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Etiqueta: Energías renovables

El virus mental contra la energía solar

En un famoso vídeo del canal de YouTube Veritasium, se entrevistaba a varias personas al azar en la vía pública sobre un concepto simple: ¿qué recibe el planeta tierra del Sol? ¿Y qué hace el planeta con aquello que recibe?

El sistema educativo occidental ignora una premisa básica: puedes llevar a un caballo al río, pero no le puedes obligar a beber. Millones de alumnos son expuestos a información que debería ser asimilada fácilmente, pero termina fluyendo río abajo sin que sea absorbida.

Eso explica por qué la mayoría de los entrevistados no supieron contestar correctamente a una pregunta tan fácil. Del sol recibimos energía con baja entropía. ¿Y qué pasa con ella? Simplemente es irradiada al espacio exterior con una entropía mayor.

Recibimos energía y la expulsamos en su misma medida. Gracias a este equilibrio no somos una esfera de hielo o de fuego. Es el ABC de nuestro ecosistema, y cualquier discusión racional sobre las fuentes energéticas que usa el ser humano debería partir de respetar lo esencial.

Por desgracia, lo racional nunca ha sido la base del debate energético. Prueba de ello es el estancamiento del desarrollo de la energía nuclear, que ha durado décadas, y del que va a costar recuperarse.

Precisamente la batalla por volver a utilizar una fuente de energía tan esencial como la nuclear ha tenido efectos secundarios no deseados. Uno de ellos es crear en la derecha una visión de la energía solar que se aleja bastante de la realidad actual.

La energía solar, concretamente la fotovoltaica, tenía muchos problemas hace 20 años. Yo los recuerdo bien porque los listaba diariamente en las mil discusiones que tuve en el internet prehistórico de los blogs. Pero el tiempo ha pasado, la tecnología ha progresado y todas aquellas críticas ya no tienen base real.

Con los años empiezas a catalogar a las personas en dos clases: los que aprenden sobre algo, construyen una opinión y la mantienen toda su vida, y los que son capaces de ir cambiando de opinión según la realidad les demuestra que están equivocados.

Con la energía solar hay que olvidarse de los datos que se escuchaban hace diez años y centrarse en la información actual. El coste por vatio se ha reducido un 90% en ese tiempo. Ya se habla de que puede ser más barato construir la valla de tu casa con paneles solares que con madera. Y se proyecta que este coste baje a apenas 10 centavos de dólar por vatio en 2030, lo que convertiría a los paneles en omnipresentes en nuestras estructuras.

Pero la energía solar sigue teniendo un problema que no se ha superado, y del que se ha estado hablando mucho en España estas semanas. Por mucha producción que aporte a la red, tiene que compartir el mix con suficiente generación convencional que supla sus carencias:

  • Control de voltaje: la generación solar intermitente puede causar fluctuaciones de voltaje, especialmente en redes con alta penetración renovable, debido a cambios rápidos en la producción (ej., nubes).
  • Control de frecuencia: la frecuencia de la red (muy comentada desde el 28 de abril) tiene que ser proporcionada por generación convencional suficiente.
  • Capacidad de blackstart: los sistemas solares no tienen capacidad inherente de blackstart (reiniciar la red tras un apagón total) debido a su dependencia de inversores y la red activa.

Estos problemas son reales, y por lo tanto es de vital importancia mantener a los grandes generadores síncronos en España, independientemente de cuánto crezca la potencia instalada renovable. Las centrales nucleares en activo deberían seguir operando solo por esta razón. Y planear su cierre (ya se por decreto o asfixiando a sus propietarios vía impuestos) solo se puede entender desde la cerrazón ideológica o la corrupción política.

Una vez dicho esto, la tecnología fotovoltaica tiene un aliado muy fuerte que está siguiendo su misma evolución en costes: las baterías de ion-litio. El precio del kWh de esta tecnología ha caído un 90% en 15 años, y se espera que caiga otro 50% de aquí a 2030. La combinación de paneles y baterías baratos abre un universo de posibilidades a corto y medio plazo que no pueden ser obviadas.

La división de Tesla de baterías (Megapack) publicó recientemente un artículo en X donde describe muy bien cómo la energía solar puede enfrentar a sus puntos débiles. No es ciencia ficción, ni un prototipo. Son productos reales, que funcionan en el mundo real. Y que van a ir abriéndose paso más rápido de lo que pensamos.

Los debates sobre tecnologías son siempre polémicos. Hay argumentos a favor y en contra de cualquier cosa. Y se necesitan ciertos conocimientos que no están al alcance de cualquiera. Por eso es mejor atender a lo fundamental. Una fuente de energía tiene que resolver problemas en dos ámbitos: en el de las leyes de la naturaleza, y en las leyes del mercado. Los paneles solares y las baterías hace muchos años que resolvieron el problema de generar electricidad a partir de los fotones que recibimos del sol y mantenerla almacenada para su uso bajo demanda. El problema siempre lo han tenido con las leyes del mercado; una tecnología puede ser muy meritoria, pero puede ser obviada si su alternativa es más económica.

Si eso cambia, y la tendencia clara es que está cambiando ya, su victoria sobre otras fuentes de energía va a ser indiscutible.

¿Eso quiere decir que hay que prescindir de la generación convencional?

Hay un debate casi filosófico sobre si una civilización debe enfocarse en explotar al máximo a su estrella o producir energía creando sus propios reactores nucleares de fusión. Yo me inclino más a lo segundo, pero no vivimos en el año 2250, sino en 2025. Cualquier fuente de energía es bienvenida, y lo sensato es mantenerlas a todas sobre la mesa hasta que la evolución técnica y económica dicte cuál es el camino por seguir.

Pero en el caso particular de España hay un factor que muchos detractores de lo solar no están teniendo en cuenta. Es lógico porque a mí tampoco me gusta mucho pensar en ello: nuestras administraciones públicas no son de fiar.

Los parques fotovoltaicos, e incluso las baterías enormes como las Megapack de Tesla, son relativamente fáciles de montar y, llegado el caso, desplazar a otra ubicación. Las centrales nucleares y las centrales de bombeo (baterías convencionales) no. Es mucho más fácil invertir en el sector solar que en el convencional, porque es más fácil recuperarse de un cambio regulatorio si tu capital inmovilizado en el país es menor.

Eso explica la espectacular proliferación solar en España en estos cinco años pese a que, hace apenas 15 años, el Estado español estafó miles de millones de euros a los inversores internacionales en energías fotovoltaicas, y sigue negándose a devolver el dinero, aunque haya sido condenado en múltiples instancias. Algo así no va a pasar nunca con el sector nuclear, como demuestra que no se haya vuelto a construir una central desde la infausta moratoria nuclear de Felipe González.

A mí me gustan todas las tecnologías que vencen a las leyes del mercado, pero también cuentan, y mucho, las que pueden vencer a las fuerzas del Estado. Una fuente de energía que baja constantemente su coste, que permite la descentralización (islas eléctricas aislada de la red principal), o que se complementa muy bien con el minado de bitcoins, está perfectamente posicionada para ser la fuente energética del futuro. Negarse a verlo porque hace veinte años nos la quisieron colar con calzador es compresible, pero estúpido. Y las ideas estúpidas son virus mentales que hay que vencer a base de mostrar la realidad.

