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Etiqueta: Miguel Anxo Bastos

¿Propiedad, trabajo y ahorro? Una crítica al discurso del profesor Bastos

En su discurso como premiado Juan de Mariana en la edición 2023, el profesor Miguel Anxo Bastos reivindicó la recuperación para la sociedad de tres valores esenciales: la propiedad privada, el trabajo y el ahorro. Bastos advirtió contra la visión estática del mundo y la asunción correspondiente de que las cosas que vemos son así porque sí e inmutables, y defendió que la situación actual de riqueza (en que podemos “comer salmorejo”) era completamente distinta hace pocos años, y se debe a los valores y esfuerzos asumidos por las generaciones pasadas.

Dichos valores, según él, se corresponden con los tres conceptos del título: Propiedad, trabajo y ahorro. Como no podía ser de otra forma, nos los recomendó como valores vitales para asegurar la prosperidad de la sociedad. El discurso del queridísimo profesor fue magnífico, e interrumpido por numerosas ovaciones, quizá demasiadas incluso para su gusto.

Trabajo y ahorro

¿Y quién puede discrepar de tal planteamiento? Los fundamentos teóricos de la recomendación de Bastos son impecables. Dado que el trabajo está presente en toda actividad productiva[1], es siempre necesario el concurso del trabajo para añadir valor. Es más discutible si hay proporción directa entre cantidad de trabajo y cantidad de valor añadido, que ya sabemos por teoría del valor que no; eso pone en entredicho la necesidad de trabajar más para que la sociedad progrese más. En todo caso, cuanto más se trabaje, mayor probabilidad hay de que se añada valor a la sociedad. Interpretemos así la reivindicación del trabajo por Bastos.

En cuanto al ahorro, en este caso hay menos dudas sobre su papel fundamental en el enriquecimiento de la sociedad. Esto es así porque solo mediante ahorro real se pueden conseguir procesos de mayor productividad para la sociedad. Y cuando digo mayor productividad, entiéndase en sentido muy amplio. También la aparición de activos que permiten hacer cosas previamente imposibles. El ejemplo paradigmático es el ahorro que tiene que hacer Robinson Crusoe para construir la vara que le permita recoger muchos más frutos de bosque por unidad de tiempo.

Y propiedad

Ambos conceptos se asientan, necesitan como precondición, la existencia del tercer valor de Bastos: la propiedad privada. En efecto, el ahorro solo se produce en un contexto en que la propiedad privada se puede defender. Y la motivación para trabajar tiene que ver en gran parte con la posibilidad de retener parte del valor que se genera con dicho trabajo, sea porque se obtiene un salario, o porque se anticipa la existencia de beneficios. O sea, porque vamos a ser propietarios de parte del valor que se ha creado con nuestro trabajo.

¿Qué ocurre si la propiedad privada está cuestionada por otras instituciones, aunque no sea de forma absoluta? Y a nadie se escapa, y menos que a nadie al profesor Bastos, que en muchos países, como España, la propiedad privada está bajo continúo acoso de muchas formas y maneras, y por todo tipo de organismos, empezando por el Estado en cada ámbito geográfico.

En este contexto, ¿qué se va a encontrar el individuo que siga los consejos de Bastos de trabajar y ahorrar para conseguir su progreso y el de la sociedad? Pues seguramente su proceso de descubrimiento va a terminar de forma decepcionante, a veces para él, a veces para la sociedad, y en ocasiones para ambos.

Trabajar para la destrucción

Si aceptamos la idea de trabajar más, hay un riesgo muy grande de que terminemos trabajando en un lugar que destruye valor para la sociedad, en vez de acrecentarlo. Esto es así porque hay muchas probabilidades de que ese trabajo se lleva a cabo, precisamente, para el Estado que amenaza la propiedad privada. ¿Querría el profesor Bastos que esta gente trabajara más? Pero esto ocurre no solo si trabajas para el Estado, puede que estés trabajando para empresas que se benefician de privilegios concedidos por el mismo, y que, por tanto, también tienden a destruir valor cuanto más trabajan. ¿Y cómo decidirán las personas en qué puestos de trabajo se crea valor y en cuáles se destruye?

Pero incluso si evitas este campo minado, cuanto más trabajes y valor generes, más impuestos deberás pagar por tus ganancias, vengan de donde vengan. Estos impuestos servirán para acrecentar el poder del enemigo declarado de la propiedad privada, por lo que ese trabajo tan reivindicado por Bastos resulta que, con una probabilidad muy alta, va a servir para dinamitar el valor base que defiende el profesor.

Éxito en el ahorro

En cuanto al ahorro, que no se engañe la persona que haga caso del profesor. No es nada fácil tener éxito ahorrando; lejos están los tiempos, narrados por Stefan Zweig en sus “Memorias de un europeo”, en que bastaba con hacer lo que hacía su padre: guardar la moneda obtenida de una venta. No, en la actualidad, el ahorrador que lo haga de esa forma verá como merma su riqueza por las políticas monetarias generalizadas de los Estados, que continuamente inflan la oferta monetaria para sus fines. Así, quien quiera ahorrar, deberá asumir una ocupación adicional a la de su trabajo normal, la de ser experto en decidir cómo ahorrar para no perder su esfuerzo (alternativamente, pagar a un experto para que lo haga por él).

De estas reflexiones surgen mis dudas sobre la recomendación del profesor. Pero, al mismo tiempo, sugieren un destino provechoso para dicho trabajo y para dicho ahorro: el de asegurar el primero de los valores de Bastos, la propiedad privada, para que la realización de los otros dos sea de verdad provechosa para todos.

En otras palabras, trabajemos, sí, y ahorremos, también, pero con el objetivo inicial de conseguir una institución de la propiedad privada bien defendida de los asaltos de los Estados.

* Este artículo está dedicado, por supuesto, al Premio Instituto Juan de Mariana 2023, el profesor Miguel Anxo Bastos.


[1] Aunque su aparición se produzca muy aguas arriba en el proceso, siempre es necesario el factor trabajo. Lo digo para los que estén pensando en las actividades productivas de robots y/o utilizando técnicas de Inteligencia Artificial.

Miguel Anxo Bastos, premio Instituto Juan de Mariana 2023

Para el Instituto Juan de Mariana es un honor anunciar que el galardonado con el Premio Juan de Mariana a una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad 2023 es Miguel Anxo Bastos Boubeta. El acto de entrega tendrá lugar el próximo 2 de junio durante la Cena de la Libertad del Instituto Juan de Mariana, que se celebrará en el Casino de Madrid.

Miguel Anxo Bastos Boubeta, profesor ejemplar y eximio intelectual

Miguel Anxo Bastos es una de las figuras más importantes del liberalismo actual. Nacido en Vigo el 12 de agosto de 1967, Bastos es licenciado en Ciencias Políticas y Sociales por la UNED y doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Santiago de Compostela, donde es docente en la actualidad. Departe sobre Políticas Públicas y Movimientos Sociales Contemporáneos. El profesor Bastos ha ganado prominencia, popularidad y un honesto respeto por parte de la comunidad académica y liberal, ambas en España e Hispanoamérica, gracias a su obra y a su magisterio.

