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Controlando la inteligencia artificial

Existe un fuerte movimiento en Estados Unidos que pretende el control de la inteligencia artificial para garantizar los derechos civiles y las libertades de las personas que puedan verse afectadas por las decisiones de las aplicaciones informáticas. Y es que, según afirman los promotores de estas iniciativas, las tecnologías del futuro, cada vez más potentes, deben respetar los valores democráticos. Todo el mundo tiene derecho a ser tratado de manera justa y “sólo tendremos tecnologías que trabajen para todos si todos estamos incluidos”, vienen a decir, en su brillante estilo habitual: La ciudad de Nueva York, por ejemplo, está tramitando una ley que pretende la imposición de auditorías previas para evitar la utilización de dichas aplicaciones en el campo del empleo (en contratación o promoción interna), si los resultados que arrojan los programas revelan ciertos sesgos. Al final, lo que se pretende es que sea la ideología dominante, en políticos y burócratas, quien determine la forma de actuar, el cómo y el con quién, incluso de las máquinas; aunque ello vaya en contra de una mayor eficiencia y eficacia. La libertad individual se desvanece en cualquier caso.

Pero también se confunden, creo yo, quienes creen que las máquinas, por sí solas, serán capaces de resolver todas nuestras dificultades, ya que el problema económico, por mucho que algunos se empeñen, no queda reducido a un problema técnico de mera asignación, maximización u optimización de recursos, con unas restricciones invariables, que se suponen también conocidas. La acción humana -entendida como conducta consciente, o voluntad movilizada que pretende alcanzar fines y objetivos concretos- es siempre el intento deliberado de pasar de una situación menos satisfactoria a otra que lo es más, tratando de adecuar –faliblemente- medios escasos a una escala valorativa siempre cambiante, en un proceso dinámico en el que el futuro es siempre incierto y abierto a todas las posibilidades creativas del hombre, lo que demuestra la estrechez del concepto de Ciencia Económica generalmente en boga.

Para entender, por tanto, la naturaleza de la función empresarial es imprescindible tener presente el papel esencial que juega la información o conocimiento que posee el actor; una información que le sirve, en primer lugar, para percibir o darse cuenta de nuevos fines y medios, y que, por otra parte, modifica los esquemas mentales o de conocimiento que posee el propio sujeto. De esta forma, si, como señala Hayek, el problema económico de la sociedad se concreta, principalmente, en la pronta adaptación a los cambios según las circunstancias particulares de tiempo y lugar -para poder alcanzar, cada vez, situaciones menos insatisfactoria para el individuo, de acuerdo con la evolución de sus fines y la distinta utilidad subjetiva que se les reconoce a los medios escasos disponibles-, las decisiones empresariales tendrán, en principio, más éxito si son ejecutadas por quienes están familiarizados con estas circunstancias, es decir, por quienes conocen de primera mano los cambios pertinentes y los recursos disponibles de inmediato para satisfacerlos: se hace imprescindible un conocimiento subjetivo y práctico, centrado en las circunstancias subjetivas particulares de tiempo y espacio, y que verse, como decíamos, tanto sobre los fines que pretende el actor y que él cree que persiguen el resto de actores, como sobre los medios que el actor cree tener a su alcance para lograr los citados fines.

Que sean los políticos y los burócratas quienes nos digan lo que hay que hacer, qué producir y por quién, es una aberración que lleva al desastre, como ha demostrado ya la historia. Pero dejarlo totalmente en manos de las máquinas no dejará de ser, también, un gran problema, porque la máquina, por muy lista que sea, no será capaz de saber los nuevos fines que el hombre trataría en el futuro de alcanzar, con lo que una sociedad regida por aquéllas, o será estática y sin evolución, o irá por unos derroteros que no tienen por qué ser los que realmente hubiese querido el hombre: serán ellas quienes decidan.

El riesgo, en ambos casos, como ya hemos comentado otras veces, es lo difícil que es el análisis contrafactual, máxime cuando no hay con qué comparar, es decir, tratar de imaginar cómo hubiesen sido las cosas si hubiese cambiado alguna circunstancia. Si el globo entero hubiese sido comunista en la década de los 70, al muro le hubiese costado más caer (¿con qué comparar la propia realidad? ¿de dónde la ilusión y la energía para cambiarla?). Si nos echásemos todos en manos de las máquinas, por desidia, por pereza, y por una falsa idea de eficiencia, pasaría lo mismo: tardaríamos mucho más, si es que lo conseguimos, en darnos cuenta del error. 

Del uso de las masas para objetivos políticos

A mediados de noviembre de 2021, en territorio bielorruso, junto a la frontera con Polonia, se hacinaban miles de emigrantes de Oriente Medio y África, que esperaban la oportunidad para entrar en territorio de la UE a través de Polonia. El flujo de personas se había incrementado hasta límites preocupantes para las autoridades polacas, que no tenían ni la capacidad ni la voluntad de asistir a tal masa humana, pese a que los emigrantes, en su gran mayoría, tampoco tenían la intención de quedarse en territorio polaco, sino buscar otros países más prósperos dentro de la UE, principalmente Alemania, Francia, Austria y los Países Bajos.

La razón de esta masificación había que buscarla en la estrategia política del gobierno del dictador bielorruso Lukashenko en su enfrentamiento con la UE, en particular, y con Occidente, en general; todo ello, a la sombra del gobierno ruso de Vladimir Putin. Esta crisis, el conflicto entre el centro (Bruselas) y la periferia (Polonia), es una más de las que amenazan a la propia integridad de la UE que, desde el ‘brexit’, está seriamente dañada. No era casualidad que esta crisis migratoria se hubiera trasladado a las fronteras polacas. Al ser uno de los miembros más revoltosos de la Unión, presionar sobre él era desestabilizar aún más la UE. Ante esta situación, Polonia exigió cambios en la política migratoria de la Unión y pidió la actuación de la OTAN, en tanto su territorio estaba siendo invadido, mientras que Minsk daba una de cal y otra de arena a la hora de solucionar la situación, en la parte que le tocaba. 

Mientras, otros lugares fronterizos de la UE también soportan esta presión migratoria. Otro país en el que la democracia es un disfraz, la Turquía de Erdogan, usó a los refugiados sirios para ajustar cuentas con los europeos. El año pasado, en los primeros meses de la pandemia del covid-19, tuvo lugar el enésimo enfrentamiento entre Grecia y Turquía, pero en este caso, el arma usada iban a ser las masas humanas que huían de la guerra civil siria, buscando el ansiado vergel, el paraíso perdido que es el Estado de bienestar europeo y que tantos recursos absorbe de sus ciudadanos.

Aunque, desde la perspectiva de España, toda esta problemática está mucho más cerca y no hay que irse hasta los campos griegos o las planicies polacas y bielorrusas. Con una frecuencia pasmosa, ligada generalmente a problemas internos marroquíes o enfrentamientos políticos y diplomáticos con el régimen español, las fronteras de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se ven asaltadas por centenares de inmigrantes que intentan, usando la táctica del grupo numeroso, llegar a territorio español, donde son atendidos y, según la situación política y social, pueden tener la suerte de terminar quedándose y no ser devueltos. Las autoridades marroquíes, las ONG que les ayudan y, desde luego, los grupos mafiosos que se benefician de tal tránsito de carne humana saben que los gobiernos progresistas (y no tan progresistas) españoles limitan la represión de estos asaltos por razones políticas, lo que les hace más fácil quedarse. Este sistema es complementario de uno más peligroso, pero más habitual: las pateras, que con centenares de inmigrantes cruzan el Mediterráneo o el Atlántico hasta territorio comunitario, incluyendo las Islas Canarias.

Generalmente, este tipo de situaciones de miseria, muerte y caos se muestran en los medios de comunicación audiovisuales y escritos desde la perspectiva del inmigrante, al que se suele presentar como una víctima, alguien que busca un lugar donde prosperar, siendo atendidas sus principales necesidades por un Estado benefactor y, en menor medida, por algunas organizaciones de caridad que, con el tiempo, pierden protagonismo a favor de entidades estatales u organizaciones que trabajan mano con mano con el Estado y los gobiernos, usando recursos públicos y no donaciones privadas. En esta parodia victimista, en este reduccionismo maniqueo, ellos son las víctimas y los culpables de su situación, los occidentales, los capitalistas, que se adueñan de sus recursos, viven por encima de sus posibilidades, avivan guerras, les imponen sus productos o servicios y destruyen sus paraísos tribales, sus ideales de compromiso, convivencia y solidaridad, una visión no muy alejada de la del “buen salvaje” de Rousseau.

Esta situación, como muchas otras, no es nueva y las masas de personas que huyen de una situación de precariedad o que se desplazan porque es su tipo de vida o porque, simplemente, buscan una situación mejor de la que están viviendo, han sido usadas por Estados, gobiernos y monarquías a lo largo de la historia para eludir problemas de convivencia o para provocar o agredir a los Estados, gobiernos o monarcas vecinos con los que tienen conflictos abiertos. Este tipo de agresión se ha ido adecuando a las circunstancias de cada época. Así, en el declive del Imperio Romano, ante la debilidad de las fronteras frente a los germanos y otros pueblos de origen euroasiático, los emperadores bizantinos se las arreglaron, militar y diplomáticamente, para que muchas de estas confederaciones de tribus fueran a situarse en territorio del imperio occidental, lo que ayudó a terminar con él, favoreciendo su fragmentación y la aparición de reinos, feudos y, con el tiempo, otro Imperio. La ausencia de fronteras, tal como las conocemos ahora, y una menor densidad de población que la actual favorecieron este trasiego de personas, que duró varios siglos hasta que los Estados fueron conformándose, y el territorio vacío llenándose.

