Con motivo del 90 aniversario de Pedro Schwartz, el Instituto Juan de Mariana presenta tres obras de coleccionista con las que queremos celebrar la vida y obra de uno de los grandes referentes del liberalismo en España y el mundo.
En primer lugar, y en colaboración con el Grupo Libertad Digital, presentamos una recopilación en la que se incluyen más de 50 artículos publicados por Schwartz en Libertad Digital, La Ilustración Liberal y Libre Mercado, entre los años 2001 y 2017. Además de esta colección de artículos, la obra incluye también valiosos documentos como el fragmento final de su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas o su intervención en la ceremonia en la que recibió el Premio Juan de Mariana de 2014. El volumen cuenta asimismo con un encomio de Mario Vargas Llosa, una carta de presentación de Carlos Cuesta, distintas entrevistas con el autor y la contribución especial de destacadas figuras del pensamiento liberal, como Carlos Rodríguez Braun, Francisco Pérez de Antón, Francisco Cabrillo, Manuel Llamas o Diego Sánchez de la Cruz.
En segundo lugar, y de la mano del Instituto Cato de Estados Unidos, editamos un volumen en el que se recopilan más de 100 artículos publicados por Pedro Schwartz en la web en español del think tank norteamericano, ElCato.org. Estas columnas, que las dos décadas comprendidas entre 2002 y 2022, ilustran a la perfección la brillante capacidad de Schwartz de analizar las controversias y asuntos de la actualidad cotidiana desde el enriquecedor prisma de las ideas y el pensamiento liberal.
Asimismo, y habida cuenta de la profunda impronta que ha tenido la trayectoria de Pedro Schwartz en el ámbito internacional, presentamos un tercer volumen, elaborado de la mano de Liberty Fund. La obra comprende los distintos artículos publicados por el autor en Library of Economics and Liberty, un recurso de indudable valía para el pensamiento liberal comúnmente conocido como EconLib. A través de estos escritos, que comprenden el periodo 2013-2020, Schwartz nos introduce en algunos de los asuntos clave de nuestro tiempo.
Este triple lanzamiento es tanto un tributo a Pedro Schwartz como un recordatorio de su brillante legado como incansable defensor de la libertad y la razón, en España y el mundo. Desde el Instituto Juan de Mariana deseamos que estas recopilaciones nos sirvan para seguir aprendiendo con las valiosas enseñanzas de un verdadero gigante de la libertad como es el profesor Schwartz.
La cuestión del posible colapso del capitalismo nos lleva necesariamente a tratar de comprender a la inversa las razones históricas de su éxito y a analizar las condiciones en las que este puede operar. Como señalamos en el artículo anterior, el capitalismo solo puede desaparecer si desaparece de la mente humana la forma en que este funciona. Y mientras subsista en la mente de algún humano, este puede persistir.
Socialismo a pequeña escala, capitalismo a gran escala
Aquí se plantea la primera cuestión, la de si el capitalismo precisa de una escala mínima para poder subsitir. Esto es, aplicando al capitalismo una de las preguntas clásicas del marxismo, si puede existir el capitalismo en un sólo país o precisa de operar a nivel global. El socialismo funciona mejor cuanto más reducida es su escala, pues tiene necesariamente que operar con la disciplina de los precios de mercado mundiales a la hora de asignar los suyos. Y necesariamente tendría que aplicarlos a su comercio exterior. En contraste, el capitalismo funciona mejor cuanto más amplios son los mercados y los espacios que operan bajo este sistema.
Y nada mejor para que la escala ecónomica en el capitalismo opere correctamente que la escala política sea a su vez lo más pequeña posible. Si hacemos caso a Jean Baecheler, el capitalismo habría nacido en la anarquía medieval con decenas o centenares de unidades políticas operando en el pequeño espacio geográfico europeo. La escala propia del capitalismo es la del mundo, mientras que la del socialismo es la de la pequeña escala. Y cuanto más pequeña, mejor. Pues el imperativo del cálculo económico se reduce.
La extensión del capitalismo
Un comuna, monasterio o una familia pueden aplicar el socialismo mejor que un estado mundial que quiera planificar a gran escala. En este caso, quedaría sumido en el caos por falta de precios, o ni siquiera referencias de producción de otros países. Aún así, el capitalismo puede funcionar a escala muy reducida, incluyendo al individuo. Nos lo muestra el ejemplo de Robinson creando sus propias herramientas en una isla aislada, aplicando nada más que el ahorro y el cálculo más o menos intuitivo de la duración de los procesos productivos. Es ejemplo que Eugen Bohm-Bawerk desarrolla muy bien en su excelente (y poco valorado) tratado La teoría positiva del capital.
La historia nos muestra que, en sus orígenes, el capitalismo estaba circunscrito a unas pocas regiones europeas. Especilamente en Falndes, o algunas comarcas inglesas. Desde ahí, básicamente por imitación, fue más o menos rápidamente se extendió a otras partes del mundo. No a todas, pues, como comentamos en el artículo anterior, aún existen vastas regiones del orbe que aún no han adoptado de forma significativa esta forma de entender los procesos económicos. Puede ser porque conservan aún formas económicas precapitalistas, o porque aún mantienen gobiernos con ideologías socialistas o estatistas.
Desde luego que la adopción del capitalismo no debe ser obligatoria ni mucho menos planificada. Pero quien no lo adopte de forma consciente debe asumir las consecuencias. Y de hecho es esta la razón de que haya sido adoptado con rapidez en los países vecinos a los que primero lo adoptaron. Quedarse atrás tenía consecuencias no sólo económicas sino también militares (sus ejércitos quedaban rápidamente desfasados). También sociales, al desatarse migraciones masivas de la fuerza de trabajo atraída por las mejores condiciones laborales y sueldos que traía consigo el nuevo sistema económico.
Capitalismo e imperialismo
Soy consciente de que algunos de los países que adoptaron el capitalismo en primer lugar, como el Reino Unido, desarrollaron políticas imperialistas hacia el exterior y llegaron a dominar vastas extensiones de territorio por todo el mundo. Hoppe señaló en alguno de sus escritos que esto pudo ser una consecuencia no intencionada del capitalismo. Los estados basado en territorios en los que el capitalismo tomó forma fueron más ricos que los que los estados en los que este desarrolló no se dio.
Los estados con una base social capitalista pueden extraer más rentas de sus sociedades al ser estas más ricas y pueden, por tanto, disponer de más recursos y medios tecnológicos para poder conquistar otros territorios. Y esto a pesar de que el capitalismo no sólo no necesita de los imperios sino que estos no dejan de ser un lastre para la correcta evolución del mismo. Como decía el viejo Schumpeter en su genial y olvidada Sociología del imperialismo, el impulso de dominación que caracteriza al imperialismo sería un impulso atávico en el ser humano. Y, de momento, el único sistema económico que ha conseguido suavizarlo sustancialmente es el propio del capitalismo de libre mercado.
Imperialismo y extensión de las ideas
No sólo ha mitigado tal impulso, sino que ha conseguido demostrar que se puede funcionar muy bien en una economía de este tipo, sin poseer ningún tipo de colonia o espacio dominado. Funciona aún mejor sin ellas. Pero dejando este argumento, podría decirse que el imperialismo llevó consigo el sistema capitalista a los pueblos dominados por la fuerza. Como apuntamos en el artículo anterior, el capitalismo es más una tecnología mental que un artefacto material. Y, como toda idea, puede expandirse de muchas formas. Una de ellas es el imperio.
No soy partidario del imperalismo, pero este fue un hecho del pasado y sus consecuencias, la mayoría de ellas negativas, no se pueden borrar de la experiencia humana. El imperialismo también llevo consigo el método científico, los idiomas imperiales y las formas de registrar al pueblo colonizado. También pesos y medidas y muchos otos hábitos y costumbres propios de la metrópoli.
El capitalismo sobrevive en las ideas
El capitalismo, al menos tal y como nosotros lo entendemos, fue uno más de otros hábitos mentales, peor que en determinados pueblos de la tierra, como en algunos territorios del sudeste asiático, fue rápidamente adoptado, quizás porque contaban entre sus hábitos culturales formas semejantes, quizás menos desarrolladas. Que haya sido llevado a la fuerza no lo invalida, como no lo hace con otras formas y prácticas culturales, aunque no sea la mejor forma de llevarlo a cabo.
Esta disgresión viene a cuento porque, sea de una forma pacífica o violenta, las técnicas del capitalismo están ahora presenten en la mayor parte de los países de la tierra. Y, salvo que se eliminen de una forma total, algo muy difícil por cierto, seguirán existiendo. Y tendrán capacidad de transmitirse, aunque sean en una única región o en un único país. El que las conserve, aún en un mundo poblado por ideas socialistas o pre o postcapitalistas, contará sin duda con una gran ventaja. Salvo, claro está, que se invente alguna fórmula económica mejor, que de momento no hay indicios de que haya sido ni siquiera teorizada.
Capitalismo con pocos recursos
Queda expuesto que el el capitalismo no necesita desarrollarse a nivel mundial para poder existir, no lo necesitó en el paso ni lo necesitaría en el futuro. Ahora cabe discutir lo que acontecería en el caso de una grave crisis económica o de disponibilidad de recursos económicos necesarios, como apuntan algunos colapsistas. Lo que acontecería entonces sería bien una situación de escasez de capital o bien de los insumos necesarios. Esto conllevaría una menor producción de bienes y servicios. Pero bajo ningún concepto una crisis del capitalismo como idea.
El capitalismo puede funcionar en escalas inferiores a la del mundo entero, así fue y en buen medida sigue siendo. Del mismo modo, el capitalismo puede funcionar perfectamente con menos capital y menos recursos. Simplemente, el nivel de vida sería más bajo y habría que recomenzar, como ocurre despues de una guerra o una catástrofe, a un nivel más bajo que el de antes. Se sufrirán penalidades hasta lograr alcanzar el nivel de vida anterior.
Sin electricidad ni petróleo
En los comienzos del capitalismo la cantidad de capital disponible era raquítica, pues no se había dado aún el proceso de acumulación que nos permite mantener nuestro actual nivel de vida. Tampoco había, ni mucho menos, la cantidad de recursos de los que disponemos hoy. Estos fueron descubriéndose a medida que avanzaba el proceso capitalista. Los primeros capitalistas solo disponía de madera, carbón y algo de viento y agua para los molinos.
Esto es, la revolución capitalista comenzó y se desarrolló sin electricidad ni combustibles derivados del petróleo. Estas fuentes ólo pudieron tener uso industrial casi cien años después desde que comenzó el proceso de capitalización. En aquellos momentos, la cantidad disponible era de cero unidades. No se sabía ni como extraerlo, ni cómo transportarlo, ni mucho menos cómo transformarlo en un combustible útil. Fue el proceso de capitalización el que con el tiempo descubrió como hacer uso de los recursos y los convirtió en baratos y abundantes auxiliares de la industrialización.
La permanencia de la tecnología
Se nos puede afirmar que un futuro capitalista no podría contar con ellos, al estar estos agotados. Y que esa carencia sea una de posibles causas del colapso del capitalismo. Cabría contraargumentar que no está para nada probado el agotamiento de los recursos que hoy en día consumimos. Pero aún siendo así el capitalismo podría perfectamente funcionar como en el siglo XIX. Con un nivel más bajo de producción, pero con toda la tecnología y conocimiento acumulada durante siglos. Ello nos permitiría descubrir nuevos recursos o explotar formas conocidas, pero hoy no usadas, de obtener energías.
Porque ningún escrito colapsista dice que las tecnologías que sustentan el capitalismo tendrían que desaparecer con él, en caso de este implosionase. Es cierto que algunos pueblos o tribus de pequeñas dimensiones perdieron tecnologías por desaparición física de los expertos. Y por la carencia de registros escritos o electrónicos, como le aconteció a los esquimales con la fabricación de algunos aperos de pesca. Pero nada indica que nuestras bibliotecas o archivos tuviesen que colapsar también. Se podría recuperar el saber acumulado. Es más, el colapsismo hace un buen servicio, al advertir de estos peligros para poder tenerlos en cuenta. Favorecería la descentralización de la acumulación de técnicas y conocimientos. Su papel es también impagable a la hora de pensar y analizar el proceso capitalista, por lo que espero que sigan produciendo buenos textos y haciendo preguntas pertinentes.
Desde la aparición del Colapso de Jared Diamond se han publicado numerosos estudios sobre la posibilidad de un colapso del capitalismo por varios factores. Entre ellos destacarían las consecuencias derivadas de un cambio climático extremo o las de rebasar (usando la metáfora de Catton en su libro Rebasados) los límites ambientales y materiales del planeta. Son, en última instancia, los que sustentan el funcionamiento de todo la gigantesca maquinaria de producción que sería el capitalismo. También se alegan factores de tipo político, como guerras o conflictos que bloqueen el comercio. O hay factores biológicos, como una pandemia mucho más virulenta que la del COVID, que podrían lograr efectos análogos.
Las profecías del colapso del capitalismo no son nuevas, pues están plenamente integradas en el pensamiento marxista. Pero no sólo en él, como bien documenta Boldizzoni en su libro Imaginando la muerte del capitalismo. Pretendemos en este breve escrito discutir la posibilidad de un colapso del capitalismo, al estilo del descrito por Ugo Bardi en varios de sus libros. Esto es, de una forma rápida, inesperada y definitiva. A Bardi le gusta mucho citar a Séneca cuando este afirma que las civilizaciones tardan siglos en consolidarse, pero desaparecen en muy poco tiempo. De ahí que denomine efecto Séneca a su propia visión del colapso del capitalismo.