Centralización y monopolio, o cómo la intervención estatal ha provocado el apagón en toda España

El apagón energético del 28 de abril en España ha puesto de manifiesto la fragilidad de un sistema eléctrico excesivamente centralizado y regulado. Lejos de ser un incidente aislado, esta falla es una consecuencia directa de la intervención estatal en el mercado energético, que ha generado rigideces e ineficiencias.

La electricidad en España opera bajo un modelo de concentración, donde el Estado y unas pocas empresas reguladas monopolizan la generación, distribución y comercialización de la energía. Esta estructura impide una competencia real y dificulta la capacidad del sistema para adaptarse a imprevistos, dejando a millones de ciudadanos vulnerables ante fallos masivos.

Todo sistema es falible. Pero un fallo en un sistema descentralizado no provoca un problema generalizado. De vez en cuando, hay fallos en redes sociales y servicios digitales. Plataformas como WhatsApp, Facebook e Instagram han sufrido caídas globales en el pasado, pero, debido a la descentralización de servidores, algunos usuarios pudieron seguir accediendo mientras otros experimentaban interrupciones. Y, aunque Instagram deje de funcionar unos minutos, otros servicios, como YouTube, no fallan.

El sistema eléctrico español antes de la centralización

España no siempre operó bajo este modelo rígido. Antes de la creación de Red Eléctrica Española, el país contaba con un sistema descentralizado que permitía una mayor flexibilidad y adaptación ante imprevistos. ¿Cómo funcionaba ese sistema? Veamos su estructura antes de la centralización.

Esta estructura permitía una mayor competencia, evitando los problemas derivados de un monopolio estatal. Y, sobre todo, una mayor adaptación a las necesidades y características locales: donde había un salto de agua, se instalaba una hidroeléctrica; pero donde no había salto de agua y sí carbón, se creaba una central térmica. Un fallo en un punto de la red sólo afectaba a esa zona y no dejaba a España sin luz.

Diversidad de empresas y competencia en el mercado

Durante los años 60 y 70, el sector eléctrico español estaba compuesto por una variedad de empresas privadas y públicas que operaban de manera independiente. Este modelo descentralizado permitía que cada empresa optimizara sus recursos y respondiera a las necesidades específicas de su región, sin depender de una planificación centralizada.

La descentralización del sistema eléctrico tenía ventajas clave:

  • Menor riesgo de apagones generalizados, ya que un fallo en una zona no afectaba al resto del país.
  • Mayor innovación, con empresas compitiendo por mejorar la eficiencia y reducir costos.
  • Adaptación a las necesidades locales, permitiendo el desarrollo de infraestructuras específicas para cada región.

El modelo descentralizado que predominó en España durante los años 60 y 70 demostraba una capacidad de resistencia a errores superior, ya que los fallos eran localizados y no afectaban a toda la red nacional. Sin embargo, con la llegada del gobierno de Felipe González (1982-1996), se inició un proceso de centralización y monopolización que alteraría por completo el mercado energético. En este contexto, surgieron dos actores clave: la creación de Red Eléctrica Española y la transformación de ENDESA en Grupo ENDESA.

El origen y evolución de Red Eléctrica Española y ENDESA bajo el gobierno de Felipe González

ENDESA fue fundada en 1944 como una empresa estatal dedicada a la generación y distribución de electricidad. Aunque era pública, permitía operar a otras compañías, tenía una producción descentralizada y generaba servicios añadidos. Por ejemplo, en Teruel, explotaba la central térmica de Andorra y creó la línea ferroviaria Escatrón-Andorra, uniendo estos dos pueblos de las provincias de Zaragoza y Teruel, respectivamente.

Incluso otras empresas públicas operaban en el mercado energético español, como la Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana (ENHER) o la Empresa Nacional Carbonífera del Sur.

En 1983, sólo un año después de la llegada de Felipe González a la presidencia del Gobierno, ENDESA pasó a ser Grupo ENDESA, adquiriendo gran parte de su competencia, tanto pública como privada. Ese año, la empresa pública absorbió empresas como Unión Eléctrica de Canarias, que operaba de forma privada desde 1930; Eléctricas Reunidas de Zaragoza, que operaba con capital privado desde 1911, aunque su germen, Electra Peral Zaragozana, fue fundada por Isaac Peral en 1893; y empresas públicas como ENHER y la Empresa Nacional Carbonífera del Sur.

Posteriormente, y siendo todavía pública (ya que ENDESA no se privatizó totalmente hasta 1998), fue adquiriendo otras empresas como Viesgo, que operaba desde 1906; FECSA, desde 1951, aunque su origen, la Sociedad Española de Electricidad, operaba desde 1881; o la Compañía Sevillana de Electricidad, desde 1894.

Ver los nombres de esas empresas y sus fechas de fundación nos da una idea de la descentralización, longevidad y estabilidad del mercado energético español. Empresas que han sobrevivido a diferentes formas de gobierno, a la Guerra Civil, incluso, algunas, al desmembramiento estatal con la independencia de Cuba, pero que no han podido sobrevivir a la intervención estatal.

Lo que sí se disgregó de ENDESA bajo el PSOE fue Red Eléctrica Española, separando producción y comercialización por un lado, y transporte energético por otro.

Red Eléctrica Española: la centralización y estatalización de la red de transporte

Red Eléctrica Española fue creada en 1985 con el objetivo de gestionar y operar la red de transporte de electricidad en España. Antes de su fundación, el sistema eléctrico estaba descentralizado, con múltiples empresas gestionando la transmisión de energía, organizadas de forma espontánea en compañías como las ya mencionadas.

El gobierno de González impulsó la creación de REE como una empresa pública con el propósito de garantizar la estabilidad del suministro eléctrico y mejorar la planificación del sistema energético. Poco después, REE se convirtió en el operador único de la red de transporte, monopolizando la interconexión entre las distintas regiones del país.

Una sociedad estatal que, como siempre ocurre en estos casos, sólo sirve para que ostente su presidencia alguien del partido del gobierno. En este caso, Beatriz Corredor, exministra de Vivienda con Zapatero y actualmente con un sueldo de medio millón de euros anuales, y con seis de los doce miembros de su consejo pertenecientes al partido del Gobierno.

Pero esto no es el problema; sólo es la consecuencia natural de una empresa pública. Lo problemático es creer que un sistema de planificación central pueda funcionar, y cómo este pensamiento afecta al libre ejercicio de la función empresarial.

Monopolios y falta de incentivos para la eficiencia

El monopolio estatal o cuasiestatal en la gestión de la red eléctrica ha llevado a una falta de incentivos para mejorar la infraestructura y garantizar un suministro estable. La ausencia de competencia significa que las empresas no tienen presión para optimizar costos ni para invertir en tecnologías que prevengan fallos masivos.

Los monopolios creados o protegidos por el Estado tienden a ser ineficientes, ya que no enfrentan la disciplina del mercado. Ni tienen el sistema de incentivos que ofrece el mercado ni pueden calcular de forma eficiente los precios.

