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Etiqueta: energía

Green Data Chain: jamón, torreznos y bitcoins

Continuando la serie de “Economía de la energía” (I y II), veamos el modelo de Green Data Chain, una empresa aragonesa que combina una forma de generación de energía llena de ventajas, como es la producción de energía a partir de purines de cerdos, con la generación de unas de las monedas más sanas que existen: bitcoin.

Hasta los andares

Dice el refrán que “del cerdo se aprovecha todo, hasta los andares”. Nos comemos todo, hasta las partes que de otros animales no se aprovechan para cocinar. Incluso las partes que no nos comemos, como el hueso, lo podemos aprovechar para hacer caldo y luego dárselos a los perros o las gallinas, que les aporta calcio para los huevos. El estiércol y el purín, rico en nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio, también se utiliza como fertilizantes.

Incluso, como nos mostró en 2000 Guy Ritchie, podemos usar el cerdo para otros fines poco ortodoxos. Y el orden espontáneo nos muestra cómo muchas mujeres están adoptando como mascotas a cerdos que les aporta un grado más de seguridad que otros animales ante jóvenes que no comen jamón. Nada que tenga que ver con el cerdo se desaprovecha. Y ahí donde entra la empresarialidad humana siempre encuentra la mejor forma de aprovechamiento para cada circunstancia.

El problema de las microgranjas

El Real Decreto 1135/2002 y la Ley 21/2013 han hecho que la mayoría de las granjas porcinas limitasen a algo menos de 2.000 cerdos para evitar restricciones regulatorias y burocráticas que desoptimizase la inversión. Tan arraigada está esa cifra que se ha convertido en el estándar de la industria para calcular inversiones.

Pese a la restricción administrativa, la inventiva humana ha sabido darle la vuelta a este problema y rentabilizar granjas con tan pocos animales. El censo global de cerdos en España ha pasado de unos 20 millones antes del RD  1135/2002 a casi 35 millones en la actualidad, convirtiendo a España en el país con mayor número de cerdos del mundo y Aragón, la región con mayor concentración de cerdos por habitante.

La limitación a un número tan pequeño de animales no es sólo un problema para los propietarios de las explotaciones ganaderas que, normalmente, tardan más en recuperar su inversión, sino, sobre todo, para el animal. Hay dos situaciones especialmente graves para el animal derivadas directamente de la restricción en el tamaño de las instalaciones:Una instalación con pocos anim ales no genera unos ingresos que permitan tener veterinarios en plantilla. Y muchas veces, el veterinario está en otro municipio lejano o con mal acceso a la granja.

Tampoco pueden tener matadero en la propia granja. Lo cual genera un sufrimiento gratuito para el animal que lleva a que más de 50 mil cerdos muera cada año en el trayecto entre la granja y el matadero, según la British Veterinary Association. Una muerte mucho más dolorosa para el cerdo que en el matadero y una pérdida económica general, ya que esa carne, pese a que el animal estaba sano cuando murió, no se puede aprovechar para el consumo humano.

Para poner en contexto esta gran pérdida de recursos, un cerdo cuando se lleva al matadero suele pesar unos 100 / 120 kilos. Aunque hemos dicho que el hueso se puede usar para cocinar, los humanos no solemos comer esos huesos, así que descontaremos los 8 / 12 kilos que suele pesar el esqueleto del cerdo. Nos quedan entre 95 y 105 kilos. Redondeando, unos 100 kilos de peso canal bruto (recordemos que “del cerdo se aprovecha todo”, incluídas vísceras, cabeza y sangre).

100 kilos multiplicados por los 52.000 cerdos que mueren cada año en el trayecto entre la granja y el matadero son un total de 5.200.000 kilos de carne. 5.200 toneladas de carne perdida. Si cada humano adulto comemos una media de 45 kilos de carne al año, nos podríamos alimentar 115.555 seres humanos (prácticamente, toda la provincia de Teruel) sólo con las pérdidas producidas por la arbitrariedad de unos legisladores que anteponen su “fatal arrogancia” -sic- al bienestar de los animales.

Integradoras, o cómo la función empresarial soluciona los problemas del legislador

Si bien las integradoras existían antes de 2002, las restricciones del gobierno de Aznar fueron el detonante para que el sector porcino tuviera que segmentar más el conocimiento, obligando a especializar la mano de obra. El sector se articuló en granjas de madres, de lechones, de engorde… y surgiendo un ecosistema de empresas especializadas, con las integradoras como elemento fundamental para engranar ese ecosistema.

Estas normativas nacen en el marco europeo, seguramente impulsadas por gente con buenas intenciones (léase “Bootleggers & Baptists: How economic forces and moral persuasion interact to shape regulatory politics”, de Bruce Yandle y Adam Smith), pero su aplicación en España ha sido rígida y contraproducente.

En estos años ha sido cuando han surgido empresas como ARS Alendi, creada en 2003 a partir de la unión de varias cooperativas, o la expansión de Arcoiris o Grupo Costa (empresa clave en la sostenibilidad económica tanto del Baloncesto Zaragoza como de la Sociedad Deportiva Huesca). Empresas heróicas que, pese a competir (o gracias a competir) con el entramado Forestalia-Grupo Jorge, uno de los mayores beneficiarios de los PIGAs, (los Planes de Interés General de Aragón -sic-) y las restrictivas leyes españolas, no paran de mejorar sus instalaciones y de crecer, ampliando sus líneas de negocio, hasta haber conseguido que en Aragón se produzca el 23,6% de la carne de cerdo en España.

Pensar es pensar contra alguien

Pensar es pensar contra alguien, y tener que lidiar contra los Samper (Forestalia-Grupo Jorge) y el gobierno de España y la Unión Europea, ha hecho que el sector del cerdo en Aragón tenga que inventar nuevas fórmulas de generación de ingresos. Una de esas fórmulas, como en la mayoría de las industrias, es convertir los residuos de unas empresas en activos para otras.

Y así es como surgen empresas como Fuentes Claras Bioenergy, con una planta de producción de biogás de 18 millones de euros o la planta de Valderrobres, impulsada por Arcoiris.

Pero no sólo los grandes grupos empresariales o las alianzas entre muchos productores pueden rentabilizar la producción de energía a través de purines de cerdos. Gracias a los navarros EtxeHolz, cualquier granja, incluso una con sólo dos mil animales, ya puede instalar una planta de biogás rentable.

Energía y bitcoin

Uno de los principales problemas que tenemos en la zona euro es la gran inflación que estamos sufriendo con una moneda que cada vez vale menos, especialmente tras el aumento de la emisión monetaria con la excusa del COVID. Una forma de generar incertidumbre y desincentivar la inversión.

Pero como cada vez que los políticos crean un problema, el mercado ofrece una solución. La Ley de Estabilización Económica de Urgencia de 2008, la amenaza de que Obama ganara las elecciones en 2009 y las consecuencias económicas que iba a suponer ese gobierno fueron algunos de los detonantes que hicieron que el mercado aceptase con tan buenos ojos el whitepaper de Satoshi Nakamoto en 2008 y el comienzo de Bitcoin a principios de 2009.

Actualmente, con el valor del euro por los suelos y la amenaza del euro digital, bitcoin es la reserva de valor favorita de muchos ahorradores. Sumado al aumento del número de transacciones que se realizan en la red Bitcoin, es necesaria la colaboración de una gran cantidad de mineros distribuidos por todo el planeta.

Mantener el funcionamiento de estos mineros requiere mucha energía, pero, como hemos visto, hay una fórmula sencilla y económica de conseguir esa energía durante 24 horas al día, sin la intermitencia de la fotovoltáica, que es usar los purines de cerdos. Esto es lo que ha llevado a la creación de Green Data Chain, una empresa de Fraga (Huesca), que han conseguido minar el primer bitcoin con certificado verde. El refranero español es muy sabio y ya advierte que “del cerdo se aprovecha todo”, pero el ingenio español es capaz de ir siempre un paso más allá: de los andares al hashrate, del jamón al ledger, y de los purines… a bitcoin.

Serie ‘Economía de la energía’

(II) Cooperativismo, empresarialidad y comunidad: ‘luz a cero’

(I) Centralización y monopolio, o cómo la intervención estatal ha provocado el apagón en toda España

El virus mental contra la energía solar

En un famoso vídeo del canal de YouTube Veritasium, se entrevistaba a varias personas al azar en la vía pública sobre un concepto simple: ¿qué recibe el planeta tierra del Sol? ¿Y qué hace el planeta con aquello que recibe?

El sistema educativo occidental ignora una premisa básica: puedes llevar a un caballo al río, pero no le puedes obligar a beber. Millones de alumnos son expuestos a información que debería ser asimilada fácilmente, pero termina fluyendo río abajo sin que sea absorbida.

Eso explica por qué la mayoría de los entrevistados no supieron contestar correctamente a una pregunta tan fácil. Del sol recibimos energía con baja entropía. ¿Y qué pasa con ella? Simplemente es irradiada al espacio exterior con una entropía mayor.

Recibimos energía y la expulsamos en su misma medida. Gracias a este equilibrio no somos una esfera de hielo o de fuego. Es el ABC de nuestro ecosistema, y cualquier discusión racional sobre las fuentes energéticas que usa el ser humano debería partir de respetar lo esencial.

Por desgracia, lo racional nunca ha sido la base del debate energético. Prueba de ello es el estancamiento del desarrollo de la energía nuclear, que ha durado décadas, y del que va a costar recuperarse.

Precisamente la batalla por volver a utilizar una fuente de energía tan esencial como la nuclear ha tenido efectos secundarios no deseados. Uno de ellos es crear en la derecha una visión de la energía solar que se aleja bastante de la realidad actual.

La energía solar, concretamente la fotovoltaica, tenía muchos problemas hace 20 años. Yo los recuerdo bien porque los listaba diariamente en las mil discusiones que tuve en el internet prehistórico de los blogs. Pero el tiempo ha pasado, la tecnología ha progresado y todas aquellas críticas ya no tienen base real.

Con los años empiezas a catalogar a las personas en dos clases: los que aprenden sobre algo, construyen una opinión y la mantienen toda su vida, y los que son capaces de ir cambiando de opinión según la realidad les demuestra que están equivocados.

Con la energía solar hay que olvidarse de los datos que se escuchaban hace diez años y centrarse en la información actual. El coste por vatio se ha reducido un 90% en ese tiempo. Ya se habla de que puede ser más barato construir la valla de tu casa con paneles solares que con madera. Y se proyecta que este coste baje a apenas 10 centavos de dólar por vatio en 2030, lo que convertiría a los paneles en omnipresentes en nuestras estructuras.

Pero la energía solar sigue teniendo un problema que no se ha superado, y del que se ha estado hablando mucho en España estas semanas. Por mucha producción que aporte a la red, tiene que compartir el mix con suficiente generación convencional que supla sus carencias:

  • Control de voltaje: la generación solar intermitente puede causar fluctuaciones de voltaje, especialmente en redes con alta penetración renovable, debido a cambios rápidos en la producción (ej., nubes).
  • Control de frecuencia: la frecuencia de la red (muy comentada desde el 28 de abril) tiene que ser proporcionada por generación convencional suficiente.
  • Capacidad de blackstart: los sistemas solares no tienen capacidad inherente de blackstart (reiniciar la red tras un apagón total) debido a su dependencia de inversores y la red activa.

