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Etiqueta: Javier Milei

Votantes y mercados en el círculo virtuoso en Argentina

Por Marcos Falcone. El artículo Votantes y mercados en el círculo virtuoso en Argentina fue publicado originalmente en FEE.

El 18 de mayo, los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires acudieron a las urnas para elegir a los legisladores estatales. La lista encabezada por Manuel Adorni, actual portavoz de la administración de Javier Milei, ganó con el 30% de los votos, superando tanto a los candidatos peronistas de izquierda como a los de Propuesta Republicana (PRO), el partido del alcalde de Buenos Aires. Antes de las elecciones, la mayoría de las encuestadoras creían que Adorni perdería. Sin embargo, el día después de los comicios, en un clima de desaceleración del mercado global, las acciones y bonos argentinos se dispararon.

Pero, ¿por qué? ¿Podría una elección local tener un efecto tan nacional? Parece que los inversores celebran la victoria de Adorni y la interpretan como una señal de que los candidatos de Milei podrían obtener buenos resultados en las elecciones de mitad de mandato nacionales que se celebrarán en octubre. Dado que su partido, La Libertad Avanza, ocupa menos del 15% de los escaños en el Congreso, los mercados anticipan que Milei ganará mayor representación. No necesita una mayoría para ser más fuerte: tener un tercio del Senado lo protegería de un juicio político.

El efecto de las elecciones de Buenos Aires en los mercados es modesto en comparación con la victoria de Milei en 2023. Esto tiene sentido. Mientras que las elecciones de 2023 señalaron un giro radical en la política económica hacia la liberalización, las elecciones de 2025 pueden fortalecer a la actual administración libertaria.

Un contraste con el pasado reciente

Pero lo contrario también ocurrió en Argentina, y no hace tanto tiempo. En 2019, las elecciones primarias dejaron claro que el expresidente Mauricio Macri, un líder favorable al mercado que no logró implementar reformas, perdería frente al candidato peronista Alberto Fernández, un populista de izquierda que desharía el progreso económico de Macri. El día después de las primarias, el mercado bursátil argentino cayó un 48%, un colapso extraordinario, solo superado por el de Sri Lanka durante su guerra civil. El temor estaba ciertamente justificado: en los cuatro años siguientes, Argentina entró en recesión y cayó en hiperinflación.

En La acción humana, Ludwig von Mises dijo que, en una economía capitalista, la gente “vota” en el supermercado y elige unos productos sobre otros. Los inversores se comportan de manera similar cuando eligen creer en los gobiernos y, por lo tanto, compran sus bonos, o cuando compran acciones que son prometedoras solo si el entorno empresarial de sus países es favorable. En Argentina, el optimismo por Milei ha resultado en un mercado financiero alcista que también ha fortalecido el peso, ha reactivado las hipotecas, movilizado el mercado inmobiliario y ha hecho que las ventas de automóviles alcancen máximos históricos, todos ellos efectos tangibles de los que disfruta la población en general. Esta dinámica significa que los votantes refuerzan a los inversores, y los inversores refuerzan a los votantes.

El futuro de la inversión en Argentina

El efecto de las elecciones en los mercados podría ser aún mayor si más argentinos poseyeran acciones. Solo el 5% de los argentinos invierte en el mercado de valores, en comparación con el 55% de los estadounidenses, el 33% de los británicos o el 13% de los españoles. Esta cifra es consistente con el hecho de que los argentinos poseen aproximadamente 277 mil millones de dólares mantenidos completamente fuera del sistema financiero del país, resultado de décadas de intervencionismo y altos impuestos. La administración Milei está intentando atraer a los inversores locales con políticas favorables al mercado, pero aún no los ha convencido del todo. ¿Qué pasaría si más argentinos invirtieran realmente?

Independientemente de la fuente, parece que, mientras Javier Milei permanezca en el cargo, continúe persiguiendo su agenda libertaria y sea capaz de liberalizar la economía argentina, conservará la confianza de los inversores. A partir de 2023, Argentina ha entrado en un círculo virtuoso: los votantes eligen políticas orientadas a la libertad, los inversores responden positivamente, esto causa buenos resultados y más optimismo, y la administración Milei se beneficia de nuevo en las encuestas mientras sigue implementando políticas típicamente impopulares como el ajuste fiscal.

Por supuesto, los problemas internacionales aún podrían sacudir este progreso. La guerra comercial de Trump podría llevar al mundo a una recesión con consecuencias globales devastadoras que descarrilarían a Argentina. Pero, ceteris paribus, los votantes favorables al mercado pueden reforzar la confianza de los mercados, y el optimismo de los mercados puede reforzar la confianza de los votantes. No es solo la administración de Javier Milei, sino también la gente que sigue apoyándolo, quienes están mostrando el camino en Argentina. En los mercados y en las urnas.

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Jesús Huerta de Soto en la Casa Rosada

El pasado domingo 27 de abril de 2025 el profesor Dr. Jesús Huerta de Soto fue condecorado con la Orden de Mayo de la República Argentina en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Se trata de una de las más altas distinciones que entrega el país. Una distinción honorífica que es otorgada a ciudadanos extranjeros como reconocimiento por méritos excepcionales en el ámbito cultural, científico o humanitario.

Su creación fue en el año 1946 y lleva el nombre de Orden de Mayo, en alusión a la Revolución de Mayo de 1810, un hito fundacional en la historia Argentina. Sin duda, un punto de inflexión. Por mencionar algunas personalidades a las que se les ha hecho entrega de esta distinción, la Reina Sofía de Noruega, el Rey Felipe VI de España, o Valentín Paniagua presidente de Perú.

Luego de las palabras (más bien, clase magistral de Economía) del presidente Javier Milei, el profesor Huerta de Soto recibió en mano del primer mandatario la distinción aludida. Y a continuación dio un discurso que quedará enmarcado como otro hito. Otro punto de inflexión en la historia Argentina y muy probablemente de la humanidad.

Por primera vez, en la sede de un gobierno, en el epicentro de un estado soberano, en la Casa Rosada, se pronunciaba un excelso discurso sustancialmente anarcocapitalista.

Libertad o estatismo; el discurso

Sin ánimo de reproducir íntegramente las palabras mencionadas por el profesor Huerta de Soto (puede encontrarse el video entero en internet) se transcribirán a continuación algunas de las ideas salientes de su magnífico pronunciamiento. En palabras del profesor, que solo me limito a transcribir lo más fielmente posible:

En primer lugar, el estado NO es necesario. No solo no es necesario, sino que, además, es científicamente imposible que pueda proporcionar lo que promete a la humanidad.

A nivel popular se confunde la existencia del mismo con el carácter imprescindible de los servicios que malamente proporciona, como ser, carreteras, orden público, hospitales, etc. El estado es una entelequia imposible, que no puede lograr lo que promete. Es imposible que el estado cumpla sus objetivos coordinadores en cualquier parcela del proceso social que pretenda intervenir por cuatro principales motivos:

En primer lugar, el enorme volumen de información que necesita para ello y que se encuentra dispersa o diseminada en los ocho mil millones de personas que participan en el proceso social

En segundo lugar, el carácter tácito, no articulable, y, por tanto, no transmisible de esa información dispersa de forma inequívoca que necesita el órgano de intervención estatal para dar contenido coordinador a sus mandatos.

Tercero, la información que debiera utilizarse no está dada, ni es estática, sino que cambia continuamente como consecuencia de la creatividad humana, siendo imposible -lógicamente- transmitir hoy una información que será creada mañana y que es la que necesita el órgano estatal para que mañana pueda lograr sus objetivos.

Cuarto y último, el carácter coactivo de los mandatos del estado bloquea la actividad empresarial de creación de esa información que es precisamente la que necesita como agua de mayo (como anillo al dedo en castellano argentino) para dar un contenido coordinador a sus propios mandatos

Como si todo esto fuera poco, el otro gran problema es que una vez que existe el estado, es casi imposible limitar su expansión y su poder. Ello es así porque la mezcla del estado como institución monopolista de la violencia, junto con la propia naturaleza humana es literalmente explosiva.

Estas cuatro razones, teorema de la imposibilidad del socialismo o mejor dicho estatismo -sea de izquierda o de derechas-, son trabajadas en profundidad en su excepcional obra Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, que ya cuenta con más de siete ediciones y ha sido traducido a más de 20 idiomas, incluido chino, ruso, japonés y árabe.

El efecto combinado de los grupos de interés, la miopía gubernamental y compra de votos, el carácter megalómano de la casta política y la ceguera e irresponsabilidad de la burocracia irresponsabilidad generan un cóctel explosivo que produce crisis sociales, políticas y económicas que sirven de justificativo para ulteriores dosis de intervención.

Sobre ideas impracticables

Como comentarios finales, habiendo presenciado ese histórico momento, y sobre todo luego de comenzar a escuchar las predecibles repercusiones de algunos sectores de la población, no era de extrañar algunas frases típicas. Sucede que, para quienes escuchan por primera vez estas cuestiones, o bien, para quienes no les es posible imaginar otro mundo, estas palabras les resultan controvertidas.

Suelen expresar frases como que un mundo sin estado es una idea impracticable. Esto es lo mismo que decir, en 1900, que el hombre nunca podría inventar una máquina que vuele, o concebir la idea de un ordenador portátil. Lo que no se dan cuenta es que, justamente, generaciones enteras han sufrido un adoctrinamiento feroz, propiciado fundamentalmente por los ministerios de educación. Los cuales han enseñado a creer en la inexorabilidad del estado.

Por sobre todo, creando ciudadanos obedientes, que no cuestionen su existencia, es decir, sin pensamiento crítico. Personas que voluntariamente se adapten creyendo que el estado es natural, o inevitable. De alguna manera, y parafraseando a Foucault, al fin y al cabo, la conducta se normaliza y, por lo tanto, no pueden advertir (porque no poseen la capacidad) su maliciosa existencia. Pero por sobre todo su existencia autojustificada. Solo Dios es causa y consecuencia.

Existencia innecesaria y autojustificada, tanto desde sus orígenes como hasta los estados modernos de hoy (para ello podemos remitirnos a las obras de Hans-Hermann Hoppe o Franz Oppenheimer sobre el estado). Por eso, muchas veces los estados toman medidas como, por ejemplo, liberar delincuentes, reducir penas a violadores, o abrir indiscriminadamente fronteras, para luego proveer seguridad. Pero, por sobre todo, intervenir en la economía. Es decir, entorpecer el natural y espontáneo proceso social de mercado, a los efectos de querer resolver problemas que el mismo estado generó con carácter previo.

Todas estas medidas intervencionistas son popularmente muy aceptadas por quienes no realizan muchos esfuerzos críticos, ya que cuando la intervención se acompaña de relatos buenistas y con cierta apariencia lógica, cala con fuerza en la sociedad. Se genera así un bucle intervencionista infinito que solo agiganta al estado y acomoda a la casta política. Pero la realidad es otra. Por ejemplo, el chiste de la justicia social, se cuenta solo. Todo el mundo es solidario con el dinero ajeno. Y otros muchos endilgan la culpa a la “naturaleza” del ser humano, pretendiendo dirigir o determinar cómo deberían comportarse todos para que pueda cumplirse su noble ideal. Olvidando, en última instancia, el valor de la libertad. El fetiche y la excitación desenfrenada por la igualdad son otra historia aparte. O somos iguales, o somos libres. No existe otra posibilidad. Sucede que luego dan pataletas cuando se les pone el grillete en el tobillo.

Lo realmente impracticable es la idea de un estado que pueda lograr su cometido. Cada problema político, social y económico existente es una cabal prueba de los fallos de estado constantes e inevitables, por las razones resumidas por el profesor Huerta de Soto. Otra típica frase es “¿y dónde se ha aplicado esto?”, o “¿en qué país no existen los impuestos?”, y todas de similar tenor. No es el objeto de este brevísimo artículo explayarnos sobre estas cuestiones. Después de todo, el estudio profundo de la teoría económica excede por lejos las enseñanzas de la economía mainstream que se da en las universidades, y el estudio de los procesos de mercado en particular aún más.

En la enorme mayoría de las universidades del mundo se “educa” en la creencia estatal. Luego, ¿cómo no va a ser el producto resultante un ciudadano que no conciba un mundo sin su existencia? Pero, más allá de todo, es dable señalar que, justamente, es la existencia estatal la que inhibe la capacidad creativa de las personas para imaginar, concebir, crear nuevas e innovadoras formas de producción de bienes y servicios en un marco de libertad y sin coacción.

La libertad no es un ideario nuevo, todo lo contrario. Ésta está inscripta en el ADN del ser humano. Ya decía Thoreau que el hombre, al igual que la planta, vive conforme a su naturaleza, o muere. Y cabe agregar que la esencia humana es la libertad. En todo caso, la prueba de laboratorio es el estado, y su creencia en él. Las sociedades existen, perduran y prosperan, en todo caso, a pesar del estado. Y no gracias al estado. Es la innata capacidad creativa de las personas la que ha sido el motor de la civilización humana, que en un marco de libertad, y sin coacción estatal o resistiendo a ella, nos han llevado a maravillarnos con las invenciones, bienes y tecnología que hoy disfrutamos.

Nos resulta inconcebible imaginar todo lo que se podría lograr. De la misma manera que a muchas personas hoy les resulta inimaginable una sociedad sin estado. Es un ejercicio mental y de imaginación que demanda mucho esfuerzo, pero que no es imposible. De todas formas, los pasos en la dirección correcta se están dando. Argentina, hoy, faro del mundo libre, se ha puesto de pie. Y no son pocos quienes ya han empezado a salir de la caverna Platónica

Argentina y el FMI, ¿amigos o enemigos?

Por Marcos Falcone. El artículo Argentina y el FMI, ¿amigos o enemigos? fue publicado originalmente en FEE.

Tras poco más de un año en el cargo, los logros de Javier Milei en la estabilización de la economía argentina han sido impresionantes. El equilibrio presupuestario y la desregulación de la economía han impulsado cambios positivos, y ahora se espera que el PIB crezca un 5% en 2025. Sin embargo, los problemas de Argentina distan mucho de haber terminado. Entre los problemas más acuciantes están el pago de la deuda y la rápida sobrevaloración del peso, que suscita inquietud sobre la competitividad del país.