El pensamiento de Miguel Anxo Bastos es amplio en los temas que aborda, pero hay uno que engrana una parte importante de su obra, y es el territorio. Bastos ha reformulado la teoría de Bastiat de que si no se permite que los bienes crucen las fronteras, lo harán los soldados, y que libre cambio e imperialismo siguen caminos distintos, e incluso opuestos. También ha explorado la relación entre el librecambio y el aislacionismo, y ha expuesto una acerada crítica de la teoría del comercio justo. El nacionalismo, como idea que vincula al territorio con una ideología y una forma de acción política, también ha sido objeto de estudio del profesor Bastos. 

Otro de los campos de estudio de Miguen Anxo Bastos es el estudio de la Defensa, en el que de nuevo vuelve a tener relevancia el territorio. Aquí, Bastos deja a un lado los lugares comunes y los supuestos infundados, y expone una crítica sobre la acción efectiva del poder, los límites del Estado, y el papel que puede jugar la sociedad de forma autónoma. La acción del Estado siempre preocupó al profesor Bastos, como demuestran sus primeros estudios sobre la Administración y su reforma. Por otro lado, Miguel Anxo Bastos ha contribuido al conocimiento y comprensión de algunos autores liberales, como Murray N. Rothbard, Frank Meyer o Ayn Rand, entre otros.

El profesor Bastos es Presidente Honorífico del Instituto Xoan de Lugo, donde tanto él como sus discípulos siguen con su labor divulgativa y de investigación tanto en lengua castellana como en lengua gallega. Es un gran divulgador de las ideas liberales. Ha ofrecido conferencias con un resonante éxito en el Instituto Juan de Mariana y en la Universidad Francisco Marroquín, institución de la que es profesor y Doctor Honoris Causa.  Escribe artículos con una periodicidad mensual en la página del Instituto Juan de Mariana. Su lectura es una invitación a la reflexión clara y crítica, siempre apoyada en un dominio de la literatura relevante. 

Todos esos son motivos sobrados para este reconocimiento. Pero es necesario destacar que Miguel Anxo Bastos es, ante todo, un profesor. Es un intelectual creativo y honesto, que ha tenido la generosidad y humildad necesarias para compartir sus ideas y atraer en torno a ellas a un número creciente de discípulos.

El Premio Juan de Mariana ha recaído en ediciones pasadas en Luis Reig Albiol (2007), Manuel Ayau Cordón (2008), Anthony de Jasay (2009), Carlos Alberto Montaner (2010), Giancarlo Ibargüen (2011), Mario Vargas Llosa (2012), Carlos Rodríguez Braun (2013), Pedro Schwartz (2014), Robert Higgs (2015), Jesús Huerta de Soto (2016), Alberto Benegas Lynch (h) (2017), Alejandro Chafuen (2018), Antonio Escohotado (2019), Federico Jiménez Losantos (2020) y Dalmacio Negro Pavón (2022).

La Semana de la Libertad

El Premio Juan de Mariana se entrega durante la Cena de la Libertad, acto que se engloba en la Semana de la Libertad que el Instituto Juan de Mariana organiza con carácter anual. La Cena de la Libertad congrega a liberales de España y el mundo para brindar por la libertad y por el galardonado con el premio Juan de Mariana por una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad. El resto de actividades de dicha Semana están centradas en el campo del conocimiento, la divulgación y el activismo por la libertad.

Así, durante los días 31 de mayo y 1 de junio disfrutaremos del Congreso de Economía Austriaca. Un evento académico que congrega al liberalismo español con ánimo de discutir los últimos avances en el campo de las ciencias jurídicas y sociales. El viernes, 2 de junio, celebraremos la Cena de la Libertad. Y el día 3 se celebrará Liberacción, la feria del libro liberal.

Anarcocapitalismo y anarco-comunismo, las diferencias fundamentales

El anarquismo, como filosofía política, es un movimiento que se remonta a la antigüedad. Las reflexiones más antiguas se pueden remontar al filósofo chino Lao Tsé. Por supuesto, esa filosofía apareció en la Antigua Grecia con pensadores como Hipias de Elis o Alcidamas de Elea. En todos los periodos históricos el anarquismo ha tenido su presencia en los círculos intelectuales y filosóficos. Pero es en la segunda mitad del S.XIX cuando podemos marcar el origen del anarquismo moderno.

Durante la celebración de la Primera Internacional Obrera en 1864 se produjo un distanciamiento entre los defensores de las tesis de Bakunin y los partidarios de Marx, las discrepancias se basaban en la concepción del Estado: la visión marxista del estatismo autoritario, de la dictadura del proletariado, frente a la inmediata destrucción del Estado que defendía Bakunin. Esto llevó a estos dos movimientos por sendas diferentes.

La mayoría de la población ve en el anarquismo un movimiento homogéneo, vinculado a manifestaciones antisistema; un pensamiento que defiende que volvamos a la “ley de la selva” y al “caos”. La primera imagen que se le pasa por la cabeza a cualquier persona cuando le mencionas la palabra anarquismo son disturbios en manifestaciones o incluso atentados. Pero nada más lejos de la realidad; el anarquismo, como filosofía política, es un movimiento con un gran recorrido histórico, distintas visiones, autores, definiciones y concepciones.

Anarcosindicalismo

Seguramente, en nuestro país, la deriva anarquista que más repercusión tuvo fue el anarcosindicalismo durante la Revolución social española de 1936, uno de los pocos momentos y lugares en la Historia donde el anarquismo fue llevado a la práctica. Aunque tenemos diversas corrientes como el anarquismo individualista de Max Stirner, el mutualismo de Pierre-Joseph Proudhon, o nuevos movimientos como el anarquismo ecologista o el anarcofeminismo, hoy nos centraremos en lo que seguramente son las dos concepciones más diferentes entre sí, se trata del anarco-comunismo y la anarquía de propiedad privada o anarcocapitalismo.

Comencemos primero por las similitudes, ambos movimientos establecen una crítica similar al Estado, están en contra de la imposición estatal porque lo consideran como un ente ilegítimo que oprime al individuo. Realmente esta es la única similitud total entre ambos movimientos, su visión del Estado, porque posteriormente tendríamos “similitudes parciales”.

Anarcocapitalismo

Es bien sabido que el anarcocapitalismo defiende el derecho del individuo por encima del colectivo, pero repasando la literatura anarcocomunista también vemos como hablan de manera continuada del derecho individual de las personas, aunque posteriormente en la práctica el individuo sea subyugado por el colectivo. Es decir, sobre el papel sería una similitud, en la práctica una diferencia radical.

