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Etiqueta: política

No podía saberse: prensa, poder y naufragio socialista

Con Santos Cerdán enviado a prisión tras su declaración en el Supremo, la maquinaria socialista se ha parapetado detrás de sus grandes éxitos: “esa persona de la que usted me habla”, “esto no tiene nada que ver con el PSOE” o “actuamos con contundencia, y ahora es el turno de la justicia”.

Tras el dantesco espectáculo en la OTAN, el presidente del Gobierno sigue empecinado en vendernos la imagen de un partido que actúa contra la corrupción cuando la conoce. Pero lo que se desliza de todo esto son dos posibilidades, a cada cuál peor. Por un lado, que todo este entramado esté en conocimiento del presidente, y sólo ante la inminente consecuencia se haya tomado cartas en el asunto para escurrir el bulto. Por otro –y peor aún–, que efectivamente, nadie supiera nada. Lo cual pondría de manifiesto que estamos siendo gobernados por una panda de tuercebotas incapaces. Maldad o inutilidad. Ninguna de ellas digna de admiración.

Pero lo verdaderamente llamativo no es que el poder se aferre al sillón y trate como deficientes mentales a sus votantes. Eso podemos achacarlo al costumbrismo político. Lo relevante es que, en paralelo, desde hace un par de semanas se ha activado la maquinaria interna entre los medios de comunicación. Los estómagos agradecidos de los últimos años comienzan a otear una posible hecatombe socialista y, ahora sí, empiezan a echar leña al fuego. Quienes durante años han sido los grandes defensores de Pedro Sánchez, son ahora los que, por conveniencia política y económica –porque filtrar audios e informaciones puede dar mucha audiencia– se encomiendan a la nueva consigna: pedir explicaciones y entonar el “no podía saberse”.

El periodismo es esa profesión que se ha prostituido y adulterado hasta niveles inimaginables. Aunque quedan grandes profesionales en ella, la caricatura que muchos periodistas y el aparato mediático actual han acabado haciendo de sí mismos, no son más que una sombra de lo que alguna vez significó hacer periodismo.

De apuntalar el régimen a sorprenderse

La carrera por reestructurar el relato a la oficialidad que se dictaba desde Moncloa ha venido siendo una constante desde hace años. La Cadena Ser, El País, La Sexta, eldiario.es y demás palmeros, han retorcido la narrativa mediante corrupciones semánticas que harían temblar al mismísimo Goebbels. Una prensa totalmente alineada con el poder de turno, pues cuando la supervivencia pasa por quien controla el BOE, todo está perdido. Es así como estos medios han pasado a ser una elongación del poder. Cada escándalo, cada corruptela, cada investigación independiente de otro medio, ha sido minimizado, o negado categóricamente, por la guardia pretoriana socialista.

Como escribió Georges Bernanos en Francia contra los robots, la libertad no debe encomendarse a los burócratas, técnicos y mecánicos de la democracia. Y sin faltarle ni un ápice de razón, deberíamos añadir, tampoco a los medios de comunicación.  Porque esos que ahora asoman la patita de la sospecha son los mismos que ayer tachaban de propagadores de bulos a los medios independientes. No lo hacían por amor a la verdad –impracticable para ellos– sino por conveniencia narrativa. Que medios como la Cadena Ser o La Sexta simulen hoy una mínima crítica hacia el PSOE no es más que la enésima muestra del rastrerismo que impera en ellos. Semana tras mes, y mes tras año, han elevado a categoría de verdad absoluta las palabras de quienes los regaban con dinero público. Pero ahora, como quien de repente ve las orejas al lobo, comienzan a entonar el ‘no podía saberse’ y demás mantras prefabricados para evadir responsabilidades… Incluso algunos personajes llegaron a deslizar la idea de que la culpa de todo esto era de las malvadas empresas capitalistas que tentaban a los bondadosos políticos socialistas.

 
Del ‘es mejor que roben los buenos, a que roben los malos’ de Marta Nebot, hemos pasado a esta huida hacia adelante que ha colocado a los periodistas del régimen como víctimas de las engañifas del Gobierno. Ahora tienen que pedir explicaciones, y audios filtrados mediante… mantener la audiencia. La rueda ha girado. Da signos de necesitar un cambio, y para seguir en ella, ahora sí, deben señalar a los que antes ponían la alfombra. Pero ahora, estos medios parecen haber empezado a oler el cadáver. No por deontología. No por dignidad profesional. Sino porque si, de repente, algo cambia, puedan decir que ellos siempre estuvieron del lado de la verdad. Verdad que ahora es la que más audiencia da.

Del bulo al escándalo, según convenga

La ley de hierro de las oligarquías formulada por Robert Michels comienza a sentirse en las carnes de Pedro Sánchez. Figuras como Antonio García Ferreras o Angels Barceló, anteriores acólitos sanchistas, piden ahora explicaciones y dignidad democrática. Pero en realidad, lo que ocurre, es que cuando una élite empieza a dar signos de desgaste, sus aliados –incluidos los medios– no se desmarcan por principios, sino por puro instinto de supervivencia. Porque lo que estos periodistas y medios no quieren, es que cuando Sánchez no esté, nadie pueda decir que ellos no defendieron la verdad del momento.

Joseph Ratzinger escribió que la renuncia a la verdad es el núcleo esencial de nuestra crisis. Una crisis que lleva años asolando al periodismo. La verdad, ni está, ni se la espera. Años apuntalando mentiras. Años señalando al del equipo contrario. Pero ahora, estos mismos lamebotas pretenden convencernos de que lo suyo ha sido una epifanía periodística. La venda se ha caído. Por fin, han podido ver la luz.

Lo que antes se calificaba como ‘bulo’ ahora se llama ‘escándalo’. Un recálculo tan oportuno, como falso. Estos medios, estos periodistas, no han cambiado en absoluto, tan solo ha cambiado el miedo a que su estabilidad económica y presencia mediática se vean reducidas de no defender lo que en cada momento resulta más conveniente. La prensa que señaló a Ketty Garat cuando destapó el caso Ábalos es la misma prensa que señala a Vito Quiles y a Bertrand Ndongo por propagar bulos. Y es la misma que hoy empieza a comprar el relato. Lo que antes se silenció, luego se justificó, y hoy, cuando el hedor es ya insoportable, sirve para simular haber sido los más íntegros y críticos con el régimen. Una jugada que solo podría ser realizada por aquellos que, o no tienen nada que perder, o pueden perderlo todo.

Corrupción moral: el verdadero cáncer

El socialismo es la ruina de todo aquello cuanto toca. Y como si del mejor ejemplo del libro de Manuel Llamas se tratase, hoy la prensa española quiere envolverse en un halo de supuesta valentía, cuando lo que hay detrás es cobardía y oportunismo. Pero tras todo este disfraz hay algo peor, algo que no se ve en el corto plazo, algo que aboca a una sociedad a un estado terminal: la corrupción moral.

Una sociedad que no castiga la corrupción económica es una sociedad abonada a la miseria, pero una sociedad que no castiga la corrupción moral está destinada a la metástasis. El mal actual se concentra en la falta de memoria y moral de la sociedad civil. Cada vez que el poder cambia de manos, o de perfume, la población empieza desde cero con la connivencia de una prensa que ayer aplaudía al poder, y hoy, cuando es necesario para su supervivencia, se proclama heroína de la democracia.

Una sociedad que ha depositado su soberanía moral en aquellos que la corrompen… jamás podrá decirse ‘libre’ a sí misma. El problema no es Ferreras, ni Angels Barceló o cualquier personaje de la corte mediática. El problema son quienes hoy los escuchan y no señalan que ayer no decían lo mismo. Porque lo que hoy dicen no es por ética o moral, sino porque cuando se hunde, las ratas son las primeras en abandonar el barco.

El Pepe. Cómo José Mújica embaucó, engañó y moldeó una nación

Por Martín Aguirre. El artículo El Pepe. Cómo José Mújica embaucó, engañó y moldeó una nación fue publicado originalmente en FEE.

José Mujica, el guerrillero uruguayo que se convirtió en presidente y luego en estrella del pop político, falleció el 13 de mayo. Intentar explicarlo a cualquiera que viva fuera de Uruguay puede ser un desafío, porque Mujica era un personaje completamente uruguayo.