Cuando Milei asumió el cargo en diciembre de 2023, Argentina debía más de 400.000 millones de dólares. De ellos, 44.500 millones -más del 10% de toda la deuda pendiente- se deben al Fondo Monetario Internacional, lo que convierte a Argentina en el mayor deudor con diferencia. Mientras que el gobierno de centro-derecha de Macri solicitó estos fondos en 2018, el presidente de izquierda Alberto Fernández llegó a un acuerdo en 2022 que retrasó los pagos a la administración actual. Este año, se deben al FMI 6.000 millones de dólares de los 18.500 millones adeudados en concepto de pago de la deuda, lo que podría presionar a Milei para que realice nuevos recortes del gasto público, después de haber recortado ya el presupuesto en un 30%, una cifra sin precedentes, en su primer año.

Las negociaciones entre Argentina y el FMI sobre una nueva reestructuración parecen estar en su fase final, y el Gobierno aspira a cerrar un acuerdo antes de abril. Aunque la Directora del FMI, Kristalina Georgieva, ha elogiado «la notable transformación de Argentina» bajo el mandato de Milei, el acuerdo ha tardado casi 15 meses en materializarse. El ministro de Finanzas, Luis Caputo, ha negado los rumores de que el FMI exigiera una devaluación del peso (es decir, una bajada oficial del tipo de cambio de la moneda del país) como condición para desbloquear nuevos fondos, pero las especulaciones sobre la sobrevaloración del peso siguen creciendo entre los economistas.

De hecho, algunos creen que el FMI podría querer que Argentina devaluara su moneda antes de prestarle más dinero, dado el enfoque de «flotación sucia» del tipo de cambio del país y también su largo historial de despilfarro de los recursos prestados. En el entorno típicamente inflacionista de Argentina, el dinero recién impreso tiende a hacer bajar el valor del peso cuando la gente se apresura a cambiar la moneda local por dólares. Sin embargo, los gobiernos pueden vender reservas del Banco Central en divisas para frenar esta depreciación. En el pasado, han recibido repetidamente dólares del FMI sólo para venderlos por debajo de su valor de mercado. De este modo, los gobiernos han apuntalado artificialmente el peso e impulsado el poder adquisitivo local. El propio Milei tuiteó en 2023 que un futuro gobierno (que finalmente fue el suyo) debería revisar cualquier acuerdo con el FMI si la organización seguía prestando dinero al gobierno de Fernández, que utilizó los fondos para manipular el tipo de cambio.

Durante mucho tiempo, los libertarios argentinos han criticado al FMI, al Banco Mundial y a organizaciones similares por permitir políticas intervencionistas y la corrupción. Alberto Benegas Lynch, Jr, un icono libertario citado con frecuencia por el Presidente, ha escrito extensamente sobre la influencia perjudicial del FMI, no sólo en Argentina, sino también en México, Indonesia y Turquía, entre otros países. Con demasiada frecuencia, los préstamos del FMI permiten a los gobiernos posponer las reformas necesarias y acabar con Estados más intervencionistas. ¿Por qué iba a ser diferente esta vez?

El 8 de marzo, el presidente Milei publicó un artículo de opinión en La Nación defendiendo el nuevo acuerdo con el FMI. Argumentaba que los políticos argentinos habían robado a los ciudadanos 110.000 millones de dólares en 25 años al hacer que el Banco Central prestara dinero al Tesoro sin devolverlo. Propuso que los nuevos fondos del FMI se utilizaran para cancelar parte de esta deuda. En su opinión, este planteamiento dejaría inalterado el nivel total de deuda de Argentina.

¿Aceptará el FMI el argumento de Milei y volverá a ser amigo de Argentina? Parece probable. Como su mayor deudor, el país se ha convertido en «demasiado grande para quebrar». Además, Milei no muestra ninguna inclinación a utilizar los fondos del FMI para aumentar el gasto público, y la organización ya ha prestado dinero a gobiernos que apenas trabajaron para recortar el gasto (Macri) o incluso lo ampliaron (Fernández). Dado el historial de Argentina, la preocupación de que un acuerdo permita al gobierno de Milei manipular el tipo de cambio está justificada. Pero que tal manipulación sea posible depende de los términos finales del acuerdo.

Si Argentina y el FMI llegan a un acuerdo, ¿significaría eso que hay que pasar por alto el papel de la crisis del país? Por supuesto que no. Han pasado décadas desde que Henry Hazlitt propusiera acabar con el FMI, pero eso no significa que los libertarios deban abandonar esta causa. Aunque el FMI pueda actuar como amigo de Argentina a corto plazo, a largo plazo sigue siendo una fuente de problemas.

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Un economista francés en las pampas

Por Alejandro A. Chafuen y Leonidas Zelmanovitz

Cuando Javier Milei asumió la Presidencia de Argentina en diciembre de 2023, el país estaba en bancarrota. Llegó al cargo con el apoyo de más del 56 por ciento de los votantes, ofreciendo una visión de política económica libertaria, encarnada en la promesa de dolarizar la economía, algo que la mayoría que lo votó entendía y esperaba.

Sin embargo, la administración de Milei no eligió el camino de la dolarización, al menos no hasta ahora. En cambio, Milei nombró como ministro de Economía a Luis Caputo, un economista de la corriente ortodoxa, ex operador financiero y funcionario del banco central, que aplicó un plan económico muy conservador, centrado en una rígida austeridad fiscal y un estricto control monetario cuantitativo.

Esto sorprendió a muchos, ya que Milei es percibido como un economista influido por la Escuela Austríaca de Economía. La mayoría de los economistas austríacos actuales elegiría una política monetaria de libre competencia de divisas y una política económica liberal.

En nuestra opinión, existen tanto razones políticas como económicas (prácticas y teóricas) para determinar el camino elegido por el presidente Milei, y argumentaremos que el marco teórico que mejor ayuda a interpretar las elecciones de Milei es el enfoque económico propuesto por primera vez por el economista francés Jacques Rueff.

Un desafío abrumador

Es importante no subestimar la gravedad de los problemas que afrontaba Milei cuando asumió el cargo. La inflación anualizada estaba fuera de control, acercándose a la hiperinflación. El banco central tenía obligaciones a corto plazo a tasas de interés estratosféricas que triplicaban la base monetaria. Además, el gobierno nacional registraba un déficit de aproximadamente el 5% del PBI. El riesgo país estaba 2.500 puntos por sobre los bonos del Tesoro estadounidense, y la Argentina se encontraba de facto en situación de impago, con reservas netas negativas de divisas en el banco central. Ni siquiera las importaciones se habían pagado en los meses anteriores, lo que provocó un desabastecimiento de combustible y medicamentos.

La irracionalidad de las medidas económicas argentinas es extensa, con un mercado laboral completamente rígido y una serie de otros males: precios relativos en completo desorden debido a los controles de precios y a una moneda sobrevaluada; un sector público ineficiente que representa más del 40 por ciento del PBI, un porcentaje excepcionalmente alto para una sociedad de ingresos medios. La economía era y sigue siendo cuasi-autárquica, con aranceles a las importaciones extremadamente altos y todo tipo de protecciones a la industria nacional, controles de capital y un sistema fiscal basado en impuestos tarifarios sobre las exportaciones agrícolas y otros recursos naturales como los minerales, uno de los pocos sectores de la economía que aún pueden competir internacionalmente.

Las dificultades políticas a las que se enfrenta el gobierno de Milei son igualmente enormes. La coalición, que tuvo que hacer con un partido centrista, le permite ocupar menos de un tercio de los escaños del Congreso argentino. En el poder judicial, la última palabra la tiene un tribunal supremo compuesto por jueces designados políticamente, y amplios sectores de la burocracia y gobiernos provinciales y locales que son hostiles a cualquier intento de cambiar el statu quo. Dadas estas realidades, podemos afirmar que el plan que está implementando Milei no es el que soñaba aplicar.

Aunque la causa inmediata de la inflación es siempre monetaria, la causa real es siempre fiscal

A pesar de todo lo antedicho, lo está intentando. Las reformas propuestas que requerían aprobación legislativa están en su mayoría estancadas en el Congreso, pero el 28 de junio de 2024 se aprobó una «Ley de Bases» suavizada, que incluye algunas reformas microeconómicas bienvenidas pero insuficientes para atraer la inversión extranjera. Debemos reconocer que la inversión extranjera es difícil debido a la incertidumbre macroeconómica. Muchas de sus propuestas, que fueron objeto de un «decreto de emergencia», fueron declaradas inconstitucionales por los tribunales.

Su administración se quedó con instrumentos muy básicos y limitados para reformar la economía: los impuestos a las exportaciones, la retención del gasto discrecional por parte del gobierno nacional y la manipulación de los tipos de cambio y de interés por parte del banco central. Estas son realmente sus únicas herramientas. Como el personaje televisivo de ficción MacGyver, Milei tuvo que desarmar una bomba de tiempo nuclear con un clip.

Si Milei hubiera tenido más apoyo en el parlamento, las reformas microeconómicas centradas en la oferta y las privatizaciones, podrían haber reducido la recesión causada por la fuerte reducción del gasto discrecional. A falta de ello, las altísimas tasas de interés, medidas en dólares estadounidenses (como hace todo el mundo en la Argentina), y la escasez de pesos en la economía, redujeron drásticamente la demanda interna.

En anticipación a una posible dolarización, la primera medida práctica fue la de suspender en diciembre de 2023 el canje de dólares a la paridad oficial de 400 pesos por dólar. Desde entonces, el precio del dólar oficial es de 800 pesos por dólar más una paridad rastrera del 2% mensual, llevando el dólar oficial nueve meses después (en septiembre de 2024), a 963 pesos por dólar. Aún a este precio la demanda no ha sido saciada, ni siquiera en medio de una sequía total de pesos.

Si se liberaran los mercados de divisas – poniendo fin al «cepo» – para permitir la dolarización de la economía, la demanda de pesos se reduciría significativamente, y la hiperinflación seguiría siendo muy probable.

Muchos argentinos están preocupados por la política económica de Caputo. Desde la devaluación de diciembre, la inflación ha reducido el poder adquisitivo real del dólar. El índice Big Mac recogido por The Economist es la prueba más prosaica de ello: en enero, inmediatamente después de la devaluación, era posible comprar un Big Mac en Argentina por 3,83 dólares, mientras que en Estados Unidos el precio era de 5,69 dólares, con una subvaluación implícita del 33 por ciento. Siete meses después, en julio de 2024, el precio del Big Mac en dólares en Argentina subió a 6,55 USD, con una sobrevaluación implícita de la moneda local de alrededor del 15 por ciento.

Sin embargo, hay consenso en que la prioridad del Gobierno es reducir la inflación. El Banco Central ya no financia al Tesoro. Desde junio se ha impuesto un estricto control cuantitativo y no se emiten nuevos pesos ni siquiera para comprar divisas. Con ello, la inflación se ha desplomado del 25 por ciento mensual en diciembre de 2023 al 4 por ciento mensual desde mayo, a pesar de una recuperación significativa (aunque insuficiente) de algunos precios controlados de la economía, como la energía, las telecomunicaciones, el transporte público y similares.

La interpretación más benigna del plan de Caputo es que el Gobierno apuesta a llevar la inflación a un nivel cercano a cero en 2024 para que la paridad móvil del 2 por ciento comience a devaluar gradualmente la moneda en 2025 antes de empezar a liberar los controles de capital. Esto revitalizaría al sector exportador y a la economía a tiempo para ayudar al gobierno a obtener la mayoría en las elecciones de finales del año entrante.

Supongamos que el gobierno pueda llegar a un acuerdo con la oposición en la legislatura o conseguir apoyo financiero del FMI. En ese caso, el objetivo de inflación cero y tipo de cambio neutro podría alcanzarse sin deflación, sin reducir aún más el gasto público ni expulsar a los prestatarios privados debido a los altos tipos de interés y la represión financiera. Si eso no ocurriera, hay que tomarse el trago amargo, sin azúcar.

Muchos cuestionan la conveniencia de forzar ese trago amargo: la baja de precios reales antes de permitir la flotación cambiaria. Ludwig von Mises, en su seminario, «comparaba a menudo tal proceso con un conductor de automóvil que, habiendo atropellado a una persona, trata de remediar la situación dando marcha atrás, volviendo a pisar a la víctima.»

Un nuevo paradigma

Llegamos así al marco teórico propuesto por Jacques Rueff, que puede ayudarnos a explicar las políticas de la administración Milei. Sostenemos que, lejos de contradecir cualquier lección de la economía austríaca, las ideas de Rueff pueden entenderse como un refinamiento del pensamiento cataláctico, que tiene en cuenta elementos que normalmente quedan fuera del análisis.

Durante el periodo de entreguerras, Rueff fue un economista y funcionario muy respetado en Francia. Durante el gobierno Vichy, Rueff se refugió en una pequeña ciudad del sur de Francia. A pesar de su ascendencia judía, el gobierno del mariscal Petain, padrino de su boda, no lo molestó en absoluto.

Rueff recopiló entonces su obra magna, «El orden social», con algunos textos que había escrito sobre el equilibrio estático en los años 20 y 30, y redactó una nueva hipótesis sobre el equilibrio económico «dinámico». Su enfoque dinámico de la economía se basaba en la aplicación de los derechos de propiedad privada para explicar el valor del dinero y su función central en el mantenimiento del orden social.

Rueff considera que, en la actividad económica regular, la creación de nueva riqueza, ya sea de bienes o servicios, surge a través de la compra a un precio determinado, o sea cuando es reconocida por los demás miembros de la sociedad al comprarla. Esto es lo que «acredita» a los productores de esta riqueza con «verdaderos derechos» que les permite disponer de ellos para la venta en la sociedad.

Por el contrario, a través del proceso presupuestario, el Estado puede crear «derechos ficticios» emitiendo deuda o dinero cuando excedan su capacidad de pagar esas obligaciones con el flujo de ingresos existente. Un tipo de cambio realista (el precio del dinero nacional comparado con el precio de todos los demás dineros) y la tasa de interés (el precio pagado por tener dinero ahora dada nuestra preferencia temporal) son los dos precios más importantes de la economía.

