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Etiqueta: Fiscalidad

Oxfam: propaganda pro-voracidad fiscal

La semana pasada, la ONG proestatal Intermon Oxfam presentó un nuevo informe que dio pábulo a amarillistas titulares de prensa con un mensaje común: "las familias pagan 50 veces más impuestos que las grandes empresas". Ante semejante inequidad fiscal, Oxfam proponía que la carga tributaria recayera de manera mucho más gravosa sobre el entramado empresarial, incrementando notablemente el Impuesto de Sociedades.

Sin embargo, como suele suceder, este tipo de informes contiene diversos errores y, lo que es peor, numerosas medias verdades que conducen a conclusiones engañosas.

Qué dice el informe Oxfam

El informe de Intermon Oxfam es un informe sobre fiscalidad bastante más amplio de lo que trascendió a los medios de comunicación. Nosotros nos vamos a limitar a analizar el mensaje central que copó los titulares de prensa: a saber, que las familias soportan una carga fiscal 50 veces superior a las grandes empresas.

Para llegar a este conclusión, Oxfam toma la recaudación debida fundamentalmente cuatro figuras tributarias: IRPF, IVA, Especiales y Sociedades. Dado que la recaudación conjunta de los tres primeros tributos ascendió en 2011 al 91,5% del total (excluyendo de su cómputo a las cotizaciones sociales) y la de Sociedades al 8,5%, Oxfam concluye que las familias abonan 10 veces más impuestos que las empresas; como, a su vez, este gravamen societario sobre las grandes empresas sólo aporta un 2% del total de recaudación (casi el 25% de la recaudación total por Sociedades), Oxfam concluye que las familias pagan unas 50 veces más impuestos que las grandes compañías (en concreto, 46 veces).

Los problemas de los datos de Oxfam

De entrada, las cifras que presenta Oxfam yerran por cuanto equiparan indebidamente la recaudación conjunta de IRPF, IVA y Especiales con los impuestos abonados por las familias (o incluso, llega a decir Oxfam, por la "clase media asalariada") y el Impuesto de Sociedades con los impuestos abonados por las empresas.

Esta equiparación es insostenible por varios motivos. Primero, las empresas también pagan impuestos especiales: por ejemplo, el impuesto sobre hidrocarburos. Segundo, es verdad que el obligado tributario del IVA no son las empresas, sino los consumidores, pero las rentas que se gastan en consumo (y que pagan IVA) no proceden sólo de los salarios, sino también del reparto de beneficios empresariales (parte de las rentas del capital, como son los dividendos o los intereses). Tercero, el informe Oxfam no tiene en cuenta la influencia de la traslación fiscal: es decir, el obligado tributario no coincide necesariamente con quien soporta la carga tributaria.

Por ejemplo, un incremento del IVA no tiene por qué pagarlo efectivamente el consumidor cuando el empresario no puede trasladar ese incremento de la fiscalidad indirecta a subidas de precios (cuando la demanda de un producto es muy elástica, no es posible incrementar los precios sin perder sobreproporcionalmente la cantidad de bienes vendidos). Si el IVA sube del 18% al 21%, pero el precio de un producto no varía (o se incrementa menos que la subida del IVA), esa mayor fiscalidad indirecta se come los márgenes empresariales y, en tal caso, su naturaleza es asimilable a la que se le atribuye al Impuesto de Sociedades (y digo que "se le atribuye" porque, precisamente por la traslación fiscal, el Impuesto de Sociedades lo pueden terminar pagando consumidores o trabajadores con mayores precios de venta o menores salarios).

Por consiguiente, las cifras que ofrece Oxfam son erróneas: ni toda la recaudación por IVA y Especiales procede de las rentas del trabajo ni la recaudación por figura tributaria coincide con las cargas fiscales de los distintos obligados tributarios.

España, ¿excepcional en el contexto internacional?

Dejando de lado los problemas anteriores y asumiendo que la tributación sobre los beneficios empresariales es, como dice Oxfam, una buena medición de los impuestos que abonan las empresas españolas, ¿es la situación fiscal de nuestras compañías excepcional en el contexto internacional? ¿Acaso nuestras empresas pagan menos impuestos que, por ejemplo, las sitas en Estados tan socialdemócratas e intervencionistas como Suecia, Dinamarca o Francia?

Siguiendo a Eurostat, en el año 2011, la recaudación derivada de las rentas empresariales en España equivalió al 1,9% del PIB y, por tanto, representó el 5,9% de la recaudación total (incluyendo aquí las cotizaciones sociales como recaudación tributaria). Asimismo, en 2012 (tras los rejonazos de Montoro), la recaudación aumentó hasta el 2,2% del PIB y proporcionó el 6,7% de los ingresos totales.

¿Qué sucedió en Suecia, Finlandia, Dinamarca, Francia, Alemania o Islandia? En Suecia, la recaudación sobre beneficios empresariales ascendió en 2012 al 2,71% hasta representar el 6,3% de la recaudación total; en Finlandia, sumó el 2,19% del PIB y supuso el 4,95% de la recaudación total; en Dinamarca, en 2011, ascendió al 2,8% del PIB y copó el 5,8% de los ingresos totales; en Francia, proporcionó el 2,1% del PIB y el 5,2% del total de recaudación; en Alemania equivalió al 2,6% del PIB y al 6,6% de la recaudación total; en Holanda fue del 2,2% del PIB y del 5,8% de la recaudación total; y en la tan renombrada Islandia, proporcionó el 1,9% del PIB y 5,3% de la recaudación total.

 Fuente: Eurostat

En general, en la Unión Europea la media de recaudación por fiscalidad sobre las empresas fue del 2,6% del PIB, lo que aportó el 6,6% de la recaudación total. Vemos, por consiguiente, que el sablazo tributario sobre las empresas se situó en España, en el año 2012, en la media europea cuando la medimos como porcentaje de la recaudación total (6,7% de la recaudación total frente al 6,6%); en cambio, se situó ligeramente por debajo (el 2,2% del PIB frente al 2,6%) si lo medimos como porcentaje del PIB. Pero que este último porcentaje esté por debajo de la media europea se debe a que la presión fiscal española también se encuentra por debajo de la media europea: es decir, para acercarnos a Europa es verdad que debería aumentar la recaudación en Sociedades… pero también en todos los otros tributos.

Por consiguiente, la recaudación por beneficios empresariales de España no es excepcional en el contexto internacional, sino la norma. De hecho, aún cuando incrementáramos la recaudación por Sociedades a los niveles de Dinamarca (el 2,8% del PIB), apenas recaudaríamos 6.000-7.000 millones de euros más que ahora: una cifra harto insuficiente para cubrir los 70.000 millones de deficit público. Habría estado bien colocar los datos de Oxfam dentro de este contexto para leerlo completamente.

