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Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

Nuevas normas que algunos no entienden

Si hay algo en lo que el mundo de 1980 es diferente al mundo que vivimos, es la abundancia de información de la que disponemos y la rapidez y economía con la que podemos transmitirla. Esto ha sido posible gracias a dos revoluciones que, por encontrarnos aun inmersos en ellas, no somos capaces de valorar en su justa medida. Se trata de la revolución de los ordenadores personales que arrancó en la década de los ochenta, y la de las redes que, con Internet a su cabeza, hizo su debut en el panorama mundial a mediados de los noventa.

No es necesario insistir que ambas revoluciones han cambiado el modo en que trabajamos y la manera en que nos relacionamos en buena parte del globo. En cualquier diario en la red hay material suficiente para pasar varios días leyendo, y, aunque nos pusiésemos a ello, sería inútil porque las noticias y reportajes se actualizan continuamente. Hoy por hoy, el coste de transmitir un kilobyte de información es cero, o tiende a cero y cualquiera dotado de un ordenador personal puede contribuir a la marea siempre creciente de información a la que una comunidad de ámbito mundial puede acceder en cuestión de segundos.

Los que tenemos entre 30 y 40 años de edad conocimos a la perfección el mundo anterior, pero la revolución nos cogió lo suficientemente jóvenes para integrarnos en ella y comprender las nuevas reglas desde dentro. Muchos empresarios que manejan información, es decir, contenidos, también lo han entendido y han apostado por este nuevo modo de distribuirlos tratando de ingeniárselas para ganar dinero en un mundo en el que ese producto, el de los contenidos, es muy barato o directamente gratuito. Ahora podemos escuchar música, leer durante horas, ver fotografías o vídeos sin pagar un solo euro y, a pesar de ello, hay empresas que son rentables ofreciendo eso mismo.

Otros, sin embargo, no han dado con el quid de la cuestión y siguen emperrados en el modelo antiguo, en el de las licencias de emisión y las grandes empresas de comunicación inevitablemente vinculadas al poder político. Esto, que se traducía en una oferta limitada que garantizaba cierta impunidad y un discurso monolítico, era tan bueno como puede ser el poder hablar sin que te respondan. Hasta hace bien poco tiempo, si a un magnate de la comunicación le daba por emprender una campaña contra alguien se salía con la suya y arruinaba la vida y hacienda de ese alguien, a no ser, claro, que otro empresario de la competencia saliese en su ayuda.

Hoy las normas han cambiado. Los grandes grupos mediáticos siguen siendo poderosos, pero sus dictámenes ya no son indiscutibles. Al otro lado hay siempre alguien que no está de acuerdo y tiene la capacidad de discutírselo o de sacar a pasear la trola poniendo en evidencia a los fautores de la misma. Y lo mejor de todo, tiene público que le escucha, amigos que le repiten y la magia del hipertexto que pone a cada uno donde debe estar.

El modelo de empresa que no ha entendido absolutamente nada de lo que se despacha en lo relativo a la información es, curiosamente, la mayor empresa de España dedicada a la información: el Grupo Prisa. Se ha dado de bruces una y otra vez con el medio y ha dilapidado una fortuna en tratar de hacerse un hueco en el mismo con muy poco éxito. Mal acostumbrados como estaban a ser ellos los portadores del mensaje dominante, llevan muy a malas que se les lleve la contraria, pero no hacen nada por aprender de lo que está pasando. Más de 10 años después de que Internet arrancase en España se mantienen en sus trece tratando de exportar un modelo periodístico ideal para triunfar en el siglo XX, y para hundirse en la miseria en el XXI.

Aprender del error de los franceses

Sin embargo, lo cierto es que siempre existe presión para dejar en paz a los empresarios y sus innovaciones, presión que en Europa se siente, pero en dirección contraria.

Podemos hacer un pequeño ejercicio mental. La famosa ley de Moore, que predice que el número de transistores integrados en un chip se duplica cada año y medio, no es la única norma empírica que se ha enunciado desde la industria de la informática. La ley de Grosch, enunciada por un ingeniero de IBM en 1956, afirmaba que la potencia de un ordenador crecía con el cuadrado del coste, y eso implicaba que la tendencia sería hacer pocas máquinas muy grandes y caras. Según una proyección de su empresa basada en esa ley, en el mundo había sitio para unos cincuenta y cinco grandes ordenadores, y todo el mundo trabajaría con terminales conectados a ellas.