Rueff ve una clara relación entre la disponibilidad de bienes y servicios del lado «real» de la economía y la creación de derechos «verdaderos» y «falsos» sobre esos bienes del lado «abstracto» o «financiero» de la economía. Los desequilibrios en esta relación, causados por la introducción de derechos «falsos», explican la inflación y otras instancias en las que las expectativas de que un crédito contra el gobierno sea honrado a un determinado poder adquisitivo, se ven parcial o totalmente frustradas.

En definitiva, aunque la causa inmediata de la inflación es siempre monetaria, la causa última es fiscal. El gobierno infla los medios de circulación para crear «falsos» derechos sobre los bienes y servicios existentes, que se utilizarán con fines políticos, ya sea para hacer la guerra, pagar a los jubilados, a los funcionarios o a cualquier otro beneficiario de la generosidad gubernamental.

Milei utiliza el término «señoreaje» para describir los ingresos obtenidos por el gobierno nacional a través de los abusos de sus prerrogativas monetarias. Sin embargo, la transferencia al gobierno de bienes reales mediante la manipulación de la oferta monetaria es lo mismo que los «falsos derechos» de Rueff. Darse cuenta de esa verdad fundamental llevó a Milei y Caputo a confiar en la austeridad fiscal para restaurar el orden en Argentina.

Ese marco ayuda a explicar la insensatez de intentar «dolarizar» la economía a un tipo de cambio que no sea el tipo de cambio de «indiferencia» (entre tener pesos o dólares). También ayuda a explicar por qué, muy probablemente, alcanzar un tipo de cambio de indiferencia desencadenaría un proceso hiperinflacionario.

Como en cualquier otro mercado, existe un precio de «equilibrio» para el tipo de cambio. Dado que los bienes que se intercambian en este mercado son dinero, si el mercado funciona a un tipo de cambio distinto del tipo de indiferencia, observamos un desequilibrio monetario. Permitir que el mercado encuentre el tipo de equilibrio provocaría un cambio significativo en los precios relativos; el gobierno perdería ingresos a corto plazo, y los gastos aumentarían significativamente. Es dudoso que el gobierno nacional pueda hacer frente a sus obligaciones sin imprimir dinero. Además, es dudoso que la inercia inflacionista pueda eliminarse sin un plan como el Plan Real brasileño de 1994.

Por supuesto, consideramos que la «dolarización» es «competencia en dinero» y que el gobierno argentino no dejaría de emitir pesos. Argentina sólo podría adoptar una «dolarización» con la eliminación del peso, si tuviera los dólares para comprar todo el M1, si no más, cosa que no tiene. En Hong Kong, por ejemplo, la junta monetaria tiene reservas de más de cinco veces el dinero en circulación.

Por último, aunque la hiperinflación se pueda evitar mediante una combinación de tipos de interés elevados, apoyo del FMI y represión financiera, sin equilibrio fiscal sería sólo cuestión de tiempo hasta que el país vuelva a quebrar, como a finales de los noventa, y la camisa de fuerza monetaria sería abandonada en desgracia.

Rueff vio con sus propios ojos, basándose en su aguda comprensión de los fenómenos fiscales y monetarios, cómo los nazis fueron capaces de recaudar, directa e indirectamente, a través de sus regímenes títere como Vichy, recursos reales de Francia y otros países ocupados para alimentar su maquinaria de guerra. Esto provenía de una población – podemos suponer – que no estaba ávida de pagarles impuestos.

Como por lo general no podía contar con la colaboración de la población de los países que invadía, la Alemania nazi, se vio obligada a emitir «falsos» reclamos sobre los bienes existentes para arrancárselos a quienes los producían.

No estamos insinuando que el nivel de ilegitimidad de un régimen meramente «peronista» sea comparable con la Alemania nazi. El punto es simplemente que Rueff, en Vichy, Francia, fue capaz de ver la mecánica de la extracción de riqueza real de la población por medios monetarios en su forma más cruda. La teoría que desarrolló en este contexto ayuda a explicar por qué, con las limitadas opciones a su disposición, Milei ha empezado a reconstruir una economía liberal en Argentina sobre una base de austeridad fiscal.

Supongamos que consigue llevar la inflación a cero manteniendo un presupuesto equilibrado sin financiación monetaria. En ese caso, podría alcanzarse un tipo de cambio neutro sin desencadenar la hiperinflación y permitiendo la competencia monetaria.

Sin embargo, como muchos, dudamos de la sensatez de la actual política «deflacionista» de represión financiera mediante un tipo de cambio fijo y controles de capital. En eso, Milei y Caputo divergen de la lección más famosa del «conservador monetario» Jacques Rueff. Un tipo de cambio realista (el precio del dinero nacional comparado con el precio de todos los demás dineros) y el tipo de interés (el precio pagado por tener dinero ahora dada nuestra preferencia temporal) son los dos precios más importantes de la economía.

Cuando el gobierno manipula el tipo de cambio y la tasa de interés, se producen distorsiones aún mayores. Véanse los diferentes resultados obtenidos por Francia en 1926, que volvió al patrón oro tras una devaluación del 80%, y los obtenidos por el Reino Unido, que volvió al patrón oro en 1925 a la misma paridad que antes de la Primera Guerra Mundial a pesar de la inflación del 100% durante la guerra.

Al igual que los franceses, Milei puede verse obligado a una segunda ronda de devaluación antes de alcanzar un precio de indiferencia para el tipo de cambio y permitir la dolarización «endógena» poniendo fin a los controles de capital. Puede ser que haya un camino estrecho por delante para justificar todo el dolor económico impuesto a los argentinos sin desperdiciar los resultados positivos ya conseguidos.

¿Es eso lo que Milei quería hacer cuando llegó al poder? Lo dudamos. Sin embargo, como se entiende desde la época de los romanos, «Sator Arepo Tenet Opera Rotas» (el agricultor Arepo necesita arar con el arado que tiene). En una economía cerrada como la argentina, la restricción de recursos es real, y este problema se manifiesta en desequilibrios fiscales que son la verdadera causa de la irracionalidad monetaria. Si las dificultades actuales abren el camino a un reconocimiento más amplio de que los desequilibrios fiscales son la causa fundamental de la inflación, pueden ser una herramienta providencial para ayudarle a salir adelante.

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Del legado de Alberdi a la revolución liberal de Milei

La consolidación del Estado nacional en América Latina en el siglo XIX enfrentó enormes desafíos. Argentina, en particular, experimentó un período de inestabilidad política marcado por la polarización entre federalistas y unitarios, lo que dificultó la implementación de una estructura estatal estable. En este contexto, Juan Bautista Alberdi, joven jurista y miembro de la llamada Generación de 1837, emerge como figura central al presentar soluciones pragmáticas alineadas con las corrientes liberales europeas para reorganizar el país.

La obra “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina”, escrita en 1852, se convirtió en la principal guía para la redacción de la Constitución de 1853, en la que se incorporaron muchas de sus ideas. Alberdi defendió la necesidad de establecer reglas claras y escritas en forma de constitución para limitar los poderes del Estado y garantizar el equilibrio entre las fuerzas políticas. Desde su perspectiva, el poder estatal debe ser contenido a través de mecanismos institucionales que aseguren la libertad individual, la protección de la propiedad privada y la separación de poderes. Por lo tanto, la constitución no era sólo un documento legal, sino una herramienta esencial para prevenir abusos por parte de gobiernos autoritarios y promover la estabilidad política.

Además, Alberdi propuso un modelo que buscaba conciliar el conflicto entre federalismo y centralismo, identificando el federalismo mixto como la solución a la diversidad territorial y política de Argentina. Para él, el federalismo debe ser funcional y pragmático, garantizando autonomía a las provincias, pero bajo un gobierno central fuerte que pueda asegurar la unidad y el progreso nacional. Por otro lado, Alberdi criticó a la Confederación como un sistema demasiado frágil e ineficaz para hacer frente a disputas regionales y amenazas externas. Desde su perspectiva, la confederación representaba una forma de organización precaria, incapaz de establecer la estabilidad necesaria para un país en formación.

La influencia de Alberdi y la Constitución de 1853 trascendió el siglo XIX y sigue resonando en el actual Estado argentino. La Carta Magna, al otorgar al jefe del Poder Ejecutivo la capacidad de implementar cambios prácticos en la sociedad, consolidó un sistema presidencial que combina eficiencia en la toma de decisiones y flexibilidad institucional. Esta estructura permite al gobierno federal liderar reformas y políticas públicas de manera centralizada, respetando el pacto federal con las provincias. Este modelo refleja la visión pragmática de Alberdi, que entendía la necesidad de un poder ejecutivo fuerte para promover el progreso material y social, especialmente en un país vasto y en desarrollo.

Este legado histórico alberdiano cobra nueva relevancia bajo el actual gobierno argentino, presidido por Javier Gerardo Milei, economista austriaco y defensor del liberalismo clásico y el minarquismo. Inspirándose en los principios económicos del laissez-faire, Milei impulsó, en apenas 12 meses, la implementación directa de leyes económicas basadas exclusivamente en el capitalismo liberal. Estas profundas reformas sacaron al país de la pobreza y lo colocaron una vez más en el centro del interés global, atrayendo inversores y capitalistas de todo el mundo. La rápida y eficiente transformación de la economía argentina bajo su liderazgo convirtió a Milei en una leyenda contemporánea, demostrando la viabilidad del liberalismo económico como motor del desarrollo y la prosperidad nacional.

Este artículo explora la influencia alberdiana en la formulación del Estado argentino, centrándose en su visión sobre la necesidad de una constitución como instrumento para limitar el poder estatal, la conciliación entre federalismo y centralismo, el estímulo a la inmigración europea y el impacto continuo de su ideas sobre la organización política y los aspectos sociales del país, culminando en su relevancia en el contexto argentino actual.

El pensamiento político de Juan Bautista Alberdi

La formación del Estado nacional argentino después de la independencia de la corona española enfrentó importantes obstáculos sociales, económicos y políticos. Si bien la emancipación fue un hito importante, Argentina heredó un sistema colonial debilitado, con instituciones incipientes, una economía desarticulada y grandes áreas de territorio prácticamente despoblado. La falta de cohesión nacional y los conflictos entre federalistas y unitarios empeoraron la inestabilidad, generando disputas regionales y fragmentación política. Este escenario se agravó aún más durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, quien tomó el poder con mano de hierro y se convirtió en un símbolo del autoritarismo en el país.

Rosas, al centralizar el poder y gobernar como un dictador, demostró aversión a la idea de una constitución escrita que limitara sus prerrogativas. Desde su perspectiva, el ejercicio absoluto del poder era necesario para garantizar el orden y el control del país, pero tal postura sólo perpetuó el atraso socioeconómico de Argentina. Bajo su régimen, se frenó el desarrollo económico, se debilitó la propiedad privada y se oprimió a la sociedad civil, con frecuentes persecuciones políticas contra quienes se oponían a su gobierno.

En este contexto, Juan Bautista Alberdi surgió como una de las principales voces críticas contra el régimen rosista. Alberdi, representante de la Generación de 1837 –grupo intelectual que defendía la modernización e institucionalización del país– vio en el liberalismo europeo, especialmente las ideas de la Ilustración y los modelos norteamericanos, una salida a la crisis argentina. Su visión iba en contra del autoritarismo de Rosas, lo que lo convirtió en blanco de persecución política. Alberdi se vio obligado a autoexiliarse, refugiándose en Uruguay y, posteriormente, en Chile, donde desarrolló la obra que se convertiría en la base del Estado argentino: “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina”.

Alberdi creía que construir un país moderno y próspero requería instituciones fuertes y una constitución que limitara los poderes del Estado y garantizara los derechos individuales, especialmente la libertad económica y la protección de la propiedad privada. Para él, el atraso socioeconómico de Argentina resultó no sólo del legado colonial y las disputas internas, sino también de la ausencia de reglas claras y estables, que impidieron la consolidación de un orden político efectivo y un entorno propicio para el desarrollo.

Gobernar es poblar

Como solución, Alberdi presentó el principio central de su pensamiento: “Gobernar es poblar”. Creía que la vasta extensión territorial de la Argentina, combinada con su baja densidad de población, era uno de los principales obstáculos al progreso. Para superar esta situación, propuso la inmigración europea como medio para promover el crecimiento demográfico y, en consecuencia, el desarrollo económico. Según Alberdi, inmigrantes de países industrializados no sólo poblarían el territorio, sino que también traerían consigo valores culturales, habilidades técnicas y prácticas económicas avanzadas que impulsarían a la Argentina hacia el progreso material y la modernidad.

El principio de Alberdi, “Gobernar es hacer pueblo”, sigue reflejándose en las marcadas diferencias entre Argentina y otros países latinoamericanos, incluido Brasil y otras naciones de habla hispana. Este fenómeno es visible hasta el día de hoy, especialmente en las grandes disparidades entre Argentina y sus vecinos en términos de arquitectura, cultura y comportamiento político. La valentía argentina para romper con el error ideológico no debería sorprender, incluso si tal ruptura es diametralmente opuesta a todo lo que se había intentado anteriormente, en términos de modelos de gobierno político socialista.

La inmigración europea, promovida por Alberdi, moldeó significativamente la identidad argentina. Mientras que otras naciones latinoamericanas pueden haber estado más influenciadas por colonizaciones masivas o dinámicas poblacionales internas más complejas, Argentina se benefició de una afluencia de inmigrantes europeos que trajeron consigo no sólo mano de obra sino también valores culturales, ideales democráticos y una herencia de sofisticación y organización social. . Esto se refleja en una arquitectura urbana, más parecida a la de las grandes ciudades europeas, y en una cultura política que, históricamente, se distingue por el fuerte aprecio de una clase intelectual y el valor atribuido a la educación, el arte y el debate.