Y si queremos recaudar más, bajemos impuestos

La última de las mentiras de Oxfam es relacionar la baja recaudación por Sociedades con la baja tributación sobre las empresas. La ONG proestatal defiende que debemos aumentar el Impuesto de Sociedades para recaudar más. Aunque no sea un gran defensor de la curva de Laffer, lo cierto es que, en materia de Sociedades, convertirse en un refugio contra el expolio fiscal internacional puede salir muy rentable. En Irlanda, la recaudación por Sociedades equivale al 2,4% del PIB (frente al 2,2% español) y proporciona el 8,3% de la recaudación total (frente al 6,6% español). ¿Esa mayor recaudación se debe a que el impuesto de Sociedades en Irlanda es mayor al español? No: en Irlanda, el tipo del impuesto de Sociedades es el 12,5% frente al 25-30% en el caso de España (y no, no se crean ese mito de que el tipo efectivo de España es el 3,5%). Por tanto, del hecho de que quisiéramos recaudar más de las empresas no se sigue que debamos aumentar los impuestos sobre las empresas.

En suma, Oxfam escoge y distorsiona los datos para justificar un incremento del tamaño del Estado a costa del sector privado, esto es, un incremento de la rapiña tributaria a costa de la sociedad.

Tanto tienes, tanto pagas

Es el nombre de la nueva y demagógica campaña de Oxfam Intermón para alertar, oh, sorpresa, de que el sistema tributario español no va dirigido hacia los que más ganan, sino hacia los que no pueden eludir el pago de impuestos.

Bueno, ellos no lo dicen así. Pero saltándose el rollo populista y el montón de verdades a medias y cosas sacadas de contexto, es lo que se desprende de su mensaje.

Después, demostrando de nuevo la incapacidad del ser humano de sumar 2 + 2 cuando hay ideología e intereses de por medio, proponen gravar con más impuestos a quienes sí pueden eludir el pago. ¿Imposible? Claro, pero mientras tanto seguimos distrayendo al personal sobre la causa de sus calamidades sacudiendo al espantajo de turno.

Pero la campaña sí tiene fines útiles; por ejemplo, yo le veo dos muy obvios: dejar claro que la propuesta de políticas populistas del tercer mundo no es de un tío con coleta, sino que la mayoría de organizaciones existentes llevan martillando con ellas décadas y décadas. Y que la propaganda de estos sectores se basa en que la sociedad acepta como una verdad innegable algo tan inmoral como que el que tiene (gana) más debe pagar más.

Debo de ser una persona bastante rara, pero siempre me han preocupado más estas dos realidades que lo votos que consiguen en las elecciones los partidos de extrema izquierda o derecha. De igual forma que prefiero juzgar a una sociedad por los medios que utiliza para conseguir ciertos fines colectivos pequeños y no por a quién votan.

Por ejemplo, viendo un programa sobre subastas de Estados Unidos, vi a un grupo de personas muy preocupadas por la siniestralidad de los motociclistas en las carreteras locales. Su forma de intentar paliar el problema fue recaudar dinero y vender objetos para comprar señales que advertían de la necesidad de prestar mayor atención a este tipo de vehículos en las intersecciones. La verdad es que a un europeo casi le dan ganas de llorar cuando escucha algo así…

¿Se imagina alguien a alguna organización española haciendo algo semejante? Hasta dudo que la DGT permitiera las señales de marras si no pasas por el aro de ir de la mano con ellos en la iniciativa.

Aquí, como digo, no hacemos esas cosas. En cambio sí tienen bastante éxito las campañas para que otros paguen dinero por cosas que nos parecen bien. Y es que respecto a la inmadurez intelectual sí se cumple el dicho de Intermón y, cuanto más tienes, más pagas. 

Au Revoir! Los impuestos empujan a miles de franceses al extranjero

Desde 2007, los contribuyentes franceses han asumido la friolera de 200 subidas de impuestos. Este tsunami fiscal ha incluido tasas financieras, gravámenes especiales, aumentos de las grandes figuras impositivas, etc. Como consecuencia, la recaudación del Fisco ha saltado del 49,9% al 51,8% del PIB galo.

El aumento no ha sido suficiente para evitar el grave problema de déficit público que arrastra Francia desde hace décadas. De hecho, mientras que el desfase entre ingresos y gastos llegaba al 2,7% del PIB en 2007, los números para 2012 elevaban este número hasta niveles cercanos al 5% del PIB.

Esta marea tributaria está generando un creciente enfado entre los contribuyentes franceses. Según una reciente encuesta de Ipsos publicada por Le Mondeel 72% de los galos cree que paga "demasiados impuestos". A esto se suma que el 43% opina que rendir cuentas ante el Fisco "no es un ejercicio de ciudadanía". 

En este contexto, no debe sorprender el creciente exilio tributario que está experimentando nuestro país vecino. Este fenómeno lleva décadas manifestándose de forma creciente, si bien el estallido fiscal de los últimos años ha acelerado el ritmo de salida.

New York Times ha tratado el tema, destacando que "Francia lleva muchos años sufriendo la salida de ciudadanos de mucho talento que eligen irse a otros países. Sin embargo, el actual éxodo de empresarios y jóvenes tiene lugar justo en el peor momento posible. Francia ha tenido un crecimiento anémico en el último lustro, con un paro que crece hasta llegar ya al 11%. Muchos analistas temen que el país va camino de la esclerosis económica".

"Estamos sufriendo una sangría de talento"

La Cámara de Comercio e Industria de París, organismo que representa a más de 800.000 empresas, ha echado más leña al fuego destacando que los directivos franceses están cada vez más preocupados por esta cuestión. "Estamos sufriendo una sangría de talento", denuncia un informe publicado por la organización.

El pesimismo también ha cundido entre buena parte de los ciudadanos. Una encuesta del Pew Research Center destacó en 2013 que "no hay ningún país europeo con tan poco espíritu e ilusión como Francia". Esta decadencia, denunciada desde hace años por analistas como Nicolas Baverez, bien puede convertir al país galo en el nuevo enfermo de Europa, ya que tiene lugar justo cuando la periferia empieza a recuperar el crecimiento económico.

