerse ellos mismos.

En cuanto a la clase política argentina, quiero decirle que no venimos a perseguir a nadie. No venimos a saldar viejas vendettas ni a discutir espacios de poder. Nuestro proyecto, no es proyecto de poder. Nuestro proyecto es un proyecto de país. No pedimos acompañamiento ciego, pero no vamos a tolerar que la hipocresía, la deshonestidad o la ambición de poder interfieran con el cambio que los argentinos elegimos. A todos aquellos dirigentes políticos, sindicales y empresariales que quieran sumarse a la nueva Argentina, los recibimos con los brazos abiertos. Así, no importa de donde vengan. No importa que hayan hecho antes. Lo único que importa es hacia donde quieren ir.

Una nueva era en Argentina

Aquellos que quieren utilizar la violencia o la extorsión para obstaculizar el cambio, les decimos que se van a encontrar con un presidente de convicciones inamovibles, que utilizara todos los resortes del estado para avanzar en los cambios que nuestro país necesita. No vamos a claudicar, no vamos a retroceder, no nos vamos a rendir. Vamos a avanzar con los cambios que el país necesita porque estamos seguros que abrazar las ideas de la libertad es la única manera en la que podremos salir del pozo en el que nos han metido.

Por lo tanto y para ir terminando, que quede claro, hoy comienza una nueva era en Argentina. El desafío que tenemos por delante es titánico, pero la verdadera fortaleza de un pueblo se mide en como enfrenta a los desafíos cuando se presentan y cada vez que creemos que nuestra capacidad para superar esos desafíos ha sido alcanzada, miramos el cielo y recordamos que esa capacidad bien podría ser ilimitada. El desafío en enorme, pero lo afrontaremos con convicción. Trabajaremos sin descanso y llegaremos a destino.

Las fuerzas del cielo

No es casualidad que esta inauguración presidencial ocurra durante la fiesta de Hanukkah, la fiesta de la luz, ya que la misma celebra la verdadera esencia de la libertad. La guerra de los macabeos es el símbolo del triunfo de los débiles por sobre los poderosos, de los pocos por sobre los muchos, de la luz por sobre la oscuridad; y sobre todas las cosas, de la verdad por sobre la mentira. Porque ustedes saben que prefiero decirles una verdad incómoda antes que una mentira confortable. Estoy convencido de que vamos a salir adelante.

Hace 2 años, junto a la Dra. Villarruel, hoy vicepresidente de la Nación, ingresamos a esta casa como diputados. Recuerdo que en una entrevista me habían dicho: “pero si ustedes son 2 en 257, no van a poder hacer nada”. Y también recuerdo que ese día, la respuesta fue una cita del libro de Macabeos 3:19 que dice que la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo. Por lo tanto, Dios bendiga a los argentinos y que las fuerzas del cielo nos acompañen en este desafío. Muchas gracias, será difícil, pero lo vamos a lograr. Viva la Libertad carajo.

Entendiendo mal a Milei

Por G. Patrick Lynch. Este artículo ha sido publicado originalmente en Law & Liberty.

Han tenido que pasar casi 80 años. Ese es el tiempo que la economía y la sociedad argentinas han estado en caída libre. En cierto modo, es un testimonio de nuestros mayores temores sobre la democracia y el autogobierno que ningún líder político tuviera los incentivos políticos y el simple valor de romper el statu quo. Ochenta años de implacable inflación y déficit en espiral, seguidos de impagos, devaluaciones monetarias y reinicios antes del 19 de noviembre.

Pero finalmente, el pueblo argentino ha rechazado un statu quo fracasado. Javier Milei ganó públicamente por un margen casi aplastante para los estándares argentinos, y si se tiene en cuenta que la probabilidad de que los peronistas hicieran trampas es de aproximadamente el 100%, es probable que el margen fuera mucho mayor. Si la alternativa que han elegido los argentinos “arreglará la situación” o no, no viene al caso por ahora. Han ejercido la única opción que tenían: rechazar a los gobernantes de turno a cambio de la promesa de algo diferente. Eso es todo lo que promete la democracia.

¿Es Javier Milei ‘extrema derecha’?

Javier MIlei, a quien hoy llaman “extrema derecha”, “radical” y (los muy perezosos) “libertario de extrema derecha”, es ahora el presidente electo de uno de los mayores Estados fallidos de nuestras vidas. Es difícil explicar del todo lo mal gobernada que ha estado Argentina por su larga serie de gobiernos peronistas distinguidos por su derroche de gastos, su asombrosa corrupción, sus tendencias autocráticas y su nacionalismo económico. Las estadísticas económicas son alucinantes. Impagos, tasas de inflación anuales regulares superiores al 100%, un enorme estado del bienestar resultante, sindicatos del sector público parasitarios y políticos “centristas” en gran medida cómplices: todo esto es ahora el deprimente paisaje de la economía política argentina.

Sin embargo, si uno no viviera esta realidad, sino que se limitara a sacar conclusiones sobre la elección y Milei de la prensa internacional (sobre todo estadounidense), podría pensar que Argentina ha caído en un estado de delirio colectivo, eligiendo una versión latinoamericana de Trump demente y cubierta de patillas sin más razón que algunas vagas referencias a la inflación y el pago de la deuda. Como dice el refrán, la prensa internacional ha enterrado la cabecera.

Problemas de Reuters con el mundo de las ideas

Javier Milei intenta hacer frente a la desastrosa situación argentina, pero medios como Reuters lo calificaron de “terapia de choque” en una no tan sutil referencia al libro de Naomi Klein Doctrina del Shock. Klein argumenta que la naturaleza o la guerra pueden crear desastres y dar oportunidades al “capitalismo” (antropomorfizado a través de Milton Friedman) para dedicarse a la explotación mediante el establecimiento de políticas extremistas como los derechos de propiedad privada y los mercados.

En este caso, sin embargo, es el legado de las políticas exactas que Klein y los de su calaña apoyan lo que ha creado el desastre sin paliativos. La impresión de dinero, un Estado del bienestar inflado, el énfasis en la “independencia” económica y otras prominentes recetas económicas de la izquierda han provocado este desastre, pero la ironía se les escapa a la gente de Reuters.

