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Etiqueta: Bitcoin

Bitcoin y elefantes rosas

Después de la quiebra del exchange FTX a finales del año pasado, ha habido un run run en los mentideros del mundo cripto sobre una posible operación política para excluir a los exchanges cripto del sistema bancario americano. Es la llamada operación chokepoint 2.0, que ha pasado de ser considerada una teoría conspiranoica, a acabar demostrándose cierta.

Una operación quirúrgica…

El primer objetivo de esta operación fue el banco SilverGate, que era la principal entidad que ofrecía servicios a los exchanges cripto. Incluso les proporcionaba una red de conexión que permitía enviar dólares de un exchange a otro de forma casi instantánea. 

Dicen las malas lenguas que desde Washington se hizo correr el rumor que el banco tenía problemas, para así provocar una espantada de los depositantes. SilverGate ya padecía importantes dificultades, porque se vio afectado por el colapso de FTX, así que solo faltaba darle el golpe de gracia. Eliminar a SilverGate de la ecuación, un banco pequeño, parecía una operación de precisión quirúrgica. Y de hecho inicialmente así parece que sucedió, puesto que finalmente SilverGate se rindió y el pasado ocho de marzo inició un proceso voluntario de liquidación de la entidad. Esta noticia fuera del ámbito cripto apenas tuvo repercusión. No saltó a los medios. 

que acaba en escabechina

Washington se las prometía felices, pero a los pocos días resulta que esa operación de bisturí acabaría por convertirse en una carnicería de serrucho y torniquete, cuando el problema se extendió al Silicon Valley Bank. Está relacionado con el mundo cripto, aunque con una ligazón algo distinta. En este caso, algunas empresas cripto eran las que tenían riesgo en el banco y no al revés. Muy en especial la empresa Circle, emisora de la moneda USDC. Una moneda que pretende valer siempre 1 dólar por unidad; una stablecoin.

Ahora sabemos que los bancos medianos americanos en general ya estaban teniendo problemas serios porque sus activos se habían depreciado mucho debido a las subidas de los tipos de interés durante el último año. De modo que no fueron las maquinaciones de Washington por sí solas las que provocaron el problema, sino que estas maquinaciones cayeron sobre una situación que ya era muy delicada.  

Una operación política

En fin, la historia ya la conocen los lectores. Silicon Valley Bank quiebra y junto con él también intervienen a Signature Bank. Un banco más parecido a SilverGate que daba servicios a exchanges cripto como Binance. Lo cierto es que si bien SilverGate estaba sufriendo salidas de depósitos, existen muchísimas dudas de que realmente estuviera al borde de la quiebra.

Estas dudas se despejan cuando la administración establece como condición para el comprador de Signature que elimine a todos los clientes relacionados con cripto activos. Quedó entonces demostrado con casi total seguridad que la operación chokepoint 2.0 es una realidad, y que el gobierno no ha dudado ni un segundo en llevarse por delante todo un señor banco por una cuestión política y no económica. Vergonzoso.

No es que yo le tenga especial simpatía a entidades como Binance, pero no por ello me parece bien que el gobierno haga este uso de su poder. Pero bueno, a estas alturas ya no nos escandalizamos por estas cosas. Estamos acostumbrados.

Gobernantes con lanzallamas

El caso es que todo este caos ha reavivado el movimiento anti-bitcoin en el establishment político y mediático, de manera que parecen querer restringirlo o incluso prohibirlo. Entre otras razones, uno de los principales argumentos es que Bitcoin no tiene respaldo ni tampoco ningún valor de uso. Que es inútil. Entonces, ¿Para qué prohibir una cosa que no sirve para nada? ¿Qué relevancia tiene? Si están en lo cierto, bastaría con ignorarlo pues debería morir más pronto que tarde.

Imaginemos por un momento que una compañía aseguradora saca al mercado una extraña póliza de seguro de hogar que te asegura única y exclusivamente de la posibilidad de que el gobierno incendie tu casa. ¿Qué pasaría con la demanda de dicha póliza si un buen día nos desayunamos viendo que nuestros gobernantes se pasean por las calles blandiendo antorchas y lanzallamas?

Pues a falta de un ejemplo mejor, esta es la sensación que tengo con Bitcoin. Bitcoin fue diseñado de manera expresa para resistir la prohibición de los gobiernos. ¡Menudo paranoico este Satoshi!, dirían algunos en su momento. Pero ahora resulta que el gobierno habría capitulado dándole la razón al creador de Bitcoin.

Prohibir el éxito conduce al éxito

Y es que además, me parece a mi que cuando el gobierno ordena “¡No use usted Bitcoin!” lo que va a conseguir es casi lo mismo que si ordenara “¡Prohibido pensar en un elefante rosa!”

Y digo “casi lo mismo” porque lamentablemente creo que el gobierno sí que va a conseguir que algunos no piensen en elefantes rosas. Existen muchos ejemplos históricos de este tipo de restricciones. Ya pasó con el oro hace muchos años o con los hedge funds más recientemente. Me temo que, salvo que a imagen y semejanza del dólar en Argentina se desarrollen muchísimo los mercados negros de Bitcoin, lo que acabaremos teniendo son fuertes barreras de entrada que dejen fuera al ciudadano de a pie, de manera que solo algunos privilegiados tengan acceso a cantidades relevantes de Bitcoin.

Bitcoin y el derecho de propiedad

Muchos defensores de Bitcoin utilizan términos como inconfiscable o incensurable, y en mi opinión son términos demasiado absolutos. Mucho más prudente sería decir “difícil de confiscar” y “resistente a la censura”. No niego que estos términos pueden estar bien para transmitir estas ideas de manera más simple y gráfica en un contexto informal, pero si queremos tratar estas cuestiones con detenimiento y rigor, creo que hay que ser cuidadoso.

La aportación de Bitcoin

En mi opinión, lo que Bitcoin aporta que no existía antes es una forma de poseer valor que en muchos aspectos es un orden de magnitud más conveniente y barata que otras formas que existían hasta entonces. El simple conocimiento de una clave es suficiente para poder disponer de unidades de Bitcoin, ya sea para atesorarlas o para transmitirlas.  

Nótese que la propiedad y la posesión son cosas distintas. Si yo firmara un contrato con un custodio de Bitcoin en Suiza, quien tiene la posesión material de los Bitcoin es el custodio, pero quien tiene la propiedad en sentido jurídico soy yo.

Prefiero utilizar el verbo poseer y no el término propiedad porque no quiero meterme en camisa de once varas, ya que la propiedad en sentido jurídico es un asunto mucho más complejo y que depende de la filosofía del derecho que aplique cada uno, y en este sentido no existe una sola visión, cada escuela tiene su propia interpretación. Unos dirán que la propiedad es lo que el Estado diga que es tuyo, pues es el que en última instancia tiene la fuerza, otros dirán que la propiedad es un derecho natural del individuo.

Por lo tanto, prefiero quedarme en el simple hecho de la posesión material de Bitcoin, es decir, la capacidad técnica o material de tenerlos o transmitirlos. 

Autocustodia no implica soberanía

Lo que voy a decir a continuación puede que a muchos bitcoiners les parezca una blasfemia, pero la cruda realidad es que el estado tecnológico de bitcoin para la autocustodia está tan verde, que dependiendo de la cantidad y de las circunstancias particulares de cada uno, Bitcoin puede ser bastante más difícil de confiscar o robar si está custodiado por un tercero especializado que sí está custodiado por uno mismo. Es decir, hoy por hoy la autocustodia no implica necesariamente mayor “soberanía”. 

La autocustodia además tiene un mayor riesgo de cometer un error y pegarse un tiro en el pie, sobre todo en el estadio técnico actual. Aunque también hay que decir que si bien es mucho menos probable que un tercero especializado en custodia cometa algún error, por otro lado es un objetivo mucho más rentable de atacar por parte de los amigos de lo ajeno porque al tratarse de un custodio siempre va a poseer mucha más cantidad de Bitcoin que los usuarios individuales. Y por amigo de lo ajeno no me refiero solo a ladrones, también a presidentes de la democracia más avanzada del mundo, como Roosevelt y su orden ejecutiva 6102 o “expropiese ese oro”, al más puro estilo Chávez.

Posesión y libertad

En todo caso, sí que creo que esta nueva manera de poseer valor sienta las bases para mayores cotas de libertad y esperanza para recuperar terreno frente al totalitarismo estatal. Al estar la posesión estructurada a través de software, es infinitamente más barato que toda la infraestructura que necesita un Estado para proporcionar seguridad jurídica y garantizar la posesión de los bienes de sus ciudadanos (legisladores, registradores de la propiedad, jueces, abogados, notarios, tribunales, cárceles, armas, cuerpos de policía, ejército, etc).

La moneda fiat no escapa de estos costes. Por ejemplo el valor de los Euros en  las cuentas corrientes de nuestros bancos tienen una enorme dependencia de que en caso de ser necesario puedan ejecutar las hipotecas que tienen en su activo, y para eso es necesario un sistema jurídico que garantice la propiedad de los inmuebles porque si la propiedad sobre un inmueble o cualquier otro bien es incierta, su valor también será incierto, el sistema también debe habilitar al banco ejercer cualquier otro derecho de cobro contra el hipotecado o cualquier otro deudor del banco. 

El papel de la seguridad jurídica

En general, como la moneda fiat está esencialmente respaldada por créditos que están en los activos de los bancos, evidentemente es esencial que exista una gran seguridad jurídica para que estos créditos tengan valor, es decir, que haya una razonable certidumbre de que los deudores paguen sus deudas.  Por eso los países que tienen poca tradición en el cumplimiento de los contratos y/o pobre seguridad jurídica tienen monedas fiat de mala calidad o incluso pésimas. Y al contrario, los países con gran seguridad jurídica y gran tradición en el cumplimiento de los contratos suelen tener monedas fiat relativamente mucho más sólidas. 

No habría que caer en el error de afirmar que con Bitcoin termina la necesidad de seguridad jurídica. Eso sería un disparate porque Bitcoin sirve para ser intercambiado en algún momento por otros bienes que necesitamos, y para poder disfrutar de muchos de esos bienes sí que es imprescindible la seguridad jurídica. Eso sí, que haya que incurrir en estos costes, no implica que la moneda fiat y el sistema bancario no supongan un coste adicional porque ya aprovechan la infraestructura que tendría que existir igualmente sin ellos. El coste existe igualmente en la proporción que corresponda junto con el que sería imputable para garantizar la seguridad jurídica en todos los demás ámbitos.

El Leviatán

En todo caso, lo anterior no quita que para el caso concreto de Bitcoin hayamos dado un paso de gigante en la capacidad individual de poseer valor, y lo que este avance puede suponer en términos de libertad frente al Estado. Recupero aquí una cita de Hobbes que muy a menudo utiliza acertadamente mi compañero en esta casa Alvaro D. María:

Una quinta doctrina que tiende a la disolución del Estado afirma que cada hombre particular tiene una propiedad absoluta en sus bienes, y de tal índole que excluye el derecho del soberano. Cada persona tiene, en efecto, una propiedad que excluye el derecho de cualquier otro súbdito, y la tiene solamente por el poder soberano sin cuya protección cualquier otro hombre tendría igual derecho a la misma. Pero si el derecho del soberano queda, así, excluido, no puede realizar la misión que le fue encomendada, a saber: la de defenderlos contra los enemigos exteriores y contra las injurias mutuas; en consecuencia, el Estado cesa de existir.

Thomas Hobbes, Leviatán (Capítulo XXIX – De las causas que debilitan o tienden a la desintegración de un Estado)

Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (I)

[1] Este título tan provocador es solo una réplica jocosa al utilizado por Polavieja. No creo que haya pensado ni por un momento que Mises no comprendiera a Menger.

Según afirma Manuel Polavieja en su artículo titulado “Mises no comprendió a Menger” (publicado en cuatro partes), [1] [2] [3] [4] Bitcoin no ha tenido la acogida merecida en la Escuela Austriaca de Economía debido a los desaciertos de Mises. Polavieja analiza el encaje de Bitcoin con la teoría monetaria dominante en la tradición austriaca (la de Mises), y concluye que tiene un encaje bastante malo. Al igual que Polavieja, yo también soy un defensor de Bitcoin (de esos a los que llaman maximalistas), pero, estando de acuerdo con él en muchas cosas, solemos diferir en asuntos monetarios.

Desde mi punto de vista, la tibia acogida de Bitcoin dentro de la escuela austriaca se debería, por un lado, a una interpretación un tanto sesgada de algunas tesis de Mises (no a sus errores), y, por otro, a una airada reacción inicial contra Bitcoin por parte de muchos de los defensores tradicionales del oro como el mejor dinero fuerte. Esta reacción puede venir provocada, en parte, por el hecho de que muchos partidarios de Bitcoin pretenden ingenuamente que Bitcoin fue un medio de intercambio desde el día de su nacimiento o, incluso, dinero. Pero tal cosa simplemente no es posible, pues tanto el dinero, en particular, como los medios de intercambio, en general, son instituciones sociales. En la actualidad y desde un punto de vista económico-científico, Bitcoin es un medio de intercambio, aunque todavía no es un medio de intercambio común y generalmente aceptado, es decir, todavía no es dinero.

En mi opinión, no hay duda de que el oro ha sido el dinero más sólido que se ha conocido hasta la fecha. Sin embargo, esto no legitima a los defensores del oro para criticar a Bitcoin. Antes de poder realizar una crítica solvente es necesario llevar a cabo un arduo trabajo de investigación de este fenómeno monetario tan novedoso y complejo. No importa lo versado que se esté en la teoría monetaria, si no se realiza un estudio en profundidad de Bitcoin, no es posible efectuar una crítica mínimamente razonable. En este sentido, es bastante habitual escuchar solemnes declaraciones de prestigiosos economistas que son puros despropósitos. Por supuesto, no me estoy refiriendo a los fundamentos teóricos de sus interpretaciones ni tampoco al acierto o no de sus previsiones, me estoy refiriendo a que tales pronunciamientos dejan entrever su total desconocimiento respecto a qué es y cómo funciona Bitcoin. Y en esas condiciones no tiene ningún sentido hacer tales declaraciones.