Supongamos que los reguladores estadounidenses se lo hubieran tomado al pie de la letra y actuado en consecuencia. El lógico temor al monopolio digital de IBM hubiera obligado a repartir licencias de construcción de máquinas, para que no todas fueran hechas por la misma empresa, y seguramente hubieran organizado una libre distribución de terminales para garantizar el servicio universal de computación. Bueno, pues puede usted dejar de hacer ese ejercicio mental. Eso es exactamente lo que hicieron los franceses a finales de los 70 repartiendo terminales gratuitos de Minitel y dándoles acceso a las grandes computadoras propiedad del Estado. Por supuesto, no fueron capaces de ver la revolución que supuso Intel y su microprocesador y otras tecnologías de parecida importancia, que rompieron esa ley de Grosch como si fuera la promesa de un político.

Es fácil mirar hacia atrás y pensar en lo pardillos que fueron los gabachos con su sistema. Sin embargo, nosotros hacemos lo mismo constantemente. Miramos siempre a la imagen estática, olvidando que el mundo se mueve rápidamente, y más aún el mundo de las nuevas tecnologías. Los monopolios "naturales" pueden ser derribados por innovaciones tecnológicas de todo tipo, pero preferimos la seguridad de regulaciones que congelan la imagen en el punto en el que estamos y "protegen" a los consumidores asumiendo que esa fotografía va a permanecer así ad eternam.

El más claro ejemplo son las telecomunicaciones. Vivimos en una época en que la innovación en los ordenadores ha perdido importancia relativa cuando se compara con la que están viviendo las redes. Cada vez hay más tráfico en Internet y, sin embargo, hemos mejorado en velocidad. La tecnología ya ha logrado ampliar el espectro radioeléctrico para permitir que haya varios emisores en cada frecuencia, haciendo obsoleta la presunción de que es algo limitado que debe licenciarse, ya sea para TDT, radio o transmisión de datos por Internet. Sin embargo, seguimos pensando en las redes como si los "monopolios naturales" sobre muchos de sus recursos fueran inevitables. Como los franceses y los ordenadores, vamos. Menos mal que siempre hay otros países donde dejan más campo a la innovación y la libre empresa.

Las discográficas odian Internet

Hasta ahora pagaban un porcentaje de los beneficios más un fijo, pero una reciente decisión del Copyright Royalty Board, un organismo del Gobierno norteamericano, ha aceptado las reclamaciones de la RIAA y ha puesto unas tarifas por cada "interpretación", es decir, por cada canción escuchada por un sólo oyente.

Y eso es sólo la tarifa que deben pagar a los músicos. Luego está la que tengan que abonar a los compositores. Los cálculos que se han hecho indican que esto significaría que las emisoras de radio vía Internet tendrían que poner encima de la mesa, como mínimo, el 100% de sus ganancias. O lo que es lo mismo, la RIAA quería poner fuera de combate a estas emisoras, y el Gobierno se ha puesto de su lado. Para que vean que estas cosas no sólo suceden en la tierra de Calvo y Salmones.

La pregunta clave es por qué la SGAE estadounidense renuncia a unos ingresos más modestos que podría cobrar a cambio de unas tarifas brutales por las que jamás recaudará un dólar. Puede ser que hayan tenido demasiado éxito en su labor de cabildeo, y les hayan concedido unas cifras que sólo pusieron para que la previsible rebaja, que no se ha producido, llenara sus arcas.

Sin embargo, lo cierto es que esta decisión les viene como anillo al dedo. Lo que siempre han querido, lo que Internet les ha robado y quieren recuperar es algo que ganan con esta decisión. Control. Las discográficas se sienten cómodas en el mundo que llevan décadas analizando y gestionando, un mundo en que son ellas quienes deciden qué se va a oír y dónde, en el que pagan a unas pocas y enormes cadenas de radio para que emitan las canciones que han decidido que deben ser un éxito. Internet destruye ese mundo y por eso hacen lo que pueden contra la red. Con esta decisión creen que lograrán retener el dominio sobre la radio y, con él, una parte importante de lo que consideran suyo.