Las principales propuestas políticas de Milei se enmarcan en este contexto. Su firme compromiso de abolir la banca central argentina y recortar el gasto social está sacado directamente de Ludwig von Mises y Milton Friedman, y es completamente apropiado dadas las circunstancias. La única forma de que un “anarco-capitalista” pudiera ser elegido era en una situación de fracaso de la gobernanza y de estatismo del bienestar tan grave que pudiera abrir ligeramente la puerta e introducir ideas desconocidas por la intelectualidad dominante, por no hablar del argentino medio de la calle.

Otro éxito como el de Chile no, por favor

El lenguaje utilizado por los medios de comunicación internacionales, el gigantesco amasijo de intereses del Banco Mundial y la comunidad de ayuda internacional, y los economistas de la corriente dominante que se oponen a él está diseñado para deslegitimar a Javier Milei. No quieren otra historia de éxito como la de Chile en la región.

Dos naciones que adoptan políticas “neoliberales” que funcionan significan que sus puestos de trabajo y sus narrativas están en peligro. Están aterrorizados, y así debe ser. El crecimiento del uso del término “extrema derecha” es un ejemplo más de cómo la honestidad intelectual, la coherencia filosófica y el respeto por el discurso liberal están completamente ausentes de nuestros debates públicos.

Bukele y Meloni

El problema es que sus términos son como los insultos que se lanzan en un patio de colegio. No son coherentes ni consistentes. Pensemos en los tres políticos más destacados que han recibido el tratamiento de “extrema derecha” por parte de la prensa dominante: el salvadoreño Nayib Bukele, la italiana Giorgia Meloni y, ahora, Javier Milei. ¿Qué tienen en común? Sustancialmente la respuesta es muy poco.

Bukele ha emprendido una ofensiva contra las bandas y la delincuencia que implica violaciones generalizadas de las garantías procesales y los derechos civiles, pero que ha provocado una caída en picado de los índices de criminalidad. Meloni es conocida como una cruzada antiinmigración, pero también apoya la guerra de Ucrania y, al igual que Bukele, tiene unos índices de aprobación por las nubes. Milei quiere abolir la banca central y, aunque está a favor de la vida, también es un soltero que alardea de su vida sexual y defiende la apertura de los mercados y el comercio con Estados Unidos.

Sin embargo, para un periodista de los medios antiguos, todos ellos forman parte de lo que se ha dado en llamar la “extrema derecha”. No satisfechos con que describir a los políticos como “conservadores” o “de derechas” sea suficiente para asustar a sus lectores, las cadenas de noticias, los periódicos nacionales y los servicios de noticias han decidido añadir un calificativo al término. El crecimiento en el uso del término es un ejemplo más de cómo la honestidad intelectual, la coherencia filosófica y el respeto por el discurso liberal están completamente ausentes de nuestros debates públicos.

Izquierda, derecha, y extremos

Al tener raíces europeas, los términos que utilizamos para describir la izquierda y la derecha evolucionaron a partir de las divisiones durante una época de cambio democrático y consolidación nacional. Pero como los contextos eran diferentes en Europa y en otros lugares, los términos nunca se aplicaron de forma nítida. En el siglo XIX, el auge del socialismo, y más tarde del comunismo, junto con los debates sobre el lugar del liberalismo y la naturaleza del conservadurismo, provocaron considerables cambios en el significado de los términos.

Liberales como John Stuart Mill solían asociarse con algún tipo de límites a los mercados, pero se oponían a las arraigadas opiniones de los conservadores sobre la estabilidad del orden económico y social. Sin embargo, el comunismo soviético y el fascismo europeo en el siglo XX proporcionaron el tipo de contrastes superficiales que los términos parecían implicar, aunque ninguno de ellos proporcionó una gran alternativa en lo que respecta a la libertad. Ambas formas de gobierno apoyaban la planificación económica y limitaban la libertad individual.

Una vez derrotado el fascismo, las alternativas al socialismo se agruparon de repente en la derecha, incluido el liberalismo europeo. Cuando los liberales y los defensores del laissez-faire se reunieron en el primer Encuentro de Mont Pelerin en Suiza, el organizador, FA Hayek, buscaba una visión intelectual de consenso sobre cómo podría ser una alternativa liberal al apoyo abrumador a la planificación en todo el espectro. Como el fascismo estaba fuera, los “ganadores” de la izquierda empezaron a describir a los liberales pro-mercado como “conservadores”, sobre todo en EEUU.

Soluciones gubernamentales a problemas gubernamentales

Pero cuando vemos que los medios de comunicación fuerzan a estos políticos a meterse en una camisa de fuerza bidimensional, no se trata sólo de un problema de categorías. También se trata de los límites de la formación y la educación de las élites. Como señaló acertadamente David Brooks en su reciente columna del New York Times, los medios de comunicación nacionales se parecen mucho en formación y educación.

Las instituciones educativas que produjeron estas figuras apoyan las opiniones consensuadas y la creación de políticas por expertos, que concuerdan con sus propias preferencias. En pocas palabras, esto significa soluciones gubernamentales a problemas gubernamentales. Estas soluciones implican la contratación de expertos políticos para “arreglar” las cosas. Pero, ¿qué pasa cuando el consenso está equivocado? ¿Y si la teoría no se ajusta a la realidad? ¿Qué ocurre cuando la delincuencia campa a sus anchas en El Salvador a pesar de las mejores intenciones de los responsables políticos occidentales? ¿Qué ocurre cuando el banco central de Argentina lleva la inflación a niveles inimaginables con un inmenso coste social? Surgen respuestas poco convencionales y la democracia le da energía.

Cuando los responsables políticos ven que las políticas siguen fracasando y pueden vincular esos fracasos con oportunidades políticas, es cuando las cosas se ponen interesantes. Bukele, Meloni y Milei explotaron ese contexto.