Ahora vayamos con las diferencias, en primer lugar, tenemos que decir que, como es evidente, el anarcocomunismo es anticapitalista, ya que considera que el capitalismo es un elemento más del sistema que explota al individuo, creen que el Estado, el capitalismo y la autoridad de la Iglesia son los elementos centrales que oprimen al ser humano. Por supuesto, opta por la abolición de la propiedad de los medios de producción, y la colectivización de recursos y sectores estratégicos, respetando únicamente el concepto de uso, al igual que el marxismo. Por el contrario, el anarcocapitalismo ve en el libre mercado y la asociación voluntaria la solución a todos los problemas, problemas creados por la intervención estatal.

Anarcocomunismo

El anarcocomunismo no es marxista en sí, ya que rechaza el elemento principal de la teoría de Carl Marx, que es la teoría del valor trabajo. Pero ello no les lleva a abrazar la teoría subjetivista del valor, sino que tienen una tercera vía: No aceptan ningún valor numerario del precio o el salario, por lo que rechazan utilización del dinero. En España, durante la guerra civil, el dinero llegó a ser eliminado, siendo reemplazado por vales sellados por los respectivos comités.

Otro elemento fundamental es que el anarcocomunismo no es que rechace cualquier tipo de Estado, sino que rechaza, y esta es la clave de su fracaso, cualquier tipo de autoridad o jerarquía. Es por ello por lo que el matiz anticlerical es esencial, ya que ve en la Iglesia una autoridad ilegítima: “Ni Dios ni amo”, aunque ha habido ejemplos de anarquistas cristianos como Leon Tolstoi, llegando incluso a crear su propia doctrina: el movimiento tolstoiano.

Es tal el fanatismo antijerárquico del anarcocomunismo que incluso llega a defender la destrucción de la familia como sistema de autoridad. A mi juicio, esto es ir en contra ya no sólo de la naturaleza, sino de la realidad, pues las jerarquías son inevitables dentro de las relaciones humanas, y no necesariamente tienen que ser negativas si son libres y voluntarias, por no hablar de la autoridad, como explicó ya Max Weber, la autoridad puede ser de distintos tipos: tradicional, racional-legal y carismática, algunas de ellas no sólo inevitables sino, a mi parecer, deseables.

Anarquismo no revolucionario

El anarquismo individualista o de propiedad privada nunca fue, al contrario que el anarcocomunismo o el anarcosindicalismo, un movimiento de masas. Se redujo a un cómputo de ideas filosóficas y literarias encuadradas en círculos académicos muy concretos y minoritarios. Además, ambos movimientos tienen una concepción de la toma del poder, el anarcocomunismo opta por la revolución, en un sentido amplio, tomar por la fuerza el poder y destruir el Estado para eliminar la propiedad privada y todo tipo de autoridad y jerarquía preexistente, tabula rasa, cómo vemos no parece muy coherente con la idea de libertad individual.

En cambio, el anarcocapitalismo, no es revolucionario, respeta el derecho de no agresión y la propiedad privada, en palabras de Miguel Anxo Bastos: “El anarcocapitalismo llegará cuando la gente pida anarcocapitalismo”, esta concepción es pacífica y, si me permiten la expresión, casi mesiánica, pero por lo menos es coherente con las ideas que defiende.

Por lo tanto, tenemos dos movimientos anarquistas con pequeñas similitudes y enormes diferencias, uno con una larga historia detrás y otro como un movimiento relativamente reciente al que le queda mucho por explorar y teorizar. Lo realmente necesario es que se siga estudiando el anarquismo en un sentido amplio, que la población sepa de la heterogeneidad del movimiento y se deje de prejuicios y estigmatizaciones.

La transición a la Era de la Información (Sobre ‘El individuo soberano’)

Si nuestro razonamiento es correcto, el Estado-Nación será reemplazado por nuevas formas de soberanía, algunas de ellas únicas en la historia. Algunas que recuerdan a las ciudades-estado y las repúblicas mercantiles medievales del mundo pre moderno. Lo que era viejo será nuevo después del año 2000. Y lo que era inimaginable será un lugar común. A medida que la escala de la tecnología se desplome, los gobiernos se darán cuenta de que deben competir como corporaciones por ingresos, cobrando por sus servicios no más de lo que valen para las personas que pagan por ellos. Las implicaciones de este cambio son de todo menos inimaginables.

El Individuo Soberano, Lord William Rees-mogg y James Dale Davison

Me parece necesario introducir una asignatura en el primer curso de todas las carreras universitarias que se llame La transición a la Era de la Información y tenga como manual El Individuo Soberano. Las instituciones del conocimiento y de la información necesitan algo más que una reforma. La canalización de las nuevas relaciones sociales y económicas es una tarea por hacer para permitir a empresas y profesionales desenvolverse con solvencia ante las innovaciones que se van desarrollando. Los servicios de seguridad y defensa se deben ajustar a las necesidades y cambios de la lógica de la violencia. Y todos estos cambios deben ser envueltos por nuevas formas políticas que funcionen como jurisdicciones privadas que den cabida a todos estos cambios y los organicen políticamente. Una nueva era está siendo edificada sobre los restos del naufragio de nuestras sociedades, y debemos prepararnos para ella.

Estamos viviendo los inicios de una transición megapolítica, un cambio de era. Cuatro son las etapas de la historia humana desde un punto de vista económico: las sociedades cazadoras-recolectoras, las sociedades agrícolas, las sociedades industriales y las que están asomando la cabeza en el parto de la historia: las sociedades de la información. La transición de la Era Industrial a la Era de la Información es la que va de la imprenta a internet.

La ley que rige esta nueva era es que el poder pasa de los compradores a los vendedores, de la ley de la oferta y la demanda a la ley de la demanda y la oferta. Como consecuencia de ello, las ventajas de controlar los recursos a gran escala serán cada vez menores, ya sean los recursos de la violencia, los de la producción o los del conocimiento. Internet no solo permite un acceso nuevo a canales de información y conocimiento para su distribución y adquisición, también a las mercancías y servicios. Además, permite conectar de forma mucho más personalizada la oferta con la demanda, por lo que la personalización y la especialización serán las líneas maestras que vayan reconfigurando todos los espacios sociales, económicos y también políticos.

Como bien dice Adolfo Contreras —que nos ha traído El Individuo Soberano al español—, “en periodos largos de tiempo no hacemos aquello que consideramos bueno, sino aquello que estamos incentivados a hacer”. Pues estamos viviendo un cambio en los incentivos de la forma de producir, atesorar riqueza, relacionarnos socialmente y acceder al conocimiento y la información; es decir, estamos cambiando nuestra forma de vivir. Por ello, es inevitable que también se produzca un cambio en la forma que tenemos de organizarnos políticamente.

El libro analiza la crisis del Estado-Nación. La Historia no se repite, pero rima. Al igual que el orden medieval entró en crisis con la aparición de dos innovaciones que cambiaron los incentivos en los ámbitos del acceso y distribución del conocimiento y la información —la imprenta— y del ejercicio de la violencia —la pólvora—, el Estado-Nación también entrará en crisis por la aparición de Internet y del ciberdinero.

“Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.” (Declaración de Independencia del Ciberespacio, Barlow). El ciberespacio es un nuevo espacio a nivel global, donde los Estados no tienen soberanía, que permite relaciones sociales y económicas que no pasan por los filtros estatales. Además, es un ámbito que al ir cobrando cada vez más relevancia deja en evidencia una de las principales atribuciones del Estado: la producción de seguridad. El Estado es incapaz de perseguir eficaz y eficientemente los ciberdelitos.

Asimismo, no ha parado de asumir cada vez más competencias, por ello tiene unos compromisos de gastos enormes, además de una importante losa de deuda pública. En el caso de que los ciudadanos comiencen a hacer un opt-out, los Estados se verán obligados a subir cada vez más los impuestos y a crear más dinero de la nada para poder hacer frente a sus gastos, entrando en una espiral autodestructiva: “El Estado se ha acostumbrado a tratar a sus contribuyentes como un granjero trata a sus vacas, manteniéndolas en un campo para ordeñarlas. Pronto, las vacas tendrán alas. […] Cuando los individuos puedan manejar sus propias políticas monetarias a través de la red, importará poco o nada que el Estado continúe controlando las imprentas de dinero de la era industrial.” (El Individuo Soberano)

Pero los cambios de era no suelen ser pacíficos. Los beneficiados por la coacción organizada, los que viven del Estado, verán con malos ojos la libertad de los conquistadores del ciberespacio. Por ello, es de esperar que los ataques, la fricción y la violencia se incrementen como fruto del cambio de era. Los incentivos en nuestras sociedades están extraordinariamente mal alineados, lo que agravará significativamente la situación.

Con el abandono de las antiguas profesiones del industrialismo aparecerán los neoluditas. Aquellos que han logrado buenos ingresos con profesiones poco cualificadas o especializadas verán menguar sus ingresos frente a aquellos que sean los mejores en el margen. La producción industrial requería de recursos naturales ligados a un territorio y eran muy intensivos en capital, por lo que eran muy vulnerables a ataques. Además, trasladar la industria de un lugar a otro suponía incurrir en unos gastos enormes. Esto permitía a los Estados y a los trabajadores ganar poder de negociación organizando la coacción sobre ella a cambio de protección, consiguiendo mejores salarios y altos impuestos sobre la producción. Hoy, tanto un creador de contenido —un youtuber— como una empresa completamente digital pueden elegir las jurisdicciones que mejor les traten, porque sus ingresos no están vinculados a recursos naturales, pueden hacer sus patrimonios completamente portátiles y sus necesidades de protección son muchísimo menores. Es su poder de negociación el que cambia radicalmente con el cambio de los incentivos de la Era de la Información.

Usain Bolt batió el récord de 100m del mundo por primera vez cuando estaba en 9.735s, lo hizo con la marca 9.72s. Una diferencia de 0,015s en el margen le ha llevado a la cima del mundo del atletismo. Lo mismo pasará en cada vez más áreas: el ganador se lo llevará todo. Esta parte de la población que esté en el margen será capaz de proteger sus ingresos mejor que nunca antes en la historia, lo que les permitirá convertirse en lo que el libro llama individuos soberanos.

Los perdedores de la Era de la Información serán aquellos que tengan sus patrimonios e ingresos inmóviles y vinculados a los Estados. El Estado les chupará el tuétano hasta que se queden esqueléticos para alimentar a los consumidores de impuestos. Cuando ya no quede nada, éstos también sufrirán la merma del alimento. Esto implica que las sociedades del siglo XXI, para bien o para mal, serán más desiguales que ninguna otra que hayamos vivido antes.

Y todos estos cambios también pasan por la aparición de nuevas formas de organizarse políticamente, lo que los autores llaman microsoberanías. Las grandes ciudades son propias del industrialismo, parece consecuente que con el fin de éste aparezca una nueva forma de organizarse políticamente. Al ganar poder, los individuos soberanos y gracias a la facilidad para poder asociarse a través de internet, podrán negociar de tú a tú con Estados para poder establecer sus propias jurisdicciones. Y dado que la protección será cada vez más informática que militar, las jurisdicciones de todo el mundo competirán por atraerles a su territorio, haciendo que las palabras de Molinari tengan más sentido que en ningún otro momento: “Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio” (La producción de seguridad, Gustave de Molinari).

Es un libro magnífico para comprender el momento histórico que vivimos y la dirección en la que vamos. Parece mentira que sea un libro publicado en 1997 y haya descrito con tal precisión la evolución de las siguientes décadas. Hay que agradecer a Adolfo Contreras y a Javier A. Maestre traer al español esta obra imprescindible, además con prólogo de Miguel Anxo Bastos. En ella se anticipa la transición a una nueva era, los cambios en los medios de comunicación, la aparición de Bitcoin y de la cibereconomía, la evolución en la lógica de la violencia, la crisis de los Estados- Nación, la necesidad de una moral fuerte para los nuevos tiempos, la aparición de las Micrópolis, la agonía de la democracia entendida como el fundamento del gobierno, la reacción de los nuevos luditas, el fin del igualitarismo y las erupciones de violencia de los Estados cuando se vean impotentes.

Por mi parte, en Micrópolis trataré de complementar con una fundamentación filosófica buena parte de las líneas trazadas por este manual imprescindible para manejarse en la nueva era, analizando sus cimientos y tratando de corregir algunas de las tesis planteadas. La crisis que vivimos no es meramente de una forma de producción. Tampoco es el fin de la política. Es la crisis de la Modernidad.

Correspondencia entre Miguel Anxo Bastos y Álvaro D. María

El texto reproducido a continuación es fruto de una serie de correos enviados entre los dos entre el 24 y el 27 de agosto de 2018, editado para su mejor comprensión.

Álvaro D. María: La pregunta que le planteé era que cómo conjugaba sus creencias católicas, en concreto el dogma de la Trinidad, con su nominalismo ontológico. El origen de esta pregunta está en la condena por triteísmo a Juan Roscelino de Compiègne, considerado el padre del nominalismo, puesto que si sólo existe lo individual no se puede decir que Dios es uno y trino, sino que estaríamos ante tres dioses. Cuestión, la del dogma de la Trinidad, que también llevó a la confusión a los moros cuando se referían a los católicos como los politeístas.

Pues bien, lo que quería “denunciar” con esta pregunta es un supuesto error a la hora de hablar de la inexistencia “ontológica” del Estado. Esta afirmación sostiene, implícitamente, un error principal a mi juicio, que sería dar el salto del individualismo metodológico al individualismo ontológico. Un error similar a considerar que la duda cartesiana era una duda ontológica, cuando Descartes en ningún momento duda de la existencia, por ejemplo, del mundo que percibe, simplemente hace una ficción metodológica.