Colapso o extinción
Convendría de todos modos distinguir el colapso de la extinción. La última implica la desaparición de la especie humana de la faz de la tierra en compañía o no de toda forma de vida. El colapso implica el fin de una forma de vida. Si bien afecta a la forma y la calidad de vida de la población, no implica su desaparición. Así nos referimos normalmente a un colapso cuando es una civilización la que se extingue por no poder sostener su nivel de vida y extinción a la desaparición de especies. Ésta puede ser masiva, como las cinco grandes extinciones en la historia de la tierra narradas por Elizabeth Kolbert en La sexta extinción (la sexta sería la que nos amenaza en la actualidad).
La discusión sobre las posibilidades de extinción de la especie humana también ha disfrutado del interés de los académicos y existe una gran variedad de obras, desde las ya clásicas de Isaac Asimov o Martin Rees hasta las más recientes de Nouriel Roubini o Alexei Turchin. En estas obras se debaten desde las amenazas cósmicas o las biológicas hasta las amenazas creadas por un mal uso de la inventiva humana. Desde amenazas nucleares o químicas hasta perversas inteligencias artificiales que a través del control de las claves de las bombas nucleares acaben con la especie. O sofisticados robots programados para acabar con los humanos.
Ciancia ficción vs. Complejidad
La mayoría de estas posibles mega amenazas, por usar el concepto de Roubini, son aún ciencia ficción. Pero nos muestran la capacidad de inventiva de los expertos a la hora de prever posibles daños existenciales para la especie. Y, sobre todo, para poder evitarlos en caso de que se pudiesen dar. La cuestión es que la extinción afectaría, cómo no, al capitalismo. Pero también al socialismo o al mercantilismo o a cualquier otro sistema económico concebido o por concebir al quedar extinta la acción humana. De ahí que en este texto lo que se analizará será el colapso de la civilización actual. Esto es, el de la civilización capitalista occidental.
Normalmente, los estudios sobre colapsos se refieren al fin abrupto de civilizaciones muy complejas. Es esa complejidad, en opinión de Joseph Tainter estudioso de la complejidad social y sus riesgos existenciales, la misma causa de su repentina desaparición. Algo semejante propone Jared Diamond en el que quizás es el libro más célebre sobre el tema, un grueso volumen titulado como Colapso. Mantener un sistema político o social es más costoso cuanto más sofisticado es. Y, por tanto, de faltar la energía o la vitalidad económica para sostenerlo, el derrumbe es inevitable, y aparentemente muchos tipos de eventos pueden causarlo.
Popper contra Spengler
Estos eventos pueden ser una peste, como las que azotaron el imperio romano tardío, enfriamientos o calentamientos climáticos. Por ejemplo, volcanes que afecten el ciclo de las cosechas. También puede tratarse de crisis económicas o de abastecimientos. Y, por supuesto, guerras o conquistas por otros pueblos más belicosos o mejor dotados para la guerra.
Muchos han sido los autores que han indagado sobre el auge, la caída de las civilizaciones. Desde los primeros estudios de Gibbon sobre la decadencia de Roma hasta autores contemporáneos como Carroll Quiguel a Shepard Clough . Han llegado a elaborar teorías sobre los ciclos de las civilizaciones. Es el caso de Pitirim Sorokin en su Dinámica social y cultural u Oswald Spengler en La decadencia de Occidente. Pero un buen lector de Popper no se dejará llevar por el atractivo de las teorías deterministas de la historia. Y comenzará a indagar sobre las causas del éxito o fracaso de cada una de ellas.
Imperialismo vs. Capitalismo
En cualquier caso, si bien declive de una civilización puede tener también causas económicas, no son estas las únicas que explican su fracaso. Por eso conviene distinguir entre el declive de civilizaciones o imperios con base económica capitalista y el colapso del capitalismo como sistema. Se puede discutir si el declive de los imperios europeos puede considerarse o no un colapso. Yo creo que no, pues precisamente fue el capitalismo el que salvo del colapso a las potencias europeas al perder sus imperios.
Si bien perdieron poder civilizador e influencia política mundial, no vieron alterada sustancialmente su forma de vida. Es más, en los que se refiere a prosperidad y producción mejoraron con respecto a la época anterior a la caída. Capitalismo e imperialismo son conceptos que no se llevan especialmente bien, aunque nos hagan creer lo contrario. Ni una sola potencia europea de los siglos XIX y XX se derrumbó económica o socialmente tras la pérdida de sus colonias. Es más, comenzaron periodos de gran prosperidad que duran hasta hoy.
El capitalismo no puede colapsar
Son varias las razones que permiten explicar por qué el capitalismo como sistema económico no puede colapsar. La primera es que lo que se entiende como capitalismo no es más que la expresión de una idea, una tecnología mental. Igual que no podemos acabar con la ciencia, que es otra tecnología mental que consiste en observar los fenómenos naturales, usando un método, destruyendo los laboratorios, no podemos acabar con la idea de capitalismo. Es una idea que consiste en abordar los fenómenos económicos siguiendo una serie de cálculos y reinversiones sistemáticas del ahorro siguiendo principios de beneficio y pérdida, con la mera destrucción de sus instituciones.
Bastaría con que sobreviviese en alguna parte o se conservasen sus principios para que con el tiempo volviese a aparecer. Habría que destruir toda la memora humana del funcionamiento, incluidos libros y material audiovisual de este sistema, para poder erradicarlo. Y eso no sólo es prácticamente imposible, sino indeseable. Sería necesario un control totalitario de las mentes y la memoria. Sería una forma política totalitaria hasta extremos desconocidos y sobre todo a nivel mundial. Ni la URSS o la China de Mao pudieron hacerlo en su momento. Ni siquiera en su propio país, como se vió por su resurgir al suavizarse o caer el régimen comunista.
Un sistema descentralizado
Además, el capitalismo no es un sistema centralizado. Muchos anticapitalistas, quizás por aceptar su propia propaganda, piensan que el capitalismo es un sistema controlado por un pequeño grupo de banqueros y oligarcas. La idea es que gracias a su dominio de las políticas de los grandes estados imperiales pueden decidir el funcionamiento económico del mundo. Si se consiguiese de alguna forma acabar con el poder de estos plutócratas, el capitalismo se derrumbaría sólo. Aquí radica otros de los factores que hacen al capitalismo tan resiliente, el hecho de que no cuenta con una sola cabeza que colapse y derrumbe el sistema.
Un imperio o una civilización imperial, al ser entes políticos, sí que acostumbran a estar dirigidos por una pequeña élite política. De ahí que cualquier circunstancia que afecte a esta élite puede ser causa de colapso. Los conquistadores españoles de los imperios americanos los sabían bien y por eso pudieron destruir y conquistar en pocos meses gigantescas civilizaciones. No pudieron con pueblos anarquistas como mapuches o apaches.
Policentrismo vs. Centralismo
Podrían darse por circunstancias particulares un colapso capitalista en algunos territorios concretos. Pueden sucumbir por alguna guerra, catástrofe natural o por un cambio de régimen político. Pero es muy difícil que se dé en todos los territorios del mundo a la vez. Recordemos que el capitalismo no nació a nivel mundial y de forma sincrónica en todo el mundo. Se desarrolló en algunas regiones concretas de Europa occidental y luego se expandió al resto del mundo por imitación una vez constatadas sus ventajas. De hecho, no se puede decir, frente a lo que también muchos piensan, que el capitalismo abarca a día de hoy todo el planeta tierra. Existen muchos territorios a los que esta forma de entender la producción y la inversión aún no ha llegado. O, si lo ha hecho, es de muy forma aún muy incipiente.
El problema es que muchos críticos contemporáneos del capitalismo parecen pensar, o eso se deduce de sus escritos, que todo lo que no es socialismo, sea marxista o del siglo XXI, está dominado por las horribles fuerzas del capitalismo. Si el capitalismo nació y se desarrolló en sus inicios en pequeños espacios europeos, es precisamente porque este continente debido a su fragmentación política permitía este tipo de ensayos de nuevas formas económicas. Hoy día Europa está dominada por la centralista Unión Europea. Este tipo de ensayo de nuevas formas no sería posible.
Quiere decirse que el capitalismo es capaz de sobrevivir perfectamente en un sólo país y de ahí extenderse. Un colapso del capitalismo tendría que ser, como en el argumento anterior, también mundial, sin que quedase un sólo espacio para que pudiese sobrevivir y desde ahí volver a extenderse.
En la segunda parte de este ensayo abordaré otras razones de corte político y económico que explican la supervivencia del sistema capitalista frente a las recurrentes advertencias de su final inmediato.
Hoy en día existen tres grandes tesis económicas que son erróneas:
1. La economía de libre mercado solamente beneficia a los capitalistas.
2. El socialismo y la redistribución beneficia a los pobres.
3. El proteccionismo económico beneficia la nación (es decir, beneficia el bienestar económico de los ciudadanos del estado).
En el siguiente artículo, pretendo deconstruir, y reconstruir estas tres tesis.
La economía de libre mercado solamente beneficia a los capitalistas
La desigualdad, causada por la jerarquización socioeconómica, es una característica de la sociedad humana desde el nacimiento de los estados. Naturalmente, nos enfrentamos a una realidad histórica muy compleja y variada dependiendo del contexto que observemos. En Europa feudal y precapitalista, las élites guerreras y religiosas eran los terratenientes, que poseían la gran mayoría de las tierras. Los individuos y familias que formaban parte de estos estamentos establecían relaciones oligárquicas entre sí.
Por otra parte, en sociedades socialistas y pro-capitalistas, los líderes del partido y la élite administrativa formaban una élite gobernante, teniendo acceso a productos que no eran accesibles a las masas menos privilegiadas. Todos esos sistemas pre y post capitalistas, eran sistemas de acceso cerrados a la hora de formar parte de la élite, que siempre constituye de un grupo de personas pequeño.
En la Europa precapitalista, la élite tenía el monopolio casi exclusivo de la tierra y los trabajadores estaban sometidos a diversas formas de servidumbre. En el socialismo, el estado poseía todos los medios de producción y la élite política controlaba quién podía ser gerente en función de la lealtad a la clase gobernadora política.
Una élite independiente del poder político
El libre mercado da la oportunidad de crear una elite económica independiente del poder político. Esto sucede gracias a la posibilidad de competición en el mercado, que hace posible acceder a los círculos de elites económicas. Es decir, cualquiera tiene la oportunidad de aportar una buena idea innovadora y entrar al mercado competiendo con las empresas establecidas.
La historia del capitalismo está llena de personas con mentalidad emprendedora, que de la nada de repente son capaces de cambiar el mundo con una idea innovadora. La primera máquina de vapor, las primeras máquinas textiles, la bombilla, el sistema operativo Microsoft… todos ellos nacieron en “garajes”, en pequeños talleres. Gracias a la ventana de oportunidad creada por la economía de mercado abierta, talentos extraordinarios pudieron comercializar su idea innovadora y cambiar sus propias vidas y hacer más fácil la vida de todos los demás.
Riqueza y desigualdad
La economía de mercado es una grande maquinaria que genera riqueza. El truco del capitalismo es que no sólo beneficia y enriquece a los Ford, los Edison, los Gates, y otras personas con mentalidad empresarial. La repentina riqueza de estos grandes empresarios se debe a que sus inventos tuvieron un impacto positivo en nuestra vida. No podríamos imaginar nuestra vida sin coches, luz eléctrica, y ordenadores. Gracias a este proceso de innovación constante, la calidad de vida inimaginable comparada con épocas anteriores.
En el capitalismo, la desigualdad, como en todas las sociedades jerárquicas, sigue siendo una característica existente. Pero en capitalismo la desigualdad es la consecuencia de la innovación empresarial. Y dado que esta innovación mejora la calidad de vida en general, parece ser es un juego en el que todos ganan. Tanto para las personas innovadoras con mentalidad empresarial como los consumidores.
El monopolio
El problema es el monopolio. El monopolio es una posición económica, en la cual, una empresa establecida disfruta de una posición de monopolio debido a la regulación. Esto significa, que no hay oportunidad para los que quieren entrar al mercado con un producto mejor o más barato. Monopolios dentro del seno del capitalismo, en realidad, crean un sistema de neo-feudalismo.
La posición dominante de una empresa no es lo mismo que el monopolio. Esta posición dominante puede derivar del reconocimiento del nombre, un producto superior y un modelo de negocio eficiente. Pero si el mercado está abierto a desafiar la posición dominante, no hay monopolio. Muchas empresas disfrutan de una posición dominante y tienen una cuota de mercado sustancial en sus nichos de mercado.
Un buen ejemplo en el mercado de teléfonos móvil es el caso de Nokia. Nokia gozaba de una posición dominante en el mercado. Sin embargo, la introducción de la innovación tecnológica de iPhone rompió la posición dominante de Nokia. Desde entonces, los consumidores se benefician de la competencia entre Android y Apple. Ninguna de las empresas puede permitirse dormirse en los laureles, sino que tienen que reinventar cada año sus sistemas operativos, sus aparatos, ofreciendo móviles de cada vez mejor calidad y mejores servicios.
La competencia
La competencia significa que cualquiera tiene la oportunidad de aportar una idea innovadora. Así pues, quienes defienden la economía de mercado no defienden que los ricos sigan siendo ricos, ni el neo-feudalismo. Todo lo contrario. Defienden que haya competencia y oportunidades, que la próxima generación de personas con mentalidad empresarial pueda entrar en el mercado con sus ideas innovadoras.
Defender la apertura de los mercados y la posibilidad de competir es una amenaza para la actual generación de capitalistas, que producen y comercializan bienes que podrían desaparecer con la próxima innovación. La política pro-mercado significa defender la oportunidad para cualquiera de enriquecerse mediante la introducción de una idea innovadora, que haga la vida más fácil, y no, defender los intereses de los ricos. Es la teoría económica que nos enriquece a todos a través de la competencia entre ideas innovadoras que buscan satisfacer a los consumidores.
