Ir al contenido principal

Etiqueta: Vilfredo Pareto

El pesimismo de Pareto, y cómo combatir esa fatal enfermedad

Hay cosas que no olvidamos. Una de ellas, para nosotros, es el momento donde el Prof. Hans-Bernd Schäfer separó sus ojos del texto que le habíamos pasado para que comentara, y nos dirigió una mirada determinada, haciéndonos saber que perderíamos nuestro tiempo discutiendo el grado de eficiencia de cualquier cosa si nos referíamos a cualquier otro concepto de eficiencia que no fuera el de Vilfredo Pareto. Pasando por el proceso de un doctorado, los que logramos salir al otro lado, en algún momento aprendemos que el que obedece no se equivoca. Así que, en adelante, procuramos evitar discutir cualquier grado de eficiencia, casi de la misma manera en la que el marino evita una tormenta; y, de no haber sido posible, procuramos discutir breve y superficialmente, de tal manera que no generara un alboroto innecesario, que nos estábamos refiriendo a eficiencia de Pareto.

Interés por la eficiencia económica

Ese fue el punto en nuestras vidas donde se despertó un incesante interés por la noción de eficiencia económica. Puntualmente, de alguna manera nos propusimos estudiarla de ahí en adelante, de tal manera que pudiéramos ganar algún grado de instrucción que nos permitiera hablar de ella sin pedirle permiso a alguien. El esfuerzo que hemos puesto en ello nos ha llevado, entre otras cosas, a conocer nociones de eficiencia concurrentes, que nacen de paradigmas diferentes al Neoclásico, y conocer nociones de eficiencia como la de Israel M. Kirzner o Jesús Huerta de Soto, lo cual será necesariamente tema de discusión de otra columna.

Además, ese también fue el momento a partir del cual nos intrigó profundamente el hombre, Pareto. No hemos sido la excepción, sino que suele ser más común de lo que creeríamos, que nos surge un interés agudo por la persona detrás del nombre. Y ante esto, casi que a manera de chisme, hemos llegado a conocer algunos aspectos de su vida que, entre otras cosas, creemos que nos han ayudado a entender las razones de su renombre.

Pareto, el liberal clásico

Pareto fue un liberal clásico muy importante. Se dedicó a la escritura política, defendiendo con pasión el laissez-faire y oponiéndose a cualquier intervención gubernamental, tanto a los subsidios plutocráticos como a la legislación social y el socialismo proletario. Fue cofundador de la Sociedad Adam Smith en Italia y se postuló sin éxito para el Parlamento dos veces en la década de 1880. Estuvo fuertemente influenciado por otro gran economista, Gustav de Molinari, quien nos inspiró originariamente a explorar la noción de la producción de servicios de seguridad por fuera de la acción del Estado. Molinari invitó a Pareto a enviar artículos al Journal des Economistes.

Conoció a liberales franceses y entabló amistad con Yves Guyot, sucesor de Molinari como editor del Journal. Tras la muerte de su madre, Pareto dejó su puesto en la manufactura, se casó y se retiró a su villa en 1890 para dedicarse a la escritura y las ciencias sociales. Libre de sus obligaciones empresariales, emprendió una cruzada contra el estado y el estatismo, y formó una amistad con el economista marginalista Maffeo Pantaleoni, quien lo introdujo en la teoría económica. Pareto sucedió a Leon Walras como profesor de economía política en la Universidad de Lausana, donde enseñó hasta 1907, cuando se enfermó y se retiró a una villa en el Lago de Ginebra, continuando sus estudios y escritos hasta su muerte.

Sucesor de Walras

Que el joven Pareto haya reemplazado a Walras en su cátedra de economía política encuentra explicación relativamente fácil. Walras fue el pionero en el ascenso de la teoría matemática del equilibrio general en la primera mitad del siglo XX. Tal paradigma económico tuvo que haber resultado particularmente interesante a Pareto, quien estudió en el Politécnico de Turín, donde obtuvo un título en ingeniería en 1869 con una tesis sobre el principio fundamental del equilibrio en cuerpos sólidos.

Esta tesis lo llevó a la idea de que el equilibrio en la mecánica es el paradigma adecuado para investigar en economía y ciencias sociales. Pareto contribuyó, entonces, al trabajo de Walras en el fortalecimiento de la idea de que la economía debe ser una ciencia cuya lengua materna serían las matemáticas. Ello hizo necesario hacer del objeto de estudio de la economía algo que pudiera expresarse en términos objetivos, capaces de ser medidos, como la masa de los cuerpos y sus respectivos desplazamientos en el espacio.

Pareto y el liberalismo del siglo XX

El iconoclasta Pareto fue un liberal del siglo XX puro y duro y, como tal, compartió las creencias vigentes dentro de la corriente política. Durante gran parte de la segunda mitad del siglo, los liberales clásicos como Pareto consideraban que la idea socialista era menos una amenaza para la libertad que el sistema existente de estatismo militarista y belicoso, dominado por empresarios y terratenientes privilegiados, al cual Pareto llamó despectivamente “plutodemocracia”. Sin embargo, a finales del siglo, los liberales laissez-faire comenzaron a darse cuenta de que las masas habían sido cautivadas por el socialismo, que planteaba una amenaza aún mayor para la libertad y los mercados libres que el viejo sistema neomercantilista y plutodemocrático.

Al igual que sus contemporáneos liberales, Pareto participaba de un marcado optimismo durante la mayor parte del siglo XIX. Para ellos, era evidente que la libertad proporcionaba el sistema más racional, próspero y acorde con la naturaleza humana, promoviendo la armonía y la paz entre los pueblos y naciones. Creían firmemente que el cambio secular del estatismo a la libertad, del “estatus al contrato” y de lo “militar a lo industrial”, que había provocado la Revolución Industrial y una mejora inmensa para la humanidad, estaba destinado a continuar y expandirse continuamente. Estaban convencidos de que la libertad y el mercado mundial se expandirían para siempre, y que el estado se desvanecería gradualmente.

