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Dolarización en Panamá: lo que pocos conocen (II): la adopción del dólar como moneda

Poco después de que Panamá se separara de Colombia, Estados Unidos «adquirió» los derechos sobre una porción del territorio panameño para construir un canal transoceánico. Los detalles de esta transacción son sorprendentes y a la vez inquietantes; prometo escribir pronto sobre ello. Por ahora, bastará con decir esto: ocurrió en 1903.

Una zona de estabilidad monetaria

La Zona del Canal de Panamá era un «territorio soberano» de Estados Unidos. Las personas nacidas en la Zona (a quienes los panameños llamaban peyorativamente zonianos o zoneítas) tenían un acceso directo a la ciudadanía estadounidense. De hecho, el conocido exsenador estadounidense John McCain nació en la Zona del Canal de Panamá.

El proyecto de construcción del canal y la administración de la Zona estuvieron supervisados por la Comisión del Canal Ístmico (Isthmian Canal Commission), creada por el gobierno de EE. UU. y dependiente de la Secretaría de Guerra, cuyo titular en aquella época era William Taft (sí, el mismo Taft que luego sería presidente). Taft había sido gobernador de Filipinas (también territorio estadounidense en aquel entonces) desde 1901, hasta que renunció en 1904 para asumir el cargo de Secretario de Guerra.

Normalmente se asume que fue el gobierno de Estados Unidos quien obligó a la República de Panamá a adoptar el dólar estadounidense como moneda de curso legal. Esta idea también prevalece entre académicos, intelectuales y la población general en Panamá. Sin embargo, no fue así. De hecho, la petición inicial para que el dólar se convirtiera en moneda de curso legal provino originalmente de los propios panameños.

El punto habitual de partida para entender cómo se produjo la dolarización es un documento conocido como «El Convenio Monetario», mencionado en un decreto emitido por el presidente de Panamá en 1904 (Decreto 74 de 1904). Este documento suele presentarse como la base legal definitiva que supuestamente demuestra la imposición monetaria de Estados Unidos sobre Panamá.

Sin embargo, más que un acuerdo legal detallado, se trata realmente de una breve nota de apenas dos páginas, firmada por el secretario Taft en 1904, que no impone absolutamente nada. En realidad, el verdadero punto de partida ocurrió meses antes. Veamos esto con detenimiento.

Una comisión fiscal se encamina hacia el norte

En junio de 1904, el secretario Taft recibió una notificación informándole que una Comisión Fiscal panameña se encontraba en Nueva York en misión oficial del gobierno, y que además deseaba reunirse con él. Esta Comisión Fiscal estaba integrada (principalmente) por dos panameños, Ricardo Arias y Eusebio Morales, además de un abogado estadounidense, William Nelson Cromwell, quien actuaba como asesor legal. Cuando EE. UU. «adquirió» los derechos territoriales sobre la Zona del Canal, pagó aproximadamente $10 millones de dólares (de 1903) al nuevo Estado panameño. El gobierno de Panamá decidió invertir alrededor de $6 millones en bancos estadounidenses, y la Comisión Fiscal se encontraba en Nueva York precisamente para identificar las instituciones financieras más adecuadas para invertir estos fondos en títulos valores.

Además de esta misión financiera, la Comisión había sido autorizada por el presidente de Panamá para reunirse con el funcionario estadounidense a cargo de la Zona del Canal de Panamá, con el objetivo de discutir arreglos monetarios. Así, concretaron una reunión con el secretario Taft.

Cuando la Comisión se reunió con el Secretario Taft, también estuvieron presentes el almirante Walker (Presidente de la Comisión Ístmica, encargada de supervisar la construcción del canal) y el señor Conant (un experto financiero que ya había trabajado con Taft en Filipinas). Todos participaron en una conversación sobre los asuntos monetarios en Panamá.

Conozco estos detalles porque un taquígrafo registró la reunión, y posteriormente la transcripción fue incorporada oficialmente a los registros durante una audiencia en el Senado estadounidense en 1906.

La conversación fue reveladora. Los panameños ya habían comenzado a elaborar nuevas leyes monetarias como parte del proceso de construcción del nuevo Estado. Recordemos que Panamá acababa de separarse de Colombia y tenía que crear casi desde cero todos los elementos esenciales para consolidar un Estado independiente.

La conversación registrada de forma taquigráfica afirma explícitamente que los panameños ya habían tomado esta decisión y simplemente buscaban una confirmación. El abogado de la Comisión Fiscal, William Cromwell, fue muy claro en este punto:

Sr. Cromwell (dirigiéndose al Secretario Taft):

«Este tema ha sido profundamente estudiado por estos señores; no solamente por los aquí presentes, sino también por personas distinguidas en el Istmo. Fue considerado por su Convención [Constitucional]; y se ha preparado un proyecto de ley por parte del Gobierno, ya sometido y actualmente en consideración. Dicho proyecto es muy inteligente. Sugiero que el Sr. Arias lo lea y le explique la medida propuesta. La Convención está lista para actuar; el proyecto está aquí. Si esta forma es aceptable, se enviará por cable y probablemente será aprobado. En otras palabras, tenemos ya la medida sobre la mesa, y esta conferencia puede darle una forma final para que sea adoptada».

La discusión en estos registros resulta interesante por varias razones. Podemos ver claramente que el secretario Taft tenía una preocupación genuina por la estabilidad monetaria tanto en la Zona del Canal como en Panamá en general.

El gobierno transitorio post-separación en Panamá buscaba evitar una situación en la que la intensa actividad económica de la Zona del Canal generara una fuerte presión sobre la capacidad monetaria de la nueva república. Recordemos que en aquella época la moneda predominante era metálica y, por tanto, finita (no dígitos infinitos en una pantalla). El fuerte incremento en la demanda de monedas metálicas para pagar a la gran cantidad de trabajadores importados pondría bajo una enorme presión la capacidad monetaria del joven Estado panameño.

Este punto fue, de hecho, resaltado en las reuniones con Taft, cuando el propio Taft preguntó al almirante Walker cuánto dinero estimaba que necesitaría para pagar los salarios a los trabajadores del canal:

Secretario Taft: Almirante Walker, ¿cuánto cree usted que su entrada allí aumentaría la demanda del peso?

Almirante Walker: Bueno, aumentaría considerablemente. Nosotros lo utilizaríamos; les pagaríamos a nuestros trabajadores con él.

La Comisión Ístmica no contemplaba crear una nueva moneda en Panamá, pues consideraba que eso sería totalmente impracticable. Era esencial que la moneda panameña permaneciera estable respecto al dólar estadounidense, basado en oro, moneda que necesariamente utilizarían simultáneamente.

Secretario Taft: ¿Pagarían ustedes a todos sus trabajadores en pesos [monedas panameñas de plata]?

Almirante Walker: Sí, probablemente pagaríamos así a toda la gente que empleemos allá abajo. A las personas enviadas desde aquí les pagaríamos una vez al mes en oro o en moneda estadounidense, pero los trabajadores y la gente del Istmo estarían en la nómina de plata y se les pagaría cada dos semanas.

Para reforzar aún más la idea del origen panameño de la dolarización, el abogado de la Comisión Fiscal destacó claramente en la transcripción oficial que una versión similar del mismo proyecto de ley había sido votada en Panamá unas semanas antes, pero no prosperó porque hubo un empate exacto entre los 32 votantes: 16 estuvieron a favor y 16 en contra. Esperaban que este acuerdo con los Estados Unidos fuera el impulso decisivo que generara confianza y permitiera finalmente aprobar el proyecto en Panamá.

Otro aspecto clave del acuerdo monetario realizado por Taft con Panamá ha sido, lamentablemente, poco estudiado. La Comisión Ístmica (y, por ende, el gobierno estadounidense) aceptó ayudar a estabilizar la moneda panameña de plata mediante un mecanismo por el cual prestaría su propio dinero a Panamá, con el objetivo de respaldar la moneda local en caso de una depreciación del tipo de cambio entre el peso de plata panameño y la moneda estadounidense basada en oro. Este acuerdo alcanzado por Taft fue excepcional desde varios puntos de vista. Recordemos que en aquel momento aún no existía la Reserva Federal de Estados Unidos.

Más aún, es importante destacar que este acuerdo no pudo haber sido una imposición del gobierno estadounidense sobre Panamá, puesto que el gobierno de EE. UU., como tal, no participó directamente en su formulación. El secretario Taft actuó de forma unilateral.

De hecho, Taft no buscó permiso del Congreso de EE. UU. antes de aceptar estas condiciones. Posteriormente, el Senado estadounidense llamó la atención a Taft por haber otorgado garantías tan fuertes sin haber solicitado previamente autorización al Congreso.

Esto derivó en una audiencia especial en el Congreso, en la que se reveló gran parte de esta información. ¡Gracias al servicio de digitalización de la Biblioteca del Congreso! El título completo del documento es: «Hearings before the Finance Committee of the United States Senate on the Monetary Agreement between the Secretary of War and the Government of Panama, 1904».

El Senado cuestionó y puso en duda las acciones de Taft porque no estaba claro si él tenía realmente la autoridad para comprometer a Estados Unidos con los términos que acordó con Panamá. De nuevo, ¿cómo podría sostenerse entonces que el gobierno estadounidense impuso el dólar a Panamá, si el propio gobierno estadounidense puso en duda que Taft tuviera autoridad suficiente para tomar tal decisión?

Durante las audiencias, Taft basó su defensa en el siguiente argumento:

Consideré este asunto como si la Comisión [Ístmica] estuviese realizando un arreglo financiero destinado a garantizar un medio apropiado para pagar a sus trabajadores.

Se trata de una formulación bastante astuta. Quiero recordar a los lectores que, tras su presidencia, Taft también fue nombrado presidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos, siendo la única persona en la historia estadounidense en ocupar ambas posiciones. Pero esto deja abierta una pregunta clave: ¿por qué Taft actuó de este modo en primer lugar?

El riesgo de una crisis monetaria en Panamá estaba claramente fresco en la memoria de los panameños. Pero también, y quizá de manera más sorprendente, estaba presente en la mente del propio secretario Taft. En las audiencias, Taft explicó que la estabilidad monetaria era crucial en la Zona del Canal, pues había visto directamente los daños económicos y administrativos que provoca la inestabilidad monetaria cuando fue gobernador de Filipinas:

Secretario Taft:

Debo añadir, sobre la cuestión de mi motivación, que lo que me llevó a tomar esta acción respecto a la moneda y aconsejar al presidente confirmarla fue nuestra experiencia en Filipinas con este mismo problema. Durante mi estancia allí, la plata fluctuó desde menos de 2:1 hasta 165:1, y nos enfrentamos a graves dificultades para pagar a nuestros empleados, así como a quejas justificadas cuando, en determinado momento, teníamos cuentas en tres monedas diferentes.

Taft tenía razón. Creo firmemente que este episodio histórico podría haber transcurrido de manera muy distinta si Taft no hubiera sido el secretario de Guerra encargado de la construcción del Canal de Panamá y, especialmente, si no hubiera sido gobernador de Filipinas justo antes de este nombramiento. Taft representa un punto crítico, una coyuntura frágil pero decisiva en la historia de la dolarización de Panamá.

En consecuencia, el acuerdo monetario fue finalmente aprobado por el Congreso y el presidente de Estados Unidos, y posteriormente el presidente de Panamá confirmó formalmente su contenido mediante el Decreto 74 de 1904, en el cual declaró oficialmente:

«Apruébase en todas sus partes la Convención acordada en Washington…»

(Curiosamente, tuve que acudir personalmente a la Biblioteca Nacional de Panamá para localizar copias legibles de los documentos completos publicados en la Gaceta Oficial a principios del siglo XX).

Reflexión final

Panamá no adoptó el dólar debido a una crisis macroeconómica. La dolarización formó parte esencial del proceso inicial de construcción del Estado panameño. La ideología monetaria de los líderes del nuevo país se basaba directamente en su experiencia reciente con una espiral inflacionaria causada por la emisión descontrolada de papel moneda en Colombia. Para evitar por completo esta situación en su nueva nación, eligieron conscientemente el camino de la dolarización.

Por casualidad, el Secretario de Guerra estadounidense en ese momento era William Taft, quien ya había experimentado personalmente los efectos negativos de una mala gestión monetaria en Filipinas. Taft reconoció rápidamente que la mejor decisión era aceptar la propuesta panameña de adoptar el dólar estadounidense como moneda de curso legal en Panamá. Lo hizo, incluso sin tener claro si contaba con la autoridad formal del Congreso para tomar esa decisión. Sin embargo, funcionó perfectamente.

Hoy en día, Panamá posee el sistema monetario más estable de América Latina.

Ver también

Dolarización en Panamá: lo que pocos conocen (I): la prohibición del papel moneda

Dolarización en Panamá: lo que pocos conocen (I): la prohibición del papel moneda

Panamá vive bajo un régimen de dolarización desde 1904. Su constitución prohíbe explícitamente la emisión de papel moneda no convertible. En cualquier discusión sobre la dolarización, Panamá es un elemento imprescindible. Sin embargo, su sistema monetario es poco comprendido, especialmente desde una perspectiva histórica. Me ha resultado difícil encontrar una explicación concreta sobre cómo Panamá desarrolló su curiosa jurisprudencia monetaria o incluso sobre cómo exactamente llegó a dolarizarse hace tanto tiempo. En esta entrada, procuraré arrojar luz sobre ambos interrogantes.

Generalmente se asume que Estados Unidos impuso la dolarización en Panamá debido a la Zona del Canal de Panamá. Pero esto no es cierto. La verdadera historia es mucho más interesante. La publicación está dividida en dos grandes secciones:

  1. Por qué Panamá prohíbe constitucionalmente la emisión de papel moneda
  2. Por qué y cómo Panamá adoptó el dólar estadounidense como moneda de curso legal

Primera parte – Por qué se prohibió el papel moneda

Panamá se separó de Colombia en noviembre de 1903. Pocos meses después, en febrero de 1904, se promulgó la nueva constitución panameña, que aún conservaba vestigios de la jurisprudencia económica colombiana. Como es de esperar, comprender por qué Panamá es hoy como es, exige adentrarse un poco en la historia monetaria colombiana de finales del siglo XIX.

Utopía en un banco

A mediados del siglo XIX, el panorama político colombiano estaba marcado (a grandes rasgos) por dos facciones ideológicas. Por un lado, estaban los federalistas, quienes impulsaban una mayor descentralización, siendo algo así como los libertarios pro-autonomía estatal de la época. Tras sucesivas revueltas, lograron hacerse con el poder y crearon los Estados Unidos de Colombia en 1863. Esta versión de Colombia estaba compuesta por varios estados autónomos, siendo Panamá uno de ellos. Sin embargo, las revueltas civiles entre facciones continuaron, y hacia 1880, Rafael Núñez, líder del bando centralista, alcanzó la presidencia. Núñez se oponía férreamente al federalismo y encabezó un movimiento conocido como La Regeneración, que portaba el lema «Una Nación, un Pueblo, un Dios». Se trataba de una ideología centrada en la unificación, la centralización y el control.