Seguramente, lo siguiente que harán será una negociación directa entre las mayores emisoras de radio por Internet y cada una de las discográficas. Les reducirán esas tarifas, pero a cambio exigirán que no emitan en formatos como MP3 que no impiden que el oyente pueda guardar la música. Les obligarán a incluir DRM. Impedirán emisoras "a la carta" en que los oyentes escogen qué quieren oír. Y, desde luego, lograrán hacer desaparecer a las pequeñas emisoras no llegando a acuerdos con ellas.

Pero éstas no morirán; se limitarán a mudarse a otro país. Los emprendedores del gremio que pudiera haber en Estados Unidos emigrarán o tendrán que dedicarse a otras cosas. Pero no, el reloj de la historia no se parará. Los campesinos búlgaros, por más que huyan, terminarán siendo vacunados. Al internauta medio, la medida no le afectará mucho: cambiará Pandora por Last.fm, que está en Gran Bretaña, y listo. Lo siento por los que montaron la primera.

A la caza del aguilucho

Nos convocaba una decisión de Zapatero de una iniquidad superlativa; nos unía el recuerdo y la consideración por las víctimas; nos llamaba la indignación de ver cómo Zapatero sólo se inquieta por el estado de ánimo de los asesinos, mientras que muestra un desprecio desnudo y genuino por las exigencias más justas de las víctimas. La indignación de la gente parecía engalanarse en este ambiente festivo. Todos los sentimientos que nos concurrían daban todo el sentido a la canción de Jarcha "Libertad sin ira", cuya letra adquirió más sentido que nunca. Libertad, que junto a España es el grito más opuesto a la banda ETA. Sin ira, porque su lugar lo debe ocupar la Justicia. Esa misma Justicia que Zapatero se ha saltado para excarcelar a Ignacio de Juana.

El símbolo oficial de la manifestación era el lazo azul, pero el verdadero, el que eligió la gente para expresarse, fue la bandera de España. El País y demás grupos de Prisa, en su desaforado afán por distorsionar la realidad, se lanzó a la búsqueda del aguilucho. Es cierto que son varios en El País los que tienen un olfato único, una predisposición genética, una inclinación atávica para cazar aguiluchos, porque forman parte de su muestrario sentimental desde la más tierna infancia. Que se lo cuenten a Pradera o Cebrián. Pero la búsqueda, parece, ha resultado en fracaso. Miles y miles de banderas, y ninguna les sirvió para su reportaje, preescrito: "Los fachas del PP se arrejuntan para desestabilizar las instituciones democráticas". Pero seguía faltando la imagen del pajarraco.

Pues ElPaís.com la han sacado, solo que han tenido que recurrir, una vez más, a la manipulación; es decir, a su lenguaje. Han tirado de hemeroteca, rescatando una fotografía de la manifestación del 3 de febrero, y presentándola a sus lectores como si se tomara este sábado. Su manipulación ha llegado por Internet a las pantallas de sus lectores el 11 de marzo, acaso para conmemorar sus grandes éxitos de hace tres años.

Hoy las mentiras de los medios tienen las patas muy cortas, porque el periodismo disperso no les da tregua. Como en el caso del Rathergate, ha sido un comentarista el que ha levantado la liebre; en este caso, desde la bitácora de los lectores de Libertad Digital. Las nubes de la foto ni se acercaron por el cielo de Madrid este sábado. Nadie lleva en la imagen el lazo azul que la mayoría llevamos en la última manifestación. Otro comentarista cae en la cuenta de que es la misma bandera que un blogger recoge de la manifestación del 3 de febrero. Y Libertad Digital ha comprobado que los de El País, que son unos ases, han eliminado la breve autobiografía que acompaña toda imagen, "metadatos" lo llaman los técnicos, y que nos diría la fecha exacta de su nacimiento. Han borrado las huellas, como hacen los profesionales, ya saben de qué. En definitiva, un ejercicio de periodismo canalla; un breve ensayo de "memoria histórica", tal como se entiende desde Prisa. Por un asunto similar, Reuters pidió perdón a sus clientes y a los lectores en general. ¿Hará lo mismo El País?