Estos problemas son reales, y por lo tanto es de vital importancia mantener a los grandes generadores síncronos en España, independientemente de cuánto crezca la potencia instalada renovable. Las centrales nucleares en activo deberían seguir operando solo por esta razón. Y planear su cierre (ya se por decreto o asfixiando a sus propietarios vía impuestos) solo se puede entender desde la cerrazón ideológica o la corrupción política.

Una vez dicho esto, la tecnología fotovoltaica tiene un aliado muy fuerte que está siguiendo su misma evolución en costes: las baterías de ion-litio. El precio del kWh de esta tecnología ha caído un 90% en 15 años, y se espera que caiga otro 50% de aquí a 2030. La combinación de paneles y baterías baratos abre un universo de posibilidades a corto y medio plazo que no pueden ser obviadas.

La división de Tesla de baterías (Megapack) publicó recientemente un artículo en X donde describe muy bien cómo la energía solar puede enfrentar a sus puntos débiles. No es ciencia ficción, ni un prototipo. Son productos reales, que funcionan en el mundo real. Y que van a ir abriéndose paso más rápido de lo que pensamos.

Los debates sobre tecnologías son siempre polémicos. Hay argumentos a favor y en contra de cualquier cosa. Y se necesitan ciertos conocimientos que no están al alcance de cualquiera. Por eso es mejor atender a lo fundamental. Una fuente de energía tiene que resolver problemas en dos ámbitos: en el de las leyes de la naturaleza, y en las leyes del mercado. Los paneles solares y las baterías hace muchos años que resolvieron el problema de generar electricidad a partir de los fotones que recibimos del sol y mantenerla almacenada para su uso bajo demanda. El problema siempre lo han tenido con las leyes del mercado; una tecnología puede ser muy meritoria, pero puede ser obviada si su alternativa es más económica.

Si eso cambia, y la tendencia clara es que está cambiando ya, su victoria sobre otras fuentes de energía va a ser indiscutible.

¿Eso quiere decir que hay que prescindir de la generación convencional?

Hay un debate casi filosófico sobre si una civilización debe enfocarse en explotar al máximo a su estrella o producir energía creando sus propios reactores nucleares de fusión. Yo me inclino más a lo segundo, pero no vivimos en el año 2250, sino en 2025. Cualquier fuente de energía es bienvenida, y lo sensato es mantenerlas a todas sobre la mesa hasta que la evolución técnica y económica dicte cuál es el camino por seguir.

Pero en el caso particular de España hay un factor que muchos detractores de lo solar no están teniendo en cuenta. Es lógico porque a mí tampoco me gusta mucho pensar en ello: nuestras administraciones públicas no son de fiar.

Los parques fotovoltaicos, e incluso las baterías enormes como las Megapack de Tesla, son relativamente fáciles de montar y, llegado el caso, desplazar a otra ubicación. Las centrales nucleares y las centrales de bombeo (baterías convencionales) no. Es mucho más fácil invertir en el sector solar que en el convencional, porque es más fácil recuperarse de un cambio regulatorio si tu capital inmovilizado en el país es menor.

Eso explica la espectacular proliferación solar en España en estos cinco años pese a que, hace apenas 15 años, el Estado español estafó miles de millones de euros a los inversores internacionales en energías fotovoltaicas, y sigue negándose a devolver el dinero, aunque haya sido condenado en múltiples instancias. Algo así no va a pasar nunca con el sector nuclear, como demuestra que no se haya vuelto a construir una central desde la infausta moratoria nuclear de Felipe González.

A mí me gustan todas las tecnologías que vencen a las leyes del mercado, pero también cuentan, y mucho, las que pueden vencer a las fuerzas del Estado. Una fuente de energía que baja constantemente su coste, que permite la descentralización (islas eléctricas aislada de la red principal), o que se complementa muy bien con el minado de bitcoins, está perfectamente posicionada para ser la fuente energética del futuro. Negarse a verlo porque hace veinte años nos la quisieron colar con calzador es compresible, pero estúpido. Y las ideas estúpidas son virus mentales que hay que vencer a base de mostrar la realidad.

Cooperativismo, empresarialidad, y comunidad: ‘luz a cero’

En un contexto marcado por los altos precios de la energía y un mercado altamente regulado, la semana pasada se presentó el informe “Luz a cero: cómo eliminar la factura eléctrica con estrategias prácticas”, elaborado por la Asociación Liberal de Estudiantes de Zaragoza.

El informe recoge diversas propuestas presentadas a lo largo de la Semana del Emprendimiento de Zaragoza 2025, en especial el Día de la energía y propone estrategias prácticas para que ciudadanos, empresas e instituciones no solo abaraten drásticamente, sino que incluso eliminen su factura eléctrica.

Origen del informe

La Asociación Liberal de Estudiantes comenzó a preparar este Día de la energía en 2022, año en el que las temperaturas máximas llegaron a 44°C, y las mínimas descendieron a -7°C, que sumados a que el precio alcanzó récords históricos de 204,3 euros por megavatio hora, hizo que la Universidad tuviera que apagar la calefacción a las 18:30.

Según el último informe de gestión de la Universidad de Zaragoza, la institución ha reducido el consumo eléctrico en un 20%, y el consumo de gas en un 40% entre 2019 y 2024. En ese periodo, el autoconsumo de energía eléctrica ha pasado de menos del 1% a un 5%, por lo que la disminución del gasto ha sido conseguida, en gran parte, por la reducción del aire acondicionado y calefacción en las instalaciones universitarias.

La propuesta inicial del Día de la energía era proponer soluciones a la Universidad de Zaragoza para abaratar su factura de la luz. A medida que fue pasando el tiempo, y con todo el proceso de descubrimiento que supuso estos años de trabajo, el evento fue adquiriendo un ámbito más ambicioso, que es universalizar las propuestas del precio de la energía al mayor número de consumidores posibles.

El primero de una serie

El informe anuncia la continuación de este análisis con estudios específicos para distintos sectores como:

  • Centros educativos
  • Agricultura y granjas
  • Fábricas
  • Comercios
  • Negocios hosteleros

El último informe de la serie serán los hogares, ya que, al ser al que más consumidores puede ayudar, debe ser el más elaborado y recoger todo el conocimiento generado en los anteriores. De esta manera, al descubrir cómo adaptar las soluciones a las necesidades particulares de cada sector, ofrece la visión más general de adaptación al punto de consumo más habitual: el hogar.

La clave es la descentralización del modelo energético y la participación ciudadana en la producción y gestión de la energía

El modelo energético actual, descrito en el informe antes del apagón, presenta problemas derivados de una alta regulación, como la dificultad de cálculo económico y la falta de incentivos para la mejora, lo que a menudo se traduce en precios elevados y servicios ineficientes, como ha demostrado el apagón.

Frente a esto, el informe plantea que un modelo más capitalista, libertario y descentralizado, basado en el libre mercado y la propiedad privada, puede conducir a una producción energética más barata y abundante, al tiempo que fomenta la innovación, la eficiencia y el cuidado del medio ambiente.

La propuesta central es convertir a los consumidores en propietarios y gestores activos de los medios de producción de la energía que consumen. Esto se logra a través de diversas estrategias, desde la adopción de tecnologías eficientes en instalaciones y la implementación de sistemas de almacenamiento, hasta la promoción de nuevas formas jurídicas y modelos de inversión descentralizada.

Mejoras en las instalaciones y construcciones

Una vía fundamental para reducir el gasto es optimizar la eficiencia energética de los edificios. El informe destaca tecnologías como:

  • La aerotermia, que aprovecha la energía del aire para climatización, pudiendo reducir el consumo hasta un 75% en calefacción y agua caliente.
  • Los tubos de luz, que permiten maximizar la iluminación natural en interiores, disminuyendo la necesidad de luz artificial, especialmente útil en centros educativos y oficinas con actividad diurna.
  • La envolvente térmica de un edificio, y su mejora a través de ventanas de doble o triple acristalamiento, fachadas ventiladas (que pueden integrar aprovechamiento solar), tejados tipo “sándwich” y suelos térmicos, puede reducir el gasto en climatización hasta un 40%.
  • Las placas solares, pilar del autoconsumo, se presentan como una solución versátil, no solo en tejados, sino también integradas en ventanas transparentes o en fachadas verticales, optimizando el espacio y generando energía limpia.
  • La iluminación LED es otra tecnología accesible que permite un ahorro energético de hasta el 80% frente a bombillas tradicionales, con una vida útil mucho mayor.
  • Los sistemas de gestión energética inteligentes (domótica, IoT) permiten monitorizar, analizar y optimizar el consumo en tiempo real, ajustando el uso de dispositivos y priorizando la energía producida localmente.

Almacenamiento energético: clave para la estabilidad

El almacenamiento es vital para garantizar la estabilidad del sistema, especialmente con energías renovables intermitentes. Algunas de las propuestas recogidas en el informe son:

  • Las baterías, particularmente las de iones de litio, ya que son el sistema más común y versátil, permitiendo almacenar energía solar diurna para uso nocturno y reducir la dependencia de la red.
  • Las baterías inteligentes, que optimizan aún más el consumo y facilitan la participación en redes y mercados de capacidad.
  • La reutilización de baterías, como las de vehículos eléctricos, que impulsa la economía circular y ofrece una opción más económica para el almacenamiento estacionario.
  • El bombeo hidroeléctrico (almacenamiento con agua), ideal para escalas mayores y relevante para regiones con recursos hídricos como Aragón.
  • El hidrógeno verde para almacenamiento a largo plazo.

Producción descentralizada y aprovechamiento de recursos locales

Más allá del autoconsumo individual, el informe aboga por soluciones de producción a pequeña escala que revierten los beneficios a la comunidad. Esto se contrapone a los grandes huertos solares o parques eólicos, criticados por su impacto ambiental, las barreras burocráticas que desincentivan la inversión individual y la concentración de la propiedad, a menudo vinculada al poder político, lo que distorsiona el mercado y los incentivos.

En Aragón, se destacan oportunidades como el aprovechamiento de los saltos de agua no utilizados, que podrían generar energía limpia y constante gestionada por cooperativas locales. La ganadería porcina, pilar de la economía aragonesa, presenta una gran oportunidad para transformar los purines de cerdo de un pasivo ambiental a un activo económico mediante la generación de biogás.

Este modelo, comparado con la historia del petróleo en Texas, demuestra cómo la función empresarial puede convertir un residuo problemático en riqueza. Otras fuentes descentralizadas incluyen pequeños molinos eólicos y el aprovechamiento de biomasa forestal.