La novedad de la riqueza de las naciones
Una última observación. El extraordinario enriquecimiento desde el siglo XIX es un fenómeno completamente nuevo en la vida de la humanidad. No hace tanto tiempo, ser pobre y estar en alguna forma de servidumbre era la situación típica de las clases no privilegiadas. Fue el avance hacia mercados más libres a partir del siglo XVIII lo que hizo posible tanto la libertad de los trabajadores como la vida relativamente buena de la que disfrutamos ahora.
Este maravilloso enriquecimiento hizo posible la creación y financiación del Estado de bienestar. Por lo tanto, incluso aquellos quienes odian el capitalismo y abogan por más Estado del bienestar deberían ser conscientes del hecho de que, sin una defensa cuidadosa de la competencia del libre mercado, destruirían la base material de Estado del bienestar. Basta con echar un vistazo a Venezuela, que destruyó su economía de mercado, y ahora los venezolanos son uno de los más pobres a pesar de vivir en medio de las mayores reservas de petróleo del mundo. Deberían ser al menos tan ricos como los noruegos. Sólo necesitan un gobierno, que respete el estado de derecho y deje que los mercados ofrezcan oportunidades a cualquiera.
El socialismo y la redistribución sirven a los intereses de los pobres
El socialismo es el sistema que pretende acabar con la desigualdad creada por los mercados. Consigue este objetivo concentrando todos los medios productivos en manos del Estado y acabando con la competencia mediante la planificación estatal. Esta estructura económica limita las oportunidades de las personas innovadoras para entrar en el mercado. El estado socialista, en efecto, se crea monopolios. Es verdad, que el socialismo logra cierta igualdad. Pero a un precio. El precio es la falta de dinámica innovadora constante de la vida económica y la falta de competencia.
En consecuencia, las economías socialistas permanecieron estáticas, usando las tecnologías que heredaron de sus predecesores pre-socialistas. Las únicas innovaciones suyas no eran más que innovaciones copiadas de las deseadas tecnologías y productos desarrollados por sus rivales capitalistas. Ni siquiera fue eficiente el copia y pega tecnológico que llevaron al cabo, pues la calidad de los productos era baja y no tenían un volumen suficiente en comparación con la demanda. Por esta razón, los países socialistas sufrían constantemente de escasez. Esto fue analizado por János Kornai, el más célebre economista húngaro del sistema socialista. En consecuencia, los ciudadanos de países socialistas eran pobres y soñaban con la sociedad de consumo occidental, donde abundan los zapatos bonitos, la ropa de buena calidad, los coches rápidos, y no había que hacer colas interminables para poder comprar en las tiendas.
Igualdad de la pobreza
Así pues, la igualdad que se logró fue la gloriosa igualdad de escasez frente a los deseos. Y ni siquiera eran sociedades iguales, ya que la élite política y administrativa tenía la oportunidad de acceder a los bienes occidentales a través de tiendas especializadas, que sólo estaban abiertas para las élites. La desigualdad en términos de consumo era menor, pero cuando todo el mundo es pobre, las pequeñas diferencias son realmente importantes. No es de extrañar que el socialismo fuera el único sistema político, cuya élite optó casi voluntariamente por el capitalismo. Opinaban que ofrece mejores oportunidades para una vida mejor y más cómoda. Incluso en China, donde a pesar de que se mantuvo el sistema político socialista, la reforma favorable al mercado provocó el enriquecimiento de cientos de millones de ciudadanos chinos en un periodo bastante corto.
Hoy en día el socialismo de esquema marxista ya solamente atrae a profesores académicos bien pagados y a sus estudiantes, que quedan fascinados por la idea de planificación y propiedad estatal y piensan en sí mismos como futuros ingenieros de una sociedad bien ordenada.
El Estado del Bienestar
La verdadera cuestión actualmente es la expansión paralela del Estado del bienestar y de la regulación estatal en Europa. Esta expansión paralela es la característica más constante del desarrollo social de los países europeos en el siglo XX, aunque esta tendencia cobró impulso después de 1945.
El orden de la posguerra se basó en la fuerte expansión del Estado del bienestar y la prestación estatal de servicios públicos. La estanflación y el auge de la industria japonesa en los años setenta señalaron el final de esta constante expansión. La coincidencia de la crisis económica y la pérdida de competitividad obligó a un importante replanteamiento del modelo europeo. El giro neoliberal, introducido primero por Margaret Thatcher y copiado después en toda Europa, frenó el auge del Estado y revitalizó los procesos de mercado.
Desde entonces, la cuestión política más destacada es el equilibrio entre la libertad de mercado y la regulación estatal.
Regular y redistribuir
Como consecuencia de los cambios sociales del siglo XX, el Estado europeo moderno es predominantemente un Estado redistribuidor y regulador, que asume la prestación de servicios públicos clave, como el bienestar, la educación y la sanidad. Existe un consenso político generalizado entre los partidos políticos de toda Europa en que este modelo mixto de economía de mercado y Estado del bienestar es un modelo que hay que mantener. Ningún partido político quiere volver al modelo de Estado “mínimo” del siglo XIX. Por otra parte, sólo unos pocos extremistas pretenden emular algo similar a lo que fue el modelo socialista del siglo XX o piensan que Venezuela podría ser un modelo para un país europeo.
El peligro actual es la posible repetición de la crisis política, económica y social de Grecia en 2008. La lección del dicho caso es que la expansión del estado de bienestar, financiada mediante préstamos, es insostenible, y tarde o temprano resulta ser más dañino, que los beneficios que ofrece a corto plazo.
España, camino de Grecia
En base a las cifras macroeconómicas España se encuentra en una situación peligrosamente similar a la de Greca antes de la crisis. El nivel de deuda y desempleo son muy altos, de hecho, esta entre los más altos de Europa, mientras el sociedad Española más y más pobre.
Estas cifras indican que hay una expansión insostenible del estado, mientras que hay demasiada regulación del mercado. Demasiado regulación impide la utilización de los recursos humanos por las empresas. Especialmente preocupante es que el estado del bienestar español es uno de los más desiguales en su impacto, y en lugar de ayudar a los pobres y necesitados, da recursos adicionales a la clase media y superior.
Estado del Bienestar y redistribución
Como indica la Ley de la Vivienda, el estado español más bien destruye el mercado en lugar de ofrecer ayuda específica a aquellos que no pueden permitirse pagar los precios que prevalecen en el mercado.
Sin embargo, el Estado sueco moderno ofrece un modelo a imitar para los partidos políticos moderados. Tras la crisis del excesivo intervencionismo estatal a principios de los noventa, desarrolló un nuevo modelo que combinaba con éxito un modelo de Estado del bienestar bastante eficiente con una política económica favorable al mercado. Las reformas orientadas al mercado son clave para reducir el alto nivel de desempleo y revertir la tendencia de empobrecimiento gradual de los ciudadanos españoles, un proceso marcado en los últimos años.
Por lo tanto, no es tan fácil llegar a la conclusión de que la redistribución del Estado del bienestar sirva siempre a los intereses de los pobres, a pesar de los eslóganes políticos afirman lo contrario.
El proteccionismo económico beneficia la nación
El proteccionismo económico es una de las ideas económicas más antiguas. El nacimiento del pensamiento económico en los siglos XVI-XVII se caracteriza por la siguiente dinámica. El estado absolutista concedía monopolios a ciertas empresas y defendía los mercados nacionales con el fin de fomentar el desarrollo nacional. Tanto Turgot en Francia como Adam Smith en Gran Bretaña criticaron esta práctica. Smith argumentó que el proteccionismo mercantil y la concesión de monopolios sólo sirve a los intereses de los ricos capitalistas y sus patrocinadores políticos, mientras que el libre comercio sin duda conduciría a la riqueza de la nación. Según Smith, la riqueza de las naciones significa que la gente común pueda avanzar, tenga oportunidades, no sólo los extremadamente ricos y sus padrinos políticos.
El aumento de la libertad y la demolición de los monopolios crearon el entorno que impulsó a los artesanos y trabajadores cualificados a innovar y tuvo como consecuencia la revolución industrial. La revolución industrial convirtió a Gran Bretaña en el Estado preeminente de Europa y marcó el inicio de un aumento del nivel de vida sin precedentes.
De Friedrich List al lebensraum…
La idea de proteger los industrias de un nación por el gobierno para facilitar la industrialización fue revigorizada por el alemán Friedrich List en la década de 1840. List argumentó que el libre comercio no era favorable para Alemania. Por esta razón propuso el proteccionismo económico: el gobierno debía introducir muros arancelarios que defendieran a sus empresas industriales y, al mismo tiempo, introducir un entorno de libre mercado dentro de los territorios nacionales defendidos por los muros aduaneros. Según List, la protección exterior y la libertad interior crearán el entorno institucional que estimulará el desarrollo industrial. Sostenía que una vez que Alemania alcanzara el nivel de desarrollo británico, debería reducir el muro aduanero y optar por el libre comercio.
List consiguió captar la atención de los principales políticos de su época. El canciller alemán Bismarck, y el ministro de economía de Rusia DeWitte, desarrollaron sus políticas industriales nacionales siguiendo las ideas de List. El proteccionismo económico comenzó a crecer a partir de la década de 1870 y llegó a su tope después de 1920, durante los años de entreguerras. Ludwig von Mises argumentó que una de las causas de las devastadoras guerras mundiales fue que la limitación gradual del libre comercio forzó un nuevo impulso colonizador para asegurarse fuentes de materias primas y mercados. Recientemente, Richard Overy también ha argumentado que la Segunda Guerra Mundial fue, en realidad, una guerra colonial, ya que los Estados fuertes que no habían adquirido colonias intentaron colonizar nuevos territorios para asegurarse su propio lebensraum.
… y a la guerra
La consecuencia del proteccionismo es que bloquea las posibles fuentes de recursos y mercados para otros países. Así, crea un entorno de competencia de poder entre estados en lugar de competencia económica entre empresas. La competencia de poder entre estados es una rivalidad que niega la cooperación. Es un juego en el que solo uno puede ganar y el otro solo puede perder. La consecuencia y devastadora solución final de dicha competición entre estados es la guerra.
Por lo contrario, la competencia económica no solo tiene elemento de rivalidad, pero también de cooperación. China no sólo es un competidor económico para Europa, sino también un importante mercado de exportación para las empresas europeas, mientras que los productos chinos importados tienen efectos positivos en el nivel de vida de los consumidores europeos. Además, aunque la competencia económica tiene un elemento de ganar-perder, también tiene un elemento de ganar-ganar (win-win). Su elemento ganar-ganar es que obliga a la innovación empresarial constante para permanecer en el mercado.
Es decir, la solución último del proteccionismo económico estatal es la guerra, mientras que la competencia económica obliga también a la innovación, la cooperación y la renovación empresarial constante, lo que nos beneficia a todos. La renovación empresarial innovadora crea abundancia de bienes, aumento del nivel de vida y cooperación entre las naciones a través de cadenas de producción y comercio.
Tres conceptos correctos
1) La economía de libre mercado ofrece a cualquier persona con espíritu emprendedor la oportunidad de enriquecerse produciendo un producto innovador que satisfaga las necesidades de los consumidores.
2) El socialismo es una ruina económica, dado que la demasiada redistribución estatal encorseta las fuerzas empresariales del mercado, lo que perjudica a los pobres.
3) El proteccionismo económico conduce a la rivalidad entre Estados y, en el peor de los casos, a las guerras, que son el acontecimiento más destructivo para la vida y para la riqueza de las naciones y sus ciudadanos.
En un reciente paper publicado en el Journal of Economic Behavior & Organization, tres profesores de la St. Olaf College, de la Universidad de Stanford y de la Universidad de George Mason (ver aquí), defienden que los mercados, a diferencia de lo que se sostiene habitualmente, tienen un efecto humanizador, en el sentido de que nos permiten reconocer a el estatus moral de otras personas cuando interactuamos con ellas.
Nos inducen a tener en cuenta al otro
Según estos autores, existen dos tipos de críticas. Por un lado, los que consideran que los mercados son intrínsecamente repugnantes, ya que funcionan basándose más la codicia o el miedo en vez del cuidado genuino y a la reciprocidad. Esto nos haría ver al resto de las personas como enemigos o amenazas para lograr el éxito. Otros creen que los mercados se están expandiendo a esferas de la vida en las cuales no debería penetrar. Trata ciertos bienes como meros medios de intercambio cuando no deberían ser valorados de esa forma.
Por esta razón, estos investigadores se preguntan cómo la interacción con otras personas en un mercado puede afectar a nuestra voluntad de considerar su humanidad. Precisan de dos indicadores distintos. A saber, (i) una medida de los sentimientos morales sobre diferentes grupos sociales y (ii) una medida diádica de la interacción del mercado que se puede combinar con esos grupos. Para el segundo de los indicadores, utilizan los flujos de intercambio bilateral y los recuentos de inmigración por país de origen. Y para el primero, realizan un análisis del contenido de los artículos del New York Times desde 1987-2007. El objetivo es capturar la frecuencia, la valencia y el tipo de lenguaje moral usado para cada grupo externo.
Calibrar el lenguaje moral
Para “medir” el lenguaje moral, se basan en la Teoría de los Fundamentos Morales. Es una teoría plural que identifica cinco valores morales fundamentales: cuidado/daño; justicia/engaño, lealtad/traición, autoridad/subversión y santidad/degradación. Tener en cuenta más de un ámbito o menú de sentimientos morales permite evitar sesgos. Pueden existir diferencias en la valoración personal o cultural de lo moral que puede ser la participación en un mercado.
Los resultados que obtienen son robustos frente a una gran variedad de diferentes controles alternativos en sus regresiones y diferentes especificaciones. Indican que la interacción en el mercado que realizan los Estados Unidos con otros países viene acompañada por un mayor uso del lenguaje moral. Esto es, se descarta que se produzca una deshumanización.