Esta “aristocracia latinoamericana”, como se la puede caracterizar, convierte a Argentina en un ejemplo de nación con una élite culturalmente más refinada y políticamente más comprometida, lo que la pone en contraste con otros países de la región, donde la falta de una base poblacional homogénea y culturalmente más europeizado resultó en una mayor diversidad y, en ocasiones, inestabilidad política. De esta manera, Argentina sigue siendo un reflejo del proyecto de Alberdi, donde la inmigración europea fue la clave para establecer una nación centrada en la modernidad y la sofisticación en el contexto latinoamericano.

La república posible y el federalismo mixto

Alberdi reconoció que la inestabilidad política, exacerbada por los enfrentamientos entre unitarios y federalistas, hacía inviable la implementación de un modelo puramente centralizado o confederativo. Para resolver este impasse, propuso la idea de la “República Posible”, un modelo pragmático de organización estatal basado en el federalismo mixto. Inspirándose en el modelo norteamericano, Alberdi buscó combinar la autonomía de las provincias con un gobierno central lo suficientemente fuerte como para garantizar la unidad nacional y la estabilidad política.

En contraste con el modelo confederativo, que consideraba frágil e ineficaz para hacer frente a disputas internas y amenazas externas, el federalismo albertiano ofrecía una solución equilibrada. Defendió la creación de instituciones representativas y eficientes, con una clara división de poderes y una constitución que sirviera de instrumento de control sobre el poder ejecutivo, garantizando el funcionamiento armonioso del país.

De esta manera, las propuestas de Juan Bautista Alberdi surgieron como una respuesta al atraso socioeconómico del país, agravado por la herencia colonial, el autoritarismo de Rosas y la ausencia de una constitución. Su obra, escrita en el exilio, no sólo sentó las bases de la Constitución de 1853, sino que también propuso soluciones que apuntaban a estabilizar el país y ponerlo en la senda del desarrollo económico y político.

La influencia de Juan Bautista Alberdi y la Constitución de 1853 sigue presente en la estructura política y económica de la Argentina contemporánea. Alberdi, al redactar las bases de la Constitución argentina, enfatizó la necesidad de un poder ejecutivo fuerte que permita que el papel del Presidente de la República haga posibles cambios drásticos sin una mayoría en el parlamento. Este hecho es de tal importancia que resalta las diferencias entre los porteños y los tupiniquins. Un rápido vistazo a lo que sucede en su vecino, Brasil, donde cualquier presidente de la República es de hecho una pieza ornamental en la conducta política del país, subordinado a ministros del Supremo Tribunal Federal y al chantaje del legislativo.

Bajo la presidencia de Javier Milei, electo en diciembre de 2023, Argentina implementó reformas económicas alineadas con los principios de libertad económica y reducción de la intervención estatal, características del liberalismo defendido por Alberdi. Milei impulsó importantes recortes en el gasto público, desmanteló ministerios e implementó políticas de libre mercado, con el objetivo de reducir la inflación y estimular el crecimiento económico. Estas medidas reflejan la búsqueda de un Estado limitado y la promoción de la libre empresa, tal como propugna Alberdi.

Consecuencias inmediatas e impacto de la influencia alberdiana

La promulgación de la Constitución de 1853 representó un hito en la organización del Estado argentino. La incorporación de las ideas de Alberdi permitió la implementación de políticas migratorias que, aunque con limitaciones prácticas, la inmigración europea contribuyó al crecimiento poblacional y al dinamismo económico del país. Otro resultado de las ideas de Alberdi fue la estructuración institucional, que desencadenó la creación del federalismo mixto y la división de poderes, que ayudó a estabilizar el gobierno y contener las disputas regionales. Como resultado de un sistema de gobierno estructurado y con reglas claras, la recién nacida República Argentina logró el progreso económico. Como predijo y planeó Alberdi, las bases legales y políticas establecidas allanaron el camino para inversiones en infraestructura y desarrollo económico, aunque de manera desigual entre la costa y el interior.

Sin embargo, quizás el mayor resultado de las políticas de Alberdi se produjo mucho después de su muerte. El primer año de gobierno de Milei trajo resultados sorprendentes en la lucha contra la pobreza en Argentina, a pesar del contexto crítico heredado de gobiernos anteriores. Al asumir el cargo, Milei se enfrentaba a una alarmante tasa de pobreza del 45,2% y una tasa de indigencia del 14,6%, consecuencias directas de décadas de políticas intervencionistas y desequilibrio económico estructural.

Utilizando las mismas consideraciones prácticas que Alberdi, el presidente Milei implementó, en los primeros meses de 2024, medidas de ajuste y liberalización, como la estabilización fiscal y el control de la inflación. Toda acción y medida económica tiene un plazo. En los primeros meses de gobierno, las reacciones económicas del gobierno anterior se hicieron presentes, provocando que los índices de pobreza aumentaran temporalmente hasta que las acciones implementadas por Milei pudieran comenzar a surtir efecto. Así, a partir del segundo trimestre la trayectoria comenzó a revertirse y las cifras de pobreza e indigencia mostraron una mejora continua. En octubre de 2024, la tasa de pobreza ya había caído al 44,6%, mientras que la indigencia cayó al 11,6%, cifras inferiores a las que dejó el gobierno anterior.

Este avance se produjo gracias a la implementación de políticas económicas basadas en el capitalismo de laissez-faire y la drástica reducción de los déficits fiscales. La firme decisión de Milei de estabilizar la moneda, recortar el gasto excesivo y desregular sectores fundamentales promovió las condiciones para el crecimiento económico y la recuperación gradual del poder adquisitivo de la población, reflejándose positivamente en los índices sociales.

Obviamente, los medios socialistas, en su mayor parte, ignoraron estas hazañas históricas. En lugar de reconocer la reducción efectiva de la pobreza y la mejora de los indicadores sociales, se centraron en las dificultades iniciales derivadas de los ajustes necesarios para corregir los desequilibrios económicos heredados. Esta omisión deja de lado que, en apenas un año, Milei logró alejar al país del riesgo de hiperinflación y default, estabilizar la economía y allanar el camino hacia un futuro de crecimiento sostenible.

El gobierno de Milei no sólo rescató a Argentina de una profunda crisis, sino que también demostró que las políticas liberales, cuando se aplican con seriedad y responsabilidad, pueden transformar la realidad socioeconómica de un país en poco tiempo. El impacto de estas reformas ya ha colocado a Argentina en el radar de los principales inversores globales, consolidando a Milei como una figura histórica y un ejemplo de liderazgo económico eficaz. En resumen, la continuidad de las ideas de Alberdi en la Constitución de 1853 y su aplicación en las políticas actuales de Milei demuestran la persistencia de un modelo que busca conciliar un poder ejecutivo fuerte con la promoción de la libertad económica, apuntando al desarrollo y la modernización de Argentina.

Conclusión

El aporte de Juan Bautista Alberdi a la formación del Estado argentino en el siglo XIX fue decisivo para sentar las bases de un país moderno, basado en instituciones sólidas, un federalismo pragmático y libertad económica. Su visión cristalizó en la Constitución de 1853, que buscaba limitar los poderes del Estado, garantizar los derechos individuales y crear condiciones para el progreso material y social de la Argentina. Sin embargo, este legado liberal a menudo se ha distorsionado o abandonado a lo largo de los años, lo que ha dejado al país frente a crisis económicas, inestabilidad política y pobreza generalizada.

Bajo el gobierno de Javier Gerardo Milei, este mismo legado encuentra su aplicación más fiel en el siglo XXI. Sentado sobre los hombros de gigantes de la Escuela Austriaca, como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, Milei se ha convertido en una referencia histórica mundial, al implementar firmemente los principios del capitalismo de laissez-faire y la doctrina minarquista liberal. Su gobierno, en sólo un año, alejó a Argentina del camino de la hiperinflación, estabilizó la economía, redujo la pobreza y devolvió al país la prominencia como destino atractivo para los inversionistas y capitalistas globales.

Milei, inspirado en el legado del primer gran liberal argentino, Juan Bautista Alberdi, demuestra al mundo que la doctrina liberal es, de hecho, el único camino viable hacia la prosperidad general y la paz entre los pueblos. Su éxito sirve como un rayo de esperanza para todas las naciones que, oprimidas por décadas de políticas intervencionistas y estatistas, buscan un futuro de libertad y progreso económico.

Para Brasil, esta transformación histórica en Argentina deja un mensaje claro: el ejemplo del país vecino debe servir de inspiración para que el pueblo brasileño, mirando hacia el sur, se dé cuenta de que cambiar de rumbo es también la única opción viable. Sólo abrazando los principios del liberalismo clásico Brasil dejará de ser el eterno “país del futuro” y finalmente entrará en el presente y alcanzará la prosperidad que le corresponde.

Bibliografía

ALBERDI, Juan Bautista. Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina. Buenos Aires: La Cultura Argentina, 1915.

FERNÁNDEZ, Daniel. Milei, año 1: Desinflación, presupone estabilidad y recuperación económica. Instituto Juan de Mariana & UFM Reform Watch, 2024.

MARANGONI, Jonás Barradas. Gobernar es Pueblo: La influencia alberdiana en la organización del Estado argentino a mediados del siglo XIX. Tesis de Maestría. Universidade Estadual Paulista “Júlio de Mesquita Filho”, 2007.

MILEI, Javier Gerardo. Discurso de investidura presidencial. Buenos Aires, 10 de diciembre de 2023.

Mises, Ludwig von. Las seis lecciones. São Paulo: Instituto Ludwig von Mises Brasil, 2012.

HAYEK, Friedrich A. El camino de la servidumbre. São Paulo: Instituto Ludwig von Mises Brasil, 2013.

Ver también

El proyecto de Javier Milei para la DOGE: Una motosierra para la burocracia

«¿Cuál es la diferencia entre un loco y un genio? El éxito». Esa frase inicial marcó el tono de la entrevista de dos horas de Javier Milei con Lex Fridman. En ella, el presidente libertario de Argentina reflexionó sobre los primeros meses de su gobierno tras su histórica victoria electoral del 19 de noviembre de 2023.

A Milei se le han llamado muchas cosas, pero sus métodos y su filosofía prosperan bajo escrutinio. En una sociedad libre, ser cuestionado es a la vez un reto y una oportunidad. Lo que distingue a Milei es su capacidad para responder a preguntas difíciles con lógica, pruebas y, lo que es más importante, resultados.

Su retórica anarquista está -como él dice- enraizada en un libertarismo que tiene un «respeto irrestricto por el proyecto de vida de los demás basado en el principio de no agresión y en la defensa de los derechos a la vida, la libertad y la propiedad», una definición defendida por Alberto Benegas Lynch, Jr. y que sigue las ideas de John Locke.

Un modelo exportado

Las reformas de Milei no han pasado desapercibidas en Estados Unidos, especialmente tras el anuncio del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), que dirigirán Elon Musk y Vivek Ramaswamy. En la entrevista, Milei destacó cómo el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado de Argentina, dirigido por Federico Sturzenegger, está desmantelando sistemáticamente el proteccionismo y los privilegios, eliminando de 1 a 5 restricciones económicas diarias.

Este enfoque está llamando la atención en todo el mundo, ya que Musk y Ramaswamy han insinuado la posibilidad de adaptar esta estrategia de «motosierra». Ramaswamy publicó recientemente en X: «Una fórmula razonable para arreglar el gobierno estadounidense: Recortes al estilo Milei, con esteroides».

Una fórmula razonable para arreglar el gobierno estadounidense: Recortes al estilo Milei, con esteroides.

Cuando Milei asumió el cargo, la inflación estaba fuera de control y subía casi un 1% diario. Arreglar el déficit fiscal se convirtió en su principal prioridad, sabiendo que nada más funcionaría sin una solución en ese frente. En sólo unos meses, introdujo cambios drásticos: suprimió más de 50.000 empleos públicos, cerró más de la mitad de los ministerios, recortó las normativas y eliminó las subvenciones.

¿Los resultados? La inflación bajó del 211% interanual en diciembre de 2023 al 107,4% en noviembre de 2024, según los últimos datos de inflación del INDEC. Según Daniel Fernández, de UFM Reform Watch, el gobierno de Javier Milei ha logrado 10 meses consecutivos de superávit fiscal primario: «Entre enero y octubre de 2024, el gobierno argentino acumuló un superávit fiscal primario equivalente a casi el 1,7% del PIB», un cambio notable.

Milei: un ex académico

Como antiguo profesor de economía, Milei destaca en el desglose de conceptos económicos complejos. Al principio de la entrevista, proporcionó una hoja de ruta para los interesados en comprender la economía austriaca con grandes referencias: La acción humana de Ludwig von Mises y Principios de economía de Carl Menger, dos puntos de partida para él. También mencionó a otros pensadores, como Murray Rothbard, Friedrich Hayek, Hans-Hermann Hoppe, Jesús Huerta de Soto, Juan Ramón Rallo, Philipp Bagus y Walter Block, una guía rápida de las perspectivas anglosajonas e hispanas del pensamiento libertario.

Cuando Fridman profundizó y le preguntó por su filosofía económica, Milei respondió: «Idealmente, anarcocapitalista; en realidad, minarquista». Esto resume su enfoque pragmático para reducir el tamaño del Estado a través de lo que él llama «la mayor reforma estructural de la historia de Argentina», siendo realista sobre lo que es posible. Aquí Milei también abordó las críticas de algunos libertarios, diciendo que a menudo caen en la «falacia del nirvana», esperando soluciones perfectas en un mundo imperfecto.

Principales conclusiones

De la entrevista de Milei con Fridman se pueden extraer dos conclusiones principales. En primer lugar, Milei sabe de lo que habla. Demasiados políticos no entienden realmente de economía, pero Milei claramente sí. No se limita a memorizar cifras; explica el razonamiento que subyace a sus decisiones, y tiene sentido. En segundo lugar, las reformas impulsadas por el mercado pueden dar resultados. Contrariamente a la creencia popular o a los consejos de los expertos, estos cambios no necesitan décadas para mostrar su impacto.