Desencanto y pesimismo

El resurgimiento del estatismo empresarial agresivo en la década de 1870, seguido por el creciente apoyo masivo al socialismo en la década de 1890, puso fin al optimismo arraigado de los liberales laissez-faire. Estos pensadores percibieron que el siglo XX traería el fin de la gran civilización, el ámbito del progreso y la libertad, producto del liberalismo del siglo XIX. El pesimismo y la desesperación comenzaron a afectar a los cada vez menos numerosos liberales laissez-faire, quienes preveían el crecimiento del estatismo, la tiranía, el colectivismo, guerras masivas y el declive social y económico.

La reacción de Pareto ante la amplia adopción de las ideas socialistas en Occidente fue una muestra más de una de las causas concurrentes que llevó al liberalismo a su declive último: un profundo y rancio pesimismo de corte cínico. Al observar el inexorable declive de las ideas y movimientos libertarios, Pareto concluyó que el mundo no está gobernado por la razón, sino por la irracionalidad. Su papel ahora era analizar y documentar esas irracionalidades. En un artículo de 1901, Pareto señaló que en toda Europa tanto el socialismo como el nacionalismo-imperialismo estaban en aumento, y que el liberalismo clásico estaba siendo aplastado entre ellos: “en toda Europa el partido liberal está desapareciendo, al igual que los partidos moderados… Los extremistas se enfrentan cara a cara: por un lado, el socialismo, la gran religión emergente de nuestra época; por el otro, las viejas religiones, el nacionalismo y el imperialismo.”

Metodología positivista

Esta breve reseña de algunos momentos de la vida de Pareto nos da cuenta de su adopción y defensa de una metodología positivista como herramienta para acercarse al objeto de estudio de la ciencia económica, coherente con su dependencia del modelo de la física y la mecánica. Tal metodología, que para todos los efectos la podemos llamar neoclásica a secas, es el resultado de una especie de mutación de una metodología que buscó inicialmente producir enunciados económicos a partir de las deducciones lógicas de la premisa de que los hombres actúan, a una en donde los enunciados económicos resultan de las inducciones que puedan resultar de la observación y la experiencia.

Al traducir este programa a forma matemática, se hicieron ciertas suposiciones simplificadoras para facilitar la conversión de un conjunto de proposiciones filosóficas/lógicas sobre la elección humana y la interacción social en un sistema determinado de ecuaciones. La economía neoclásica evolucionó hasta poder definirse por la siguiente estrategia de investigación: (a) comportamiento de maximización, (b) preferencias estables y (c) equilibrio de mercado. Esta evolución del programa científico de la economía neoclásica progresó lenta pero constantemente durante un período de cien años, con cada generación sucesiva eliminando el uso del lenguaje natural. Los jóvenes practicantes dentro de la disciplina encontraron que para perseguir este programa de investigación “implacablemente y sin titubeos” y para “dialogar” con sus colegas, debían “hablar” el lenguaje de los modelos matemáticos.

La competencia perfecta…

Podemos decir que esa tendencia es la más popular hoy en día. En todo hay modas y el quehacer de la ciencia económica no iba a ser la excepción. Si sus ideas no podían expresarse en una prueba formal, se entendía que la idea seguía siendo simplemente interesante y no una contribución a la ciencia. La “recomendación” de aquel momento de Schäfer partió, según creemos, de la misma tendencia: o me dice Usted algo en matemáticas -o con la pretensión de ellas, o no se lo acepto en la tesis, que dará eventualmente crédito a su calidad de científico.

La forma en la que se expresa el afán de matematizar los enunciados económicos suele ser a través de versiones más o menos sofisticadas del modelo de competencia perfecta de equilibrio general, a partir de la tradición iniciada por Walras. El modelo se construye a partir de ciertos presupuestos; cualidades de un mundo dentro del cual el modelo va a funcionar y será capaz de cumplir su función.

Sabemos que la función es, por confesión de Milton Friedman, no la comprensión del mundo en términos de la acción humana, sino la predicción, que si la logra con cierto grado de refinamiento, el modelo sería válido. El modelo de competencia perfecta se construye a partir de la noción de que el valor es el objetivo; que, por ende, la información de un gran número de oferentes y de consumidores es perfecta y, por ende, no hay que salir a descubrirla. Ni compradores ni vendedores tienen la potencia para impactar los precios, siendo ambos tomadores de ellos.

… y la función empresarial

La perfección de la información acerca de lo que quieren los individuos y dónde y por parte de quién se ofrece implica, también, que no hay innovación posible, que no hay sorpresa por no ser posible la noción de la incertidumbre en ese mundo. Y, a partir de todo esto, como una especie de peste analítica, se abstrae específicamente de la noción del empresario. La magia de la concepción de la objetividad del valor, hace que se pueda conocer matemáticamente -y no por medio del descubrimiento de la función empresarial. Así, la sociedad, siendo algo con una existencia independiente y autónoma de la de los individuos, experimenta valores propios -valores sociales, que resultan de la suma de los valores individuales.

En este mundo, el mercado está en perfecto equilibrio: el bienestar de la sociedad (la curva de demanda) coincide con el del individuo; mientras que el costo del individuo (curva de oferta) coincide con el de la sociedad. Es en este punto alrededor del cual se llega a la conclusión que se cumple la regla de unanimidad: que todos, individuo y sociedad, comparten el mismo grado de beneficio y sacrificio.