Decía Dan Rather lo siguiente: "Creo que se puede ser una persona honesta y mentir sobre una serie de cosas". Porque para Rather, la verdad está en la propia ideología. Y mentir sobre la realidad no es ser deshonesto si todo ello se hace al servicio de "la verdad", es decir, de la ideología. Esa es la clave para entender, por desgracia, una parte no desdeñable del periodismo; el español como el mundial. Es la clave para aguilucho fantasma de El País. Lo es para que El Periódico quiera pasar un simple saludo por un gesto fascista. Recuerdo que en una ocasión de le preguntó a los estudiantes de periodismo de la Complutense, en Madrid, por qué habían elegido esa carrera. La respuesta más repetida fue: "para cambiar el mundo". No creo que se acordaran de la oncena tesis de Marx sobre Feuerbach, pero la labor del periodismo es mucho más sencilla y mucho más humilde que todo eso. Consiste, simplemente, en contar lo que ocurre.

La SGAE nos va a sacar los higadillos

La SGAE exigía unos gravámenes que le pudieran reportar cerca de 1.200 millones de euros y los fabricantes hicieron notar que eso suponía que, en algunos casos, los consumidores tuvieran que pagar más por el canon que por el propio producto que estaban adquiriendo. Se rumorea que los ministerios pronto publicarán su dictamen y que, aunque lejos de lo que la misma SGAE exigía, seguramente para hacer el paripé de que "los ministerios nos han dado la espalda" decidan lo que decidan, será una cifra muy elevada que pronto notaremos en nuestras compras.

Vemos así una razón más por la que muchos nos declaramos liberales. El capitalismo ha logrado ofrecernos productos cada día más baratos. Los ordenadores ganan en potencia y disminuyen su precio todos los años. Los reproductores de MP3 aumentan constantemente su capacidad. Sin embargo, el Estado sucumbe ante la presión del lobby comandado por la SGAE, de modo que pronto veremos como el precio de todos estos aparatos sube espectacularmente en lugar de bajar.

El canon funciona bajo dos supuestos que deberíamos celebrar porque suponen que la bota del Estado aún no puede alcanzar hasta lo más íntimo de nuestras vidas. El primero es que ningún esfuerzo policial puede ni podrá impedir que se copien obras protegidas por derechos de autor sin disminuir gravemente nuestras libertades. De hecho, el mismo concepto de "derecho de copia privada" surgió en Alemania con la comercialización de los primeros aparatos de grabación domésticos, en vista de que no se podía evitar lo inevitable. El segundo supuesto es que tampoco es posible dilucidar en la mayoría de los casos quienes emplean los aparatos y soportes digitales para copiar música y películas y quienes lo hacen con otros fines. O, para ser exactos, cuándo cada uno de nosotros emplea un CD para copiar unas fotos que ha realizado él mismo y cuándo lo utiliza para grabar una película que se ha descargado de Internet.

En el debate liberal sobre ese asunto se han destacado tres posturas. La primera es la que considera que el acto de creación conlleva unos derechos de propiedad intelectual sobre las ideas más o menos equivalentes a la propiedad sobre objetos físicos, y que ha sido defendida por autores como Ayn Rand o Robert Nozick. La segunda, que aquí en España defiende Carlos Rodríguez Braun entre otros, considera que el derecho de propiedad tiene su fundamento en la escasez permanente que se da en el mundo físico, lo que también explicaría que existan bienes físicos libres, como el aire que respiramos, que al no ser escasos para nuestros fines no son propiedad de nadie. En el mundo de las ideas no existe escasez, puesto que la comunicación de una invención o una melodía permite que se ésta se multiplique en los cerebros de todos.