Núñez actuó rápidamente para centralizar el Estado colombiano, transformando todos los estados previamente autónomos en departamentos administrados desde Bogotá (la capital). Núñez, junto con Miguel Antonio Caro, su vicepresidente que lideraba buena parte de las operaciones gubernamentales, buscaba implementar diversos proyectos de desarrollo impulsados desde el Estado. Pero en ese entonces, la economía colombiana estaba principalmente organizada en torno a principios bancarios libres, y los bancos privados no consideraban prudente prestar grandes sumas al gobierno de Núñez. Por lo tanto, se convocó al Congreso para crear un nuevo banco estatal (el Banco Nacional) y establecer una moneda nacional de papel.

Muchos colombianos eran escépticos frente a los nuevos pesos en papel. Para disipar estas dudas, Núñez realizó lo que equivalía a una gira nacional intentando convencer a la población de que aceptara esta moneda emitida por el Estado. Sin embargo, los círculos empresariales continuaron oponiéndose activamente al papel moneda del Banco Nacional.

En 1886, el gobierno de Núñez instituyó una regla monetaria conocida en la literatura histórica como el «Dogma de los 12 Millones», diseñada para dar confianza a la moneda de papel. Este principio pretendía impedir la emisión excesiva de dinero, limitándola a un máximo equivalente a tres veces los ingresos nacionales. En aquel entonces, la renta del país era de aproximadamente cuatro millones de pesos, así que esta nueva política monetaria establecía que la emisión de moneda en papel por parte del Banco Nacional no podía superar los doce millones de pesos.

Como era de esperarse, esta regla monetaria no se respetó. Los conflictos políticos entre facciones continuaron intensificándose, llegando finalmente a la Guerra de los Mil Días (1899–1902). 

Tal como suele suceder en estos casos, el gobierno terminó financiando la guerra mediante la emisión descontrolada de papel moneda.

El historiador económico colombiano Enrique Caballero Escovar, en su obra Historia económica de Colombia, estimó que entre 1899 y 1903 se emitieron más de 831 millones de pesos en papel moneda, una cifra astronómica, muy superior al límite original de 12 millones. La inflación se disparó al 15,2 % en 1899, alcanzó el 66 % en 1900 y llegó al exorbitante nivel del 389 % en 1901, promediando aproximadamente 120 % hasta 1903.

Al finalizar la guerra civil, el nuevo gobierno colombiano promulgó el Decreto 217, que expresaba la intención explícita de eliminar la emisión de papel moneda (“por el cual se suprimen las emisiones del papel moneda”). Finalmente, se logró estabilizar la situación monetaria cuando el Congreso aprobó, en julio de 1903, una ley basada en dicho decreto, prohibiendo oficialmente la emisión de papel moneda por parte del gobierno central.

Trauma del alumbramiento

Los panameños se opusieron rotundamente a la centralización del Estado colombiano impulsada por la Regeneración de Núñez. Desde mediados del siglo XIX, Panamá había sido el estado más próspero de los Estados Unidos de Colombia, gracias en gran medida a la Panama Railway Company, que servía a numerosos viajeros que iban desde la costa este de Estados Unidos hasta California vía Panamá (una ruta más corta que atravesar el continente por tierra). Sin embargo, cuando Estados Unidos construyó su primer ferrocarril transcontinental, el número de pasajeros por la ruta panameña se redujo drásticamente. Además, la política de Núñez consistía en extraer más dinero del entonces Departamento del Istmo (Panamá) mediante impuestos más altos y controlando directamente sus excedentes fiscales, lo que inevitablemente generó profundo descontento.

Esta explotación económica, sumada a las consecuencias devastadoras de la Guerra de los Mil Días (con cierto «empujón» estadounidense), culminó con la separación de Panamá de Colombia en noviembre de 1903. Al momento del nacimiento de esta nueva nación, el trauma inflacionario estaba aún fresco en la memoria colectiva. Por ello, Panamá mantuvo la prohibición legal colombiana sobre la emisión estatal de papel moneda.

Curiosamente, la constitución colombiana también mantuvo esta prohibición hasta 1910, aunque después fue reformada (de forma poco acertada, por «money doctors» estadounidenses —un tema para otra publicación). Panamá, sin embargo, ha preservado este principio original colombiano hasta el día de hoy.

Interpretando con precisión los términos constitucionales

Ahora que conocemos el origen histórico de la cláusula que prohíbe emitir papel moneda en la constitución panameña, debemos comprender exactamente qué es lo que dice. Casi todo lo que se suele leer sobre este tema, incluso en textos de periodistas y políticos panameños, interpreta incorrectamente este punto. Se trata de uno de los aspectos más malentendidos y distorsionados en los fundamentos monetarios de Panamá.

Empecemos con la constitución original de 1904. En ella, el artículo 117 establece claramente que «no podrá haber en la República papel moneda de curso forzoso».

El término «curso forzoso» no es tan simple y debe explicarse cuidadosamente.

Primero, es común que tanto economistas como la población general malinterpreten el término «curso legal». En un breve pero esclarecedor artículo, Dror Goldberg (a quien entrevisté en mi podcast el año pasado) explica con precisión qué significa realmente «curso legal». Las leyes de curso legal existen para facilitar la resolución de contratos de deuda en aquellos casos en que las partes no han acordado previamente el medio de pago.

Para ilustrar esto con un ejemplo sencillo, supongamos que vives en México y contratas a una empresa de mantenimiento para reparar tu casa la próxima semana. En esta transacción, tú eres el comprador, y la empresa es el vendedor.

Una semana después, finalizado el trabajo, intentas pagar al vendedor 50 pesos mexicanos, pero el vendedor responde: «No, yo quería pesos filipinos». Ante tu negativa, el vendedor decide demandarte por incumplimiento del contrato al no haber cancelado la deuda según sus términos.

En este ejemplo, la corte fallaría a tu favor como comprador, dado que el contrato no especificaba un medio concreto de pago. Como toda la transacción tuvo lugar en México, se aplican las leyes locales de curso legal. Esto significa que la corte permitirá que pagues (ofrezcas o «tiendas») tus pesos mexicanos al vendedor, y dicho ofrecimiento constituirá una extinción legítima de tu deuda. Quedará en manos del vendedor aceptarlos o no, pero tú ya no tendrás obligación adicional alguna.

En cambio, si tanto el comprador como el vendedor hubieran especificado en el contrato que el pago se haría en pesos filipinos, las leyes de curso legal no aplicarían porque el medio de pago ya fue previamente acordado. En este caso, el comprador debería cancelar la deuda únicamente con el medio pactado, incluso si el contrato fue celebrado en México. Generalmente, los contratos pueden estipular cualquier medio de pago, siempre que dicho medio no esté expresamente prohibido por otra ley.

Volviendo ahora a los términos constitucionales de Panamá: cuando la expresión «curso forzoso» se interpreta correctamente, esta tiene dos aspectos fundamentales. Primero, implica que la moneda en cuestión posee poder liberatorio (como se denomina en la jurisprudencia local), es decir, el poder otorgado por ley para extinguir legalmente una deuda. Segundo, significa que dicha moneda no representa un derecho o reclamo sobre una reserva subyacente de oro o plata y no puede ser convertida a estos metales preciosos. Recordemos que, en 1904, el dinero «verdadero» aún se consideraba únicamente como oro o plata metálica. Así, el papel moneda de curso forzoso debería entenderse como papel moneda no convertible.

Que una moneda de papel sea convertible significa que está respaldada por activos subyacentes (en aquellos tiempos, habitualmente oro y/o plata), y que si uno quisiera, podría devolver la moneda al emisor y recibir a cambio el oro o la plata que la respalda.

Por lo tanto, para que quede absolutamente claro, la constitución panameña no prohíbe toda moneda de papel, sino exclusivamente aquellas que no sean convertibles.

Si Panamá quisiera emitir una moneda de papel propia, tendría que ser plenamente convertible en plata u oro. No podría estar respaldada únicamente por la buena fe del gobierno. A principios del siglo XX, la mayoría de las monedas de papel que gozaban de confianza pública tenían respaldo en oro —incluyendo el dólar estadounidense—. Esas monedas no se consideraban «papel moneda de curso forzoso», porque eran plenamente convertibles. En contraste, un claro ejemplo de moneda no convertible fueron los pesos de papel colombianos emitidos durante la administración de Núñez, que provocaron la fuerte inflación en la Guerra de los Mil Días, tal como vimos anteriormente.

Además, es importante enfatizar que la Constitución especifica claramente papel moneda. Esto significa que no prohíbe al gobierno emitir moneda metálica (monedas). De hecho, desde sus inicios hasta hoy, Panamá ha acuñado y circulado sus propias monedas de plata.

Cabe destacar que el Artículo 117 original de la Constitución de 1904 ha sido conservado en todas las constituciones posteriores, sobreviviendo incluso a diversos golpes militares y dictaduras. La Constitución vigente, promulgada en 1972 (con reformas posteriores), aún preserva íntegramente el principio y la prohibición originales, ahora bajo el Artículo 262:

ARTÍCULO 262. No habrá en la República papel moneda de curso forzoso.

(Constitución Política de Panamá, 1972)

Unidad de Cuenta

En Panamá existe una separación entre la unidad de cuenta y el medio de intercambio. La unidad denominada Balboaes otro punto que genera confusión cuando uno estudia el sistema monetario panameño.

Normalmente, el principio de «un país, una moneda» implica que todas las características de la interacción monetaria se expresan utilizando las mismas unidades.

Es decir, si el dólar estadounidense (USD) es la moneda de tu país (y de curso legal), entonces la unidad en que se mide el saldo de tu cuenta bancaria es el dólar, y lo que usas para intercambiar bienes también es denominado en dólares. Esto mismo aplica si estás en Francia y utilizas euros. Sin embargo, esta equivalencia no es obligatoria.

La «unidad de cuenta» es simplemente una medida estandarizada de valor, semejante a centímetros, kilómetros, etc. Dicho en términos sencillos, es la unidad en la que se mide el valor monetario registrado en tus cuentas.

Si alguien te pregunta por la longitud de una mesa y tú respondes simplemente «20», en realidad no has dado una respuesta clara. Necesitas incluir una unidad de medida concreta: «20 metros», «20 pulgadas», «20 centímetros», etc. Solo así proporcionas una respuesta precisa. Lo mismo ocurre con el dinero: decir que una cuenta tiene «20 gramos de oro fino» o «20 dólares estadounidenses» da una referencia clara y concreta sobre su valor.

En Panamá, la unidad legal para expresar el valor monetario de las cuentas se denomina Balboa (con el símbolo B/. o PAB). Esto ha sido así desde la fundación misma del país, establecido formalmente por la Ley 84 de 1904. Esto demuestra que no importa realmente qué nombre se le dé a una unidad de medida, siempre y cuando sus parámetros subyacentes estén definidos claramente.

Históricamente, un Balboa estaba doblemente definido: por una parte, como una cantidad específica de oro fino, y por otra, como equivalente a un dólar estadounidense (que en aquel entonces también estaba definido por un peso específico de oro). Si viajas hoy a Panamá, este punto puede generar confusión. Actualmente, en Panamá circulan monedas locales de plata (como siempre ha ocurrido), denominadas Balboas. Con el paso de los años se produjo un cambio lingüístico y las monedas locales comenzaron a ser llamadas «Balboas». Sin embargo, esto no debe confundir nuestra comprensión del desarrollo histórico original. De hecho, curiosamente, en zonas más rurales del país aún hoy es frecuente escuchar a panameños referirse a las monedas actuales como «pesos».

Otro dato relevante es que la constitución panameña no menciona explícitamente el estatus legal del dólar estadounidense. Solo el artículo 1171 del Código Fiscal panameño establece que los dólares estadounidenses (USD) son de curso legal en Panamá, no la constitución. Sobre esto volveremos más adelante.

Artículo 1171:

La unidad monetaria de la República de Panamá será el Balboa, o sea una moneda de oro con un valor de novecientos ochenta y siete y medio miligramos (0.9875) de peso ochocientos veintinueve milésimos (0.829) de fino, divisible en centésimos (100/100). El actual dólar de los Estados Unidos de América y sus múltiplos y divisiones serán de curso legal en la República, por su valor nominal en la moneda panameña respectiva.

— Código Fiscal de Panamá

Los billetes de siete días

La curiosa historia de los billetes de Arias es instructiva, especialmente porque subraya el concepto clave de la convertibilidad como la correcta interpretación jurídica. Durante un brevísimo período en 1941, Panamá tuvo su propia moneda de papel. Arnulfo Arias Madrid llegó al poder en 1940, encarnando al clásico caudillo latinoamericano, jingoísta y nacionalista (en términos modernos podríamos llamarlo populista).

Arias promovió una ideología política conocida como panameñismo, culpando de muchos males sociales del país a los «gringos» y «jamaicanos» (estadounidenses y afroantillanos procedentes del Caribe). Entre sus políticas más infames estuvo la de privar de la nacionalidad panameña a los hijos de inmigrantes chinos y afroantillanos cuyo idioma original no fuera el español. (Quizás recuerdes la decisión similar de República Dominicana en 2013, que retiró la ciudadanía a hijos de padres extranjeros hasta el año 1929, afectando principalmente a haitianos; la idea es similar.)

Como parte de sus políticas generales de panameñismo, Arias declaró que Panamá debía tener su propia moneda de papel. Esto se oficializó con el Decreto N.º 6 de 1941, publicado en septiembre de ese año. Poco después, el 2 de octubre, se emitieron los primeros billetes panameños.

Esta decisión marcó un hito en la historia monetaria panameña. La pregunta clave que surge aquí es si esta emisión fue constitucional. ¡Y lo fue! Porque los billetes emitidos bajo Arias eran plenamente convertibles.

El artículo 4 del Decreto decía expresamente:

«Por cada balboa emitido en papel moneda puesto en circulación por el Banco, éste deberá mantener una reserva efectiva de novecientos ochenta y siete y medio miligramos de oro…, o de un balboa en moneda nacional de plata, o su equivalente en moneda de los Estados Unidos de América…»

Estos billetes no constituían «papel moneda de curso forzoso», ya que estaban plenamente respaldados por reservas efectivas, esencialmente oro o moneda convertible en oro (el dólar estadounidense). Según la interpretación explicada en la sección anterior, podían ser emitidos constitucionalmente. Si, en cambio, no hubieran sido convertibles en oro o plata, o no fueran equivalentes directos del dólar estadounidense, entonces sí habrían representado un territorio constitucionalmente más dudoso.

Sin embargo, apenas siete días después, el 9 de octubre, el presidente Arias fue depuesto mediante un golpe de Estado, y el nuevo régimen transitorio inmediatamente suspendió la circulación de esta moneda de papel. Por esta razón, aquellos billetes panameños hoy se conocen popularmente como los «billetes de siete días».

