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Etiqueta: Despoblación

El lenguaje económico (XLVII): Población

Fue el agudo y original Rothbard (2012: 380) quien apuntó esta idea: «Fue [Josiah Tucker] también un mercantilista típico al instar al gobierno a fomentar el aumento de la población». Hoy veremos los errores del mercantilismo demográfico, a saber, la pretensión gubernamental de controlar —incrementar, mantener o reducir— la población.

Mercantilismo demográfico

Mercantilismo e intervencionismo son sinónimos. Ambas doctrinas afirman que el gobierno debe interferir el libre comercio para beneficiar a la nación, protegiendo y/o favoreciendo específicas industrias nacionales. El mito mercantilista por excelencia es la «balanza comercial favorable»: la equivocada creencia de que una nación mejora cuando las exportaciones exceden a las importaciones. Richard Cantillon fue el primero en exponer que el aumento de dinero en un país eleva los precios internos y fomenta las importaciones, acabando de este modo con la balanza de pagos favorable (Rothbard, 2012: 401).

España vaciada

Esta expresión se refiere a aquellos territorios —municipios, pedanías, aldeas, caseríos— que van perdiendo habitantes, pudiendo llegar a un completo despoblamiento. La población en España aumenta, pero hay un trasvase poblacional del campo a la ciudad. Los motivos de esta preferencia son evidentes: el hombre obtiene ventajas de la concentración humana. Los mercantilistas demográficos, cual enemigos de la realidad, desean revertir este proceso social mediante la coacción estatal, es decir, a golpe de subsidios (vivienda, transporte, dinero). Todo ello se hará a expensas del contribuyente urbano, que verá reducido su nivel de vida. Lo que nadie puede lograr es convencer a los empresarios para que abran negocios —sucursales bancarias, farmacias, gasolineras y otros comercios— en las zonas más despobladas y sufran pérdidas.

Reto demográfico

Tenemos en España un ministerio para la transición ecológica y el reto demográfico, pero nadie nos aclara a qué «reto» (en singular) nos enfrentamos: ¿superpoblación? ¿infrapoblación?, ¿inmigración?, ¿envejecimiento?, ¿sistema de pensiones?, etc. La literatura política al respecto es un repertorio de frases huecas, mantras progresistas e imposturas diversas: riesgo demográfico, cohesión territorial, sostenibilidad ambiental, habitabilidad humana, etc. Lo único claro es la creciente diferencia poblacional entre zonas urbanas y rurales, algo que viene sucediendo desde el origen de los tiempos. El gobierno considera que este «desequilibrio» poblacional es nocivo (para la nación) en términos de equidad y de igualdad de oportunidades, pero ¿por qué motivo debería estar la población equilibrada? El hombre actúa porque está insatisfecho (Mises, 2011: 985) y se desplaza de unas zonas a otras buscando «mejores» oportunidades, si deseara tener las «mismas» oportunidades, no haría nada.

Igualdad de oportunidades: una imposibilidad

La naturaleza es diversa. Los hombres son distintos entre sí, tienen diferentes aptitudes y actitudes, viven en ambientes —geográficos, culturales, familiares— también distintos. Esta diversidad natural ofrece a las personas diferentes oportunidades, que pueden ser o no aprovechadas. Afirmar que todos «deberían tener» las mismas oportunidades es un deseo irreal y, por tanto, debe ser rechazado. Decía Ortega (1921: 127): «Toda sentencia como deben ser las cosas presupone la devota observación de la realidad». Pretender una sociedad demográficamente igualitaria, no solo es imposible, sino que supone un triple error: a) Racional: ignora la realidad y pretende suplantarla por un nirvana socialista; b) Ético: utiliza la coacción estatal para alcanzar los fines igualitarios; y c) Económico: provoca un empobrecimiento general de la sociedad.