Con todo, y como siempre, puesto que las dos posturas basadas en derechos naturales no se ponen de acuerdo, ha sido la utilitarista la que se ha acabado imponiendo. Y ésta, aun reconociendo que no existe ningún "derecho" en juego, porque no lo hace nunca, considera apropiados mecanismos como los derechos de autor o las patentes por suponer un incentivo a la creación intelectual. En tal caso, estaríamos en otro terreno de juego, evaluando hasta qué punto incentiva el canon la creación de música y películas y si el precio que se ha de pagar merece la pena. Me parece indudable que la respuesta es un no rotundo. El canon no sirve para remunerar e incentivar a los artistas, sino para que la SGAE y sus acólitos realicen actos "en beneficio de los autores" de dudosa utilidad y extiendan su red de sedes por toda España. Y es que la SGAE, como la industria discográfica, utiliza los "derechos de los autores" como bandera para salvaguardar sus intereses particulares. Por otro lado, los precios que, según los rumores, están barajando Clos y Calvo (y los que se imponen ya sobre los CD y DVD vírgenes), son una exageración tal que provocarán un enorme florecimiento del mercado negro de productos informáticos y un coste brutal para empresas y particulares.

Visto lo visto, sólo resta exigir del PP que abandone salmonismos que no benefician al ciudadano y perjudican sus intereses electorales y adopte una postura clara en contra del canon. De un PSOE que tanto debe al lobby no cabe esperar nada. Pero de un PP que tiene todas las razones para odiarlo y perjudicarlo en la medida de sus posibilidades, cabría esperar otra cosa. Inteligencia, por ejemplo.

Cuba, Internet y Stalinux

Entre ellas, que el navegador sólo pudiera conectarse a la Stalinternet, que consistiría, naturalmente, en el Granma, en la propia web de Stalin Vive y dos o tres más del jaez, además del afamado buscador Goolag. Pero, claro, aquello era una broma.

El caso es que la semana pasada tuvo lugar en Cuba un evento, cuanto menos, extravagante. Se trata de una gran convención y exposición de informática en un país donde hay que hacer cola para conseguir comida, en el mejor de los casos, o prostituirse, en el peor. Un evento sobre la ingeniería de la información en un país donde la información libre se persigue y castiga. Así pues, se mostró al mundo (es un decir) el buscador del régimen que, como es natural, sólo ofrece resultados de las páginas cubanas, todas ellas pertenecientes al Estado, claro. Además de las tradicionales búsquedas en web, imágenes o prensa ofrece la excitante posibilidad de restringir nuestras pesquisas a los discursos de Fidel Castro. Sin duda, es lo que los cubanos llevaban años reclamando.

El caso es que el acceso a la Red está tan prohibido al ciudadano de a pie como la posesión de un ordenador. Son ambos algo subversivo, que pone en riesgo a la gloriosa robolución que algunos defienden con tanto ahínco en España, quien sabe si por temor a la célebre videoteca del coma-andante. O por verdadera fe en las virtudes del esclavismo comunista, que de todo hay. Sólo el 0,9% de los cubanos tiene acceso a Internet, y en condiciones bastante limitadas. Sin embargo, durante esa convención el matarife a cargo de la Informática, Ramiro Valdés, aparte de echarle la culpa a Estados Unidos de sus males tecnológicos, hizo el gran anuncio de que Cuba se iba a pasar al software libre y que ya estaban creando una distribución propia de Linux. Lamento decepcionarles, pero se llamará Nova, no Stalinux.

El anuncio ha contado con un invitado de honor, el mismísimo Richard Stallman en persona. Delante de varios jerarcas del régimen, tuvo la cara dura de denunciar la inmoralidad de las restricciones impuestas por los derechos de autor, comparándolas con unas leyes que condenaran a prisión a quienes se intercambiaran recetas de cocina, en el mismo país donde se encarcela a quienes disienten del régimen y se pasan unos a otros literatura "subversiva". No hay noticias, por supuesto, de que condenara el régimen o dijera una sola palabra de apoyo a los disidentes, no digamos ya reunirse con ellos; tan sólo esbozó un breve lamento por las restricciones al uso de Internet. Sin embargo, no renunció a calificar a Bush como el "mayor violador de las libertades" y denunciar el "injusto" embargo, como ha de hacer toda estrellita que se precie cuando visita Cuba.