En mi caso particular, llevo ya un tiempo realizando el necesario trabajo de investigación. Y, como le sucede a todo aquel que cae en la madriguera de Bitcoin, soy plenamente consciente de las dificultades que entraña y de que parece no tener fin. No obstante, el estudio que ya he realizado me lleva a concluir que Bitcoin encaja perfectamente con la teoría monetaria de Mises, así como con la idea de dinero fuerte defendida mayoritariamente en la escuela. Por tanto, considero que según se vaya alcanzando una mejor comprensión de Bitcoin, esa entendible oposición inicial se irá convirtiendo paulatinamente, en una clara defensa. Como curiosidad, quiero añadir que nadie es más indicado para entender esa reacción defensiva y conservadora protagonizada por los defensores del oro que los propios defensores de Bitcoin, pues no hay fenómeno monetario más conservador y reticente a los cambios que Bitcoin (aquellos que conocen el sistema y el medio ambiente bitcoiner sabrán perfectamente de qué estoy hablando). Con la intención de contribuir, en la medida de mis posibilidades, a una mejor comprensión de Bitcoin dentro de la escuela, estoy desarrollando una tesis doctoral en la URJC que llevará por título: “Bitcoin como dinero fuerte en potencia: una interpretación de Bitcoin a la luz de la Escuela Austriaca de Economía”.

En el presente artículo realizaré, en primer lugar, una réplica muy general a los planteamientos de Polavieja respecto a la teoría de la mercancía de Menger, planteamientos con los que parece querer separar las teorías monetarias de Mises y Menger, e incluso mostrarlas como incompatibles. En segundo lugar, discreparé de su consideración de Bitcoin como medio de cambio puro desde que se inventó. Y, en tercer lugar, comentaré brevemente el modo en que Polavieja entiende el dinero, contrastándolo con las enseñanzas que nos legó Mises, en especial a través de su teorema de la regresión. Respecto a estos asuntos decir que no he considerado necesario ser exhaustivo en el análisis, por lo tanto, en lugar de criticar literalmente aquello que no comparto, analizaré de forma general lo que Polavieja trata de transmitirnos en sus artículos (o, al menos, lo que yo he entendido). Por último, solo añadir que hay varias cuestiones que plantea Polavieja en esta serie de artículos que no voy a tratar aquí, pero que son también muy interesantes. Estas cuestiones las he analizado críticamente de forma independiente y figuran ya como parte de mi tesis. Una de ellas gira alrededor de la idea de un bien que nace para satisfacer la liquidez. Otra trata acerca de las utilidades apreciadas en Bitcoin antes de convertirse en medio de intercambio (estas utilidades implican, como es obvio, que Bitcoin no nace como medio de intercambio). Y una tercera analiza una idea defendida por Polavieja según la cual la necesidad de intercambiar sería una necesidad como otra cualquiera. El hecho de que me refiera a estos trabajos que todavía no han sido publicados únicamente tiene como objetivo dejar constancia de que también he analizado con interés otros argumentos de Polavieja que considero igualmente cuestionables.

Antes de comenzar con la exposición del artículo, me gustaría dejar aquí una reflexión general acerca de la escuela austriaca y de Menger. La Escuela Austriaca de Economía no es una escuela revelada por la palabra de Menger. Es una escuela de pensamiento económico que surge y se desarrolla a partir de los planteamientos de Menger (básicamente, a partir de su teoría subjetiva del valor y de la utilidad marginal que van inseparablemente unidas a una concepción subjetivista de la acción humana).[5] Es decir, la palabra de Menger no es sagrada. Menger, como todo científico, tuvo aciertos y cometió errores. Obviamente, los austriacos consideramos más importantes sus aciertos, de ahí que creara escuela. La escuela austriaca se construye sobre los cimientos establecidos por Menger, de eso no hay duda, pero los economistas austriacos han hecho siempre gala de un gran espíritu crítico, corrigiendo los errores detectados en sus antecesores y ampliando, poco a poco, el alcance de las teorías económicas de la escuela. No es extraño, por tanto, que Menger fuera criticado por su discípulo Mises en aquello que le pareció conveniente y Mises fuera criticado por su discípulo Rothbard en aquello que estimó oportuno. Esto quiere decir que la EA es una escuela que está viva y evoluciona, una escuela que no está sujeta al pasado ni anclada a las palabras del que es considerado como su fundador. De lo contrario, no sería una escuela, sería un culto.

Esta reflexión va dirigida, especialmente, a aquellos que continuamente buscan y rebuscan, citan y recitan las palabras de Menger. Pero, más allá de esa reflexión, que no pretende cuestionar de ningún modo el hecho de que se profundice en el estudio de Menger, sí que me gustaría criticar abiertamente (y en esto no debe darse por aludido Manuel Polavieja) el hecho de que algunos supuestos partidarios de las ideas de Menger recurran una y otra vez a la literalidad de sus palabras cuando parecen coincidir con las teorías monetarias que defienden y, sin embargo, las obvien cuando sucede lo contrario. En tal caso, es evidente que no estarían buscando honestamente la verdad, sino que estarían actuando como simples propagandistas de otras causas.[6]

Sobre el concepto de mercancía de Menger

Como bien explica Polavieja, el concepto de mercancía de Menger se refiere a todos aquellos bienes destinados al intercambio. Es decir, si no están destinados al intercambio, los bienes económicos no serían mercancías, por tanto, “el carácter de mercancía no es una propiedad intrínseca del bien en cuestión, sino solo una especial relación de la misma hacia aquella persona que dispone de ella”.[7] En cuanto el propietario de la mercancía abandona su intención de intercambiarla, en ese mismo momento deja de ser mercancía, pasando a ser un simple bien. La condición de mercancía sería una cuestión subjetiva que solo el propietario de cada bien puede establecer.

En los artículos que comienzo a analizar, Polavieja defiende que una mercancía es siempre un medio de cambio, atribuyéndole esta idea a Menger:

… para Menger lo que caracteriza a una mercancía es precisamente ser medio de cambio. Es decir, que no es necesario que tenga otros usos distintos a ser medio de cambio.[8]

Manuel Polavieja.

Esto, en mi opinión, es una interpretación de Polavieja que no se encuentra de ningún modo en la teoría de la mercancía de Menger y que puede llevar a graves confusiones. Si toda mercancía (bien destinado al intercambio) fuera un medio de intercambio, entonces la categoría medio de intercambio dejaría de tener sentido y se perdería su valor explicativo. Por ejemplo, si interpretáramos el concepto de mercancía como lo hace Polavieja, el análisis histórico-evolutivo de Menger acerca del surgimiento de los medios de intercambio y del dinero sería absurdo, puesto que no habría nada que explicar.

Menger en ningún caso afirma que toda mercancía sea un medio de cambio, sino que su esencia es estar destinada al intercambio. La diferencia es muy simple, pues destinar bienes al intercambio no es equivalente a usarlos como medio de intercambio. “El cambio indirecto se distingue del cambio directo según se emplee o no un medio”.[9] Cuando una persona va a un mercado en el que se efectúa el trueque, lleva sus mercancías (bienes destinados al intercambio) para cambiarlas directamente por los bienes que necesita. El gran cambio en el comercio, que soluciona las limitaciones del trueque, tiene lugar gracias al descubrimiento paulatino del intercambio indirecto. Un descubrimiento que es inseparable del reconocimiento de que determinados bienes pueden funcionar como medios de intercambio gracias a su gran comerciabilidad (i. e., gracias a que son muy aceptados en el intercambio). Esto quiere decir que el medio de intercambio no es la mercancía que uno lleva al mercado dispuesto a cambiarla directamente por aquello que necesita, sino aquel bien intermedio que se ve obligado a comprar si quiere realmente llegar a obtener lo que necesita. Por tanto, todo medio de intercambio sería una mercancía (bien destinado al intercambio, en el sentido de Menger), pero no toda mercancía sería un medio de intercambio.

Evidentemente, el uso de un proceso indirecto tan contraintuitivo (adquirir determinados bienes que no se necesitan como el método más rápido y efectivo para conseguir aquellos que se necesitan) es imposible que se propagara por la sociedad de un día para otro. Cuando solo existía el trueque, pero el comercio ya progresaba en mercados organizados a tal efecto, la gente era plenamente consciente de que algunos bienes se vendían mejor que otros. Sin embargo, solo aquellas personas más perspicaces pudieron darse cuenta de que recurriendo al intercambio indirecto, “es decir, cediendo sus mercancías menos negociables a cambio de otras que lo son más”,[10] podían conseguir más fácilmente los bienes que realmente necesitaban. Fue el éxito de todo aquel que utilizó este sistema lo que contribuyó a que, con el tiempo, en todo el mundo se acostumbrara a utilizar como medio de intercambio las mercancías más negociables.

Los medios de cambio, en su origen, nacieron y luego se convirtieron, por progresiva imitación, en medios de uso general, no por ley o convención, sino por costumbre, o sea a través de las acciones convergentes, en cuanto correspondientes a impulsos y proyectos intelectuales semejantes, de individuos que vivían juntos en sociedad. Es decir, como resultado no intencionado de aspiraciones específicamente individuales de los miembros de la sociedad…[11]

Carl Menger

Todo esto es explicado perfectamente por Menger, en el primer capítulo de su libro El dinero, especialmente en el epígrafe titulado “El nacimiento de los medios de intercambio” (pp. 86-93), donde también explica que el concepto de dinero surge solo después de que alguna mercancía de óptima negociabilidad fuera aceptada de forma generalizada como intermediaria de los intercambios.

Por otro lado, en Principios de Economía Política, Menger deja meridianamente claro que “con la alusión genérica al dinero como «mercancía» no se avanza ni un solo paso en el intento de explicar la posición peculiar del dinero en el círculo de las mercancías.[12] Por ello, considero que la teoría de la mercancía de Menger no ha tenido ni tiene excesivo recorrido.

Una vez que he sostenido que Menger en ningún caso afirma que toda mercancía sea un medio de cambio, tengo que decir que, además, tampoco da a entender (como interpreta Polavieja) que no sea necesario que una mercancía tenga otros usos distintos a ser medio de cambio. De hecho, se podría interpretar todo lo contrario al leer el siguiente párrafo de Menger referido al dinero (la mercancía por antonomasia):

… no pocas veces y debido a la comodidad que significa nuestro mecanismo de intercambio internacional, desaparece del campo de la conciencia de los agentes económicos el carácter del dinero como metal útil y que, como ulterior consecuencia de esta circunstancia, solo se tiene ya en cuenta su carácter de medio de intercambio. La fuerza de la costumbre es tal que asegura al dinero su capacidad de intercambio, incluso cuando ya no se tiene inmediatamente en cuenta su carácter de metal útil. Esta observación es del todo correcta. Pero no es menos claro que desaparecería rápidamente la capacidad de intercambio del dinero, a una con la costumbre sobre la que se fundamenta, si, por la razón que fuere, el dinero perdiera su característica de metal útil.[13]

Carl Menger

Este párrafo se refiere a una observación de Oppenheim en Die Natur des Geldes (1855) y, se comparta o no la última afirmación de Menger, nos da motivos suficientes para pensar que tal vez Polavieja no esté acertado cuando interpreta que según Menger no sería necesario que una mercancía tuviera otros usos distintos a ser medio de cambio.

Lo mismo podemos pensar cuando Menger dice que las mercancías de óptima negociabilidad son “aquellos bienes disponibles en cantidad limitada pero universalmente necesarios y deseados, para los cuales suele existir constantemente en el mercado una demanda explícita relativamente amplia, pero no satisfecha, por parte de las personas dotadas de capacidad de cambio”.[14]

Y, una vez más, podemos interpretar que Menger considera que las mercancías tienen siempre otro uso distinto a ser medio de intercambio cuando dice que “las mercancías que, por condiciones históricas y geográficas, son más negociables, además de ser empleadas para fines útiles, asumen al mismo tiempo la función de medios de cambio de uso general.”[15]

Pero volvamos a esa pretensión de Polavieja de equiparar mercancía (bien destinado al intercambio, según Menger) con medio de cambio y veámosla ahora a través de un ejemplo aún más clarificador. Supongamos que un criador de pollos que está harto de comer pollo solo tiene pollo a su disposición, cuando en realidad quiere comer pescado, y que su vecino pescador solo tiene sardinas, cuando en realidad quiere comer pollo. Supongamos ahora que se enteran casualmente de tales circunstancias, por lo que deciden intercambiar sus productos. En ese momento, el pollo sería una mercancía para el criador de pollos y un bien de consumo para el pescador. Las sardinas, por su parte, serían una mercancía para el pescador y un bien de consumo para el criador de pollos. Y, sin embargo, en ese trueque no intervendría ningún medio de intercambio, puesto que el cambio efectuado sería directo, un pollo por un kilo de sardinas. Por tanto, tenemos que una mercancía (un bien destinado al intercambio) puede ser utilizada directamente en el trueque, en cuyo caso no sería un medio de intercambio. Si en lugar de efectuar dicho cambio, el criador de pollos decidiera pagar diez euros a su vecino por un kilo de sardinas, es obvio que, entonces sí, estaría utilizando un medio de intercambio para conseguir el pescado que quería comer. Pero supongamos que el pescador ya no acepta esos papeluchos (los billetes) y, además, se ha cansado de comer pollo. Es un poco caprichoso y ahora lo único que admite a cambio de un kilo de sus sardinas es un conejo. Así las cosas, si el criador de pollos quisiera conseguir las sardinas, se vería obligado a hacerse con un conejo, no para consumirlo, sino para ofrecérselo a su vecino en el intercambio. En ese momento, el conejo sería una mercancía para el criador de pollos (una mercancía que estaría utilizando como medio de intercambio). Para el pescador, sin embargo, el conejo seguiría siendo únicamente un bien de consumo. Por tanto, tenemos que una mercancía (un bien destinado al intercambio) puede ser utilizada también como medio de intercambio. No obstante, el hecho de que el criador de pollos utilice el conejo como medio de intercambio, no convierte a los conejos en medios de intercambio (al igual que Bitcoin no se convirtió ipso facto en medio de intercambio el día que Laszlo Hanyecz compró dos pizzas con 10 000 bitcoins). La categoría económica de medio de intercambio requiere mucho más que una mera decisión puntual. Nótese la diferencia entre el pago con euros (utilizados como medio de intercambio por el criador de pollos, por el pescador y por muchas otras personas) y el pago con un conejo (solo utilizado circunstancialmente como medio de intercambio por el criador de pollos).