Los mercados humanizan
Ahora bien, este lenguaje puede ser positivo o negativo. Las estimaciones indican que tanto el comercio como la inmigración tienen una relación positiva significativa con el lenguaje virtuoso. Pero no hallan la relación contraria. Esto es, una mayor interacción en los mercados viene acompañada de una mayor moralización, pero un trato moral positivo de un grupo externo no precede a un mayor intercambio en el mercado o a un mayor volumen de inmigración. Asimismo, los mercados parecen motivar una mayor preocupación por otras personas. Solamente en lo relativo a la autoridad, sí que parece existir cierta deshumanización, lo que vendría explicado por la necesidad de reforzar la cohesión interna.
En definitiva, es habitual escuchar en medios de comunicación y en la conversación pública que el capitalismo y el mercado producen una deshumanización y un aumento de la codicia. Es decir, nos hacen perder parte de nuestra esencia como humanos, como es la relación con nuestros pares. Sin embargo, la evidencia empírica muestra justamente lo contrario, ya que nos hacen extender nuevos lazos sociales con otros grupos. Por lo que sí, los mercados nos humanizan.
Cuando los holandeses celebran el cumpleaños de su Rey el 27 de abril, fiesta nacional, muchos se convierten en comerciantes por un día. En los llamados vrijmarkten (literalmente: “mercados libres”), niños y mayores venden juguetes, libros, juegos, galletas y otras “mercancías”, o tocan música a cambio de dinero en parques, calles y plazas, regatean los precios y a menudo utilizan los beneficios para convertirse ellos mismos en compradores en el mismo mercado. Los municipios abandonan el tráfico para la ocasión y mantienen a raya a los comerciantes profesionales. Para Maarten Prak y Jan Luiten Van Zanden, dos profesores de historia económica de la Universidad de Utrecht recientemente jubilados, esta costumbre es una prueba de lo profundamente arraigado que está el espíritu del capitalismo en la cultura holandesa.
Pioneros del capitalismo
En Pioneers of Capitalism, los autores pretenden explicar los orígenes de la economía de mercado holandesa. Consideran por qué fueron los Países Bajos los pioneros en la historia del capitalismo, e intentan distinguir qué efecto tuvo la economía de mercado capitalista en la naturaleza de la sociedad holandesa. El libro no es sólo histórico; contextualizan sus hallazgos en debates académicos modernos sobre la naturaleza del capitalismo, la relación entre las instituciones y los sistemas económicos modernos, y temas modernos como la desigualdad social. No sorprende ver referencias a las ideas del historiador económico Douglas North, ganador del Premio Nobel, mientras que las ideas de Karl Marx se utilizan como el otro polo teórico.
El libro se centra en el periodo comprendido entre el año 1000 y 1800. No es casualidad, porque uno de los principales argumentos de Prak y Luiten van Zanden es que el capitalismo holandés tiene raíces mucho más antiguas de lo que los estudiosos suelen suponer. La Edad de Oro neerlandesa del siglo XVII no debe considerarse el inicio del capitalismo, sino el sorprendente resultado de una evolución que se originó siglos antes.
Crecimiento smithiano
Partiendo de las ideas desarrolladas por Simon Kuznets y Angus Madison, determinan que Holanda tuvo un crecimiento constante del PIB a partir de 1350. No se detuvo tras el declive relativo de la República Holandesa a partir de 1670, al que Adam Smith se refirió como “estado estacionario” de una economía muy desarrollada.
En un vistazo al tiempo posterior a su periodo de estudio, los autores revelan que los procesos subyacentes de crecimiento de la productividad continuaron. Hasta 1820 se trataba de un “crecimiento smithiano”, resultado, por tanto, de la creciente producción de mercado, la especialización y el cambio tecnológico inducido comercialmente. Después de 1820, se basó en la explotación de una base de conocimientos en rápida expansión, que dio lugar al tipo de cambio tecnológico que aún hoy domina la economía mundial.
Orígenes medievales
Los Países Bajos empezaron como un “delta pantanoso” marginal y subdesarrollado en el extremo noroccidental de Europa. Sin embargo, las bases del capitalismo ya estaban presentes en esta época feudal. Un monje visitante describió cómo, en torno al año 1015, los comerciantes de la entonces principal ciudad comercial de Tiel se organizaron y el emperador alemán les concedió ciertos derechos independientes. (Los Países Bajos formaban entonces parte del Sacro Imperio Romano Germánico.)
De hecho, eran un gremio mercantil, al que seguirían otros gremios. Gozaban de derechos de autogobierno, se les permitía reunir capital y recursos y mantenían su propio sistema de justicia. Además de las antiguas ciudades romanas de Maastricht, Nimega y Utrecht, la urbanización se produjo en las ciudades fluviales del este del país, a lo largo del río IJssel, como Deventer, Zutphen y Zwolle, que se unirían a la Liga Hanseática después de 1356. Dordrecht, Ámsterdam y otras ciudades de la parte occidental del país se desarrollaron (mucho) más tarde.
La geografía
Su situación geográfica en los confines de Europa dificultaba el establecimiento de un poder central por parte del imperio alemán o del rey francés. Esto condujo al crecimiento de ciudades y regiones locales relativamente fuertes, que evolucionarían hasta convertirse en las provincias holandesas. El feudalismo existía en el sur (Zelanda, la zona del río), pero no era tan fuerte como en el resto de Europa.
La parte norte gozaba de “libertad frisona”, lo que significaba un gobierno independiente de facto, sin una autoridad central. En la Edad Media, los frisones utilizarían esta libertad para dominar el comercio del Mar del Norte entre Inglaterra, Escandinavia, el norte de Alemania y el norte de Francia. Este comercio se vio favorecido por las circunstancias físicas: la población poseía ganado, en lugar de cultivos de campo, y destacaba en la producción textil, que se intercambiaba por grano, para hacer pan. El uso de monedas de oro y plata también estaba muy extendido entre los frisones (a diferencia del resto del país).
Diques, impuestos y democracia
En Occidente, una característica importante fue el drenaje de tierras baldías, en un primer momento para la recolección de turba para calefacción y, más tarde, para tierras de cultivo. Los gobernantes locales, como el conde de Holanda y el obispo de Utrecht, concedían derechos a los promotores, que a su vez contrataban a grupos de hombres para llevar a cabo los trabajos de drenaje. Estos contratos incluían disposiciones sobre los futuros impuestos que debían pagarse a los gobernantes.
Tras las obras de saneamiento surgieron comunidades locales, que crearon juntas locales de drenaje o diques (heemraden, que existen hasta hoy) que encontraron un equilibrio entre los derechos a pagar y la posibilidad de opinar sobre los asuntos mediante la elección de representantes. Entre 1000 y 1350, los Países Bajos ya contaban con una sociedad civil relativamente fuerte (gremios, juntas de desagüe, aldeas y ciudades autónomas) que incluía instituciones como reuniones periódicas y elecciones.
El rol del feudalismo
El feudalismo, a menudo considerado estático y jerárquico, desempeñó en realidad un papel importante en el desarrollo capitalista de los Países Bajos, que se caracterizaría por una mezcla de estructuras feudales y libres. La reciprocidad entre señor y vasallo fomentaba la cooperación, era flexible y podía adaptarse fácilmente a las circunstancias cambiantes, dando cabida a los gremios de comerciantes y a las ciudades. El elemento de confianza entraba en juego a través de un sistema de lealtad basado en juramentos. En la época feudal se produjo una explosión de la producción agrícola y la explotación de las turberas para calefacción, lo que permitió un rápido crecimiento demográfico.
Naturalmente, la Iglesia también desempeñó un papel importante, en la medida en que garantizaba cierta unidad europea en normas y valores. También fue un factor económico en sí mismo, por ejemplo, a través de la construcción de iglesias. Si comparamos las investigaciones internacionales sobre la construcción de iglesias, resulta que los Países Bajos se quedaron rezagados hasta el siglo XIV, pero luego se pusieron rápidamente al día y superaron a otros países europeos.
El nacimiento del capitalismo holandés
En la Baja Edad Media (1350-1566) se produjo el verdadero nacimiento del capitalismo holandés. En esos dos siglos se aceleró la urbanización, mejoraron las vías fluviales y la navegación marítima y se profesionalizó la administración pública, al tiempo que pudieron florecer instituciones capitalistas básicas, como la división del trabajo y la especialización. Sobre todo, el capital adquirió importancia para el crecimiento económico estructural, como se observa, por ejemplo, en la generalización del comercio y el arrendamiento comercial de tierras.
El comercio internacional (de cereales) adquirió gran importancia, ya que los holandeses controlaban las rutas marítimas desde el Báltico hasta el sur de Europa. El mercado se convirtió en el mecanismo central de las asignaciones económicas, reguladas por normas (locales). La gente confiaba en el mercado y se atrevía a poner su destino en sus manos. Y el mercado cumplió: se calcula que después de 1350, alrededor del 40-60% de la población dependía parcial o totalmente del trabajo asalariado para vivir.
El crecimiento del PIB per cápita fue del 40% en la segunda mitad del siglo XIV. Alrededor de 1500 se inventaron nuevos instrumentos financieros, mientras que los tipos de interés habían bajado de alrededor del 12% al 5-6%. Una diferencia importante con otros países europeos, como Italia, era que las ciudades no controlaban el campo circundante. Se dejaba libertad a estos pueblos para que se valieran por sí mismos.
Alfabetización y matrimonio
Un elemento llamativo en el desarrollo del capitalismo neerlandés fue la alfabetización comparativamente alta de la población, entre otras cosas gracias al movimiento de renovación eclesiástica de Geert Grote, la Devoción Moderna, que estimuló la lectura y la escritura individuales. A partir del siglo XV, la producción de libros y manuscritos creció espectacularmente, casi duplicando la media europea, con la ciudad hanseática de Deventer como centro. Las mujeres holandesas tenían una posición social relativamente fuerte; por ejemplo, el matrimonio se basaba en el consenso entre marido y mujer. Los Países Bajos eran también un lugar relativamente seguro, donde las élites estaban relativamente satisfechas y confiaban en el Estado y las instituciones afines para resolver las disputas. Los derechos de propiedad estaban bien organizados y protegidos.
Acta de Abjuración
En 1581, las provincias del norte de Holanda se declararon independientes del imperio de los Habsburgo en el Acta de Abjuración. No se trataba de una revolución capitalista, en el sentido de que fuera el inicio de un régimen capitalista. Se trataba de libertad: de religión, y de la voluntad de librarse del estricto dominio extranjero. De hecho, la guerra contra los españoles fue posible gracias al capitalismo: los ingresos del comercio (sobre todo de cereales) eran tan grandes que un país tan pequeño podía financiar una guerra prolongada.
A ello contribuyó también una oleada de inmigrantes altamente cualificados que huían del sur de los Países Bajos (Gante, Amberes). Se calcula que esto supuso un crecimiento demográfico de alrededor del 10%. Las ciudades del norte también eran bastante tolerantes con las minorías religiosas, como los judíos. El auge económico de principios de la “Edad de Oro” (como les gusta llamarla a los holandeses) también se vio estimulado por dos inventos gubernamentales de gran éxito en Ámsterdam: un banco público de cambio, llamado Wisselbank, (con el ayuntamiento como garante)
y un banco de crédito público (Bank van Lening), ambos precursores de los bancos centrales actuales. Combatieron la inestabilidad derivada de la especulación y la manipulación de los tipos de cambio, y buscaron el control y la estabilización de los sistemas monetario y financiero.
La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales
En su prólogo, Prak y Van Zanden revelan que Joel Mokyr, editor de la serie Princeton Economic History of the Western World, exigió la inclusión de un análisis del imperio colonial holandés. La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), a partir de 1602, puede considerarse una de las primeras empresas modernas del mundo: una sociedad de responsabilidad limitada, con acciones negociadas en bolsa, especulación sobre estas acciones y una división entre propiedad y gestión que dio lugar a todo tipo de conflictos.
La VOC necesitaba y atraía enormes cantidades de dinero, que utilizaba para construir puestos comerciales, puertos, fortalezas, infraestructuras, etc. Esto dio lugar a una economía estable y bien financiada. El resultado fue una empresa comercial global estable y bien financiada que controló gran parte del comercio entre Asia y Europa y entre los puertos asiáticos durante más de 200 años.
Libertad dentro, pero no fuera
Las principales mercancías comercializadas cambiaron a lo largo de estos años, desde las especias hasta los textiles indios, pasando por el café y el azúcar de Java y el té de China. Huelga decir que el capitalismo moderno no fue la única base del éxito; la VOC utilizó la esclavitud en Asia, Sudáfrica, el Caribe y Sudamérica, y abusó (a veces asesinó en masa) de los indígenas y sus derechos (de propiedad). Así pues, libertad en casa y no libertad en el extranjero. El principal factor de la caída de la empresa en el siglo XVIII fue que los beneficios ya no se invertían, sino que se pagaban en dividendos a los accionistas.
Pioneers of Capitalism es un libro muy informativo, con argumentos respaldados por recientes investigaciones cliométricas. Sus conclusiones alimentan muchos debates académicos modernos, pero la lección más importante es la que debe aprender todo el mundo. Aunque la orientación al mercado ha sido predominante, nunca ha existido una dicotomía entre Estado y mercado en la economía holandesa. Esta vieja receta para el crecimiento económico sigue siendo muy pertinente para muchos países modernos, ricos y pobres, desarrollados y en desarrollo.
La cuestión de la defensa del Capitalismo se ha abordado desde muchas perspectivas. Pero la que aquí propongo es una enfocada al ámbito cultural, y por extensión, al farragoso tema del amor. El objetivo es dar una vuelta de tuerca a lo que los antagonistas del modelo productivo le atribuyen: atomismo social, egoísmo, interés, lucro, etc.