La energía generada localmente puede usarse también para servicios en espacios comunes y exteriores, como:

  • Farolas solares con LED
  • Marquesinas para aparcamientos con placas solares (que protegen vehículos y permiten cargar coches eléctricos)
  • Bancos solares para cargar dispositivos
  • Cubiertas verdes con paneles solares
  • Estaciones solares para bicicletas eléctricas
  • Árboles solares

Formas jurídicas y financiación descentralizada: hacia una sociedad de propietarios

Con una fuerte influencia del informe “Hacia una sociedad de propietarios” del Instituto Juan de Mariana, este capítulo del informe plantea que la transformación del mercado energético pasa por modelos legales y financieros que fomenten la competencia y conviertan a los ciudadanos en copropietarios de los medios de producción.

Las comunidades energéticas y, especialmente, las cooperativas energéticas, son figuras clave en este proceso. Permiten agrupar a consumidores y empresas para generar, consumir, almacenar y gestionar energía de forma colaborativa. Las cooperativas, al ser sociedades mercantiles, pueden comercializar excedentes energéticos (algo costoso para particulares debido a trámites e impuestos), generar capital y distribuir beneficios entre sus miembros, incentivando la inversión y la innovación.

Uno de los modelos que inspira esta propuesta es Casa Ganaderos, la empresa más longeva de España que tiene su sede en Zaragoza y que demuestra las cooperativas pueden ser tan rentables y con proyección como cualquier otra sociedad mercantil.

En España tenemos varios ejemplos de cooperativas energéticas como Som Energia, Goiener, Ecooo o EnergÉtica Coop demuestran la viabilidad de estos modelos. Un ejemplo de la demanda de este tipo de proyectos es Cooperativas energéticas, una consultora cuyo modelo de negocio se basa en la creación, puesta en marcha y gestión de cooperativas energéticas.

A partir de la idea de las cooperativas energéticas surgen proyectos como Wott, que ofrece participaciones en cooperativas facilitando al máximo la participación del usuario en una instalación compartida y demuestran cómo el mercado se basa en la cooperación social, entregando un bono energético para una familia desfavorecida por cada diez clientes, siguiendo el principio de subsidiariedad, delegando su gestión en entidades sociales.

Financiar estas iniciativas es crucial, y el informe explora diversas vías de inversión descentralizada,  además de la financiación directa de los cooperativistas, que reduce costes y permite acceso a tecnologías más avanzadas. Entre otras propuestas, se destacan:

  • Crowdfunding: Permite a ciudadanos de todo el mundo financiar proyectos con pequeñas contribuciones.
  • Crowdlending: Financiación mediante préstamos colectivos con retorno de intereses, ideal para proyectos medianos. Plataformas como Ener2Crowd, Flobers o Ecrowd facilitan este proceso.
  • Fondos de inversión especializados y asociaciones de inversores: Ofrecen gestión profesional y acceso a proyectos de gran escala, así como redes de contactos.
  • Compra de acciones o participaciones: Permite a pequeños inversores adquirir partes de proyectos específicos de manera sencilla y transparente.
  • Colaboración entre proyectos empresariales: Propietarios de espacios (naves, granjas, aparcamientos) pueden colaborar con empresas o cooperativas para la producción energética, generando nuevas líneas de ingresos y optimizando gastos.
  • Contratos de renting o leasing: Facilitan el acceso a instalaciones sin una gran inversión inicial.
  • Tokenización de activos energéticos: Utilizando blockchain, permite dividir proyectos en tokens que representan participaciones, haciendo la inversión accesible, transparente y global, incluso desde pequeñas cantidades.

El informe incluso menciona la posibilidad de minar bitcoin con excedentes energéticos, especialmente en instalaciones aisladas de la red, como una forma de rentabilizar la energía producida y generar activos digitales independientes de las decisiones políticas y la inflación. El proyecto aragonés Green Data Chain ya aplica este modelo utilizando biogás de purines.

Un futuro energético descentralizado y libre

En conclusión, el informe “Luz a cero” traza una hoja de ruta hacia un modelo energético donde el consumidor deja de ser un simple receptor para convertirse en un protagonista activo, propietario y gestor. La descentralización, impulsada por la tecnología y las formas jurídicas que permitan la inversión ciudadana y retorno de la inversión, no solo promete abaratar drásticamente la factura de la luz y fomentar la sostenibilidad ambiental, sino que también fortalece la independencia energética y construye comunidades más cohesionadas.

La llamada es a abrazar la competencia y eliminar las barreras que impiden la innovación y la participación, demostrando que el libre mercado es la mejor herramienta para resolver los problemas del sector energético y medioambientales, del mismo modo que la empresarialidad puede transformar lo que antes era un problema (como los purines) en una oportunidad de progreso y riqueza.

El informe, escrito en Aragón, con fuerte influencia del cerdo como uno de los principales motores de la economía y su arraigada tradición cooperativa y de gestión comunal, presenta la región como un escenario idóneo para esta transformación hacia una producción energética en manos de los consumidores. Pero presenta soluciones lo suficientemente genéricas como para ser de utilidad para cualquier persona que tenga interés en ahorrar en energía o, incluso, generar riqueza con ella.

Centralización y monopolio, o cómo la intervención estatal ha provocado el apagón en toda España

El apagón energético del 28 de abril en España ha puesto de manifiesto la fragilidad de un sistema eléctrico excesivamente centralizado y regulado. Lejos de ser un incidente aislado, esta falla es una consecuencia directa de la intervención estatal en el mercado energético, que ha generado rigideces e ineficiencias.

La electricidad en España opera bajo un modelo de concentración, donde el Estado y unas pocas empresas reguladas monopolizan la generación, distribución y comercialización de la energía. Esta estructura impide una competencia real y dificulta la capacidad del sistema para adaptarse a imprevistos, dejando a millones de ciudadanos vulnerables ante fallos masivos.

Todo sistema es falible. Pero un fallo en un sistema descentralizado no provoca un problema generalizado. De vez en cuando, hay fallos en redes sociales y servicios digitales. Plataformas como WhatsApp, Facebook e Instagram han sufrido caídas globales en el pasado, pero, debido a la descentralización de servidores, algunos usuarios pudieron seguir accediendo mientras otros experimentaban interrupciones. Y, aunque Instagram deje de funcionar unos minutos, otros servicios, como YouTube, no fallan.

El sistema eléctrico español antes de la centralización

España no siempre operó bajo este modelo rígido. Antes de la creación de Red Eléctrica Española, el país contaba con un sistema descentralizado que permitía una mayor flexibilidad y adaptación ante imprevistos. ¿Cómo funcionaba ese sistema? Veamos su estructura antes de la centralización.

Esta estructura permitía una mayor competencia, evitando los problemas derivados de un monopolio estatal. Y, sobre todo, una mayor adaptación a las necesidades y características locales: donde había un salto de agua, se instalaba una hidroeléctrica; pero donde no había salto de agua y sí carbón, se creaba una central térmica. Un fallo en un punto de la red sólo afectaba a esa zona y no dejaba a España sin luz.

Diversidad de empresas y competencia en el mercado

Durante los años 60 y 70, el sector eléctrico español estaba compuesto por una variedad de empresas privadas y públicas que operaban de manera independiente. Este modelo descentralizado permitía que cada empresa optimizara sus recursos y respondiera a las necesidades específicas de su región, sin depender de una planificación centralizada.

La descentralización del sistema eléctrico tenía ventajas clave:

  • Menor riesgo de apagones generalizados, ya que un fallo en una zona no afectaba al resto del país.
  • Mayor innovación, con empresas compitiendo por mejorar la eficiencia y reducir costos.
  • Adaptación a las necesidades locales, permitiendo el desarrollo de infraestructuras específicas para cada región.

El modelo descentralizado que predominó en España durante los años 60 y 70 demostraba una capacidad de resistencia a errores superior, ya que los fallos eran localizados y no afectaban a toda la red nacional. Sin embargo, con la llegada del gobierno de Felipe González (1982-1996), se inició un proceso de centralización y monopolización que alteraría por completo el mercado energético. En este contexto, surgieron dos actores clave: la creación de Red Eléctrica Española y la transformación de ENDESA en Grupo ENDESA.

El origen y evolución de Red Eléctrica Española y ENDESA bajo el gobierno de Felipe González

ENDESA fue fundada en 1944 como una empresa estatal dedicada a la generación y distribución de electricidad. Aunque era pública, permitía operar a otras compañías, tenía una producción descentralizada y generaba servicios añadidos. Por ejemplo, en Teruel, explotaba la central térmica de Andorra y creó la línea ferroviaria Escatrón-Andorra, uniendo estos dos pueblos de las provincias de Zaragoza y Teruel, respectivamente.

Incluso otras empresas públicas operaban en el mercado energético español, como la Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana (ENHER) o la Empresa Nacional Carbonífera del Sur.

En 1983, sólo un año después de la llegada de Felipe González a la presidencia del Gobierno, ENDESA pasó a ser Grupo ENDESA, adquiriendo gran parte de su competencia, tanto pública como privada. Ese año, la empresa pública absorbió empresas como Unión Eléctrica de Canarias, que operaba de forma privada desde 1930; Eléctricas Reunidas de Zaragoza, que operaba con capital privado desde 1911, aunque su germen, Electra Peral Zaragozana, fue fundada por Isaac Peral en 1893; y empresas públicas como ENHER y la Empresa Nacional Carbonífera del Sur.

Posteriormente, y siendo todavía pública (ya que ENDESA no se privatizó totalmente hasta 1998), fue adquiriendo otras empresas como Viesgo, que operaba desde 1906; FECSA, desde 1951, aunque su origen, la Sociedad Española de Electricidad, operaba desde 1881; o la Compañía Sevillana de Electricidad, desde 1894.

Ver los nombres de esas empresas y sus fechas de fundación nos da una idea de la descentralización, longevidad y estabilidad del mercado energético español. Empresas que han sobrevivido a diferentes formas de gobierno, a la Guerra Civil, incluso, algunas, al desmembramiento estatal con la independencia de Cuba, pero que no han podido sobrevivir a la intervención estatal.

Lo que sí se disgregó de ENDESA bajo el PSOE fue Red Eléctrica Española, separando producción y comercialización por un lado, y transporte energético por otro.

Red Eléctrica Española: la centralización y estatalización de la red de transporte

Red Eléctrica Española fue creada en 1985 con el objetivo de gestionar y operar la red de transporte de electricidad en España. Antes de su fundación, el sistema eléctrico estaba descentralizado, con múltiples empresas gestionando la transmisión de energía, organizadas de forma espontánea en compañías como las ya mencionadas.

El gobierno de González impulsó la creación de REE como una empresa pública con el propósito de garantizar la estabilidad del suministro eléctrico y mejorar la planificación del sistema energético. Poco después, REE se convirtió en el operador único de la red de transporte, monopolizando la interconexión entre las distintas regiones del país.

Una sociedad estatal que, como siempre ocurre en estos casos, sólo sirve para que ostente su presidencia alguien del partido del gobierno. En este caso, Beatriz Corredor, exministra de Vivienda con Zapatero y actualmente con un sueldo de medio millón de euros anuales, y con seis de los doce miembros de su consejo pertenecientes al partido del Gobierno.