En diciembre de ese mismo año, el nuevo presidente, Adolfo de la Guardia, ordenó que todos los billetes emitidos por Arias fueran quemados. (Algunos sobrevivieron y hoy se conservan como objetos de colección; incluso es posible comprarlos a través de ciertos coleccionistas y comerciantes de arte en Panamá). Este episodio ilustra con claridad el profundo rechazo cultural que existe en Panamá hacia la creación y circulación de una moneda local en papel.

Hasta aquí hemos visto por qué Panamá no posee actualmente su propia moneda de papel, así como los fundamentos jurídicos que sustentan la circulación del dólar estadounidense en el país. Pero surge una pregunta inmediata: ¿por qué específicamente el dólar estadounidense y no otra moneda extranjera igualmente sólida? Para comprender esto plenamente, debemos adentrarnos en la creación y la dimensión política de la Zona del Canal de Panamá.

Abolir el señoreaje

Hoy hablaremos de ese veneno económico que se llama señoreaje y que consiste en poner a funcionar la imprenta que produce billetes sin respaldo. El dinero tuvo una época brillante. Fue cuando los billetes estaban respaldados por oro; se le llamó Patrón Oro. Cualquier banco podía imprimir billetes bajo la regla: un dólar igual a una cantidad de oro. Esta regla monetaria se aplicó en muchos países: Inglaterra, España, EEUU, etc. El comercio fluía perfectamente, pues no importaba el color del billete si cualquiera podía redimir el oro a cambio de los billetes. En realidad, se estaba comerciando con oro, representado en el papel.

Piense, por un momento, que nunca se hubiera abandonado ese sistema monetario. Y que ningún gobierno hubiera intervenido. Los billetes estarían circulando en todo el mundo, las mercancías atravesarían sin problema todas las fronteras. La diversidad de billetes convergerían, de manera natural hacia una sola, digamos dólares o euros o cualquier otro nombre. En todo el globo habría una cantidad más o menos constante de dólares. Esa cantidad de dinero crecería a razón de 3% que es el porcentaje de crecimiento del oro en todo el mundo, porque no se incrementa a capricho.

Ejercicio mental: una cantidad constante de dinero

Más aún pensemos en una cantidad de dinero perfectamente constante, sin variación alguna. La pregunta crucial es ¿sería un obstáculos al desarrollo de los países, la ciencia se estancaría, se provocarían naciones pobres, la miseria se establecería en el mundo entero o en determinados países? Mi respuesta es que nada de esto pasaría mientras se conservarán libres los mercados, sin intervención de los gobiernos. Los precios se moverían por efecto de abundancia o de escasez, por cambios en las modas, por innovaciones tecnológicas que inciden en la productividad.

Podríamos decir que el nivel de precios sería muy estable o mejor aún, habría una constante deflación debido al incremento de productividad y a la libre competencia donde nuevos actores llegaran a ofrecer más y mejores productos. El poder adquisitivo de los trabajadores se incrementaría solo, sin necesidad de luchas sindicales, huelgas o paros. Los empresarios seguirían invirtiendo sus ganancias en nuevos proyectos sabiendo que no hay gobiernos confiscadores o expropiadores.

Pero este mundo que pudo haber sido se desvió con la intromisión de los gobiernos que se creyeron con más sabiduría e inteligencia que los mercados libres. Y nadie les puso obstáculos pues la teoría no estaba suficientemente desarrollada para señalar los errores.

La creación de la Reserva Federal

En 1913 el gobierno norteamericano comete una de las intervenciones más dañinas para la economía norteamericana y para el resto del mundo. Fue el presidente William Howard Taft, un hombre acaudalado y bastante ignorante de las ciencias económicas, quien fue convencido por los progresistas de su tiempo para crear un banco de bancos; es decir, el Fondo de la Reserva (FED).

La primera tarea de este banco fue establecer un solo tipo de billete: el dólar americano. Queda, desde entonces, estrictamente prohibido que un banco privado imprima dólares. Todos los bancos debían entregar el oro de sus bodegas para que la FED les devolviera dólares oficiales. El ciudadano regresaba los billetes locales y se le daban dólares oficiales a cambio. De hecho, el gobierno prohibió que los ciudadanos tuvieran oro en sus hogares. Todo el metal debía pasar a las bóvedas de la FED y, claro, la gente recibía dólares impresos por la FED. Digamos que hasta aquí no había casi nada reprobable, salvo la intromisión autoritaria del gobierno en el sistema monetario.

Sistema de cambio-oro

En realidad, no era necesaria esa intervención para homogeneizar billetes. Tampoco era necesaria la concentración de oro en las bodegas de la FED. Se pudo haber logrado la homogeneización del billete por acuerdos privados de los bancos. También se pudo haber tenido una bóveda única para guardar el oro, aunque tampoco era  necesario. Pero el gobierno convenció a todos que él era el más fiable, el más honrado y con los funcionarios más capacitados que cualquier banquero privado. Y todos sucumbieron.

Los otros países, que también llegaron a tener el patrón oro se fueron convencido para que guardaran en las bodegas de la FED el oro y a cambio recibieran divisas, dólares americanos que era como si tuvieran oro. Así que cambiaron el patrón oro por el patrón dólar (acuerdo de Bretton Wood). El oro que recibiera un banco digamos de Guatemala, se mandaba a USA para recibir dólares por el equivalente. Entonces la regla cambió: ahora se pueden imprimir billetes locales solo si hubiere divisas en la bodega del banco local. Forzadamente los países pensaban que estaba bien, pues los dólares estaban respaldados y el oro seguro en las bodegas del país más rico, poderoso, serio, fiable y honesto. Todo marchaba, digamos que bien.

El gran impago de 1971

Por laboriosidad, agunos países empezaron a acumular dólares. Francia, con Charles de  Gaulle de presidente, se percata que tiene una buena cantidad de dólares y decide pedir a Estados Unidos la cantidad de oro correspondiente. Richard Nixon se da cuenta que se vaciarían sus bóvedas si regresaba el correspondiente metal áureo y decreta que no, no va a devolver ni un gramo de oro, es decir elimina la convertibilidad de manera unilateral. Charles de Gaulle regresa triste, sin nada de oro. Nixon le recomienda que sus dólares los use para comprar lavadoras, radios, refrigeradores y toda mercancía que quiera, pero de oro, nada.

Los demás países de pronto despiertan pero se quedan callados ante el fenomenal poder de los norteamericanos. Perdieron su metal y se quedaron con papel impreso. Desde entonces quedó rota la regla de imprimir billetes propios solo si tenían divisas en bodega. Desde entonces, la regla es: cada gobierno es libre de imprimir sus propios billetes discrecionalmente, sin necesidad de divisas u oro en bodega. Se dio libertad al señoreaje, sin restricción alguna.

Los gobiernos, compuestos normalmente de funcionarios ignorantes de las teorías económicas, pensaron que tenían el instrumento ideal para resolver todos sus problemas: Podían imprimir dinero y dar créditos baratos y abundantes a las empresas. Podían construir universidades y escuelas con profesores pagados con dinero impreso. Podían construir carreteras, puentes, puertos y aeropuertos, con solo echar a andar la imprenta. Parecía magia, pero se llama señoreaje.

Además, ya se sabía que el dictador Adolfo Hitler así había resuelto el problema de desempleo. Todos los jóvenes, las mujeres gozaban de sueldos del gobierno. Las fábricas de armas, uniformes y más estaban en plena actividad usando la magia de la maquinita de imprimir dinero.

Señoreaje en la URSS

En la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, el dictador José Stalin aplicó el señoreaje. Pero la “Ley es la ley” y provocó incremento de los precios, una pieza de pan, digamos que costaba en rublo y al día siguiente dos y luego tres. Para detener ese crecimiento de precios, Stalin ordenó matar al panadero que alterara los precios. Pero ahora crecían más los precios del pan, pues la oferta ya era menor, porque había menos panaderos.

Algunos países abusaron tanto del señoreaje, es decir, de la impresión de dinero, que para comprar un kg de pan los ciudadanos tenían que llevar billetes en carretillas. En fin, un desastre en todas las economías y el culpable estaba en el gobierno con su política de señoreaje.

De hecho, los Estados Unidos de América furtivamente usaron señoreaje imprimiendo dólares que no tenían ningún respaldo en oro. Es porque los países se dieron a la tarea de pedir prestado. Por eso mismo tuvieron que eliminar unilateralmente la convertibilidad, pues se habrían vaciado todas las bodegas que guardaban el metal.

El comercio de papelitos por bienes

¿Por qué no les afectó tanto el furtivo señoreaje que aplicaron los gobiernos norteamericanos? La explicación radica en que los gobiernos fuera de los EEUU pedían dólares para tenerlos en bodega y así darse el derecho de imprimir dinero local. En otras palabras, era dinero que no entraba a la economía norteamericana.

Precisamente el gobierno de los Estados Unidos se da cuenta que tiene una máquina maravillosa, mágica, que le puede producir negocios fabulosos con la simple impresión de dólares. En efecto, los países latinoamericanos y europeos quieren crecer; necesitan infraestructura, maquinaria, escuelas, etc. No tienen recursos, así que acuden a los créditos internacionales, básicamente a los Estados Unidos. Pero, por la regla del patrón oro, la cantidad de dólares es limitada. Si usa esos dólares respaldados, tendría el efecto de un recorte de recursos para su propia economía. Pero, ¡eureka! Recuerda que tiene la imprenta. Basta introducir papel blanco e imprimir dólares, todos los dólares que demandan los países que buscan crédito.

Argentina

Por ejemplo, Argentina piensa en dolarizar su economía, calcula que todo su circulante equivale a 100 mil millones de dólares, mismos que pide a manera de crédito a los EEUU. Al tío Sam no le cuesta nada prender la máquina, meter papel blanco e imprimir esa cantidad, misma que manda en barco a Argentina. Acto seguido, el gobierno de Milei anuncia que tal día los ciudadanos deben acudir a hacer el cambio de moneda. En dos o tres días ya se dolarizó la economía.

Veamos el cuento final: los ciudadanos argentinos ni pierden ni ganan, su poder adquisitivo es el mismo, pueden comprar lo mismo pero ahora pagan con dólares; el gobierno tiene ahora toneladas de pesos argentinos que ya no van a circular, es decir, los billetes se transformaron en basura, los debe mandar al incinerador, sus bodegas se vaciaron de dólares, pero quedó con una deuda de cien mil millones de dólares que devengan una tasa de interés, digamos del 4% al año.

Los Estados Unidos poseen un activo, es decir, un pagaré que le va a cobrar a Argentina, digamos que en un año. Se cumple el plazo y Argentina no tiene para pagar el préstamo, ni siquiera para pagar los intereses. El gobierno norteamericano, en su afán de “ayudar” a Argentina, le dice: “no te preocupes, me puedes pagar con ganado. Mándame cien millones de vaquitas”. El gobierno argentino, buen pagador, manda todas sus cabezas de ganado a los Estados Unidos. Digamos que así saldó su deuda, pero se quedó en la ruina, sin ganado, sin leche, sin piel, y con doble deuda, pues ese ganado lo consiguió con promesas de pago a futuro a los ganaderos argentinos. Una verdadera pesadilla.

Préstamos con señoreaje

Por su lado, el Tío Sam se frota las manos del gran negocio que fue prestar dinero usando el señoreaje. Transformó unas toneladas de  papel periódico en miles de cabezas de ganado. Un negociazo demencial.

La moraleja de este cuento es para decirle a Javier Milei que no pida dólares prestados a los Estados Unidos para hacer la dolarización. Hay otros métodos que no requieren empréstitos internacionales, ni domésticos. En realidad, hoy día se puede dolarizar un país a costo cero.

Con libertad de señoreaje para los gobiernos, ya no necesitan ni oro ni divisas y pueden imprimir a capricho. Resultados: estancamiento, distorsión de precios, pobreza, huida de capitales, etc. La moraleja debió ser “no uses el señoreaje, no imprimas dinero porque los efectos son devastadores”. Pero los gobiernos no se distinguen por ser honestos ni entendidos.

Javier Milei

Aquí resalto la política del liberal libertario Javier Milei que prometió “dinamitar el Banco Central de Argentina” que en realidad quiere decir, no imprimir ni un peso más. Es decir, queda fija e invariable la cantidad de dinero en la economía argentina. Y esta viene siendo la mejor política monetaria que pueda tener un país. No necesita relacionar la cantidad de dinero con la cantidad de oro en bodega. Ni tampoco necesita respaldar con divisas. Su moneda será dura, sana y confiable en tanto no violen la regla de “cero señoreaje”

En realidad, si todos los países establecieran la regla de “cero señoreaje” estarían construyendo un robusto y confiable sistema monetario mundial que tendría el mismo efecto del patrón oro o mejor aún.. Basta garantizar una masa fija y constante. ¿Y cuál es la cantidad de pesos o sucres que deberían tener Argentina o Perú u otro? Esa respuesta ya la dio el economista austriaco Ludwig von Mises: Es la cantidad de dinero que hay hoy mismo.

Ver también

Dolarización venenosa. (Santos Mercado).

Por qué se puede (y debe) dolarizar Argentina en el 2024. (Luis Espinosa Goded).

El ‘plan América’ y el mito de la dolarización

El dinero es, en su más pura esencia, intercambio de trabajo. Por eso la política monetaria debería ser neutral. La emisión de dinero no debería conocer de ideologías.

Acaba de salir al mercado el libro El Plan América (ISBN 9788409557349). Este libro explica los pasos que debe seguir Argentina para salir del agujero monetario en el que se encuentra. El Plan América es la única vía que, sin aplicar con rigor el Consenso de Washington, permite reactivar la economía, recobrar la soberanía monetaria, atraer inversiones no especulativas, controlar la dominancia fiscal y la dominancia monetaria, estabilizar el valor de cambio y evitar la inflación, etc. Este libro cambiará la historia de Argentina por basarse en el Patrón Interés, un novedoso sistema de emisión de dinero que dota valor a la moneda basándose en los activos nacionales, con un ancla o límite de emisión monetaria más robusto que el propio oro.

Uno de los capítulos del libro está dedicado a analizar el mito de la dolarización. Resumimos brevemente las reflexiones que el libro ofrece sobre esta tramposa herramienta monetaria.