Desde el año 2000 hasta hoy, el número de franceses que reside en otros países ha crecido un 60%. ¿Qué ruta siguen les exilés? Más de 50.000 viven en Silicon Valley, miles se han desplazado a Hong Kong, Ciudad de México, Nueva York, Shanghai… Sin embargo, los destinos favoritos siguen siendo Gran Bretaña, Suiza y Bélgica. Solamente en Reino Unido encontramos una población francesa de más de 350.000 personas.

Pinault también cruza el Canal

El exilio tributario de Gérard Depardieu levantó mucho revuelo en Francia, animando a que estas cuestiones se estudien con mayor detenimiento y preocupación. El nuevo Primer Ministro galo, Manuel Valls, ha tomado nota y ha anunciado que su Gobierno reducirá el gasto público y bajará los impuestos para impulsar la recuperación.

Sin embargo, las voces anti-mercado siguen teniendo mucha fuerza en el país galo. No hay que olvidar que los gobiernos de centro-derecha que encabezaron Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy fueron incapaces de frenar esta deriva. A esto se une el discurso anti-capitalista de líderes radicales como la nacionalista Marine Le Pen o el socialista Jean-Luch Mélenchon.

Ante semejante panorama político, no es de extrañar que la tercera fortuna de Francia haya dejado el país. El exilio tributario de François-Henri Pinault supondrá la salida de un empresario especializado en el sector del lujo que amasa una fortuna de casi 11.000 millones de euros.

Pinault, de 51 años, está casado con la actriz Salma Hayek y dirige un gran conglomerado en el que encontramos firmas de alto nivel como Alexander McQueen, Balenciaga, Bottega Veneta, Brioni, Girard-Perregaux o Gucci. La corporación da empleo a 33.000 personas.

Británicos y alemanes abandonan España tras la histórica subida de impuestos

La histórica subida de impuestos aprobada por el Gobierno del PP no sólo ha afectado a los contribuyentes nacionales, sino también a los residentes extranjeros que viven en España. Y dentro de este ámbito, muy especialmente, a los trabajadores y jubilados comunitarios. Los constantes e intensos aumentos fiscales se están traduciendo en un elevado éxodo de europeos que optan por regresar a sus respectivos países de origen ante la agresiva ofensiva fiscal puesta en marcha por el Ministerio de Hacienda.

La población extranjera comenzó a descender en 2011 y, desde entonces, España ha perdido algo más de 750.000 residentes foráneos, sobre todo en los dos últimos años. El número de extranjeros a fecha 1 de enero de 2014 apenas superaba los 5 millones de personas, 736.000 menos que a 1 de enero de 2012, lo que supone una caída del 12,8%, según refleja el padrón continuo del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Pero esta pérdida se debe, en gran medida, a la salida de comunitarios. Los residentes de la UE cayeron desde los 2,6 millones a principios de 2012 hasta los 2,04 millones el pasado enero. Es decir, casi 555.000 europeos, equivalente al 21,3% de este colectivo, abandonaron España en los dos últimos años. Se trata de un hundimiento inédito.

Y, sobre todo, llama la atención la salida de alemanes y británicos, con casi 118.000 personas desde enero de 2012, más del 21% del total. En concreto, han huido más de 40.000 alemanes y 77.000 británicos durante este período, con caídas superiores al 20% en ambos casos, tal y como refleja el siguiente cuadro.

Población extranjera en España

En la actualidad, el número total de británicos y alemanes apenas ronda los 436.000 frente a los 554.000 residentes en enero de 2012, cuando echó a andar el actual Gobierno del PP. Dicho éxodo se concentró en 2013, momento en el que los extranjeros notaron realmente en su bolsillo la citada subida fiscal.

Según los asesores consultados por Libre Mercado, el aumento del IRPF, la entrada en vigor del nuevo convenio fiscal entre España y Alemania a finales de 2012 y, muy especialmente, la obligación de declarar a Hacienda los bienes radicados en el extranjero han provocado una importante fuga de residentes (y contribuyentes) de ambas nacionalidades.

"Los impuestos en España son muy altos", afirman desde Abacus Spain, en Palma de Mallorca, perteneciente al Club de Asesor, la mayor red de asesorías fiscales de España. Esta firma, especializada en atender a residentes británicos, pone como ejemplo el caso de los capitanes de barco, que están exentos de tributar en Reino Unido y que, sin embargo, aquí pagan el tipo máximo del IRPF (52%) debido a sus elevados sueldos. Asimismo, las pensiones británicas también están exentas del pago de impuestos, cosa que no sucede en España.

Muchos jubilados ingleses no declaraban su pensión en España por desconocimiento y falta de información. Sin embargo, Hacienda ha emprendido en los últimos meses una intensa campaña de inspecciones para aflorar pensiones extranjeras que está afectando tanto a españoles repatriados como a residentes foráneos.

Pero la gota que ha colmado el vaso ha sido la obligación de declarar su patrimonio en el exterior. "Esto no les ha gustado nada", aclaran los asesores. La reacción de los británicos no se ha hecho esperar. Muchos han hecho las maletas, han puesto a la venta sus casas y han regresado a Reino Unido. Ahora, "vienen a España sólo en verano".

No son los únicos. Los alemanes también están regresando. Ignacio del Val, experto fiscal del bufete germano Rödl & Partner, coincide en que la combinación de más IRPF, declaración de bienes en el exterior y el nuevo convenio fiscal entre ambos países ha hecho mella entre estos residentes, sobre todo entre los jubilados, obligados ahora a declarar su pensión.

Así, aunque se suele poner el acento en los tipos del IRPF, lo más importante es la base imponible (masa salarial sobre la que se aplica), y la cuestión es que en Alemania, gracias a las deducciones y a los distintos tramos existentes, pagan menos que en España. Las subidas fiscales y las nuevas exigencias que impone Hacienda, como la declaración de bienes en el exterior y las obligaciones derivadas del nuevo convenio bilateral de colaboración fiscal, han elevado los costes de residir en España.

La situación es algo distinta en el caso de los directivos alemanes que trabajan aquí, ya que aún se pueden beneficiar de las ventajas fiscales derivadas de la denominada Ley Beckham, pero Del Val añade que "ahora tienen que declarar absolutamente todo", incluido su patrimonio en Alemania, lo cual supone una "importante carga administrativa".

La visa por vivienda, un fracaso absoluto

Al mismo tiempo, el Gobierno ha fracasado estrepitosamente en su intento de impulsar la compra de vivienda a cambio de conceder permisos de residencia. Desde la entrada en vigor de esta medida el pasado septiembre, tan sólo 81 inversores extranjeros se han acogido a la llamada golden visa.