Cuando el sistema era descentralizado, múltiples actores competían por ofrecer el mejor servicio, reduciendo la probabilidad de fallos sistémicos. Un fallo en una zona no afectaba a otras.

Regulación excesiva y obstáculos a la descentralización

Las políticas energéticas en España han favorecido la intervención estatal e impuesto regulaciones que dificultan la entrada de nuevos competidores. La burocracia y las restricciones a la generación descentralizada han impedido el desarrollo de alternativas como redes locales, generación distribuida y sistemas de almacenamiento independientes.

El apagón del 28 de abril es un recordatorio de los peligros de la centralización y el monopolio en sectores estratégicos. La solución no pasa por más intervención estatal, sino por una liberalización del mercado energético, permitiendo la competencia y la innovación. Un sistema descentralizado, basado en la libre empresa y la propiedad privada, garantizaría un suministro más estable y eficiente, evitando que millones de personas queden a oscuras por fallos en una estructura rígida y controlada por el Estado. La historia nos demuestra que los mercados libres, cuando se les permite operar sin trabas, generan soluciones más robustas y adaptables. Es hora de aplicar estos principios al sector energético y evitar que la intervención estatal siga poniendo en riesgo el bienestar de los ciudadanos.

Un problema mental… o no

Otro de los efectos perversos de los mercados regulados es que los agentes económicos no destinan recursos donde serían más útiles, sino donde hay menos trabas burocráticas o mayores subvenciones, desincentivando la innovación y la eficiencia.

En el sector energético, esto se traduce en distorsiones evidentes, como la sobreinversión en tecnologías subvencionadas con alta intermitencia, como la energía solar, mientras se bloquea la entrada de soluciones más robustas y autosostenibles. Pero el problema va más allá. Hay obstáculos burocráticos que generan servicios incompletos y que, lejos de mejorar el mercado, lo hacen más ineficiente:

  • Empresas que venden sistemas energéticos “integrados” pero que obligan al usuario a gestionar múltiples aplicaciones desconectadas.
  • Instaladores que ofrecen autoconsumo pero sin la opción de compartir excedentes, limitando el potencial del ahorro colectivo.
  • Comercializadoras que imponen precios abusivos en la compra de excedentes, aprovechando la falta de competencia real en el mercado.

Sin embargo, dentro de este entorno hostil surgen oportunidades para quienes deciden actuar. El próximo 7 de mayo, la Asociación Liberal de Estudiantes publicará el informe “Luz a cero”, que analiza estrategias para reducir drásticamente la factura energética, e incluso eliminarla por completo. En él se presentan modelos de negocio como:

  • Spock: una plataforma de compras colectivas de gas y luz que consigue precios realmente ventajosos al sindicar un gran volumen de consumidores.
  • Cooperativas Energéticas: una consultora especializada en la puesta en marcha de cooperativas energéticas, que está teniendo un gran éxito en Aragón.
  • Green Data Chain: minado de bitcoin con energía producida con purines de cerdos. Una forma de solucionar el problema de la evacuación de esos residuos y convertirlos en un activo.
  • Wott: que ofrece participaciones en cooperativas energéticas, permitiendo que los clientes reduzcan su factura a cero y, al mismo tiempo, apoyen a familias en situación vulnerable con bonos de energía gestionados de forma descentralizada.

Con el objetivo de inspirar a más emprendedores y fomentar la competencia en el mercado energético, mis siguientes artículos en el Instituto Juan de Mariana analizarán modelos de negocio que desafían la planificación centralizada.

El apagón del 28 de abril ha sido una tragedia, pero también una advertencia. Es el momento de cuestionar la planificación central y de reclamar un mercado verdaderamente libre y descentralizado.

Los ciudadanos tienen dos opciones: dejar la producción energética en manos de burócratas o tomar el control de su propia energía, convirtiéndose en propietarios de los medios de producción y distribución para construir un sistema más sólido, resistente y descentralizado.

Es la hora de despertar leones.

España a oscuras: crónica de un apagón anunciado

¿Ocurrió el apagón por la centralización?

Este 28 de abril de 2025, la población española sufrió un evento sin parangón. El suministro eléctrico del país se vio coartado, por lo que un apagón apareció como consecuencia. Pero para ver que es lo que realmente ocurrió, tenemos que recurrir a analizar los pocos datos que se nos están facilitando las administraciones y corporaciones envueltas en esta polémica. Si recurrimos al gráfico del mercado de la red eléctrica peninsular que nos facilita en su web Red Eléctrica de España vemos lo siguiente:

Podemos ver representadas varias series de datos. Debemos prestar atención especial a dos de las líneas: a la serie roja y la amarilla. Por un lado, la serie roja representa la demanda programada de energía en el mercado español peninsular, podemos tratarlo como la demanda peninsular por suministro eléctrico para facilitar el entendimiento. Por otro lado, la serie amarilla representa la capacidad de demanda satisfecha en cada momento. Esta serie debe de ser entendida como la oferta de suministro o la capacidad de generación energética suministrable a la red eléctrica.

Como podemos apreciar en el gráfico, y como nos comunica el presidente de la nación Pedro Sánchez, a las 12:33, la cantidad de energía ofertada sufrió un desplome inmenso. Siguiendo la comparecencia realizada por el presidente del gobierno cerca de la media noche, «15 gigavatios de generación se han perdido súbitamente del sistema en apenas 5 segundos. (…) Para que se hagan una idea, 15 gigavatios equivalen aproximadamente al 60% de la demanda del país en ese momento.» Tras estas palabras el presidente nos informa de que las causas aún están siendo investigadas.

En lenguaje común, lo que ha ocurrido en España es un “corto”. Es lo equivalente a que en una casa salten los plomos, pero a nivel nacional. En esta situación siempre cabe la posibilidad de pensar en conspiraciones gubernamentales y corporativas para forzar cierto pensamiento en la población. Cabría pensar a su vez en ciberataques externos hacia nuestra red, pues esta estructura recibe numerosos ataques a diario que siempre son neutralizados pudiendo haber ocurrido que uno fuese exitoso. Sin embargo, esto último es extremadamente poco creíble, y según Red Eléctrica de España ya ha sido descartado, debido a las medidas de seguridad vigentes. Por lo que, si fuese un ataque consistiría en una organización igual o más potente que un Estado extranjero o quizás un sabotaje por parte de la inteligencia de otros estados. Entre los principales sospechosos podrían estar Israel y EE. UU debido a la capacidad técnica de inteligencia mostrada en el pasado. También podemos dejar de lado a países que no ganarían nada con este movimiento como Rusia. Sin embargo, el ataque es solo una posibilidad más.

Si algo caracterizó al día de ayer es el sol. Las placas fotovoltaicas y los aerogeneradores, al contrario de la energía hidroeléctrica, la nuclear o el ciclo combinado (gas), no son capaces de surtir adecuadamente cambios en las características dinámicas del mercado en frecuencia e inercia. Esto se debe a su funcionamiento por inversores electrónicos mientras que la hidroeléctrica y compañía usan turbinas, mucho más estabilizadoras. La excesiva dependencia de la energía fotovoltaica introdujo fragilidad al sistema facilitando que por un evento aislado el sistema cayese. Otras naciones como Francia no sufrieron este riesgo debido a su potencia nuclear instalada, lo que hace replantearse el sistema energético español.