La prensa tiene un problema con Milei: no le entiende

La prensa y las élites políticas no pueden abordar quién es Milei o qué propone en cuanto al fondo porque no encaja en su visión del mundo. La hiperinflación no está causada por el cambio climático, el racismo o la oposición al desplazamiento de género. No es una construcción social ni un acontecimiento aleatorio, sobre todo cuando se produce de forma continuada durante casi 80 años y destruye una sociedad mayoritariamente de clase media alta.

Es el fracaso político y económico que resulta de la explotación política y la planificación central. La burocracia argentina y las clases parlanchinas han fallado a los ciudadanos durante décadas. Conocemos la causa, y Javier Milei también. Sus adversarios querían hacer las cosas un poco menos mal, posiblemente durante unos años hasta que volvieron a hacerlas mucho peor. El peronismo es la relación abusiva, la adicción, el concepto de que no es necesaria ninguna responsabilidad tras años de irresponsabilidad. Milei es la medicina, y no será una píldora fácil de tragar.

No será la tierra de John Galt

La posibilidad un barranco de Galt en Argentina es básicamente nula. Se enfrenta a desafíos políticos casi insolubles para lograr incluso un pequeño porcentaje de su agenda legislativa. Y, sin embargo, si logra un objetivo, podría permitir a Argentina iniciar un camino diferente. Dolarizar la economía podría obligar al Estado a la responsabilidad fiscal y poner fin a la locura monetaria que reina actualmente. Será doloroso, pero quizá no tanto como décadas más de efecto adormecedor de más estímulos que acaban degradando la moneda.

No hay soluciones fáciles, lo cual es parte de la razón por la que los medios de comunicación y sus anquilosadas influencias intelectuales no tienen soluciones que ofrecer. Sólo les queda el lenguaje vago, las tácticas de miedo y el etiquetado. Lo que se tardó 80 años en destruir se tardará décadas, quizá siglos, en recrear. Mucho antes de que ganara la primera vuelta electoral en septiembre, le preguntaron a Javier Milei cuál era su modelo para Argentina. Respondió que Irlanda. Irlanda, por supuesto, es famosa por haber recortado impuestos y regulaciones, liberando su economía y estimulando un rápido crecimiento económico. A Argentina le puede ir peor que a Irlanda, pero cualquier cosa que se aparte de su trayectoria actual será una mejora.

Ver también

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Hipólito Yrigoyen: El Primer Peronista

Gracias a las elecciones presidenciales en Argentina, ha vuelto a salir a la luz pública el peronismo. Es un concepto que, cada dos o cuatro años, se hace eco en los distintos medios de comunicación a nivel mundial. Esta ideología, tan vieja como confusa, es una de las principales causas dadas por economistas y políticos para explicar las distintas calamidades socioeconómicas vividas por el país sudamericano a lo largo de tantas décadas. No es para menos, Argentina, con sus enormes reservas de recursos naturales y planicies para producir todo tipo de alimentos, empezó el siglo XX como uno de los cinco países más ricos del mundo[1]; lo acabó siendo uno de los más endeudados.

Todavía sorprende a investigadores y espectadores, por igual, el hecho de que a Argentina le haya ido tan mal. Aún hoy es normal escuchar: “¿qué le pasa a Argentina?”. Y es para responder esta pregunta, que muchos sacan a relucir la ideología fundada por Juan Domingo Perón y acaudillada por tantas figuras a lo largo de los años. Llamar a esta corriente ideología ya acarrea una cierta confusión. Al final, el peronismo ha logrado congregar a guerrillas de extrema izquierda (los montoneros) y derecha (la Triple A) bajo un mismo paraguas. Algo tan elástico y maleable, difícilmente puede ser considerado ideología.

Los descamisados

Sin embargo, todos coinciden en señalar al afamado general como el fundador del pensamiento personalista que se entrega en cuerpo y alma a un pueblo afligido para aliviarlo de sus males. Juan Domingo Perón y su esposa Evita fueron verdaderos maestros en el arte de la manipulación de las masas. Tanto, que la muchedumbre vitoreaba al imponente hombre en traje militar y a la bella dama ataviada de perlas, aun cuando la economía se iba al traste y la inflación acechaba a ricos y pobres. Pues ellos eran los descamisados del caudillo y su señora.

Todo este culto a la personalidad, el gastar cantidades ingentes de dinero público (muchas veces sin sentido u objetivo alguno), el justificar toda acción bajo la frase “justicia social” y crear un Estado similar a una ola expansiva infinita es algo nuclear en el peronismo. Pero esto no inició con Perón. Es más, se podría decir que había peronismo en Argentina antes de Perón. Y su fundador fue el primer presidente electo por sufragio directo, Hipólito Yrigoyen.

Hipólito Yrigoyen

Este hombre, de tez fuerte y voluntad decidida, ascendió a la Presidencia de la Nación 30 años antes de que Juan Domingo Perón empezase a repartir dinero público a mansalva. Su ascenso llegó con cambios institucionales que permitían al rico país sudamericano elegir por medio de voto directo a su presidente. Se amplió, así, la base del electorado. El sistema involucró más a la ciudadanía en el quehacer político.

Muchos analistas señalan que Yrigoyen llegó a romper cuarenta años de dominio y hegemonía conservadora en Argentina. Más que conservadurismo, lo que había era un estado liberal al uso. Las empresas privadas, tanto nacionales como extranjeras, tenían un rol preponderante en la economía del país. Esto permitía gran cantidad de exportaciones a Europa y Estados Unidos y hacía de Argentina un país rico. Bien es cierto que no estaba exento de problemas, incluyendo una gran brecha socioeconómica.

Pero esto estaba por cambiar. Pues al llegar Hipólito Yrigoyen de la mano de la Unión Cívica Radical (UCR) al poder, él mismo se comprometió a devolver la economía a los argentinos. Dijo, incluso: “El estado corrige la desigualdad en la órbita de sus facultades.” ¿Suena conocido?

El presidente fijó precios y reguló de manera agresiva muchas industrias; ferrocarriles, energía y petróleo. Inicialmente, los resultados fueron buenos (tomando en cuenta que la realidad global giraba en torno a la Primera Guerra Mundial). Sin embargo, su sucesor y compañero de partido, Marcelo T. de Alvear, fue más allá. Desató las radicales ganas de utilizar al Estado como aquel benefactor que podía transformar a la sociedad en su totalidad.