De éstos, 72 han optado por la compra de una vivienda por un precio igual o superior a 500.000 euros. Otras formas de conseguir el permiso de residencia es con la compra de depósitos por un millón de euros o de la puesta en marcha de proyectos empresariales de "interés general". Sólo tres corresponden a estos proyectos empresariales y los otros seis a inversión en capital.

Las empresas españolas no tributan al 3,5%

Reza un muy extendido mito que las empresas españolas apenas pagan en concepto de Impuesto de Sociedades el 3,5% de sus beneficios anuales: un escandaloso chollo tributario que contrastaría con la (innegable) asfixia fiscal a la que son sometidas las clases medias y que explicaría los insufribles recortes del gasto público que hemos padecido desde el año 2010.

Ciertamente, se trata de un mito que, a diferencia de otros, sí posee cierta base: la propia Agencia Tributaria nos ofrece datos oficiales para el año 2011 donde se observa que los holdings empresariales apenas le abonaron al Fisco español 3.012 millones de euros sobre unos beneficios contables de 85.948 millones, es decir, el 3,5% que tanto retumba en toda tertulia política que se precie. En cambio, las compañías que no formaron ningún grupo consolidado padecieron una mordida fiscal del 16,7%. Conclusión: las grandes empresas evaden impuestos a través de los holdings y las pymes soportan en solitario la dura carga del Impuesto de Sociedades. Pero que, como decimos, el mito posea una cierta base no significa que se ajuste a la realidad: más bien al contrario, se está haciendo un populista y manipulador uso de estas cifras para justificar la voracidad tributaria de Montoro.

A la postre, si uno observa las cifras con un poco más de detenimiento, comprobará que los grupos empresariales consolidados abonaron un tipo del 3,5% sobre sus resultados contables positivos; ahora bien, sobre su base imponible positiva los holdings pagaron el 17,7%, una cifra muy cercana al tipo que soportaron las empresas que no formaron parte de ningún grupo (19,2%). Pero, ¿en qué se diferencia el resultado contable de la base imponible? El Impuesto de Sociedades no se paga a partir del resultado contable, sino de la base imponible, la cual se calcula aplicando al resultado contable los ajustes extracontables que establece la ley. En el caso que nos ocupa, los dos ajustes que contribuyen de un modo más notable a minorar un beneficio contable de 85.948 millones de euros hasta dejarlo en una base imponible de 17.058 millones de euros son dos: los ajustes por consolidación (43.399 millones de euros) y la exención por doble imposición (21.123 millones de euros).

El primero, los ajustes por consolidación, se refiere a las operaciones necesarias para integrar los resultados contables de las distintas sociedades individuales que forman parte de un grupo: al cabo, la golosa cifra de 85.948 millones de euros en resultados contables positivos surge de añadir, sin corrección alguna, los beneficios individuales de cada empresa inserta en un grupo y con un resultado positivo. Pero esta cifra debe ser enmendada especialmente en dos instancias: la existencia de resultados contables negativos por parte de otras empresas que integran ese mismo grupo (si dentro de un grupo se hallan la empresa A y la empresa B, y la primera gana 100 y la segunda pierde 25, el holding ha ganado 75, no 100) y las operaciones entre empresas del grupo (por ejemplo, las distribuciones de beneficios entre empresas del grupo no tributan hasta que son repartidos a terceros).

El segundo, la exención por doble imposición, se refiere a los beneficios que las empresas del grupo han obtenido en países extranjeros y que ya han tributado en el extranjero. Dicho de otra manera, los beneficios contables de 85.948 millones de euros a los que se refiere la Agencia Tributaria son los beneficios obtenidos por el holding en todo el mundo (renta mundial) y sobre los que, en parte, ya ha pagado impuestos allende España, por lo que se les exime de volver a tributar sobre la parte ya gravada. Así pues, no es que el holding no pague impuestos, es que no los paga todos en España: una partida que resultará especialmente significativa en unos momentos de crisis interna en los que, por tanto, los grandes grupos empresariales obtienen porciones crecientes de sus beneficios fuera de nuestro país.

Con estos dos ajustes (y otros de importe mucho menor), el resultado contable positivo de 85.948 millones de euros queda reducido a una base imponible positiva de 17.058 millones de euros y, sobre esos 17.058 millones de euros, los grupos consolidados abonaron en España 3.012 millones de euros, es decir, el 17,7%. Querer que los grupos consolidados tributen sobre todos sus resultados contables equivale a querer que paguen impuestos sobre las pérdidas de parte de sus sociedades y sobre los beneficios que han obtenidos —y por los que ya han tributado— fuera de España.

Pero, ¿cuánto pagan realmente?

Es probable que los argumentos anteriores no resulten del todo convincentes para muchos lectores. De hecho, la razón que suele aducirse para explicar por qué las grandes empresas apenas pagan impuestos es que optimizan su fiscalidad canalizando parte de sus operaciones a través de paraísos fiscales y redistribuyendo sus ganancias entre aquellos países con un menor yugo fiscal. Es decir, lo que podría estar confirmando la explicación anterior es que, en efecto, las grandes empresas se escaquean de pagar impuestos a través de diversas lagunas legales. Pero, ¿es así? Nada más sencillo para verificarlo que acudir a las cuentas anuales consolidadas de los grandes grupos empresariales y calcular cuántos impuestos están realmente pagando sobre los beneficios contables cosechados.

En la siguiente tabla he recogido los beneficios mundiales antes de impuestos que obtuvieron en 2011 las compañías que actualmente forman parte del Ibex 35 así como los impuestos que abonaron en todo el mundo (un impuesto con signo negativo significa que la compañía obtuvo un crédito fiscal).