La última posibilidad que debemos tener en cuenta es un fallo humano o interjección de la naturaleza. En Italia en 2003, un apagón general similar al español ocurrió y el culpable señalado fue un árbol caído que dañó una de las líneas en Suiza de donde se conseguía gran parte del suministro. Esto hizo que otras líneas de importación se sobrecargasen y fallasen por ello provocando una caída del sistema. Algo similar podría haber pasado en España con relación al suministro de alguna de las grandes centrales generadoras, produciendo el cortocircuito señalado.

La causa deberá ser esclarecida por los grupos de investigación movilizados en las próximas horas o días para solucionar el problema y evitar que vuelva a producirse el apagón. Pero, hay una cuestión que debemos de analizar en esta situación. ¿Por qué un hecho localizado en una región ha producido un problema nivel nacional peninsular al completo?

Las zonas afectadas han sido la España peninsular, Portugal por su gran conexión eléctrica con España, Andorra y el sur de Francia por razones similares a Portugal. La razón de por qué el problema no ha migrado aún más lejos que al sur de Francia es porque hay una distinción entre la estructura peninsular y la estructura francesa, esto evita que haya dependencia en París de lo que pueda ocurrir en Lepe. Si una línea en Lepe fallase por cualquier cuestión, París no va a apagarse. Esto es la descentralización del sistema eléctrico. Seamos más concisos. ¿Debería depender Palos de la Frontera de lo que ocurra en Girona?

En la actualidad, la respuesta del sistema eléctrico es que sí, pues esto es lo que ha pasado en el lunes negro por el apagón. Pero la intuición rápidamente nos dirá que, si una línea de cables entre Girona y Lleida falla, los que deberían de ser afectados son los habitantes de esas dos regiones como mucho, no los onubenses de Palos de la Frontera ni los asturianos de Avilés de igual forma. Esta es la descentralización eléctrica como un método de defensa más, esta vez estructural. ¿Es verdaderamente necesario que toda la red de la península ibérica dependa de toda la península ibérica a la vez? Quizás deberíamos empezar a poner defensas que eviten que ocurra un caos tan grande a nivel nacional. Si cada localidad (o conjunto de ellas) tuviese una red independiente de los problemas de otras, lo que ocurrió ayer no habría ocurrido porque sería imposible tumbar decenas, cientos o miles de redes a la vez. Recordemos que esto ya pasa, Baleares y Canarias van por libre.

Y esto no implica que las redes no estén conectadas entre sí pues España y Francia están conectadas eléctricamente y nos suministramos energía mutuamente cuando es necesario. Es la descentralización eléctrica la que debería de regir como método de defensa y de mejor organización. No hay razón aparente de que España actúe como una gran residencia donde, cuando saltan los plomos, se va la luz en todos lados. Debemos actuar como una gran villa, donde, si por desgracia un vecino sufre un apagón en su casa, estén los vecinos, amigos y familiares cerca para ayudar. Y esto es lo que se ha visto el 28/04/2025 por toda España, ciudadanos reuniéndose en casas de otros ciudadanos amables que ofrecen sus cocinas de gas o radios a pilas para acabar con el sufrimiento del apagón.

Y es que el pueblo español es naturalmente amable y empático. Si esto que hemos visto a escala local, o incluso personal, lo vemos adecuado, es razonable e incluso lógico que se aplique en una escala provincial, autonómica y nacional. Porque, el hecho de que nuestros pueblos rurales organicen su electricidad y no dependan de lo que en las ciudades decidimos, no nos hace menos hermanos. No nos hace menos españoles el estar dirigidos por distintas personas. De hecho, podría ser hasta más eficiente pues los locales saben solucionar mejor los problemas locales que los gobiernos nacionales. Los gobiernos no tienen tanta información sobre Salamanca como los salmantinos por lo que, si quisiesen organizar ellos todo, lo harían sin información y con costes de organización nacionales excesivos.

Por ahora, el gobierno tendrá que buscar el árbol caído, la estación defectuosa o el lugar donde se produjo el ataque por un total de casi 500.000 km2 de territorio peninsular con unos costes de organización muy altos. Si esto solo hubiese ocurrido en Baleares tendrían que buscar la fuente del apagón en tan solo 5.000 km2 con unos costes de organización menores.

En conclusión, centralizar la organización eléctrica probablemente sea un error. Nos hace vulnerables en conjunto a un fallo o ataque e ineficientes. Debemos organizarnos de forma más dispersa y actuar como los españoles ya nos han mostrado que saben actuar, de forma amable y cariñosa hacia el prójimo, esos son nuestros valores. Pero en la situación actual, esos valores nos los hemos saltado para hacer que una persona con poder nos organice como él quiere. Pero esa persona es un gigante con pies de barro, pues detrás de una estructura política inentendible, actúa contra lo que consideramos correcto.

Por qué la energía es cada vez menos fiable -y menos asequible- en todo el mundo

Jared Wall. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

En el libro Green Tyranny -una fantástica historia del movimiento alarmista ecologista-, el autor Rupert Darwall atribuye la responsabilidad del inicio de este movimiento a los alemanes y los suecos.

En 1967, un científico sueco publicó la primera “teoría” sobre la lluvia ácida. Cuatro años más tarde, Bert Bolin, un sueco que llegaría a presidir el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, redactó el primer informe gubernamental de la historia sobre la lluvia ácida.

Era el típico informe gubernamental. Con noventa páginas, comienza con una certeza: “La emisión de azufre a la atmósfera (…) ha demostrado ser un grave problema medioambiental”. Cincuenta páginas más adelante, sin embargo, Bolin admite algunas dudas cuando dice: “Es muy difícil demostrar que el daño (…) se ha producido de hecho”. No obstante, el informe gubernamental concluye con rotundidad: “Es necesaria una reducción de las emisiones totales tanto en Suecia como en los países adyacentes” (el subrayado es mío).

Contra la energía nuclear

Fue en Alemania donde los ecologistas y los activistas antinucleares contrajeron santo matrimonio. Reducir la energía nuclear, dificultar la vida a los propietarios de centrales de combustibles fósiles y subvencionar parques solares y eólicos poco fiables e ineficaces ha sido la política constante de Alemania en las décadas posteriores. El resultado ha sido una subida vertiginosa de los precios de la energía y una red eléctrica cada vez menos fiable. Históricamente, los ingenieros alemanes nunca habían tenido problemas con su red eléctrica. Sin embargo, en 2012, el país sufrió un millar de caídas de tensión. En 2013, esa cifra ascendió a dos mil quinientos, y desde entonces no ha dejado de empeorar. Como resultado, la base industrial de Alemania, siempre líder mundial, ha ido decayendo tristemente a medida que las empresas optan por abandonar el país en busca de pastos eléctricos más fiables.

En 1988, se creó el IPCC durante una reunión en Ginebra, presidida por muchos de los mismos personajes que habían liderado los movimientos ecologistas de Suecia y Alemania durante las décadas anteriores.