Durante los periodos imperiales, en todo el mundo, estas autoridades impusieron el traslado de poblaciones enteras, incluso grupos étnicos, para situarlos allá donde les eran más cómodos, bien porque fueran grupos problemáticos, bien porque quisieran que una masa crítica problemática no llegara a tal. Así, los procesos de rusificación en el imperio zarista, primero, y, sobre todo, en el soviético después, o la chinificación en la actual República Popular China, son dos ejemplos de este tipo de manipulación de masas. El antisemitismo, por ejemplo, a lo largo de los siglos, ha provocado el nacimiento y muerte de guetos de judíos, tanto en Oriente como en Occidente, y la práctica desaparición de las poblaciones judías, no sólo de Europa, sino también de todo el Norte de África y Oriente Medio. A finales de la Segunda Guerra Mundial, cientos de miles de personas fueron reasentadas en Europa, principalmente en Europa del Este y bajo auspicio o aquiescencia soviética, con la intención de hacer países étnica, cultural y nacionalmente homogéneos, intentando evitar problemas entre grupos distintos. Las guerras yugoslavas de los años 90 del siglo XX son ejemplos de cómo este tipo de conflictos es posible.

Las huelgas generales, las manifestaciones por causas ideológicas, por privilegios disfrazados de derechos, e incluso los comportamientos de grupos ligados a clubes deportivos son algunos ejemplos de movilizaciones más domésticas y habituales que pueden ser manejadas. En este caso, para atacar o molestar al vecino, Bielorrusia, Turquía o Marruecos se permiten manipular y usar a miles de personas que, por diferentes razones (desde guerras a situaciones de pobreza o hambre, o la simple y subjetiva necesidad de buscar una situación mejor que la que se vive), necesitan un lugar donde vivir. Estados y gobiernos no tienen ningún escrúpulo a la hora de usar a las masas que, por alguna razón, buscan algún tipo de mejora. 

De la misma manera que, ante las necesidades bélicas o financieras de los Estados, han ido surgiendo instituciones de carácter privado o semiprivado que han buscado o buscan los recursos públicos que manejan, y de la misma manera que otras instituciones han surgido para dar respuesta a las necesidades del Estado de bienestar, las migraciones han favorecido la creación de una infinidad de organizaciones mal llamadas “no gubernamentales”, que han ido suplantando a las organizaciones de caridad que antes hacían su labor. El problema más grave, sin embargo, ha sido que, a la sombra de estas necesidades, las mafias y organizaciones delincuenciales han visto una oportunidad de explotar la desesperación de muchos y se han unido a esta labor, sin respetar los derechos más fundamentales de estas personas.

El manejo de las masas es distinto que el de los individuos, ya que no es necesario convencer a cada uno de ellos, sino que una masa crítica asuma un objetivo o una idea y, luego, dejar que el comportamiento grupal que posee el ser humano siga su curso. Suelen ser manipuladas emociones (miedo, desesperación, ira, frustración) o necesidades primarias (hambre, supervivencia). Estas manipulaciones responden a una lógica más simple, menos elaborada, no pocas veces incorrecta, pero no por ello menos poderosa. Afortunadamente, no siempre va a ser una estrategia exitosa, pues de la misma manera que se activa, otro estímulo puede desactivarla. Además, también existen resistencias individuales que pueden servir como catalizadores para sabotear un comportamiento grupal y darle la vuelta. Aunque sí que es cierto que, una vez tomada cierta inercia, su desactivación requiere tiempo y recursos.

La teoría del cierre categorial y la economía V: Dialéctica de los Estados e historia económica

Estamos en un punto interesante de este estudio de la obra de Juan Carlos Martín El mito del capitalismo. La aplicación de la teoría del cierre categorial al ámbito de la economía exige al filósofo definir esas categorías. Como rechaza la posibilidad de encontrarlas en la acción del hombre, dado que serían categorías subjetivas, las busca en la historia. 

Aunque el origen de la filosofía de la ciencia de Gustavo Bueno está en el ámbito de las ciencias físicas, sus discípulos son feraces escritores en el de las ciencias sociales, con obras notables como El mito del capitalismo. El asidero del cierre categorial con el estudio de la sociedad es la historia. Para elaborarla, un camino es el que podríamos llamar metodología, que es la elaboración de un apero de instrumentos adecuados para la recuperación del pasado del hombre, y otro es la construcción de una filosofía de la historia. Podríamos definirla como el intento de ver en el transcurso de la humanidad o bien un sentido último, o bien un mecanismo que explique los grandes movimientos históricos. La metodología y la filosofía de la historia no son incompatibles.

Un ejemplo de filosofía de la historia es la del ciclo histórico. Tucídides, Polibio o Vico quisieron observar cómo la experiencia del hombre vuelve sobre pasos ya marcados, a pesar de la dirección unívoca del tiempo. El cristianismo introdujo tanto la idea de progreso en la historia, como la de providencialismo, dos nuevas filosofías del pasado humano. La Ilustración secularizó y renovó la idea de progreso. El idealismo, con J.G. Fichte y G.W. Hegel, concibió un método dialéctico para otorgar sentido a la historia. Karl Marx asume el método dialéctico, y le otorga una base materialista.

La dialéctica de la lucha de clases es útil para obtener plazas en las Universidades, pero no para explicarse la historia. Quizás sea este el motivo de que Gustavo Bueno la haya abandonado. Pero Bueno se aferra a la dialéctica como si fuera un método científico, y al concepto de motor de la Historia, y armado con estos dos errores, llega a un tercero que es el de la dialéctica de Estados como substituto de la de la lucha de clases. 

Es importante resaltar que, aunque el materialismo de Gustavo Bueno, tal como yo lo entiendo, es más elaborado que el de Marx. Creo que debemos sumarnos a las palabras de Carlos Valverde: “Marx no se interesa para nada por la materia como es en sí, como Naturaleza, como una realidad independiente del hombre, sino que la ve siempre en función y dependencia del hombre. Para Marx, el hombre es la realidad radical, el eje y el centro de todo su interés”. Es más, “la materia no humana sólo está considerada como el término intencional, al que se dirige el hombre mediante el trabajo para saciar sus necesidades naturales, y así realizarse (…). Por lo tanto, la Naturaleza se presenta siempre mediatizada por la praxis histórico-social; es la Historia (y en la base de ella su infraestructura dominante, la Economía), la única realidad radical” (1). En definitiva, la naturaleza está en función de la historia, y ésta en función de la economía.

Sobre esa base, Marx elabora una dialéctica de clases sociales. Gustavo Bueno observa que los Estados responden a la misma lógica de apropiación de los recursos naturales, de dominio de una clase extractiva sobre otras: “El enfrentamiento entre los Estados, según esto, habría de ser ya considerado (aunque el materialismo histórico tradicional no lo haya hecho así) como un momento de la misma dialéctica determinada por la apropiación de los medios de producción (originariamente el territorio, sus recursos mineros, sus aguas, su energía fósil…) por un grupo o sociedad de hombres, excluyendo a otras sociedades o grupos congéneres”. El “marxismo vulgar” se ha limitado al arado romano de la lucha de clases, y Bueno tiene una cosechadora para hacer más feraz el terreno de la historia.

Toda esta excursión nos sirve para decir que Luis Carlos Martín se suma a la dialéctica de Estados, pero hace algo más que me parece especialmente interesante. No son sólo las luchas de clases o los Estados, sino las categorías históricas las que basan todo el edificio de Martín. Así, dice en la página 65: “Llamaremos teoría de la esencia de la moneda a los modos en que se constituyen un tipo de relaciones cuyo campo de términos y operaciones adquieren un ‘cierre’ categorial económico, y cuya potencia ampliativa supone conflictos propios de la dialéctica histórico-política”. 

Martín crea una nueva teoría de la economía, vamos a llamarla así por el momento, desde las categorías históricas. De ahí la importancia de la etimología de las palabras. Luis Carlos Martín, y esto es común a otros discípulos de Bueno, se apoya en la etimología de las palabras. Me parece un recurso muy interesante. La propia escuela ha creado un rico apero de palabras que le permiten acuñar conceptos nuevos con precisión. Pero las palabras son viajeras en el tiempo, y la realidad que denotan cambia con los siglos. Por más que me interese la etimología, su utilidad en este contexto no puede ser más que relativa. 

Es un método, quizás una filosofía de la historia, muy inseguro. Hay al menos dos motivos para ello. El primero es que con el mismo término, por ejemplo “dinero”, nos referimos a realidades económicas muy complejas y que además cambian con el tiempo. 

El segundo es que Martín utiliza esas categorías para oponerlas entre sí, como si hacerlo tuviera algo que ver con la realidad histórica, y no todo con el prejuicio de la dialéctica. 

Luis Carlos Martín vuelve a la escuela histórica alemana, a crear economía desde la historia, aunque desde unos presupuestos menos ingenuos; mucho más sólidos. Lo veremos en el próximo artículo, cuando le hagamos hablar de dinero y moneda, mercado y comercio.

(1) Carlos Valverde. El materialismo dialéctico. El pensamiento de Marx y Engels. Espasa-Calpe, Madrid, 1979. p 93.

Serie La teoría del cierre categorial y la economía

(I) El cierre categorial

(II) Monismo, dualismo y pluralismo

(III) El liberalismo como atomismo

(IV) Del subjetivismo al materialismo, y de ahí a la historia

El valor de Bitcoin no depende de la confianza

En el artículo de hoy retomo el asunto de un post anterior donde explicaba que la confianza no es lo que confiere valor al dinero. Confianza entendida como que otros aceptarán el dinero simplemente porque a su vez confían en que otros también lo harán. Voy a referirme a este significado como “confianza de aceptación” para distinguirlo del significado “cosa que posee las cualidades recomendables para el fin a que se destina”. Este último significado sí sería correcto, aunque es aplicable a cualquier bien, no es nada especial del dinero, ni es el significado que pretendo criticar en este artículo.

Para transmitir esta misma idea de confianza de aceptación, algunos economistas usan el término “fiduciaria”, y afirman que por definición toda moneda es fiduciaria ya que su valor depende fundamentalmente de esta confianza o esperanza de aceptación. Afirmación con la que no estoy de acuerdo porque esa esperanza no es nada especial de la moneda ni de cualquier mercancía, y por tanto es un concepto inútil como criterio de distinción.

Bitcoin, la revolucionaria y pionera criptomoneda concebida en 2008.