¿Llegarán estas reformas hasta la Casa Blanca? Sólo el tiempo lo dirá. Pero por ahora, está claro que el planteamiento de Milei está llamando la atención en todo el mundo. Recomiendo encarecidamente ver o escuchar la conversación completa. Es un debate increíblemente estimulante, especialmente para los entusiastas de la economía deseosos de ver cómo la teoría se traduce en acciones políticas en el mundo real.

Ver también

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalismo (XCVII): sobre Hoppe y Milei

Como supongo que saben los lectores de esta página, el profesor Hans-Hermann Hoppe, ayudante y luego sucesor de Rothbard en su cátedra de la Univeridad de las Vegas, antes de retirarse e irse a vivir a Turquía, ha pronunciado recientemente una conferencia en la que critica algunas de las medidas que ha adoptado Milei en sus primeros meses como gobernante. Medidas que el profesor Hoppe afirma que son difícilmente compatibles con el ideario anarcocapitalista.

Dado que el profesor Hoppe puede contarse entre las primeras generaciones del moderno anarcocapitalismo, con una relación muy próxima al fundador de la escuela, con décadas de servicio a la causa, con numerosas publicaciones y conferencias al respecto, entiendo que algo puede decir al respecto, y que sus reflexiones merecen cuando menos ser debatidas.

Hoppe cumple también con la figura, hoy ya olvidada, del amonestador que nos recuerda la importancia de la lealtad a los principios. Suele ser esta una figura a la que normalmente no se le hace mucho caso, pero si se le escucha y sirve de advertencia para que los recién llegados no se confundan, y piense que todo vale, o que lo que hace un libertario está siempre de acuerdo necesariamente con los principios de la libertad. La ventaja de la edad y de los años de servicio es la que conoce bien el movimiento y ya ha sufrido decepción tras decepción. Y advierte de que no debemos nunca, ni con Milei ni con ningún otro, hacernos ilusiones de que Ancapia está a la vuelta de la esquina.

Incumplimientos en materia económica

De esta forma, si fracasa no nos llevaremos un desengaño y si no, la alegría será el doble. Por otro lado, y esto es parece ser un rasgo de su personalidad, es muy poco optimista y parece tener muy poca esperanza en el desempeño del señor Milei, esto que como vimos puede servir a un sano principio de precaución puede también tener un efecto paralizante sobre cualquier actuación que reclame el nombre de libertaria y que se desarrolle fuera del marco de la ortodoxia académica. Dicho esto creo que conviene comentar un poco los puntos a los que se refiere el profesor Hoppe.

Se centra por un lado en los incumplimientos en materia de política económica, como la falta de avances en el cierre del banco central, o la subida o el establecimientos de nuevos impuestos. También relativiza sus avances en cuanto a la inflación o el control de la masa monetaria. El profesor Rallo discutió estos puntos en un video reciente y en general estoy de acuerdo con él. Javier Milei no puede llevar a cabo reformas más ambiciosas en el ámbito económico, básicamente, porque no cuenta con los apoyos parlamentarios necesarios y muchas de las reformas necesarias precisan de mayorías en el congreso y el senado, de las que no dispone. A pesar de ello, ha conseguido aprobar bastantes reformas. Y, a pesar de lo que apunta Hoppe, se le ve batallador, y con ganas de llevarlas a cabo.

Discurso liberal

Tampoco ha abandonado de momento su discurso combativo, que me parece que puede ser el mejor legado de su mandato. Lo primero que suele abandonar un político que se acomoda al sistema es la expresión de sus principios. Comiemza a reclamar consensos o a relativizar la necesidad de emprender reformas en aras de la estabilidad social o económica. Milei de momento no lo ha hecho aún; o por lo menos no lo he percibido. En el ámbito económico si que percibo una voluntad real de reforma.

Otra cuestión es la de que se refiere a aspectos de política interna y política exterior. El profesor Hoppe tiene razón cuando apunta a que para un anarcocapitalista, por lo menos para los de vieja escuela, lo principal es la cuestión de la guerra y la paz. Y, en segundo lugar, está la cuestión de la descentralización y de la secesión. Escucho a veces los discursos de personas que se definen como libertarias o anarcocapitalistas y que olvidan esos principios o los relativizan. Para ellos el anarcocapitalismo es una suerte de discurso económico ultraliberal en lo económico, peor con el resto de las cuestiones, sobre todo las políticas permaneciendo prácticamente sin cambios.

Descentralización y secesión

Creo que ignoran que cuando los ancap defienden los principios de la economía austríaca, esto es una economía que rechazan por inconsistentes los argumentos socialistas o intervencionistas de la economía mainstream, no lo hacen como un medio para llegar a una sociedad sin estado sino para explicar como funcionaría esta una vez se llegase a instalar, si es que lo es algún día. Esto es, una economía de mercado irrestricta no sería el fin sino un mecanismo con el que la futura sociedad tendría necesariamente que operar. Los mercados y la propiedad llegarían inexorablemente si se estableciese una sociedad ancap pero no son la forma de llegar a ella. De ahí el énfasis de Hoppe en este punto. Y es en este punto don Milei tiene una mayor autonomía, y es donde más se aleja de los principios que establecieron los fundadores.

En el plano discursivo, que como vimos es central, Milei hace muy poca referencia a estos temas. O, por lo menos, no me han llegado. Es cierto que descentralizar la Argentina, o incluso permitir la secesión de sus provincias, no está en la mano del presidente. Requeriría reformas constitucionales de gran calado, que no están en su mano llevar a cabo. No cuenta, como vimos, con mayoría en las cámaras, ni en el Tribunal supremo, ni probablemente ni siquiera en las provincias, ni aparentemente entre la mayoría de la población. Pero no le he escuchado discursos al respecto, en el tono tan combativo que le caracteriza, que apunten en esa dirección.

Un Estado pequeño

Parece centrarse sólo e la economía que es, probablemente, gracias a su formación, lo que mejor conoce. Pero parece no mostrarse especialmente interesado en estos temas, o si lo estuviese parece que quienes se encargan de difundir en los medios su discurso no lo están tanto. La descentralización y el derecho de secesión son centrales porque limitan el alcance geográfico del poder estatal, limitan por fuerza su poder absoluto aunque no lo hiciesen en el relativo.

Un estado pequeño puede ser, cómo no, una tiranía. Hay casos suficientes para corroborarlo. Pero lo sería sobre muy pocas personas, y estas tendrían más medios para combatirla, bien votando con los pies a una jurisdicción más libre, bien combatiéndola desde dentro. Pues por fuerza no contaría con los mismos medios que una grande para adquirir los elementos necesarios para la misma. Sin contar con que el gobernante reside por fuerza muy cerca de la mayoría de sus súbditos y sus fuerzas de represión estarán también necesariamente mucho más cerca de la población.

Represión

Caso como el de la represión en la plaza de Tiananmen, que cumplió hace poco 35 años, fue facilitada porque el gobierno chino trasladó las tropas encargadas de disolver a los manifestantes desde provincias muy alejadas de Pekin, sin lazos personales con los sujetos de represión. En ocasiones, ni hablaban su mismo idioma. En un estado muy pequeño esto no les sería tan fácil.

Además, los estados muy pequeños tendrían casi por fuerza que integrarse comercialmente a través de redes de mercado libre, al ser plenamente conscientes de que la autarquía es imposible; o cunado menos una muy mala solución. Los estados pequeños, de los que Hoppe es un gran partidario, permiten visualizar en la población la idea de que una sociedad sin estado es una realidad factible. Son conscientes de que los bienes y servicios públicos de que disponen son financiados directamente a costa de sus impuestos o trabajo.

Guerra y paz

Pero donde no sólo no se escucha un discurso próximo al ideario de los viejos fundadores es en la cuestión de la guerra y la paz. No sólo es que no se le escuche; es que sus declaraciones y actuaciones parecen ir en dirección opuesta. En primer lugar, incrementa el gasto militar, en tiempo de severos recortes presupuestarios. Entiendo puede hacer motivado por su necesidad de encontrar apoyos entre sectores de la derecha argentina, con los que conformó su plataforma. Pero en consecuencia deja ver que su prioridad es el programa económico, algo que se puede entender, dada la catastrófica situación del pais.

Pero de la misma forma que el mantenimiento del cepo cambiario no es considerada una política liberal, aún pudiendo ser justificada en aras a obtener otros fines, estas medidas de incremento del gasto tampoco pueden ser consideradas libertarias, aún pudiendo ser imprescindibles para mantener la mayoría de gobierno. El gasto en defensa no deja de ser un gasto público, y por lo menos en la teoría es difícil determinar si es o no más necesario que el gasto en universidades o en pensiones. Depende de en que se gaste y de cuanto se gaste, pues no existe un gasto militar en abstracto sino en bienes o servicios concretos, y son de estos de los que cabría discutir su pertinencia. Desde luego, no se ha hablado de privatizar en este ámbito o de buscar formas de defensa más adecuadas a los principios que defiende el presidente Milei.

Política exterior

Otro ámbito que cabría discutir es el de los gestos diplomáticos, que en principio son de carácter simbólico. Corresponden a la figura presidencial y no alteran sustancialmente las cuentas públicas argentinas. Como ya señalamos en algún escrito anterior, uno de los principales aportes de la presidencia libertaria puede ser la visibilización en el escenario político mundial del ideario, de forma que se abra un debate académico amplio sobre sus ideas de política. Los gestos del presidente, como su viaje de apoyo a Israel o su disposición a formar parte de la NATO, pueden ser entendibles de acuerdo a sus visiones personales o de acuerdo con su visión geopolítica de la Argentina en el contexto regional o mundial, pero no parecen tampoco adecuarse a la visión libertaria clásica de lo que deberían ser las relaciones  exteriores de un país, de acuerdo con esta visión.

Pueden ser necesarias de nuevo para conseguir el apoyo de instituciones internacionales como el FMI para financiar sus proyectos de reforma, pero es conveniente también de nuevo advertir que no se corresponden a la visión clásica o contemporánea del libertarismo. Creo que debería matizarse, o incluso hacerlo el propio presidente, para evitar equívocos y que no se confunda su postura concreta con la de los clásicos ancaps, que sea acertada o no, lo que sería otro debate, es la que ha dedicado muchos años y esfuerzos a conformar.

Ver también

El Estado y el orden mundial. Sobre la crítica de Hoppe a Milei. (Alba Merino Roselló).

El Estado y el orden mundial. Sobre la crítica de Hoppe a Milei

Muchas obras de política e historia conciben erróneamente el poder como una «realidad» ajena a las ideologías. El término Realpolitik solo tiene sentido cuando se emplea para calificar la política que se atiene a las ideologías comúnmente aceptadas, en contraste con la que pretende basarse en ideologías escasamente compartidas, las cuales, por tanto, no sirven para fundamentar un sistema duradero de gobierno[1].

Ludwig von Mises. La Acción Humana.

Permítaseme comenzar estas líneas trayendo aquí un discurso pronunciado en la Cámara de los Comunes el 1 de junio de 1829; quisiera emplearlo no solo para cimentar el análisis que procederé a acometer a continuación, sino para presentar y justificar el enfoque que lo preside y orienta.

[El principio de no interferencia es] el principio por el que todas las naciones tienen el derecho de gestionar sus propios asuntos internos como le plazca en tanto no perjudique a sus vecinos; y por el que una nación no tiene derecho a controlar, por la fuerza de las armas, la voluntad de otra nación en la elección de su gobierno o mandatario. [Este principio] debe ser sagrado. […]. Pero, en todos los debates, es de gran importancia llegar a una comprensión clara del significado preciso de los términos empleados en el debate. […]

Si por “interferencia” se entiende la interferencia por la fuerza de las armas, tal interferencia [está vetada a Inglaterra]. Pero, si por “interferencia” se entiende intromisión de cualquier manera y en cualquier medida, exceptuando la fuerza militar efectiva, entonces debo afirmar que no hay nada en esa interferencia que el derecho de las naciones no pueda contemplar en ciertos casos […].

La concepción whig del gobierno

Sin abordar los pormenores de la coyuntura en la que se produjo dicha proclama, el sintagma “ciertos casos” alude a la predisposición del orador a salvaguardar el sistema de free government o free state en cualquier punto de la geografía continental siempre que éste halle en peligro de ser derrocado. Representa, pues, no solo la concepción whig sobre el Gobierno y los principios rectores de las relaciones interestatales, sino también aquella filosofía de la historia predicada como whig que entraña en su seno un ideal de libertad, tanto individual como política.

Tomar el todo por la parte, no obstante, induce a una simplificación que tergiversa la realidad de los hechos, y lo cierto es que, en el propio núcleo de los whigs, educados en la Universidad de Edimburgo, al abrigo de las doctrinas de Adam Smith o Dugald Stewart, existían tantas interpretaciones sobre el principio de no interferencia ―también de no intervención o no dominación― como individuos encargados de la gestión de los asuntos públicos del Gobierno y el Estado, en el marco de una coordenadas temporales concretas.

Así pues, no faltan los trabajos afanados por tratar de dirimir si el orador cuyas palabras he reproducido aquí era o no un verdadero whig, suscriptor, por tanto, del liberalismo al que se adhería el whiggism; se ha examinado su política exterior exhaustivamente para desentrañar su pensamiento político, soslayándose, quizás, el profuso proceso de transformación de las estructuras en las que discurrió la vida de un personaje cuya adscripción ―moral― al liberalismo tanto se ha puesto en entredicho a la luz de sus acciones políticas.

Críticas de Hans Hermann Hoppe a la política exterior de Javier Milei

Hoy como ayer, la práctica se juzga bajo el rigor de la teoría; así, las críticas que Hans Herman Hoppe vertió sobre la política exterior del gobierno de Javier Milei en la decimoctava edición de la ronda de conferencias organizada por la Property and Freedom Society, traslucen esa ineluctable tendencia humana a la catalogación, a analizar la obediencia ― o desobediencia― de unos principios teóricos en la ejecución de acciones que, por todo lo demás, han de ser coherentes y consecuentes con aquéllos.