Errores técnicos flagrantes de la dolarización

Desde una perspectiva técnica, la dolarización presenta las siguientes debilidades:

  1. La dolarización es inmoral. Para conseguir la masa monetaria óptima de giro, la cantidad de dinero que necesita en la actualidad la nación para funcionar con normalidad, Argentina tendría que enviar 45.000 millones de dólares de commodities (carne, cereales, etc.) a los EE.UU, 45.000 millones de trabajo argentino para que los americanos envíen papelitos de colores. Esto no es lógico. Es más, para frenar cualquier corrida bancaria o crisis puntual monetaria, es decir, para que el BCRA pudiese actuar como prestamista de última instancia de todo el sistema, tendría que enviar otros 10.000 millones de commodities para obtener más papelitos de colores. Los americanos vivirían como reyes a costa del pueblo argentino.
  2. La dolarización es cara e infinita. Cuando la economía argentina aumente y necesite incrementar la masa monetaria en circulación o de giro, deberá igualmente enviar más trabajo argentino a los Estados Unidos a cambio de billetes verdes. Si esto no se consigue, los precios de los productos sufrirán deflación.
  3. La dolarización hace depender la economía Argentina de las necesidades comerciales norteamericanas. Si los norteamericanos deciden vetar ciertos productos que ellos no producían pero ahora producen, Argentina sufriría monetariamente (ver más detalles en el libro).
  4. Competencia Comercial Insana. Si todos los países hispano hablantes hicieran lo mismo que recomienda el líder de La Libertad Avanza, si todos los países estuvieran dolarizados, existiría una mayor oferta de commodities para la misma demanda. Esto será terrible para Argentina y todos los países dolarizados (ver más detalles en el libro). La competencia entre países iberoamericanos por el mercado norteamericano o chino ya existe, pero si pierdes blindaje monetario nacional es más difícil amortiguar los shocks de demanda de cualquier tipo.
  5. La dolarización es dependiente de la política de bloques. Si Argentina no compra a los EE.UU. aviones militares, los norteamericanos podrían vetar los productos argentinos.
  6. Inflación. El Presidente Milei y toda su cohorte de economistas, han afirmado que con la dolarización la inflación desaparecería en Argentina. Esto es terriblemente inexacto por motivos empíricos y técnicos (ver más detalles en el libro). Desaparecería la hiperinflación, pero la inflación persistiría, como ocurre actualmente en EE.UU., Ecuador, etc.
  7. Situaciones extremas. La dolarización total que propone el Presidente Milei para Argentina, con la supresión del Banco Central y la aniquilación del Peso argentino, impediría que el Estado, en situaciones extremas, pudiese emitir dinero. Por ejemplo, en el supuesto de una pandemia similar a la COVID19, donde la actividad privada y los ingresos por impuestos caen totalmente, ¿cómo emitiría dinero un Estado sin Banco Central? ¿Cómo atenderían sus compromisos las diferentes administraciones si los impuestos caen por culpa de una sequía?  La sequía de 2023 redujo la producción agrícola, según algunas fuentes, en más de un 40%, siendo el campo el 8% del PIB, pero el 50% de las exportaciones argentinas.
  8. Dependencia del mercado exterior. Al carecer el Estado de capacidad de emisión monetaria, la obtención de dólares dependería del turismo, la inversión extranjera y de las exportaciones. Si uno de estos capítulos fracasa, todo el castillo de naipes se tambalean (ver más detalles en el libro)
  9. Problemas laborales. Cuando el dólar aumenta de valor respecto a todas las monedas, la economía dolarizada pierde competitividad frente a países competidores no dolarizados, provocando problemas laborales internos por factores exógenos. Si el dólar se deprecia, la economía dolarizada gana competitividad. Además los países que tienen una economía fuertemente dependiente de las exportaciones de materias primas, como Argentina, y por tanto sus monedas están vinculadas indirectamente al dólar, cuando el precio de las materias primas cae, se observa un fuerte aumento del desempleo e importantes caídas del PIB. Si la economía estuviese totalmente o fuertemente dolarizada se necesitaría una gran flexibilidad del mercado laboral…. (ver más detalles en el libro). El tener una moneda propia permite amortiguar los impactos económicos exteriores.
  10. El pueblo como amortiguador monetario. Una economía dolarizada tiende a equiparar el nivel de vida local con el de los EE.UU., tanto en el coste de los productos y servicios como en el de los salarios (ver más detalles en el libro).
  11. La dolarización es insegura. Al perder la soberanía monetaria, el Estado Argentino no tendría capacidad para determinar qué dinero es auténtico o cual es falso… (ver más detalles en el libro) En el mundo se calcula que más del 20% de los dólares son falsos.
  12. Riesgo de colapso del dólar. El dólar dejará de ser la moneda hegemónica mundial antes de 25 años, porque el déficit comercial norteamericano, el endeudamiento y el crecimiento de su masa monetaria es insostenible. Si todos los billetes norteamericanos que circulan por el globo retornaran a su país de origen, EE.UU implosionaría. Las reservas de los bancos centrales del mundo en dólares pasaron del 72% en 1999 a un 58% en el año 2023. Siguiendo esta proporción, en 25 años el dólar perderá su liderazgo mundial… (ver más detalles en el libro). EEUU está inundado el planeta de dólares. Todo tiene un límite.
  13. El problema de la dolarización y la disciplina fiscal. Como hemos dicho, el objetivo último de la dolarización es acabar con la inflación. La dolarización obliga a las AAPP, en gran medida, a controlar el gasto público, pero la dolarización no lo limita… (ver más detalles en el libro) Si no se consigue disciplinar fiscalmente a las AAPP, no existirá hiperinflación, pero la inflación seguirá existiendo porque las AAPP seguirán emitiendo deuda pública (sustitutos monetarios) para cubrir el déficit público. Dolarizar sin disciplina fiscal no tiene ningún sentido y, si se alcanza la disciplina fiscal tampoco es necesaria la dolarización porque la inflación se habrá acabado.
  14. Pérdida de la función de prestamista de última instancia. (ver más detalles en el libro)
  15. El problema histórico de la equivalencia de valor. Este es un problema histórico que se remonta a los problemas del sistema bimetálico de oro y plata, que fue finalmente abandonado por el Patrón Oro. Existen muy pocos países plenamente dolarizados y, cuando en un país conviven dos monedas de curso oficial o de forma oficiosa, existe una permanente y lógica variación del valor de las monedas por el devenir de sus emisores…. (ver más detalles en el libro). Este es un gran negocio para unos pocos, los cuales provocan tendencias no naturales en las equivalencias de valor para ganar dinero.
  16. No elimina la prima de riesgo país ni aun estando  la economía totalmente dolarizada. Se reduce, pero no la equipara. La prima de riesgo depende del emisor y no de la denominación facial de la emisión.
  17. La dolarización es una dejación de funciones, de responsabilidades. ¿Qué hará Argentina si en el año 2053 el dólar colapsa y pierde gran parte del valor actual? Tendrá que hacer lo que no quiere hacer hoy (ver más detalles en el libro).

Evidencia Empírica del fracaso de la dolarización

Otra importante razón para no dolarizar una economía es la evidencia empírica. Algunos economistas presentan a países dolarizados como casos de éxito, cuando en realidad existen indicadores económicos que contradicen estas opiniones. Solo nano países o países pequeños, como Panamá, estrechamente vinculados a los EE.UU., conviven con el dólar de una forma razonable…. (ver más detalles en el libro, donde se analizan las variables individualmente fundamentales de los países dolarizados).

Cambio de Rumbo de D. Javier Milei y Emilio Ocampo

El Presidente D. Javier Milei, hace cinco años era contrario a la dolarización (ver documento gráfico que se ha viralizado recientemente).[1] Durante todo el proceso electoral defendió vehemente la dolarización, y ahora está reculando por la divulgación de nuestras ideas. 

Ante la nueva realidad que ha descubierto, el Presidente Milei viene argumentando que él siempre ha defendido la competencia de monedas, lo cual es cierto; pero no es menos cierto que:

  1. Ha venido insinuando en multitud de ocasiones que la dolarización se podría realizar de forma inmediata. Presumía que él disponía del apoyo de “una de las instituciones financieras más importantes del mundo que le facilitaría los dólares”.
  2. Él siempre se ha mostrado a favor de una urgente dolarización, como lo demuestra su twit de fecha 28 de Junio, en el que no habla de competencia de monedas. Dio a entender al electorado que él era favorable abiertamente a la dolarización y que tenía todo armado para su desempeño, pero ahora parece ser que no dispone del apoyo financiero para dolarizar.
  3. Después de dinamitar el Banco Central, a la única moneda que no se le permitiría competir es al Peso. La competencia de monedas es una utopía temporal que solo sobrevive hasta la aparición del “banco hegemón monetario”. La competencia de monedas, como solución mágica, está siendo dimensionada y mitificada por el Presidente Milei (ver libro).
  4. El gran problema de Argentina no es la inflación, como afirmaba el Presidente Milei en su twitte, sino un problema institucional, de cumplir y hacer cumplir las normas. Gracias al Patrón Interés hoy la inflación ha dejado de ser un fenómeno monetario para transformarse en un fenómeno político. Desde el año 2013, con el descubrimiento del Principio de Crecimiento Progresivo de la Masa Monetaria, sabemos a priori la cantidad de dinero que necesita el mercado para que el dinero mantenga su  poder adquisitivo.

La pignoración de la deuda pública en pesos, por contravalor de 50.000 millones de dólares, que se pretende dar en garantía para obtener dólares y hacer frente a las necesidades de la masa monetaria en giro será un buen negocio. No lo dudemos, el fideicomiso propuesto por Emilio Ocampo dará muchos beneficios a todas las partes que intervengan en el proceso.

Parece evidente que tanto la  competencia de monedas como la dolarización es una utopía propia de economistas que no dominan el sistema monetario.

El Presidente Milei puede hacer mucho daño al movimiento liberal si no consigue, de un modo u otro, sacar adelante la economía argentina. Ha generado tantas expectativas que si no despliega las promesas realizadas, si las desarrolla tarde o si las ejecuta y fracasa, el coste político será enorme para el liberalismo. Tal fue el método utilizado, el desprecio con el que trató al resto de fuerzas políticas, y la seguridad con la que se presentó a las elecciones que, cualquier cosa que no sea el éxito tendrá una factura política en relativamente un breve espacio temporal.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=RmrBGh1z9_k

Ver también

Una visión crítica de la competencia institucional normativa. (Miguél Gurrea).

Una crítica al patrón interés. (Miguél Gurrea).

Por qué se puede (y debe) dolarizar Argentina en el 2024. (Luis Espinosa Goded).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda. (Adrián Ravier).

Dolarizar la Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

Por qué se puede (y debe) dolarizar Argentina en el 2024

Tras el flamante triunfo de Javier Milei en Argentina se ha abierto el debate sobre cómo podría dolarizar la Argentina. Y aunque haya sido la propuesta electoral más comentada, no ha nombrado en su discurso de asunción la dolarización ni se ha avanzado en el primer mes en esa dirección. Parece que son muchas las críticas y supuestas dificultades que se han presentado y que van alargando el proceso. 

Visto desde Ecuador, un país que lleva 23 años dolarizado, el debate parece un deja-vu, pues son casi los mismos los argumentos que se usan en contra la dolarización de Argentina los que se usaron dos décadas ha contra la dolarización de Ecuador. 

Lo llamativo es que la cuestión ya no es por qué dolarizar Argentina. La inmensa mayor parte de los argentinos lo desean, y así lo han demostrado con sus votos y con sus actos, acumulando billones de dólares en sus casas (casi el 50% del PIB, según algunos informes). Al igual que en Ecuador, la cuestión ya no es si dolarizar fue o no una buena decisión, pues es la política pública que suscita más consenso, manteniéndose con unos niveles de popularidad de entorno al 85% sostenidos, muy por encima de cualquier Presidente o cualquier otra política económica.  

Y teniendo en cuenta que nadie ha presentado aún un plan sólido para evitar el caos monetario que es la nación austral a día de hoy (y durante la mayor parte de su historia) que no sea dolarizar, la cuestión tampoco puede ser ya si se ha de dolarizar Argentina, sino cuándo se hará y a qué tipo de cambio. 

Libertad de elección de moneda

Dolarizar es permitir a los ciudadanos que intercambien en la moneda que deseen, es la libertad simétrica a la libertad fundamental de libre comercio: igual que tenemos el derecho de comprar lo que deseemos y acordemos, tenemos el derecho de pagarlo en lo que deseemos y acordemos. Por tanto, desde un punto de vista liberal, la argumentación ética a su favor es obvia. 

Muchos pensamos que la libre elección de moneda, una propuesta de Hayek y que está garantizada en la Constitución en Panamá, es una medida aún superior a la dolarización. Pero creo que es más fácil pasar de la situación actual en Argentina a una dolarización, y de la dolarización a una mayor libertad monetaria, que de la situación actual de Argentina a una libertad monetaria.

El Estado Argentino ha de elegir una moneda para convertir la masa monetaria en pesos, y además para operar pagando sus compromisos y cobrando impuestos. Y al ser el dinero un bien-red y tener el Estado un peso tal en la economía, esa elección afectará a la decisión de gran parte de los ciudadanos. Por tanto, a efectos prácticos la dolarización es más fácil y factible y no habría diferencias sustanciales con un sistema de libertad monetaria, pues la mayoría de los argentinos ya eligen el dólar para sus ahorros y es su principal moneda de transacción internacional. Eso sí, lo ideal sería acompañar la dolarización de una norma que permita el libre acuerdo de la moneda de intercambio entre los compradores y vendedores, así como la libertad para abrir cuentas bancarias en cualquier moneda acordada. 

Exceso de Leliqs

El primer supuesto gran problema es que existen demasiadas “LELIQs” y que, por tanto, primero hay que hacer una limpieza del balance del Banco Central para poder dolarizar. Y así, la primera medida que ha decidido el Ministro Caputo con respecto a su política monetaria ha sido dejar de renovar las LELIQs e incentivar a los bancos a comprar deuda del Estado. 

Aclaremos por qué esto no es ni el supuesto gran problema que tantos creen, ni mucho menos la solución. Las LELIQs son el resultado la pésima política monetaria argentina que provoca la inflación que es eminentemente fiscal. El Estado le pide dinero al Banco Central que es incapaz de decirle que no, por lo que le presta pesos (pasivos de su balance) a cambio de promesas de pago del gobierno de Argentina que acumula en el activo de su balance.

Como todos esos pesos creados ex nihilo se acumulan como masa monetaria que provoca inflación, el mismo Banco Central que los ha creado los intenta retirar de la circulación, cuan bombero pirómano. Y para sacar los pesos de circulación lo que hace es emitir LELIQS, que son préstamos en pesos que hacen los bancos comerciales al Banco Central a corto plazo, normalmente 28 días. Esos LELIQS siguen estando en el pasivo del balance del BCRA, sólo han cambiado una partida de pasivo por otra.

El sistema drena el crédito productivo

Alguien se podrá preguntar cuál es el plan para reducir la masa monetaria tras los 28 días en que se revierte la operación. Y la realidad es que ninguno. A los 28 días se suelen renovar las LELIQS a mayor tipo de interés en un proceso imparable. Los bancos comerciales, por tanto, toman los depósitos de los argentinos que les remuneran pues son útiles para retirar los pesos que crea el BCRA, gasta el gobierno argentino en todos sus programas populistas, entran a la economía argentina, y tienen que retirar de esta manera.