Los individuos adquieren un cierto bien no para consumirlo ni para dedicarlo a ulterior producción, sino pensando que en el futuro se desprenderán del mismo para realizar un nuevo acto de intercambio. Cuando la gente procede así con respecto a determinado bien, este adquiere la categoría de medio de intercambio, y tan pronto comienza a ser comúnmente utilizado como tal, se transforma en dinero.[16]

Ludwig von Mises

Obviamente, no existe un criterio muy preciso para decidir cuándo un bien o una mercancía se convierten en medio de intercambio. De ahí las típicas discusiones del año 2013 acerca de si Bitcoin se había convertido o no en tal medio de intercambio. En realidad, esta es una cuestión de comprensión histórica que compete a los historiadores de la economía (analizar cuándo determinado bien se convirtió en medio de intercambio o en qué momento/época se generalizó su uso y se convirtió en dinero). Pero aunque el momento en que un bien se convierte en medio de intercambio es impreciso, hay dos cuestiones que son indudables. La primera es que ese momento no puede coincidir con el de su nacimiento, y la segunda, que no todos los bienes cuyos dueños deciden destinar al intercambio son medios de intercambio. Ya he explicado resumidamente lo referente a esta última cuestión, así que ahora puedo centrarme en la primera.

Sobre la consideración de Bitcoin como medio de cambio puro desde que se inventó.

Según algunas opiniones, Bitcoin demostraría que Mises estaba equivocado al afirmar que “ningún objeto puede comenzar a utilizarse como medio de intercambio si ya anteriormente no gozaba de la condición de bien económico y tenía por sí mismo valor de cambio previamente a su empleo como tal medio”.[17] Supuestamente, esto se debería a que Bitcoin era un medio de intercambio desde el momento de su nacimiento.

Desde mi punto de vista, estas opiniones son las equivocadas, no Mises. Bitcoin no nace como medio de intercambio por el simple motivo de que ningún bien puede nacer como medio de intercambio. Satoshi Nakamoto no creó dinero, ni creó un medio de intercambio, porque tal cosa no es posible. El surgimiento de un nuevo medio de intercambio o un nuevo dinero no depende de intenciones, decisiones o elecciones particulares. El creador/descubridor de Bitcoin concibió un sistema genial, con unas características que lo podían llevar a convertirse en medio de intercambio y, más tarde, tal vez en dinero. Pero el hecho de que con el paso del tiempo se llegaran a dar estas circunstancias no dependía ya de esta persona (o grupo de personas).

Bitcoin nació de la mano de Satoshi como idea, también nació gracias a él como cosa. Más tarde se convertiría en un bien económico. Sin embargo, el paso clave, el más esperado por el propio Satoshi, que no era otro que la conversión de Bitcoin en medio de intercambio, es absolutamente independiente del creador/descubridor de la idea inicial. Evidentemente, si el hecho de que un bien se convierta en medio de intercambio simplemente dependiera de la intención de sus creadores, otros intentos similares que han tenido lugar en el pasado habrían resultado exitosos. La realidad es que nadie puede crear medios de intercambio ni crear dinero, porque estos se instituyen socialmente. Es la pluralidad de personas que actúa en el mercado la que convierte un bien económico en medio de intercambio cuando decide usarlo como tal, y en dinero cuando ese uso se generaliza. Y es igualmente esa pluralidad de personas que utiliza determinado medio de intercambio/dinero la que puede hacer que ese bien económico deje de funcionar como tal. Tanto los medios de intercambio, en general, como el dinero, en particular, son una institución social. Y esta idea la podemos sostener coherentemente gracias a la teoría histórico-evolutiva del dinero de Menger. Por tanto, persisten las contradicciones entre los argumentos de Polavieja y la teoría de Menger.

Si en lugar de considerar este asunto desde la teoría de las instituciones sociales de Menger, lo hacemos a partir de su concepto de bien, encontraremos a Polavieja de nuevo en dificultades. En efecto, la definición de bien de Menger y su explicación de cómo surgen los medios de intercambio no son compatibles con la afirmación de Polavieja de que “Bitcoin es un medio de cambio ‘puro’ desde que se inventó”. Según Menger, para que una cosa sea considerada un bien, debe darse, en primer lugar, la existencia (o anticipación) de una necesidad humana; en segundo lugar, que la cosa tenga cualidades que la capaciten para mantener una relación causal con la satisfacción de dicha necesidad; en tercer lugar, que se conozca esta última posibilidad; y, en cuarto lugar, que el ser humano tenga poder de disposición sobre la cosa y la pueda utilizar para satisfacer su necesidad.

Desde este punto de vista, en el momento en el que nació Bitcoin se cumplía la primera, la segunda, la tercera e incluso, la primera parte de la cuarta condición, pero las dudas surgen respecto a la segunda parte de esa cuarta condición. En mi opinión, la necesidad que logra satisfacer Satoshi Nakamoto una vez que surge con éxito el genesis block de Bitcoin (3 de enero de 2009) era una necesidad de tipo intelectual[18] que comenzó su andadura tiempo atrás y que fue conocida cuando presentó el white paper de Bitcoin (octubre de 2008). A partir del genesis block Bitcoin deja de ser una idea y pasa a tener existencia real, constatable por el hecho de que cada diez minutos se “mina” exitosamente un nuevo bloque y el sistema adjudica 50 bitcoins al minero correspondiente. La existencia de esos bitcoins y el buen funcionamiento del sistema (aunque todavía muy rudimentario) refuerzan la satisfacción intelectual de Satoshi Nakamoto.[19] Por este motivo, se puede considerar a Bitcoin como un bien desde el punto de vista de Menger.

Sin embargo, analicemos las condiciones establecidas por Menger pensando en la afirmación de Polavieja de que Bitcoin es un medio de cambio “puro” desde que se inventó. Desde este punto de vista, se puede afirmar rotundamente que, en el momento en el que nació Bitcoin, se incumplía la segunda parte de la cuarta condición de Menger. Satoshi, aun teniendo poder de disposición sobre sus bitcoins, todavía no los podía utilizar para satisfacer sus necesidades, puesto que todavía no eran aceptados en el intercambio. Por tanto, en ese momento inicial, Bitcoin no se ajustaba a todas las exigencias de Menger para que pudiera ser considerado un bien de tipo monetario (un medio de intercambio).

Bitcoin tuvo que evolucionar mucho desde su surgimiento (idea, cosa, bien, bien muy comercializable…) hasta lograr alcanzar la condición de medio de intercambio. En ese camino que lleva transitando Bitcoin, queda aún por recorrer la parte más difícil, la de convertirse en medio de intercambio común y generalmente aceptado, es decir, en dinero. Desde los criterios de la Escuela Austriaca de Economía, es posible afirmar que Bitcoin no es todavía dinero, puesto que su uso aún no se ha generalizado, pero dado que es un medio de intercambio no existe ningún impedimento teórico para que pueda llegar a convertirse en dinero en el futuro. Esta circunstancia solo depende ya de su aceptación generalizada por parte de los usuarios.

Dicho esto, retomo de nuevo el asunto principal de este apartado para decir que, en realidad, Polavieja reconoce inconscientemente que Bitcoin no fue un medio de cambio desde que se inventó. Lo hace cuando, en referencia a la utilidad de Bitcoin como intermediario de los intercambios, afirma que “la mera esperanza de que tal utilidad se materialice lo hace valioso desde el primer instante”. Y así es, desde el primer instante Bitcoin era valioso para Satoshi, era valioso para “Hal” Finney, y era valioso para cualquiera que así lo considerara. Pero ese valor no procedía de una utilidad monetaria que, como reconoce Polavieja, en esos momentos era una “mera esperanza” todavía sin materializar.

Hasta el momento en que Bitcoin logra convertirse en un medio de intercambio, su valoración se realiza conforme a los postulados de la teoría subjetiva del valor, como sucede con cualquier otro bien.[20] Satoshi valora Bitcoin porque lo valora, no se necesitan más explicaciones, puesto que es una valoración subjetiva que no podemos conocer. Y lo mismo sucede con el resto de personas que valoraban Bitcoin desde sus inicios. Todo lo que podemos decir al respecto es que esa valoración existía, pues es una preferencia demostrada[21] con los hechos, pero en ningún caso podemos conocer los verdaderos motivos que la sustentaban (estos motivos son subjetivos y como mucho pueden ser intuidos, deducidos de las palabras de sus protagonistas o interpretados por el escrutinio de los historiadores). Por supuesto, todo esto demuestra que el teorema de la regresión[22] de Mises recoge perfectamente el surgimiento de Bitcoin, pues antes de convertirse en medio de intercambio ya era valorado por utilidades no monetarias.

Sobre el teorema de la regresión

En referencia a la utilidad del dinero, Mises sostiene que “al revés que las mercancías, el dinero nunca puede usarse a menos que posea un objetivo valor de cambio o poder de compra. … Siempre que el dinero es valorado por alguien es porque se supone que posee cierto poder adquisitivo”.[23] Polavieja, sin embargo, cree que el dinero puede tener utilidad sin necesidad de que se le suponga determinado poder adquisitivo (al menos eso es lo que entiendo cuando dice que lo peor de Mises es requerir que el dinero tenga poder adquisitivo antes de ser útil como dinero).

Polavieja sostiene que el valor de los medios de cambio (incluido el dinero) “deriva del valor añadido que proporcionan los intercambios que dichos medios facilitan”. Evidentemente, es difícil negar que el valor subjetivo de los medios de cambio derive de su utilidad para el intercambio y de los beneficios que cada uno crea que va a obtener con su empleo. Pero hay algo que no dice Polavieja y que está siempre implícito en los intercambios indirectos. Por un lado, que los valiosos servicios monetarios que proporciona el dinero van siempre unidos a la demanda de dinero. Si no hubiera demanda de dinero, no existirían tales servicios, puesto que no se encontraría con quién intercambiar el dinero. Y, por otro lado, que esta demanda es provocada por el poder adquisitivo del dinero. Un bien solo se usa como medio de intercambio si tiene poder de cambio (el poder adquisitivo es una suposición imprescindiblepara que un bien tenga demanda como medio de intercambio). Como consecuencia, la idea de Polavieja no sirve por sí sola para explicar de dónde proviene el valor del dinero/MoE,[24] pues esta idea le conduciría ineludiblemente hacia un razonamiento circular como el siguiente: la gente demanda dinero porque produce un valor añadido, y produce un valor añadido porque la gente lo demanda.[25] Es decir, si la gente no demandara dinero, no se podría producir ese valor añadido. Y si no se produjera ese valor añadido, no lo demandaría. El razonamiento circular es indiscutible. Sin embargo, no sucede lo mismo con los bienes que no son dinero/MoE: la gente demanda un bien (no monetario) por su utilidad, pero su utilidad no se debe a que la gente lo demande. Hay una clara diferencia entre el dinero/MoE y el resto de bienes. Como resultará obvio, el razonamiento circular en el que inevitablemente cae Polavieja conduce finalmente al mismo razonamiento circular que impedía a los economistas considerar que la teoría subjetiva del valor y la ley de la utilidad marginal eran aplicables también al dinero, es decir, al siguiente razonamiento: El poder adquisitivo del dinero es explicado por su demanda. Y la demanda de dinero es explicada por su poder adquisitivo. Otra forma de decirlo, que tal vez se entienda mejor, sería la siguiente: Se pueden comprar cosas con dinero porque la gente quiere dinero. Y la gente quiere dinero porque se pueden comprar cosas con dinero. Los problemas que planteaba un razonamiento de este tipo, en el que dos circunstancias se explican una a la otra recíprocamente, quedando en realidad ambas sin explicación, no pudieron resolverse hasta que Mises ofreció al mundo su teorema de la regresión.

Llegados a este punto, los lectores se pueden estar preguntando que, si el círculo vicioso ya fue resuelto por Mises, cuál es el problema con el razonamiento de Polavieja. Pues bien, el problema radica en que Polavieja no acepta la solución miseana. Se limita a explicar el valor del dinero basándose en el valor añadido que se produce en los intercambios que son facilitados por el dinero, olvidándose por completo de que sin demanda de dinero no hay intercambio y de que sin poder adquisitivo no hay demanda. Por tanto, Polavieja sigue encerrado en el razonamiento circular. Eso sí, en su caso, negando implícitamente la existencia de tal razonamiento circular. Polavieja cierra los ojos a tal circunstancia y simplemente considera que no es necesario dar una explicación especial del origen del valor del dinero, puesto que “el valor del dinero se explica igual que el de cualquier bien”.[26] Pero, siendo cierto que el valor del dinero se explica, en última instancia, por la teoría subjetiva del valor, como cualquier otro bien, sin embargo, son necesarias algunas aclaraciones intermedias, como el teorema de la regresión de Mises, para entender de dónde surge ese valor y cuáles son los determinantes de su poder adquisitivo.