Sobrepoblación e infrapoblación

Algunos se quejan de que hay demasiada población y otros de lo contrario. Lamentarse o criticar las diferentes densidades poblacionales es un juicio de valor porque no existe una cifra objetiva o un óptimo demográfico para cada territorio. Los ingenieros sociales son muy peligrosos, por ejemplo, el gobierno chino estableció, entre 1980 y 2015, la política el hijo único, de funestos resultados: abortos forzosos, infanticidio, desproporción entre el número de hombres y mujeres, etc. Otros gobiernos hacen lo contario y fomentan la natalidad otorgando subsidios de diversa naturaleza. En ambos casos, el gobierno altera la libertad humana para tener más o menos hijos o para cambiar el lugar de residencia.

La trampa malthusiana

Según Malthus (1846), a medida que aumenta la disponibilidad de alimentos en una sociedad, la población crece hasta agotar los excedentes, retrocediendo de nuevo a la situación inicial, ya sea por hambrunas, guerras o enfermedades. Este ciclo pesimista podría darse eventualmente en una sociedad primitiva (agraria o de cazadores-recolectores), sin embargo, en una sociedad capitalista tanto la población como su nivel de vida crecen debido al aumento del capital disponible. Solo una mayor tasa de capitalización (no la voluntad política) permite un progreso material generalizado.

Vertebrar el territorio

Se trata de una metáfora orgánica que nadie ha definido. Ortega y Gasset (1921), en la «España invertebrada», hacía alusión al problema secesionista de Cataluña y País Vasco, así como a los particularismos regionales y a la desunión social. Podemos inferir que una España «vertebrada» sería aquella donde sus gobiernos territoriales —autonomías, provincias y municipios— y sus gentes estuvieran cohesionados, unidos y cooperaran socialmente dentro de un proyecto común de convivencia. Sin embargo, es el Estado, con su manía redistributiva, el que genera tensiones entre
regiones ricas y pobres.

Bibliografía

Malthus, T. (1846). Ensayo sobre el principio de la población. Madrid: Establecimiento Literario y Tipográfico de D. Lucas González y Compañía.

Mises, L. (2011): La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Ortega, J. (1921). España invertebrada. Madrid: Calpe.

Rothbard, M. (2012). Historia del pensamiento económico. Madrid: Unión Editorial.

Serie ‘El lenguaje económico’

La España vaciada, resiliente, inclusiva y sostenible.

El gobierno no soluciona problemas; los subsidia es una de mis frases favoritas de Ronald Reagan. La he citado muchas veces y por eso me resisto a reconocer que se ha quedado obsoleta. El gobierno ya no subsidia los problemas, los explota. Pone su red clientelar a pastar a su alrededor pese a no tener nada que ver con el asunto a resolver sin que nadie proteste por ello.

Muchos venimos de una época donde el gobierno de turno mantenía subsidiados la minería española para evitar conflictos sociales en dos provincias deprimidas. No se resolvía el problema de fondo, y las provincias se seguían deprimiendo, pero al menos el dinero iba principalmente a los que protestaban. El político ganaba paz social, y un reducido número de personas vivían bien durante unos años a costa de la mayoría. Ese era el statu quo.

Pero algo ha cambiado en nuestro mundo desde hace unos años. El dinero ya no se dirige a los grupos locales que amenazan con romper la paz social. Una nueva especie de rapiñador, mucho más sofisticada, ha emergido como el superdepredador del ecosistema político: el capturador de rentas resiliente, inclusivo y sostenible.