El principio de unanimidad en la eficiencia de Pareto establece que una situación es eficiente en términos de Pareto si no es posible mejorar la situación de una persona sin empeorar la de otra. Un cambio o asignación de recursos es considerado una mejora de Pareto si al menos una persona se beneficia sin que nadie más resulte perjudicado. Si todos los individuos están de acuerdo en que una redistribución de recursos mejora su bienestar o, al menos, no lo empeora, entonces esa redistribución es una mejora en términos de eficiencia de Pareto.

Del modelo neoclásico al pesimismo y al abandono del liberalismo

Una de las explicaciones más usuales detrás del declive del liberalismo a finales del siglo XIX es el pesimismo profundo con el que varios liberales reaccionaron frente al ascenso del socialismo y a desaceleración en la adopción de las ideas de la libertad. Como lo mencionamos anteriormente, esta fue justamente la reacción de Pareto ante el mismo suceso.

Por lo menos a nosotros nos llama mucho la atención el número de víctimas de aquella actitud pesimista y nos hace preguntarnos, a su vez, por la causa del mismo. ¿Cuál es la razón por la cual Pareto, como muchos liberales de la época, se presenta como un incurable optimista, para después caer en el más cínico pesimismo -y así concentrarse más en el reporte de desastres, que en la búsqueda de soluciones? Nuestra posible respuesta es: la adopción del paradigma neoclásico, fundamentado en el modelo de competencia perfecta de equilibrio general -como le pasó a Pareto.

Demasiado bello para ser cierto

La concepción propia del modelo de competencia perfecta del mercado es descriptivamente falsa. Esto es: describe un mundo que no corresponde a la realidad. En este mundo, hay perfección, es decir, no hay nada por hacerse. El significado de que el mercado se encuentra en perfecto equilibrio implica que no hay nada por hacerse; no hay nada que describir en términos de lo que necesitan los consumidores, los productores, los trabajadores y los dueños de porciones de tierra y bienes de capital. Toda esa información está dada y, entonces, al no ser posible la innovación -puesto que nada nuevo se puede producir- no es posible concebir la función de los empresarios.

Estos esencialmente se encargan de innovar en favor de los consumidores y de transmitir la información acerca de sus necesidades a los trabajadores, a los dueños de la tierra y del capital. Solo es posible concebir un mundo en equilibrio, que se ha quedado quieto, por decirlo de alguna manera, si se especifica como ausente la función empresarial. Recordemos que para medir algo, incluso el mercado, tendremos que haber concebido la inmutabilidad de unidad, lo cual sería imposible sin eliminar al empresario del relato.

Del análisis a la normatividad: la agonía diario de frustración y pesimismo

Lo que sucedió con el modelo de competencia perfecta es que pasó de ser una herramienta analítica contra-fáctica muy útil para explicar teoría de precios y del valor, a ser concebida como un deber ser del mercado, como un elemento normativo, al cual el mercado se tiene que ajustar. Al mercado habría que llevarlo al equilibrio cuando quiera que los individuos no actúen de acuerdo a sus “verdaderas” preferencias, porque si no, no será eficiente. Convertido, entonces, en una herramienta para juzgar al mercado, una vez se determine que el mercado ha hecho algo que no corresponde con lo que se esperaba de él, de acuerdo a la teoría, el quehacer del economista se convierte en juzgar lo que termina haciendo el mercado, es decir, los individuos, a la luz de su sofisticado juguete intelectual.

A nosotros se nos antoja que tiene que ser muy frustrante y desesperanzador concluir a diario que el mercado no hace lo que debe, a partir de la teoría acerca de lo que debe hacer el mercado para ser eficiente. Sabemos, si partimos de la premisa de que las preferencias individuales son precisamente eso, subjetivas e individuales, cualquier juicio que adelante el economista acerca de lo que el mercado debería haber hecho no es sino una especie de afán de imponer sus propias preferencias a los demás. Tiene que ser muy frustrante ver constantemente fallas del mercado, llevando incluso a la irritación el hecho de que los individuos no se están comportando “racionalmente,” de acuerdo a valores que solo a ciertos economistas son objetivamente superiores.

Si mi teoría no refleja la realidad, es la realidad la que está mal

A partir de la concepción estática del mercado, se concibe a este en equilibrio, sin cambios, sin capacidad de innovación porque todo es perfecto. Y cuando quiera que la real y efectiva asignación de recursos diste de los resultados del modelo de competencia perfecta, el economista neoclásico llega a la conclusión de que el mercado, los individuos, no han hecho lo que estaban llamados a hacer; han fallado en la asignación de sus recursos.

Como siempre la asignación de recursos que llevan a cabo los individuos que componen el mercado distan, de alguna manera, de los resultados matemáticos del modelo de competencia perfecta, el economista neoclásico se enfrenta, casi que a diario, con la noción de que el mercado ha contradicho la forma racional de asignar recursos; que de haber tenido mayor grado de información, habría hecho lo correcto; y entra en un ejercicio de explicación acerca de por qué la realidad no se ajusta a su teoría.

Un concepto procedente de la física

¿Cómo no caer en el pesimismo, si constantemente se está juzgando al mercado a la luz de algo que no le corresponde? ¿Cómo no caer en pesimismo a diario, cuando se ve una y otra vez que la realidad es terca y que se resiste de una buena vez a adecuarse a lo que debería ser? Y, finalmente, ¿Cómo no caer en pesimismo, cuando constantemente se insiste en que algo está en perfecto equilibrio, y que todo lo que le pertenece se resiste a adecuarse a aquel equilibrio? Nosotros no le vemos salida a esa diaria agonía más que caer en el pesimismo cínico en el que cayó el buen Vilfredo.