Los informes del IPCC

Una de las principales tareas asignadas al IPCC es la publicación periódica de “informes de evaluación” sobre el estado del cambio climático global. Estos informes constan de cientos de páginas y pueden ser extremadamente técnicos. Para los políticos y periodistas con déficit de atención, estos informes van acompañados de un resumen. De forma rutinaria, este resumen tergiversa la sustancia e incluso las conclusiones del informe real. También suele ser objeto de intromisiones políticas; por ejemplo, cuando el IPCC publicó su quinto informe de evaluación en 2014, el delegado alemán ante el IPCC insistió en que se eliminara el lenguaje relacionado con una pausa o hiato en el aumento de la temperatura global porque “confundiría a los votantes alemanes”.

Además, los líderes del movimiento ecologista se han equivocado históricamente en casi todo. Es para reírse:

  1. 1989 – la ONU predijo que naciones enteras serían “borradas de la faz de la Tierra” por el aumento del nivel del mar para el año 2000.
  2. 2006 – Al Gore dijo que los humanos podrían tener solo diez años para salvar al planeta de “convertirse en una sartén total.”
  3. 2018 – Alexandria Ocasio-Cortez declaró que el “mundo se va a acabar en doce años si no abordamos el cambio climático.”

A pesar de todo esto, el tirón emocional de la propaganda de “salvar el mundo” sigue siendo poderoso, y la agenda ecologista marcha.

Un mar de baterías para cinco minutos de consumo

Uno de los principales objetivos de esta agenda ha sido sacarnos de la electricidad generada con combustibles fósiles y llevarnos a la electricidad generada con energía eólica y solar. Hay que reconocer que los ecologistas han tenido mucho éxito instalando un gran número de turbinas eólicas y paneles solares. Sin embargo, han fracasado estrepitosamente en la consecución de su objetivo principal de “sacarnos” de los combustibles fósiles.

A pesar del crecimiento masivo de la capacidad de generación de los parques eólicos y solares, las centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles siguen siendo un componente insustituible de las redes eléctricas fiables. La tecnología actual de la energía eólica y solar no puede sustituir adecuadamente a la de los combustibles fósiles. Las turbinas eólicas no funcionan cuando no hace viento, y los paneles solares no funcionan cuando no brilla el sol.

Algunos han sugerido que podríamos construir grandes instalaciones de almacenamiento de baterías que, en días soleados o ventosos, podrían utilizarse para almacenar el exceso de electricidad para su uso posterior y superar así este problema. Hace poco, Elon Musk llegó a plantear la idea de construir una instalación de almacenamiento de baterías a gran escala alimentada por parques eólicos y solares. Iba a costar 5.000 millones de dólares, necesitaría más baterías de litio de las que existen actualmente en el mundo y sería capaz de almacenar unos cinco minutos de la demanda de electricidad de Estados Unidos. El almacenamiento en baterías a gran escala no es viable todavía. Otro dato curioso sobre la energía eólica y solar y el almacenamiento en baterías es que almacenar electricidad en baterías es diez mil veces más caro que almacenar petróleo en tanques o carbón en pilas.

Unas fuentes poco fiables

Está claro que los parques eólicos y solares no han añadido nada de valor. Pero es peor que eso: trabajan activamente en nuestro detrimento. Para que una red eléctrica funcione con fiabilidad, la oferta de electricidad debe equilibrarse constantemente con la demanda. Si las centrales generan más electricidad de la que demandan los consumidores, la red eléctrica puede sobrecargarse y las infraestructuras críticas sufrir daños catastróficos.

Por otro lado, si la oferta es incapaz de satisfacer la demanda, el resultado son apagones y caídas de tensión. Para hacer frente a esta limitación física, las centrales eléctricas se han diseñado históricamente para servir a dos propósitos complementarios: generación de carga base y generación de carga variable. Dado que una cierta cantidad de demanda eléctrica puede considerarse constante, los generadores de base se diseñan para funcionar de forma fiable y barata para satisfacer esa demanda. Los picos de demanda se gestionan con generadores variables.

La energía eólica y la solar no son ni lo uno ni lo otro. A diferencia de los generadores de carga base o de carga variable, los parques eólicos y solares son generadores de electricidad aleatorios y poco fiables.

Posibles sobrecargas

Es cierto que en días soleados o ventosos pueden producir cantidades ingentes de electricidad. El problema es que esto hace que aumente la oferta independientemente de la demanda, de modo que cuando la demanda no es lo suficientemente alta como para tener en cuenta la generación de energía de los parques eólicos y solares, las centrales de carga variable e incluso las de carga base deben reducir su generación de energía para proteger la infraestructura de la red contra la sobrecarga.

Para las centrales de carga base, que no fueron diseñadas para funcionar así, los efectos negativos sobre el mantenimiento y la vida útil de los equipos son significativos. En tiempo real, estamos viendo cómo la parte fiable de nuestra red eléctrica se desgasta antes de lo que lo haría en otras circunstancias.

El ejemplo de Tejas

El estado de Texas lo demuestra. Texas ostenta el título de primer estado eólico de Estados Unidos. Durante años, las autoridades han invertido miles de millones de dólares en la instalación de miles de molinos de viento en todo el estado. Para conectar estos parques eólicos a la red se necesitaron mil seiscientos kilómetros de líneas de transmisión. Sólo el coste de esas líneas de transmisión superó los 6.500 millones de dólares. La parte fiable de la red eléctrica de Texas se quedó sin fondos para pagar esta mala asignación política de recursos.

Como resultado, el mantenimiento rutinario se ha ido ignorando cada vez más, y el mantenimiento de emergencia se ha hecho cada vez más rutinario. Cuando Texas fue azotada por una tormenta invernal en el invierno de 2021, provocó un aumento inesperado de la demanda eléctrica invernal. Por desgracia, en ese momento, varias centrales eléctricas críticas estaban paradas por mantenimiento de emergencia, la red fue incapaz de mantener el ritmo, y cientos de personas murieron trágicamente.

Capitalismo de amiguetes

Por si todo esto fuera poco, también está el aspecto de corrupción y capitalismo de amiguetes de la energía eólica y solar. Cuando los parques eólicos y solares aumentan su oferta, el precio mayorista de la electricidad baja de forma natural. Esto hace que los propietarios de las centrales de carbón y gas natural ganen muy poco dinero o incluso pierdan dinero en los días de viento y sol.

Por otro lado, como los políticos quieren obligar a la energía eólica y solar a funcionar independientemente de las realidades del mercado, los propietarios de parques eólicos y solares ganan una tarifa subvencionada por la electricidad que generan independientemente de la tarifa mayorista. Por tanto, los propietarios de parques eólicos y solares están aislados de las consecuencias que su producción arbitraria y políticamente incentivada de electricidad tiene en el mercado.

Para terminar, en los lugares donde la energía solar y eólica están muy extendidas, tanto la calidad de la red eléctrica como el coste de la electricidad son peores que en los lugares donde la energía solar y eólica escasean. Alemania ha multiplicado por trece su capacidad de generación eólica y solar entre 1999 y 2012; también han anunciado recientemente el cierre de su última central nuclear, y su coste por kilovatio-hora ha subido a casi cincuenta céntimos.