Una fiesta nacionalista

Los economistas Pablo Gerchunoff y Luchas Llach, señalan que

La deuda pública total aumentó un 50 por ciento. Para un país en expansión, no se trataba de un aumento insostenible, pero sí era preocupante que la inclinación al déficit se acentuara con los años. En 1927 el déficit fiscal fue el más alto de los registrados hasta entonces.[2]

Pablo Gerchunoff y Luchas Llach. ¿Hipólito Yrigoyen fue populista, como dijo Macri?

Esto era la tormenta perfecta para que cuando llegase una crisis mundial como la de 1929, el país no pudiera responder con efectividad. Para 1928, con Yrigoyen de nuevo al timón, los radicales pretendían continuar con una política nacionalista acérrima. No era sólo la regulación, sino la nacionalización (como pretendía hacer el presidente).

La factura del nacionalismo económico

Pero las crisis siempre llegan y Argentina no había ahorrado exactamente en sus años de bonanza. Con una disminución sustancial en el número de exportaciones (una pérdida de más del 40% del poder de compra de estas), se produjo un descenso en las reservas de oro de un 60% en un año y la balanza de pagos se desequilibró significativamente[3]. Ante esta realidad, el gobernante no supo responder y un golpe de estado acabaría con su presidencia en 1930. Ya no se contaban con los recursos casi ilimitados, las grandes reservas y el orden fiscal necesario para afrontar una crisis económica con la debida soltura. Ningún discurso estridente, ni acusación crispante, podían tapar el resultado de un shock internacional con un desorden en las políticas macroeconómicas nacionales.

¿Esto quiere decir que Yrigoyen fue un pésimo presidente que se encargó junto con la UCR de destruir la economía argentina? No exactamente. No se pueden obviar el efecto de shocks externos como la Primera Guerra Mundial, en su primer mandato, y el Crack del 29, en su segundo. El problema del primer presidente radical fue utilizar la incipiente democracia universal argentina como arma personal para crecer en popularidad. Le hizo creer a la gente que los incrementos en el bienestar general ocurrían gracias al Estado, es decir, gracias a él… cual Luis XIV. Eso es el antídoto perfecto para asestar un golpe letal a una democracia liberal. Sustituye al individuo y sus facultades decisorias por la voluntad de un líder y sus burócratas.

Estatismo y caudillismo

Dicho de otra manera, un excesivo e irracional culto a la personalidad, combinado con políticas estatistas que concentran gran cantidad de recursos y poder coercitivo en manos de políticos de turno, fueron elementos detonantes para crear una verdadera crisis socioeconómica en Argentina. El país no supo salir de ella. Entre golpe militar y gobiernos autoritarios, llegaría Perón 16 años después. ¿Y cuál fue su receta? Personalismo, aumento en el gasto y nacionalización. Con “buenos” resultados por un tiempo breve y crisis económica posterior (que acabó en otro golpe de estado). He aquí, la continuación de un patrón destructivo.

Entiéndase bien; Juan Domingo Perón e Hipólito Yrigoyen no fueron iguales; no hacía falta. Tan sólo dar con una fórmula que compagine la vanagloria personal con la ilusión de un Estado paternalista es suficiente para, a la larga, llevar a un país a la ruina.

Estas lecciones de historia no son simples anacronismos. Son la realidad latente de un país (que no ha sido el único en sufrirla, pero sí ha sido reincidente). A pocos días de un balotaje crucial para Argentina, el país se vuelve a dividir en dos bloques. Están liderados por personalidades distintas, pero que son, según sus discursos, una condición sine qua non para evitar el desastre más absoluto. De nuevo se ven personalidades mesiánicas, discursos pomposos y promesas de un mejor por venir. ¿Elegirá Argentina estudiando rigurosamente su pasado, o utilizará el mismo como atadura para el presente?


[1] Estimación realizada por el Proyecto Maddison, que situaba a Argentina entre los países más ricos a inicios del siglo XX. Publicado en la BBC- 19 de octubre de 2023.

[2] “¿Hipólito Yrigoyen fue populista, como dijo Macri?”- Publicado en Infobae- 7 de junio 2022.

[3] Historia Constitucional Argentina- Los Gobiernos Radicales- Publicado en argentinahistorica.com

Ver también

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

No más peronismo. (Mateo Rosales).

Sí hay mal que cien años dure. (Antonio José Chinchetru).

La libertad desordenada de Argentina. (Marcos Falcone).

Dolarización en Argentina

Gracias a la influencia de Juan Bautista Alberdi, Argentina creció espectacularmente desde mediados del siglo XIX hasta alcanzar una prosperidad semejante a la de Estados Unidos de América en menos de un siglo. Allí se fundó el primer Metro, antes que en Norteamérica. Su moneda era firme y aceptada en todo el mundo. No se necesitaba una dolarización. Un siglo de crecimiento y desarrollo que se perdió con la llegada del populista izquierdista Juan Domingo Perón en 1946.

¿Cuáles eran las ideas de Alberdi? Muy simple, aplicar liberalismo económico. Es decir, dejar que la gente gozara de libertad completa para establecer negocios de todo tipo sin que el gobierno interfiriera. Algunos se dedicaron a la ganadería, otros a la agricultura, a la industria, al comercio, etc. No necesitaban pedir permiso al gobierno y podían vender su producción a donde más les convenía. Exportaban productos a todo el mundo y atrajeron las mejores inteligencias para sus escuelas y universidades.  Pero algo falló, el edificio se les cayó y es la hora que todavía no saben dónde estuvo el error.

Entregar la educación a Karl Marx

Los argentinos no llegaron a entender que su prosperidad descansaba en la filosofía de la libertad, se embriagaron de riqueza pensando que ya nada los detendría. Fundamentalmente, se olvidaron de promover y cuidar que la cultura liberal fuera abrazada fuertemente por cada hombre, mujer, joven y niño argentino. Creían que bastaba con saber hacer dinero, tener empresas exitosas y disfrutar de una buena economía; terrible error.