Se ha criticado mucho el comportamiento de las grandes empresas de Internet en China. Sin embargo, al menos Google, Yahoo y Microsoft pueden alegar en su favor haber ofrecido a los internautas chinos una ventana al mundo exterior, tapiada por los tablones que impone el régimen, pero un soplo de libertad al fin y al cabo. No está nada claro, en cambio, qué ventajas para los cubanos sometidos por los Castro ofrece Stallman a cambio de darle palmaditas en la espalda al régimen que los somete. Pero, claro, Stallman es un idealista y, por lo tanto, sus tejemanejes con los tiranos de la Isla-Cárcel no pueden ser censurables. Es que es de izquierdas, el chaval. Que jodío.

Quitándole las puertas al campo

Ese sistema se convirtió en "La Música", cuando no era más que un modo particular de hacer negocio con ella. Un modelo perfecto en su momento, pero que se había quedado obsoleto.

Cuatro grandes discográficas se reparten el 70% de la cuota de mercado y, básicamente, toman las decisiones importantes para la industria. En 1999, cuando Napster fue creado, pudieron competir con él. Una tienda digital con precios bajos podía haber diluido la importancia del invento de Shawn Fanning. Pero decidieron acudir a los tribunales, con el resultado de que la creatividad de otros programadores creó otras redes P2P más eficaces y, sobre todo, más inmunes a los abogados, de las que BitTorrent y eMule son sus últimas encarnaciones. En lugar de acostumbrar a sus clientes a comprarles la música vía Internet, les pusieron unos precios prohibitivos (especialmente si se comparan con la gratuidad) y unas restricciones de copia que denominadas DRM, que les impedían escuchar cómo y dónde quisieran las canciones compradas, algo que sí podían hacer con los CD. Y con la música descargada gratuitamente, claro.

Cuando Steve Jobs puso en el mercado el iPod lo acompañó de una tienda en Internet llamada iTunes. Para ello logró convencer a la industria con un sistema propio de restricciones de copia que, aunque disponía de la mayor flexibilidad permitida hasta ese momento por las discográficas, seguía en clara inferioridad con respecto a los ficheros MP3, que carecían de limitaciones de ese tipo. Pese a la relativa popularidad de iTunes entre las tiendas de música online, Steve Jobs mostró la semana pasada los números del fracaso del DRM en un artículo en la web de Apple: sólo el 3% del contenido de los iPod había sido comprado en ella. Así pues, llegó a la única conclusión posible: ya que es un fracaso, lo mejor sería abandonar esos sistemas absurdos que hacen que un cliente que ha comprado música por Internet pueda hacer con ella menos cosas que quienes se la han descargado del eMule o el BitTorrent sin pagar ni un duro.

Jobs expuso, además, un hecho dramático. El 90% de las ventas de las empresas discográficas, es decir, los CD, carecen de protecciones como el DRM. Y, claro está, la gente los copia, los convierte en MP3 y los comparte en las redes P2P. Sin embargo, las compañías siguen obligando a las tiendas digitales a poner restricciones a los ficheros musicales y a vender a unos precios ridículamente altos. Sus clientes ya se han acostumbrado a descargar música y, lo que es aún peor, han dejado de sentirse culpables por ello al ver como las mismas empresas que quieren venderles música los tratan de delincuentes y hasta los persiguen judicialmente.

Las discográficas no pueden dar marcha atrás al reloj y volver a 1999 para corregir sus errores. Pero pueden al menos intentar salvar los muebles. La decisión de EMI de empezar a vender su catálogo musical en MP3 y sin DRM es un paso en la dirección correcta. Las demás discográficas no sólo deberían imitarlo sino ir más allá reduciendo los precios. Tiendas como AllOfMP3 deberían ser la regla, y no una perseguida excepción. Es la única manera de volver a cobrar algo, aunque sea poco, a quienes ya no se compran un CD ni por equivocación.

Hafnium Valley

Desde hace años venía advirtiéndose que la progresiva reducción de tamaño de los chips de silicio tendría un límite. El mismo Moore anunció que su famosa ley (que afirma que la potencia de los ordenadores se dobla cada año y medio, reduciéndose el precio por unidad de potencia a la mitad) podría dejar de cumplirse en breve debido a la cercanía de ese límite. Así pues, la principal novedad no es que hayan bajado el tamaño del transistor de 65 a 45 nanómetros, pese a ser eso importante, sino que se abre la puerta a mayores reducciones en el futuro, una puerta que con la tecnología tradicional estaba cerrada. Así, Intel ha afirmado que espera llegar a los 32 nanómetros en 2009 y a los 22 en 2011.