Hoppe le recordó al presidente argentino que, siendo la guerra, la paz y las relaciones exteriores “the biggest of all questions for a libertarian”, una política exterior predicada como libertaria se ha de basar en los principios de neutralidad y no interferencia; en puridad, los tres puntos cardinales de las críticas que el autor anarcocapitalista despacha contra un presidente que se muestra al mundo como seguidor de sus tesis y planteamientos ― y también de los de Murray Rothbard― solo pueden entenderse a la luz de ese axioma.

Así, 1) los vínculos entre Milei y las estructuras que vertebran el orden mundial desde 1945 bajo la hegemonía preponderante de Estados Unidos; 2) el compromiso de estrechar lazos entre Argentina y la OTAN; y 3) el refuerzo de las fuerzas militares nacionales, suponen cuestiones que Hoppe interpreta teniendo presente qué significa el principio de no interferencia para un libertario tanto en el orden interestatal como en el meramente individual. La base ontológica de dicho principio, empero, remite a una noción que, aunque replique en el estrato de las relaciones interestatales, nace en el orden más elemental y natural de un individuo, y que no es otra que la noción de libertad individual.

Lo que este artículo no es

De ahí, la breve reseña histórica con la que he iniciado esta exposición y en la que vengo a apoyarme para justificar que mi objetivo aquí no es someter a análisis las críticas de Hoppe; juzgarlas de inmerecidas o justas; tampoco, emprender un manido examen que me haga intérprete de la política exterior de Milei en términos de liberal-libertaria, liberal-clásica o, como algunos gustan decir, liberal-whig. Resulta evidente que, en su fuero interno, Milei profesa un tipo de liberalismo; cuestión aparte es si sus acciones se corresponden con las ideas con las que comulga; y la defensa que muchos harán del presidente se reducirá a señalar ― con bastante lógica― los constreñimientos ante los que se encuentra la ejecución de su acción política a modo de exculpación.

Por todo ello, considero que carece de valor tratar de determinar si la política exterior del presidente de Argentina es o no liberal; de la misma manera, las críticas de Hoppe solo pueden justificarse bajo un análisis meramente teórico en el que se sometan a examen la coherencia y correspondencia entre la teoría libertaria que, entre otras obras, Hoppe expone en Monarquía, democracia y orden natural, y aquellas acciones que, impulsadas por un determinado tipo de ideas, acomete Milei en el diseño y ejecución de su política exterior.

Lo que sí pretende

Tal enfoque resultaría redundante e innecesario. En su lugar,

  • considerando los tiempos en los que Milei asume la presidencia argentina como de transición ― como en la década de 1830 ―; y
  • habiendo señalado la última instancia de la que emana el principio de no intervención ― la concepción de libertad individual―,

acometeré un análisis del primer discurso que el argentino pronunció ante la ONU el pasado 24 de septiembre en la 79ª Asamblea General en el marco de la Cumbre del Futuro. En ella, Milei, en representación de la nación argentina, no solo rechazó la adhesión al Pacto para el Futuro, sino que también proclamó una Agenda de la Libertad con igual vocación de desplegar efectos en el mañana.

Tomando como base el principal elemento de las críticas de Hoppe, relativo al principio de no intervención, mi propósito, pues, es tratar de responder a la cuestión de si la oposición de Milei ― y el gobierno argentino ― al globalismo ideológico, condensado tanto en la Agenda 2030 como en su sucesor, el Pacto para el Futuro, y al que el presidente se refiere como wokismo, entra en contradicción con ese asenso que, como bien ha señalado Hoppe, hace del globalismo geopolítico ― imperialismo estadounidense para Hoppe―.

El statu quo

Tomaré por tal el statu quo contemporáneo que equilibra Occidente, presidido por i) la moral del multiculturalismo; ii) la política y cultura de masas; iii) la forma política del Estado del Bienestar; iv) la noción de gobierno administrativo; y v) las Organizaciones Internacionales. A mi juicio, habría que añadir un sexto pilar que, en la actualidad, solo acierto a intuir, y que es la mitificación de la libertad, un elemento que alude a la banalización de la misma, al vacío de su significado y, en último término, a su anulación e inoperancia, pues, si hasta a la tiranía se le puede llamar libertad, ¿qué es ésta, si no, un mito?

En la aludida intervención de Hoppe, éste afirma que aprecia una evolución en Milei, que ha pasado de adoptar una postura anti estatista, a otra meramente antisocialista. Puede adelantarse ya y sostenerse que esta evolución cristaliza en el discurso que me propongo estudiar: Milei asume y valida la operatividad de las estructuras estatales; no las niega; y ello me permite establecer esa relación que hago entre globalismo ideológico y globalismo geopolítico, y que impone considerar, específicamente, las formas/modelos de Estado que el presidente desaprueba y las que ratifica, y así poder llegar a una aproximación del concepto de libertad individual que Milei baraja y erige en el sustrato de su Agenda de la Libertad.

La postura de Milei ante el orden interestatal

Porque la noción de libertad individual es, ciertamente, la única idea fuerza que penetra y permea en todos los órdenes que rigen la vida del ser humano, desde el entorno más directo e inmediato, hasta aquél que erigen las relaciones a escala planetaria, presididas, aún hoy, por el ente del Estado, él mismo, un modo de pensar la libertad en sociedad. Aprehender el concepto que Milei baraja de esta idea da mucha cuenta, no solo de su acción política, tanto interior como exterior, sino también, y principalmente, del estado en el que se encuentra el liberalismo en una etapa transicional como la que nos concierne.

Cinco son las partes en las que es posible dividir el discurso de Javier Milei ante la ONU, en el que aborda tres cuestiones como son la paz y la seguridad; la degradación de las estructuras de la comunidad interestatal ante el desprestigio de una ideología ― aquélla coagulada en la Agenda 2030―; y la conciencia de una transformación de los tiempos.

Así pues, es en la sección meramente introductoria, en la que se presenta definiéndose como “un economista liberal libertario […] que fue honrado con el cargo de presidente de […] Argentina frente al fracaso de [las] políticas colectivistas”, en la que expone los dos ejes de su intervención, a saber, el rechazo a medidas políticas “colectivistas”, subsumidas en la Agenda 2030, y la presentación de los valores que regirán la propuesta de una alternativa que ofrece a su audiencia y que es, al fin y al cabo, el núcleo de su alocución.

El concepto de libertad de Javier Milei

A continuación, la segunda de las partes es un repaso a los orígenes de las Naciones Unidas; es en el relato que hace de los mismos donde hay que situar el juicio que emite Hoppe y que presenta a Milei como “unaware of revisionist history”. Esta percepción del alemán es el principal cimiento de su desaprobación a una relación entre un individuo que se dice libertario y las élites que hoy integran el imperialismo estadounidense y que, en cuanto que imperialistas, se muestran belicistas y, por ende, con tendencia a la intervención.

Sin duda, resultaría sumamente sugestivo detenerse en este relato que expone Milei para contrastarlo con la visión de la Historia que Hoppe sostiene en su artículo The Libertarian Quest for a Grand Historical Narrative o, además de la obra citada más arriba ―sobre todo, en la introducción―, en A Short History of Man; mas, dado que mi objetivo es desentrañar el concepto de libertad que maneja el argentino, subrayaré al respecto que, entre una visión y otra de los acontecimientos históricos, especialmente, de los más recientes de la Historia Contemporánea, aquello que se pone de manifiesto es esa dicotomía entre dos planteamientos:

Libertad concebida manera negativa

Es la propia de la doctrina hobbesiana; replicada por el liberalismo utilitarista de Bentham y que refiere a la libertad de acción, esto es, a la posibilidad de hacer todo cuanto no esté prohibido o regulado, entroncando con el positivismo jurídico, con la producción legislativa y, por tanto, con el artificio del Estado, nacido de un teórico contrato social con elque, según Hobbes, desaparece la ley natural.

En ese contrato social, la obediencia al soberano, que pacifica los conflictos ― faceta política de la soberanía― creando leyes ―faceta jurídica de la soberanía―, la libertad en la sociedad no es, ni más ni menos, que la prescrita por aquél; pero el individuo siempre será libre, puesto que, aunque sea dentro de los márgenes de la legislación, conserva capacidad de acción, y si decide no acometer una acción prohibida, por más que le apetezca, sigue siendo libre en tanto ha decidido, mediante un proceso racional, seguir el mandato del soberano.

Libertad concebida positivamente, basada en la ley natural

Proclama que los individuos nacen libres; esa libertad dada en llamar natural ―inalienable―, empero, se manifiesta en sociedad cuando las estructuras que dominan el entorno la reconocen garantizándola a través del Derecho. Refiere al poder pre-político, al estatus de persona libre por el mero hecho de serlo, de ahí que se priorice el establecimiento de un gobierno de las leyes y no de los hombres, esto es, que el reconocimiento del estatus de libertad de los individuos no quede al albur de la voluntad de aquél que detente el poder, sino que quede garantizado en el seno de una comunidad que conoce las leyes naturales, aplicadas según sus usos y costumbres, y donde el soberano sea, por ende, político, pero no jurídico.

Es decir, que ordene y pacifique conflictos, pero no evitándolos a priori mediante la creación de leyes nuevas, sino que los ataje cuando se produzcan a través de la revisión de las ya existentes de manera espontánea. Es la idea subyacente en el free government que, además, reconoce al hombre como animal político.

Todo ello puede observarse en el elemento que le servirá a Milei para justificar su postura ante la Agenda 2030 que deplora: incide en que la Declaración Universal de los Derechos Humanos es la razón de ser de la ONU, y afirma que ha sido la negligencia de la Organización en atender su observancia lo que le lleva a desligarse de la nueva agenda global, con la que se seguiría incurriendo en dicho error.

Los Derechos Humanos

Le atribuye, pues, a la ONU la defensa de la máxima de que “todos los seres humanos nacen libres e iguales, en dignidad y derechos”:  

[…] quiero aprovechar para […] alertar a las distintas naciones del mundo sobre […] el peligro que implica que esta organización fracase en cumplir su misión original. […] Ha sido precisamente la adopción de esa Agenda [la 2030], que obedece a intereses privilegiados; el abandono de los principios esbozados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, lo que tergiversó el rol de esta institución y la puso en una senda equivocada. Así, hemos visto cómo una organización que nació para defender los derechos del hombre ha sido una de las principales propulsoras de la violación sistemática de la libertad […].

Milei identifica, así, a lo largo de su discurso, la doctrina de los derechos humanos con el derecho a la vida, la libertad y la propiedad, pero también con la igualdad ante la ley, un axioma que, como nos recuerda Dalmacio Negro, es un vestigio de una de las formas históricas del Estado: el Estado de Derecho. Como todo en la Historia, los cambios no se producen de un momento a otro; el sujeto histórico no aprecia esos cambios como una disrupción, sino que asume e integra las transformaciones de manera paulatina y natural.

Es el historiador el que categoriza las sucesivas etapas históricas. Algo similar, pues, ocurre con la Historia de las formas de Estado: no representan compartimentos estancos, nítidamente diferenciados, sino que están integradas por usos, modelos y prácticas que van solapándose unos con otros hasta cristalizar en una forma a la que el historiador se encarga de dar nombre.

El Estado de derecho

Así, el Estado nació para garantizar la seguridad; en la persecución de su objetivo, y bajo la forma de Estado de Derecho, busca acabar con los conflictos que surgen en el seno de una comunidad apoderándose de ella mediante la prescripción de normas que, en última instancia, presentan una profunda carga moral. El Derecho, cuya esencia es orgánica, naciendo de la comunidad de manera espontánea, pertenece a la comunidad; se diferencia de la Legislación, cuya esencia es técnica y artificiosa, y pertenece al Estado, que nace para acabar con los conflictos y, sin pretenderlo, anula la vida política, que es la esencia de la libertad.

El Estado de Derecho, basado en la igualdad ante la ley, tiende a prescribir y regular pautas de conducta social, regulando, pues, la moral de la comunidad para acabar con los conflictos. Y, así, ampararse en los derechos humanos, una abstracción de fuerte carga moral y cultural, producto de la Legislación de corte estatista, es fruto de una concepción negativa de la libertad.

A la preservación de esta tríada de derechos, bajo la garantía de la igualdad ante la ley, Milei le atribuye esa paz que predica como “global”y que descansa en la cooperación política entre Estados. Hete aquí, además, una nueva discrepancia con Hoppe, pues, aunque éste no lo exprese en la conferencia de la Property and Freedom Society, la cooperación que el alemán presume ordenadora de un orden anarcocapitalista emana de la cooperación que deriva de la división del trabajo, según la consideración praxeológica de Mises.

O comercio o balas

Así pues, al menos en esta alocución del argentino, Milei invierte los presupuestos: el comercio y la integración económica solo son posibles en un contexto de estabilidad política; el círculo se cierra como exponen las palabras del propio presidente:

[Tuvimos] 70 años consecutivos de relativa paz y estabilidad global bajo el manto de un orden que permitió al mundo entero integrarse comercialmente, competir y prosperar. Porque donde entra el comercio no entran las balas, decía Bastiat, porque el comercio garantiza la paz, la libertad garantiza el comercio, y la igualdad ante la ley garantiza la libertad.       

Aquí se desprende que el núcleo de la paz ― ausencia de conflictos― es, consecuentemente, la igualdad jurídica, a la que liga la libertad. Y especial énfasis ha de hacerse en que, en relación con todo ello, Milei invoca una profecía bíblica según la cual el fin último de la historia de las naciones es la paz, el fin de la guerra; de consecuencia, acaba afirmando que la ONU representa “una organización que había sido pensada esencialmente como un escudo para proteger el Reino de los Hombres […]”. Es ésta una cuestión sobre la que volveré al abordar la cuarta parte del discurso, pero que conviene dejar ya planteada.

A continuación, dedica la tercera de las partes en exclusiva a abordar el descarrilamiento de la ONU de su senda original. Lo hace desglosando el modelo que ha traído consigo la implantación de la Agenda 2030; y es en este marco donde invoca, por vez primera, a los Estados-nación. Éstos son otra forma histórica del Estado, simultáneo al Estado de Derecho. Al respecto, puede decirse que la forma actual del Estado del Bienestar, sobre la base de la justicia social, presenta una amalgama de elementos doctrinales de las anteriores, a saber: una concepción de la soberanía asentada en la idea de nación; la atribución de la autoridad o legitimidad de esa soberanía a la opinión pública, asentada en la cultura conformada por las ideologías; y la igualdad ante la ley como salvaguarda de la libertad política/colectiva/en la comunidad.