Pero esto no es el problema; sólo es la consecuencia natural de una empresa pública. Lo problemático es creer que un sistema de planificación central pueda funcionar, y cómo este pensamiento afecta al libre ejercicio de la función empresarial.

Monopolios y falta de incentivos para la eficiencia

El monopolio estatal o cuasiestatal en la gestión de la red eléctrica ha llevado a una falta de incentivos para mejorar la infraestructura y garantizar un suministro estable. La ausencia de competencia significa que las empresas no tienen presión para optimizar costos ni para invertir en tecnologías que prevengan fallos masivos.

Los monopolios creados o protegidos por el Estado tienden a ser ineficientes, ya que no enfrentan la disciplina del mercado. Ni tienen el sistema de incentivos que ofrece el mercado ni pueden calcular de forma eficiente los precios.

Cuando el sistema era descentralizado, múltiples actores competían por ofrecer el mejor servicio, reduciendo la probabilidad de fallos sistémicos. Un fallo en una zona no afectaba a otras.

Regulación excesiva y obstáculos a la descentralización

Las políticas energéticas en España han favorecido la intervención estatal e impuesto regulaciones que dificultan la entrada de nuevos competidores. La burocracia y las restricciones a la generación descentralizada han impedido el desarrollo de alternativas como redes locales, generación distribuida y sistemas de almacenamiento independientes.

El apagón del 28 de abril es un recordatorio de los peligros de la centralización y el monopolio en sectores estratégicos. La solución no pasa por más intervención estatal, sino por una liberalización del mercado energético, permitiendo la competencia y la innovación. Un sistema descentralizado, basado en la libre empresa y la propiedad privada, garantizaría un suministro más estable y eficiente, evitando que millones de personas queden a oscuras por fallos en una estructura rígida y controlada por el Estado. La historia nos demuestra que los mercados libres, cuando se les permite operar sin trabas, generan soluciones más robustas y adaptables. Es hora de aplicar estos principios al sector energético y evitar que la intervención estatal siga poniendo en riesgo el bienestar de los ciudadanos.

Un problema mental… o no

Otro de los efectos perversos de los mercados regulados es que los agentes económicos no destinan recursos donde serían más útiles, sino donde hay menos trabas burocráticas o mayores subvenciones, desincentivando la innovación y la eficiencia.

En el sector energético, esto se traduce en distorsiones evidentes, como la sobreinversión en tecnologías subvencionadas con alta intermitencia, como la energía solar, mientras se bloquea la entrada de soluciones más robustas y autosostenibles. Pero el problema va más allá. Hay obstáculos burocráticos que generan servicios incompletos y que, lejos de mejorar el mercado, lo hacen más ineficiente:

  • Empresas que venden sistemas energéticos “integrados” pero que obligan al usuario a gestionar múltiples aplicaciones desconectadas.
  • Instaladores que ofrecen autoconsumo pero sin la opción de compartir excedentes, limitando el potencial del ahorro colectivo.
  • Comercializadoras que imponen precios abusivos en la compra de excedentes, aprovechando la falta de competencia real en el mercado.

Sin embargo, dentro de este entorno hostil surgen oportunidades para quienes deciden actuar. El próximo 7 de mayo, la Asociación Liberal de Estudiantes publicará el informe “Luz a cero”, que analiza estrategias para reducir drásticamente la factura energética, e incluso eliminarla por completo. En él se presentan modelos de negocio como:

  • Spock: una plataforma de compras colectivas de gas y luz que consigue precios realmente ventajosos al sindicar un gran volumen de consumidores.
  • Cooperativas Energéticas: una consultora especializada en la puesta en marcha de cooperativas energéticas, que está teniendo un gran éxito en Aragón.
  • Green Data Chain: minado de bitcoin con energía producida con purines de cerdos. Una forma de solucionar el problema de la evacuación de esos residuos y convertirlos en un activo.
  • Wott: que ofrece participaciones en cooperativas energéticas, permitiendo que los clientes reduzcan su factura a cero y, al mismo tiempo, apoyen a familias en situación vulnerable con bonos de energía gestionados de forma descentralizada.

Con el objetivo de inspirar a más emprendedores y fomentar la competencia en el mercado energético, mis siguientes artículos en el Instituto Juan de Mariana analizarán modelos de negocio que desafían la planificación centralizada.

El apagón del 28 de abril ha sido una tragedia, pero también una advertencia. Es el momento de cuestionar la planificación central y de reclamar un mercado verdaderamente libre y descentralizado.

Los ciudadanos tienen dos opciones: dejar la producción energética en manos de burócratas o tomar el control de su propia energía, convirtiéndose en propietarios de los medios de producción y distribución para construir un sistema más sólido, resistente y descentralizado.

Es la hora de despertar leones.

España a oscuras: crónica de un apagón anunciado

¿Ocurrió el apagón por la centralización?

Este 28 de abril de 2025, la población española sufrió un evento sin parangón. El suministro eléctrico del país se vio coartado, por lo que un apagón apareció como consecuencia. Pero para ver que es lo que realmente ocurrió, tenemos que recurrir a analizar los pocos datos que se nos están facilitando las administraciones y corporaciones envueltas en esta polémica. Si recurrimos al gráfico del mercado de la red eléctrica peninsular que nos facilita en su web Red Eléctrica de España vemos lo siguiente:

Podemos ver representadas varias series de datos. Debemos prestar atención especial a dos de las líneas: a la serie roja y la amarilla. Por un lado, la serie roja representa la demanda programada de energía en el mercado español peninsular, podemos tratarlo como la demanda peninsular por suministro eléctrico para facilitar el entendimiento. Por otro lado, la serie amarilla representa la capacidad de demanda satisfecha en cada momento. Esta serie debe de ser entendida como la oferta de suministro o la capacidad de generación energética suministrable a la red eléctrica.

Como podemos apreciar en el gráfico, y como nos comunica el presidente de la nación Pedro Sánchez, a las 12:33, la cantidad de energía ofertada sufrió un desplome inmenso. Siguiendo la comparecencia realizada por el presidente del gobierno cerca de la media noche, «15 gigavatios de generación se han perdido súbitamente del sistema en apenas 5 segundos. (…) Para que se hagan una idea, 15 gigavatios equivalen aproximadamente al 60% de la demanda del país en ese momento.» Tras estas palabras el presidente nos informa de que las causas aún están siendo investigadas.

En lenguaje común, lo que ha ocurrido en España es un “corto”. Es lo equivalente a que en una casa salten los plomos, pero a nivel nacional. En esta situación siempre cabe la posibilidad de pensar en conspiraciones gubernamentales y corporativas para forzar cierto pensamiento en la población. Cabría pensar a su vez en ciberataques externos hacia nuestra red, pues esta estructura recibe numerosos ataques a diario que siempre son neutralizados pudiendo haber ocurrido que uno fuese exitoso. Sin embargo, esto último es extremadamente poco creíble, y según Red Eléctrica de España ya ha sido descartado, debido a las medidas de seguridad vigentes. Por lo que, si fuese un ataque consistiría en una organización igual o más potente que un Estado extranjero o quizás un sabotaje por parte de la inteligencia de otros estados. Entre los principales sospechosos podrían estar Israel y EE. UU debido a la capacidad técnica de inteligencia mostrada en el pasado. También podemos dejar de lado a países que no ganarían nada con este movimiento como Rusia. Sin embargo, el ataque es solo una posibilidad más.

Si algo caracterizó al día de ayer es el sol. Las placas fotovoltaicas y los aerogeneradores, al contrario de la energía hidroeléctrica, la nuclear o el ciclo combinado (gas), no son capaces de surtir adecuadamente cambios en las características dinámicas del mercado en frecuencia e inercia. Esto se debe a su funcionamiento por inversores electrónicos mientras que la hidroeléctrica y compañía usan turbinas, mucho más estabilizadoras. La excesiva dependencia de la energía fotovoltaica introdujo fragilidad al sistema facilitando que por un evento aislado el sistema cayese. Otras naciones como Francia no sufrieron este riesgo debido a su potencia nuclear instalada, lo que hace replantearse el sistema energético español.

La última posibilidad que debemos tener en cuenta es un fallo humano o interjección de la naturaleza. En Italia en 2003, un apagón general similar al español ocurrió y el culpable señalado fue un árbol caído que dañó una de las líneas en Suiza de donde se conseguía gran parte del suministro. Esto hizo que otras líneas de importación se sobrecargasen y fallasen por ello provocando una caída del sistema. Algo similar podría haber pasado en España con relación al suministro de alguna de las grandes centrales generadoras, produciendo el cortocircuito señalado.

La causa deberá ser esclarecida por los grupos de investigación movilizados en las próximas horas o días para solucionar el problema y evitar que vuelva a producirse el apagón. Pero, hay una cuestión que debemos de analizar en esta situación. ¿Por qué un hecho localizado en una región ha producido un problema nivel nacional peninsular al completo?

Las zonas afectadas han sido la España peninsular, Portugal por su gran conexión eléctrica con España, Andorra y el sur de Francia por razones similares a Portugal. La razón de por qué el problema no ha migrado aún más lejos que al sur de Francia es porque hay una distinción entre la estructura peninsular y la estructura francesa, esto evita que haya dependencia en París de lo que pueda ocurrir en Lepe. Si una línea en Lepe fallase por cualquier cuestión, París no va a apagarse. Esto es la descentralización del sistema eléctrico. Seamos más concisos. ¿Debería depender Palos de la Frontera de lo que ocurra en Girona?

En la actualidad, la respuesta del sistema eléctrico es que sí, pues esto es lo que ha pasado en el lunes negro por el apagón. Pero la intuición rápidamente nos dirá que, si una línea de cables entre Girona y Lleida falla, los que deberían de ser afectados son los habitantes de esas dos regiones como mucho, no los onubenses de Palos de la Frontera ni los asturianos de Avilés de igual forma. Esta es la descentralización eléctrica como un método de defensa más, esta vez estructural. ¿Es verdaderamente necesario que toda la red de la península ibérica dependa de toda la península ibérica a la vez? Quizás deberíamos empezar a poner defensas que eviten que ocurra un caos tan grande a nivel nacional. Si cada localidad (o conjunto de ellas) tuviese una red independiente de los problemas de otras, lo que ocurrió ayer no habría ocurrido porque sería imposible tumbar decenas, cientos o miles de redes a la vez. Recordemos que esto ya pasa, Baleares y Canarias van por libre.

Y esto no implica que las redes no estén conectadas entre sí pues España y Francia están conectadas eléctricamente y nos suministramos energía mutuamente cuando es necesario. Es la descentralización eléctrica la que debería de regir como método de defensa y de mejor organización. No hay razón aparente de que España actúe como una gran residencia donde, cuando saltan los plomos, se va la luz en todos lados. Debemos actuar como una gran villa, donde, si por desgracia un vecino sufre un apagón en su casa, estén los vecinos, amigos y familiares cerca para ayudar. Y esto es lo que se ha visto el 28/04/2025 por toda España, ciudadanos reuniéndose en casas de otros ciudadanos amables que ofrecen sus cocinas de gas o radios a pilas para acabar con el sufrimiento del apagón.