El matrimonio antes del capitalismo…
Se le atribuye al Capitalismo hacer despertar en las personas el egoísmo más atroz que pueda uno imaginarse. De ahí se deduce que acabe repercutiendo negativamente en las relaciones de pareja. Por una suerte de maldad intrínseca al sistema, tanto hombres como mujeres buscan el interés personal, por encima del altruismo que algunos idealistas creen connatural a eso que llamamos “amor”.
Esto es de lo más paradójico que pueden plantear los detractores del sistema. Leyendo a Lipovetsky, uno se da cuenta de que, hasta bien entrado el s.XIX, todos los matrimonios eran por conveniencia o, dicho de otra forma, representaban la norma general en cualquier parte del globo. Normalmente, se desarrollaba bajo la tutela de los padres y, ni el consentimiento, ni mucho menos el amor, tenían cabida. Huelga decir que el mundo interior de los amantes, la atracción física o la belleza, tampoco eran relevantes. Según Lipovetsky, bajo el Antiguo Régimen, la mayoría era de la cuerda de Montaigne “que un buen matrimonio, si es que existe, rechaza la compañía y las condiciones del amor” (Lipovetsky, 2020, pág. 59).
… y después de su llegada
A saber, antes de la consolidación del Capitalismo[1] con la I Revolución Industrial (circa mitad del s.XVIII), el matrimonio se basaba en el cálculo económico, el interés financiero, la preservación del patrimonio y de la posición social. Quienes culpan al modelo productivo deberían mirar hacia países en los que no existen sistemas de mercado, en donde la revolución que supuso el liberalismo político del s.XVII y s.XVIII nunca llegó a desarrollarse.
Siguiendo los datos de Jeni Klugman y su equipo [2], es fácil darse cuenta de que, precisamente, allí donde imperan regímenes contrarios a los principios fundamentales que han vertebrado a Occidente y en los que, evidentemente, no existe tal cosa como “economía de mercado” es donde hay una prevalencia mayor (abismal) de matrimonios forzosos con niñas (véase Figura 1), por poner un ejemplo.
Capitalismo y tolerancia
Así, en las zonas en las que no rige el principio de libertad de elección es donde se dan los peores casos de abusos que uno puede llegarse a imaginar.En estos países (y en Occidente hace dos siglos), al obligarse a tomar como esposa a quien imponía la familia, comunidad, reino o dinastía, la belleza pasaba a ser superflua, se eliminaba la libertad de escoger y se permitía una repartición igualitaria del matrimonio.
Literalmente, hubo restricciones a la competencia entre individuos, a la libre cooperación, al interés personal (supeditado a los designios de terceros), a lo que Lipovetsky llama “la regulación social de la belleza”. Esto producía una equivalencia entre hombres y mujeres que garantizaba la igualdad de resultados. En el fondo se trataba de combatir la belleza desigual, la lotería genética es caprichosa, así como las tendencias en los cánones de belleza; lo que hoy puede parecernos poco agraciado, antaño, quizás, era sinónimo de lindeza, y viceversa.
Literalmente, hubo restricciones a la competencia entre individuos, a la libre cooperación, al interés personal (supeditado a los designios de terceros), a lo que Lipovetsky llama “la regulación social de la belleza”. Esto producía una equivalencia entre hombres y mujeres que garantizaba la igualdad de resultados. En el fondo se trataba de combatir la belleza desigual, la lotería genética es caprichosa, así como las tendencias en los cánones de belleza; lo que hoy puede parecernos poco agraciado, antaño, quizás, era sinónimo de lindeza, y viceversa.
En cierto sentido, la domesticación de la belleza por medio de la alianza objetiva permitía a los menos agraciados evitar vivir sin pareja sexual (requisito sine qua non para la reproducción). Aun así, siempre ha habido todo tipo de rituales para mejorar la atracción sexual (cosa que parece contradictoria al limitar la oferta y la competencia entre individuos). Esta libertad se extrapola incluso hacia los diferentes tipos de matrimonios que se dan entre personas del mismo sexo, sorprendentemente (nótese el tono irónico), allí donde el Capitalismo triunfó es donde ha nacido la tolerancia respecto a la diversidad sexual.
Capitalismo y emancipación
Es lugar común escuchar que el modelo perpetúa una suerte de patriarcado que oprime sistemáticamente a las mujeres, esto daría para un artículo, libro o tesis doctoral aparte, pero de soslayo hay que señalarles a quienes sostienen dicha premisa que, precisamente, donde ha surgido la economía de mercado es donde han aparecido los movimientos emancipadores que, en origen, buscaban la isonomía entre sexos, es decir, la igualdad ante la ley. Otrora del advenimiento de la sociedad de mercado, a las mujeres se les confiscaba el poder de rechazar la relación sexual. Esta decisión venía decidida por individuos ajenos a las mismas.
Las primeras voces críticas con el matrimonio basado en el interés familiar o grupal datan de la segunda mitad del s.XVIII y se fundamentaban en el rechazo a la libre elección de los cónyuges. Fue precisamente la sociedad burguesa, esto es, la élite social, la que elogió a lo largo del s.XIX el matrimonio por inclinación, en contraposición al matrimonio por conveniencia.
La privatización del matrimonio
Este largo proceso histórico culmina con la Gran Guerra, en la cual, los matrimonios por mero interés de terceros empezaron a considerarse vergonzantes y tenderían, ulteriormente, a esconder su naturaleza. Tanto es así que lo que se empezó a considerar como relevante era encontrar, por uno mismo, sin intervención de un deus ex machina, a tu cónyuge. Este contexto es relativamente nuevo: la unión de dos personas por atracción genuina. Curiosamente, también se ha dado en los lugares donde se ha consolidado la economía de mercado. Correlación no implica causalidad, pero tampoco casualidad.
Por ende, la unión solía ser una cuestión de grupo-social, a partir de la consolidación de la libertad de elección, pasó a ser un asunto privado. La seducción se convirtió en un imperativo subjetivo para unirse, no así la objetividad (y el economicismo) que caracterizaban a todo lo precedente. La regulación exterior empezó a estar mal vista. De ahí que, el matrimonio forzado, a ojos de un occidental, sea sinónimo de barbarie. Representa una antinomia que no puede aceptarse en una sociedad individualista y humanista.
Banalización
No obstante, no debe deducirse que todo lo que envuelve a los cambios en materia sexual sean positivos en su conjunto y que no existan externalidades negativas que bien merecen ser atendidas con la debida diligencia. Por ejemplo, en los últimos 20 años, con la consolidación de Internet en la mayoría de los hogares del mundo, se ha producido una sobreestimulación y banalización del sexo. En un solo clic, un hombre y una mujer pueden tener acceso visual a millones de cuerpos desnudos, pornografía y en algunas aplicaciones, incluso conocer a potenciales partners sexuales. No hay precedente alguno a esto y pensar que no tendrá consecuencias es un planteamiento naive. Todo ello ha facilitado algo que durante milenios tenía un aura de privacidad, que estaba altamente regulado por el colectivo y que incorporaba toda una serie de rituales de apareamiento.
En la actualidad, todo está abierto, casi nada está prohibido[3], se puede dar rienda suelta a cualquier tipo de fetichismos sin demasiado estigma social. Esto es fruto de la desregularización en este ámbito. Por un lado, es encomiable que hoy las parejas elijan libremente a sus potenciales compañeros de vida, haciéndose cargo del peso de esa libertad, que, siempre, en todo lugar y en todo momento, va asociada a la responsabilidad individual. Desde luego que, viendo la tasa de divorcios en España (7/10 matrimonios acaban en ruptura[4]) y en la mayoría de los países occidentales, es fácil darse cuenta de que el paradigma implica riesgos y la asunción de costes considerables, pero, como decía Hayek, hay que ser dogmáticos en la defensa del valor supremo que debe regir la vida de los individuos: la libertad. Y esto lo afirmo con una congoja superlativa viendo cómo están las cosas.
¿Cuál es la alternativa?
Sea como fuere, las contradicciones culturales del Capitalismo, planteadas de forma brillante por Daniel Bell, se muestran más fieras que nunca, vivimos en la modernidad líquida, en el arquetipo del amor de usar y tirar[5], hipertrófico y banalizado. Pero, por más problemas que le veamos a las externalidades del modelo económico en materia de amor, vivimos en el mejor momento de la Historia humana. La época del flirteo, fenómeno datado en el s.XIX en los países anglosajones, es indisociable de la libertad de palabra, de la libertad de apariencia, movimiento, gesto y relación.
Si bien es cierto que todos estos fenómenos modifican la moral tradicional, otorgan una libertad que, ninguna mente, por muy anticapitalista que sea, es capaz de repudiar, ¿cuál es la alternativa?, ¿que el Politburó decida con quién vas a pasar el resto de tu vida?, ¿que tu familia decida quién es el mejor candidato para formalizar un matrimonio?, ¿o que tu religión te encadene a alguien per saecula saeculorum?, ni los más liberticidas gozarían, a día de hoy, oponerse a la libertad de elección. Entonces, presuponiendo que hay alguna moraleja en el artículo, esta sería que: si bien el sistema económico determina cómo nos relacionamos, el egoísmo y la hipergamia no es fruto de este, sino que ha sido un axioma indisociable da che mondo è mondo.
Bibliografía
Lipovetsky, G. (2020). Gustar y emocionar. Ensayo sobre la sociedad de seducción. Barcelona: Anagrama.
[1] Siempre es problemático establecer una fecha para su nacimiento.
[3] Estoy pensando en la pedofilia, que afortunadamente conlleva repercusiones legales nada desdeñables, aunque algunos intelectuales del “Mayo francés” la vieran como una opción sexual más.
Me envía un amigo el link de una charla celebrada en S/C de Tenerife sobre las consecuencias del Capitalismo Global1. Resalta mi amigo: “¿Zizeck en S. Cruz de Tenerife? ¡Nivelazo! Posiblemente el filósofo vivo más ‘influencer’. Dejó EEUU, para volver a Ljubljana. También intervino Miren Etxezarreta, economista vasca. Invito a leer dicha referencia que suscita mi reflexión que aquí comparto.
Miren E. afirma: “penetrar un poco en la profundidad de este mundo cruel que nos envuelve”. Me sorprende esta focalización situando en lo que nos envuelve (fuera de mí) la causa del mundo cruel, y también la exhortación de profundizar en eso que nos envuelve. Pone ejemplos: “como la pérdida de poder por parte de los Estados frente a las multinacionales, la prioridad de los intereses de esas grandes empresas frente al bienestar social, el deterioro de las condiciones laborales, la pérdida de derechos y el cambio climático, entre otras cuestiones” (M.E) señalándolo como consecuencia del Capitalismo Global.
Me pregunto ¿De verdad creen que El Estado, los Estados han perdido poder? Con un Gasto Público que es prácticamente la mitad del PIB y con más de un centenar de impuestos tal apelación es difícil de sostener. ¿Por qué estigmatiza al Capitalismo? ¿Por qué y cómo estigmatiza a las empresas y al capitalismo? Para ello mete/n, desde su coherencia ideológica, dos calificativos Global y Multinacionales. No, amigos, no me confunden, usan argumentos mimetizados de Marxismo Cultural campante ahora bajo otras banderías, siempre han hecho y dicho esto.
A Miren E. la comencé a escuchar con 22 años en la ULL, como visitante, y no cambia en su “profundidad”, sí en la estética superficial de su exposición, sigue anclada en la pugna, en la lucha de clases. No ha llegado al S.XXI, al tercer milenio. Y su perspectiva así queda: “auguró un futuro muy negro para los pueblos del mundo: “Nuestro destino es una distopía”. No obstante, también quiso lanzar un mensaje de esperanza: “Pero el destino se puede cambiar”. En este sentido, apeló a los jóvenes a emprender ese cambio pues, según dijo, son ellos quienes deben relevar a los adultos en la defensa de unos derechos que “a nuestros predecesores les costó años de lucha conquistar” “.
¿Les suena de algo? De verdad, me recuerda a la pretensión de fundamentar una “conciencia social colectiva” como la que mediante tutela política, desde las izquierdas, pretendían imponer en el sistema educativo español a través de la materia de Educación para la Ciudadanía (EpC)2. Me suena también al uso de los jóvenes en el sistema educativo catalán desde el nacionalismo e independentismo, justificando los “CDR”. ¿Y qué propone para vender su nueva novedad? “núcleos de lucha”. La intelectual guipuzcoana considera conveniente que la gente cree pequeños “núcleos de lucha” que a su vez estén conectados con otros a modo de red y que respondan a una reivindicación específica para conseguir avances en ese ámbito concreto de la sociedad.
No me parecería mal en principio. ¡Siempre han habido espontáneos o organizados “núcleos de lucha” y más en el mismo capitalismo en Estados democráticos. Pero hay en ello también posibles peligros. ¿Al dictado de quién se invita a la movilización? ¿Del Estado totalitario, paternalista o benefactor, o del Estado apoyado en una mayoría suficiente que usa y abusa de los individuos al colectivizarlos? ¿O se plantea la posibilidad de que las personas, individuos, se movilicen en defensa de sus respectivos intereses? Esto último sería bueno. Dejar a cada quién ser quien es y proceda en libertad sujeto a las restricciones que operen tanto endógenas como exógenas. Esto es lo que permite, defiende y sustenta el sistema capitalista y busca, vía intercambio voluntario, el mejor de los resultados alcanzable mediante acuerdos. Pero la pretensión tutelante pública es y puede ser muy peligrosa. Yo no apoyaría tal pretensión tutelante impuesta por fundamento ideológico político, adoctrinamientos ni de izquierdas ni de derechas, ni de delante, ni de atrás, ni de arriba, ni de abajo.