Pero la plata que toman con una mano, con la otra, en lugar de ejercer su función de mediador del riesgo y otorgar crédito al sector productivo, prestan ese dinero al Banco Central. Y lo prestan a tipos de interés de hasta el 160% anual, que siempre es menor que la inflación, pues la inflación la generan ellos mismos con este proceso de creación de masa monetaria.

A día de hoy los bancos argentinos tienen 43 billones de pesos en depósitos y sólo 16 billones de pesos han prestado al sector privado (últimos datos disponibles del BCRA). El resto, al Estado. Este es otro de los efectos secundarios de vivir en un desastre monetario, que se drena el crédito productivo, por tanto, se descapitaliza la economía. 

Los argentinos tendrán que pagar por una de estas cuatro vías

Creo que hay que hacer hincapié en el nefasto papel que juegan los bancos en el proceso inflacionario de Argentina (tras el Gobierno y el Banco Central, pero estos son los primeros responsables), pues sin ellos nada de todo este proceso inflacionario se podría haber producido, y ellos no están cumpliendo con ninguna de sus dos funciones principales en un sistema económico sano, que son resguardar los depósitos de sus clientes y canalizar el crédito a los proyectos productivos más seguros y eficientes.

Una vez que entendemos que los LELIQS ya están creados y son cuasi-masa monetaria argentina, se entiende que al final del camino serán los argentinos quienes tendrán que reconocer y pagar esta realidad, les guste o no. Y sólo se puede hacer de cuatro maneras: o lo pagan todos los argentinos con impuestos; o lo pagan los argentinos con la quiebra de los bancos; o lo pagan los argentinos con un mayor tipo de cambio a la hora de dolarizar, o lo pagan los argentinos con más inflación. Pero al final del camino lo pagan los argentinos. 

La primera opción, esperar que el Gobierno de Argentina pague la deuda con el Banco Central de Argentina, es una fantasía, pues es evidente que el gobierno de Argentina es incapaz de cumplir con sus deudas y está en impago contable. Pero aún siendo así, eso sólo significaría que lo pagarían los argentinos con sus impuestos. Y no creo que haya capacidad de subir mucho más los impuestos, o de cargar a los argentinos del futuro con más impuestos. Y si se hiciese, los argentinos estarían descontentos con estas medidas económicas, pues supondría que pagarían más impuestos y recibirían menos servicios del Estado. 

Bail-in

La otra opción es no devolver las LELIQS; pero en ese caso los bancos comerciales tendrían graves dificultades, pues se quedarían con tan sólo papeles impagados para responder a los depósitos de sus clientes, por lo que quebrarían y entonces lo terminarían pagando los argentinos con sus depósitos en los bancos. Ahora bien, yo también creo, como dije anteriormente, que los bancos comerciales son en gran parte culpables de la situación que está atravesando el país. Por ello creo que lo justo sería hacer un “bail-IN”, esto es, no devolver LELIQS por valor del capital patrimonial de los bancos, pues ellos también han de pagar el riesgo tan irresponsable que están asumiendo prestando dinero a un Banco Central quebrado que responde a un Gobierno quebrado.

Esto permitiría dolarizar a un menor tipo de cambio. Creo que esta opción no tendría mayores problemas sobre su solvencia, pues lo más probable es que tras la dolarización se genere tal confianza en la economía argentina y su sistema financiero que todos esos dólares que los argentinos tienen guardados en sus casas aflorarán y se depositarán, recapitalizando así a los bancos. 

La tercera opción es que se cubran los LELIQS con las reservas internacionales que tiene el Banco Central, en este caso el tipo de cambio sería superior. Sería parecido al del tipo de cambio del dólar blue, que es el dólar libre, y que en el fondo no está sino reflejando exactamente esto, cuántos activos reales hay en el balance del Banco Central para respaldar los pasivos exigibles, que son la masa monetaria y la cuasi-masa monetaria. 

Vincular el pago a la dolarización

Creo que hacer el pago en el momento de la conversión al dólar es lo mejor con diferencia. En primer lugar pues es lo más rápido, y permite re-comenzar la economía argentina con valores reales y sin lastres. Pero es que además es cargar sobre la moneda un problema que es monetario, lo más lógico y simple, en lugar de hacerlo sobre lo fiscal o financiero. 

Lo que hay que entender es que la dolarización es, sobre todo, un proceso de sinceramiento de la economía. Y en ese sinceramiento hay que reconocer la realidad: los LELIQS son masa monetaria drenada temporalmente, o sea, cuasi-masa monetaria. Pero esa masa monetaria ya existe, ya se ha creado y no va a desaparecer. Por tanto, creo que el tipo de cambio al que se debe dolarizar debe contar con ellos, y eso hace que se acerque mucho más al tipo de cambio del dólar blue (que está ya por encima de los 1000 pesos por dólar) que del dólar oficial, así sea el anunciado por el Ministro Caputo (que ha sido de 800 pesos por dólar).  

Por dónde va el Plan Caputo

Me parece evidente que no se puede contar con que el Gobierno de Argentina cumpla con sus compromisos de pago. No lo creo yo, y no lo creen los acreedores internacionales que sitúan el riesgo país en torno a los 2000 puntos. Peor aún ahora que el plan de Caputo parece que es acumular como deuda propia toda la masa monetaria acumulada en las LELIQs, de tal manera que sólo se cargará con más deuda, esto es, más incertidumbre e impuestos futuros, una situación fiscal ya quebrada. 

Ahora bien, hay una diferencia radical entre un “default soberano” en un país con moneda propia y un “default soberano” en un país dolarizado. Pues en un país con moneda propia el Gobierno presionará al Banco Central para emitir moneda para poder pagar, de tal manera que la quiebra también la pagarán los ciudadanos con inflación y pérdida de poder adquisitivo. Algo que ya ha ocurrido en Argentina.

Sin embargo, en un país dolarizado, la quiebra del Estado no es la quiebra de los ciudadanos, ni de sus bancos, ni de sus empresas ni de su moneda. De tal manera que puede declarar un “default” el Estado, y eso simplemente implicaría que no pueda pedir prestado en los mercados internacionales, largos juicios de embargos internacionales o disputas. De hecho, los datos en Ecuador son muy dicentes a este respecto. Pues aunque ha subido el riesgo país hasta los 2000 puntos, la financiación de las empresas privadas no se ha visto apenas afectada. 

La dolarización es una quiebra

Claro que una declaración de quiebra tendría consecuencias sobre la financiación del gobierno de Argentina en el futuro, pero teniendo en cuenta que ya no tiene financiación alguna en mercados libres pues su credibilidad está por los suelos, y que el plan de Milei es reducir el tamaño del Estado para lograr un déficit cero, sería simplemente afianzar esa medida. 

Algunos dicen que Milei no puede dolarizar pues no cuenta con los dólares suficientes, lo cual es evidentemente falso. La cuestión de los dólares disponibles en la Reserva internacional lo que dilucida es a qué tipo de cambio se puede dolarizar, pero no si se puede o no. Y la respuesta es que sí se podría dolarizar al tipo de cambio del dólar blue. 

No hay panaceas, pero…

Y algunas voces arguyen que no se puede dolarizar pues cuenta con “reservas internacionales negativas”, lo cual es no entender qué es la dolarización. La dolarización se ha de plantear como la quiebra del banco central, y por tanto hay que analizar el balance del Banco Central partida a partida como una quiebra ordenada, qué partidas del activo hay disponibles para pagar qué partidas del pasivo en qué prelación. Y por eso tan sólo interesan tres partidas para la dolarización, en el activo las reservas internacionales, pues son las realmente disponibles. En el pasivo, la masa monetaria en pesos que hay que cambiar, y como ya hemos explicado anteriormente, las LELIQs.  Claro que el balance de un banco central es mucho más complicado que esto, pero éstas son las partidas fundamentales para llevar a cabo la dolarización. 

La dolarización no es una panacea, no es un milagro económico, no es la solución a todos los problemas de Argentina. La dolarización es una medida monetaria que permite solucionar de raíz el problema monetario que es la inflación. Que es, a día de hoy, el principal problema económico de Argentina.  

La dolarización no requiere de condiciones previas, no requiere de tener la economía saneada, ni requiere de tener equilibrio fiscal. La dolarización requiere tener los conceptos claros y voluntad para ello. 

Ver también

¿Cuánto cuesta dolarizar una economía? (Santos Mercado).

Dolarización venenosa. (Santos Mercado).

Reflexiones ante la carta de 200 economistas que se oponen a la dolarización. (Adrián Ravier).

Dolarizar Argentina es posible y deseable. (Adrián Ravier).

Dolarización en Argentina. (Santos Mercado).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda. (Adrián Ravier).

Respuesta a tres grupos críticos de la dolarización argentina. (Adrián Ravier).

La dolarización como herramienta de cambio: lecciones del milagro ecuatoriano. (Adrián Ravier).

En Argentina no basta con el equilibrio fiscal. (Adrián Ravier).

Dolarizar Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

¿Cuánto cuesta dolarizar una Economía?

Adoptar el dólar como moneda nacional (dolarizar) puede ser la entrada al paraíso, pero también al infierno. Ya se ha logrado entender las ventajas de tener al dólar como moneda de curso legal, el problema se centra ahora en el proceso de sustitución.

Veamos un poco de teoría. Cuando existía el patrón oro, cualquier banco podía emitir billetes con la regla de imprimir una unidad si estaba respaldado por un gramo de oro. En un mismo país podía haber muchos bancos donde cada uno que imprimía sus propios billetes. Si llegaba un minero con un kg de oro, el banco imprimía mil billetes de un peso. Y todo funcionaba bien.

Luego, los gobiernos, indebidamente, crearon Bancos Centrales bajo su administración, así empezaba su intervencionismo en materia de moneda. El pretexto era para que en cada país unificara sus billetes con el retrato del rey o gobernante de cada nación. Nada de qué preocuparse mientras conservaran la disciplina de un peso un gramo de oro. ¿Era necesario todo esto? Opino que no, ni Banco Central ni homogenización de billetes, ni intervención de los gobiernos. Pero así fue la historia.

La perversión de los bancos centrales

El gobierno se da cuenta que puede usarlo para financiar sus gastos y caprichos. Empieza a imprimir billetes sin respaldo, es decir, surge la falsificación del dinero. Construye obras faraónicas, otorga créditos baratos o simplemente lo regala para tener contento al pueblo. Con dinero en abundancia, la demanda de bienes crece formidablemente, todos son felices, se embriagan de gusto y placer. Pero el efecto dura poco, cuando se deja de inflar con billetes falsos la demanda de productos se reduce, los almacenes quedan llenos, las fábricas se cierran, trabajadores a la calle, llegó la crisis y a sufrir todos. Los que conservan su empleo verán que ya no compran lo mismo de antes, los que tenían ahorros notarán que se habrán pulverizado, las hipotecas no se pueden pagar.

El fenómeno se repetirá una y otra vez cada vez que el gobierno ordene al Banco Central imprimir dinero. Ahora los ahorradores buscan la mejor moneda para hacer sus ahorros. Es cuando ponen la vista en el dólar americano. Saben que el dólar no es moneda perfecta pero es la más confiable, por ahora. Así que surge la idea  de dolarizar la economía”.

¡Pero qué necesidad!

En realidad, no hacía falta buscar otras monedas más confiables. Ningún país tendría problemas monetarios de inflación y pérdida de poder adquisitivo de su moneda si no hubieran falsificado dinero. Esto ocurrió porque le dejaron al gobierno la administración del Banco Central. Ahora ya saben que el Banco Central debe ser totalmente independiente del gobernante y tener tareas bien específicas. Debe estar en manos privadas, de algún hombre que sepa de teoría monetaria y que sus funciones son las siguientes:

  1. Conservar la masa monetaria fija, no debe imprimir ni una unidad más. Debe vigilar que ningún otro particular falsifique dinero, tendrá inspectores, policías y detectives a su cargo.
  2. Puede usar la imprenta solo para sustituir billetes deteriorados.
  3. Fraccionar. Recoge y destruye un billete de mil pesos e imprime mil billetes de un peso. Esto no altera la masa monetaria.
  4. Compactar dinero. Incinera mil billetes de un peso e imprime un billete de mil pesos. Esto tampoco altera la masa monetaria.
  5. Prohibido financiar al gobierno. No debe imprimir dinero por mandato del gobierno.
  6. Prohibido financiar a bancos privados o negocios particulares.
  7. En el peor de los casos, actuar para resolver pánicos bancarios.

Un ladrón

Con estas restricciones, es fácil ver que este Banco Central no tiene dinero depositado, ni oro, ni valores en bodega. Es una simple imprenta que funciona como un “taller de vigilancia y reparación”. El resultado da una moneda dura, confiable y la economía no sufre inflación. Si este Banco Central se limitara a las actividades señaladas, no habría necesidad de buscar otra moneda. La nuestra sería la más confiable.

La propuesta de Milei va en este sentido. Habla de dinamitar el Banco Central de Argentina porque ahora se ha convertido en un ladrón furtivo, un depredador del patrimonio de los ciudadanos, un destructor de la Economía y fuente de continuas crisis. Todo esto acabaría si cambia sus actividades para convertirse en un “taller de vigilancia y reparación”.

A pesar de que se tuviera un Banco Central nuevo, hay que reconocer que la limitación de los pesos argentinos que valen en Argentina, pero no valen en Colombia, USA, Venezuela, etc. Por eso se habla de dolarizar, porque Argentina podría usarlo en cualquier parte del mundo. Entonces abordemos los procesos de dolarización.

Dolarización de coste infinito

Dolarización de coste infinito. El gobierno de Argentina invita a los ciudadanos para que lleven sus pesos argentinos a un tipo de cambio de, digamos, 750 por cada dólar. Usa sus reservas, se las acaba, emite bonos para que los argentinos poseedores de dólares debajo del colchón los lleven al banco, pero ni así logra dolarización completa y ya no tiene más dólares. El gobierno pide dólares en préstamo a los Estados Unidos de América y ni así logra dolarizar.

No se dio cuenta que la imprenta de pesos argentinos seguía funcionando y algunos funcionarios corrían al banco para rescatar dólares. Podían seguir así ad infinitum y algunos terminarían supermillonarios, indebidamente. Es la política más estúpida y Argentina acabaría peor que si le hubieran lanzado la bomba, con una deuda fatal.

Dolarización innecesariamente costosa. El gobierno destruye su banco central, ya no crece la masa monetaria. Ahora usa sus reservas internacionales para cambiar pesos por dólares, no le alcanza, emite bonos para que los argentinos inviertan en dólares a diez años, no le alcanza, pide prestado dólares a los estados unidos. Ahora si, ya Argentina está dolarizada, pero el gobierno está quebrado, con deudas impagables. Otra mala dolarización.