Y creemos, además, que la agonía pesimista de personajes, liberales clásicos como Pareto, se intensifica por un factor muy particular. La idea, como lo mencionamos anteriormente, es denunciar los efectos adversos de la planificación central, pues es el libre mercado la única salida para que los individuos puedan superar su estado natural de escasez y puedan asignar recursos eficientemente.

Pareto, como sus pares, tomó como punto de apoyo para limitar los estragos del socialismo la noción de equilibrio perfecto, traído de la física. El gran problema es que, a partir de esa herramienta analítica, viendo como surgen fallas del mercado, como zombies en una película apocalíptica, contrario a limitar la asignación centralizada de recursos y sus efectos económicamente adversos, lo que hace es aumentar el espectro de tal intervención y, por ende, de intensificar aquellos efectos.

Ludwig von Mises y su Acción humana: la receta contra el pesimismo

Esto lo entendemos a partir de la enseñanza de Ludwig von Mises y su libro, La acción humana, que justo en este año cumple 75 años de publicación. Von Mises expone una crítica contundente a la intervención estatal en el mercado, argumentando que cualquier intento de regulación estatal conduce inevitablemente al socialismo a través de un ciclo intervencionista.

Según von Mises, cuando el gobierno introduce una intervención para corregir una falla del mercado, esto genera ineficiencias y desequilibrios. Para abordar estos nuevos problemas, se requieren más intervenciones, incrementando el control estatal sobre la economía de mercado. Este proceso distorsiona los precios y destruye el cálculo económico racional, lo que lleva a una mala asignación de recursos y a una mayor ineficiencia.

Además, para implementar y mantener estas regulaciones, el gobierno debe restringir cada vez más las libertades económicas y civiles, erosionando la autonomía individual. Von Mises concluye que este ciclo de intervenciones y su tendencia hacia el socialismo es inherentemente perjudicial para la prosperidad económica y la libertad individual, destacando la necesidad de preservar un mercado libre sin interferencias estatales.

La comprensión de von Mises del proceso de mercado es justamente aquello que le permite hacer esta crítica efectiva. Solo si los precios transmiten la información cerca de las preferencias individuales, puede el empresario adelantar su función de satisfacer aquellas preferencias, coordinando sus acciones con las de los consumidores y dueños de factores de producción.

Receta contra el pesimismo

Además, tal comprensión integra en la teoría justamente la función empresarial. Von Mises la describe como el motor del progreso económico, destacando el carácter creativo y optimista del empresario. Según Mises, el empresario es un visionario que, a través de su capacidad para anticipar las necesidades futuras del mercado, asume riesgos y toma decisiones innovadoras. Esta creatividad no solo impulsa la producción y el empleo, sino que también mejora constantemente la calidad de vida de la sociedad. El empresario, con su espíritu optimista, confía en su habilidad para transformar recursos y oportunidades en beneficios, contribuyendo así al dinamismo y la evolución del mercado libre.

Ahora podemos entender cómo Ludwig von Mises, junto a todos aquellos que tomamos el equilibrio general como lo que es, una herramienta para comprender el mundo y no para gobernarlo, no caemos en ese pesimismo cínico, del que desafortunadamente liberales prolíficos como Pareto -y, también, Herbert Spencer- fueron presa fácil. No hemos considerado al empresario como aquella peste analítica y, por ende, comprendemos que sin él no hay creación, no hay innovación, ni afán de mejora, ni forma de evitar el desperdicio.

Que con los errores -no fallos- y aciertos de los empresarios el mundo se mueve hacia adelante; y que sin ellos sencillamente se estanca. Es con la comprensión de la función social de la función de los empresarios que siempre vemos, así sea lejano, un futuro positivo y es por ellos que no nos dejamos caer en el pesimismo propio de Pareto.

Casi que llegamos a la conclusión de que existe una receta en contra del pesimismo: abstenerse de la ingesta de nociones de equilibrio perfecto. La experiencia nos ha demostrado cómo desviarse de este consejo suele llevarnos a la miseria -como la falta de luz solar lleva eventualmente a la demencia.

Ver también

El fracaso del modelo neoclásico. (Javier Milei).

Discurso de Javier Milei en la CPAC 2024: el fracaso del modelo neoclásico

Hola a todos. Yo soy el león. Yo también los amo. Viva la libertad, carajo. Parece que lo que decían como fenómeno barrial, se agrandó un poco el barrio. En primer lugar, muchas gracias por esta invitación, En cuanto a la conferencia, del día de hoy, dado el impacto de la Conferencia en Davos, en que señalé que Occidente está en peligro, dado el avance de las ideas estatistas, hoy haré foco en los fundamentos técnicos que sostenían dichas apreciaciones políticas, en aquella conferencia. Así, haré foco sobre cómo el modelo neoclásico y su visión de los fallos del mercado son funcionales al avance del socialismo y cómo eso destruye al crecimiento económico poniendo un freno a las mejoras contra el bienestar y la lucha contra la pobreza.

En cuanto a la génesis de este problema, el problema es un problema metodológico entre modelos vs. realidad. Dado que la realidad es siempre muy compleja de analizar se analiza con modelos, pero – en términos generales – cuando el modelo no mapea con la realidad un corrige el modelo, descarta el modelo y el problema con el mundo neoclásico es que frente a este problema, que el modelo no mapea con la realidad se enojan con la realidad, llamándola fallo de mercado.