Permítanme ilustrarlo. Uruguay es un país con dos almas. Una, urbana, de clase media, socialista, con ascendencia mayoritariamente europea y pretensiones cosmopolitas imposibles de cumplir en un país de 3 millones de personas en las afueras de América Latina. Eso es principalmente la capital, Montevideo, donde vive la mitad de la población. La otra mitad vive en lo que generalmente se llama “el campo”, aunque la mayor parte reside en pequeños pueblos dispersos en un territorio más pequeño que Dakota del Sur. Y su gente, aunque étnicamente similar, tiene un enfoque muy diferente de la vida y la política. Son más individualistas, desconfían del alcance del gobierno, están vinculados a la producción agrícola extensiva y tienden a votar por opciones conservadoras. Se han hecho comparaciones con Texas.

Mujica fue una mezcla muy peculiar, y algunos dirían que fabricada, de estos dos mundos. Mundos que desde el nacimiento del país han chocado implacablemente, en una lucha de poder político que involucró una guerra civil abierta durante todo el siglo XIX. Después de eso, la lucha se “civilizó” en su mayoría, y el país tuvo un período de florecimiento económico que creó la sociedad más igualitaria y democrática del continente. Hasta que Mujica y sus amigos, deslumbrados por la Revolución Cubana y frustrados por un período de estancamiento económico, lanzaron un levantamiento guerrillero que terminó con ellos en prisión durante una década y el país en una dictadura militar.

Después de su liberación de la prisión, indultado por una ley aprobada por los mismos enemigos políticos contra los que había luchado una década antes, Mujica protagonizó una de las historias de redención más asombrosas —y algunos dirían que dignas de Hollywood— en la política continental. Fue el hombre que impulsó a su grupo guerrillero, los Tupamaros, a aceptar las reglas de la democracia, y finalmente lo convirtió en uno de los movimientos políticos más poderosos del país, lo que finalmente lo llevó a la presidencia en 2010. Esto fue posible gracias a una mezcla de carisma, un lenguaje directo sin concesiones a la corrección política ni siquiera a la cortesía, y una extraordinaria campaña de base. Mujica y sus compañeros literalmente recorrieron todo el país, ganándose la confianza de la gente común, tanto en la ciudad como en el campo.

Se propuso demostrar que vivía de la misma manera que todas las personas pobres del país, y efectivamente lo hizo, a pesar de que su esposa, Lucía Topolansky, una Tupamara de mayor rango que él, provenía de una familia muy rica. Fue entonces cuando el mito del “presidente más pobre del mundo” comenzó a ganar terreno. Todo comenzó durante sus primeros días como congresista, cuando un episodio no confirmado, repetido en bares y redacciones, afirmaba que llegó con su aspecto nada pulcro al gran edificio del Parlamento en una Vespa destartalada, y estacionó en el lugar reservado para los representantes electos. Un policía se le acercó y le preguntó cuánto tiempo planeaba quedarse allí. Y supuestamente respondió: “Los cinco años completos, a menos que algo terrible suceda”. La leyenda solo creció a medida que ascendía en la escala política. Como presidente, todavía vivía en una casa muy humilde en una pequeña granja a las afueras de Montevideo, donde recibiría al rey de España o a los presidentes brasileños, obligándolos a sentarse en una silla hecha con tapas de botellas de plástico.

Su legado político, como cualquiera que lea esta historia puede imaginar, es extremadamente polarizador en Uruguay. Algunos lo aman; algunos lo odian. Muy pocos, sin embargo, discuten que su gobierno fuera malo. Aunque ocurrió al mismo tiempo que el mayor auge económico de la región, con precios de exportación para los productos uruguayos nunca antes vistos gracias a la expansión de China, dejó el país con más deuda de la que tenía cuando asumió el cargo. Su tiempo en el poder llevó a la quiebra a la empresa estatal de energía que tiene el monopolio legal para vender gas, y nunca cumplió con las reformas que había prometido como esenciales para el futuro del país. En educación, algo que Mujica afirmó que era una prioridad absoluta para su mandato, no pasó nada.

Por otro lado, durante su gobierno, se legalizaron el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, y la marihuana se reguló de una manera extraña, donde el gobierno tiene el monopolio de la producción y venta. La verdad es que Mujica nunca defendió ninguna de estas reformas antes de su presidencia, y solo se embarcó en ellas después de percibir que tenían un fuerte apoyo de la clase joven, intelectual y de izquierda, un grupo que generalmente despreciaba.

Esa es una expresión perfecta del talento político del Sr. Mujica. Tenía una capacidad sobrehumana para anticipar los cambios de tendencia en el electorado, y cambiar descaradamente de rumbo de un minuto a otro. También era un político implacable, y quien lo confundiera con una figura de abuelo amable pagaría el precio completo de su error.

También contribuyó a una profunda degradación en la argumentación política en Uruguay. Al romper todos los códigos del discurso público y no dudar en el lenguaje profano, desencadenó una degradación en un sistema que alguna vez fue conocido por su cortesía, incluso en las peores batallas ideológicas. No muy lejos de lo que se ha acusado a Donald Trump en EE. UU. La comparación entre estos dos personajes, aparentemente radicalmente diferentes, no ha sido inusual en Uruguay. Por supuesto, más en la forma que en el fondo. Nunca en la moda o el gusto.

Mujica era un animal político total. Incluso durante sus últimos días, se levantó de la cama para enviar un emotivo mensaje a los votantes en la última semana de las elecciones de noviembre. Con el cabello desordenado, sin dientes y con aspecto de estar a punto de expirar, les dijo que votaran por su heredero político, el Sr. Yamandú Orsi. Y, según la mayoría de los analistas, eso fue clave para la victoria de Orsi.

Era contradictorio, un día criticando a los líderes empresariales por ser codiciosos, al siguiente a los líderes sindicales por ser analfabetos. Era un socialista impenitente, pero podía lanzar las críticas más virulentas a los experimentos comunistas. Era amigo de Fidel Castro, pero se llevaba igual de bien con el antiguo rey de España. Más que nada, Mujica era un virtuoso, que podía tocar mejor que nadie las sutiles teclas que mueven las emociones del uruguayo común.

Se podría argumentar que podría haber usado ese poder para una causa mejor, o haber logrado mejores resultados. Pero en un mundo de políticos asépticos, fabricados y obsesionados con las encuestas, él era único en su clase.

Elecciones presidenciales en Polonia

El próximo domingo 18 de mayo, los polacos están convocados para votar en (la que puede ser) primera vuelta de las elecciones para elegir a un nuevo presidente de la República, después de dos mandatos consecutivos, que suman diez años, del saliente Andrzej Duda[1]. A estas elecciones se presentan 13 candidatos, quienes previamente tuvieron que presentar más de 100.000 firmas de respaldo ante la junta electoral nacional, tal como prescribe la Constitución polaca (Art.127.3) para postularse para el cargo.

Siguiendo la estela del imperfecto bipartidismo de los últimos veinte años[2], la última encuesta augura que los candidatos con más probabilidades de pasar a la segunda vuelta – pues parece improbable que alguno obtenga más de la mitad de los votos válidos en la primera, art.  127.4 – son el alcalde actual de Varsovia, Rafał Trzaskowski  – con un 30’80 %, apoyado por la Coalición Ciudadana/KO del primer ministro Donald Tusk[3]– y Karol Nawrocki – con un 25’50 %, apoyado por el partido Derecho y Justicia/PiS.

La preselección de ambos candidatos adoptó distintas formas. Por una parte, en noviembre del año pasado la KO eligió a Trzaskowski en un proceso de primarias frente al ministro de asuntos exteriores, Radosław Sikorski. En cambio, el desconocido Karol Nawrocki[4] fue elegido por un comité ciudadano formado por académicos afines, a quien el PiS, por boca del omnipresente Kaczyński, anunció su apoyo en una “Convención Ciudadana” celebrada en Cracovia pocos días después.

En cualquier caso, este sistema de elección a doble vuelta permite la postulación de numerosos candidatos, incluidos los independientes, que suscitan variados puntos de vista. En algunos casos incluso se enfrentan políticos pertenecientes a la misma coalición. Es el caso de Szymon Hołownia, quién compagina el cargo de presidente de la Sejm (o cámara baja) con el liderazgo de Polska 2050, uno de los partidos del gobierno; O el de Sławomir Mentzen y Grzegorz Braun, ambos de la constelación de partidos nacionalistas y tradicionalistas, con algunos tintes liberales en economía, que articulan la Confederación Libertad e Independencia.[5] Por su parte, la izquierda canónica presenta dos caras: Magdalena Biejat del partido Izquierda Nueva, integrante del gobierno, y Adrian Zandberg del partido Razem (Juntos) acampado en una oposición marginal, pero influyente en ciertos medios de comunicación convencionales.