 

Beneficios antes de impuestos 
(millones de euros)

Impuestos 
(millones de euros)

Tipo efectivo
(sobre resultado contable)

Santander

7.939

1.776

22,4%

Telefónica

6.488

301

4,6%

BBVA

3.770

285

7,6%

Inditex

2.351

580

24,7%

Iberdrola

3.454

549

15,9%

Repsol

4.058

1.514

37,3%

Amadeus

668

213

31,9%

Caibabank

1.159

106

9,1%

Abertis

1.025

249

24,3%

AIG

542

-40

 

Bankia

-4.369

-1.339

 

Popular

444

-39

 

Ferrovial

440

61

13,9%

Sabadell

187

-48

 

Gas Natural

2.022

496

24,5%

Grifols

80

29

36,3%

REE

683

223

32,7%

ACS

1.243

181

14,6%

MAPFRE

1.636

414

25,3%

Enagás

520

155

29,8%

Bankinter

240

58

24,2%

DIA

177

83

46,9%

ArcelorMittal

2.680

882

32,9%

Mediaset

151

38

25,2%

OHL

542

194

35,8%

Bolsas y Mercados Españoles

219

63

28,8%

Técnicas Reunidas

155

19

12,3%

Ebro Foods

143

-9

 

Indra

233

52

22,3%

Jazztel

37

-12

 

Gamesa

69

18

26,1%

Acciona

224

53

23,7%

Viscofan

127

26

20,5%

Sacyr

-2.141

-539

 

FCC

54

27

50,0%

Es fácil observar que la mayoría de compañías sufren un carga fiscal superior al 20% y, desde luego, muy por encima del tan popularizado 3,5% (algunas excepciones como Telefónica o BBVA son meramente coyunturales, ya que en 2010 abonaron tipos superiores al 20%). De hecho, si agregamos todos los resultados contables positivos y sacamos el tipo medio efectivo del conjunto de empresas, llegamos a la conclusión de que, en 2011, las empresas del Ibex 35 soportaron una carga fiscal del 19,5%… dieciséis puntos más de lo que suele predicarse (y, para más inri, por encima del tipo efectivo que abonaron las empresas que no integraron un holding): en concreto, su resultado contable agregado fue de más de 43.000 millones de euros y los impuestos pagados superiores a 8.500 millones. Por supuesto, lo anterior no significa que estos 8.500 millones de euros se ingresaran a las cuentas del Fisco español, sino que se los pagaron a algún gobierno del resto del mundo: en otras palabras, fueron más de 8.500 millones de mordida fiscal arrebatados a sus legítimos propietarios. 

A la vista está, pues, que el tan manido tipo efectivo del 3,5% constituye una grosera distorsión de la realidad dirigida a justificar el insaciable apetito tributario del Estado. Las mayores empresas de España pagaron en 2011 un 19,5% de impuestos sobre su resultado contable positivo. Teniendo en cuenta que el tipo medio efectivo del IRPF de 2010 (último dato conocido y anterior a la mordida del PP) fue del 17,34% (y en rentas de hasta 18.000 euros, inferior al 10%), no parece ser cierto que las empresas se estén yendo de rositas mientras los salarios son esquilmados fiscalmente. La realidad es que tanto beneficios como salarios están siendo esquilmados por el Estado: ojalá fuera cierto que todos, empresas y trabajadores, pagáramos el 3,5% de impuestos. Pero para ello necesitaríamos una revolución liberal que reformulara el mastodóntico modelo de Estado que sufrimos.

Evitemos la próxima crisis de deuda

“Central banks, no matter how clever, cannot prevent crises”. Larry Elliott

Caer en la complacencia y la euforia tiene enormes riesgos cuando la recuperación es tan frágil.

Mientras Alemania y España mostraban ser los únicos motores de crecimiento de la Eurozona en el primer trimestre, la deuda pública ha seguido aumentando hasta casi un 95% sobre PIB entre los países del euro. Lo comentábamos en octubre, la deuda sí es el problema. Dejarse llevar por la caída de las primas de riesgo a mínimos de la serie histórica sin atacar de manera agresiva el gasto y el endeudamiento hace que ciertos “sustos” cobren especial relevancia. Son una señal de alerta.


El jueves, las primas de riesgo se disparaban en toda la Eurozona –en algunos casos hasta un 16%- ante el rumor –posteriormente desmentido- de que el Gobierno griego podría imponer un impuesto retroactivo sobre los inversores en bonos soberanos

En el mercado hay miedo a un retorno de las políticas intervencionistas por parte de gobiernos que piensan que las inversiones son donaciones. Y ocurre cuando esos mismos gobiernos se entregan a la complacencia de que “lo peor ha pasado” y empiezan a hablar, debate tras debate pre-electoral, de gastar y aumentar los déficits.

No se nos debe escapar que este repunte agresivo de las primas de riesgo coincidía a su vez con los mensajes de Jens Weidmann del Bundesbank apoyando posibles estímulos monetarios del banco Central Europeo, que analizábamos hace unas semanas aquí. Así que nadie puede echarle la culpa a Merkel y los socorridos chivos expiatorios germanos tan queridos por nuestros defensores de “la culpa es de todos menos mía”. Es una prueba adicional de que la caída de la rentabilidad de los bonos europeos ha tocado fondo. Mucho cuidado con la burbuja de bonos ya que, con o sin estímulos del BCE, alcanza niveles de saturación. 

El episodio del jueves es un “susto” puntual que no debemos ignorar, como cuando nos sale un lunar sospechoso. Los Estados están demasiado cómodos ante una trampa de exceso de liquidez de 180.000 millones de euros en Europa, añadido al dinero que sale de mercados emergentes y entra en los mercados europeos tras disiparse el riesgo de ruptura del euro. Este exceso de liquidez lleva a perpetuar la burbuja de bonos, y los Estados ignoran los errores de caer en ella. Estamos preparando la siguiente crisis si caemos en dicha trampa. No se soluciona reduciendo el aumento del déficit y echándose a dormir, sino recuperando los límites establecidos -3% déficit y 60% deuda/PIB-.

¿Por qué? Porque debemos evitar tirarnos en plancha y sin flotador a ese mismo escenario que criticábamos en 2010-2011, la dependencia de los "malvados" mercados, a los que hoy adoramos porque compran nuestros bonos a un tipo de interés similar a Estados Unidos y a los que maldeciremos el día que los vendan. La actitud pro-cíclica de los Estados de utilizar las épocas de bonanza crediticia para endeudarse más es el error de la cigarra.

En una conversación con Bloomberg me preguntaban si nos enfrentamos a un cambio de tendencia para los bonos españoles o simplemente a una toma de beneficios. En mi opinión, es una combinación de ambos factores. Los inversores han pasado de no tener nada de deuda europea en sus carteras a estar sobreponderados. Ha sido una inversión adecuada, pero como todo, tiene un recorrido. Además siempre es un riesgo mantener bonos europeos en medio de unas elecciones en las que los candidatos tienden a dar mensajes agresivos y populistas.


Los bonos periféricos deberían cotizar a una prima baja, como explica el grafico cortesía de Goldman Sachs, al reducirse el riesgo sistémico europeo. Las dudas sobre la banca y el euro son mucho menores. Sin embargo es incuestionable que existe un entorno de complacencia cuando las primas de riesgo caen a mínimos históricos mientras la deuda sube y los déficits siguen sin ajustarse adecuadamente. El mercado de bonos es siempre una comparativa entre riesgos equiparables y el de la periferia simplemente no es equiparable al de Estados Unidos o Reino Unido.