El óptimo de Pareto

El origen de este problema tiene que ver cuando se pone a estudiar las cualidad normativas del equilibrio competitivo. Es decir que, mientras que el análisis se centraba en la existencia, en la unicidad y en la estabilidad, eso no constituía un problema grave, desde el punto de vista político. Y en rigor, el problema aparece cuando ingresa el análisis normativo de la mano del análisis de Pareto. Básicamente la idea del óptimo de Pareto es que yo no puedo mejorar a alguien sin empeorar a otro. Concretamente, si estoy en una situación, donde puedo mejorar a alguien y hago una mejora para alguien, sin empeorar a otro, eso se llama mejora Paretiana. Y obviamente, cuando esas oportunidades se agotan significa que estamos en el óptimo de Pareto.

Y es ahí, donde aparecen las definiciones de fallos de mercados, que tienen distintos nombres; uno es las no convexidades, es decir la existencia de rendimientos crecientes, o para decirlo más popularmente, estructuras de mercados concentrados y monopolios. Otros casos son las externalidades: los bienes públicos en formación asimétrica y el “Dilema de los Prisioneros”. Y en realidad, todas estas definiciones tan elegantes son todos elementos que habilitan la intervención del Estado y con eso el avance de los estatistas y los socialistas.

El mercado como proceso de cooperación social

Pero para que no quede tan en abstracto voy a hacer un ejemplo aplicado: supongamos que estamos en el momento en que nos alumbrábamos con velas y todavía no había llegado Ericsson; obviamente en el momento en que aparece Ericsson con la lamparita, todos los fabricantes de velas van a la quiebra. Naturalmente si le hubiéramos prestado atención a los intervencionistas, hoy, en lugar de tener esta hermosa conferencia, con todas estas luces, seguiríamos con velas; así es como los socialistas arruinan nuestras vidas. Por suerte descartemos el óptimo de Pareto y avancemos con el progreso tecnológico. (APLAUSOS).

Entonces lo primero que tenemos que entender es qué es el mercado, tener una buena definición de lo qué es el mercado. En este sentido, el mercado es un proceso de cooperación social, donde se intercambian derechos de propiedad, voluntariamente. De hecho – dado que los intercambios son voluntarios – no es posible hablar de fallos de mercado porque nadie estaría haciendo acciones auto flagelantes. Por lo tanto, cuando definimos bien mercado todas las definiciones de intervención se derrumban.

Las instituciones del mercado

Por otra parte, también es muy importante tener bien claro cuáles son las instituciones sobre las que se construye la idea del mercado. Dos instituciones muy importantes son la propiedad privada y los mercados libres de intervención estatal, porque – básicamente – si voy a estar intercambiando derechos de propiedad quiere decir que la propiedad privada es importante. Y si los intercambios no son voluntarios, no hay lugar para la presencia intromisiva y violenta del Estado. (APLAUSOS)

En este sentido, cuando se hace un intercambio y alguien entrega un bien, a cambio de dinero, eso fija un registro histórico, llamado precio. Y ese registro histórico, denominado precio es un mecanismo de transmisión de información, que además se transforma en un mecanismo de coordinación porque hace que – algunas personas –sean oferentes y otros sean demandantes.

Y como no necesariamente la cantidad demanda coincide con la ofrecida, cuando la demanda es mayor que la oferta, los precios suben y en su caso contrario bajan. Es decir, hay un proceso de ajuste. En definitiva, la propiedad privada y los mercados libres determinan el funcionamiento del sistema de precios y eso es lo que permite hacer cálculo económico. Y esto muestra por qué el socialismo en ninguna de sus vertientes puede funcionar, en el caso más extremo porque no hay propiedad privada, por lo tanto no se pueden hacer los intercambios que requiere el mercado. Y en segundo lugar, las versiones más light que permiten la existencia del sector privado, la intromisión del Estado mete ruido en el sistema de precios, y cuanto más Estado hay, más violencia hay, más distorsión hay y peor funciona el sistema.

La libre competencia

Otra de las instituciones importantes para los mercados es lo que se llama la libre competencia, pero no en el sentido neoclásico de la competencia perfecta, sino en términos de entrada y salida. Y por otra parte hay dos instituciones que son muy importantes que son la división del trabajo y la cooperación social. La división del trabajo quién mejor la explicó fue Adam Smith: una persona sola podía producir solamente 20 alfileres, pero si se partía en quince la tarea, cada uno podía producir 5 mil alfileres, estamos hablando de 75 mil alfileres, pero cuál es el problema si no hay demanda para 75 mil alfileres, no va a haber tanta división del trabajo.

Y esto combinado con la idea de combinación social, termina siendo absolutamente destructivo para las ideas socialistas. Una es: Yo podría estar odiando a él, pero necesito que el compre mi producto, por lo tanto, inexorablemente lo tengo que dar bien. Por eso, como decía Bastiat, “Donde entra el comercio, no entran las balas”. Y promover el libre comercio es promover la paz.

Y al mismo tiempo, del mercado como proceso de cooperación social es una tremenda bomba en contra del socialismo, porque si los intercambios son libres, eso significa que las dos partes que intervienen en el intercambio, ganan los dos. Por lo tanto, no hay lugar para la teoría de la explotación, no hay lugar para la plusvalía, no hay lugar para el marxismo y el socialismo.

El empresario como benefactor social

A su vez, es importante señalar, en la lógica del mercado, que un empresario exitoso es un benefactor social. Porque en el capitalismo de libre empresa solamente es posible ser exitoso sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad o de mejor precio. Y si ese empresario no lo está haciendo bien, podrá aparecer otro que pueda brindar el mismo bien a un mejor precio, o el mismo precio, mejor calidad, y eso va a llevar a la quiebra a los ineficientes y va a potenciar el bienestar; Y por ende, los empresarios, son benefactores sociales porque nos brindan bienes de mejor calidad, a un mejor precio, mientras que van creando puestos de trabajo y progreso en toda la sociedad. Por lo tanto, abracemos a los empresarios que son la base de la prosperidad.