En las Carolinas, pagamos entre seis y diez céntimos por kilovatio-hora de electricidad. Sin duda, los hogares y las empresas se verían muy afectados si sus facturas de electricidad se multiplicaran por cinco u ocho. Por desgracia, esa parece ser la dirección que estamos tomando. En Carolina del Norte pagamos un 18% más por la electricidad que nuestros vecinos de Carolina del Sur, simplemente porque los políticos de Carolina del Norte insisten en aumentar la producción solar, mientras que Carolina del Sur sigue dependiendo principalmente de los combustibles fósiles y la energía nuclear.

Un futuro fósil

Ciertamente, hay problemas muy reales relacionados con el estado actual de las cosas. Sin embargo, el problema no es que nos enfrentemos a un cambio climático inducido por los combustibles fósiles tan grave que sea necesario tomar medidas drásticas para “salvar el planeta”. Más bien, el problema al que nos enfrentamos es la reacción a este alarmismo, que está llevando a la degradación de la red eléctrica de la que dependemos para nuestro estilo de vida moderno.

Un camino prometedor para encontrar una solución a este problema se encuentra en el gran libro de Alex Epstein, Un futuro fósil.

La tesis general de su libro es que nuestra estrategia debería consistir en un cambio de retórica. Para ello, debemos enmarcar nuestros argumentos sobre esta cuestión desde el punto de vista de lo que es mejor para el florecimiento humano.

En este sentido, expone tres hechos:

  1. Los combustibles fósiles son una fuente de energía rentable.
  2. La energía rentable es esencial para la prosperidad humana.
  3. Innumerables personas sufren y mueren por falta de acceso a una energía rentable.

Por lo tanto, en lugar de insistir en reducir nuestro consumo de combustibles fósiles, deberíamos tratar activamente de aumentarlo, especialmente en las zonas más pobres del mundo.

Contra el alarmismo

Más allá de esta brillante tesis, el libro de Epstein es una fantástica refutación científica e histórica de todo el alarmismo ecologista. Quizá el mejor ejemplo de ello sea su demolición de la infame curva del “palo de hockey” de Al Gore. En primer lugar, demuestra claramente que el gráfico de Gore, que muestra que la temperatura de la Tierra se ha mantenido constante durante siglos para aumentar desde la Revolución Industrial de la década de 1850, es falso. En segundo lugar, demuestra que hay una curva del palo de hockey que es cierta y que debería dejar estupefacta a la gente: el gráfico del florecimiento humano a lo largo del tiempo.

Durante siglos, el florecimiento humano ha sido plano en términos de esperanza de vida, nivel de vida, acceso a la electricidad e ingesta calórica. Todo esto sólo ha cambiado desde la década de 1850, cuando la humanidad empezó a quemar combustibles fósiles. Desde entonces, hemos visto cómo el florecimiento humano -sea cual sea la medida que se elija- ha aumentado exactamente de la misma forma que el “palo de hockey”.

En conclusión, la economía de mercado lleva a los empresarios a realizar inversiones informadas y calculadas en cosas como la tecnología de iluminación LED con el fin de aumentar también su cuenta de resultados. La economía de mercado también conducirá al desarrollo de una red eléctrica robusta y fiable. La economía política, por el contrario, conduce a la corrupción, el amiguismo, una red eléctrica al borde del fracaso, mayores costes de la energía y una “solución” desde arriba a una falsa crisis que está provocando una disminución del florecimiento humano.

Como en todo lo demás, tanto en el caso de la eficiencia energética como en el de la producción de energía, lo mejor es confiar en el mercado.

Dejemos que mueran los zombies

Artículo publicado originalmente por CapX.

Recarga de automóvil eléctrico en Londres

No llores por Britishvolt, porque ya está muerta. Aunque la start-up de baterías se ha asegurado un goteo de nueva financiación para las próximas cinco semanas de operaciones, no puede competir con las gigafábricas establecidas de rivales industriales muy adelantados en el desarrollo de esta industria global, sobre todo los rivales de China, que suministran baterías para la exportación de vehículos eléctricos (VE) más conocidos de Gran Bretaña, el Nissan Leaf japonés. La predicción de Boris Johnson este año de que Britishvolt estaría “a la cabeza de una revolución industrial verde mundial” no se cumplirá. Es el camino de los anteriores sueños de “crecimiento verde”, desde la energía solar hasta la captura y el almacenamiento de carbono, pasando por la energía mareomotriz y los biocombustibles.

El sector se quejará, como era de esperar, de que el Gobierno “no está haciendo lo suficiente” para asegurar su futuro, y se encontrarán con “soluciones” intervencionistas que implican la transferencia de grandes sumas de dinero de la economía real a estas fantasías zombis para que sigan dando tumbos antes de su previsible desaparición.

El problema no es la industria del automóvil. Los fabricantes británicos producen algo menos de 1 millón de los 60-70 millones de coches que se fabrican anualmente en todo el mundo, y 1,6 millones de motores convencionales, la mayoría de los cuales se exportan. Aportan unos 14.000 millones de libras de valor a la economía cada año, dan empleo a casi 180.000 personas y son responsables de alrededor del 10% de las exportaciones del Reino Unido. Cada año se invierten unos 3.000 millones de libras en I+D, y la transición de los combustibles fósiles a cadenas de suministro alternativas de menor impacto está muy avanzada.

El problema radica en los políticos, que creen que pueden ordenar a la industria que cambie más rápido, para alcanzar sus objetivos de un futuro Net Zero en la fecha arbitraria de 2050. Suponen que el éxito actual puede convertirse fácilmente en la industria del futuro. Para ello, la UE está multando a las empresas cuyas emisiones medias del parque automovilístico superan los 95 g de CO2/km. El Reino Unido prohíbe la venta de nuevos coches y furgonetas de gasolina y diésel a partir de 2030, y de híbridos a partir de 2035.

Estos “planes y prohibiciones” ceden poco ante la realidad del ritmo de los cambios tecnológicos o la demanda del mercado (aunque, con ecos del escándalo de las trampas de los diésel, la UE permite el doble cómputo de la contribución de los vehículos más eficientes de los fabricantes alemanes). Tampoco tienen en cuenta la complejidad de la adaptación de las cadenas de suministro ni los límites de capacidad de los componentes. Los precios del cobalto, por ejemplo, se han duplicado en la última década y son muy volátiles. El níquel y el litio se han triplicado con creces. La escasez mundial de semiconductores (componentes de los microchips) hizo que los precios de los coches de segunda mano se dispararan brevemente un 30%, dado que había pocos coches nuevos disponibles.

Por el lado de la demanda, el Reino Unido está desplazando las subvenciones de los propios vehículos eléctricos a la red de recarga, cuyo despliegue va por detrás de las ventas de nuevos vehículos. Esto no ayudará a la industria nacional, porque los vehículos importados se benefician igualmente. Sólo subvenciona a los primeros usuarios de vehículos eléctricos, generalmente más acomodados, a expensas de todos los demás. El hombre de la furgoneta blanca de gasóleo está pagando a la familia metropolitana de vehículos eléctricos por llevar su Tesla de vuelta al aeropuerto después de unas bonitas vacaciones de esquí. Dos veces, una a través del impuesto sobre el combustible, y otra a través del gasto de ese impuesto en cargadores más convenientes, en lugar de mejorar la red de carreteras.