Para que exista valor de cambio, y el valor de cambio es siempre una expectativa futura, no es necesario que exista ninguna demanda pasada o presente por parte de terceros. Ni siquiera es necesario que esa expectativa futura se acabe por materializar. Esto es así  para cualquier mercancía, sea activo financiero o no, y tenga valor de uso o no. Para demostrarlo, tomemos Bitcoin como ejemplo de mercancía, que además se podría decir que es una mercancía “pura” (a falta de un término más adecuado), porque no tiene ningún valor de uso en el sentido de que de forma directa no te alimenta, no te abriga, adorna, etc.

Quien primero otorgó valor de cambio a Bitcoin fue Satoshi Nakamoto. Creo que podemos decir casi con total seguridad que atesoró las primeras unidades de Bitcoin porque consideró que sus cualidades eran apropiadas para ser medio de intercambio: Oferta limitada, divisible, difícil de falsificar, fungible, barata de almacenar y transmitir, etc. Para formar su expectativa del valor de cambio solo pudo basarse en dichas cualidades, pues al tratarse de un bien totalmente nuevo no existía ninguna referencia de valor de cambio, ni previa ni actual.

El mero hecho de que Satoshi atesore unidades de Bitcoin ya implica que tienen valor para él. De lo contrario ni las habría creado ni las atesoraría. Pero las atesoró y por tanto tienen valor de cambio para él aunque en ese momento sea la única persona que conoce la existencia de Bitcoin. ¿Qué habría pasado si Hal Finney y los demás early adopters hubieran ignorado a Satoshi?  Pues posiblemente pasado un tiempo Satoshi habría desistido y desechado sus unidades de Bitcoin y el proyecto al completo. Bitcoin habría dejado de tener valor de cambio y por tanto habría dejado de ser un bien económico.

Ya hemos demostrado que una mercancía “pura” puede serlo únicamente por virtud de la expectativa de un solo sujeto. Pero si el lector pensara que esto es irrelevante económicamente porque solo afecta a un individuo, y es necesaria la demanda de un tercero para que la expectativa de valor de cambio se materialice en un precio, veámoslo a la inversa: ¿La condición de que un tercero tenga que valorar un bien es exclusiva de las mercancías puras? Pues tampoco. Por ejemplo, todo el excedente de arroz que un productor no puede autoconsumir estaría en la misma situación. Que el excedente de arroz sea objetivamente nutritivo no le confiere valor, basta que no pueda venderse por la razón que sea para que su valor sea cero (que esté en una mala ubicación, que su calidad sea relativamente inferior al arroz de la competencia, etc.). Es decir, igual que con los primeros Bitcoin que atesoró Satoshi, también es imprescindible un tercero para que el valor del excedente de arroz se acabe materializando en un precio. 

Cualquier bien cuyo productor no pueda autoconsumir tiene valor de cambio y solo valor de cambio. Esto no es ni raro ni excepcional, es de hecho lo habitual en una economía especializada donde la posibilidad de consumir lo que nosotros mismos producimos tiende a ser nula. En el concepto de mercancía, es decir, todo bien cuyo propietario planea vender y no consumir, ya está implícito que como mínimo tendrá que haber otra persona más que valore sus cualidades. Si esa persona adicional la valora únicamente como mercancía fácilmente intercambiable, ya tenemos dos sujetos que pueden intercambiarla como mercancía indefinidamente.

Como para cualquier bien, para formarse una expectativa de su precio unitario hay que valorar la evolución futura de la oferta y de la demanda. Esta valoración es muy difícil, y esta dificultad no es nada especial de las mercancías puras o de la moneda. La necesidad de intercambiar en el espacio o en el tiempo es una necesidad como cualquier otra, quizá de las más importantes en una economía con altísima división del trabajo, y predecir la intensidad agregada de cualquier necesidad es siempre una labor muy compleja, no importa de qué tipo de bien estemos hablando. La enorme importancia de la necesidad de intercambiar es la que explica no solo el valor de los medios de intercambio, también el valor de los servicios de un experto en macroeconomía, de un banquero, de un buen vendedor o intermediario, los estudios de mercado, el marketing y otros servicios similares sean valiosos. 

En conclusión, no es necesario ningún razonamiento ad hoc sobre la confianza aplicada a las mercancías puras en general ni tampoco a la moneda en particular. En el caso de Bitcoin, su valoración como la de cualquier otro bien no depende de la “confianza de aceptación” sino de la valoración por parte del mercado de la aptitud de sus cualidades concretas, en competencia con sus alternativas, para satisfacer la necesidad de intercambiar en el espacio o en el tiempo.

El lastre de las pensiones

Hace unos cuantos meses escribía en este mismo espacio acerca de la reforma de las pensiones propuesta por el gobierno de España. En dicha columna comentaba que aún desconocíamos el Mecanismo de Equidad Intergeneracional que debía publicar el ministerio dirigido por José Luis Escrivá, ya que este sería una pieza clave a la hora de poder analizar y juzgar la reforma de las pensiones en su plenitud. Ahora que ya conocemos dicho mecanismo y las diferentes vías a través de las cuales el ministro Escrivá pretende obtener ingresos adicionales para cubrir el aumento del gasto en pensiones derivado de las tendencias demográficas y la propia reforma, debemos preocuparnos aún más por la sostenibilidad de las mismas. De hecho, siguiendo la presente reforma, la sostenibilidad de las pensiones se torna aún más compleja con el tiempo, lo cual hace que debamos preocuparnos.

En primer lugar, cabe destacar que Escrivá fía la sostenibilidad futura del sistema de pensiones al efecto que pudiera tener el sistema de incentivos para el retraso voluntario de la edad de jubilación, tratando de acercar la edad efectiva de jubilación a la edad legal. Esto es enormemente variable, ya que es muy difícil predecir el comportamiento de los trabajadores ante el establecimiento del nuevo marco de incentivos.

Manifestación de pensionistas en Andalucía, España.

Lo que si se puede calcular con una mayor seguridad y mucha menor variabilidad es la cuantía del aumento del gasto en pensiones derivado de la jubilación de la generación del baby boom y la propia reforma de las pensiones, que promueve un mayor gasto al, por ejemplo, indexar las pensiones al IPC, eliminar el factor de sostenibilidad o permitir la elección de los mejores 35 años de vida laboral para el cálculo de la pensión. Todo ello nos lleva a unos cálculos actuariales que permiten saber con certeza el aumento del gasto en pensiones que se podría producir a lo largo de los próximos años. La propia Comisión Europea, en su reciente Ageing Report , estima que la derogación de la reforma de las pensiones del año 2013 supondría un incremento directo del coste anual del 3,5% del PIB, lo cual, en términos actuales, equivaldría a cerca de 39.000 millones de euros. Además, sumado a esto, la medida que permitiría a los trabajadores elegir los mejores años de su vida laboral como base para calcular la cuantía de su pensión contribuiría a aumentar el gasto en cerca del 0,7% del PIB, lo cual elevaría el aumento total del gasto anual en pensiones a cerca del 4,2% del PIB.

Este incremento repentino del gasto en pensiones haría que España pasara del 12% del PIB anual actual al 16% en 2050 destinado íntegramente a pensiones, lo cual causaría que nuestro país dejara de tener un gasto en pensiones en línea con la media de la Eurozona a tener un gasto tres puntos superior. Además, debemos tener en cuenta que España va más retrasada que otros países europeos en lo que respecta al envejecimiento poblacional, por lo que el efecto de inversión de la pirámide demográfica (más pensionistas cobrando pensiones más altas unido a un menor número de trabajadores en activo -mayor tasa de dependencia-)  junto al mayor gasto por la reforma, generaría una elevadísima presión sobre las cuentas públicas a causa del notable incremento del déficit estructural que se generaría, poniendo en peligro la sostenibilidad no solo del sistema de pensiones, sino de la deuda nacional.

Para que la reforma de las pensiones unida a los cambios demográficos no supusiera un mayor riesgo a la sostenibilidad del sistema de pensiones, la reforma debería contemplar una serie de medidas que aseguraran que el incremento del gasto viene acompañado por uno similar de los ingresos, el cual no es el caso. Los nuevos ingresos que contempla la reforma de Escrivá no son solo inestables sino asimismo insuficientes. La recaudación adicional que generará la reforma de Escrivá no llegará probablemente al 0,4% anual del PIB, comparado con un incremento del gasto cercano al 4,2% del PIB.

Veamos cuales son las fuentes de ingresos adicionales que contempla la reforma de Escrivá. La AIRef estima que el retraso de dos años de la edad efectiva de jubilación incrementaría los ingresos anuales un 0,8% del PIB, mientras que el Grupo de Investigación en Pensiones y Protección social estima que este retraso de la edad efectiva de jubilación aumentaría los ingresos tan solo un 0,2% del PIB, debido a que aunque en un primer momento se redujera el gasto debido a que el trabajador se mantendría en activo, después la pensión sería seguramente más elevada a consecuencia de las propias dinámicas que establece la reforma.

Otra fuente de ingresos adicionales deriva del Mecanismo de Equidad Intergeneracional  (acordada con los sindicatos) son las cotizaciones adicionales. Dicho acuerdo establece que se aumentarían las cotizaciones en 0,6 puntos anuales, lo cual tendría un impacto del 0,2% del PIB hasta el año 2033.

El incremento de ingresos por el retraso en la edad de la jubilación efectiva unido al derivado del aumento de las cotizaciones generarían unos ingresos adicionales entre el 0,4% y el 1% del PIB anual, lo cual cubriría solamente entre el 10% y el 20% del aumento del gasto anual en pensiones, con el remanente pasando a representar un aumento del déficit. Aún así, está por ver el potencial recaudatorio de estas medidas, aunque por muy positiva que sea la evolución de la recaudación, esta será insuficiente para compensar el incremento anual del gasto en pensiones, generado por tendencias demográficas y la derogación de la reforma de las pensiones del año 2013.