Por lo tanto, dada esta introducción, vale la pena enfrentar, ahora, dónde está el dilema neoclásico. Esto dentro de la teoría del crecimiento económico y su evidencia empírica se llama: “El palo de hockey”. Si ustedes miran la historia, desde la era cristiana hacia adelante, el PBI per cápita entre el período en entre el año 0 y el 1800, prácticamente estuvo constante.

Murray N. Rothbard

Sin embargo, desde el año 1800 hasta aquí, se multiplicó por más de 15 veces, y en ese mismo período, la población en el año 1800 era de 800 millones de seres humanos, y hoy se ha multiplicado por 10. Es decir, que aumentó la productividad per cápita y, además, el PBI aumentó cerca de 150 veces, a punto tal que estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad. Todo esto, a pesar de la existencia del Estado. Y en este mismo periodo de tan importante crecimiento económico, la pobreza extrema pasó del 95% de la población al 5%. Sin embargo, esta presencia de rendimientos crecientes significa que hay estructuras concentradas, es decir, que hay monopolios. Entonces, la pregunta es: si se generó tanto bienestar ¿Por qué la teoría neoclásica dice que los monopolios son malos, si nos trajo tanto bienestar y tanta caída en la pobreza?

Y en realidad, como diría Murray Newton Rothbard, el inventor del anarco capitalismo, el problema es que el análisis neoclásico está mal. Supongamos que tengo 10 empresas compitiendo por hacer teléfonos celulares, y una de ellas descubre una técnica para hacer un teléfono de mejor calidad a un mejor precio, naturalmente hay 9 empresas que van a quebrar. Sin embargo, ¿Alguno de ustedes se quejaría por tener mejores teléfonos a un mejor precio? Por lo tanto, fuera la teoría neoclásica.

Los errores del análisis neoclásico

Entonces, veamos dónde están esos errores de la teoría neoclásica. En la versión más simple es porque dicen que el precio del monopolio es mayor que el de la competencia y que la cantidad producida es menor que en competencia. Sin embargo, ese análisis es errado porque tiene varios problemas; en primer lugar porque es solamente un análisis de equilibrio parcial, solo considera el equilibrio en un solo mercado, y no considera el resto de la economía. Es decir, yo tengo el monopolio sobre Javier Milei y ustedes tienen el monopolio de ustedes mismos, sobre cada uno de ustedes, y eso no tiene nada de malo, afortunadamente somos todos distintos, gracias a Dios. Es más, festejamos nuestras diferencias porque no nos gusta la uniformidad gris del socialismo.

Pero no solo está mal por ser un análisis de equilibrio parcial que no considera el resto de los mercados, sino que, además, es tan burdo que no considera los efectos futuros, es decir, el impacto en el futuro de estas estructuras de mercado. De hecho, esto me hace recordar un hermoso libro de un economista y pensador americano, Henry Hazlitt, que se llama, La economía en una lección, que decía: “La diferencia entre un buen economista y el mal economista, es que el mal economista solamente mira el mercado en un período, mientras que el buen economista mira todos los mercados y no solo el presente, sino también el futuro”.

El equilibrio general

Por lo tanto, esto estaría mostrando que el análisis tradicional del monopolio y por el cual se los regulan, es parte de un mal análisis económico. Y si, además, tomamos el rol que toman las ganancias como elemento para generar crecimiento económico, además, meterse con los beneficios implica impactar negativamente sobre el crecimiento. Entonces, la pregunta es: ¿Cuál es la verdadera respuesta, o el verdadero fundamento de este análisis? Y en realidad la respuesta no está en el análisis económico, está en la estructura matemática que usa el equilibrio general. Básicamente, tiene que ver con el análisis del óptimo de Pareto y el problema de las no convexidades en el conjunto de producción.

El óptimo de Pareto, para que el equilibrio existente sea óptimo de Pareto, tanto los consumidores como los productores deberían estar maximizando. Y el problema es que cuando tenemos rendimientos crecientes tenemos funciones de producción convexas y el problema con esas funciones es que no se puede encontrar un máximo.

Modelo neoclásico: una visión mecanicista del hombre

Naturalmente, eso es un error matemático también porque si yo tengo rendimientos crecientes puedo encontrar un máximo si utilizo todas las dotaciones de la economía y entonces ahí aparecería otro problema que me quedaría una sola empresa; pero eso que parece algo empíricamente correcto también tiene otro error conceptual porque básicamente implica desconocer la naturaleza de la firma y entre otras cosas, deja de lado el hecho de que las firmas son manejadas por seres humanos y naturalmente cuando ustedes más quieran trabajar para producir más, el costo de oportunidad del tiempo libre crece fenomenalmente.

De qué le serviría un trabajo de que le ofrezcan 12 millones de dólares al año si ustedes tuvieran que trabajar los 7 días de la semana 24 horas. Se van a chocar contra su propia humanidad. Sin embargo, el análisis neoclásico trabaja a las firmas como si fueran máquinas y no como empresas que dependen, son de los seres humanos.

Finalmente, otras de las críticas que se le hacen a los monopolios es que generan menos cantidades producidas en la economía y eso también es falso porque ese dinero que ganan los monopolistas, evidentemente lo pueden volcar al consumo y generar producción y empleo en otros lugares de la economía.

Análisis neoclásico del monopolio

Ahora vamos a hacer un par de casos que irriten más a los keynesianos. ¿Qué sucede si esas grandes ganancias las ahorramos? Ese ahorro se transforma en inversión en otras empresas y eso genera crecimiento del producto y del empleo en otros sectores. No se pierde nada. O supongamos que este monopolista es tan ambicioso que quiere invertir todo en su propia empresa. Tal que todo su ahorro se transforma en inversión. Pero esa inversión significa más capital, más productividad, mayores salarios y al mismo tiempo más producción del bien, por lo tanto baja el precio, por lo tanto mayores salarios y menores precios, por lo tanto, todo ganancia de bienestar.