Como creo que no procede entrar aquí en largas explicaciones sobre el teorema de la regresión, voy a dar por sentado que los lectores conocen cómo resolvió Mises el razonamiento circular y, también, la supuesta regresión infinita. Por ello, lo único que voy a decir al respecto en estos momentos, es que, en última instancia, dicho teorema permitió aplicar al dinero la teoría subjetiva del valor y la ley de la utilidad marginal, haciendo que la teoría del dinero sea solo un caso particular dentro de estas otras teorías. En palabras de Mises, el teorema de la regresión

hace depender el específico valor de cambio de un medio de intercambio de su función como tal medio y de los mismos teoremas con que la teoría general cataláctica explica el proceso valorativo y la formación de los precios. Deduce un caso especial de la ilustración proporcionada por otra teoría más universal.[27]

Ludwig von Mises

En referencia al teorema de la regresión, me voy a referir a una de las últimas críticas que tuvo que afrontar Mises, la de aquellos que alegaban que la teoría del austriaco explicaba el valor de los intercambios facilitados por el dinero en función de los usos del bien que son anteriores al uso monetario, por lo que, en opinión de los críticos, el teorema no explicaba realmente el valor de los servicios monetarios. En este mismo sentido, Polavieja concluía su segundo artículo diciendo que “lo grave del teorema de regresión no es que sea innecesario, sino que es una demostración palmaria del fracaso de Mises en aplicar la teoría del valor subjetivo al dinero”. Respecto a estas críticas, decía Mises en La Acción Humana que

la parte del valor del dinero que procede de sus servicios como medio de intercambio queda plenamente justificada por esos servicios monetarios y la consecuente demanda que de ellos se produce.[28]

Ludwig von Mises

En esa misma línea, ya en un artículo de 1932 titulado “The Position of Money among Economic Goods”[29] y, en concreto, en un epígrafe dedicado a los servicios monetarios y el valor del dinero, decía Mises lo siguiente:

…algunos escritores niegan categóricamente que el servicio que brinda el dinero pueda generar valor. Desafortunadamente, no brindan una justificación de por qué los servicios monetarios deben ser diferentes de los servicios proporcionados por alimentos y ropa.[30] [Traducción propia]

Ludwig von Mises

Y las últimas palabras de Mises en ese mismo epígrafe eran las siguientes:

Todos los que negaron la capacidad de los servicios del dinero para determinar su valor de cambio no supieron reconocer que el único elemento decisivo es la demanda. El hecho de que exista una demanda de dinero —el bien más comerciable (más vendible), por el cual los propietarios de otros bienes están dispuestos a intercambiar— significa que la función monetaria es capaz de crear valor.[31] [Traducción propia]

Ludwig von Mises

El único motivo por el que cito aquí estos tres párrafos de Mises, es para mostrar que, en realidad, Polavieja coincide con el austriaco probablemente más de lo que le gustaría (especialmente en cuanto al valor de los servicios monetarios). Por tanto, es posible que, como reza el título de este artículo, Polavieja no haya entendido bien a Mises. Y, según se mostró en el caso de la teoría de la mercancía, es posible que tampoco haya entendido bien a Menger.


[1] Mises no comprendió a Menger | Instituto Juan de Mariana

[2] Mises no comprendió a Menger II | Instituto Juan de Mariana

[3] Mises no comprendió a Menger III | Instituto Juan de Mariana

[4] Mises no comprendió a Menger IV | Instituto Juan de Mariana

[5] Estos planteamientos de Menger están ciertamente influidos por otros economistas anteriores a él, principalmente por G. Hufeland, K. H. Rau, F. B.W. Hermann y W. Roscher, economistas alemanes de comienzos del siglo XIX. No obstante, el planteamiento de conjunto de Menger es único y revolucionario, y tuvo la fuerza necesaria para impulsar el surgimiento de una escuela económica. Sobre las influencias recibidas por Menger, puede leerse la presentación de Karl Milford (pp. 15-41) a la obra: Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019.

[6] Como no quiero que parezca que tiro la piedra y escondo la mano, tengo que decir que al escribir este párrafo estoy pensando en mi desagradable y repetida experiencia con Fernando Nieto en Twitter. De hecho, la última vez que traté de mostrarle a F. Nieto lo que yo entendía como incoherencias en sus planteamientos sobre Menger (y lo hice usando como hace él los propios textos de Menger), lo único que conseguí, finalmente, es que me llamara troll y no quisiera seguir escuchando mis argumentos. Estas fueron sus palabras: “You are a troll, so you go on mute”. Quede claro que no le doy a esto más importancia de la que tiene. Unas simples disculpas lo solucionarían. Lo que sí es cierto, y también quiero decirlo, es que nunca me ha sucedido algo similar con Polavieja, de quien tengo que reconocer que siempre procede con absoluta corrección.

[7] Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, pp. 301-302

[8] https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/mises-no-comprendio-a-menger/

[9] Mises, Ludwig von (1912) La teoría del dinero y del crédito. Madrid: Unión Editorial, 1997, p. 4

[10] Menger, Carl (1892) El dinero. Madrid: Unión Editorial, 2013, p. 86

[11] Ídem, p. 93

[12] Menger, 1871, óp. cit., p. 303

[13] Ibídem, p. 326 (nota al pie). Esta nota de la edición en español aparece en el “Appendix J: History of Theories of the Origin of Money” de la versión en inglés: Menger, Carl (1871), Principles of Economics. Auburn, Alabama:Ludwig von Mises Institute, 2007, p. 320

[14] Menger, 1892, óp. cit., p. 87

[15] Ídem, p. 90

[16] Mises, Ludwig von (1949) La acción humana. Madrid: Unión Editorial, 2007, p. 489

[17] ídem, p. 511

[18] Respecto a la necesidad intelectual a la que me acabo de referir, debemos recordar que las necesidades son subjetivas y que, como dice Mises, “el rasgo típicamente humano estriba en que el hombre no sólo desea alimento, abrigo y ayuntamiento carnal, como el resto de los animales, sino que aspira además a otras satisfacciones. Experimentamos necesidades y apetencias típicamente humanas, que podemos calificar de «más elevadas» comparadas con los deseos comunes al hombre y a los demás mamíferos.” Mises, 1949, óp., cit., p. 25

[19] El hecho de que Satoshi Nakamoto nunca haya utilizado ni uno solo de los bitcoins que obtuvo a través del minado podría mostrar que su interés no era económico, sino intelectual y altruista.

[20] En realidad, la valoración de todos los bienes (incluido el dinero) se realiza siempre conforme a los postulados de la teoría subjetiva del valor, lo que sucede es que en el caso de los medios de intercambio fue necesaria la teoría del dinero desarrollada por Mises para entender los motivos por los que esto es así.

[21] Sobre el concepto de preferencia demostrada, véase el espléndido artículo: Rothbard, Murray N. (1956) Toward a Reconstruction of Utility and Welfare Economics. Mises Institute. <https://cdn.mises.org/Toward%20a%20Reconstruction%20of%20Utility%20and%20Welfare%20Economics_3.pdf> Web. [Consulta: 20 Nov. 2022]

[22] Durante el desarrollo de mi investigación, he analizado el teorema de la regresión en profundidad y desde distintos puntos de vista, ese análisis forma ya parte de mi futura tesis doctoral. Igualmente, he tratado sobre este asunto en un artículo titulado “La liquidez frente al teorema de la regresión del dinero: una crítica a J. R. Rallo”. Revista Procesos de Mercado, vol. 19, no. 1, Aug. 2022, pp. 63-96, que puede leerse en el siguiente enlace:

https://www.procesosdemercado.com/index.php/inicio/article/view/776

[23] Mises, 1912, óp. cit., pp. 72-73

[24] MoE = Means of exchange (medio de intercambio)

[25] Se ha simplificado para hacerlo más fácilmente entendible, pero cada vez que se cita el valor añadido debe entenderse la expresión completa que usa Polavieja: el valor añadido que proporcionan los intercambios que el dinero facilita.

[26] https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/mises-no-comprendio-a-menger-ii /

[27] Mises, 1949, óp. cit., p. 493

[28] Ídem, p. 492

[29] El artículo citado y otros muchos se encuentran recopilados en Mises, Ludwig von. Money, Method, and the Market Process : essays by Ludwig von Mises. Selected by Margit von Mises. United States of America: Kluwer Academic Publishers, 1990

[30] Mises, 1990, óp. cit., p. 57

[31] Ídem, p. 59

La última batalla de Bitcoin

Una vez más, vuelven a dar por muerto a Bitcoin. Esta vez los aspirantes a enterradores son el director del departamento de infraestructura de mercados y medios de pago del Banco Central Europeo (BCE) junto con uno de sus asesores. No parece una posición oficial, pues se trata de una publicación en el blog del BCE.  Ignoro cuál es la relevancia y peso de estos individuos dentro del banco emisor, pero de lo que no cabe ninguna duda es que este escrito ha tenido eco en los principales medios de comunicación.

No voy a entrar a analizar sus afirmaciones en contra de Bitcoin, pues me parecen una sucesión de tópicos que no aportan ningún argumento nuevo ni original. Creo que la “argumentación” no era más que un mero trámite para llegar al único objetivo de esta publicación, que era realizar un llamamiento público para que no se regule Bitcoin y que sea excluido del sistema financiero, ya que los autores consideran que regularlo equivaldría a otorgarle carta de naturaleza.  Y creo que existe alguna posibilidad de que el BCE y las instituciones europeas en general adopten la misma postura, y voy a explicar por qué.

En la regulación europea conocida como “MiCA” (Markets in Crypto Assets o Mercados de Cripto Activos), que es un documento muy detallado de unas 160 páginas, no se menciona Bitcoin ni una sola vez. Repito, ni una sola vez en 160 páginas, ni siquiera de forma histórica o anecdótica. En su momento, esto me llevó a pensar que simplemente no le daban importancia ni lo veían como ninguna amenaza por creer que se trataba de un activo puramente especulativo con nulas posibilidades de ser competitivo como moneda. Ahora he cambiado de opinión, creo que sí podrían verlo como un elemento incómodo, no tanto como una amenaza monetaria, pero sí como un activo que está fuera de su control.

Dicho esto, creo que el artículo es muy acertado en algunos aspectos. Hablan con aparente orgullo de la regulación europea sobre los cripto activos, la tan cacareada MiCA que he mencionado antes, contraponiéndola a la falta de iniciativa regulatoria de Estados Unidos. Hablan con naturalidad de la regulación de los “cripto activos” mientras que rechazan radicalmente cualquier tipo de regulación sobre Bitcoin.  Esta clarísima línea de separación que trazan entre Bitcoin y los “cripto activos” no es otra cosa que la separación entre lo que no pueden controlar: Un activo real como Bitcoin, y lo que sí pueden controlar: Los activos financieros, que es lo que son la inmensa mayoría de los instrumentos englobados en el desafortunado término “cripto activos”.

Y considero que separar Bitcoin de los llamados “cripto activos” es una decisión en la buena dirección. Y no regularlo también es otra buena decisión en la buena dirección, y lo digo en serio.  Muchas personas invierten en Bitcoin sin haberlo estudiado lo suficiente y cuando se asustan por su volatilidad lo venden perdiendo mucho. La regulación no va a cambiar la volatilidad de Bitcoin, y podría dar una falsa sensación de complacencia que desincentive el debido proceso de información y aprendizaje.

La mejor analogía para entender lo desafortunado del término “cripto activos” se la he escuchado a Juan Rallo cuando lo comparó con el término “papiro activos”, una categoría que englobaría a cualquier instrumento en soporte papel.  Podría ser un pagaré de Rumasa, acciones de Coca Cola, un título de propiedad sobre una casa o sobre una cantidad de oro, etc. Evidentemente, clasificar a todos estos activos de naturaleza tan distinta dentro de la misma categoría de activos solo por el hecho de estar en soporte papel, sería extremadamente confuso.

Por eso, para evitar esta confusión, me parece muy positivo separar a Bitcoin del resto. Bitcoin no es un activo financiero, es un activo real y es este carácter lo que nos permitiría utilizarlo como instrumento para alcanzar mayores cotas de libertad.  Y si es esta la razón por la que ha de morir en batalla, que así sea.

Los retos que plantea bitcoin a la defensa: ¿software o softwar?

Este texto se corresponde con la ponencia pronunciada el 15/11/2022 en la Cátedra Extraordinaria de Derecho Militar de la Universidad Complutense de Madrid junto al Ministerio de Defensa: “Los retos que plantea Bitcoin para la Defensa: incensurabilidad en las transacciones, interés estratégico, relevancia geopolítica. ¿software o softwar?”

Imaginemos un General de Caballería medieval sentado en su despacho el cual es interrumpido por un joven que ha viajado a Asia, donde quedó impresionado por el empleo de un polvo negro. El joven considera que aquello que tiene que transmitirle al General es de vital importancia no solo para el ámbito militar, sino para toda la sociedad en su conjunto. El General, tras décadas de hacer la guerra, dirigir a sus hombres, y lidiar con todo tipo de adversidades, al ver a aquel joven tan preocupado y entusiasmado con un polvo negro seguramente se echaría a reír, lo menospreciaría y pensaría que el joven está bajo los efectos de alguna droga. Pero lo que vio en Asia era el empleo de la pólvora, que no era más que un polvo negruzco, pero que terminó por transformar la forma en la que se hacía la guerra, se organizaban los ejércitos y las ciudades. Las murallas que defendían las ciudades durante siglos serían derribadas en poco tiempo. Las órdenes de caballeros que gozaban de inmenso poder serían barridas por el uso de infantería con mosquetes y arcabuces. El honor en la guerra se acabó.

La pólvora provocó en gran medida el paso a la Era Industrial, al cambiar la forma de proporcionar seguridad a las industrias emergentes, de forma centralizada y por eficacia. Ahora nos encontramos en el fin de la Era Industrial y en la transición a la Era de la Información. En el Ciberespacio, un nuevo dominio como la tierra, el mar, el aire y el espacio exterior, el Estado no tiene soberanía. En él es un agente más, no el Señor que impone su criterio. Es un dominio crucial para la nueva estrategia militar de guerra multidominio, sin control del Ciberespacio nos quedamos ciegos en todos los demás ámbitos.

Los primeros conquistadores del Ciberespacio fueron los Cypherpunks, un grupo de criptólogos, matemáticos, informáticos y especialistas en diversas áreas. Uno de ellos, John Perry Barlow, escribió la Declaración de Independencia del Ciberespacio en 1996:

“Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. […] El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte.”

La OTAN tardó 14 años desde la Declaración en constituir una estrategia de ciberdefensa con la División de Desafíos Emergentes de Seguridad. En España hasta 2013 no se desarrolló el Mando Conjunto de Ciberdefensa, que desde 2020 se conoce como el Mando Conjunto del Ciberespacio.