Dolarización sin coste

Dolarización sin costo. Se pide el apoyo de los Estados Unidos de América quien tiene el privilegio del señoreaje. Es para que imprima 40 mil millones de dólares, digamos que es el equivalente de la masa de pesos argentinos. Los manda a Argentina a cambio de todos los pesos argentinos. Se realiza la conversión y Argentina solo habrá pagado por la tinta, el papel y el traslado. Es la buena dolarización. Los Estados unidos no sufren en absoluto porque esos dólares no entran a la economía norteamericana. Argentina no se habrá descapitalizado, el gobierno no acaba endeudado, no se esfuman las reservas internacionales.

Dolarización ligera. Consiste únicamente en mantener masa monetaria nacional congelada y dar curso legal al dólar. El gobierno no quema pesos argentinos, no los saca de circulación, deja que la tasa de cambio se resuelva en el mercado de divisas. El resultado es que el gobierno no gasta en la dolarización y el peso argentino, al eliminar el señoreaje, se empieza a revalorar con el tiempo, si ahora necesita 750 pesos argentinos por un dólar, al rato solo necesitará 600, luego 500.

Ecuador

Cuando Ecuador se dolarizó lo hizo unilateralmente. El Fondo Monetario Internacional ni lo apoyó ni lo impidió: “es su decisión”, dijo FMI.  Ecuador usó sus reservas internacionales, alteró brutalmente la tasa de cambio. Si antes estaba 30 sucres por dólar, luego impuso 120 sucres por dólar. La gente vio reducido su poder de compra a la cuarta parte; luego anunció que el cambio se daría en solo unos días, digamos tres días, después de eso, los sucres quedarían sin valor. Mucha gente no se enteró y quedaron con cientos o miles de sucres en el bolsillo que ya no valían nada. Aún así, no alcanzaba a dolarizar.

Entonces ocurrió un milagro: Ecuador, que es productor de petróleo, vendía a 38 dolares por barril, pero subió el precio internacional y ahora le pagaban a 160 por cada barril. Así llegaron los dólares y pudo realizar el cambio total de moneda. Ahora están dolarizados, pero el precio fue muy alto: descapitalización del gobierno, pérdida del ciudadano por cambio en la cotización autoritaria, pérdida del ciudadano que se quedaron con sucres sin valor. El petróleo y préstamos internacionales pagaron la dolarización. Así que el gobierno ecuatoriano quedó sin reservas y con brutal deuda internacional. Fue una dolarización con demasiados e innecesarios sacrificios. La población soportó y ahora disfrutan de una moneda que no depende de los caprichos de un gobernante nativo. Cuando menos, ya no puede haber robos estatales por manejo de la moneda.

Guatemala y El Salvador

Guatemala maneja las dos monedas, quetzal y dólar, prácticamente no tiene inflación y no tuvo que sacrificar nada. La tasa de cambio ha estado constante, debido a que no hacen señoreaje. No pidió dólares prestados a instituciones internacionales, ni deudas por bonos a ciudadanos nacionales. Están tranquilos, con muy baja inflación.

En El Salvador el cambio fue un tanto traumático. El presidente decide unilateralmente dolarizar pero declara que convivirán los colones con el dólar. Sin embargo, obliga a los bancos para que, cuando los ciudadanos saquen sus ahorros, solo se les den dólares. El gobierno guarda toneladas de moneda nacional y deja dolarizado a El Salvador. ¿De dónde sacó los dólares para lograr una dolarización total? Es un misterio. Pero se sabe que tiene una deuda enorme con los EUA. Como es deuda a 30 años, no le preocupa demasiado, ya lo pagarán las generaciones futuras.

Un precio muy alto

En los tres casos podemos decir que los países pagaron un precio demasiado alto. El error común de los tres es que no plantearon un acuerdo con los USA. He señalado antes que podían haberse apoyado en el señoreaje de Estados Unidos. En efecto, los Estados Unidos imprimen moneda casi a capricho. Al eliminarse el patrón oro por el presidente Richard Nixon, los dólares ya no son intercambiables por oro.

La regla que se adoptó mundialmente es que cada país imprime a discreción. Los gobernantes más ignorantes o bandidos imprimieron toneladas de billetes provocando dolorosas inflaciones, la unidad monetaria perdió poder adquisitivo. Solo aquellos países que se disciplinaron y casi no imprimieron, lograron tener monedas fuertes. De hecho, si todos los países, en 1972, hubieran congelado sus masas monetarias, todas las monedas habrían sido duras y se podrían usar por todos lados del mundo. Tarde llegó la lección.

Dólar, dinero fiat

En resumen, si argentina decide dolarizarse totalmente, lo mejor es llegar a un acuerdo monetario con los Estados Unidos. Usa imprime los 50 mil millones de dólares equivalentes a la masa monetaria de Argentina. Manda un barco con todos esos billetes, se dan tres días para hacer la conversión, se le pone en el barco toda la masa de pesos argentinos para que usa se los lleve o los incinere para no cargar basura. Solo en este caso conviene a Argentina la dolarización completa.

Queda claro que esta alternativa descansa en que el dólar es dinero fiat, es decidir, no tiene respaldo de oro y su valor radica en la confianza de la gente. Sería insensato proponer a USA la compra de basura monetaria, si estuviera el dólar bajo el régimen del Patrón Oro, sería tanto como pedir que usa le regalara oro a Argentina, pero no es el caso, es intercambio de vil papel.

Si logra entenderse esta propuesta, muchos países podrían reclamar el método y pronto tendríamos una América dolarizada sin lastimar los intereses de nadie.

Ver también

Dolarización venenosa. (Santos Mercado).

Reflexiones ante la carta de 200 economistas que se oponen a la dolarización. (Adrián Ravier).

Dolarizar Argentina es posible y deseable. (Adrián Ravier).

Dolarizar la Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

Dolarización en Argentina. (Santos Mercado).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda. (Adrián Ravier).

Respuesta a tres grupos críticos de la dolarización argentina. (Adrián Ravier).

La dolarización como herramienta de cambio: lecciones del milagro ecuatoriano. (Adrián Ravier).

Dolarización venenosa

Antes de hablar de dolarización. Cuando sentimos el agua hasta el cuello y vemos que nuestros salarios pierden poder adquisitivo a cada momento, buscamos la manera de protegernos utilizando otra moneda más fiable. Compramos dólares y los guardamos debajo del colchón sólo para que nuestros ahorros no se sigan esfumando.

Nuestros pesos, devaluados día a día, parecen víctimas de un embrujo que no llegamos a comprender, pero que sí sentimos. Si ayer comprábamos un kilo de azúcar, hoy con esa misma cantidad de dinero solo compramos 900 gramos. Los billetes nos queman las manos y corremos a la tienda a comprar lo que se pueda antes de que pierdan más valor. Si los guardamos en el banco veremos que allí se encogen segundo a segundo.

¿Somos víctimas de algún Dios perverso que nos castiga sin piedad? Por supuesto que no. Más aún, debemos saber que la medicina está en nuestras manos. Podemos evitar las catástrofes monetarias. Pero tenemos que comprender el diablo que enfrentamos.

Del intercambio al oro

Lo primordial es tener una idea clara de qué es el dinero. Algunos milenios atrás el dinero era totalmente desconocido. Surgió a consecuencia del descubrimiento de la propiedad privada, hace apenas unos tres o cuatro milenios atrás. Fue cuando alguna tribu salvaje abandonó el método violento y salvaje para adquirir lo que producía la tribu vecina, y no fue toda la tribu, sino alguno de sus miembros.

Guardaron la espada y ofrecieron algo a cambio de algo. En efecto, se descubrió el trueque. Pasados los siglos, se extendió el intercambio y se adoptó el oro como mercancía ideal para facilitarlo. Se observó que con un gramo de oro se compraba más que en años anteriores, se daba el fenómeno que ahora conocemos como deflación. Esto se debía a que cada día entraban más oferentes y nuevas tecnologías impactaban en incremento de la productividad. La cantidad de oro apenas crecía con tasas menores a la oferta de bienes. Esto provocó una fiebre por buscar ese metal milagroso. A pesar de mucho esfuerzo, este metal precioso crece un tres por ciento al año, cualidad que lo hace muy apreciable.

Patrón oro

Andar cargando pepitas de oro, polvo o monedas se volvió algo incómodo. Así que mejor lo guardaron en bóvedas con alguien de confianza, quien les extendía un certificado que el poseedor podía rescatar la cantidad de oro que amparaba. El certificado dio surgimiento a los billetes. El comercio floreció sin ningún problema, pues realmente se pactaba con oro. Así nace el patrón oro, que significa que cualquier banco puede imprimir sus propios billetes bajo la regla: Solo se puede imprimir un billete de un dólar si está respaldado con un gramo de oro. Cualquier banco podía imprimir sus propios billetes y circulaban por todo el mundo con la confianza de que podían rescatar el metal.

Billetes sin respaldo

Pero nunca faltan las personas sin escrúpulos y alguno se da cuenta de que nadie pide el oro, sigue guardado en la bodega por años. Se le ocurre imprimir certificados o billetes que supuestamente están respaldados por oro. Adquiere propiedades, ranchos, muebles, etc. Una maravilla de hacerse millonario con la imprenta. Y sigue imprimiendo billetes, hasta que se descubre que son billetes o certificados impresos sin que se haya depositado el oro correspondiente, es decir, no tienen respaldo en oro.

Los poseedores corren a ese banco para pedir su metal y los primeros logran recuperar, pero pronto la bóveda queda vacía y los demás se quedaron con sus billetes sin valor. Se llenan de coraje, ahorcan al dueño, queman el banco y los negocios sufren ingratas consecuencias. No logran vender las mercancías, no pagan a proveedores y las fábricas despiden a los trabajadores, etc. Una verdadera crisis que no hubiera ocurrido si todos los banqueros hubieran respetado la regla.

El crimen monetario, centralizado

El rey, monarca, presidente o dictador se entera del problema, aprovecha la ocasión y le da una solución: “No se preocupen, de hoy en adelante solo mi gobierno tendrá el derecho de imprimir dólares. Aquel que por su cuenta imprima billetes, se considerará delito grave y perderá la cabeza. Además, en mi bodega el oro estará más seguro, pues cuento con vigilancia y nadie intentará robar. Tengan confianza, pues. Yo, el rey, soy el más honesto, correcto y confiable”. E inocentemente le creyeron.

 Sin embargo, el rey también cayó en la tentación y repitió el mismo delito que prometía combatir: fabricó dinero sin respaldo de oro. Se repitieron las crisis económicas, se calmaban las aguas en cuanto se dejaba de imprimir. El precio de la onza de oro pasaba de 50 a 100, digamos, la economía volvía a funcionar bien, pero los sucesores del rey volvían a repetir el delito de imprimir más billetes de lo debido y así provocaban otra crisis.

Inflación

La lección de esta historia es que la impresión de billetes provoca daños a la economía, la gente pierde poder adquisitivo, los ahorros se esfuman, el sector productivo se altera y los defraudadores, es decir, los dueños de la imprenta se benefician extraordinariamente, sin merecerlo, es un fraude. Nada de eso pasaría si se respetara la regla del patrón oro, es decir, imprimir dinero solo respaldado por el metal.

En realidad, el patrón oro solo sirve como ancla para que no se mueva el barco, es decir, para que no se imprima de más. Claro que si alguien descubriera una montaña de oro y prende la imprenta para fabricar toneladas de dólares, produciría la misma crisis que un falsificador cualquiera. Quiere decir que realmente la fortaleza de una moneda no radica en la cantidad de oro, sino en que la masa monetaria no se incremente. Si, digamos, ya hay circulando diez millones de pesos, dólares o quetzales, la economía no sufrirá daño por la vía monetaria mientras esa masa de dinero se conserve congelada.

La propuesta de Javier Milei

Si logra subir a la presidencia de Argentina, Javier Milei se propone desaparecer el Banco Central, quien tiene el monopolio de emisión monetaria y proceder a una dolarización de la economía argentina.

No es necesario dinamitar el Banco Central, ni quemarlo, sino destruir las planchas de impresión. Bueno, ni siquiera se necesita destruir esas planchas, pues se pueden usar únicamente para reemplazar los billetes deteriorados, o bien para compactar. Es decir, mil billetes de un peso se destruyen y se imprime un billete de mil pesos. O la operación opuesta, se destruye un billete de a mil y se imprime mil billetes de un peso. De esta manera, aunque haya más billetes en circulación, no se altera la masa monetaria. Esta propuesta de Milei ya es un gran paso para empezar a recomponer la economía argentina.

Dar curso legal al dólar

El segundo punto, independiente del primero, es dar curso legal al dólar, para que se use de manera indistinta, como si fuera moneda nacional. Argentina tendría dos monedas o más, sin que el gobierno las pueda imprimir. Muy importante es que el gobierno no decrete tasas de cambio, eso se le deja a la gente, al mercado de divisas, a los cambistas de la calle. En Guatemala circula el dólar y el quetzal y así han evitado inflación y devaluación de la moneda. Hace como veinte años era 7.8 quetzales por un dólar y hoy sigue casi igual. Una política sobresaliente de Guatemala es que el Banco Central tiene prohibido prestarle dinero al gobierno.

Congelar la masa monetaria, darle curso legal al dólar y prohibir que el gobierno adquiera deuda nacional o foránea genera un ambiente monetario mucho mejor de lo que hay ahora y no se necesita gastar ni un peso argentino para establecerlo. Únicamente los negocios privados deben tener el derecho de adquirir deuda nacional o foránea, pues responden con su propio patrimonio. Milei propone que su gobierno solo gaste lo que la sociedad pague de impuestos, se llama equilibrio fiscal. Es una propuesta valiente y correcta que ningún gobierno populista adoptaría.

Dolarización venenosa

Podría darse el caso en que el gobierno norteamericano manifestara su simpatía para dolarizar completamente Argentina, es decir, que desapareciera el peso argentino. A la tasa actual, digamos que la masa monetaria de Argentina equivale a 40 mil millones de dólares. Podría decir el gobierno norteamericano que le presta a Argentina esos 40 mil millones de dólares, a tasa baja, incluso tasa cero, en billetes de diferente denominación para que en tres días el gobierno argentino cambie a todos los poseedores de billetes nacionales por dólar. Y se podría lograr, pero sería un error fatal, sería una dolarización venenosa.

Los ciudadanos ya tendrían solo dólares en el bolsillo, pero el gobierno se quedó en blanco, ni pesos argentinos, ni dólares: los pesos argentinos fueron a la chimenea y los dólares a la población. Pero ahora el gobierno tendría una deuda de 40 mil millones de dólares. ¿Cómo los va a pagar? Si todo lo que recaba de impuestos, en dólares, va para pagar la deuda, no tendrá ni un centavo para los gastos de gobierno. Se habría metido en un lío monetario innecesario, torpe y estúpido.