Es más, entonces como ya no le podemos encontrar más ataques al monopolista, ya que si consume genera bienestar, ya que si ahorra en el sistema financiero genera bienestar y si ahorra e invierte en sí mismo también genera bienestar. Ahora pensemos que pasa si el “maldito empresario” decide enterrar ese dinero. Así nadie puede acceder a ese dinero.

¿Qué es lo que va a ocurrir? Se va reducir la cantidad de dinero en la economía y van a bajar los precios beneficiando a toda la población. Y es más, este empresario tan malo a los que más va a beneficiar son a los que menos tienen porque son lo que se benefician de la deflación. Por lo tanto, todo lo que acabamos de ver es que todos los análisis que justifican la intervención lo único que hace es crear más Estado y mayor daño a la gente.

Intervención y destrucción

Por lo tanto, para cerrar esta presentación, voy a mostrar como la intervención socialista lo que hace es destruir la economía. Y básicamente este ataque que hacen los socialistas es básicamente desde dos puntos de vista. Por un lado está la regulación de los monopolios, que al regular los monopolios quiebra el efecto de los rendimientos crecientes y hacen que las economías se estanquen. Si se regulara bajo el ideal neoclásico la cuasi renta sería cero. Y por lo tanto estaríamos en un mundo de la competencia perfecta donde no hay incentivos a crecer.

En el fondo lo que hace es abortar el proceso de destrucción creativa a la Shumpeter. Porque estos procesos de destrucción creativa parten de la idea de resolver algunos problemas de la sociedad que les permite más dinero y eso es lo que genera el progreso tecnológico y el crecimiento. Por lo tanto, si regulo los beneficios, si regulo la ganancia, el problema que voy a tener es estancamiento. Al margen de que regular precios y cantidades implica destruir el derecho de propiedad.

La situación de Argentina

De hecho, les voy a contar un caso de un país que conozco, llamado Argentina. Un país que entró al siglo XX siendo uno de los países más ricos del mundo y que sin embargo hoy está 140 en el ranking mundial, con más de 50% de pobres y más de 10% de indigentes. Y cuando uno mira la cantidad de regulaciones, uno va a entender por qué.

Dentro de nuestros equipos de gobierno, hemos descubierto, por el momento, 380 mil regulaciones que traban el funcionamiento del sistema económico. Y de hecho, nuestras dos grandes pedidos de medidas, de reformas estructurales, el DNU y la Ley de Bases, propuestas que proponen darle más libertad a los argentinos, ir hacia estructuras de mercado más competitivas y sobre todas las cosas, eliminar la corrupción de la política, nos encontramos con grandes resistencias por parte de los beneficiarios de este sistema decadente, que empobrece a los argentinos de bien en favor de la casta corrupta.

Donde la casta corrupta se compone de políticos ladrones, que ponen sus privilegios por encima del bienestar de los argentinos, por empresarios prebendarios que hacen negocios con los políticos corruptos, por medios de comunicación corruptos que están muy enojados con nosotros porque les eliminamos la pauta oficial, también por los sindicalistas que se ocupan de sus negocios en contra de la gente, y además por aquellos profesionales que son funcionales a la religión del Estado que viven de defender a estos corruptos. Por lo tanto, tomarán conciencia de la gran pelea que estamos dando. Pero no nos vamos a rendir en volver a hacer Argentina grande nuevamente.

La justicia social es violenta e injusta

La otra gran amenaza por donde atacan los socialistas y el estatismo es básicamente la discusión entre eficiencia y distribución, donde ahí se señala al capitalismo como un sistema hiper individualista y se lo compara con el altruismo socialista con el dinero ajeno. Siempre con el dinero ajeno. Y esta aberración se lleva a cabo en nombre de la justicia social, donde Friedrich A. Hayek hablaba de las palabras comadreja. Donde cada vez que le ponían un adjetivo, significaba totalmente lo opuesto. De hecho como dice el gran Jesús Huerta de Soto, la justicia social es violenta e injusta, no es ni justa ni social ni nada, es una aberración.

En primer lugar, es injusta porque implica un trato desigual frente a la ley y la redistribución que implica la justica social es robarle a uno para darle a otro. Lo que hace que la justicia social además de ser violenta sea injusta. En el mismo sentido, esto se agrava con la idea de la democracia ilimitada. Es decir, la democracia originalmente fue diseñada para respetar el derecho de las más pequeñas de las minorías, el individuo. Pero cuando ingresan las ideas socialistas e ingresa la idea de la democracia ilimitada, ingresa el populismo. Pero para que no quede en algo tan abstracto les voy a dar un ejemplo. Supongamos que se juntan cuatro lobos y una gallina. Ahora vamos votar por qué se come hoy a la noche. Se acaban de comer la gallina.

Israel Kirzner

En el fondo eso también es lo que pasa en la economía. La gallina de los huevos de oro es el segmento que genera riqueza, pero por la forma de la distribución del ingreso, el 80% de la población tiene un ingreso menor que el ingreso promedio. Y ahí es cuando aparece el político populista que dice que hay que sacarles a los ricos para darle a los pobres. No solo Venezuela, Argentina y todo el populismo latinoamericano.

Y cuando eso ocurre, se destruye los beneficios y se destruye el crecimiento económico. Si lo quieren en términos prácticos, Argentina es un país que produce alimentos para más de 400 millones de seres humanos y la presión fiscal sobre el sector productor de alimentos es del 70%. Es decir que el Estado se queda con el alimento de 280 millones de seres humanos. A pesar de ello, hay 5 millones de argentinos que no les alcanza para comer gracias al maldito Estado.