Los Cypherpunks querían recuperar la privacidad en el ámbito digital, en el cual era problemático pues entendían la privacidad como revelarse selectivamente, y en Internet al haber normalmente un proveedor del servicio siempre hay un tercero observando mínimo: el proveedor del servicio. Si en una habitación hablamos en privado, nadie más tiene por qué conocer este mensaje si no lo revelamos selectivamente. Si pagamos en una tienda con efectivo, el tendero no tiene por qué saber nuestra identidad, ni el emisor del efectivo saber qué hemos comprado, a quién ni cuándo. Sin embargo, si enviamos un correo o un mensaje a través de un servicio de comunicaciones digital, o pagamos con nuestra tarjeta de débito, suprimimos nuestra capacidad de revelarnos selectivamente, acabamos con la privacidad.

También ellos fueron los primeros en percatarse de ello, y por eso se pusieron a trabajar en conseguir tanto mensajes cifrados como efectivo electrónico, algo distinto al dinero digital. Para lo primero emplearon un remailer anónimo, conocido como La Lista de Correos Cypherpunk. El primer correo enviado a la Lista fue una ponencia de Chuck Hammill en la Conferencia del Futuro de la Libertad de 1987, De las Ballestas a la Criptografía:

“La tecnología representa una de las vías disponibles más prometedoras para recuperar nuestras libertades de aquellos que las han robado. Por su propia naturaleza, favorece a los brillantes (aquellos que pueden ponerla en práctica) frente a los aburridos y con poco interés (aquellos que no pueden). Favorece a los que se adaptan (que son rápidos para ver lo nuevo) frente a los perezosos (que se aferran a los métodos probados por el tiempo)

Y… ¿Qué dos palabras pueden describir mejor la burocracia gubernamental que aburrida y lenta?

[…]

Uno de los triunfos más claros y clásicos de la tecnología sobre la tiranía, es la invención de la ballesta portátil. Con ella, un campesino no entrenado podía atacar un objetivo a cincuenta metros, de forma totalmente fiable y letal incluso si ese objetivo fuera un caballero montado con su cota de malla. […] Además, dado que los únicos caballeros montados a caballo que visitarían al campesino medio serían los soldados del gobierno y los recaudadores de impuestos, la utilidad del dispositivo era clara: Con él, la plebe podía defenderse a sí misma de tanto de otros atacantes como de sus amos gubernamentales. […] Si observamos la evolución posterior, vemos cómo la tecnología, por ejemplo como el arma de fuego, en particular el rifle de repetición y el revólver, seguidos más tarde por la ametralladora Gatling y otras armas de fuego sofisticadas, alteró radicalmente el equilibrio del poder interpersonal e intergrupal. No sin razón el Colt  del 45 fue llamado «el igualador».”

Los Cypherpunks vieron muy rápido cómo la criptografía fuerte era una herramienta que permitía cambiar la lógica de la violencia, el coste de defendernos y atacar, y los rendimientos o retornos de emplear la violencia.

No obstante, no todos se consideraban “criptoanarquistas”, ni “punks”. En 1993, Perry E. Metzger dejaba clara su aversión al empleo del nombre porque a su juicio provocaba las connotaciones equivocadas, dando a entender que son criminales y no gente preocupada por la privacidad como herramienta para preservar mejor la libertad personal. Contó con el apoyo de Nick Szabo: “Estoy de acuerdo con Perry en que “cypherpunks” es una mala etiqueta cuando este tipo de cuestiones se plantean en público, y también añadiría “cripto-anarquía”. Nuestro principal “tema de conversación” es la privacidad, y otras cosas menos populares es mejor mantenerlas en privado”. En 2008 Perry creó la Lista de Correo de Criptografía. En junio de ese mismo año, Nick Szabo publicaba en su blog su artículo Estado vs. Anarquía, la falsa dicotomía, en la que incidía en su crítica: “Aquellos de nosotros que nos gustaría reducir en gran medida los poderes brutales y derrochadores de los gobiernos modernos nos hacemos un gran perjuicio al adoptar el término estatista “anarquista”. La anarquía es el coco de los estatistas. Un libertario que se hace llamar “anarquista” es como un agnóstico o un ateo que se hace llamar “satanista”. No busque opuestos imaginarios, sino alternativas reales”.

Una vez conseguidas formas de comunicarse de manera privada, se hacía necesario conseguir formas de transaccionar de manera privada: el efectivo electrónico.

Varios fueron los intentos: eCash, b-money, BitGold; finalmente, y tras décadas de trabajo por su parte, el 31 de octubre de 2008 Satoshi Nakamoto dejó en la Lista de Correo de Criptografía el Whitepaper de Bitcoin: “He estado trabajando en un nuevo sistema de efectivo electrónico que es totalmente peer-to-peer, sin un tercero de confianza. Las principales propiedades: se evita el doble gasto con una red peer-to-peer. Sin terceras partes de confianza. Los participantes pueden ser anónimos.”

Con Bitcoin no se consigue solo efectivo electrónico, sino que, al conseguir una forma de transaccionar y atesorar valor en el Ciberespacio sin el tercero de confianza, se crea el primer y único activo real digital, hasta el momento, y se redefine el derecho de propiedad, haciéndolo absoluto al depender del conocimiento de las claves privadas.  Bitcoin resuelve los problemas históricos del doble gasto y del tercero de confianza (problema de los generales Bizantinos), y con ello se consigue el primer activo digital incensurable y el primer activo inconfiscable.

Un cambio de tal magnitud necesariamente provocará cambios en la Defensa y en la forma de organizarnos socialmente, al igual que lo hizo la pólvora en su momento. El uso armamentístico de la pólvora tardó siglos en desarrollarse, y las primeras armas eran pájaros con una bolsa de pólvora atada al cuello que se lanzaban como proyectiles a las estructuras de madera de los enemigos para incendiarlas. Seguramente, a día de hoy no sepamos exactamente el impacto que tendrá Bitcoin en la Defensa, la geopolítica y su relevancia estratégica. Sin embargo, al igual que aquel joven que iba a visitar al General, me veo obligado a llamar la atención sobre Bitcoin para que reflexionemos sobre los cambios que puede producir la incensurabilidad e inconfiscabilidad de un activo diseñado para preservar valor en periodos largos de tiempo, y analicemos sus posibles implicaciones en todos los ámbitos.

De forma similar a especular desde la propia Edad Media sobre los cambios que produciría la pólvora, considero que debemos especular sobre los cambios que producirá Bitcoin para prepararnos mejor para ellos. Sin tratar de hacer un numerus clausus, pensemos en las posibilidades de financiar el terrorismo, en la facilidad para realizar sobornos privados a funcionarios, la venta de secretos de Estado, inducir a falta de diligencia debida, extorsiones que pidan rescates en Bitcoin, la posibilidad de comerciar de países con embargos como Corea del Norte, Irán o Cuba; las ventajas que proporciona a los ciudadanos para salirse del sistema, para tener mayor poder de negociación con el Estado y tener riqueza fuera de sus manos; su posible revalorización dará mucho más poder a aquellos Estados que lo atesoren frente a aquellos que lo persigan y “prohíban”.

Con la pólvora la moralina sobre la pérdida del honor en la guerra y los argumentos de que afectaba al poder constituido y a la jerarquía social fueron rápidamente desplazados por su éxito. Aquellos que atrajeron a los especialistas en su uso, a los diseñadores de armas, a los comerciantes, prosperaron; los que la persiguieron y prohibieron perdieron su hegemonía. Con Bitcoin veremos lo mismo. Por ello lo más inteligente es promover el desarrollo de la industria, atraer inversiones, aprender a utilizar las herramientas que posibilita, los desarrolladores, las empresas de minería, en definitiva, ser un país Bitcoin-friendly. Con todo ello, además, vendrán especialistas en ciberseguridad, lo cual es una prioridad nacional.

En Estados Unidos, la Space Force tiene entre sus filas a un investigador que está realizando su tesis en el MIT sobre las implicaciones para la Defensa de Bitcoin, Jason Lowery:

“Pero, ¿qué pasa con las cosas que la sociedad puede cambiar? ¿Tiene la sociedad la sabiduría para reconocer la diferencia entre las cosas que pueden y no pueden cambiar? Suponiendo que tengan esa sabiduría, ¿podemos esperar que la sociedad reúna el coraje para hacer el cambio? Soy optimista sobre esto; creo que podemos. Este optimismo es la razón por la que dediqué mi tiempo a desarrollar una teoría fundamentada sobre Bitcoin. Creo que comprender la importancia sociotécnica de los activos digitales de prueba de trabajo y la importancia estratégica nacional de Bitcoin es fundamental para desarrollar la sabiduría que necesitamos para ver la diferencia entre lo que podemos y no podemos cambiar, y reunir el coraje que necesitamos para cambiarlo.

[…] Hay importantes implicaciones de seguridad estratégica nacional de Bitcoin, el protocolo de defensa de activos digitales de prueba de trabajo más adoptado del mundo. Las superpotencias cinéticas de hoy deberían tomar Bitcoin extremadamente en serio y reunir toda su capacidad para producir una política estratégica responsable que realmente entienda esta tecnología por lo que es, y posicione a su nación para prosperar en esta nueva era de competencia de poder estratégico. Como todos los ejemplos de cuándo surgió la nueva tecnología de proyección de poder en la historia, el futuro de la guerra digital dependerá en gran medida del camino; las primeras naciones en adoptarlo serán recompensadas asimétricamente, y probablemente no habrá segundas oportunidades”. Jason Lowery, Preservación Mutua Asegurada)

Nuestras sociedades se deben preparar para estar mejor posicionadas ante las ventajas y riesgos y realizar una adecuada estrategia nacional. La OTAN tardó 14 años en prestarle atención al Ciberespacio, justo los años que acaba de cumplir Bitcoin. Trabajemos juntos por un futuro mejor para nuestras sociedades, con las nuevas tecnologías que se nos presentan.

La transición a la Era de la Información (Sobre ‘El individuo soberano’)

Si nuestro razonamiento es correcto, el Estado-Nación será reemplazado por nuevas formas de soberanía, algunas de ellas únicas en la historia. Algunas que recuerdan a las ciudades-estado y las repúblicas mercantiles medievales del mundo pre moderno. Lo que era viejo será nuevo después del año 2000. Y lo que era inimaginable será un lugar común. A medida que la escala de la tecnología se desplome, los gobiernos se darán cuenta de que deben competir como corporaciones por ingresos, cobrando por sus servicios no más de lo que valen para las personas que pagan por ellos. Las implicaciones de este cambio son de todo menos inimaginables.

El Individuo Soberano, Lord William Rees-mogg y James Dale Davison

Me parece necesario introducir una asignatura en el primer curso de todas las carreras universitarias que se llame La transición a la Era de la Información y tenga como manual El Individuo Soberano. Las instituciones del conocimiento y de la información necesitan algo más que una reforma. La canalización de las nuevas relaciones sociales y económicas es una tarea por hacer para permitir a empresas y profesionales desenvolverse con solvencia ante las innovaciones que se van desarrollando. Los servicios de seguridad y defensa se deben ajustar a las necesidades y cambios de la lógica de la violencia. Y todos estos cambios deben ser envueltos por nuevas formas políticas que funcionen como jurisdicciones privadas que den cabida a todos estos cambios y los organicen políticamente. Una nueva era está siendo edificada sobre los restos del naufragio de nuestras sociedades, y debemos prepararnos para ella.

Estamos viviendo los inicios de una transición megapolítica, un cambio de era. Cuatro son las etapas de la historia humana desde un punto de vista económico: las sociedades cazadoras-recolectoras, las sociedades agrícolas, las sociedades industriales y las que están asomando la cabeza en el parto de la historia: las sociedades de la información. La transición de la Era Industrial a la Era de la Información es la que va de la imprenta a internet.

La ley que rige esta nueva era es que el poder pasa de los compradores a los vendedores, de la ley de la oferta y la demanda a la ley de la demanda y la oferta. Como consecuencia de ello, las ventajas de controlar los recursos a gran escala serán cada vez menores, ya sean los recursos de la violencia, los de la producción o los del conocimiento. Internet no solo permite un acceso nuevo a canales de información y conocimiento para su distribución y adquisición, también a las mercancías y servicios. Además, permite conectar de forma mucho más personalizada la oferta con la demanda, por lo que la personalización y la especialización serán las líneas maestras que vayan reconfigurando todos los espacios sociales, económicos y también políticos.

Como bien dice Adolfo Contreras —que nos ha traído El Individuo Soberano al español—, “en periodos largos de tiempo no hacemos aquello que consideramos bueno, sino aquello que estamos incentivados a hacer”. Pues estamos viviendo un cambio en los incentivos de la forma de producir, atesorar riqueza, relacionarnos socialmente y acceder al conocimiento y la información; es decir, estamos cambiando nuestra forma de vivir. Por ello, es inevitable que también se produzca un cambio en la forma que tenemos de organizarnos políticamente.

El libro analiza la crisis del Estado-Nación. La Historia no se repite, pero rima. Al igual que el orden medieval entró en crisis con la aparición de dos innovaciones que cambiaron los incentivos en los ámbitos del acceso y distribución del conocimiento y la información —la imprenta— y del ejercicio de la violencia —la pólvora—, el Estado-Nación también entrará en crisis por la aparición de Internet y del ciberdinero.

“Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.” (Declaración de Independencia del Ciberespacio, Barlow). El ciberespacio es un nuevo espacio a nivel global, donde los Estados no tienen soberanía, que permite relaciones sociales y económicas que no pasan por los filtros estatales. Además, es un ámbito que al ir cobrando cada vez más relevancia deja en evidencia una de las principales atribuciones del Estado: la producción de seguridad. El Estado es incapaz de perseguir eficaz y eficientemente los ciberdelitos.

Asimismo, no ha parado de asumir cada vez más competencias, por ello tiene unos compromisos de gastos enormes, además de una importante losa de deuda pública. En el caso de que los ciudadanos comiencen a hacer un opt-out, los Estados se verán obligados a subir cada vez más los impuestos y a crear más dinero de la nada para poder hacer frente a sus gastos, entrando en una espiral autodestructiva: “El Estado se ha acostumbrado a tratar a sus contribuyentes como un granjero trata a sus vacas, manteniéndolas en un campo para ordeñarlas. Pronto, las vacas tendrán alas. […] Cuando los individuos puedan manejar sus propias políticas monetarias a través de la red, importará poco o nada que el Estado continúe controlando las imprentas de dinero de la era industrial.” (El Individuo Soberano)

Pero los cambios de era no suelen ser pacíficos. Los beneficiados por la coacción organizada, los que viven del Estado, verán con malos ojos la libertad de los conquistadores del ciberespacio. Por ello, es de esperar que los ataques, la fricción y la violencia se incrementen como fruto del cambio de era. Los incentivos en nuestras sociedades están extraordinariamente mal alineados, lo que agravará significativamente la situación.