Puesto que considero que la afirmación en origen está basada en los planteamientos de Mises, creo que él mismo deja esa cuestión clara en La acción humana, Primera parte, Capítulo II, Epígrafe 4. El principio del individualismo metodológico:

“No menos infundada, por lo que respecta a nuestro tema, es la oposición entre el realismo y el nominalismo, según el significado que a tales vocablos dio la escolástica medieval. Nadie pone en duda que las entidades y agrupaciones sociales que aparecen en el mundo de la acción humana tengan existencia real. Nadie niega que las naciones, los estados, los municipios, los partidos y las comunidades religiosas constituyan realidades de indudable influjo en la evolución humana. El individualismo metodológico, lejos de cuestionar la importancia de tales entes colectivos, entiende que le compete describir y analizar la formación y disolución de los mismos, las mutaciones que experimentan y su mecánica, en fin. Por ello, porque aspira a resolver tales cuestiones de un método satisfactorio, recurre al único método realmente idóneo”. (von Mises, L., La acción humana, tratado de economía, Undécima edición, Unión Editorial, p. 51)

Pues bien, lo que pretendo señalar es que hay una ontología subyacente en su afirmación, que estaría por explicitar, puesto que decir que el Estado no tiene existencia ontológica depende de qué coordenadas ontológicas se den. Por ejemplo, en el materialismo filosófico de Gustavo Bueno no se pondría en cuestión tal existencia ontológica puesto que se consideran tres géneros de materialidad. Y esta ontología subyacente resultaría incompatible con los dogmas católicos, y, además, considero que va contra los principios filosóficos de la Escuela Austríaca por hacer de lo que sólo es un método una ontología.

Aprovechando que me pongo en contacto con usted para aclarar este tema, quisiera plantearle otra cuestión —que me consta que está también en debate por sus tierras— que es el hablar del Estado como lo político. Siguiendo corrientes de “derecha dura”, como Dalmacio Negro, o el tradicionalismo hispano —o incluso Carl Schmitt—, el Estado no es lo político, sino una de las formas de lo político. Si se es antiestatista —como es mi caso— habrá que señalar por qué se está en contra de esa forma política, y no multiplicar los Estados sin necesidad, aunque sea en muchos pequeñitos.

Muchas gracias de antemano por su atención.

Reciba un cordial saludo,

Álvaro D. María

Miguel Anxo Bastos: Estimado Alvaro: en primer muchas gracias por tomarse la molestia de discutir estos puntos. Es así como avanza el conocimiento. No soy filósofo y lo agradezco doblemente pues así me obliga a tener en cuenta estos aspectos. Probablemente mi manejo de los conceptos filosóficos sea muy primitivo y no haya matizado bien los distintos conceptos de ontología. Creo que Mises se contradice pues es también en la acción humana donde dice aquello de que no es el estado el que ejecuta, sino el verdugo, etc. La idea de estado sí que influye en la vida y la evolución humana, pero no es más que una idea al servicio de personas concretas, que son las que tienen existencia, intereses y voluntad. Pero influye a unas personas y no a otras (por ejemplo, a los pigmeos, pueblo sin estado, no), por lo tanto, no deja de ser a mi entender una idea, eso sí muy sofisticada, compartido por muchas personas. Para estas personas es un ente ontológicamente real y como tal opera, pero eso no quiere decir que usted me lo pueda presentar e irnos a cenar con él. Pero el estado no es más que un ente imaginario y si rastrea bien se puede descubrir quienes expresaron y racionalizaron tal contexto. Le adjunto un libro que me ha influido mucho y que igual es de su interés. [Imagining The State, Mark Neocleous]

En cuanto a lo de la Santísima Trinidad, entenderá que es cuestión de fe, y ahí está la gracia del asunto. Si fuese racional sería una evidencia y no tendría mérito, de ahí lo de creo porque es absurdo de Tertuliano.

En cuanto a su afirmación occaniana de no multiplicar los estados sin necesidad supongo que me refería a que la escala de esa organización política importa. Entiendo que la capacidad de hacer daño de una organización de ese tipo es menor cuanto más pequeña (p.e las Alemania del tiempo de Goethe y la de Bismarck no fueron exactamente las mismas en sus consecuencias). Y es cierto que el estado no es la única fuente de violencia.

Espero tener el honor de conocerlo en persona pronto.

Álvaro D. María: Estimado Miguel:

Muchas gracias por su amable respuesta y por el libro que me recomienda.

A mi juicio el Estado no es solamente una idea, también es una forma de organización política. Tampoco le puedo presentar a un campo electromagnético para irnos a cenar con él (no son ni corpóreos), lo que no implica que no existan.

Asimismo, no me parece que Mises se contradiga. Efectivamente, es el verdugo el que ejecuta, y no el Estado. De igual forma, son los futbolistas individuales los que marcan goles, pero reducir los clubs de fútbol a éstos, o negar la existencia de los clubs precisamente como organizaciones, es el salto que considero erróneo, justamente por considerar que se parte de una ontología nominalista que niega la existencia de las relaciones, pues sólo considera como realmente existente lo individual (lo que le comentaba en el anterior correo de un salto de la metodología a la ontología). Así, desde su punto de vista, habría que cargar contra las “sociedades” de responsabilidad limitada, puesto que serían una coartada por parte de los empresarios individuales para evadir ciertas responsabilidades.

Pero es que las morfologías también son operatorias, por supuesto, vinculadas a elementos físicos. Un paraguas sólo cumple su función con una determinada forma, si la manera de componer sus elementos dejase espacios entre las partes dejaría de cumplir su función y, por tanto, de ser un paraguas. Es más, la forma está tan presente a la hora de actuar que al hablar de individuos no decimos que el individuo es meramente una idea que carece de existencia real porque sólo existen órganos y tejidos conectados, y a su vez que éstos son ficciones porque sólo existen células, que a su vez sólo son ficciones… así hasta qué se yo. Precisamente, es por la incapacidad de dar cuenta de las funciones que cumplen los individuos a partir de los elementos que la componen por lo que se consideran como existentes.

Respecto a la cuestión del tamaño en las organizaciones políticas creo que parte usted directamente de considerar que son organizaciones para “hacer daño”. Yo prefiero a los EEUU antes que a Venezuela, y el tamaño ahí no es el problema. Es más, sabiendo que el poder está en el fusil, despedazar una potencia militar como EEUU en fragmentos chiquititos dejaría vía libre a otras potencias. Que sea capitalista y respete las tradiciones/instituciones (jurídicas, culturales, etc.) reducirá más la violencia que el tamaño, pienso yo. Pero tampoco considero que la violencia sea mala en todo caso, precisamente porque puede ser la salvaguarda de ambas (sin ser necesariamente estatal).

Muchas gracias de nuevo por su atención y un placer hablar con usted.

Espero poder ir a las Xuntanzas y conocerle, el honor sería mío.