Comentaba ya hace unos años que no se sale de una crisis de la mano de las mismas medidas que la crearon: un endeudamiento excesivo y gasto muy por encima de las posibilidades de la economía bajo el mantra de “invertir en la recuperación”. Si la crisis de endeudamiento saltaba hace siete años con una OCDE que superaba el 300% de PIB de deuda total –pública y privada-, estamos saliendo de ella con un 350%. Y, además, estamos trasladando riesgo a unos bancos centrales descapitalizados, como si la expansión de los bancos centrales no se pagase. La pagamos todos, sea con impuestos, inflación, perdiendo el valor de nuestros ahorros en devaluaciones o todo junto. 

Toda esa deuda, barata o no, se tiene que refinanciar en un futuro. La liquidez extrema y la euforia crediticia no duran eternamente. Stiglitz y Krugman mienten cuando dicen que no importa el total de deuda mientras el coste sea bajo. Japón, con casi un 240% de deuda sobre PIB, se gasta un 22% de su presupuesto anual en pagar intereses de la deuda a pesar de pagar sólo un 0,6% por sus bonos a diez años. Un coste “artificialmente bajo” porque el 87% de su deuda se la comen los propios japoneses en fondos, planes de pensiones y seguridad social.

La deuda adicional y los déficits como “instrumento para salir de la crisis” han demostrado ser un cuento tras dilapidar cientos de miles de millones en estímulos en Europa para acabar peor.

DOS VARIABLES CLAVE: BALANZA POR CUENTA CORRIENTE Y CONSUMO

La última crisis de deuda se generó cuando los países más endeudados vieron su consumo desplomarse y sus déficits por cuenta corriente dispararse, como muestra “House of Debt”. Una combinación letal que nos llevaba a creernos que no pasaba nada porque nos engañábamos diciendo que “tenemos margen”.

Hoy podemos estar orgullosos en Europa, y España en particular, de haber corregido los brutales desequilibrios de la época de los “estímulos”. En España el déficit por cuenta corriente llegó a ser de 94.000 millones de euros, una monstruosidad. En 2013 se registraba superávit de 7.130 millones y un déficit menor de 6.400 millones en febrero de 2014. Sin embargo, elconsumo sigue siendo la asignatura pendiente, aunque se haya frenado la caída. Con una política depredadora de aumentos de impuestos ese consumo es el talón de Aquiles que puede relanzar la crisis de deuda si los gurús de Bruselas se lanzan, como en 2008, a suplir el consumo privado con gasto público y planes de estimulo estatales. 

Salir del agujero de “estimular la demanda agregada desde el gasto público” y sanear la balanza por cuenta corriente nos ha alejado del riesgo de caer en otra crisis de deuda a pesar del alto déficit de las Administraciones Públicas. Ahora toca relanzar el consumo. O preparamos la siguiente crisis de deuda. Paga usted.

Izquierda y modestia

Alfred Bosch, portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, se quejó de las subidas del IVA porque "perjudican a la gente más modesta, porque gravan a todo el mundo por igual". Inmaculada Rodríguez-Piñero, secretaria general de Economía del PSOE, se opuso a la supresión de la deducción por vivienda, y dijo que debería "beneficiar a las personas más modestas". ¿Qué le pasa a la izquierda con la modestia?

Por extraño que parezca, no hay nada particularmente malo en la imposición indirecta. El liberalismo clásico la consideró la mejor fiscalidad, mucho mejor que la directa, a la que criticaron, con razón, argumentando que no podía establecerse sin que el fisco se entrometiera en la vida privada de los ciudadanos, un argumento que hoy parece ridículo, pero sólo porque al parecer ya estamos acostumbrados a las incursiones punitivas del poder. Incluso las aplaudimos.

En la tradición liberal lo que estaba mal era la imposición misma, que debía ser limitada para preservar la libertad. Todo esto se ha perdido, igual que muchos economistas han perdido la memoria de James Buchanan, y eso que le dieron un Premio Nobel y ha estado vivo hasta hace pocos meses. Prefirieron olvidarlo, porque Buchanan quitó el velo de la inocencia de la Hacienda Pública, invitándonos a analizar la lógica del poder, de modo de comprender, por ejemplo, que la coacción fiscal necesita legitimarse, y para eso recurre a la degradante justificación de que los impuestos están bien siempre que se cobren de manera diferente. Eso, que es lo contrario de la justicia, ha venido a presentarse como espejo de la misma. Y así crece el Estado, forzándonos a todos a ser modestos, sobre todo a los más modestos.

Pero ellos son en realidad el último objetivo del interés de la izquierda, salvo a la hora de votar: en efecto, todo su discurso estriba en alegar que ellos y sólo ellos cuidan de los más pobres, pero, como el Estado es demasiado grande, no hay manera de financiarlo sino es cobrándoles cada vez más a los más pobres (pobre no sólo es el que no tiene dinero sino el que no puede ocultárselo a Hacienda). Ante esta situación, la única alternativa de la izquierda es mentir. Y por eso todo el rato insiste en que sus políticas antiliberales son buenas para los más modestos, es decir, precisamente a quienes más humillan.

Montoro no bajará los impuestos

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, lleva una semana prometiéndonos que entre 2015 y 2016 el Partido Popular honrará sus malogrados compromisos electorales y, finalmente, bajará impuestos. En concreto, Montoro ha cifrado la rebaja fiscal en 7.600 millones de euros: un guarismo apreciable que previsiblemente hará las delicias de aquellos simpatizantes desengañados con un Ejecutivo más socialista que el de Zapatero. Un rayo de esperanza ante tanto oscurantismo fiscal: ¿acaso no terminará siendo cierto que, tal como prometió el ministro de Hacienda tras el primer rejonazo en el IRPF, "al final de la legislatura todos los contribuyentes pagarán menos impuestos que al comenzarla"?

Por supuesto, y dado el historial embustero de Montoro, la devaluada palabra del ministro no constituye un asidero de credibilidad demasiado robusto. Lo ideal sería encontrar otras referencias algo más confiables para poder contrastar obras con razones. Y, por fortuna, el propio Gobierno de Montoro ha remitido recientemente a Bruselas la Actualización del Programa de Estabilidad: 2014-2017, donde especifica con cierto detalle los movimientos tributarios que realmenteplanea efectuar el PP a lo largo de los próximos años.