Entre los independientes destaca el periodista Krzysztof Stanowski. Promotor y presentador del Canal Zero, albergado en YouTube desde febrero del año pasado, ha conseguido más de millón y medio de suscriptores. Logró inscribirse como candidato con el propósito de burlarse de los aspectos más absurdos de la democracia[6], con un programa electoral medio en serio[7]. Al mismo tiempo que hace campaña electoral se desdobla como entrevistador de los candidatos que no hacen ascos a visitar su propio canal. En cierto sentido, un seguidor práctico de Bryan Caplan.

Sin embargo, a salvo de sorpresas de última hora, los candidatos respaldados por los partidos políticos parten con ventaja, frente a los independientes que prueban suerte o se promocionan socialmente. Aunque unas elecciones democráticas incitan al debate sobre los temas más diversos, conviene perfilar someramente qué funciones desempeña el presidente de la República polaca, para calibrar la trascendencia de estos comicios.

En este sentido, la Constitución le atribuye unas competencias que hacen del ejecutivo polaco un poder casi bicéfalo, en el que, pese a la preeminencia del primer ministro elegido en la Cámara baja (Sejm) se mezclan elementos del sistema presidencialista francés (la doble vuelta en elección directa) con otros característicos del alemán o el italiano – más simbólicos y protocolarios – y notas del norteamericano como la prolongada campaña electoral.  

En general, el presidente ostenta la Jefatura del Estado y del Ejército, la representación del estado en las relaciones internacionales, y mantiene una cancillería adjunta con una estructura administrativa a su servicio (Art 143). Modera las potestades tanto del Parlamento bicameral como del Primer ministro, quien dirige la acción política del gobierno y comparte con el presidente la iniciativa legislativa de proponer leyes al Parlamento (Art. 144.3 CP)

De este modo, el presidente goza de una potestad de veto sobre las leyes enteras (no sobre aspectos concretos) aprobadas por el Parlamento. Esta suspensión puede alzarse si el Congreso  vuelve a aprobar en segunda lectura la ley dada por una mayoría de 3/5 de los diputados (Art. 122.5 CP) Asimismo, puede plantear recurso ante el Tribunal Constitucional (art. 122.3 CP) contra las leyes aprobadas por el parlamento antes de firmarlas. Con el consentimiento del Senado, puede convocar referendos (art. 125.2 CP) y dispone también del derecho de gracia (Ar. 139) En asuntos de particular importancia, el presidente puede convocar al Consejo de Gabinete. Este Consejo se forma por el Consejo de Ministros reunido bajo su presidencia. El consejo de gabinete no tiene las competencias del Consejo de Ministros. (Art 141).

Algunos actos del presidente deben refrendarse por el primer ministro, pero el artículo 144.3 de la Constitución desglosa una significativa lista de actos para los cuales el presidente no precisa de ningún tipo de autorización. Nos encontramos, pues, ante un contrapoder. O, dicho de otra manera, ante una faceta del poder ejecutivo que emana directamente del voto popular frente al poder indirecto del primer ministro, que otorga la mayoría parlamentaria.

En cualquier caso, desde que Donald Tusk obtuvo la investidura como primer ministro en diciembre de 2023, se ha producido una suerte de cohabitación con el presidente Andrzej Duda, por la necesidad que tienen ambos cargos de cooperar en la acción política. Aunque el jefe del Estado ha mantenido una distancia calculada y, como presidentes anteriores, abandonó la militancia del partido que le aupó al cargo, los lazos ideológicos no han desaparecido ni mucho menos.

Recientemente, el candidato Trzaskowski ha reconocido algo particularmente obvio. En las relaciones exteriores y la política de defensa de Polonia, ambas fuerzas políticas (KO y PiS) sostienen posiciones parecidas. En algunos aspectos, como el mantenimiento de un gasto militar equivalente al 5 por ciento del PIB, ese consenso se fraguó con antelación. En otros, como el despliegue de una valla de contención y fuerzas de control a lo largo de la frontera con Bielorrusia para impedir la llegada irregular de inmigrantes procedentes de países terceros,[8] el cambio de postura provino de los dirigentes de KO, que en un momento determinado entendieron, como sus aliados de izquierda, que las dificultades evidentes de sostener tamaños despliegues sin infringir los derechos humanos en algún caso se podrían aprovechar electoralmente. Lo cierto es que la pequeña polémica desapareció de las agendas de los partidos ante la abrumadora preocupación que provocó la invasión rusa de Ucrania.

Es en relación con el vecino país invadido, donde el medido apoyo de los gobiernos polacos de ambos partidos, que ha ido mellándose por la prolongación del conflicto frente a los momentos iniciales de solidaridad, ha desembocado en un consenso más evidente. Incluso un cerrado proteccionismo frente a las importaciones agrícolas ucranianas. De forma alarmante, el candidato Trzaskowski también se ufana de sus conversaciones con el presidente francés para perfilar una minoría de bloqueo contra el Acuerdo firmado entre la Comisión Europea y los países del Mercosur.

La acogida de los desplazados ucranianos, oportunamente liberados de obtener cualquier tipo de permiso de trabajo o residencia para establecerse en los países de la Unión Europea, ha supuesto el reforzamiento de un proceso que venía produciéndose por motivos económicos anteriormente. A la facilidad de integración de los trabajadores ucranianos en un país muy cercano culturalmente y que precisa de inmigrantes para puestos de muy diversa categoría y cualificación, se han sumado empresas ucranianas o mixtas de servicios, en tiempos especialmente propicios por la interconexión digital. El aumento de la población real ha producido beneficios obvios, pero también ha tensionado los servicios públicos básicos y ha disparado aún más la demanda de vivienda en las grandes ciudades.

Tal vez por esta razón, los candidatos de los dos grandes partidos subrayen con distintas expresiones que, por ejemplo, el subsidio de 800 zlotis por hijo menor de edad solo se mantendrá para los ucranianos que residan y trabajen en Polonia.

Por último, las diferencias estriban, entre otras, a cuestiones como la reversión de la legislación que los gobiernos del PiS, con el apoyo relativo del presidente Andrzej Duda, aprobaron, vulnerando principios básicos del Estado de derecho; la despenalización del aborto o la idoneidad del Pacto verde europeo, que los partidos de derecha consideran como el principal responsable de las dificultades de supervivencia de las explotaciones agrícolas y ganaderas.

Notas

[1] Presentado por el partido Derecho y Justicia – Prawo i Sprawiedliwość (PiS).- por primera en 2015, revalidó en doble vuelta su mandato en unas elecciones aplazadas por la pandemia del Covid-19 al 28 de junio y 12 de julio de 2020. Según el art. 127.2 de la Constitución de 1997, el presidente de la República solo puede reelegirse una vez.

[2] Muchos comentaristas hablan de un “duopolio” que puede resumirse en el hecho de que el actual primer ministro Donald Tusk ya se enfrentó a Lech Kaczyński (gemelo de Jarosław, presidente del PiS) en las elecciones presidenciales de 2005.

[3] Tusk dirige, a su vez, un gobierno fruto de un pacto poselectoral de su Coalición Ciudadana, la coalición preelectoral Tercera Vía y el minoritario partido de la Nueva Izquierda.

[4] Este doctor en Historia por la Universidad de Gdańsk , quién desempeña la presidencia del Instituto de la Memoria Nacional (IPN, por sus siglas en polaco) desde el año 2021, no está formalmente afiliado a ningún partido.

[5] A esta coalición pertenece la eurodiputada Ewa Zajączkowska-Hernik, quién se hizo célebre por la implacable diatriba contra Ursula von der Leyen en la sesión del Parlamento Europeo del 18 de julio del año pasado. El vídeo se hizo viral.

[6] Por eso propone un subsidio de 500 zlotis por cada cerdo, así como para toda persona que se identifique como cerdo.

[7] El tono del programa se refleja en lamentos como que ”los políticos polacos no hayan sido capaces de construir una sola central nuclear durante años y en su lugar malgasten tiempo y energía polémicas estériles y refriegas políticas”.

[8] Comenzados por el gobierno de Mateusz Morawiecki al tiempo que, junto a otros países vecinos de la UE como Lituania y Letonia, acusaban al régimen de Aleksander Lukashenko de utilizar estas incursiones masivas como elementos de guerra híbrida.