Y es que el pueblo español es naturalmente amable y empático. Si esto que hemos visto a escala local, o incluso personal, lo vemos adecuado, es razonable e incluso lógico que se aplique en una escala provincial, autonómica y nacional. Porque, el hecho de que nuestros pueblos rurales organicen su electricidad y no dependan de lo que en las ciudades decidimos, no nos hace menos hermanos. No nos hace menos españoles el estar dirigidos por distintas personas. De hecho, podría ser hasta más eficiente pues los locales saben solucionar mejor los problemas locales que los gobiernos nacionales. Los gobiernos no tienen tanta información sobre Salamanca como los salmantinos por lo que, si quisiesen organizar ellos todo, lo harían sin información y con costes de organización nacionales excesivos.

Por ahora, el gobierno tendrá que buscar el árbol caído, la estación defectuosa o el lugar donde se produjo el ataque por un total de casi 500.000 km2 de territorio peninsular con unos costes de organización muy altos. Si esto solo hubiese ocurrido en Baleares tendrían que buscar la fuente del apagón en tan solo 5.000 km2 con unos costes de organización menores.

En conclusión, centralizar la organización eléctrica probablemente sea un error. Nos hace vulnerables en conjunto a un fallo o ataque e ineficientes. Debemos organizarnos de forma más dispersa y actuar como los españoles ya nos han mostrado que saben actuar, de forma amable y cariñosa hacia el prójimo, esos son nuestros valores. Pero en la situación actual, esos valores nos los hemos saltado para hacer que una persona con poder nos organice como él quiere. Pero esa persona es un gigante con pies de barro, pues detrás de una estructura política inentendible, actúa contra lo que consideramos correcto.

Políticas anti petróleo que provocan más consumo de petróleo

Por Peter Jacobsen. El artículo Políticas anti petróleo que provocan más consumo de petróleo fue publicado originalmente en FEE.

Cada pocas semanas, los fanáticos ecologistas de la organización “Just Stop Oil” aparecen en los titulares por intentar destruir algo importante para llamar la atención sobre su objetivo de detener el petróleo.

Pero resulta que, como ocurre con muchas recetas políticas miopes, los medios no conducen a los fines. En otras palabras, los esfuerzos legislativos para detener el petróleo podrían provocar que se utilizara más mineral, en lugar de menos.

La paradoja verde

Un reciente artículo de Maya A. Norman y Wolfram Schlenker, de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), demuestra que la “paradoja verde” es real. Pero, ¿qué es la paradoja verde? Bueno, la idea de la Paradoja Verde se presentó por el economista Hans-Werner Sinn en lo que Wikipedia llama un libro “controvertido”. El libro de 2012 se titula The green paradox en honor a la teoría.

La idea es relativamente sencilla. Quienes poseen reservas de petróleo son agentes económicos racionales. Eso significa que extraerán y venderán su petróleo a una tasa determinada que maximice los beneficios a largo plazo. Los propietarios no quieren sacar hasta la última gota del subsuelo porque sería costoso hacerlo rápidamente, pero también quieren vender el recurso a un ritmo lo suficientemente rápido como para satisfacer la demanda.

Sin embargo, las llamadas “políticas verdes” cambian este cálculo. Si los propietarios de petróleo creen que en algún momento se aprobará una política que hará ilegal o incluso más cara la venta de su mineral, empezarán a intentar extraer y descargar el petróleo antes de que se apruebe la política. El resultado es contrario al pensamiento superficial: las políticas verdes destinadas a regular el petróleo pueden, en realidad, aumentar la velocidad a la que se produce y consume. Es la paradoja verde.

Como he mencionado antes, Wikipedia califica este libro de “controvertido”, aunque no cita ninguna fuente para esa calificación concreta. Sin embargo, aunque el libro fuera controvertido, este nuevo artículo debería hacer que lo fuera menos. Los autores examinan la paradoja verde con algunas pruebas, pero hay un resultado que llama la atención. Examinan el proyecto de ley Waxman-Markey de 2009-10, una ley de límites máximos y comercio de emisiones que habría sido gravosa para la industria petrolera.

Una medida contra la producción que aumenta la producción

Los autores comparan los precios de los futuros del petróleo con las expectativas del mercado sobre la probabilidad de aprobación de la ley Waxman-Markey. Si el argumento de The green paradox es correcto, el precio de los futuros del petróleo debería caer a medida que aumenta la probabilidad de que se apruebe el proyecto de ley.

Documentando los resultados, dicen:

En consonancia con esta predicción, encontramos un coeficiente negativo significativo; los precios de los futuros del petróleo bajan siempre que aumenta la probabilidad esperada de que se apruebe el proyecto de ley. Este efecto es persistente en todos los contratos de futuros, e incluso aumenta para los vencimientos a más largo plazo, lo que sugiere que la relación refleja ajustes a largo plazo en la trayectoria esperada de los precios del petróleo más que perturbaciones temporales. A través de nuestro análisis descubrimos que (i) la aprobación del proyecto de ley Waxman-Markey habría aumentado el consumo mundial de petróleo entre un 2 y un 4% y (ii) las deliberaciones Waxman-Markey aumentaron el consumo de petróleo entre 8 y 27 millones de toneladas métricas, equivalentes a entre 1 y 3 días de consumo mundial de petróleo.

Así pues, no sólo el proyecto de ley habría provocado un aumento del consumo de petróleo si se hubiera aprobado; la mera posibilidad de que se aprobara provocó millones de toneladas de consumo extra de petróleo. La paradoja verde se mantiene.

Una de las funciones más importantes de la economía es demostrar, con frecuencia, que los medios de los responsables políticos no pueden alcanzar los fines deseados. A los responsables políticos no les gusta esto, por supuesto. Y por eso las buenas ideas económicas, como la paradoja verde, tienden a menospreciarse con términos como “controvertidas”.

Esto no debería sorprendernos.

En su obra magna de 1949, La acción humana, el economista Ludwig von Mises destacó brillantemente este fenómeno:

Es imposible comprender la historia del pensamiento económico si no se presta atención al hecho de que la economía como tal es un desafío a la presunción de quienes detentan el poder. Un economista nunca puede ser el favorito de autócratas y demagogos. Para ellos siempre es el travieso, y cuanto más convencidos están en su fuero interno de que sus objeciones están bien fundadas, más le odian.

Ludwig von Mises. La acción humana. Tratado de economía.

Larga vida a los malhechores.

Ver también

Un hallazgo de litio explica que nunca nos quedaremos sin recursos. (Peter Jacobsen).

Simplemente, no se puede dejar de extraer petróleo, Sir Keir. (Henry Hill).

Adiós al adiós al petróleo. (José Carlos Rodríguez).

La adicción al petróleo. (José Carlos Rodríguez).

Por qué la energía es cada vez menos fiable -y menos asequible- en todo el mundo

Jared Wall. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

En el libro Green Tyranny -una fantástica historia del movimiento alarmista ecologista-, el autor Rupert Darwall atribuye la responsabilidad del inicio de este movimiento a los alemanes y los suecos.

En 1967, un científico sueco publicó la primera “teoría” sobre la lluvia ácida. Cuatro años más tarde, Bert Bolin, un sueco que llegaría a presidir el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, redactó el primer informe gubernamental de la historia sobre la lluvia ácida.

Era el típico informe gubernamental. Con noventa páginas, comienza con una certeza: “La emisión de azufre a la atmósfera (…) ha demostrado ser un grave problema medioambiental”. Cincuenta páginas más adelante, sin embargo, Bolin admite algunas dudas cuando dice: “Es muy difícil demostrar que el daño (…) se ha producido de hecho”. No obstante, el informe gubernamental concluye con rotundidad: “Es necesaria una reducción de las emisiones totales tanto en Suecia como en los países adyacentes” (el subrayado es mío).

Contra la energía nuclear

Fue en Alemania donde los ecologistas y los activistas antinucleares contrajeron santo matrimonio. Reducir la energía nuclear, dificultar la vida a los propietarios de centrales de combustibles fósiles y subvencionar parques solares y eólicos poco fiables e ineficaces ha sido la política constante de Alemania en las décadas posteriores. El resultado ha sido una subida vertiginosa de los precios de la energía y una red eléctrica cada vez menos fiable. Históricamente, los ingenieros alemanes nunca habían tenido problemas con su red eléctrica. Sin embargo, en 2012, el país sufrió un millar de caídas de tensión. En 2013, esa cifra ascendió a dos mil quinientos, y desde entonces no ha dejado de empeorar. Como resultado, la base industrial de Alemania, siempre líder mundial, ha ido decayendo tristemente a medida que las empresas optan por abandonar el país en busca de pastos eléctricos más fiables.

En 1988, se creó el IPCC durante una reunión en Ginebra, presidida por muchos de los mismos personajes que habían liderado los movimientos ecologistas de Suecia y Alemania durante las décadas anteriores.

Los informes del IPCC

Una de las principales tareas asignadas al IPCC es la publicación periódica de “informes de evaluación” sobre el estado del cambio climático global. Estos informes constan de cientos de páginas y pueden ser extremadamente técnicos. Para los políticos y periodistas con déficit de atención, estos informes van acompañados de un resumen. De forma rutinaria, este resumen tergiversa la sustancia e incluso las conclusiones del informe real. También suele ser objeto de intromisiones políticas; por ejemplo, cuando el IPCC publicó su quinto informe de evaluación en 2014, el delegado alemán ante el IPCC insistió en que se eliminara el lenguaje relacionado con una pausa o hiato en el aumento de la temperatura global porque “confundiría a los votantes alemanes”.

Además, los líderes del movimiento ecologista se han equivocado históricamente en casi todo. Es para reírse:

  1. 1989 – la ONU predijo que naciones enteras serían “borradas de la faz de la Tierra” por el aumento del nivel del mar para el año 2000.
  2. 2006 – Al Gore dijo que los humanos podrían tener solo diez años para salvar al planeta de “convertirse en una sartén total.”
  3. 2018 – Alexandria Ocasio-Cortez declaró que el “mundo se va a acabar en doce años si no abordamos el cambio climático.”

A pesar de todo esto, el tirón emocional de la propaganda de “salvar el mundo” sigue siendo poderoso, y la agenda ecologista marcha.

Un mar de baterías para cinco minutos de consumo

Uno de los principales objetivos de esta agenda ha sido sacarnos de la electricidad generada con combustibles fósiles y llevarnos a la electricidad generada con energía eólica y solar. Hay que reconocer que los ecologistas han tenido mucho éxito instalando un gran número de turbinas eólicas y paneles solares. Sin embargo, han fracasado estrepitosamente en la consecución de su objetivo principal de “sacarnos” de los combustibles fósiles.