Pese a la situación descrita en el presente artículo, lo más probable es que se siga avanzando hacia un mayor agujero de déficit del sistema de pensiones y, por lo tanto, hacia su insostenibilidad presente y futura. Es la propia tendencia de evolución demográfica -en el plano político- la que juega en contra de una adecuada y necesaria reforma del sistema, ya que los pensionistas representan cada vez una mayor proporción del electorado mientras los jóvenes resultan cada vez más insignificantes a nivel demoscópico. Esto causa que los políticos no estén interesados en reformar el sistema sino en legislar para promover beneficios inmediatos concentrados en aquel segmento de la población del cual puedan extraer un mayor numero de votos en el futuro inmediato, rentabilizando así su futuro político inmediato.

La necesidad de un banco central

“Nuestro sistema monetario está basado en prácticas que, si fuesen realizados por algún individuo o firma privada, llevarían a los perpetradores a la cárcel”

Antal Fekete.

La banca libre era, según Walter Bagehot (1999, 67), el sistema natural que emergería si el gobierno no interviniese en la banca. Los principales autores del fenómeno de la banca libre utilizan diversas características distintivas para clasificar un sistema bancario como de banca libre. Podemos resumir estas en cinco. Primero, una ausencia de un banco central (Smith 1936, 4–7; Dowd 1992, 2; White 1995, 1). Segundo, una multiplicidad de emisores de moneda (White 1989, 13; Dowd 1992, 2, 1993, 25). Tercero, un intercambio de moneda frecuente entre los emisores de estas (Dowd 1993, 25). Cuarto, la aparición de contratos de opción dentro de los contratos de convertibilidad de moneda (Dowd 1993, 25). Y, por último, la ausencia de regulación que obstaculice el negocio bancario.

Banco Central Europeo (Fráncfort del Meno, Alemania)

En este artículo nos vamos a centrar en la primera, en si es la ausencia de un banco central lo que determina que un sistema bancario sea libre o no. En primer lugar, tenemos que analizar si los bancos centrales nacen espontáneamente o no. Si lo hacen, en todo sistema de banca libre terminará emergiendo un banco central, por lo que, si es la característica definitoria, todo sistema de banca libre está abocado a la extinción.  El argumento para determinar si un sistema bancario es libre o no según la existencia de un banco central se basa en que de haber uno. Pero en la literatura económica tampoco hay un consenso claro sobre qué implica ser un banco central; si servir como un banco de bancos, como el monopolista de emisión de moneda, ser el prestamista de última instancia, regular a los bancos comerciales, o controlar la política monetaria. Independientemente de cuál sea la característica definitoria, podemos asumir que con que una institución cumpla alguna de las cinco funciones mencionadas, y, por ejemplo, el resto de los bancos tendrá prohibido la emisión privada de moneda, las actividades de los bancos comerciales serán reguladas, los mínimos legales de reserva se determinarán para todos los bancos o haya un control en la entrada de nuevos bancos, entre otros elementos que restringen el mercado e imposibilitan que se le pueda llamar libre, no habrá una banca libre. Es decir, donde hay un banco central hay una planificación centralizada en mayor o menor medida del negocio bancario, siendo una condición suficiente para que no se le pueda clasificar a ese sistema en ese momento de banca libre.

Charles Goodhart, profesor de la London School of Economics, en su libro The Evolution of Central Banks (1985) hace una defensa de los bancos centrales argumentando que estos surgen de manera espontánea en un sistema de banca libre y que, además, su formación es beneficiosa para la sociedad. Goodhart afirma que existe una tendencia centrípeta a la centralización de las reservas en el banco que ostente un crédito superior. Esta afirmación contradice a la historia bancaria de Escocia, Canadá, China, Australia, Suecia, Irlanda, China o Suecia, lugares donde no se originó un banco central de manera natural hasta que se impusieron leyes al respecto (Selgin 1993). El único ejemplo donde sin privilegios un banco alcanzó una posición crediticia tan superior a la competencia que actuaba como un banco central, manteniendo las reservas y liquidando billetes por otros bancos fue el del Suffolk Bank of Boston del 1825 al 1858.

Goodhart critica otros sistemas bancarios como el canadiense o es escocés diciendo que era oligopólicos, lo cual no era cierto—en Escocia hubo hasta 29 diferentes bancos emitiendo monedas a la vez y hasta 51 en Canadá—. Pero aún de haberlo sido, esto demostraría que el sistema natural en banca libre es el oligopolio, no el monopolio del emisor de moneda como Goodhart intenta defender.

Además de no ser un sistema natural de emergencia espontánea como Goodhart nos intenta hacer ver, este tampoco es necesariamente un sistema más beneficioso para los ciudadanos. En primer lugar, White (1995) demuestra que el sistema bancario escocés funcionaba mejor que el inglés en todos los aspectos importantes. Por ejemplo, las pérdidas totales per cápita de los depósitos y de los tenientes de moneda de los fallos bancarios escoceses eran menores que las inglesas, al igual que las crisis y suspensiones bancarias también eran menos frecuentes. En segundo lugar, Goodhart dice que un banco central ayuda al cliente, sobre todo al pobre, porque este puede reducir sus costes de transacción, como los relacionados con informarse sobre la calidad del banco emisor del billete que vaya a aceptar. Pero a esto se le puede contestar que el cliente solo tiene que igualmente confiar en un banco, en el suyo, y aceptar aquellos billetes que su banco acepte sin descuento (Selgin 1993). Por lo que este ejercicio de obtención de información recaería sobre el banco y no sobre los clientes.

Por lo tanto, como vemos los argumentos de Goodhart sobre la necesidad de los bancos centrales por su origen espontáneo en la banca libre y su beneficio a los clientes no son ciertos. Los bancos centrales solo nacen tras la intervención gubernamental, justificándolos en unos motivos u otros—sea el de actuar como banco de bancos o para evitar pánicos bancarios—. El banco central no es necesario ni deseable. Como en cualquiera otra área de la economía, un monopolio supone un problema de información, al obstaculizar la función empresarial que surge en competencia para descubrir los mejores modelos de negocio, en este caso del sector bancario, y problemas de incentivos, los cuales se ven agravados con los rescates aparentemente garantizados desde la banca central a los bancos comerciales, que generan incentivos perversos como el descalce de plazos sistemático y desmedido.

Referencias:

Bagehot, Walter. 1999. Lombard Street: A Description of the Money Market. Nueva York, Estados Unidos: John Wiley & Sons, Inc.

Dowd, Kevin. 1992. “Introduction: The Experience of Free Banking.” In The Experience of Free Banking, editado por Kevin Dowd. Londres, Reino Unido: Routledge.

———. 1993. Laissez-Faire Banking. Londres, Reino Unido: Routledge.

Goodhart, Charles. 1985. The Evolution of Central Banks: A Natural Development. Cambridge, Estados Unidos: The MIT Press.

Selgin, George. 1993. “The Rationalization of Central Banks.” Critical Review 7 (2–3): 335–54.

Smith, Vera C. 1936. The Rationale of Central Banking and the Free Banking Alternative. Indianapolis, Estados Unidos: Liberty Fund.

White, Lawrence H. 1989. Competition and Currency: Essays on Free Banking and Money. Nueva York, Estados Unidos: New York University Press.

———. 1995. Free Banking in Britain: Theory, Experience and Debate, 1800–1845. Londres, Reino Unido: The Institute of Economic Affairs.

La deriva de la colaboración público-privada

Estamos viviendo meses muy confusos. La información, verdadera y falsa, sobre cómo los gobiernos están colaborando con grandes empresas privadas para limitar nuestra libertad fluye veinticuatro horas al día, con su correspondiente contrapropaganda.

Siempre he creído que para entender algo hay que descomponerlo hasta sus manifestaciones más sencillas e ir subiendo. Es menos emocionante, y seguramente tengas menos lectores, pero a la larga te ayuda a tener una idea más clara de cómo funciona el mundo.

Para realizar este ejercicio vamos a bajar mucho, concretamente hasta un evento menor como es la Vial Week. La crónica que los medios de comunicación hicieron describe perfectamente cómo funcionan este tipo de cosas en España (que no se diferencia demasiado de cualquier otro país occidental): una asociación privada monta un evento, a él acuden otras asociaciones privadas con intereses similares y el organismo estatal del que viven. El resultado del mismo es que los ciudadanos salimos algo más pobres.

En este caso hablamos de las autoescuelas, los centros Médicos Psicotécnicos y la DGT.  La excusa para exprimir al ciudadano es el aumento de conductores de más de 65 años, que pese a ser perfectamente previsible desde hace décadas (los conductores, con diez años menos, ya estaban aquí en 2011 y no se iban a morir de golpe) supone una sorpresa para todos los actores implicados en la regulación y se debaten medidas para paliar el problema.

Por supuesto, paliar el problema significa que las autoescuelas y los centros médicos deben aumentar su negocio dando cursos absurdos y certificando la visión de los conductores más a menudo. Y les debemos estar agradecidos por ello ya que la alternativa que sacan a pasear para asustar al personal es fijar una edad máxima para poder conducir. Y eso no es razonable, no, sobre todo cuando por un módico precio y unas molestias se puede seguir conduciendo sin problema.

Y aunque lo digo con bastante ironía, no deja de ser verdad. El Estado es tan ineficiente que al delegar ciertos controles en empresas privadas nos mejoran bastante la vida. Sin salirnos de la DGT, cualquiera que pase una ITV en una Comunidad Autónoma con las estaciones liberalizadas sabe que pagas algo menos y, sobre todo, te atienden infinitamente mejor que en el resto.

El problema es que las empresas privadas no solo son eficientes en proporcionar el servicio, sino que también mejoran al Estado en la capacidad de inventar excusas absurdas para incrementar los controles, y, por tanto, su negocio. Un (alto) funcionario de un ministerio tiene, por su naturaleza, una tendencia a la sobrerregulación y, digámoslo claramente, a tratar al ciudadano como ganado. Pero le faltan incentivos económicos. Al final cobra igual un funcionario hiperactivo que nos amargue la vida a todos que uno vago que al menos solo nos cuesta su nómina. En cambio, las empresas privadas y los lobbies que generan sí tienen unos incentivos económicos muy claros, y estos pueden influir mucho más fácilmente en los políticos y medios de comunicación.