Lo contrario del PSOE no es el PP, sino el liberalismo

Hoy más que nunca, a pesar de que aún faltan cerca de tres años para las próximas elecciones, resuenan los tambores de un cambio de gobierno. Esto se debe a la notable falta de apoyos del actual ejecutivo, sumada a los numerosos escándalos de corrupción que rodean al presidente. En este escenario, resulta aún más evidente la ausencia de una oposición fuerte. Con un Partido Popular debilitado en la opinión pública, todo indica que VOX podría ser el gran beneficiado en las urnas en las próximas elecciones.

Sin embargo, existe una duda más que razonable de la ineptitud, obviando la connotación soberbia de la expresión, de todo el bloque derechista. En un escenario inédito en la política española, justo en el momento en el que sus voces son más escuchadas, son incapaces de darle importancia a aquellos problemas que realmente afectan a la mayoría de la población: generación de deuda, gasto público, inflación y descenso empicado de poder adquisitivo a riesgo de hacer desaparecer la clase media.

Prueba de ello es la reciente polémica de las pensiones: resulta que podrían ser insostenibles en su formato actual y que condenan a los jóvenes a un futuro incierto. A menos que cambie mucho la demografía, baje el gasto público, o los pensionistas decidan por unanimidad bajarse los ingresos, todo parece indicar que vamos de cabeza a lugar donde la clase media no existirá y que la mayoría de lo que se genere irá para la enorme maquinaria del Estado. En un marco tan acentuado, Partido Popular y VOX se niegan a reconocer el problema, dejando solo el debate para esos políticos retirados que, ahora ya sí, pueden decir la verdad sin consecuencias profesionales.

Personas como Albert Rivera, que no se atrevió a decirlo con la llave del país en sus manos, o Espinosa de los Monteros, que podría decirse que abandonó su escaño precisamente por sus convicciones sobre temas económicos, parecen ser las únicas figuras públicas que hablan del gigante elefante amarillo que hay en el centro de la habitación.

Decía un (aún más) joven Borja Vilaseca en uno de sus libros, que nada tiene que ver con temas económicos o políticos, lo siguiente[1]:

El liberalismo es una aspiración con tintes utópicos. Principalmente, porque requiere que una gran mayoría de ciudadanos estemos verdaderamente despiertos y gocemos de libertad de pensamiento. Y que nos relacionemos entre nosotros de forma responsable, madura, sabia y consciente. Para que esto sea posible, primero es necesaria una profunda revolución del sistema educativo.

En este sentido, el concepto de nación tal y como hoy lo conocemos, seguramente sea reemplazamos por el de territorio. De este modo, se devolverá la soberanía y el protagonismo a zonas y localidades donde las personas y empresas puedan cooperar y aportarse valor mutuamente. Por todo ello, el liberalismo es el modelo de organización política más opuesto posible al totalitarismo actual.

Lo que vivimos hoy en día es un empobrecimiento de la población, disfrazado de justicia social e igualdad. Esto fomenta el resentimiento entre la mayoría, impulsándolos a seguir votando por quienes prometen un futuro ideal basado en la intervención. Lo que resulta evidente es la intención de sancionar a quienes prosperan. Sin embargo, parece que no se dan cuenta de que, si penalizas continuamente al exitoso, terminarás creando una sociedad poco incentivada para conseguir grandes logros.

En toda sociedad, el talento y la excelencia son bienes escasos, mientras que la mediocridad, abundante y respaldada por la mayoría, se convierte en la norma. Un sistema democrático, basado en el número y no en el mérito, tiende inevitablemente a favorecer a los menos capaces, relegando a quienes destacan. Paradójicamente, la verdadera esencia de la humanidad radica en la diversidad, y es precisamente esa diferencia la que nos hace, por naturaleza, desiguales[2]. Más paradójico aún es que los que atenten con esa diversidad son los que, a priori, mayor divergencia quieren aparentar.

Hablemos del elefante en la habitación: el Estado no sabe más que nosotros. Bajemos esa idea. Podemos ser cien veces más conocedores que ellos en un tema específico, y un claro ejemplo de esto son las constantes idas y venidas durante la gestión del COVID, donde ofrecieron información completamente contradictoria a solo semanas de distancia. O, por ejemplo, cuando nos dicen cómo gastar nuestro dinero mientras ellos llevan a la quiebra a un país entero. ¿Cuándo permitimos que nos den lecciones de finanzas personas que son incapaces de hacer una simple cuenta entre ingresos y gastos?

Tanto el PP como el PSOE no han hecho más que centrarse en aumentar drásticamente los impuestos, endeudar a la población a través de la deuda pública y, a la par, recurrir a la devaluación de la moneda. Cada acción, hoy en día, está gravada impositivamente. Vivimos en un expolio fiscal constante, todo ello con el fin de justificar un Estado de Bienestar que se sostiene sobre años de un comportamiento vicioso.

La última ocurrencia del Partido Popular, además de apoyar el sistema de pensiones, es la “hucha hogar joven”, medida que anunció Feijóo para ayudar a los menores de 40 años a comprar una vivienda. Esta hucha pretende aplicar una deducción del 20% en el IRPF a las aportaciones que hagan los menores de dicha edad. Además, les servirá para que el Estado les avale luego con la misma cantidad que hayan ahorrado. Lo que pasa por alto Feijóo en el comunicado es que el Estado se beneficia de la compra de nuevas viviendas a partir del 10% del IVA, o con el algo más reducido ITP para viviendas de segunda mano (7% aprox.).

Estamos hablando que, para acceder a una vivienda de 200.000 euros, hay que estar pagando del orden de 20.000 a 50.000 euros entre impuestos directos e indirectos que no pueden ser financiados. Esto es una barrera real en la compra de pisos para la clase media actual. Y me pregunto yo, ¿por qué no quitar el IVA en la compra de la primera vivienda? ¿Por qué no bajar IRPF a clases medias? ¿Por qué nadie habla de que la verdadera solución pasa por reducir el gasto público para que no siga aumentando la presión fiscal?

Que estamos gobernados por personas que no están preparadas para decir la verdad es un hecho. Pero nos equivocamos si pensamos que la oposición va a cambiar algo. PP y VOX son un mismo bloque que se han unido para continuar con la misma dinámica que venimos sucediendo, y nadie más que el liberalismo parece estar hablando de ello.


[1] Qué harías si no tuvieras miedo, de Borja Vilaseca

[2] El triunfo de la estupidez, de Jano García

Sobre el anarcocapitalismo (I): Rothbard como historiador de la derecha americana

Se cumplen este mes treinta años del prematuro fallecimiento de Murray Rothbard y el año próximo, el centenario de su nacimiento, por lo que entiendo que es de justicia contribuir a conocer un poco mejor su obra y entender cuáles fueron el contexto en el que se originó el moderno anarcocapitalismo. En este texto me gustaría abordar una faceta del autor que normalmente no es muy destacada: la de historiador de las ideas y movimientos políticos, frente a la más conocida de estudioso de la historia del pensamiento económico.

La tradición de la derecha estadounidense

En concreto, me gustaría comentar uno de sus libros póstumos, The betrayal of the american right, traducido al castellano por el Instituto Mises como La traición de la derecha estadounidense, fácilmente descargable desde su página de internet. La razón de escoger este libro no reside solamente en que es uno de los que mejor explica los orígenes del movimiento, sino porque ayuda a comprender también el origen de la polémica entre Hoppe y Milei. El libro es parte de una historia intelectual del movimiento libertario norteamericano y parte una autobiografía del propio Rothbard, en la que detalla desde dentro las líneas de actuación y las divisiones y traiciones dentro del mismo.

Lo primero que podemos ver es que el autor, anarcocapitalista, confeso desde su juventud, no renuncia para nada a la batalla política. Uno de los debates que dividen a los libertarios actuales es el de si participar o no en la política convencional, para intentar cambiar desde dentro el sistema. Rothbard parece pensar que sí es conveniente y buena parte del texto es un relato autobiográfico de las aventuras y desventuras del profesor Rothbard en el seno de las facciones políticas de la derecha americana, hasta su desencanto y giro a la izquierda política y su vuelta final al mundo de la derecha.

La clave está en la política exterior

Otro aspecto que cabría destacar es que Rothbard distingue entre el ámbito de la teoría, en el cual muestra una gran coherencia a lo largo de su vida, y el de la acción política, en el que se mueve más por aspectos coyunturales. Escoge en cada momento la opción política que le parece menos mala entre las existentes, pues como el lector del libro observará, ninguna le parece del todo satisfactoria.