Es más, construyeron un sistema de escuelas públicas, subsidiadas con impuestos, y dejaron que allí, naturalmente, se enquistaran los marxistas, izquierdistas, socialistas, fascistas, comunistas y hasta nazis. Todos éstos, naturalmente, se apropiaron de las instituciones y recursos del erario para hacerse amos y señores de su línea de pensamiento.

Reemplazaron a los que pensaban como Alberdi y desde entonces se convirtieron en adoradores de Carlos Marx, Lenin, Mao, Stalin, Che Guevara, Domingo Perón, y otros. Con esta cultura izquierdista los llevó a denostar, denigrar, expulsar y hasta asesinar a liberales, empresarios, banqueros, hombres de negocios, inversionistas y todo lo que sonara a capitalismo o liberalismo.

Javier Milei

La izquierda peronista engañó a todo un pueblo con su falso discurso de los “empresarios explotadores”, de los “ricos malditos culpables de las desigualdades”. Esa izquierda engañó y ofreció que si le daban el poder a Juan Domingo Perón, todos los argentinos serían más felices en virtud de que Perón sería como un padre que cuida a sus hijos; acabaría con la desigualdad, se preocuparía por darles de comer a todos, les proveería de habitación salud, diversión, etc. Y sólo necesitaba que le dieran todo el poder al gobierno para manejar la economía, la salud, la educación, el Banco Central, etc. Los argentinos creyeron y así se pusieron la soga al cuello, cayeron en la trampa. Ahora no tienen ni salud, ni educación, ni felicidad. Su PIB per cápita ya cercano al de Venezuela, Cuba o Bolivia. Los peores en la escala internacional.

Después de muchos años en un ambiente de miseria maldita e innecesaria, surge una esperanza con un líder libertario que puede llegar a la presidencia: Javier Milei. En efecto, Milei representa el resurgimiento del pensamiento de Juan Bautista Alberdi y de grandes intelectuales como Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Milton Friedman, Murray Rothbard y otros de la Escuela Austriaca de Economía. Veamos algunas de sus ideas.

Dolarización

Javier Milei propone dolarizar la economía Argentina.  Los gobiernos han usado el Banco Central para imprimir millones de pesos argentinos para financiar locuras, obras faraónicas de dudoso beneficio y programas sociales: aeropuertos, palacios de gobierno, carreteras, regalan dinero a los ancianos, a los estudiantes, a las madres solteras, etc. Programas populistas que parecen buenos, pero que destruyen al país que las aplica.

Milei quiere quitarle al gobierno el poder de imprimir dinero argentino porque así evitaría inflaciones, que hoy rebasan el cien por ciento. Propone al dólar porque es moneda que ninguna empresa argentina podría producirlo, tiene aceptación mundial, lo que favorecería el comercio internacional de Argentina y, aunque también sufre devaluación debido a gobiernos irresponsables de USA, no se compara con las devaluaciones de los gobiernos que ha tenido Argentina. La tasa de cambio ya no se dictará en el gobierno, se resolverá en el mercado de divisas. El gobierno dejará de asumir la responsabilidad de proveer de dólares al comercio, industria y turismo. Quien necesite dólares los conseguirá en el mercado de divisas, en la calle. Para esto, en argentina se decretará la libre circulación del dólar u otras monedas, como la libra esterlina, los euros o los yenes. La gente podrá elegir la moneda a su gusto y conveniencia.

El apoyo de la Reserva Federal

Si Javier Milei contara con el apoyo del gobierno norteamericano, éste podrá ordenar imprimir una cantidad de dólares suficiente para hacer la conversión al tipo de cambio real del momento. Se anunciaría que la gente haga el cambio en los bancos en un plazo de una semana, por ejemplo. Cumplido el plazo quedarían sin valor los pesos argentinos. Ahora bien, todos los billetes argentinos capturados por el cambio deben ser destruidos, incinerados. Nótese que, aunque el gobierno de USA haya mandado a imprimir una gran cantidad de dólares para la conversión, no tendría efectos distorsionantes en USA ni en Argentina porque no aumenta la masa monetaria de estos países. Por esa cantidad enorme de dólares que recibiría Argentina, solo pagaría por el papel y la tinta, pues no estaría adquiriendo deuda.

En realidad, no es tan necesario desplazar al peso argentino. Pero es mejor porque el dólar tiene aceptación mundial, el peso argentino solo en Argentina. No es tan necesario si ya se ha adoptado la política monetaria de mantener la masa de dinero sin variación. La imprenta puede funcionar sólo para restituir billetes deteriorados o para compactación de dinero o para fraccionar billetes. Pero se debe tener cerca el incinerador. Con masa monetaria fija, libre circulación del dólar y tasa de cambio por oferta y demanda se vería una pronta fortaleza del peso argentino.

Cheque escolar

La idea es que el gobierno elimine el sistema de subsidio directo a escuelas y universidades públicas. Se trata de que las instituciones aprendan a vivir del cliente, no del gobierno. Temporalmente, el presupuesto educativo no tendría variación, pero se daría al alumno mediante un voucher o cheque intransferible para que pague en la escuela pública donde estudia.

En un primer momento, la escuela recibe la misma cantidad de dinero, pero la recibe de manos del alumnado. Con el tiempo y buena labor, las escuelas podrán recibir más vouchers si elevan su prestigio y los profesores podrán recibir mejores sueldos. Este proyecto implica darle autonomía a las instituciones educativas. El personal docente decidiría sus propios sueldos y administrará mejor los recursos, a fin de ganar más clientes. Por supuesto, si una escuela no es capaz de dar buen servicio, se enfrentaría al abandono del estudiante, quien se cambiaría, con su cheque en mano, a otra escuela.

En efecto, se trata de convertir a las escuelas existentes en escuelas competitivas, de hacer que universidad pública trabaje como si fuera privada para que ponga atención e interés en sus alumnos, pero con la ventaja de tomar decisiones sin intervención del Estado. Es un plan avanzado y lo mejor que se haya escuchado en el mundo.