Y lo peor es que ante este fenómeno no existe contrapeso. En los saraos donde se deciden las nuevas cadenas que nos van a poner solo van cuatro actores: lobbies, políticos, funcionarios y periodistas. Y los cuatro están del mismo lado, ya sea por convicción o por interés.

Y alguien podría preguntar: ¿no existen asociaciones de conductores que defiendan los derechos del ciudadano común?  No, existen asociaciones de conductores cuyos intereses dependen directa o indirectamente de los lobbies de autoescuelas. Solo hay que darse una vuelta por sus redes sociales para conocerlos, porque, como suele pasar en estas cosas, son un mundillo muy pequeño.

Así que sí, a lo mejor no vivimos en un mundo donde Bill Gates y la ONU conspiran para ponernos a todos un microchip, pero tampoco parece razonable negarse a ver la deriva de un sector privado cada vez más enfocado en pastorear al ciudadano. ¿Lo hacen a través del Estado? Sí, claro, pero no dejan de ser empresas privadas, para lo bueno y para lo malo, y se las tiene que analizar como tal. 

El milagro escocés

A principios del siglo XVIII, Escocia era un país atrasado, castigado por el hambre, y formalmente independiente, aunque sufría la opresión semicolonial inglesa. Sin embargo, a lo largo del siglo, llegó a convertirse en uno de los países más ricos e industrializadas del mundo y en la cuna de la Revolución Industrial inglesa.

La renovación de Escocia, parecida a la del ave Fénix, fue un modelo para toda la Europa del siglo XIX porque fue capaz de modernizar el país sin caer en el callejón sin salida del terror al que habían llevado las reformas de la Revolución Francesa.

Durante la Edad Media hubo una constante rivalidad y conflictos sangrientos entre Escocia e Inglaterra que llevó a los dos países a elegir diferentes modelos de protestantismo. Enrique VIII fundó la Iglesia anglicana y arrancó a Inglaterra del ecumenismo católico. Escocia, influenciada por un carismático John Knox, eligió el calvinismo en 1560. El credo calvinista no sólo impuso una vida puritana a los escoceses, sino que su método de autogobierno a través de los presbiterianos elegidos por los creyentes de cada comunidad, dio muestras de que tanto la fe moral como el autogobierno que surge de la fe interior pueden mantener el orden social, en oposición a un modelo de iglesia jerárquicamente establecido de arriba hacia abajo. 

En este sentido, fue muy importante el ingente esfuerzo que llevó a cabo la iglesia para educar a los creyentes escoceses en el conocimiento y la comprensión de la Biblia. En cada parroquia fueron fundadas escuelas en las que se enseñaba a leer, escribir y las destrezas básicas. En términos modernos, se había producido una revolución educativa: alrededor de 1750, el 75 por ciento de los hombres sabía leer y escribir, y las discusiones sobre las interpretaciones de los textos bíblicos contribuyeron a desarrollar su capacidad de razonamiento; en 1795, había 10.500 maestros para un millón y medio habitantes.

Pero los escoceses no solo leyeron la Biblia; se abrieron varias bibliotecas en las ciudades. Según los registros contemporáneos de la biblioteca Inerpeffray, las obras de Locke y los maestros de la Ilustración francesa fueron sacadas en préstamo por ciudadanos y trabajadores, entre los que hay registrados panaderos, herreros, braseros y campesinos. Por otra parte, la expansión del consumo de té redujo el consumo del alcohol y sus efectos, lo que contribuyó significativamente a la mejora del estado de salud de la población. 

Esta revolución educativa trajo consigo el auge de la educación universitaria. El número universitarios se triplicó a lo largo del siglo. Las universidades de Glasgow y Edinburgo se convirtieron en las mejores universidades protestantes. El bajo coste de la matrícula (diez veces menos que la de la Universidad de Oxford) atrajo a jóvenes talentosos de las clases bajas.

El impacto de las universidades se extendió más allá de sus muros: las clases estaban abiertas, todo el mundo podía escuchar, no solo los estudiantes. Los profesores solían impartir conferencias públicas a las que, según los registros, asistían de 200 a 300 personas. En el seno de estas universidades se formó el círculo de influyentes pensadores de la Ilustración escocesa, Francis Hutcheson, David Hume y Adam Smith que revelaron a través de sus obras al mundo cuál había sido la receta para el surgimiento de Escocia, para que el país se convirtiera en “el taller del mundo”, en una isla de prosperidad para la mayoría de los habitantes, no solo para la elite oligárquica.

La revolución educativa por sí sola no fue suficiente para abrir paso al desarrollo, aunque fuera un elemento esencial. La otra clave del avance se basó en el orden legal que garantizaba la protección de la propiedad, la libertad individual y el libre comercio, factores que resultaron definitivamente influidos por los acontecimientos históricos y políticos.

Después de la muerte de la reina de Inglaterra Isabel I, el rey de Escocia heredó la corona inglesa y mantuvo la independencia de los dos países. La familia real tenía su sede en Inglaterra, que era más rica; así los nobles escoceses invadieron Londres y buscaron su suerte en la corte.

Escocia fue gobernada desde lejos y, esencialmente, abandonada. En la Guerra Civil Inglesa, los escoceses fueron derrotados por las tropas de Cromwell, y Escocia pasó a depender de Inglaterra (1651); aunque la independencia de Escocia se mantuvo en el papel, de hecho, pasó a ser una semicolonia inglesa. La Inglaterra del momento ya estaba a punto de ser la principal potencia marítima del mundo. El país se había convertido en una región próspera gracias a los tesoros de las colonias, el comercio atlántico y la piratería. La política mercantilista que defendía los intereses de los comerciantes ingleses excluía a los escoceses del nuevo mundo atlántico. La brecha entre la Inglaterra rica y la Escocia tradicional, pobre y subdesarrollada se había ensanchado.

En 1695, los escoceses hicieron un último esfuerzo para colonizar el Nuevo Mundo y así independizarse de Inglaterra. En este sentido, William Petterson, que había salvado a la corona británica un año antes al establecer el Banco de Inglaterra y desembolsar un enorme préstamo para la casa real, propuso, como patriota escocés, copiar el sistema institucional de Inglaterra en Escocia. Siguiendo el ejemplo de la Compañía Británica de las Indias Orientales, planteó establecer un monopolio colonial y comercial, la Compañía Darian para Escocia, establecer colonias y bases comerciales en América Central (Panamá), y establecer el Banco de Escocia para cubrir sus costos. La sociedad escocesa apoyaba la iniciativa de Petterson con todo su corazón. Casi la mitad de la riqueza escocesa disponible, 400.000 moneda de oro, fueron invertidas en el negocio. Sin embargo, la empresa colonial fracasó. El último barco fue hundido por los británicos y su tripulación fue ahorcada por practicar la piratería. Escocia había quebrado.

En esta desesperada situación surgió la idea de la unificación con Inglaterra y el abandono del sueño de una Escocia independiente. Inglaterra apoyó este proceso, porque las aspiraciones de independencia de Escocia siempre habían sido una fuente de peligro al que había que sumar la posibilidad de que potencias extranjeras ocuparan la isla en apoyo de los escoceses.

En 1707, nació la unión entre Inglaterra y Escocia. El parlamento escocés fue abolido y sus miembros pasaron a serlo del parlamento inglés. Las leyes, los impuestos y la administración pública se unificaron en todas las Islas Británicas. Inglaterra y Escocia eran un mercado único protegido por las reglas mercantilistas inglesas. De este modo, el Atlántico se abrió a los comerciantes escoceses cuyos intereses eran también defendidos por la marina inglesa.

Los ciudadanos escoceses disfrutaron no solo de la apertura del mundo, sino también de las libertades y la protección de los derechos de propiedad defendida por el sistema legal inglés. Como la aristocracia escocesa se había trasladado a Londres atraídos por la corte, los comerciantes, artesanos y plebeyos escoceses se quedaron solos. No había nadie de quien esperar una protección especial en el mercado. No tenían otra opción que intentar tener éxito basándose en sus propias iniciativas en el mercado mundial repentinamente abierto.

Y los escoceses aprovecharon la oportunidad. En dos generaciones, alcanzaron el nivel económico de Inglaterra. Los comerciantes escoceses se habían apoderado de la mayor parte del comercio del tabaco, la agricultura escocesa se había recuperado y James Watt, un inventor escocés, había perfeccionado la máquina de vapor, convirtiendo a Escocia en uno de los lugares de nacimiento de la Revolución Industrial.

La experiencia del milagro escocés fue analizada por Adam Smith en La riqueza de las naciones, publicada en 1776 en la que afirma que un mercado libre era la clave para conseguir la prosperidad de una nación. Por el contrario, la defensa de un mercado con aduanas solo produce prosperidad para la élite gobernante y sus clientes, pero no para la sociedad. Según el autor, la paz, los impuestos bajos y un nivel tolerable de justicia son las claves para la evolución y el desarrollo de la sociedad desde la condición más oscura de la barbarie hasta la más alta civilización. El libro de Adam Smith se convirtió en la biblia de los políticos conservadores del siglo XIX. Mostraba una manera de salir del atrasado y miserable mundo feudal a través del libre comercio y de la modernización que evitaba la revolución y el terror. 

En definitiva, el modelo del estado liberal clásico del siglo XIX basado en el ejemplo escocés, era el de un estado pequeño, que asegurara las libertades individuales, la propiedad, y el desarrollo orgánico a través del libre comercio, en contraste con la organización racional de la sociedad  que habían intentado imponer los revolucionares francesas.

¿Cómo se puede interpretar el milagro escocés en nuestros tiempos? La inversión en educación y la atención a la educación un factor esencial y básico para la creación de capital humano. Por otra parte, la honestidad y el estado de derecho descartan la aparición de la corrupción; de hecho, no es pura coincidencia que los países con bajos niveles de corrupción sean los más ricos del mundo. Pero la conclusión más importante es que el libre comercio, el bajo nivel de intervención estatal en la vida económica de un país, los impuestos bajos facilitan a los ciudadanos la posibilidad de llegar a ser emprendedores. 