Otra parte que también discuten los socialistas y que tiene que ver con la distribución del ingreso, dicen que el sistema es injusto, hay un hermoso libro de Israel Kirzner, que se llama creatividad, capitalismo y justicia distributiva. Y ese libro parte de la hipótesis que Kirzner dice, el sistema capitalista es más productivo pero que si fuera verdaderamente injusto, no habría motivos para defenderlo.

El mercado como un proceso de descubrimiento

En ese sentido, trabaja sobre dos ideas, trabaja con el principio de apropiación de Locke, el que se lo descubre se lo queda. Si ustedes descubren algo, son los dueños de esos. Y la otra idea es la de Hayek, que es la de mercado como proceso de descubrimiento, que implica que no hay una torta para repartir, sino que esa torta se va creando cuando se va produciendo. Por lo tanto, si esa torta se va descubriendo mientras que ustedes van avanzando en el proceso productivo, por lo tanto, lo lógico es que esa torta sea apropiada por aquel que la fue descubriendo. Por lo tanto, ahora el sistema no solo que es más productivo, sino que además es el único sistema que es justo.

Y la verdad es que digamos todo esto a los socialistas los tenemos más que en jaque mate, ya les diría que… por eso les voy a dar una más, les voy a dar bis. Naturalmente cuando uno regula los monopolios, regula las empresas, lo que eran los procesos competitivos y al mismo tiempo introduce en concepto de la justicia social, evidentemente eso conduce al estancamiento.

El aborto

Y ese estancamiento dado el crecimiento de la población lleva al empobrecimiento paulatino de ese país, ¿Y cómo corrigen esto? lo corrigen con la agenda asesina del aborto. Una agenda asesina que podemos encontrar sus orígenes ya con los egipcios intentando exterminar a los judíos o con el caso de Malthus con su tratado sobre la población y la ley de hierro y salarios que promovía en control de la natalidad; o más cercano -a fines de la década del 60- el Club de Roma, donde el Club de Roma decía que como mundo se movía con energía fósiles y como esas energías no son renovables, predecían que en el año 2000 se iban a agotar esos recursos.

Y sin embargo, esa situación lo que iba a generar es que no hubiera alimentos para todos y que nos íbamos a morir y que solamente quedaríamos mil millones de personas en el planeta tierra. Y en base a eso, hoy habiéndose desclasificado los archivos de Nixon y Kissinger sabemos que propusieron esa agenda asesina del aborto; donde, por ejemplo, (INAUDIBLE) tiene más locales que McDonald´s en todo el mundo.

Julian Simon

Pero afortunadamente se equivocaron de nuevo porque hoy en mundo viven 8 mil millones de seres humanos. Sin embargo, no cesan esa agenda asesina, de hecho, el postmarxismo frente a su derrota en lo económico traslado sus batallas de lucha de clases a otros aspectos de la vida, por ejemplo, el ecologismo; donde plantea la lucha del hombre con la naturaleza, donde culpan al ser humano del calentamiento global, cuando esto ya ha pasado cuatros veces en la historia del planeta tierra y no vivía el ser humano, y donde para corregir este problema a los neomarxistas no se le ocurre otra cosa que exterminar a los humanos, si verdaderamente tuviéramos un problemas de recursos deberíamos estar esperando colonizar otros planeta, no condenarnos a la muerte.

De hecho, todos esos análisis en contra del crecimiento de la población son falsos, entonces le quiero dejar el caso de un economista muy optimista que se llamaba Julian Simon, que señalaba que el crecimiento de la población traía más progreso tecnológico, entonces, por ejemplo, señalaba que había crecimiento tecnológico impulsado por la demanda, donde básicamente al haber más personas y haber problemas de escases y demás eso afectaba al sistema de precios y generaba nuevas reformas y nuevos progresos tecnológicos para resolver dichos problemas, y por otra parte señalaba el progreso tecnológico impulsado por el lado de la oferta, donde -por ejemplo- las chances de que tenga Mozart es mucho más grande si vive 1 millón de personas que si viven 10.

Un mensaje optimista

En definitiva, el mensaje es el siguiente: no dejen avanzar al socialismo, no avalen la regulación, no avalen la idea de los fallos del mercado, no permitan el avance de la agenda asesina y no se dejen llevar por los cantos de sirena de la justicia social; yo vengo de un país que compró todas esas ideas estúpidas y de ser un país de los más ricos del mundo está en el lugar 140. Por lo tanto, no entreguen su libertad, peleen por su libertad, porque si no pelean por la libertad los van a llevar a la miseria.

Pero quiero dejarles también un mensaje de optimismo, Argentina parecía un país de ovejas condenado a la pobreza que nos marcan los socialistas y recuerdo cuando inicié mi carrera política para ser diputado Nacional dije: que yo no venía a guiar corderos, venía a despertar leones. Y fue así que cada día despertamos más leones y el mensaje de la libertad, no solo nos llevó a la presidencia a la Presidencia de la Argentina, sino que además estamos despertando a todo el mundo. Por lo tanto, no cedan frente a la lucha por la libertad, ¡viva la libertad carajo! ¡viva la libertad carajo! Muchas gracias.

Discurso pronunciado por el presidente de Argentina, Javier Milei, el 24 de febrero de 2024 en la CPAC.

Ver también

Javier Milei: la persuasión y la negociación median con el éxito. (George Youkhadar).

Los cien días de Milei (Cristóbal Matarán).

Las corridas de toros y el futuro de Argentina. (Santiago Dussan).

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).