A pesar del crecimiento masivo de la capacidad de generación de los parques eólicos y solares, las centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles siguen siendo un componente insustituible de las redes eléctricas fiables. La tecnología actual de la energía eólica y solar no puede sustituir adecuadamente a la de los combustibles fósiles. Las turbinas eólicas no funcionan cuando no hace viento, y los paneles solares no funcionan cuando no brilla el sol.

Algunos han sugerido que podríamos construir grandes instalaciones de almacenamiento de baterías que, en días soleados o ventosos, podrían utilizarse para almacenar el exceso de electricidad para su uso posterior y superar así este problema. Hace poco, Elon Musk llegó a plantear la idea de construir una instalación de almacenamiento de baterías a gran escala alimentada por parques eólicos y solares. Iba a costar 5.000 millones de dólares, necesitaría más baterías de litio de las que existen actualmente en el mundo y sería capaz de almacenar unos cinco minutos de la demanda de electricidad de Estados Unidos. El almacenamiento en baterías a gran escala no es viable todavía. Otro dato curioso sobre la energía eólica y solar y el almacenamiento en baterías es que almacenar electricidad en baterías es diez mil veces más caro que almacenar petróleo en tanques o carbón en pilas.

Unas fuentes poco fiables

Está claro que los parques eólicos y solares no han añadido nada de valor. Pero es peor que eso: trabajan activamente en nuestro detrimento. Para que una red eléctrica funcione con fiabilidad, la oferta de electricidad debe equilibrarse constantemente con la demanda. Si las centrales generan más electricidad de la que demandan los consumidores, la red eléctrica puede sobrecargarse y las infraestructuras críticas sufrir daños catastróficos.

Por otro lado, si la oferta es incapaz de satisfacer la demanda, el resultado son apagones y caídas de tensión. Para hacer frente a esta limitación física, las centrales eléctricas se han diseñado históricamente para servir a dos propósitos complementarios: generación de carga base y generación de carga variable. Dado que una cierta cantidad de demanda eléctrica puede considerarse constante, los generadores de base se diseñan para funcionar de forma fiable y barata para satisfacer esa demanda. Los picos de demanda se gestionan con generadores variables.

La energía eólica y la solar no son ni lo uno ni lo otro. A diferencia de los generadores de carga base o de carga variable, los parques eólicos y solares son generadores de electricidad aleatorios y poco fiables.

Posibles sobrecargas

Es cierto que en días soleados o ventosos pueden producir cantidades ingentes de electricidad. El problema es que esto hace que aumente la oferta independientemente de la demanda, de modo que cuando la demanda no es lo suficientemente alta como para tener en cuenta la generación de energía de los parques eólicos y solares, las centrales de carga variable e incluso las de carga base deben reducir su generación de energía para proteger la infraestructura de la red contra la sobrecarga.

Para las centrales de carga base, que no fueron diseñadas para funcionar así, los efectos negativos sobre el mantenimiento y la vida útil de los equipos son significativos. En tiempo real, estamos viendo cómo la parte fiable de nuestra red eléctrica se desgasta antes de lo que lo haría en otras circunstancias.

El ejemplo de Tejas

El estado de Texas lo demuestra. Texas ostenta el título de primer estado eólico de Estados Unidos. Durante años, las autoridades han invertido miles de millones de dólares en la instalación de miles de molinos de viento en todo el estado. Para conectar estos parques eólicos a la red se necesitaron mil seiscientos kilómetros de líneas de transmisión. Sólo el coste de esas líneas de transmisión superó los 6.500 millones de dólares. La parte fiable de la red eléctrica de Texas se quedó sin fondos para pagar esta mala asignación política de recursos.

Como resultado, el mantenimiento rutinario se ha ido ignorando cada vez más, y el mantenimiento de emergencia se ha hecho cada vez más rutinario. Cuando Texas fue azotada por una tormenta invernal en el invierno de 2021, provocó un aumento inesperado de la demanda eléctrica invernal. Por desgracia, en ese momento, varias centrales eléctricas críticas estaban paradas por mantenimiento de emergencia, la red fue incapaz de mantener el ritmo, y cientos de personas murieron trágicamente.

Capitalismo de amiguetes

Por si todo esto fuera poco, también está el aspecto de corrupción y capitalismo de amiguetes de la energía eólica y solar. Cuando los parques eólicos y solares aumentan su oferta, el precio mayorista de la electricidad baja de forma natural. Esto hace que los propietarios de las centrales de carbón y gas natural ganen muy poco dinero o incluso pierdan dinero en los días de viento y sol.

Por otro lado, como los políticos quieren obligar a la energía eólica y solar a funcionar independientemente de las realidades del mercado, los propietarios de parques eólicos y solares ganan una tarifa subvencionada por la electricidad que generan independientemente de la tarifa mayorista. Por tanto, los propietarios de parques eólicos y solares están aislados de las consecuencias que su producción arbitraria y políticamente incentivada de electricidad tiene en el mercado.

Para terminar, en los lugares donde la energía solar y eólica están muy extendidas, tanto la calidad de la red eléctrica como el coste de la electricidad son peores que en los lugares donde la energía solar y eólica escasean. Alemania ha multiplicado por trece su capacidad de generación eólica y solar entre 1999 y 2012; también han anunciado recientemente el cierre de su última central nuclear, y su coste por kilovatio-hora ha subido a casi cincuenta céntimos.

En las Carolinas, pagamos entre seis y diez céntimos por kilovatio-hora de electricidad. Sin duda, los hogares y las empresas se verían muy afectados si sus facturas de electricidad se multiplicaran por cinco u ocho. Por desgracia, esa parece ser la dirección que estamos tomando. En Carolina del Norte pagamos un 18% más por la electricidad que nuestros vecinos de Carolina del Sur, simplemente porque los políticos de Carolina del Norte insisten en aumentar la producción solar, mientras que Carolina del Sur sigue dependiendo principalmente de los combustibles fósiles y la energía nuclear.

Un futuro fósil

Ciertamente, hay problemas muy reales relacionados con el estado actual de las cosas. Sin embargo, el problema no es que nos enfrentemos a un cambio climático inducido por los combustibles fósiles tan grave que sea necesario tomar medidas drásticas para “salvar el planeta”. Más bien, el problema al que nos enfrentamos es la reacción a este alarmismo, que está llevando a la degradación de la red eléctrica de la que dependemos para nuestro estilo de vida moderno.

Un camino prometedor para encontrar una solución a este problema se encuentra en el gran libro de Alex Epstein, Un futuro fósil.

La tesis general de su libro es que nuestra estrategia debería consistir en un cambio de retórica. Para ello, debemos enmarcar nuestros argumentos sobre esta cuestión desde el punto de vista de lo que es mejor para el florecimiento humano.

En este sentido, expone tres hechos:

  1. Los combustibles fósiles son una fuente de energía rentable.
  2. La energía rentable es esencial para la prosperidad humana.
  3. Innumerables personas sufren y mueren por falta de acceso a una energía rentable.

Por lo tanto, en lugar de insistir en reducir nuestro consumo de combustibles fósiles, deberíamos tratar activamente de aumentarlo, especialmente en las zonas más pobres del mundo.

Contra el alarmismo

Más allá de esta brillante tesis, el libro de Epstein es una fantástica refutación científica e histórica de todo el alarmismo ecologista. Quizá el mejor ejemplo de ello sea su demolición de la infame curva del “palo de hockey” de Al Gore. En primer lugar, demuestra claramente que el gráfico de Gore, que muestra que la temperatura de la Tierra se ha mantenido constante durante siglos para aumentar desde la Revolución Industrial de la década de 1850, es falso. En segundo lugar, demuestra que hay una curva del palo de hockey que es cierta y que debería dejar estupefacta a la gente: el gráfico del florecimiento humano a lo largo del tiempo.

Durante siglos, el florecimiento humano ha sido plano en términos de esperanza de vida, nivel de vida, acceso a la electricidad e ingesta calórica. Todo esto sólo ha cambiado desde la década de 1850, cuando la humanidad empezó a quemar combustibles fósiles. Desde entonces, hemos visto cómo el florecimiento humano -sea cual sea la medida que se elija- ha aumentado exactamente de la misma forma que el “palo de hockey”.

En conclusión, la economía de mercado lleva a los empresarios a realizar inversiones informadas y calculadas en cosas como la tecnología de iluminación LED con el fin de aumentar también su cuenta de resultados. La economía de mercado también conducirá al desarrollo de una red eléctrica robusta y fiable. La economía política, por el contrario, conduce a la corrupción, el amiguismo, una red eléctrica al borde del fracaso, mayores costes de la energía y una “solución” desde arriba a una falsa crisis que está provocando una disminución del florecimiento humano.

Como en todo lo demás, tanto en el caso de la eficiencia energética como en el de la producción de energía, lo mejor es confiar en el mercado.

Simplemente, no se puede dejar de extraer petróleo, Sir Keir

Por Henry Hill. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

Más allá de su tono a menudo histérico y sus tácticas autocomplacientes, el mayor problema de Just Stop Oil es que no es posible detener el petróleo. De acuerdo, si hablamos únicamente de los límites de lo posible, podríamos detener el petróleo. La civilización moderna se detendría más o menos, por supuesto, pero podríamos hacerlo.

Hay algunos ecologistas profundos que creen de verdad en ese objetivo profundamente misántropo. También está el movimiento del “decrecimiento”, un poco más de moda, que podría sumarse a la idea siempre que no pensara demasiado en las consecuencias.

Una receta para el desastre

Pero fuera de esos círculos, se considera, y con razón, un disparate. No hace falta ser un negacionista del cambio climático, ni oponerse a las grandes inversiones en generación de energías renovables y otras nuevas tecnologías, para aceptar que vivimos en una civilización maquinal que funciona más o menos con combustibles fósiles y que lo seguirá haciendo durante algún tiempo.

(Incluso después de la revolución industrial verde, cuando se produzca, seguiremos necesitando petróleo. Todavía no hemos descubierto una alternativa milagrosa al plástico, y no se puede fabricar plástico a partir del viento y la luz solar).

Intentar forzar a la sociedad moderna a abandonar los combustibles fósiles antes de que surjan alternativas adecuadas es una receta para el desastre económico; nadie que se queje de la crisis del coste de la vida o del impacto de los recortes del gasto público tiene por qué estar feliz con una idea así.

Prohibir nuevas extracciones

Todo lo cual hace que el reciente compromiso laborista de prohibir nuevas explotaciones de petróleo y gas en el Mar del Norte parezca más que una locura.

Sir Keir Starmer no va a desvelar todos los detalles de esta particular “misión nacional” hasta el mes que viene, así que no tenemos los detalles. Y lo que es más importante, tampoco los tiene nadie que esté realmente implicado en el sector británico del petróleo y el gas. Esto no contribuirá en nada a aumentar la confianza de los inversores. No se ha dicho nada sobre cuándo entraría en vigor dicha prohibición.