El factor que definiría para nuestro autor es principalmente uno: la mayor o menor propensión del político a apoyar guerras de los Estados Unidos en el exterior y el mayor o menor intervencionismo en política internacional sea influyendo en organismo internacionales, aunque sea con ayudas a otros países como el plan Marshall. La cooperación, o bien con los mecanismos de guerra económica, sanciones o embargos, que la potencia norteamericana ha aplicado durante todo el siglo XX.

Aspectos como el mayor o menor intervencionismo económico o las guerras culturales, si bien no juegan un papel menor en su definición política, no son el factor principal que lo define como anarcocapitalista, sino la política exterior. Ni siquiera la mayor o menor defensa de los principios de la escuela austríaca, que Rothbard declara haber conocido una vez finalizada su tesis doctoral, entendidos como defensa de la propiedad y los mercados libres, son el eje sobre el que gira su visión del anarcocapitalismo.

La vieja derecha

Recordemos que la influencia antiestatista de Rothbard parte de las ideas de lo que él denomina como Old Right, o derecha vieja norteamericana. Los principios de esta escuela son básicamente dos, y por este orden, primero la oposición radical al imperio norteamericano, que había comenzado a fraguarse a fines del siglo XIX con la conquista de Hawái y la guerra con España en 1898 y a la intervención militar en el exterior, principalmente la orientada a influir en la política europea. El segundo es la oposición a las políticas del progresismo americano, cuya apoteosis son las medidas intervencionistas del llamado New Deal, llevadas a cabo durante la gran depresión de los años 30.

El primer punto no es en principio anarcocapitalista en su discurso, pero sí en las consecuencias de aplicar este discurso. Los líderes de la vieja derecha se alinearon alrededor de plataformas contrarias a la intervención en las guerras mundiales del siglo XX. En especial contra la primera, pero sin cuestionar en principio ni la propia existencia del estado ni el ejercicio de sus funciones consideradas nucleares, la justicia y la seguridad. Pero se opusieron a la intervención en conflictos que, según ellos entendían, no tenían nada que ver con la seguridad de los americanos.

Pero de hacer caso a algunos de sus principales exponentes como Randolph Bourne o Albert Jay Nock la intromisión por medios violentos en los asuntos de otros territorios es la principal causa de que los estados se refuercen y expandan a su alcance. No intervenir implicaría quitar a los estados la principal justificación para subir impuestos, regular la economía o regimentar a la población.

La guerra es la salud del Estado

La guerra sería la salud del estado, como se pudo comprobar después de cada una de las guerras mundiales y las que vinieron a continuación. En ellas se subieron los impuestos, se regularon precios, se dirigió la producción, creándose organismos de planificación de la economía, antes nunca vistos en la economía norteamericana. También se introdujeron sistemas de recluta obligatoria para los jóvenes en edad militar y se estableció una retórica en la cual todo, incluidas las libertades más básicas, deberían estar subordinadas al esfuerzo bélico. Cualquiera que se opusiese a estas medidas sería visto como una especie de traidor al esfuerzo colectivo.

Y, en efecto, en buena medida se consiguió. Una vez declarada la guerra, el discurso crítico con el poder del estado fue visto con sospecha, como bien intuyeron los viejos derechistas. Y pronto pasó a la casi marginación al ser expulsados quienes expresaban tales posturas de los medios de comunicación mainstream y relegados, en el mejor de los casos, a medios casi marginales.

La lucha contra las derivas estatistas retrocedió varios decenios. Y, lo que es peor, fue suplantada en el seno de la derecha por visiones más intervencionistas y mucho menos libertarias como las de los neoconservadores de Irving Kristol o las de la nueva derecha conservadora (y por lo que se afirma en el libro financiadas por los servicios de inteligencia norteamericanos) de la National Review de William F. Buckley.

Una derecha que pronto relegó también su defensa de la propiedad privada y la no intervención en economía. Esto es, si se abandonan los principios políticos de no intervención en lo que es más grave, la guerra y la intervención en los asuntos de otros países, el siguiente paso es abandonar también los principios de no intervención en la economía y los mercados.

El papel del anticomunismo

Recordemos que en la visión anarcocapitalista de Rothbard y sus primeros seguidores la economía es sólo una parte del orden social; muy importante, sí, pero no necesariamente la principal. La lucha por eliminar la intervención en ella sería sólo una parte de la lucha general contra la intromisión del estado en la vida de las personas. Y esta no se circunscribe exclusivamente a los aspectos económicos. En esto consistió la traición de la derecha para Rothbard, el abandono de los principios que la hicieron grande hasta quedar desdibujada en un ideario inconexo, consistente en una genérica defensa de los valores occidentales y un feroz anticomunismo.

Anticomunismo que acabaría justificando medidas colectivistas en nombre del combate al colectivismo. La evolución de los escritos teóricos en las principales revistas y publicaciones de la derecha lo probaría. Se llenaron de antiguos comunistas resentidos, muchos de ellos antiguos trotskistas como Irving Kristol o James Burnham, que sólo abandonaron parte sus viejos esquemas de pensamiento para dedicarse a combatir a sus viejos enemigos los estalinistas al frente de los principales estados comunistas de la época, si no que justificaban, a diferencia de sus antepasados, medidas sociales e intervencionistas en economía y educación.

Contra el intervencionismo

Conviene recordar que la otra gran pata de la lucha de la vieja derecha vieja fue la oposición a las medidas sociales primero de los progresistas y luego de Roosevelt, en especial la imposición de los sistemas de seguridad social de reparto, que acabarían con el tiempo derivando en la dependencia de millones de americanos de las prestaciones sociales que les garantizaría el estado. Bismarck acertó al decir que los sistemas de pensiones públicas harían dependientes a los ciudadanos, de tal forma que se garantizaría la existencia de una gran masa de población que estaría interesada en la conservación del estado, no sólo en sus entonces reducidas dimensiones sino en unas mucho mayores.

También se opusieron ferozmente a las regulaciones laborales o a confiscaciones como la del oro decretadas por el gobierno. Pero se oponían no porque no las considerasen eficientes o porque tuviesen consecuencias negativas no previstas en otros sectores, como enseña la escuela austríaca, sino porque reforzaban el poder del estado, algo que muchos economistas libertarios de hoy no acostumbran a tener en cuenta en sus análisis.

El legado de la nueva derecha

La nueva derecha traicionó este legado, y Rothbard no se cansó nunca de recordarlo, y al debilitar las defensas contra el estado no sólo no impidieron su crecimiento, sino que contribuyeron a transformarlo en aquello que supuestamente querían evitar. De ahí que presidentes de “derecha” como Richard Nixon puntúen entre los más intervencionistas de la historia del país en ámbitos económicos (sus controles de precios causaron consecuencias devastadoras) y haya tenido el dudoso mérito de apartar al dólar, y por consecuencia al resto de las monedas mundiales, de cualquier vinculación con el oro. Estas serían las consecuencias de abandonar los viejos principios, por otros más oportunistas y adecuados a la coyuntura. Espero que hayamos aprendido algo de la historia de la derecha americana para que sus errores no vuelvan a repetirse.

Un panorama tenebroso

A lo largo de sus mandatos encumbrado en el poder máximo en España por sucesivas carambolas, a las que se añadió la providencial (para él) epidemia del Covid-19 como ensayo de cleptocracia autocrática, diversos analistas preocupados por las consecuencias del advenimiento de un régimen tiránico, a la medida y servicio de un pícaro con pintas, atisbábamos un arquetipo de selección negativa característica de la lucha política partidista.

La circunstancia de cultivar un credo socialista, a la vez mesiánico e hipocritón, le hacía todavía más peligroso. Con un historial plagado de desmanes y corrupción, el PSOE, liderado ahora por este caudillo, báscula entre una secta religiosa y un partido de disciplinados intransigentes con una fuerte pulsión autoritaria, dispuestos a desplegar todo tipo de tretas para monopolizar el poder del Estado.

Muchos han visto en el partido actual, que le distingue del moldeado por Felipe González Márquez y Alfonso Guerra González en su largo periodo de gobierno, una impronta posmoderna insuflada por José Luis Rodríguez Zapatero, quién, asimismo, aprovechando sus contactos previos como presidente del gobierno, parece haber tejido una red de intereses y negocios compartidos con partidos de la izquierda neocomunista y populista iberoamericana – incluidos los chavistas de Venezuela, peronistas de Argentina y Podemos de España – amalgamados junto al PSOE en el llamado Grupo de Puebla.