Salud y burocracia

El mismo sistema de vouchers se puede aplicar en las clínicas y hospitales del gobierno. El cliente o enfermo paga por el servicio que recibe y luego el enfermo se lo cobra al gobierno. Sin embargo, la idea de más fondo es separar salud y seguro. Es decir, el ciudadano paga por un seguro y si se enferma, el seguro cubre el gasto. Y mejor aún si los hospitales del gobierno son vendidos a los médicos que allí laboran.

Milei piensa reducir drásticamente el tamaño de la burocracia estatal. Hoy día esa enorme burocracia no deja desarrollar al país porque consume una cantidad bestial de recursos. Milei solo dejará tres o cuatro ministerios y el resto del personal tendrá que dedicarse a actividades productivas en lugar de vivir del erario.

Impuestos y gasto público

Milei considera que los impuestos son un robo legalizado. Empezará por aplicar la política de “impuesto cero” a las ganancias de las empresas, es mejor que inviertan y generen nuevas fuentes de trabajo. Significa que Argentina volverá a ser la tierra de oportunidades. Surgirán empresas donde los burócratas desplazados tendrán mejores ingresos que los actuales.

El gobierno no tendrá qué gastar tanto en virtud que no necesitará subsidiar empresas inútiles, ni organismos burocráticos parasitarios. Milei piensa que el gobierno debe reformar todo para que únicamente se dedique a cuidar que no haya asesinatos, ni robos, ni extorsiones y hacer justicia en su caso. Para tal efecto, la cantidad de impuestos será cada vez menores. Es la revolución libertaria que Argentina necesita.

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Maradona, el asado y la libertad

La RAE define la libertad como la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, siendo responsable de sus actos. O bien aquella situación en la que no se es esclavo. La historia nos ha enseñado que dicha situación se obtiene a base de mucha lucha y se pierde con mucha facilidad. De hecho, durante buena parte de nuestra historia moderna, el sino de nuestra especie ha sido poco a poco ir renunciando a nuestra libertad, en favor de una promesa de prosperidad y seguridad que nunca llega.

Elegir o renunciar a dicha condición, más que elegir entre cualquier ideología, es clave a la hora de cómo avanzan, prosperan y se desarrollan los países. Un buen ejemplo de ello lo podemos ver en nuestro país hermano, Argentina. En 1853 los argentinos renunciaron al vasallaje y redactaron una constitución que refrendaba su derecho a ser libres. Establecía el derecho a la propiedad, a la libertad de expresión, a la libre circulación… Gracias esto, el país experimentó un crecimiento y un desarrollo sin precedentes.

Argentina antes de Perón

A finales del siglo XIX, Argentina era el país con mayor renta per cápita del mundo, es decir, el país más rico de la tierra. Sí, puede que hoy choque, pero el argentino medio era más rico que el suizo medio, que el luxemburgués medio… Todo ello, como ya sabemos, terminó, ¿pero cuándo?

Bien, primero en 1898 y posteriormente en 1949, se dieron dos reformas constitucionales, que limitaron la libertad antes expuesta, en favor de la “justicia e igualdad”. Argentina, bajo distintos nombres, primos hermanos; peronismo, kirchnerismo… abrazaba el socialismo. Todos conocemos como han sido las últimas décadas del país del dulce de leche; nada dulces. Hiperinflación, corralito, pobreza…

Todo lo que se ha narrado en el caso argentino, sucedió en mayor o menor medida en buena parte de los países antaño prósperos como Venezuela o Cuba. Pues bien, si nos hemos centrado en el caso argentino, es porque por primera vez en décadas, parece que los argentinos podrían querer recuperar buena parte de lo perdido en cuanto a libertad, y, por tanto, prosperidad, el siglo pasado.

La libertad avanza

A muchas personas les parecerán algunas cosas chocantes, extrañas y a veces peligrosas, pero la libertad es así, una aventura. Una de estas puede ser la eliminación de los hasta hoy todopoderosos bancos centrales, en un intento por frenar unas subidas de precios, que tanta hambre han hecho pasar a los argentinos. La inflación es un fenómeno puramente monetario, quitarle la máquina de hacer dinero a los políticos sería liberar a la gente. Es un primer paso, de los muchos que empiezan a sonar. Una esperanza.

De Argentina salió el genio Diego, que maravilló al mundo con su futbol vistoso y su alegría. De Argentina proviene mucha de la carne que aún hoy alimenta y nutre a buena parte del planeta. ¿Por qué no iba a salir de allí una ola de libertad que maravillase y nutriese al mundo nuevamente de esperanza? De volver a ser dueños de nuestro destino, de recuperar la prosperidad, de volver a ser libres. ¡La libertad avanza carajo!

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina

Mi intención este mes era escribir y entregar a mi editor en el Juan de Mariana un texto sobre alguno de varios temas. Estaba tratando de decidir si escribir sobre la naturaleza expansiva del socialismo, tratando de dar una explicación de su propagación en Latinoamérica -algo que no deja de sorprender a muchos. Otro tema que quería discutir era el del absurdo reclamo de algunas personas de tener derechos fundamentales al uso de cigarrillos electrónicos (vapes), tratando de reflexionar sobre el fenómeno de una especie de hiper-inflación de derechos y las causas remotas de esto. Otro posible tema habría sido cómo ciertas formas de corrupción pueden ser eficientes, tomando como punto de partida la ensalada Cesar y cómo su receta se manifiesta corrupta en varios países.

El terremoto político

Pero el pasado domingo, después de un paseo con amigos, llegué a mi casa a leer la noticia de que Javier Milei ganó las elecciones primarias (PASO) en Argentina. Si bien trataré los temas que mencioné anteriormente en el futuro próximo, aquel hecho me obliga -como seguramente lo hace con muchos otros- a escribir sobre él. Para un libertario en América Latina, ¿qué otro tema puede ser tan interesante como este? No tengo respuesta ante esto.