Con el abandono de las antiguas profesiones del industrialismo aparecerán los neoluditas. Aquellos que han logrado buenos ingresos con profesiones poco cualificadas o especializadas verán menguar sus ingresos frente a aquellos que sean los mejores en el margen. La producción industrial requería de recursos naturales ligados a un territorio y eran muy intensivos en capital, por lo que eran muy vulnerables a ataques. Además, trasladar la industria de un lugar a otro suponía incurrir en unos gastos enormes. Esto permitía a los Estados y a los trabajadores ganar poder de negociación organizando la coacción sobre ella a cambio de protección, consiguiendo mejores salarios y altos impuestos sobre la producción. Hoy, tanto un creador de contenido —un youtuber— como una empresa completamente digital pueden elegir las jurisdicciones que mejor les traten, porque sus ingresos no están vinculados a recursos naturales, pueden hacer sus patrimonios completamente portátiles y sus necesidades de protección son muchísimo menores. Es su poder de negociación el que cambia radicalmente con el cambio de los incentivos de la Era de la Información.

Usain Bolt batió el récord de 100m del mundo por primera vez cuando estaba en 9.735s, lo hizo con la marca 9.72s. Una diferencia de 0,015s en el margen le ha llevado a la cima del mundo del atletismo. Lo mismo pasará en cada vez más áreas: el ganador se lo llevará todo. Esta parte de la población que esté en el margen será capaz de proteger sus ingresos mejor que nunca antes en la historia, lo que les permitirá convertirse en lo que el libro llama individuos soberanos.

Los perdedores de la Era de la Información serán aquellos que tengan sus patrimonios e ingresos inmóviles y vinculados a los Estados. El Estado les chupará el tuétano hasta que se queden esqueléticos para alimentar a los consumidores de impuestos. Cuando ya no quede nada, éstos también sufrirán la merma del alimento. Esto implica que las sociedades del siglo XXI, para bien o para mal, serán más desiguales que ninguna otra que hayamos vivido antes.

Y todos estos cambios también pasan por la aparición de nuevas formas de organizarse políticamente, lo que los autores llaman microsoberanías. Las grandes ciudades son propias del industrialismo, parece consecuente que con el fin de éste aparezca una nueva forma de organizarse políticamente. Al ganar poder, los individuos soberanos y gracias a la facilidad para poder asociarse a través de internet, podrán negociar de tú a tú con Estados para poder establecer sus propias jurisdicciones. Y dado que la protección será cada vez más informática que militar, las jurisdicciones de todo el mundo competirán por atraerles a su territorio, haciendo que las palabras de Molinari tengan más sentido que en ningún otro momento: “Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio” (La producción de seguridad, Gustave de Molinari).

Es un libro magnífico para comprender el momento histórico que vivimos y la dirección en la que vamos. Parece mentira que sea un libro publicado en 1997 y haya descrito con tal precisión la evolución de las siguientes décadas. Hay que agradecer a Adolfo Contreras y a Javier A. Maestre traer al español esta obra imprescindible, además con prólogo de Miguel Anxo Bastos. En ella se anticipa la transición a una nueva era, los cambios en los medios de comunicación, la aparición de Bitcoin y de la cibereconomía, la evolución en la lógica de la violencia, la crisis de los Estados- Nación, la necesidad de una moral fuerte para los nuevos tiempos, la aparición de las Micrópolis, la agonía de la democracia entendida como el fundamento del gobierno, la reacción de los nuevos luditas, el fin del igualitarismo y las erupciones de violencia de los Estados cuando se vean impotentes.

Por mi parte, en Micrópolis trataré de complementar con una fundamentación filosófica buena parte de las líneas trazadas por este manual imprescindible para manejarse en la nueva era, analizando sus cimientos y tratando de corregir algunas de las tesis planteadas. La crisis que vivimos no es meramente de una forma de producción. Tampoco es el fin de la política. Es la crisis de la Modernidad.

Bitcoin es una mercancía

El significado más popular y extendido de mercancía es un bien puesto a la venta para su posterior utilización o consumo. Sin embargo, la RAE define mercancía como “cosa mueble que se hace objeto de trato o venta”, siendo “cosa mueble” algo tangible o intangible que se puede mover. En la misma línea, el diccionario Merrian Webster define commodity como “something useful or valued”. Como explicaré en este artículo, la definición más precisa de mercancía es aquello que poseemos con el único propósito de venderlo. Después, es posible que el siguiente comprador tenga la intención de venderlo o consumirlo. Si el comprador lo revende, sigue siendo una mercancía. Si lo consume, deja de ser una mercancía y pasa a ser un bien de consumo.

Es decir, el carácter de mercancía no es intrínseco al propio bien, sino una relación que tenemos con ese bien. En concreto, esa relación consiste en que el bien solo tiene valor de venta para mí, no tiene valor de uso, no lo quiero consumir.

Los servicios son un tipo de mercancía no tangible, que normalmente solo son mercancía para el proveedor del servicio y directamente son un bien de consumo para el comprador. Por ejemplo, el asesoramiento jurídico o un servicio de corte de pelo. La mayoría de nosotros producimos bienes y servicios que no queremos autoconsumir, y probablemente además no podríamos, aunque quisiéramos. Un abogado podrá autoconsumir sus servicios en muy pocas ocasiones. O un gran productor de trigo solo puede consumir una fracción ínfima de su producción, o incluso nada si es celiaco.

Las sociedades pobres de pura subsistencia apenas comercian y en ellas circulan muy pocas mercancías. Sus individuos no producen mucho más allá de lo que autoconsumen. La proliferación de mercancías es fruto del desarrollo del comercio, la especialización y la división del trabajo. No es concebible el comercio sin el concepto de mercancía, ni tampoco el concepto de mercancía sin el comercio.

Hay algunas mercancías que por sus características permanecen circulando en el mercado y no se consumen, pasando indefinidamente de mano en mano. Son el máximo exponente del concepto de mercancía y podríamos llamarlas mercancías “puras”. ¿Y por qué no se consumen? Porque casi siempre tienen más valor como instrumento para hacer intercambios que valor de uso, y, por tanto, las atesoramos con el único propósito de venderlas más adelante.  La existencia de mercancías “puras” es la prueba de que la esencia del concepto de mercancía nada tiene que ver con que el bien se consuma o no.

¿Y qué características tienen estas mercancías puras para que las demandemos solo para venderlas?. Suelen destacar en todas o muchas de las siguientes características: Duraderas, fáciles de transportar, fáciles de verificar, divisibles, fungibles, difíciles de falsificar, baratas de almacenar, su oferta es limitada de manera que muy poca cantidad puede tener mucho valor, etc.

Este tipo de mercancías son las que sirven para facilitar el comercio, son el lubricante o catalizador de los intercambios comerciales. Según el tipo de intercambio y las circunstancias se utilizan unas mercancías u otras. Y las que son más fácilmente intercambiables suelen llegar a ser dinero. Históricamente las primeras solían tener además valor de consumo (ganado, sal, trigo) y según se ha ido sofisticando el comercio se iban seleccionando mercancías más especializadas en el puro intercambio (metales preciosos, billetes convertibles, moneda fiat).

Pero no todas las mercancías puras son dinero en el sentido de medio de intercambio generalmente aceptado. Por ejemplo, el oro en monedas o lingotes hace ya décadas que no es dinero según esta definición, pero sigue siendo medio de intercambio si lo adquiero hoy, no con la idea de consumirlo, sino con el único propósito de intercambiarlo por otra cosa dentro de varios años. A esto lo llamamos depósito de valor, pero es importante darse cuenta que un depósito de valor no es más que un caso particular de medio de intercambio donde simplemente transcurre más tiempo entre la adquisición y la venta.

Quisiera dejar claro que cuando digo “medio de intercambio” me estoy refiriendo a medio de intercambio indirecto, en oposición al intercambio directo o trueque. Por ejemplo, en lugar de intercambiar trigo por naranjas, intercambio trigo por sal, y meses después intercambio la sal por naranjas. La sal de este ejemplo es un medio de intercambio tanto en el espacio (trigo por naranjas), como en el tiempo pues adquiero sal en agosto y la vendo en enero. Y la sal no es dinero mientras no sea medio de intercambio generalmente aceptado, pero que no sea generalmente aceptado no implica que yo no lo haya utilizado como medio de intercambio indirecto.

Es preciso tener en cuenta que el mero hecho de intercambiar trigo por naranjas implica una ganancia para mí, me ha hecho más rico. Valoro más las naranjas que tendré en invierno que el trigo que me sobra totalmente hoy en verano (y viceversa para el productor de naranjas).

Bitcoin es una mercancía pura y además digital. Muchos califican a Bitcoin como bien especulativo, pues solo sirve para comprar y vender. Y esto último es correcto, pero es que esto es así para absolutamente todas las mercancías mientras son mercancías. Y atención, una mercancía que además pueda tener aparentemente valor de consumo no garantiza en absoluto su valor. ¿Cuántas veces los productores tienen que desechar sus mercancías porque no las demanda nadie? ¿Cuántas veces se inventa un producto de consumo nuevo que, siendo sin ninguna duda mercancía para su inventor, no pasa de ser un prototipo? ¿Cuántos habrían calificado a Satoshi de inventor chiflado cuando  en 2009 nadie, salvo él y algún cypherpunk loco más, atesoraba Bitcoin? El concepto de mercancía implica sí o sí especular con el futuro y asumir riesgos. Toda mercancía es especulativa por definición.

Lo que muchos no comprenden es que el valor de una mercancía pura deriva de los intercambios que puede facilitar. Es decir, su valor presente es el del valor neto que aporten los intercambios que se estima la mercancía intermediará en el futuro. Igual que la Bolsa de Madrid también deriva su valor de los intercambios que intermediará en el futuro. Y más difícil aún de ver es cuando la mercancía se utiliza no tanto para los intercambios en el espacio sino sobre todo para los intercambios en el tiempo con el menor riesgo y coste posible (menor riesgo de impago, inflación de la oferta, deterioro físico, gastos de almacenamiento y mantenimiento, etc). Y es que además, estos intercambios en el tiempo son los más difíciles de llevar a cabo por la gran incertidumbre que conllevan, por tanto, un bien que facilite dichos intercambios puede llegar a ser muy valioso. La incertidumbre es mayor porque, a diferencia del dinero, su intercambio es menos frecuente y más lejano en el tiempo. ¿Bitcoin podría ser idóneo para el intercambio intertemporal?. Es posible. Yo creo que por sus propiedades es un excelente candidato.

El problema es que tanto si esa candidatura se materializa con éxito como si Bitcoin es un bluf absoluto, en los dos casos veremos exactamente lo mismo en el precio: Volatilidad. ¿O es que si algo va a ser muy valioso en el futuro no tiene todo el sentido que sea hoy objeto de la especulación más salvaje?  El mercado no suele vender duros a cuatro pesetas. Así que, al que se le ocurra apostar por Bitcoin como mercancía pura (no necesariamente como dinero), le tocará apechugar con el coste y la angustia de su volatilidad, por mucho que al final acabe acertando.

Los que a pesar de lo explicado en este artículo sigan pensando que una mercancía pura es algo inútil, no entiendo como pueden afirmar que Bitcon es una burbuja a partir de un precio determinado. No tiene sentido. Si algo es inútil, será una burbuja a cualquier precio. Tendría más sentido que afirmaran, en mi opinión, que Bitcoin es siempre una burbuja, más o menos “caliente” según el momento, pero siempre una burbuja.

Ahora bien, independientemente de si Bitcoin encaja o no en el concepto de mercancía pura, concluir que una mercancía pura es inútil y que no aporta ningún valor añadido, creo que solo es posible si no se comprende bien el valor del comercio y sobre todo la enorme dificultad que supone transmitir o conservar valor en el tiempo.

Bitcoin en perspectiva histórica

Cavilando sobre qué tema tocar en mi artículo mensual, he reparado en un hecho que a los humanistas nos pilla bastante lejos: las criptomonedas. Había pensado que era oportuno tratar la última polémica de Disney, la cultura de la cancelación, la revocación de la infausta Roe vs Wade o Israel, tema al cual me he dedicado largo y tendido en estos últimos meses. Sea como fuere, el caveat que lanzo al lector es: no he invertido en Bitcoin, de hecho, no sé ni cómo hacerlo. No soy un especialista en el tema y, a lo sumo, aquello que puedo ofrecer es una perspectiva histórica del dinero. Ergo, lo que busca este escrito no es más que un análisis desapasionado del “fenómeno cripto” alejado de los aspavientos de detractores y halagadores.

Sin más preámbulo, la primera pregunta que podría hacerse el interesado en el tema es si Bitcoin, per se, constituye una moneda o no. Basándome en el manual de “Principios de la Economía” (1997) de Gregory Mankiw, hay un notorio consenso entre los especialistas en que para que un ente sea considerado dinero debe de tener tres funciones: medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor (podría añadirse una cuarta, patrón de pagos diferido). A lo largo de la historia ha habido activos que en un principio no eran dinero pero que se convirtieron en elementos monetarios.

Partiendo de ahí, se me antoja complicado afirmar, en la actualidad, cuál de las funciones cumple Bitcoin. Si su valor se hubiera mantenido estable y con un crecimiento exponencial como el que experimentó desde septiembre del 2020 (10.764$ por Bitcoin llegando a los 58.734$ – su valor más alto -, en apenas cuatro meses), podría considerarse un depósito de valor. El problema es evidente, dada la volatilidad que atesora, su valor desde marzo del 2021 hasta hoy ha sido más un electrocardiograma que un activo seguro. Esta subyugación a las fluctuaciones de precio relativos a la oferta y demanda que experimenta, hacen difícil que pueda cumplir el requisito mencionado.