Justicia social

Es de sobra conocida la postura de Milei respecto a la idea de justicia social; no redundaré en ella. No obstante, en este discurso en particular, parece claro que Milei se opone, en puridad, al Estado del Bienestar, una oposición implícita en el calificativo “socialista” con el que adjetiva ese modelo que “pretende solucionar la pobreza, la desigualdad y la discriminación con legislación”. La única igualdad que reivindica es la de la igualdad ante la ley, factor del que hace depender una prosperidad que ahora se abstiene de predicar como económica, material y/o social:

Porque la historia del mundo demuestra que la única manera de garantizar la prosperidad es limitando el poder del monarca, garantizando la igualdad ante la ley y defendiendo el derecho a la vida, la libertad y a la propiedad de los individuos.

Por ende, y esto es importante subrayarlo, en términos estrictos, aquello que viene el presidente a repudiar es la expansión de los márgenes de la soberanía del Estado; es decir, denuncia públicamente el desbordamiento de la soberanía nacional que legitima el Estado-nación. En suma, para él, el Estado-nación viene a ser una suerte de sinónimo de Estado de Derecho, dado que, aunque no menciona nunca esta forma, su mención expresa al Estado-nación y el celo con el que convierte a la igualdad ante la ley en un presupuesto sine qua non de la libertad, revelan que Milei concibe al Estado-nación como forma en la que se fusionan las virtudes que reconoce a la seguridad jurídica y a la existencia de la nación. Rechaza, así, un Estado de “gobernanza supranacional de burócratas internacionales, que pretenden imponerles a los ciudadanos del mundo un modo de vida determinado”.

Soberanía nacional y Estado-nación

Esta cosmovisión política de Milei, inserta en el modelo de Estado-nación que defiende, precisa 1) de la legitimidad que le concede la autoridad que emana de esa nación que se expresa a través de la opinión pública; 2) de un alter-ego o enemigo del que se vale para definir el particularismo que le otorga el espacio, del que depende su operatividad; y 3) de una ideología con la que no solo prescribir pautas de comportamiento a la población para evitar conflictos internos, sino también para demarcar el espacio propio y de otros Estados-nación, esclareciendo los confines de su soberanía. Esto devuelve un silogismo que ilustra la competencia por el espacio de los Estados, fuente no solo de su riqueza, sino también de su propia existencia.

Así, la preocupación que Milei expresa en el conjunto de su discurso en general, pero en esta tercera parte en particular, se debe al socavamiento de la soberanía nacional por una ideología determinada. Mas, como se desprende de sus palabras, se trata de una ideología que no solo impone una moral ― “woke”, en palabras del presidente―, sino que también entraña un mandato a adoptar un posicionamiento geopolítico, de reordenación de los Estados-nación en el conjunto de la comunidad interestatal:

Así estamos hoy con una organización impotente que […] invierte tiempo y esfuerzo en imponerle a los países pobres qué, cómo y deben producir, con quién vincularse, qué deben comer y en qué creer, como pretende dictar el presente Pacto del Futuro.

Una Agenda de la libertad

Pese a la ambigüedad, el sintagma “con quién vincularse”, inserto en esta queja, alude, cuando menos, a una voluntad por desligarse de una ideología que, ya sea representada en la Agenda 2030, en el Pacto del Futuro o en el wokismo, con su moral conduce a una alianza estrictamente geopolítica. De este modo, se inicia la sección dedicada a presentar el posicionamiento argentino que será, consecuentemente, a la par ideológico y geopolítico; se nos presenta, así, la Agenda de la Libertad, vertebrada sobre las ideas de la libertad,  

[…] esas ideas que dicen que todos nacemos libres e iguales ante la ley, que tenemos derechos inalienables otorgados por el Creador, entre los que se encuentran el derecho a la vida, la libertad y la propiedad.

Hete aquí la mayor de las confusiones que comete Milei. Como ya he subrayado más arriba, no escatiman las referencias bíblicas en esta alocución; al margen de consideraciones morales del orador basadas en una determinada fe religiosa, denotan que el presidente invoca una divinidad externa al mundo de los hombres, a la que señala como la fuente de los derechos que cualquier individuo ha de disponer por el mero hecho de serlo.

Una fuente semejante, así prescrita, aparecería asociada, inexorablemente, a la libertad concebida de manera positiva, dado que refiere al ámbito de la pre-política, a un orden natural, espontáneo y orgánico; empero, obsérvese que Milei enuncia, antes de nombrar al “Creador”, ese axioma que, llegados a estos extremos del discurso, puede sostenerse que representa la principal máxima de la que se erige en defensor y exponente, y que no es otra que la igualdad ante la ley.

Javier Milei, minarquista

Así las cosas, y de acuerdo con la exposición argumentativa que he ido trazando, una igualdad concebida en términos jurídicos presupone la existencia de un orden regido por la premisa de que la libertad es aquello que establece la ley. Ley, entendida como voluntad de aquéllos que poseen la capacidad de crearla, de legislar. Si la libertad ha de ser definida por la voluntad de los hombres, carece de sentido apelar a ninguna fuerza ajena a ellos; de lo que se sigue que Milei está barajando, en todo momento, la concepción negativa de la libertad.

Es este eje el que articula, en definitiva, la doctrina de la Agenda de la Libertad, condensado en la siguiente proclama:

Creemos [los argentinos] en la defensa de la vida de todos; creemos en la defensa de la propiedad de todos; creemos en la libertad de expresión para todos; creemos en la libertad de culto para todos; creemos en la libertad de comercio para todos, y creemos en los gobiernos limitados, todos ellos.

Ciertamente, Milei se está refiriendo al Estado mínimo, aun cuando lo mencione como “gobierno”; mas este Estado mínimo no es aquél que se abstiene de ejercer una injerencia abusiva en la fiscalidad y en la vida privada de los individuos, limitándose a las prescripciones de la legalidad, sino aquél cuyo espacio sigue circunscrito a los confines de su nación. Se trata de una confusión ― tomar Gobierno por Estado― que, sin embargo, en el conjunto del discurso, resulta coherente, ya que el principal propósito del presidente es establecer una contraposición de modelos, tanto de carácter ideológico como geopolítico.

Un proceso de cambio profundo

Y es que Milei, antes de enunciar la doctrina de las “ideas de la libertad”, subraya que éstas son fruto de “un proceso profundo de cambio” que ha experimentado Argentina, y que parece señalar como síntoma del agotamiento del wokismo en el seno de este país, un síntoma que también replica en el exterior.

No queda claro en el discurso del presidente dónde sitúa el origen de esta decadencia, si dentro de las fronteras argentinas o fuera de ellas; probablemente, porque, en tiempos de una agudización de la globalización que acelera los cambios, los límites se vislumbran imprecisos y confusos. Sea como fuere, lo cierto es que este viraje en Argentina lo induce a adoptar una “conducta internacional”, esto es, no solo a orientar el cambio dentro de sus fronteras, sino a hacerlo igualmente fuera de ellas, reordenando la esfera argentina y participando también de la reordenación interestatal. 

Las ideas de la libertad

De este modo, como puente entre la cuarta parte y la quinta, se observa que el presidente reconoce que las ideas solo trascienden si aparecen acompañadas de la acción, y, tratándose de unas ideas con vocación de confrontar otras que se han visto reproducidas tanto en el orden de cada país, como en aquél que integra la comunidad interestatal, sostiene que, “[la doctrina de las ideas de la libertad,] tiene que ser apoyada en los hechos, diplomáticamente, económicamente y materialmente, a través de la fuerza conjunta de todos los países que defendemos la libertad”.

Ello supone, pues, un llamamiento a la cooperación política sobre la base de una ideología que, así, se resuelve en una alianza geopolítica. Se llega, de este modo, a la última sección de su discurso, toda ella, una declaración de la postura argentina en un orden interestatal que Milei, a lo largo de su intervención, define por el proceso de cambio en el que se halla inmerso, reivindicando una forma política al amparo de una nueva ideología que pasaré a analizar a continuación.

Globalismo: ideología y geopolítica. Conclusiones finales

La comunidad interestatal, como en el siglo XIX, presenta un régimen multipolar revestido de bipolaridad. Quiere ello decir que son varias las potencias[2] las que se disputan la hegemonía del orbe, mas, la existencia del Estado-nación, aun agonizando entre estertores, con los presupuestos de los que requiere para mantenerse en pie ― destacando el de la ideología y la necesidad de un alter-ego―, incita a la bipolaridad, a la existencia de dos bloques caracterizados según una ideología. Ya se ha dicho que el Estado solo puede existir en un espacio concreto, y, aunque tienda a expandirse por todo el orbe, siempre requerirá de un enemigo que justifique su existencia; si carece de un alter-ego, su razón de ser, basada en la neutralización de la política, esto es, de los conflictos entre los hombres, dejará de resultar operativa.

Resulta, empero, que las grandes ideologías se hallan en una fase de estancamiento, cuando no de claro retroceso y agotamiento. Éstas son fruto de la secularización de los tiempos, que ha inducido al hombre a dar sentido a su existencia amparándose en alguna de las distintas corrientes ideológicas que han surcado las diferentes etapas históricas. Precisamente, la doctrina de los derechos humanos, paroxismo de la secularización extrema de una de estas corrientes, acentúa el carácter particularista de los colectivos que han surgido bajo su manto, dificultando la vocación con la que nació el Estado. Hoy proliferan los colectivos[3] más variopintos; todos ellos, desarrollando su polilogismo[4] particular que hace que los intereses en el seno de cada Estado sean irreconciliables y confusos. Y todos estos polilogismos trascienden cualquier tipo de frontera en el seno del multiculturalismo, corolario de la globalización.

La doctrina woke

La inoperancia, pues, de la estructura estatal se hace evidente, dado que el Estado ha perdido la fuente de su autoridad, de su legitimidad, de aquélla que le concedía y reconocía su soberanía, y que no era otra que la idea de una nación política acotada a los parámetros de una opinión pública moldeada por una gran ideología. La clave de la transición de estos tiempos que corren pasa por la búsqueda de una autoridad que ordene las comunidades que quedarán desnudas cuando el Estado caiga, caída que resultará de su inoperancia. Falta, pues, un ethos, un modo de pensar la vida en común; y es esta vida en común la que hay que concebir a partir de una idea de libertad individual.

Por todo ello, puede concluirse que, si bien el Estado sobrevive, aun con dificultades, es la forma del Estado-nación la que está periclitada. Y, aunque Milei la invoque, con su denuncia hacia la degeneración de la ONU por haber adoptado el wokismo, lo que hace es invocar una nueva forma política, aún por determinar. Al fin y al cabo, la ONU fue configurada por los Estados-nación; si Milei la acusa de degeneración, implícitamente está criticando a esos Estados-nación que, a su juicio, la pervirtieron con una ideología equivocada.

No repara, empero, en que son los efectos de esa doctrina de los derechos humanos los que han disuelto las costuras del Estado en general, y del Estado-nación en particular; por ello, el andamiaje del Estado se muestra quebradizo, mientras que, por otro lado, carece de sentido un rearme del Estado-nación.

Qué es el ser humano

Así, propuestas como la Agenda de la Libertad de Milei lo que vienen es a asentar el terreno para construir una nueva forma política a través de la refundación de la idea de nación, tanto social ― defendiendo qué es la comunidad en la que se inserta el individuo ― como política ― configurando el tipo y grado de soberanía que se le ha de atribuir―. En última instancia, tal tarea conlleva volver a replantearse qué es el ser humano, cuya naturaleza se divide y diluye entre colectivos que atomizan al hombre, a la vez lo que someten a los rigores del polilogismo que cada uno suscribe. Y de ese replanteamiento depende la construcción de la comunidad y del sujeto político.  

En el plano global, los términos de la situación son muy diferentes. Lo cierto es que, aunque dentro de sus fronteras, el Estado haya perdido su preponderancia en las mentes particulares, en el ámbito de las llamadas relaciones internacionales, los individuos siguen pensando dentro de la estatalidad. En este sentido, las grandes ideologías sí resultan operativas. Entiendo por tales no las corrientes clásicas ― liberalismo, marxismo, nacionalismo―, sino todo aquel cuerpo doctrinal que entrañe una filosofía de la historia capaz de aglutinar a grupos amplios de personas, y que, por ello, sea capaz de atenuar discrepancias entre ellas recurriendo a la identificación, a la identidad. Hoy, uno de ellos, es el humanismo.

La comunidad política

Así pues, los Estados siguen disponiendo, en lo que al ámbito internacional se refiere, del resorte con el que han venido construyéndose. Ello le permite seguir contando con un alter-ego, con un enemigo que legitime su existencia, y al que define a partir de premisas ideológicas. Las alianzas con otros Estados se deben, en primer término, a la preservación de los intereses netamente estatales; y, aun cuando la opinión pública ya no aparece circunscrita a los márgenes de una nación política, lo cierto es que el aparato estatal sigue contando con capacidad para dirigirla en el plano internacional, de manera que se garantiza su supervivencia.

Si un Estado es capaz de trasladarle a la opinión pública que su alianza con un tercero es de naturaleza moral (me alío con X para velar por uno o varios de los valores supremos que reconoce la opinión pública de la que depende mi soberanía, y así hacer valer mi orden estatal) conseguirá 1) una cohesión intra fronteras y 2) reforzarse ante la comunidad interestatal. Resulta mucho más sencillo para un Estado señalar a sus enemigos si a todos ellos los puede subsumir en una etiqueta ideológica fácil de reconocer. Surgen de este modo los bloques ideológicos como una coraza de los intereses geopolíticos estatales, que se conquistan en el orden interestatal.