El lenguaje económico (X): Capitalismo

Antes de analizar el uso del término «capitalismo» aclaremos su triple significado. Desde un punto de vista libre de juicios de valor —wertfrei— el capitalismo moderno es un sistema de producción, fruto del ahorro y la inversión en bienes de capital: fábricas, máquinas, herramientas, programas informáticos, etc. Todas las sociedades, en mayor o menor medida, emplean bienes de capital, pero la capitalista lo hace de forma masiva debido a la acumulación de capital durante un prolongado periodo de tiempo. 

Desde un punto de vista marxista, se acusa al capitalismo de ser sistema de producción conflictivo e injusto, basado en «la explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del obrero por el capitalismo» (Marx, 2008: 137). Supuestamente, los dueños del capital —capitalistas y burgueses— explotan a sus empleados —proletarios— robándoles una parte de lo producido: la plusvalía. Marx revistió su teoría de un halo «científico» empleando fórmulas y expedientes matemáticos. La refutación de la teoría de la explotación, realizada por Böhm-Bawerk (Huerta de Soto, 2010: 101-201) en 1884, no pudo evitar la calamitosa expansión del marxismo en el mundo.

En tercer lugar, por capitalismo entendemos un sistema institucional —económico y jurídico— que reconoce la propiedad privada del capital y de los medios de producción, así como la libertad de mercado. El capitalismo, así entendido, es una institución ética que proporciona los más altos niveles de vida a la población, sin embargo, son muchos los que todavía se adhieren a la tesis marxista. El lenguaje económico ha sido y sigue siendo un campo de batalla entre los defensores y detractores del capitalismo. 

Capitalismo anárquico

Los marxistas vieron en el capitalismo la «anarquía reinante en la producción» (Marx y Engels, 2013: 81). Creían que un sistema descentralizado y espontáneo —anárquico— debía ser necesariamente reemplazado por otro racional dirigido por un sesudo órgano de planificación central. Sin embargo, planificación y capitalismo no son excluyentes. Cada organización y cada individuo planifica sus acciones: persigue fines empleando los medios que considera óptimos.  

Capitalismo de amiguetes

También conocido como crony capitalism. Es una expresión bastante acertada pues es notoria la afición de las grandes corporaciones de influir en los legisladores. Los «empresaurios» acuden a los políticos para obtener privilegios como impedir la competencia. Como no pueden deshacerse fácilmente de las inversiones realizadas en máquinas más antiguas, en lugar de encajar deportivamente la reducción de sus ventas, acuden a los políticos para mantener sus beneficios. Al igual que sus cómplices en el gobierno, son una lacra social y obtienen rentas ilícitas a expensas de los consumidores.

El capitalismo mata

Todo tipo de malos augurios se han hecho sobre el capitalismo. «El apocalipsis lo causará el capitalismo, no las máquinas», dijo Stephen Hawking. «La ciencia y la tecnología deben estar al servicio de toda la humanidad sin injerencia de las grandes corporaciones y la cúpula empresarial», dijo Nikola Tesla. «Solo el socialismo salvará a la humanidad», dijo Albert Einstein (Mayo Von Höltz II). Más recientemente los agoreros del cambio climático afirman que si no acabamos con el capitalismo, éste acabará con el planeta. Nunca estas profecías, de corte marxista, se han cumplido. Aún así se van renovando con nuevos escenarios a cuál más tenebroso.

El Papa Francisco es tristemente célebre por sus diatribas contra el capitalismo. En su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio) leemos estas perlas (53) «Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata». El Papa repite el error de las analogías biológicas (el pez grande se come al pez chico) al afirmar: «Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil». Y sigue (56): «Se instaura una tiranía invisible», etc. La ignorancia que exhibe el Papa, siendo lego en economía, es admisible, pero no es sensato realizar furibundas afirmaciones en una materia desconocida. Más preocupante es su desconocimiento de la dimensión ética del capitalismo, reconocida por su antecesor Juan Pablo II y por eminentes economistas austriacos como Hayek, Kirzner y Huerta de Soto (2021: 17). 

Capitalismo y ludismo

Desde los orígenes del capitalismo sus enemigos han visto en las máquinas el origen del desempleo. Toda innovación y automatización del trabajo ha sido atacada por políticos, sindicatos, periodistas y afectados directos de los cambios. Un ejemplo es llamar «desatendidas» las gasolineras autoservicio, que están tan «desatendidas» como los cajeros automáticos o las máquinas expendedoras (tabaco, alimentos, bebidas). Los negocios autoservicio están perfectamente atendidos por la cuenta que les trae a sus dueños. Un análisis más reflexivo, paradójicamente, invierte la lógica del presunto «desatendimiento». Situados del lado de los consumidores, son precisamente los dispensadores automáticos los que satisfacen necesidades antes no cubiertas durante la noche, días festivos y en otras circunstancias donde no es rentable tener empleados. 

Capitalismo salvaje

El adjetivo salvaje ha sido muy empleado para denigrar al capitalismo. Sin embargo, los animales salvajes y las tribus de humanos desconocen el capitalismo. La realidad es justo la contraria. El capitalismo ha hecho posible el tránsito del hombre salvaje al hombre civilizado, de la sociedad tribal a la sociedad abierta. No hay nada «salvaje» en el sistema capitalista. En el mercado no se libra una lucha a muerte por la supervivencia, sino la pacífica cooperación a través de la división del trabajo (Mises, 2011: 174).

Destrucción creadora

Según Joseph A. Schumpeter en el sistema capitalista el empresario que innova crea lo nuevo y destruye lo antiguo. Este proceso de destrucción creadora constituye el hecho esencial del capitalismo (Schumpeter, 1997: 120). Debemos criticar esta metáfora por la connotación violenta del término «destrucción». El empresario que innova no destruye nada, sino que vuelve obsoletos otros bienes, industrias o formas de producción. Por ejemplo, el correo electrónico no destruye al fax, ni el whatsapp destruye a la mensajería SMS. El reemplazo tecnológico e industrial que se produce incesantemente en el mercado es pacífico y nada tiene de destructivo.

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2010). Lecturas de economía política III. Madrid: Unión Editorial.

Huerta de Soto, J. (2021). «Socialismo, corrupción ética y economía de mercado». Cuadernos para el Avance de la Libertad, Nº 7. Madrid: Unión Editorial.

Marx, K. (2008). El capital (I). Biblioteca virtual.

Marx, K. y Engels, F. (2013) [1848]. El manifiesto Comunista. Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas. Schumpeter, J. (1997). Teoría del desenvolvimiento económico. FCE.

Serie ‘El lenguaje económico’

(IX) Fiscalidad

(VII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

La pandemia del autoritarismo

Este artículo está dedicado a la memoria de don Antonio Escohotado, su cuerpo descansa, sus ideas transcienden.

Hace dos años que empezó una pesadilla, de la cual aún no hemos despertado. Con el fin de no ser censurado, se evitarán palabras que puedan suscitar las sospechas de los algoritmos que nos circundan. Empecemos pues. Digamos que la pesadilla en cuestión provocó una reacción de congoja y sobreactuación que puede ser comprensible a la luz de los acontecimientos. España, en marzo de ese fatídico año 2020 actuó acorde con los estándares comunes del resto de países. Ante una situación sin precedentes en los últimos 100 años en Occidente y muchas partes del mundo, la respuesta ante el temor por un mal invisible fue a mi juicio, sobreprotectora, y esto es positivo. Delante de algo nuevo y potencialmente mortal es mejor extremar precauciones antes que infravalorar su capacidad de mermar a la población, si sobreactuamos, siempre podemos dejar de hacerlo, si lo infravaloramos, quizás sea irreversible.

Entonces, ¿cuál es el problema? El 14 de marzo el gobierno declara el estado de alarma durante 15 días. ¿Era comprensible? Desde luego. Una vez pasado el tiempo establecido, la cuarentena se endureció[1], se pasaron de 351 muertos a 7.766, esto multiplicaba por 22 el número de víctimas[2]. Unos 21 días después, el gobierno amplió el estado de alarma dos semanas más. Después de esas dos semanas, se volvió a alargar hasta el 26 de abril. El 6 de mayo, el Congreso votó ampliarlo (cada vez con menos apoyos), el cual se volvió a prorrogar (por quinta vez) el 20 de mayo. Finalmente, el 21 de junio (más de tres meses después y con diversas fases) acaba el estado de alarma[3]. El último capítulo (hasta la fecha) de Black Mirror se llamaba “la nueva normalidad”.

En general, la normalidad nunca ha vuelto, y viendo el desarrollo de los acontecimientos me temo que estamos lejos de esta. Véanse los datos económicos en el pie de página[4] para comprobar la destrucción empresarial que se produjo. Al margen de esto, la salud mental salió muy perjudicada, prueba de ello es la tasa de suicidios más alta en la historia del país (en términos brutos, el total fue de 3.941[5]). El distanciamiento social fue in crescendo a medida que debíamos salvaguardas distancias, usar mascarillas y todo tipo de productos desinfectantes. Todo eso merma la capacidad de cohesión que conlleva el contacto humano. Tenemos unos 30 músculos en la cara, los cuales se concentran especialmente en la zona de la boca, tapándonoslos disminuimos la comunicación no verbal y aumentamos el distanciamiento entre personas.

Los meses de los cuales íbamos a salir más fuertes se torcieron en octubre de ese año (2020). Todo esto en un clima de ingenuidad y autoayuda barata. Desde octubre se hizo efectivo un nuevo estado de alarma, este duró hasta mayo del 2021: restricciones, toques de queda, multas, criminalización de la juventud (fuimos durante mucho tiempo el chivo expiatorio), mascarilla en exteriores, desescaladas, etc, el objetivo era bajar la presión hospitalaria.