Un abrazo

Miguel Anxo Bastos: Muy interesante debate señor D. María. Razona usted muy bien.

No niego la importancia de las relaciones, sólo digo que estas tienen que ser interiorizadas (por experiencia, educación aprendizaje…) por los individuos. Un pigmeo no entendería el significado del fútbol, como nosotros el de sus ritos ni le daría la misma importancia. Claro que estamos aculturados y compartimos valores. Uno de ellos es el de la pertenencia a un estado, pero si dejamos de creer en él desparece. Igual que antes existía el oráculo de Delfos, o el culto a Moloch (con sus cuerpos sacerdotales). Dejamos de creer en ellos y se desintegraron. Las personas que componen el estado también creen en él, pero se coordinan por valores, ritos o por intereses monetarios. En cuanto aparece una organización nueva en la que creer la vieja desaparece. Desaparecieron muchos estados en Europa e incluso hubo históricamente procesos de reversión del estado a la anarquía, y por siglos.

Es interesante lo de las sociedades limitadas (Neocleous les dedica un capítulo en el libro que le di). El estado se configuró históricamente como una corporación, para pretender ser inmortal y diferenciarse, al menos como ficción jurídica, de las personas que lo componen. Y después intentó moldear parte de la sociedad civil a su imagen y semejanza. Las sociedades anónimas o limitadas son creaciones jurídicas del estado, y cuando aparecieron fueron resistidas, hasta que se impusieron.

Estaría por ver si es más fácil derrotar a los estados unidos o fragmentados en partes. Keeley en War before Civilization explica que los pueblos anárquicos son más difíciles de conquistar que los árquicos, como probaría el caso de incas y aztecas (conquistados en semanas) o los apaches que no sólo no fueron conquistados por los españoles sino que llegaron a ganar terreno. ¿Si Hernán Cortés en vez de luchar con un imperio luchase contra 400 miniestados, ¿le sería más fácil o más difícil, que cree usted?

Ya tengo ganas de conocerlo. A ver si puede venir. Un abrazo y gracias

Álvaro D. María: Estimado Miguel:

Tengo que empezar dándole la razón, las relaciones tienen que ser “interiorizadas”. Sin embargo, es precisamente eso lo que hace que no sean meramente subjetivas, y si es necesario se “interiorizan” a base de porrazos. Si desaparecen las formas políticas no es porque se deje de creer (al modo en que se podría dejar de creer en un dios antiguo) en ellas, sino porque son destruidas o transformadas (insisto en limitar el término Estado a una forma de lo político concreta). ¿Acaso a fuerza de dejar de creer los venezolanos en el Estado desaparecerá éste? ¿Es el Estado una ilusión o son las relaciones que lo componen tan objetivas como pueden serlo las relaciones materno-filiales?

En cuanto a la cuestión militar, plantea usted, como posible tesis, que “los pueblos anárquicos son más difíciles de conquistar que los árquicos”, cuestión sobre la que carezco de conocimientos históricos y militares como para poder emitir un juicio. No obstante, lo que yo planteaba no era qué clase de pueblos son más difíciles de conquistar, sino que son los imperios los que imponen su orden y conquistan, y que renunciar a ser uno supone, ya de partida, adoptar una posición sobre “cómo es mejor defenderse”: “Imperium, quod inane est, nec datur umquam” (pretender el mando, que no es nada, sin conseguirlo nunca) Lucrecio, De rerum natura, III, 998). Si el comunismo ha sido desterrado, prácticamente, del mapa político no ha sido gracias a Luxemburgo o Liechtenstein, o a dejar de creer en él. Ha sido el imperialismo de EEUU el que lo ha puesto contra las cuerdas.

Estado e Imperio son categorías políticas, a mi juicio, distintas. El Imperio español carecía de Estado porque no había decisiones soberanas, jurídico-políticas, (la idea de soberanía es ajena a la hispanidad, como decía el propio Gaspar de Añastro Isunza al traducir Los seis libros de la República de Bodino) por parte de la monarquía, entre otras cosas. El propio Dalmacio Negro, en su Historia de las formas del Estado contrapone a las formas estatales la Monarquía Hispánica, los Gobiernos de Rule of Law y La República Federal Norteamericana. Si mal no recuerdo, d’Ors tiene un artículo, o algo parecido, sobre el no-estatismo de Roma. Sobre la idea de Imperio el mismo Dalmacio y Gustavo Bueno tienen aportaciones interesantes.

Interesantísimo debate. Espero que nos veamos en octubre y continuemos estos debates con una buena mesa.

Un abrazo,

Álvaro

El lenguaje económico (XVIII): economía doméstica

Los primeros tratados de economía, escritos en la Antigua Grecia, versan sobre la economía doméstica y la agricultura. En su Económico (364 A.C.), Jenofonte (1786: A2) afirma: «El objeto de el buen Ecónomo es gobernar bien su propia casa». Ayer y hoy, las familias deben tomar decisiones económicas para equilibrar ingresos y gastos. Mientras que los primeros —salarios, pensiones, dividendos, rentas inmobiliarias, etc.— constituye una cantidad relativamente estable, los segundos pueden fluctuar considerablemente según la conducta consuntiva de cada cuál. Para gozar de una buena economía las familias y, en general, los consumidores deben abrazar el círculo virtuoso que propone el profesor Bastos (2012): «Capitalismo, ahorro y trabajo duro».

No llegar a fin de mes

Al menos en Occidente, desde una óptica biológica, nadie muere de inanición antes del día 30. La expresión «no llegar a fin de mes» significa, en realidad, que existen dificultades para equilibrar ingresos y gastos. Algunos sitúan el problema en la parte del ingreso: no se gana lo suficiente para cubrir las necesidades vitales, lo que conduce eventualmente a demandas políticas como la «renta básica universal» o el «ingreso mínimo vital». Otros lo sitúan en la parte del gasto: se gana lo suficiente (por así decirlo), pero se gasta demasiado.

Ubicar a una familia en uno u otro grupo es una cuestión controvertida porque «insuficiente» o «demasiado» son conceptos subjetivos. Por ejemplo, la mayoría de subsidiados considera que el monto percibido es «insuficiente» para cubrir las necesidades básicas. Las demandas de quienes viven o aspiran a vivir de lo ajeno nunca tienen fin, por este motivo, el Estado de bienestar contiene la semilla de su propia destrucción (Huerta de Soto, 2014).

Sea como fuere, la realidad nos impone ajustar el gasto al ingreso y quienes lo realizan mal tienen tres opciones: a) Incrementar su ingreso mediante un aumento de la producción: pluriempleo, horas extra, etc.; b) Reducir su consumo modificando hábitos, pero como esto no es fácil, la mayoría (que dice no llegar a fin de mes) prefiere pasar estrecheces los días previos al cobro; c) Pedir un crédito para llegar a fin de mes: círculo vicioso que suele terminar en la ruina. Para evitar los agobios económicos es recomendable constituir un fondo de emergencia (dinero u otro activo muy líquido) equivalente a tres mensualidades del ingreso corriente. A mi juicio, el origen más común para «no llegar a fin de mes» es una mezcla de pereza (no trabajar lo suficiente), irresponsabilidad e imprevisión. O sea, la negativa a asumir sacrificios productivos y consuntivos. Corrobora esta tesis el hecho de que nuestros padres y abuelos ahorraban mucho más teniendo menores ingresos.