Dolarización amigable

Hay otra alternativa perfectamente viable con costos casi nulos. El gobierno norteamericano imprimiría 40 mil millones de dólares para enviarlos a la Argentina, el gobierno argentino solo paga por el papel, la tinta y el transporte, pues no se trata de un crédito, no es un préstamo, es una sustitución de papel. Así no se endeuda el gobierno de Milei, Argentina queda dolarizada, los Estados Unidos de América no se ven afectados y ambos países quedan con mejores relaciones de amistad y colaboración. Pero si no se contara con la colaboración de USA, no conviene que el gobierno adquiera dólares en deuda, ni un millón, ni diez ni un dólar americano. De hecho, el proceso de dolarización no le debe costar al pueblo argentino ni al gobierno.

En el peor de los casos, se deja correr libremente el dólar en un ambiente de masa monetaria congelada (de pesos argentinos). Se decreta que no va a haber sustitución de dinero deteriorado y en pocos años se vería la casi exclusiva circulación del dólar. En este caso, los pocos pesos argentinos en circulación se revaluarían naturalmente. El costo de esta dolarización lo pagaría el poseedor del último billete deteriorado que nadie quiere recibir.

Privatización

Ahora consideremos el escenario donde hay libre circulación del dólar, pero debido a los múltiples programas sociales, los sindicatos, docentes, hospitales, y empresas estatales exigen presupuesto. Todo ello causado por los gobiernos populistas y demagogos que, para conservarse en el poder, repartían dinero a diestra y siniestra.

En tal caso, el gobierno de Milei tiene que hacer una pronta privatización de empresas, organizar subastas donde participen nacionales y extranjeros para lograr el mejor precio. Todas las escuelas y universidades venderlas a sus profesores para que sean accionistas. Pagarían con las indemnizaciones que por ley les corresponda y si no les alcanza, saldarían su deuda a plazos de 5, 10 o 20 años.

El caso es que el gobierno se sacuda de esa presión por seguir subsidiando escuelas, hospitales y miles de instituciones que estiraban la mano para recibir subsidios, lo que obligaba a imprimir más dinero. Esto incluye a los subsidios a los ancianos, madres solteras, estudiantes, etc. La idea final es que nadie reciba subsidios. Los niños empezarán a ahorrar para garantizarse una vejez digna. Las madres solteras tendrán empleos o sus propias empresas para solventar sus gastos; los estudiantes tendrán créditos abiertos para no dañar a terceros para poder estudiar.

Reforma monetaria en USA

Por otro lado, se puede sugerir a los Estados Unidos de América que hagan una reforma monetaria a fin de que el dólar sea una moneda de gran confianza. Ello requiere: 1. Que la FED tenga prohibido financiar al gobierno de USA. 2. Que la FED (Fondo de la Reserva Federal) solo imprima para reposición de billetes deteriorados o para dolarizar a algún país que lo solicite, como lo hemos dicho antes. Ojalá escuchen la FED y el gobierno norteamericano.

Sabemos que el dólar no es la moneda perfecta, ha estado sujeta a caprichos del gobernante en turno, pero igual o diez veces peor ocurre con casi todas las monedas latinoamericanas. Por eso volteamos a ver al dólar como tablita de salvación. Pero ahora estamos ante la oportunidad de que el peso argentino se recupere, se vuelva más confiable y fuerte que el resto de las monedas, incluyendo el dólar.

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Reflexiones ante la carta de 200 economistas que se oponen a la dolarización

Corría el año 2008 y asumía Obama como Presidente de los Estados Unidos. El contexto era crítico. Obama afirmaba que en ese marco todos los economistas coincidían que lo mejor que se podía hacer era aplicar el “buy american” (o “compre americano”). Esto implicaba aplicar políticas proteccionistas para proteger el trabajo de los locales, en lugar de continuar comprando trabajo extranjero. Obama quería suspender las compras a Europa y Asia, y con ello generar posibilidades de empleo local.

Una carta contra el proteccionismo

Un conjunto de profesores e investigadores de economía en universidades públicas y privadas presentó una carta. Decía: “Con todo respeto Sr. Presidente, eso no es cierto”. La carta hacía referencia a la manera en que estas políticas habían condenado a Estados Unidos en la crisis de 1930. Entonces, la falta de compras de este país a Europa dejó a aquel continente sin divisas para comprar productos americanos. Y con ello se interrumpieron las ventajas de la división internacional del trabajo. Derivó en la profundización de una crisis de la cual se tardó al menos una década en salir.

Afortunadamente, el nuevo Presidente de los Estados Unidos detuvo ese llamado proteccionista. La recuperación de la crisis fue más acelerado que en los años 1930. Siempre pensé que ese instrumento académico fue muy útil para detener lo que pudo ser un gran error de política económica.

No recuerdo haber visto la utilización de este instrumento académico en la historia argentina reciente. Especialmente frente a las alquimias monetarias y la “mala praxis” de política económica que nos condujeron a este presente. Celebro el despertar de mis colegas para hacer una declaración unificada. Pero debemos reconocer que surge en un contexto bastante politizado por un debate técnico que puede definir la política económica de los próximos años. Esta nota pretende arrojar una serie de reflexiones que permitan mantener abierto un debate necesario.

Economistas a favor de la dolarización

1- Espero que la declaración de esta carta, al afirmar que la dolarización sería “una iniciativa desacertada” no sea tomada como un consenso en la profesión. Es una declaración conjunta de un grupo de economistas que se oponen a la propuesta. Hay demasiados economistas de alto nivel que han afirmado que la dolarización es una buena idea para Argentina, a saber:

  • economistas ya fallecidos como Milton Friedman y Rudiger Dornbusch;
  • economistas americanos como Robert Barro, Tyler Cowen, Lawrence H. White, Steve Hanke, Kurt Schuller;
  • economistas argentinos que enseñan en Estados Unidos como Guillermo Calvo y Nicolás Cachanosky;
  • catedráticos españoles como Jesús Huerta de Soto, Juan Ramón Rallo, Daniel Lacalle y María Blanco;
  • economistas locales como Alberto Benegas Lynch (h), Martín Krause, Emilio Ocampo, Jorge Avila, Jorge Streb, Osvaldo Meloni, Manuel Calderón, Agustín Etchevarne, Aldo Abram, Eugenio Marí, Gustavo Lazzari, Martín Simonetta, Manuel Adorni, Pablo Guido, Juan Sebastián Landoni, Alejandro Gómez, Ramiro Castiñeira, Guillermo Laborde, Agustín Monteverde, Claudio Zuchovicki, Christian Buteller o Gustavo Neffa.
  • Podríamos agregar aquí decenas de colegas de Ecuador como Dora de Ampuero (la madre de la dolarización allí) o Pablo Arosemena (actual Ministro de Economía), y desde luego otros tantos en El Salvador y Panamá, pero pienso que las referencias son suficientes para hacer el primer punto.

El debate sobre dolarización está abierto. La tolerancia para argumentar en favor y en contra de esta propuesta es una condición necesaria para que el público no entendido en la materia pueda evaluar su apoyo o rechazo a la medida.

Los argentinos quieren dólares y los tienen

2- Resulta polémica la afirmación sobre “obstáculos prácticamente insalvables para su adopción”. Argentina ya se encuentra espontáneamente dolarizada, y avanza gradualmente pero sin pausa para completar el proceso. Si es cierto que hay más de 200.000 millones de dólares en poder de los argentinos. Los pasivos monetarios apenas representan 40.000 millones de dólares. El lector podrá comprender que el porcentaje ya dolarizado es bastante elevado, y esto sin sumar a todos aquellos que compran todo tipo de activos dolarizados como propiedades y activos financieros.

La situación de “quiebra” del banco central, sin reservas en dólares, activos devaluados y elevados pasivos monetarios, por supuesto que no es la ideal para avanzar en la dolarización. Pero esto no significa de ningún modo que no pueda dolarizarse. Tampoco que se requiera un tipo de cambio sumamente elevado para la conversión.

Dolarización y otras políticas

El plan Ocampo-Cachanosky, entre varias propuestas que se están considerando como posibles, plantea sustituir la deuda existente del gobierno con la autoridad monetaria por una nueva deuda. Dado que será cancelada en un plazo de 4 a 8 años, implicaría más bien un desendeudamiento. Nada del “absurdo” que los autores de la carta dicen reconocer.

3- En ninguna propuesta de dolarización se ha propuesto que la reforma monetaria es sustituta del ajuste fiscal. De hecho, debemos ser claros los economistas sobre la importancia de rodear el esquema de una reforma integral del estado, que paralelamente avance en un presupuesto base cero, un superávit fiscal, baja de impuestos, flexibilidad laboral y apertura económica, además de una lucha incansable para reducir la burocracia y la corrupción. Sólo con un plan integral podrá generarse la confianza necesaria para obtener cierto apoyo global en acompañar la propuesta.

Inflación y devaluación como política económica

4- Los economistas firmantes también afirman que la dolarización es “compleja y muy poco correlacionada con el ciclo económico macroeconómico estadounidense”. Y añaden que “eventos exógenos” como una pandemia, crisis financieras internacionales, conflictos bélicos e incluso una sequía le quitarían al país el “margen de maniobra monetaria y fiscal”. Ello que los ajustes inevitables produzcan profundas recesiones y aumentos de desempleo. Parecen desconocer los economistas firmantes la historia argentina. Cada uno de estos shocks han provocado recesiones y aumentos de desempleo, y la política monetaria nada pudo hacer por evitarlo. O para ser más claros, han empeorado la situación.

La evidencia empírica, por el contrario, ha mostrado que países como Ecuador, El Salvador y Panamá, han sufrido bastante menos estos shocks externos que Argentina en estas últimas décadas. Un aspecto que ha sido estudiado por Nicolás Cachanosky y expuesto públicamente en varias oportunidades.

Somos muchos los economistas que pensamos que la devaluación no permite “ganar competitividad”, sino que nos empobrece. Y que la manera de lograr “competitividad” es con estabilidad monetaria, con baja de impuestos y de burocracia, con flexibilidad laboral y apertura económica. No se logra ocultando nuestras falencias detrás de la baja del salario real de los trabajadores por medio de la devaluación.

Inflación y oferta monetaria

5- No está demás señalar que muchos de los economistas firmantes -por supuesto que no todos- ni siquiera aceptan que el fenómeno de la inflación tiene su naturaleza en el incremento de la oferta monetaria que se genera por encima de su demanda, algo que el resto del mundo ya aceptó hace mucho tiempo.

Cerrar el banco central terminará con estos excesos, lo que le permitirá a la Argentina contar con estabilidad monetaria, lo que implicará reducir las tasas de interés nominales y reales, y con ello recuperar el crédito, la inversión, la actividad económica, el empleo, y el crecimiento económico, siempre que sea -insisto- acompañada de las otras reformas mencionadas.

Esta sucesión de conceptos es lo que motiva que seamos muchos los economistas que defendemos la dolarización, especialmente en un país que ha perdido por completo la estabilidad monetaria y el crédito.

Una reforma reversible

6- Que la reforma monetaria propuesta sea difícilmente reversible -aspecto que la carta reconoce- es justamente su mayor valor, considerando la manera en que el poder político ha abusado sistemática y estructuralmente de la administración del dinero. Aun si algún plan de estabilización tuviera éxito, ¿qué impediría que un próximo gobierno populista vuelva a envolvernos en una dinámica inflacionaria, con devaluaciones y crisis cambiarias?

7- Para cerrar, los programas de estabilización o el mencionado bimonetarismo que se plantean como alternativas, nada afirman sobre el modo en que van a resolver el flagelo de la inflación, sobre el tiempo que se requerirá para obtener estabilidad monetaria, y mucho menos la manera en que van a enfrentar el problema de las leliqs y los otros pasivos monetarios.

El silencio de todos estos economistas sobre estos problemas reales, la falta de contra-propuestas reales a la dolarización, es lo que entiendo anima al público no entendido en economía a elegir la única opción que se presenta como viable y real.

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Dolarización en Argentina

Gracias a la influencia de Juan Bautista Alberdi, Argentina creció espectacularmente desde mediados del siglo XIX hasta alcanzar una prosperidad semejante a la de Estados Unidos de América en menos de un siglo. Allí se fundó el primer Metro, antes que en Norteamérica. Su moneda era firme y aceptada en todo el mundo. No se necesitaba una dolarización. Un siglo de crecimiento y desarrollo que se perdió con la llegada del populista izquierdista Juan Domingo Perón en 1946.

¿Cuáles eran las ideas de Alberdi? Muy simple, aplicar liberalismo económico. Es decir, dejar que la gente gozara de libertad completa para establecer negocios de todo tipo sin que el gobierno interfiriera. Algunos se dedicaron a la ganadería, otros a la agricultura, a la industria, al comercio, etc. No necesitaban pedir permiso al gobierno y podían vender su producción a donde más les convenía. Exportaban productos a todo el mundo y atrajeron las mejores inteligencias para sus escuelas y universidades.  Pero algo falló, el edificio se les cayó y es la hora que todavía no saben dónde estuvo el error.

Entregar la educación a Karl Marx

Los argentinos no llegaron a entender que su prosperidad descansaba en la filosofía de la libertad, se embriagaron de riqueza pensando que ya nada los detendría. Fundamentalmente, se olvidaron de promover y cuidar que la cultura liberal fuera abrazada fuertemente por cada hombre, mujer, joven y niño argentino. Creían que bastaba con saber hacer dinero, tener empresas exitosas y disfrutar de una buena economía; terrible error.

Es más, construyeron un sistema de escuelas públicas, subsidiadas con impuestos, y dejaron que allí, naturalmente, se enquistaran los marxistas, izquierdistas, socialistas, fascistas, comunistas y hasta nazis. Todos éstos, naturalmente, se apropiaron de las instituciones y recursos del erario para hacerse amos y señores de su línea de pensamiento.

Reemplazaron a los que pensaban como Alberdi y desde entonces se convirtieron en adoradores de Carlos Marx, Lenin, Mao, Stalin, Che Guevara, Domingo Perón, y otros. Con esta cultura izquierdista los llevó a denostar, denigrar, expulsar y hasta asesinar a liberales, empresarios, banqueros, hombres de negocios, inversionistas y todo lo que sonara a capitalismo o liberalismo.

Javier Milei

La izquierda peronista engañó a todo un pueblo con su falso discurso de los “empresarios explotadores”, de los “ricos malditos culpables de las desigualdades”. Esa izquierda engañó y ofreció que si le daban el poder a Juan Domingo Perón, todos los argentinos serían más felices en virtud de que Perón sería como un padre que cuida a sus hijos; acabaría con la desigualdad, se preocuparía por darles de comer a todos, les proveería de habitación salud, diversión, etc. Y sólo necesitaba que le dieran todo el poder al gobierno para manejar la economía, la salud, la educación, el Banco Central, etc. Los argentinos creyeron y así se pusieron la soga al cuello, cayeron en la trampa. Ahora no tienen ni salud, ni educación, ni felicidad. Su PIB per cápita ya cercano al de Venezuela, Cuba o Bolivia. Los peores en la escala internacional.