Para nadie, libertarios o no, es un suceso sin trascendencia. Lejos de serlo. El anarcocapitalismo es aquella facción dentro de la ideología política del libertarismo que, a partir de la convicción de ser el estado injustificable desde cualquier punto de vista, considera que la única fuente justificable de orden y prosperidad económica es el proceso de mercado, cuya condición ética habitante es la propiedad privada, particularmente sobre los factores de producción.

Pues bien, la razón por la cual no puede ser un hecho sin trascendencia para absolutamente nadie es que Javier Milei se ha hecho conocer consistentemente como anarcocapitalista, y que así, en un país de dónde no ha salido enunciada la palabra libertarismo de parte de ningún gobernante, ha ganado unas elecciones, con una ventaja nada despreciable respecto de las dos opciones restantes -una de ellas, justamente representando la continuidad de socialismo rancio.

Javier Milei

Un par de meses y la concurrencia de otras circunstancias separan a Javier Milei de convertirse en el presidente de Argentina, no deja de ser excitante -por decirlo de alguna manera, que exista una relativamente alta probabilidad de que un país de América Latina pudiera tener un presidente que haya distraído a los electores en su favor, enunciando ideas que se derivan de la libertad en su sentido original.

En uno u otro tono, en varios grados de calma -y en ocasiones, sin ninguna- Milei ha llamado positivamente la atención de los votantes hablando de: propiedad privada, primacía de la economía de mercado. Respeto por el plan individual de vida de cada quien sin interrupciones estatales. Y libre competencia -entendida como a ausencia de bloqueos institucionales para producir en favor de los demás. De esta forma, Milei promete ser un presidente que va a favorecer el campo de acción de la economía de mercado, de tal forma que sea a través de este proceso que los individuos avancen en sus respectivos proyectos de vida en búsqueda de bienestar individual.

A la par, promete, como presidente, restar campo de acción al estado eliminando el número de sus agencias, como varios ministerios, reduciendo la capacidad operativa estatal para intervenir por medio del uso de la fuerza en los planes que diseñen los individuos a lo largo de sus vidas -lo que viene, hay que decirlo, como una bocanada de aire fresco. ¡Me importa un pimiento el carné de cualquier libertario! Tómense un minuto de darse de trompadas por al menos un momento para ver quién es el más libertario de los libertarios. Les digo que no está de más darse licencia y experimentar algo de emoción.

Libertarismo

Dejando la emoción a un lado, para darle paso a una reflexión con algo más de cabeza fría, algo no cuadra del todo. Milei es abiertamente libertario. El libertarismo es la ideología política que se articula de un axioma muy sencillo de entender y de justificar: ningún individuo, ni ningún grupo de individuos, puede agredir la persona o la propiedad de nadie. Al axioma solemos conocerlo como el axioma de no agresión, o NAP, por sus siglas en inglés, en donde agresión se traduce en el uso o la amenaza del uso de violencia física en contra de la persona o propiedad de los individuos.

Propiedad significa el derecho que tienen los individuos de controlar exclusivamente los cursos de acción a los que asignan sus medios -esto es, su cuerpo y sus bienes. Si una persona gana 100 pesos y el estado cobra en impuestos 5 o 75 para pagar a los jueces o para alimentar a los pobres, eso es una violación de NAP. Si dos hombres o dos mujeres quieren celebrar un contrato de matrimonio y el estado prohíbe o condiciona ese intercambio, eso también es una violación del NAP, luego reprochable desde un punto de vista libertario. Una explicación más extensa de este derecho se puede encontrar acá.

Presidente libertario, una contradicción

Siendo esto el libertarismo -reduciéndose a tan sencilla noción, ¿no es acaso la aspiración y el triunfo de Javier Milei una contradicción frente a esa noción? Es decir, siendo Milei libertario, estaría él en contra de dirigir cualquier manifestación de violencia física a la alteración de los cursos de acción a los que libremente los individuos han asignado sus medios. Y siendo el estado la agencia dentro de la sociedad que monopoliza la violencia física, cuyos ingresos son solo posibles por medio de una violación sistemática del NAP, ¿no es acaso una contradicción ser libertario y querer llegar a la posición de ser la cabeza de aquella organización, cuya existencia es injustificable a partir del reconocimiento de la propiedad privada?

Pues, por el perro, ¡claro que lo es! Se trata de entregarle un agente más a aquella organización criminal, que desde el libertarismo se quiere eliminar. Porque no puede haber dudas acerca de que llevar a sus últimas consecuencias lógicas, el NAP resulta en la eliminación del estado, sea el colombiano, el español o el argentino. Existe en el libertarismo un relato que se suele utilizar para brindarnos una imagen de esto. De existir un botón con el cual se lograría la desaparición del estado, se nos ampollaría el dedo al oprimirlo, sin descanso y con mucho ahínco. Así que, de nuevo, sí, es una contradicción ser libertario y querer formar parte del estado.

Presidente libertario, una estrategia

Lo que acabamos de describir es el fin último del libertarismo, su objetivo más caro. Y es tomándolo en cuenta que la candidatura y éxito electoral de Javier Milei resulta ser una grotesca contradicción. Y a pesar de esto, aquel botón no existe y, me atrevo a decir, que el estado será eliminado, no de un golpe certero, sino a través de un proceso tan largo y complejo como aquel por medio del cual surgió y terminó, siendo lo que conocemos como el proyecto estatal absolutista contemporáneo. Así como el estado surgió como una evolución de un grupo desorganizado de rufianes a una mafia criminal con un alto grado de organización por medio de reglas, el declive del estado podría darse como la devolución de ese proceso. Así, tomará no solo tiempo, sino estrategia.

Y es en términos de estrategia donde no me parece que haya contradicción alguna respecto del triunfo de Milei en Argentina. Es más, los que nos alegramos, por ello, en el fondo lo hacemos en función de la esperanza que representa. En términos estratégicos, y en el papel, las promesas de Javier Milei de destruir el estado desde adentro son atractivas y excitantes. Porque, si bien de manera tímida, representan un paso en el largo y paciente camino de acabar con el estado.