Pero lo que importa es que contribuirá muy poco (o nada) al objetivo declarado de reducir la dependencia de este país de los combustibles fósiles. La razón obvia de que la producción nacional de petróleo y gas no impulsa esa demanda, sino que la abastece.

Lo que no se produce, se importará

Si ese oleoducto se secara, lo único que ocurriría es que las necesidades energéticas del Reino Unido tendrían que cubrirse con más importaciones del exterior. Ello supondría un doble golpe para la balanza comercial, ya que una buena parte de la producción nacional actual se exporta para plásticos y manufacturas.

Eso significa más dinero para los muchos regímenes desagradables de todo el mundo que se sostienen con petróleo y gas. Puede que no les compremos directamente. Pero los países con menos escrúpulos tienen oportunidades de arbitraje para vender las exportaciones de Moscú con una bandera más apetecible (y un margen de beneficio).

En un momento en el que las finanzas públicas están al límite, esto no significa necesariamente que haya que apuntalar el Mar del Norte. Cada vez resulta menos económico extraer petróleo y gas de esos yacimientos. Puede llegar un momento -quizá acelerado por los grandes saltos de la energía verde- en que lleguen al final de su vida comercial.

Algunas cuestiones no disputadas del anarcocapitalismo (LXXVII): Problemas de coordinación de la transición energética (II)

En el último artículo abordamos la cuestión de la falta de coordinación entre los distintos países a la hora de abordar la cuestión de la transición energética. En este pretendemos analizar cómo la planificación de esta transición y la ausencia total o parcial de precios y mecanismos de mercado lleva a la descooordinación de los factores precisos para llevarla a cabo, y cómo esta descoordinación puede tanto ralentizar su puesta en práctica como imposibilitarla total o parcialmente.

Nos centraremos especialmente en el caso de la transición en la movilidad, esto es pasar de usar transporte movido por carburantes fósiles a otros movidos por electricidad u otra forma de alimentación que no emita gases de efecto invernadero, como el CO2. También abordaremos problemas análogos referidos a la falta de coordinación a la hora de transitar del uso de una a otra fuente de energía.

Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de pretender usar transportes movidos por electricidad es, como es obvio, comprobar si disponemos o no de electricidad suficiente para mover con la misma capacidad de carga y prestaciones una flota de vehículos equivalente a la de que disponemos en la actualidad. Y esto por lo que parece no está claro que se haya aún conseguido o que se pueda conseguir en un plazo breve de tiempo. Desde el verano de 2022, los gobernantes han advertido de la necesidad de reducir sustancialmente el consumo eléctrico de la población, debido a la posible escasez derivada de la intermitencia en la producción de la misma, por una insuficiente producción de electricidad de origen renovable y también por la escasez de gas ocasionada por la guerra de Ucrania. Asunto, en el caso español, agravado por la casi ruptura de relaciones comerciales con Argelia.

No casa eso muy bien con la idea de crear un parque automovilístico de millones de autos eléctricos. Si ya sin ellos hay problema, no sabemos lo que podría pasar con un parque altamente electrificado en caso de existir algún problema de insuficiente generación de energía. Habría que determinar que tipo de consumo tendría prioridad en este caso, como en Suiza que ya decretó que en ese caso los autos eléctricos tendrían prohibida la recarga.

A la hora de coordinar factores, tampoco parece existir la previsión de que hacer en caso de algún cataclismo natural, como un huracán o un terremoto, y una subsiguiente evacuación masiva en el caso de no haber generación. Circunstancias más comunes, como una típica operación salida de vacaciones, puede transformarse en algo complicado de querer recargar millones de autos a la vez. Y no sólo por falta de energía, sino por el tiempo empleado en la recarga, que por rápida que sea no puede igualar a los tres o cuatro minutos que implica tal recarga en un auto de combustión. Cualquier matemático que sepa algo de teoría de colas entenderá a que me refiero.

Al igual que cuando se instauró el llamado comunismo de guerra en la vieja Unión Soviética hubo problemas de coordinación entre los bienes producidos y sus bienes complementarios, mucho me temo que en este caso, obviamente con una gravedad mucho menor, se pueden dar problemas análogos. No basta con poder producir la cantidad necesaria de autos electrificados en el breve plazo marcado por las directivas europeas (ago, por otro lado, difícil como veremos más adelante), sino que es necesario desarrollar en paralelo los bienes necesarios para que estos puedan operar. 

Para ello es necesario generar de la energía suficiente, y ello incluye la capacidad de adaptarse a los picos de consumo. O sea que debe ser, casi por fuerza, producida en un sistema capaz de modular la generación para adaptarla a las condiciones de la demanda en cada momento. Pero además es necesaria, por ejemplo, una infraestructura de recarga, a poder ser rápida como los supercargadores de una conocida marca, de tal forma que no nos eternicemos a la hora de “repostar” electricidad.

Esto puede implicar en algunos casos cambiar por completo el cableado de algunas zonas que no disponen aún de la red de la que ya disponen parcialmente algunas grandes ciudades. La red eléctrica de los distintos países europeos es desigual y precisa de adaptación a la recarga rápida en muchos territorios de Europa; algo relevante si nos queremos desplazar en un auto eléctrico más allá de las grandes urbes o a otro país, algo que ahora podemos hacer sin gran problema.

Todo ello sin contar con la necesidad de adaptar la red doméstica o sobre todo la de los grandes edificios y comunidades de vecinos. Obviamente que se puede hacer y de triunfar la opción del auto recargable seguro se hará, pero lleva tiempo y recursos hacerlo y, como vimos en otro artículo, tendrá que ser lentamente adaptado a la demanda. Recordemos que la transición de la tracción animal y del ferrocarril a los transportes de combustión interna llevó decenios y aún no está completada en muchas partes del mundo. Quizás acostumbrados a la relativamente rápida transición en otros ámbitos como el de la telefonía móvil o el internet, los gobernantes pensaron que esta también podría hacerse de forma veloz y sin gran coste, sólo con un par de directivas y un poco de concienciación.

Se olvidaron de que esas transiciones fueron mayormente sin plazo y en un entorno de relativo mercado libre y casi sin imposición legal. Y sobre todo porque las nuevas tecnologías eran percibidas como mejores por la mayoría de los consumidores, algo que de momento no se ve.

Otro aspecto no considerado a la hora de decretar la transición a la movilidad eléctrica es el de la necesidad de cambiar el mix energético antes de proceder al cambio. El cambio de movilidad se justifica básicamente en la necesidad de reducir emisiones de gases de invernadero como el CO₂, algo que se lograría con el uso de automóviles de cero emisiones como los eléctricos o los de hidrógeno verde (estos últimos aún por desarrollar comercialmente). Pero no se habla de las emisiones originadas en el proceso de generar la electricidad necesaria para cargarlos.

Si la generación de electricidad es neutra en gases, como ocurre por ejemplo en Noruega, el proceso de transición cumplirá sus objetivos de descarbonizar. Si, al contraio, la generación requiere del uso de carbón, fuel o gas, como en el caso de China, bien pudiera suceder que el auto eléctrico contaminase más que un auto de combustión de nueva generación y no serviría de nada la adaptación a la nueva tecnología. En otros casos, como el español, dependería de la forma de generación de cada día concreto para poder dilucidar si se da o no la reducción de emisiones. La transición al auto electrificado requerirá, pues, una coordinación previa con la transición a la producción de energía eléctrica para todos los usos, algo que por lo que se vé aún no está conseguido.

Es más, en este último año se está produciendo en Europa cierta regresión hacia formas más contaminantes de generación debido a las tensiones derivadas de la guerra de Ucrania, lo que a corto plazo bien pudiese conseguir que el esfuerzo sea en vano. Si a ello le sumamos el coste en CO₂ de achatarrar millones de vehículos y el de producir otros tantos millones de autos nuevo, algo que rara vez se considera, el beneficio para el planeta a corto plazo y, dada la urgencia de la necesidad del cambio, no parece que pueda ser muy grande.

A estos problemas de descoordinación hay que sumar otros dos. El primero es el de la falta de capacidad a día de hoy de suministro de los materiales necesarios para llevar a cabo una transición de tales dimensiones. Autores no precisamente muy próximos a ideas anarcocapitalistas, como Antonio Turiel o Alicia Valero, han expuesto en libros muy bien documentados la dificultad, por no decir imposibilidad, de extraer recursos naturales (litio, coltán, cobalto o tierras raras entre otros) en la cantidad necesaria como para poder sostener la transición y mucho menos en un plazo tan corto. Son necesarias nuevas minas, así como logística de transporte y transformación de esos materiales, en cantidades que a corto plazo son muy difíciles de obtener.

Es cierto que los mercados muestran una gran capacidad de adaptación, y muy probablemente con el tiempo podrían encontrar sustitutos o nuevas formas de producción que resolviesen el problema. Pero, como apuntamos, eso no se puede hacer por decreto. Hay que dejar funcionar el mecanismo de los precios y luego ver si es posible o no llevar a cabo la transición. Los mercados no son omnipotentes, puesto implicaría que las personas que los hacen funcionar lo son. De hecho, se abandonan todos los días muchos proyectos económicos por inviables con la tecnología o disposición de recursos disponibles en el momento de diseñarlos y se opta por otras soluciones o por mejorar las ya existentes.

Ahora parece que es posible técnicamente obtener energía a través de la fusión, pero para que esta posibilidad técnica se concrete en artefactos movidos por tal fuente es necesario desarrolar fábricas y proyectos que transformen esa posibilidad en algo concreto. Ya a veces no es rentable o no se puede a corto plazo.

Parece como si los planificadores, normalmente despectivos con las posibilidades de coordinación de los mercados, ahora confiasen en ellos más que los propios defensores del capitalismo de libre mercado. Un ejemplo de esto es la confianza que tienen en que estos componentes y los productos que de ellos derivan, como las baterías eléctricas de automoción, se abaratarán solos por el mero paso del tiempo. Los mercados no funcionan solos; necesitan de empresarios, trabajadores, materias primas y capitales para funcionar. Todo ello en un marco institucional libre de interferencias que no fijen objetivos por la fuerza.

Es previsible que las baterías se abaraten con el tiempo, peor no sabemos ni cuanto ni cómo, pues aún es necesario desarrollar tal industria a gran escala.

Porque, esta es otra, no es previsible que a corto plazo se den todos los beneficios de producción a escala que se dieron en otros sectores al estar a transición limitada de momentos a unas áreas geográficas concretas, Europa y en menor medida otros países occidentales. De no extenderse esta transición al resto de los automovilistas del mundo, algo improbable a corto plazo, los beneficios de escala no se aplicarán en toda su potencialidad, quedando reducida la movilidad eléctrica a un nicho relativamente reducido en el que no compense invertir las cantidades de capital necesarias para conseguir tales efectos. Bien pudiera ser que baterías y otros elementos como repuestos sigan siendo una especie de consumo de lujo para países ricos y, por tanto, no compense producirlos aún de forma barata.