Vivir al día

En algunas culturas los individuos, literalmente, «viven al día»: una vez que han conseguido el poco dinero que necesitan para subsistir dejan de trabajar hasta el día siguiente. Su preferencia temporal es máxima. Según Rothbard (2011: 15): «Puede denominarse preferencia temporal la que privilegia la satisfacción presente sobre la satisfacción futura, o el bien presente con respecto al bien futuro, teniendo en cuenta que se trata de la misma satisfacción (o bien), comparada en momentos diferentes». Vivir al día imposibilita el ahorro y la inversión, lo que sitúa a las personas en un estado de supervivencia propio del reino animal.

Vivir por encima de las posibilidades

Incluso quien gasta más de lo que ingresa, viviendo a crédito, lo hace según «sus» posibilidades. El prestatario obtiene el préstamo porque el prestamista considera (subjetivamente) que su cliente tiene capacidad de pago (rentas futuras) o presenta garantías (patrimonio, prenda, aval, seguro) susceptibles de redimir el principal más los intereses. En definitiva, nadie puede vivir por encima de sus posibilidades porque todos, incluso el manirroto, vivimos según nuestras posibilidades.

Gastar lo que no se tiene

Al igual que la expresión anterior, se trata de una imposibilidad económica y lógica. Los productos y servicios que se consumen son necesariamente bienes presentes: propios, donados o prestados. Si alguien consume algo es porque lo tiene a su disposición. Incluso si pagara con dinero prestado gasta «lo suyo» porque al suscribir el contrato de mutuo «queda facultado para consumir o disponer como propio el dinero que le ha sido prestado» (Huerta de Soto, 2020: 10).

Prestar o vender lo que no se tiene

La única forma de prestar o vender algo que no se tiene es cometiendo fraude. Por extraño que parezca, en el seno del sedicente «Estado de Derecho», los gobiernos legalizan con descaro ciertas estafas. El caso más notorio es la banca con reserva fraccionaria: la entidad presta a terceros el dinero que sus clientes han depositado a la vista. El banco se lucra a expensas de los depositantes (riesgo) y de la sociedad en su conjunto ya que esta práctica —expansión crediticia— provoca inflación. Otro ejemplo es el overbooking,[1] donde el transportista revende un derecho (asiento) que no le pertenece porque ya ha sido adjudicado previamente a otro cliente. Paradójicamente, el gobierno prohíbe la reventa de entradas a espectáculos siendo el revendedor legítimo propietario del derecho adquirido. ¡El mundo al revés!

Serie ‘El lenguaje económico’

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Bibliografía

Bastos, M. A. (2012). «Comparación entre socialismo y capitalismo». Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=ittVmW2wtbk.

Huerta de Soto, J. (2014). «Liberalismo vs anarcocapitalismo». Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=CRef2_aRmII

Huerta de Soto, J. (2020). Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. Madrid: Unión Editorial.

Jenofonte (1786). La economía. Madrid: Benito Cano. Biblioteca Nacional de España.


[1] La Unión Europea ha legalizado (Reglamento CE nº 261/2004) el overbooking para satisfacer los intereses de las aerolíneas a expensas de los viajeros afectados.

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalisto (LXII): La anarquía urbanística

Cuando un visitante llega a la ciudad en la que resido y trabajo, Santiago de Compostela, una de las cosas que les llama la atención es el contraste entre la ciudad vieja, que concentra casi todos los visitantes, y la nueva de factura más moderna, casi toda ella edificada desde la mitad del siglo XX hasta la actualidad. Supongo que este fenómeno es perceptible en muchas otras ciudades del mundo.

Casi todos consideran más hermosa e interesante a la ciudad vieja, realizada sin una planificación urbanística digna de tal nombre frente a la nueva que ya disfrutó de las “ventajas de la regulación”. Sin embargo, como ocurre también en muchas partes del mundo, se ha decidido congelar la parte histórica y hacerla disfrutar también de las grandes ventajas de la regulación de tal forma que según informa la prensa local no deja de padecer una pérdida continua de habitantes. Se considera que es poco adecuada a la vida moderna, y que cualquier actuación sobre la vivienda es muy difícil y costosa, dado su grado de protección. De hecho se ha convertido en una suerte de parque temático congelado en el tiempo para goce y disfrute de turistas y visitantes, pero desprovista de población nativa que le dé aspecto de ciudad habitada. 

El problema que se plantea en el ámbito del urbanismo es que la estética ha pasado a formar parte con todos los honores de las justificaciones normativas de la existencia e intervención del estado en la vida social y es fuente de cada vez más demandas de intervención. No sólo eso, ha sustituido a muchas justificaciones tradiciones del estilo de los bienes públicos en el argumentario de los defensores de la imposibilidad de una sociedad de libre mercado. Los defensores de este tipo de intervención se han convertido, además, en los más fieros defensores de la planificación; mucho más que cualquier comisario del gosplan sovietico en los tiempos de gloria del comunismo. Y a diferencia de estos últimos, no son nada receptivos a los argumentos sobre el cálculo eonómico o la coordinación de actividades empresariales en sus modelos. 

La estética o el gusto han sido siempre materia en la que los gustos de los individuos se consideraban soberanos, y ello imponía un límite a la intervención de los gobiernos. Pero es paradójico que con argumentos de tan poca base lógica se haya montado lo que Manuel Ayllón ha denominado, en un libro así titulado, La dictadura de los urbanistas. (como curiosidad y apartándome del tema fue en este libro donde ví escrita por primera vez la afirmación de que los carlistas habían sido los verdaderos liberales hispanos).

No sólo eso, los urbanistas han conseguido un grado de concienciación y movilización de gran parte de la población tal, que ya le gustaría a los promotores de otras políticas públicas mejor fundadas teóricamente. En efecto, ni los grandes teóricos clásicos del Estado ni los minarquistas ni los socialdemócratas intervencionista s han desarrollado nunca una justificación teórica basada en la estética. Pero aún así, no sólo funciona sino que se ha convertido en una de las políticas más potencialmente agresivas contra el derecho de propiedad que se conocen en la actualidad.