Así, el cuadro de la página 42 del mentado documento contiene el desglose recaudatorio de las principales modificaciones tributarias practicadas desde 2012 y previstas hasta 2016. En él, efectivamente, se contempla una merma de recaudación por IRPF y Sociedades de 0,68 puntos del PIB entre 2015 y 2016: aproximadamente, los 7.600 millones de euros prometidos por Montoro. 

Parecería que, por una vez, el ministro de Hacienda sí ha dicho la verdad. Mas echándole una segunda ojeada al cuadro, las dudas deberían comenzar a asaltarnos muy seriamente. Por ejemplo, es verdad que en 2015 se modificará la legislación tributaria para que el IRPF se reduzca en 0,23 puntos del PIB y el Impuesto de Sociedades en 0,06, pero es que, simultáneamente, también se reformará el IVA, los impuestos autonómicos y municipales o las cotizaciones sociales para recaudar 0,44 puntos adicionales, de manera que la prometida rebaja de impuestos en el año 2015 se quedará, en realidad, en una subida de 0,15 puntos del PIB (unos 1.600 millones de euros más).

Todavía peor: el cuadro anterior sólo refleja los efectos recaudatorios de las reformas fiscales sobre el año en el que son aprobadas. Eso no significa que sus efectos queden circunscritos a ese año, sino simplemente que el cuadro no los presenta de manera acumulativa. Por ejemplo, en el año 2012 el Gobierno modificó el IRPF con unos efectos recaudatorios estimados de 0,35 puntos del PIB; a su vez, en el año 2013 el Gobierno volvió a modificar el IPRF para recaudar, esta vez, 0,22 puntos del PIB adicionales: pero esos 0,22 puntos no eran sustitutivos de los 0,35 de 2012, sino aditivos, es decir, a finales de 2013 el IRPF recaudaba 0,57 puntos sobre el PIB más que a comienzos del 2012 como consecuencia de los rejonazos tributarios practicados por Montoro.

Con tal de arrojar algo de claridad a las cifras presentadas por el Gobierno a Bruselas, vamos a convertir el cuadro anterior en uno nuevo donde se presente el efecto acumulado con respecto a 2011 de las reformas tributarias de Montoro y de sus sosias autonómicos y municipales (para no herir sensibilidades, no incluimos como aumento de impuestos las rúbricas relativas a la lucha contra el fraude fiscal). Así, por ejemplo, la celda de IRPF del año 2015 contendrá la recaudación adicional del IRPF en el año 2015 como consecuencia de todas las reformas practicadas sobre esta figura tributaria (tanto al alza como a la baja) con respecto al año 2012.

Pues bien, una vez traducido el cuadro a unas cifras más inteligibles, el escenario que arroja es simplemente deplorable: en el año 2016, Montoro decretará una rebaja neta de impuestos de 800 millones de euros tras haberlos aumentado, entre 2012 y 2015, en 43.000 millones de euros.

Así pues, y según las propias previsiones del Partido Popular, en el año 2016 los españoles pagaremos 42.000 millones de euros más que antes de su llegada al poder. En contra de lo que ha prometido Montoro, los impuestos ni siquiera bajarán en el período de 2015-2016 con respecto a 2014: es verdad que la recaudación por IRPF y Sociedades menguará en unos 7.500 millones de euros, pero a cambio el IVA y el resto de figuras tributarias aumentarán su voracidad en 8.200 millones de euros.

Oh sorpresa, el ministro de Hacienda ha vuelto a mentir y lo ha hecho por partida doble. Primero, porque el conjunto de los impuestos no bajarán en el período 2015-2016 con respecto a 2014 sino que, por el contrario, seguirán aumentando en 700 millones de euros. Segundo, y principal, porque es rematadamente falso que los contribuyentes españoles vayamos a pagar a finales de 2015 menos impuestos que a finales de 2011: el Partido Popular (al frente del gobierno central y de prácticamente todos los estamentos autonómicos y municipales) hará que paguemos en 2015 43.000 millones de euros más que en 2011. O si prefieren conocer el saldo acumulado: entre 2012 y 2015, las reformas fiscales capiteneadas por el PP habrán saqueado a los españoles 132.000 millones de euros. Todo por negarse a pinchar la burbuja estatal. He ahí el saldo tributario del partido que ondeaba la bandera de las rebajas de impuestos.

No podemos votar con los pies, Profesor

El mes pasado tuvimos ocasión de comentar el excelente libro de Juan Ramón Rallo, “Una revolución liberal para España”. La verdad es que el libro está siendo un verdadero éxito. El Profesor lo ha presentado ya en Madrid, Barcelona y Sevilla. Ha acudido a entrevistas con los principales medios económicos, tanto liberales como no -Vozpopuli, LibreMercado, esRadio o elEconomista-. Además, recientemente hemos conocido la inclusión del Profesor en una “lista negra” de economistas enfrentados con este Gobierno. Señal inequívoca de que algo bien estará haciendo Juan Ramón.

El libro merece muchísimos comentarios. Tanto elogios como los que brindó un servidor o José Luis Ricón como matizaciones y críticas como la de Andrés Casas. Y sobre uno de los temas del libro querría yo volver a reflexionar: las ciudades “autónomas” que propone Juan Ramón en el libro al hilo de la consabida capacidad de votar con los pies que tanto han defendido diversos economistas en España (Diego Sánchez de la Cruz, Adrià Pérez, Carlos Rodríguez Braun, María Blanco, etc. Y la lista sigue).

El argumento es sencillo y es de meros incentivos. Si un gobernante aumenta los impuestos y cercena las instituciones privadas (de propiedad individual o de mano común) junto con la autonomía de la voluntad corre el riesgo de perder a su ciudadanía. Algo que ya estudió la Public Choice respecto de la fuga de cerebros y que en España ha traído como paradigma a la Comunidad de Madrid con sus mayores libertades y sus menores impuestos.

Sucede, no obstante, que votar con los pies no resulta sencillo a nivel personal. Algo que sí reflexiona Juan Ramón. Uno ha tejido una valiosa red de contactos en su lugar de residencia (capital social), cuenta con la institución de la familia (lo que Huerta de Soto diría que genera seguridad al individuo) e, incluso, tiene su mayor fuente de renta en su lugar de residencia (habida cuenta de que la diversificación de la procedencia de los flujos de caja para los ciudadanos es casi inexistente). Por ello, expone Juan Ramón, si las Administraciones son pequeñas, territorialmente hablando, se consigue ese doble efecto verdaderamente sano: el ciudadano puede votar con los pies con mayor facilidad al reducir el desplazamiento necesario y tiene a sus políticos más cerca para elevar sus protestas. Al cabo, y perdonen el simplismo del símil, es como cambiar de comunidad de vecinos porque te suben las cuotas a un nivel inasumible.