Son estos problemas que cualquier estudioso de las economías planificas, aunque sea a escala reducida, conocen. Pero una vez más vemos como la arrogancia de los planificadores ocasiona más problemas de los que pretende resolver. Volveremos en el futuro a analizar estos temas que son una buena prueba del fracaso de la planificación. Eso sí, espero equivocarme y que estos problemas tratados puedan tener solución.

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXVI): Problemas de coordinación de la transición energética (I)

En el artículo anterior expusimos los problemas derivados de la planificación energética y las consecuencias de establecer un plazo temporal definido. Una de estas consecuencias, que no analizamos en el escrito anterior, son las derivadas de los problemas de coordinación, sea en la transición en general, sea en su concreción en lo que se refiere a la movilidad eléctrica.

En este artículo queremos incidir en este tema señalando los factores descoordinadores del estado y como sólo la anarquía de los mercados es capaz de coordinar cambios tan sustanciales como los requeridos para un proceso de las dimensiones de este. Lo que estamos apuntando parece en principio contra intuitivo, pues estamos entrenados a ver al estado como un factor de orden y de organización y sin ellos no se podría pretender que los procesos sociales tuviesen un correcto desempeño. Nada más equivocado, pues como bien sabemos los austríacos, los mercados son los únicos capaces de coordinar con precisión los procesos de producción y consumo, mientras que los estados en su pretensión de racionalizar la vida social la hunden en el caos, como demuestra la experiencia de las supuestamente racionales economías socialistas.

Cualquiera que haya leído el texto Yo el lápiz de Leonard Read sabe a qué nos estamos refiriendo. El proceso de construir un lápiz de principio a fin requiere de centenares de millones de personas y de miles de procesos productivos y, sin embargo, y sin que nadie lo planifique, por la modesta suma de cincuenta céntimos, tenemos al lado de nuestra casa un lápiz de excelente calidad. Por otro lado, en la guerra de Ucrania, el paradigma de lo que es el orden estatal, un ejército al estilo del ruso, vemos cómo no es capaz de mantener una logística adecuada y falla estrepitosamente en conseguir sus objetivos precisamente por pretender ser tan ordenado. Un curioso libro, Elogio del desorden de Eric Abrahamson, nos ilustra sobre muchas de estas paradojas de la complejidad, el orden y el desorden.

 Una vez establecido esto podemos pasar al análisis de los problemas que derivan de querer planear una transición energética con el objetivo declarado de reducir la emisión de gases de efecto invernadero con la pretensión de frenar el calentamiento climático global. En este trabajo no se pretende cuestionar las conclusiones de las instituciones como el IPCC (panel internacional sobre el cambio climático) sobre la evolución del clima, a pesar de que sabemos que existen críticas bien elaboradas por científicos que, cunado menos, cuentan con credenciales similares a las de los que defienden la postura oficial. Simplemente entendiendo que no estoy capacitado técnicamente para dilucidar cuál de las posturas en debate está más fundamentada y, por lo tanto, a la hora de establecer el debate, parto de que la postura oficial es la correcta, y que, en consecuencia, es necesario afrontar de una forma u otra el problema. Mi análisis se centrará entonces en el análisis económico y político de las medidas llevadas a cabo para afrontar el problema, área en la que si me siento calificado para opinar con cierto fundamento. Pero me gustaría señalar que es curioso que muchos científicos naturales niegan la calificación a los profanos para opinar en asuntos técnicos, mientras que ellos no dudan en proponer propuestas de política pública para las que se puede percibir fácilmente que ni entienden en su complejidad ni cuentan con una comprensión económica o política para opinar más allá de lugares comunes.

Antes de analizar las políticas emprendidas me gustaría señalar que casi nunca se proponen soluciones de mercado para afrontar el problema del clima y que esta cuando menos deberían ser discutidas. Entiendo que una sociedad sin intervención estatal podría afrontar los problemas del cambio climático no sólo igual, sino mejor que una en la que se regulen las conductas mediante planes o políticas públicas de obligado cumplimiento. Sólo sería necesaria una cosa: que los ciudadanos sean perfectamente conscientes del problema y estén decididos a afrontarlo bien para salvar su propia existencia o la de sus hijos. De ser la población, o cuando menos una parte sustancial de la misma, consciente, los mecanismos de mercado comenzarían a operar a través de la demanda de medios de producción de energía o de transporte, con menos emisión de gas invernadero, al tiempo que se desecharían aquellos más contaminantes. Basta con que la gente esté dispuesta a reducir su consumo o a buscar alternativas limpias y lo esté en serio, esto es, poniendo su dinero allí donde dicen que debe hacerse, para que el ingenio capitalista comience a desarrollar a medio plazo todo tipo de soluciones imaginativas para afrontar tal problemática.

Se nos podrá decir que la gente no estaría dispuesta a actuar de tal manera y que dada su irresponsabilidad o falta de conocimiento no se podría delegar en ella tal tipo de decisiones. Pero esta actitud sólo mostraría que la gente dice estar convencida de la necesidad de la transición, pero que en realidad no le preocupa en exceso. Esto es, la gente no estaría aún convencida del todo de la gravedad del asunto y que en su escala de preocupaciones este problema sería secundario a respecto de otros problemas, incluso aparentemente menores, y que no estaría dispuesta a pagar para afrontarlos. Por ejemplo, se dice que una subida de los carburantes fósiles como la gasolina o el gasoil no sería popular en este momento de inflación y que, por tanto, los gobiernos, que en otros sitios proponen ambiciosas transiciones, deciden subvencionarlos o reducir sus tributos. Pero lo único que reconocen es que piensan que la gente aún no está lo suficientemente concienciada y que no entenderían la medida, por lo que indirectamente están diciendo que no existe ningún consenso social real al respecto, a pesar de que en sus discursos lo presumen.

En cualquier caso, vamos a presuponer que esto es un fallo de comunicación de los gobiernos y vamos a suponer (sólo a efectos de argumentación, claro está) que se establece como necesaria la intervención y se procede a llevarla a cabo. Nuestro argumento será, en la línea de la teoría austríaca del intervencionismo, que sea o no necesaria una intervención estatal de estas características no sólo no podrá llevarse a cabo, sino que será contraproducente. Y todo ello por problemas de coordinación y cálculo económico.

 En primer lugar, una intervención de este tipo requerirá de coordinación de políticas energéticas y medioambientales a nivel global para alcanzar un mínimo de eficacia en la consecución de estos fines. Los fenómenos climáticos son globales y requieren de una coordinación a nivel mundial, o cuando menos de los principales emisores, para poder establecer unos umbrales mínimos. Dado que el orden internacional es anárquico y no existe ninguna entidad mundial con capacidad de obligar a su cumplimiento, este acuerdo sólo podrá darse de mutuo acuerdo y con la exclusión de la comunidad internacional, sea en el ámbito político, sea en el económico, de la nación incumplidora. Esto es, sólo se pueden usar las formas de sanción típicas de una sociedad anarquista.

Existen acuerdos internacionales en el que se reparten las cuotas de emisión y los objetivos a cumplir, pero el problema reside que en los muy frecuentes casos en que no se respeta lo pactado, como ocurre con China u otras potencias, nadie ejecuta las exclusiones o sanciones comerciales debidas. Por lo tanto, también podemos decir que no sólo se ignora por algunos países la sanción, sino que esta actitud es práctica general ente todas las naciones, y de ser así que la importancia real que estas potencias otorgan a la cuestión climática, más allá dela retórica, es muy poca. Casi nadie está dispuesta a perder mercados contantes y sonantes en nombre del clima, más allá de declaraciones retóricas y catastrofistas. Este comportamiento egoísta de las potencias involucradas mostraría para algunos autores la necesidad de una suerte de gobierno mundial dirigido por la ONU para garantizar el cumplimiento de estos acuerdos. Raro es el tratado sobre gobernanza global que no ponga al calentamiento global, junto con las pandemias, como algunos de los problemas sociales que justifican la necesidad de tal forma de gobierno. Pero de momento, y esperemos que por mucho tiempo, tal gobierno global aún no existe y la implementación de las medidas encaminadas a mitigar el calentamiento global aún quedan al albur de los gobiernos estatales.

Pero esta fragmentación a la hora de poner en marcha medidas de transición energética contra el calentamiento global da lugar no sólo a una descoordinación espacial en las mismas, sino también a una temporal. Cada país cuenta con un mix energético propio, derivado de sus condiciones físicas o de su situación geográfica. Existen países como Islandia con gran capacidad geotérmica derivada del calor de sus volcanes, otros como Noruega con gran capacidad de generación hidráulica, otros ricos en viento o sol y otros ricos en petróleo o gas natural que cuentan con una gran capacidad de generación eléctrica derivada de estos hidrocarburos. Otros, como Francia, optaron en su momento por energías derivadas de la fisión del átomo y emiten, por consiguiente, muchos menos gases de efecto invernadero que sus vecinos.

Todo eso implica que la receptividad a las políticas de descarbonización va a ser muy diferente entre los distintos pueblos que habitan la tierra. Algunos estarán encantados de las políticas de transición, pues no sólo ya cumplen con los objetivos, sino que cuentan con energía “limpia” que exportar y con desarrollos tecnológicos adecuados a tal fin. Otros, en cambio, tendrán que optar de querer llevar a cabo la descarbonización por energías no sólo más caras, sino de las que no disponen en este momento. Todo ello sin contar que tendrían que prescindir de las plantas generadoras de electricidad de que disponen en este momento y sustituirlas por otras más “verdes” pero mucho más caras de instalar y alimentar de combustible. Para muchos implica también renunciar a combustibles como el carbón, el petróleo del que disponen en abundancia y a un precio razonable para sustituirlo por energías no sólo intermitentes sino caras e insuficientes.

Por si no fuera poco, adoptar estas nuevas energías les haría perder competitividad en los mercados mundiales y pondría en grave riesgo tanto a su industria como a las personas que en ella están empleadas.  Como es obvio, estos países no están dispuestos a llevar a cabo esta transición, o cuando menos a retrasarla ad calendas grecas, y así lo han manifestado los dirigentes de China, Indonesia, India o Pakistán, que se cuentan entre los mayores emisores del mundo. La consecuencia es que si los mayores emisores globales (no per cápita, sino de forma global) no colaboran todos los esfuerzos, que en los países más concienciados, que suelen ser los occidentales, no valen literalmente de nada, dado que como antes apuntamos lo que cuenta son las emisiones globales no las regionales y aquellas no han dejado de aumentar, eso si a un ritmo más lento, en los últimos años. También llama la atención que estos países menos colaboradores sean aquellos que según los informes científicos más se van a ver afectados por los cambios en el clima. Por algún motivo misterioso parece no preocuparles lo mismo que a los más desarrollados, el bienestar del planeta. El hecho es que o hay coordinación temporal entre las distintas naciones o la lucha por el clima no servirá de gran cosa, salvo para satisfacer la conciencia de los más preocupados a coste de arruinar la competitividad de su industria.

Aún quedan otros problemas de coordinación por anlizar pero quedarán para el año que viene.

Feliz Navidad a todos.