Eliminar instituciones

Y a pesar de lo emocionados que estemos, algo de cautela no está de más. Como estrategia, disminuir el estado corre el riesgo de ser una estrategia fallida. Por ejemplo, en primer lugar, la alianza con otras organizaciones criminales, de las que ya se es parte como presidente, como otros estados, puede generar cierta influencia impropia para que las reformas liberales avancen. Estas reformas liberales, libertarias, no pueden ser otras diferentes a eliminar instituciones que den pie a la intervención del estado.

Una clara reforma liberar sería, sí, disminuir impuestos, como aquellos a las ventas o a las ganancias empresariales. Pero sería una gran reforma liberal eliminar estos impuestos. No puedo, sino temer -y ojo que es temor, más no convicción- que este tipo de iniciativas, que serían las verdaderamente libertarias y las que se esperarían de Milei, se vean retrasadas y hasta entorpecidas con las alianzas que habría anunciado, como con EE.UU. e Israel.

Las que nos parecen medidas que prometen una muy baja probabilidad de éxito en la consecución del fin de reducir el estado son aquellas, dentro de las propuestas conocidas de Javier Milei, que mantienen ciertas intervenciones. En efecto, según reportes periodísticos, para Milei el gasto público no es que vaya a ser eliminado, sino que “tiene que reducirse.” Nuestra principal preocupación con esto, con que se mantenga cierto grado de gasto público, es que esto llevará a ineficiencias en la asignación de recursos. Y esto, a su vez, podría llevar a la necesidad de incrementar ciertas intervenciones estatales. Ello corre el riesgo de mantener el tamaño del estado y hasta aumentarlo, siquiera marginalmente.

Sólo ocho ministerios

Por ejemplo, Milei ha anunciado en el pasado que mantendría ocho ministerios, siento infraestructura uno de ellos. Nuestro temor -y este sí es por convicción- es que gasto público en infraestructura es, después de todo, gasto estatal. El estado no cuenta con herramienta mental de economía de mercado como el cálculo económico. El motivo es que no participa del sistema de precios de la misma manera en la que un empresario lo hace. Así que cualquier asignación de recursos que haga, en algún grado, así sea en carreteras y puentes, será un desperdicio. Tal desperdicio de recursos, en tiempo, creará un déficit fiscal que, probablemente, se tenga que tapar con impuestos adicionales a los que ya estarían en vigencia.

La verdad es que poco sabemos de estrategia -sobre todo nosotros, que llevamos una vida dentro de la segura burbuja académica. Nos parece que respecto del fin último del libertarismo no debería quedar duda alguna cuál es este. La fortuna nos dirá qué estrategia será la más eficiente. Que reducir el campo de acción del estado desde adentro sea o no una estrategia efectiva, de tal forma que avance la libertad y con ello la prosperidad material y el recobro de la fibra moral de la sociedad, es una cuestión empírica.

Otra estrategia -de largo plazo y aliento y sin violar el NAP

Tal efectividad será juzgada por sus resultados y el tiempo dirá todo. Javier Milei, a todas luces, se ha ocupado más de estas cuestiones estratégicas, y a su futuro equipo de trabajo. En ese sentido, solo resta desearle toda la suerte en el eventual caso de que gane las elecciones presidenciales de Argentina. ¡Javier, estoy a una llamada para cuando quieras discutir aspectos fundamentales de teoría de eficiencia dinámica o el error intelectual que es el socialismo!

Consideramos que existe una estrategia que promete una mayor probabilidad de éxito, en el largo plazo. Tiene estas varias consideraciones. Una de ellas es que requiere de mucha visión. Por medio de ella, se promete eliminar el estado en el largo plazo. Es una estrategia, muy diferente a la de relativo corto plazo, que es a lucha electoral. Requiere también de bastante paciencia y esto nos lleva a considerar otra cosa: requiere también perseverancia y valentía. Los embates y las desavenencias que encuentra en el tiempo son muchas. Y no dejarse derrotar por ellas es muy importante, para lo cual se necesita muchísima fibra moral.

Por último, requiere de agudeza intelectual. Pues la idea de la libertad y sus últimas consecuencias demandan cierto rigor mental para identificar todas sus implicaciones lógicas. Esta estrategia es la de hablarle directa y diariamente a la opinión pública. Pues sin el apoyo, así sea pasivo y resignado de ella, no puede haber estado. Esta estrategia es, además, consecuente con el NAP, pues dialogar no viola este axioma.

El poder y la aquiescencia de la mayoría

El estado es un grupo minoritario de individuos que tiene en sus manos el monopolio de la violencia física. Loo utiliza como un revolver para extraer involuntariamente riqueza de la parte de la sociedad que previamente la ha creado. Y, ayudado por su monopolio del derecho, decide en última instancia la cuestión de lo justo. Esa minoría, al final, solo puede mantenerse por medio del apoyo de la mayoría.

El estado está soportado, entonces, porque la opinión pública lo soporta. La mayoría, a la altura de nuestros tiempos, tienen profundamente arraigada la creencia, de que la única forma de generarse orden es a partir de la existencia de un estado. Esa mayoría cree que siempre ha sido así y que no hay otra forma de que sean las cosas. Esa mayoría, que representa la opinión pública, ha nacido y morirá en un tiempo donde se insiste en la noción, sin descanso, de que el estado es, por un lado, la única forma de coordinar las acciones de la sociedad para generar bienestar; y, por otro lado, que sin estado la sociedad sería presa del caos que acabaría con ella misma en cuestión de días.

Bienvenidas las estrategias de libertad

Así, posiblemente una estrategia más efectiva, con resultados que resulten un tanto más blindado a los vaivenes electorales, que se dirija al profundo desarraigo de la creencia sobre el estado y su utilidad es una estrategia que merece toda nuestra atención como libertarios -una sin la cual, nos atrevemos a decir, el triunfo de Javier Milei en Argentina no habría sido posible en primer lugar.

¡Qué aquellos confundidos sigan llamando fascista a todo aquello que no entienden! Mientras tanto, bienvenidas todas las estrategias para avanzar la libertad. El paso del tiempo cumplirá con su función de depuración y nos encontraremos al final del camino sin estado y libres.

Ver también

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).