La alternativa del libre mercado es dejar que la oferta se adapte a la demanda al ritmo imprevisible de la innovación, en lugar de intentar forzar la demanda y la invención dirigiendo la oferta. Hay que dejar que la red de cargadores surja, pagada por los primeros en adoptarla y por las empresas que deseen atraer a los clientes de vehículos eléctricos. Tal y como está planteada, la prohibición en el Reino Unido probablemente provocará una escasez de vehículos nuevos asequibles en la fecha prevista y un exceso de vehículos más antiguos y contaminantes en la carretera durante más tiempo. Sin la prohibición, el rendimiento medioambiental de las tecnologías heredadas seguirá mejorando, lo que significa una transición más suave y menos impactante.

El otro daño es lo que no se ve, el desvío de capital de inversión de las industrias seleccionadas a jurisdicciones más amigables. Esta es la “paradoja del crecimiento verde”. Las normas diseñadas para fomentar la obtención de resultados medioambientales no proporcionan un liderazgo mundial en las industrias de exportación medioambiental, sino que crean mercados para las importaciones. Contribuyen a un entorno operativo más caro a través de precios del carbono más altos, explícitos o implícitos, mientras que no cambian nada sobre las desventajas comparativas para la fabricación en el Reino Unido, es decir, nuestros impuestos más altos, la tierra, la energía y los costes laborales. Todos los aspectos que el nuevo Gobierno parece dispuesto a empeorar en la Declaración de Otoño de esta semana.

No hay más que ver los primeros subsidios británicos y de la UE a la energía solar, que han sido una bendición para la industria china, pero han hecho poco por los rivales nacionales que simplemente no pueden competir. El refuerzo de la Gigafactoría no es más que una repetición del mismo error. Si el Reino Unido tiene un futuro de exportación en estas tecnologías, es probable que sea la financiación y los servicios, o la fabricación de nichos de alto valor de componentes para aplicaciones especializadas. Los empresarios que buscan rentas se quejarán de que sus rivales se benefician de las ayudas estatales. Eso es duro, pero no es razón para hacer lo mismo. Si el gobierno chino desea subvencionar la transición de los vehículos eléctricos en Gran Bretaña, eso es una ventaja para nosotros y una desventaja para el desarrollo chino en general. Tales ventajas no pueden mantenerse, y la industria china ya se enfrenta a la competencia de otras partes de Asia y África.

En resumen, el Reino Unido debería dejar morir a los zombis, dejar de obsesionarse con “liderar el mundo” en industrias en las que no tiene ninguna esperanza de establecer una ventaja comparativa, y dejar que la industria se pruebe a sí misma. Deberíamos celebrar las pruebas genuinas del éxito de las exportaciones, como en el caso de nuestro pasado con el motor de combustión interna, en lugar de las fantasías futuras más arraigadas en la urgencia ideológica que en la realidad industrial.

Andy Mayer, @mayerandrew

No es solo Putin: las tres decisiones de Sánchez que han disparado el precio de la energía.

Impagos al sector renovable, apuntalamiento de la moratoria nuclear, rechazo frontal al petróleo y al fracking…

El coste energético se ha disparado y se prevé un duro invierno en hogares y en el sector productivo.

Con los precios de la energía por las nubes, la estrategia del gobierno de España ha quedado en evidencia. Sin embargo, la respuesta del Ejecutivo ha sido centrarse en el efecto que está teniendo la invasión rusa de Ucrania. El problema es que, ligando todo el debate al conflicto desatado por Vladimir Putin, el debate público se empobrece notablemente y se ignoran los factores de fondo que explican lo que está pasando.

No en vano, por mucho que el “chantaje” energético de Putin esté haciendo mucho daño, es evidente que el encarecimiento de la energía no es cosa reciente, sino una tendencia que viene desarrollándose desde hace muchos años y que está golpeando de forma directa a la competitividad de las empresas y el poder adquisitivo de las familias.

Así, el gobierno de Pedro Sánchez ha cometido al menos tres ‘pecados capitales’ en materia energética. Son los siguientes.

1. Incertidumbre regulatoria en las energías renovables

A priori, la única apuesta firme del gobierno de Pedro Sánchez en lo tocante a la energía es la referida a las energías renovables. Sin embargo, aunque PSOE y Podemos insisten en presentarse como defensores de una “agenda verde” que potencia estas formas de producción más sostenibles, lo cierto es que el clima regulatorio en el que opera este subsector está marcado por una incertidumbre muy preocupante.

De sobra es sabido que, antes de la Gran Recesión, el gobierno español ofreció un generoso sistema de incentivos a quienes invirtiesen en estas tecnologías. Sin embargo, tras el estallido de la crisis, nuestro país retiró las primas de forma retroactiva, desatando una oleada de denuncias que han derivado en decenas de arbitrajes internacionales que se han resuelto a favor de los inversores denunciantes y en contra de los presupuestos que venía manteniendo el Ejecutivo.

Al conocerse estas sentencias, el gobierno de Pedro Sánchez se ha puesto de perfil y se ha negado a cumplir con los pagos que tiene pendientes. Esta incomprensible postura ha hecho que el crecimiento de las renovables en España se sitúe ahora cuatro veces por debajo del promedio mundial, con la inversión extranjera por los suelos.

De modo que, si el gobierno de España quiere expiar el primero de sus pecados, debe tomarse en serio su propio discurso en materia de energías renovables, cumplir los pagos que determinan los arbitrajes internacionales y garantizar un marco regulatorio que blinde y proteja la inversión en el sector.

2. Frenazo al desarrollo del sector nuclear

Que la tecnología nuclear es fundamental para el futuro es algo que ya no discute prácticamente nadie. La taxonomía elaborada por la Unión Europea va más allá y reconoce que esta tecnología de producción energética debe ser considerada como una fórmula “verde” totalmente compatible con los objetivos medioambientales que viene fijando Bruselas.

La nuclear ofrece un suministro estable a un precio competitivo, motivo por el cual son muchos los gobiernos de Europa y el resto del mundo que están avanzando en esta dirección, abriendo nuevas plantas e invirtiendo en nuevos reactores. Ahora mismo, hay 485 nuevas centrales proyectadas a lo largo y ancho del globo, de modo que la capacidad de producción nuclear se va a duplicar.

Sin embargo, el gobierno de Pedro Sánchez no ha movido ficha y sigue instalado en su “no es no” a la nuclear. Incluso el partido ecologista que forma parte del gobierno alemán se ha abierto a la necesidad de extender este tipo de operaciones, en línea con lo que han hecho otros líderes de izquierdas como Joe Biden, presidente de Estados Unidos, o Alberto Fernández, jefe de gobierno en Argentina.

Por tanto, parece lógico seguir la senda que están explorando la inmensa mayoría de países de nuestro entorno y plantear dos líneas de trabajo, que serían por un lado la prórroga de la operativa de las centrales que siguen operando y, por otro lado, la instalación de nuevas plantas de producción.