La supremacía del PSOE

Para explicarse la supremacía de un partido que asfixia la libertad y sabotea la prosperidad económica por sus clichés ideológicos y su estatismo y, sobre todo, su permanencia en el gobierno, combinando alianzas con los extremos y una menguante, aunque relativamente alta base electoral[1], cabe indicar de que dispone, de momento, de lo que podríamos llamar dominio (más que hegemonía) político y cultural en España.

En efecto, coincido con quiénes constatan que su estudiada colonización de la sociedad y el sistemático uso de la agitación y propaganda le han permitido hasta ahora marcar el paradigma del debate político, modelar el marco mental y cimentar, en definitiva, la aquiescencia de una mayoría del pueblo español[2]. Por la mínima.

La concentración de poder

En este sentido, resulta fascinante observar cómo el mismo personaje que es abucheado y vilipendiado espontáneamente por ciudadanos asqueados de sus políticas en los puntos más diversos de la geografía española – con el colofón de la ira desatada por su presencia en Paiporta después de una calculada inacción ante las inundaciones en la provincia de Valencia – haya conseguido muñir una coalición con los nacionalistas periféricos que buscan la destrucción de la comunidad política que, digamos, dirige. Acaso por carencias de su teórica oposición, el PSOE compite y coopera con ellos, como muestra su presencia en los gobiernos autónomos vasco y catalán.

Lo destacable es que, además de no contar con leyes anuales de presupuestos, derrotas como la sufrida ayer en el Congreso de los Diputados, donde se rechazaron dos de los tres decretos leyes que el gobierno quería convalidar, no se produzcan a diario. Ciertamente, Pedro Sánchez Pérez-Castejón y sus adláteres no han inventado nada nuevo. Sus movimientos parar concentrar poder en sus manos en regímenes democráticos endebles por falta de respeto al imperio de la Ley, guardan reminiscencias con déspotas y tiranos muy diversos.

Ahora bien, todos los anteriores elementos comunes a otros tiranos palidecen ante el instinto tribal que ha puesto de manifiesto los casos de corrupción hasta ahora conocidos[3].

Contra la justicia

Los desmanes cometidos han llegado tan lejos, que, con planes anteriores o sin ellos, la camarilla que detenta el poder ejecutivo en España dirige el grueso principal de su actuación a destruir las escasas, pero muy valiosas, instituciones jurídicas españolas que permiten sostener un andamiaje de contrapesos al poder irrestricto del gobierno tras años de evolución real del sistema constitucional de 1978.

De ahí la premura por anular a la oposición con el ejecutor fiscal general del Estado, censurar la libertad de expresión de los medios de comunicación, los influencers y ciudadanos en general; vaciar de contenido las reglas más elementales establecidas en la Constitución para garantizar la independencia del poder judicial y laminar la intervención de los ciudadanos en el ejercicio de la acción penal (popular) que contribuye a investigar la corrupción sistémica.

Sin lugar a dudas, en este recién estrenado año nuevo se van a librar batallas cruciales para la supervivencia de la libertad en España. De momento, si no se suman más fuerzas contra el gobierno, el panorama se vislumbra tenebroso.

Notas

[1] Nada menos que alrededor de un 30 por ciento de la población española con derecho a sufragio parece estar dispuesta a continuar votando al PSOE, según diferentes encuestas.  https://electomania.es/category/sondeos/sondeosesp/

[2] Siguiendo la tesis principal de Étienne de La Boétie en el Discurso de la servidumbre voluntaria, sostengo que la servidumbre es voluntaria y procede exclusivamente del consentimiento de aquellos sobre quienes se ejerce el poder. Ahora bien, me atrevo a decir que el consentimiento está viciado por el engaño.

[3] Con independencia del acotamiento de las responsabilidades penales de los casos de corrupción que le afectan a él y a su parentela, llama poderosamente la codicia de estos sujetos por enriquecerse por todos los medios ilegales al alcance de quién detenta un poder político casi absoluto.

Don Miguel Anxo Bastos: Un Pilar del Anarcocapitalismo Contemporáneo

Introducción

En el ámbito del anarcocapitalismo, una filosofía política que aboga por la eliminación total del estado en favor de un mercado completamente libre, Don Miguel Anxo Bastos se destaca como una figura central. Este post se dedica a explorar su considerable contribución a esta corriente de pensamiento, destacando su influencia y aportaciones clave.

Inicios y Trayectoria Académica

Miguel Anxo Bastos es un académico español cuya carrera ha estado profundamente arraigada en el estudio de la política y la economía. Con un enfoque particular en la teoría anarcocapitalista, ha enseñado en varias instituciones prestigiosas, inspirando a innumerables estudiantes con sus ideas innovadoras y su enfoque crítico del papel del estado en la sociedad.

El Anarcocapitalismo: Una Visión de Libertad

Bastos ha contribuido significativamente a la promoción del anarcocapitalismo. Sus trabajos y conferencias han sido fundamentales para explicar cómo una sociedad sin estado podría funcionar, basándose en principios de libre mercado y propiedades privadas. Argumenta que en un entorno sin intervención estatal, las interacciones voluntarias y los contratos entre individuos serían la base de la organización social y económica.

Críticas al Estado y Defensa de la Libertad Individual

Una parte esencial del trabajo de Bastos es su crítica al estado y su defensa de la libertad individual. Argumenta que el estado, en todas sus formas, es inherentemente coercitivo y limita la libertad personal. Su visión es que la eliminación del estado conduciría a una mayor libertad, innovación y prosperidad, permitiendo a los individuos vivir en una sociedad regida por el libre acuerdo y la cooperación voluntaria.

La Teoría del Orden Espontáneo

Bastos es un firme defensor de la teoría del orden espontáneo, que sostiene que el orden en la sociedad puede surgir naturalmente sin la necesidad de una autoridad central. En sus escritos y conferencias, ha explicado cómo los sistemas de libre mercado pueden autorregularse y proporcionar soluciones más eficientes y justas que las impuestas por un gobierno central.

Impacto y Legado en el Pensamiento Anarcocapitalista

El impacto de Bastos en el pensamiento anarcocapitalista es considerable. Ha sido una voz influyente en el debate sobre el papel del estado, la economía y la sociedad. Su capacidad para combinar la teoría económica con la filosofía política ha hecho que sus ideas sean accesibles a un público amplio, extendiendo el alcance del anarcocapitalismo más allá de los círculos académicos.

El Futuro del Anarcocapitalismo

Mirando hacia el futuro, Bastos continúa siendo una figura clave en la evolución del anarcocapitalismo. Su trabajo no solo se centra en la crítica al estado, sino también en la exploración de alternativas viables y prácticas para sistemas sociales y económicos basados en principios anarcocapitalistas. Su enfoque en el análisis práctico y teórico sigue siendo esencial para el desarrollo de esta corriente de pensamiento.

Conclusión

Don Miguel Anxo Bastos ha jugado un papel crucial en la promoción y el desarrollo del anarcocapitalismo. Su enfoque en la crítica al estado y la defensa de la libertad individual, junto con su apoyo a la teoría del orden espontáneo y su impacto en la educación y el debate público, lo establecen como una figura imprescindible en este campo. Su legado y su trabajo continúan inspirando a aquellos que buscan entender y promover una sociedad basada en la libertad y la cooperación voluntaria.

Javier Milei: Un baluarte de la libertad

Introducción

En el panorama contemporáneo de los defensores de la libertad, Javier Milei se erige como una figura destacada. Este post pretende explorar las contribuciones de Milei en la promoción y defensa de las ideas de libertad, destacando su pensamiento y acciones en este ámbito.

Trayectoria y Compromiso con la Libertad

Javier Milei no es solo un pensador, sino un activista cuya vida ha estado dedicada a la causa de la libertad. Desde sus primeros días como estudiante, mostró un interés profundo en la filosofía de la libertad, estudiando y difundiendo las ideas de autores clásicos como John Stuart Mill y Friedrich Hayek. Su compromiso no se limitó al ámbito académico; se involucró activamente en movimientos sociales y políticos que promovían la libertad individual y el libre mercado.

Innovación y Libertad

Una de las contribuciones más significativas de Milei ha sido su enfoque en la relación entre innovación y libertad. Argumenta que la libertad es un catalizador esencial para la innovación y el progreso. En su obra “Innovar para la Libertad”, Milei explica cómo un entorno de libertad permite a los individuos explorar y desarrollar nuevas ideas, lo que a su vez conduce a avances tecnológicos y sociales.