La base de los microprocesadores son los transistores, que son los ladrillos con los que se construyen todos los chips. Estos ladrillos tienen, por explicarlo de alguna manera, tres patas. En la primera entra corriente y la segunda actúa de regulador desde donde se le dice si esa corriente debe pasar o no a la tercera pata. Interconectando entre 200 y 300 millones de transistores se obtienen esos prodigios del ingenio humano que son los microprocesadores más modernos de AMD e Intel que actualmente se incluyen en nuestros ordenadores.

El problema con el dióxido de silicio que se estaban encontrando los ingenieros consistía en que, al reducir más el tamaño, se empezaban a producir fugas de electricidad, despilfarrando energía y produciendo calor. Al parecer, el hafnio (empleado en las barras de control de los reactores nucleares por su capacidad de absorción de neutrones) permite funcionar como un aislante eficaz a esos diminutos tamaños. El silicio, no obstante, seguirá siendo el material sobre el que se litografiarán los circuitos, es decir, las obleas plateadas que vemos en fotografías y documentales seguirán siendo fabricadas con ese material, de modo que quizá no haya que cambiar el nombre de Silicon Valley por el de Hafnium Valley después de todo.

Los usuarios no vamos a experimentar grandes avances, sino las mejoras graduales que ya hemos dado por sentadas. Los procesadores consumirán mucho menos en igualdad de prestaciones, es decir, que si se construyera cualquiera de los chips actuales sin tocar el diseño con la nueva tecnología, el resultado sería un microprocesador más pequeño y que se calienta y consume menos. Por supuesto, lo que harán será aprovechar para meter más millones de transistores: 410 en el prototipo que ha presentado Intel. Lo que parece es que esta empresa (que durante un par de años perdió la delantera tecnológica frente a AMD) va a ampliar la ventaja que su Core 2 Duo le permitió adquirir en el mercado. Se calcula que podrá vender sus procesadores con esta tecnología a finales de año, unos seis meses antes que sus competidores. Esperemos a ver cómo contraataca AMD. Bendito capitalismo.

Más fraudes de la SGAE

Hace tiempo logró que un juez con pocos conocimientos sobre las leyes de nuestro país (concretamente la denostada LSSI) fallara en contra de la Asociación de Internautas por albergar ésta en sus servidores el sitio web PutaSGAE. Pese a que la ley exime de responsabilidad a los proveedores de espacio web de los posibles delitos que puedan cometer sus clientes, el juez dictaminó que la asociación debía pagarle 36.000 euros a los titiriteros.

El caso es que la SGAE también obtuvo del juez una orden para retirar de dicha web los contenidos "vejatorios", aunque se daba el caso de que la Asociación de Internautas lo había hecho ya en cuanto tuvo noticia de la demanda. Pues bien, en un escrito presentado al juez, los de "Ramoncín somos todos" afirman que es mentira, que los contenidos siguen presentes y, para probarlo, han impreso las páginas. Eso sí, puede observarse que no las han obtenido de ningún servidor propiedad de la AI, sino que las han sacado del Internet Archive. Y como todo internauta bien educado sabe, ese extraordinario sitio web sirve como una enorme hemeroteca en la que se conserva la historia de Internet a través de las antiguas versiones de muchas de sus páginas. Por ejemplo, pueden ver en ella cómo era Libertad Digital allá por abril de 2000. No soy abogado e ignoro si hacer esto es delito. Pero no cabe duda de que la intención, al menos, es la de engañar al juez para que haga un dictamen injusto.

Y es que parece que esto de engañar a los jueces es una costumbre en tan santa institución. Vean si no la querella que acaba de presentar Apemit, la asociación que representa a las pequeñas tiendas de informática de España. Resulta que, en numerosos juicios contra tiendas de informática en los que se exigía el pago retroactivo del canon en soportes digitales, que no estaba regulado por ley hasta que la Camarada Carmen Calvo Poyatos y la titiritera del PP se pusieron de acuerdo en aprobarla, se presentó un documento impreso en papel oficial de la Universidad Politécnica de Madrid y con el sello en el que se apoyaban las tesis de la SGAE. Según Apemit, la SGAE encargó un informe a un catedrático de robótica (que ya me dirán qué tiene que ver su especialidad con los derechos de autor), cabe suponer que previo pago, y lo fue presentando por todos los juzgados de España como si la institución entera avalara sus tesis. De este modo podría haberle sacado a las tiendas de informática de barrio unos 100 millones de euros.