En cuanto a Zizeck3 no lo conocía. Pero, permítanme, me gusta cómo entra. Como me percaté después avisado por mi amigo, es muy inteligente el filósofo, “provoca y se hace el tonto”. Cuestiona Zizeck: “¿Tiene el capitalismo global un oponente fuerte que realmente le impida reproducirse de forma indefinida?”. Fue ahí cuando el filósofo esloveno lanzó una crítica contra los que denominó “izquierdistas”, esos que “defienden más justicia para los homosexuales, más tolerancia, más feminismo, pero básicamente aceptando las coordenadas del sistema”. Generando derechos, muchos espurios al no estar soportados en deberes que los hagan factibles, sostenibles.
¿A qué apelaba Zizeck? me preguntaba. Criticó a las Izquierdas que aceptan las coordenadas del sistema. Todas las izquierdas democráticas aceptan, han aceptado y aceptarán las coordenadas y las reglas de juego, del sistema Capitalista porque es de él de dónde ‘chupan, succionan’. Donde se nutren con ciertas garantías. Sin duda, mayores garantías de las que se tienen en cualquier otro sistema económico. En este sentido creo que Zizeck, sin decirlo, le mete un ‘zasca’ a todas las izquierdas democráticas. ¿Pero qué defiende, qué pretende entonces este “filósofo de izquierdas”? ¡Me sorprende este calificativo para un filósofo!
Se desmarca del sistema y comienza a despreciarlo “adulándolo” y dándole atributos personales: “Al sistema lo calificó como “muy inteligente” pues, según dijo, “es capaz de hacernos sentir responsables de los problemas que él mismo genera en el mundo”, mientras nos ofrece una “salida rápida” a dichos problemas. Y se mete con el reciclado y la ecología …. Zizeck utiliza como recurso la personalización del mecanismo de mercado: “destacó también la “astucia” del mercado para ganar dinero” cuando en realidad el mercado no tiene nada de astuto, si alguien es astuto son las personas que en él concurren, sean empresarios, oferentes, o consumidores, demandantes. Esto, dice, lo hace el mercado ¡apelando a nuestra sensibilidad! ¡Qué cosas dice¡ el mercado no apela, son los unos y los otros los que apelan según las sensibilidades que unos y otros tengan (elasticidades,…).
Pero en su empeño por hacer caer al mejor de los mecanismos para asignar bienes y recursos, el mercado, resulta que lo estigmatiza/n hasta pretender culpabilizarlo y culpabilizar con el mercado al sistema económico capitalista que tanto nutre a propios y extraños. Esto es lo que pretende. Y ‘sin cortarse un pelo’ dice su chiste: “”Recuerdo entrar a un Starbucks en Estados Unidos y ver un cartel de responsabilidad social que decía ‘Sí, nuestro café es más caro, pero un tanto por ciento del precio de tu café va destinado a reforestar bosques en Guatemala’, o algo así. ¡Eso es ingenio!”, espetó. Según él, el mensaje que nos manda la empresa responde a una ideología: “Sé un consumista con nosotros y tu responsabilidad social estará incluida en el precio del producto””. ¿Saben? Esto mismo es lo que defiende nada menos que la autodenominada y biensonante “Economía del Bien Común”, del “famoso bailarín” Christian Felber4. Otro iluminado exponente creo del “marxismo cultural”. Un posible peligro, creo, cuando sus pretensiones apuntan a intervencionismos que van creo más allá de estrategias de diferenciación de productos.
Por otros puntos pasa Zizeck desde el burladero del crítico que creo no torea, ni sabe torear, ni producir, ni dar pan, ni trigo, sólo critica, quizá como yo mismo criticándolos a ellos, a los de izquierdas ardientes de novedades siempre arcaicas. Pasa Zizeck por el trato de Occidente a El Congo, por nuestros pobres vs refugiados, por su interés sobre lo que ocurre en sus países de origen. ¿Qué es lo que no hay allí en tales países y no se para en reconocerlo? No hay capitalismo, ni global, ni territorial, ni parcial. Esa es fundamentalmente su verdadera carencia, la causa fundamental de su pobreza. Pero de eso ni trata, pasa por el listado de pecados de Occidente, mortales y veniales, focalizando siempre al capitalismo como culpable y, concretando, siempre apunta a los otros como culpables, a los demás. Pregunto: ¿También criticará a los que no son, ni están en lo conocido como Occidente, como pueden ser China con su capitalismo monopolista marxista, Corea del Norte, Rusia…?
Creo que todos y cada uno debemos ser conscientes de no poder ser el primero en tirarle la primera piedra a ‘la prostituta’, en este caso al considerado ‘prostituido’ o despreciado sistema capitalista parcial o global. Lo que ocurre es que desde la “ejemplaridad” de la izquierda se tiran piedras y dardos contra el mejor ‘”sistema económico” productor y reproductivo que ha existido. Y ello, sin ofrecer alternativa alguna de producción y crecimiento.
Permítanme mi contra crítica, ¡cuidado con los precipicios!, destino seguro y carísimo de los experimentos de la ingeniería social de las autodenominadas nuevas fuerzas del cambio que, desde siempre, desde muy antiguo, apelan a la tierna juventud en sus soflamas para nutrirse y succionar en caladeros que se critican pero que no fallan en la producción de bienes y servicios. Allá ellos.
Me dice mi muy ilustre amigo J.A. Ribas y compañero de colegio:
“Estimado J.M. Como no hay peor desconsideración que pasar de alguien antes que disentir, y sin vocación de soflama alguna, pregunto: “¿En serio, crees que el actual capitalismo es el mejor sistema posible? ¿En serio crees que cada vez estamos mejor y que los cachorros vivirán mejor que sus padres?, ¿Cómo puedes sostener teóricamente esos agujeros negros de extracción financiera que son los paraísos fiscales?, ¿Cómo se puede sostener el muy obsceno aumento de las desigualdades bajo una moral de amor al otro como Hermano? Finalmente, ¿tu qué propones, ya que los otros no te convencen? Es simplemente por saberlo. Pdta. S. Zizeck, aparte de muy mediático, que lo es, posiblemente sea de los tipos que más saben. Es el listo que juega a provocar y a hacerse el tonto. Por cierto, represaliado en Yugoeslavia, cuando lo era. Su tochazo sobre Hegel, es insuperable. A su lado, los Bauman o el coreano de moda … Abrzs “.
Mi respuesta a mi amigo5, la extracto aquí corregida.
1. “¿En serio, crees que el actual capitalismo es el mejor sistema posible?” Sí, ha sido y es, sin duda, el mejor sistema económico conocido y el mismo, como todo, ha ido evolucionando. Claro es que siempre, en su dinámica, cada agente (privados y públicos tanto a nivel nacional como internacional) tiene sus pautas estables de comportamientos y en sus decisiones, claro que pueden haber errores, fallos e incluso comportamientos “golfos” y, por tanto, por propia Acción Humana, todos y cada uno, se aplican, se autocorrigen y corrigen, unos a otros, en procesos de toma de decisiones tremendamente interdependientes. Los errores y fallos los tienen las personas y, consecuentemente, aparecen en el sistema económico, sea el que sea, siempre los sistemas adolecen como consecuencias de las conductas. Consecuencias: Hay Fallos de Mercado y Fallos de Estado y, consecuentemente, hay que considerar todo ello para seguir intentando mejorar.
2. “¿En serio crees que cada vez estamos mejor y que los cachorros vivirán mejor que sus padres? Sí. Si miro para atrás en el tiempo, en la historia, lo confirmo. ¿Las amenazas potenciales y al parecer ya reales hoy de dónde vienen? Las atisbo como más probable viniendo no de occidente. Ya hoy las veo patentes en Rusia, Corea, China… Siguiendo con mi respuesta. Si miro para adelante confío en que cada generación, como todas las anteriores, sabrá optimizar sus objetivos sujetos a las restricciones de escasez (de recursos) que disfruten o padezcan (es lo mismo). Sabrán ajustarse. Y ello se logrará con mejores resultados en una Economía de Mercado donde las tecnologías con el capital, el trabajo y los recursos en materias primas y energéticos actúan como factores cooperantes, operen no en términos de pugna. Y ello sin apelar al buenismo, al voluntarismo y al intervencionismo. El discurso de la izquierda de la pugna y ‘lucha de clases’ está caduco, tieso, en el tercer milenio.
3.”¿Cómo puedes sostener teóricamente esos agujeros negros de extracción financiera que son los paraísos fiscales? ¿Cómo se puede sostener el muy obsceno aumento de las desigualdades bajo una moral de amor al otro como Hermano?”. Querido J.A. has unido hábil y sutilmente dos preguntas, sin duda, muy asociadas en su tratamiento al grado de amor al otro como Hermano, al tratamiento moral. ¡Cómo me vas conociendo amigo! ¡Sólo leyéndonos, querido J.A.! ¡Qué poco nos vemos! De hecho, nada.
Estoy también perplejo por la evolución humana y de los mismos sistemas económicos bajo el prisma Relativista donde la moral puede soslayarse. Como se soslaya ya no sólo la Fe sino también la Razón y la racionalidad de los individuos cuando éstas chocan con los fines de alguna parte que se arroga el poder imponerse en cualesquiera de los órdenes o imponer precios y cantidades a su antojo como si ello fuera posible. Y presumen y lo prometen, pero en absoluto pueden lograrlo sin las consecuencias de las reacciones de los demás agentes ante las acciones de política económica y social que implementan.
Muchas personas, en los diversos sistemas, con mayor o menor posibilidad actúan y deciden como ‘si Dios no existiera’ y esto en cualquiera de los sistemas económicos y sociales genera muchos problemas morales en sus prácticas. Y, sin duda, ello es fuente de debilidad, no del sistema, sino del hombre o la mujer endiosado/a en su arrogancia que actúa dentro del sistema. Con todo, insisto y constato, el sistema capitalista de mercado con el ejercicio del libre albedrío ha sido y es el que mayores logros alcanza en renta, actividad económica, empleo y bienestar6.
Concretando ahora respuesta a tus dos preguntas te digo sin drama. Veo que no te gustan los paraísos fiscales. Tampoco a mí. Tú los consideras “agujeros negros de extracción financiera” (suena terrible). ¿Pero porqué existen? No por el sistema capitalista, no por el mercado, en absoluto. Existen por la “arrogancia”, voluntarismo o intervencionismo fiscal de los Estados generando una presión fiscal desestimuladora de la actividad productiva, del ahorro, del trabajo, del empleo, de tener hijos, de cotizar por las pensiones…
Te garantizo que reduciendo la presión fiscal los paraísos fiscales se desvanecen. También los paraísos fiscales se fundan en las arrogancias políticas de los propios políticos en el ejercicio de su poder legislativo y ejecutivo y ello dentro del ordenamiento jurídico de nuestras democracias modernas. ¿Quieres saber de una? muy cercana, una Zona Off Shore. Aquí con gran sutilidad el relativismo usa eufemismos, pero es mire cómo se mire, un posible ‘paraíso fiscal’, ¿acreditado? sí, ¿aprobado? sí, ¿vendido hasta como reputado y merecido? Sí. ¿Te lo digo? El REF de Canarias con su ZEC. También tengo que decir en este “cabalgar contradicciones de la vida” que entiendo cómo un consejero del gobierno de Canarias y/o diputado nacional, o ministro del gobierno de España intentaría justificar estos mecanismos con la condición de región ultraperiférica.
¿Quieres otros ejemplos de intervencionismo? Los aranceles de la UE a su exterior, sus subsidios y ayudas a los residentes europeos, tampoco me saldría de la UE. ¿Quieres otra? La protección vía precio y subvención del plátano canario, ¿Quieres más ejemplos? La protección del monopolio del Taxi, … Pregunto ahora: ¿Son estos ejemplos según la progresía desde las izquierdas, estos casos “agujeros negros de extracción financiera”? Muchos comenzarían a utilizar múltiples eufemismos para disimularlo. Pero míralo como lo mires, Sí J.A. son “arrogancias”, barreras, “muros”. Sin duda, pero no son causados por el sistema capitalista, ni por el mercado. No te engañen. Son las arrogancias derivadas del relativismo, del intervencionismo, del voluntarismo impuesto desde los agentes:
A) con ‘poder de mercado’ en el mercado de bienes y servicios fijando precios, bien por medio de monopolistas o del Estado fijando precios máximos o precios mínimos diferentes a los de equilibrio de mercado bajo competencia,
B) con ‘poder de mercado’ en el mercado de trabajo fijando salarios rígidos a la baja por medio de Sindicatos o por El Estado con salarios rígidos o salarios mínimos interprofesionales, s.m.i., o bien mediante salarios de eficiencia, beneficiando a los que queden ocupados pero perjudicando a los que resulten parados,
C) con ‘poder de mercado’ en los mercados financieros fijando tipos de interés y racionando el crédito por medio de coaliciones financieras, por participación pública en el sistema financiero (ex cajas de ahorro), por “la reserva fraccionaria” del BCE expandiendo la oferta monetaria para bajar artificialmente los tipos de interés.
Todo esto no son críticas al sistema capitalista ni global, ni territorial, ni parcial. Estos son usos y abusos de los agentes protagonistas, sobre todo de los desorientados políticos en los respectivos poderes ejecutivos y legislativo en su ardiente afán de novedades, llevando a cabo acciones que han tenido, tienen y tendrán sus correspondientes reacciones en este nuestro mundo económico tan interdependiente.
Todo este Análisis va con sus correspondientes “procesos dinámicos sociales”7 con sus efectos multiplicadores. ¡No te engañen!
4. Por último me das la vez y dices: “Finalmente, ¿tu qué propones, ya que los otros no te convencen? Es simplemente por saberlo”.
Pues sin mucho entusiasmo, ya que reconozco que es muy escasa la demanda de mi pensamiento, te digo:
En primer lugar, ¿de qué otros sistemas debiera haber quedado convencido? ¿Acaso tú y todos no están absolutamente convencidos de que el socialismo y el marxismo, sin eufemismos, han tenido y tienen menos alcance? ¿Tengo que demostrarlo?