3. Veto al petróleo y al fracking

Por si no fuese suficiente, el Ejecutivo no ha querido saber nada de los yacimientos petroleros cercanos a Canarias. Como es sabido, la Ley 7/2021 de Cambio Climático y de Transición Energética, aprobada por el gobierno socialista del archipiélago, establece la prohibición de realizar prospecciones petrolíferas y obliga a cerrar las instalaciones del sector antes de 2042. Conviene recordar que las últimas exploraciones realizadas por Marruecos han encontrado yacimientos de crudo valorados en 110.000 millones de euros frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura.

Pero Pedro Sánchez no solo se cierra al petróleo: tampoco quiere saber nada de gas natural generado vía fracking. Con este planteamiento, el Ejecutivo sigue a renglón seguido el plan de Vladimir Putin, que se ha cuidado de financiar las campañas de oposición a este tipo de producción energética, puesto que su desarrollo reduciría enormemente la influencia rusa en Europa. El veto al fracking tiene un coste notable, puesto que los yacimientos existentes en nuestro país cubrirían 70 años de demanda, con los actuales niveles de consumo.

El desarrollo de la fracturación hidráulica en Estados Unidos fue especialmente intenso bajo la presidencia de Barack Obama y sigue desarrollándose con Joe Biden en la Casa Blanca. Lo mismo ha ocurrido en Canadá con Justin Trudeau al frente de su gobierno. De modo que, más allá de nuestras fronteras, los líderes de la izquierda política adoptan posturas pragmáticas en relación con esta técnica de extracción. En el caso de Estados Unidos, el crudo producido en Estados Unidos aumentó su cuota de mercado entre 2008 y 2013, pasando del 40% al 65%. En ese mismo periodo, las emisiones de CO2 per cápita revirtieron a niveles propios de los años 60. Por tanto, los objetivos climáticos que Sánchez esgrime como argumento para rechazar el fracking no solo no son incompatibles con dicha técnica, sino que pueden encajarse a la perfección.

La izquierda hace el ridículo con la energía solar

Pocas cosas hay más ridículas que demostrar tu propia ignorancia cuando crees estar señalando la ignorancia ajena. Y ha bastado con que Pablo Casado dijera una obviedad que rompe con el discurso de buenos y malos de la izquierda y nos devuelve a las complejidades del mundo real para que, una vez más, políticos y periodistas demuestren una vez más que no saben de lo que hablan. El líder del PP recordó este domingo la obviedad de que cuando no hay sol no hay energía solar que valga. Pues ya tuvimos a los tontos habituales, desde el Huffington Post a Iñaki López, de La Sexta a Pablo Echenique, de Antonio Maestre a Anabel Alonso, de Gerardo Tecé a Podemos, de Pedro Vallín a Ramón Lobo, de Gabriel Rufián a Ana Pardo de Vera, burlándose de él con argumentos tan sesudos como que el líder del PP seguramente se sorprende al ver agua saliendo del grifo si no ha llovido. No, en serio, que lo han dicho desde actores hasta consejeras autonómicas.

Granja de paneles solares

Vamos con lo obvio: sí, ya sabemos todos que si tienes una placa en tu casa también puedes instalar una batería y almacenar energía en ella durante el día para gastarla por la noche. Pero cuando eres un poco cortito no te das cuenta de que una solución válida para un individuo o una persona no tiene por qué escalar y servir igualmente para un país entero. Y no lo hace. No tenemos ni materias primas ni capacidad de fabricación para emplear plantas de baterías de ión litio en las redes eléctricas del mundo desarrollado con el objetivo de almacenar energía solar. La enorme planta de Tesla instalada en Australia no sirve para eso, sino para estabilizar la red eléctrica de la región, que sufría continuos apagones. A falta de que una tecnología revolucionaria de baterías cambie por completo el panorama, lo que ha dicho Casado es completamente cierto: la energía solar no sirve de nada durante la noche. Y todos esos listillos se han revelado como lo que son: ignorantes a tiempo completo que se creen que saben mucho de todo porque lo buscan en Google.

La izquierda funciona muchas veces como ese hombre mágico del país feliz de la casa de gominola de la calle de la piruleta. Quiere luchar contra el cambio climático, sin costes para nadie y sin recurrir a una fuente de energía que lleva décadas demonizando, desde que ETA paró a tiros la construcción de la central de Lemóniz. Así, defienden las renovables, que es muy bonito, y están en contra de la nuclear porque es una cosa fea y desagradable que suena a apocalipsis. Pero en el mundo real necesitas disponer de fuentes fiables que te proporcionen energía base para poder añadir, cual guinda del pastel, aquellas centrales cuya producción varía dependiendo de cómo sople el viento, o en qué hora estamos. Y como hemos apostado por ellas para reemplazar al carbón, el petróleo y la nuclear, cuando no responden hay que tirar del mismo gas que usamos para la calefacción y para el que dependemos de países tan fiables como Argelia y Marruecos. Estos meses hemos visto lo equivocado de la apuesta. Vendrán tiempos aún peores.

Durante años, la izquierda se ha esforzado con notable éxito en identificar a la derecha con el mal. No tenía otra, porque tras la caída del comunismo se quedó sin modelos que defender. Esa campaña permanente ha tenido un gran éxito en casi todo Occidente, y la respuesta de la derecha ha sido casi siempre la de desarmarse ideológicamente. En España hemos podido ver que el PP se ha ido quedando, poco a poco, en unas pocas ideas fuerza que permitan que Feijoò y Ayuso compartan siglas y no estén en el PSOE: derecho a la vida, defensa de la familia, España, ley y orden, una gestión de la economía que pretende ser racional… Algo desideologizado, sí, en muchas ocasiones nada liberal, desde luego, pero que es lo que la mayoría de la gente entiende por bueno. Pero como la izquierda sólo le queda oponerse a la derecha, se tiene que oponer a eso, lo cual la obliga a defender la inmigración ilegal, declarar un derecho irrenunciable que se mate a 100.000 fetos al año, destruir todos los modelos público-privados que encuentren aún a costa de empeorar la sanidad, cargarse la ley de seguridad pública, etc. En definitiva, demonizar lo que quiere de sus gobernantes la clase media, que aspira a vivir razonablemente bien, tener su piso y su trabajo razonablemente estable, que no le atraquen por la calle, etc.

Y una de las cosas que la clase media quiere es que no le saquen los higadillos con la factura de la luz, como es lógico y normal. Y la misma izquierda que se quejaba de la “pobreza energética” ahora entra en cólera por que se sugiera que para solucionarla igual hay que apostar por la nuclear, aunque sea un poquito. Ni siquiera por quemar carbón, no. Simplemente por construir centrales suficientes de la única fuente de energía que tenemos hoy día que no emite CO2 y es al mismo tiempo estable y confiable. Pablo Casado lo único que ha pedido es que la apuesta de los políticos por reducir emisiones no se haga a costa de la factura. Pero eso interfiere con la historia de buenos y malos que alimenta a aquellos que marcan la agenda política en España. Al reírse de Casado, se han reído de todos nosotros; especialmente de ti, votante de izquierda, a quien consideran tan idiota como para no rebelarte ante su prepotencia y arrogancia. Lo peor es que seguramente tengan toda la razón al hacerlo.