Una nación entre naciones

El hecho de que la opinión pública hoy se encuentre difuminada por amplias regiones geográficas, gracias a los avances técnicos, posibilita, pese a todo, que los Estados cuenten con mayores probabilidades de éxito en el tejido de esas alianzas geopolíticas sobre la base de una ideología que, aunque disolvente dentro de sus fronteras, permea en las de otros. Los derechos humanos son, pues, un slogan compartido por vastas poblaciones que, formalmente, aún integran naciones políticas. Y, con esa fuerza que atesora tal doctrina, se gesta la gran ideología del Humanismo de la que se sirven los Estados, en el orden internacional, para justificar su posicionamiento geopolítico, para legitimar la defensa de intereses estatales.

De nuevo, requiriendo el Estado de un enemigo, este Humanismo ha de señalar quién es humano y quién no es humano; parece claro que, en el seno del globalismo geopolítico e ideológico, los Estados que compartan tal ideología serán los encargados de arrogarse aquella categoría que consideren, desde un punto de vista moral, buena, imponiéndoles a aquéllos que no comulguen con ella, la que consideren mala. Aquí, otra vez, nos topamos con la necesidad de repensar la naturaleza humana.

Despertar conciencias

En el caso que aquí hoy nos concita, el gran acierto de Milei es haber apreciado el carácter transicional de los cambios que están ocurriendo en Argentina y fuera de ella, puesto que, además de todo lo anterior, ante la emergencia de las naciones ― en proceso de refundación― y la decadencia de la forma política del Estado, emerge la fuerza de grupos que le disputan al poder tanto al Estado como a las naciones ―  por disponer, por ejemplo, de un capital que supera en mucho el PIB estatal―. En estas coordenadas, ajustarse al son de los tiempos (Realpolitik en los términos prescritos por Mises) es la principal baza para empezar a construir una alternativa.

A mi juicio, el principal éxito de Milei es haber despertado conciencias; aunque sus acciones políticas enerven a pensadores como Hoppe, pues, en efecto, como he analizado, están impulsadas por una concepción negativa de la libertad que poco o nada se parece a la doctrina anarcocapitalista, ha favorecido el debate a nivel global, esto es, ha hecho resurgir la politicidad inherente a la vida en comunidad oponiéndose al globalismo ideológico. La alternativa que ofrece solo es una de las muchas posibles, y es, en primer término, la que él, en representación de Argentina, considera que es la más adecuada para los intereses no suyos, no de su nación, sino del Estado argentino, que ha de sobrevivir en el orden geopolítico infiltrándose en las alianzas que más le convengan.

Una alternativa

Su alternativa de la Agenda de la Libertad, aunque sea, en puridad, producto de una alianza geopolítica, representa una oportunidad, dado que, ante el cambio que se está produciendo sin que haya cristalizado aún, es imperativo volver a definir el concepto de soberanía, determinar dónde recae la autoridad en el seno de la comunidad. La autoridad depende de un ethos, y éste, a su vez, de la concepción que se tenga de la naturaleza humana, de si se la predica como libre en base a su propia naturaleza, o si ésta es, paradójicamente, causa de su esclavitud, y de la que podrá desembarazarse recurriendo a la técnica, fuerza impulsora del Humanismo.

Pero la técnica ya no está en manos de los Estados, tampoco de las naciones, ni viejas ni nuevas, sino de grandes conglomerados tecnológicos. En suma, el discurso de Milei trasluce esa lucha por la autoridad que nos ha conducido a repensar al hombre y de la que surgirá una nueva forma política con la que guiar y orientar su vida en sociedad, su libertad, en definitiva.

Notas

[1] Mises, Acción Humana, p. 227.

[2] Término con el designo la capacidad de un Estado para influir y condicionar el mantenimiento y evolución de las relaciones interestatales.

[3] Grupos considerados como minorías, no porque sean pocos en proporción con otros grupos mayoritarios, sino por una relación que se presupone de subordinación. Estas minorías son consideradas víctimas de los grupos que las sojuzgan y, consecuentemente, reclaman una protección de sus intereses de parte. Entre dichos grupos, encontramos mujeres, LGTB+, minorías raciales, etc.

[4] Término acuñado por Mises en Teoría e Historia, y con el que alude a aquella doctrina que reconoce que cada grupo, colectivo o clase social desarrolla un modo de razonar diferente al de otra; esto es, a que la mente humana es distinta en función de la categoría social en la que se integra el individuo.

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Javier Milei lucha contra el peor impuesto de todos: la inflación

Por Marcos Falcone. El artículo Javier Milei lucha contra el peor impuesto de todos: la inflación fue publicado originalmente en FEE.

Cuando Javier Milei subió al poder en diciembre del año pasado, Argentina sufría una tasa de inflación anual superior al 211%. Estaba sólo por detrás de Venezuela y Líbano. Con una subida constante desde hacía más de dos décadas, la combinación de unos presupuestos perpetuamente desequilibrados y la desconfianza de los inversores hacían casi inevitable la creación de dinero (y, por tanto, la inflación).

En ese contexto, la primera promesa de Javier Milei en su discurso de investidura fue evitar la hiperinflación. Para ello, su máxima prioridad era equilibrar el presupuesto para dejar de monetizar el déficit. Y, efectivamente, al cabo de sólo un mes, el Gobierno anunció en enero que Argentina lograba su primer superávit financiero en 16 años. En los meses sucesivos, el presupuesto se ha mantenido equilibrado.

La rapidez de las medidas parece estar produciendo efectos rápidos. De hecho, la inflación se ha desplomado del 25% intermensual en diciembre al 4% previsto para julio. Esto ocurre en un contexto de reajuste de precios. Hay bajadas de precios como el alquiler (después de que el gobierno derogara las leyes de control de alquileres) y subidas de los precios de la energía y el transporte (ya que el gobierno está recortando las subvenciones). Incluso el FMI ha admitido que la inflación está bajando más rápido de lo previsto. De hecho, la inflación está bajando tan rápido que los bancos han empezado a ofrecer hipotecas por primera vez en siete años. Esto indica que el mercado espera que la inflación siga bajando.

Inflación y alcoholismo

Milei dijo a los argentinos que el proceso de derrotar a la inflación dolería, y así ha sido. El lado negativo del plan económico del Gobierno es que el país ha entrado en una recesión que probablemente durará al menos hasta finales de año. En medio de algunos despidos, la producción industrial del país está disminuyendo. Los recortes del gasto que permitieron al país equilibrar el presupuesto se han traducido en menos ingresos para las provincias y grupos específicos, como los jubilados.

En cierto modo, parece que Argentina está siguiendo la parte final de la trayectoria de las economías inflacionistas descritas por Milton Friedman en los años setenta:

La inflación es muy parecida al consumo de alcohol. Cuando te vas de juerga, los efectos buenos vienen primero, los malos llegan a la mañana siguiente, cuando tienes resaca. Lo mismo ocurre con la inflación. Cuando un país empieza una borrachera inflacionista parece que a todo el mundo le va bien. La demanda de productos aumenta, la producción y el empleo aumentan.

Pero cuando la gente se da cuenta de lo que está pasando, cuando los precios empiezan a subir, llega la resaca. En el proceso de curarse del alcoholismo la situación se invierte: los efectos malos vienen primero y los buenos después. Con la inflación ocurre exactamente lo mismo. Si ralentizas el ritmo de crecimiento de la cantidad de dinero, el efecto inicial es ralentizar el ritmo de crecimiento de la economía, lo que conduce al desempleo. Sólo cuando el efecto de sus medidas se haga sentir en la economía, los precios empezarán a desacelerarse, la inflación disminuirá y la producción crecerá de forma sana y no inflacionista.

Milton Friedman. Inflation: Is it an incurable desease?

Depresión y popularidad

Para muchos, pues, los dolorosos efectos de esta estrategia para acabar con la inflación no son ninguna sorpresa. Pero, ¿es sostenible el proceso? Algunos dudan de que el presupuesto pueda mantenerse equilibrado a medida que se extiendan los efectos negativos de los recortes del gasto y que el gobierno empiece a enfrentarse a una mayor presión pública para gastar más. A otros les preocupa que la moneda del país se esté apreciando demasiado, lo que podría perjudicar a muchas industrias. Hasta ahora, la popularidad de Milei no ha disminuido ni siquiera con la recesión.

Entonces, ¿es esto? ¿Qué ha pasado con la dolarización? La actual estrategia para frenar la inflación parece ir en detrimento de esta promesa electoral de Milei. Aunque algunos miembros de la administración Milei, incluido el propio Ministro de Economía, señalan ocasionalmente que la dolarización sigue siendo el objetivo final. Otros, como el Jefe de Gabinete, dicen que no. El propio presidente parece dudar de la dolarización y ahora habla de «competencia de divisas» como objetivo final. Partidarios de la dolarización como Emilio Ocampo argumentan que la eliminación del peso podría evitar las consecuencias negativas de domar la inflación por medios recesivos.

En cualquier caso, la lucha contra la inflación en Argentina no ha terminado. Reconocido como el peor impuesto por el propio Milei por tratarse de ingresos públicos «ocultos» y por afectar más a la clase baja, parece decidido a frenarlo. De momento, va ganando. Pero nadie quiere cantar victoria demasiado pronto.

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Los resultados económicos de la gestión de Javier Milei

Todos los economistas austriacos, y también muchos no austriacos ni economistas, están muy pendientes de los indicadores económicos que va mostrando Argentina para ver qué resultado da una gestión de la economía acorde con los principios teóricos y “recomendaciones” de la escuela austriaca de economía. De hecho, la Universidad Francisco Marroquí ha establecido un observatorio dedicado en exclusiva a este seguimiento.

Y no es para menos. Se cuentan con los dedos de una mano las oportunidades que se ha tenido de analizar empíricamente los resultados de políticas basadas en la citada Escuela (aunque sí se pueden ver los efectos que siempre han tenido las políticas de liberalización en los mercados en que se han aplicado: pensemos en Europa del Este tras la caída del muro, incluida la propia Rusia). Por ello, es lógica la excitación consecuencia del gobierno de Javier Milei, que desde el momento inicial ha dejado claro con sus acciones su política de des-intervención de la economía.

Los datos económicos no pueden refrendar la teoría, ni refutarla

Pero eso no nos debería hacer olvidar los citados principios, que también tienen mucho que decir sobre la posibilidad de contrastar empíricamente los teoremas económicos. A todos los que están esperando como agua de mayo que los resultados ratifiquen la gestión económica de Milei como prueba definitiva de la teoría económica austriaca hay que recordarles desde ya, no se nos debe olvidar, lo que acabo de decir: los datos empíricos ni validan ni refutan la teoría económica.

No caigamos en la trampa de apostarlo todo a esa carta, porque nos podríamos llevar más de un disgusto. En primer lugar, porque hay indicadores a porrillo, y los enemigos ideológicos de Milei van a ir a buscar los que resulten negativos para su gestión. Sin ir más lejos, en abril, un informe privado revelaba que “El consumo per cápita de carne durante la era Milei se desplomó 18,5%”, siendo el menor en los últimos 30 años. No tengan dudas de si los argentinos van menos este año a la playa, algún “informe privado” nos lo va a restregar por las narices.

Este efecto solo cabe esperarlo amplificado en Europa, no digamos ya España, donde los medios y el “establishment” están en contra de Milei. Ya se veía a RTVE informando de deuda pública récord en Argentina poco después de que fuera elegido Milei, dando a entender que la culpa era el del recién elegido sin aún haber tomado posesión del cargo. En suma, que aquí solo nos van a llegar los indicadores que se consideren malas noticias, y encima sin poder contrastar con posibles mejoras del nivel de vida, que es lo que cuenta y lo que esperemos experimenten en Argentina.

Indicadores macroeconómicos

En segundo lugar, porque los indicadores macroeconómicos con que se pretende hacer el seguimiento siempre se han considerado por los austriacos como poco más que basura. ¿Por qué habríamos de considerarlos válidos ahora, solo porque haya una gestión económica con principios austriacos? Todos sabemos que la evolución del PIB depende muchísimo de la política monetaria y tienen poco que ver con la capacidad de generación de riqueza real de un país. Dada la política monetaria que está haciendo Milei, nos podemos encontrar con que el citado indicador baje, incluso pronunciadamente, con independencia de que los argentinos empiecen a vivir mejor.

¿Y qué decir de los índices de inflación? Sabemos que solo recogen los bienes de consumo, por lo que siempre infraestiman mucho la inflación que se está produciendo en la economía. Además, se calculan con una cesta de productos que no refleja el consumo de ningún individuo o familia. O sea, que el indicador puede estar subiendo y la gente encontrar precios más baratos para sus artículos preferidos, y lo contrario.

Ninguno son indicadores fiables de nada. Es más, su definición y medición está en manos de políticos, que los pueden alterar y manipular a su conveniencia, incluso para usarlo como arma política contra el adversario.

Fenómenos complejos y multicausales

Y en tercer lugar, porque los fenómenos económicos son multicausales y complejos. Puede ser que Milei liberalice toda la economía, pero ningún emprendedor se anime a invertir en Argentina por las razones que sea, que pueden ser simplemente que está muy lejos geográficamente. El ser humano es impredecible y ni el mejor marco institucional puede garantizar resultados, aunque facilite su obtención.

Los economistas austriacos sabemos que es bueno para la sociedad quitar trabas a la circulación de recursos económicos porque así se irán dirigiendo a los usos donde más valor aportan a la sociedad, en un proceso creativo sin límites. Esto es teoría económica y solo se puede refutar teóricamente, no empíricamente. Sabemos, por tanto, que dicha política es la mejor para la sociedad argentina, con independencia de cómo evolucionen los indicadores de emprendimiento.

Lo único que podremos decir es que, sin dichas políticas, los resultados serían peores para la sociedad en términos relativos que si se hubieran llevado a cabo. Lo que no sabemos es si dichos resultados serán mejores o peores que los experimentados en otro momento del tiempo en que las restantes condiciones eran distintas.

Sirva todo esto como pequeño recordatorio para quienes fían a los resultados económicos el contraste de las bondades de la gestión de Milei. Ojalá les vaya bien, muy bien a los argentinos es sus vidas diarias, diga lo que digan el PIB y los periodistas europeos. Ese es el único test válido, y no creo que sea muy observable por terceros a un hemisferio y a un océano de distancia.  

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