En segundo lugar, mi propuesta:
1. Me quedo, aún con sus “reparos”, con el sistema capitalista y su referentemente en una economía de mercado competitiva.
2. La competitividad está mal entendida, vituperada, despreciada, en el mundo de progresía, de las izquierdas, de las autodenominadas nuevas fuerzas del cambio. También se malentiende o desprecia entre las perspectivas buenistas y voluntaristas. Pero insisto, es el gran asidero para la eficiencia. Esto es, para combatir sin tregua el despilfarro, en definitiva, para combatir el paro. A esto vocacionalmente se apuntan todos los sistemas económicos, pero sin la competencia no lo logra ningún sistema porque no lo logra nadie. Los teoremas de equilibrio general y la praxeología8 lo confirman. Toda solución competitiva es más eficiente porque los precios son más bajos, mayores son las compraventas; y, consecuentemente, se logran mayores niveles de empleo que en las soluciones no competitivas amparadas en prebendas y concesiones para alguna de las partes, por ‘chollitos y chiringuitos’ bien por barreras de entradas, precios monopolísticos, precios máximos o mínimos según el criterio y el clientelismo político del gobernante de turno, impuestos y/o subvenciones a destajo.
3. Yo sí creo que es crucial, vital, un rearme moral de las personas, organizaciones e instituciones. A mí me gustaría hablar de realmarse más que rearmarse. ¿Cómo? Eso lo tiene que decidir cada uno en su libre albedrío. Para mí este es creo el punto crucial, junto a los atributos del sistema económico de mercado para la verosimilitud del futuro factible en el que se desenvolverán o no las siguientes generaciones (Overlapping generations, el mantenimiento de las pensiones, el mantenimiento demográfico,)
Quizá la máxima de exigir creer en Dios sea excesiva para los que no creen. Yo lo puedo comprender. También es verdad que tan difícil, en principio, es creer en Dios como en no Creer. ¡El cientifismo llega hasta negar el libre albedrío y “comulgar” con el determinismo!9¡Qué cosas! Gentes que no creen en Dios y en cambio creen en el determinismo. En que todo está predeterminado. Ya está decidido lo que va a ocurrir ¡Y todo ello sin Dios! ¡Qué cosas! La verdad, es que creer en esto apoyado en la Ciencia y en la sola Razón me parece más difícil. Mi reflexión en esto se autorregula, se pondera, apoyándose en el imperativo categórico kantiano y en la exhortación del mismo Immanuel Kant que invitaba a ” ser tú”, sin tutela alguna, a coger en peso tu propia historia, viviendo tu libertad en su respectivo grado por estar sujeta a las correspondientes restricciones que cada quien padece en la vida. Así, por tanto, condición necesaria para el mejor de los logros es esta máxima: ‘Haz lo que quieras y puedas’ pero ‘no hagas al otro lo que no quieras que te hagan a tí’. Resumidamente: ‘Ama y haz lo que quieras’. Descartes, mucho antes, dijo “cogito ergo sum’. Efectivamente la gente piensa y es. En mi barrio decimos, en el mejor de los sentidos: “aquí el que no corre vuela”.
Cuando discierno sobre esto como católico me admiro viendo cómo el mismo pasado, presente y futuro de Occidente, el Renacimiento, La Ilustración, como hasta La Igualdad, La Libertad y La Fraternidad de la misma Revolución Francesa hunden sus raíces en los Clásicos, sin saltarse la Edad Media, falsamente motejada como oscura, y entronca con El Evangelio y las tradiciones judeocristiana y grecorromana, como afirmó S. Juan Pablo II en el libro ‘cruzando el umbral de la esperanza’. Invito pues a contrastarlo. Me angustia apreciar cómo la persona en muchas ocasiones ha perdido y pierde este oriente. Hay mucha gente sin un sentido existencial ni trascendente y también creo que cuesta mucho verlo desde el agnosticismo y desde el ateísmo existente en la izquierda y también en la derecha. Pues veo cómo se impone esta cosmovisión dominante ya desde finales del S.XX y tremendamente en el tercer milenio: “etsi Deus non daretur” (vivir como si Dios no existiera). Me angustia porque aprecio que si se vive sin ver a Dios en el prójimo es más probable que se pretenda vivir sin ver ni amar al otro ni a uno mismo. Y cuando esto se generaliza, quizá desde la inconsciencia de que el otro para el otro es siempre uno mismo, la cosa puede acabar mal o peor para todos y cada uno. Por ello es urgente realmarse y es necesario hasta una nueva evangelización que ayude a la persona y, con ello ,a mejorar los logros del sistema económico de mercado como sistema de mayor alcance en la generación de actividad económica, riqueza, empleo y su redistribución.
Es verdad que desde la Doctrina Social de La Iglesia (D.S.I ) el liberalismo o capitalismo, el socialismo y comunismo también reciben sus reparos, aunque no es el mismo10. “El socialismo y el comunismo tiene muy serios reparos porque son un sistema ideológico contrario a la revelación cristiana…una concepción de cómo tendría que funcionar la humanidad e intentan llevarlo a la realidad imponiéndolo, quitando la libertad. Pues priva a la persona de su libertad en “beneficio” de la colectividad e imponiéndole la renuncia a toda aspiración a la trascendencia, la encierra en una perspectiva terrena y dirigida”. Respecto al capitalismo, la Iglesia hace una distinción. S.Juan Pablo II, en CA dice: ” Si por capitalismo se entiende el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada, y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva….Pero si por capitalismo se entiende un sistema en el cual la libertad en el ámbito económico no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa ” (CA 42 b.)11. Aprecia El Magisterio, por tanto, su mejor consideración del capitalismo planteando la necesidad de que tenga “un sólido contexto jurídico” que preserve la libertad humana integral humana de los agentes, de todos y cada uno.
Concluyo. Esta es mi propuesta ponderada. Me quedo, aún con sus “reparos”, con el sistema capitalista y su referente en una economía de mercado competitiva. La competencia es el gran asidero para la eficiencia. Los teoremas de equilibrio general y la praxeología lo confirman. Por último, sí creo que es crucial, vital, un rearme moral de las personas, organizaciones e instituciones. A mí me gustaría hablar, y más en estos tiempos de drama y guerra, de realmarse más que rearmarse. La comparto con este artículo. Propuesta no sustentada sólo en la Fe sino también en la Razón, integrando lo que en el hombre hay. No soy ni ingenuo, ni buenista, ni voluntarista. Soy un hombre racional, católico, español y economista.
Referencias Bibliográficas:
Encíclica Centesimus Annus (1991)
Felber C. (2015), Economía del bien Común. Deusto A. Ediciones. Barcelona.
González Pérez J.M. (2005), Economía Política, Participación e Interdependencia. La cuestión social. Ed. GEU. Colección Económicas y Empresariales. Granada. Apendice: “La cuestión social”. Valores y contravalores en un mundo en permanente cambio, interdependencia, participación economía y política desde la Doctrina Social de La Iglesia.
González Pérez J.M. (2016) Tarea de unos padres. Educación en valores. Nivaria Theologica. NTh, nº23. ISTIC, Tenerife.
7 Véase Von Mises L. ((1960, ed. 2015), Estudio preliminar por Huerta de Soto Jesús pp. xxi-lxxiv. Más concretamente pág. xliv ‘La economía como teoría de los procesos sociales dinámicos.
8 Véase Von Mises L. ((1960, ed. 2015), pp. 1, 24, 40, 93, 119.
9 Véase Sánchez Molinero (2015) 1. Introducción y 2.Critica al materialismo pp.36-62. Dawkins, Dennett, Kane, el libre albedrio, Hawking,…
10 Véase González Pérez J.M. (2005), pp. 341, 342 y véase González Pérez J.M. (2021), IJM, Análisis Diarios, 17.6.2021.
Antes de analizar el uso del término «capitalismo» aclaremos su triple significado. Desde un punto de vista libre de juicios de valor —wertfrei— el capitalismo moderno es un sistema de producción, fruto del ahorro y la inversión en bienes de capital: fábricas, máquinas, herramientas, programas informáticos, etc. Todas las sociedades, en mayor o menor medida, emplean bienes de capital, pero la capitalista lo hace de forma masiva debido a la acumulación de capital durante un prolongado periodo de tiempo.
Desde un punto de vista marxista, se acusa al capitalismo de ser sistema de producción conflictivo e injusto, basado en «la explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del obrero por el capitalismo» (Marx, 2008: 137). Supuestamente, los dueños del capital —capitalistas y burgueses— explotan a sus empleados —proletarios— robándoles una parte de lo producido: la plusvalía. Marx revistió su teoría de un halo «científico» empleando fórmulas y expedientes matemáticos. La refutación de la teoría de la explotación, realizada por Böhm-Bawerk (Huerta de Soto, 2010: 101-201) en 1884, no pudo evitar la calamitosa expansión del marxismo en el mundo.
En tercer lugar, por capitalismo entendemos un sistema institucional —económico y jurídico— que reconoce la propiedad privada del capital y de los medios de producción, así como la libertad de mercado. El capitalismo, así entendido, es una institución ética que proporciona los más altos niveles de vida a la población, sin embargo, son muchos los que todavía se adhieren a la tesis marxista. El lenguaje económico ha sido y sigue siendo un campo de batalla entre los defensores y detractores del capitalismo.
Capitalismo anárquico
Los marxistas vieron en el capitalismo la «anarquía reinante en la producción» (Marx y Engels, 2013: 81). Creían que un sistema descentralizado y espontáneo —anárquico— debía ser necesariamente reemplazado por otro racional dirigido por un sesudo órgano de planificación central. Sin embargo, planificación y capitalismo no son excluyentes. Cada organización y cada individuo planifica sus acciones: persigue fines empleando los medios que considera óptimos.
Capitalismo de amiguetes
También conocido como crony capitalism. Es una expresión bastante acertada pues es notoria la afición de las grandes corporaciones de influir en los legisladores. Los «empresaurios» acuden a los políticos para obtener privilegios como impedir la competencia. Como no pueden deshacerse fácilmente de las inversiones realizadas en máquinas más antiguas, en lugar de encajar deportivamente la reducción de sus ventas, acuden a los políticos para mantener sus beneficios. Al igual que sus cómplices en el gobierno, son una lacra social y obtienen rentas ilícitas a expensas de los consumidores.
El capitalismo mata
Todo tipo de malos augurios se han hecho sobre el capitalismo. «El apocalipsis lo causará el capitalismo, no las máquinas», dijo Stephen Hawking. «La ciencia y la tecnología deben estar al servicio de toda la humanidad sin injerencia de las grandes corporaciones y la cúpula empresarial», dijo Nikola Tesla. «Solo el socialismo salvará a la humanidad», dijo Albert Einstein (Mayo Von Höltz II). Más recientemente los agoreros del cambio climático afirman que si no acabamos con el capitalismo, éste acabará con el planeta. Nunca estas profecías, de corte marxista, se han cumplido. Aún así se van renovando con nuevos escenarios a cuál más tenebroso.
El Papa Francisco es tristemente célebre por sus diatribas contra el capitalismo. En su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio) leemos estas perlas (53) «Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata». El Papa repite el error de las analogías biológicas (el pez grande se come al pez chico) al afirmar: «Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil». Y sigue (56): «Se instaura una tiranía invisible», etc. La ignorancia que exhibe el Papa, siendo lego en economía, es admisible, pero no es sensato realizar furibundas afirmaciones en una materia desconocida. Más preocupante es su desconocimiento de la dimensión ética del capitalismo, reconocida por su antecesor Juan Pablo II y por eminentes economistas austriacos como Hayek, Kirzner y Huerta de Soto (2021: 17).
Capitalismo y ludismo
Desde los orígenes del capitalismo sus enemigos han visto en las máquinas el origen del desempleo. Toda innovación y automatización del trabajo ha sido atacada por políticos, sindicatos, periodistas y afectados directos de los cambios. Un ejemplo es llamar «desatendidas» las gasolineras autoservicio, que están tan «desatendidas» como los cajeros automáticos o las máquinas expendedoras (tabaco, alimentos, bebidas). Los negocios autoservicio están perfectamente atendidos por la cuenta que les trae a sus dueños. Un análisis más reflexivo, paradójicamente, invierte la lógica del presunto «desatendimiento». Situados del lado de los consumidores, son precisamente los dispensadores automáticos los que satisfacen necesidades antes no cubiertas durante la noche, días festivos y en otras circunstancias donde no es rentable tener empleados.
Capitalismo salvaje
El adjetivo salvaje ha sido muy empleado para denigrar al capitalismo. Sin embargo, los animales salvajes y las tribus de humanos desconocen el capitalismo. La realidad es justo la contraria. El capitalismo ha hecho posible el tránsito del hombre salvaje al hombre civilizado, de la sociedad tribal a la sociedad abierta. No hay nada «salvaje» en el sistema capitalista. En el mercado no se libra una lucha a muerte por la supervivencia, sino la pacífica cooperación a través de la división del trabajo (Mises, 2011: 174).
Destrucción creadora
Según Joseph A. Schumpeter en el sistema capitalista el empresario que innova crea lo nuevo y destruye lo antiguo. Este proceso de destrucción creadora constituye el hecho esencial del capitalismo (Schumpeter, 1997: 120). Debemos criticar esta metáfora por la connotación violenta del término «destrucción». El empresario que innova no destruye nada, sino que vuelve obsoletos otros bienes, industrias o formas de producción. Por ejemplo, el correo electrónico no destruye al fax, ni el whatsapp destruye a la mensajería SMS. El reemplazo tecnológico e industrial que se produce incesantemente en el mercado es pacífico y nada tiene de destructivo.
Bibliografía
Huerta de Soto, J. (2010). Lecturas de economía política III. Madrid: Unión Editorial.