Aun así, su precio ha ido manteniendo valores alcistas a lo largo del tiempo, excepto en la semana en la que escribo esto, hoy 26 de junio, su valor está en 20,494$. La historia muestra que, a la larga, las monedas tienden a devaluarse, un ejemplo es el dólar, puesto que en 100 años se ha devaluado (respecto a él mismo) en un 99%, en buena medida por la emisión a mansalva de la FED a lo largo del siglo. Es de menester postular que actualmente hay monedas que tampoco cumplen esta función, como podría ser el bolívar, el peso argentino o el rial iraní.

En cuanto a unidad de cuenta, esta característica está muy vinculada a la volatilidad mencionada y para identificarla en Bitcoin, sería necesario una unidad de cuenta estable. Por último, el medio de cambio tampoco lo cumpliría en la mayoría de bienes y servicios (exceptuando algunas empresas bohemias como Tesla – la cual no tardó en renunciar a él como método de pago-, escasas tiendas digitales e informáticas y ciertos lugares de ocio). Aún no es aceptado como medio para adquirir todo tipo de bienes, ergo difícilmente puede tener esta función.

Para identificar las propiedades de Bitcoin, se debe postular el marco de referencia económico del cual se parte, es decir, qué escuela de pensamiento o teoría monetaria se usa para analizarlo, puesto que, el chartalism (y el MMT) lo rechazaría como dinero porque el estado no acepta la criptomoneda como pago de impuestos. Menger y los austríacos pondrían en foco en la estabilidad relativa del valor (que podría derivar en considerarlo como moneda). Otros como el Nobel de economía, Robert Shiller, postulan la narrativa económica que subyace en las “criptos”, la cual no deja de ser un ataque frontal contra el estado. Desde su perspectiva, una criptodivisa puede funcionar como dinero siempre que las personas valoren los intercambios realizados a través de ella y la consideren válida para la compraventa o el ahorro (Shiller, 2019, pág. 3).

Otro punto serían las analogías históricas respecto a las innovaciones monetarias. Por ejemplo, las letras de cambio. Estos documentos provenían de la Baja Edad Media y estaban impulsados los por las vicisitudes del comercio a larga distancia. Se trataba de datos mercantiles (activos-pasivos financieros) muy vinculados a las transacciones comerciales puesto que, con ellas se proporcionaban medios de pago que superaban las rémoras físicas, temporales y se disminuían riesgos. Habría que destacar también que, esta innovación financiera era una promesa de pago entre los distintos agentes que operaban en los mercados, naciendo así de acciones privadas, en cambio, no hay endoso ni promesas de pago relativos al bitcoin.

Cuando un inversor en la actualidad vende un Bitcoin, no necesariamente debe haber un deudor, sin embargo, la letra de cambio plasmaba las distintas posiciones en el mercado financiero con indiferencia del número de endosos que se produjeran. Entonces, la letra de cambio permitió que se pudieran adquirir muchos bienes y servicios (especialmente en el comercio), sin embargo, esto por lo pronto no ha sucedido con el tema que nos incumbe, ya que se usa ínfimamente como medio de pago.

La relación directa este las letras de cambio y el Bitcoin podría ser en lo relativo a la innovación, puesto que las letras de cambio fueron innovaciones importantes que permitieron la expansión del comercio. Así podría suceder con la tecnología que hay detrás de las criptomonedas, como apuntan Massimo Amato y Luca Fantacci en un apartado del libro “Handbook of the history of money and currency” (2018), en el cual se postula que la novedad de las criptodivisas no recae en la lógica detrás de estas, sino en el hecho de la tecnología que usan. Las operaciones algorítmicas sustituyen a las de los bancos centrales, creando “competición” entre los “mineros”, etc. De ahí se deduce que su sistema de “blockchain” podría ser tan revolucionario como los descubrimientos matemáticos que han tenido lugar a lo largo de la historia (Amato & Fantacci, 2018, págs. 517-518).

Para ir cerrando el tema quisiera señalar que una de las grandes diferencias es la construcción de la narrativa económica que se ha hecho de la aparición de Bitcoin. Este se concibió como un activo real virtual. La moneda fiat como es obvio, no lo fue en sus inicios. Asimismo, Bitcoin se articula en contra de las instituciones financieras, no nace de ellas[1]. Los bancos emisores de los primeros billetes, generalmente, eran bancos centrales avant la lettre, y es precisamente ese, uno de los factores que provocó el surgimiento de las criptomonedas.

Cabe mencionar que, las criptomonedas, tienen tintes antiestatistas. En cambio, los billetes fueron emitidos por motivaciones bélicas y muy vinculadas al estado. También se ha planteado la posibilidad de evadir impuestos mediante esta tecnología, cosa que reforzaría la tesis de ir contra el aparato estatal. Bitcoin fue creado a priori por un ciudadano desconocido (Satoshi Nakamoto) que rompió con los burócratas sin imaginación de los propios bancos centrales que se dedican a emitir moneda, por lo tanto, si la masa monetaria producida por estas instituciones son la cumbre económica del sistema, Bitcoin se articula con premisas completamente distintas, puesto que, en el dinero virtual, todo el mundo puede comprar y vender (de ahí el pier-to-pier), sin embargo, en el dinero emitido desde dichas entidades, no.

Entonces, Bitcoin se articula en contra de esos principios inflacionarios de emisión de masa monetaria, de ahí sus escasas 21 millones de monedas, configurando un potencial patrón oro virtual que confrontaría directamente con la idea de instituciones que emiten billetes. Así pues, mientras que el dinero de papel puede causar inflación, a priori, Bitcoin, no (otra cosa es la fluctuación de su valor). Además, el fiat se impone de forma vertical, es decir, de arriba hacia abajo gracias al sistema monetario. Bitcoin justo lo contrario. Quién sabe qué deparará el futuro, pero, si hemos aceptado billetes hechos con papel transgénico como medio de pago, reserva de valor y unidad de cuenta, ¿por qué no podría aceptarse, a medio y largo plazo, Bitcoin como moneda?

Bibliografía

Amato, M., & Fantacci, L. (2018). Handbook of the History of Money and Currency. New York: Springer.

Mankiw, G. (2012). Principles of Economics. Harvard: Harvard University.

Shiller, R. (2019). Narrative Economics. Princeton: Princeton University Press.


[1] Shiller hace referencia al anarquismo del s.XIX (Shiller, 2019, pág. 6). Personalmente, veo más concomitancias con el libertarismo del s.XX articulado de la mano de Von Mises, Hayek y demás autores. Básicamente por las premisas y puentes que trazan con el patrón oro y el bitcoin.

La ruptura generacional y el nuevo contrato social (II)

“Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio”

La producción de seguridad, Gustave de Molinari

En la primera parte analicé la ruptura generacional y la necesidad de un nuevo contrato social, en esta segunda parte haré una conjetura sobre por dónde podría desarrollarse.

A medida que el poder de negociación entre las distintas generaciones se va modulando en esta transición hacia una nueva era —la era de la información—, a la par que la vieja política es incapaz de cumplir sus promesas y las generaciones que han cumplido su parte del contrato social exigen el pago del Estado de sus pensiones, se planteará nuevamente un escenario similar al de la Transición, donde nos debatiremos entre la Continuidad de los boomers y pensionistas, la Reforma de los trabajadores y la Ruptura de los más jóvenes.

En la elaboración de todo contrato es esencial el poder de negociación de las partes: qué quiere cada una, qué puede aportar y en qué puede ceder. En este caso, las partes serán los tres sectores generacionales que ya identificamos, a grandes rasgos: boomers y pensionistas (>58 años), trabajadores (30-58 años) y jóvenes (<30 años). Será importante, por tanto, estudiar de qué dispone cada uno y qué quieren para este nuevo contrato social.

Boomers y pensionistas quieren mantener el statu quo, la continuidad del sistema actual que tantos beneficios les reporta; esencialmente, sus pensiones. Por ejemplo, las nuevas pensiones de jubilación son un 23,3 % más altas que el sueldo más habitual en España. Estos ingresos en su mayoría son renta disponible, puesto que ya tienen sus viviendas pagadas y apenas tienen otros gastos. Disponen de ahorros, bienes inmuebles y un poder de negociación significativo por el elevado número de votantes que son. No obstante, tienen muy poco poder social, puesto que ellos son los que menos movilidad tienen y los que más necesitan al resto de la sociedad, dado que ni producen bienes ni prestan servicios.

Trabajadores. El mundo cambia a una velocidad de vértigo y ya no tienen tan seguro mantener un buen puesto de trabajo por las necesidades de actualizarse y la situación macroeconómica. Aunque su horizonte empieza a tener nubes negras, todavía aspiran a llevar una jubilación tranquila como la de sus padres y que el temporal que se avecina no sea más que una breve tormenta de verano. Sin embargo, la demografía es testaruda, y para que puedan llevar a cabo su retiro, el Gobierno planea retrasar la edad de jubilación y abrir las puertas a 10 millones de inmigrantes. Su poder de negociación es el menor de todos, puesto que están atados a las expectativas de futuro vinculadas al Estado, pero también a sus impuestos. Son los que más tienen que perder, las principales víctimas de la ruptura del contrato social. Disponen de las herencias futuras y de los frutos de su trabajo presente al menos de lo que no se coman la inflación y los impuestos. No obstante, a pesar de ser los que menor poder de negociación tienen, detentan el poder actual y tienen en sus manos las riendas para elegir el camino: la Continuidad, la Reforma o la Ruptura.

Los jóvenes con el statu quo actual no tienen nada que ganar, y por la precariedad tampoco nada que perder, y tienen todo el futuro por delante. Con el fork en los medios de comunicación van a tener voces mediáticas que les representen, y pueden hacer su patrimonio portátil y difícilmente confiscable gracias a Bitcoin. Así, con la facilidad para emigrar llegado el caso, su poder de negociación social irá creciendo significativamente a medida que pase el tiempo. Sin embargo, no tendrán gran poder de negociación político, pues por demografía ni siquiera atraen el interés de los partidos. Tanto la Continuidad como la Reforma les necesita como agua de mayo, ¿quién va a mantener si no el sistema? ¿20 millones de inmigrantes? El sistema necesita a los jóvenes, pero ellos lo único que quieren es un trabajo digno, formar una familia, acceder a una vivienda y poder vivir sin que les asfixien con regulación e impuestos, por lo que su facilidad para hacer un opt-out —optar por salir del sistema— incrementará exponencialmente su poder de negociación. Además, tienen competencias esenciales para el mundo que viene, si no les integran en las estructuras de poder, la fragilidad y vulnerabilidad será enorme, sirva como ejemplo cuando un periodista se coló en una reunión secreta de Defensa de la Unión Europea.

Una vez visto el poder de negociación de cada parte, de qué disponen y qué quieren, hay que conjeturar acerca de cómo se llega a este escenario, puesto que el actual contrato social se está resquebrajando a marchas forzadas. Veamos un ejemplo paralelo: la Superliga.

Florentino Pérez plantea hacerla porque ve que el fútbol, tal y como está, es insostenible, en el medio-largo plazo puede morir. Como tuvieron un monopolio de la emisión, subieron mucho los precios, y los que siempre habían sido aficionados siguieron consumiéndolo. Pero una capa de la sociedad, los jóvenes, quedaron excluidos justo en el momento en el que aparecía una alternativa —Youtube—, así que se bajaron del tren para subir a uno nuevo. Y no sólo esto, es que también disuadieron a muchos padres de seguir viéndolo. Los jóvenes ya solo ven los grandes partidos, pero no son fanáticos del fútbol. En el día a día no siguen todos los encuentros, ven a creadores de contenido. Es difícil encontrar un partido de Primera División que no sea del Real Madrid, Barcelona o Atlético, que supere un directo de Ibai. Si se proyecta esto 10 años, el fútbol va a tener muy pocos espectadores el día de mañana, a excepción de los grandes partidos. La solución propuesta a este escenario era la Ruptura.

La Superliga suponía romper con el statu quo, haciendo partidos solo con los equipos de primer nivel europeo, retransmitidos por plataformas globales y con los creadores de contenido como comentaristas. La solución era buena ante un escenario de crisis del fútbol, pero no incluyó los intereses de las instituciones establecidas. El error, además de hacer la presentación en El Chiringuito, fue no negociar con todas las partes. Pero la consecuencia de que no se negociase entre todas las partes ante un escenario de crisis, supone que el fútbol ya va a tener prácticamente imposible recuperarse y mantenerse hegemónico las próximas décadas. El escenario era, “el fútbol, de seguir así, muere, ¿qué vamos a hacer para salvar esto?”. Se enfrentaron los intereses acumulados de las instituciones futbolísticas y los intereses de los equipos que tienen mayores ingresos, y no buscaron la negociación por el bien común, sino sus intereses particulares; y por ello el fútbol muere.

Pues bien, España está como el fútbol. Si seguimos así, en 10 años estaremos como Argentina. Al igual que el fútbol va a morir por perseguir cada uno sus intereses particulares, si no hay una negociación que tenga en cuenta los intereses de todas las partes, lo que vamos a perder es el futuro de España.

Los pilares esenciales de esta hipotética negociación, a mi juicio, serán: 1/ pensiones, 2/ sector público e impuestos, 3/ deuda pública, 4/ inmigración y 5/ jurisdicciones privadas.

1/ Pensiones. Lo bueno de tener un sistema de reparto es que las pensiones no “quiebran”, simplemente se reparte lo que hay, sea mucho o poco. Lo que es prácticamente imposible es que se sostengan tal y como están ahora y se sigan actualizando al IPC, especialmente con la inflación que tenemos —y que apenas ha comenzado—. Dado el elevado número de votantes que son y que su interés primordial son las pensiones, será difícil ver recortes en ellas. No obstante, dentro de la negociación, parece razonable buscar un acuerdo por el que haya pensiones para todos ellos, pero adaptándolas en función de un criterio de renta disponible por pensionista. Además, habrá que retrasar la edad de jubilación —siguiendo criterios por sectores— puesto que la esperanza y calidad de vida se han incrementado muy significativamente. No parece razonable que el nuevo contrato social acuerde pagar rentas por encima de la media del sector productivo, cuando además los pensionistas no suelen tener los gastos corrientes de alquiler de los trabajadores y jóvenes. Sin embargo, todavía estamos lejos de empezar la negociación, y acaban de anunciar que el Gobierno eliminará el tope de las pensiones máximas, parece que busca acelerar la caída del Estado.