Sus argumentos acostumbran a ser muy emotivos, y por tanto muy poderosos. En ausencia de planificación y ordenación, se nos dice, los liberales seríais capaces de derribar la catedral de Burgos o la de Santiago para instaurar franquicias de moda o de comida rápida en su lugar. O destruiriamos hermosas ciudades medievales mezclándolas con edificios de hormigón, acero y cristal. También por supuesto talaríamos bosques y urbanizariamos espacios protegidos de la naturaleza. Además se insiste en que los ricos, usando de su poder económico, podrían hacerse con todos estos bienes y expropiar su uso a la inmensa mayoría de la ciudadanía que, impotente, asistiría a la degradación de su espacio. En este artículo queremos par tanto señalar cómo podrían establecerse mecanismos de conservación del patrimonio urbano y natural en ausencia de un ente regulador de corte estatal.

En primer lugar, habría que apuntar un hecho: la mayoría de los bienes y paisajes que se han conservado en condiciones que los hacen merecedores de conservación lo son porque han llevado a cargo a lo largo del tiempo buenas prácticas en ese sentido. Es más, éstas han sido practicadas en ausencia de sistemas de planificación formal, lo que prueba es que puede perfectamente conservarse un patrimonio en ausencia de regulación.

De hecho, la regulación urbanística o paisajística castiga a quien han llevado a cabo esas prácticas, privando de derechos de construcción o de explotación de cultivos o forestal a quien se ha caracterizado por respetar su medio. Hay un caso reciente en Galicia en el que se declara espacio protegido un bosque atlántico, cuidado secularmente por sus vecinos, y que ha resultado en que estos ahora no pueden explotarlo ni hacer uso de sus parcelas, como premio por hacerlo tan bien. En cambio aquellos otros que destruyeron bosques y paisajes se ven premiados, de tal forma que pueden obrar o cultivar como lo deseen.

Lo mismo acontece con los paisajes urbanos. Aquellos que se han esforzado en mimarlos y conservarlos pierden derechos, mientras que quienes lo han destruido los conservan. ¿No sería mejor, en cualquier caso, tratar de imitar y conservar las buenas prácticas que intentar regular lo que ya funciona bien? La planificación urbanística presupone que nuestros contemporáneos son más negligentes estéticamente que nuestros antepasados. Parece como si los antiguos supiesen como hacer las cosas y nosotros no. Los antiguos usaban los materiales que tenían a su disposición, y si tuviesen o hormigón o acero es muy probable que los hubiesen usado sin dudar.

De hecho, las regulaciones prohíben materiales y formas sólo de nuestra época, sin considerar que en los espacios conservados ya existen materiales y formas de distintas épocas. Catedrales y plazas de las grandes ciudades históricas combinan estilos arquitectónicos de diferentes siglos, probablemente tan discordantes en su tiempo como los nuestros a respecto del pasado.

Hoy ya no es posible en muchos sitios enriquecer una ciudad con nuevas formas de construir, y edificaciones como la Torre Eiffel (que también fue polémica en su momento) sería radicalmente prohibidas. Porque detrás de estas prohibiciones lo que está latente es un profundo deprecio cultural por nuestra propia época y nuestra civilización, que al ser supuestamente tan capitalista se entiende que no pueden apartar nada que pueda ser hermoso a la humanidad. De la misma forma que la Edad Media es vilipendiada por los ilustrados y sus seguidores por ser una era cristiana, la edad moderna es análogamente atacada por sus valores estéticos, comerciales y egoístas y por tanto desprovisto de cualquier sentido de la belleza. Parece como si el realismo socialista ofreciese soluciones más dignas de conservar.

Otra derivada de la regulación urbanística es la idea de que en una sociedad de mercado la gente no tuviese ningún criterio estético y le gustase aposta vivir en condiciones de deterioro estético. La cultura comercial no excluye para nada la conservación del patrimonio ni el buen gusto. Al contrario, precisamente porque es comercial permite primero que existan fondos para restaurar edificios y obras de arte, lo que en muchas ocasiones es más caro que edificar de nuevo y de ahí que viejos edificios brillen ahora con el fasto de otros tiempos y sean al tiempo capaces de adecuarse a las necesidades tecnológicas de sus moradores.

Pero además, dado que muchas personas aprecian el pasado es comercialmente rentable mantener en buen estado nuestro pasado y exista interés por parte de numerosos empresarios por aprovechar esta demanda potencial. Si tirásemos una catedral para hacer un parking, la ciudad vería mermado sustancialmente su turismo y los empresarios que de él viven no lo tolerarían, y serían los primeros en oponerse. Muy probablemente lo adquirirían y mantendrían tal cual. Sus propietarios actuales tampoco tendrían interés en que pierdan su valor, y lo conservarían, realizando las operaciones de mantenimiento adecuadas. Muchos edificios religiosos han sido conservados precisamente porque son propiedad de instituciones como la Iglesia Católica que han resistido presiones de venta y los han protegidos. Sólo hay que comparar, en nuestro país, lo que le ocurrió a los bienes culturales desamortizados por el estado en el siglo XIX, muchos de ellos en ruinas, o cual fue el destino de muchas de las centenarias murallas que antes defendían las ciudades, casi todas ellas destruidas por sus propietarios estatales en aras del progreso y la  modernidad urbanística. 

No sólo los propietarios conservarán sus bienes, sino que intentarán adaptarlos de manera empresarial a los posibles gustos del futuro. Esto es, no los congelarán en el tiempo, sino que irán realizando poco a poco innovaciones como han hecho nuestros antepasados. Estos no se centraron en una época y la conservaron (de ser así todas las viviendas serían de tipo romano, por ejemplo) sino que usaron los nuevos materiales de los que iban disponiendo y aprovecharon las innovaciones en arquitectura y estética propias de su tiempo. Sólo nosotros, por un extraño odio a nosotros mismos, consideramos poco estéticas nuestras artes, técnicas y gustos, cuando probablemente no dejen nada que desear a las antiguas.

Por último, existen técnicas de planificación privada que podrían perfectamente adecuarse a la protección del entorno urbanístico si así se desease. Simplemente en una comunidad de derecho privado podrían perfectamente ponerse cautelas a las construcción, estableciendo que puede o no hacerse. Existirían comunidades conservadoras que querrían conservar un estilo propio y otras más modernas que permitirían innovaciones de todo tipo. De hecho fue la propia “presión” social la que más contribuyó a esta preservación, de forma análoga a la planificación privada..

De la misma forma que adecuamos nuestra vestimenta a los gustos y modas de la época en que nos tocó vivir en el caso del urbanismo y de los paisajes opera un fenómeno parecido. De la misma forma en que no vemos a nuestros convecinos con toga, peplo o cota de malla a pesar de ser perfectamente libres de hacerlo si así lo decidiesen es muy presumible que no se llevasen a cabo anacronismos o aberraciones estéticas en el ámbito que estamos abordando.  

La anarquía decía Pierre Proudhon es la madre del orden. En el urbanismo lo demuestran ciudades prácticamente  anarcocapitalistas como Gurgaon en la India que demuestran que se puede disfrutar de unos estándares de urbanismo muy elevados en ausencia de regulación. Algún día volveremos a este tema para comparar ámbitos urbanos con y sin regulación.