Como ejemplo, tenemos las 130 medidas frente el reto demográfico. Al parecer la España vaciada va a ser rellenada gracias a medidas como estas:

  • Plan de Incentivos a la instalación de puntos de recarga, a la adquisición de vehículos eléctricos y de pila de combustible y a la innovación en electromovilidad, recarga e hidrógeno verde
  • Programa de impulso a la movilidad eficiente y sostenible
  • Digitalización de la relación con la Administración Tributaria
  • Conectividad territorial innovadora
  • Proyecto tractor de Territorios inteligentes
  • Impulsar el uso de la compra pública de innovación 
  • Investigación sobre el reto demográfico
  • Instaurar la “Capitalidad Española de la Economía Social”
  • Plan de Desarrollo de Producto Turístico Sostenible
  • Plan de Fomento de la Economía Circular en el turismo
  • Plan de Transformación Digital de Empresas de la cadena de valor turística a través de la Inteligencia Artificial y otras tecnologías habilitadoras
  • Impulso a las actuaciones de conciliación y corresponsabilidad en el medio rural 2021-2024 
  • Apoyo al emprendimiento de las mujeres para lograr el empoderamiento y la igualdad de género en el ámbito rural 
  • Garantía de recursos asistenciales y de apoyo a las víctimas de violencia contra las mujeres en el ámbito rural 
  • Incremento de la presencia de mujeres en los ámbitos de toma de decisiones de las cooperativas agroalimentarias 
  • Programa para la sostenibilidad medioambiental de la industria electrointensiva
  • Plan de apoyo a la implementación de la normativa de residuos y fomento de la economía circular en el ámbito de la empresa 
  • Mejora de las infraestructuras de la Policía Nacional en provincias con menor densidad demográfica 
  • Semana Europea del Deporte a las zonas más despobladas del territorio
  • Creación de una Red de pequeños municipios y áreas en riesgo demográfico por la Igualdad de trato, la inclusión y la Diversidad 
  • Campaña audiovisual para visibilizar y fomentar el compromiso de la Economía Social con la España despoblada
  • Plan de ayudas para salas de exhibición independientes
  • Programa de ayudas a librerías
  • Informes de impacto de género, infancia aplicados al Reto Demográfico
  • Impulso de la Agenda 2030 a nivel local

Como se puede ver, nada de esto (y hay muchas más en la misma línea) tienen nada que ver con el problema que supuestamente se intenta resolver. La mezcla de los sospechosos habituales en captar rentas públicas (igualdad, ecologismo y agenda 2030 en general) con las iniciativas de gasto que los distintos ministros no sabían dónde colocar (¡comisarías de la Policía Nacional!) es dantesca. Si le sumamos el lenguaje de consultor pasado de vueltas ya se hace insoportable de leer.

Pero lo curioso de todo no es el documento. Cosas peores salen de los distintos gobiernos todos los días. Lo que llena de asombro es que las diferentes organizaciones y cuentas en redes sociales que denuncian constantemente la despoblación del mundo rural no solo no se han indignado ante semejante mezcolanza de medidas absurdas, sino todo lo contrario. ¡Las abrazan con satisfacción!

Aquí se aplican otras dos realidades plasmadas magistralmente por Upton Sinclair y Robert Conquest. El primero avisó que es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda. Y el segundo nos aclaró que toda organización que no sea explícitamente de derechas antes o después acabará proviniendo de la agenda de la izquierda.

La despoblación en España es un fenómeno complejo. Que es la forma políticamente correcta de decir que probablemente no tenga solución cuando de poblaciones pequeñas se trata. Pero a diferencia de otros problemas en explotación mercantil política, este sí tiene votantes que están sufriendo las consecuencias del mismo.

Hasta ahora, gracias a la capacidad de la izquierda de monopolizar cualquier movimiento social transversal, el gobierno se puede partir de risa a su costa con documentos como el que muestro. ¿Pero cuánto puede durar esta situación?

Todo depende de si hay alguien en la derecha política que vea el filón que ha dejado libre la actual izquierda y lo intente aprovechar, ya sea volviendo al subsidio del problema, o (menos probable) liderando algún plan más realista que se base en aceptar sin complejos el progreso económico de las ciudades y megaciudades, pero salvando del rodillo burócrata, animalista e intelectual urbanita a un mundo rural que es tremendamente necesario para reducir la cada vez mayor fragilidad de la sociedad actual.