Huerta de Soto, J. (2021). «Socialismo, corrupción ética y economía de mercado». Cuadernos para el Avance de la Libertad, Nº 7. Madrid: Unión Editorial.
Marx, K. (2008). El capital (I). Biblioteca virtual.
Marx, K. y Engels, F. (2013) [1848]. El manifiesto Comunista. Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas. Schumpeter, J. (1997). Teoría del desenvolvimiento económico. FCE.
En las redes circulan ‘opiniones’ identificando al catolicismo con el socialismo y marxism0 y al protestantismo con el capitalismo. La raíz de este planteamiento dicotómico representada en la imagen es frívola y falsa. Un atrevimiento. A mí me entristece. Aunque puede haber de todo en ‘las viñas’. En ambos contextos religiosos, en su perspectiva más material y social, ha habido y hay un gran caudal de pensamiento y de personas directamente contrario/as, y ponen reparos, al socialismo y al marxismo. Y no es igual, no es así respecto al capitalismo. Respecto a ésta forma de sistema socio económico la posición es más favorable o menor la entidad de los reparos.
Los Papas se han pronunciado respecto al liberalismo, capitalismo y al socialismo y comunismo. Ambos sistemas reciben sus reparos, aunque no es el mismo.
El socialismo y el comunismo real recibe la condena con Pio XI en 1931, en QA (117, 120), pero mucho antes ya el papa Pio IX en 1849 en (Nn 17) y en 1846 (QP), antes de que Marx sacara su manifiesto comunista en 1948, había advertido respecto estos sistemas. El socialismo y el comunismo real tienen muy serios reparos porque son un sistema ideológico contrario a la revelación cristiana, es decir, como sistema ideológico se trata de una concepción de cómo tendría que funcionar la humanidad e intentan llevarlo a la realidad imponiéndolo, quitando la libertad. Pues priva a la persona de su libertad en “beneficio” de la colectividad e imponiéndole la renuncia a toda aspiración a la trascendencia, la encierra en una perspectiva terrena y dirigida. ¿Se sostiene el ‘beneficio” colectivo privando a la persona de su libertad? Pues creo que no, ni eso, ni el beneficio individual, ni el colectivo. No existió, no existe ni existirá “el paraíso terrenal” comunista prometido por Marx. Su profecía se ha revelado falsa por ser un sistema insostenible y empobrecedor ya a corto y medio plazo, aunque por la fuerza haya sido mantenido en el tiempo con sus nefastas consecuencias medibles.
Respecto al capitalismo y la economía de mercado la iglesia hace una distinción. El papa Juan Pablo II en (CA 42b) dice: “Si por capitalismo se entiende el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva… Pero si por capitalismo se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa.” Mi impresión valorativa sigue la relación entre libertad, justicia, economía y política. La justicia debe cuidar a la libertad y la economía debe cuidar de la correcta política. Aunque a veces se descuidan.
Por otro lado, apreciamos cuando leemos a los primeros ‘economistas’, incluso anteriores a A. Smith, de la Escuela de Salamanca, como el historiador sacerdote Juan de Mariana (1536-1624), o al mismo A. Smith que escribió ‘la teoría de los sentimientos morales’ además de ‘la riqueza de las naciones’, cuando leemos a Mises en la Acción Humana, cuando leemos a León XIII en la RN, tratando `la cuestión social` no argumentan en términos de pugna mutua (lucha de clases), sino mediante la interdependencia entre agentes libres y distintos, con objetivos distintos, sujetos a restricciones endógenas y exógenas de manera que van actuando y van, vamos, tomando decisiones en búsqueda de acuerdos que se plasman en intercambios voluntarios, no impuestos.
En el marxismo las decisiones en cantidades y precios no las determinan las interacciones voluntarias entre personas libres buscando optimizar sus objetivos. Los objetivos los definen desde la imposición planificada centralmente desde lo público, en planes anuales o quinquenales, … Un trágala atroz. La persona es un factor, como persona, individuo, libre e integral no existe, su función es la de factor de producción. ‘El hombre queda reducido así a una serie de relaciones sociales, desapareciendo el concepto de persona como sujeto autónomo de decisión moral’ (CA, 13), S. Juan Pablo II.
Por otro lado, en el socialismo, aunque no haya planificación central, existe una multitud de intervenciones gubernamentales en los mercados. Estas intervenciones intentan o pretenden mejoras sociales estableciendo precios máximos o precios mínimos, regulando salarios, los precios de la energía, de materias primas, los tipos de interés, dando subvenciones a diversas industrias o grupos sociales, recargos o bonificaciones fiscales, etc.; así como recurriendo de forma permanente, con ávida adicción, al déficit público, lo que normalmente conlleva un crecimiento continuo de la deuda pública.
Estas políticas y reacciones de los agentes, sean tomadas por católicos o por protestantes, normalmente generan ineficiencias plasmadas en una menor actividad socio económica, aumentan el paro y reducen la riqueza.
La causa primigenia de ello no son las creencias religiosas, ciertamente coincidente con sus matices entre ambas lecturas dentro del cristianismo. Es la pretensión de fijar los precios de los bienes de manera discrecional por los gobiernos y la reacción espontánea de los agentes económicos a estas medidas.
Éste es el punto, muchos políticos y no políticos afirman que lo que hace falta es “voluntad política”, que con voluntad política “sí se puede”, y con estos eslóganes logran seducir a muchas personas. Los ‘fallos del Estado’ suelen ser mucho más graves que los ‘fallos de mercado’.
Ciertamente el sector público cobró mucho protagonismo tras la crisis de demanda que siguió al crack de 1929. En dicha crisis muchos creyeron ver la constatación del fin del “modo de producción” capitalista profetizado por Marx. Pero este fin no se produjo. Siguiendo la “orientación” de JM Keynes, el sector público ha cobrado con el tiempo un protagonismo tremendo, no sólo por su actividad legislativa en materia económica sino por su implicación directa en la producción de bienes y servicios y la cuantía del gasto. Aquella crisis de demanda fue resuelta en una economía en la que el sector público tenía un peso raquítico en comparación con el privado. En una crisis de esta clase se podría entender el tirón desde el sector público, pero el margen de maniobra de este sector merma por “asfixia” conforme crece su proporción en el PIB, porque la financiación del mismo puede “apabullar” y “sofocar” al sector privado, que es la fuente de financiación de todo lo público. Esto lo sabemos desde la economía, pero desde la política pueden intentar ignorar esta restricción apelando a la “voluntad política” y a los bolsillos y patrimonios ajenos. Todos somos conscientes de la cada vez menor laxitud de las restricciones derivadas de la escasez de recursos financieros, nos percatamos por la evolución de las primas de riesgo de la deuda soberana acumulada, que ya alcanza un 120% del PIB anual. Resultado derivado de la crisis de confianza en las instituciones financieras.
Bajo el capitalismo y el mercado, de bienes y servicios, de trabajo, de activos financieros (dinero, bonos y divisas), ¿es verdad que las cosas fluyen de mejor manera? Desde luego el mercado como mecanismo de asignación de recursos, como mecanismo de búsqueda de los acuerdos de intercambio voluntario entre personas libres, es la mejor de las garantías entre los experimentos llevados a cabo. Si yo tuviera responsabilidades políticas y le dijera una mañana a mi esposa: ¡lo tengo decidido, voy a fijar los precios y las cantidades de todos los bienes, servicios y factores! Su respuesta sería, con toda firmeza, ¡’loco, tú hoy no sales a la calle’! Las posibilidades de los mercados son indudablemente superiores a las asignaciones a dedo por colas o por racionamiento, aunque siempre hay que estar pendientes por si se producen conflictos entre los objetivos de libertad y justicia y las “leyes” de la economía y la política. Tenemos que estar atentos, como indica la encíclica de Juan Pablo II (CA 42b), en el cuidado de “un sólido contexto jurídico al servicio de la libertad humana integral…”
En esta clase de conflictos tienen un protagonismo especial las connivencias entre empresas y gobiernos, entre los que dirigen las grandes empresas y los políticos en connivencia, sobre todo cuando se trata de empresas con ‘poder de mercado’. En el arte de la economía y la política no debe haber margen para la ingenuidad. Y en la imagen que aparece al principio de este artículo hay mucha ingenuidad y estupidez con doblez de intención. Se necesita una gestión en la que cada quien tenga el arte y la sensibilidad de ver ‘la belleza’ del otro. No en vano, el otro para el otro soy yo. Y la verdad es que reconozco, como indiqué, que si la justicia cuida de la libertad y la economía cuida de la política las cosas marchan mejor.
En un debate me indicó un conocido, “estoy muy de acuerdo con usted. Pero cuando el papa era Juan Pablo II creo que nadie osaría poner ese símbolo de la imagen, Francisco y su discurso, ese es el problema… que usa terminología de izquierda para hablar de temas económicos y políticos…”.
En un debate me indicó un conocido, “estoy muy de acuerdo con usted. Pero cuando el papa era Juan Pablo II creo que nadie osaría poner ese símbolo de la imagen, Francisco y su discurso, ese es el problema… que usa terminología de izquierda para hablar de temas económicos y políticos…”.
La osadía siempre aparecerá en alguien por lo que diga o deje de decir cualquier papa. La verdad es que, como dije a principio, la imagen me entristece por su falsedad y perversidad. Pero tranquilos por eso. A Juan Pablo II también le criticaron cuando estaba en su puesto, por su posición ante el aborto y la eutanasia, y muchos comunistas y socialistas occidentales por su posición contra el comunismo por él experimentado, por su teología del cuerpo, por sus puntualizaciones sobre el capitalismo, por su oposición a la “ideología de género” … Así y todo, con su capacidad de convocatoria y seducción, cautivó a los jóvenes y a los mayores por igual.
Los papas y el cristianismo tratan los asuntos materiales y espirituales que nos mueven en nuestro interior como personas libres, sin perder el sentido de la trascendencia (el cielo) y sin pretender imponer sus creencias a nadie. ‘Dios es un caballero’ y su Iglesia podrá proponer, podrá sugerir, pero nunca, nunca imponer. Cuando se ha pretendido imponer algo inapropiado y se ha hecho desde la religión, ello ha sido causa de daños por los cuales los papas Juan Pablo II y Francisco han tenido el coraje de pedir públicamente perdón. El fallo en la gestión humana nos acompaña siempre. Nos caemos y nos levantamos.
El mundo cristiano, católico o protestante, Occidente, tiene sus raíces en las tradiciones judeocristiana y grecorromana. Pero es verdad que, estando atentos a todo, muchas veces en Occidente también se bebe y se vive “como si Dios no existiera,” “en el ardiente afán de novedades.” sin ser de izquierdas; o bien, se bebe y se vive así mismo de los postconceptos surgidos del ‘marxismo cultural’ tras la caída del muro de Berlín en 1989. Algunos, quizá muchos, desenfocan el análisis y quieren escuchar en Francisco cosas que el Papa dice mirando ‘al cielo’ y pisando el suelo. Si a Francisco se le escucha sin mirar ‘al cielo’ puede no entendérsele y ello es normal y debe aceptarse. Las interpretaciones son múltiples y la confusión aumentan el ruido. Es lo que hay. Los papas hablan no solo a los católicos, muchas veces se indica en sus textos que van dirigidos a las personas de buena voluntad. Pero ¿quiénes son estas personas? Para mí son todos los humanos.
Normalmente, la gente no se levanta por la mañana decidida a hacerse o a hacer daño, a menos que padezca algún trastorno mental. Pero, eso sí, los economistas, juristas y políticos cristianos tenemos una responsabilidad compartida y debemos apoyar al papa en su permanente ejercicio de discernimiento. Muchas conversaciones sobre ello he tenido con profesores, especialmente menciono aquí las que he tenido con mi querido compañero de departamento de la ULL el Dr. Eduardo Martínez Budria y con mi maestro de la UVA el Dr. José Miguel Sánchez Molinero.
Los cristianos, católicos y protestantes, con sus debilidades y fortalezas, tratan el compartir, la caridad, la ‘caritas’, a distintos niveles y siempre voluntariamente, nunca imponiéndola, ejerciéndola con discernimiento en libertad. Siempre sujetos a las restricciones exógenas vigentes (restricciones fiscales, monetarias, etc.); y también, por otro lado, a las restricciones propias de cada cual, las que cada quién se marque a sí mismo en su libre ejercicio solidario, con sus propios recursos económicos, con su bolsillo y patrimonio, no con el ajeno. Y en cada nivel de ejercicio de la caridad, el cristiano está llamado a realizarse, a ejecutarse de tal modo que ‘no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha y/o viceversa’.
Los papas apelan a esto, a despertar y avivar esta conciencia que libera y engrandece a quien la practica con alegría y explicitan el premio anunciado: ‘recibirás el ciento por uno’, eso sí con persecución. Estos creo son los puntos que fundamentan la posición de los papas: 1) El anuncio de la Buena Noticia, esto es, la predicación del Evangelio. 2) La libertad religiosa, es decir, la no imposición de la Fe a nadie. 3) La caridad con los recursos propios de cada uno, alentando la sensibilidad plasmada en el principio de ‘preferencia por los pobres’. 4) El principio que inspira toda la doctrina social de la Iglesia, resaltado por Juan Pablo II en su encíclica Laborem excersens; a saber, “La prioridad del trabajo sobre el capital y la exigencia de que el capital y los instrumentos de producción estén siempre al servicio del trabajo y del hombre,” lo cual conlleva el respeto a la dignidad humana por encima de todo. Y 5) ‘Dejar a Dios ser Dios’, esto es, dejar que Dios cumpla sus planes con respecto a cada uno de nosotros, aunque nosotros no podamos entenderlos. Mi opción es el discernimiento en cada momento con los pies en el suelo y mirando, con mucha Esperanza, “al Cielo”. Ánimo y a Servir.
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