El problema viene no sólo auspiciado por este apego a la red de contactos tejidas y al lugar de residencia, el problema viene con la ley fiscal. Supuesto, obviamente, no contemplado en el libro del Profesor pero existente a día de hoy. La Hacienda Pública, perra vieja y sabia, ya ha previsto el sufragio con los pies y ha trabajado muy duro para evitarlo. Alguno pensará que tal trabajo es orientado a mantener a los ciudadanos en sus residencias con leyes fiscales más benévolas y sencillas. Pero nada más lejos de la realidad. El duro trabajo del legislador fiscal ha ido orientado a lograr que el ciudadano que abandona su territorio siga tributando y rindiendo cuentas ante el territorio que abandona. Veamos algunos ejemplos de semejante mordida:

  • IRPF: La ley del IRPF considera residente y por tanto contribuyente del IRPF a todo aquel que resida más de la mitad del año en España o que perciba más de la mitad de sus rentas en España. Con que se dé una condición ya tributa. Es decir, el que emigra pero percibe todas sus rentas, verbigracia, por dividendos de El Corte Inglés, tributa por el IRPF. Pero hay un caso más sangrante. Supongamos que un individuo emigra a trabajar para ACS en Inglaterra. Las rentas del trabajo las paga la filial inglesa. Pero, según la ley del IRPF el contribuyente sigue residiendo en España salvo que haga un complejo papeleo. Porque para la Hacienda será un contribuyente ausente “esporádicamente”. Pero si tal ciudadano, en vez de Inglaterra, acude a las Islas Caimán la cosa empeora mucho. Deberá probar fehacientemente la residencia en las Caimán durante más de medio año y después de probarlo durante ese año deberá esperar 4 años más. Si uno va hoy a las Caimán seguirá tributando por el IRPF hasta 2020.
  • ISD: Si uno quiere que cuando muera se le aplique a sus herederos un impuesto de sucesiones como el de la Comunidad de Madrid deberá acudir presto al citado lugar. Con 5 años de antelación a su fallecimiento como mínimo. Si no, se le aplicará el maravilloso 30% andaluz, en caso de que uno sea sevillano.
  • Impuesto de Sociedades: el abandono de la residencia fiscal debe ser por “motivos económicos válidos”. ¿Cuáles son esos? Pues los que el burócrata de turno decida, como no podría ser de otra manera.

En fin, ejemplos similares los hay en patrimonio y otros impuestos. Evitando a toda costa ese voto con los pies. Tanto fuera de las fronteras españolas como a nivel intracomunitario entre distintas autonomías. Lo cómico de todo esto es que, una vez logra el individuo salir de España, seguirá tributando lo que perciba en rentas aquí por el Impuesto de la Renta de No Residentes.

Obama vuelve a las andadas: quiere aumentar impuestos por un billón de dólares

Después de dos años de creciente gasto público por parte del gobierno federal estadounidense, la llegada al Congreso de numerosos legisladores vinculados al Tea Party supuso un cambio de rumbo en la política fiscal del país norteamericano. Así, en 2011, 2012 y 2013, la Administración Obama se ha visto obligada a reducir el déficit y recortar el gasto público.

Sin embargo, la proximidad de las elecciones legislativas que renovarán numerosos curules del Congreso y del Senado ha motivado un cambio de actitud por parte del Ejecutivo. Con ánimo de fortalecer el discurso del Partido Demócrata, la Presidencia ha publicado una propuesta fiscal que incluye una subida de impuestos valorada en un billón de dólares.

Concretamente, Barack Obama espera que esta presión fiscal adicional quede articulada a lo largo de los próximos diez años. A cambio, plantea un escenario de gasto realmente polémico, pues contempla un aumento de los desembolsos en los dos últimos años de su gobierno (2015 y 2016) y programa después un recorte de gasto que asumiría su sucesor a partir de 2017.

El plan fiscal de Obama también pretende anular algunas de las medidas de austeridad presupuestaria pactadas entre republicanos y demócratas a lo largo de las últimas disputas fiscales. Concretamente, Obama quiere aumentar el presupuesto de sus Ministerios en 56.000 millones de dólares y apenas promete compensar esta medida con un ajuste de 28.000 millones que, además, se compondría en gran parte de subidas impositivas y no recortes de gasto.

Las proyecciones no son realistas

Las críticas a la propuesta de Obama no han tardado en llegar. Analizando los diez años de aplicación del nuevo plan fiscal de la Casa Blanca, la Oficina Presupuestaria del Congreso apunta que la deuda pública crecería hasta el 80% del PIB. Sin embargo, el Ejecutivo plantea un escenario muy diferente, anticipando una caída de las obligaciones del gobierno federal hasta niveles inferiores al 70% del PIB.

Según la propuesta fiscal de Obama, los ingresos federales subirán del 17% al 19% del PIB durante sus últimos años de gobierno. A continuación, el sucesor asumiría un esquema tributario que acabaría llevando estos niveles hasta el 20%. Sin embargo, la Oficina Presupuestaria estima que el fisco no podrá aumentar sus ingresos más allá del 18% del PIB.

La discrepancia también llega cuando analizamos el gasto. Según los estudios de la Oficina Presupuestaria del Congreso, el gasto crecerá durante el resto de la Presidencia de Obama y seguirá aumentando también en los años que siguen. Así, los desembolsos crecerán de menos del 21% a más del 22% del PIB.

Problemas estructurales

Las disputas fiscales que libran republicanos y demócratas parecen obviar de forma sistemática algunos problemas estructurales de la estructura de ingresos y gastos del Gobierno federal estadounidense. Por ejemplo, el número de estadounidenses que no paga el Impuesto sobre la Renta se ha multiplicado por cinco desde 1970; además, los programas de gasto social consumen hoy el 70% del presupuesto frente al 50% de hace veinticinco años.

Entre los ajustes que reducirían significativa y permanentemente el gasto del gobierno federal, encontramos ejemplos como los tres siguientes:

  • Las subvenciones al sector agrícola suponen 22.000 millones de dólares cada año.
  • Las duplicidades administrativas, detectadas en 162 diferentes capítulos presupuestarios, tienen un coste de 25.000 millones de dólares por ejercicio.
  • El gasto del Ministerio de Defensa que no se dedica a programas y acciones de seguridad incluye año tras año casi 10.000 millones de dólares para supermercados dependientes del Pentágono y cerca de 11.000 millones de dólares en subsidios educativos para hijos de familias militares.