Después de muchos años en un ambiente de miseria maldita e innecesaria, surge una esperanza con un líder libertario que puede llegar a la presidencia: Javier Milei. En efecto, Milei representa el resurgimiento del pensamiento de Juan Bautista Alberdi y de grandes intelectuales como Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Milton Friedman, Murray Rothbard y otros de la Escuela Austriaca de Economía. Veamos algunas de sus ideas.

Dolarización

Javier Milei propone dolarizar la economía Argentina.  Los gobiernos han usado el Banco Central para imprimir millones de pesos argentinos para financiar locuras, obras faraónicas de dudoso beneficio y programas sociales: aeropuertos, palacios de gobierno, carreteras, regalan dinero a los ancianos, a los estudiantes, a las madres solteras, etc. Programas populistas que parecen buenos, pero que destruyen al país que las aplica.

Milei quiere quitarle al gobierno el poder de imprimir dinero argentino porque así evitaría inflaciones, que hoy rebasan el cien por ciento. Propone al dólar porque es moneda que ninguna empresa argentina podría producirlo, tiene aceptación mundial, lo que favorecería el comercio internacional de Argentina y, aunque también sufre devaluación debido a gobiernos irresponsables de USA, no se compara con las devaluaciones de los gobiernos que ha tenido Argentina. La tasa de cambio ya no se dictará en el gobierno, se resolverá en el mercado de divisas. El gobierno dejará de asumir la responsabilidad de proveer de dólares al comercio, industria y turismo. Quien necesite dólares los conseguirá en el mercado de divisas, en la calle. Para esto, en argentina se decretará la libre circulación del dólar u otras monedas, como la libra esterlina, los euros o los yenes. La gente podrá elegir la moneda a su gusto y conveniencia.

El apoyo de la Reserva Federal

Si Javier Milei contara con el apoyo del gobierno norteamericano, éste podrá ordenar imprimir una cantidad de dólares suficiente para hacer la conversión al tipo de cambio real del momento. Se anunciaría que la gente haga el cambio en los bancos en un plazo de una semana, por ejemplo. Cumplido el plazo quedarían sin valor los pesos argentinos. Ahora bien, todos los billetes argentinos capturados por el cambio deben ser destruidos, incinerados. Nótese que, aunque el gobierno de USA haya mandado a imprimir una gran cantidad de dólares para la conversión, no tendría efectos distorsionantes en USA ni en Argentina porque no aumenta la masa monetaria de estos países. Por esa cantidad enorme de dólares que recibiría Argentina, solo pagaría por el papel y la tinta, pues no estaría adquiriendo deuda.

En realidad, no es tan necesario desplazar al peso argentino. Pero es mejor porque el dólar tiene aceptación mundial, el peso argentino solo en Argentina. No es tan necesario si ya se ha adoptado la política monetaria de mantener la masa de dinero sin variación. La imprenta puede funcionar sólo para restituir billetes deteriorados o para compactación de dinero o para fraccionar billetes. Pero se debe tener cerca el incinerador. Con masa monetaria fija, libre circulación del dólar y tasa de cambio por oferta y demanda se vería una pronta fortaleza del peso argentino.

Cheque escolar

La idea es que el gobierno elimine el sistema de subsidio directo a escuelas y universidades públicas. Se trata de que las instituciones aprendan a vivir del cliente, no del gobierno. Temporalmente, el presupuesto educativo no tendría variación, pero se daría al alumno mediante un voucher o cheque intransferible para que pague en la escuela pública donde estudia.

En un primer momento, la escuela recibe la misma cantidad de dinero, pero la recibe de manos del alumnado. Con el tiempo y buena labor, las escuelas podrán recibir más vouchers si elevan su prestigio y los profesores podrán recibir mejores sueldos. Este proyecto implica darle autonomía a las instituciones educativas. El personal docente decidiría sus propios sueldos y administrará mejor los recursos, a fin de ganar más clientes. Por supuesto, si una escuela no es capaz de dar buen servicio, se enfrentaría al abandono del estudiante, quien se cambiaría, con su cheque en mano, a otra escuela.

En efecto, se trata de convertir a las escuelas existentes en escuelas competitivas, de hacer que universidad pública trabaje como si fuera privada para que ponga atención e interés en sus alumnos, pero con la ventaja de tomar decisiones sin intervención del Estado. Es un plan avanzado y lo mejor que se haya escuchado en el mundo.

Salud y burocracia

El mismo sistema de vouchers se puede aplicar en las clínicas y hospitales del gobierno. El cliente o enfermo paga por el servicio que recibe y luego el enfermo se lo cobra al gobierno. Sin embargo, la idea de más fondo es separar salud y seguro. Es decir, el ciudadano paga por un seguro y si se enferma, el seguro cubre el gasto. Y mejor aún si los hospitales del gobierno son vendidos a los médicos que allí laboran.

Milei piensa reducir drásticamente el tamaño de la burocracia estatal. Hoy día esa enorme burocracia no deja desarrollar al país porque consume una cantidad bestial de recursos. Milei solo dejará tres o cuatro ministerios y el resto del personal tendrá que dedicarse a actividades productivas en lugar de vivir del erario.

Impuestos y gasto público

Milei considera que los impuestos son un robo legalizado. Empezará por aplicar la política de “impuesto cero” a las ganancias de las empresas, es mejor que inviertan y generen nuevas fuentes de trabajo. Significa que Argentina volverá a ser la tierra de oportunidades. Surgirán empresas donde los burócratas desplazados tendrán mejores ingresos que los actuales.

El gobierno no tendrá qué gastar tanto en virtud que no necesitará subsidiar empresas inútiles, ni organismos burocráticos parasitarios. Milei piensa que el gobierno debe reformar todo para que únicamente se dedique a cuidar que no haya asesinatos, ni robos, ni extorsiones y hacer justicia en su caso. Para tal efecto, la cantidad de impuestos será cada vez menores. Es la revolución libertaria que Argentina necesita.

Ver también

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, el economista argentino que puede convertirse en el primer presidente libertario de la historia moderna. (Michael Peterson).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda

Comencemos por separar dos instituciones del gobierno argentino como el Tesoro Nacional y la autoridad monetaria. La práctica habitual de esta Argentina de -por lo menos- las últimas dos décadas consiste en que el Tesoro cubre sus déficits presupuestarios a través de la monetización que le proporciona el Banco Central de la República Argentina (BCRA). La situación compromete a la autoridad monetaria de dos maneras:

I Deuda intra sector público

El procedimiento de monetización del déficit fiscal consiste en que el Tesoro recibe pesos emitidos por el BCRA y entrega a cambio bonos o Letras Intransferibles (LI) y Adelantos Transitorios (AT). Si lo queremos observar en el Balance del BCRA tendríamos Pasivos compuestos con los pesos emitidos, y en el Activo la acumulación de dichas LI y AT.

Un error frecuente con estas LI y AT es que se piense que valen “0”, pero también se equivoca el BCRA en tomarlo en el activo al valor nominal. Ni una cosa ni la otra. Las LI y los AT tiene valor similar a otros bonos que paga el Tesoro, con lo cual su valor no puede ser nulo. Pero si se tomara al valor de mercado, en lugar de su valor nominal, entonces el activo caería aproximadamente a la mitad, advirtiendo lo comprometido que está el balance del BCRA.

La situación del balance precario de la autoridad monetaria, en pocas palabras, es provocada por este procedimiento de monetización de los desequilibrios fiscales que acumula el Tesoro Nacional. Cabe señalar que dicho procedimiento implica un proceso de deuda intra sector público que ha sido subestimado, pero además, que crece día a día por continuar con esta práctica.

II Introducción de los bonos en el mercado

Una vez que el Tesoro dispone de estos pesos, los introduce en el mercado a través de diversas políticas de gasto, lo que luego exige a la autoridad monetaria que “estirilice”, captando los bancos depósitos a plazo fijo, lo que sólo pueden hacer por las altas tasas de interés que la autoridad monetaria les paga a estos. Estos pasivos, que están fuera del sistema en forma de Leliqs y pases, triplican el circulante, y representan una amenaza de mayor inflación futura que la dolarización debe contemplar, y también un eventual programa de estabilización.

Si un potencial gobierno futuro deseara dolarizar, el primer paso es observar precisamente que el Balance del BCRA tiene una alta proporción de bonos intransferibles cuya cotización está tan devaluada como los otros activos que encontramos en el país. Si en ese activo hubiera en su lugar bonos “transferibles”, estos podrían venderse en el mercado por dólares que facilitarían la conversión requerida para la dolarización, aunque esto sería insuficiente.

Sustitución de una deuda por otra

Una de las tantas propuestas que circula entonces para dolarizar la economía argentina es precisamente este proceso en el cual el Tesoro Nacional toma una deuda de 40/45 mil millones de dólares, precisamente para canjear o rescatar esos bonos “intransferibles” y capitalizar al BCRA. Esta nueva deuda en dólares no es “más” deuda, precisamente porque viene a sustituir una deuda intra sector público ya existente. La ventaja de tomarla es que le provee al BCRA de las divisas necesarias para dolarizar la economía, evitando grandes perdedores en el proceso.

Cabe aquí llamar la atención de los críticos, en que la medida busca sanear una situación heredada que deberá atenderse con o sin dolarización, para evitar un nuevo proceso hiperinflacionario, un nuevo plan Bonex, o un nuevo Rodrigazo.

Críticas

Al respecto, han surgido una serie de críticas a las que queremos darle respuesta en esta nota:

1.       La dolarización no es una receta mágica que resuelve todos los problemas de la economía argentina

Esto es cierto, por supuesto. Argentina necesita un plan integral de reformas que ataque uno por uno todos los frentes, definiendo propuestas de primera, segunda y tercera generación de acuerdo a sus prioridades y posibilidades políticas de implementación.

La ventaja de la dolarización es que permite alcanzar el objetivo de la estabilidad monetaria de forma más rápida que cualquier programa de estabilización. 

2.       El problema no es monetario. Es fiscal. La dolarización no resuelve el problema fiscal.Esto también es cierto. La dolarización requiere de un equilibrio fiscal complementario. De otro modo la medida fracasará. Pero aunque Argentina tenga equilibrio fiscal, de todos modos necesitará resolver el problema de Leliqs y pases mencionado, y que esta propuesta contempla.

Dicho esto, aunque el problema fiscal es mayúsculo, también lo es el monetario. Que los gobierno hayan tenido acceso a la monetización que les provee el BCRA ha quitado toda responsabilidad en el manejo de los recursos públicos. Dolarizar le pone un cepo a la emisión.

No hay suficientes dólares

3.       La Argentina no tiene dólares hoy para dolarizar

También es cierto, pero no sería ésta la Argentina que va a dolarizar, sino la de un nuevo gobierno que genere mayor confianza en el mercado a través de las otras medidas complementarias. Ya se pudo ver en el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) que con sólo levantar el cepo cambiario y hacer anuncios sobre correcciones de tarifas, generó una confianza mayor que atrajo capitales y permitió acumular reservas en el BCRA, aun cuando restaban hacerse las reformas estructurales centrales para el ordenamiento macroeconómico.

En este caso, es fundamental que el gobierno ofrezca señales claras para alcanzar este ordenamiento, lo que a su turno generará las condiciones adecuadas para implementar la dolarización.

La propuesta de Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky consiste en crear un fideicomiso de liquidación del BCRA en una jurisdicción segura (tal vez Nueva York). Se transfieren a ella activos como las mencionadas LI y AT y también los pasivos financieros, como las Leliqs. Lo que se propone es titulizar los activos del BCRA a través de un fideicomiso, lo que se conoce como una obligación de deuda colaterizada.

¿Quién prestará a la Argentina?

En la medida que el gobierno genera confianza y esto se traduce en bajas tasas de interés, esto alentará a otros inversores a ingresar al fideicomiso, pues los activos que adquieren tendrán valores presentes crecientes.

4.       Nadie la prestará dólares a esta Argentina

Es cierto también. Pero repito que no es esta la Argentina que va a dolarizar, sino otra dirigida por otro gobierno con un perfil pro-mercado en sus propuestas de política económica. Este nuevo gobierno generará la confianza para atraer esas divisas al fideicomiso. Argentina está dormida productivamente, y este cambio integral despertará su potencial de crecimiento por el cambio de reglas que implica, incluyendo la estabilidad monetaria.

No es necesaria una devaluación

5.       La dolarización requiere de una fuerte devaluación que empobrecerá a los argentinos

La propuesta de Ocampo y Cachanosky no requiere de una devaluación. Simplemente se dolariza al tipo de cambio de mercado, que hoy se representa tal vez en el “blue”. Hoy no sabemos cuál será este tipo de cambio “blue” al cierre de 2023, pero la devaluación que se está experimentando no es provocada por el gobierno que dolariza, sino por el precedente. Es curioso que hoy Argentina ya sufre el costo de dolarizar, pero no disfruta de sus beneficios.

Por otro lado, si bien los ingresos y salarios de los argentinos están muy depreciados en dólares producto de la actual devaluación y escasez de divisas, es plausible pensar que tras el proceso de dolarización, la Argentina recuperará una senda de crecimiento y una entrada de capitales que permitirá recuperar esos ingresos y salarios deprimidos. La recuperación será más rápida que con cualquier otro plan de estabilización que hoy se está proponiendo. Y es que la dolarización ofrece estabilidad monetaria, pero además -al eliminarse el costo de devaluación- también permite reducir las tasas de interés nominales y reales.

Señoreaje o inflación

6.       Se pierde el señoreaje

Algunos técnicos han señalado que Argentina perderá el señoreaje por abandonar su propia moneda, cediendo estos ingresos al gobierno de Estados Unidos. Si bien esto es cierto, sugiero comparar ese costo con el otro costo que nos provoca hoy la existente tasa de inflación a los argentinos, o con los beneficios de la estabilidad monetaria.

7.       El dólar es una moneda también inestable

Es cierto que Estados Unidos está experimentando una tasa de inflación históricamente alta, pero la misma sigue manteniéndose dentro de un dígito. Si Argentina dolariza, la tasa de inflación convergerá hacia aquella, reduciéndose desde el 105 % (tal vez más al llegar diciembre) a un 5 % anual, y posiblemente en baja.

Pero aun si la Reserva Federal continuara con sus políticas inflacionarias y depreciara su moneda, los argentinos podrán tener la opción de moverse a otra moneda que les genere mayor confianza. La dolarización es aplicada únicamente para cambiar los pesos por una divisa que hoy el mercado demanda espontáneamente, pero un día después se abre un proceso de competencia de monedas que permitirá a los argentinos recuperar la capacidad de elegir con qué moneda quieren operar en sus contratos.