2/ Sector público e impuestos. Sin un recorte significativo del sector público será muy difícil bajar impuestos, y sin bajar impuestos será prácticamente imposible mantener en España a los supercontribuidores, que son los que nutren las arcas del Estado. En el mundo que empieza a amanecer, tendrán extraordinariamente accesible el cambiarse de jurisdicción o tener su patrimonio fuera del alcance de las garras del Estado. Además, habrá que incorporar a los jóvenes en el sector público, tanto para reemplazar a los boomers que se jubilan como para introducir las competencias de las que ahora la Administración carece. Para ello se hace imprescindible una reforma significativa del funcionamiento de la Administración y de la integración y régimen de funcionarios.

3/ Deuda pública. Los intereses de la deuda pública van a asfixiar a los españoles la próxima década. Parece razonable ajustar a la realidad económica de España las pensiones y no cargar todo el peso sobre las condiciones laborales de los jóvenes, que hoy además nacen con 39.947 euros de deuda real por persona. Al fin y al cabo, no parece demasiado justo que unos sean los que se endeuden en nombre de otros que no disfrutan de los beneficios y que pagan la fiesta.

4/ Inmigración. España necesita inmigrantes, millones de ellos. No es suficiente con incrementar la natalidad, porque esos resultados llegarían dentro de tres décadas, y necesitamos trabajadores hoy. Pero, ¿qué inmigración? Una de las virtudes de España es su posición geográfica y su clima, con una regulación atractiva, bajos impuestos, y acabando con el principio de neutralidad del Estado, se pueden atraer millones de inmigrantes que vengan a aportar y empresas productivas a nuestro territorio. En caso de que no optemos por esta vía, recibiremos principalmente inmigración del norte de África, poco cualificada, y nos convertiremos en el lugar de mano de obra barata para la Unión Europea devaluando los salarios de nuestros jóvenes, precarizando más el trabajo e incrementando la inseguridad. Del diseño de esta política de inmigración depende en gran medida lo que será España este siglo.

5/ Jurisdicciones privadas. Las Micrópolis (libro en el que estoy trabajando junto a Adolfo) son zonas jurídicas y económicas especiales, que en alguna medida recogen la tradición española de los fueros, y que permitirían adaptar las normas sociales a grupos y comunidades con intereses afines. Con los problemas de la España vacía sería una propuesta muy interesante para, en lugar de tener que resignarnos a una decadencia constante, poder atraer personas y empresas de todo el mundo que simplemente vayan buscando un lugar seguro donde asentarse y prosperar —o simplemente no tener que emigrar de España.

Pensemos en jurisdicciones diseñadas específicamente para pensionistas, con un tejido sanitario espectacular; en Micrópolis donde sectores empresariales se asienten para tener una regulación concreta y conectar sinergias, como puedan ser farmacéuticas o el sector del automóvil europeo; ciudades privadas con legislaciones educativas propias, o con mayores o menores restricciones de inmigración.

Matandrinos es una aldea abandonada de Segovia que se puede comprar por 100.000 euros, ¿por qué no permitir a unos jóvenes que se instalen allí y se organicen jurídica y socialmente como consideren? Al fin y al cabo, con un ciberdinero y un mercado de 580 millones de hispanohablantes se pueden prestar servicios desde cualquier parte del mundo, por lo que estas opciones serán más que viables.

Y todo esto podría convivir con el “resto de España” funcionando con las mismas reglas, mientras se permite un crecimiento significativo tanto de la vida como de la riqueza, contribuyendo a sostener las enormes promesas de gasto social del Estado. Siendo una alternativa a aquello que Ortega comentaba de las sociedades cuando los jóvenes no tienen perspectivas de futuro:

“Entonces acontece la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos. Cuando la masa siente alguna desventura, o simplemente algún fuerte apetito, es una gran tentación para ella, esa permanente y segura posibilidad de conseguirlo todo —sin esfuerzo, lucha, duda ni riesgo— sin más que tocar el resorte y hacer funcionar la portentosa máquina. La masa se dice: “El Estado soy yo”, lo cual es un perfecto error. El resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar [¿ninguna?]. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno. Y como a la postre no es sino una máquina cuya existencia y mantenimiento dependen de la vitalidad circundante que la mantenga, el Estado, después de chupar el tuétano a la sociedad, se quedará hético, esquelético, muerto con esa muerte herrumbrosa de la máquina, mucho más cadavérica que la del organismo vivo. Esta empieza a ser esclavizada, a no poder vivir más que en servicio del Estado. La vida toda se burocratiza. ¿Qué acontece? La burocratización de la vida produce su mengua absoluta, en todos los órdenes. La riqueza disminuye, y las mujeres paren poco”.

La rebelión de las masas, Ortega y Gasset

Frente a esta situación habrá que buscar alternativas. Reformular el contrato social para aliviar tensión social y generar vida y prosperidad es una, y es ahí donde el proyecto de las Micrópolis ofrece una salida a este escenario.

La ruptura generacional y el nuevo contrato social (I)

“Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio”

La producción de seguridad, Gustave de Molinari

En esta primera parte, trataré de analizar la ruptura generacional y ver la necesidad de un nuevo contrato social, cuestión que plantearé en la segunda parte.

Cada vez se respira mayor tensión entre los distintos sectores de edad de la sociedad, aunque la categoría de generaciones defendida por Ortega ha recibido críticas razonables, considero que sigue siendo oportuno emplearla, aunque por el crecimiento de la esperanza de vida conviene ampliarla de 15 a 30 años. A grandes rasgos, podemos identificar tres grandes sectores de edad: boomers y pensionistas (>58 años), trabajadores (30-58 años) y jóvenes (<30 años).

Entre estas generaciones hay una serie elementos comunes que permiten trazar un retrato de cada una, donde se puede ver que sus intereses están muy poco alineados, lo que no hace presagiar nada bueno y puede producir una ruptura generacional.

La primera generación, la de boomers y pensionistas, es una generación que se encuentra cómoda con la Transición y los resultados de ella, en su mayoría son propietarios de una o varias viviendas, gozan de pensiones superiores a su contribución a las arcas públicas –según el Banco de España de 1,74 euros por cada euro aportado–, sus fuentes de información son los medios de comunicación tradicionales –prensa, televisión y radio–, creen que los estudios universitarios son fundamentales para obtener un buen trabajo –fijo y buen salario–, han disfrutado y disfrutan del Estado de bienestar, y creen que todo esto está garantizado. No obstante, son una generación que ha obtenido todo esto a base de consumir el ahorro de los abuelos y de traer al presente bienes y servicios endeudándose por las generaciones futuras.

La segunda generación, la de trabajadores, ha experimentado en su juventud la buena vida, y trabaja incansablemente por alcanzarla. Aspiran a llevar una vida como la de sus padres, donde la tranquilidad y la seguridad es lo que más se busca. Sin embargo, los impuestos y regulaciones, junto a la inflación, les ponen en serias dificultades. Además, hay que añadir que por el alargamiento de la esperanza de vida ya no heredan cuando empiezan sus proyectos vitales, sino ya cuando están cerca de la jubilación. Empiezan a percibir un cambio significativo en la estabilidad social y ven peligrar su futuro. Son los que están viviendo la ruptura del contrato social. Al ver a los jóvenes perciben que ellos no van a llevar los mismos niveles de vida de sus padres, puesto que difícilmente puedan contar con unas pensiones que les permitan un nivel alto de vida o recibir una sanidad de tanta calidad. Sus fuentes de información también son los medios tradicionales, pero desconfían de ellos. Son los que creyeron en las promesas del sistema y empiezan a ver que no se van a cumplir. No obstante, no quieren renunciar a sus aspiraciones, prefieren evitar enfrentarse a la realidad y seguir en la rueda del hámster como si el castillo de naipes no se estuviese desmoronando delante de sus narices.

Por último, los jóvenes, ya saben que ese mundo no es para ellos. Apenas se identifican con la política. Sus fuentes de información son radicalmente distintas, se informan a través de creadores de contenido, Youtube, Twitch, podcast; información mucho más personalizada que les confronta directamente con las generaciones anteriores. Ya saben que una educación en una universidad no te garantiza ni un trabajo ni un buen salario. El descrédito de todo lo anterior junto a la dificultad para encontrar salidas y proyectos vitales esperanzadores los arroja a la frustración. Sólo han vivido en crisis, primero la de 2008 y ahora la del Covid-19. Tienen muy difícil el acceso a la vivienda, y los alquileres que les cobran las generaciones anteriores les dejan muy poca renta disponible para su día a día e iniciar sus proyectos vitales.

Esto son solo algunas pinceladas de estas generaciones, pero es que además hay una serie de elementos que hacen que sus intereses e incentivos estén completamente desalineados, veamos algunos de ellos sin hacer un númerus clausus:

1/ Forks de los medios de comunicación. Estamos viviendo una bifurcación de los medios de comunicación. Las fuentes de acceso a la información de los jóvenes son radicalmente distintas a los de las otras generaciones, y esto hace que vivan en mundos distintos, ven la realidad de forma diferente y esto es una fuente constante de conflictos. De continuar así, los relatos políticos y sociales que circularán en una y otra dirección serán opuestos. Por si fuera poco, al ver amenazada su posición, los medios tradicionales cargan contra los youtubers a la mínima ocasión que tienen, lo que aviva aún más la percepción de ruptura.

2/ Pensiones e impuestos. Las pensiones van a continuar incrementándose los próximos años, lo que no hace presagiar nada bueno acerca de los impuestos. Cada vez habrá más pensionistas con menos trabajadores, lo que incrementará la carga fiscal sobre cada uno de ellos. Además, la generación de boomers y pensionistas necesitará incrementos en su gasto sanitario para su vejez. Esto genera una situación de asimetría entre una generación que aúna la mayoría del voto, propiedad inmobiliaria y extracción de rentas al resto de la sociedad sin contribuir a la producción; lo que cada vez va a generar mayores tensiones sociales, ¿quién querrá contribuir con aproximadamente un tercio de sus ingresos a un sistema del que sabe que no percibirá sus beneficios?

3/ Vivienda. La mayoría está concentrada en manos de la primera generación, lo que dificulta enormemente el acceso a los más jóvenes a algo esencial para empezar sus proyectos vitales. Apenas pueden formar una familia, independizarse, o dejar de depender de sus padres, ¿cuántos años aguantará esta situación?

4/ Trabajo. Si hace unas décadas se cumplía el acuerdo social de “estudia y tendrás un buen trabajo”, ese acuerdo hoy está completamente roto. La cronificación de los trabajos precarios para los más jóvenes, con contratos de prácticas abusivos, jornadas laborales que apenas dejan tiempo de ocio, la sobreprotección de la generación de los trabajadores que impide a los jóvenes competir con ellos en el mercado laboral, la destrucción de capital de las dos crisis, la burocracia, los altos costes de contratación, impuestos, etc., hacen del mercado laboral hoy para la tercera generación un auténtico infierno, donde si consigues trabajo apenas te da para vivir.

5/ Demografía. Da vértigo ver la evolución de la demografía en España, es el elefante en la habitación que nadie quiere ver, y ya es tarde para tratar de remediar sus consecuencias. A medida que la segunda generación se vaya jubilando, la primera tendrá una losa encima que le impedirá prosperar por tener que mantener a las otras dos.

6/ Herencias. La herencia permitía el inicio de los proyectos vitales de los hijos en su juventud. El incremento tan significativo de la esperanza de vida resulta en que este capital que permite el inicio de dichos proyectos no se ha trasladado. Ahora se hereda, en la mayoría de los casos, en el ocaso de la vida. Pero si, además, por las dificultades económicas la primera generación tiene que empezar a consumir su patrimonio para llegar a final de mes y mantener su nivel de vida, las herencias se verán significativamente consumidas.

7/ Educación. La educación está rota. Cualquiera que esté relacionado con el sector sabe que es una pérdida de tiempo enorme en la que los incentivos están completamente desalineados. Su degradación no parece conocer límites. Sin una buena educación será muy difícil tener buenos trabajadores y empresarios en el futuro que permitan mantener el gasto social.

8/ Bitcoin. Por si todo esto fuera poco, aparece un activo que te permite preservar valor de manera excepcional en periodos largos de tiempo y también des responsabilizarte de las decisiones erróneas de terceros en el ámbito económico-patrimonial. Puedes hacen un opt-out y encontrar esa seguridad económica en tiempos de incertidumbre.

Estos son solo algunos de los elementos. La inflación y las subidas de tipos de interés servirán de catalizadores para acelerar estas tensiones sociales entre las distintas generaciones. A nada que los introduzcamos en una coctelera vemos que sus consecuencias no parecen muy halagüeñas.

La primera generación se encuentra ante un escenario donde perderá su posición de comodidad y verá peligrar aquello que consideraba seguro y garantizado. Frente a ello, optará por votar a aquellos partidos que se lo garanticen a cualquier precio para el resto de la sociedad, lo que tensará aún más la cuerda por el significativo número de votantes que son. Apostarán todo a la continuidad, a mantener el statu quo.

La segunda generación tendrá que trabajar más y pagar más impuestos para percibir menos de lo que esperaba, con la incertidumbre del “¿qué podemos esperar de las siguientes generaciones?”. Tendrán que llevar a cabo una segunda transición, evitando tanto la continuidad como la ruptura.

La tercera generación no tiene nada que perder, lo que los puede llevar a buscar la ruptura. Sin trabajos estables y bien remunerados, sin poder formar sus familias, sin acceso a la vivienda, con unas fuentes de información opuestas a las de las otras generaciones, con un activo que les permite independizarse del resto de la sociedad, engañados por el sistema educativo, con una carga fiscal desproporcionada y con menor representación política por la demografía.

Frente a esta situación habrá que reformular el contrato social si se quiere aliviar tensión social, y es ahí donde el proyecto de las Micrópolis ofrece una salida a este escenario.