Todos los fines pueden ser muy elevados y con intenciones benévolas, ahora bien, lo que a mí nunca me ha parecido de recibo ha sido cómo el funcionariado de turno ha comprometido al país hasta límites insospechados. Los asesores del gobierno y de las autonomías, siempre han tendido a pedir restricciones aun cuando los casos de coronavirus no eran muy elevados[6]. Esto, intrínsecamente significaba que muchos negocios debían bajar la persiana (en muchos casos de forma indefinida), pero está claro que, cuando tu sueldo está asegurado por el gobierno, tomar este tipo de decisiones es más fácil[7].

Quizás los que propusieran eso, deberían cobrar lo mismo que las empresas que han estado (y están) en ERTE, de esta forma pondrían su bolsillo en el “juego”. Hago referencia a Taleb y a su libro “Skin in the game” en el cual, en una sociedad en la que algunos no arriesgan nunca en primera persona, estos tienen el poder de tomar decisiones que impactan de forma significativa en vidas ajenas, para más inri, gozan de un prestigio y retribuciones desproporcionadas. Taleb mete en esta categoría a los políticos, burócratas, profesores universitarios, etc. Las sociedades estructuradas de esta forma, crean grandes asimetrías, aquellos con un riesgo mínimo (políticos y asesores) o con un riesgo moderado (sanitarios) imponen de facto, su criterio.

Taleb lo expresa de la siguiente forma: The most egregious contributor to inequality is the condition of a high-ranking civil servant or tenured academic, not that of an entrepreneur (Taleb, 2018, pág. 49). Los expertos sanitarios, y una inmensa cohorte del funcionariado patrio, estaban muy de acuerdo en seguir confinando a la población, imponiendo medidas abusivas a las empresas (y a todo el mundo). Es fácil tomar decisiones con el sueldo asegurado, no así cuando este depende de vender un servicio en el mercado. La paradoja y lo más irritante es que, quien sostiene la res publica son precisamente las PIMES, ya que, es el sector privado el que financia el público. Esta ha sido la tónica dominante durante la pesadilla.

En diciembre del 2020 había una esperanza al final del túnel: la vacuna. Y aquí es donde este capítulo coge cálices dramáticos. Podemos decir que, a día de hoy, el proceso de vacunación en España ha sido un éxito. Con el 80% de vacunados, deberíamos estar a las acaballas de esta historia. Recordemos que, el chivo expiatorio durante buena parte de la pandemia habíamos sido los jóvenes, pues bien, ahora se trata de los “antivacunas”. Hay una especie de cruzada ciudadana contra todos aquellos que no están dispuestos a mostrar y rebelar datos concernientes a su salud y especialmente, contra la minoría que ha decidido no vacunarse[8].

A priori, conociendo mínimamente la historia de las vacunas, dudo mucho que un 20% de la población pueda ser acusada de serlo. Somos deudores de este avance médico, la esperanza de vida de la que gozamos no sería ni de lejos la que es sin ellas. A finales del s.XVIII, el médico inglés Edward Jenner hizo la primera vacuna de la historia. Esta podía proteger a la gente de una enfermedad espantosa como era la viruela (véanse las imágenes en Google) la cual, se había llevado por delante a 500 millones de personas desde que se conoció. La fórmula consistía en inyectar a las personas la viruela de las vacas (un virus parecido). El químico francés Louis Pasteur realizó la segunda vacuna 100 años después. En este caso para la rabia, sólo se conoce un caso de superviviente de dicha enfermedad (zoonótica) en toda la historia, ergo, su mortalidad era del 100% (Offit, 2008, pág. 6).

Para ponerlo en contexto, a día de hoy (27/11/2021), se conocen aproximadamente unos 5.193.495 muertos globales por covid desde que descubrimos el primer caso hace dos años[9]. Con una población mundial de 7.900 millones de personas. En el mundo fallecen alrededor de 55 millones de personas anuales[10], esto supondría que, en 2020, 1,88 millones de personas murieron a causa del virus[11], lo que daría del total de fallecidos ese año un 0,99%[12]. Para contextualizar un poco más, en el mundo, (según la OMS) la mayor causa de muerte es la cardiopatía isquémica, la cual constituye el 16% de todas las muertes en el planeta tierra. Estas alteraciones cardíacas están asociadas al tabaco, colesterol (hábitos de alimentación), sedentarismo, edad avanzada, factores genéticos, etc. Ciertamente no se trata de una enfermedad transmisible.

Siguiendo los datos de la OMS, las infecciones de las vías respiratorias inferiores, continúan siendo las enfermedades transmisibles más mortales del mundo con un total de 2,6 millones de muertos en 2019[13]. Podríamos estar poniendo ejemplos ad infinitum, pero, vayamos al grano. Esta pandemia está demostrando que con la justificación del “bien común” (concepto vago y esotérico) y el mantra de “es por tu salud”, los derechos individuales pueden ser pisoteados sin más. El tribunal constitucional sentenció que el segundo estado de alarma fue anticonstitucional. ¿A quién se le depurarán responsabilidades?

La pandemia ha servido de pretexto a los gobiernos para anular la capacidad individual de los sujetos. Normalmente, cuando algo se impone no es de extrañar que la reacción sea de rechazo, un 20% de ciudadanos de momento decide no vacunarse (en España). A día de hoy no hay evidencia científica que demuestre que las vacunas no evitan el contagio del virus, esto lo dice la Asociación Española de Vacunología[14]. Volvamos al bien común. Mucha gente tacha de insolidarios a esa minoría que decide o bien no enseñar su certificado de vacunación o bien, no vacunarse, supuestamente deben hacerlo en aras de la solidaridad. Esto es una opinión y una pregunta imposible de responder, pero ¿cuántos ciudadanos simplemente se han vacunado no por la confianza en las autoridades sanitarias, sino por el hecho de tener libertad (condicional)? ¿Tiene más peligro un no vacunado yendo al bar que una persona vacunada que se va de viaje fuera de Europa? Recordemos que este es un factor clave para importar y exportar variantes del virus y que en los aeropuertos confluyen cientos de nacionalidades diariamente.

Jordan Peterson, invitado al programa de The Rubin Report, hace dos semanas comentó el tema. En Canadá no puedes salir del país si no estás vacunado, él afirma estarlo, y las condiciones iban a ser “Here’s the deal, I got vaccinated, you fucking leave me alone”. ¿Funcionó? No, ha tenido que pasar por diferentes test de coronavirus para entrar y salir de su país. Las restricciones para los vacunados han ido aumentando hasta límites que cuesta discernir si han pasado por la aguja. Una de sus posturas es no mostrar su certificado, puesto que eso concierne a su privacidad. Todo un ejemplo a seguir.

Como he comentado en algún otro artículo, soy favorable a que si el estado debe intervenir en la vida de las personas sea a través de la persuasión y los nudges, no a través de la coacción y la condena al ostracismo social. El certificado covid se ha convertido en un certificado de libertad y eso es peligroso. La histeria colectiva se ha apoderado de amplias capas de la población y debemos hacer como si fuéramos una especie de agentes de la KGB preguntando a nuestros conciudadanos si han tomado una decisión o no, respecto a su cuerpo y a su salud.

Como no podía ser de otra forma, la libertad se va restringiendo a medida que augmentan los decretos despóticos y las praxis totalitarias que están aplicando muchos gobiernos en todo el globo (especialmente en Alemania y Austria). Durante la Peste Negra (1348) el chivo expiatorio en Europa fueron los judíos, abundaron los pogromos, uno de los más famosos data del 14 de febrero de 1349 en Estrasburgo, en el cual fueron quemados públicamente. Curiosamente, quienes animaron a esa persecución fueron las autoridades sanitarias: medical authorities in these regions, like Alfonso de Córdoba and Jaume d’Agramont, fueled the belief that enemies of Christianity could be responsible for the disease through poisoning of water or food (Aberth, 2005, pág. 139). Se calcula que durante la Peste Negra (que llegó mediante los viajes marítimos relacionados con el comercio), murieron entre el 30-60% de la población de Europa “New research suggests that this estimate must be revised upwards to an average mortality rate of at least 50 percent” (Aberth, 2005, pág. 3).

Para que no se desborde la histeria colectiva en la que llevamos sumidos dos años, sería necesario parar de mirar con recelo al que tenemos al lado. Especialmente en lo que concierne a su propia salud. Si alguien considera que no debe vacunarse, el que se expone es él, no los demás. No podemos obligar a base de coacción, presión social, “por lo civil o por lo militar” (a Revilla se le nota su paso por el Sindicato Vertical), o por “la idea del pasaporte covid es hacerle la vida imposible a los que no se quieren vacunar” (palabras explícitas del exministro del PSOE Miguel Sebastián[15]), la vacuna obligatoria como propugna gente como Ángel Expósito o Risto Mejide (este último se dedicó a sacar a la luz en prime time los 28 nombres de médicos que aconsejaban a sus pacientes no vacunarse), incluso se ha podido ver en televisión el “perfil del no vacunado”.

La deriva autoritaria no sabemos hasta dónde va a llegar. Imaginemos por un segundo qué sucedería si un establecimiento requiriese para entrar un certificado en función del sexo, etnia, religión, orientación sexual, etc. Sustituyamos el “covid” por el “VIH”, imaginemos que alguien decide pedir certificados para demostrar que no tienes dicha enfermedad, ¿nadie pondría el grito en el cielo? El retrovirus (VIH) se encuentra entre el top 10 de las enfermedades más mortales anualmente[16]. La gente que lo tuvo en los 80s pasaron a ser unos parias sociales y luego se demostró que su contagio sólo se da en unas circunstancias determinadas.

Igualmente, nunca pensé que vería algo así, en Australia el ejército está llevando a gente infectada a “Quarantine Camps”[17], se me antoja demasiado fácil la analogía con un régimen totalitario de los años 30s. En Austria las personas recibirán una carta para vacunarse, en caso de negarse, deberán pagar 3.600€. Si no se paga, automáticamente son 4 semanas de cárcel[18]. En Italia el actual presidente del Consiglio (Mario Draghi), ha dicho en rueda de prensa que quiere que los no vacunados se vuelvan a unir a la sociedad, ergo, ¿ya están apartados?