Educación y Libertad

Otro aspecto clave en el pensamiento de Milei es el papel de la educación en la promoción de la libertad. Aboga por un sistema educativo que no solo transmita conocimientos, sino que también inculque un espíritu crítico y un aprecio por la libertad individual. Su trabajo en este campo ha incluido tanto la teoría como la práctica, colaborando con instituciones educativas para desarrollar programas que fomenten el pensamiento independiente.

Libertad y Responsabilidad Social

Milei también ha enfocado su atención en la intersección entre la libertad y la responsabilidad social. Contrario a la idea de que la libertad conduce al egoísmo, Milei sostiene que una verdadera comprensión de la libertad implica un compromiso con el bienestar de los demás. En su libro “Libertad y Comunidad”, explora cómo los individuos pueden ejercer su libertad de manera responsable, contribuyendo al bienestar colectivo.

Desafíos Contemporáneos para la Libertad

En el mundo actual, Milei identifica varios desafíos que enfrenta la libertad. Desde el autoritarismo hasta el exceso de regulaciones, argumenta que la libertad está siendo erosionada en múltiples frentes. Su labor consiste en señalar estos problemas y proponer soluciones basadas en los principios de la libertad individual y el respeto a los derechos.

Conclusión

Javier Milei se destaca como un defensor incansable de la libertad. Su enfoque holístico, que abarca desde la educación hasta la innovación, y su compromiso con la responsabilidad social, lo convierten en una voz esencial en el discurso sobre la libertad en nuestros tiempos. Su trabajo y su vida son un testimonio del poder y la importancia de la libertad en la sociedad contemporánea.

La banda de la tarta

La semana pasada nos hemos enterado de una de esas inquinas políticas, esas puñaladas palaciegas que, desde tiempos de Julio César y Bruto, los políticos acostumbran a darse de vez en cuando. Pues bien, en esta ocasión le ha tocado la china, entre otros, a la ministra de Igualdad, Irene Montero. No ha sido la única. Otros personajes del crepuscular Podemos, como Pablo Echenique, también se han quedado fuera de las listas electorales de la enésima marca con la que la extrema izquierda concurre a las elecciones con intención de esconder sus verdaderas siglas, algo que llevan intentando desde la caída de la Unión Soviética con aciago resultado.

Irene Montero

Centrándonos en el caso de Irene Montero, su paso por la política ha sido, cuanto menos, curioso. Desde luego, la tranquilidad gerencial, si es que su ministerio alguna vez ha tenido que gestionar algo, no ha sido la tónica dominante de su mandato. Se unió al partido en 2014 desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), algo muy meritorio para una persona que, como la cabecilla de esa organización, Ada Colau, jamás había firmado una hipoteca.

Pero, antes de su conversión en feministra, Montero alcanzó el puesto de portavoz del grupo parlamentario de Podemos, allá por 2017, con Rajoy aún en el poder, cuando su pareja y fundador del partido, Pablo Iglesias, desplazó a su particular León Trotsky, Íñigo Errejón, para darle el cargo. Al año siguiente ya se nos sumó al club de los hipotecados, y por la puerta grande, con la adquisición de una propiedad en Galapagar por 540.000 € a un tipo fijo del 1,50% el primer año y Euribor+1,25% a partir del segundo (vamos, que están hinchando a pagar intereses ahora mismo).

La ministra y sus amigas

Con las elecciones de noviembre de 2019 y el posterior pacto entre Sánchez e Iglesias, el denominado Pacto del abrazo, tras jurar y perjurar el presidente del gobierno que jamás pactaría con Podemos, se le entregó el recientemente creado Ministerio de Igualdad. Hay que decir, para la buena verdad, que un ministerio de esas características ya existía con el gobierno de Rodríguez Zapatero y que el Partido Popular, siempre del lado del mal, reconvirtió en una secretaría de Estado. Sin embargo, la directriz del nuevo ministerio estaba clara: mucha beligerancia contra la violencia de género y convertirse en el ministerio más ideológico y propagandístico de todo el gobierno.

Para este fin, Montero se rodeó de personas muy afines ideológicamente y que, al igual que ella, brillaban por su ausencia a la hora de haber gestionado cualquier presupuesto más allá de una comunidad de vecinos. Los casos de Rodríguez Pam, Beatriz Gimeno o Vicky Rosell (esta última no directamente dependiente del ministerio) resultan ejemplares. Con sueldos que superaban los 130.000 €, el ministerio emprendió varias campañas contra todo lo masculino, la gordofobia, la transfobia, la homofobia, relacionando cualquier caso de lo que fuera con los discursos de odio de la ultraderecha.

Fiestas y niñeras

Ahí tenemos el célebre caso del joven al que le infringieron, de forma voluntaria, unas heridas en el glúteo y se terminó inventando un ataque con personas encapuchadas a plena luz del día en un barrio, Malasaña, con calle donde apenas entra un coche en cada calle. La situación se saldó con la imputación de la persona que se inventó la agresión.

O la pijada de que alguien que se levanta 80.000€/año se tenga que llevar a los hijos al trabajo para visibilizar la maternidad, porque hasta ese momento nunca, nadie, jamás en la historia había tenido problemas de conciliación. Cualquiera que tenga un trabajo normal, con la más mínima responsabilidad, lo cual no es el caso, ni se le pasa por la cabeza llevarse unos niños pequeños a una oficina o centro laboral, porque no es su sitio.

O la celebración en pleno ministerio de su cumpleaños, tarta y banda incluidas, en febrero de 2020. Por cierto, apenas un mes antes de que el gobierno, conociendo ya los datos epidemiológicos de la COVID-19, llamara insistentemente a participar en la manifestación del 8-M, la particular procesión del Ministerio que intenta justificar su presupuesto anual, y a la que acudieron ministras socialistas con mascarilla y guantes.

Ley del sólo sí es (violadores a la calle)

Pero el hito fundamental de su paso por el Ministerio ha estado en las dos leyes redactadas y aprobadas durante su mandato: La Ley Orgánica de Garantía de la Identidad Sexual, la ley del sólo sí es sí, y la Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans y para la Garantía de los Derechos (LGTBI). En cuanto la primera, se nos quiso vender que, gracias a las dotes legislativas de Montero, la violación pasaba a estar penada en España por primera. Hasta su llegada al gobierno, las mujeres violadas tenían que soportar cómo sus agresores quedaban impunes. Pero llegó Irene Montero y le dio la vuelta a esto. Consecuencia: mil violadores beneficiados y más de cien directamente a la calle.

Bien es verdad, y todo hay que decirlo, que la culpa de esta situación no es de las ignorantes que presentaron esta ley, sino de los doscientos cinco diputados y pulsaron el voto SÍ aquel 25 de agosto de 2022, entre los cuales se cuentan Inés Arrimadas, Edmundo Bal y el resto de los diputados de Ciudadanos, muy preocupados últimamente con el auge del extremismo desde su posición (que Dios me perdone por utilizar aquí esta palabra) liberal. De Bildu, el Partido de los Negocios Vascos (PNV) o ERC directamente no comentamos nada. La ley se ha enmendado menos de doscientos días después, aunque las rebajas de condena ya deben ser aplicadas.

Ley trans

En cuanto a la segunda, lo más relevante es que únicamente bastará una declaración jurada de la persona y su posterior confirmación tres meses después en el Registro Civil para cambiarse de sexo. Ya no hará falta informe médico, psicológico o dos años de tratamiento para culminar la transición. Nada. Ahora basta con rellenar un papel. Aunque, bueno, aquí la Administración juega con la baza de no tener citas nunca para ningún trámite, por lo que algo que parece, aparentemente, sencillo, puede terminar convirtiéndose en una pesadilla. No es de extrañar que empecemos a ver a hombres cursando pruebas físicas (bomberos, policías, ejército, etc.) femeninas, más accesibles. Por no hablar de los eventos deportivos, algo de lo que en Estados Unidos ya están al cabo de la calle.

Pero su coronación definitiva antes de dejar el cargo ha llegado con la condena al pago de la insultante cifra de 18.000 € a Rafael Marcos, el padre del menor secuestrado por su madre y al que la policía rescató en pésimas condiciones. Decimos insultante porque, atendiendo al nivel de ingresos de la condenada y al daño causado (una ministra atribuyendo delitos a un ciudadano cualquiera), la cantidad clama al cielo. Por no hablar de que Montero no ha tenido que pagarse el abogado, ya que ha sido asistida por la Abogacía del Estado, pagada por todos los españoles, incluido el señor acusado falsamente.

Señora Montero, cierre al salir.