El asunto de la propiedad intelectual y los derechos de autor da para mucha demagogia fácil. Por ejemplo, comparar al multimillonario David Bisbal y sus propuestas de prohibir el eMule con tantos pequeños y esforzados empresarios que se arruinado debido a la voracidad de la SGAE. O mirar las nuevas sedes que Teddy Bautista va inaugurando por todo el país mientras decenas de pequeñas tiendas de informática han de cerrar para pagarselas. Pero no creo que las empresas sean más valiosas por el hecho de ser minúsculas, más bien al contrario: siempre crecerán más quienes más valor aporten, al menos mientras su crecimiento se realice en el ámbito del mercado libre. Sin embargo, la empresa de recaudación llamada SGAE simplemente se limita a presionar para que se aprueben leyes que legitimen que puedan quitarle su propiedad a otros, y cuando no las tienen se las inventan. Una sociedad sana y capitalista debería deshacerse de semejante parásito.

La titiritera del PP ataca de nuevo

La cómplice de Teddy Bautista ha criticado el plan antipiratería por el que usted y yo pagamos las campañas de la SGAE no porque se malgaste dinero público en esos menesteres, sino porque ha fracasado. Escandalizada por las cada vez más exiguas cifras del cine español, ha acusado a la piratería a través de Internet de ser la responsable de "una caída de espectadores y recaudación del cine español alarmante" y reclamó un pacto con las empresas de telecomunicaciones para luchar contra ese "delito".

Según la inteligencia preclara de la responsable de Cultura del partido de Rajoy, Internet es culpable de que la gente cada vez acuda menos al cine español. Por eso mismo ha aumentado en recaudación y porcentaje el cine estadounidense. No hay más que pasarse por los sitios web con enlaces para descargar películas con eMule o BitTorrent, a las que imagino que cerrará Calvo en cuanto aprueben su ley fascista, para ver que no tienen nada más que películas españolas, mientras que los grandes estrenos de Hollywood pasan completamente desapercibidos, cuando no despreciados y escarnecidos. Mientras grandes masas de fans enfervorecidos se bajan Azuloscurocasinegro, la última de Superman es ignorada vilmente.

Cuando la diputada no está ocupada llamando, literalmente, ladrones y mafiosos a sus votantes, pergeña leyes que ayuden a que una parte importante de la población española, la que copia música y películas para uso personal, cometa un delito que hace medio año no existía. Pero dado que dichas leyes parecen estar redactadas al alimón entre ella y Carmen Calvo, sólo cabe esperar que se les cuelen errores como el que me envía Ana. La nueva ley incluye una disposición transitoria que especifica las cifras que se han de pagar por el canon por copia privada. Primero especifican una cifra distinta dependiendo de si se trata de un DVD de datos o de vídeo, una diferencia que imagino que sólo se podrá averiguar consultando a un astrólogo. Pero lo más gracioso es que para uno especifican un canon de 0,30 euros la hora y para otro 0,70 euros… ¡pero la misma cantidad por minuto, es decir, 0,011667 euros! Será que disponen de un sistema matemático avanzado al que sólo tienen acceso legisladores escogidos.

Mientras las empresas y trabajadores del entretenimiento (culturales, dirán) sigan empeñados en parar el reloj de la historia en beneficio propio, sus acciones tendrán al menos el efecto colateral y completamente involuntario de permitirnos ver qué políticos están a su servicio y no al de sus votantes. Por el momento, no hay muchos que salgan bien parados. Pero pocos podrán presentar una hoja de servicios tan lamentable como la diputada Rodríguez-Salmones.

Por cierto, me dice Ana que el juicio que le ha puesto la SGAE comienza el 15 de enero. Crucemos los dedos.