Lo que me sorprende más de todo esto es que, en general, la mayoría de personas no se toman las recetas prescritas por sus médicos, o lo hacen mal, o no la acaban o ni la empiezan (Tamblyn, Huang, Winslade, Doran, & Eguale, 2014)[19]. Imaginemos por un momento que el estado pone todo de su parte para que te tomes la medicación, arguyendo que se trata del bien común (puesto que se preocupa por tu salud). Si el estado quisiera mejorar la calidad de vida de las personas, quizás debería prohibir el alcohol y el tabaco. El propio gobierno reconoce que 9 de cada 10 cánceres de pulmón se deben al tabaquismo[20] y no hablemos de las enfermedades cardíacas que pueden desarrollarse (el humo del fumador también pone en riesgo a los de su alrededor). Otro tanto sucede con el alcohol. Sabemos que estas sustancias matan, pero, sin embargo, el gobierno no procede a su prohibición (que quede constancia que no soy partidario de prohibirlas). Podríamos mencionar también la obesidad, de la cual se especula que mueren unos 3.5 millones de personas en el mundo anualmente (Breuhl Smith & Seth Smith, 2016, pág. 121).

Sea como fuere, hay miles de cosas que nos matan a diario, de forma paulatina, pero no podemos vivir con miedo a morir. Decía Eric Fromm en su maravilloso libro “El miedo a la libertad”, lo siguiente: Hay otra parte que es igualmente compulsiva, una parte que no se halla arraigada en los procesos corporales, pero sí en la esencia misma de la vida humana, en su forma y en su práctica: la necesidad de relacionarse con el mundo exterior, la necesidad de evitar el aislamiento (Fromm, 1941, pág. 30). El concepto de sanidad no es sólo ausencia de enfermedad, se deben incluir factores sociales, mentales, etc. El aislamiento está mermando la salud hasta límites insospechados.

Para finalizar, mi pregunta es: ¿hasta dónde? ¿hasta cuándo? La presión de grupo y el miedo a ser tildado de antivacunas es real. Por ejemplo, un servidor, cuando compartió en su cuenta de Instagram el artículo de opinión sobre el pasaporte covid[21] a cargo de Mariona Gumpert, automáticamente le saltó un aviso “visita el centro de información sobre covid 19 para acceder a recursos sobre vacunas”, el artículo no estaba en contra de la vacuna, ni de la vacunación. Lo que se postulaba era la pérdida de libertades que estamos sufriendo de forma deliberada. ¿Todo vale para salvaguardar la salud?

Hay que destacar el papel del miedo que están jugando los medios de comunicación, el cual es realmente criminal. Justo hoy ha salido una nueva variante surafricana y ya hay empresas trabajando para una nueva vacuna[22]. El circulo parece que no acaba de cerrarse. Con mascarillas, vacunas y restringiendo los movimientos, el virus parece que ha llegado para quedarse. Si esperamos a que no muera nadie, esperaremos eternamente (véase cuánta gente muere anualmente a causa de la gripe). A mi juicio, se trata de un intento de tener atemorizados a los ciudadanos. Como postuló en el s.XVI Maquiavelo “E gli uomini hanno meno rispetto a offendere uno che si facci amare che uno che si facci temere” (Machiavelli, 1961, pág. 64)[23]. El miedo es paralizante y facilita la gobernabilidad.  

Así pues, este artículo tiene como objetivo defender a ultranza la libertad individual, aplicar el principio de mi cuerpo, mi decisión[24], la intención de no permitir que nuestros conciudadanos deban rebelar sus datos personales y evitar la intromisión del estado en la vida sanitaria de las personas: si hoy tienen un QR con nuestras patologías, ¿qué no podrán tener mañana?, ¿hay algo más importante que la salud? Defender la libertad implica riesgos, pero mayores son los de aferrarse a la falsa seguridad que ofrece el amo. Habrá que aprender a convivir con el miedo. Como dijo mi admirado y querido Antonio Escohotado (que en paz descanse) “Dejar que el otro sea libre es la gran asignatura pendiente de la Humanidad”.

Bibliografía

Tamblyn, R., Huang, A., Winslade, N., Doran, P., & Eguale, T. (2014). The Incidence and Determinants of Primary Nonadherence With Prescribed Medication in Primary Care. Annals of Internal Medicine, 441-451.

Aberth, J. (2005). The Black Death. The Great Mortality of 1348–1350. New York: PALGRAVE MACMILLAN.

Breuhl Smith, K., & Seth Smith, M. (2016). Obesity Statistics. Elsevier Inc, 121-135.

Fromm, E. (1941). El miedo a la libertad. Zaragoza: Titivillus.

Machiavelli, N. (1961). Il Principe. Torino: Einaudi.

Offit, P. A. (2008). VACCINATED: One Man’s Quest to Defeat the World’s Deadliest Diseases. New York: Harper Perennial.

Taleb, N. N. (2018). Skin in the Game: Hidden Asymmetries in Daily Life. New York: Penguin Random House.


[1]https://www.lavanguardia.com/politica/20200328/48136764563/gobierno-trabajadores-servicios-no-esenciales-30-de-marzo-9-de-abril-semana-santa-pedro-sanchez-coronavirus.html

[2] Todos los datos están sacados de: https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus/espana.

[3] El total de muertos ascendía a 29.685.

[4] El letargo de los tres meses encerrados había dejado un panorama desolador. Según datos del Ministerio de Seguridad Social, en febrero del 2020 había un total de 1.324.427 empresas, de las cuales 1.293.891 eran PIMES, en el mes de junio el total había descendido en 55.088. En general, las peor paradas eran las que tenían uno o dos trabajadores. A partir de ahí, el pico más elevado fue en diciembre con un total de 1.295.656 empresas. Muchas de ellas estuvieron litigando con la administración pública por conseguir ERTES y evitar las quiebras totales, sin estos, los números quizás serían mucho peores.

[5] https://datosmacro.expansion.com/demografia/mortalidad/causas-muerte/suicidio/espana.

[6] Como muestra un botón: estas Navidades con una pauta de vacunación (a día 27 de noviembre) completa del 79,2% y con al menos una dosis (recordemos que un positivo de covid está recibiendo sólo una) de un 80,7%. Véase: https://www.vacunacovid.gob.es/. Con estos números, según los expertos, podrían incrementar las restricciones: https://www.elespanol.com/espana/politica/20211113/autonomias-avisan-restricciones-navidad-contagios-covid-aumentando/626438377_0.html.

[7] https://www.huffingtonpost.es/entry/los-medicos-de-barcelona-piden-un-confinamiento-total-corto-para-frenar-la-tercera-ola_es_5fec2010c5b64e4421078f2b, https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20201229/medicos-catalunya-exigen-medidas-contundentes-coronavirus-11425682.

[8] Recomiendo a este respecto el artículo de opinión de Juan Manuel de Prada: https://www.abc.es/opinion/abci-juan-manuel-prada-psicopatas-tragacionistas-202111212353_noticia.html.

[9] Todos los datos están extraídos de https://coronavirus.jhu.edu/map.html.

[10] https://es.weforum.org/agenda/2020/05/muertes-globales-asi-es-como-covid-19-se-compara-con-otras-enfermedades/.

[11] Datos sacados de https://ourworldindata.org/coronavirus-data en la sección de “Total confirmed Covid-19 deaths”.

[12] La cifra puede variar en función de los datos. Básicamente he sacado el % de muertos de covid en 2020 a nivel global, respecto a los 55 millones de muertos anuales. Insisto en que, dependiendo el año, las muertes mundiales cambian ligeramente.

[13] https://www.consalud.es/pacientes/10-principales-causas-muerte-mundo-oms_91314_102.html.

[14] https://www.vacunas.org/interrumpiran-las-vacunas-la-transmision-del-virus-puedes-contagiar-si-estas-vacunado/, “una vez vacunado frente a la COVID-19, ¿puedes diseminar el virus? Ya sabemos que las vacunas autorizadas evitan padecer la enfermedad en más del 50% de los vacunados – y en más del 90% para las vacunas de Moderna y de Pfizer/BioNTech-, pero lo que desconocemos es si también reducirán la transmisión del SARS-CoV-2”.

[15] El exministro, segundos antes afirmaba en el programa de Ferreras que “es verdad que no vas a frenar el contagio de ese gimnasio o restaurante por el hecho de que pidas el pasaporte, porque el que está vacunado también puede transmitirlo”.

[16] https://www.who.int/data/gho/data/indicators/indicator-details/GHO/number-of-deaths-due-to-hiv-aids.

[17]https://www.theage.com.au/national/victoria/construction-of-mickleham-quarantine-camp-is-under-way-20210812-p58i50.html.

[18]https://www.bloomberg.com/news/articles/2021-11-22/vaccine-holdouts-face-4-000-fine-in-austria-s-virus-crackdown.

[19] La muestra de pacientes, ciertamente es de Canadá. No me gustaría ser tachado de usar un non sequitur de manual. En España, se afirma que los pacientes que nunca o casi nunca toman las prescripciones médicas ronda el 37%, https://www.20minutos.es/noticia/4276574/0/4-de-cada-10-espanoles-toma-medicamentos-de-manera-frecuente/.

[20] https://www.cdc.gov/tobacco/campaign/tips/spanish/enfermedades/tabaquismo-cancer.html.

[21] https://www.vozpopuli.com/opinion/dostoievski-libertad-pasaporte-covid.html.

[22] https://www.phmk.es/industria/astrazeneca-trabaja-ya-en-una-vacuna-para-la-variante-sudafricana-del-coronavirus.

[23] Básicamente la idea es que, siempre va a ser más común traicionar a alguien a quien quieres que a alguien que temes. La analogía que pretendo establecer concierne al contexto de temor e histeria en el que llevamos dos años sumidos. Se tenderá a obedecer si las normas son impuestas, si es por benevolencia, no.

[24] Curioso que el feminismo moderno proclame y vocifere dicho argumento cuando se trata del aborto y que, mayoritariamente la sociedad acepte esa premisa en ese caso y no la extrapole a la situación actual.