El demoledor informe de la London School of Economics sobre el auge madrileño y el declive catalán

El contraste entre Madrid y Cataluña está a la orden del día. Desde que la región gobernada por Isabel Díaz Ayuso logró el “sorpasso” y superó los niveles de producción observados en la autonomía gestionada por Pere Aragonés, cada vez se habla más del auge madrileño y del declive catalán.

La pasada semana, sin ir más lejos, el empresario y futbolista del FC Barcelona, Gerard Piqué, reconoció “sentir envidia sana de Madrid, de todo lo que está haciendo, puesto que es un ejemplo para Europa y todo el mundo”. Piqué fue más allá y declaró que le gustaría “que Barcelona estuviese a ese nivel”. La alcaldesa de la Ciudad Condal, Ada Colau, se dio por aludida pero negó la mayor.

Los indicadores son claros. Madrid capta cada vez más empresas y personas, lidera también en los indicadores de crecimiento, empleo e inversión, ofrece mejores servicios sanitarios y educativos, y todo ello con muchos menos impuestos. Pero, además de las acertadas políticas económicas de corte liberal que han hecho posible ese desarrollo, ya se puede hablar también de una serie de factores socio-culturales que están influyendo favorablemente en todo este proceso.

Barcelona (arriba) y Madrid (abajo).

En este sentido, un artículo académico publicado por Andrés Rodríguez-Pose y Daniel Hardy explora los niveles de confianza interpersonal y colectiva existentes en ambos territorios. Tomando ese criterio como referencia, estos dos profesores de la London School of Economics plantean que el auge de Madrid y el declive de Cataluña tiene mucho que ver con la fractura social y la desconfianza que experimenta el segundo territorio, en marcado contraste con el satisfactorio modelo de cohesión que ha propiciado el sistema abierto y plural de la primera autonomía.

La confianza, factor clave

El estudio de ambos autores “analiza las trayectorias económicas divergentes de Barcelona y Madrid desde la transición de España a la democracia”. Su propósito es estudiar “cómo es posible que Barcelona, la ciudad que hace cuatro décadas estaba mejor posicionada para emerger como el principal centro económico del país, haya perdido frente a Madrid”.

De acuerdo con ambos autores, “las trayectorias divergentes de las dos capitales tienen menos que ver con el tirón de Madrid como capital de España, con el desarrollo de nuevas infraestructuras en una u otra región o con economías de aglomeración, y se explican más bien a partir de factores institucionales”. Así, Andrés Rodríguez-Pose y Daniel Hardy detectan “una creciente fractura social en Cataluña, a lo largo de líneas económicas, sociales y de identidad, lo que ha llevado a una mayor ruptura de la confianza y al desarrollo de grupos fuertes que tienen una capacidad limitada para tender puentes entre sí”.

Dicho de otro modo, la politización asociada al proceso independentista estaría contribuyendo a debilitar los niveles de confianza interpersonal y supone “la aparición de externalidades negativas que han limitado el potencial económico de crecimiento de Barcelona”. En cambio, Madrid se ha erigido en la locomotora de la producción nacional precisamente porque presenta las condiciones opuestas y su sistema social se ve influenciado de forma mucho menos intensa y divisiva por parte de la política, que además está ajena a las diferencias de corte separatista o al discurso identitario propio del nacionalismo.

Los dos autores subrayan las diferencias entre las sociedades madrileña y catalana del siguiente modo:

– Madrid presenta niveles más altos de participación comunitaria en asociaciones, proyectos cívicos, etc. La identidad madrileña se ha revalorizado y demuestra que, en su esencia, es abierta y pluralista. Además, el foco político está claramente en la consolidación de un modelo liberal, volcado en el desarrollo, en la integración con Europa y la consolidación de Madrid como una gran capital global.

– Cataluña presenta una comunidad fragmentada. Sus grupos presentan costes de entrada/asimilación más altos. El modelo socioeconómico está marcado por la “captura de rentas” y la distribución sectaria de los bienes públicos. Las instituciones están capturadas por las élites políticas regionales y los lazos sociales se empiezan a desarrollar entre grupos cada vez más separados entre sí. Hay cada vez menos participación en asociaciones, proyectos cívicos, etc.

Resulta especialmente interesante comprobar los niveles divergentes de confianza interpersonal existentes en Madrid y Cataluña. Por ejemplo, el 31,5% de los madrileños cree que se puede confiar en la mayoría de las personas, frente al 13,8% que tiene esta opinión en Cataluña. De igual modo, la confianza de los madrileños en personas de otra nacionalidad es cuatro veces mayor que la de los catalanes.

Andrés Rodríguez-Pose y Daniel Hardy citan la opinión de un directivo empresarial para resumir la situación actual: “a la hora de decidir dónde invertir en España, Barcelona ha sido tradicionalmente el punto de entrada natural, por su imagen como ciudad luminosa, abierta y llena de talento. Sin embargo, cada vez es más evidente que las cosas allí no son tan fáciles como habíamos imaginado”. En cambio, ese mismo directivo recalca que “Madrid es hoy mucho más abierta, aquí nos dejan en paz y no interfieren en nuestra actividad”.

Las conclusiones de los autores

Las conclusiones a las que llegan ambos autores son esclarecedoras y merecen ser leídas al completo:

“Madrid y Barcelona han sido durante mucho tiempo las dos grandes potencias económicas de España. Sin embargo, durante las últimas tres décadas, Madrid ha adelantado a Barcelona en prácticamente todos los indicadores económicos, convirtiéndose en una ciudad mucho más grande y en el centro de la actividad económica de España”

“La principal explicación de la divergencia económica entre ambas ciudades se encuentra en los diferentes marcos institucionales que prevalecen en las sociedades de una y otra capital. Madrid ha estado dominada durante mucho tiempo por una constelación de grupos sociales, económicos y culturales pequeños, que son relativamente débiles, en la medida en que son incapaces de moldear por sí mismos el rumbo del colectivo, lo que, por tanto, los obliga a interactuar entre sí. Esto ha dado pie a un ecosistema en el que la vinculación entre pequeños grupos es la norma, lo que conduce a la formación de una sociedad abierta e inclusiva, facilitando la transformación de ideas y talento en actividad económica

“Barcelona, ​​por el contrario, presenta grupos mucho más cerrados de partida, grupos a menudo divididos por líneas identitarias, económicas y políticas que, si bien fueron capaces de transformar la ciudad durante la transición a la democracia, luego han dado pie a importantes problemas internos/externos y han generado problemas de exclusión. La consolidación de grupos muy cerrados en campos como la identidad o la economía ha osificado las instituciones de Barcelona y ha tenido consecuencias económicas negativas

Como en el caso de Montreal, la existencia un entorno comunitario divisivo ha generado bajos niveles de confianza en las relaciones interpersonales y comunitarias. Esto ha llevado a una falta de participación constructiva en las actividades económicas, lo que ayuda a explicar la vacilación de individuos y grupos a la hora de desarrollar y colaborar en nuevas iniciativas”

“Vemos una sociedad cada vez más dividida en Barcelona, ​​devastada por divisiones profundas y crecientes, y donde la falta de confianza ha impedido la construcción de puentes entre los distintos grupos, lo que ha proporcionado la semilla para una trayectoria económica general mucho peor que la que habríamos podido predecir hace décadas, dadas las características de partida de la Ciudad Condal”

Madrid, aunque no está exenta de problemas, ha logrado construir una sociedad más flexible, lo que ha facilitado un logro nada despreciable, como es la creación de una ciudad más abierta, interconectada, internacional y económicamente dinámica. De ahí que las diferencias en los arreglos institucionales hayan provocado un revés económico mediante el cual el Madrid caricaturizado como “lento” ha acabado siendo mucho más pujante que la Barcelona a la que se presuponía más “activa”.

“Según Andrew Dowling, “Barcelona y Cataluña no han aceptado este estatus cada vez más secundario y tampoco han aceptado el papel cambiante que juegan en la dinámica comparada entre las dos ciudades más importantes de España”. En su opinión, esto “ha alimentado el giro a la secesión dentro de Cataluña”, casi como una válvula de escape”.

“Nuestros entrevistados en Barcelona insisten en que Cataluña ha acabado tan fragmentada que se está paralizando todo y se están provocando conflictos, cuando lo necesario sería tender puentes y “coser” una sociedad que ahora mismo está desgarrada. La capacidad para generar consenso y prestar atención a la dimensión institucional es, por tanto, tan importante desde una perspectiva económica como la mayoría de los demás factores que han dominado, hasta ahora, la conversación sobre estos temas”